{"id":481,"date":"2006-10-19T00:00:00","date_gmt":"2006-10-19T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=481"},"modified":"2020-02-28T11:32:04","modified_gmt":"2020-02-28T10:32:04","slug":"retornos-de-la-utopia-a-proposito-de-la-renta-basica-de-los-iguales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=481","title":{"rendered":"Retornos de la utop\u00eda. A prop\u00f3sito de \u201cLa renta b\u00e1sica de los iguales\u201d"},"content":{"rendered":"<p><i>\u201cPor cada mil guerras, no hay diez revoluciones: tan dif\u00edcil es el paso erguido\u201d<br \/>\n<\/i> Ernst Bloch, El principio esperanza<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Ma\u00f1ana est\u00e1 enma\u00f1anado<br \/>\n<\/i><i> Y ayer est\u00e1 ayerecido:<br \/>\n<\/i><i> Y hoy, por no decir que hoyido,<br \/>\n<\/i><i>Dir\u00e9 que huido y hoyado.<br \/>\n<\/i>Jos\u00e9 Bergam\u00edn<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>\u201c\u00bfEl l\u00edmite? El cielo es el l\u00edmite\u201d<\/i>. Quien as\u00ed habla no es un poeta asolado por la inmensidad ni un f\u00edsico arrebatado de m\u00edstica. Es Emilio Bot\u00edn, presidente del Banco Santander Central Hispano, y su afirmaci\u00f3n-levitaci\u00f3n se produce con motivo de la presentaci\u00f3n de los beneficios de la entidad en el a\u00f1o 2005, 6.220 millones de euros, al ser preguntado por las expectativas de ganancia para los pr\u00f3ximos a\u00f1os.<\/p>\n<p><i>\u201cViajes a la luna\u201d<\/i>. El reclamo no se refiere a las fantas\u00edas de Cyrano de Bergerac ni a las de ning\u00fan enamorado enajenado. Es una noticia sobre empresas, como Space Adventures, pioneras en el \u201cturismo espacial\u201d. Se trata de los primeros pasos de un nuevo turismo de \u00e9lite: por el m\u00f3dico precio de 15\u20197 millones de euros cualquier intr\u00e9pido viajero podr\u00e1 embarcarse en los caminos ingr\u00e1vidos&#8230;<\/p>\n<p><i>\u201cMadrid llegar\u00e1 a los 12 millones de habitantes\u201d<\/i>. El responsable de urbanismo de la comunidad habla alborozado del Madrid-Megal\u00f3polis que se avecina, aunque \u201cno se sabe bien de donde se sacar\u00e1n los recursos h\u00eddricos\u201d1 para sostener al monstruo.<\/p>\n<p>Son tres simples muestras tomadas de la prensa diaria. Los banqueros asaltan los cielos, el dinero enferma de turismo lun\u00e1tico, los especuladores organizan el infierno para los pr\u00f3ximos veinte a\u00f1os. Utop\u00edas del Capital, de la M\u00e1quina, de la Gran Ciudad. Son las \u201cutop\u00edas\u201d de ellos, los sue\u00f1os del poder.<\/p>\n<p>Marinetti y las vanguardias futuristas se sientan, al fin sin complejos, en la mesa de los patronos: <i>\u201cEl Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, porque hemos creado la eterna velocidad omnipresente\u201d.<\/i> Por fin el mundo se doblega ante la transgresi\u00f3n creadora de la burgues\u00eda, ante su audacia cient\u00edfica, ante la funci\u00f3n motriz del riesgo: <i>\u201cQueremos cantar el amor al peligro, el h\u00e1bito de la energ\u00eda y de la temeridad\u201d2.<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i>A los delirios del poder, a las pesadillas de su codicia, a sus quimeras de velocidad y cemento, le llaman progreso. A nuestra austera esperanza, rancia utop\u00eda.<\/p>\n<p><i>\u201cLa ciudad fue, ante todo, un fen\u00f3meno religioso: era la mirada de un dios. Cuando se fundaba una nueva ciudad el arado que trazaba el contorno de las murallas era sostenido por un sacerdote\u201d3<\/i>. Nuevos cl\u00e9rigos adscritos a las gerencias de urbanismo delinean y recalifican los suelos, en nombre de las divinidades multinacionales, auxiliados del moderno dogma de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p>Consumo infinito y omnipotencia tecnol\u00f3gica se han convertido en las fantas\u00edas dominantes de nuestro tiempo. Las campanas de la publicidad convocan a abrazar la universal religi\u00f3n del consumo. Pero, de nuevo, \u201cmuchos son los llamados, mas poco los elegidos\u201d y los proliferantes barrios miseria rebosan de pobres sobrantes, de extra\u00f1os, de peligrosa excrecencia social.<\/p>\n<p>Y del estigma,\u201cen las tinieblas del momento apenas vivido\u201d, surge una vez m\u00e1s el sue\u00f1o de otro tiempo posible. Turbio y a veces iracundo se afirma el sue\u00f1o: \u201c<i>escaparse del espejo, desenredarse del ovillo, descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos<\/i>\u201d4. Nace en los suburbios la tentaci\u00f3n de la herej\u00eda, al principio d\u00e9bil luego desafiante. <i>\u201cComo advierte el rojo fogonazo que se ve en el horizonte de Par\u00eds, los barrios miseria vuelven a la lucha\u201d<\/i> 5.<\/p>\n<p>El poder se inquieta y moviliza al ej\u00e9rcito de mercenarios, de nuevos sacerdotes y de siervos. En las tribunas universitarias, en los medios de formaci\u00f3n de mentalidad sumisa, en los despachos del sindicalismo oficial, suena un\u00e1nime el conjuro contra los rebeldes. El experimentado telar de la dominaci\u00f3n devana su viejo oficio castrando dignidades, cancelando esperanzas, clausurando utop\u00edas.<\/p>\n<p>\u201cRecordad, ingenuos levantiscos, lo que le ocurri\u00f3 a Ad\u00e1n por desobedecer la voz de Dios y probar del \u00e1rbol de la sabidur\u00eda. Y recordad que su soberbia solo nos trajo la maldici\u00f3n del trabajo: \u201cganar\u00e1s el pan con el sudor de tu frente\u201d.<\/p>\n<p>Mirad, insensatos, la historia del astuto S\u00edsifo, condenado a empujar eternamente una piedra enorme hasta la cima de una monta\u00f1a desde donde cae nuevamente hasta la base, por se\u00f1alar a Zeus como raptor de Egina, la hija del dios del agua a cambio de que \u00e9ste hiciese brotar un manantial en su ciudad. De su atrevimiento procede nuestra condena al trabajo in\u00fatil y sin esperanza.<\/p>\n<p>O incluso, so\u00f1adores trasnochados, pod\u00e9is fijaros en lo que le pas\u00f3 a Prometeo, a aquel fantasioso que le robara el fuego a los dioses, encadenado para siempre tras pasar por otros numerosos castigos divinos. Su obstinada desobediencia origin\u00f3 las prisiones de lo posible que hoy nos atan.\u201d<\/p>\n<p>El poder va relatando su pedagog\u00eda de la resignaci\u00f3n. Muestra la derrota y el suplicio que acompa\u00f1aron a los que se atrevieron a enfrentarse al orden inmutable. A salirse del surco le llamaron delirio. A la b\u00fasqueda de lo diverso se\u00f1alaron con el nombre de desvar\u00edo.<\/p>\n<p>El capitalismo entona su canto de eternidad: la historia ha terminado, vivimos en una sociedad post-ut\u00f3pica&#8230; Para nosotros, en consecuencia, este mundo es <i>\u201cun alc\u00e1zar de fatalidad, un mundo de la repetici\u00f3n o del siempre-lo-mismo\u201d6<\/i>. Ad\u00e1n es ahora un comercial con contrato precario, atado al yugo del salario. S\u00edsifo consume las horas de su vida en el transporte urbano mientras sue\u00f1a con llegar alg\u00fan d\u00eda al final de la hipoteca. Prometeo se ha convertido en un ejecutivo posmoderno y, en nombre del fracaso de luchas pasadas, pregona la pasi\u00f3n por el individuo y la inevitabilidad del cinismo.<\/p>\n<p>Los que mandan, organizan la competencia entre los de abajo y nos indican los caminos posibles: resignaci\u00f3n o represi\u00f3n, obediencia o exclusi\u00f3n, sumisi\u00f3n o muerte civil. \u201cEsto es lo que hay\u201d: el patr\u00f3n resume la oferta y los oprimidos repiten sin cesar la formula de cierre. <i>\u201cDominaci\u00f3n y violencia \u2013es decir las formas de poder- tienen por objeto la supresi\u00f3n del futuro, la gesti\u00f3n de la inmovilidad y la repetici\u00f3n del presente\u201d7<\/i>.<\/p>\n<p>Pero para mantener \u201cel monopolio del futuro\u201d, y su consiguiente negaci\u00f3n, al poder no le basta con administrar el pan\u00f3ptico renovado (c\u00e1maras de vigilancia, tarjetas de cr\u00e9dito, espionaje inform\u00e1tico, pulseras de localizaci\u00f3n..). No es suficiente con la alquimia en la Sala de Predestinaci\u00f3n Social, necesita adem\u00e1s el consentimiento activo de los dominados. Se inocula en ellos el aparentemente inofensivo \u201csentimiento de clase media\u201d.<\/p>\n<p>La cajera del hipermercado se dice clase media; Ana Botella afirma que su familia es de \u201cclase media normal\u201d; el dirigente vecinal de un barrio eminentemente obrero considera que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n es \u201cde una clase media\u201d; hasta el inmigrante que trabaja 60 horas a la semana se confiesa clase media. Clase media, es decir, inocua para el poder, neutra, participante entusiasta de la seducci\u00f3n del consumo&#8230;Todos somos clase media y nuestras cabezas se van llenando de serr\u00edn e ideolog\u00eda de clase media. Radicalmente moderada, partidaria del extremo centro, defensora de la hipocres\u00eda con mesura y de las guerras humanitarias.<\/p>\n<p>Treinta a\u00f1os despu\u00e9s de Marcuse <i>\u201cno ha triunfado la consciencia excedente sino el cinismo excedente\u201d8<\/i>: el m\u00e1s peque\u00f1o intento de modificaci\u00f3n significativa de la realidad es liquidado expeditivamente bajo la acusaci\u00f3n de utop\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL R\u00c9GIMEN PRECARIO<\/p>\n<p><i> \u201cDebe haber una espina min\u00fascula, enconada,<br \/>\n<\/i><i> que hace siglos buscamos con c\u00e1lculos, con cantos,<br \/>\n<\/i><i> con dioses mal nombrados, con cient\u00edficos dientes,<br \/>\n<\/i><i> con trascendente encono\u201d<br \/>\n<\/i><i> Gabriel Celaya<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cPrecarius: que se obtiene por ruegos, por complacencia\u201d9. La etimolog\u00eda y la realidad nos muestran, una vez m\u00e1s, su secreta alianza. El oculto significado de la precariedad es su necesidad de s\u00faplica, de plegaria, de preces.<\/p>\n<p>La precariedad viene a a\u00f1adir un plus de desvalimiento a la condici\u00f3n de asalariado, inquilino o \u201cusuario\u201d de los servicios sociales. El dogal del salario se refuerza con un nuevo dispositivo de dominaci\u00f3n basado en la incertidumbre permanente.<\/p>\n<p>De ese modo la precariedad se convierte en r\u00e9gimen, en elemento regulador y administrador de nuestras vidas. Y con la precariedad se instala en nosotros la soledad, la impotencia, la disoluci\u00f3n de los v\u00ednculos de lucha y la \u00fanica fe en las destrezas y complacencias del superviviente.<\/p>\n<p>La celda que siempre fue el trabajo en el capitalismo \u201cmoderniza\u201d sus rejas. Ahora no necesita tanto exprimir el esfuerzo f\u00edsico como, sobre todo, extenuar nuestra capacidad de subordinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La automatizaci\u00f3n, la robotizaci\u00f3n, las cacareadas nuevas tecnolog\u00edas sustituyen una parte sustancial del trabajo necesario. Pero la duraci\u00f3n de la jornada laboral contin\u00faa inamovible y la batalla por su reducci\u00f3n que se produjo hace casi una d\u00e9cada se sald\u00f3 con una derrota may\u00fascula. El capital no puede consentir que se afloje el nudo del dominio, que se desvele el car\u00e1cter parasitario de su mando.<\/p>\n<p>El capital y sus capataces en los gobiernos descubren al fin las bondades del pleno empleo, precario y superfluo claro est\u00e1. Practican, ante un p\u00fablico entregado al fetichismo estad\u00edstico, uno de sus n\u00fameros de magia preferidos: los parados desaparecen de las listas del INEM y reaparecen como trabajo precario en \u201cla producci\u00f3n flexible\u201d.<\/p>\n<p>Se oculta una de las verdades pecaminosas e imposibles de decir de nuestro tiempo: una gran parte del trabajo asalariado es excedentario, perfectamente prescindible, mera reproducci\u00f3n del dominio del capital. Ut\u00f3picos de diversas hornadas han llamado la atenci\u00f3n sobre las categor\u00edas de trabajo superfluo: Tom\u00e1s Moro llamaba \u201cturba ociosa\u201d a la cohorte de curas, terratenientes o sirvientes de su \u00e9poca; Owen ten\u00eda la misma consideraci\u00f3n de comerciantes y fabricantes.<\/p>\n<p>Hoy proliferan ocupaciones que ser\u00edan impensables en una sociedad medianamente sana (democr\u00e1tica, racional, justa). Los \u201cparados felices\u201d de la Asamblea de Jussieu denunciaban, con la rabia de los irredentos<i>, \u201clos curros in\u00fatiles (animador sociocultural, representante comercial, agente de medio ambiente, mediador pedag\u00f3gico, perfumadora, limpiador de caniches&#8230;.), los curros perjudiciales (poli, vigilantes, embargadores&#8230;), al igual que la inmensa mayor\u00eda de los oficios que existen hoy en d\u00eda (banqueros, agentes de seguros, publicistas, expertos en estad\u00edstica, agentes de bolsa, analistas-tanteadores de mercados..)\u201d<\/i>10. Han pasado 8 a\u00f1os desde la aparici\u00f3n del creativo y subversivo movimiento de parados en Francia, y desde entonces la lista de actividades innecesarias, a las que millones de personas han de encadenar su vida, no ha hecho m\u00e1s que multiplicarse.<\/p>\n<p><i>\u201cTodos en Utop\u00eda trabajan en actividades \u00fatiles, que requieren poco trabajo\u201d<\/i>. Tom\u00e1s Moro propon\u00eda ya en 1518 una jornada de 6 horas. <i>\u201cEse tiempo no s\u00f3lo es suficiente sino que sobra para producir no s\u00f3lo los bienes necesarios, sino tambi\u00e9n los superfluos\u201d.<\/i> En 1602 Campanella abogaba por una jornada de 4 horas. En 1880 Paul Lafargue ruge contra \u201cel dogma desastroso del trabajo\u201d y defiende una jornada de 3 horas: <i>\u201cSi la clase obrera se alzara en su fuerza terrible para reclamar, no ya los <\/i>derechos del hombre<i>, que son simplemente los derechos de la explotaci\u00f3n capitalista, ni para reclamar <\/i>el derecho al trabajo<i>, que no es m\u00e1s que el derecho a la miseria; sino para forjar una ley de hierro que prohibiera a todo hombre trabajar m\u00e1s de tres horas diarias, la tierra, la vieja tierra, estremeci\u00e9ndose de alegr\u00eda, sentir\u00eda agitarse en su seno un nuevo mundo&#8230;11\u201d<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i>En vano las iluminaciones ut\u00f3picas, el coraje de los locos. Se impuso la subordinaci\u00f3n vestida de \u00e9tica del trabajo. Y el movimiento obrero y \u201cla izquierda\u201d bebieron la misma p\u00f3cima alucin\u00f3gena de la \u201cdignidad del trabajo\u201d.<\/p>\n<p>No aspiramos al advenimiento del pa\u00eds de Jauja, ni a un \u201cdiluvio de az\u00facar, mermelada y jarabe\u201d, tal y como \u201clas clases ociosas y panzudas\u201d acostumbran a caricaturizar nuestro anhelo de otro mundo. Y solo secretamente nos atrevemos a participar del hermoso sue\u00f1o de Fourier que hac\u00eda indistinguible trabajo y juego en sus proyecciones, <i>\u201clibre expresi\u00f3n del yo entero, nunca divorciado de las inclinaciones er\u00f3ticas\u201d.<\/i> Pero si no se hace frente a la explotaci\u00f3n y a la alienaci\u00f3n del trabajo es imposible hablar de vida digna para todas las personas.<\/p>\n<p>LA MORRALLA SOBRANTE<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas la \u201c\u00e9tica\u201d del trabajo no cesa de hacer horas extras. Se le acumulan los \u201cexcluidos especialmente vulnerables\u201d, los \u201cinadaptados sociales\u201d, los individuos que urgen una \u201ctutela laboral\u201d y para los que hay que dise\u00f1ar un \u201citinerario de inserci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Tutores para los desempleados, orientadores, insertadores, representan la inmensa filantrop\u00eda del Estado, presto a rescatar a \u201clos grupos de riesgo\u201d de su cong\u00e9nita indolencia y de su demostrada tendencia a la \u201cautomarginaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Vigilar a la escoria, pastorear a las ovejas negras, educar a los perros callejeros. El poder \u201csobreact\u00faa\u201d, exacerbando su moralina del trabajo, multiplicando las jergas clasificatorias que sirven para cercar pobres.<\/p>\n<p>Los pobres sobran. Siempre lo hicieron, pero ahora a duras penas cumplen con la vieja funci\u00f3n de sujeto de la caridad que permit\u00edan, por esa v\u00eda, la redenci\u00f3n de la culpa de los pudientes. Los pobres, <i>\u201cconvertidos en poblaci\u00f3n excedente\u201d<\/i>, se amontonan en las conurbaciones y barriadas, esas <i>\u201czonas oscuras y linchianas donde el imaginario social descarga sus fantas\u00edas\u201d<\/i> 12 acerca de la naturaleza de \u201clas clases peligrosas\u201d.<\/p>\n<p><i>\u201cSi se les hace la vida imposible, necesariamente se reducir\u00e1 el n\u00famero de los mendigos. Es un secreto que todos los cazadores de ratas conocen: tapad las rendijas de los graneros, hacedlos sufrir con maullidos continuos, alarmas y trampas, y vuestros \u201cjornaleros\u201d desaparecer\u00e1n del establecimiento. Un m\u00e9todo a\u00fan m\u00e1s r\u00e1pido es el del ars\u00e9nico; incluso podr\u00eda resultar m\u00e1s suave, si estuviera permitido\u201d<\/i>13.<\/p>\n<p>Thomas Carlyle, uno m\u00e1s de la intocable congregaci\u00f3n del \u201cmundo culto\u201d, propon\u00eda en 1837 estos en\u00e9rgicos medios para desinfectar de ratas-mendigos-jornaleros el establecimiento, es decir, el capitalismo emergente de la revoluci\u00f3n industrial. Pero la fumigaci\u00f3n de la \u201cchusma\u201d constituye una obsesi\u00f3n perdurable de las clases dominantes, toda una tradici\u00f3n que se renueva constantemente. Sarkozy, el ministro franc\u00e9s, se\u00f1al\u00f3 el a\u00f1o pasado a la gentuza (racaille) de los ghettos parisinos y prometi\u00f3 utilizar \u201cuna gran manguera para barrerlos\u201d.<\/p>\n<p>No est\u00e1 permitido el ars\u00e9nico, por ahora. Pero s\u00ed lo est\u00e1n ya, como ejemplo anticipatorio, las vallas asesinas. En Melilla se construye una valla \u201ctridimensional\u201d acompa\u00f1ada de un humanitario \u201csistema de agua a presi\u00f3n con pimienta para dificultar la visi\u00f3n a los inmigrantes\u201d. En la frontera de Estados Unidos con M\u00e9xico se inician los preparativos para edificar otra valla ya aprobada, de 1226 kil\u00f3metros, para impedir el tr\u00e1nsito de millones de estas prol\u00edficas \u201cratas\u201d fugitivas.<\/p>\n<p><i>\u201cSi en otra \u00e9poca \u201cser pobre\u201d significaba estar sin trabajo, hoy alude fundamentalmente a la condici\u00f3n de un consumidor expulsado por el mercado\u201d. <\/i>Bauman explica las consecuencias que produce la alianza entre la veterana \u00e9tica del trabajo y la novedosa est\u00e9tica del consumo. Los pobres son los nuevos apestados del para\u00edso de las mercanc\u00edas infinitas, los \u00fanicos ajenos a la universal condici\u00f3n de \u201crey en la rep\u00fablica independiente de tu casa\u201d, como indica el anuncio reciente de una cadena de tiendas de muebles.<\/p>\n<p>Inquilinos de viviendas sociales, inmigrantes sin papeles, parados condenados a precariedad perpetua, miembros de pandillas juveniles, alcoh\u00f3licos y drogodependientes, mendigos y vagabundos diversos, habitantes de barriadas deprimidas o deprimibles constituyen la nueva \u201cclase marginada\u201d o \u201csubclase\u201d (underclass).<\/p>\n<p>Los vertederos sociales, las ciudades y barriadas miseria, se pueblan de desterrados del mercado, en conflicto permanente entre ellos. Los habitantes del populoso y, hasta hace poco, combativo barrio de obreros industriales marcan con el estigma de \u201cquinqui\u201d al nuevo barrio de realojados que se construy\u00f3 en sus cercan\u00edas. \u00c9ste, a su vez, establece las distancias con los vecinos de su barriada de origen, se\u00f1alados por el hierro candente de una miseria aun m\u00e1s oprobiosa.<\/p>\n<p>El poder amalgama \u201cla humanidad excedente\u201d y le otorga una nueva utilidad, la de azuzar el miedo de las clases medias, nutrir sus \u201cp\u00e1nicos morales\u201d, identificar los enemigos internos, confesos o potenciales, del Mercado<i>.\u201cDonde antes se le\u00eda privaci\u00f3n hay que poner ahora depravaci\u00f3n\u201d<\/i>.<\/p>\n<p>Una guerra social, sorda y sostenida, se libra ya en nuestros d\u00edas en el interior de los pa\u00edses ricos. Pero quienes mandan y sus siervos no pueden reconocer, por definici\u00f3n, aquella evidencia que se\u00f1alara Fourier: <i>\u201cen la civilizaci\u00f3n, la pobreza brota de la misma abundancia\u201d<\/i>. El conflicto social, de esa forma, se neurotiza, se convierte en trama psicol\u00f3gica o individual.<\/p>\n<p>O en su lugar reaparece un relato naturalista de las confrontaciones sociales que rescata los recursos argumentales de la picaresca y el determinismo. Son las gentes de mal vivir, los rufianes, \u201clos vagos y maleantes\u201d, la mala hierba, la canalla.<\/p>\n<p>Los administradores del poder experimentan cada d\u00eda nuevas aplicaciones del siempre eficaz amasijo del palo y la zanahoria. Brigadas de polic\u00eda y batallones del trabajo social garantizan la reproducci\u00f3n del orden; coerci\u00f3n y persuasi\u00f3n muestran sus complementarias funciones. Los pobres pero honrados son separados de los irrecuperables, y todos ellos son llamados a colaborar en su propia criminalizaci\u00f3n y estigmatizaci\u00f3n selectiva.<\/p>\n<p>En los institutos se instalan los porteros autom\u00e1ticos y los guardas de seguridad; la polic\u00eda antidisturbios se encarga de los peri\u00f3dicos desahucios de viviendas sociales; las gentes de bien piden la implicaci\u00f3n del ej\u00e9rcito en el control de las pateras y cayucos de inmigrantes. Pero la ciudad carcelaria tambi\u00e9n rezuma ideales. Todas las \u201cfuerzas vivas\u201d del sistema recitan a coro: integraci\u00f3n social, interculturalidad, solidaridad, \u201cdoce meses, doce causas\u201d&#8230;<\/p>\n<p>EL HUMUS DE LA RENTA B\u00c1SICA<\/p>\n<p>Ladrones profesionales y palanganeros de ocasi\u00f3n braman contra la \u201cpirater\u00eda discogr\u00e1fica\u201d. Los primeros se divierten en la Bolsa practicando, con los pr\u00e9stamos hipotecarios y los despidos laborales, rentables juegos como el de \u201ccomprar el territorio por hect\u00e1reas y venderlo por metros\u201d o ese otro, tambi\u00e9n fascinante, de las absorciones y fusiones. Mientras tanto una variedad de raterillos medi\u00e1ticos como Ramonc\u00edn, el antiguo rey del pollo frito, se dedican a la siempre necesaria limpieza de las alcantarillas atascadas del Mercado.<\/p>\n<p><i>\u201cLas empresas trasnacionales y las instituciones de los pa\u00edses ricos patentan todo lo que pueden, del genoma humano a las plantas subtropicales, perpetrando un verdadero atraco a mano armada sobre el bien com\u00fan de la humanidad\u201d<\/i>14. Al capital, m\u00e1s parasitario que nunca, le urge imprimir su sello de propiedad sobre el patrimonio colectivo, ya sea cient\u00edfico, econ\u00f3mico o cultural. Se aferra a conceptos como el de propiedad intelectual, exaltando la noci\u00f3n de autor, para tapar las verg\u00fcenzas de su expolio, la privatizaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, la usurpaci\u00f3n de la riqueza creada por la comunidad.<\/p>\n<p><i>\u201cLa vida del capital global depende cada vez menos del trabajo espec\u00edfico y, cada vez m\u00e1s, del trabajo gen\u00e9rico acumulado, que opera un peque\u00f1o fideicomiso de las mentes que habitan en los palacios virtuales de las redes globales\u201d15<\/i>. Manuel Castells, alma anal\u00edtica pero temerosa del Dios dinero, llama \u201cpeque\u00f1o fideicomiso de las mentes\u201d a lo que no es sino una sistem\u00e1tica expropiaci\u00f3n de la creatividad social.<\/p>\n<p>Toda aquella l\u00edrica sobre la sociedad del conocimiento, el nuevo paradigma de la tecnolog\u00eda de la informaci\u00f3n y las infinitas posibilidades de la red de redes se rinde ante el principio, prosaico pero sagrado, de la propiedad privada. \u201cLa red tiene due\u00f1o, la red es m\u00eda\u201d dice burl\u00f3n, tras la m\u00e1scara de la virtualidad, el tangibil\u00edsimo capital.<\/p>\n<p>Junto a las nuevas leyes de la propiedad que aseguran <i>\u201cla apropiaci\u00f3n de la cooperaci\u00f3n que excede de la empresa (derecho de autor, derechos reservados, patentes sobre lo viviente&#8230;)\u201d16<\/i> se produce una, mayor a\u00fan, autonomizaci\u00f3n y mistificaci\u00f3n del capital financiero. La acumulaci\u00f3n capitalista se funda as\u00ed tanto en la explotaci\u00f3n de la vida en su conjunto, no s\u00f3lo del trabajo, como en la \u201chechicer\u00eda\u201d de los mercados financieros.<\/p>\n<p>Las relaciones de dominaci\u00f3n entre personas quedan ocultas tras la densa nebulosa de las relaciones entre acciones y cotizaciones burs\u00e1tiles, la intrincada malla de la Econom\u00eda, solo accesible para los versados en esa nueva teolog\u00eda.<\/p>\n<p>Los c\u00f3digos de barras, la tarjeta de cr\u00e9dito, el contador de visitas de la p\u00e1gina web van emitiendo se\u00f1ales para la planificaci\u00f3n de p\u00fablicos y campa\u00f1as, traduciendo al lenguaje mercantil, \u201cjusto a tiempo\u201d, las inclinaciones y deseos del pueblo consumidor. Insaciable, el capital ocupa nuestra vida.<\/p>\n<p>Son estos tres argumentos que venimos desarrollando el fundamento sustancial, \u201cel humus\u201d de la propuesta de renta b\u00e1sica: r\u00e9gimen precario, proliferaci\u00f3n de la pobreza y exigencia de reparto de la riqueza creada socialmente.<\/p>\n<p>La primera motivaci\u00f3n de la renta b\u00e1sica de los iguales que propone Jos\u00e9 Iglesias la encontramos en su utilidad para enfrentarse a la persistencia de la coacci\u00f3n salarial, a la omnipresencia de la precariedad. La propuesta se inscribe en una tradici\u00f3n emancipatoria comunista y libertaria, habitualmente desconocida o escamoteada, de la que puede ser representativa este texto de Carlos Marx: <i>\u201cLa clase obrera, en vez del lema conservador de \u201cun salario justo por una jornada de trabajo justa\u201d, deber\u00e1 inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria:\u201c\u00a1Abolici\u00f3n del sistema del trabajo asalariado!\u201d17.<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i>La segunda raz\u00f3n que abona la conveniencia de la renta b\u00e1sica la encontramos en la expansi\u00f3n de la pobreza y en la manipulaci\u00f3n de la marginaci\u00f3n social que se realiza desde el poder. La renta b\u00e1sica puede ser un instrumento para combatir la \u201cintemperie\u201d que sufren millones de personas y al mismo tiempo para hacer frente a las operaciones, que est\u00e1n en marcha, de nuevo fascismo.<\/p>\n<p>Y el tercer pilar sobre el que se sostiene es la reivindicaci\u00f3n de un elemental acto de justicia: el reparto de una riqueza que es producida, a trav\u00e9s de las distintas formas de cooperaci\u00f3n social, por toda la comunidad y no por la minor\u00eda que se encarga de usurparla.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Iglesias que, junto a todas las personas de Baladre, viene desarrollando una incansable y l\u00facida lucha promoviendo la renta b\u00e1sica, da en su \u00faltimo libro un nuevo paso desde la justificaci\u00f3n econ\u00f3mica de esta propuesta a su fundamentaci\u00f3n ut\u00f3pica. La renta b\u00e1sica no es la nueva Jerusal\u00e9n de la socialdemocracia ni una nueva versi\u00f3n del \u201cmodelo europeo del estado del bienestar\u201d. La renta b\u00e1sica no debe convertirse en una simple nostalgia keynesiana, propia del reformismo pol\u00edtico, y mucho menos a\u00fan en un nuevo dispositivo de control y contenci\u00f3n social, en una nueva variante del clientelismo de pobres. Se trata de un instrumento de lucha con voluntad y perspectiva alternativas al capitalismo, se trata de una herramienta que ayude a deshacernos del productivismo y del consumismo.<\/p>\n<p>Pero <i>\u201clos duros procesos del alumbramiento aparecen en el concepto y en la praxis\u201d18<\/i>. No nacer\u00e1 la renta b\u00e1sica de su incuestionable l\u00f3gica liberadora e igualitaria, ni lo har\u00e1 tampoco por ser capaz de demostrar minuciosamente su viabilidad presupuestaria o de financiaci\u00f3n. La comadrona de esta utop\u00eda concreta no habita fundamentalmente en las c\u00e1tedras universitarias sino, sobre todo, en el dolor de los suburbios y en la incertidumbre de los precarios.<\/p>\n<p>UTOP\u00cdA, ENTRE LA RABIA Y LA ESPERANZA<\/p>\n<p>\u201c<i>\u00bf A qui\u00e9n debo ser yo leal? \u00bfAl patr\u00f3n que me paga o al sue\u00f1o que me espera?\u201d<br \/>\n<\/i><i> Paulo Freire<\/i><\/p>\n<p>Ellos decretaron para siempre el Orden Inmutable. Pero la utop\u00eda m\u00ednima, humilde, terca se agita en los barrios de Paris, salta de noche las vallas en Melilla, resiste al invasor en las calles de Bagdad.<\/p>\n<p>Ellos declararon eterno el individualismo posesivo, la incesante rotaci\u00f3n de las mercanc\u00edas, la democracia-mercado. Pero muchos tanteamos a oscuras otro \u201ctopos\u201d, resistiendo en lo real y explorando lo posible.<\/p>\n<p>Ellos llamaron a la libertad, posibilidad de compra, y democracia a elegir entre los distintos capataces del cortijo. Pero otros removemos la gaveta de las posibilidades, buscando sobria y met\u00f3dicamente lo nuevo.<\/p>\n<p>Ellos bautizaron como progreso el sonido de las sirenas de f\u00e1brica, las veteranas ventanillas del s\u00ed se\u00f1or, los humos de la refiner\u00eda. Pero cada vez m\u00e1s gentes se\u00f1alan el enga\u00f1o, aguzando la conciencia anticipatoria.<\/p>\n<p>Ellos deshonraron la palabra utop\u00eda, le echaron los perros de la prudencia y del \u201csentido com\u00fan\u201d. Pero miles rescatamos en secreto las iluminaciones, las semillas ut\u00f3picas pisoteadas por el \u201crealismo\u201d y la politiquer\u00eda.<\/p>\n<p>Ellos se sirvieron, para desterrar la esperanza, de algunos de los nuestros, enfermos de cargos, de podercito, de miedo a ser precarios. Pero los nuestros \u201ccabalgan a lomos de mula vieja\u201d, abriendo la promesa de otro mundo.<\/p>\n<p>Ellos organizaron la industria de la compasi\u00f3n, reciclando la caridad y practicando \u201cla bondad sin consecuencias\u201d. Pero los pobres se rebelan, sacudi\u00e9ndose la l\u00e1stima oprobiosa de los culpables.<\/p>\n<p>Ellos llamaron locos a los justos y encarcelaron las verdades prematuras. Pero nosotros conspiramos por su regreso, labrando las utop\u00edas en el torno de las luchas.<\/p>\n<p>Ellos, el poder y la costumbre de la infamia. Nosotros, la utop\u00eda y el deseo irreductible de \u201c<i>envenenar el coraz\u00f3n de la bestia\u201d19<\/i>.<\/p>\n<p>La utop\u00eda retorna.<\/p>\n<p><i> \u201cY \u201cnunca\u201d se convertir\u00e1 en \u201choy mismo\u201d\u201d20.<\/i><\/p>\n<p><b>Referencias bibliogr\u00e1ficas:<\/b><\/p>\n<ol>\n<li>Ram\u00f3n Fern\u00e1ndez Dur\u00e1n: \u201cEl tsunami urbanizador\u201d<\/li>\n<li>Manifiesto futurista de Marinetti.<\/li>\n<li>Lewis Mumford en \u201cLa utop\u00eda, la ciudad y la m\u00e1quina\u201d<\/li>\n<li>Le\u00f3n Felipe: Contadme un sue\u00f1o.<\/li>\n<li>Mike Davis: A escobazo limpio.<\/li>\n<li>Ernst Bloch: El principio esperanza.<\/li>\n<li>Mario Tronti: La pol\u00edtica en el crep\u00fasculo.<\/li>\n<li>Francisco Fern\u00e1ndez Buey: Ni tribunos.<\/li>\n<li>Diccionario etimol\u00f3gico de Joan Corominas.<\/li>\n<li>L@|s parad@s felices. Editorial Virus.<\/li>\n<li>Paul Lafargue: El derecho a la pereza.<\/li>\n<li>Mike Davis: Control urbano, la ecolog\u00eda del miedo. Y entrevista en Sin Permiso: \u201cLa ciudad imperial y la ciudad miserable\u201d.<\/li>\n<li>Citado por Zigmunt Bauman: Trabajo, consumismo y nuevos pobres.<\/li>\n<li>Philipe Queau: \u00bfA qui\u00e9n pertenecen los conocimientos?. Citado por Daniel Villar Onrubia: Comerciar con ideas.<\/li>\n<li>Manuel Castells: La era de la informaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Antonella Corsani y Mauricio Lazzarato: \u201cLa renta garantizada como proceso constituyente\u201d<\/li>\n<li>Carlos Marx en \u201cSalario, precio y ganancia\u201d.<\/li>\n<li>Ernst Bloch, obra citada.<\/li>\n<li>Jos\u00e9 Iglesias: La renta b\u00e1sica de los iguales. Editorial Virus.<\/li>\n<li>Bertold Brecht: final de La madre.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P>  \t&ldquo;Por cada mil guerras, no hay diez revoluciones: tan dif&iacute;cil es el paso erguido&rdquo;<\/P><P>\t\t\tErnst Bloch, El principio esperanza<\/P><P> <\/P><P>\t\t\tMa&ntilde;ana est&aacute; enma&ntilde;anado<\/P><P>\t\t\tY  ayer est&aacute; ayerecido:<\/P><P>\t\t\tY hoy, por no decir que hoyido,  <\/P><\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-481","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-materiales-para-la-refundacion-comunista"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/481","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=481"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/481\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}