{"id":71,"date":"2006-03-30T00:00:00","date_gmt":"2006-03-30T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=71"},"modified":"2020-02-12T12:05:46","modified_gmt":"2020-02-12T11:05:46","slug":"de-la-transicion-al-poder-constituyente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=71","title":{"rendered":"De la transici\u00f3n al poder constituyente"},"content":{"rendered":"<p><strong>Futur Anterieur<\/strong>, n\u00ba 2, L\u00b4Harmattan, Paris, 1990, pp. 38-53<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong> <strong>El comunismo como objetivo m\u00ednimo<\/strong><\/p>\n<p>A partir del <strong>Bersteindebatte<\/strong>, tanto la tradici\u00f3n revolucionaria como la reformista han considerado siempre el socialismo como un periodo de transici\u00f3n entre el capitalismo y el comunismo ( o, seg\u00fan la terminolog\u00eda socialdem\u00f3crata, el pos capitalismo) y, por lo tanto, como un concepto independiente el primero y del segundo. Que los socialdem\u00f3cratas hayan abandonado enseguida el terreno de la utop\u00eda para reconocerse como simples administradores de la modernizaci\u00f3n capitalista es un problema, pero se convierte en el nuestro desde que, por un juego de manos, esta transici\u00f3n que todos llamaban socialismo es hoy definida como comunismo. La responsabilidad mayor de esta banalizaci\u00f3n de la utop\u00eda\u00a0 proviene sin duda de las ideolog\u00edas del estalinismo y de los pol\u00edticos del \u201cfuturo radiante\u201d. Lo cual no altera en absoluto nuestro deprecio por los que en la actualidad celebran un\u00e1nimemente\u00a0 <strong>el fin del comunismo<\/strong>, transform\u00e1ndolo en <strong>apolog\u00eda<\/strong> del\u00a0 estado actual de cosas.Pero volvamos a nuestra distinci\u00f3n. Ni el Marx de <strong>La comuna de Par\u00eds<\/strong>, ni el Lenin de<strong> El estado y la revoluci\u00f3n<\/strong>, han considerado el nunca socialismo como una \u00e9poca hist\u00f3rica: lo han concebido como un periodo de transici\u00f3n, corto y poderoso que hac\u00eda realidad la extinci\u00f3n del aparato de poder. El comunismo viv\u00eda ya en la transici\u00f3n, como su motor, no como un ideal, sino como una subjetividad activa y eficaz \u2013que se enfrentaba con el conjunto de las condiciones de producci\u00f3n y reproducci\u00f3n capitalistas, reapropi\u00e1ndose de ellas, y pod\u00eda con esta condici\u00f3n destruirlas y superarlas. El comunismo, en tanto que proceso de liberaciones defin\u00eda como el movimiento real que destruye el estado de cosas actual.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os treinta el grupo dirigente sovi\u00e9tico consider\u00f3 el socialismo como una actividad productiva que crea, cueste lo que cueste, las bases materiales de una sociedad en competici\u00f3n\u00a0 con el ritmo de su propio desarrollo y el de los pa\u00edses capitalistas A partir de este momento, el<strong> socialismo<\/strong> no se identifica tanto con la superaci\u00f3n del sistema del capital\u00a0 del trabajo asalariado como con una <strong>alternativa socioecon\u00f3mica, <\/strong>al capitalismo. En el socialismo, seg\u00fan esa teor\u00eda sobreviven ciertos elementos del capitalismo: ahora bien, uno de los dos, el Estado, se encuentra exacerbado en las formas autoritarias extremas; el otro, el mercado, se halla ahogado y eliminado como criterio microecon\u00f3mico\u00a0 del c\u00e1lculo del valor. Tanto la posici\u00f3n luxemburguista, que insist\u00eda en el proceso democr\u00e1tico, creativo, antiestatal, de la transici\u00f3n, como la trotskista, cuya cr\u00edtica se refer\u00eda a la totalidad de las relaciones de explotaci\u00f3n en el mercado mundial, fueron destruidas. Lo que ha tenido como consecuencia en el primer caso, la atrofia, despu\u00e9s la asfixia mortal del intercambio pol\u00edtico; en el segundo el estrangulamiento del socialismo en el interior del mercado mundial, o la imposibilidad de recuperar mediante l\u00edneas interiores el impetuoso desarrollo de la lucha de clases antifascista y revolucionaria que en el curso de diferentes \u00e9pocas se ha desencadenado a escala mundial. Y por m\u00e1s que se insista \u2013y nosotros mismo estamos\u00a0 profundamente convencidos de ello- sobre el alma revolucionaria de la reforma gorvachoviana, verdaderamente no parece que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica pueda recuperar ya esta funci\u00f3n hegem\u00f3nica en la lucha de clases que la revoluci\u00f3n de 1917 le hab\u00eda asignado.<\/p>\n<p>La Plaza Roja ha dejado de ser, desde hace mucho tiempo, y a trav\u00e9s de innumerables tragedias, el punto de referencia de los comunistas. Dicho esto, el<strong> comunismo<\/strong> vive.Vive all\u00ed donde la explotaci\u00f3n persiste. Constituye la \u00fanica respuesta al anticapitalismo natural de las masas. O m\u00e1s bien, cuanto m\u00e1s se reproduce el capitalismo, m\u00e1s se extiende y enra\u00edza dl deseo del comunismo \u2013determinando, por un lado, las condiciones de producci\u00f3n colectiva, por otro, una irresistible voluntad colectiva de reapropiarse libremente de las mismas-. El que, en la org\u00eda actual de anticomunismo, crea sinceramente que la explotaci\u00f3n y la voluntad subversiva han desaparecido no puede sino evidenciar su ceguera. Ha llegado por lo tanto el momento de volver a repensar la <strong>transici\u00f3n comunista<\/strong> como algo que se constituye\u00a0 -como pensaban los cl\u00e1sicos del marxismo- en el seno del desarrollo capitalista. Desde los a\u00f1os sesenta, a corrientes cr\u00edticas del marxismo occidental hab\u00edan trabajado en ese sentido, sin ilusiones respecto a la Plaza Roja y al socialismo de la pobreza. El comunismo, como objetivo m\u00ednimo, constituye desde entonces el \u00fanico tema de la ciencia pol\u00edtica de la y transici\u00f3n. Sobre este punto se han acumulado una enorme cantidad de experiencias y\u00a0 conocimientos. El m\u00e9todo es materialista: sumergir el an\u00e1lisis en el modo de producci\u00f3n actual, reconstruir las contradicciones que se anuncian, bajo figuras siempre nuevas, entre \u00e9ste y los procesos\u00a0 los sujetos productivos, criticar la modernidad y sus consecuencias trabajar en la recomposici\u00f3n de las subjetividades\u00a0 colectivas y sus redes de comunicativas, transformar el conocimiento en voluntad consecuente. Nos encontramos, pues, ante una serie de <strong>prerrequisitos del comunismo<\/strong> que viven en nuestras sociedades y que han alcanzado u nivel de madurez sin presentes. Y si la palabra \u201cprerrequisito\u201d asusta e insin\u00faa la sospecha de que confront\u00e1osla realidad con un ideal, <strong>don\u00b4t wory<\/strong>: Nuestra \u00fanica teleolog\u00eda es la que extraemos del dicho marxismo \u201ces la anatom\u00eda del hombre la que explica la del mono\u201d.<\/p>\n<p><strong>2. La irreversibilidad de las conquistas obreras<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es un prerrequisito del comunismo? Suna determinaci\u00f3n colectiva, interna al modo de producci\u00f3n, sobre la cual se acumulan los resultados y las tendencias de la lucha contra el trabajo de aquellos que son explotados en el proceso de trabajo. En las sociedades que han alcanzado un alto nivel de desarrollo, muchos de estos prerrequisitos existen, tanto en el interior de los procesos de trabajo, como en las instituciones: si las sociedades socialistas han sucumbido por los residuos de capitalismo, las sociedades capitalistas parece sobrevivir \u00fanicamente articul\u00e1ndose sobre la anticipaci\u00f3n del comunismo. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 atribuimos una cualificaci\u00f3n tendencial a esta constante evidente?. \u00bfPor qu\u00e9 llamamos prerrequisitos y sobre todo prerrequisitos del comunismo a estos resultados de las luchas anclados en el seno del modo capitalista de producci\u00f3n, tanto en la estructura pol\u00edtico-jur\u00eddica como en la econ\u00f3mico-social? Porque estas determinaciones parecen estar estructuralmente cualificadas por tres paradigmas: el de lo colectivo, el de la irreversibilidad y el de la din\u00e1mica de la contradicci\u00f3n y de la crisis. La tendencialidad resulta de estos tres caracteres, como el movimiento deriva del motor \u2013no hay nada de finalista en ello-.<\/p>\n<p><strong>Determinaciones colectivas<\/strong> pues: en el sentido que ellas reagrupan una multitud de trabajadores, bajo categor\u00edas comunicativas, cooperativas (de trabajo, de intereses, de lenguajes) cada vez m\u00e1s estrechas<strong>. Irreversibles<\/strong>: en tanto que ellas constituyen condiciones de vida social que han llegado a ser incuestionables, <strong>incluso en la situaci\u00f3n de cat\u00e1strofe<\/strong>. Un elemento de agregaci\u00f3n hist\u00f3rica colectiva se convierte as\u00ed en un momento institucional profundo; un conjunto de voluntades contradictorias llega a ser <strong>ontolog\u00eda<\/strong>. Pera estas determinaciones, incluso ontol\u00f3gicamente consolidadas, siguen siendo contradictorias. La lucha contra la explotaci\u00f3n contin\u00faa atraves\u00e1ndolas y de la misa forma que las hab\u00eda producido las alimenta y traza <strong>potenciales de crisis <\/strong>sobre el horizonte de todo el sistema. Las <strong>instituciones del Welfarestate <\/strong> nos proporcionan u ejemplo elemental del funcionamiento de un prerrequisito. Estas son el producto de luchas que obligan al estado capitalista, mediante l compromiso institucional, a aceptar e su propio seno la representaci\u00f3n de intereses colectivos organizados, en ocasiones antagonistas. Tal presentaci\u00f3n, puesta al servicio de una redistribuci\u00f3n tendencialmente igualitaria el producto social, que engloba una cantidad cada vez m\u00e1s importante de ramificaciones de intereses colectivos, se convierte en una realidad institucional s\u00f3lida. La irreversibilidad de estas emergencias institucionales se halla por otro lado reforzada por la red de relaciones de fuerza que han\u00a0 atravesado las g\u00e9nesis de las mismas, por los conflictos de intereses repetidos, as\u00ed como parad\u00f3jicamente, por la inercia misma e las instituciones. Lo hemos verificado en los pa\u00edses capitalistas en el curso de estos veinte a\u00f1os de contrarrevoluci\u00f3n neoliberal \u2013sin duda podemos verificarlo igualmente en el curso de la crisis del \u201csocialismo real\u201d.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con estos fen\u00f3menos la ciencia pol\u00edtica\u00a0 y la doctrina del derecho p\u00fablico, han debido modificar su propio <strong>estatuto cient\u00edfico<\/strong>, abandonando el formalismo tradicional y subordinando el formalismo anal\u00edtico a la permeabilidad continua de las luchas y e las instituciones; las din\u00e1micas de control que de ello han derivado, se han aventurado en un terreno en el que prevalece la intercambiabilidad y la imposibilidad de discernir lo social de lo pol\u00edtico. La ciencia se halla sometida al entrelazamiento entre la movilidad social de los sujetos y los movimientos y la ontolog\u00eda institucional de los resultados que de ello derivan \u2013sobre los cuales se basan los procesos gubernamentales-. Complejidad y rigidez se conjugan, toda acci\u00f3n gubernamental se arriesga a modificar el conjunto del sistema de producci\u00f3n\u00a0 reproducci\u00f3n social. Y es precisamente este juego el que abre continuamente la crisis y el que define secuencias de contradicci\u00f3n creciente. De hecho, la contradicci\u00f3n determinada por o intereses colectivos, irreversiblemente implantados en el \u00e1mbito institucional,\u00a0 no puede ser resuelta m\u00e1s que con medios colectivos. Para emplear los t\u00e9rminos de la <strong>econom\u00eda cl\u00e1sica,<\/strong> y de su cr\u00edtica, podr\u00edamos decir, en una fase tal de desarrollo del modo de producci\u00f3n, toda tentativa de maniobra y de control de las producciones del trabajo necesario se inscribe en los coses de reproducci\u00f3n del capital fijo socialmente consolidado.\u00a0 Por tanto, esta rigidez, es irreversible. Ahora bien, si esta afirmaci\u00f3n supera probablemente los an\u00e1lisis de Marx (aunque quiz\u00e1s se mueva en el sentido de su concepci\u00f3n de la tendencia), deja a\u00fan m\u00e1s atr\u00e1s el pensamiento econ\u00f3mico actual, neoliberal o incluso neokeynesiano, -en los que se presupone la movilidad de todos los factores de la producci\u00f3n, bajo una forma m\u00e1s o menos intensa, como condici\u00f3n de gobierno-.<\/p>\n<p>En los t\u00e9rminos de una cr\u00edtica de las instituciones pol\u00edticas, es decir de u an\u00e1lisis del Welfarestate, esta afirmaci\u00f3n significa que el gobierno de la reproducci\u00f3n social no es posible m\u00e1s que en t\u00e9rminos de gesti\u00f3n colectiva del capital. En efecto, las condiciones de existencia del capital ya no son s\u00f3lo impl\u00edcita, sino expl\u00edcitamente colectivas. Dicho de otro modo, no est\u00e1n ya simplemente ligadas a la abstracci\u00f3n del capital colectivo, sino que forman parte de la existencia emp\u00edrica\u00a0 hist\u00f3rica, del obrero colectivo. El Welfarestate y su irreversibilidad\u00a0 (as\u00ed como, a primera vista, la irreversibilidad de ciertas determinaciones fundamentales\u00a0 del \u201csocialismo real\u201d), no representan, pues, desviaciones con relaci\u00f3n al desarrollo capitalista, sino que constituyen por el contrario, verdaderos islotes\u00a0 de <strong>nuevas cooperaciones sociales<\/strong>, de nuevas y muy intensas condiciones colectivas de la producci\u00f3n, registradas como tales en el \u00e1mbito institucional mismo. De ah\u00ed la crisis que la duraci\u00f3n misma del Welfarestate\u00a0 provoca continuamente en el Estado liberal-democr\u00e1tico. De ah\u00ed las din\u00e1micas de ruptura que esta irreversibilidad libera sin cesar en la forma-Estado actual, porque las determinaciones del Welfare son <strong>al mismo tiempo, <\/strong>necesarias para el consenso insostenible para la estabilidad. \u00bfPrerrequisitos <strong>activos <\/strong>del comunismo? Ser\u00eda absurdo el mero hecho de suponerlo. Y sin embargo, prerrequisitos irreductibles de una desestabilizaci\u00f3n permanente de los cimientos sistem\u00e1ticos de la gesti\u00f3n liberal o socialista de Estado. Prerrequisitos de una <strong>revoluci\u00f3n pasiva.<\/strong><\/p>\n<p><strong>3. Lo colectivo en la organizaci\u00f3n del trabajo<\/strong><\/p>\n<p>Todav\u00eda son m\u00e1s importante los prerrequisitos del comunismo que, e nuestros d\u00edas, pueden identificarse en la evoluci\u00f3n de la organizaci\u00f3n del trabajo. El taylorismo hab\u00eda determinado un extraordinario proceso de abstracci\u00f3n de la fuerza de trabajo. El fordismo ha abierto a esta subjetividad abstracta los mecanismos de la negociaci\u00f3n\u00a0 colectiva en torno al consumo, sentando las bases de la actuaci\u00f3n de Estado (y del gasto p\u00fablico) en el interior del mecanismo productivo. El keynesianismo propuso un esquema progresivo de proporcionalidad entre trabajo social necesario y plusval\u00eda, y el Estado keynesiano efectu\u00f3 el trabajo de S\u00edsifo\u00a0 que consist\u00eda en organizar compromisos continuos entre sujetos antagonistas. Hoy, en el terreno de la organizaci\u00f3n del trabajo, estas relaciones se hallan invertidas. En efecto, en el curso del desarrollo de las luchas de los a\u00f1os sesenta y setenta, la abstracci\u00f3n del trabajo ha exacerbado sus dimensiones subjetivas y las ha empujado al terreno de la subversi\u00f3n. La reacci\u00f3n capitalista consiguiente ha debido reducir , a trav\u00e9s de la reestructuraci\u00f3n,<strong> la calidad del nuevo sujeto a una calidad objetiva del proceso de trabajo<\/strong>. Ahora nos hallamos en el coraz\u00f3n de este proceso de reestructuraci\u00f3n.En este horizonte que va del taylorismo al postaylorismo, del fordismo al post-fordismo, la subjetivad y la cooperaci\u00f3n productiva son estimuladas\u00a0 como condici\u00f3n del proceso de trabajo. La relaci\u00f3n fordiana entre producci\u00f3n y consumo se ha interiorizado, de modo que la l\u00f3gica productiva\u00a0 y la circulaci\u00f3n y la realizaci\u00f3n del valor\u00a0 del producto se hallan optimizadas.<\/p>\n<p>La nueva producci\u00f3n en masa exige una flexibilidad total, ciertamente; el <strong>self-making<\/strong> de la clase obrera debe ser reducido a un elemento inmediato de la producci\u00f3n y de la circulaci\u00f3n: pero la eficacia industrial se ve as\u00ed sometida a la reglas de autonom\u00eda y auto activaci\u00f3n de la clase obrera. Las mil variedades\u00a0 del \u201cmodelo japon\u00e9s\u201d y de su \u00e9xito mundial se reducen en el fondo al reconocimiento m\u00e1s expl\u00edcito de la funci\u00f3n inmediatamente valorizante de la subjetividad obrera, despu\u00e9s del periodo de hegemon\u00eda del taylorismo en que la subjetividad no era reconocida m\u00e1s que como antagonista. Es cierto que esta aceptaci\u00f3n de la funci\u00f3n productiva del sujeto en el seno de la organizaci\u00f3n del trabajo no se produce sin condiciones perentorias; dicho de otro modo, desde el punto de vista capitalista, no es posible m\u00e1s que en t\u00e9rminos de integraci\u00f3n y de negaci\u00f3n del estatuto obrero tradicional, en su forma sindical y como clase. Pero tan s\u00f3lo fetichistas incurables del pasado (por muy glorioso que haya sido \u00e9ste) pueden negar la <strong>modificaci\u00f3n positiva<\/strong> determinante que supone la modificaci\u00f3n del estatuto obrero. Incluso si al modificaci\u00f3n es el fruto de una derrota hist\u00f3rica, consecuencia del ciclo de luchas de los a\u00f1os sesenta-setenta, esta nueva figura obrera muestra en el proceso de trabajo un alto grado de consolidaci\u00f3n de la subjetividad colectiva. Sin querer depreciar ciertas formas de pasividad, no es posible aqu\u00ed remontarnos<strong> del <\/strong>antagonismo de la fuerza de trabajo abstracta <strong>a <\/strong>la determinaci\u00f3n concreta de una fuerza de trabajo colectiva, &#8211;<strong>no s\u00f3lo<\/strong> antagonista, <strong>sino<\/strong> subjetivamente <strong>activa.<\/strong><\/p>\n<p>El umbral de pasividad inercial del proceso revolucionario que se revela en el <strong>Welfarestate<\/strong> se hala aqu\u00ed, de alg\u00fan modo, atenuado. La clase obrera ha conservado, en su existencia cotidiana los valores de una cooperaci\u00f3n vividos en fases precedentes, en el terreno del antagonismo abstracto. Hoy esta actividad cooperativa y subjetiva se halla transferida, <strong>en estado latente<\/strong>, en el seno del proceso de trabajo. La contradicci\u00f3n es aguda y no puede sino llegar a ser cada vez m\u00e1s potente a medida que se profundice el\u00a0 proceso de reestructuraci\u00f3n. En conclusi\u00f3n y de un modo general, puede decirse\u00a0 que el trabajo vivo est\u00e1 organizado dentro de la empresa <strong>independientemente <\/strong>del poder\u00a0 capitalista y no es m\u00e1s que en un segundo momento, y <strong>formalmente<\/strong>, cuando esta cooperaci\u00f3n se sistematizada en ese mando. La cooperaci\u00f3n productiva es planteada previa e independientemente de la funci\u00f3n del empresario. En consecuencia, el capital no se presenta como la Organizaci\u00f3n de las fuerzas del trabajo, sino como registro y gesti\u00f3n de la organizaci\u00f3n aut\u00f3noma de la fuerza de trabajo. La funci\u00f3n progresiva del capital ha acabado. Una vez m\u00e1s nos colocamos mucho m\u00e1s all\u00e1 de los t\u00e9rminos (incluso cr\u00edticos) de la <strong>econom\u00eda cl\u00e1sica <\/strong>, que no considera productivo m\u00e1s que e trabajo incorporado al capital. Es preciso observar que todas las escuelas de pensamiento econ\u00f3mico se vuelven impotentes alrededor de esta verdad inaudita del posfordismo: el trabajo vivo se organiza independientemente de la organizaci\u00f3n capitalista del trabajo. E, incluso, como en la <strong>escuela de la regulaci\u00f3n <\/strong>esta nueva determinaci\u00f3n parece comprenderse, falta la capacidad consecuente de desarrollarla, dicho de otro modo, de concebir la inversi\u00f3n de la teor\u00eda de la integraci\u00f3n industrial\u00a0 como teor\u00eda el antagonismo desarrollado. La ciencia econ\u00f3mica contin\u00faa, en su objetivismo ciego, esperando que alguna potencia taumat\u00fargica transforme el trabajo vivo \u201cen s\u00ed\u201d en clase obrera \u201cen s\u00ed y para s\u00ed\u201d \u2013como si esta transformaci\u00f3n fuera un acontecimiento pol\u00edtico y no, por el contrario, lo que es: <strong>un proceso<\/strong>&#8211; Por otra parte, la falta de comprensi\u00f3n de este proceso expulsa\u00a0 la teor\u00eda de \u00fanico terreno sobre el cual puede explic\u00e1rsela permanencia de la crisis, iniciada a principio de los a\u00f1os setenta (paralelamente pues, a la reestructuraci\u00f3n): del terreno sobre el cual emerge el proceso de liberaci\u00f3n pol\u00edtica del trabajo. Es aqu\u00ed y solamente aqu\u00ed, donde se acumula toda la producci\u00f3n del valor. En consecuencia, la actividad el empresario produce comportamientos cada vez m\u00e1s externos y par\u00e1sito que hacen posible para el capitalista colectivo toda intervenci\u00f3n en la crisis. En \u00faltima instancia.<\/p>\n<p><strong>4. La calidad social de la subjetividad productiva.<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis del tercer prerrequisito del comunismo nos permite avanzar en el terreno de a subjetividad; dicho de otro modo, llegamos a un grado superior de conexi\u00f3n entre los aspectos pasivos del proceso de transformaci\u00f3n del modo de producci\u00f3n y las potencialidades que se animan poco a poco en \u00e9l. El proceso de creaci\u00f3n del valor, como es sabido, no tiene ya como centro el trabajo de f\u00e1brica. La dictadura de la empresa sobre la sociedad, su posici\u00f3n en el cruce de todos los procesos de formaci\u00f3n de valor, y por tanto a centralidad objetiva del trabajo (salarial, manual)\u00a0 inmediatamente productivo, se halan en v\u00edas de extinci\u00f3n. Reconocer estos hechos evidentes\u00a0 no significa renunciar a la teor\u00eda del valor trabajo, sino, por el contrario, <strong> revaluar su validez<\/strong> gracias a un an\u00e1lisis que reconstruya la <strong>transformaci\u00f3n radical<\/strong> de su funcionamiento. Reconocer estos hechos evidentes\u00a0 no significa\u00a0 rechazar la realidad de la explotaci\u00f3n, imaginar que en una supuesta sociedad postindustrial \u00e9sta ser\u00eda suprimida de nuestra experiencia, sino por el contrario identificar las nuevas formas a trav\u00e9s de las cuales la explotaci\u00f3n es hoy practicada e identificar, por lo tanto, las nuevas figuras de a lucha de clases. Sobre todo significa preguntarse si la transformaci\u00f3n no se refiere antes a la naturaleza misma de a explotaci\u00f3n, a su extensi\u00f3n y a la calidad del \u00e1mbito sobre el cual se expresa.<\/p>\n<p>A partir de esta dimensi\u00f3n podr\u00e1 verificarse la eventual modificaci\u00f3n de la naturaleza de la explotaci\u00f3n como un desplazamiento de la cantidad a la cualidad. Ahora bien, la caracter\u00edstica fundamental del nuevo modo de producci\u00f3n es que la principal fuerza productiva ha llegado a ser el <strong>trabajo t\u00e9cnico cient\u00edfico <\/strong>, en tanto que forma compleja y cualitativamente superior de <strong>s\u00edntesis del trabajo social<\/strong>. Esto significa que el trabajo se manifiesta principalmente como trabajo abstracto e inmaterial por lo que se refiere a la forma), como trabajo complejo y cooperativo (por lo que se refiere a la cantidad) y como trabajo cada vez m\u00e1s intelectual y cient\u00edfico (por o que se refiere a la cualidad. No es ya reducible a trabajo simple \u2013por el contrario, en el trabajo t\u00e9cnico cient\u00edfico convergen\u00a0 cada vez m\u00e1s lenguajes artificiales, articulaciones complejas de la informaci\u00f3n y de la ciencia de los sistemas, nuevos paradigmas epistemol\u00f3gicos, determinaciones inmateriales, m\u00e1quinas comunicativas. Este trabajo es social, en tanto que <strong>las condiciones generales del proceso vital <\/strong>(de producci\u00f3n y reproducci\u00f3n)se halan sometidas a su control y remodeladas en relaci\u00f3n a \u00e9l. La sociedad entera\u00a0 est\u00e1 investida y recompuesta en el proceso de producci\u00f3n del valor por esta nueva figura del trabajo vivo: investida hasta el punto que, e este proceso, la explotaci\u00f3n parece haber desaparecido \u2013o, mejor, parece acantonarse en zonas irremediablemente retrasadas de las sociedades contempor\u00e1neas. Esta apariencia puede disiparse f\u00e1cilmente. \u00bfQu\u00e9 ocurre en realidad?. El poder capitalista, de hecho, controla dr\u00e1sticamente las nuevas figuras del trabajo vivo, pero no puede controlarlas m\u00e1s que desde el exterior, ya que no le est\u00e1 permitido invadirlas de manera disciplinaria.<\/p>\n<p>La contradicci\u00f3n de la explotaci\u00f3n se halla aqu\u00ed desplazada a un nivel muy alto en el que el sujeto m\u00e1s explotado (el t\u00e9cnico cient\u00edfico) se ve reconocido en su subjetividad creativa, pero controlado en la gesti\u00f3n de la potencia que expresa. La contradicci\u00f3n reaparece\u00a0 en oda la sociedad a este alt\u00edsimo nivel de dominio. Y precisamente, el conjunto del horizonte social de la explotaci\u00f3n se unifica tendencialmente\u00a0 en relaci\u00f3n con este alt\u00edsimo nivel de\u00a0 dominio, situando en la relaci\u00f3n antagonista todos los elementos de autovaloraci\u00f3n, cualquiera que sea el nivel e el que se manifiesten. <strong>El conflicto es<\/strong> pues<strong> social <\/strong>porque el trabajo t\u00e9cnico cient\u00edfico es cualidad masificada de la inteligencia del trabajo; porque la pulsiones de\u00a0 rechazo el trabajo de los restantes estratos sociales explotados tienden a identificarse\u00a0 y\u00a0 <strong>a converger <\/strong>con el trabajo t\u00e9cnico cient\u00edfico vivo. En el seno de este flujo, m\u00e1s que a partir de las antiguas subjetividades obreras, es donde se constituyen nuevos modelos culturales\u00a0 en los que a la emanaci\u00f3n del trabajo se opone la liberaci\u00f3n del trabajo manual asalariado. En fin, el conflicto es social porque se manifiesta cada vez m\u00e1s en el \u00e1mbito ling\u00fc\u00edstico general, o mejor, e el \u00e1mbito de la producci\u00f3n de la subjetividad. No se deja aqu\u00ed ning\u00fan espacio al dominio capitalista: el espacio conquistado por el capital no es\u00a0 m\u00e1s que el de un control\u00a0 del lenguaje, tanto cient\u00edfico como com\u00fan. <strong>No s<\/strong>e trata sin embargo, de un espacio insignificante. Est\u00e1 garantizado por el monopolio de a fuerza leg\u00edtima. Se reorganiza incesantemente, en una aceleraci\u00f3n cr\u00edtica incesante. No obstante, la aceleraci\u00f3n determinada por la evoluci\u00f3n\u00a0 capitalista hacia la subsunci\u00f3n de las formas, tanto pasadas como actuales, de la subjetividad obrera y su reducci\u00f3n a un horizonte compacto y totalitario de dominio, fracasa. No solamente tal aceleraci\u00f3n no logra recomponer las determinaciones disciplinarias\u00a0 de las antiguas estratificaciones de clase\u00a0 (Ya que, por el contrario, desplaz\u00e1ndolas en el nuevo tejido de relaciones de clase, estas recompone las figuras de la oposici\u00f3n); sino que logra establecer entre el lenguaje sometido y el lenguaje producido por el trabajo vivo sea cada vez m\u00e1s reconducible a la oposici\u00f3n entre dictadura y libertad.<\/p>\n<p><strong>5. De la transici\u00f3n comunista<\/strong><\/p>\n<p>A la luz de estas consideraciones, \u00bfqu\u00e9 es la transici\u00f3n al comunismo? Constituye una cr\u00edtica de lo existente y la construcci\u00f3n de una sociedad en el seno de las transformaciones del trabajo, una reinvenci\u00f3n de lo pol\u00edtico en las nuevas dimensiones de lo colectivo \u2013de un colectivo liberado, convertido en sujeto-.Teniendo en cuenta el hecho de que la condiciones de liberaci\u00f3n de lo colectivo son <strong>las mismas <\/strong>que la que producen el sujeto.\u00a0 Ha asado el tiempo en que entre estas dos determinaciones se impon\u00eda una pausa, de modo que la liberaci\u00f3n de lo colectivo podr\u00eda producirse hipot\u00e9ticamente por un motor exterior, vanguardia m\u00edtica o dictadura: esta hip\u00f3tesis constituye en realidad la condici\u00f3n formal de ese concepto de socialismo que nosotros hab\u00edamos rechazado al principio y su <strong>deriva<\/strong> consiste en esa degeneraci\u00f3n del socialismo como alternativa interna al modo de producci\u00f3n capitalista\u00a0 que hemos considerado consecuencia de esa hip\u00f3tesis. Ahora bien, para volver al discurso sobre la fundaci\u00f3n, <strong>los puntos de vista <\/strong>a partir de los cuales la teor\u00eda puede afrontar el problema son <strong>tres<\/strong>:<\/p>\n<p>-el de la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica,<\/p>\n<p>-el de la cr\u00edtica jur\u00eddica y constitucional del estado liberal-democr\u00e1tico,<\/p>\n<p>-el del poder constituyente.<\/p>\n<p>Por lo que respecta al primer punto de vista, a se han subrayado ciertos datos esenciales. Pero una perspectiva que se refiera \u00fanicamente a los prerrequisitos objetivos, representa una aproximaci\u00f3n muy rudimentaria, incluso si el elemento central que manifiesta la objetividad\u00a0 del problema es el de la definici\u00f3n de un nuevo concepto de los pol\u00edtico y, por lo tanto, una nueva forma de democracia. Es preciso ir m\u00e1s lejos. \u00bfQu\u00e9 significa entonces, enraizar la nueva pol\u00edtica hoy? Significa ante todo captar <strong>positivamente estas pasividades colectivas<\/strong> o, si se prefiere, estas <strong>subjetividades latentes, <\/strong>a las cuales hacen alusi\u00f3n de modo expreso tanto las instituciones del<strong> Welfare<\/strong>, la nueva forma del proceso de trabajo, como la reciente hegemon\u00eda social del trabajo t\u00e9cnico-cient\u00edfico. Debemos captar, <strong>el lugar de una ausencia, la positividad de una realidad latente, la mano invisible de lo colectivo.<\/strong> Ante la <strong>desestabilizaci\u00f3n<\/strong> del poder enemigo nos es preciso comprender c\u00f3mo se instaura\u00a0 en este lugar el motor de la <strong>desestructuraci\u00f3n <\/strong>social e la dominaci\u00f3n. El punto de vista de la cr\u00edtica de la ciencia\u00a0 pol\u00edtica del estado liberal-democr\u00e1tico (y por lo tanto el punto de vista de la transici\u00f3n)\u00a0 llega a ser m\u00e1s expl\u00edcito sobre esta crisis continua y sobre la precariedad profunda del r\u00e9gimen capitalista. La proyecci\u00f3n pol\u00edtica de las dimensiones colectivas del trabajo encuentra en las estructuras constitucionales del Estado liberal-democr\u00e1tico su <strong>obst\u00e1culo directo<\/strong>.<\/p>\n<p>El concepto de <strong>representaci\u00f3n pol\u00edtica <\/strong>como funci\u00f3n de mediaci\u00f3n de las individualidades privadas\u00a0 constituye, en efecto, un obst\u00e1culo para la representaci\u00f3n de una sociedad que no se halla definida por la presencia de individualidades sino por la actividad de la colectividad. La emancipaci\u00f3n del <strong>ciudadano como individuo <\/strong>y la garant\u00eda constitucional de la libertad econ\u00f3mica `privada\u00a0 (que representa lo mismo) constituyen una traba a la expresi\u00f3n de la relaci\u00f3n, consustancial en lo sucesivo,\u00a0 entre sociedad y Estado, entre producci\u00f3n determinaci\u00f3n de lo pol\u00edtico. Las reglas del <strong>Estado de Derecho<\/strong> \u2013o mejor, los mil subterfugios del privilegio que el liberalismo ha concedido a la democracia constitucional- se hallan en cuanto tales establecidas para negar la irresistible emergencia de la necesidad de gesti\u00f3n colectiva de la producci\u00f3n social. \u00bfY qu\u00e9 significa todav\u00eda la <strong>supremac\u00eda <\/strong>jacobina <strong>de la ley<\/strong>, general y abstracta, sino la expresi\u00f3n de un l\u00edmite fundamental, en \u00faltima instancia, una funci\u00f3n de dictadura sistem\u00e1tica, frente a la irresistible emergencia de procesos productivos e institucionales\u00a0 aut\u00f3nomos producida por las subjetividades colectivas? Los innumerables sin sentidos sobre los que se apoya la constituci\u00f3n material del Estado liberal-democr\u00e1tico no pueden ser ocultados por las oportunidades que esta misma pr\u00e1ctica del poder produce \u2013por ejemplo, mediante los instrumentos neocontractuales o neocorporativos-.<\/p>\n<p>Los instrumentos <strong>contractuales <\/strong>deber\u00edan en efecto, disminuir las distancia entre\u00a0 los procesos de manipulaci\u00f3n social y la manipulaci\u00f3n pol\u00edtica. Los instrumentos <strong>corporativos<\/strong> en cuanto tales deber\u00edan atenuar la inconsistencia generalizada\u00a0 de la representaci\u00f3n someti\u00e9ndola a mecanismos de delegaci\u00f3n colectiva o de delegaci\u00f3n de intereses. Ni unas ni otras de estas proposiciones parecen\u00a0 sin embargo consistentes. Ambas no <strong>sugieren<\/strong> m\u00e1s que elementos parciales, aun en el caso de que fuesen colectivos, del proceso de destrucci\u00f3n de la separaci\u00f3n de lo pol\u00edtico, quebrando la <strong>tendencia a la universalidad<\/strong> \u2013una universalidad poderosa dirigida hacia la extinci\u00f3n de la autonom\u00eda de lo pol\u00edtico, a la negaci\u00f3n m\u00e1s radical de la pretensi\u00f3n de mediaci\u00f3n institucional de los procesos y de los conflictos sociales y de la autoorganizaci\u00f3n comunista. Es imposible modificar la estructura disciplinaria del constitucionalismo sin quebrar su sentido, sin remitir radicalmente el fundamento de la democracia a la organizaci\u00f3n de las subjetividades colectivas. La mediaci\u00f3n representativa, la garant\u00eda de la justicia constitucional y administrativa predispuesta a mantener la mediaci\u00f3n en los l\u00edmites de la constituci\u00f3n <strong>material <\/strong>el capitalismo, la estructura burocr\u00e1tica concebida para generalizar la mediaci\u00f3n\u00a0 institucional ( es decir, el poder legislativo y el poder de orientaci\u00f3n pol\u00edtica, la independencia de los poderes y su interdependencia funcional , la organizaci\u00f3n administrativa y constitucional del Estado), todo esto supone una fundamentaci\u00f3n y una distribuci\u00f3n del poder que <strong>excluyen <\/strong>toda producci\u00f3n de reglas y de movimientos colectivos de reapropiaci\u00f3n del poder a partir de la base popular de masas .<\/p>\n<p>Los dogmas de la democracia constitucional no son m\u00e1s que medios autoritarios de <strong>abstracci\u00f3n<\/strong> del poder de las masas, de\u00a0 <strong>aplastamiento<\/strong> de la igualdad de los ciudadanos, de <strong>separaci\u00f3n<\/strong> del ciudadano y del productor, y de <strong>monopolio<\/strong> de la potencia productiva. Los instrumentos de la democracia constitucional no son m\u00e1s que una m\u00e1quina de propaganda\u00a0 para la producci\u00f3n de la desigualdad, de la destrucci\u00f3n de lo colectivo, de la garant\u00eda eterna de este proceso. <strong>Invirtamos pues el punto de vista<\/strong> u admitamos de una vez por todas que hoy a verdadera\u00a0 <strong>empresarialidad<\/strong> (que produce riquezas a trav\u00e9s de una cooperaci\u00f3n del trabajo cada vez m\u00e1s extendida) se construye de manera independiente , que la colectividad es la forma elemental en la cual se presenta la fuerza de trabajo, y que las singularidades buscan espont\u00e1neamente s realizaci\u00f3n en lo colectivo. El empresario colectivo incorpora esta independencia del trabajo colectivo, socialmente organizado, que, como hemos visto, representa la nueva naturaleza de los procesos productivos; asume a autonom\u00eda de la cooperaci\u00f3n productiva como una palanca esencial capaz de hacer saltar cada una de las instancias del dominio capitalista tan exterior y vac\u00edo como coercitivo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo afrontar a partir de estos presupuesto el problema constitucional?, \u00bfc\u00f3mo vincular a esta nueva potencia productiva? No existe m\u00e1s que una \u00fanica respuesta a esta pregunta: unir el ejercicio de la <strong>empresarialidad colectiva y el de la representaci\u00f3n pol\u00edtica. <\/strong>Nos encontramos entonces en el \u00e1mbito del <strong>poder constituyente <\/strong>. <strong>La democracia\u00a0 comunista <\/strong>nace como unificaci\u00f3n de la representaci\u00f3n y de la empresarialidad en tanto que estos dos factores participan\u00a0\u00a0 de la nueva subjetividad colectiva \u2013liberan lo que est\u00e1 latente y activan su presencia pasiva- Esta democracia excluye, en nombre de la empresarialidad, todo privilegio y, en esta perspectiva, se reclama absolutamente igualitaria. Esta empresarialidad, por otra parte, excluye en nombre de la democracia toda finalidad extra\u00f1a a os valores universales de una sociedad libre. La producci\u00f3n y sus determinaciones constituyen aqu\u00ed lo pol\u00edtico, de la misma manera que lo pol\u00edtico se presenta como condici\u00f3n e productividad. Los prerrequisitos del comunismo se realizan no modificando, sino transformando radicalmente una estructura constitucional en la cual la democracia se concibe como camuflaje e las desigualdades\u00a0 la empresa se garantiza como destrucci\u00f3n e la colectividad.<\/p>\n<p>La transici\u00f3n\u00a0 al comunismo se garantiza, pues, mediante un proceso de constituci\u00f3n de los sujetos colectivos productivos que crea una m\u00e1quina de gesti\u00f3n de los social orientada a su liberaci\u00f3n. El gobierno a trav\u00e9s del cual debe realizarse el proceso de transici\u00f3n es un\u00a0 <strong>gobierno de los sistemas desde abajo<\/strong>, un proceso por o tanto radicalmente democr\u00e1tico. Proceso de un poder constituyente, de un poder\u00a0 que, asumiendo radicalmente desde abajo toda tensi\u00f3n productiva, material e inmaterial, explicando su racionalidad\u00a0 exasperando su potencia , establece la configuraci\u00f3n de un sistema din\u00e1mico, un <strong>poder constituido<\/strong>, nunca cerrado, nunca limitado. Un poder en las redes de la producci\u00f3n, de autovaloraci\u00f3n\u00a0 autoorganizaci\u00f3n y de autoorganizaci\u00f3n de todo lo que emerge en la sociedad, producido por las subjetividades colectivas. Un poder constituyente que tiene como regla fundamental ser cada d\u00eda una invenci\u00f3n colectiva de racionalidad y de libertad.<\/p>\n<p><strong>6. Los movimientos actuales de lucha como poder constituyente<\/strong><\/p>\n<p>Nuestro an\u00e1lisis <strong>no<\/strong> se remite a la utop\u00eda. Al contrario, representa el esquema de <strong>lectura<\/strong> y la <strong>fisiolog\u00eda<\/strong> misma de las luchas obreras\u00a0 proletarias, ampliamente socializadas, que se desarrollan tanto en el Esta como en el Oeste. Si los partidos y los sindicatos del antiguo movimiento obrero declinan inexorablemente, vinculados a formas de contrapoder que el fordismo ha absorbido en la l\u00f3gica de su desarrollo y sometido al dominio capitalista\u00a0 si de nuevo el deseo que asumen de los comportamientos antagonistas\u00a0 resulta ser un voto piadoso e inconsistente, si, por o tanto, el viejo movimiento obrero no existe sino como elemento radicalmente conflictivo; frente a \u00e9l descubrimos <strong>formas aut\u00f3nomas<\/strong> de democracia comunista all\u00ed donde se quebranta la realidad de la explotaci\u00f3n. Despu\u00e9s de 1968un nuevo ciclo de luchas se ha abierto <strong>en Occidente<\/strong>. Tras una veintena de a\u00f1os de contrarrevoluci\u00f3n y de reestructuraciones (que han sabido discernir los elementos de innovaci\u00f3n que este nuevo ciclo expresaba y han anticipado la inteligencia, la utilizaci\u00f3n y el control por el capital), el nuevo ciclo de luchas ha comenzado a expresarse de manera independiente\u00a0 a mediados de los a\u00f1os ochenta. \u00c9ste se caracteriza por <strong>dos<\/strong> rasgos fundamentales : el primero es democr\u00e1tico, dicho de otro modo, la instancia de organizaci\u00f3n de base, la coordinaci\u00f3n transversal de la acci\u00f3n reivindicativa y pol\u00edtica la expresi\u00f3n radical de la desigualdad; el segundo es comunista, dicho de otro modo, aparece constituido por el impulso a la reapropiaci\u00f3n colectiva de la expresi\u00f3n consciente y de la autonom\u00eda obrera en el seno de los procesos productivos.<\/p>\n<p>No es una casualidad que la unificaci\u00f3n de estos dos temas se haya logrado sobre todo en las luchas que la nueva inteligencia productiva de masas ha abierto en los sectores socialmente m\u00e1s importantes de la reestructuraci\u00f3n: los servicios productivos, la escuela o el sector terciario avanzado. Es aqu\u00ed donde las diferentes funciones de la lucha obrera \u2013la desestabilizaci\u00f3n\u00a0 del adversario y la desestructuraci\u00f3n\u00a0 del poder, la reivindicativa, la reapropiadora y la constructiva de nuevos lenguajes\u00a0 y nuevos valores- han encontrado un denominador com\u00fan.\u00a0 En este terreno la nueva figura del dominio capitalista\u00a0 ha sido identificada y se le han opuesto se ha identificado y se le han puesto elementos originales de independencia estrat\u00e9gica y pr\u00e1cticas adecuadas en la direcci\u00f3n de la lucha. Las viejas luchas obreras conten\u00edan siempre la ambig\u00fcedad de una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica con el capital y con las reglas de la organizaci\u00f3n capitalista del trabajo: eran luchas en el <strong>interior y contra<\/strong> el modo de producci\u00f3n. La autonom\u00eda de la clase se formaba a partir de una antinomia siempre irresoluble entre la instancia del poder\u00a0 a comprensi\u00f3n de las necesidades del desarrollo. <strong>Hoy<\/strong> esta dial\u00e9ctica ha estallado. La lucha se sit\u00faa <strong>en el exterior<\/strong> del modo de producci\u00f3n y <strong>contra \u00e9l<\/strong>.<\/p>\n<p>La autonom\u00eda es <strong>un presupuesto<\/strong> y no un fin. Cada una de estas luchas expresa un poder constituyente \u2013que se desarrolla, como condici\u00f3n misma de la lucha,\u00a0 a partir de un inter\u00e9s econ\u00f3mico inmediato hacia un proyecto de sociedad. De ah\u00ed las caracter\u00edsticas transversales del ciclo de luchas y su desarrollo fluctuante entre momentos de conflicto agudo\u00a0 y largas fases de extensi\u00f3n clandestina y de <strong>sedimentaci\u00f3n ontol\u00f3gica<\/strong> de los resultados organizativos alcanzados e cada ocasi\u00f3n-. Se trata de: la transformaci\u00f3n de os elementos inerciales\u00a0 del comportamiento antagonista en una nueva disposici\u00f3n constructiva de subjetividades; la producci\u00f3n de nuevos modelos culturales, a menudo socialmente notables; la definici\u00f3n de nuevas redes de desestabilizaci\u00f3n del poder y de relanzamiento de nuevos proyectos.<\/p>\n<p>Ninguna lucha se parece a otra, ninguna lucha es in\u00fatil; toda lucha parte de un nivel m\u00e1s avanzado que la precedente. Bajo la nieve, la primavera prepara su espl\u00e9ndida floraci\u00f3n. <strong>Incluso<\/strong> <strong>en Oriente<\/strong>, el ciclo de luchas\u00a0 inaugurado a principios de los ochenta revela caracter\u00edsticas an\u00e1logas. En este caso tambi\u00e9n, aunque desagrade a los nuevos demiurgos mistificadores del lenguaje, las luchas y sus objetivos pueden recogerse bajo la categor\u00eda de democracia comunista. En este caso tambi\u00e9n, los sujetos m\u00e1s notables son los de la inteligencia de masas, t\u00e9cnico-cient\u00edfica y productiva. Aqu\u00ed, en la dimensi\u00f3n inmediatamente social y pol\u00edtica de los movimientos, el prerrequisito ontol\u00f3gico de su actividad reside en un indisoluble <strong>intercambio<\/strong> entre revoluci\u00f3n activa y revoluci\u00f3n pasiva, construye una alternancia continua entre momentos de disoluci\u00f3n de una estructura de poder en descomposici\u00f3n y la b\u00fasqueda de un nuevo v\u00ednculo social, entre capacidad de retener el nuevo contrapoder consolidado en manos de la autonom\u00eda de los movimientos sociales\u00a0 y la expresi\u00f3n revolucionaria de un poder constituyente que forma gobierno a partir de la base del sistema social.<\/p>\n<p>No se rata de hacer previsiones sobre esta enorme rearticulaci\u00f3n de la din\u00e1mica de a lucha de clases: la fenomenolog\u00eda sigue ocupando el lugar de la estrategia. Pero no por mucho tiempo, si es cierto que la desestabilizaci\u00f3n de los sistemas y los movimientos de crisis se han generalizado hasta tal punto que una nueva reacci\u00f3n represiva es dif\u00edcilmente previsible, que, en consecuencia, es necesaria una maduraci\u00f3n ulterior de los movimientos. En el Esta el poder constituyente est\u00e1 de todas formas al orden del d\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a9EspaiMarx 2002<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Futur Anterieur, n\u00ba 2, L\u00b4Harmattan, Paris, 1990, pp. 38-53<\/p>\n<p>1. El comunismo como objetivo m\u00ednimo<\/p>\n<p>A partir del Bersteindebatte, tanto la tradici\u00f3n revolucionaria como la reformista han considerado siempre el socialismo como un periodo de transici\u00f3n entre el capitalismo y el comunismo ( o, seg\u00fan la terminolog\u00eda socialdem\u00f3crata, el pos capitalismo) y, por lo tanto, como un concepto independiente el primero y del segundo. Que los socialdem\u00f3cratas hayan abandonado enseguida el terreno de la utop\u00eda para reconocerse como simples administradores de la modernizaci\u00f3n capitalista es un problema, pero se convierte en el nuestro desde que, por un juego de manos, esta transici\u00f3n que todos llamaban socialismo es hoy definida como comunismo. La responsabilidad mayor de esta banalizaci\u00f3n de la utop\u00eda\u00a0 proviene sin duda de las ideolog\u00edas del estalinismo y de los pol\u00edticos del \u201cfuturo radiante\u201d. Lo cual no altera en absoluto nuestro deprecio por los que en la actualidad celebran un\u00e1nimemente\u00a0 el fin del comunismo, transform\u00e1ndolo en apolog\u00eda del\u00a0 estado actual de cosas.Pero volvamos a nuestra distinci\u00f3n. Ni el Marx de La comuna de Par\u00eds, ni el Lenin de El estado y la revoluci\u00f3n, han considerado el nunca socialismo como una \u00e9poca hist\u00f3rica: lo han concebido como un periodo de transici\u00f3n, corto y poderoso que hac\u00eda realidad la extinci\u00f3n del aparato de poder. El comunismo viv\u00eda ya en la transici\u00f3n, como su motor, no como un ideal, sino como una subjetividad activa y eficaz \u2013que se enfrentaba con el conjunto de las condiciones de producci\u00f3n y reproducci\u00f3n capitalistas, reapropi\u00e1ndose de ellas, y pod\u00eda con esta condici\u00f3n destruirlas y superarlas. El comunismo, en tanto que proceso de liberaciones defin\u00eda como el movimiento real que destruye el estado de cosas actual.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os treinta el grupo dirigente sovi\u00e9tico consider\u00f3 el socialismo como una actividad productiva que crea, cueste lo que cueste, las bases materiales de una sociedad en competici\u00f3n\u00a0 con el ritmo de su propio desarrollo y el de los pa\u00edses capitalistas A partir de este momento, el socialismo no se identifica tanto con la superaci\u00f3n del sistema del capital\u00a0 del trabajo asalariado como con una alternativa socioecon\u00f3mica, al capitalismo. En el socialismo, seg\u00fan esa teor\u00eda sobreviven ciertos elementos del capitalismo: ahora bien, uno de los dos, el Estado, se encuentra exacerbado en las formas autoritarias extremas; el otro, el mercado, se halla ahogado y eliminado como criterio microecon\u00f3mico\u00a0 del c\u00e1lculo del valor. Tanto la posici\u00f3n luxemburguista, que insist\u00eda en el proceso democr\u00e1tico, creativo, antiestatal, de la transici\u00f3n, como la trotskista, cuya cr\u00edtica se refer\u00eda a la totalidad de las relaciones de explotaci\u00f3n en el mercado mundial, fueron destruidas. Lo que ha tenido como consecuencia en el primer caso, la atrofia, despu\u00e9s la asfixia mortal del intercambio pol\u00edtico; en el segundo el estrangulamiento del socialismo en el interior del mercado mundial, o la imposibilidad de recuperar mediante l\u00edneas interiores el impetuoso desarrollo de la lucha de clases antifascista y revolucionaria que en el curso de diferentes \u00e9pocas se ha desencadenado a escala mundial. Y por m\u00e1s que se insista \u2013y nosotros mismo estamos\u00a0 profundamente convencidos de ello- sobre el alma revolucionaria de la reforma gorvachoviana, verdaderamente no parece que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica pueda recuperar ya esta funci\u00f3n hegem\u00f3nica en la lucha de clases que la revoluci\u00f3n de 1917 le hab\u00eda asignado.<\/p>\n<p>La Plaza Roja ha dejado de ser, desde hace mucho tiempo, y a trav\u00e9s de innumerables tragedias, el punto de referencia de los comunistas. Dicho esto, el comunismo vive.Vive all\u00ed donde la explotaci\u00f3n persiste. Constituye la \u00fanica respuesta al anticapitalismo natural de las masas. O m\u00e1s bien, cuanto m\u00e1s se reproduce el capitalismo, m\u00e1s se extiende y enra\u00edza dl deseo del comunismo \u2013determinando, por un lado, las condiciones de producci\u00f3n colectiva, por otro, una irresistible voluntad colectiva de reapropiarse libremente de las mismas-. El que, en la org\u00eda actual de anticomunismo, crea sinceramente que la explotaci\u00f3n y la voluntad subversiva han desaparecido no puede sino evidenciar su ceguera. Ha llegado por lo tanto el momento de volver a repensar la transici\u00f3n comunista como algo que se constituye\u00a0 -como pensaban los cl\u00e1sicos del marxismo- en el seno del desarrollo capitalista. Desde los a\u00f1os sesenta, a corrientes cr\u00edticas del marxismo occidental hab\u00edan trabajado en ese sentido, sin ilusiones respecto a la Plaza Roja y al socialismo de la pobreza. El comunismo, como objetivo m\u00ednimo, constituye desde entonces el \u00fanico tema de la ciencia pol\u00edtica de la y transici\u00f3n. Sobre este punto se han acumulado una enorme cantidad de experiencias y\u00a0 conocimientos. El m\u00e9todo es materialista: sumergir el an\u00e1lisis en el modo de producci\u00f3n actual, reconstruir las contradicciones que se anuncian, bajo figuras siempre nuevas, entre \u00e9ste y los procesos\u00a0 los sujetos productivos, criticar la modernidad y sus consecuencias trabajar en la recomposici\u00f3n de las subjetividades\u00a0 colectivas y sus redes de comunicativas, transformar el conocimiento en voluntad consecuente. Nos encontramos, pues, ante una serie de prerrequisitos del comunismo que viven en nuestras sociedades y que han alcanzado u nivel de madurez sin presentes. Y si la palabra \u201cprerrequisito\u201d asusta e insin\u00faa la sospecha de que confront\u00e1osla realidad con un ideal, don\u00b4t wory: Nuestra \u00fanica teleolog\u00eda es la que extraemos del dicho marxismo \u201ces la anatom\u00eda del hombre la que explica la del mono\u201d.<\/p>\n<p>2. La irreversibilidad de las conquistas obreras<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-71","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-la-izquierda-a-debate"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/71","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=71"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/71\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=71"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=71"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=71"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}