{"id":622,"date":"2007-02-02T00:00:00","date_gmt":"2007-02-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622"},"modified":"2020-02-27T18:13:21","modified_gmt":"2020-02-27T17:13:21","slug":"bocas-del-tiempo-nuevo-libro-de-eduardo-galeano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622","title":{"rendered":"Bocas del tiempo. Nuevo libro de Eduardo Galeano"},"content":{"rendered":"<p>(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)<\/p>\n<p><strong>El puerto<\/strong><\/p>\n<p>La abuela Raquel estaba ciega cuando muri\u00f3. Pero tiempo despu\u00e9s, en el sue\u00f1o<br \/>\nde Helena, la abuela ve\u00eda.<br \/>\nEn el sue\u00f1o, la abuela no ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os, ni era un pu\u00f1ado de<br \/>\ncansados huesitos: ella era nueva, era una ni\u00f1a de cuatro a\u00f1os que estaba<br \/>\nculminando la traves\u00eda de la mar desde la remota Besarabia, una emigrante<br \/>\nentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helena<br \/>\nque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puerto<br \/>\nde Buenos Aires.<br \/>\nY as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda el<br \/>\npuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.<\/p>\n<p>El vuelo de los a\u00f1os<\/p>\n<p>Cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largo<br \/>\nviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.<br \/>\nUn r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,<br \/>\nva dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Las<br \/>\nmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.<br \/>\nPesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,<br \/>\nunas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;<br \/>\npero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centro<br \/>\nde M\u00e9xico.<\/p>\n<p>All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.<br \/>\nPara volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Y<br \/>\nall\u00e1 en el norte, mueren.<br \/>\nAl a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas<br \/>\ninician su largo viaje.<\/p>\n<p>Los emigrantes, ahora<\/p>\n<p>Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan<br \/>\nhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar y<br \/>\nlos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles de<br \/>\nleguas, por los libres caminos del aire y del agua.<\/p>\n<p>No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.<br \/>\nEn inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.<br \/>\nViajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el<br \/>\nponiente.<br \/>\nLes han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y<br \/>\nsus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de los<br \/>\nsalarios exterminados y de los suelos arrasados.<\/p>\n<p>Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendo<br \/>\ncasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso del<br \/>\ndinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son<br \/>\ncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre<br \/>\nque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante varios<br \/>\na\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientas<br \/>\nim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Suma<br \/>\nsolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo de<br \/>\ntantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que un<br \/>\ninstantito en la memoria del tiempo.<\/p>\n<p>La historia que pudo ser<\/p>\n<p>Crist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y ni<br \/>\nsiquiera ten\u00eda pasaporte.<br \/>\nA Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00eda<br \/>\ncontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas en<br \/>\nel pa\u00eds.<\/p>\n<p>Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar<br \/>\nM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.<br \/>\nPedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar en<br \/>\nChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.<br \/>\nLos peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas<br \/>\nde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La trama del tiempo<\/p>\n<p>Ten\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.<br \/>\nCreci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.<br \/>\nCuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.<br \/>\nFelisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monte<br \/>\nArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00eda<br \/>\nsido su casa.<\/p>\n<p>Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que los<br \/>\nvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.<br \/>\nNo encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa de<br \/>\nla cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de un<br \/>\ntijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desde<br \/>\ndonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.<br \/>\nAl rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.<br \/>\nSu casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00eda<br \/>\nconstruido sobre las ruinas.<br \/>\nEntonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:<br \/>\n-Soy Elena.<br \/>\nSe gastaron abraz\u00e1ndose.<br \/>\nMucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.<br \/>\nY dijo Elena:<br \/>\n-Tengo algo para ti.<br \/>\nY le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.<br \/>\nFelisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas de<br \/>\navellanas que hac\u00eda para todos.<br \/>\nElena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00eda<br \/>\nguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>El pie<\/p>\n<p>Muchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon a<br \/>\nluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.<br \/>\nAbe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.<\/p>\n<p>Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro pie<br \/>\ncaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pie<br \/>\nandariego, Abe no par\u00f3.<\/p>\n<p>A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.<br \/>\nUn pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed me<br \/>\nquedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, el<br \/>\nandante, volv\u00eda al camino, porque el camino es el destino.<\/p>\n<p>Y ese pie cargaba con Abe a trav\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,<br \/>\nde mar a mar, y lo met\u00eda en l\u00edos, un l\u00edo tras otro, contra la cacer\u00eda de<br \/>\nbrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\u00f3n racial y la pena de<br \/>\nmuerte y el golpe de estado en Ir\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\u00eda<br \/>\nde Vietnam y el ba\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y el<br \/>\nbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y la<br \/>\ninvasi\u00f3n de Panam\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\u00e1n<br \/>\ny otra vez Irak.<\/p>\n<p>Abe ya ten\u00eda noventa a\u00f1os y segu\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo Tony<br \/>\nGeist le pregunt\u00f3, por preguntar nom\u00e1s, c\u00f3mo andaba. El alz\u00f3 su cabeza de<br \/>\nle\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.<\/p>\n<p>El camino de Jes\u00fas<\/p>\n<p>Clavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de una<br \/>\npared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.<br \/>\nJes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestro<br \/>\ncarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo que<br \/>\nhac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundo<br \/>\nquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,<br \/>\nun arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,<br \/>\nreconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiada<br \/>\npor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negro<br \/>\nde tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:<\/p>\n<p>-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en sus<br \/>\nllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.<br \/>\nDe vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en la<br \/>\niglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba alguna<br \/>\ncu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, alguna<br \/>\nhistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajado<br \/>\nen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.<\/p>\n<p>Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,<br \/>\ninvadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque de<br \/>\nCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,<br \/>\nmontado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo de<br \/>\npolvo entre los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:<br \/>\n-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el camino<br \/>\nde Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, que<br \/>\ntodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por ese<br \/>\ncaminito ah\u00ed.<\/p>\n<p>Itinerario de las hormigas<\/p>\n<p>Las hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a los<br \/>\narenales.<\/p>\n<p>Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de su<br \/>\ncasa m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p>Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentos<br \/>\nque han encontrado donde nada hab\u00eda.<\/p>\n<p>El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nunca<br \/>\nest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.<\/p>\n<p>Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando en<br \/>\nl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hasta<br \/>\nencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confunden<br \/>\nel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.<\/p>\n<p>Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan un<br \/>\nmiligramo.<\/p>\n<p>La ruta de los salmones<\/p>\n<p>A poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.<br \/>\nEn aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje de<br \/>\nregreso.<br \/>\nDesde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan a<br \/>\ncontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y de<br \/>\nlos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.<br \/>\nVuelven para parir y morir.<\/p>\n<p>En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Llegan<br \/>\nconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranja<br \/>\nrojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.<\/p>\n<p>El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco su<br \/>\nlugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destino<br \/>\nest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de grava<br \/>\ny rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Pero<br \/>\nellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que no<br \/>\nmienten los pasajes de ida y vuelta.<\/p>\n<p>El castigo<\/p>\n<p>Reina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Sus<br \/>\nguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a punto<br \/>\nestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.<br \/>\nUnos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas sus<br \/>\narmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pago<br \/>\nde tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Roma<br \/>\nmand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierra<br \/>\nadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y de<br \/>\nsu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed que<br \/>\nnunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1<br \/>\nmarcharon las legiones.<\/p>\n<p>Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedaba<br \/>\nagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monos<br \/>\nsagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,<br \/>\nCartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaron<br \/>\nla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.<\/p>\n<p>La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.<br \/>\nY es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9s<br \/>\nnaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena de<br \/>\nIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irse<br \/>\nlejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.<\/p>\n<p>El paso del tiempo<\/p>\n<p>Seis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda el<br \/>\nprimer d\u00eda de enero.<\/p>\n<p>Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.<br \/>\nNo hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.<br \/>\nEspa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devoraba<br \/>\nmiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de sus<br \/>\nd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.<\/p>\n<p>Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la<br \/>\ncapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.<br \/>\nEn una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen sus<br \/>\nrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, el<br \/>\ncalendario universal.<\/p>\n<p>Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,<br \/>\nbrindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres<br \/>\ny los a\u00f1os.<\/p>\n<p>El trueno cae y queda entre las hojas;<br \/>\nLos animales comen las hojas y se ponen violentos;<br \/>\nLos hombres se comen los animales y se ponen violentos;<br \/>\nLa tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.<br \/>\nLeyenda Guarani<\/p>\n<p>Eduardo Galeano<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P>Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando muri&oacute;. Pero tiempo despu&eacute;s, en el sue&ntilde;ode Helena, la abuela ve&iacute;a.En el sue&ntilde;o, la abuela no ten&iacute;a un mont&oacute;n de a&ntilde;os, ni era un pu&ntilde;ado decansados huesitos: ella era nueva, era una ni&ntilde;a de cuatro a&ntilde;os que estabaculminando la traves&iacute;a de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped&iacute;a a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer&iacute;a ver el puertode Buenos Aires.Y as&iacute;, en el sue&ntilde;o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve&iacute;a elpuerto del pa&iacute;s desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a&ntilde;osCuando llega el oto&ntilde;o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr&iacute;as de la Am&eacute;rica del Norte.Un r&iacute;o fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta&ntilde;as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m&aacute;s que el aire. Durante los cuatro mil quil&oacute;metros de traves&iacute;a,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M&eacute;xico.All&iacute; descubren ese reino jam&aacute;s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu&eacute;s, regresan a casa. Yall&aacute; en el norte, mueren.Al a&ntilde;o siguiente, cuando llega el oto&ntilde;o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr&iacute;o, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r&iacute;os. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del &eacute;xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m&aacute;s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n&aacute;ufragos de la globalizaci&oacute;n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m&aacute;gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad&aacute;veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer&iacute;an llegar.Sebasti&atilde;o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa&iacute;ses, durante variosa&ntilde;os. De su largo trabajo, quedan trescientas im&aacute;genes. Y las trescientasim&aacute;genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c&aacute;mara, a lo largo detantas fotograf&iacute;as: apenas una gui&ntilde;ada en los ojos del sol, no m&aacute;s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist&oacute;bal Col&oacute;n no consigui&oacute; descubrir Am&eacute;rica, porque no ten&iacute;a visa y nisiquiera ten&iacute;a pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod&iacute;acontagiar la viruela, el sarampi&oacute;n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa&iacute;s.Hern&aacute;n Cort&eacute;s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM&eacute;xico y Per&uacute;, porque carec&iacute;an de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot&oacute; en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab&iacute;a cuotas abiertas de inmigraci&oacute;n.La trama del tiempoTen&iacute;a cinco a&ntilde;os cuando se fue.Creci&oacute; en otro pa&iacute;s, habl&oacute; otra lengua.Cuando regres&oacute;, ya hab&iacute;a vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg&oacute; a la ciudad de Bilbao, subi&oacute; a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab&iacute;a olvidado, hacia la casa que hab&iacute;asido su casa.Todo le parec&iacute;a peque&ntilde;o, encogido por los a&ntilde;os; y le daba verg&uuml;enza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud&iacute;an el pecho.No encontr&oacute; su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le&iacute;a cuentos, hab&iacute;a cortado de untijeretazo al lobo que la hac&iacute;a llorar. Tampoco encontr&oacute; el balc&oacute;n, desdedonde hab&iacute;a visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec&iacute;rselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab&iacute;a sido aniquilada. &Eacute;sta que ella estaba viendo se hab&iacute;aconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci&oacute;, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz&aacute;ndose.Mucho hab&iacute;an corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci&oacute;. Su madre ofrec&iacute;a, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac&iacute;a para todos.Elena la hab&iacute;a encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab&iacute;aguardado durante cincuenta y ocho a&ntilde;os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep&uacute;blica espa&ntilde;ola, bajo tierra espa&ntilde;ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi&oacute;.Un balazo le hab&iacute;a arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres&oacute; a su pa&iacute;s.Espa&ntilde;a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par&oacute;.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c&aacute;rceles, no par&oacute;.Un pie no pod&iacute;a, pero el otro pie quer&iacute;a y segu&iacute;a. Un pie le dec&iacute;a: aqu&iacute; mequedo, pero el otro decid&iacute;a: ah&iacute; te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv&iacute;a al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav&eacute;s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met&iacute;a en l&iacute;os, un l&iacute;o tras otro, contra la cacer&iacute;a debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci&oacute;n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir&aacute;n y el crimen de Guatemala y la carnicer&iacute;ade Vietnam y el ba&ntilde;o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi&oacute;n de Panam&aacute; y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist&aacute;ny otra vez Irak.Abe ya ten&iacute;a noventa a&ntilde;os y segu&iacute;a siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt&oacute;, por preguntar nom&aacute;s, c&oacute;mo andaba. El alz&oacute; su cabeza dele&oacute;n de melena blanca y sonri&oacute;, de oreja a oreja:-Aqu&iacute; ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes&uacute;sClavado de una sola mano, Jes&uacute;s de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes&uacute;s, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes&uacute;s Bab&iacute;o, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba&ntilde;il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac&iacute;a bien todo lo quehac&iacute;a, pero &eacute;l hab&iacute;a andado mundo y bien sab&iacute;a que no hab&iacute;a en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m&iacute;stica,un arte espa&ntilde;ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes&uacute;s, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar&iacute;a de Vigo, que hab&iacute;a sido incendiadapor los rojos en los a&ntilde;os de la guerra, mientras Jes&uacute;s, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari&oacute;.De vez en cuando, Angel V&aacute;zquez de la Cruz se met&iacute;a, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu&ntilde;a de madera, Jes&uacute;s le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab&iacute;a trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu&ntilde;a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se&ntilde;alaba el ventanal,invadido por los p&aacute;jaros, y m&aacute;s all&aacute; se&ntilde;alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec&iacute;a por all&iacute;, como no fuera alg&uacute;n lugare&ntilde;o que llevaba,montado en burro, una carga de le&ntilde;a. El sendero era no m&aacute;s que un tajo depolvo entre los &aacute;rboles.-&iquest;Lo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah&iacute;.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu&iacute;, por all&aacute;; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m&aacute;s y m&aacute;s.Mucho despu&eacute;s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab&iacute;a.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest&aacute; donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m&aacute;s corto hacia su casa. Marchando enl&iacute;nea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min&uacute;sculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam&aacute;s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c&oacute;mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r&iacute;os y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r&iacute;os. Guiados por alguna br&uacute;jula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav&eacute;s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p&aacute;lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest&aacute;n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi&eacute;n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a&ntilde;os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se&ntilde;ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, Roma se veng&oacute;. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept&oacute; la humillaci&oacute;n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept&oacute; Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand&oacute; que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s&iacute; que no, eso s&iacute; quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden&oacute; al exterminio. Y all&aacute;marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti&oacute; tres a&ntilde;os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab&iacute;an sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay&oacute;. Seis d&iacute;as y seis noches dur&oacute; el incendio.Despu&eacute;s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m&aacute;s creciera all&iacute; nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa&ntilde;a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu&eacute;snaci&oacute; en las costas de Am&eacute;rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi&oacute; su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi&eacute;n ella elegir&iacute;a morir, como muri&oacute; la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu&eacute;s de su fundaci&oacute;n, Roma decidi&oacute; que el a&ntilde;o empezar&iacute;a elprimer d&iacute;a de enero.Hasta entonces, cada a&ntilde;o nac&iacute;a el 15 de marzo.No hubo m&aacute;s remedio que cambiar la fecha, por raz&oacute;n de guerra.Espa&ntilde;a ard&iacute;a. La rebeli&oacute;n, que desafiaba el poder&iacute;o imperial y devorabamiles y m&aacute;s miles de legionarios, oblig&oacute; a Roma a cambiar la cuenta de susd&iacute;as y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a&ntilde;os dur&oacute; el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r&iacute;o Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi&oacute;, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a&ntilde;os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano  <\/P><\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32],"tags":[1422,1421,923],"class_list":["post-622","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-america-latina","tag-bocas-del-tiempo","tag-eduardo-galeano","tag-fragmentos"],"aioseo_notices":[],"aioseo_head":"\n\t\t<!-- All in One SEO 4.9.10 - aioseo.com -->\n\t<meta name=\"description\" content=\"Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando muri\u00f3. Pero tiempo despu\u00e9s, en el sue\u00f1ode Helena, la abuela ve\u00eda.En el sue\u00f1o, la abuela no ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os, ni era un pu\u00f1ado decansados huesitos: ella era nueva, era una ni\u00f1a de cuatro a\u00f1os que estabaculminando la traves\u00eda de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. 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Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano\" \/>\n\t<meta name=\"robots\" content=\"max-image-preview:large\" \/>\n\t<meta name=\"author\" content=\"EspaiMarx\"\/>\n\t<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622\" \/>\n\t<meta name=\"generator\" content=\"All in One SEO (AIOSEO) 4.9.10\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:site_name\" content=\"- Un punto de encuentro para las alternativas sociales\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:title\" content=\"Bocas del tiempo. Nuevo libro de Eduardo Galeano -\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:description\" content=\"Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando muri\u00f3. Pero tiempo despu\u00e9s, en el sue\u00f1ode Helena, la abuela ve\u00eda.En el sue\u00f1o, la abuela no ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os, ni era un pu\u00f1ado decansados huesitos: ella era nueva, era una ni\u00f1a de cuatro a\u00f1os que estabaculminando la traves\u00eda de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv\u00eda al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met\u00eda en l\u00edos, un l\u00edo tras otro, contra la cacer\u00eda debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\u00f3n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\u00edade Vietnam y el ba\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi\u00f3n de Panam\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\u00e1ny otra vez Irak.Abe ya ten\u00eda noventa a\u00f1os y segu\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt\u00f3, por preguntar nom\u00e1s, c\u00f3mo andaba. El alz\u00f3 su cabeza dele\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\u00fasClavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo quehac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,un arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.De vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo depolvo entre los \u00e1rboles.-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\u00e1s y m\u00e1s.Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9snaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda elprimer d\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.Espa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devorabamiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/cropped-cropped-cropped-logoEspai-6-1.png\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:image:secure_url\" content=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/cropped-cropped-cropped-logoEspai-6-1.png\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"243\" \/>\n\t\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"49\" \/>\n\t\t<meta property=\"article:published_time\" content=\"2007-02-02T00:00:00+00:00\" \/>\n\t\t<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2020-02-27T17:13:21+00:00\" \/>\n\t\t<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/facebook.com\/espaiMarx\" \/>\n\t\t<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n\t\t<meta name=\"twitter:site\" content=\"@espaiMarx\" \/>\n\t\t<meta name=\"twitter:title\" content=\"Bocas del tiempo. 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En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv\u00eda al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met\u00eda en l\u00edos, un l\u00edo tras otro, contra la cacer\u00eda debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\u00f3n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\u00edade Vietnam y el ba\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi\u00f3n de Panam\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\u00e1ny otra vez Irak.Abe ya ten\u00eda noventa a\u00f1os y segu\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt\u00f3, por preguntar nom\u00e1s, c\u00f3mo andaba. El alz\u00f3 su cabeza dele\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\u00fasClavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo quehac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,un arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.De vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo depolvo entre los \u00e1rboles.-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\u00e1s y m\u00e1s.Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9snaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda elprimer d\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.Espa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devorabamiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano\" \/>\n\t\t<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@espaiMarx\" \/>\n\t\t<meta name=\"twitter:image\" content=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/cropped-cropped-cropped-logoEspai-6-1.png\" \/>\n\t\t<script type=\"application\/ld+json\" class=\"aioseo-schema\">\n\t\t\t{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"BlogPosting\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/?p=622#blogposting\",\"name\":\"Bocas del tiempo. 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En la cubierta del barco, la abuela ped\\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\\u00ed, en el sue\\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\\u00eda elpuerto del pa\\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\\u00f1osCuando llega el oto\\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\\u00edas de la Am\\u00e9rica del Norte.Un r\\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\\u00f3metros de traves\\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\\u00e9xico.All\\u00ed descubren ese reino jam\\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\\u00e9s, regresan a casa. Yall\\u00e1 en el norte, mueren.Al a\\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\\u00edo, a\\u00f1o tras a\\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \\u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\\u00e1ufragos de la globalizaci\\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\\u00edan llegar.Sebasti\\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\\u00edses, durante variosa\\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\\u00e1genes. Y las trescientasim\\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\\u00edas: apenas una gui\\u00f1ada en los ojos del sol, no m\\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\\u00f3bal Col\\u00f3n no consigui\\u00f3 descubrir Am\\u00e9rica, porque no ten\\u00eda visa y nisiquiera ten\\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\\u00eds.Hern\\u00e1n Cort\\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\\u00e9xico y Per\\u00fa, porque carec\\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\\u00f3n.La trama del tiempoTen\\u00eda cinco a\\u00f1os cuando se fue.Creci\\u00f3 en otro pa\\u00eds, habl\\u00f3 otra lengua.Cuando regres\\u00f3, ya hab\\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\\u00edasido su casa.Todo le parec\\u00eda peque\\u00f1o, encogido por los a\\u00f1os; y le daba verg\\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\\u00edan el pecho.No encontr\\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\\u00eda cuentos, hab\\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\\u00eda llorar. Tampoco encontr\\u00f3 el balc\\u00f3n, desdedonde hab\\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\\u00eda sido aniquilada. \\u00c9sta que ella estaba viendo se hab\\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\\u00e1ndose.Mucho hab\\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\\u00f3. Su madre ofrec\\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\\u00eda para todos.Elena la hab\\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\\u00fablica espa\\u00f1ola, bajo tierra espa\\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\\u00f3.Un balazo le hab\\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\\u00f3 a su pa\\u00eds.Espa\\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\\u00e1rceles, no par\\u00f3.Un pie no pod\\u00eda, pero el otro pie quer\\u00eda y segu\\u00eda. Un pie le dec\\u00eda: aqu\\u00ed mequedo, pero el otro decid\\u00eda: ah\\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv\\u00eda al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav\\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met\\u00eda en l\\u00edos, un l\\u00edo tras otro, contra la cacer\\u00eda debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\\u00f3n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir\\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\\u00edade Vietnam y el ba\\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi\\u00f3n de Panam\\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\\u00e1ny otra vez Irak.Abe ya ten\\u00eda noventa a\\u00f1os y segu\\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt\\u00f3, por preguntar nom\\u00e1s, c\\u00f3mo andaba. El alz\\u00f3 su cabeza dele\\u00f3n de melena blanca y sonri\\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\\u00fasClavado de una sola mano, Jes\\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\\u00fas Bab\\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\\u00eda bien todo lo quehac\\u00eda, pero \\u00e9l hab\\u00eda andado mundo y bien sab\\u00eda que no hab\\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\\u00edstica,un arte espa\\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\\u00eda de Vigo, que hab\\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\\u00f1os de la guerra, mientras Jes\\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\\u00f3.De vez en cuando, Angel V\\u00e1zquez de la Cruz se met\\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\\u00f1a de madera, Jes\\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\\u00e1jaros, y m\\u00e1s all\\u00e1 se\\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\\u00eda por all\\u00ed, como no fuera alg\\u00fan lugare\\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\\u00f1a. El sendero era no m\\u00e1s que un tajo depolvo entre los \\u00e1rboles.-\\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\\u00ed, por all\\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\\u00e1s y m\\u00e1s.Mucho despu\\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\\u00edos. Guiados por alguna br\\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\\u00f1os despu\\u00e9s, Roma se veng\\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\\u00f3 la humillaci\\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\\u00ed que no, eso s\\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\\u00f3 al exterminio. Y all\\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\\u00f3 tres a\\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\\u00f3. Seis d\\u00edas y seis noches dur\\u00f3 el incendio.Despu\\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\\u00e1s creciera all\\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\\u00e9snaci\\u00f3 en las costas de Am\\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\\u00e9n ella elegir\\u00eda morir, como muri\\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\\u00e9s de su fundaci\\u00f3n, Roma decidi\\u00f3 que el a\\u00f1o empezar\\u00eda elprimer d\\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\\u00f1o nac\\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\\u00f3n de guerra.Espa\\u00f1a ard\\u00eda. La rebeli\\u00f3n, que desafiaba el poder\\u00edo imperial y devorabamiles y m\\u00e1s miles de legionarios, oblig\\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\\u00f1os dur\\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/#website\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/?p=622#breadcrumblist\"},\"author\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/?author=9#author\"},\"creator\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/?author=9#author\"},\"datePublished\":\"2007-02-02T00:00:00+01:00\",\"dateModified\":\"2020-02-27T18:13:21+01:00\"},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/\",\"description\":\"Un punto de encuentro para las alternativas sociales\",\"inLanguage\":\"es-ES\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/espai-marx.net\\\/#organization\"}}]}\n\t\t<\/script>\n\t\t<!-- All in One SEO -->\n\n","aioseo_head_json":{"title":"Bocas del tiempo. Nuevo libro de Eduardo Galeano -","description":"Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando muri\u00f3. Pero tiempo despu\u00e9s, en el sue\u00f1ode Helena, la abuela ve\u00eda.En el sue\u00f1o, la abuela no ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os, ni era un pu\u00f1ado decansados huesitos: ella era nueva, era una ni\u00f1a de cuatro a\u00f1os que estabaculminando la traves\u00eda de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv\u00eda al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met\u00eda en l\u00edos, un l\u00edo tras otro, contra la cacer\u00eda debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\u00f3n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\u00edade Vietnam y el ba\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi\u00f3n de Panam\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\u00e1ny otra vez Irak.Abe ya ten\u00eda noventa a\u00f1os y segu\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt\u00f3, por preguntar nom\u00e1s, c\u00f3mo andaba. El alz\u00f3 su cabeza dele\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\u00fasClavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo quehac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,un arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.De vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo depolvo entre los \u00e1rboles.-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\u00e1s y m\u00e1s.Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9snaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda elprimer d\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.Espa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devorabamiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano","canonical_url":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622","robots":"max-image-preview:large","keywords":"","webmasterTools":{"miscellaneous":""},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"BlogPosting","@id":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622#blogposting","name":"Bocas del tiempo. Nuevo libro de Eduardo Galeano -","headline":"Bocas del tiempo. 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Nuevo libro de Eduardo Galeano -","description":"Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando muri\u00f3. Pero tiempo despu\u00e9s, en el sue\u00f1ode Helena, la abuela ve\u00eda.En el sue\u00f1o, la abuela no ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os, ni era un pu\u00f1ado decansados huesitos: ella era nueva, era una ni\u00f1a de cuatro a\u00f1os que estabaculminando la traves\u00eda de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv\u00eda al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met\u00eda en l\u00edos, un l\u00edo tras otro, contra la cacer\u00eda debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\u00f3n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\u00edade Vietnam y el ba\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi\u00f3n de Panam\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\u00e1ny otra vez Irak.Abe ya ten\u00eda noventa a\u00f1os y segu\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt\u00f3, por preguntar nom\u00e1s, c\u00f3mo andaba. El alz\u00f3 su cabeza dele\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\u00fasClavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo quehac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,un arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.De vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo depolvo entre los \u00e1rboles.-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\u00e1s y m\u00e1s.Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9snaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda elprimer d\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.Espa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devorabamiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano","inLanguage":"es-ES","isPartOf":{"@id":"https:\/\/espai-marx.net\/#website"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622#breadcrumblist"},"author":{"@id":"https:\/\/espai-marx.net\/?author=9#author"},"creator":{"@id":"https:\/\/espai-marx.net\/?author=9#author"},"datePublished":"2007-02-02T00:00:00+01:00","dateModified":"2020-02-27T18:13:21+01:00"},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/espai-marx.net\/#website","url":"https:\/\/espai-marx.net\/","description":"Un punto de encuentro para las alternativas sociales","inLanguage":"es-ES","publisher":{"@id":"https:\/\/espai-marx.net\/#organization"}}]},"og:locale":"es_ES","og:site_name":"- Un punto de encuentro para las alternativas sociales","og:type":"article","og:title":"Bocas del tiempo. 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En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. 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El alz\u00f3 su cabeza dele\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\u00fasClavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo quehac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,un arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.De vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo depolvo entre los \u00e1rboles.-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\u00e1s y m\u00e1s.Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9snaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda elprimer d\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.Espa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devorabamiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano","og:url":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=622","og:image":"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/cropped-cropped-cropped-logoEspai-6-1.png","og:image:secure_url":"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/cropped-cropped-cropped-logoEspai-6-1.png","og:image:width":243,"og:image:height":49,"article:published_time":"2007-02-02T00:00:00+00:00","article:modified_time":"2020-02-27T17:13:21+00:00","article:publisher":"https:\/\/facebook.com\/espaiMarx","twitter:card":"summary_large_image","twitter:site":"@espaiMarx","twitter:title":"Bocas del tiempo. Nuevo libro de Eduardo Galeano -","twitter:description":"Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando muri\u00f3. Pero tiempo despu\u00e9s, en el sue\u00f1ode Helena, la abuela ve\u00eda.En el sue\u00f1o, la abuela no ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os, ni era un pu\u00f1ado decansados huesitos: ella era nueva, era una ni\u00f1a de cuatro a\u00f1os que estabaculminando la traves\u00eda de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela ped\u00eda a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quer\u00eda ver el puertode Buenos Aires.Y as\u00ed, en el sue\u00f1o, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega ve\u00eda elpuerto del pa\u00eds desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los a\u00f1osCuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras fr\u00edas de la Am\u00e9rica del Norte.Un r\u00edo fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre monta\u00f1as y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco m\u00e1s que el aire. Durante los cuatro mil quil\u00f3metros de traves\u00eda,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode M\u00e9xico.All\u00ed descubren ese reino jam\u00e1s visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Despu\u00e9s, regresan a casa. Yall\u00e1 en el norte, mueren.Al a\u00f1o siguiente, cuando llega el oto\u00f1o, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del fr\u00edo, a\u00f1o tras a\u00f1o, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus r\u00edos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del \u00e9xodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos m\u00e1s huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los n\u00e1ufragos de la globalizaci\u00f3n peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, m\u00e1gicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncad\u00e1veres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde quer\u00edan llegar.Sebasti\u00e3o Salgado los ha fotografiado, en cuarenta pa\u00edses, durante variosa\u00f1os. De su largo trabajo, quedan trescientas im\u00e1genes. Y las trescientasim\u00e1genes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la c\u00e1mara, a lo largo detantas fotograf\u00edas: apenas una gui\u00f1ada en los ojos del sol, no m\u00e1s que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCrist\u00f3bal Col\u00f3n no consigui\u00f3 descubrir Am\u00e9rica, porque no ten\u00eda visa y nisiquiera ten\u00eda pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque pod\u00edacontagiar la viruela, el sarampi\u00f3n, la gripe y otras pestes desconocidas enel pa\u00eds.Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarM\u00e9xico y Per\u00fa, porque carec\u00edan de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebot\u00f3 en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no hab\u00eda cuotas abiertas de inmigraci\u00f3n.La trama del tiempoTen\u00eda cinco a\u00f1os cuando se fue.Creci\u00f3 en otro pa\u00eds, habl\u00f3 otra lengua.Cuando regres\u00f3, ya hab\u00eda vivido mucha vida.Felisa Ortega lleg\u00f3 a la ciudad de Bilbao, subi\u00f3 a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no hab\u00eda olvidado, hacia la casa que hab\u00edasido su casa.Todo le parec\u00eda peque\u00f1o, encogido por los a\u00f1os; y le daba verg\u00fcenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacud\u00edan el pecho.No encontr\u00f3 su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le le\u00eda cuentos, hab\u00eda cortado de untijeretazo al lobo que la hac\u00eda llorar. Tampoco encontr\u00f3 el balc\u00f3n, desdedonde hab\u00eda visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a dec\u00edrselo: no, esta casa no era su casa.Su casa hab\u00eda sido aniquilada. \u00c9sta que ella estaba viendo se hab\u00edaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareci\u00f3, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abraz\u00e1ndose.Mucho hab\u00edan corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoci\u00f3. Su madre ofrec\u00eda, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hac\u00eda para todos.Elena la hab\u00eda encontrado, intacta, entre los escombros, y se la hab\u00edaguardado durante cincuenta y ocho a\u00f1os.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la rep\u00fablica espa\u00f1ola, bajo tierra espa\u00f1ola quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivi\u00f3.Un balazo le hab\u00eda arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regres\u00f3 a su pa\u00eds.Espa\u00f1a fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no par\u00f3.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las c\u00e1rceles, no par\u00f3.Un pie no pod\u00eda, pero el otro pie quer\u00eda y segu\u00eda. Un pie le dec\u00eda: aqu\u00ed mequedo, pero el otro decid\u00eda: ah\u00ed te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volv\u00eda al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a trav\u00e9s de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo met\u00eda en l\u00edos, un l\u00edo tras otro, contra la cacer\u00eda debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregaci\u00f3n racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Ir\u00e1n y el crimen de Guatemala y la carnicer\u00edade Vietnam y el ba\u00f1o de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasi\u00f3n de Panam\u00e1 y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganist\u00e1ny otra vez Irak.Abe ya ten\u00eda noventa a\u00f1os y segu\u00eda siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le pregunt\u00f3, por preguntar nom\u00e1s, c\u00f3mo andaba. El alz\u00f3 su cabeza dele\u00f3n de melena blanca y sonri\u00f3, de oreja a oreja:-Aqu\u00ed ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de Jes\u00fasClavado de una sola mano, Jes\u00fas de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jes\u00fas, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jes\u00fas Bab\u00edo, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro alba\u00f1il, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hac\u00eda bien todo lo quehac\u00eda, pero \u00e9l hab\u00eda andado mundo y bien sab\u00eda que no hab\u00eda en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la m\u00edstica,un arte espa\u00f1ol. Y a blasfemazo limpio estaba Jes\u00fas, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa Mar\u00eda de Vigo, que hab\u00eda sido incendiadapor los rojos en los a\u00f1os de la guerra, mientras Jes\u00fas, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo pari\u00f3.De vez en cuando, Angel V\u00e1zquez de la Cruz se met\u00eda, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacu\u00f1a de madera, Jes\u00fas le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante hab\u00eda trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Catalu\u00f1a.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo se\u00f1alaba el ventanal,invadido por los p\u00e1jaros, y m\u00e1s all\u00e1 se\u00f1alaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparec\u00eda por all\u00ed, como no fuera alg\u00fan lugare\u00f1o que llevaba,montado en burro, una carga de le\u00f1a. El sendero era no m\u00e1s que un tajo depolvo entre los \u00e1rboles.-\u00bfLo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ah\u00ed.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aqu\u00ed, por all\u00e1; y en sus andanzas se van apartando de sucasa m\u00e1s y m\u00e1s.Mucho despu\u00e9s regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada hab\u00eda.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaest\u00e1 donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino m\u00e1s corto hacia su casa. Marchando enl\u00ednea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el min\u00fasculo orificio que conduce a su hormiguero. Jam\u00e1s confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende c\u00f3mo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus r\u00edos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los r\u00edos. Guiados por alguna br\u00fajula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a trav\u00e9s de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa p\u00e1lido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoest\u00e1n cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar tambi\u00e9n ha cambiado. Peroellos llevan millones de a\u00f1os creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y se\u00f1ora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Roma se veng\u00f3. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y acept\u00f3 la humillaci\u00f3n del vasallaje y el pagode tributos. Todo acept\u00f3 Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamand\u00f3 que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso s\u00ed que no, eso s\u00ed quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la conden\u00f3 al exterminio. Y all\u00e1marcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resisti\u00f3 tres a\u00f1os. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y hab\u00edan sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cay\u00f3. Seis d\u00edas y seis noches dur\u00f3 el incendio.Despu\u00e9s, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca m\u00e1s creciera all\u00ed nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de Espa\u00f1a, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despu\u00e9snaci\u00f3 en las costas de Am\u00e9rica. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confi\u00f3 su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, tambi\u00e9n ella elegir\u00eda morir, como muri\u00f3 la abuela.El paso del tiempoSeis siglos despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, Roma decidi\u00f3 que el a\u00f1o empezar\u00eda elprimer d\u00eda de enero.Hasta entonces, cada a\u00f1o nac\u00eda el 15 de marzo.No hubo m\u00e1s remedio que cambiar la fecha, por raz\u00f3n de guerra.Espa\u00f1a ard\u00eda. La rebeli\u00f3n, que desafiaba el poder\u00edo imperial y devorabamiles y m\u00e1s miles de legionarios, oblig\u00f3 a Roma a cambiar la cuenta de susd\u00edas y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos a\u00f1os dur\u00f3 el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del r\u00edo Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambi\u00f3, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los a\u00f1os.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano","twitter:creator":"@espaiMarx","twitter:image":"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/cropped-cropped-cropped-logoEspai-6-1.png"},"aioseo_meta_data":{"post_id":"622","title":null,"description":null,"keywords":null,"keyphrases":null,"primary_term":null,"canonical_url":null,"og_title":null,"og_description":null,"og_object_type":"default","og_image_type":"default","og_image_url":null,"og_image_width":null,"og_image_height":null,"og_image_custom_url":null,"og_image_custom_fields":null,"og_video":null,"og_custom_url":null,"og_article_section":null,"og_article_tags":null,"twitter_use_og":false,"twitter_card":"default","twitter_image_type":"default","twitter_image_url":null,"twitter_image_custom_url":null,"twitter_image_custom_fields":null,"twitter_title":null,"twitter_description":null,"schema":{"blockGraphs":[],"customGraphs":[],"default":{"data":{"Article":[],"Course":[],"Dataset":[],"FAQPage":[],"Movie":[],"Person":[],"Product":[],"ProductReview":[],"Car":[],"Recipe":[],"Service":[],"SoftwareApplication":[],"WebPage":[]},"graphName":"","isEnabled":true},"graphs":[],"defaultGraph":"","defaultPostTypeGraph":""},"schema_type":"default","schema_type_options":null,"pillar_content":false,"robots_default":true,"robots_noindex":false,"robots_noarchive":false,"robots_nosnippet":false,"robots_nofollow":false,"robots_noimageindex":false,"robots_noodp":false,"robots_notranslate":false,"robots_max_snippet":null,"robots_max_videopreview":null,"robots_max_imagepreview":"large","priority":null,"frequency":null,"local_seo":null,"breadcrumb_settings":null,"limit_modified_date":false,"ai":null,"created":"2022-09-11 10:22:51","updated":"2025-06-29 09:04:56","seo_analyzer_scan_date":null},"aioseo_breadcrumb":"<div class=\"aioseo-breadcrumbs\"><span class=\"aioseo-breadcrumb\">\n\t\t\t<a href=\"https:\/\/espai-marx.net\" title=\"Home\">Home<\/a>\n\t\t<\/span><span class=\"aioseo-breadcrumb-separator\">&raquo;<\/span><span class=\"aioseo-breadcrumb\">\n\t\t\t<a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?cat=29\" title=\"Internacional\">Internacional<\/a>\n\t\t<\/span><span class=\"aioseo-breadcrumb-separator\">&raquo;<\/span><span class=\"aioseo-breadcrumb\">\n\t\t\t<a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?cat=32\" title=\"America Latina\">America Latina<\/a>\n\t\t<\/span><span class=\"aioseo-breadcrumb-separator\">&raquo;<\/span><span class=\"aioseo-breadcrumb\">\n\t\t\tBocas del tiempo. 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