{"id":567,"date":"2006-12-03T00:00:00","date_gmt":"2006-12-03T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=567"},"modified":"2020-02-28T08:59:43","modified_gmt":"2020-02-28T07:59:43","slug":"artur-rosenberg-un-pensador-maldito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=567","title":{"rendered":"Artur Rosenberg, un pensador maldito"},"content":{"rendered":"<p><strong>PR\u00d3LOGO<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Arthur Rosenberg, un pensador proscrito<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El autor de la presente obra, que se traduce por primera vez al castellano, es uno de los pocos, verdaderos, grandes pensadores pol\u00edticos del siglo XX, y un revolucionario. El lector puede quedar sorprendido ante este juicio, e incluso abrigar sospechas por cuanto Arthur Rosenberg, que falleci\u00f3 hace seis decenios, es un perfecto desconocido.<\/p>\n<p>Es cierto, Rosenberg ha sido, desde su muerte, ignorado por todas las corrientes del pensamiento pol\u00edtico. Desde luego, por la derecha, pero tambi\u00e9n por las diversas escuelas y corrientes de la izquierda. Dejamos de lado el olvido en que lo tiene la academia, de la que fue un miembro ilustre. La raz\u00f3n: en primer lugar su radicalidad pol\u00edtica y su independencia de criterio pol\u00edtico durante todo el periodo que va de 1918 hasta su muerte a comienzos de los cuarenta. En segundo lugar, y esto puede resultar esclarecedor para el lector, por ser uno de los pocos, grandes historiadores cuya obra intelectual se especializa en la investigaci\u00f3n sobre la democracia \u2013sobre lo que verdaderamente es la democracia-. La tradici\u00f3n pol\u00edtica de la democracia est\u00e1 por completo re\u00f1ida con el estatismo y con la separaci\u00f3n de pol\u00edtica y sociedad; con la delegaci\u00f3n de la actividad pol\u00edtica en elites, y con la falta de participaci\u00f3n organizada permanente de los de abajo en pol\u00edtica. No faltan razones, pues, para comprender su destierro del mundo intelectual: no s\u00f3lo el ostracismo en el que lo mantiene la academia y la pol\u00edtica burguesa, sino tambi\u00e9n el silencio y excomuni\u00f3n que hace pesar sobre \u00e9l la propia izquierda.<\/p>\n<p>Lo cierto es que Rosenberg no ha sido reclamado nunca por ninguna corriente pol\u00edtica organizada de la izquierda.<\/p>\n<p><strong>Breve Semblanza<\/strong><\/p>\n<p>Arthur Rosenberg naci\u00f3 en Berl\u00edn en 1889 y falleci\u00f3 en Nueva York en 1943. Estudi\u00f3 en la universidad de Berl\u00edn, donde se especializ\u00f3 en Historia Antigua \u2013Roma y Grecia- y fue alumno de otro gran especialista de la historia cl\u00e1sica, Eduard Meyer. Durante su juventud estuvo alejado del pensamiento de izquierdas, y en concreto, del marxismo, pensamiento al que se aproximar\u00eda tan s\u00f3lo al final de la Primera Guerra Mundial. Antes de la Gran Guerra hab\u00eda llegado a ser ya una figura de primer rango en la universidad del Reich.<\/p>\n<p>Al estallar la Primera Guerra Mundial fue incorporado a la Oficina Central del Ej\u00e9rcito, centro de espionaje que ejerc\u00eda sus funciones tanto hacia el exterior como hacia el interior, verdadero y gigantesco estado dentro del estado, que hab\u00eda sido organizado por el general Ludendorf.<\/p>\n<p>Su incorporaci\u00f3n a la plana mayor de los servicios de espionaje lo convertir\u00edan en un testigo de excepci\u00f3n, tanto de la guerra y de los movimientos pol\u00edticos de las diversas potencias y sociedades, como del proceso pol\u00edtico y social alem\u00e1n, observados desde el conocimiento de los entresijos m\u00e1s secretos. Todo esto lo convierte en uno de los autores indispensables para el estudio de a Rep\u00fablica de Weimar, sobre la que escribir\u00eda varias obras.<\/p>\n<p>Al aproximarse el fin de la guerra, el hundimiento del mundo en el que se hab\u00eda educado produjo en \u00e9l, al igual que en otros grandes intelectuales de la \u00e9poca, una crisis moral y pol\u00edtica. En 1918 se produce un vuelco ideol\u00f3gico. A fines de ese a\u00f1o se incorporar\u00eda al Partido Socialista Independiente.<\/p>\n<p>En 1920 ingresa en el Partido Comunista. En esta organizaci\u00f3n pasa a desempe\u00f1ar de inmediato cargos de importancia. En 1921 se incorpora al consejo municipal de Berl\u00edn, y asiste como delegado al congreso de Jena. Nombrado responsable de las publicaciones del partido, desempe\u00f1a esta funci\u00f3n durante los a\u00f1os 1922 y 23. Cuando se constituye la corriente de izquierdas del partido, Rosenberg se incorpora a la misma.<\/p>\n<p>En 1924 pasa a formar parte del Comit\u00e9 Central, y es elegido diputado. Ese mismo a\u00f1o en el V congreso de la Internacional Comunista pasa a formar parte del ejecutivo ampliado y del presidium de la Komintern.<\/p>\n<p>En 1927 abandona el partido comunista. La raz\u00f3n principal es que, a su juicio, la revoluci\u00f3n ha dejado de ser una posibilidad inmediata. Tras ello, existe una apreciaci\u00f3n completamente distinta de lo que es el factor subjetivo que impulsa la revoluci\u00f3n. La crisis econ\u00f3mica sigue abierta en esas fechas, pero las masas han sido derrotadas, desorganizadas enfrentadas entre s\u00ed, y la direcci\u00f3n pol\u00edtica del partido no puede pretender ser el sustituto de las mismas, ni tiene capacidad de recrear la subjetividad destruida.<\/p>\n<p>La duraci\u00f3n de su militancia comunista coincide en sus fechas con la del otro gran estudioso de la democracia, defensor de la tarea de Robespierre y los montagnards, Albert Matthiez, cuya obra Rosenberg admiraba. El trabajo intelectual de ambos sobre la democracia constituye la cima hoy todav\u00eda no superada sobre este tema.<\/p>\n<p>Hasta el final de sus d\u00edas Rosenberg ser\u00eda, seg\u00fan la expresi\u00f3n acu\u00f1ada por Luciano Canfora \u201cun comunista sin partido\u201d.<\/p>\n<p>Tras su abandono de la militancia comunista organizada, en el caso de Rosenberg, la soledad pol\u00edtica, la lucha contra el fascismo, la reflexi\u00f3n sobre la democracia, abordada siempre en clave militante, y luego el exilio, ser\u00edan los trazos que resumen mejor la vida de este hombre, hasta su muerte<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p><strong>El presente libro<\/strong><\/p>\n<p><strong>Democracia y lucha de clases en la Antig\u00fcedad<\/strong> se public\u00f3 en 1921, a\u00f1o en que nuestro autor daba a la estampa tambi\u00e9n <strong>Historia de la rep\u00fablica de Roma<\/strong><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[2]<\/a><strong>.<\/strong><\/p>\n<p>Tanto este \u00faltimo libro como el texto que nos ocupa fueron escritos para que sirviesen como manuales en la Universidad Popular de Berl\u00edn, de la que Rosenberg era docente, a pesar de las cr\u00edticas que hac\u00eda a tal tipo de instituci\u00f3n. El p\u00fablico de estas instituciones estaba compuesto por los cuadros y activistas del movimiento revolucionario. Por lo tanto, el lector no debe llamarse a enga\u00f1o: ninguna de estas dos obras tiene como fin la \u201cedificaci\u00f3n moral\u201d de los humildes. Ambos libros son textos de alta divulgaci\u00f3n hist\u00f3rica, de car\u00e1cter eminentemente pol\u00edtico, que se aproximan a sociedades hist\u00f3ricas perfectamente conocidas por el autor como medio para intervenir pol\u00e9micamente en los debates pol\u00edticos abiertos en el movimiento revolucionario de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>La alta divulgaci\u00f3n sobre historia antigua era un g\u00e9nero de vieja raigambre en Alemania, y era proverbial el rigor con el que se realizaba. Esta tradici\u00f3n intelectual explica la naturalidad del recurso a la misma por parte de Rosenberg.<\/p>\n<p>Algunos t\u00e9rminos utilizados en la obra para referirse a la organizaci\u00f3n social antigua podr\u00e1n, quiz\u00e1, producirnos sorpresa \u2013\u201ccapitalistas\u201d por ejemplo-. Pero estas concesiones de vocabulario se quedan en eso. Adem\u00e1s no debemos caer en la creencia de que todo concepto que nos parezca moderno sea resultado de una modernizaci\u00f3n divulgativa, y menos, de \u201csociologismo marxista\u201d.<\/p>\n<p>Por ejemplo, el texto trata, como una categor\u00eda social existente en la Atenas de la \u00e9poca estudiada, de los trabajadores manuales asalariados. No estamos ante una proyecci\u00f3n del presente sobre el pasado. Al respecto, leemos en Plat\u00f3n: \u201c-Pues bien, falta todav\u00eda, en mi opini\u00f3n, otra especie de auxiliares cuya cooperaci\u00f3n no resulta ciertamente muy estimable en lo que toca a la inteligencia, pero que gozan de suficiente fuerza f\u00edsica para realizar trabajos penosos. Venden, pues, el empleo de su fuerza y, como llaman salario al precio que se les paga, reciben, seg\u00fan creo, el nombre de asalariados.\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Como podemos ver, no s\u00f3lo el concepto de asalariado, sino tambi\u00e9n la idea de fuerza de trabajo \u2013Dynamis-, se encuentra bien registrada en el pensamiento cl\u00e1sico m\u00e1s conspicuo. El nombre que recib\u00edan estos trabajadores asalariados era \u201ctetes\u201d.<\/p>\n<p>Si bien la obra tiene como objetivo terciar en las pol\u00e9micas abiertas en el debate de la izquierda contempor\u00e1nea, la historia no es forzada para que sirva como justificaci\u00f3n de ninguna tesis. La historia cl\u00e1sica ha sido elegida, desde luego, por el dominio que tiene sobre ella el autor; tambi\u00e9n por las analog\u00edas sociales que tiene respecto de nuestra \u00e9poca, que posibilitan que aprendamos de ella.<\/p>\n<p>En primer lugar, el autor trata de salir al paso de lo que \u00e9l considera una falsa antinomia: la oposici\u00f3n entre democracia y comunismo. Rosenberg no deja lugar a dudas, desde la primera p\u00e1gina, respecto de este asunto. La democracia es el verdadero r\u00e9gimen o poder pol\u00edtico del proletariado. Y tambi\u00e9n trata sobre otro c\u00famulo de problemas pol\u00edticos de gran importancia. Este pr\u00f3logo tiene por objeto poner de relieve los diversos debates pol\u00edticos coet\u00e1neos del autor sobre los que se reflexiona a la luz de las ense\u00f1anzas de la historia.<\/p>\n<p><strong>Democracia <\/strong><\/p>\n<p>Dos temas articulan la obra en su totalidad, el de la<strong> pol\u00edtica <\/strong>y la <strong>democracia<\/strong>, y el de las <strong>luchas de clases<\/strong> y, consiguientemente, el de las <strong>clases<\/strong>. Ambos asuntos se entrelazan de forma inextricable en el texto, y esto hace que sea algo forzado un tratamiento tem\u00e1tico separado de los mismos, como el lector podr\u00e1 comprobar. Pero en el comentario sobre la obra, tratar\u00e9 por separado ambos asuntos, con el fin de no alargarme m\u00e1s de lo que es mi prop\u00f3sito,<\/p>\n<p>Como he escrito, desde el mismo t\u00edtulo, <strong>Democracia y lucha de clases<\/strong> hace solidarios los conceptos de <strong>democracia<\/strong> y de <strong>lucha de clases<\/strong>; y queda claro, tambi\u00e9n desde el comienzo de la obra, que la <strong>democracia<\/strong> surge como consecuencia de la lucha de clases. Democracia es el nombre que recibe el r\u00e9gimen que se instaura como consecuencia de la lucha de clases, cuando la clase explotada, num\u00e9ricamente mayoritaria, se constituye en agente pol\u00edtico con proyecto pol\u00edtico com\u00fan y reclama el poder para s\u00ed.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo la democracia es el resultado generado por la lucha de clases; como leemos en la obra, tambi\u00e9n la <strong>pol\u00edtica<\/strong> que, como sabemos, tiene su origen en Atenas y en otras ciudades hel\u00e9nicas, surge como consecuencia de la lucha de clases.<\/p>\n<p>En los cap\u00edtulos 4 y 5 \u2013\u201c<strong>C\u00f3mo la aristocracia conquist\u00f3 y perdi\u00f3 el poder en Grecia<\/strong>\u201d, y \u201c<strong>Inicios del poder de la burgues\u00eda en Atenas. Tiranos y tiranicidas<\/strong>\u201d- se narra en primer lugar c\u00f3mo la aristocracia terrateniente, que hab\u00eda llegado a monopolizar el poder militar, impuso su dominio sobre las diversas comunidades hel\u00e9nicas. Los intereses particulares de las familias aristocr\u00e1ticas se impon\u00edan sobre el conjunto de la sociedad, la familia transmit\u00eda los privilegios, y la consanguineidad organizaba las relaciones sociales. Y as\u00ed estaban las cosas en el siglo Vl antes de nuestra era.<\/p>\n<p>Sobreviene un nuevo estadio hist\u00f3rico cuando se desarrolla una burgues\u00eda urbana que pugna por ser reconocida en plano de igualdad por la aristocracia. Rosenberg cita como primer resultado de esa lucha las leyes de Sol\u00f3n, que garantizan la libertad personal y la propiedad de las tierras de los peque\u00f1os campesinos. Es decir, mediante la lucha se alcanza un primer estadio de libertades y derechos. Pero la plutocracia urbana y los peque\u00f1os propietarios no cejan en su lucha de clases con el fin de alcanzar los derechos pol\u00edticos e instaurar su poder pol\u00edtico, y, tras la etapa de los tiranos, mediante la lucha, imponen su propio autogobierno directo, que se concreta en el ordenamiento legal elaborado por Cl\u00edstenes.<\/p>\n<p>Surge as\u00ed por primera vez en la historia un r\u00e9gimen en el que un determinado conjunto de individuos se reconocen entrecruzadamente los derechos de ciudadan\u00eda y el pleno poder decisorio o soberan\u00eda \u2013kyrios- sobre la polis o sociedad organizada pol\u00edticamente: la Igual Libertad. En consecuencia, la sociedad deja de regirse seg\u00fan el inter\u00e9s particular de los jefes de las familias aristocr\u00e1ticas. La sociedad es considerada asunto p\u00fablico: \u201cpol\u00edteia\u201d \u2013o \u201cres publica\u201d, para los romanos-.<\/p>\n<p>Desaparece el suelo social que hab\u00eda inspirado la epopeya; desde ahora, ya no ser\u00e1 veros\u00edmil imaginar una guerra originada como consecuencia de la afrenta sufrida por el honor individual de un noble al que le roban la esposa o por cualquier otro asunto de inter\u00e9s particular. El enemigo privado de cualquier ciudadano \u2013\u201cejzr\u00f3s\u201d; en lat\u00edn, \u201cinnimicus\u201d &#8211; pasa a ser diferenciado del enemigo p\u00fablico o enemigo com\u00fan de la colectividad o polis \u2013 \u201cpolemios\u201d; en lat\u00edn \u201chostis\u201d-, contra el que se puede mover la guerra \u2013polem\u00f3s-<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>En adelante, paz y guerra, y las dem\u00e1s cuestiones atinentes a la sociedad o polis, es decir, aquellas cuestiones que los ciudadanos consideren de inter\u00e9s com\u00fan, ser\u00e1n asuntos p\u00fablicamente deliberados y decididos por el cuerpo de ciudadanos -politeuma; de \u201cpolites\u201d: ciudadano- que ejercen como verdaderos due\u00f1os colectivos de la polis o res publica. Nace as\u00ed la <strong>libertad republicana<\/strong>. Este t\u00e9rmino es usado en reiteradas ocasiones por parte de Rosenberg en un texto tan breve como este, con lo que se destaca as\u00ed su importancia (p. e.: pp. 43 y 49).<\/p>\n<p>Hemos dicho que la <strong>democracia<\/strong> es el nombre que recibe el r\u00e9gimen en el que los pobres instauran su poder efectivo sobre la sociedad contra los poderosos, y que este poder se constituye como tal mediante la lucha de clases. \u201c(Hay) democracia cuando son soberanos los que no poseen gran cantidad de bienes, sino que son pobres\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el pensamiento liberal la democracia elimina la libertad.<\/p>\n<p>Por el contrario, la posibilidad de una actividad pol\u00edtica aut\u00f3noma por parte de los explotados, es decir, la posibilidad de ejercer las libertades republicanas, resulta imprescindible para la existencia de la lucha de clases, y para la construcci\u00f3n de la clase como tal. La clase surge de la lucha pol\u00edtica, y es precisamente la lucha pol\u00edtica el elemento determinante que la construye y define como sujeto colectivo real.<\/p>\n<p>Aunque pensando m\u00e1s en abrir una reflexi\u00f3n sobre el colonialismo que sobre el asunto que ahora tratamos, Rosenberg escribe en su libro lo siguiente: \u201c(sin) la posibilidad de una (actividad) pol\u00edtica aut\u00f3noma y de vida econ\u00f3mica independiente, los griegos perdieron tambi\u00e9n el derecho de gestionar por s\u00ed mismos sus propias luchas de clases\u201d (p. 56).<\/p>\n<p>Antes hemos visto que, para Rosenberg el origen de la pol\u00edtica est\u00e1 en la lucha de clases. Ahora, podemos a\u00f1adir que, si bien es cierto que el origen de la pol\u00edtica est\u00e1 en la lucha de clases, la clase social, como tal, en su plenitud, no se constituye hasta que ha sido capaz de articular su proyecto pol\u00edtico. La elaboraci\u00f3n del mismo prueba que los individuos que forman parte de ella poseen clara conciencia de su situaci\u00f3n y sus necesidades, y se sienten parte de un sujeto colectivo.<\/p>\n<p>Rosenberg desarrolla una concepci\u00f3n hist\u00f3rico constructiva de la clase social. La clase no \u201ces\u201d una entidad basada en una determinada realidad econ\u00f3mica y en la experiencia de explotaci\u00f3n que la misma genera en los individuos pertenecientes a los grupos subalternos, sino una realidad que se organiza y desarrolla a partir de la lucha pol\u00edtica: \u201cHay unos casos en los cuales los m\u00e1s pobres eran tan s\u00f3lo los proletarios, hay otros en los que la designaci\u00f3n incluye tambi\u00e9n a las clases medias. Por otra parte, unas veces los m\u00e1s ricos eran s\u00f3lo los latifundistas, otras veces se inclu\u00eda tambi\u00e9n a los agricultores medios, a los artesanos de una cierta importancia etc. Sobre estas luchas de clases en la antig\u00fcedad volveremos despu\u00e9s con m\u00e1s detalle.\u201d (pp. 3 y 4. Ver tambi\u00e9n pp. 22 y 33).<\/p>\n<p>Como se puede comprobar, para Rosenberg la extensi\u00f3n social de la clase no est\u00e1 determinada a priori por un criterio de demarcaci\u00f3n fijo de tipo econ\u00f3mico. La extensi\u00f3n de la clase depende de la propia capacidad de los agentes en lucha para atraerse sectores sociales, por supuesto no hegem\u00f3nicos, pero que no tienen por qu\u00e9 ser obreros manuales a jornal.<\/p>\n<p>La noci\u00f3n de clase de Rosenberg es semejante a la de E. P. Thompson o al Bloque Social de Gramsci. En realidad es la de la propia tradici\u00f3n de la democracia.<\/p>\n<p>La clase, para la tradici\u00f3n de la democracia, ha sido siempre una realidad, pr\u00e1xica, que se construye mediante la lucha pol\u00edtica, no una realidad preestablecida de car\u00e1cter econ\u00f3mico. La tradici\u00f3n de la democracia se ha caracterizado siempre por proponerse la construcci\u00f3n de una amplia alianza entre todos los sectores sociales no plutocr\u00e1ticos que son num\u00e9ricamente mayoritarios en toda sociedad de clases: el <strong>demos<\/strong>, el <strong>pueblo<\/strong> o bloque social popular. En consecuencia este sujeto colectivo que surge de la lucha contra la plutocracia es un bloque social que tiene la vocaci\u00f3n de abarcar a todos los grupos subalternos de la sociedad, para hacerlos protagonistas de la vida pol\u00edtica y extender as\u00ed realmente las libertades republicanas. La clase, el demos o pueblo, incluye a la mayor\u00eda de la sociedad que hace uso activo de las libertades, y sin esta condici\u00f3n, que es legitimadora de su proyecto, es imposible que logre alcanzar el poder.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n del <strong>pueblo<\/strong> como el agente social que protagoniza la lucha de clases por la democracia es fundamental en la caracterizaci\u00f3n de esta tradici\u00f3n, y all\u00ed donde la noci\u00f3n de <strong>pueblo <\/strong>no aparece podemos detectar la ruptura o debilitamiento de la misma.<\/p>\n<p>En el texto precitado Rosenberg nos advierte que tambi\u00e9n la oligarqu\u00eda es capaz de fraguar en su entorno alianzas amplias que den estabilidad al poder de los plut\u00f3cratas. Ricos y pobres luchan por la hegemon\u00eda social \u2013palabra griega-. Cuando una clase logra aislar a la otra impone su r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Y una palabra m\u00e1s sobre los procedimientos electivos y la libertad en la democracia. La defensa de la libertad de participaci\u00f3n pol\u00edtica de todo ciudadano llev\u00f3 a la democracia a hacer que el verdadero procedimiento regular de elecci\u00f3n fuese, no el voto, sino el sorteo entre todos los ciudadanos. El voto entre diversos candidatos es, en relaci\u00f3n con la pr\u00e1ctica democr\u00e1tica del sorteo, un uso olig\u00e1rquico o aristocratizante: se elige mediante votaci\u00f3n nominal a aquel que ha desempe\u00f1ar un cargo que requiere conocimientos especializados; pero la democracia declara competentes en pol\u00edtica a todos los ciudadanos. Por supuesto, para algunos cargos, como ver\u00e1 el lector, la democracia recurr\u00eda tambi\u00e9n a las elecciones mediante voto.<\/p>\n<p>Nuevamente se pone de manifiesto que el poder sustantivo de los pobres extiende las libertades republicanas.<\/p>\n<p>Una consideraci\u00f3n m\u00e1s. Antes de la existencia de ese r\u00e9gimen pol\u00edtico constituido, que se denomina la democracia, \u00bfqu\u00e9 es lo que promueve su existencia? La misma democracia.<\/p>\n<p>Escribe Rosenberg: \u201cLa democracia como una cosa en s\u00ed, como una abstracci\u00f3n formal no existe en la vida hist\u00f3rica: la democracia es siempre un movimiento pol\u00edtico determinado, apoyado por determinadas fuerzas pol\u00edticas y clases que luchan por determinados fines. Un estado democr\u00e1tico es, por tanto, un estado en el que el movimiento democr\u00e1tico detenta el poder\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[6]<\/a>.<\/p>\n<p>La democracia como movimiento concreto organizado por los pobres que luchan pol\u00edticamente para conseguir determinados fines: aqu\u00ed se plantea la g\u00e9nesis de la democracia, sus condiciones de posibilidad, que el libro presente analiza en concreto de forma exhaustiva para Atenas y Roma, y cuyo nacimiento requiere siempre, como ya se ha dicho, de la existencia de las libertades pol\u00edticas, en uno u otro grado.<\/p>\n<p>Creo que todas estas ideas deben hacernos recapacitar sobre el presente. Por ejemplo, en los diversos an\u00e1lisis sinceros que se han comenzado elaborar desde la izquierda sobre la transici\u00f3n del franquismo a la monarqu\u00eda, se echa en falta la reflexi\u00f3n sobre las consecuencias de la carencia de libertades pol\u00edticas impuesta por la dictadura. Sin las libertades pol\u00edticas, los sectores obreros organizados en el movimiento obrero entonces existente, y el movimiento popular en general, eran minoritarios; su capacidad de discusi\u00f3n pol\u00edtica era muy reducida, su experiencia de poder real sobre la actividad social organizada era muy d\u00e9bil, su capacidad de generar un proyecto democr\u00e1tico capaz de tener en cuenta a la mayor\u00eda de la sociedad y constituir un Pueblo, era inexistente. Para resumir, seg\u00fan un l\u00e9xico cl\u00e1sico, su experiencia y su conciencia como tal clase, era muy escasa. Por ello, no era posible evitar la supeditaci\u00f3n popular a las maniobras de los partidos pol\u00edticos de izquierda que pactaron la transici\u00f3n. Ni la subordinaci\u00f3n de estos mismos sectores movilizados a los proyectos pol\u00edticos de otras fuerzas sociales.<\/p>\n<p>La ausencia de reflexi\u00f3n sobre algo que deber\u00eda ser evidente revela el patr\u00f3n ideol\u00f3gico de fondo del que est\u00e1 imbuida hasta las entretelas la izquierda: la particular y tradicional versi\u00f3n de la teor\u00eda liberal de elites, que es la teor\u00eda de la vanguardia pol\u00edtica. Seg\u00fan \u00e9sta, la clase es una entidad de tipo econ\u00f3mico, un sujeto existente como tal de forma objetiva, al margen de la actividad pol\u00edtica. Los resultados pol\u00edticos dependen, por tanto, de la existencia de una organizaci\u00f3n moralmente firme, dotada de una direcci\u00f3n pol\u00edtica adecuada. Este instrumento, con independencia del estado de la \u201crealidad social\u201d es el cerebro pol\u00edtico capaz de conseguir, a trav\u00e9s de su mediaci\u00f3n, la relaci\u00f3n entre el siglo y el d\u00eda. La tarea que se propone la organizaci\u00f3n es el esclarecimiento ideol\u00f3gico de las masas y su encuadramiento para la acci\u00f3n seg\u00fan los planes que la vanguardia tiene previstos.<\/p>\n<p>Muy distinta es la interpretaci\u00f3n de fondo de Rosenberg. Para \u00e9l, como vemos en su obra, los pobres -los obreros manuales, los artesanos y tenderos, los peque\u00f1os campesinos, etc.- se van auto construyendo como sujeto, en la medida en que se van organizando para la lucha pol\u00edtica. Y este sujeto colectivo, acostumbrado a la deliberaci\u00f3n y due\u00f1o de su experiencia, posee ya en s\u00ed la capacidad intelectual de auto dirigirse. Rosenberg dedica buen n\u00famero de p\u00e1ginas a explicar la actividad pol\u00edtica directa del demos.<\/p>\n<p>Por cierto, la teor\u00eda de Rosenberg, que es la de la democracia tradicional, es por ello la misma teor\u00eda compartida por Marx y Engels, aquellos miembros de la vieja democracia social del 48 que en el <strong>Manifiesto<\/strong> proclaman que la finalidad es \u201c(la) constituci\u00f3n del proletariado en clase\u201d <a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[7]<\/a>, y cuya \u201cconcepci\u00f3n sobre el partido\u201d era tan poco aceptable para la teor\u00eda de elites de la izquierda, que siempre se explic\u00f3 que Marx y Engels murieron sin haber sido capaces de resolver adecuadamente la cuesti\u00f3n te\u00f3rica de la organizaci\u00f3n pol\u00edtica del \u201cpartido\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[8]<\/a>. Por supuesto en este otro modo \u201cantiguo\u201d de concebir tanto la pol\u00edtica, como la lucha de clases y la propia clase social, la democracia y las libertades republicanas dejan de ser un procedimiento instrumental y pasan a ser condici\u00f3n indispensable de la actividad que construye al agente.<\/p>\n<p>Un comentario sobre las condiciones hist\u00f3ricas de posibilidad de la democracia. Como ya hemos visto, la articulaci\u00f3n de ese bloque de masas organiza a la mayor\u00eda de la sociedad en la medida en que es capaz de forjar un proyecto de sociedad que abarque en su desideratum la soluci\u00f3n de las necesidades y de las exigencias, &#8211; \u201cfines\u201d- que \u201cCuando el desarrollo econ\u00f3mico y social alcanza un nivel determinado, (.) surgen (.) con car\u00e1cter de necesidad\u201d (p. 16). Por lo tanto, es preciso que la mayor\u00eda social subalterna, mediante la deliberaci\u00f3n pol\u00edtica generada al calor de las luchas concretas, se vaya poniendo de acuerdo sobre su ideal ciudadano de vida buena, sobre su noci\u00f3n de felicidad, o eudaimonia, es decir, sobre su proyecto de sociedad.<\/p>\n<p>Sin ello no existir\u00e1 acci\u00f3n p\u00fablica ciudadana, pues nadie puede actuar desde el vac\u00edo intelectual de fines p\u00fablicos concretos, ni siente necesidad de protagonizar su propia acci\u00f3n, mancomun\u00e1ndola con la de los dem\u00e1s, para no dirigirla hacia objeto com\u00fan alguno. Ni es, por definici\u00f3n, posible la propia praxis sin la existencia de un fin o meta.<\/p>\n<p>El fin concreto, es decir, el proyecto de sociedad, tan s\u00f3lo posible como realidad operativa si es consecuencia de la praxis y de la deliberaci\u00f3n p\u00fablica organizada de una mayor\u00eda activa, es lo que desarrolla y amplia al movimiento pol\u00edtico, lo vivifica, y lo pone en condiciones de alcanzar el poder pol\u00edtico soberano.<\/p>\n<p>Viceversa, cuando un r\u00e9gimen pol\u00edtico constituido ya no alcanza a articular un proyecto social que d\u00e9 soluci\u00f3n concreta a los problemas de la mayor\u00eda, esa mayor\u00eda se disgrega, y el r\u00e9gimen se hunde, tal como explica Rosenberg que le sucedi\u00f3 a la democracia ateniense, seg\u00fan leemos en el libro.<\/p>\n<p>Rosenberg nos presenta resumidamente el ideal hist\u00f3rico de vida buena, de felicidad o eudaimon\u00eda, desarrollado por el demos ateniense (pp. 25 y 26). Este ideal de vida feliz no consiste en la obligaci\u00f3n de compartir creencias doctrinales o ideologemas, tales como, por ejemplo, el de la perfecci\u00f3n del mercado para regular el intercambio humano, propuesta que, sin la regimentaci\u00f3n permanente del mercado por el parte del poder p\u00fablico y sin la previa confiscaci\u00f3n de los ricos, es una apolog\u00eda de la heteronom\u00eda o supeditaci\u00f3n del individuo a fuerzas ajenas a su voluntad, y una afrenta al sentido com\u00fan. El ideal de vida buena, llevado a la pr\u00e1ctica por la democracia consiste en poner las condiciones para que los pobres puedan disfrutar libremente de la vida; condiciones de vida materiales: alimentos, dinero o tierras suficientes para vivir dignamente. Tiempo libre para disfrutar, y hermosos edificios bien dotados de instalaciones, donde estar y hacer: el gimnasio, el teatro. En este proyecto, las libertades pol\u00edticas no son concebidas como un simple medio que posibilite la libertad privada de usos y costumbres y la disposici\u00f3n de recursos materiales, sino tambi\u00e9n como un bien en s\u00ed cuyo ejercicio garantiza el desarrollo de la individualidad. El texto cl\u00e1sico que mejor resume el ideal de vida democr\u00e1tico, es decir su ideal de eudaimonia o felicidad, se encuentra en el c\u00e9lebre discurso f\u00fanebre de Pericles, en el que el orador desarrolla lo que es la democracia<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p>Los dem\u00f3cratas atenienses, \u201cque consideran que no hay otra fiesta que la del cumplimiento del deber, y que una tranquilidad ociosa es mayor adversidad que una actividad en medio de dificultades\u201d, \u201cdisponen de la absoluta propiedad de su mente\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[10]<\/a>, pues, como reza el famoso discurso de Pericles, para la democracia \u201cla felicidad se basa en la libertad\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[11]<\/a>.<\/p>\n<p>Al igual que las dem\u00e1s variantes del republicanismo cl\u00e1sico, y de todo verdadero republicanismo, la democracia se basa en la necesidad antropol\u00f3gica que tiene todo ser humano de protagonizar su vida y convertirla en activa. La actividad es considerada por el pensamiento de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica el \u00fanico medio para conseguir la felicidad. As\u00ed lo expone Arist\u00f3teles en la <strong>\u00c9tica nicom\u00e1quea<\/strong>; para el estagirita existen tan s\u00f3lo dos monstruosidades morales, insondables e inexplicables; una, la del que elige libremente orientar su acci\u00f3n hacia el mal y halla en \u00e9l, en cuanto tal mal, su satisfacci\u00f3n; otra, la del que adolece de asceneia, -\u201castenia\u201d- de indolencia, de incapacidad y rechazo hacia toda actividad<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[12]<\/a>. Para el com\u00fan de los griegos, dentro de la necesidad de comportarse como individuos activos para conseguir la felicidad, la pol\u00edtica misma constituye la actividad eminente en el desarrollo y realizaci\u00f3n de todo individuo, y el ejercicio ciudadano de la libertad p\u00fablica es un bien en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para los romanos la actividad es el fundamento de la felicidad, y en la <strong>Rep\u00fablica<\/strong> de Cicer\u00f3n, por ejemplo, encontramos puesto en boca de Escipi\u00f3n el elogio de la vida activa pol\u00edtica.<\/p>\n<p>El texto de Rosenberg se extiende sobre el gusto por la pol\u00edtica de los ciudadanos atenienses y romanos<\/p>\n<p>Tanto la pol\u00edtica, esto es, el ejercicio de la libertad republicana y la ciudadan\u00eda, como la democracia no son teor\u00edas ahist\u00f3ricas elaboradas por la mente humana a partir del an\u00e1lisis de una hipot\u00e9tica naturaleza humana, o de un a priori trascendental del intelecto humano. Tal y como lo presenta Rosenberg, la democracia, como la misma pol\u00edtica, es una tradici\u00f3n intelectual cuya g\u00e9nesis hist\u00f3rica, singular, es consecuencia de las luchas de clases en la Antig\u00fcedad griega. Desde entonces, esta tradici\u00f3n se ha perpetuado en la historia de la humanidad debido a que su potencia libertadora ha seducido e inspirado a los oprimidos a lo largo de la historia en muchas de las ocasiones en las que estos han luchado contra la dominaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n, y han buscado en esta tradici\u00f3n ideas a partir de las cuales elaborar soluciones originales adecuadas a su momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Por ello, la democracia no es un conjunto de reglas, sino un movimiento organizado, hist\u00f3rico, dotado de un proyecto social hist\u00f3rico, que posee conciencia de pertenecer a una tradici\u00f3n intelectual de lucha en cuyas ideas se inspira el movimiento.<\/p>\n<p>Y para concluir sobre la necesidad de que cualquier proyecto realista de democracia se asiente sobre una concepci\u00f3n compartida de vida buena, unas palabras m\u00e1s. Salvo en las pizarras de ciertos fil\u00f3sofos acad\u00e9micos dedicados a la elaboraci\u00f3n de una teor\u00eda pol\u00edtica, irrisoriamente ahist\u00f3rica, a la que presentan como republicanismo, no ha existido nunca en la historia ning\u00fan verdadero proyecto pol\u00edtico republicano que no haya propuesto en concreto a la ciudadan\u00eda el uso de las libertades republicanas para organizar la sociedad conforme a un determinado proyecto de vida buena colectiva: conforme a una alternativa de sociedad concreta. No existe sombra si no hay cuerpo, ni ejercicio de las libertades ciudadanas si no es para postular un proyecto com\u00fan. El castigo de esa teodicea, elaborada a partir de la abstracci\u00f3n de los fundamentos doctrinales de la religi\u00f3n liberal, cruzados con postulados de ciudadan\u00eda, es el propio de todo animal h\u00edbrido, la esterilidad; semejantes teoremas jam\u00e1s hallar\u00e1n el medio para bajar del Sinah\u00ed y encarnarse en la realidad.<\/p>\n<p>Otro rasgo perenne de la tradici\u00f3n democr\u00e1tica, compartido tambi\u00e9n por las otras corrientes republicanistas, es su antiestatismo. Si releemos la definici\u00f3n de Rosenberg extra\u00edda de <strong>Democracia y socialismo<\/strong>, podemos ver en ella que la existencia de un \u201cestado\u201d democr\u00e1tico impone precisamente la abolici\u00f3n de la burocracia de estado, y su sustituci\u00f3n como estado por el propio movimiento pol\u00edtico ciudadano. El estudio sobre el funcionamiento de la democracia ateniense es buena muestra de ello. La tradici\u00f3n pol\u00edtica cl\u00e1sica carece de estado; no estatistas eran Arist\u00f3teles , Plat\u00f3n, Tuc\u00eddides, Cicer\u00f3n y Tito Livio, por poner ejemplos antiguos<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[13]<\/a>. Y antiestatistas conscientes, por vivir en el periodo hist\u00f3rico en el que ya exist\u00eda el estado, eran, por ejemplo, Locke, Rousseau, Jefferson y Robespierre; tambi\u00e9n Marx y Engels<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[14]<\/a>.<\/p>\n<p>La sociedad no se divide en dos \u00e1mbitos en uno de los cuales se circunscribe la actividad pol\u00edtica y la ciudadan\u00eda, mientras el otro, la sociedad, queda al margen, y se ordena por el c\u00f3digo civil. Por supuesto, la fuerza armada debe estar formada por la misma ciudadan\u00eda. La Atenas que nos hace revivir Rosenberg es ejemplo de todo esto.<\/p>\n<p><strong>LUCHA DE CLASES\/CLASES SOCIALES<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde el comienzo de su libro Rosenberg declara: \u201cLa teor\u00eda seg\u00fan la cual la lucha de clases constituye el fundamento de todo proceso hist\u00f3rico encuentra sin duda alguna su mejor confirmaci\u00f3n en la observaci\u00f3n del mundo antiguo\u201d (p. 4). El libro entero es una prueba fehaciente de esta frase. La declaraci\u00f3n adquiere para nosotros doble valor: por una parte, un especialista del mundo antiguo contradice la opini\u00f3n de toda una corriente historiogr\u00e1fica contempor\u00e1nea que, sin negar el fen\u00f3meno de las luchas de clases, lo limita al siglo XlX, o, a lo sumo, lo extiende hasta el siglo XVlll. Basta aproximarse a las fuentes escritas de la Antig\u00fcedad griega y romana, a\u00fan sin ser un especialista, para poder encontrar expuesta, con toda consciencia, la lucha de clases. De Arist\u00f3teles a Tuc\u00eddides, de Tito Livio a Cicer\u00f3n, las luchas de clases asaltan al lector con toda su crudeza e importancia hist\u00f3rica central.<\/p>\n<p>Pero Rosenberg se enfrenta tambi\u00e9n con la teor\u00eda tradicional de la historiograf\u00eda de la izquierda que desarrolla una explicaci\u00f3n evolutiva y ordenada de la historia: la teor\u00eda de los modos de producci\u00f3n, seg\u00fan la cual, adem\u00e1s, las luchas de clases determinantes en la Antig\u00fcedad fueron entre esclavos y due\u00f1os libres.<\/p>\n<p>Rosenberg escribe con cautela sobre esta cuesti\u00f3n; a\u00fan cuando discute los fundamentos de esta teor\u00eda no usa la expresi\u00f3n \u201cmodo de producci\u00f3n\u201d. E incluso, cuando comienza a tratar del asunto, refiri\u00e9ndose a ese tipo de periodizaci\u00f3n de la historia, escribe: \u201cNo hay nada de inexacto, en s\u00ed mismo, en una distinci\u00f3n semejante de periodos hist\u00f3ricos: durante la antig\u00fcedad la esclavitud desempe\u00f1\u00f3 un papel determinante, as\u00ed como lo tuvo la servidumbre de la gleba en el medioevo\u201d (p. 4). S\u00f3lo que a continuaci\u00f3n, como podremos leer, resume una gran cantidad de datos emp\u00edricos todos los cuales desmienten esa frase.<\/p>\n<p>En primer lugar Rosenberg, que sigue la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica de su maestro<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[15]<\/a> sobre la esclavitud, rechaza que en la Antig\u00fcedad la actividad productiva estuviese mayoritariamente organizada bajo el r\u00e9gimen de la esclavitud. En Atenas y en Roma hubo esclavos; hubo tambi\u00e9n, en no menor n\u00famero, siervos de la gleba, pero el contingente m\u00e1s numeroso de los trabajadores estaba constituido por los ciudadanos libres pobres: jornaleros, peque\u00f1os artesanos y comerciantes, marineros y transportistas, peque\u00f1os campesinos, etc. (pp. 3 y 4). La esclavitud no determin\u00f3 la producci\u00f3n material de la Antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de destacar la existencia simult\u00e1nea de diversas formas de organizar las relaciones de producci\u00f3n, durante la Antig\u00fcedad, y de recalcar que, sin embargo el trabajo libre fue siempre mayoritario, Rosenberg explica que la esclavitud no fue de \u201cm\u00e1s a menos\u201d \u2013de lo \u201cantiguo\u201d a lo \u201cnuevo\u201d, de la oscuridad hacia la luz-, sino que, a\u00fan siendo minoritaria, creci\u00f3 entre el 200 a, n.e. y el 30 a n.e., que es cuando lleg\u00f3 a ser m\u00e1s numerosa, despu\u00e9s de lo cual, una vez instaurado el Imperio romano, retrocede hasta casi desaparecer. Con lo cual, la esclavitud deja de poder ser la causa explicativa de la ca\u00edda del Imperio.<\/p>\n<p>Tampoco la servidumbre de la gleba es la caracter\u00edstica propia del feudalismo, pues, no s\u00f3lo existi\u00f3 desde los tiempos m\u00e1s remotos de la Antig\u00fcedad, sino que, como explica Rosenberg, a partir del 300 d. n. e. se convierte en la forma de organizaci\u00f3n del trabajo mayoritaria del Bajo Imperio, al que todav\u00eda le quedaba m\u00e1s de siglo y medio de existencia.<\/p>\n<p>Precisamente a partir del 300 d. n. e., cuando ya hace mucho que no existe esclavitud, se abre el que, seg\u00fan Rosenberg es el periodo de explotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo m\u00e1s cruel de toda la Antig\u00fcedad (pp. 4 a 7 y p. 54), organizado bajo el tipo de relaciones sociales de servidumbre, y la dureza de la explotaci\u00f3n es tan extrema durante este periodo que llega a ser una condici\u00f3n muy importante para la ca\u00edda de Imperio Romano.<\/p>\n<p>En resumen: la esclavitud, relaci\u00f3n social minoritaria y no central en el mundo antiguo, y r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n menos duro que la servidumbre de gleba. Desaparici\u00f3n de la esclavitud durante la Antig\u00fcedad y desarrollo de la servidumbre, tambi\u00e9n durante este periodo. Coexistencia entre s\u00ed de estos dos tipos de relaci\u00f3n social, y de ambos con el trabajo libre explotado, que era mayoritario. Estas ideas refutan la teor\u00eda hist\u00f3rico evolutiva de los modos de producci\u00f3n que queda despojada de todo valor heur\u00edstico.<\/p>\n<p>Queda la lucha de clases como explicaci\u00f3n del cambio hist\u00f3rico, y esta es, como sabemos, la teor\u00eda firmemente apoyada por Rosenberg. Adem\u00e1s Rosenberg defiende que las luchas de clases determinantes de la historia de la Antig\u00fcedad no se produjeron entre esclavos y amos, sino entre ciudadanos libres pobres -el demos, la plebe-, y los ciudadanos ricos -los oligoi, los patricios-, tal y como aparece en Arist\u00f3teles, en Tuc\u00eddides o en Tito Livio. Fueron los ciudadanos pobres los que, haciendo uso de sus libertades, lucharon por imponerse pol\u00edticamente en estas sociedades: el demos en Atenas, la plebe en Roma. Estas luchas fueron dur\u00edsimas, y a menudo se ejerci\u00f3 en ellas una violencia extrema<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[16]<\/a>, sin la cual los ricos no hubiesen tolerado que la mayor\u00eda pobre utilizase las libertades para imponer su opini\u00f3n mayoritaria y ejercer la soberan\u00eda.<\/p>\n<p>Otro de los temas relevantes que aborda Rosenberg es el del clientelismo pol\u00edtico. Al analizar la democracia romana, Rosenberg la caracteriza como una democracia que lleg\u00f3 a existir gracias a las luchas del peque\u00f1o campesinado. Los jornaleros del campo y el proletariado urbano romano no fueron, en este caso, fuerzas sociales con protagonismo en el empe\u00f1o de instaurar un poder popular. Ambos sectores sociales estuvieron siempre bajo la tutela ideol\u00f3gica y el patronazgo de los grandes terratenientes y plut\u00f3cratas (p. 46). El proletariado romano lleg\u00f3 a vivir a expensas de las d\u00e1divas que las grandes fortunas personales y el poder pol\u00edtico realizaban. Este concreto caso hist\u00f3rico somete a nuestra consideraci\u00f3n un problema pol\u00edtico: las consecuencias de una ciudadan\u00eda pobre, sin organizaci\u00f3n ni proyecto pol\u00edtico aut\u00f3nomo sustantivo: una \u201cdemocracia proolog\u00e1rquica\u201d. Aunque de hecho, tal como se autodefine la propia tradici\u00f3n de la democracia, esta no ser\u00eda una democracia: hay democracia cuando la soberan\u00eda pertenece a los pobres.<\/p>\n<p>El hecho hist\u00f3rico es que los m\u00e1s pobres se subordinaron al poder de los patricios, mientras los peque\u00f1os propietarios de la tierra lucharon por imponer un poder popular.<\/p>\n<p>Al tratar sobre este asunto pol\u00edtico, Rosenberg sigue un hilo de pensamiento de larga tradici\u00f3n, que proviene del republicanismo cl\u00e1sico, en general, pero que resulta particularmente del gusto del republicanismo no democr\u00e1tico, y que valora los posibles peligros que entra\u00f1a la posibilidad de que los pobres accedan a las libertades pol\u00edticas y a la soberan\u00eda. Uno de los argumentos de esta rama republicana para negar la ciudadan\u00eda a los pobres era precisamente que, al tener que someterse a los poderosos para poder vivir, los pobres subordinar\u00edan su capacidad soberana a la voluntad de su amo. Quien tiene amo, no es libre; quien no es libre no debe ser ciudadano. Por supuesto, esta argumentaci\u00f3n ten\u00eda tambi\u00e9n otro \u201ccuerno\u201d argumental: si son tan pobres y tienen la ciudadan\u00eda, pueden usarla para expoliar a los ricos. Pero esta segunda argumentaci\u00f3n no ofrece dificultad para Rosenberg, quien estar\u00eda de acuerdo con la medida. La tradici\u00f3n de la democracia asume la expropiaci\u00f3n de los ricos con el fin de proteger la libertad, la independencia y la ciudadan\u00eda de los pobres.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el ejemplo cl\u00e1sico no se encamin\u00f3 por esta senda. Por ello, tanto para los dem\u00f3cratas como para los republicanos no democr\u00e1ticos, siempre el clientelismo de la Antig\u00fcedad result\u00f3 un fen\u00f3meno que causaba desaz\u00f3n, por los interrogantes que planteaba a la posible liberaci\u00f3n pol\u00edtica el comportamiento de los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>El debate hist\u00f3rico sobre el clientelismo no es un retazo del pensamiento pasado, banalmente doctrinal en nuestros d\u00edas, ni la consecuencia de un simple prejuicio social. En la actualidad, sabemos, por ejemplo, que cuando se habla de cerrar centrales nucleares los primeros que ponen el grito en el cielo son los trabajadores de las centrales. Que cuando se habla de la insostenibilidad del modelo de desarrollo y consumo actual, y de la consiguiente locura de la existencia del autom\u00f3vil particular, por ejemplo y entre otras cosas, son los trabajadores de la automoci\u00f3n los que se sublevan. Que resulta aceptable trabajar en la producci\u00f3n de barcos de guerra, con tal de poder conservar el puesto de trabajo \u2013\u2026 \u00bfy en la producci\u00f3n de minas antipersona?- . Y que los trabajadores defienden la competitividad como medio de proteger y crear nuevos puestos de trabajo, lo cual implica aceptar que los asalariados entramos en una carrera de competencia con otros asalariados -del mismo pa\u00eds o de otro, es lo mismo-, y que gracias al esfuerzo por competir, ser\u00e1n cerradas en alguna parte otros puestos de trabajo. El clientelismo sigue existiendo y el proletario sigue votando muchas veces con su patrono en la actualidad.<\/p>\n<p>La causa de estas actitudes clientelares, hoy como hace dos mil a\u00f1os, y mucho m\u00e1s que hace treinta, cuando se viv\u00eda mejor y con m\u00e1s seguridad, es la miseria potencial, la desesperaci\u00f3n respecto de la existencia de otras alternativas, la particular debilidad en la que queda el trabajador en la nueva etapa de globalizaci\u00f3n capitalista. No el poder y el bienestar de la \u201caristocracia obrera\u201d. La reconsideraci\u00f3n sobre el clientelismo se abre a la cr\u00edtica de esta otra interpretaci\u00f3n hist\u00f3rico pol\u00edtica, m\u00e1s reciente, del movimiento revolucionario. Convendr\u00eda, por tanto, retomar el hilo de reflexi\u00f3n propuesto por esta tradici\u00f3n para extraer conclusiones para la democracia y poder repensar los objetivos que los asalariados se plantean.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 tipo de objetivos se pueden pensar como alternativos frente a las dificultades y contradicciones que genera hoy la consigna del pleno empleo.<\/p>\n<p>En primer lugar hay que evitar que la reivindicaci\u00f3n siga confundiendo la aspiraci\u00f3n al trabajo como una actividad y un derecho ciudadano con la aspiraci\u00f3n al puesto de trabajo asalariado. Esta aspiraci\u00f3n a la relaci\u00f3n salarial es una aspiraci\u00f3n a la explotaci\u00f3n y a la venta voluntaria de s\u00ed mismo, y est\u00e1 en contra de las libertades democr\u00e1ticas y el pleno desarrollo de los derechos de ciudadan\u00eda, conviene repetir lo obvio. Por supuesto, en la realidad, para los asalariados, ser explotados es la \u00fanica posibilidad de encontrar trabajo y de subsistencia. Pero esto no puede dar lugar a la apolog\u00eda de la relaci\u00f3n salarial, sin que esto implique renuncia a luchar por la mejora salarial o de las condiciones de trabajo.<\/p>\n<p>En segundo lugar la reivindicaci\u00f3n, sin m\u00e1s, de la creaci\u00f3n y del mantenimiento de puestos de trabajo impide elaborar los m\u00e1s elementales criterios de discriminaci\u00f3n para juzgar sobre la propia bondad o perversidad de la actividad productiva concreta. Y determinadas actividades atentan, de una u otra forma, contra el derecho universal a la vida de las personas.<\/p>\n<p>En tercer lugar, esta reivindicaci\u00f3n se ti\u00f1e de coloraci\u00f3n particularista o nacionalista, sobre todo en las formulaciones que insisten en la mejora de la competitividad de la fuerza de trabajo, pues, como he indicado, \u00e9stas medidas van en contra de otros trabajadores cuyos puestos de trabajo desaparecer\u00e1n: los enfrentan y hacen competir entre ellos por el puesto de trabajo. Esta reivindicaci\u00f3n tampoco es universalizable<\/p>\n<p>El movimiento popular debe ser capaz de plantear objetivos de lucha concretos, que no entren en contradicci\u00f3n con sus propios principios, y, que, por lo tanto, sean universalizables. Las reivindicaciones no universalizables que acarrean consecuencias contra derechos de otras personas, entra\u00f1an dilemas morales para toda fuerza cosmopolita o internacionalista, y amenazan su propia raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica contra el objetivo indiscriminado del pleno empleo es de fuste, pero puede resultar muy desconcertante para quienes procedemos de unas determinadas tradiciones pol\u00edticas, pues en apariencia nos deja inermes y sin capacidad de acci\u00f3n concreta. Adem\u00e1s, el lector que busque en este libro un medio para la reflexi\u00f3n pol\u00edtica puede sentirse insatisfecho ante un discurso que desarrolla tan s\u00f3lo la \u201cpars destruens\u201d del argumento. Por eso, antes de concluir este punto, deseo referirme a otros posibles objetivos concretos, sobre los que se debate desde hace ya tiempo.<\/p>\n<p>Estos objetivos se inspiran en los principios de la tradici\u00f3n republicano democr\u00e1tica, plebeya, y muy en concreto, el principio de universalizaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda. Este principio no tiene su origen en Grecia, ciertamente. En primer lugar, fueron el pensamiento y el derecho romanos los que desarrollaron el principio de la universalizaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda y de sus derechos, as\u00ed como un concepto fuerte de Humanitas. Y sobre todo, estas ideas fueron convertidas en principios pol\u00edticos operativos, de aplicaci\u00f3n inmediata e imprescriptible, por el pensamiento democr\u00e1tico, jacobino, de la Revoluci\u00f3n Francesa, con su Declaraci\u00f3n de los derechos del hombre y del ciudadano.<\/p>\n<p>Las metas plausibles para el presente del movimiento obrero de nuestra \u00e9poca deben ser pol\u00edticas, y por tanto universales, tal como lo fueron siempre sus objetivos tradicionales: la sanidad, la jubilaci\u00f3n, la instrucci\u00f3n p\u00fablica, la regulaci\u00f3n de la jornada laboral o la seguridad en el puesto de trabajo, y no digamos la socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n y cambio. Todas las metas que se alcanzaron, fueron conseguidas mediante la lucha y la imposici\u00f3n pol\u00edtica directas. Mediante la huelga general y dem\u00e1s acciones de \u00edndole pol\u00edtica, se forz\u00f3 a legislar sobre esos objetivos a los poderes p\u00fablicos. No fue la negociaci\u00f3n entre los \u201cagentes sociales\u201d la que alcanz\u00f3 esos resultados. La lucha por la adquisici\u00f3n o conservaci\u00f3n de esos mismos objetivos sigue teniendo en el presente plena vigencia.<\/p>\n<p>Creo que existe un objetivo de car\u00e1cter pol\u00edtico, que debe ser tenido en cuenta y discutido en el actual movimiento obrero y ciudadano. Este posible objetivo pol\u00edtico nuevo se asienta sobre la defensa de los derechos pol\u00edticos de los ciudadanos, y en concreto sobre el derecho universal a la vida. Es la Renta B\u00e1sica, o subsidio m\u00ednimo ciudadano garantizado por nacimiento. Para quienes sientan la denominaci\u00f3n de Renta B\u00e1sica como algo alejado a la propia tradici\u00f3n, deseo recordar que ya en los a\u00f1os 80 el grupo del senador italiano, comunista independiente y ferviente antiatlantista, almirante Nino Pasti, present\u00f3 en el parlamento de la Primera Rep\u00fablica Italiana una propuesta de ley sobre el Salario Social, que iba en esta direcci\u00f3n, propuesta hoy sostenida por el original movimiento de base italiano los COBAS.<\/p>\n<p>Frente a los argumentos que se esgrimen ante esta nueva propuesta, que son ad hominem y no sobre la consistencia de la misma, -fundamentalmente el peligro de parasitismo social a que podr\u00eda dar lugar una renta de este tipo- cabe recordar que todas las justas reivindicaciones hist\u00f3ricas del movimiento obrero ofrecen la posibilidad de un abuso por parte de minor\u00edas de explotados, sin que ello haga aconsejable arrojar el ni\u00f1o con el agua sucia de la ba\u00f1era: la universalizaci\u00f3n de la sanidad beneficia a gentes que defraudan al fisco y no la pagan pero gozan de sus prestaciones. El seguro de desempleo sirve a gentes que, mientras lo cobran, trabajan en la econom\u00eda sumergida. Incluso la reivindicaci\u00f3n de derecho al propio puesto de trabajo es utilizada por algunos, que trabajan horas extraordinarias, o que no trabajan con la calidad debida.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la renta b\u00e1sica, al contrario que el salario, no es una retribuci\u00f3n por la explotaci\u00f3n a la que se somete el trabajador. La renta b\u00e1sica otorga libertad a los ciudadanos pobres en la medida en que los libera de la necesidad imperativa de vender su fuerza de trabajo en las peores condiciones, apremiados por las necesidades inmediatas. Es una medida concreta, parcial ciertamente, pero que prefigura uno de los rasgos que ha de poseer el futuro seg\u00fan el desideratum de la democracia: ser el reino de la libertad; la situaci\u00f3n en la cual todos los individuos son due\u00f1os de su propia capacidad pr\u00e1xica, y por tanto, de s\u00ed mismos: son libres. Reciben seg\u00fan sus necesidades, pueden dar seg\u00fan las capacidades que libere la renta percibida.<\/p>\n<p>La existencia potencial de una actividad colectiva, t\u00e9cnica e intelectualmente cualificada, desconectada de la disciplina impuesta por los mercados controlados por el gran capital, en el mismo coraz\u00f3n de la econom\u00eda capitalista, podr\u00eda ser una condici\u00f3n de posibilidad, a a\u00f1adir a otras, que auspiciase la gran Reforma Moral \u2013para denominarlo con la fulgurante expresi\u00f3n de Gramsci-, esto es, la creaci\u00f3n de una nueva cultura o ethos, imprescindible para la organizaci\u00f3n capilar de la ciudadan\u00eda como Pueblo. El desarrollo de un proyecto pol\u00edtico democr\u00e1tico, de ruptura revolucionaria con el capitalismo resulta inherente al desarrollo de una cultura nueva, basada en la autonom\u00eda de ethos respecto al del mundo capitalista. Tanto la historia del clientelismo como la experiencia ya clausurada del movimiento obrero surgido del Proyecto de Gotha \u2013socialdemocracia y comunismo- ponen de manifiesto esta necesidad.<\/p>\n<p>El temor a que un subsidio de ciudadan\u00eda produzca el parasitismo est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la antropolog\u00eda propugnada como propia del ser humano por la tradici\u00f3n de la democracia. Tambi\u00e9n con las actitudes antropol\u00f3gicas, reales, activas, desarrolladas por todos los grupos dirigentes de la historia, nada remisos a ense\u00f1orearse activamente de su mundo y a protagonizar su propia vida activa. Por el contrario ese tipo de comportamientos parasitarios es el propio de esclavos y de clientes: de quienes saben que no son due\u00f1os del mundo y no se atreven ni a so\u00f1ar con ello. As\u00ed s\u00f3lo cabe pensar en \u201caprovecharse\u201d.<\/p>\n<p>Pero la vieja m\u00e1xima proletaria seg\u00fan la cual los proletarios no tienen patria \u2013no tienen mundo, no tienen comunidad, no tienen hogar-, es una invitaci\u00f3n, no al abandono y a la pereza, sino a la praxis: a la creaci\u00f3n del propio \u201cmundo\u201d \u2013del propio \u201ctodo ordenado\u201d, del propio \u201ckosmos\u201d; de la propia Civitas u \u201cOrdine Nuovo\u201d-.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de ser de la democracia es, precisamente, que nosotros, la plebe, afirmamos poseer las mismas capacidades y facultades antropol\u00f3gicas que ejercen los que dominan el mundo. No estamos hechos de otro fuste.<\/p>\n<p>Para terminar con esta presentaci\u00f3n, dos notas sobre sendos temas tratados por Rosenberg, a los que ya nos hemos referido de pasada anteriormente: la falta de proyecto pol\u00edtico real, colectivo, como causa de la derrota del demos, y el colonialismo.<\/p>\n<p>Al tratar de la derrota de la democracia ateniense Rosenberg explica que no fue la guerra con el exterior la que acab\u00f3 con el r\u00e9gimen democr\u00e1tico, sino la aparici\u00f3n de un problema de \u00e1mbito territorial superior, que atenazaba a toda la H\u00e9lade, y que resultaba mucho m\u00e1s urgente solucionar para las polis cuya actividad productiva era fundamentalmente agraria: la mayor\u00eda de ellas. El problema era la sobrepoblaci\u00f3n y la consiguiente escasez de tierras de cultivo que permitieran dar de comer a toda esta poblaci\u00f3n. El r\u00e9gimen pol\u00edtico asentado en un territorio reducido como la polis no estaba en condiciones de dar salida a este problema panhel\u00e9nico. Se necesitaba poner de acuerdo a toda la poblaci\u00f3n griega afectada sobre un nuevo proyecto a la altura del problema, e instrumentar medios pol\u00edticos nuevos, para darle salida. El principio de la democracia, hubiese podido organizar a todos los pobres de la H\u00e9lade en torno a un proyecto concreto, elaborado por ellos, pensando en sus necesidades. Pero las fuerzas democr\u00e1ticas que hubiesen podido encabezarlo, el demos ateniense, rechaz\u00f3 esta posibilidad y dio la espalda al problema de la subsistencia de cientos de miles de personas.<\/p>\n<p>Otras fuerzas pol\u00edticas afrontaron la situaci\u00f3n. Fueron capaces de articular una salida para este problema, atrajeron hac\u00eda s\u00ed a la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, y ascendieron al poder: es el caso de la monarqu\u00eda macedonia. A partir de este momento era cuesti\u00f3n de tiempo la derrota de la democracia, carente de un suelo social a la altura del nuevo escenario pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Entonces como en el presente, todo proyecto pol\u00edtico que pretenda desarrollarse y perpetuarse ha de ser capaz de servir de alternativa a las nuevas demandas, aspiraciones y problemas de la poblaci\u00f3n; eso supo hacerlo el fascismo durante los a\u00f1os veinte y treinta <a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[17]<\/a>, y ha sabido hacerlo la plutocracia actual, lo mismo que las fuerzas contrarias a la democracia durante periodo helen\u00edstico. No la democracia ateniense. Una lecci\u00f3n para nosotros.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la democracia romana se hundi\u00f3 por su incapacidad para poder formular un proyecto colectivo que abarcara a todos los pobres del imperio. Puesta en retroceso tras la constituci\u00f3n de Roma como imperio, la democracia se refugia, tal como nos explica Rosenberg, en la vida municipal o local. Encerrada en ese \u00e1mbito, cada comunidad perdi\u00f3 la perspectiva de los problemas y tendencias que se generaban a nivel global, y, lo que es m\u00e1s grave, cada comunidad perdi\u00f3 la relaci\u00f3n con las dem\u00e1s. Cuando, a partir del 300 d. n. e. el poder imperial absoluto se enfrenta con las comunidades municipales para reducirlas pol\u00edticamente y convertir en siervos de gleba a la ciudadan\u00eda, este poder desp\u00f3tico central hubo de enfrentarse tan s\u00f3lo con una multitud de comunidades aisladas de las dem\u00e1s, incapaces de ponerse en relaci\u00f3n con las otras, carentes de proyecto alternativo y faltas de la vieja experiencia militar de la ciudadan\u00eda armada, propia del periodo republicano.<\/p>\n<p>Nuevamente el localismo del proyecto de la democracia fue derrotado por el proyecto de la plutocracia, capaz de plantear alternativas para un \u00e1mbito geogr\u00e1fico superior, fundamentadas en la percepci\u00f3n de problemas generales, que propon\u00edan soluciones a los mismos y las utilizaban en beneficio del propio proyecto, a la vez que utilizaban los recursos generados por la nueva situaci\u00f3n para sofocar y destruir las democracias locales.<\/p>\n<p>Desde luego, como narra Rosenberg, a su vez, estas poblaciones sojuzgadas pudieron vengarse del imperio. Cuando las fuerzas armadas del imperio, de origen b\u00e1rbaro, se sublevaron contra el emperador, nadie sali\u00f3 en defensa del antiguo orden tir\u00e1nico: se depuso al emperador, y este fue el final del imperio. Pero esto no resta dramatismo a la derrota y p\u00e9rdida del poder democr\u00e1tico instaurado por la plebe.<\/p>\n<p>Ambos ejemplos poseen una particular fuerza para nosotros, en un momento en que el capitalismo utiliza las posibilidades que le da la nueva etapa de mundializaci\u00f3n econ\u00f3mica para vaciar de poder los viejos estados nacionales y quebrantar de esa manera las restringidas capacidades de intervenci\u00f3n y control democr\u00e1ticos sobre el capitalismo que estos pose\u00edan.<\/p>\n<p>Y paso a referirme al \u00faltimo, pero no menos importante, asunto pol\u00edtico sobre el que Rosenberg nos propone una reflexi\u00f3n a partir de la historia. El colonialismo. El libro parte del grave problema que el crecimiento demogr\u00e1fico plante\u00f3 al mundo hel\u00e9nico a partir del siglo lV. La soluci\u00f3n \u00fanica era la conquista de nuevos territorios. De entrada Rosenberg se distancia moralmente de este tipo de soluciones: \u201cQue esto actualmente nos pueda parece bien o mal, es otra cosa. Nosotros debemos limitarnos a discernir las fuerzas econ\u00f3micas propulsoras que marcaron la vida pol\u00edtica griega\u201d (p. 49)<\/p>\n<p>Una vez hecha esta salvedad, Rosenberg contrasta las repercusiones que tuvo la colonizaci\u00f3n desarrollada bajo la hegemon\u00eda de la monarqu\u00eda macedonia con las consecuencias que hubiese podido tener una colonizaci\u00f3n organizada por la democracia; y les da diferente nombre: \u201ccolonizaci\u00f3n\u201d e \u201cimperio\u201d. Comienza registrando lo que ocurri\u00f3 hist\u00f3ricamente, la colonizaci\u00f3n imperial: \u201cEn los pa\u00edses coloniales, es decir, en Asia y Egipto, algunos centenares de miles de griegos se contrapon\u00edan como casta dominante a varios millones de personas pertenecientes a las poblaciones locales\u201d. Este modelo es an\u00e1logo al del imperialismo del siglo XX: \u201cLos griegos ocupaban en Egipto, Siria y Persia una posici\u00f3n an\u00e1loga a la que gozan actualmente los ingleses en la India y en el propio Egipto (.) Exist\u00eda tan s\u00f3lo una casta de amos de car\u00e1cter militar, burocr\u00e1tico, capitalista, feudal\u201d (p. 54). Esta situaci\u00f3n hist\u00f3rica resulta ilustrativa del proyecto imperialista coet\u00e1neo de Rosenberg, y de sus consecuencias.<\/p>\n<p>Frente a \u00e9l pudo haber existido otra forma de colonizaci\u00f3n, no basada en la explotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo de los nativos: la de los peque\u00f1os campesinos o peque\u00f1os productores independientes: \u201cSi los griegos del siglo lV hubiesen conquistado un territorio, aunque hubiese sido relativamente peque\u00f1o, pero lo hubiesen <strong>colonizado verdaderamente<\/strong>, y all\u00ed, despu\u00e9s, se hubieran ganado la vida con su propio trabajo, estos hubieran podido conservar incluso a lo largo del tiempo sus conquistas. En cambio hab\u00edan conquistado (.) un <strong>imperio<\/strong> gigantesco\u201d (p. 54. Negritas a\u00f1adidas). Pero lo cierto es que la conquista de tierras se desarroll\u00f3 a partir de un proyecto no democr\u00e1tico, y la consecuencia fue la aparici\u00f3n de una organizaci\u00f3n pol\u00edtico social an\u00e1loga a las desarrolladas por el capitalismo imperialista.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la valoraci\u00f3n de las consecuencias del imperialismo encontramos una diferencia en relaci\u00f3n con otras opiniones; el imperialismo no es la base a partir de la cual la clase obrera, y los explotados de la metr\u00f3poli, en general, pasan a vivir mejor: \u201cPero para el pueblo griego en su conjunto la copiosa abundancia que le llov\u00eda del cielo no le result\u00f3 ninguna bendici\u00f3n\u201d (p. 54). El proletariado griego no era el beneficiario de ese imperio \u2013\u201cno (lo) pod\u00eda utilizar econ\u00f3micamente\u201d-. Es m\u00e1s, quedaba aislado de los helenos que participaban de la acci\u00f3n colonial de conquista con quienes dejaban de compartir su posici\u00f3n material. Este an\u00e1lisis vuelve a apartarse de la interpretaci\u00f3n tradicional sobre la \u201caristocracia obrera\u201d. La historia de Europa en el siglo XX muestra c\u00f3mo una de las consecuencias de los imperios coloniales es que las clases obreras queden aisladas de unas clases medias que encuentran posibilidades de ascenso en la administraci\u00f3n colonial, lo que redunda en el empeoramiento de las condiciones de vida de los m\u00e1s explotados. El algod\u00f3n colonial s\u00f3lo produjo un aumento de la industria textil inglesa, no la mejora salarial de los obreros, ni la de sus condiciones de trabajo. Y, para referirnos a la aventura colonial del presente, desde luego, ser\u00e1 la ciudadan\u00eda estadounidense la que pague la factura de la guerra imperialista desatada sobre el Irak, mientras que los eventuales beneficios que pudiera reportar esta aventura, en caso de haberlos, ir\u00edan a parar al bolsillo de la oligarqu\u00eda plutocr\u00e1tica estadounidense.<\/p>\n<p>Tres elementos deben ser destacados para poder comprender el inter\u00e9s de Rosenberg por este tipo de colonizaci\u00f3n no imperialista.<\/p>\n<p>En primer lugar la existencia de democracias coloniales coet\u00e1neas a la escritura del libro. Desde fines del siglo XlX hasta bien entrado el siglo XX, en determinadas colonias anglosajonas \u2013p. e. Australia o Nueva Zelanda- se instauraron poderes democr\u00e1ticos de fuerte cariz anticapitalista. Precisamente en su \u00faltimo libro, <strong>Democracia socialismo<\/strong> (1938), Rosenberg pormenoriza las caracter\u00edsticas de estas democracias anticapitalisas \u2013valga el pleonasmo-, que \u00e9l registra entre las \u201cdemocracias vitales\u201d, es decir, en el grupo de reg\u00edmenes democr\u00e1ticos verdaderos, porque se han constituido como consecuencia de la movilizaci\u00f3n popular y se sostienen mediante la participaci\u00f3n activa y directa de la ciudadan\u00eda pobre, que act\u00faa guiada por un proyecto pol\u00edtico aut\u00f3nomo. En estos reg\u00edmenes las burocracias centrales son muy d\u00e9biles y los poderes locales, municipales, abiertos a la participaci\u00f3n ciudadana directa, son el fundamento del poder pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La base social de estas democracias era precisamente la masa de peque\u00f1os cultivadores independientes, que trabajaban la tierra directamente, sin la \u201ccolaboraci\u00f3n\u201d de poblaci\u00f3n nativa alguna. Eran sociedades basadas en la peque\u00f1a propiedad de la tierra, que no explotaban fuerza de trabajo ajena. Estos reg\u00edmenes eran verdaderas rep\u00fablicas y verdaderas democracias. Rosenberg sinti\u00f3 siempre simpat\u00eda por este modelo pol\u00edtico de democracia campesina de peque\u00f1os propietarios, uno de los posibles de la tradici\u00f3n de la democracia, que existi\u00f3 en la Antigua Roma, etc. Por supuesto, Rosenberg muestra en su obra, al analizar el caso de Roma y el de ciertas polis griegas, que estas sociedades s\u00ed han existido en la historia; dejo aqu\u00ed la referencia a este debate pol\u00edtico historiogr\u00e1fico marxista.<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 la atracci\u00f3n por este modelo de democracia. Porque como en todas las verdaderas democracias, y en las campesinas tambi\u00e9n desde luego, se ejercita con plenitud la libertad republicana. Esto tiene como precondici\u00f3n y a la vez como consecuencia la aparici\u00f3n de una individualidad activa poderosa, con capacidad de iniciativa civil y pol\u00edtica, como resultado de su propia experiencia pr\u00e1xica, que es amante de su independencia personal y renuente a todo tipo de delegaci\u00f3n de su capacidad de decisi\u00f3n y acci\u00f3n en representantes. Esto no impide que tenga tambi\u00e9n un fuerte apego a la comunidad c\u00edvico pol\u00edtica en la que se integra, porque es la lucha de la comunidad con el capitalismo, tanto de la suya como de la confederaci\u00f3n de comunidades municipales en la que \u00e9sta se organiza, la que garantiza su libertad individual, y porque la potenciaci\u00f3n de los servicios comunitarios es la \u00fanica alternativa que le permite disfrutar de la civilizaci\u00f3n material y cultural. Vida activa civil y pol\u00edtica es lo que caracteriza la antropolog\u00eda de estos ciudadanos: la antropolog\u00eda de la Libertad Republicana<\/p>\n<p>El republicanismo democr\u00e1tico fue siempre contrario a la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre, y consider\u00f3 siempre la explotaci\u00f3n una inmoralidad por consistir en la utilizaci\u00f3n de un ser humano por otro para su beneficio particular. Adem\u00e1s la consider\u00f3 un inminente peligro pol\u00edtico contra la libertad de toda la colectividad: la explotaci\u00f3n del trabajo ajeno dota a una minor\u00eda de plut\u00f3cratas de recursos enormes que rompen la igualdad de poderes en la sociedad y les permite dominar y someter al resto de la ciudadan\u00eda. Pero el republicanismo democr\u00e1tico no rechaz\u00f3 nunca la peque\u00f1a propiedad independiente, campesina o urbana, ni otros tipos de organizaci\u00f3n de las relaciones entre los individuos y los medios de producci\u00f3n \u2013a menudo interrelacionados con la peque\u00f1a propiedad- siempre que potenciasen el trabajo libre directo y la libertad individual del ciudadano.<\/p>\n<p>Una tercera y \u00faltima observaci\u00f3n. El lector bien informado puede haber quedado perplejo despu\u00e9s de leer estas l\u00edneas. Rosenberg era comunista cuando escrib\u00eda esto; es decir, de una u otra forma, asum\u00eda el legado escrito de Marx. \u00bfC\u00f3mo puede ser que sostuviera estas ideas que, seg\u00fan se dice, deb\u00edan ser consideradas peque\u00f1o burguesas por los marxistas? En primer lugar hay que recordar que el propio Marx dijo una vez que \u00e9l no era marxista, y a menudo sus propias ideas tienen poco que ver con lo que expresan los marxistas.<\/p>\n<p>Hay un texto de Marx cuyas ideas poseen un extraordinario parecido con las de Rosenberg. En \u00e9l, Marx defiende la peque\u00f1a propiedad, a la vez que trata de la colonizaci\u00f3n. Pertenece al Libro Primero de <strong>El capital<\/strong>; y se encuentra en un lugar doblemente destacado de la obra, el cap\u00edtulo XXV, el \u00faltimo, titulado precisamente \u201cLa teor\u00eda moderna de la colonizaci\u00f3n\u201d, y justo en el arranque del mismo.<\/p>\n<p>Escribe Marx \u201cLa econom\u00eda pol\u00edtica procura por principio mantener en pie la m\u00e1s agradable de las confusiones entre la propiedad privada que se funda en el trabajo personal, y la propiedad privada capitalista \u2013diametralmente contrapuesta- que se funda en el aniquilamiento de la primera. (.) El modo capitalista de producci\u00f3n y de apropiaci\u00f3n tropieza all\u00ed, en todas partes, con el obst\u00e1culo que representa la propiedad obtenida a fuerza de trabajo por su propio due\u00f1o, con el obst\u00e1culo del productor que, en cuanto poseedor de sus propias condiciones de trabajo, se enriquece a s\u00ed mismo en vez de enriquecer al capitalista. (.). All\u00ed donde el capitalista tiene guardadas sus espaldas por el poder de la metr\u00f3poli, procura quitar de en medio, por la violencia, el modo de producci\u00f3n y apropiaci\u00f3n fundado en el trabajo personal\u201d <a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[18]<\/a>.<\/p>\n<p>Vemos c\u00f3mo tambi\u00e9n Marx simpatiza con la propiedad individual que considera radicalmente anticapitalista. Las preocupaciones de Marx respecto de la \u201ceconom\u00eda\u201d no son el desarrollo de la capacidad industrial instalada, sino, seg\u00fan la tradici\u00f3n republicano democr\u00e1tica, las consecuencias que una determinada organizaci\u00f3n de la actividad material acarrean para la reafirmaci\u00f3n de las libertades y el desarrollo de la personalidad ciudadana independiente. La independencia material del individuo es la base sin la que no se puede ejercer la ciudadan\u00eda, la libertad republicana.<\/p>\n<p>Por supuesto, Marx sabe perfectamente que el capitalismo ha desarrollado una producci\u00f3n cuya organizaci\u00f3n es social, y no piensa que se deba renunciar a la misma, precisamente por las posibilidades que este desarrollo productivo abre para la reafirmaci\u00f3n de la tradici\u00f3n democr\u00e1tico republicana. Pero la necesidad de que la nueva producci\u00f3n social sirva para este fin, y de que, en consecuencia, pueda ser apropiada individualmente sigue siendo el tema central. \u201cEl modo capitalista de producci\u00f3n y apropiaci\u00f3n, y por tanto, la propiedad privada capitalista<strong>, <\/strong>es la primera negaci\u00f3n de la propiedad privada individual, fundada en el trabajo propio. La negaci\u00f3n de la propiedad capitalista se produce por s\u00ed misma (.)\u00c9sta restaura la propiedad individual, pero sobre el fundamento de la conquista alcanzada por la era capitalista: la cooperaci\u00f3n de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y sobre los medios de producci\u00f3n producidos por el trabajo mismo. (,) aqu\u00ed se trata de la expropiaci\u00f3n de unos pocos usurpadores (los capitalistas) por la masa del pueblo\u201d<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[19]<\/a>.<\/p>\n<p>Esta propiedad <strong>individual<\/strong> sobre la actividad socialmente organizada s\u00f3lo puede ejercerse mediante la organizaci\u00f3n de la democracia en la propia empresa y el ejercicio democr\u00e1tico de la soberan\u00eda por parte de cada uno de los trabajadores sobre la comunidad social<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[20]<\/a>. El lector habr\u00e1 reparado en que los que expropian a los usurpadores no son \u201clos obreros\u201d, sino \u201cel pueblo\u201d, esto es, el sujeto de la democracia, constituido por todos los \u201ctrabajadores directos\u201d.<\/p>\n<p>*** *** ***<\/p>\n<p>Como el lector podr\u00e1 comprobar la obra de Rosenberg es una invitaci\u00f3n a la reflexi\u00f3n pol\u00edtica sobre los problemas m\u00e1s importantes del presente, a partir del an\u00e1lisis de la historia cl\u00e1sica. El resumen hist\u00f3rico que el autor pone a nuestra disposici\u00f3n sobre la historia de la Antig\u00fcedad contiene multitud de ideas e interpretaciones sumamente originales sobre el periodo, expuestas por quien posee autoridad para poder hacerlo. Unas son patrimonio de la escuela hist\u00f3rica de Rosenberg, la de su maestro Eduard Meyer; otras son el resultado de su propia investigaci\u00f3n personal. Pero la intenci\u00f3n de la obra no se agota aqu\u00ed. Dado que su prop\u00f3sito es habitualmente extra\u00f1o a la historiograf\u00eda acad\u00e9mica, casi siempre \u201capol\u00edtica\u201d, cuando no descaradamente apolog\u00e9tica, y a menudo mala, conven\u00eda que el lector fuera puesto sobre aviso. Hab\u00eda que evitar que la propia pasi\u00f3n con la que Rosenberg nos presenta hechos y personajes, la misma fuerza literaria del autor, provocaran inadvertidamente una lectura meramente historiogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>Creo que, con estas l\u00edneas, el lector dispone de las claves suficientes para no leer la presente obra simplemente como un texto sobre la historia Antigua escrito para un p\u00fablico culto pero no especializado. La tarea que me hab\u00eda propuesto queda as\u00ed cumplida.<\/p>\n<p>Obras de Arthur Rosenberg<\/p>\n<p><strong>La historia de la Rep\u00fablica de Roma <\/strong>(1921) traducida al castellano por Margarita Nelken, y publicada en 1926 por Revista de Occidente.<\/p>\n<p><strong>Democracia y lucha de clases en la antig\u00fcedad <\/strong>(1921), primera traducci\u00f3n al castellano, Ed Viejo Topo<\/p>\n<p>Ambas obras, divulgaci\u00f3n en la mejor tradici\u00f3n alemana, la segunda para la Universidad Popular<\/p>\n<p><strong>1890-1918 Or\u00edgenes de la Rep\u00fablica de Weimar<\/strong> (1928)<\/p>\n<p><strong>Historia del bolchevismo <\/strong>(1932) Ed. Pasado y Presente, M\u00e9xico, 1981<\/p>\n<p><strong>Historia de la Rep\u00fablica alemana <\/strong>(1935)<\/p>\n<p><strong>Democracia y socialismo. Historia pol\u00edtica de los \u00faltimos 150 a\u00f1os (1789-1937). <\/strong>(1937). De pr\u00f3xima publicaci\u00f3n en Viejo Topo<\/p>\n<p>\u201cEl fascismo como movimiento de masas\u201d (1941), en AA VV, <strong>Fascismo y Capitalismo<\/strong>, selecci\u00f3n a cargo de Wolfgang Abendrtoth, Ed. Mart\u00ednez Roca, B. 1976, pp. 80 a 149<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">*<\/a> Pr\u00f3logo al Libro de Arthur Rosemberg, Democracia y lucha de clases en la antig\u00fcedad, El Viejo Topo, Barcelona, 2006.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[1]<\/a> Para un mayor conocimiento, tanto de la biograf\u00eda como del pensamiento de Arthur Rosenberg, el lector puede consultar el extenso y autorizado pr\u00f3logo escrito por Antoni Dom\u00e8nech, como presentaci\u00f3n a la obra de Rosenberg <strong>Democracia y socialismo. Historia pol\u00edtica de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os (1789-1937) (<\/strong>1943) Ed Viejo Topo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[2]<\/a>Otra soberbia obra historiogr\u00e1fico pol\u00edtica de Rosenberg que espera ver de nuevo la luz. Existe versi\u00f3n castellana de la misma, a cargo de Margarita Nelken, publicada por Revista de Occidente, en 1926 -200 p\u00e1gs.-. Con dificultad, se la puede encontrar en librer\u00eda de lance.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[3]<\/a> Plat\u00f3n, <strong>Rep\u00fablica<\/strong>, 371 e.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[4]<\/a> El cristianismo, que se desarrolla como cuerpo de doctrina en el periodo antiguo, en los territorios dominados por la lengua y la cultura griega y latina, y que elabora su pensamiento en esas mismas lenguas, parte de los conceptos culturales de uso en las mismas. La diferencia enemigo p\u00fablico\/ enemigo privado (hostis\/ innimicus) est\u00e1 en la ra\u00edz de la doctrina cristiana sobre el perd\u00f3n. Seg\u00fan esta doctrina, es de obligaci\u00f3n perdonar al innimicus, hasta poner \u201cla otra mejilla\u201d, pero no as\u00ed al hostis o enemigo de la civitas Dei, contra el que es leg\u00edtimo mover la guerra santa o la persecuci\u00f3n Las iglesias institucionales cristianas, presionadas por la labor civilizatoria de la Ilustraci\u00f3n y el Humanismo c\u00edvico, fueron imbuy\u00e9ndose de una nueva forma de pensamiento, y hoy se proclaman religiones de paz. Pero por simp\u00e1tico que resulte este talante, no deja de ser una supercher\u00eda ocultar el significado originario que para la religi\u00f3n cristiana ten\u00eda el t\u00e9rmino \u201cinnimicus\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[5]<\/a> Arist\u00f3teles <strong>Pol\u00edtica<\/strong>, 1279b.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[6]<\/a> Arthur Rosenberg <strong>Democracia y socialismo. Historia pol\u00edtica de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os<\/strong> (1937) Ed. Viejo Topo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[7]<\/a> \u201cEl objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los dem\u00e1s partidos proletarios: constituci\u00f3n del proletariado en clase, derrocamiento de la dominaci\u00f3n burguesa, conquista del poder pol\u00edtico por el proletariado\u201d Carlos Marx y Federico Engels, <strong>Manifiesto Comunista<\/strong>. Este es un texto de la tradici\u00f3n de la democracia, como se puede comprobar. La clase es una entidad a construir, y se cristaliza en un proyecto cuyo fin inmediato es pol\u00edtico: la revoluci\u00f3n pol\u00edtica. Si no tienen un proyecto de esta \u00edndole, es decir, inmediatamente pol\u00edtico, los pobres no se constituyen en clase.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[8]<\/a> Tampoco el gran te\u00f3rico pol\u00edtico comunista Antonio Gramsci comparte la concepci\u00f3n del partido de vanguardia. Por ejemplo, en su cuaderno 22 de los <strong>Quaderni del carcere<\/strong>, \u201cSobre americanismo y fordismo\u201d, tan denostado, Antonio Gramsci emprende una investigaci\u00f3n sobre las condiciones antropol\u00f3gicas y culturales de la nueva clase obrera fordista, y trata de fundamentar en ellas la posibilidad de la revoluci\u00f3n. Esta concepci\u00f3n ontol\u00f3gica se encuentra en las ant\u00edpodas de cualquier otra interpretaci\u00f3n que piensa la revoluci\u00f3n como resultado de la mediaci\u00f3n pol\u00edtica y la ilustraci\u00f3n ideol\u00f3gica del partido, cuya calidad se demostrar\u00eda en su capacidad de trazar el camino hacia el socialismo desde cualquier circunstancia hist\u00f3rica concreta, con independencia de las caracter\u00edsticas ontol\u00f3gicas reales de los explotados.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[9]<\/a> \u201dDiscurso F\u00fanebre de Pericles\u201d. Tuc\u00eddides, <strong>Historia de la guerra del Peloponeso<\/strong>, libro ll, 35 a 46.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[10]<\/a> Tuc\u00eddides, Op. Cit. libro l, 70, dentro de el \u201cDiscurso de los corintios ante los lacedemonios\u201d, en el que se puede registrar tambi\u00e9n la prodigiosa percepci\u00f3n de la historicidad humana desarrollada en aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[11]<\/a> Tuc\u00eddides Op. Cit libro ll, 43. Y Arist\u00f3teles:\u201dPues dos son las cosas que parecen definir la democracia: la soberan\u00eda de la mayor\u00eda y la libertad, pues la justicia parece consistir en una igualdad y la igualdad en que lo que parezca bien a la muchedumbre, que esto tenga poder soberano y la libertad y la igualdad en hacer lo que a uno le plazca. De modo que en tales democracias vive cada uno como quiere y va a donde desee\u2026\u201d, <strong>Pol\u00edtica,<\/strong> 1310a, 15 y 16.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[12]<\/a>La actividad es un imperativo moral tambi\u00e9n, pues todo ciudadano debe actuar para que se logre perpetuar la polis. Pero la diferencia entre la moral cl\u00e1sica propia de la democracia y la moral actual, es que para la cultura dominante actual, la acci\u00f3n moral que trata de lograr un fin, por bueno que este sea, es una actividad ingrata y dura (el ideal de vida es la \u201csantidad\u201d: el ciudadano; el mundo real es la debilidad de la carne, el \u201cpecado\u201d: el burgu\u00e9s). Para los cl\u00e1sicos, la moral obliga a la actividad, y la moral lo que busca mediante la acci\u00f3n es lograr la felicidad; pero la felicidad no est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la actividad, es un resultado inherente a la propia actividad. Como escribe Arist\u00f3teles, la felicidad para el ser humano que es un ser pr\u00e1xico est\u00e1 en el propio desarrollo de la actividad; y para este ser social que es el ser humano, la felicidad est\u00e1 en el desarrollo de la actividad en com\u00fan: de la amistad.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[13]<\/a> El t\u00e9rmino que, por divulgaci\u00f3n, en la obra se traduce como \u201cEstado\u201d de la polis, o ciudad hel\u00e9nica es \u201cpoliteuma\u201d, que es el nombre que recibe el cuerpo de ciudadanos, es decir, el conjunto de individuos que tienen derechos. En la polis griega y en la civitas romana no exist\u00eda el estado burocr\u00e1tico, como algo distinto de la sociedad civil. Para el t\u00e9rmino griego, Arist\u00f3teles <strong>Pol\u00edtica<\/strong>, 1278b (6). \u201cPolis\u201d, al igual que el lat\u00edn \u201ccivitas\u201d es palabra que define a la sociedad pol\u00edticamente organizada; para denominar al conjunto de edificios de una ciudad, los griegos utilizaban la palabra \u201casty\u201d, y los romanos \u201curbs\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[14]<\/a> Para comprobar esto, se puede consultar, por ejemplo, <strong>La cr\u00edtica a la filosof\u00eda del estado de Hegel. \u201cKreuznach\u201d <\/strong>(1843) o <strong>La cr\u00edtica al programa de Gotha <\/strong>(1875), o la carta del mismo a\u00f1o, que escribe Engels a Bebel, y que acompa\u00f1a siempre el texto anterior, y la <strong>Cr\u00edtica al programa socialdem\u00f3crata de Erfurt<\/strong> (1891) escrita por el viejo Engels. Los dos revolucionarios sostienen las mismas ideas, propias de la tradici\u00f3n de la democracia, a lo largo de toda su vida.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[15]<\/a> Su maestro era Eduard Meyer. Sobre las investigaciones de \u00e9ste sobre el tema, en castellano, podemos encontrar \u201cLa esclavitud en el mundo antiguo\u201d (1898), en Eduard Meyer <strong>El historiador y la historia antigua<\/strong>, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, Espa\u00f1a, 1983. \u2013reedici\u00f3n-, pp.137 a 173.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[16]<\/a> Para probar esta opini\u00f3n basta con leer los autores cl\u00e1sicos griegos y romanos. Escribe Arist\u00f3teles: \u201chay democracia cuando los libres y pobres, siendo mayor\u00eda, ejercen la soberan\u00eda del poder, y oligarqu\u00eda cuando la ejercen los ricos de origen noble, siendo pocos\u201d <strong>Pol\u00edtica <\/strong>, 1290b. Y en otro paso de la misma obra: \u201ccomo se producen disensiones y luchas entre el pueblo y los ricos, cualquiera que sea el que llegue a imponerse sobre los contrarios no establece un r\u00e9gimen com\u00fan ni igual para todos, sino que considera como premio a su victoria la preeminencia en el gobierno, y unos crean una democracia y otros una oligarqu\u00eda\u201d <strong>Pol\u00edtica<\/strong>, 1296a. Y Plat\u00f3n: \u201cNace, pues, la democracia creo yo, cuando, habiendo vencido los pobres, matan a algunos de sus contrarios, a otros los destierran y a los dem\u00e1s les hacen igualmente part\u00edcipes del gobierno y de los cargos, que, por lo regular, suelen cubrirse en este r\u00e9gimen mediante sorteo\u201d <strong>Rep\u00fablica <\/strong>557a<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[17]<\/a> Es otra muestra de la agudeza pol\u00edtica del autor que un texto publicado en 1921, antes de la instauraci\u00f3n de ning\u00fan r\u00e9gimen fascista, se plantee tan claramente estos problemas. Desde luego, las pol\u00edticas bismarkianas contra el partido socialdem\u00f3crata alem\u00e1n hab\u00edan ido acompa\u00f1adas de medidas cuyo fin era paliar al menos los problemas que incitaban a los obreros a afiliarse.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[18]<\/a> Carlos Marx, <strong>El Capital<\/strong>, Libro Primero, Ed Siglo XXl, Madrid 1980, Vol. tres, pp. 955 y 956<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[19]<\/a> Carlos Marx, Op. Cit., pp. 953, 954<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[20]<\/a> Podemos encontrar m\u00faltiples pasajes en la obra de Marx, que revelan la filiaci\u00f3n de su pensamiento a la tradici\u00f3n de la democracia republicana; p. e., refiri\u00e9ndose al movimiento cooperativista, escribe Marx: \u201dEl gran m\u00e9rito de este movimiento consiste en mostrar que el sistema actual de subordinaci\u00f3n del trabajo al capital, sistema desp\u00f3tico que lleva al pauperismo, puede ser sustituido con un sistema republicano y bienhechor, de asociaci\u00f3n de productores libres e iguales\u201d. \u201cInstrucci\u00f3n sobre diversos problemas a los delegados del consejo central provisional\u201d (1\u00ba congreso AIT 1866) en Carlos Marx y Federico Engels, <strong>Obras Escogidas <\/strong>, en tres vol\u00famenes, Ed. Progreso, Mosc\u00fa, 1974, Vol. 2, p. 82. Debo a Antoni Dom\u00e8nech que me haya hecho reparar en el sentido de esta frase. Declaraciones favorables a la libertad republicana individual se repiten a lo largo de toda la obra de Marx y Engels. De su primera etapa, ver p. e. <strong>La Ideolog\u00eda Alemana<\/strong>, en este texto proponen Marx y Engels que el desarrollo productivo se encuentre \u201c\u2026subordinado a un plan de conjunto de individuos libremente asociados\u201d Op. Cit., Ed Grijalbo, B. 1974, p. 84. (ver todo el apartado \u201cEl comunismo. Producci\u00f3n de la forma misma de intercambio\u201d)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p>PR\u00d3LOGO(*)<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn Miras Albarr\u00e1n<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Arthur\u00a0 Rosenberg, un pensador proscrito<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[1434,1435,953],"class_list":["post-567","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-democracia-republica","tag-arthur-rosemberg","tag-democracia-y-lucha-de-clases-en-la-antiguedad","tag-prologos"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/567","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=567"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/567\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=567"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=567"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=567"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}