{"id":420,"date":"2006-04-23T00:00:00","date_gmt":"2006-04-23T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=420"},"modified":"2020-02-29T03:29:57","modified_gmt":"2020-02-29T02:29:57","slug":"memoria-y-olvido-del-pasado-nazi-en-la-alemania-de-la-segunda-posguerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=420","title":{"rendered":"Memoria y olvido del pasado nazi en la Alemania de la segunda posguerra"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en Memoria 164 octubre 2002 | Groppo, Bruno<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-3818 alignleft\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710-196x300.jpg\" alt=\"\" width=\"196\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710-196x300.jpg 196w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2006\/04\/portada_si-esto-es-un-hombre_primo-levi_201802271710.jpg 252w\" sizes=\"auto, (max-width: 196px) 100vw, 196px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Un caso paradigm\u00e1tico<\/p>\n<p>La memoria, en tanto presencia del pasado, es el fundamento de la identidad. La memoria colectiva, es decir, la memoria compartida por un grupo social, reasume y reelabora la historia de este grupo en funci\u00f3n del presente, seleccionando ciertos aspectos del pasado, destinados a ser recordados y transmitidos, y condenando otros al olvido. Las identidades colectivas, incluidas las identidades nacionales, son en gran medida el resultado de este trabajo de memoria, que presenta dos caracter\u00edsticas esenciales. Ante todo, es una obra de selecci\u00f3n entre los innumerables elementos que componen el pasado. La memoria es selectiva. En efecto, es imposible recordar \u00edntegramente el pasado<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-1\">1<\/a>: s\u00f3lo una parte de ello permanece impresa en la memoria, mientras el resto cae en el olvido. Por lo tanto, memoria y olvido son indisociables, como las dos caras de una misma medalla o dos aspectos de una misma realidad. Es importante observar que tambi\u00e9n el olvido interviene en el proceso de construcci\u00f3n de la identidad, en particular de las identidades nacionales, que est\u00e1n fundadas precisamente sobre el olvido compartido de muchos aspectos del pasado.<\/p>\n<p>La segunda caracter\u00edstica consiste en que la memoria no es una restituci\u00f3n id\u00e9ntica de los eventos pasados, sino siempre una reconstrucci\u00f3n del pasado en funci\u00f3n de los problemas y las preocupaciones del presente. El recuerdo de un mismo suceso var\u00eda en el tiempo, asumiendo significados distintos seg\u00fan los momentos y las \u00e9pocas en las cuales viene evocado. En Francia, por ejemplo, la memoria de la Revoluci\u00f3n Francesa no es la misma en la \u00e9poca del Frente Popular, que al d\u00eda siguiente de la Liberaci\u00f3n o en ocasi\u00f3n del segundo bicentenario. El trabajo de la memoria consiste precisamente en la reconstrucci\u00f3n incesante del pasado a la luz del presente, atribuy\u00e9ndole cada vez nuevos significados y contribuyendo en tal modo a la construcci\u00f3n, tambi\u00e9n ella permanente, de las identidades, sean individuales sean colectivas. Tambi\u00e9n, la p\u00e9rdida de memoria significa la p\u00e9rdida de la identidad: equivale a cortar total o parcialmente los filos que unen al grupo o al individuo con su pasado y que dan un sentido a su presente.<\/p>\n<p>Cada grupo social, del m\u00e1s peque\u00f1o al m\u00e1s grande, produce y transmite su memoria espec\u00edfica, que constituye, como lo hemos dicho, el fundamento de su identidad. En cada sociedad, existe por lo tanto una pluralidad de memorias de grupo, o memorias sociales, que coexisten y frecuentemente se confrontan, provocando verdaderas y propias guerras de la memoria, porque cada una de estas memorias colectivas busca afirmarse, de frente a las otras, para devenir la memoria dominante, es decir, aquella compartida por el n\u00famero m\u00e1s grande de personas. Cada grupo recuerda del propio pasado sobre todo aquellos aspectos que contribuyen a valorizar y a consolidar su identidad, mientras deja en cambio, en la sombra, conden\u00e1ndolos consciente o inconscientemente al olvido, aquellos que atentan en cambio con cargar de prejuicio tal identidad. No analizaremos aqu\u00ed en modo pormenorizado la distinci\u00f3n entre historia y memoria. Nos limitaremos a observar que \u00e9stas tienen en com\u00fan el car\u00e1cter selectivo y de reelaboraci\u00f3n del pasado, pero que la historia tiene una pretensi\u00f3n cient\u00edfica, es decir, busca interpretar el pasado sobre la base de los criterios del trabajo cient\u00edfico (verificaci\u00f3n de hip\u00f3tesis, etc\u00e9tera). En otras palabras, la historia quiere ser una forma \u201ccient\u00edfica\u201d de la memoria, pero tambi\u00e9n ella, como la memoria, reconstruye el pasado a la luz de las preocupaciones del presente.<\/p>\n<p>Hechas estas premisas, nos proponemos reflexionar sobre el funcionamiento de la memoria colectiva, o m\u00e1s exactamente de las memorias colectivas, en Alemania despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial. Sobre todo, nos interesa saber c\u00f3mo ha sido recordado, en las dos partes de Alemania, un aspecto particular del pasado, que a saber es la dictadura nazi. Desde el punto de vista de una reflexi\u00f3n sobre la memoria colectiva y sobre la relaci\u00f3n entre historia y memoria, el caso alem\u00e1n es particularmente interesante por una serie de razones que lo vuelven casi paradigm\u00e1tico. La primera raz\u00f3n consiste en el car\u00e1cter de ruptura radical y traum\u00e1tica que el nazismo ha representado en la historia alemana y, por lo tanto, es l\u00f3gico que ocupe un lugar importante en las memorias colectivas. Despu\u00e9s, existe el hecho de que el r\u00e9gimen nazi cometi\u00f3, en nombre de Alemania, cr\u00edmenes particularmente monstruosos; el principal de ellos fue el exterminio de los jud\u00edos en Europa. La sombra de Auschwitz, s\u00edmbolo de esta pol\u00edtica de exterminio, se extiende sobre toda una parte de la historia y de la memoria alemana. La memoria del periodo nazi es sobre todo memoria de los cr\u00edmenes cometidos durante dicho periodo. El problema de esta memoria es que el r\u00e9gimen nazi tuvo el apoyo, frecuentemente entusiasta, de gran parte de la poblaci\u00f3n alemana. Por lo tanto, hay un problema -pol\u00edtico y moral- de co-responsabilidad, en el sentido de que la responsabilidad por los cr\u00edmenes cometidos por el nazismo no puede ser atribuida exclusivamente a un restringido n\u00famero de jerarcas nazis, sino que se extiende tambi\u00e9n, en distinta medida, a aquella parte de la poblaci\u00f3n alemana que apoy\u00f3 a Hitler y que permanece fiel a \u00e9l hasta el final. La existencia, por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, de dos Alemanias, dotadas de sistemas pol\u00edticos y econ\u00f3micos opuestos, permite adem\u00e1s confrontar el funcionamiento de dos memorias colectivas muy distintas que se refieren al mismo pasado. Por todas estas razones, el caso de Alemania amerita una atenci\u00f3n particular, tambi\u00e9n si los mecanismos fundamentales de la memoria colectiva en este pa\u00eds son an\u00e1logos a aquellos que se pudieran observar en otro lugar.<\/p>\n<p>Amnesia colectiva y despertar de la memoria en la Alemania occidental<\/p>\n<p>Alfred Grosser observa, con raz\u00f3n, que \u201cno existe una memoria alemana, existen memorias alemanas, distintas y contrastantes\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-2\">2<\/a>. Por lo que respecta a la memoria oficial, es decir, aquella producida por los detentadores del poder pol\u00edtico y que se expresa, por ejemplo, a trav\u00e9s de los manuales escolares, las conmemoraciones, los monumentos, viene se\u00f1alado que por varios decenios han existido al menos dos: aquella de la Rep\u00fablica Federal y aquella de la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica. Despu\u00e9s, cada una de ellas ha conocido una evoluci\u00f3n m\u00e1s o menos importante a lo largo del tiempo. Por tal motivo, se necesita diferenciar. La primera distinci\u00f3n por hacer es, naturalmente, aquella entre las dos Alemanias y sus respectivas memorias, porque la diversidad de los sistemas pol\u00edticos y econ\u00f3micos se ha traducido tambi\u00e9n en un distinto comportamiento en la confrontaci\u00f3n con el pasado. Despu\u00e9s, se necesita distinguir seg\u00fan sea el periodo y la generaci\u00f3n. Con el paso del tiempo, progresivamente ha aumentado el porcentaje de alemanes nacidos despu\u00e9s de la guerra -m\u00e1s del 60 por ciento hacia finales de los a\u00f1os ochenta- y que por lo tanto no ten\u00edan ninguna experiencia directa con el pasado nazi. As\u00ed, \u201cla memoria de un sobreviviente, que antes era dominante, gradualmente ha cedido el lugar a la memoria adquirida, trasmitida, aprendida, con fuertes variaciones en la intensidad de la adquisici\u00f3n\u201d.<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-3\">3<\/a>;<\/p>\n<p>Otra distinci\u00f3n necesaria respecto a los grupos sociales es -como escribe Grosser- \u201cla presencia del delito en la memoria, el deseo de esta presencia o su rechazo, han sido distintos seg\u00fan sea la pertenencia profesional, con ausencias y rechazos particularmente fuertes ah\u00ed en donde la memoria implicaba una constataci\u00f3n de complicidad, por ejemplo entre los industriales y los magistrados\u201d.<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-4\">4<\/a> Otro criterio distintivo es aquel de las filiaciones religiosas, ya que las iglesias han adoptado comportamientos distintos en relaci\u00f3n con la memoria. La diversidad se da, en resumidas cuentas, seg\u00fan la vivencia personal, por ejemplo la influencia del hecho de haber vivido o no en una zona bombardeada, de haber sido o no expulsado de la tierra originaria, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Sobre la memoria del pasado nazi en Alemania pesan las dos dificultades ya citadas: la naturaleza criminal de dicho pasado y el hecho de que este r\u00e9gimen criminal hab\u00eda sido beneficiado, hasta su final, por un largo apoyo por parte de la poblaci\u00f3n. Viene al caso recordar que el r\u00e9gimen nazi s\u00f3lo pudo ser eliminado por la acci\u00f3n de los ej\u00e9rcitos extranjeros, no por una consecuencia de una guerra civil o por la resistencia armada de una parte de la poblaci\u00f3n: en Alemania existieron opositores, pero no un movimiento de resistencia armada, comparable por ejemplo a aquel italiano en contra del fascismo. Para las generaciones que hab\u00edan vivido el periodo nazi, recordar el pasado quer\u00eda decir tambi\u00e9n tener que recordar la propia responsabilidad, tener que preguntarse en qu\u00e9 medida cada uno hab\u00eda contribuido, con su comportamiento individual a hacer posible los cr\u00edmenes nazis y la cat\u00e1strofe de Alemania.<\/p>\n<p>Reflexiones sobre el problema de la responsabilidad individual y colectiva no faltaron en Alemania al t\u00e9rmino de la guerra. Basta recordar, por ejemplo, el libro del fil\u00f3sofo Karl Jaspers, Die Deutsche Schuld (La culpa alemana), publicado en 1946<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-5\">5<\/a>. En este l\u00facido y doloroso examen de conciencia, el autor constataba que en la poblaci\u00f3n alemana era muy difundida la tendencia a evitar cualquier discusi\u00f3n sobre estos problemas y a rechazar cualquier idea de culpa. Escribe Jaspers:<\/p>\n<p>\u201cLa tentaci\u00f3n de sustraerse a este problema (de la culpa) es fuerte. Vivimos en la miseria. Una gran parte de nuestra poblaci\u00f3n vive en una miseria tan grande, tan inmediata, que parece ser indiferente a dicha discusi\u00f3n. Le interesa s\u00f3lo eso que disminuye la miseria, eso que procura trabajo y pan, un lugar, calor. El horizonte ha devenido cerrado. No le gusta o\u00edr hablar de la culpa, del pasado; no ser tocados por la historia mundial. Simplemente se quiere dejar de sufrir, salir de la miseria, se quiere vivir pero no reflexionar. Se tiene la impresi\u00f3n de que despu\u00e9s de un sufrimiento tan terrible se deber\u00eda ser recompensado, o en cualquier modo consolados, pero no es permitido ser comprendido cabalmente, m\u00e1s all\u00e1 de todo lo dem\u00e1s, bajo una culpa\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-6\">6<\/a>.<\/p>\n<p>Sin embargo, las voces como la de Jaspers permanecieron, en el conjunto, preferentemente aisladas. Sin duda alguna, el comportamiento m\u00e1s difundido fue el de cerrar los ojos sobre el pasado y evitar cualquier reflexi\u00f3n sobre el problema de la responsabilidad. En distintos modos, esta actitud fue promovida por los poderes p\u00fablicos de las dos Alemanias, a pesar de la distinta orientaci\u00f3n pol\u00edtica. El hecho mismo de que un n\u00famero muy elevado de alemanes estuviera involucrado en los cr\u00edmenes del nazismo frenaba la reflexi\u00f3n. Como se sabe, es m\u00e1s f\u00e1cil defenderse de una culpa, y de sentimientos de culpa, cuando \u00e9sta ha sido cometida colectivamente. Escriben dos psicoanalistas alemanes, Alexander y Margarethe Mitscherlinch: \u201cNormalmente el individuo oprimido por una culpa viene aislado de la sociedad; en cambio, este destino no golpea a la colectividad, porque en ella el hombre es solamente un culpable entre los culpables\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-7\">7<\/a>. Las dimensiones mismas de los cr\u00edmenes cometidos y el elevad\u00edsimo n\u00famero de personas implicadas en su ejecuci\u00f3n han hecho dif\u00edcil a la sociedad alemana probar sentimientos de culpa. Escriben los Mitscherlinch:<\/p>\n<p>\u201cUn examen hist\u00f3ricamente riguroso de esta parte de nuestro pasado probar\u00eda r\u00e1pidamente que el exterminio de millones de perseguidos indefensos se compone de innumerables decisiones y acciones criminales de singulares, y que no se puede en modo alguno se\u00f1alar exclusivamente, con aquella faciloner\u00eda que han hecho propia, a los superiores, en resumidas cuentas al f\u00fchrer mismo. Que haya podido pasar lo que ha pasado no es el resultado solamente de cualidades milagrosas del f\u00fchrer, sino ni m\u00e1s ni menos de una &#8216;incre\u00edble obediencia&#8217;\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-8\">8<\/a>.<\/p>\n<p>Por tal motivo, en Alemania occidental una amnesia colectiva pareci\u00f3 difundirse entre la poblaci\u00f3n, como una epidemia, al t\u00e9rmino de la guerra. Nadie se acuerda m\u00e1s de haber sido nazi, de haber sostenido con entusiasmo a Hitler. Respecto de los innumerables delitos cometidos por el r\u00e9gimen nazi, ninguno parec\u00eda haber tenido conciencia antes de 1945. Este intento de justificaci\u00f3n ten\u00eda, obviamente, un fundamento poco s\u00f3lido. Tambi\u00e9n si es imposible determinar con exactitud en qu\u00e9 medida la poblaci\u00f3n era informada de estos delitos, es cierto que un n\u00famero muy elevado de personas ten\u00eda conciencia de ello; que as\u00ed fuese, se explica porque el funcionamiento de la m\u00e1quina de muerte nazi ped\u00eda la participaci\u00f3n de much\u00edsimas personas y no s\u00f3lo de un restringido n\u00famero de criminales. Para dar un ejemplo, los ferrocarrileros que conduc\u00edan a Auschwitz los convoyes de deportados dif\u00edcilmente pod\u00edan ignorar que \u00e9stos iban a encontrar la muerte y que las condiciones de transporte, por s\u00ed mismas, eran inhumanas y los empleados de la administraci\u00f3n ferroviaria no pod\u00edan ignorar el hecho de que todos aquellos trenes regresaban de Auschwitz vac\u00edos. Otro ejemplo: la poblaci\u00f3n que viv\u00eda en las proximidades de los numerosos campos de concentraci\u00f3n existentes en Alemania no pod\u00edan ignorar que se trataba de lugares de terror, tambi\u00e9n si no conoc\u00edan en detalle todo lo que ah\u00ed suced\u00eda. Cuando se observa un mapa del sistema totalitario nazi, con sus innumerables ramificaciones, se comprende inmediatamente que los lagers formaban parte del panorama normal que gran parte de la poblaci\u00f3n ten\u00eda bajo los ojos. El argumento de la ignorancia era por lo tanto poco convincente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del final de la depuraci\u00f3n, conducida por las autoridades aliadas, raros fueron los criminales nazis que debieron responder por sus acciones frente a los tribunales en Alemania Federal. S\u00f3lo hasta los a\u00f1os setenta, por ejemplo, fue celebrado, en Frankfurt, un primer proceso en contra de los guardias y otros responsables del campo de exterminio de Auschwitz. Por lo dem\u00e1s, muchos procesos contra excriminales nazis fueron celebrados en la Rep\u00fablica Federal solamente como consecuencia de las presiones de la opini\u00f3n p\u00fablica internacional. La gran mayor\u00eda de los criminales fue dejada en paz y pudo continuar tranquilamente la propia carrera en la vida civil: se le aplic\u00f3 en sus responsabilidades aquello que algunos estudiosos llaman la \u201camnist\u00eda fr\u00eda\u201d, es decir, una amnist\u00eda de facto, privada de todo elemento jur\u00eddico pero no por ello menos eficaz. Los ex miembros de la SS, la Gestapo, los Einsatzgruppen y otras organizaciones criminales obtuvieron la pensi\u00f3n estatal por los servicios prestados. Ralph Giordano escribe que la Alemania Federal concluye la \u201cgran paz con los asesinos\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-9\">9<\/a>, agregando as\u00ed a la primera culpa -aquella cometida en los tiempos de Hitler- una segunda, que consist\u00eda precisamente en el deseo de olvidar y negar la primera. Esta segunda culpa habr\u00eda se\u00f1alado en modo determinante la cultura pol\u00edtica de la Rep\u00fablica Federal.<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-10\">10<\/a>;<\/p>\n<p>Inversamente, los opositores al r\u00e9gimen nazi que debieron fugarse de Alemania despu\u00e9s de la llegada de Hitler al poder y que entran nuevamente despu\u00e9s del final de la guerra fueron generalmente recibidos con desconfianza y sospecha. Se imput\u00f3 a muchos exiliados el hecho de haber vivido \u201cla buena vida\u201d en el extranjero, mientras en Alemania se debieron soportar tantas privaciones. A quien, como el futuro canciller Willy Brandt, hab\u00eda participado activamente en la resistencia en contra del nazismo, se imput\u00f3, en los ambientes pol\u00edticos m\u00e1s conservadores, la ausencia de esp\u00edritu patri\u00f3tico. Aquellos que hab\u00edan sobrevivido a los campos de concentraci\u00f3n y a las prisiones de Hitler no encontraron, una vez reintroducidos a la vida civil, un recibimiento particularmente caluroso. Con frecuencia, su presencia constitu\u00eda motivo de embarazo, porque, en cierta medida, eran la prueba viviente de que efectivamente hab\u00eda sido posible resistir a Hitler: a los ojos de aquella mayor\u00eda que hab\u00eda seguido ciegamente al f\u00fchrer, estos sobrevivientes representaban un t\u00e1cita pero permanente reprobaci\u00f3n. A prop\u00f3sito de quien, por conformismo, se hab\u00eda adaptado al r\u00e9gimen sin buscar utilizar los espacios de maniobra, que tambi\u00e9n exist\u00edan, para disminuir la injusticia, Karl Jaspers escrib\u00eda en 1946: \u201cninguno podr\u00e1 justificarse completamente por haber obrado as\u00ed, sobre todo tomando en cuenta el hecho de que muchos alemanes rechazaron cumplir tales actos de sumisi\u00f3n y se asumieron las consecuencias de su rechazo\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-11\">11<\/a>.<\/p>\n<p>En la Alemania Federal, la mayor\u00eda de los alemanes rechaz\u00f3 considerarse culpable y ning\u00fan criminal nazi admiti\u00f3 p\u00fablicamente su culpa o hizo acto alguno de arrepentimiento. Es parad\u00f3jico que los pocos, como Jaspers, que estuvieron dispuestos a interrogarse sobre las propias responsabilidades, fueron, en realidad, aquellos que menos ten\u00edan algo que reprocharse o bien porque no hab\u00edan apoyado el r\u00e9gimen o bien hab\u00edan luchado en contra de \u00e9ste, mientras la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n que m\u00e1s hab\u00eda apoyado el r\u00e9gimen era tambi\u00e9n aquella que rechazaba categ\u00f3ricamente reflexionar sobre sus propias responsabilidades.<\/p>\n<p>La actitud m\u00e1s difundida en la sociedad alemana occidental fue aquella que consist\u00eda en buscar olvidar el pasado nazi o, m\u00e1s exactamente aquellos aspectos del pasado que implicaban la responsabilidad y la culpa individual o colectiva. Ralph Giordano resume la selectividad de este tipo de memoria:<\/p>\n<p>\u201cExcelente memoria respecto a cada \u00e1mbito de la existencia privada y de la vida pol\u00edtica entre 1933 y el final de la guerra, all\u00e1 en donde no existe nada de comprometedor. En cambio, un venir a menos de la memoria para todos los sucesos susceptibles de probar disgusto, verg\u00fcenza o sentimientos de culpa. Se selecciona con precisi\u00f3n qu\u00e9 cosa debe ser olvidada y qu\u00e9 cosa no debe serlo. Campos de concentraci\u00f3n y holocausto -olvidados. No olvidados en cambio: las violencias en contra de los alemanes y la guerra a\u00e9rea\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-12\">12<\/a>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Giordano, remoci\u00f3n y negaci\u00f3n miraban a defender no al Tercer Reich y a su f\u00fchrer, sino al propio yo, que no quer\u00eda confesarse culpable ni frente a s\u00ed mismo ni frente a los otros. An\u00e1logamente, escriben los Mitcherlich:<\/p>\n<p>\u201cDespu\u00e9s de la completa derrota viene a luz la tesis de la obediencia. Toda ella de salida, para responder por el genocidio efectuado, permanecieron s\u00f3lo los l\u00edderes imposibles de encontrar o ya puestos a juicio. En realidad, todos los estratos, y especialmente los sectores dirigentes, los industriales, los jueces, los profesores de universidad, hab\u00edan acordado al r\u00e9gimen un apoyo decisivo y entusi\u00e1stico, peor con el naufragio se vieron desvinculados por encanto de cualquier responsabilidad personal\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-13\">13<\/a>.<\/p>\n<p>El mecanismo, seg\u00fan los dos psicoanalistas, es an\u00e1logo a aquel de una culpa infantil. Del ni\u00f1o que, habiendo combinado un peque\u00f1o da\u00f1o, niega despu\u00e9s ser su autor:<\/p>\n<p>\u201cEn la defensa en contra de la culpa, la verg\u00fcenza y el luto por la p\u00e9rdida sufrida, que la totalidad de la poblaci\u00f3n alemana de la posguerra pone en acci\u00f3n, tenemos en realidad que hacer lo mismo que con la autodefensa infantil, pero no con una experiencia de culpa infantil, sino con una gruesa culpa real. No puede no suscitar espanto la aplicaci\u00f3n de una t\u00e9cnica infantil de descarga de las consecuencias derivadas por la expedici\u00f3n de conquista y programas de exterminio que sin el empe\u00f1o entusiasta de esta colectividad no habr\u00edan podido ni siquiera haber iniciado, y mucho menos durar hasta el \u00faltimo momento\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-14\">14<\/a>.<\/p>\n<p>Entre las formas m\u00e1s difundidas de rechazo de la responsabilidad existi\u00f3 aquella de atribuir toda la culpa al f\u00fchrer -como si el nazismo hubiese sido solamente el hitlerismo- y aquella de considerar todo lo sucedido como una suerte de cat\u00e1strofe natural, en contra de la cual la voluntad humana es impotente. En el momento en que la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n alemana se hab\u00eda identificado con Hitler y con su r\u00e9gimen, su ca\u00edda signific\u00f3 una devaluaci\u00f3n traum\u00e1tica del propio yo. Al respecto, escriben los Mitscherlich:<\/p>\n<p>\u201cPara millones de alemanes la p\u00e9rdida del f\u00fchrer no fue la p\u00e9rdida de una persona cualquiera (&#8230;); en cambio, a su persona le vincularon identificaciones que hab\u00edan llenado funciones centrales en la vida de sus secuaces, en el momento en que \u00e9l se hab\u00eda transformado en la personificaci\u00f3n de nuestro ideal del yo. La p\u00e9rdida de un objeto investido as\u00ed con una gran energ\u00eda libidinal, de la cual todav\u00eda no se dudaba, de la cual todav\u00eda no se osaba dudar, cuando la patria cae en ruinas, ser\u00eda efectivamente un motivo de melancol\u00eda (en el sentido freudiano, es decir, de intensificaci\u00f3n patol\u00f3gica del sentimiento de luto). En la cat\u00e1strofe no se perdi\u00f3 solamente la base efectiva de nuestro ideal del yo; el f\u00fchrer adem\u00e1s fue desenmascarado por los vencedores como un criminal megal\u00f3mano. Con esta repentina ca\u00edda de sus cualidades, el yo de cada individuo prob\u00f3 una desvalorizaci\u00f3n y un empobrecimiento centrales\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-15\">15<\/a>.<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n, no quedaban, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n de los dos psicoanalistas, otras salidas que la depresi\u00f3n, la melancol\u00eda, o bien el rompimiento de todos los puentes afectivos con el pasado inmediato, negando cualquier responsabilidad o implicaci\u00f3n de todo aquello que hab\u00eda sucedido. Por lo tanto, la amnesia voluntaria y el rechazo de responsabilidad fueron los medios de defensa en contra de la depresi\u00f3n. La m\u00e1s importante t\u00e9cnica de defensa fue precisamente aquella que consist\u00eda en buscar olvidar todo lo que tuvo que ver con el entusiasmo por el Tercer Reich, con la idealizaci\u00f3n del f\u00fchrer y con los actos criminales cometidos<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-16\">16<\/a>.<\/p>\n<p>A juicio de los Mitscherlich, el hecho de que en la gran masa de la poblaci\u00f3n se hayan manifestado pocas se\u00f1ales de melancol\u00eda, de luto o de remordimiento es atribuible a la negaci\u00f3n colectiva del pasado, el cual se desvanec\u00eda como un sue\u00f1o, y esto permite despu\u00e9s a la poblaci\u00f3n de la Rep\u00fablica Federal identificarse f\u00e1cilmente con los vencedores occidentales sin dar signo de orgullo herido. Por lo dem\u00e1s, \u201cuna de las ventajas econ\u00f3micas de esta negaci\u00f3n colectiva del propio pasado fue que pod\u00eda uno dedicarse adecuadamente, indemne, al presente y a las tareas de \u00e9ste\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-17\">17<\/a>. La energ\u00eda ps\u00edquica disponible fue invertida, casi en manera obsesiva, en el trabajo de reconstrucci\u00f3n del pa\u00eds<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-18\">18<\/a>. En el arco de doce a\u00f1os, gracias a este obstinado trabajo y a la ayuda americana, se obtuvieron en este rubro resultados sorprendentes. La prosperidad econ\u00f3mica contribuy\u00f3 a hacer olvidar el pasado nazi. La Guerra Fr\u00eda y la exacerbaci\u00f3n del conflicto internacional Este-Oeste reforzaron dicha tendencia. En particular, el anticomunismo jug\u00f3 un papel importante. La Rep\u00fablica Federal hab\u00eda nacido sobre la base de un doble rechazo: por una parte, rechazo del nazismo; por otra, del comunismo, ambos considerados como variantes de un mismo fen\u00f3meno: el totalitarismo. Sin embargo, el sistema pol\u00edtico de la Rep\u00fablica Federal se mostr\u00f3 mucho m\u00e1s intransigente en su rechazo al comunismo que en aquel del nazismo: en los enjuiciamientos y cr\u00edticas de los exnazis, no fue aplicada la misma pol\u00edtica de r\u00edgida exclusi\u00f3n que, en cambio, s\u00ed fue aplicada en las confrontaciones de los comunistas.<\/p>\n<p>El rechazo de la memoria, la voluntad de no recordar, duraron demasiado<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-19\">19<\/a>. Para que la sociedad alemana-federal comenzara a salir de la amnesia colectiva en relaci\u00f3n con el pasado reciente fue necesario esperar la llegada en los a\u00f1os sesenta de una nueva generaci\u00f3n, nacida despu\u00e9s del final de la guerra. En ese entonces, se asisti\u00f3 a una suerte de despertar o de reactivaci\u00f3n de la memoria, que ha continuado intensific\u00e1ndose. Distintos factores contribuyeron, en los a\u00f1os sesenta, a este despertar. Muy importante fue, por ejemplo, el proceso, en Jerusal\u00e9n, a Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores del genocidio. El suceso tuvo un notable eco internacional, sobre todo en Alemania. Otro factor del despertar fue el proceso que tuvo lugar en Francfort contra un grupo de guardias del campo de concentraci\u00f3n y exterminio de Auschwitz. Este hecho permiti\u00f3 (sobre todo a los m\u00e1s j\u00f3venes) tomar conciencia de la enormidad de los cr\u00edmenes cometidos por el nazismo y de constatar que los criminales no eran psic\u00f3patas, sino personas \u201cnormales\u201d, transformadas en despiadados asesinos. Lo mismo hab\u00eda constatado Hannah Arendt en relaci\u00f3n con Eichmann: el libro escrito por ella a prop\u00f3sito del proceso de Jerusal\u00e9n, al cual hab\u00eda asistido, lleva precisamente como subt\u00edtulo \u201cla banalidad del mal\u201d. Pero el factor decisivo para el despertar de la memoria probablemente fue la llegada a la edad adulta de una generaci\u00f3n de j\u00f3venes, nacida despu\u00e9s de la guerra, que comenz\u00f3 a pedir explicaciones a la generaci\u00f3n precedente, aquella de sus padres, sobre el modo en el cual \u00e9sta se hab\u00eda comportado durante el periodo nazi. M\u00e1s que en otros pa\u00edses, en Alemania el movimiento estudiantil de 1968 fue tambi\u00e9n una revuelta contra la generaci\u00f3n de los padres, contra su amnesia y sus silencios, su rechazo de reconocerse responsables. En el mismo periodo, se formaba una nueva generaci\u00f3n de historiadores, que aportar\u00eda una contribuci\u00f3n esencial al conocimiento del pasado nazi, contribuyendo a intensificar el recuerdo en la conciencia colectiva. La contribuci\u00f3n de estos historiadores requiere un trabajo aparte que no puede hacerse aqu\u00ed. Basta recordar que el debate entre los historiadores conservadores por cerrar definitivamente el discurso sobre este tema ha obtenido exactamente el efecto contrario, como se ha podido verificar en ocasi\u00f3n de la famosa \u201ccontroversia de los historiadores\u201d (Historikerstreit) en los a\u00f1os ochenta. En aquel decenio, el recuerdo del pasado nazi se hab\u00eda intensificado, dando lugar, por ejemplo, a un multiplicarse de ceremonias conmemorativas. Fue como si el pasado nazi saliera progresivamente del olvido, en el cual se hab\u00eda buscado relegarlo, para hacerse cada vez m\u00e1s presente en la memoria colectiva. En este sentido, se trata verdaderamente de un pasado que no pasa, como lo deplora el historiador conservador Ernst Nolte. No faltaron los intentos, por parte de los sectores pol\u00edticos conservadores, de cerrar definitivamente, de un modo u otro, el discurso sobre el pasado nazi. Uno de los m\u00e1s significativos ha sido sin duda el episodio de Bitburg. En ocasi\u00f3n de una visita oficial del presidente norteamericano Ronald Reagan a Alemania, el canciller Kohl y su invitado hab\u00edan realizado un homenaje a los alemanes ca\u00eddos en el cementerio militar de Bitburg, en las afueras de Bonn, donde est\u00e1n enterrados, junto a los soldados de la Wehrmacht, los hombres que pertenecieron a la SS. La ceremonia fue concebida por Kohl para demostrar que la p\u00e1gina del pasado nazi ya hab\u00eda pasado, pero tuvo el efecto exactamente opuesto, suscitando una fuerte ola de protestas. Este episodio demuestra tambi\u00e9n la dificultad, para la Rep\u00fablica Federal, de encontrar una forma adecuada para rendir homenaje a los soldados ca\u00eddos. Si es verdad que estos soldados murieron por la Alemania -pero \u00bfPor cu\u00e1l Alemania? \u00bfAquella que quer\u00eda dominar el mundo? -, es tambi\u00e9n verdad que much\u00edsimos de ellos, y no s\u00f3lo los que pertenecieron a la SS, se mancharon de cr\u00edmenes espantosos, cuyo recuerdo siempre est\u00e1 vivo.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica de la memoria en la Alemania Oriental<\/p>\n<p>Muy distinta, pero en algunos aspectos tambi\u00e9n an\u00e1loga, fue la din\u00e1mica de la memoria en la Alemania Oriental, ocupada por los sovi\u00e9ticos y transformada en 1949 en Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana. El poder fue r\u00e1pidamente monopolizado por el partido comunista (oficialmente exist\u00edan otros partidos, pero reducidos a una funci\u00f3n decorativa) y, por lo tanto, a la dictadura nazista sucede, despu\u00e9s de una breve fase de transici\u00f3n, la del partido comunista. En nombre de otros principios, oficialmente human\u00edsticos, el nuevo r\u00e9gimen tambi\u00e9n busc\u00f3 controlar y regular cada aspecto de la vida social, as\u00ed como de la vida privada. Desde la \u00f3ptica del problema de la memoria, los aspectos que ameritan mayor atenci\u00f3n son aquellos vinculados con la legitimaci\u00f3n del poder comunista y la integraci\u00f3n de los exnazis, es decir, la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, en el sistema sociopol\u00edtico alem\u00e1n-oriental.<\/p>\n<p>En la Alemania Oriental, la fuente de la legitimidad del nuevo poder no pod\u00eda ser el sufragio democr\u00e1tico, porque en elecciones libres el partido dominante hubiera seguramente quedado como una minor\u00eda. La legitimidad se bas\u00f3 en la resistencia al nazismo, en la cual los comunistas hab\u00edan jugado una parte muy importante. La \u00e9lite del poder estaba compuesta por comunistas que hab\u00edan estado en el exilio (b\u00e1sicamente en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) o bien en las prisiones y en los campos de concentraci\u00f3n hitlerianos y hab\u00edan luchado en contra del nazismo. Por ello, era esencial para el nuevo r\u00e9gimen mantener viva la referencia a la \u00e9poca nazi y a la resistencia comunista. As\u00ed, se desarroll\u00f3 una memoria oficial, cuya funci\u00f3n b\u00e1sica consisti\u00f3 precisamente en legitimar el monopolio comunista del poder. Puede decirse que una memoria de grupo, la memoria colectiva, se impone, autoritariamente, como memoria oficial de toda la sociedad alemana-oriental. Podemos corroborar su contenido en el siguiente modo:<\/p>\n<p>-El nazismo hab\u00eda sido la dictadura del gran capital y, como tal, de un restringido grupo social, impuesta con la ayuda de un grupo de criminales (el partido nazi, instrumento del gran capital) a una poblaci\u00f3n recalcitrante, que hab\u00eda resistido bajo la gu\u00eda del partido comunista.<\/p>\n<p>-La \u00fanica oposici\u00f3n a este r\u00e9gimen fue la de los comunistas. Todas las otras -aquella de los socialdem\u00f3cratas, por ejemplo, o aquella de la \u201ciglesia confesante\u201d (Bekennende Kirche), de los ambientes conservadores o de grupos tales como los Testigos de Jehov\u00e1- fueron deliberadamente minimizadas o ignoradas. La imagen propuesta por la historia alemana reciente fue la de un encuentro frontal entre nazismo y comunismo que hab\u00eda concluido con la victoria de este \u00faltimo.<\/p>\n<p>Con este cuadro de referencia, el problema del consenso de masas, del cual el nazismo se hab\u00eda beneficiado tomando a la poblaci\u00f3n alemana era completamente ignorado. La dictadura nazi parec\u00eda no haber tenido una verdadera y propia base social por afuera de la gran burgues\u00eda y por tal aparec\u00eda como un r\u00e9gimen impuesto por el exterior, por una clase restringida de grandes capitalistas y de sus servidores. Esta imagen correspond\u00eda muy poco con la realidad. Importa subrayar que tambi\u00e9n la memoria oficial construida e impuesta por el partido comunista no apoyaba la reflexi\u00f3n sobre el problema de la responsabilidad individual y colectiva por los cr\u00edmenes cometidos en el periodo nazi. Tal reflexi\u00f3n no ten\u00eda, por decirlo de alguna manera, raz\u00f3n de ser, porque el problema oficialmente ya hab\u00eda sido resuelto: la responsabilidad pertenec\u00eda exclusivamente al gran capital y a un restringido grupo de sus agentes. De este modo, el nuevo poder comunista ofrec\u00eda a millones de exsecuaces de Hitler una posibilidad de integrarse en el nuevo r\u00e9gimen, a condici\u00f3n de aceptar la dictadura comunista. Los t\u00e9rminos del intercambio pol\u00edtico fueron m\u00e1s o menos los siguientes: el poder comunista, que se sab\u00eda minoritario, simulaba e ignoraba que la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n hab\u00eda sostenido el nazismo; en cambio, exig\u00eda de ella lealtad y obediencia. Se ped\u00eda a la poblaci\u00f3n, en sustancia, manifestar en relaci\u00f3n con el nuevo r\u00e9gimen el mismo conformismo que ya hab\u00eda demostrado respecto al r\u00e9gimen nazi. Sobre la base de este t\u00e1cito \u201ccontrato social\u201d, la poblaci\u00f3n alemana-oriental fue transformada retrospectivamente, como por un golpe de vara m\u00e1gica, en una mayor\u00eda de antifascistas que hab\u00edan luchado heroicamente, bajo la direcci\u00f3n del partido comunista, en contra del r\u00e9gimen de Hitler. En virtud de este retrospectivo bautismo antifascista, fueron canceladas las culpas pol\u00edticas pasadas. El poder comunista actu\u00f3 sobre el conformismo y sobre el sentimiento de sumisi\u00f3n a la autoridad por parte de la poblaci\u00f3n, ofreciendo, sin embargo, a la masa de los exnazis la posibilidad de integrarse al nuevo sistema pol\u00edtico. Un partido ad hoc, naturalmente con funciones decorativas, fue adem\u00e1s creado para estos fines.<\/p>\n<p>Las referencias al pasado nazi, y particularmente a la resistencia comunista, eran omnipresentes en la Alemania Oriental. Por todas partes, monumentos y l\u00e1pidas recordaban el hero\u00edsmo de los comunistas. Estrictamente controlada por el partido comunista, la historia oficial, en las universidades y en las escuelas, iba en el mismo sentido, transformada en ilustraciones y celebraciones de la mitolog\u00eda comunista. La memoria oficial lanzaba al olvido todo aquello que no correspond\u00eda o no estaba acorde con la versi\u00f3n creada por aquel partido. As\u00ed, por ejemplo, esta historia prefer\u00eda regresar sobre los dos a\u00f1os del pacto alem\u00e1n-sovi\u00e9tico, durante los cuales la Rusia sovi\u00e9tica hab\u00eda tenido relaciones amigables y de colaboraci\u00f3n con la Alemania nazi. Otro cap\u00edtulo sobre el cual la memoria oficial prefer\u00eda no atarse era aquel de los comunistas alemanes que, refugiados en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, hab\u00edan sido v\u00edctimas del terror estaliniano o adem\u00e1s hab\u00edan sido consignados a la Gestapo por la polic\u00eda sovi\u00e9tica. Igualmente fueron excluidos de la memoria oficial todos aquellos comunistas que se hab\u00edan separado, en alg\u00fan momento, de la l\u00ednea del partido, transform\u00e1ndose en her\u00e9ticos o disidentes. Puede observarse al respecto, de manera casi caricaturesca, el mecanismo con base en el cual funcionaba la memoria colectiva: por un lado, la selecci\u00f3n de los elementos del pasado que eran considerados como significativos o importantes para la cohesi\u00f3n de grupo; por otra parte, la condena al olvido de todos aquellos que pudieran amenazar dicha cohesi\u00f3n. La memoria jud\u00eda, en particular la memoria de la Shoah, fue la otra gran ausente del panorama de la memoria oficial alemana-oriental, porque el genocidio jud\u00edo no pod\u00eda ser explicado con base en los par\u00e1metros de la interpretaci\u00f3n comunista del pasado. Solamente mucho tiempo despu\u00e9s, el r\u00e9gimen alem\u00e1n-oriental decide, por ejemplo, conmemorar el progrom de la llamada \u201cnoche de los cristales\u201d (Kristallnacht). Los museos alem\u00e1n-orientales dedicados a la historia del periodo nazi, por ejemplo aquellos instalados en los excampos de concentraci\u00f3n de Buchenwald o de Sachsenhausen, dejaban pensar que s\u00f3lo los comunistas hab\u00edan sido v\u00edctimas del nazismo y que la persecuci\u00f3n en contra de los jud\u00edos, que culmin\u00f3 con el genocidio, hab\u00eda sido un episodio relativamente secundario.<\/p>\n<p>La memoria oficial, en la Alemania comunista, se presentaba como la \u00fanica autorizada. Tomando el monopolio, ella no toleraba memorias alternativas. Ninguna asociaci\u00f3n importante, que hubiera podido transformarse en el vector de una memoria distinta y no conforme con aquella oficial, pod\u00eda desarrollarse libremente: en efecto, el partido comunista en el poder interven\u00eda para controlar toda la vida asociativa, infiltrando, entre otros sectores, las iglesias, alrededor de las cuales pod\u00eda cristalizarse una memoria colectiva independiente de aquella oficial. En determinados aspectos, la pol\u00edtica de la memoria practicada en Alemania Oriental hizo pensar en el eslogan famoso de la novela de George Orwell, 1984: \u201cQuien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado\u201d<a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_anchor-20\">20<\/a>.<\/p>\n<p>Problemas de la memoria en la Alemania unificada<\/p>\n<p>Con la reunificaci\u00f3n alemana, se ha abierto un nuevo y apasionante cap\u00edtulo de la memoria colectiva en Alemania. Expondr\u00e9 solamente algunos aspectos. Con la desaparici\u00f3n del r\u00e9gimen comunista de Alemania Oriental, entr\u00f3 en crisis y se disolvi\u00f3 la memoria oficial por \u00e9ste elaborada. La reunificaci\u00f3n alemana dio lugar a verdaderas batallas de la memoria, por ejemplo y a prop\u00f3sito de la toponom\u00e1stica, de los monumentos y de los archivos de la exRep\u00fablica democr\u00e1tica, de los campos de concentraci\u00f3n nazis utilizados entre 1945 y 1950 por la Armada Roja y por el r\u00e9gimen comunista como campos de confinamiento no s\u00f3lo para los nazis, sino tambi\u00e9n para muchos otros adversarios pol\u00edticos del r\u00e9gimen. Sobre cada uno de estos temas se han encontrado memorias distintas e irreconciliables. Han sido tomadas decisiones importantes en los \u00faltimos a\u00f1os, como aquella de construir en el coraz\u00f3n de la capital alemana, cerca de la puerta de Brandeburgo, un monumento nacional para conmemorar el genocidio jud\u00edo. Pero la memoria oficial de la Alemania unificada contin\u00faa caracteriz\u00e1ndose por incontables ambig\u00fcedades. Ello se ha podido constatar, por ejemplo, en ocasi\u00f3n de la transformaci\u00f3n de un edificio en Berl\u00edn, la Neue Wache del arquitecto neocl\u00e1sico del siglo pasado Schinkel, en memoria nacional de la Rep\u00fablica Federal. Este monumento neocl\u00e1sico situado en el coraz\u00f3n de Berl\u00edn, sobre el Unter den Linden, ya hab\u00eda servido como lugar de la memoria oficial en la Rep\u00fablica de Weimar y m\u00e1s tarde con la Alemania comunista. En los tiempos de la Alemania comunista, la Neue Wache conten\u00eda dos tumbas simb\u00f3licas, una de un soldado desconocido, y la otra de una v\u00edctima, tambi\u00e9n ella desconocida, de los campos de concentraci\u00f3n nazi, adornadas por una llama eterna. Sobre los muros, m\u00e1s all\u00e1 del emblema de la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana, se encontraba un escrito en recuerdo a la \u201cv\u00edctimas del fascismo o del militarismo\u201d. Despu\u00e9s de la reunificaci\u00f3n, estos s\u00edmbolos fueron destruidos. En el centro de la sala, bajo la apertura central, se encuentra una estatua (versi\u00f3n engrandecida del original) de K\u00e4the Kollwitz, que representa una madre, la cual lleva sobre sus brazos al hijo muerto. En los pies de esta sugerente \u201cPiedad\u201d, se encuentra escrito: \u201cA las v\u00edctimas de la guerra y de la tiran\u00eda\u201d (Gewaltherrschaft). En particular, este escrito ha suscitado en Alemania fuertes pol\u00e9micas. En efecto, se presta a confusi\u00f3n la apelaci\u00f3n gen\u00e9rica de \u201cv\u00edctimas de la guerra\u201d, entre los que fueron asesinados por el r\u00e9gimen nazi y los asesinos mismos, muertos durante la guerra, y que por estos \u00faltimos son considerados como v\u00edctimas de la misma. De frente a la violencia de las pol\u00e9micas, las autoridades federales han sido obligadas a agregar, sobre la parte exterior del edificio, dos placas de bronce sobre las cuales son enumerados los varios grupos de v\u00edctimas que se desea recordar. Otras cr\u00edticas ha suscitado la elecci\u00f3n de un s\u00edmbolo cristiano -una Piedad- para recordar a las v\u00edctimas entre las cuales se encuentran much\u00edsimos jud\u00edos.<\/p>\n<p>Otro ejemplo interesante de la dificultad de confrontarse con el pasado nazi y del c\u00f3mo contin\u00faan confront\u00e1ndose memorias irreconciliables es aquel de la exposici\u00f3n sobre los delitos de la Wehrmacht durante el segundo conflicto mundial, organizada por un instituto de investigaci\u00f3n en Hamburgo en 1995 y que ha circulado en Alemania (y en Austria) suscitando violent\u00edsimas protestas en los ambientes conservadores y nacionalistas. En vastos sectores de la poblaci\u00f3n, permanece vivo el mito -desmentido precisamente por la exposici\u00f3n- seg\u00fan el cual la Wehrmacht habr\u00eda realizado una guerra \u201climpia\u201d y caballeresca y no estar\u00eda manchada por cr\u00edmenes, atribuibles exclusivamente a la SS. La exposici\u00f3n ha sido tambi\u00e9n atacada sobre el plano cient\u00edfico en tanto que, de las 800 fotograf\u00edas de la exposici\u00f3n, unas quince se han revelado como falsas o inexactas. Una comisi\u00f3n de historiadores encargada de evaluar ha reconocido el sustancial valor cient\u00edfico no obstante la cr\u00edtica sobre algunos aspectos de la misma. Al mismo tiempo, la exposici\u00f3n ha sido retirada temporalmente para eliminar los pocos documentos controversiales.<\/p>\n<p>En la actual Alemania, los testimonios directos del pasado nazi son cada vez m\u00e1s raros. La gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n est\u00e1 compuesta de personas cuyo conocimiento del periodo nazi abreva sobre todo en libros de escuela, programas de televisi\u00f3n, peri\u00f3dicos, m\u00e1s all\u00e1 de aquello que posiblemente pudieran aprender en la propia familia. Por lo tanto, se trata m\u00e1s de una memoria indirecta, donde el problema de la transmisi\u00f3n deviene absolutamente central. Sin embargo, por m\u00e1s lejano que se encuentre en el tiempo, el pasado nazi continua ocupando un lugar central en la memoria colectiva.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-1\">1<\/a> Si ello fuese posible, nos encontrar\u00edamos en la patol\u00f3gica situaci\u00f3n -por exceso de memoria- descrita en el relato de Borges \u201cFunes el memorioso\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-2\">2<\/a> Alfred Grosser, Le crime et la m\u00e9morie, Paris, Flammarion, 1991, p. 87.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-3\">3<\/a> Ibid, p. 88.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-4\">4<\/a> Ibid, p. 88.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-5\">5<\/a> Karl Jaspers, La culpabilit\u00e9 allemande, Paris, Editions de Minuit, 1990. El libro fue el resultado de un curso impartido por Jaspers en la Universidad de Heidelberg en el invierno de 1945-1946.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-6\">6<\/a> K. Jaspers, op. cit., p. 43.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-7\">7<\/a> Alexander y Margarethe Mitscherlinch, Germania senza lutto. Psicoanalisi del postnazismo, Firenze, Sansoni, 1970, p. 40. (t\u00edtulo original: Die Unf\u00e4higkeit zu trauern. Grundlagen kollektiven Verhaltens, Munich, Piper 1 Co., 1967).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-8\">8<\/a> A. y M. Mitscherlinch, op. cit., p. 28.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-9\">9<\/a> Ralph Giordano, Die zweite Schuld, oder von der Last, Deutscher zu sein, M\u00fcnchen, Knaur, 1990.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-10\">10<\/a> R. Giordano, op. cit., p. 11.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-11\">11<\/a> K. Jaspers, op. cit., p.79.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-12\">12<\/a> R. Giordano, op. cit., p. 36.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-13\">13<\/a> A. y M. Mitscherlich, op. cit., p. 23. Ellos agregan: \u201cTodos los acontecimientos en el cual hemos sido culpablemente implicados fueron denegados, convertidos respecto a su significado, responsabilizando a alg\u00fan otro: de todos modos, no vinculables a nuestra identidad cuando habr\u00eda que dar cuenta de ellos a posteriori\u201d (p. 24); \u201cPara evitar, o al menos para disminuir esta angustia, culpa y verg\u00fcenza, fueron movilizados procesos ps\u00edquicos de defensa del tipo de la remoci\u00f3n, del rechazo, de la proyecci\u00f3n y similares\u201d (p. 25).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-14\">14<\/a> A. y M. Mitscherlich, op. cit., p. 25.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-15\">15<\/a> Ibid, p. 33.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-16\">16<\/a> \u201cAplicando esta t\u00e1ctica de defensa ps\u00edquica, el recuerdo de los doce a\u00f1os de dominio nazista devino precario y difuso. Cuando la historia reciente viene reclamada sin velos a nuestra memoria en su brutalidad -quiz\u00e1s porque tiene lugar un proceso contra un criminal nazi- entonces, se busca eludir y se pierden las noticias sobre los peri\u00f3dicos. No obstante ello, si este pasado regresa a la luz, no viene reconocido en ning\u00fan caso como parte de la propia historia y de la propia identidad. Es de suponer que las personas que act\u00faan en tal modo la piensa as\u00ed tambi\u00e9n cuando se encuentran solas consigo mismas\u201d. A e M. Mitscherlich, op. cit., pp. 27 y ss.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-17\">17<\/a> A e M. Mitscherlich, op. cit., p. 32.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-18\">18<\/a> \u201cLa reconstrucci\u00f3n de la econom\u00eda fue nuestra cura predilecta. La edificaci\u00f3n de una estructura estatal democr\u00e1tica comenz\u00f3, en cambio, por la concesi\u00f3n de los vencedores, que al d\u00eda de hoy a\u00fan no sabemos cu\u00e1l forma de Estado habr\u00edamos elegido espont\u00e1neamente despu\u00e9s de la ca\u00edda del r\u00e9gimen nazi\u201d. A e M. Mitscherlich, op. cit., p. 18.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-19\">19<\/a> \u201cLa continuidad en el rechazo de la memoria es innegable. Rechazo de recordarse, rechazo de conocer, rechazo de los hechos mismos para nutrir mejor la memoria de datos, verdaderos o falsos, de sentido contrario\u201d. A. Grosser, op. Cit., p. 121.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/memoria.com.mx\/#endnote_ref-20\">20<\/a> George Orwell, 1984, Milano, Mondadori, 1979, p. 59.<\/p>\n<p><i>El autor pertenece al Centre d\u00b4Histoire Sociale du Xxe Si\u00e8cle, CNRS \/ Universit\u00e9 de Paris I Panth\u00e9on Sorbone. Traducci\u00f3n: Israel Covarrubias<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en Memoria 164 octubre 2002 | Groppo, Bruno | Reflexiones<\/p>\n<p>Un caso paradigm\u00e1tico<\/p>\n<p>La memoria, en tanto presencia del pasado, es el fundamento de la identidad. La memoria colectiva, es decir, la memoria compartida por un grupo social, reasume y reelabora la historia de este grupo en funci\u00f3n del presente, seleccionando ciertos aspectos del pasado, destinados a ser recordados y transmitidos, y condenando otros al olvido. Las identidades colectivas, incluidas las identidades nacionales, son en gran medida el resultado de este trabajo de memoria, que presenta dos caracter\u00edsticas esenciales. Ante todo, es una obra de selecci\u00f3n entre los innumerables elementos que componen el pasado. La memoria es selectiva. En efecto, es imposible recordar \u00edntegramente el pasado1: s\u00f3lo una parte de ello permanece impresa en la memoria, mientras el resto cae en el olvido. Por lo tanto, memoria y olvido son indisociables, como las dos caras de una misma medalla o dos aspectos de una misma realidad. Es importante observar que tambi\u00e9n el olvido interviene en el proceso de construcci\u00f3n de la identidad, en particular de las identidades nacionales, que est\u00e1n fundadas precisamente sobre el olvido compartido de muchos aspectos del pasado.                                                     <\/p>\n<p>La segunda caracter\u00edstica consiste en que la memoria no es una restituci\u00f3n id\u00e9ntica de los eventos pasados, sino siempre una reconstrucci\u00f3n del pasado en funci\u00f3n de los problemas y las preocupaciones del presente. El recuerdo de un mismo suceso var\u00eda en el tiempo, asumiendo significados distintos seg\u00fan los momentos y las \u00e9pocas en las cuales viene evocado. En Francia, por ejemplo, la memoria de la Revoluci\u00f3n Francesa no es la misma en la \u00e9poca del Frente Popular, que al d\u00eda siguiente de la Liberaci\u00f3n o en ocasi\u00f3n del segundo bicentenario. El trabajo de la memoria consiste precisamente en la reconstrucci\u00f3n incesante del pasado a la luz del presente, atribuy\u00e9ndole cada vez nuevos significados y contribuyendo en tal modo a la construcci\u00f3n, tambi\u00e9n ella permanente, de las identidades, sean individuales sean colectivas. Tambi\u00e9n, la p\u00e9rdida de memoria significa la p\u00e9rdida de la identidad: equivale a cortar total o parcialmente los filos que unen al grupo o al individuo con su pasado y que dan un sentido a su presente.<\/p>\n<p>Cada grupo social, del m\u00e1s peque\u00f1o al m\u00e1s grande, produce y transmite su memoria espec\u00edfica, que constituye, como lo hemos dicho, el fundamento de su identidad. En cada sociedad, existe por lo tanto una pluralidad de memorias de grupo, o memorias sociales, que coexisten y frecuentemente se confrontan, provocando verdaderas y propias guerras de la memoria, porque cada una de estas memorias colectivas busca afirmarse, de frente a las otras, para devenir la memoria dominante, es decir, aquella compartida por el n\u00famero m\u00e1s grande de personas. Cada grupo recuerda del propio pasado sobre todo aquellos aspectos que contribuyen a valorizar y a consolidar su identidad, mientras deja en cambio, en la sombra, conden\u00e1ndolos consciente o inconscientemente al olvido, aquellos que atentan en cambio con cargar de prejuicio tal identidad. No analizaremos aqu\u00ed en modo pormenorizado la distinci\u00f3n entre historia y memoria. Nos limitaremos a observar que \u00e9stas tienen en com\u00fan el car\u00e1cter selectivo y de reelaboraci\u00f3n del pasado, pero que la historia tiene una pretensi\u00f3n cient\u00edfica, es decir, busca interpretar el pasado sobre la base de los criterios del trabajo cient\u00edfico (verificaci\u00f3n de hip\u00f3tesis, etc\u00e9tera). En otras palabras, la historia quiere ser una forma &#8220;cient\u00edfica&#8221; de la memoria, pero tambi\u00e9n ella, como la memoria, reconstruye el pasado a la luz de las preocupaciones del presente.<\/p>\n<p>Hechas estas premisas, nos proponemos reflexionar sobre el funcionamiento de la memoria colectiva, o m\u00e1s exactamente de las memorias colectivas, en Alemania despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial. Sobre todo, nos interesa saber c\u00f3mo ha sido recordado, en las dos partes de Alemania, un aspecto particular del pasado, que a saber es la dictadura nazi. Desde el punto de vista de una reflexi\u00f3n sobre la memoria colectiva y sobre la relaci\u00f3n entre historia y memoria, el caso alem\u00e1n es particularmente interesante por una serie de razones que lo vuelven casi paradigm\u00e1tico. La primera raz\u00f3n consiste en el car\u00e1cter de ruptura radical y traum\u00e1tica que el nazismo ha representado en la historia alemana y, por lo tanto, es l\u00f3gico que ocupe un lugar importante en las memorias colectivas. Despu\u00e9s, existe el hecho de que el r\u00e9gimen nazi cometi\u00f3, en nombre de Alemania, cr\u00edmenes particularmente monstruosos; el principal de ellos fue el exterminio de los jud\u00edos en Europa. La sombra de Auschwitz, s\u00edmbolo de esta pol\u00edtica de exterminio, se extiende sobre toda una parte de la historia y de la memoria alemana. La memoria del periodo nazi es sobre todo memoria de los cr\u00edmenes cometidos durante dicho periodo. El problema de esta memoria es que el r\u00e9gimen nazi tuvo el apoyo, frecuentemente entusiasta, de gran parte de la poblaci\u00f3n alemana. Por lo tanto, hay un problema -pol\u00edtico y moral- de co-responsabilidad, en el sentido de que la responsabilidad por los cr\u00edmenes cometidos por el nazismo no puede ser atribuida exclusivamente a un restringido n\u00famero de jerarcas nazis, sino que se extiende tambi\u00e9n, en distinta medida, a aquella parte de la poblaci\u00f3n alemana que apoy\u00f3 a Hitler y que permanece fiel a \u00e9l hasta el final. La existencia, por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, de dos Alemanias, dotadas de sistemas pol\u00edticos y econ\u00f3micos opuestos, permite adem\u00e1s confrontar el funcionamiento de dos memorias colectivas muy distintas que se refieren al mismo pasado. Por todas estas razones, el caso de Alemania amerita una atenci\u00f3n particular, tambi\u00e9n si los mecanismos fundamentales de la memoria colectiva en este pa\u00eds son an\u00e1logos a aquellos que se pudieran observar en otro lugar.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":3818,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-420","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-europa-europa"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/420","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=420"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/420\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3818"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=420"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=420"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=420"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}