{"id":3995,"date":"2020-01-29T05:19:26","date_gmt":"2020-01-29T04:19:26","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3995"},"modified":"2020-02-19T07:32:50","modified_gmt":"2020-02-19T06:32:50","slug":"marx-entre-aristoteles-y-hegel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=3995","title":{"rendered":"Marx, entre Arist\u00f3teles y Hegel"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/upload.wikimedia.org\/wikipedia\/commons\/a\/ae\/Aristotle_Altemps_Inv8575.jpg\" alt=\"Resultado de imagen de aristoteles&quot;\" width=\"226\" height=\"302\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/encrypted-tbn0.gstatic.com\/images?q=tbn%3AANd9GcQdGSRAF9K8N9ol4VQlRMiWcdTbRukvIlahFCudxXjcUNiQ06aJ\" alt=\"Resultado de imagen de marx&quot;\" width=\"239\" height=\"302\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/encrypted-tbn0.gstatic.com\/images?q=tbn%3AANd9GcSFwXnhCZbZeqBCsYiVHF9sWl57TwaHKT452JDutscXlrUPBOEV\" alt=\"Resultado de imagen de hegel&quot;\" width=\"239\" height=\"303\" \/><\/p>\n<ol>\n<li><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Tiene raz\u00f3n Terry Eagleton (2011: pp. 1-2) cuando dice que, si realmente hubiera dejado de tener sentido leer a Marx, \u00e9sa ser\u00eda la mayor alegr\u00eda que podr\u00edan tener los marxistas. En efecto, siendo generalmente reconocido que lo que Marx se propon\u00eda era mostrar el camino para la superaci\u00f3n del capitalismo, en el momento que su empe\u00f1o dejara de tener sentido querr\u00eda decir que el capitalismo hab\u00eda sido superado realmente.<\/p>\n<p>Ahora bien, ocurre que la superaci\u00f3n del capitalismo se inserta, para Marx, en el marco m\u00e1s general de la emancipaci\u00f3n del ser humano frente a toda forma de dominaci\u00f3n. El comienzo del <em>Manifiesto del partido comunista<\/em> no puede ser m\u00e1s expl\u00edcito al respecto: la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, en que unos grupos humanos han gozado, en diferentes formas, de una posici\u00f3n socialmente privilegiada que les ha permitido instrumentalizar en beneficio propio la vida de otros grupos humanos. El capitalismo no ser\u00eda, entonces, sino el \u00faltimo cap\u00edtulo conocido de esa historia de opresi\u00f3n. La discusi\u00f3n, pues, podr\u00eda derivar hacia la cuesti\u00f3n de si, m\u00e1s all\u00e1 del capitalismo, nos esperan a\u00fan nuevos cap\u00edtulos en la saga de la lucha de clases. La evoluci\u00f3n de los primeros Estados creados a lo largo del siglo XX con el prop\u00f3sito confesado de superar el capitalismo parece sugerir que tal es el caso: cabr\u00e1 discutir si en ellos se pod\u00eda hablar, como sosten\u00eda Milovan Djilas (1963) respecto a Yugoeslavia, de la aparici\u00f3n de una nueva clase dominante encarnada en los cuadros dirigentes, \u00e9lite que presuntamente se reproducir\u00eda al modo de una clase en sentido convencional, por herencia o por cooptaci\u00f3n. O si, por el contrario, lo que ha surgido en esos Estados es una forma totalmente nueva de dominaci\u00f3n en que, sin necesidad de constituir una clase propiamente dicha, los presuntos \u00abdelegados\u00bb del pueblo tienden inexorablemente a dejar de contar con el pueblo y actuar seg\u00fan su propia conveniencia.<\/p>\n<p>No deja de tener inter\u00e9s precisar de qu\u00e9 nuevas formas no capitalistas de dominaci\u00f3n podr\u00edamos hablar en el caso de los Estados llamados socialistas. Lo esencial, sin embargo, es saber si se trata o no de formas de dominaci\u00f3n realmente nuevas. Se ha hablado, a este respecto, empezando por Lenin en 1921, de \u00abcapitalismo de Estado\u00bb (en el caso de Lenin, por supuesto, como fase de transici\u00f3n al socialismo), mientras que algunos han llegado a hablar de \u00abneofeudalismo\u00bb. Tomando pie en semejantes calificaciones, los cr\u00edticos del marxismo tendr\u00edan b\u00e1sicamente dos opciones: a) considerar que el capitalismo es un modo de producci\u00f3n insuperable en su n\u00facleo esencial, que sigue funcionando en ausencia de capitalistas individuales; b) sostener que los intentos de superaci\u00f3n del capitalismo conducen de hecho a una regresi\u00f3n hist\u00f3rica consistente en la vuelta a formas de dominaci\u00f3n precapitalistas, en que el poder vuelve a ejercerse al margen del mercado (siendo esta \u00faltima forma de ejercicio del poder, obviamente, la caracter\u00edstica del capitalismo, frecuentemente \u2015y tambi\u00e9n abusivamente, como veremos\u2015 designado como \u00abeconom\u00eda de mercado\u00bb).<\/p>\n<p>En definitiva, para hacer un balance honesto de la vigencia del proyecto marxista a los doscientos a\u00f1os del nacimiento de su fundador es preciso determinar en qu\u00e9 medida su filosof\u00eda de la historia permite dar raz\u00f3n del desarrollo hist\u00f3rico realmente acontecido. En el bien entendido de que, por muy parad\u00f3jico que resulte, si dicha filosof\u00eda de la historia se revelara err\u00f3nea, su proyecto emancipatorio, lejos de perder vigencia, la ver\u00eda reduplicada.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong>\u00bfSer social o devenir social?<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Lo primero que habr\u00eda que dilucidar, seguramente, es en cu\u00e1l de las disciplinas cient\u00edficas actualmente reconocidas habr\u00eda que incluir la obra intelectual de Marx, en la medida en que calificarla, como hemos hecho, de \u00abfilosof\u00eda de la historia\u00bb no dice lo suficiente respecto a su estatuto epistemol\u00f3gico: \u00bfsociolog\u00eda, econom\u00eda, ciencia pol\u00edtica? En realidad, todas ellas constituyen el cuerpo en el que Marx insufl\u00f3 su particular concepci\u00f3n de la realidad en general: su <em>ontolog\u00eda<\/em>. Ontolog\u00eda que, siguiendo a Gy\u00f6rgy Luk\u00e1cs, podemos calificar adecuadamente de \u00abontolog\u00eda del ser social\u00bb (Luk\u00e1cs, 1972)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Y ya que mencionamos a Manuel Sacrist\u00e1n en la nota anterior, conviene tener presente, para arrojar luz sobre el punto que nos ocupa, su imprescindible art\u00edculo \u00abEl trabajo cient\u00edfico de Marx y su noci\u00f3n de ciencia\u00bb (1980: pp. 78-79), donde leemos, por ejemplo:<\/p>\n<p>Lo mejor que debe Marx a su hegelismo (sic) juvenil y a su \u00abredescubrimiento\u00bb de Hegel en los a\u00f1os 1850 es la virtud caracter\u00edstica de su trabajo intelectual, a saber, la globalidad, el programa de una comprensi\u00f3n completa de la realidad social, del todo social. No s\u00f3lo seguidores y continuadores, sino tambi\u00e9n cr\u00edticos o autores ocupados en la refutaci\u00f3n de las principales tesis de Marx han solido reconocer en la obra de \u00e9ste una eminente calidad sistem\u00e1tica, una teorizaci\u00f3n de alcance particularmente extenso y profundo. Lo mejor que la epistemolog\u00eda de Marx debe a la de Hegel es su elaboraci\u00f3n de la sentencia del fil\u00f3sofo ya recordada, \u00ablo verdadero es lo completo\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, si algo caracteriza el pensamiento de Hegel es su concepci\u00f3n de la realidad como proceso. De esa concepci\u00f3n se deriva (y no al rev\u00e9s) la estipulaci\u00f3n de la <em>dial\u00e9ctica<\/em> como ley del \u00abdesarrollo\u00bb de todo lo existente (\u00abexistir\u00bb es, de hecho, para Hegel desarrollarse). Como consecuencia, entonces, de su peculiar hegelianismo\u00a0 (presuntamente \u00abinvertido\u00bb en cuanto a la relaci\u00f3n de determinaci\u00f3n entre ideas y cosas), Marx concibe el ser social como intr\u00ednsecamente <em>hist\u00f3rico<\/em>. En Marx, pues, la expresi\u00f3n \u00abfilosof\u00eda de la historia\u00bb es redundante: si la filosof\u00eda es el estudio de la realidad en general y la realidad en general es intr\u00ednsecamente procesual, hist\u00f3rica, diciendo \u00abfilosof\u00eda\u00bb ya estamos diciendo \u00abestudio de la historia\u00bb. El fil\u00f3sofo marxista, pues, no trata de definir esencias, al modo plat\u00f3nico-aristot\u00e9lico, no busca, de hecho, <em>definiciones<\/em>, sino <em>determinaciones<\/em>, como corresponde a una realidad fluyente en que, como el r\u00edo de Her\u00e1clito, no podemos entrar dos veces: \u00abEl n\u00facleo del ser se ha revelado como acontecer social\u00bb (Luk\u00e1cs, 1985)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que, si adoptamos ese planteamiento a rajatabla, llegaremos a la decepcionante conclusi\u00f3n a la que, influido por el heraclitiano Cr\u00e1tilo, lleg\u00f3 Plat\u00f3n en relaci\u00f3n con el mundo f\u00edsico: su estudio es imposible, pues toda tesis que enunciemos al respecto dejar\u00e1 de ser verdadera apenas enunciada. Seg\u00fan eso, otro tanto deber\u00edamos hacer los empe\u00f1ados en estudiar el ser social desde planteamientos marxistas: una vez enunciada su irremediable historicidad, renunciar para siempre a tan in\u00fatil empe\u00f1o, sobre todo si se lleva el concepto de dial\u00e9ctica al extremo de entender la realidad como intr\u00ednsecamente contradictoria, como neg\u00e1ndose constantemente a s\u00ed misma, destruida cada tesis por su ant\u00edtesis sin llegar jam\u00e1s a s\u00edntesis alguna.<\/p>\n<p>Pero incluso una noci\u00f3n transitoria ha de poder ser v\u00e1lida en alg\u00fan momento: no poder entrar dos veces en el mismo r\u00edo no debe impedirnos entrar una vez. En la pr\u00e1ctica, adem\u00e1s, tal como pone en evidencia Arist\u00f3teles al estipular el car\u00e1cter <em>continuo<\/em> de toda magnitud f\u00edsica, no hay realidades <em>puntuales<\/em>, sin espesor ninguno. Y eso vale tambi\u00e9n para la historia: no es \u00e9sta un conglomerado de instantes sin duraci\u00f3n, sino una serie de etapas, per\u00edodos y \u00e9pocas, cada una con cuerpo y grosor propios. Visto as\u00ed, deber\u00eda ser posible estudiar el ser social, aun convertido en devenir social, en sus diferentes etapas hist\u00f3ricas sin que esa fuera la \u00abhistoria contada por un idiota\u00bb a la que alude Macbeth en el hom\u00f3nimo drama shakespeariano.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong>El idealismo de la praxis<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Conjurado el peligro de disoluci\u00f3n del ser social mediante el agregado de una peque\u00f1a dosis de aristotelismo al hegelianismo de Marx, dosis que sirve para aglutinar los fugaces momentos del flujo hist\u00f3rico en per\u00edodos dotados de consistencia propia, otro peligro, en este caso de distorsi\u00f3n subjetiva de la visi\u00f3n, acecha a quien pretenda observar la realidad con perspectiva marxista: el peligro de un constructivismo desaforado. En efecto, la precedente cita de Luk\u00e1cs continuaba as\u00ed: \u00abEl ser puede aparecer como producto, hasta ahora inconsciente, de la actividad humana, y \u00e9sta puede a su vez aparecer como el elemento determinante de la transformaci\u00f3n del ser\u00bb (ibid.). Por eso afirma Domenico Losurdo:<\/p>\n<p>Con su insistencia en la praxis y la transformaci\u00f3n del mundo, el pensamiento revolucionario est\u00e1 expuesto a lo que podr\u00edamos llamar el idealismo de la praxis. Pensemos en Fichte, que traza un paralelo entre su <em>Doctrina de la ciencia<\/em> y la en\u00e9rgica acci\u00f3n de la Francia revolucionaria: \u00abAs\u00ed como esa naci\u00f3n libera al hombre de las cadenas externas, mi sistema le libera de las ataduras de las cosas en s\u00ed, de las influencias externas\u00bb (Losurdo, 2014: p. 272).<\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese el brutal idealismo de quien, como Fichte, pretend\u00eda (para esc\u00e1ndalo, por cierto, del mism\u00edsimo Kant) eliminar \u00ablas ataduras de las cosas en s\u00ed\u00bb (en la pr\u00e1ctica, eliminar la cosa en s\u00ed <em>tout court<\/em>, es decir, cualquier realidad existente por s\u00ed misma, independientemente del acto \u00abcreador\u00bb del Yo, sujeto que ni siquiera cabr\u00eda adjetivar de \u00abhumano\u00bb, ya que en esa concepci\u00f3n no hay naturaleza humana previa que pueda condicionar la absoluta y lib\u00e9rrima espontaneidad del Yo). Sigue Losurdo:<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que la presencia de Fichte y la de Hegel coexisten, en un entramado a veces contradictorio, en Marx y Engels (y en la teor\u00eda de la lucha de clases que formulan). Los dos fil\u00f3sofos y militantes revolucionarios se forman en unos a\u00f1os en que, por un lado, todav\u00eda se oyen los ecos de la revoluci\u00f3n francesa y, por otro, ya se aprecian signos premonitorios de la revoluci\u00f3n que en 1848 barrer\u00eda la Europa continental. Una revoluci\u00f3n que, como esperaban los dos j\u00f3venes revolucionarios, adem\u00e1s de las viejas relaciones feudales, acabar\u00eda poniendo en cuesti\u00f3n el orden burgu\u00e9s. Situados entre estas dos gigantescas olas de perturbaciones hist\u00f3ricas que sacuden el mundo en sus cimientos y abren un horizonte ilimitado a la transformaci\u00f3n revolucionaria impulsada por la lucha de clases, se comprende que los dos fil\u00f3sofos y militantes revolucionarios tiendan a caer tambi\u00e9n ellos en el idealismo de la praxis. En el futuro comunista imaginado por Marx y Engels, junto al antagonismo de las clases, tambi\u00e9n desaparecer\u00edan el mercado, la naci\u00f3n, la religi\u00f3n, el estado y quiz\u00e1 incluso la norma jur\u00eddica como tal, ya superflua a causa de un desarrollo tan prodigioso de las fuerzas productivas que permitir\u00eda la libre satisfacci\u00f3n de todas las necesidades, con la superaci\u00f3n de la dif\u00edcil tarea que supone distribuir los recursos. En otras palabras, es como si desaparecieran los \u00abv\u00ednculos de las cosas en s\u00ed\u00bb. No es de extra\u00f1ar que el tema de la extinci\u00f3n del estado se asome ya en Fichte (ibid.: pp. 272-273).<\/p>\n<p>Como veremos, hay en la tradici\u00f3n marxista, empezando por el propio Marx, intentos de atenuar ese idealismo. Pero, aparte de la explicaci\u00f3n hist\u00f3rico-psicol\u00f3gica que apunta Losurdo (el entusiasmo despertado por las grandes transformaciones producidas en poco m\u00e1s de medio siglo de revoluciones en Europa y en Am\u00e9rica), subyace al optimismo hist\u00f3rico de Marx y Engels, como se ha se\u00f1alado antes, un presupuesto filos\u00f3fico fundamental, decantado a lo largo de un siglo, el que va de Giambattista Vico a Hegel y que desembocar\u00e1 en Darwin: el paso de una visi\u00f3n de la realidad como recurrente manifestaci\u00f3n de esencias intemporales a una visi\u00f3n de la realidad como sucesi\u00f3n de formas transitorias en constante evoluci\u00f3n. Evoluci\u00f3n que en el caso de las sociedades humanas pasaba peri\u00f3dicamente por fases de brusca aceleraci\u00f3n: las revoluciones.<\/p>\n<p>Esa nueva concepci\u00f3n era fundamental para impugnar cualquier formaci\u00f3n social dividida en opresores y oprimidos, mostrando que no respond\u00eda a ninguna ley natural de validez permanente. Era, en definitiva, el presupuesto b\u00e1sico que daba justificaci\u00f3n a la acci\u00f3n de los seres humanos en pugna por su emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero a los doscientos a\u00f1os del nacimiento de Marx podemos decir que el precio pagado por la \u00abcompra\u00bb de esa concepci\u00f3n de la realidad social no ha sido un precio ajustado. Semejante compra, contra lo que sostienen los apologetas del naturalismo social y los creyentes en la eternidad del infierno clasista, no puede considerarse un timo: la mercanc\u00eda es valiosa. S\u00f3lo que los compradores esperaban de ella m\u00e1s prestaciones de las que pod\u00eda dar y, en su af\u00e1n por arranc\u00e1rselas, la han forzado hasta deformarla. La han deformado convirtiendo una razonable concepci\u00f3n evolutiva de la realidad, incluida la naturaleza humana, en la creencia, en gran parte rousseauniana, de que basta cambiar unos pocos par\u00e1metros en las relaciones sociales para que surja un hombre nuevo sin tara alguna. Hoy d\u00eda constatamos que la fragua que hab\u00eda de forjarlo no era tan potente como cre\u00edamos.<\/p>\n<p>Marx se curaba en salud a este respecto cuando, en fecha tan temprana como 1846, le confesaba a Pavel Annenkov:<\/p>\n<p>\u00bfPueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. Supongamos un estado particular de desarrollo de las fuerzas productivas del hombre y tendremos una forma particular de comercio y de consumo. Supongamos un determinado estado de desarrollo de la producci\u00f3n, del comercio y del consumo y tendremos una organizaci\u00f3n correspondiente de la familia, los estamentos o las clases; en una palabra, una sociedad civil correspondiente (Marx, MEW 27: p. 452).<\/p>\n<p>Esto puede sonar simplemente a determinismo economicista, como tantas veces se ha interpretado la concepci\u00f3n de la historia de Marx, en cuyo caso seguir\u00edamos dentro del paradigma idealista de la autoconstrucci\u00f3n del ser social con arreglo, claro est\u00e1, a unas leyes de desarrollo puramente internas a dicho ser. Pero no es ah\u00ed donde pone el acento Marx, sino en las constricciones <em>externas<\/em> que condicionan irremediablemente ese desarrollo social. Sigue diciendo, en efecto:<\/p>\n<p>Huelga decir que los hombres no son libres de escoger sus fuerzas productivas, que son la base de toda su historia, pues toda fuerza productiva es una fuerza adquirida, producto de una actividad anterior (ibid.).<\/p>\n<p>Producto, a su vez, a\u00f1adir\u00edamos nosotros, de una naturaleza que se le impone al hombre desde fuera, frente a la cual todo intento de transformaci\u00f3n no es, inevitablemente, sino una forma de adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Luk\u00e1cs, corrigiendo en este caso su optimismo f\u00e1ustico de juventud, se\u00f1ala que, frente al peligro de idealismo objetivo (plat\u00f3nico) que ha fomentado durante siglos una visi\u00f3n esencialista atemporal de todo lo real, incluido lo social, existe el peligro opuesto de un idealismo subjetivo que prive de entidad y consistencia a lo social: \u00abEl ser social, o no se ha distinguido del ser en general, o se ha visto como algo radicalmente distinto que ya no tiene car\u00e1cter de ser\u00bb (Luk\u00e1cs, 1984)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Veamos algo m\u00e1s pormenorizadamente algunos de los aspectos del proyecto emancipatorio marxista que se han visto negativamente afectados por el exceso constructivista. Losurdo, en el \u00faltimo pasaje citado, menciona la creencia en la presunta desaparici\u00f3n, junto a la divisi\u00f3n en clases, del mercado, la naci\u00f3n, la religi\u00f3n, el Estado y el derecho. Nos ce\u00f1iremos al primero y a los dos \u00faltimos, cuyo tratamiento podr\u00eda servir de paso para arrojar algo de luz sobre las cuestiones de la naci\u00f3n y la religi\u00f3n (aunque aqu\u00ed nos abstendremos de hacerlo).<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong>Mercado al servicio de la econom\u00eda o al rev\u00e9s<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La demonizaci\u00f3n del mercado dentro de la tradici\u00f3n marxista (por no hablar ya de la anarquista) ha sido una constante dif\u00edcilmente comprensible, no s\u00f3lo para economistas con formaci\u00f3n \u00abcl\u00e1sica\u00bb, sino para cualquiera que lea <em>El capital<\/em> sin haber sido sometido previamente a una sobredosis de marxismo vulgar. En efecto, dejemos de momento a un lado la definici\u00f3n, tambi\u00e9n \u00abvulgar\u00bb, de <em>econom\u00eda<\/em> como \u00abasignaci\u00f3n de recursos limitados a fines alternativos\u00bb, que en principio presupone alg\u00fan mecanismo de distribuci\u00f3n que dif\u00edcilmente puede concebirse sin alguna forma de intercambio (es decir, de mercado); en el tomo primero de la obra magna de Marx queda claro que, si el capitalismo hace suyo el mercado, no es sino invirtiendo, en sentido diametralmente opuesto al normal, la relaci\u00f3n entre los t\u00e9rminos del intercambio: en lugar de M<sub>1<\/sub>\u2015D\u2015M<sub>2<\/sub> (es decir, el dinero empleado como simple medio de intercambio de mercanc\u00edas poseedoras de un valor de uso independiente de su valor de cambio), tenemos en el capitalismo el esquema D<sub>1<\/sub>\u2015M\u2015D<sub>2<\/sub> (es decir, el uso de una peculiar mercanc\u00eda empleada como medio de incremento del valor de cambio, o sea, del dinero, cuyo valor de uso se reduce estrictamente a su valor de cambio). En otras palabras, la transformaci\u00f3n del dinero en capital, algo que Arist\u00f3teles, en el libro I de su <em>Pol\u00edtica<\/em>, aun sin poseer el concepto de \u00abcapital\u00bb, denomina \u00abforma antinatural de cremat\u00edstica\u00bb, cuyo car\u00e1cter antinatural reside, seg\u00fan \u00e9l, en que carece de l\u00edmite, es decir, de cualquier objetivo fuera de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>El hecho de que Marx suscriba en gran parte el juicio de Arist\u00f3teles deber\u00eda bastar para entender, como hace nada menos que Stalin, en un texto de 1952 (<em>Problemas econ\u00f3micos del socialismo en la URSS<\/em>), que en t\u00e9rminos marxistas \u00abno se puede identificar la producci\u00f3n mercantil con la producci\u00f3n capitalista: son cosas distintas\u00bb. Atinada reflexi\u00f3n, aunque tard\u00eda: al final de la Segunda Guerra Mundial el propio Stalin hab\u00eda afirmado que, de no ser por la destrucci\u00f3n b\u00e9lica, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica estar\u00eda para entonces en condiciones de abolir el mercado\u2026<\/p>\n<p>Cuando los apologetas del capitalismo lo denominan eufem\u00edsticamente \u00abeconom\u00eda de mercado\u00bb tienen raz\u00f3n en la medida en que sin mercado (concretamente, sin la circulaci\u00f3n de una mercanc\u00eda llamada <em>fuerza de trabajo<\/em>) no habr\u00eda capitalismo; pero yerran (o mienten) por cuanto sin capitalismo podr\u00eda haber igualmente mercado (como lo hubo durante siglos en diversos modos de producci\u00f3n diferentes del actual). Lo espec\u00edfico del capitalismo en relaci\u00f3n con el mercado es que, en lugar de supeditar \u00e9ste a la producci\u00f3n, como mero instrumento para la distribuci\u00f3n de lo producido, hace exactamente lo contrario. En el fondo, consiste simplemente en reducir todo valor a valor de cambio, tal como ya vio Arist\u00f3teles. Y en consecuencia, como el uso deja de ser el fin de la econom\u00eda, la producci\u00f3n se orienta prioritariamente al cambio, eludiendo el elemental criterio racional de ajustar la producci\u00f3n a las necesidades, con lo que inevitablemente el capitalismo provoca de manera recurrente lo que se conoce como \u00abcrisis de superproducci\u00f3n\u00bb. Hay, por supuesto, una manera, profusamente empleada, de dar salida a los excedentes: crear artificialmente nuevas necesidades. La peculiar psicolog\u00eda humana, dotada de una potente fantas\u00eda que lleva al ser humano a trascender todos los l\u00edmites impuestos por la simple percepci\u00f3n a la imagen de lo real, viene aqu\u00ed en ayuda del capitalismo y se deja seducir f\u00e1cilmente por esa herramienta fundamental del sistema que es la publicidad. Hasta tal punto hemos interiorizado la idea de que la publicidad es parte esencial de la vida social que uno de los comentarios m\u00e1s frecuentemente o\u00eddos a los turistas que antes de 1989 visitaban los dos sectores de Berl\u00edn era que Berl\u00edn oriental se ve\u00eda \u00abm\u00e1s triste\u00bb que el sector occidental, y al pregunt\u00e1rseles en qu\u00e9 lo notaban, alud\u00edan casi invariablemente a la ausencia de \u00abanuncios\u00bb.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la conversi\u00f3n del mercado en motor central del sistema econ\u00f3mico capitalista, con la consiguiente desvalorizaci\u00f3n de la materialidad concreta de las cosas, de su entidad real (empezando por esa entidad que nos constituye como seres humanos, que es nuestra capacidad creativa, eso que en t\u00e9rminos econ\u00f3micos se llama, un tanto reductivamente, <em>fuerza de trabajo<\/em>) no implica que para superar la aberraci\u00f3n social en que hemos ca\u00eddo debamos desandar todo el camino recorrido desde el Neol\u00edtico y regresar a una econom\u00eda sin excedentes, \u00fanica manera efectiva de que el mercado dejara de ser realmente necesario. La otra opci\u00f3n, la de sustituir el mercado por la planificaci\u00f3n total y la distribuci\u00f3n directa, forzoso es reconocerlo, ha demostrado fehacientemente, al menos en el estadio de desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado hasta ahora, que s\u00f3lo logra cierto grado de eficacia si va unido al reforzamiento de los mecanismos de coerci\u00f3n del otro gran candidato a la extinci\u00f3n en el imaginario revolucionario marxista (y no digamos anarquista): el Estado.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong>Estado, derecho y Estado de derecho<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El ya citado Domenico Losurdo, en otra de sus obras de m\u00e1s impacto (2011), se\u00f1ala con raz\u00f3n que una de las causas de la enorme conflictividad interna que sacudi\u00f3 durante los primeros decenios a los cuadros del partido bolchevique, hasta llegar a lo que se conoce como el \u00abgran terror\u00bb de la segunda mitad del decenio de 1930, hay que buscarla en la infantil creencia izquierdista (el adjetivo \u2018infantil\u2019 se debe, como es sabido, a Lenin, adjetivaci\u00f3n que comparto plenamente en relaci\u00f3n con toda clase de izquierdismo), heredada de los viejos buenos tiempos de la Primera Internacional, seg\u00fan la cual, puesto que el Estado es el instrumento del dominio de una clase sobre el resto, una vez derrocada dicha clase dominante, el Estado desaparecer\u00eda con ella. Pues bien, el no reconocimiento de que, m\u00e1s all\u00e1 de su mera naturaleza instrumental al servicio de un grupo de poder, el Estado es la cristalizaci\u00f3n de la normatividad a la que no puede sustraerse ninguna comunidad humana que pretenda dar un m\u00ednimo de seguridad a sus miembros, no pod\u00eda dejar de tener consecuencias catastr\u00f3ficas como las se\u00f1aladas.<\/p>\n<p>Y la principal consecuencia catastr\u00f3fica fue precisamente que quienes cre\u00edan en la extinci\u00f3n del Estado como mamotreto in\u00fatil tras el triunfo del proletariado acabaron construyendo el mayor Leviat\u00e1n de los tiempos modernos (con la excepci\u00f3n de los servicios de \u00abinteligencia\u00bb norteamericanos). Cosa que sucedi\u00f3, entre otras razones, porque la creencia de que hac\u00edan justamente lo contrario debi\u00f3 de desactivar sus alarmas intelectuales. Dicho sea sin dejar de reconocer las garant\u00edas y ventajas materiales que los llamados Estados socialistas han sido capaces de aportar a la gran mayor\u00eda de sus ciudadanos en condiciones de relativa igualdad. En cualquier caso, parece claro que el Estado que los bolcheviques pretend\u00edan haber arrojado por la ventana volvi\u00f3 a entrar en sus vidas por una puerta tan grande como la c\u00e9lebre puerta de Kiev.<\/p>\n<p>En este punto se nos muestra un atisbo de soluci\u00f3n al problema que plante\u00e1bamos en la introducci\u00f3n: muerto el perro capitalista, \u00bfse acaba sin m\u00e1s la rabia de los conflictos entre las personas? Es obvio que no. Es obvio que toda forma de organizaci\u00f3n pol\u00edtica concreta, al igual que toda formaci\u00f3n social, es hist\u00f3rica, transitoria, como las vidas de los individuos que las integran. Pero eso no quiere decir que la humanidad pueda llegar a prescindir de toda forma de organizaci\u00f3n pol\u00edtica en general y reinventarse a s\u00ed misma como ed\u00e9nica comuna sin ataduras con el pasado y sin reglas ni criterios de validez universal. Una peque\u00f1a dosis m\u00e1s de aristotelismo nos permitir\u00e1 atemperar el \u00abcreacionismo\u00bb revolucionario recordando: a) que toda forma nueva se da siempre en una materia preexistente; y b) que s\u00f3lo se puede tener conciencia de lo transitorio de toda realidad particular a partir de criterios generales no transitorios, que son en definitiva los que forzosamente acaba invocando siempre cualquier proyecto de emancipaci\u00f3n social. Al fin y al cabo, Marx, entusiasta lector de la <em>Pol\u00edtica<\/em> de Arist\u00f3teles (obra de la que el ejemplar manejado por Marx en su \u00e9poca de estudiante se conserva, profusamente anotado, en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam), debi\u00f3 sin duda leer los dos pasajes en que Arist\u00f3teles (\u00a1ya en el siglo IV a. C.!) afirma que \u00aben pol\u00edtica est\u00e1 todo inventado\u00bb<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>Por eso, m\u00e1s all\u00e1 de las lecturas reduccionistas que s\u00f3lo ven en la filosof\u00eda de la historia de Marx una historia de la lucha de clases, reducida \u00e9sta, a su vez, al conflicto capital-trabajo, conviene ver en la concepci\u00f3n marxista del ser social, precisamente, aquella razonable dial\u00e9ctica que Hegel rastreaba ya en la \u00ablucha de contrarios\u00bb de Her\u00e1clito, por la cual no hay tesis sin ant\u00edtesis y la armon\u00eda es inseparable, como m\u00ednimo, del contraste y, a menudo, del conflicto (llega a afirmar Losurdo (2014: pp. 63-68) que en la filosof\u00eda de la historia de Marx se puede ver algo as\u00ed como una \u00abteor\u00eda general del conflicto social\u00bb)<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>La idea de la extinci\u00f3n del Estado una vez superada la divisi\u00f3n de la sociedad en clases tiene, entre sus principales puntos de apoyo dentro de la tradici\u00f3n marxista, el c\u00e9lebre pasaje de la <em>Ideolog\u00eda alemana<\/em> que dice:<\/p>\n<p>Como el Estado es la forma bajo la que los individuos de una clase dominante hacen valer sus intereses comunes y en la que se condensa toda la sociedad civil de una \u00e9poca, se sigue de aqu\u00ed que todas las instituciones comunes tienen como mediador al Estado y adquieren a trav\u00e9s de \u00e9l una forma pol\u00edtica (Marx &amp; Engels, 1970: p. 72).<\/p>\n<p>Ahora bien, como comenta el ya citado Domenico Losurdo (2014: pp. 277-278), \u00abno se comprende, entonces, por qu\u00e9 esta funci\u00f3n tendr\u00eda que ser superflua con otra \u201cclase dominante\u201d u otra sociedad, formada tambi\u00e9n por individuos entre quienes, evidentemente, seguir\u00eda existiendo la posibilidad y la realidad de desavenencias, tensiones y conflictos\u00bb. Porque es obvio que los conflictos no se dan s\u00f3lo entre clases, como lo demuestra lo dif\u00edcil que resulta, por ejemplo, que los trabajadores de una misma empresa, pertenecientes obviamente a la misma clase, se pongan de acuerdo sobre la estrategia a seguir en su lucha por mejores salarios o condiciones de trabajo.<\/p>\n<p>Puede haber, sin duda, muchos tipos diferentes de Estado (Marx y Engels recurren a la noci\u00f3n aristot\u00e9lica de comunidad cuando se refieren en general a una sociedad organizada, en el curso de cuya evoluci\u00f3n aparece el Estado moderno). Y no hay duda de que los Estados conocidos hasta ahora han servido de instrumento para el dominio de una determinada clase social. Pero, como ya se ha se\u00f1alado antes, ese dominio s\u00f3lo puede ejercerse de manera estable mediante la invocaci\u00f3n de normas generales cuya generalidad llevada a sus \u00faltimas consecuencias desemboca en la exigencia de igualdad de derechos. Es reduccionista (aunque tentador) ver en esa tendencia al reconocimiento, al menos te\u00f3rico, de iguales derechos un mero ejercicio de hipocres\u00eda de las \u00e9lites sin ver tambi\u00e9n la exigencia objetiva de criterios de validez universal, exigencia que recorre toda la historia de la humanidad por debajo de la infinita variedad de sus formaciones sociales. Al fin y al cabo, como ense\u00f1a La Rochefoucauld, \u00abla hipocres\u00eda es el homenaje que el vicio rinde a la virtud\u00bb.<\/p>\n<p>Para saber que el Estado, en una u otra forma, es ineludible, no hac\u00eda falta esperar al libro de Wolfgang Harich (1978) y su constataci\u00f3n de que la sociedad de la abundancia ilimitada a la que alude Marx en la <em>Cr\u00edtica al programa de Gotha<\/em> no llegar\u00e1 nunca, por lo que un reparto equitativo de recursos necesitar\u00e1 siempre de un sistema jur\u00eddico riguroso y un aparato de coerci\u00f3n, por muy democr\u00e1ticamente controlado que est\u00e9. Se puede arg\u00fcir que el derecho es, como toda relaci\u00f3n social institucionalizada, un producto hist\u00f3rico cuyo productor ha sido, en cada caso, un grupo humano hegem\u00f3nico. La propia especie humana es producto de una evoluci\u00f3n natural azarosa, lo cual no deslegitima al ser humano cuando se alza sobre esa base natural meramente f\u00e1ctica y hace un imperativo de su supervivencia como especie.<\/p>\n<p>La famosa distinci\u00f3n (y met\u00e1fora arquitect\u00f3nica) marxista entre base y superestructura (<em>fuerzas productivas<\/em> y <em>relaciones de producci\u00f3n<\/em>) ha propiciado en muchas mentes la idea simplista de una determinaci\u00f3n r\u00edgida de la superestructura por la base; en otras palabras, unas relaciones sociales estrictamente determinadas por la base econ\u00f3mica. No es esa visi\u00f3n determinista la que gu\u00eda esencialmente el proyecto de Marx. De ser as\u00ed, su propuesta consistir\u00eda en esperar tranquilamente a que el ciego desarrollo de las fuerzas productivas hiciera saltar por los aires las relaciones de producci\u00f3n capitalistas. Perm\u00edtaseme al respecto una auto-cita:<\/p>\n<p>Los aspectos estrictamente econ\u00f3micos (\u2026), pese a la imagen creada por una cierta vulgarizaci\u00f3n economicista, tantos a\u00f1os vigente, son secundarios en el edificio te\u00f3rico construido por Marx. Su programa, en efecto, consist\u00eda esencialmente en la reabsorci\u00f3n de la esfera econ\u00f3mica por la pol\u00edtica, en la elevaci\u00f3n a conciencia pol\u00edtica expl\u00edcita de los mecanismos econ\u00f3micos, presuntamente objetivos y aut\u00f3nomos. (\u2026) Marx, en el fondo, nunca pretendi\u00f3 superar sustancialmente la econom\u00eda cl\u00e1sica (capitalista) en sus aspectos t\u00e9cnicos (divisi\u00f3n del trabajo, acumulaci\u00f3n y concentraci\u00f3n de capital, aplicaci\u00f3n de econom\u00edas de escala, etc.), sino en sus aspectos pol\u00edticos (relaciones de propiedad, subordinaci\u00f3n jur\u00eddica del trabajo al capital, apropiaci\u00f3n privada de la plusval\u00eda socialmente generada, etc.) (Candel, 1995: p. 131).<\/p>\n<p>Para no acabar este punto de forma inmodesta lo har\u00e9 citando nuevamente al gran Luk\u00e1cs:<\/p>\n<p>La rompedora originalidad [de los <em>Manuscritos econ\u00f3mico-filos\u00f3ficos<\/em> de Marx] estriba, no en \u00faltimo t\u00e9rmino, en que en ellos aparecen por primera vez en la historia de la filosof\u00eda las categor\u00edas propias de la econom\u00eda, como la de producci\u00f3n y reproducci\u00f3n de la vida humana, con lo que hacen posible la explicaci\u00f3n del ser social sobre fundamentos materialistas. La econom\u00eda como centro de la ontolog\u00eda marxiana, sin embargo, no representa en modo alguno un \u00abeconomicismo\u00bb en su visi\u00f3n del mundo. (\u00c9ste s\u00f3lo aparece en sus ep\u00edgonos, que ya no ten\u00edan idea de cu\u00e1l era el m\u00e9todo filos\u00f3fico de Marx) (Luk\u00e1cs, 1972: p. 9).<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>En definitiva, y a modo de conclusi\u00f3n, podemos decir que la vigencia del proyecto de Marx y Engels no depende de su filosof\u00eda de la historia m\u00e1s all\u00e1 de la idea general de que las formaciones sociales son todas contingentes y ninguna de ellas es como tal la encarnaci\u00f3n de leyes eternas (lo cual, asumido con toda coherencia, debe llevarnos a negar que haya un \u00abfinal de la historia\u00bb \u2015ni liberal ni comunista\u2015 en que se produzca la identificaci\u00f3n de lo humano con lo divino, a la manera de la escatolog\u00eda judeo-cristiana). Depende, en cambio, de la idea reguladora, \u00e9sta s\u00ed de validez universal, de que el ser social colectivo debe necesariamente, so pena de autodestruirse, perseguir una existencia en armon\u00eda entre sus partes pese a los inevitables conflictos, reconoci\u00e9ndose dichas partes como iguales por encima de su diversidad. \u00c9se es el horizonte \u00faltimo del proyecto marxista; horizonte que el monumental esfuerzo te\u00f3rico y pr\u00e1ctico de Marx y Engels se\u00f1al\u00f3 con claridad, por m\u00e1s que se precipitara a menudo en sus conclusiones y no nos indicara la medida exacta ni las etapas del recorrido que nos separa de la meta. Pero \u00bfes posible llegar a pisar el horizonte? Ahora sabemos, como Kavafis, que la \u00cdtaca divisada por el \u00abMoro\u00bb y su compa\u00f1ero de odisea no es un lugar al que, como Ulises, llegaremos alg\u00fan d\u00eda, tras atravesar un pi\u00e9lago de adversidades. \u00cdtaca es nada m\u00e1s (y nada menos) que un inextinguible acicate para navegar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Arist\u00f3teles (2017), <em>Pol\u00edtica<\/em>, Biblioteca Nueva, Madrid.<\/p>\n<p>Miguel Candel (1995), \u00abEl marxismo, hoy\u00bb, <em>Enrahonar<\/em> (23), 127-132.<\/p>\n<p>Milovan \u00d0ilas (1963, 1957<sup>1<\/sup>), <em>La nueva clase. An\u00e1lisis del r\u00e9gimen comunista<\/em>, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.<\/p>\n<p>Terry Eagleton (2011), <em>Why Marx Was Right<\/em>, Yale University Press, New Haven (NY) \u2013 Londres.<\/p>\n<p>Wolfgang Harich (1978), <em>\u00bfComunismo sin crecimiento? Babeuf y el Club de Roma<\/em>, Materiales, Barcelona.<\/p>\n<p>Patrick de Laubier (2000<sup>2<\/sup>), <em>Une alternative sociologique: Aristote-Marx<\/em>, \u00c9ditions universitaires, Friburgo (Suiza).<\/p>\n<p>Domenico Losurdo (2011), <em>Stalin: historia y cr\u00edtica de una leyenda negra<\/em>, El Viejo Topo, Barcelona<\/p>\n<p>Id. (2014), <em>La lucha de clases. Una historia pol\u00edtica y filos\u00f3fica<\/em>, El Viejo Topo, Barcelona.<\/p>\n<p>Gy\u00f6rgy Luk\u00e1cs (1985, 1922<sup>1<\/sup>), <em>Historia y conciencia de clase<\/em> (vers. esp. de Manuel Sacrist\u00e1n), Orbis, Barcelona.<\/p>\n<p>Id. (1984), <em>Zur Ontologie des gesellschaftilichen Seins<\/em>, Luchterhand, Darmstadt.<\/p>\n<p>Id. (1972), <em>Die ontologischen Grundprinzipien von Marx<\/em> (cap\u00edtulo de la anterior), Luchterhand, Darmstadt.<\/p>\n<p>Karl Marx &amp; Friedrich Engels (MEW: <em>Marx Engels Werke<\/em>), Dietz, Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Id. (1970), <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em>, Grijalbo, Barcelona.<\/p>\n<p>Manuel Sacrist\u00e1n (1980), \u201cEl trabajo intelectual de Marx y su noci\u00f3n de ciencia\u201d, <em>Mientras tanto<\/em> (2), 61-96.<\/p>\n<p>Id. (1985), \u201c\u00bfPara qu\u00e9 sirvi\u00f3 el realismo de Luk\u00e1cs?\u201d,<em> El Pa\u00eds<\/em>, 13-4-1985.<\/p>\n<p>Miguel Candel Sanmartin<\/p>\n<p>Profesor em\u00e9rito de Historia de la Filosof\u00eda<\/p>\n<p>Universidad de Barcelona<\/p>\n<p>m.candel@usa.net<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Especialmente ilustrativo, por cierto, de la concepci\u00f3n hegeliana del marxismo propia del gran fil\u00f3sofo h\u00fangaro es el art\u00edculo \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 sirvi\u00f3 el realismo de Luk\u00e1cs?\u00bb publicado por Manuel Sacrist\u00e1n, pocos meses antes de su muerte, en el diario <em>El Pa\u00eds<\/em> del 13 de abril de 1985, dedicado a glosar la figura de Luk\u00e1cs con motivo del centenario de su nacimiento.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Citado a partir de una versi\u00f3n italiana por Losurdo (2014: p. 275).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Citado, a partir de una versi\u00f3n italiana, por Losurdo (2014: p. 273)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Una curiosa comparaci\u00f3n entre Arist\u00f3teles y Marx puede verse en Laubier (2000).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Dentro de esta perspectiva, a la par que como breve revisi\u00f3n cr\u00edtica del proyecto marxista en su conjunto, puede verse Candel (1995).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La validez del proyecto emancipatorio marxista se fundamenta, entre otras cosas, en una<br \/>\ndeterminada filosof\u00eda de la historia que debe muchos de sus conceptos a la filosof\u00eda de<br \/>\nHegel. Pero ello  no quiere decir que dependa  esencialmente de dicha filosof\u00eda. De<br \/>\nhecho,   a   fin   de   evitar   incoherencias,   el   proyecto   marxista   hace   suyos,   al   menos<br \/>\nt\u00e1citamente, ciertos  principios  racionales  universales  y meta-hist\u00f3ricos. Como  suele<br \/>\nocurrir, los ep\u00edgonos de Marx subestiman este aspecto \u00abaristot\u00e9lico\u00bb de la doctrina<br \/>\nmarxista, al tiempo que subrayan el estricto condicionamiento de la esfera pol\u00edtica por la<br \/>\neconom\u00eda en toda formaci\u00f3n social. 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