{"id":501,"date":"2006-11-02T00:00:00","date_gmt":"2006-11-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=501"},"modified":"2020-02-28T09:53:47","modified_gmt":"2020-02-28T08:53:47","slug":"los-judios-bajo-el-bolchevismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=501","title":{"rendered":"Los jud\u00edos bajo el bolchevismo"},"content":{"rendered":"<p>Entre las enojosas cuestiones heredadas de la Rusia zarista y que la revoluci\u00f3n de 1917 prometi\u00f3 erradicar, el antisemitismo ocupaba un lugar preeminente, Nada hab\u00eda de raro en ello. Con frecuencia se ha presentado la adhesi\u00f3n de gran n\u00famero de jud\u00edos a la causal revolucionaria como justificante de los prejuicios contra ellos y las brutales medidas de represi\u00f3n a que se vieron sometidos. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, los rusos \u00abblancos\u00bb y sus partidarios extranjeros, entre los que hay que incluir a un sector de la prensa brit\u00e1nica, invocaron constantemente el antisemitismo, con el fin de desacre\u00additar a un r\u00e9gimen que contaba entre sus dirigentes a varios jud\u00edos eminentes. Pero el antisemitismo era algo que estaba profundamente arraigado en las costumbres rusas tradicionales, especialmente en las zonas rurales; y en este aspecto, lo mismo que en muchos otros, los h\u00e1bitos tradicionales cuestan de hacer desaparecer. La historia de los jud\u00edos en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica es un rosario de buenas inten\u00adciones gradualmente ahogadas por una praxis defectuosa y a veces malintencionada. Desde 1930, aproximadamente, los jud\u00edos ya no han vuelto a sentirse seguros en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Sin embargo, la \u00fanica pregunta que, honradamente, debi\u00e9ramos formularnos es s\u00ed, por lo menos en determinados per\u00edodos, su situaci\u00f3n era m\u00e1s incier\u00adta que la de otros muchos sectores de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>The jews in soviet Russia (<b>1<\/b>) es una colecci\u00f3n de ensayos rigurosos, tanto desde el punto de vista hist\u00f3rico como anal\u00edtico, elaborados por autores jud\u00edos y sobre diversos aspectos del problema. Tal con\u00adcentraci\u00f3n sobre un \u00fanico tema tiende a dar la impresi\u00f3n de una versi\u00f3n demasiado exhaustiva y unilateral. Pero no cabe duda de que cada uno de los autores se ha esforzado por mantener un alto nivel de objetividad y por evitar toda exageraci\u00f3n. El profesor Schapiro, el autor de la introducci\u00f3n, marca la pauta al se\u00f1alar que \u00abning\u00fan autor serio, de la talla de quienes han contribuido a estas p\u00e1ginas que siguen, osar\u00eda afirmar que la situaci\u00f3n de los jud\u00edos en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica hoy en d\u00eda es an\u00e1loga a la que padecieron en la Rusia de 1883 o 1903\u00bb, adem\u00e1s de se\u00f1alar que se entrev\u00e9n \u00abindicios para un optimismo moderado\u00bb, incluso en la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>Los bolcheviques, por dos razones \u00edntimamente relacionadas, no consideraban que los jud\u00edos constituyeran una naci\u00f3n. En primer lugar porque aceptaban, m\u00e1s que el concepto alem\u00e1n de naci\u00f3n, el concepto europeo-occidental, que defin\u00eda la \u00abnaci\u00f3n\u00bb entre otras cosas, por la posesi\u00f3n de un territorio nacional. Esta carencia distin\u00adgu\u00eda a los jud\u00edos de las dem\u00e1s minor\u00edas nacionales de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. En segundo lugar, porque les bolcheviques consideraban que las diferencias de car\u00e1cter racial y religioso entre jud\u00edos y gen\u00adtiles eran b\u00e1sicamente irrelevantes, y cre\u00edan que el destino de los jud\u00edos era el de quedar asimilados por la poblaci\u00f3n con la que con\u00adviv\u00edan. Tal opini\u00f3n era compartida por bolcheviques y mencheviques (que a\u00fan contaban con una mayor proporci\u00f3n de jud\u00edos entre sus filas que los bolcheviques ). Y, a principios del siglo XX, esta creencia la compart\u00edan la pr\u00e1ctica totalidad de los liberales y much\u00edsimos jud\u00edos influyentes de la Europa occidental.<\/p>\n<p>Esta opini\u00f3n influy\u00f3 en la\u00abdoctrina del partido desde sus prime\u00adros pasos. Al tiempo que se consideraba la existencia de minor\u00edas nacionales ucranianas o letonas en el seno del partido socialdem\u00f3crata como algo perfectamente normal, la asociaci\u00f3n jud\u00eda -el Bund\u00ad provocaba celos y resentimientos, en parte porque compet\u00eda con \u00e9xi\u00adto con otras secciones del partido en la captaci\u00f3n de miembros. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, cuando se disolvi\u00f3 el Bund, se crey\u00f3 nece\u00adsaria o conveniente la creaci\u00f3n de \u00absecciones jud\u00edas\u00bb (lo mismo que otras secciones nacionales) a distintos niveles, pero dentro de la organizaci\u00f3n del partido. Estas secciones se mantuvieron hasta 1930. Pero eran tratadas m\u00e1s bien con tolerancia que con entusiasmo, y ninguno de los dirigentes jud\u00edos del partido lleg\u00f3 a asociarse a ellas. Por extra\u00f1o que parezca, la \u00fanica figura de primera fila en la jerar\u00adqu\u00eda gubernamental que expres\u00f3 p\u00fablicamente sus simpat\u00edas por las aspiraciones nacionales jud\u00edas fue el gentil Kalinin.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo exhaustivo y erudito firmado por Alec Nove y A. Newth, aparece un estudio demogr\u00e1fico de la poblaci\u00f3n jud\u00eda en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Comienza discutiendo extensamente los diferentes criterios que se piensan seguir para responder a la cuesti\u00f3n \u00ab\u00bfQu\u00e9 es un jud\u00edo?\u00bb. Antes de 1914, el n\u00famero de jud\u00edos que habitaban dentro de las fronteras del imperio ruso posiblemente superaba los cinco millones. Pero es probable que la cesi\u00f3n de territorio, despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n redujera ese n\u00famero a la mitad; y durante la segunda guerra mundial, la amenaza y las deportaciones diezmaron la poblaci\u00f3n jud\u00eda en las regiones donde era m\u00e1s abundante. El censo de 1959 revelaba la existencia de algo m\u00e1s de 2.250.000 jud\u00edos, considerados como tales por sus propias declaraciones. Generalmente, se estima que esta cifra es inferior al n\u00famero real de jud\u00edos, s\u00ed se considera el t\u00e9rmino en un sentido amplio, que podr\u00eda alcanzarse la cota de los tres millones. Admitiendo un margen de error y de incertidumbre, los jud\u00edos deben de constituir entre el 1 y el 1,5 por 100 del total de la poblaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.<\/p>\n<p>Sin embargo, su distribuci\u00f3n espacial no es uniforme. Las zonas de colonizaci\u00f3n antigua -las rep\u00fablicas de Ucrania y Bielorrusia\u00ad a\u00fan cuentan con un 2 por 100 de jud\u00edos. Pero las mayores oscilacio\u00adnes se deben a la afluencia de jud\u00edos a las grandes ciudades, tendencia que arranca, casi sin soluci\u00f3n de continuidad, desde la Revoluci\u00f3n. De la poblaci\u00f3n de Mosc\u00fa, el 4,5 por 100 es jud\u00eda; de Leningrado, el 5,1 por 100; de Vilna, el 7 por 100; de Kiev, el 13,9 por 100. El car\u00e1cter predominantemente urbano de la poblaci\u00f3n jud\u00eda queda refle\u00adjado en las estad\u00edsticas de que se dispone, referidas a la distribuci\u00f3n ocupacional. Queda claro que la proporci\u00f3n de jud\u00edos en actividades de tipo profesional es superior a su peso en el conjunto de la pobla\u00adci\u00f3n. De los altos \u00abespecialistas\u00bb empleados en la econom\u00eda nacional en 1964, el 7 por 100 eran jud\u00edos, y de los \u00abtrabajadores cient\u00edficos\u00bb el 8 por 100. Por otra parte, parece que los jud\u00edos han quedado totalmente marginados de la vida pol\u00edtica y de cargos diplom\u00e1ticos en el extranjero.<\/p>\n<p>La historia ha dado a conocer distintas versiones de antisemitis\u00admo, que aparecen meticulosamente tipificadas, acaso excesivamente sistematizadas, en uno de los ensayos, obra del doctor Weinryb. El antisemitismo ruso ten\u00eda un car\u00e1cter b\u00e1sicamente campesino y primitivo, muy lejano del antisemitismo consciente, sofisticado y racista del Herrenvolk nazi. Lo mismo que el antisemitismo medieval, ten\u00eda tintes religiosos. Durante los a\u00f1os veinte, cuando a\u00fan eran frecuentes y vigorosas las denuncias oficiales sovi\u00e9ticas del antisemi\u00adtismo, por lo general ven\u00edan acompa\u00f1adas de denuncias a la iglesia ortodoxa, y, a veces, a los disidentes. Esta asociaci\u00f3n no era capri\u00adchosa: con frecuencia hab\u00eda una cierta justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El estereotipo del jud\u00edo que obsesionaba al campo ruso era el comerciante, usurero y especulador, el hombre de la peque\u00f1a ciudad mercantil que, aunque no se dedicara personalmente al cultivo de la tierra, subsist\u00eda a costa del campesino empobrecido y de sus produc\u00adtos. Esta imagen era parcialmente, aunque no del todo, m\u00edtica; y, a causa de ello, de estas caracter\u00edsticas reales o imaginarias, el jud\u00edo hubo de padecer todos los avatares de la historia sovi\u00e9tica. Durante la guerra civil, las fuerzas nacionalistas ucranianas concedieron una breve tregua a los jud\u00edos. Los ej\u00e9rcitos de Denikin s\u00f3lo fueron marginalmente mejores. El fin de la guerra civil y la introducci\u00f3n de la Nueva Pol\u00edtica Econ\u00f3mica, en 1921, parecieron presagiar un r\u00e9gimen de mayor tolerancia para con las actividades tradicionales de los jud\u00edos. Volvi\u00f3 a permitirse, e incluso a alentarse, el comercio de los productos del campo. Se estabiliz\u00f3 el valor del dinero y el cr\u00e9dito volvi\u00f3 a fluir con moderaci\u00f3n. Incluso se produjo cierta distensi\u00f3n en la campa\u00f1a antirreligiosa.<\/p>\n<p>Este interludio habr\u00eda de ser ilusorio y breve. El amago de tole\u00adrancia volvi\u00f3 a revigorizar la imagen del jud\u00edo regateador y explo\u00adtador, y volvi\u00f3 a activar los antiguos prejuicios, de modo que, cuan\u00addo durante la segunda mitad de los a\u00f1os veinte, la m\u00e1quina oficial hizo marcha atr\u00e1s, se fren\u00f3 la NEP y se puso en funcionamiento la campa\u00f1a de planificaci\u00f3n e industrializaci\u00f3n intensiva, los jud\u00edos se encontraron en la terminal receptora de todas las presiones. El mun\u00addo del comercio y de las finanzas qued\u00f3 eliminado o recluido a las catacumbas; el hombre de la NEP se vio denunciado y tratado como aliado de los kulaks. Tambi\u00e9n en la pol\u00edtica interna del partido hubo repercusiones. Empezaba a insinuarse, incluso en los c\u00edrculos oficiales del partido, que los dirigentes de la oposici\u00f3n -Trotsky, Zinoviev y Kamenev- eran jud\u00edos, mientras que los sostenedores de la l\u00ednea oficial -Stalin, Molotov y Bujarin- no lo eran.<\/p>\n<p>En contraste con lo que iba a seguir, hay que resaltar que, du\u00adrante los a\u00f1os veinte, los dirigentes sovi\u00e9ticos, incluido Stalin, conti\u00adnuaron denunciando y deplorando p\u00fablicamente los progresos del antisemitismo y, en cierto sentido, hubo tentativas carentes de entu\u00adsiasmo por hacer frente al problema jud\u00edo. \u00c9stas se concretaron en los proyectos de establecer a los jud\u00edos en el campo, dando, as\u00ed, a la poblaci\u00f3n jud\u00eda una base territorial y agr\u00edcola. Las zonas preferidas para llevar a cabo estos experimentos, alguno de los cuales cont\u00f3 con apoyo econ\u00f3mico norteamericano, fueron la Rusia meridional y Crimea. En 1927, se organiz\u00f3 un \u00abdistrito nacional\u00bb jud\u00edo en el departamento de Jers\u00f3n, en Ucrania, con una poblaci\u00f3n de 16.000 habitantes, de los que el 85 por 100 eran jud\u00edos. Pero ninguno de esos proyectos tuvo m\u00e1s que un \u00e9xito limitado y apenas s\u00ed empeza\u00adron a atacar la superficie del problema.<\/p>\n<p>A\u00fan tuvo menos \u00e9xito el proyecto, m\u00e1s ambicioso, iniciado al a\u00f1o siguiente. Se destin\u00f3 la extensa y poco poblada regi\u00f3n de Biro\u00adbidjan, en la Siberia oriental, para asentamiento jud\u00edo, con la inten\u00adci\u00f3n declarada de crear \u00abuna unidad administrativa nacional jud\u00eda\u00bb. Pero el capital necesario para hacer apta para la agricultura una zona de bosque y de monte bajo, en un clima tan poco propicio, no lleg\u00f3. Tan s\u00f3lo se logr\u00f3 movilizar a un pu\u00f1ado de jud\u00edos, para que reali\u00adzaran tan arduo viaje hasta aquel remoto rinc\u00f3n del pa\u00eds, y de \u00e9sos s\u00f3lo unos pocos se establecieron permanentemente. Aunque Biro\u00adbidjan lleg\u00f3 a ser proclamada rep\u00fablica nacional jud\u00eda, el proyecto se resolvi\u00f3 en un fracaso casi total, y tan s\u00f3lo sobrevivi\u00f3 como s\u00edm\u00adbolo irreal de la entidad nacional jud\u00eda en el seno de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9\u00adtica. Seg\u00fan el censo de 1959, los jud\u00edos tan s\u00f3lo constitu\u00edan el 8,8 por 100 de una poblaci\u00f3n total de 163.000 habitantes. Chimen Abramsky ha reunido, en un ensayo erudito y exhaustivo, toda la informaci\u00f3n disponible sobre la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>El fracaso de los planes de convertir a los jud\u00edos en campesinos rusos -y no es dif\u00edcil descubrir las razones por los que estaban abo\u00adcados al fracaso- dej\u00f3 a los jud\u00edos sovi\u00e9ticos sin un lugar a donde ir. Los que se hicieron obreros de f\u00e1bricas quedaron asimilados en el proletariado industrial, y posiblemente no lo pasaron peor que los dem\u00e1s obreros. Pero fueron en un n\u00famero excesivamente reducido para que den la dimensi\u00f3n apropiada de la magnitud del problema. Un informe del partido, que data de 1925 y que se ha conservado en los archivos de Smolensko, referente a una aldea de la provincia con predominio de poblaci\u00f3n jud\u00eda, precisaba que todos los jud\u00edos se dedicaban a una de estas dos actividades: religi\u00f3n o comercio de lino. Ninguna de estas dos ocupaciones tradicionales ayudaba a los jud\u00edos a integrarse en la sociedad sovi\u00e9tica. Lo que los diferenciaba de todas las dem\u00e1s minor\u00edas nacionales era mucho m\u00e1s que la caren\u00adcia de un territorio nacional.<\/p>\n<p>A fines de la d\u00e9cada de los a\u00f1os veinte, el comercio privado hab\u00eda percibido la tenue l\u00ednea que separaba la legalidad de la ilegalidad; y hab\u00eda pocas probabilidades de que los jud\u00edos fuesen tratados con indulgencia. Vi\u00e9ndose apartados de la pr\u00e1ctica leg\u00edtima del comercio, privado, se dedicaron a la pr\u00e1ctica ilegal del comercio en el mercado, negro, que nunca dej\u00f3 de ofrecer buenas oportunidades a las perso\u00adnas con ingenio, o se refugiaron en una actividad no manual que todav\u00eda les resultaba accesible: el trabajo de oficina en el sector admi\u00adnistrativo de las instituciones econ\u00f3micas y culturales, siempre en expansi\u00f3n. Se ha dicho que, a fines de los a\u00f1os veinte, los jud\u00edos constitu\u00edan el 30 por 100 del personal de las instituciones sovi\u00e9ticas en Ucrania y Bielorrusia. Incluso se pod\u00edan encontrar jud\u00edos en cargos de una mayor responsabilidad, aunque en menor proporci\u00f3n. En Mosc\u00fa, los jud\u00edos todav\u00eda eran dominantes en el campo de las ocupa\u00adciones intelectuales y profesionales. En noviembre de 1926, en el dis\u00adcurso m\u00e1s favorable a los jud\u00edos que jam\u00e1s haya pronunciado un dirigente sovi\u00e9tico, Kalinin admit\u00eda que el gran n\u00famero de cargos importantes ocupados por los jud\u00edos hac\u00eda a la intelligentzia \u00abtal vez m\u00e1s antisemita ahora de lo que lo hab\u00eda sido en tiempos del zar\u00bb, y que la gente se preguntaba: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 hay tantos jud\u00edos en Mosc\u00fa?\u00bb.<\/p>\n<p>La historia de los sufrimientos de los jud\u00edos sovi\u00e9ticos no se ha debido tanto a decisiones repentinas y deliberadas como a la intensificaci\u00f3n acumulativa de unos procesos que se ven\u00edan observando ya desde los primeros a\u00f1os del r\u00e9gimen. Si entre las v\u00edctimas de las purgas de los a\u00f1os veinte hubo m\u00e1s jud\u00edos de los que su n\u00famero permit\u00eda suponer, ello se debi\u00f3 a que las purgas afectaron con mayor intensidad a la intelligentzia, que siempre cont\u00f3 con una alta proporci\u00f3n de jud\u00edos. Las masacres causadas por la guerra no pueden atribuirse al gobierno sovi\u00e9tico. La pesadilla que representaron los \u00faltimos a\u00f1os de Stalin se aleja, por su propia monstruosidad, de cualquier patr\u00f3n preestablecido, ya ella sigui\u00f3 una cierta relajaci\u00f3n que, sin embargo, no signific\u00f3 el fin de las persecuciones, sino su limitaci\u00f3n a dimensiones m\u00e1s \u00abnormales\u00bb. El hecho de que el proceso, en su conjunto -excepci\u00f3n hecha del cl\u00edmax estalinista- pueda explicarse en t\u00e9rminos de causa y efecto no significa que la situaci\u00f3n fuera, por ello, menos terrible.<\/p>\n<p>Un trabajo plural de las caracter\u00edsticas del presente requiere mucho tiempo para su realizaci\u00f3n y publicaci\u00f3n, y muchos de los ensayos que lo componen probablemente fueron preparados, o incluso concluidos, con anterioridad a la guerra de los Seis D\u00edas, de junio de 1967. \u00c9sta, sin embargo, aparece cautelosamente citada en varios de ellos, y el ensayo final, obra de Zev Katz, se aplica a revisar sus consecuencias. El sionismo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica est\u00e1 tratado en otro art\u00edculo anterior, en este mismo volumen, y es obra de Schecht\u00adman; hay, asimismo, otro sobre literatura hebraica en la Uni\u00f3n So\u00advi\u00e9tica, del que es autor Gilboa. Desde la d\u00e9cada de 1890, el sionis\u00admo ha competido, cada vez a mayor escala, con la socialdemocracia en la captaci\u00f3n de las lealtades de los intelectuales y de la juventud jud\u00eda, en Rusia. Era poco menos que probable que fuera a contar con las simpat\u00edas del r\u00e9gimen revolucionario y, aunque en un prin\u00adcipio no fue formalmente prohibido, pronto fue objeto de persecu\u00adciones espor\u00e1dicas, tanto de parte de las autoridades como de las secciones jud\u00edas del partido. La literatura hebraica, blanco de anti\u00adpat\u00edas, tanto por sus connotaciones religiosas como nacionalistas, llev\u00f3 una existencia subterr\u00e1nea casi desde el principio, en Contraste con la tolerancia, e incluso el aliento, que recibi\u00f3 el yiddish durante los a\u00f1os veinte.<\/p>\n<p>La segunda guerra mundial dio lugar a un relajamiento tempo\u00adral de la presi\u00f3n sobre los jud\u00edos y a la formaci\u00f3n de un comit\u00e9 jud\u00edo antifascista. Pero quedaba completamente al margen de toda relaci\u00f3n con el sionismo. Por ello, no deja de sorprender que el gobierno ruso, durante un breve per\u00edodo de tiempo (1947-1948) prestara todo su apoyo, en las Naciones Unidas y donde hizo falta, a la creaci\u00f3n del estado israel\u00ed. Por supuesto, Podr\u00eda aducirse que la teor\u00eda bolche\u00advique jam\u00e1s se hab\u00eda opuesto al reconocimiento de los jud\u00edos como naci\u00f3n, una vez que hubiesen adquirido la territorialidad. Pero, al parecer, el principal motivo que alentaba la Posici\u00f3n sovi\u00e9tica era el deseo de ver menguar el Poder\u00edo brit\u00e1nico en el Oriente Medio, y el nacimiento de un nuevo estado favorable a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.\u00a0\u00a0 De ser as\u00ed, el error de c\u00e1lculo que cometieron fue colosal. Tal vez Schechtman exagera al afirmar que el gobierno ruso qued\u00f3 defrau\u00addado por el hecho de que \u00abIsrael no manifestara ninguna inclinaci\u00f3n por convertirse en un sat\u00e9lite sovi\u00e9tico\u00bb. Un Israel perteneciente al Tercer Mundo hubiese resultado aceptable. Pero el a\u00f1o de la creaci\u00f3n de Israel fue tambi\u00e9n el a\u00f1o del Plan Marshall; y con los tent\u00e1culos norteamericanos extendi\u00e9ndose cada vez m\u00e1s y m\u00e1s lejos por el mun\u00addo, de hecho dividido entre dos campos enfrentados, no era dif\u00edcil imaginar por cu\u00e1l de ellos iba a decidirse Israel. A partir de ese mo\u00admento, la hostilidad rusa hacia Israel no hizo m\u00e1s que ir en aumen\u00adto. Lo \u00fanico que hizo la guerra de los Seis D\u00edas fue sellar la animo\u00adsidad que ya era un elemento constitutivo de la pol\u00edtica rusa.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de hasta qu\u00e9 punto el crecimiento y el reconocimien\u00adto de Israel afect\u00f3 al destino de los jud\u00edos de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica es una de las que encuentra mayores reticencias entre los colaboradores de esta obra colectiva. La mano dura de Zdanov se dej\u00f3 sentir sobre otras minor\u00edas, adem\u00e1s de la jud\u00eda. El frenes\u00ed antisemita de los \u00faltimos cinco a\u00f1os de la vida de Stalin, que culmin\u00f3 con las connotaciones claramente antisemitas del asunto del \u00abcomplot de los doctores\u00bb, no hay duda de que se puede explicar como un agrava\u00admiento de la actitud sovi\u00e9tica anterior o como obra de un dictador paranoico. Tambi\u00e9n hay que reconocer que la persecuci\u00f3n de los jud\u00edos &#8216;en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica constituy\u00f3 un factor importante en el agudizamiento de la hostilidad israel\u00ed para con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Pero cuesta aceptar que esta influencia no fuese rec\u00edproca, o que el encarnizamiento y persistencia de la persecuci\u00f3n no tuviese nada que ver con la atm\u00f3sfera de la guerra fr\u00eda y con la dependencia cada vez m\u00e1s evidente de Israel con respecto a los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Esta cuesti\u00f3n vuelve a plantearse de un modo cr\u00edtico despu\u00e9s de la guerra de los Seis D\u00edas. Katz cita unas observaciones de Ilya Ehrenburg, recogidas por el malogrado Alexander Werth. Se atri\u00adbuye a Ehrenburg el haber afirmado que \u00abs\u00ed los \u00e1rabes hubiesen masacrado a los jud\u00edos, ello habr\u00eda provocado una oleada de anti\u00adsemitismo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, pero ahora se tiene un cierto res\u00adpeto por los jud\u00edos, en cuanto a su val\u00eda como soldados\u00bb. Se trata de una boutade t\u00edpicamente inteligente, pero apenas tiene visos de plausibilidad. Los jud\u00edos rusos se encuentran en una situaci\u00f3n que no tiene nada de envidiable. Es comprensible que se muestren reacios a desacreditar y condenar las haza\u00f1as del estado israel\u00ed, aunque se les presione para que lo hagan. Y, en caso de que as\u00ed lo hagan, no se les concede credibilidad. Hagan lo que hagan, y al margen de sus sentimientos, est\u00e1n condenados a expiar los triunfos de Israel. Es dif\u00edcil concebir una tragedia psicol\u00f3gica m\u00e1s intolerable.<\/p>\n<p>El volumen ha sido excelentemente editado por Lionel Kochan. Debe haber sido una tarea muy ardua organizar tal constelaci\u00f3n de autores, con el fin de evitar superposiciones y para dar cohesi6n y unidad al libro. La tem\u00e1tica es de un inter\u00e9s permanente. Puede que parezca en cierto modo ajena a los principales problemas de Israel y del Oriente Medio, pero, de hecho, formaba parte de ellos. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica no es el \u00fanico pa\u00eds en el que los triunfos del sionismo y las razones de estado de Israel plantean problemas de una complejidad creciente a los jud\u00edos de la Di\u00e1spora.<\/p>\n<p>&#8212;(1). Lionel Kochan, ed., The jews in soviet Russia since 1917, Oxford University Press para el Instituto de Asuntos Jud\u00edos, Londres.<\/p>\n<p>(*) Trabajo incluido en la edici\u00f3n <em>De Napole\u00f3n a Stalin y otros estudios de historia contempor\u00e1nea<\/em> (Ed. Cr\u00edtica, Barcelona, 1983, tr. de Josep M\u00aa Portella)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 (*)<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entre las enojosas cuestiones heredadas de la Rusia zarista y que la revoluci\u00f3n de 1917 prometi\u00f3 erradicar, el antisemitismo ocupaba un lugar preeminente, Nada hab\u00eda de raro en ello. Con frecuencia se ha presentado la adhesi\u00f3n de gran n\u00famero de jud\u00edos a la causal revolucionaria como justificante de los prejuicios contra ellos y las brutales medidas de represi\u00f3n a que se vieron sometidos. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, los rusos \u00abblancos\u00bb y sus partidarios extranjeros, entre los que hay que incluir a un sector de la prensa brit\u00e1nica, invocaron constantemente el antisemitismo, con el fin de desacre\u00additar a un r\u00e9gimen que contaba entre sus dirigentes a varios jud\u00edos eminentes. Pero el antisemitismo era algo que estaba profundamente arraigado en las costumbres rusas tradicionales, especialmente en las zonas rurales; y en este aspecto, lo mismo que en muchos otros, los h\u00e1bitos tradicionales cuestan de hacer desaparecer. La historia de los jud\u00edos en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica es un rosario de buenas inten\u00adciones gradualmente ahogadas por una praxis defectuosa y a veces malintencionada. Desde 1930, aproximadamente, los jud\u00edos ya no han vuelto a sentirse seguros en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Sin embargo, la \u00fanica pregunta que, honradamente, debi\u00e9ramos formularnos es s\u00ed, por lo menos en determinados per\u00edodos, su situaci\u00f3n era m\u00e1s incier\u00adta que la de otros muchos sectores de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 The jews in soviet Russia (1) es una colecci\u00f3n de ensayos rigurosos, tanto desde el punto de vista hist\u00f3rico como anal\u00edtico, elaborados por autores jud\u00edos y sobre diversos aspectos del problema. Tal con\u00adcentraci\u00f3n sobre un \u00fanico tema tiende a dar la impresi\u00f3n de una versi\u00f3n demasiado exhaustiva y unilateral. Pero no cabe duda de que cada uno de los autores se ha esforzado por mantener un alto nivel de objetividad y por evitar toda exageraci\u00f3n. El profesor Schapiro, el autor de la introducci\u00f3n, marca la pauta al se\u00f1alar que \u00abning\u00fan autor serio, de la talla de quienes han contribuido a estas p\u00e1ginas que siguen, osar\u00eda afirmar que la situaci\u00f3n de los jud\u00edos en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica hoy en d\u00eda es an\u00e1loga a la que padecieron en la Rusia de 1883 o 1903\u00bb, adem\u00e1s de se\u00f1alar que se entrev\u00e9n \u00abindicios para un optimismo moderado\u00bb, incluso en la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los bolcheviques, por dos razones \u00edntimamente relacionadas, no consideraban que los jud\u00edos constituyeran una naci\u00f3n. En primer lugar porque aceptaban, m\u00e1s que el concepto alem\u00e1n de naci\u00f3n, el concepto europeo-occidental, que defin\u00eda la \u00abnaci\u00f3n\u00bb entre otras cosas, por la posesi\u00f3n de un territorio nacional. Esta carencia distin\u00adgu\u00eda a los jud\u00edos de las dem\u00e1s minor\u00edas nacionales de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. En segundo lugar, porque les bolcheviques consideraban que las diferencias de car\u00e1cter racial y religioso entre jud\u00edos y gen\u00adtiles eran b\u00e1sicamente irrelevantes, y cre\u00edan que el destino de los jud\u00edos era el de quedar asimilados por la poblaci\u00f3n con la que con\u00adviv\u00edan. Tal opini\u00f3n era compartida por bolcheviques y mencheviques (que a\u00fan contaban con una mayor proporci\u00f3n de jud\u00edos entre sus filas que los bolcheviques ). Y, a principios del siglo XX, esta creencia la compart\u00edan la pr\u00e1ctica totalidad de los liberales y much\u00edsimos jud\u00edos influyentes de la Europa occidental.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esta opini\u00f3n influy\u00f3 en la\u00abdoctrina del partido desde sus prime\u00adros pasos. Al tiempo que se consideraba la existencia de minor\u00edas nacionales ucranianas o letonas en el seno del partido socialdem\u00f3crata como algo perfectamente normal, la asociaci\u00f3n jud\u00eda -el Bund\u00ad provocaba celos y resentimientos, en parte porque compet\u00eda con \u00e9xi\u00adto con otras secciones del partido en la captaci\u00f3n de miembros. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n, cuando se disolvi\u00f3 el Bund, se crey\u00f3 nece\u00adsaria o conveniente la creaci\u00f3n de \u00absecciones jud\u00edas\u00bb (lo mismo que otras secciones nacionales) a distintos niveles, pero dentro de la organizaci\u00f3n del partido. Estas secciones se mantuvieron hasta 1930. Pero eran tratadas m\u00e1s bien con tolerancia que con entusiasmo, y ninguno de los dirigentes jud\u00edos del partido lleg\u00f3 a asociarse a ellas. Por extra\u00f1o que parezca, la \u00fanica figura de primera fila en la jerar\u00adqu\u00eda gubernamental que expres\u00f3 p\u00fablicamente sus simpat\u00edas por las aspiraciones nacionales jud\u00edas fue el gentil Kalinin.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[28],"tags":[1446,1447,923],"class_list":["post-501","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-siglo-xx","tag-de-napoleon-a-stalin-y-otros-estudios-de-historia-contemporanea","tag-edward-h-carr","tag-fragmentos"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/501","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=501"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/501\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=501"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=501"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=501"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}