{"id":663,"date":"2007-03-03T00:00:00","date_gmt":"2007-03-03T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=663"},"modified":"2020-02-27T17:48:26","modified_gmt":"2020-02-27T16:48:26","slug":"religion-e-instituciones-religiosas-versus-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=663","title":{"rendered":"Religi\u00f3n e instituciones religiosas versus ciencia"},"content":{"rendered":"<p>Antonio Beltr\u00e1n, <i>Galileo, ciencia y religi\u00f3n<\/i>, Paid\u00f3s, Barcelona 2001. 320 p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Permanecer\u00e1, sin duda, en lugar destacado de la historia universal de la infamia. Galileo, viejo y casi ciego, obligado a abjurar de su copernicanismo y a convertirse en un delator, arrodillado, frente a los miembros de la Sant\u00edsima Inquisici\u00f3n, y leyendo un texto que merece ser reproducido una y mil veces:<\/p>\n<p><i>\u201cYo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galileo de Florencia, a los setenta a\u00f1os de mi edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vos, eminent\u00edsimos y reverend\u00edsimos cardenales, Inquisidores generales en toda la Rep\u00fablica Cristiana contra la her\u00e9tica maldad; teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios, los cuales toco con mis propias manos, juro que siempre he cre\u00eddo, creo ahora y con la ayuda de Dios, creer\u00e9 en el futuro todo aquello que sostiene, predica y ense\u00f1a la Santa Cat\u00f3lica y Apost\u00f3lica Iglesia. Pero como por este Santo Oficio, luego de haberme sido jur\u00eddicamente intimado con precepto del mismo que deb\u00eda abandonar totalmente la falsa opini\u00f3n de que el Sol es el centro del mundo y no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no sostuviera, defendiera ni ense\u00f1ara de ninguna manera, ni de viva voz ni por escrito, dicha falsa doctrina, y tras haberme notificado que dicha doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, he escrito y dado a la estampa un libro en el cual trato la misma doctrina ya condenada y aporto razones con mucha eficacia en favor de ella, sin aportar ninguna soluci\u00f3n, he sido juzgado como vehemente sospechoso de herej\u00eda, es decir, de haber sostenido y cre\u00eddo que el Sol es el centro del mundo e inm\u00f3vil, y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve.<\/i><\/p>\n<p><i> Por tanto, queriendo yo quitar de la mente de Vuestras Eminencias y de todo fiel cristiano esa vehemente sospecha, justamente concebida sobre m\u00ed, con coraz\u00f3n sincero y fe no fingida abjuro y maldigo y detesto dichos errores y herej\u00edas, y en general cualquier otro error, herej\u00eda o secta contra la Santa Iglesia; y juro que en el futuro no dir\u00e9 nunca m\u00e1s ni afirmar\u00e9 de viva voz o por escrito cosas tales por las cuales se puede tener de m\u00ed semejante sospecha; y si conociera alg\u00fan hereje o sospechoso de herej\u00eda lo denunciar\u00e9 a este Santo Oficio, o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre<\/i><\/p>\n<p><i> Yo, Galileo Galilei, antedicho, he abjurado, jurado, prometido y me he obligado como queda dicho; y en fe de la verdad, con mi propia mano he firmado la presente c\u00e9dula de abjuraci\u00f3n y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de la Minerva, este d\u00eda 22 de junio de 1633. Yo, Galileo Galilei, he abjurado como queda dicho, de mi propia mano.\u201d<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A \u00e9l, a su figura y a su obra, est\u00e1 dedicado este <i>Galileo, ciencia y religi\u00f3n<\/i> (GCR). Su autor, Antonio Beltr\u00e1n Mar\u00ed, no s\u00f3lo es un docto verdiano con exquisitas veleidades mozartianas, sino que es, adem\u00e1s, un excelente profesor de historia de la ciencia de la Facultad de Filosof\u00eda de la Universidad de Barcelona, cuyos intereses b\u00e1sicos se sit\u00faan, por una parte, en su destacada faceta de historiador, en las \u00e9pocas de la revoluci\u00f3n cient\u00edfica y de la Ilustraci\u00f3n y, en el \u00e1mbito de la filosof\u00eda de la ciencia, en el estudio detallado de la obra del historiador Thomas S. Kuhn. Beltr\u00e1n prepara, en la actualidad, una larga monograf\u00eda sobre las relaciones entre Galileo y la Iglesia.<\/p>\n<p>GCR est\u00e1 formado por siete art\u00edculos que, como el autor se\u00f1ala en el prefacio, \u201cse pueden leer con independencia unos de otros\u201d. El primero de los trabajos reunidos (\u201cLa f\u00edsica aristot\u00e9lica\u201d), el \u00fanico que no est\u00e1 directamente dedicado a la obra galileana, podr\u00eda considerarse como una base desde la cual captar mejor el cambio conceptual que signific\u00f3 la revoluci\u00f3n conceptual de la f\u00edsica galileana. \u201cAborda expl\u00edcitamente una cuesti\u00f3n casi constante a lo largo del libro: la imbricaci\u00f3n entre la historia o la tarea de historiar y el historiador, entre lo sucedido y lo contado, entre lo que hay y lo que se ve y dice\u201d (p.11). De esta forma, sabremos que el libro titulado <i>Fisica<\/i> y atribuido normalmente a Arist\u00f3teles no exist\u00eda antes del siglo XV y que, adem\u00e1s, el manuscrito aristot\u00e9lico no s\u00f3lo no ha llegado hasta nosotros, sino que hace ya muchos siglos que tal manuscrito original no existe: \u201cse dispone de varias familias de copias totales o parciales del texto de la F\u00edsica, el m\u00e1s antiguo de los cuales nos retrotrae s\u00f3lo hasta el siglo X d.C\u201d, copias de los textos de Arist\u00f3teles entre las que, obviamente, hay netas diferencias.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo eso. Los asuntos tratados en la <i>F\u00edsica<\/i> del Fil\u00f3sofo son muy diversos de los que contendr\u00eda un manual de f\u00edsica en la actualidad. Arist\u00f3teles discute asuntos centrales que hab\u00edan surgido en la filosof\u00eda de la naturaleza. En Parm\u00e9nies, por ejemplo, o con Zen\u00f3n y sus apor\u00edas. \u00bfPor qu\u00e9 entonces hablamos de <i>f\u00edsica<\/i> aristot\u00e9lica? Porque las leyes del movimiento, que ocuparon especialmente a Galileo y a Newton, \u201cfueron cobrando una autonom\u00eda que nos permiten hablar de la f\u00edsica de Arist\u00f3teles tambi\u00e9n en este sentido\u201d. Beltr\u00e1n apunta entonces una inquietud did\u00e1ctica, en el mejor de los sentidos del t\u00e9rmino, que recorre las p\u00e1ginas de GCR: \u201cLos estudiosos conocen bien estas cosas, pero ahora s\u00e9 que a m\u00ed, cuando era estudiante, me hubiera gustado que alguien me las explicara y por eso yo intento hacerlo en este texto mediante una triple aproximaci\u00f3n a la <i>F\u00edsica<\/i> de Arist\u00f3teles\u201d (p.12).<\/p>\n<p>El segundo cap\u00edtulo de GCR (\u201cGalileo. Un di\u00e1logo para la historia\u201d) fue escrito en 1997 y constituye la introducci\u00f3n a la cuidada y ejemplar edici\u00f3n castellana, a cargo de Beltr\u00e1n, del <i>Di\u00e1logo sobre dos m\u00e1ximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano<\/i>. Este trabajo \u201dproporciona una panor\u00e1mica suficiente de la biograf\u00eda intelectual de Galileo para ubicar los temas m\u00e1s puntuales de la obra y vida de Galileo que se abordan en los siguientes art\u00edculos\u201d (p. 12). Aqu\u00ed, el lector puede encontrar, por ejemplo, una excelente discusi\u00f3n en torno al uso de la experiencia en la argumentaci\u00f3n cient\u00edfica (p.70 ss) y a la tesis de que \u201cla mera observaci\u00f3n no incluye todo lo relevante\u201d, a prop\u00f3sito de la pol\u00e9mica sobre la estaticidad de la Tierra.<\/p>\n<p>El tercero de los ensayos recogidos (\u201c\u00bfFlujo y reflujo conceptual? Galileo y los paradigmas\u201d) fue presentado, como comunicaci\u00f3n, en el 18\u00ba Congreso Internacional de Historia de las ciencias, celebrado en Montreal en 1995. Se compone de dos partes: la primera es un resumen de un apartado de la Introducci\u00f3n a su edici\u00f3n del <i>Di\u00e1logo sobre los dos m\u00e1ximos sistemas<\/i>, y, en una segunda parte, de contenido m\u00e1s historiogr\u00e1fico y metodol\u00f3gico, Beltr\u00e1n argumenta y sit\u00faa la curiosa fluctuaci\u00f3n cient\u00edfica de Galileo entre las antiguas tesis de la filosof\u00eda de la naturaleza y las nuevas posiciones que \u00e9l mismo ha introducido y defendido en su propia obra. De este modo, Galileo sigui\u00f3 atrapado por la fascinaci\u00f3n que el movimiento circular ejerci\u00f3 sobre los cosm\u00f3logos y astr\u00f3nomos hasta que Kepler, tras tit\u00e1nica y admirable lucha, lo sustituy\u00f3 por la trayectoria el\u00edptica de los planetas. De hecho, como apunta el propio Beltr\u00e1n, \u201cla distancia entre Galileo y Newton en muchos puntos permite plantear el problema de la aplicabilidad del concepto de paradigma de Kuhn a la obra de Galileo en particular y a la revoluci\u00f3n cient\u00edfica en general\u201d (p. 15).<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo podr\u00e1 tambi\u00e9n hallarse una interesante discusi\u00f3n sobre la noci\u00f3n kuhniana de paradigma (pp.116-128) y las cr\u00edticas vertidas contra esta categor\u00eda dada su innegable polisemia. Beltr\u00e1n resume as\u00ed su posici\u00f3n: \u201ccreo que los fil\u00f3sofos de la ciencia, en especial los formalistas han tendido a dar por sentadas las identificaciones univocidad-claridad y polisemia-confusi\u00f3n en sus cr\u00edticas al concepto de paradigma. Pero desde el punto de vista del historiador esa polisemia puede ser vista como riqueza de significado\u201d (p. 126).<\/p>\n<p>El resto de los trabajos que componen GCR mantienen una unidad innegable y est\u00e1n escritos en el marco de una investigaci\u00f3n m\u00e1s general del autor sobre el \u201ccaso Galileo\u201d, sobre las relaciones entre Galileo y la Iglesia.<\/p>\n<p>El primero de estos trabajos, el cap\u00edtulo cuarto del libro (\u201cEl problema del precepto del 26 de febrero de 1616. Documentos, reconstrucciones y apolog\u00eda\u201d) se centra en un punto central de la acusaci\u00f3n de la Iglesia contra Galileo: tal acusaci\u00f3n no tiene relaci\u00f3n directa con el <i>Di\u00e1logo<\/i> publicado en 1630, sino con su desobediencia al precepto, promulgado por la Inquisici\u00f3n en 1616, seg\u00fan el cual Galileo \u201cni pod\u00eda sostener, ense\u00f1ar o defender de ning\u00fan modo, verbalmente o por escrito\u201d el copernicanismo. Empero, \u00e9l public\u00f3 el <i>Di\u00e1logo<\/i> y con eso desobedeci\u00f3 la orden.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n hist\u00f3rica en debate se sit\u00faa en el punto siguiente: el documento que da fe de este precepto contra Galileo presenta numerosos problemas, \u201ctanto internos como de coherencia, con los otros documentos que hacen referencia al asunto\u201d (p.14). Lo sucedido en casa del cardenal Bellarmino aquel 26 de febrero de 1616 ha sido discutido incesantemente. En 1984, en el \u00e1mbito del trabajo de la comisi\u00f3n de estudio nombrada por el inefable Juan Pablo II en julio de 1981, se public\u00f3 un documento, hasta entonces in\u00e9dito, que ha sido presentado como decisivo para aclarar lo sucedido. Beltr\u00e1n apunta buenas razones para defender que el asunto no pueda quedar zanjado \u201cy m\u00e1s bien tenemos razones para pensar que esta pol\u00e9mica se da a pesar de los documentos y no s\u00f3lo sobre la base a lo documentos, por lo que no parece que vaya a acabarse la discusi\u00f3n\u201d (p.15). La propia posici\u00f3n del autor queda explicitada en la parte final de su trabajo: \u201c(&#8230;) parece, por tanto bastante razonable considerar de nuevo la hip\u00f3tesis de que la intimaci\u00f3n del precepto a Galileo en 1616 no tuvo lugar nunca y que el documento se cre\u00f3 fraudulentamente no en 1616 sino m\u00e1s tarde, en 1632-1633, cuando ven\u00eda a solucionar los problemas m\u00e1s espinosos a los que se enfrentaban el papa y la Iglesia en el proceso a Galileo\u201d (p.170). En definitiva, que la Sant\u00edsima Iglesia, no siempre santa, no se anduvo con chiquitas y elabor\u00f3 un documento <i>ad hoc<\/i> para la condena.<\/p>\n<p>El quinto trabajo (\u201cEl di\u00e1logo sobre los m\u00e1ximos sistemas del mundo de Galileo. G\u00e9nesis y problemas\u201d) permite ver, por un parte, los avatares a los que se vio sometida la redacci\u00f3n de esta obra central de la historia de la ciencia y, por otra, la permanencia y estabilidad de sus tesis centrales. En opini\u00f3n de Beltr\u00e1n, \u201cen el caso de Galileo, las ideas cient\u00edficas y los argumentos eran lo fundamental. \u00c9ste no es el caso de los enemigos que consiguieron su condena y la de su obra\u201d (p.16).<\/p>\n<p>El sexto art\u00edculo (\u201c\u2018Una reflexi\u00f3n serena objetiva\u2019. Galileo y el intento de autorrehabilitaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica\u201d) es producto, seg\u00fan manifiesta el autor, de la reacci\u00f3n a la lectura de dos textos de Walter Brandm\u00fcller, \u201cel apologista m\u00e1s fan\u00e1tico de la actualidad\u201d (p.16). La lectura de sus trabajos puede producir, en opini\u00f3n de Beltr\u00e1n, un sarpullido moral e intelectual. En el marco de la comisi\u00f3n de estudios galileanos nombrada por el papado, Brandm\u00fcller fue encargado, junto con Greipl, de la edici\u00f3n de los documentos inquisitoriales de 1820-1823. La opini\u00f3n de Beltr\u00e1n sobre el hacer intelectual del apologista queda se\u00f1alada del modo siguiente. \u201cPero, en sus textos, Brandm\u00fcller no analiza nunca m\u00ednimamente ni un solo argumento te\u00f3rico. Da o quita la raz\u00f3n con rotundidad, pero las razones no parecen importarle mucho\u201d (p. 224), especialmente en su ensayo <i>Galileo y la Iglesia<\/i>. En cuanto a la manipulaci\u00f3n historiogr\u00e1fica Beltr\u00e1n se\u00f1ala que \u201c(&#8230;) a estas alturas, la manipulaci\u00f3n ha alcanzado tal nivel que los decretos inquisitoriales de 1616 y 1633, condenando el copernicanismo y a Galileo, han adquirido el mismo estatus polis\u00e9mico y pol\u00edtico que los textos de las Sagradas Escrituras. Es decir, dicen simple y llanamente lo que la Iglesia cat\u00f3lica quiere que digan; independientemente de lo que digan, naturalmente\u201d (p.237). De este modo, Brandm\u00fcller concluye en uno de sus trabajos que el h\u00e9roe de esta historia, el padre Olivieri, comisario del Santo Oficio, partidario de autorizar el copernicanismo en las primeras d\u00e9cadas del siglo XIX, hab\u00eda mostrado una gran erudici\u00f3n y sagacidad, consiguiendo demostrar (\u00a1demostrar!) que la Santa Sede censur\u00f3 el heliocentrismo en 1616 por motivos tan v\u00e1lidos como los usados para aceptarlo en 1820. Beltr\u00e1n se\u00f1ala, con fino humor, que \u00e9ste es, sin duda, \u201cel tipo de logro que s\u00f3lo la Iglesia es capaz de conseguir\u201d (p. 271).<\/p>\n<p>En el \u00faltimo trabajo, tal vez el central de GCR (\u201cCiencia y religi\u00f3n. Una conversaci\u00f3n entre creyentes\u201d), se examina hist\u00f3rica y anal\u00edticamente la opini\u00f3n sobre el conflicto y el di\u00e1logo entre ciencia y religi\u00f3n. La posici\u00f3n del autor sobre este espinoso y delicado tema puede resumirse as\u00ed:<\/p>\n<p>1. La tesis de que existe di\u00e1logo entre ciencia y religi\u00f3n tiene hoy excelente prensa, afirm\u00e1ndose casi como un lugar com\u00fan.<\/p>\n<p>2. Es, sin duda, un desideratum expresado entusi\u00e1sticamente por numerosos religiosos (no por todos) y por algunos miembros de las comunidades cient\u00edficas.<\/p>\n<p>3.Tal proclama reiterada se acaba convirtiendo en ilustraci\u00f3n o concreci\u00f3n del supuesto di\u00e1logo que se defiende.<\/p>\n<p>4. Pero, aqu\u00ed Beltr\u00e1n, \u201ces dif\u00edcil encontrar otro tipo de ejemplo de este di\u00e1logo en cualquiera de los sentidos usuales del t\u00e9rmino. Naturalmente, tambi\u00e9n el sentido en que se entiende \u201cciencia\u201d y \u201creligi\u00f3n\u201d resulta crucial en este tema. Pero no se trata simplemente de una cuesti\u00f3n de sem\u00e1ntica. <i>Una de las conclusiones b\u00e1sicas del texto es que lo que se da en realidad es un di\u00e1logo entre creyentes, pero no entre ciencia y religi\u00f3n\u201d<\/i> (p.17). (la cursiva es m\u00eda).Tanto el an\u00e1lisis l\u00f3gico como el estudio hist\u00f3rico del tema le llevan al autor a defender la \u201cimpopular\u201d e ilustrada tesis de que ha existido, existe y existir\u00e1 un inevitable conflicto entre la ciencia y la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>La edici\u00f3n de Paid\u00f3s, como las otras publicaciones de Paid\u00f3s Studio, es muy cuidadosa y sin erratas. Tal s\u00f3lo he sido capaz de detectar una en la p.20: se habla aqu\u00ed de la <i>Fisik\u00e9 Acroasis<\/i>, para m\u00e1s tarde titular \u201cLa <i>F\u00edsica<\/i> de Arist\u00f3teles o <i>Fusik\u00e9 Acroasis<\/i>\u201d.<\/p>\n<p>A las varias virtudes del texto, se le puede sumar el detalle que ha tenido Beltr\u00e1n de abrir cada cap\u00edtulo con un breve, pero sustancial y significativo poema de <i>Palabra sobre palabra<\/i>, de \u00c1ngel Gonz\u00e1lez.<\/p>\n<p>No hay duda pues que este GCR, dicho sea en reconocimiento del trabajo de su autor, adem\u00e1s de sus virtudes intr\u00ednsecas, tiene el inter\u00e9s de llevarnos a la lectura de la obra de Galileo (alguien del que Asimov dijo en alguna ocasi\u00f3n que, junto con Einstein y Darwin, hab\u00eda sido el segundo mayor cient\u00edfico de toda la historia, despu\u00e9s de Sir Isaac Newton) y aproximarnos con detalle y argumentaci\u00f3n cuidada a uno de los temas eternos de la discusi\u00f3n filos\u00f3fica: las relaciones entre la creencia religiosa, y las instituciones que la encarnan, y las teor\u00edas cient\u00edficas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P>Antonio Beltr&aacute;n, Galileo, ciencia y religi&oacute;n, Paid&oacute;s, Barcelona 2001. 320 p&aacute;ginas.<\/P><P> <\/P><P>\tPermanecer&aacute;, sin duda, en lugar destacado de la historia universal de la infamia. Galileo, viejo y casi ciego, obligado a abjurar de su copernicanismo y a  convertirse en un delator, arrodillado, frente a los miembros de la Sant&iacute;sima Inquisici&oacute;n, y leyendo un texto que merece ser reproducido una y mil veces: \t<\/P><P>\t\t&ldquo;Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galileo de Florencia, a los setenta a&ntilde;os de mi edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vos, eminent&iacute;simos y reverend&iacute;simos cardenales, Inquisidores generales en toda la Rep&uacute;blica Cristiana contra la her&eacute;tica maldad; teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios, los cuales toco con mis propias manos, juro que siempre he cre&iacute;do, creo ahora y con la ayuda de Dios, creer&eacute; en el futuro todo aquello que sostiene, predica y ense&ntilde;a la Santa Cat&oacute;lica y Apost&oacute;lica Iglesia. Pero como por este Santo Oficio, luego de haberme sido jur&iacute;dicamente intimado con precepto del mismo que deb&iacute;a abandonar totalmente la falsa opini&oacute;n de que el Sol es el centro del mundo y no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no sostuviera, defendiera ni ense&ntilde;ara de ninguna manera, ni de viva voz ni por escrito, dicha falsa doctrina, y tras haberme notificado que dicha doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, he escrito y dado a la estampa un libro en el cual trato la misma doctrina ya condenada y aporto razones con mucha eficacia en favor de ella, sin aportar ninguna soluci&oacute;n, he sido juzgado como vehemente sospechoso de herej&iacute;a, es decir, de haber sostenido y cre&iacute;do que el Sol es el centro del mundo e inm&oacute;vil, y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve.<\/P><P>\t\tPor tanto, queriendo yo quitar de la mente de Vuestras Eminencias y de todo fiel cristiano esa vehemente sospecha, justamente concebida sobre m&iacute;, con coraz&oacute;n sincero y fe no fingida abjuro y maldigo y detesto dichos errores y herej&iacute;as, y en general cualquier otro error, herej&iacute;a o secta contra la Santa Iglesia; y juro que en el futuro no dir&eacute; nunca m&aacute;s ni afirmar&eacute; de viva voz o por escrito cosas tales por las cuales se puede tener de m&iacute; semejante sospecha; y si conociera alg&uacute;n hereje o sospechoso de herej&iacute;a lo denunciar&eacute; a este Santo Oficio, o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre<\/P><P>\t\tYo, Galileo Galilei, antedicho, he abjurado, jurado, prometido y me he obligado como queda dicho; y en fe de la verdad, con mi propia mano he firmado la presente c&eacute;dula de abjuraci&oacute;n y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de la Minerva, este d&iacute;a 22 de junio de 1633.  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