{"id":677,"date":"2007-03-18T00:00:00","date_gmt":"2007-03-18T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=677"},"modified":"2020-02-27T17:34:16","modified_gmt":"2020-02-27T16:34:16","slug":"a-favor-de-la-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=677","title":{"rendered":"A favor de la verdad"},"content":{"rendered":"<p>Michael P. Lynch, <i>La importancia de la verdad. Para una cultura p\u00fablica decente<\/i>. Piad\u00f3s, Barcelona, 2005, 255 p\u00e1ginas. Traductor: Pablo Hermida Lazcano.<\/p>\n<p>Las siguientes palabras abren este ensayo de Michael Lynch donde se discute la importancia normativa y gnoseol\u00f3gica de la verdad: \u201cA comienzos de 2003, el presidente Bush afirmaba que Irak estaba intentando adquirir los materiales necesarios para fabricar armamento nuclear\u201d (p. 15). Afirmaci\u00f3n falsa como es sabido y \u00e9l sab\u00eda. Sin embargo, esa falsedad sirvi\u00f3, junto con otras falsas tapaderas conocidas (Husein era un dictador, Irak eran nido de terroristas, nos deben preocupar los derechos de todos los seres humanos), para justificar una decisi\u00f3n ya tomada sobre la reorganizaci\u00f3n del mapa de la zona. \u00bfQu\u00e9 sentido tiene entonces preocuparse por una idea abstracta como la verdad, por un principio normativo tan in\u00fatil como la veracidad, si la mentira, ya no falsedad, consigue los resultados deseados? \u00bfNo es acaso cierto, aunque acaso no sea relevante, que incluso algunos intelectuales de renombre consideran la verdad irrelevante? Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 preocuparse por esa finalidad, por ese valor? Por lo siguiente.<\/p>\n<p>En una entrevista de 1979 con Jordi Guiu y Antoni Munn\u00e9 para <i>El Viejo Topo<\/i>, Manuel Sacrist\u00e1n se\u00f1al\u00f3 en clave autobiogr\u00e1fica: \u201cA m\u00ed el criterio de verdad de la tradici\u00f3n del sentido com\u00fan y de la filosof\u00eda me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras \u201cverdadero\u201d y \u201cfalso\u201d por las palabras \u201cv\u00e1lido\u201d\/\u201cno v\u00e1lido\u201d, \u201ccoherente\u201d \/ \u201cincoherente\u201d, \u201cconsistente\u201d \/ \u201cinconsistente\u201d. No, para m\u00ed las palabras buenas son \u201cverdadero\u201d y \u201cfalso\u201d, como en la lengua popular, como en la tradici\u00f3n de la ciencia\u201d. La afirmaci\u00f3n, incluso su rotundidad, era consistente con un autor que hab\u00eda hablado de \u201cLa veracidad de Goethe\u201d, que hab\u00eda apostado para que la revista clandestina de los intelectuales del PSUC se llamara <i>Veritat<\/i> y que, adem\u00e1s, sol\u00eda decir y recordar aquel lema muy del gusto tambi\u00e9n de su admirado Gramsci: \u201cLa verdad es siempre revolucionaria\u201d.<\/p>\n<p>Pero ha pasado el tiempo, no mucho tiempo esta vez, y, como dec\u00eda el poeta, \u201cla verdad\u201d inexorable ha asomado. No son buenos tiempos para la l\u00edrica ni para la verdad. Los frentes abiertos son diversos. Desde instancias postmodernistas, como recuerda Lynch (p. 16), se afirma no s\u00f3lo que la verdad objetiva es una ilusi\u00f3n sino que el preocuparse por ella, por su esencia, si as\u00ed queremos decirlo, supone una p\u00e9rdida de tiempo. Probablemente sea un asunto entretenido pero, en todo caso, en el mejor de los supuestos, absolutamente irrelevante. Stanley Fish, recuerda Lynch, decano de la Universidad de Illinois de Chicago y prominente cr\u00edtico literario, no s\u00f3lo piensa que la verdad carece de valor sino que, adem\u00e1s, eso es lo que <i>ya creemos <\/i>realmente porque aunque afirmemos que nosotros queremos creer la verdad lo que realmente queremos creer, seg\u00fan Fish, es lo \u00fatil, no lo verdadero; lo que efctivamente nos importa son las consecuencias de nuestras creencias: las buenas creencias son las creencias \u00fatiles, las que nos ofrecen lo que realmente queremos. Ning\u00fan papel relevante juega la verdad en todo esto.<\/p>\n<p>Desde posiciones muy distantes pol\u00edticamente, desde atalayas de la derecha pol\u00edtica extrema (Lynch cita los casos de los escritores norteamericanos Allam Bloom o Robert Bork pero encontrar\u00edamos casos muy similares en otros lugares), la defensa de la verdad se identifica con la defensa de verdades <i>absolutamente ciertas<\/i> (de ah\u00ed, en parte, las reacciones de los partidarios de las posiciones anteriormente descritas): el relativismo, de inspiraci\u00f3n izquierdista, se dice, socava los grandes principios, los grandes valores que sustentan la naci\u00f3n, la clase, la raza, el grupo, la comunidad (subr\u00e1yese lo que se crea m\u00e1s pertinente para el caso). Se han de redescubrir las grandes teor\u00edas, las grandes afirmaciones que \u201cDios\u201d (u otro sujeto o ente con papel af\u00edn) nos ha otorgado.<\/p>\n<p>La confusi\u00f3n central que enmarca estas argumentaciones es tan inmediata que da cosa se\u00f1alarla: es obvio que la lealtad <i>inquebrantable<\/i>, <i>indiscutible<\/i>, a lo que uno cree, a lo que el grupo al que pertenece (o quiere pertenecer) sostiene, a lo que se cree mayoritariamente (o no) en la comunidad propia, no es indicio alguno de inter\u00e9s real ni limpio por la verdad sino muy probablemente, en la mayor\u00eda de los casos, neta se\u00f1al de dogmatismo (disfrazado o no) te\u00f3rico y\/o pol\u00edtico que esconde, o suele esconder, posiciones de fuerza, poder y privilegios.<\/p>\n<p>En esas estamos y entre esas posiciones se sit\u00faa el ensayo de Lynch. <i>La importancia de la verdad<\/i> est\u00e1 dividido en tres partes: I. Mitos c\u00ednicos. II.\u00a0 Teor\u00edas falsas. III. Por qu\u00e9 importa la verdad. Las tesis b\u00e1sicas que el autor defiende son: 1. La verdad es objetiva. 2. La verdad es buena. 3. Vale la pena investigar la verdad. 4. Merece la pena preocuparse por la verdad en s\u00ed misma, que, desde luego y el punto es esencial, no hay que confundir con afirmaciones supuestamente similares del tipo: 1. S\u00f3lo existe <i>una<\/i> Verdad. 2. S\u00f3lo la raz\u00f3n \u201c<i>pura<\/i>\u201d puede acceder a la verdad. 3. La verdad es <i>misteriosa<\/i>. 4. S\u00f3lo <i>algunos seres privilegiados<\/i> pueden conocer la verdad.\u00a0 5. Deber\u00edamos buscar la verdad <i>a toda costa<\/i>.<\/p>\n<p>Por ejemplo, en el caso de esta \u00faltima afirmaci\u00f3n, Lynch argumenta con tacto que el conocimiento puede resultar con frecuencia peligroso. Ciertas proposiciones pueden ser buenas sin que sea bueno creerlas. Rara vez es bueno buscar la verdad y s\u00f3lo la verdad a toda costa, al margen de las consecuencias. \u201cPerseguir siempre algo sin que importen las consecuencias suele ser una receta para el desastre-. Tal es la condici\u00f3n humana; y esto no es menos aplicable a la verdad que a cualquier otro valor (p. 72). La verdad acaso sea revolucionaria <i>prima facie<\/i> pero no lo es siempre y en toda circunstancia.<\/p>\n<p><i>La importancia de la verdad<\/i> es un ensayo de indudable marchamo anal\u00edtico (con la elegancia de estilo que eso suele conllevar y con las consabidas cuidadas argumentaciones) pero esa caracter\u00edstica no le impide, por ejemplo, discutir y recibir adecuadamente legados muy alegados de esa tendencia filos\u00f3fica como algunas \u201csospechas\u201d y consideraciones de Foucault sobre verdad y poder (pp. 55-56).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de otros temas de inter\u00e9s, Lynch sostiene en el \u00faltimo cap\u00edtulo de su ensayo que la verdad tiene una dimensi\u00f3n pol\u00edtica, que la preocupaci\u00f3n de la verdad es una dimensi\u00f3n constitutiva de la <i>democracia liberal<\/i>, y construye una interesante discusi\u00f3n sobre si el liberalismo pol\u00edtico (con cr\u00edticas a posiciones \u201cliberales\u201d como las defendidas de Rorty), en su acepci\u00f3n m\u00e1s usual, presupone o defiende una determinada concepci\u00f3n de la vida buena. En su opini\u00f3n s\u00ed: \u201cla visi\u00f3n que ofrece el defensor de la democracia liberal es que la vida mejora si uno vive en una sociedad donde el gobierno se abstiene en lo posible de defender una concepci\u00f3n de lo que hace que una vida sea mejor que otra\u201d (p. 200). Seg\u00fan Lynch, en un interesante giro popperiano, el liberal (pol\u00edtico) no debe identificar la verdad con lo que admite como verdad en el debate libre y abierto sino m\u00e1s bien lo contrario: \u201cel liberal debe creer que lo que admite como verdad puede, sin embargo, no ser cierto\u201d (p. 203). El liberalismo requiere derechos, el concepto de derecho presupone el concepto de verdad objetiva; por consiguiente, el liberalismo presupone un concepto de verdad.<\/p>\n<p>El lector, sin embargo, acaso pueda encontrar en los pasos finales de este cap\u00edtulo, en la discusi\u00f3n de Lynch con B. Williams, una excesiva confianza en las posibilidades pol\u00edticas de intervenci\u00f3n en las \u201cdemocracias liberales\u201d realmente existentes. La raz\u00f3n es simple, como Lynch se\u00f1ala, \u201cpara que las democracias liberales funcionen necesitan que sus ciudadanos tomen decisiones informadas\u201d y esto significa, en su opini\u00f3n, que los ciudadanos, especialmente los elegidos para actuar como representantes pol\u00edticos del resto, \u201chan de ser tan veraces como sea posible, en lo que ata\u00f1e a los porqu\u00e9s, los qu\u00e9s, los d\u00f3nde y los c\u00f3mos del gobierno\u201d. Sin esa sinceridad p\u00fablica el ciudadano no puede tomar decisiones acertadas y en la medida en que no pueda tomarlas, \u201cel proceso democr\u00e1tico resultar\u00e1 ilusorio y el \u201cpoder del pueblo\u201d quedar\u00e1 reducido a un mero eslogan\u201d (p. 216). Pues bien, seg\u00fan parece, \u00e9se es el caso en la mayor\u00eda de democracias liberales realmente existentes.<\/p>\n<p>La pregunta por la verdad, como Lynch sostiene, no equivale a preguntarse qu\u00e9 es el oro sino a preguntarse qu\u00e9 es la justicia o qu\u00e9 es la igualdad. Preguntarnos por qu\u00e9 nos preocupa la verdad nos ayuda a entender lo que la verdad es. Al hacerlo, se\u00f1ala, aprendemos que la verdad se parece m\u00e1s al amor o a la fraternidad que al dinero: es objetiva en su existencia, subjetiva en su apreciaci\u00f3n, capaz de existir en formas distintas, puede ser peligrosa y de dif\u00edcil descubrimiento y, sin duda, en ocasiones, no resulta f\u00e1cil vivir con ella. Pero, sea como sea, el inter\u00e9s por la verdad forma parte o debe formar parte de cualquier idea de vida buena.<\/p>\n<p>Martha Nussbaum ha se\u00f1alado que <i>La importancia de la verdad<\/i> \u201cdesempe\u00f1a un servicio p\u00fablico de primera magnitud. Michael Lynch explica con vigor y claridad por qu\u00e9 es importante el concepto de verdad para una cultura p\u00fablica decente\u201d. No es elogio menor viviendo de quien viene. A\u00f1ado: si se tuviese que escoger un volumen para introducir y discutir con un p\u00fablico, especialista o no, sobre temas gnoseol\u00f3gicos y normativos afines, el ensayo de Lynch estar\u00eda entre los primeros libros de la estanter\u00eda. Recu\u00e9rdese, en todo caso, el aforismo con el que Machado iniciaba su <i>Juan de Mairena<\/i>: la verdad es la verdad la diga Agamen\u00f3n o la diga el porquero. Agamen\u00f3n asiente; el porquero disiente. Se entiende la actitud del porquero dada las infinitas falsedades de la \u201cVerdad\u201d establecida, pero tambi\u00e9n hoy la apuesta por la Verdad sigue siendo una buena y necesaria apuesta del porquero, de todos sus compa\u00f1eros y de todos sus partidarios.<\/p>\n<p>Nota: Esta rese\u00f1a fue publicada en la revista <i>El Viejo Topo<\/i>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P>A favor de la verdad.<\/P><P> <\/P><P>Salvador L&oacute;pez Arnal<\/P><P> <\/P><P>Michael P. Lynch, La importancia de la verdad. Para una cultura p&uacute;blica decente. Piad&oacute;s, Barcelona, 2005, 255 p&aacute;ginas. 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