{"id":637,"date":"2007-02-11T00:00:00","date_gmt":"2007-02-11T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=637"},"modified":"2020-02-27T18:08:03","modified_gmt":"2020-02-27T17:08:03","slug":"el-guardian-entre-la-finitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=637","title":{"rendered":"El guardi\u00e1n entre la finitud"},"content":{"rendered":"<p>Jorge Riechmann, <i>Gente que no quiere ir a Marte<\/i>. <i>Ensayos sobre ecolog\u00eda, \u00e9tica y autolimitaci\u00f3n<\/i> Madrid: Los libros de la Catarata 2004, 247 p\u00e1ginas. Pr\u00f3logo de Jos\u00e9 Manuel Naredo.<\/p>\n<p>Los confiados optimistas en el desarrollo imparable, progresivo, ilimitado y benefactor de los saberes y haceres tecnocient\u00edficos, conjunto cuya intersecci\u00f3n no es vac\u00eda con el de los aguerridos (y agresores) partidarios del sistema maximin -m\u00e1ximo beneficio para un reducido sector oligop\u00f3lico y m\u00ednimo bienestar, cuando no condena a la inexistencia, para una mayor\u00eda abrumadora de la Humanidad- suelen arg\u00fcir, si generosamente queremos ensanchar el campo sem\u00e1ntico del apreciado t\u00e9rmino, que las preocupaciones y llamadas urgentes de atenci\u00f3n de documentados ecologistas, en acci\u00f3n ininterrumpida, est\u00e1n no s\u00f3lo absolutamente desenfocadas y desorientadas sino que son, simple y b\u00e1sicamente, un regreso (reaccionario e irracionalista) al pasado: no hay peligro sustantivo al acecho, o bien \u00e9stos son nimios y f\u00e1cilmente evitables, o acaso, se se\u00f1ala, los datos de partida de la perspectiva ecologista est\u00e1n mal construidos, son (im)puros e interesados inventos alocados, y, por tanto y finalmente, se concluye que los alarmados, antirracionalistas y alterados insurgentes olvidan conscientemente que existe una mejor\u00eda notable, incluso sobresaliente, entre la situaci\u00f3n actual y la que se viv\u00eda algunos a\u00f1os atr\u00e1s, cuando, por ejemplo, el uso irresponsable de derivados fluorados y clorados\u00a0 adelgaz\u00f3 y agujere\u00f3 la capa de ozono. Despu\u00e9s de ello, los confiados partidarios del maximin entonan alegremente en alg\u00fan spot radiof\u00f3nico financiado por alguna transnacional amante del \u201cmedio ambiente\u201d: el futuro est\u00e1 abierto y la energ\u00eda, <i>nuestra<\/i> energ\u00eda, es limpia como nuestro coraz\u00f3n y nuestras finalidades.<\/p>\n<p>Cuando las cosas y los acontecimientos se tuercen un tanto, cuando los datos, argumentos y situaciones apuntadas desde varios frentes son abrumadoramente contrarios a sus -estas s\u00ed- demenciadas posiciones, los productivistas y tecnicistas sin freno abren una de las \u00faltimas puertas de su dise\u00f1ada cosmovisi\u00f3n y echan mano de la \u00e9pica c\u00f3smica del cowboy postmoderno: si las cosas no llegasen a funcionar satisfactoriamente en nuestro planeta azul, hasta el punto de que la especie humana se convirtiera definitivamente en un tejido canceroso de la biosfera, la salida est\u00e1 a nuestro alcance: d\u00e9monos cuenta de que no estamos limitados a nuestra morada en el aire, de que somos parte activa y conquistadora de un sistema mucho m\u00e1s amplio. Marte est\u00e1 cerca y quien dice Marte -por si nos atacan sus pobladores- dice Saturno o Plut\u00f3n. Vayamos all\u00e1 donde podamos y deseemos. Nada nos est\u00e1 vetado. Todo es posible incluso lo supuestamente imposible. Hagamos, sin excesiva y paralizante reflexi\u00f3n y conscientemente alejados de toda norma de precauci\u00f3n, todo aquello que podamos hacer. Invirtamos sin pesta\u00f1ear y sin control en una nueva odisea en el espacio para 2101 y siglos venideros. Alcancemos J\u00fapiter, m\u00e1s pronto que tarde y, si es necesario, y es claro y distinto que empieza a ser necesario, rompamos en diez, cien o mil partes lo que haya que explotar y la vida humana, con nuestros omnipotentes saberes y haceres tecnol\u00f3gicos, estar\u00e1 garantizada cuanto menos para los pr\u00f3ximos 10.000 a\u00f1os, como postulaba el \u201cprogresista\u201d astr\u00f3nomo brit\u00e1nico Adrian Berry en la d\u00e9cada de los setenta. Luego, los dioses tecnol\u00f3gicos seguir\u00e1n ordenado nuestro existir c\u00f3smico. Atr\u00e1s dejaremos las huellas aniquiladoras de nuestro ser. No hay nada que cambiar en el plano de nuestras finalidades b\u00e1sicas, no hay que alterar en lo m\u00e1s m\u00ednimo nuestras costumbres ni nuestra forma de respirar, pisar, producir y consumir. Ninguna otra vida es posible ni concebible. El futuro no s\u00f3lo est\u00e1 abierto y es infinito sino que est\u00e1 al lado de nuestra voz de mando. El arma de nuestra ansia de conquista y poder es invencible. Somos ya m\u00e1s que humanos. Ha llegado la hora del superhombre: la del Ser que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo humano.<\/p>\n<p>Estamos, como apunta el autor, ante el arte de la fuga capitalista hacia la bestia, hacia la m\u00e1quina. Jorge Riechmann, con <i>Gente que no quiere ir a Marte<\/i>, la tercera parte de su trilog\u00eda de la autocontenci\u00f3n -cuyas dos primeras partes fueron <i>Un mundo vulnerable<\/i> (2000) y <i>Todos los animales somos hermanos <\/i>(2003)- arguye de forma admirablemente documentada contra el ilimitado mar de falacias que inunda una perspectiva unilateralmente desarrollista. Somos hijos de Prometeo, hemos robado fuego y saberes prohibidos a los dioses, pero es deber de todos comportarnos como descendientes inteligentes de ese\u00a0 legado insumiso. Y no porque renunciemos al desarrollo sino porque creemos, con Pasolini, que el crecimiento (neo) capitalista es antag\u00f3nico a un verdadero progreso humano que no consista en la acumulaci\u00f3n irrestricta de objetos chabacanos y faltos de sentido, acompa\u00f1ada de una constante e irreversible destrucci\u00f3n de valores existenciales b\u00e1sicos.<\/p>\n<p>La finalidad b\u00e1sica de los diez cap\u00edtulos que componen esta tercera parte de la trilog\u00eda, as\u00ed como su imprescindible nota previa -\u201dLa utop\u00eda negativa del capital\u201d- y la reflexi\u00f3n final, sin olvidar la hermosa dedicatoria del ensayo, es enunciada por Riechmann en los siguientes t\u00e9rminos: \u201cEl volumen que tienes entre manos, amable lector, discreta lectora, est\u00e1 escrito para explorar por qu\u00e9 la idea de viaje a Marte -comprendida no s\u00f3lo en sus t\u00e9rminos literales, sino tambi\u00e9n en toda su dimensi\u00f3n simb\u00f3lica- no nos parece de entrada demasiado atractiva, ni a m\u00ed ni a mucha otra gente (por valioso que juzguemos el conocimiento cient\u00edfico sobre el devenir del cosmos y las caracter\u00edsticas de nuestro sistema solar)\u201d.<\/p>\n<p>El autor de <i>Canciones allende lo humano <\/i>nos<i> <\/i>presenta sus posiciones<i> <\/i>con informaci\u00f3n sustantiva y diversa, esto es, con informaci\u00f3n contrastada y pertinente para el caso; con fina y completa argumentaci\u00f3n que no olvida las m\u00faltiples caras de las cuestiones tratadas, con mod\u00e9lica pasi\u00f3n razonada e inspir\u00e1ndose, en la discusi\u00f3n normativa, en un enorme y variado\u00a0 conjunto de pensadores y poetas. Entre otros, Hanna Arendt, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, Hans Jonas, Albert. Camus, el citado Pier Paolo Pasolini, Lewis Mumford, Paul Forman y Manuel Sacrist\u00e1n, recogiendo tambi\u00e9n ense\u00f1anzas del tsimtsum de la c\u00e1bala o del jasidismo o budismo zen. A destacar,\u00a0 por su infrecuencia, el inter\u00e9s y buen hacer con el que Riechmann presenta las tesis de Nicholas Rescher -un fil\u00f3sofo de la ciencia que sin duda merece una mayor atenci\u00f3n en tierras ib\u00e9ricas- sobre el \u00e1mbito de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p>La apuesta por la autolimitaci\u00f3n, la\u00a0 construcci\u00f3n de una \u00e9tica del l\u00edmite y de la imperfecci\u00f3n -dado que, como el propio Riechmann se\u00f1ala, la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica, la desigualdad socioecon\u00f3mica y el descontrol de la tecnociencia son los tres temas mayores que deber\u00edan abordar hoy las ciencias sociales y la cr\u00edtica filos\u00f3fica- no implican en ning\u00fan caso la idealizaci\u00f3n de pasados m\u00e1s o menos remotos. Contrariamente a lo que en alguna ocasi\u00f3n se ha defendido desde algunos sectores del ecologismo y desde otras tribunas, no se parte aqu\u00ed del presupuesto de un bello, idealizado y arm\u00f3nico equilibrio de las culturas primitivas, alterado o liquidado sin m\u00e1s matices por la modernidad. No se trata de ning\u00fan combate entre antiguos y modernos, entre la armon\u00eda cl\u00e1sica y la desarmon\u00eda de la Modernidad. Y, desde luego, a\u00fan menos se defiende una nostalgia por lo pre-humano en la l\u00ednea de lo apuntado por John Zerzan (pp. 39-40). Riechmann es cartesianamente claro en este punto, con una interesante arista critica contra el irrealismo conformista y consolador: \u201cSituar la Edad de Oro en un pasado inalcanzable por definici\u00f3n me parece reaccionario -se\u00f1ala-. Se trata de un ejemplo m\u00e1s -me temo- de la loca idealizaci\u00f3n de lo que nos queda lejos, lo m\u00e1s lejos posible, de manera que nuestro pensamiento desiderativo no tiene porque arriesgarse en el contraste con la realidad -que suele ser doloroso\u201d (p.40).<\/p>\n<p>Por otra parte, acaso podr\u00eda apuntarse cr\u00edticamente que esta llamada a la audacia contenida, al cultivo del l\u00edmite, resulta contraria a la propia naturaleza humana. \u00bfNo somos los humanos la especie de la soberbia, del descontrol, de la ilimitaci\u00f3n? \u00bfNo est\u00e1 en nuestra propia esencia de seres biol\u00f3gicos dominantes el transgredir toda frontera que se nos quiera imponer artificial, innaturalmente? \u00bfNo nos condena este cultivo del jard\u00edn de la finitud a un mortal aburrimiento que con el transcurso del tiempo conllevar\u00e1 una explosi\u00f3n descontrolada de energ\u00edas amantes del riesgo y de la aventura existencial? Hablar de la naturaleza humana fija, de esencias biol\u00f3gicas inamovibles siempre es discurso de alta tensi\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de trivialidades del tipo \u201csomos seres que necesitamos respirar o consumir diariamente determinada cantidad de calor\u00edas\u201d, pero Riechmann se ha esforzado en dejar claro que no hay en su propuesta normativa y vital ning\u00fan brindis al sol del lunes y de la inactividad. M\u00e1s all\u00e1 del prudente elogio a la pereza del que fuera yerno de Marx, el autor de <i>Un zumbido cercano<\/i> nos propone una multitud de tareas que alejan mil a\u00f1os-luz la posibilidad de todo aburrimiento existencial. Cuidar los l\u00edmites de nuestra vida, convertirnos en guardianes de la finitud, construir un mundo donde las desigualdades abyectas sean un recuerdo de la pre-historia, aceptar la \u00e9pica de la autolimitaci\u00f3n y de la igualdad, no es condenarnos a una somnolencia insoportable. Acaso no haya mayor aventura para las generaciones futuras -para los por nacer, de los que hablaba Brecht- que evitar la aniquilaci\u00f3n de nuestro vulnerable habit\u00e1culo. Como una cebolla inagotable, cada capa de su ser esconde a su vez otras muchas e inesperadas capas. El mismo Borges recordaba aquella aspiraci\u00f3n del compa\u00f1ero de Madame de Chat\u00ealet -\u201cUn hombre que cultiva su jard\u00edn como quer\u00eda Voltaire\u201d- y conclu\u00eda: \u201cEsas personas, gente que se ignora, est\u00e1n salvando el mundo\u201d.<\/p>\n<p>En las p\u00e1ginas finales del ensayo, hay, adem\u00e1s, un punto de enorme inter\u00e9s psicol\u00f3gico, con netas implicaciones poli\u00e9ticas, que no deber\u00eda pasar desapercibido por el c\u00famulo de informaci\u00f3n, de razones y reflexiones que nos brinda el autor del ensayo. Riechmann, retomando ideas de Hans Jonas y G\u00fcnther Anders, apunta a un problema b\u00e1sico en su consideraci\u00f3n del ser humano y de su pr\u00e1ctica social: el olvido, la marginaci\u00f3n del miedo, el no asustarse suficiente ante los peligros crecientes en los que nos encontramos inmersos, por desidia, por defensa psicol\u00f3gica ante lo insoportable, por pensar que eso no va a ocurrirnos a nosotros ni a nuestros pr\u00f3ximos, por creer que el futuro est\u00e1 lejos o acaso, arguyendo, que la ley de la entrop\u00eda nos condena a todos a la larga y que, por tanto, dentro de dos billones de a\u00f1os todos estaremos calvos. \u00bfQu\u00e9 es pensar?, preguntaba Heidegger. Pensar, responde Riechmann, es pensar a partir de Auschwitz, de Hiroshima y de Chern\u00f3bil. Con Zygmunt Bauman, Hiroshima y Chern\u00f3bil no son da\u00f1os colaterales de la modernidad, sino parte integrante, hasta la fecha, del proyecto, de un proyecto que debemos heredar y cuidar con cuidado. Esa es la gran tarea que nos ha legado el terrible siglo XX. Debemos reflexionar asust\u00e1ndonos suficientemente (y sin par\u00e1lisis) ante la destrucci\u00f3n. En nuestra \u00e9poca, se\u00f1ala Riechmann, \u201c<i>la \u00e9poca moral del largo alcance<\/i>, la respuesta \u00e9tica pol\u00edtica que precisan los graves problemas a los que hacemos frente debe formularse -a mi entender- en t\u00e9rminos de responsabilidad (hacerse cargo de las consecuencias) y autocontenci\u00f3n (tratar conscientemente de moderar nuestra <i>hybris<\/i>) (p.246).<\/p>\n<p>De lo anterior no se infiere desconocimiento de los datos b\u00e1sicos de la situaci\u00f3n. La Tierra pierde fuerza poco a poco al tener que contrarrestar la acci\u00f3n constante del flujo y reflujo de las mareas. Gira por ello cada vez m\u00e1s despacio. Habr\u00e1 una \u00e9poca en que la Tierra tarde 25 horas en girar sobre s\u00ed misma, luego 26, y as\u00ed sucesivamente. Llegar\u00e1 pues el momento, muy lejano, en que ese giro casi se detendr\u00e1. Tambi\u00e9n la Luna se alejar\u00e1 cada vez m\u00e1s, y es plausible pensar que al salirse de su \u00f3rbita vuelva a caer sobre la Tierra. Sin duda, este probable suceso es un fen\u00f3meno de peligro no desde\u00f1able: nuestro sat\u00e9lite se ver\u00e1 sometido a fuerzas enormes que acabar\u00e1n por romperlo; sus trozos llover\u00e1n sobre la Tierra y la arrasar\u00e1n. Algo habr\u00e1 que hacer, sin duda, pero, tambi\u00e9n sin duda, esta no es tarea urgente de nuestra hora. Obs\u00e9rvese, por otra parte, que el peligro se\u00f1alado no est\u00e1 en\u00a0 nuestro mal hacer sino en las propias leyes cosmol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de lo se\u00f1alado, <i>Gente<\/i><i> que no quiere ir a Marte<\/i> es una decidida apuesta por una racionalidad completa, ya que, tal como se\u00f1ala Jos\u00e9 Manuel Naredo en su magn\u00edfico pr\u00f3logo, cuando la posibilidad de encontrar un planeta habitable se sit\u00faa como poco a una distancia de cientos de a\u00f1os luz, la idea de la colonizaci\u00f3n espacial se convierte en un distop\u00eda no s\u00f3lo f\u00edsica sino econ\u00f3mica ya que el empe\u00f1o de enviar pobladores a otros, supuestamente habitables, o a comerciar\u00a0 con ellos enterrar\u00eda muchos m\u00e1s recursos de los que podr\u00eda aportar a nuestro planeta. De hecho, la carrera espacial \u201cen su vano empe\u00f1o de escapar de la Tierra, ha ayudado a apreciarla mucho m\u00e1s como el planeta tan singular y adaptado a nuestras necesidades que es como morada id\u00f3nea e irreproductible que debemos cuidar&#8230;\u201d (p.16). \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Riechmann, con este nuevo ensayo, nos ense\u00f1a a cuidar con mimo nuestra singular estancia, nuestra a\u00e9rea morada: \u201cHabr\u00e1 que aprender a cuidar la Tierra, trat\u00e1ndola a veces con amor de jardinero, a ratos con reverencia de ermita\u00f1o budista, por trechos con sentimiento de hermandad franciscana, en otras ocasiones con admiraci\u00f3n de indio de las Grandes Praderas\u201d (p. 246). Y nos recuerda, adem\u00e1s, la necesidad de refutar aquel aforismo, por \u00e9l citado, del gran Max Born en 1968, precisamente en 1968: \u201cTengo la impresi\u00f3n de que la Naturaleza ha fracasado en su intento de producir en esta Tierra un ser inteligente\u201d. \u00bfA que esperamos para intentar desmentir, con el debido respeto, la afirmaci\u00f3n del gran f\u00edsico at\u00f3mico?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Riechmann, Gente que no quiere ir a Marte. 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