{"id":740,"date":"2007-04-22T00:00:00","date_gmt":"2007-04-21T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=740"},"modified":"2023-02-04T06:56:58","modified_gmt":"2023-02-04T05:56:58","slug":"antonio-gramsci-amor-y-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=740","title":{"rendered":"Antonio Gramsci: amor y revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>En Viena enterrar\u00e9 mi alma en un \u00e1lbum<br \/>\ncon las fotograf\u00edas y el musgo<br \/>\ny rendir\u00e9 al flujo de tu belleza<br \/>\nmi cruz y mi viol\u00edn barato.<\/p>\n<p>Ay, amor, mi amor,<br \/>\nToma este vals, toma este vals:<br \/>\nahora es tuyo, es todo lo que queda.<br \/>\n<b>LEONARD COHEN <\/b><\/p>\n<p>canta el \u201cPeque\u00f1o vals vien\u00e9s\u201d,<br \/>\nde Federico Garc\u00eda Lorca<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Epistolarios<\/b><\/p>\n<p>La mejor manera de llegar a conocer al Gramsci \u00edntimo es, desde luego, sumergirse en su epistolario. Quien quiera hacerlo con sensibilidad y respeto por la tragedia del hombre tendr\u00e1 que solventar preliminarmente dos reservas del propio Gramsci.<\/p>\n<p>La primera es que muchas de las cartas que escribi\u00f3 desde la c\u00e1rcel ten\u00edan que pasar por la censura: \u00e9l lo sab\u00eda; sab\u00eda que en cierto modo esto las hac\u00eda \u00abp\u00fablicas\u00bb y en consecuencia reduplic\u00f3 durante esos a\u00f1os (1927-1933) su ya notable contenci\u00f3n sentimental adoptando a veces el lenguaje de Esopo. Para descifrar ese lenguaje el estudioso y el lector atento tienen que acudir a veces a otras fuentes (testimonios de los familiares y amigos dentro y fuera de la c\u00e1rcel).<\/p>\n<p>La segunda reserva tiene que ver con la declaraci\u00f3n del preso, expl\u00edcita en alguna de las cartas desde la c\u00e1rcel pero avanzada ya en otros momentos anteriores, seg\u00fan la cual \u00e9l mismo sent\u00eda una invencible aversi\u00f3n a la epistolograf\u00eda.<\/p>\n<p>De estas dos cosas juntas el lector no alertado podr\u00eda deducir apresuradamente que el material disponible ser\u00e1 escaso y que en las cartas conservadas va a encontrar muy pocas referencias a la vida privada de un hombre cuya principal dedicaci\u00f3n desde los veintitantos a\u00f1os fue la pol\u00edtica. Pero en realidad no es as\u00ed. Se han conservado alrededor de setecientas cartas de Antonio Gramsci. De ellas casi doscientas est\u00e1n escritas entre sus a\u00f1os de estudiante (en Cagliari y en Tur\u00edn) y el oto\u00f1o de 1926, momento en que fue detenido por la polic\u00eda fascista. Otras quinientas fueron redactadas desde las distintas c\u00e1rceles y sanatorios por los que pas\u00f3 como preso pol\u00edtico hasta su muerte en 1937.<\/p>\n<p>La gran mayor\u00eda de las cartas escritas por Gramsci desde Cagliari y Tur\u00edn, entre 1908 y 1914, est\u00e1n dirigidas a familiares: a los padres y hermanas. Entre 1914 y 1919 esa correspondencia decae y sus cartas a la familia se hacen muy espor\u00e1dicas. Del bienio revolucionario de 1919-1921 se han conservado poqu\u00edsimas cartas. Probablemente en esos a\u00f1os de gran actividad pol\u00edtica Gramsci tuvo a su lado a la mayor\u00eda de las personas con las que quer\u00eda comunicarse: consejistas y compa\u00f1eros de <i>L\u00b4Ordine Nuovo<\/i>. Pero es seguro que escribi\u00f3 m\u00e1s cartas que las que se han conservado, sobre todo de contenido pol\u00edtico y sindical. En cualquier caso, el epistolario se hace mucho m\u00e1s denso y mucho m\u00e1s interesante a partir de su estancia en Mosc\u00fa, en 1922, donde conoci\u00f3 a Julia Schucht, durante los cinco meses que vivi\u00f3 en Viena trabajando para la partido comunista de Italia en la Internacional Comunista y luego, ya de regreso a Italia, en Roma (desde mayo de 1923 hasta noviembre de 1926). La correspondencia desde Mosc\u00fa (noviembre de 1922 a noviembre de 1923) y sobre todo desde Viena (hasta mayo de 1924) y Roma (1924-1926) suma aproximadamente dos tercios de todas las cartas que Gramsci escribi\u00f3 antes de ser detenido y encarcelado.<\/p>\n<p>Se han conservado casi quinientas cartas escritas por Gramsci desde noviembre de 1926 hasta 1937, pocos meses antes de su muerte. Aunque estas cartas se conocen habitualmente con el nombre de \u201ccartas de la c\u00e1rcel\u201d no todas ellas fueron escritas propiamente desde las distintas prisiones por las que Gramsci pas\u00f3 desde su detenci\u00f3n. Unas cuantas fueron redactadas desde el destierro en la isla de Ustica, lugar al que fue trasladado junto con otros militantes antifascistas a la espera del juicio y donde Gramsci vivi\u00f3, vigilado, en una casa particular (diciembre de 1926 &#8211; enero de 1927). Otras muchas fueron escritas desde las cl\u00ednicas a las que fue enviado, ya muy enfermo, desde finales del a\u00f1o 1933: la cl\u00ednica del doctor Cusumano, en Formia (de diciembre de 1933 a agosto de 1935) y la cl\u00ednica Quisisana, de Roma, en la que permaneci\u00f3 en libertad condicional desde esa \u00faltima fecha hasta muy poco antes de morir, en abril de 1937. De estas casi quinientas cartas, la mayor\u00eda de las escritas desde la c\u00e1rcel de Turi de Bari est\u00e1n dirigidas a la cu\u00f1ada, Tatiana Schucht (una parte de ellas tambi\u00e9n para Julia o con la intenci\u00f3n de que fueran conocidas por Piero Sraffa, el amigo economista que hac\u00eda de enlace con la direcci\u00f3n del partido comunista); muchas de ellas est\u00e1n dirigidas a la mujer, Julia Schucht, y a los hijos, Delio y Giuliano (los dos, con la madre, en Mosc\u00fa). Un n\u00famero mucho m\u00e1s reducido del epistolario de ese periodo est\u00e1 formado por cartas dirigidas a la madre (que muri\u00f3 en Ghilarza en diciembre de 1932, aunque Gramsci no lo supo hasta bastante tiempo despu\u00e9s), al hermano Carlo y a otros parientes.<\/p>\n<p>Por razones obvias (teniendo en cuenta la acusaci\u00f3n por la que Gramsci hab\u00eda sido juzgado y encarcelado, y la ilegalizaci\u00f3n del partido comunista por el fascismo mussoliniano) Gramsci apenas pod\u00eda escribir directamente desde la c\u00e1rcel a los amigos pol\u00edticos. Casi todas las cartas que escribi\u00f3 a \u00e9stos entre 1927 y 1935 se han perdido. A partir de 1934 el epistolario con su principal corresponsal, Tatiana Schucht, decae debido al hecho de que \u00e9sta y Piero Sraffa pod\u00edan visitar peri\u00f3dicamente a Gramsci en la cl\u00ednica, de manera que casi todas las cartas desde esa fecha hasta 1937 est\u00e1n dirigidas a los familiares que viv\u00edan en la URSS, a la mujer y a los hijos.<\/p>\n<p>En estas cartas (y en numerosos testimonios) se han basado las dos biograf\u00edas m\u00e1s completas de Antonio Gramsci publicadas hasta la fecha, la de Giuseppe Fiori y la de Aurelio Lepre.<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[i]<\/a> El hermoso retrato que Fiori hizo en los a\u00f1os sesenta de la personalidad de Gramsci es tan preciso como sensible. Muy probablemente en su biograf\u00eda est\u00e1 en lo esencial para captar el car\u00e1cter de Gramsci y las circunstancias que modelaron este car\u00e1cter. Debe tenerse en cuenta, no obstante, que las ediciones que pueden considerarse ya pr\u00e1cticamente definitivas de la correspondencia de Gramsci se han publicado m\u00e1s tarde, en la d\u00e9cada de los noventa, y que estas ediciones incorporan varias piezas relevantes para la mejor comprensi\u00f3n de algunos aspectos discutidos de la personalidad de Gramsci y sobre su relaci\u00f3n con las personas a las que m\u00e1s quiso y con el grupo dirigente del partido comunista desde 1926 a 1937. La biograf\u00eda de Lepre tiene en cuenta estas novedades e incorpora los resultados del trabajo de investigaci\u00f3n llevado a cabo por otros autores (Paolo Spriano, Valentino Gerratana, Antonio A. Santucci y Aldo Natoli, principalmente)<a href=\"#_edn2\" name=\"_ednref2\">[ii]<\/a> sobre los \u00faltimos a\u00f1os de la vida de Gramsci. El propio Fiori, en ensayos publicados en las \u00faltimas d\u00e9cadas, ha matizado y actualizado algunas conjeturas de su biograf\u00eda tanto en lo relativo a las opiniones de Gramsci sobre la pol\u00edtica comunista posterior a 1926 como en lo que hace a la complicada y a veces agria relaci\u00f3n que desde la c\u00e1rcel mantuvo con sus \u00edntimos.<a href=\"#_edn3\" name=\"_ednref3\">[iii]<\/a><\/p>\n<p><b>De 1908 a 1926<\/b><\/p>\n<p>La recopilaci\u00f3n m\u00e1s completa de las cartas escritas por Antonio Gramsci hasta 1926 apareci\u00f3 a principios de los a\u00f1os noventa.<a href=\"#_edn4\" name=\"_ednref4\">[iv]<\/a> El editor de este epistolario, Antonio A. Santucci, hac\u00eda observar en esa fecha el n\u00famero relativamente reducido de las mismas para un periodo que comprende casi veinte a\u00f1os, sobre todo si este n\u00famero se compara con el de las escritas en los diez a\u00f1os que siguieron a la detenci\u00f3n. Naturalmente, esta diferencia se explica, en gran parte por el cambio de circunstancias en la vida de Gramsci: no se escriben tantas cartas cuando uno est\u00e1 estudiando, o metido en la vor\u00e1gine de los acontecimientos pol\u00edticos, como las que se escriben cuando uno est\u00e1 solo y aislado en la c\u00e1rcel. Por otra parte, parece que hay que hacerse a la idea de que algunas de las cartas escritas por Gramsci sobre todo en el periodo de L\u00b4Ordine Nuovo semanal, entre 1919 y 1920, se han perdido definitivamente, pues de ese periodo s\u00f3lo se conoce una, escrita a Serrati en febrero de 1920. Algo parecido puede decirse de algunas de las cartas redactadas entre 1922 y 1923, mientras Gramsci vivi\u00f3 en Mosc\u00fa y en Viena.<\/p>\n<p>Hay lagunas de importancia en este epistolario, sobre todo para los a\u00f1os que van de 1914 a 1926. Santucci pensaba, hace diez a\u00f1os, que algunas de esas lagunas, las correspondientes al periodo de 1922 a 1926, tal vez pod\u00edan colmarse investigando en las archivos de la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, pero no parece que hasta el momento hayan sido descubiertas piezas muy sustanciales a este respecto. Y, por otra parte, las cartas del Gramsci estudiante (en Cagliari y, sobre todo, en Tur\u00edn) no dicen mucho sobre la formaci\u00f3n de su car\u00e1cter y de su personalidad. Hasta 1913 esas cartas son, mayormente, un memorial de quejas al padre (y a la familia en general); quejas de un estudiante pobre, que depende de una beca y de la ayuda de los suyos para su subsistencia, que pasa fr\u00edo y hambre en la ciudad industrial, que se ve obligado a cambiar de pensi\u00f3n por falta de medios, que sufre constantes dolores de cabeza, al que le cuesta mucho adaptarse al ambiente, que necesita ayuda y no la encuentra. La impresi\u00f3n que se saca al leer este epistolario es que el joven Gramsci ten\u00eda un importante v\u00ednculo afectivo con la madre y que, quejas aparte, s\u00f3lo encuentra un hilo que le una con los que han quedado en la isla: la lengua, el inter\u00e9s por las palabras y su historia, reforzado por las sugerencias que est\u00e1 recibiendo en Tur\u00edn del profesor Matteo Bartoli sobre el dialecto sardo. De manera que cuando en Tur\u00edn Gramsci encuentra otros v\u00ednculos, pol\u00edtico-culturales, en las proximidades de la universidad, la correspondencia con los familiares, ya tensa antes, se interrumpe.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hay una carta de esos a\u00f1os, fechada en 1916 y dirigida a la hermana Grazietta, en la que Gramsci se desnuda. Esta carta, escrita despu\u00e9s de un largu\u00edsimo silencio, permite hacerse una idea de la dimensi\u00f3n de la crisis por la que el universitario ha pasado entre 1913 y 1915: \u201cDurante un par de a\u00f1os he vivido fuera del mundo, casi como en un sue\u00f1o. He dejado que se fueran rompiendo uno a uno todos los hilos que me un\u00edan al mundo y a los hombres. He vivido exclusivamente para el cerebro sin dejar nada para el coraz\u00f3n. Y seguramente eso ha ocurrido porque mi cerebro sufr\u00eda mucho, siempre me estaba doliendo la cabeza, y he acabado por no pensar m\u00e1s que en ella\u201d.<a href=\"#_edn5\" name=\"_ednref5\">[v]<\/a> Aparecen ah\u00ed giros y expresiones sobre el propio car\u00e1cter que Gramsci reiterar\u00eda luego muchas veces, en su correspondencia con Julia y Tatiana Schucht, el sentirse, por dentro y por fuera, como un oso en la caverna, como un lobo en su cueva, que reacciona ante el dolor f\u00edsico y la soledad sumergi\u00e9ndose en el trabajo intelectual y pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Resulta evidente, por lo que escribi\u00f3 en las varias publicaciones socialistas en que colabor\u00f3 entre 1914 (despu\u00e9s de renunciar a los estudios universitarios) y 1920, as\u00ed como por algunas reflexiones autobiogr\u00e1ficas posteriores, que, en esos a\u00f1os, Gramsci encontr\u00f3 su ambiente, sali\u00f3 parcialmente del aislamiento en que al principio vivi\u00f3 en Tur\u00edn e hizo amigos (algunos de los cuales, como Piero Sraffa, para lo que le quedaba de vida). Pero de eso apenas hay rastro en las pocas cartas que han quedado. La actividad period\u00edstica y pol\u00edtica no le dejan tiempo, ya entonces, para la comunicaci\u00f3n epistolar de los sentimientos. De manera que para saber c\u00f3mo creci\u00f3 el hombre Gramsci durante los a\u00f1os de la primera guerra mundial el epistolario es muy insuficiente. Hay que acudir a los testimonios de aquellos que estuvieron cerca de \u00e9l en Tur\u00edn y\/o establecer conjeturas a partir de algunos pasos de sus colaboraciones en en <i>Il Grido del Popolo<\/i>, en <i>Avanti,<\/i> en <i>La citt\u00e0 futura<\/i> y en <i>L\u2019Ordine Nuovo<\/i>.<\/p>\n<p>La cosa cambia a partir del viaje de Gramsci a Mosc\u00fa en diciembre de 1922. Comparativamente, las cartas que escribe desde entonces hasta 1926 son muchas m\u00e1s. Y esto por dos factores muy determinantes. El primero fue la relaci\u00f3n sentimental con Julia Schucht, el nacimiento del amor. El segundo que, estando en Viena como liberado pol\u00edtico, en una ciudad que le era ajena y con un trabajo de organizaci\u00f3n pensado para Italia, Gramsci dispuso de mucho tiempo para escribir cartas: unas, amorosas, para consolidar la relaci\u00f3n naciente con Julia; otras para cumplir con el mandato pol\u00edtico que le hab\u00eda llevado all\u00ed. As\u00ed pues, a la hora de estudiar la relaci\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado en Gramsci durante ese periodo, aunque haya algunas lagunas en la correspondencia, aunque se hayan perdido algunas cartas por la clandestinidad de unos y la vida de saltafronteras de otros, el epistolario de Mosc\u00fa y Viena, y las cartas enviadas desde Roma entre 1924 y 1926 son suficientes. Precisamente en ese periodo Gramsci inicia una reflexi\u00f3n sobre amor y revoluci\u00f3n, sobre pol\u00edtica y sentimientos, que constituye una clave para la mejor comprensi\u00f3n de lo que fue el hombre. Lo esencial de esa reflexi\u00f3n est\u00e1 en las <i>Lettere a Julka<\/i>, recopiladas por Mimma Paulesu Quercoli en 1987<a href=\"#_edn6\" name=\"_ednref6\">[vi]<\/a> e incluidas tambi\u00e9n en el epistolario editado por Santucci. No parece que el descubrimiento de nuevos documentos para ese periodo vaya a cambiar ya la idea de Gramsci que el lector atento puede hacerse a partir del epistolario ahora disponible.<\/p>\n<p><b>De 1926 a 1937<\/b><\/p>\n<p>Una parte importante de la correspondencia de Gramsci entre 1926 y 1937 fue dada a conocer por primera vez poco despu\u00e9s de acabar la segunda guerra mundial, en 1947, con el t\u00edtulo de Lettere dal carcere. Aquella edici\u00f3n, cuyo valor literario fue reconocido con la concesi\u00f3n del Premio Viareggio, inclu\u00eda 218 textos, algunos de ellos expurgados de los pasos que el entonces grupo dirigente del PCI, encabezado por Palmiro Togliatti, consider\u00f3 inconveniente hacer p\u00fablicos, bien porque en ellos se alud\u00eda a cuestiones familiares delicadas, bien a controversias pol\u00edticas sobre las que no se quer\u00eda volver en aquel momento. Muchas de las cartas no publicadas en 1947 fueron recuperadas en una nueva edici\u00f3n preparada para Einaudi por Sergio Caplioglio y Elsa Fubini en 1965. Este volumen, que en los a\u00f1os siguientes fue traducido a numerosas lenguas, conten\u00eda ya 428 cartas de Gramsci, 119 de las cuales in\u00e9ditas por entonces. Adem\u00e1s, se restauraron en \u00e9l los pasos que el primer editor hab\u00eda considerado inconvenientes. Esta edici\u00f3n de Fubini y Caprioglio ha sido la habitualmente manejada en la \u00e9poca de mayor auge de los estudios gramscianos en Europa, desde la segunda mitad de la d\u00e9cada de los sesenta hasta finales de la d\u00e9cada de los setenta, \u00e9poca que coincidi\u00f3 tambi\u00e9n con la conversi\u00f3n del partido comunista en la organizaci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s importante de Italia.<\/p>\n<p>Pero ya en los a\u00f1os setenta el diario <i>L\u00b4Unit\u00e0<\/i>, el semanario <i>Rinascita<\/i> y otras publicaciones peri\u00f3dicas italianas fueron dando a conocer algunas piezas m\u00e1s del epistolario gramsciano de los a\u00f1os de la c\u00e1rcel. Despu\u00e9s de la muerte de Julia Schucht, la mujer de Gramsci, en 1980, su hijo Giuliano hizo donaci\u00f3n al Partido Comunista Italiano de las \u00faltimas cartas in\u00e9ditas que hab\u00eda conservado la familia en Mosc\u00fa y \u00e9stas, a su vez, incluidas en diversas recopilaciones prologadas o comentadas por Valentino Gerratana, Nicola Badaloni, Paolo Spriano, Mimma Paulesu Quercioli, Aldo Natoli, Giuseppe Fiori y Antonio A. Santucci.<\/p>\n<p>Una nueva edici\u00f3n de las cartas de la c\u00e1rcel, sin duda la m\u00e1s completa hoy disponible, apareci\u00f3 en 1996, al cuidado tambi\u00e9n de Antonio A. Santucci.<a href=\"#_edn7\" name=\"_ednref7\">[vii]<\/a> La edici\u00f3n de Santucci incluye un total de 478 cartas, cincuenta m\u00e1s que la edici\u00f3n Fubini-Caprioglio. Teniendo en cuenta las particulares circunstancias en que fueron escritas las cartas gramscianas de la c\u00e1rcel y los complicados vericuetos por las que algunas de ellas llegaron a sus destinatarios tampoco se puede descartar del todo que a\u00fan queden algunas por conocer; pero, aun as\u00ed, en lo que hace a este periodo, la opini\u00f3n m\u00e1s extendida entre los estudiosos es que la investigaci\u00f3n posible est\u00e1 pr\u00e1cticamente concluida y que el trabajo llevado a cabo por Santucci puede considerarse pr\u00e1cticamente definitivo.<\/p>\n<p>Sigue habiendo, eso s\u00ed, controversia sobre la interpretaci\u00f3n de algunos pasos oscuros de estas cartas, sobre la fecha precisa de alguna de las escritas en Formia y en la cl\u00ednica de Roma, sobre la relaci\u00f3n existente entre algunos de esos pasos oscuros y ciertas notas de los Quaderni del carcere y, por supuesto, sobre c\u00f3mo valorar, partiendo de lo que se dice en esas cartas y de otros documentos, la relaci\u00f3n entre Gramsci y Togliatti despu\u00e9s de 1926.<a href=\"#_edn8\" name=\"_ednref8\">[viii]<\/a> En los \u00faltimos diez a\u00f1os se han escrito tambi\u00e9n varios ensayos pol\u00e9micos acerca de este \u00faltimo extremo y la relaci\u00f3n sentimental de Antonio Gramsci con Julia Schucht y con las hermanas de \u00e9sta, Tatiana y Eugenia. Alguno de estos ensayos ha tenido bastante eco period\u00edstico en Italia, donde, parad\u00f3jicamente, no era ya nada f\u00e1cil encontrar en librer\u00edas la edici\u00f3n cr\u00edtica de los Quaderni preparada por Valentino Gerratana.<\/p>\n<p>Ya esto \u00faltimo sugiere que la orientaci\u00f3n actual de los medios de comunicaci\u00f3n dominantes (y no s\u00f3lo en Italia), inclinados a suscitar el morbo facil\u00f3n o la politiquer\u00eda inmediatista en la sociedad del espect\u00e1culo, cuadra poco, o nada, con el rigor filol\u00f3gico e historiogr\u00e1fico de las personas que, a lo largo de cuarenta a\u00f1os, m\u00e1s han hecho por poner a disposici\u00f3n del p\u00fablico culto toda la documentaci\u00f3n disponible de y sobre Gramsci. Especulaciones y actitudes morbosas aparte, pr\u00e1cticamente todo lo que hay que saber para valorar lo que fue el hombre Gramsci entre 1926 y 1937 est\u00e1 ya en las ediciones de Gerratana y Santucci, que han sido la base para una reciente y excelente edici\u00f3n anotada, en ingl\u00e9s, preparada por Joseph Buttigieg. Casi todo lo dem\u00e1s son detalles. Y no creo exagerar si digo que, desde el punto de vista de la filolog\u00eda y de la historiograf\u00eda \u2014dos cosas que Gramsci apreciaba\u2014, s\u00f3lo la b\u00fasqueda inmoderada de la originalidad puede sustituir la visi\u00f3n de conjunto, nada hagiogr\u00e1fica por lo dem\u00e1s, fundada en a\u00f1os de estudio, por el detalle funcional a los intereses politicistas del hoy.<\/p>\n<p>En lo que sigue me voy a referir esencialmente a la reflexi\u00f3n de Gramsci sobre la relaci\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado a partir de su encuentro con Julia Schucht en Mosc\u00fa. Este es un tema inicialmente suscitado en Italia en los m\u00e1rgenes de los estudios gramscianos, a mediados de los a\u00f1os setenta, por Adele Cambria con una representaci\u00f3n teatral titulada <i>Nonostante Gramsci<\/i> (1975) y con un libro, basado en ciertas piezas del epistolario, de intenci\u00f3n pol\u00e9mica pero sugerente en muchos de sus pasos: <i>Amore como rivoluzione<\/i><a href=\"#_edn9\" name=\"_ednref9\">[ix]<\/a> . Este libro prestaba una atenci\u00f3n preferente, por primera vez, a la otra parte del epistolario: las cartas que nos han llegado de Julia y Tatiana Schucht.<\/p>\n<p>No es casual el que la atenci\u00f3n preferente a la reflexi\u00f3n de Gramsci sobre la relaci\u00f3n entre p\u00fablico y privado surgiera en el \u00e1mbito de la literatura feminista de la \u00e9poca y se haya mantenido en ella durante alg\u00fan tiempo, pues, adem\u00e1s de que, en general, romper con esa dualidad, o debilitarla, ha sido un tema central de la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica del feminismo contempor\u00e1neo, debe reconocerse que los estudios gramscianos de las d\u00e9cadas anteriores apenas se hab\u00edan ocupado del an\u00e1lisis de la personalidad de las mujeres a las que Gramsci am\u00f3 o con las que tuvo una relaci\u00f3n intensa (Julia y Tatiana Schucht, principalmente), lo cual tiene que ser visto como un d\u00e9ficit notable por toda persona sensible que se proponga entender simpat\u00e9ticamente las oscilaciones del pensamiento del propio Gramsci en Viena, en Roma, en las c\u00e1rceles y en las cl\u00ednicas, cuando la introspecci\u00f3n, la expresi\u00f3n de los sentimientos o de los estados de \u00e1nimo y las conjeturas sobre el car\u00e1cter, la personalidad y el sentir de los seres queridos se mezclan e interrelacionan constantemente con el discurso pol\u00edtico, con los planes de trabajo intelectual y con la forma en que realmente progresan, planes aparte, los Cuadernos de la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>He dicho ya que la mejor manera de leer a Gramsci hoy es hacerlo desde el trasfondo de los c\u00e9lebres versos de Bertolt Brecht a los hombres del futuro<a href=\"#_edn10\" name=\"_ednref10\">[x]<\/a>. Esta afirmaci\u00f3n tiene a\u00fan m\u00e1s sentido cuando se trata de los epistolarios, pues en ellos Gramsci reflexiona de manera abierta sobre la relaci\u00f3n existente (y por establecer) entre lo p\u00fablico y lo privado. Hay tres intuiciones contenidas en aquellos versos de Brecht que la correspondencia de Antonio Gramsci con Julia y Tatiana Schucht ejemplifican tal vez como ning\u00fan otro epistolario contempor\u00e1neo. La primera es la conciencia \u2014aguda en los revolucionarios de la \u00e9poca del fascismo y del nazismo\u2014 de estar viviendo \u201cen tiempos sombr\u00edos\u201d (en un mundo grande y terrible, repetir\u00e1 Gramsci). La segunda es el reconocimiento de hasta qu\u00e9 punto, en tiempos de desorden pero tambi\u00e9n de rebeld\u00eda, el hombre rebelde se ve constre\u00f1ido, aun sin quererlo, al desorden amoroso y a contemplar la naturaleza con impaciencia. La tercera es la observaci\u00f3n tr\u00e1gica de que aquellos hombres que quer\u00edan preparar el camino para la amistad no pudieron ser amables porque, como dej\u00f3 dicho el poeta, \u201ctambi\u00e9n la ira contra la injusticia pone ronca la voz\u201d.<\/p>\n<p>Tratar este tema con ecuanimidad no es nada f\u00e1cil. Y el asunto se complica much\u00edsimo cuando hay que atender al detalle del epistolario gramsciano de los a\u00f1os 1928 a 1936. Se complica por los cambios en los estados de \u00e1nimo del preso (motivados por su enfermedad y la de Julia Schucht), por los efectos psicol\u00f3gicos de la \u201ccarcelitis\u201d, por sus sospechas pol\u00edticas (fundadas o infundadas), por las interrupciones en la correspondencia, por la inhibici\u00f3n que produce en Gramsci el tener que escribir sobre un sentimiento amoroso a trav\u00e9s de persona interpuesta (de la que depende en muchas cosas esenciales, a la que quiere pero a la que no quiere herir), por los equ\u00edvocos reales y por la interpretaci\u00f3n subjetiva, a posteriori, de esos mismos equ\u00edvocos. Al abordar este nudo vital de Gramsci con la distancia que da el tiempo transcurrido, quien pretenda intentarlo con sensibilidad se sentir\u00e1 sin duda molesto ante las reducciones meramente politicistas de aquel drama personal. Pero tampoco basta a este respecto con la afirmaci\u00f3n gen\u00e9rica (frente a la manera institucional de entender la pol\u00edtica) de que \u201ctambi\u00e9n lo personal, lo privado, es pol\u00edtico\u201d. Se necesita algo m\u00e1s. Se necesita respeto, comprensi\u00f3n en el sentido amplio de la palabra y, desde luego, cierta compasi\u00f3n para con los personajes que entran en el nudo.<\/p>\n<p><b><i>Captatio benevolentiae<\/i><\/b>&#8230;<\/p>\n<p>S\u00f3lo en unos pocos casos, como es precisamente el de Antonio Gramsci \u2014o el de Rosa Luxemburg, cuyo asesinato en 1919 recordaban todav\u00eda hace poco los j\u00f3venes en Alemania, despu\u00e9s de lustros de olvido\u2014 se atreve todav\u00eda uno a juntar en un t\u00edtulo dos palabras tan hermosas y tan gastadas como \u201camor\u201d y \u201crevoluci\u00f3n\u201d. Y hacerlo sin por ello empezar a sentir la garra del malestar que se te instala en el cerebro para acabar bajando y saliendo afuera, hasta la cara, en forma de rubor, sobre todo en tiempos como \u00e9stos, en los que la deriva imparable hacia la mercantilizaci\u00f3n integral de los sentimientos corre pareja con la afirmaci\u00f3n (casi excluyente de todo lo dem\u00e1s) del derecho a la privacidad, y cuando la conversi\u00f3n interesada de todos los derivados de la palabra \u201crevoluci\u00f3n\u201d en mero eslogan para promocionar cualquier novedad t\u00e9cnica invita a los insumisos a dar de lado tan nobles vocablos en la vida cotidiana, o, no habiendo otro remedio, a utilizarlos con doble cautela, con iron\u00eda o con sarcasmo.<\/p>\n<p>Tal vez lo que en este caso hace que al escribir juntas las dos grandes palabras no sienta uno la verg\u00fcenza del inminente rid\u00edculo, o la sospecha de estar entrando en el bosque sombr\u00edo de los anacronismos, sea la solidez de una convicci\u00f3n que el que escribe supone compartida: la convicci\u00f3n, esto es, de que todo aquel lector que se haya decidido a seguir hasta el final la biograf\u00eda de Antonio Gramsci habr\u00e1 acabado con un nudo en garganta.<a href=\"#_edn11\" name=\"_ednref11\">[xi]<\/a><\/p>\n<p>Pues tal es, en efecto, el estado de \u00e1nimo con el que las personas sensibles (lo que es tanto como decir, hoy en d\u00eda, \u201crevolucionarias\u201d, en la medida en que la revoluci\u00f3n de los sentimientos es siempre y al mismo tiempo conservaci\u00f3n cultural) suelen asimilar aquella permanente pasi\u00f3n suya por la veracidad, aquel admirable esfuerzo por seguir pensando \u2014con independencia, con criterio, con punto de vista aut\u00f3nomo\u2014 a pesar del fascismo y del embrutecimiento psicol\u00f3gico y moral que acaba representando la c\u00e1rcel, su lucha tenaz contra la propia enfermedad mediante el an\u00e1lisis introspectivo tan intenso como puntilloso, o, finalmente, sus intermitentes iniciativas para volver a anudar un v\u00ednculo amoroso obstaculizado y deteriorado por la distancia, por la ausencia de noticias de la persona amada, por el aislamiento en la prisi\u00f3n, por la depresi\u00f3n de los propios interlocutores, por la piedad de los familiares que \u00e9l considera falsa y, sobre todo, por la incomparable huella del tiempo, por el transcurrir de ese tiempo psicol\u00f3gico que, en la soledad y en la ausencia, acabar\u00eda convirti\u00e9ndose para nuestro hombre en mero pseud\u00f3nimo de la vida misma y para Julia Schucht en motivo definitivo de cansancio psicosom\u00e1tico constante.<\/p>\n<p>Por fuerte que sea la convicci\u00f3n aludida, y por compartida que estuviera, \u00e9sta no cierra del todo, sin embargo, el argumento nuestro, el cual, al juntar \u201camor\u201d y \u201crevoluci\u00f3n\u201d en Gramsci, pone las amorosas y claras razones del coraz\u00f3n al lado de la pasi\u00f3n pol\u00edtica razonada con la intenci\u00f3n de explicar desde ellas, entrelazadas y como categor\u00edas centrales, lo que fue la tragedia de aquellas vidas.<\/p>\n<p>Para cerrar ese argumento con coherencia y terminar de paso la justificaci\u00f3n iniciada en los p\u00e1rrafos anteriores habr\u00eda que a\u00f1adir todav\u00eda una opini\u00f3n que no se refiere s\u00f3lo a Gramsci sino que pretende tener un sentido m\u00e1s general, aunque tal a\u00f1adido lo sea \u00fanicamente a t\u00edtulo de simple sugerencia, de esas sugerencias que hay que creerse o aceptar bajo palabra: que ya s\u00f3lo los nudos en la garganta \u2014cuando hay suerte de que se formen en ella\u2014 nos libran hoy del rubor y de la verg\u00fcenza que produce la manipulaci\u00f3n postmoderna de las palabras grandes y hermosas de nuestra infancia y de nuestra adolescencia (de la infancia y de la adolescencia de la humanidad, por supuesto). De modo que es probable \u2014sigo escribiendo hipot\u00e9tica y dubitativamente\u2014 que sea esa disponibilidad restante para la emoci\u00f3n, esa visceral permeabilidad, culturalmente reformada, que a\u00fan nos queda para la formaci\u00f3n del nudo en la garganta, ante tanta desgracia vivida con tanta voluntad de resistencia, lo que hace de Antonio Gramsci en este momento de crisis de la cultura comunista \u2014cuando los lobos de la publicidad venden pieles de cordero fabricadas con la tradici\u00f3n obrera\u2014 el pensador marxista m\u00e1s internacionalmente apreciado, el m\u00e1s traducido, el m\u00e1s le\u00eddo por las j\u00f3venes generaciones y rele\u00eddo tambi\u00e9n por aquellas otras generaciones que, al decir del poeta, no pudieron ser amables.<\/p>\n<p>Pero quien no comparta la afici\u00f3n por el modo de decir del poeta comunista ni los tonos sat\u00edrico-asermonados de horaciana memoria, quien est\u00e9 convencido, por el contrario, de que nosotros somos, precisamente, aquellos \u201cpor nacer\u201d en quienes pensaba Brecht, y de que, por tanto, ha llegado ya la hora de ser amables y de cambiar la ret\u00f3rica y las met\u00e1foras \u2014\u201cqui\u00e9n quiera tener raz\u00f3n y tenga una lengua la tendr\u00e1\u201d, dec\u00eda Mefist\u00f3feles a Fausto\u2014 por el an\u00e1lisis desapasionado, tiene todav\u00eda otra v\u00eda para llegar, en el caso de Gramsci, a una conclusi\u00f3n semejante: la filol\u00f3gica. Pues ning\u00fan otro pensador revolucionario ha tratado de vincular tan estrechamente lo privado y lo p\u00fablico, lo personal y lo pol\u00edtico, el amor y la actividad revolucionaria, en suma, como lo hizo Gramsci en una carta dirigida a Julia Schucht y fechada en Viena el 6 de marzo de 1924:<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa cuando no se hab\u00eda querido a nadie, ni siquiera a la propia familia, si era posible amar a una colectividad cuando no se hab\u00eda amado profundamente a criaturas humanas individuales. \u00bfNo iba a tener eso un reflejo en mi vida de militante?, \u00bfno iba a esterilizar y reducir a mero hecho intelectual, a puro c\u00e1lculo matem\u00e1tico, mi cualidad revolucionaria?<a href=\"#_edn12\" name=\"_ednref12\">[xii]<\/a><\/p>\n<p><b>Amor que a nada ha amado amar perdona<\/b><\/p>\n<p>Es posible que Antonio Gramsci haya tenido relaci\u00f3n sentimental \u00edntima con alguna otra mujer antes de conocer a Julia Schucht en Mosc\u00fa. Alguna de las personas que estuvieron cerca de \u00e9l en Tur\u00edn, en la \u00e9poca de L\u00b4Ordine Nuovo, as\u00ed lo ha testimoniado, e incluso ha dado el nombre de la amiga.<a href=\"#_edn13\" name=\"_ednref13\">[xiii]<\/a> Pero, si as\u00ed fue, de aquella relaci\u00f3n sentimental no ha quedado eco alguno en el epistolario. No es extra\u00f1o que no lo haya en el epistolario de esos a\u00f1os puesto que, como he dicho, las cartas de entonces que han quedado son poqu\u00edsimas. En las cruzadas con Julia en Mosc\u00fa, poco despu\u00e9s de conocerse, y desde Viena y Roma, cuando el amor se ha declarado, no hay recuerdo de un amor anterior. Ni menci\u00f3n en ninguna de las cartas escritas desde la c\u00e1rcel. Naturalmente, cuando se sabe de la contenci\u00f3n sentimental de Gramsci este dato no quita verdad al otro testimonio, aunque es raro que en el momento inicial de las declaraciones y de las confesiones rec\u00edprocas, cuando en el caso de Julia s\u00ed aparece alguna alusi\u00f3n a otra relaci\u00f3n sentimental, el var\u00f3n Gramsci no diga nada al respecto, sobre todo si, como parece, no hab\u00eda pasado demasiado tiempo de su otra relaci\u00f3n. La \u00fanica alusi\u00f3n, por lo dem\u00e1s gen\u00e9rica, a relaciones er\u00f3ticas anteriores est\u00e1, que yo sepa, en una carta que escribi\u00f3 a Julia al poco de conocerla en Mosc\u00fa. Dice as\u00ed: \u201cHe tratado incluso de convencerme a m\u00ed mismo de que le hab\u00eda recitado a usted una comedia, como he hecho otras veces (porque de verdad lo he hecho otras veces) cuando, convencido de que no pod\u00eda ser amado (\u00bfse acuerda usted de una discusi\u00f3n sobre cierto verso de Dante?), me propon\u00eda conseguir granjearme las manifestaciones externas del amor&#8230;\u201d.<a href=\"#_edn14\" name=\"_ednref14\">[xiv]<\/a><\/p>\n<p>Respetemos, por tanto, el pudor de los dos. Y de sus familiares.<\/p>\n<p>Antonio Gramsci conoci\u00f3 a Julia Schucht durante el verano de 1922. En junio de ese a\u00f1o Gramsci estaba en Mosc\u00fa para participar en la segunda Conferencia del Ejecutivo ampliado de la Internacional Comunista. De ella sali\u00f3 como dirigente de la III Internacional. Gramsci hab\u00eda llegado a Mosc\u00fa con una fuerte depresi\u00f3n, ten\u00eda temblores, tics y a veces convulsiones, por lo que inmediatamente despu\u00e9s de la Conferencia tuvo que ser internado en el sanatorio de <i>Serebriani bor<\/i> [El bosque de plata], en el que por entonces estaba alojada tambi\u00e9n Eugenia Schucht recuper\u00e1ndose de un agotamiento psicof\u00edsico. Antonio estableci\u00f3 all\u00ed relaci\u00f3n con Julia a trav\u00e9s de Eugenia. Las hermanas Schucht hab\u00edan vivido durante alg\u00fan tiempo en Italia y hablaban italiano.<a href=\"#_edn15\" name=\"_ednref15\">[xv]<\/a> Seguramente esto fue determinante para un hombre como Gramsci de quien Pier Paolo Pasolini dej\u00f3 dicho que era un t\u00edmido al que la timidez empujaba a vivir siempre impersonalmente.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n que estableci\u00f3 con Julia fue inicialmente, durante algunos meses, espor\u00e1dica y de camarader\u00eda. Los dos primeros billetes de Antonio a Julia que se han conservado van encabezados con un \u201cquerida compa\u00f1era\u201d. El tratamiento es de usted y respetuoso. Gramsci propone en ellos citas en Mosc\u00fa y en el sanatorio (en las proximidades de Mosc\u00fa) para visitar a Eugenia; juega con la (aparente) complicidad de la hermana y se despide de Julia con las f\u00f3rmulas \u201cafectuosamente\u201d y \u201ccon afecto\u201d. Una vi\u00f1eta familiar, humor\u00edstica, que se ha conservado, fechada el 16 de octubre de 1922, sugiere la existencia de una relaci\u00f3n sentimental en ciernes: la hermana Eugenia es el objeto activo de la broma que al mismo tiempo facilita la comunicaci\u00f3n entre los otros dos.<\/p>\n<p>Los primeros encuentros con Julia en <i>Serebriani bor<\/i> han dejado en Gramsci una huella imborrable. Una carta que la escribe desde Roma un par de a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya la relaci\u00f3n se ha hecho estable, desvela, para nosotros, el contexto y el sentido de la discusi\u00f3n en <i>Serebriani bor<\/i> sobre \u201cun cierto verso de Dante\u201d. Este dice: Amor que a nada ha amado amar perdona. La escena, en una habitaci\u00f3n del sanatorio con una sola cama, habla de las dificultades de ambos para decidir all\u00ed la relaci\u00f3n. Antonio dir\u00e1 luego: \u201cMe acuerdo de todos los detalles porque creo que aquella noche fue muy importante para nosotros y que luego, durante mucho tiempo, estuvimos jugando a la gallina ciega. \u00a1Qu\u00e9 horror!\u201d<a href=\"#_edn16\" name=\"_ednref16\">[xvi]<\/a>.<\/p>\n<p><b>El peso desequilibrante del cerebro<\/b><\/p>\n<p>Los acontecimientos en curso en Italia (las consecuencias de la marcha fascista sobre Roma que se produjo en octubre) retrasaron el regreso de Gramsci. Pudo entonces asistir al IV Congreso de la III Internacional (noviembre-diciembre) en el que tuvo la oportunidad de escuchar a un Lenin muy pesimista sobre el futuro de la revoluci\u00f3n. Aquel discurso se le qued\u00f3 grabado y est\u00e1 en el origen de su reflexi\u00f3n sociopol\u00edtica posterior, en los Quaderni, sobre la revoluci\u00f3n en occidente. Muy probablemente Gramsci fue el dirigente comunista occidental que mejor entendi\u00f3 el mensaje del viejo Lenin. Pero por entonces, a finales de 1922, su coraz\u00f3n estaba en otra parte. Mientras espera en Mosc\u00fa el desarrollo de los acontecimientos en Italia y se entera de la agresi\u00f3n que se ha sufrido su hermano Gennaro, herido por los fascistas en Tur\u00edn, la relaci\u00f3n sentimental con Julia progresa hacia el amor entre enero y febrero de 1923. En enero todav\u00eda mantiene el tratamiento de respeto y a\u00fan sigue jugando con la excusa de visitar a Eugenia para propiciar un nuevo encuentro con Julia y consolidar los lazos, pero Antonio ha pasado ya al \u201cquerid\u00edsima\u201d y la siguiente carta, que escribe el 13 de febrero, es una declaraci\u00f3n de amor.<\/p>\n<p>La primera declaraci\u00f3n de amor de Gramsci, al menos por escrito, es complicada y preludia otras muchas complicaciones que hab\u00edan de venir. Dice a Julia varias veces en esa carta que la quiere y que tiene la certeza de que ella le quiere a \u00e9l, pero en seguida se enreda en una discusi\u00f3n sobre lo \u201csencillos\u201d que son ambos, y en particular \u00e9l mismo, contra las apariencias. Con el amor, Antonio empieza una batalla por dejar de ser el que sentimentalmente fue: \u201cEs verdad que desde hace muchos, muchos a\u00f1os me he acostumbrado a pensar que existe una imposibilidad absoluta, casi fatal, para que yo pueda ser amado\u201d. Gramsci alude aqu\u00ed a su deformidad f\u00edsica (que, seg\u00fan todos los testimonios, acomplejaba ya en Tur\u00edn su vida sentimental) y recuerda seguramente las huellas de una infancia y de una adolescencia de sufrimientos, sacrificios y debilidad f\u00edsica; pero se extra\u00f1a, o dice que se extra\u00f1a, a su vez, de que Julia note en \u00e9l \u201ccontracciones nerviosas\u201d, tics y \u201cpeque\u00f1os arrebatos marginales\u201d. E inmediatamente despu\u00e9s, en la misma carta, aparece el Gramsci volitivo y persuasivo. Nada de \u201cdemasiado pronto\u201d para consolidar la relaci\u00f3n, como dice ella, nada de enredos, ni de intrigas psicol\u00f3gicas almibaradas: \u201cYo no soy un m\u00edstico ni usted es una virgen bizantina\u201d<a href=\"#_edn17\" name=\"_ednref17\">[xvii]<\/a>.<\/p>\n<p>Gramsci no era, desde luego, un m\u00edstico. Julia Schucht ten\u00eda entonces veintis\u00e9is a\u00f1os, cinco menos que \u00e9l. Hab\u00eda nacido en Ginebra, donde sus padres estaban exiliados, en 1896. Su padre, de origen finland\u00e9s, antizarista, hab\u00eda conocido la deportaci\u00f3n en Siberia; tuvo que salir de Rusia en 1890 y vivi\u00f3 con la familia en Francia, Suiza e Italia. En Roma, Julia se hab\u00eda diplomado como violinista en 1915 y en el oto\u00f1o de ese a\u00f1o sali\u00f3 hacia Rusia para encontrarse con los suyos que ya viv\u00edan en Mosc\u00fa. Empez\u00f3 a trabajar como profesora en un liceo musical a cien kil\u00f3metros de la capital. Su familia ten\u00eda cierta relaci\u00f3n con Lenin y ella misma estaba afiliada al partido bolchevique desde 1917. Cuando Gramsci la conoci\u00f3 trabajaba en la secci\u00f3n local del partido en Ivanovo Vosnessiensk, un centro textil al que llamaban \u201cel Manchester de Rusia\u201d. Por su formaci\u00f3n y por su trabajo Julia era, en 1922, una mujer de car\u00e1cter, independiente pero a la vez muy sensible y ligada a la familia, a los padres y a las hermanas.<\/p>\n<p>Se conserva un paso de una carta de Julia Schucht, escrita cuando ten\u00eda veinte a\u00f1os, que hace pensar en lo que pudo acercarla sentimentalmente a Gramsci, en sus afinidades y diferencias. Dice as\u00ed: \u201cHay algo extra\u00f1o en mi vida que me impide vivir como yo querr\u00eda. No me gusta hablar de esta vida que no es como yo quiero. Me pregunto cu\u00e1l de las dos personas que hay en m\u00ed ser\u00e1 la aut\u00e9ntica, si la que quiero ser o la que soy. Y ese pensamiento me impide ser yo misma. Hay algo que me molesta, algo que es parte de mi, y ese algo es mi cerebro. No s\u00e9 \u2018ser\u2019; se ver, pensar, alguna veces sentir&#8230;\u201d<a href=\"#_edn18\" name=\"_ednref18\">[xviii]<\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la casualidad quiso que se hayan encontrado en Mosc\u00fa dos adultos, ideol\u00f3gicamente afines, comunistas y revolucionarios, que en su juventud han sentido el peso desequilibrante de lo que llamaban \u201cel cerebro\u201d y la angustia de no llegar a saber ser: \u00e9l, en Tur\u00edn, profundamente afectado por persistentes dolores de cabeza, o por lo que dice ser \u201canemia cerebral\u201d, se refugia primero en el estudio y salta luego a la vor\u00e1gine de la actividad pol\u00edtica huyendo de la soledad; ella, primero en Roma y luego en Mosc\u00fa, se siente dividida, tiene una profesi\u00f3n, podr\u00eda ser independiente, pero sabe que hay algo en su \u201ccerebro\u201d que se la impone tambi\u00e9n como un dolor, aunque no s\u00f3lo f\u00edsico, y se siente como perdida al observar introspectivamente que lo que sabe (ver, sentir, pensar) es una constricci\u00f3n que la impide llegar a lo que querr\u00eda ser. Ambos, \u00e9l y ella, querr\u00edan ser \u201csimples\u201d, pero hay algo en su interior que les dice que no lo son. Est\u00e1n tratando de superar \u201ccomplicaciones psicol\u00f3gicas\u201d que seguramente, desde el punto de vista cl\u00ednico, son algo m\u00e1s que las triviales complicaciones ordinarias del norm\u00f3pata cotidiano. Buscan ahora en el amor lo que no acaban de encontrar en la actividad profesional ni en la vida pol\u00edtica. No todo es azar, pues, en este primer encuentro: <i>Serebriani bor<\/i>, el bosque de plata, ser\u00eda para ellos, con el tiempo, algo m\u00e1s que un nombre, muchas veces recordado y otras muchas aludido precisamente en relaci\u00f3n con las depresiones, el malestar y las complicaciones psicol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la situaci\u00f3n en Italia se ha ido agravado por la detenci\u00f3n de varios de los principales dirigentes comunistas y socialistas del momento. Eso es tema del intercambio epistolar de Gramsci con Julia en los meses siguientes: por lo que representaba desde el punto de vista pol\u00edtico (Gramsci era entonces uno de los tres miembros comunistas en la comisi\u00f3n formada para una eventual fusi\u00f3n con los socialistas revolucionarios) y porque, evidentemente, el aplazamiento que aquella situaci\u00f3n supon\u00eda para su regreso significaba, por otra parte, la ocasi\u00f3n para multiplicar los encuentros en Mosc\u00fa y anudar la relaci\u00f3n sentimental. En una de las cartas de Mosc\u00fa, sin fecha pero muy probablemente de finales de febrero de 1923, aquella misma en que se alude gen\u00e9ricamente a alg\u00fan otro contacto er\u00f3tico, Antonio Gramsci insiste autobiogr\u00e1ficamente en el tema del \u201cantes\u201d y el \u201cdespu\u00e9s\u201d del amor. Quiere salir del \u201cerial\u201d, del \u201cfr\u00edo p\u00e1ramo\u201d, que ha sido su vida hasta entonces y declara estar convencido, sin comedia, de que precisamente eso es lo que le est\u00e1 ocurriendo despu\u00e9s de haber conocido a Julia. Que el prop\u00f3sito no era f\u00e1cil lo prueba el tono con el que, despu\u00e9s de otro encuentro, escap\u00e1ndose a escondidas del hotel Lux, en el que resid\u00eda, reconoce haber sido \u201cun bruto\u201d, haber hecho da\u00f1o a Julia \u201cdemasiado brutalmente\u201d, y que a\u00fan necesita quemar muchas cosas de s\u00ed mismo.<a href=\"#_edn19\" name=\"_ednref19\">[xix]<\/a><\/p>\n<p>No se han conservado (o no se han publicado) las cartas de Julia Schucht en Mosc\u00fa, a las que alude el epistolario de Gramsci, ni tampoco las escritas por \u00e9ste, si es que las hubo, desde marzo a finales de noviembre de 1923, fecha esta \u00faltima en que Gramsci parti\u00f3 para Viena. Lo m\u00e1s probable, a juzgar por el contenido y el tono de las escritas ya desde Viena (en las que destaca el dolor por la ausencia de la amada y el reiterado deseo de volver a estar juntos) es que entre marzo y noviembre de 1923 no haya habido cartas justamente porque la relaci\u00f3n amorosa se hab\u00eda consolidado y no hac\u00eda falta escribir lo que se pod\u00eda decir con la presencia. Queda el testimonio de Vincenzo Bianco, encargado por Gramsci de ayudar a Julia en Mosc\u00fa despu\u00e9s de su partida, que, con alg\u00fan lapso de memoria, confirma esta suposici\u00f3n.<a href=\"#_edn20\" name=\"_ednref20\">[xx]<\/a><\/p>\n<p><b>Viena: el mundo grande y terrible<\/b><\/p>\n<p>Antonio Gramsci vivi\u00f3 en Viena desde principios de diciembre de 1923 hasta mediados de mayo de 1924, apenas un invierno y media primavera. Los recuerdos que nos ha dejado, en las cartas a Julia, de aquel \u201cmundo grande y terrible, y encima en manos de los burgueses\u201d, son, por lo general, melanc\u00f3licos, muy mediatizados por el sentimiento de la ausencia. Durante aquellos meses su actividad pol\u00edtico-organizativa fue muy intensa, pero no lleg\u00f3 a congeniar ni con los propietarios de las casas en que all\u00ed vivi\u00f3 ni con sus colaboradores m\u00e1s pr\u00f3ximos, como el argentino Mario Codovilla. En Viena le visitaron, con encargos pol\u00edticos varios, camaradas italianos; y desde Viena escribi\u00f3 Gramsci muchas cartas, algunas de ellas interesant\u00edsimas para entender el ambiente pol\u00edtico de los revolucionarios sin revoluci\u00f3n: a Umberto Terracini, PalmiroTogliatti, Ruggero Grieco, Alfonso Leonetti y otros destacados comunistas italianos.<a href=\"#_edn21\" name=\"_ednref21\">[xxi]<\/a><\/p>\n<p>En Viena tuvo Gramsci la oportunidad de conocer de cerca no s\u00f3lo las dificultades del trabajo organizativo y period\u00edstico realizado lejos de los lugares en que uno tiene puestos el coraz\u00f3n y la cabeza, sino tambi\u00e9n de reconocer las debilidades y miserias del sectarismo de algunos de los pr\u00f3ximos. Refiri\u00e9ndose a la mujer de Joseph Frey, secretario general entonces del partido comunista austr\u00edaco, en cuya casa viv\u00eda, escribe poco despu\u00e9s de llegar a Viena: \u201cMaldice continuamente al partido que la obliga a tener en casa a personas tan molestas y antip\u00e1ticas como yo&#8230; pero conserva el carnet del partido porque, si no, la fracci\u00f3n dirigida por su marido en este desgraciad\u00edsimo partido perder\u00eda el uno por ciento de sus afiliados. Tambi\u00e9n este \u2018fen\u00f3meno\u2019 me ha puesto bruscamente ante viejas cosas conocidas que se me hab\u00edan olvidado un poco al cabo de a\u00f1o y medio de alejamiento\u201d.<\/p>\n<p>Desde esta primera carta, escrita el 16 de diciembre de 1923, Gramsci se queja, una vez m\u00e1s, de su soledad y del aislamiento: soledad sentimental y aislamiento pol\u00edtico. En seguida pide a Julia que vaya a Viena a trabajar con \u00e9l, pensando, sin duda, que esta ser\u00eda la forma de ahondar una relaci\u00f3n estable entre revolucionarios. Y, mientras Julia sigue en Mosc\u00fa, el motivo principal de la correspondencia ser\u00e1 precisamente la posible colaboraci\u00f3n en el trabajo ideol\u00f3gico y pol\u00edtico. As\u00ed, invita a Julia a emprender juntos la traducci\u00f3n al italiano de la edici\u00f3n del Manifiesto comunista preparada por Riazanov; le requiere continuamente informaci\u00f3n sobre el desarrollo de los acontecimientos en Rusia; y trata de contrastar con su opini\u00f3n las informaciones que le llegan acerca de las primeras discusiones, serias ya, que se estaban produciendo en el n\u00facleo dirigente del PCUS. Sobre ese fondo una constante: la melancol\u00eda por la ausencia de la amada que s\u00f3lo muy parcialmente puede paliar la actividad pol\u00edtica y organizativa.<\/p>\n<p>La sensaci\u00f3n de rutina, la p\u00e9sima impresi\u00f3n que le produce la desorganizaci\u00f3n, el desconcierto y el pesimismo que observa entre los compa\u00f1eros italianos que ve en Viena, las noticias que le llegan de Italia y de Alemania deprimen nuevamente a Gramsci. Trata de salir del hoyo, como lo hab\u00eda hecho ya en otras circunstancias parecidas, a base de voluntad y recurriendo al humor. De este humor, que le lleva a distanciarse moderadamente de algunas de las cosas serias que se trae entre manos, hay muestras recurrentes en el epistolario de Viena. As\u00ed, en la carta a Julia del primero de enero de 1924 se pregunta Gramsci qu\u00e9 les deparar\u00e1, a \u00e9l y a su amor, el nuevo a\u00f1o, y luego escribe: \u201c\u00bfPodremos estar juntos un poco de tiempo disfrutando mutuamente con la presencia del otro y ri\u00e9ndonos de todos y de todo, con excepci\u00f3n, por supuesto, de las cosas serias que, de todas formas, son muy pocas en este mundo grande y terrible?\u201d.<\/p>\n<p>Durante semanas el trabajo central de Gramsci en Viena ha sido precisamente redactar cartas para recuperar las relaciones en el partido italiano y preparar la publicaci\u00f3n de L\u00b4Ordine Nuovo quincenal. Pero tambi\u00e9n estas cartas \u2014le dice a Julia\u2014 \u201cse est\u00e1n convirtiendo en mi pesadilla\u201d. Casi no sale de casa: lee y escribe. No se aclimata a las costumbres del lugar: pasa fr\u00edo y traduce. Describe su vida en Viena como \u201csimple y transparente\u201d y recuerda una frase Rimbaud. Eso es todo. Quiere, en cambio, que Julia vaya a Viena y que le informe del debate que se est\u00e1 produciendo en el PCUS. No hay duda de que este debate le inquieta. Al principio, por las noticias que le llegan, sus simpat\u00edas parecen estar con Trotsky para el que, en Mosc\u00fa, hab\u00eda escrito algo sobre la evoluci\u00f3n de los futuristas italianos. Pide uno de los libros de \u00e9ste y cuenta a Julia que no sabe c\u00f3mo explicarse el ataque de Stalin contra Trotski, que eso le parece muy irresponsable y peligroso, pero que no ha podido ver todav\u00eda los papeles y que quiz\u00e1s el desconocimiento del material puede hacerle juzgar mal. Eso est\u00e1 escrito el 13 de enero de 1924. En la misma carta busca la complicidad personal de Julia: \u201cPara evitar cualquier peligro relacionado con la dispersi\u00f3n tendr\u00edas que escribirme en forma cifrada\u201d.<\/p>\n<p>\u201cDispersi\u00f3n\u201d es aqu\u00ed un eufemismo para nombrar un ambiente, el del reflujo revolucionario, que estaba incubando sospechas y maniobras inesperadas en la nueva Internacional. Escribir en forma cifrada no es una idea personal de Gramsci. Era relativamente habitual en aquel ambiente y ha seguido si\u00e9ndolo en situaciones de clandestinidad o semiclandestinidad. Umberto Terracini se lo ha sugerido a Gramsci y Gramsci refuerza el v\u00ednculo pol\u00edtico-sentimental sugiri\u00e9ndoselo a Julia. Al mismo tiempo, a medida que comprueba la \u201cdispersi\u00f3n\u201d que le rodea, su requerimiento a Julia se va haciendo m\u00e1s apremiante y m\u00e1s amoroso: \u201cNo puedo estar sin ti. Eres una parte de mi mismo y siento que no puedo estar lejos de mi mismo. Estoy como suspendido en el aire, como alejado de la realidad. Pienso siempre, con infinita emoci\u00f3n, en el tiempo que hemos pasado juntos, en aquella intimidad, en aquella tan grande expansi\u00f3n de nosotros mismos\u201d<a href=\"#_edn22\" name=\"_ednref22\">[xxii]<\/a>.<\/p>\n<p><b>Amor y filolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Una de las cosas que probablemente han dificultado m\u00e1s la relaci\u00f3n sentimental de Antonio Gramsci con Julia Schucht fue la forma que \u00e9l ten\u00eda de leer las cartas de ella. \u00c9stas eran, por lo general, cortas y estaban escritas en un italiano claro y sencillo, de manera que el obst\u00e1culo principal en la comunicaci\u00f3n no parece haber sido la diferencia ling\u00fc\u00edstica, aunque es verdad que la diversidad cultural tambi\u00e9n cuenta por debajo de las identidades ideol\u00f3gicas y pol\u00edticas. Pero m\u00e1s que eso cuenta, en este caso, la atenci\u00f3n, a veces exasperante, con que Gramsci escrutaba cada p\u00e1rrafo de las cartas \u00edntimas para captar en ellas la m\u00e1s m\u00ednima variaci\u00f3n en los estados de \u00e1nimos de la mujer a la que amaba.<\/p>\n<p>Este constante cribar, que tambi\u00e9n practic\u00f3 introspectivamente, desde luego, llegar\u00eda a convert\u00edrsele con el tiempo en una aut\u00e9ntica obsesi\u00f3n. Al final de su vida confiesa a Julia que lee sus cartas varias veces: la primera vez \u2014dice\u2014 como se leen las cartas de las personas a las que queremos, \u201cdesinteresamente, por as\u00ed decirlo\u201d; luego \u2014a\u00f1ade\u2014 vuelve a leerlas \u201ccr\u00edticamente\u201d, para tratar de adivinar c\u00f3mo estaba Julia el d\u00eda en que le escribi\u00f3, para observar atentamente c\u00f3mo es su escritura, la mayor o menor seguridad de la mano ese d\u00eda, y sacar as\u00ed de las cartas \u201ctodas las indicaciones y significados posibles\u201d<a href=\"#_edn23\" name=\"_ednref23\">[xxiii]<\/a>. Esto \u00faltimo est\u00e1 dicho cuando la enfermedad y las penalidades sufridas en las c\u00e1rceles por las que ha pasado hab\u00edan deteriorado mucho el humor y el car\u00e1cter de Gramsci. Pero ya en el epistolario de Viena aquel hombre que acaba de enamorarse y que quiere cambiar su vida deja algunas se\u00f1ales inequ\u00edvocas de su ansiedad. Casi a rengl\u00f3n seguido de la propuesta de pasar al lenguaje cifrado para hablar de las cosas de la pol\u00edtica, escribe a Julia:<\/p>\n<p>Tu \u00faltima carta me ha hecho una impresi\u00f3n extra\u00f1a, me ha dejado un poco inquieto. No consigo entender del todo tu estado de \u00e1nimo. Me parece que est\u00e1s un poco inquieta y desorientada. \u00bfDepende eso solamente del no tener todav\u00eda una casa, del estar obligada a una vida de z\u00edngara, del cansancio que supone un trabajo sin descanso? Espero que sea as\u00ed, pero me da la impresi\u00f3n de que no puede, o no debe, ser \u00fanicamente eso. Me parece que hay en ti una ansiedad que te debilita m\u00e1s que la fatiga. Tienes que escrib\u00edrmelo todo, tienes que decirme todo lo que sientes para que yo tenga al menos la ilusi\u00f3n de tenerte cerca de m\u00ed.<a href=\"#_edn24\" name=\"_ednref24\">[xxiv]<\/a><\/p>\n<p>Incluso despu\u00e9s de saber que Julia espera un hijo suyo y que esto va a anudar a\u00fan m\u00e1s las relaciones, ante una frase de ella que dice \u201ccrece una sombra: \u00bfte encontrar\u00e9 todav\u00eda?\u201d, Gramsci responde abruptamente, a finales de marzo, que no ha entendido nada, \u201cabsolutamente nada\u201d, de esa carta y despu\u00e9s de encadenar una serie de suposiciones a cual m\u00e1s inconveniente sobre el significado de estas palabras (si ella ha vuelto a ver \u201cal otro\u201d, si no habr\u00e1 sido ella m\u00e1s que un agente de la Cheka para probar su corruptibilidad o si se trata tal vez de una manifestaci\u00f3n m\u00e1s de la c\u00e9lebre \u201calma eslava\u201d), repite, ya en serio, que sigue sin entender nada, y advierte de forma solemne que no quiere alusiones entre ellos para acabar exigiendo por dos veces \u201cclaridad total, absoluta, aunque haya que sangrar\u201d.<\/p>\n<p>Y todav\u00eda en un momento en que la relaci\u00f3n sentimental se ha consolidado definitivamente, cuando Julia anuncia que va a viajar a Italia con su primer hijo para encontrarse all\u00ed con Antonio, \u00e9ste, en un tono ya muy cordial, ironiza con oficio de fil\u00f3logo. \u201cEmpleas \u2014dice a Julia\u2014 la palabra \u2018quiero\u2019 junto a estas otras palabras: \u2018estar cerca de ti\u2019. Esta voluntad tuya me ha producido una gran impresi\u00f3n.\u201d Pero para el fil\u00f3logo que pudo ser Gramsci doblado de pol\u00edtico volitivo tambi\u00e9n el querer, o m\u00e1s que nada el querer, tiene que precisarse. As\u00ed que despu\u00e9s de narrar sus propias andanzas y de recordar con melancol\u00eda que el hijo, Delio, e incluso su propio amor, ha sido \u201ccomo una estrella fugaz en la noche de san Lorenzo\u201d, Gramsci acaba la carta con esta broma: \u201cTendr\u00e1s que explicarme el significado exacto de la palabra quiero: Tatiana est\u00e1 segura de que vendr\u00e1s en septiembre [como realmente ocurri\u00f3] y ya est\u00e1 preparando las habitaciones en que viviremos\u201d<a href=\"#_edn25\" name=\"_ednref25\">[xxv]<\/a>.<\/p>\n<p>Es, sin embargo, casi siempre entre dos momentos malos, a los pocos d\u00edas de haber expresado una sospecha o de haberse ejercitado en un puntillismo m\u00e1s propio del fil\u00f3logo que del var\u00f3n que quiere hacer algo positivo por su relaci\u00f3n sentimental, cuando Gramsci escribe las cartas \u00edntimas m\u00e1s hermosas, justamente al reflexionar sobre lo que le est\u00e1 costando adquirir el equilibrio emocional necesario. As\u00ed, por ejemplo, cuando despu\u00e9s de casi tres semanas sin noticias de Mosc\u00fa empieza a pensar que, en efecto, las condiciones de salud de Julia eran graves y recibe la noticia de que ella est\u00e1 embarazada: \u201cMe ha dado un vuelco el coraz\u00f3n al leer tu carta. Ya sabes por qu\u00e9. Pero tu alusi\u00f3n es vaga y yo me consumo, porque querr\u00eda abrazarte y sentir tambi\u00e9n yo una nueva vida que une las nuestras m\u00e1s de lo que ya lo est\u00e1n, amor m\u00edo tan querido\u201d.<\/p>\n<p>Esta es la carta en la que escribe el p\u00e1rrafo \u2014ya mencionado\u2014 que vincula la lucha revolucionaria y el amor a una colectividad con la necesidad de amar profundamente a criaturas humanas individuales. En ella Gramsci narra a Julia la vida solitaria que ha llevado desde la infancia, la enorme complicaci\u00f3n de sus relaciones con los otros, su necesidad de estar siempre ocultando los sentimientos m\u00e1s \u00edntimos, incluso en el marco de las relaciones familiares.<a href=\"#_edn26\" name=\"_ednref26\">[xxvi]<\/a> Esta declaraci\u00f3n viene motivada, naturalmente, por uno de los acontecimientos que m\u00e1s conmueven en la vida y por el deseo, que la noticia suscita, de volver a estar con la persona amada. Pero hay ah\u00ed algo m\u00e1s. Es como si Gramsci hubiera intuido en esa circunstancia que en los caracteres fuertes, y en situaciones emocionales as\u00ed, es precisamente el reconocimiento rec\u00edproco de ciertas debilidades compartidas lo que m\u00e1s une. Pues en la misma carta del 6 de marzo de 1924 desliza tambi\u00e9n una aguda premonici\u00f3n que no se puede pasar por alto.<\/p>\n<p><b>Pesimismo de la inteligencia,<\/b><\/p>\n<p><b>optimismo de la voluntad<\/b><\/p>\n<p>Gramsci cuenta a Julia que ha recibido desde Italia una misiva de una compa\u00f1era rusa que estuvo con Rosa Luxemburg en Alemania y que tambi\u00e9n ella, que no es precisamente \u201cde temperamento italiano\u201d, le escribe descorazonada y desilusionada. En ese contexto confiesa que \u201cle est\u00e1n pidiendo demasiado\u201d y que eso le \u201cimpresiona de una forma siniestra\u201d. De manera que el hombre que por entonces est\u00e1 escribiendo en la prensa del partido \u201ccontra el pesimismo\u201d de los otros se siente solo, no acaba de superar la enfermedad, siente que algo se ha roto en su interior y necesita unas fuerzas que s\u00f3lo le pueda dar, espiritualmente, la mujer, una mujer de la que, por otra parte, \u00e9l mismo sospecha que est\u00e1 algo m\u00e1s que fatigada.<\/p>\n<p>Si no se quiere trivializar la conocida frase pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad \u2014tantas veces repetida a cuenta de Gramsci y fuera de contexto\u2014 conviene atender a este trasfondo psicol\u00f3gico y sentimental que es propiamente lo que da vida a la misma. Su art\u00edculo \u201ccontra el pesimismo\u201d, publicado en el n\u00famero 2 de L\u00b4Ordine Nuovo quincenal (15 de marzo de 1923) es realmente un art\u00edculo contra el pesimismo de la voluntad, contra el escepticismo existente en las propias filas sobre el futuro pol\u00edtico y sobre el papel del partido comunista en formaci\u00f3n; es un art\u00edculo contra el fatalismo y el determinismo, contra la vuelta a un estado de necesidad del que el propio Gramsci particip\u00f3 un a\u00f1os antes.<a href=\"#_edn27\" name=\"_ednref27\">[xxvii]<\/a><\/p>\n<p>La diferencia entre lo que se dice en \u00e9l y lo que Gramsci est\u00e1 diciendo por esos mismos d\u00edas a Julia est\u00e1 en el hecho de que en el plano p\u00fablico, pol\u00edtico, la reafirmaci\u00f3n de la voluntad, del optimismo de la voluntad, tiene que quedar deslindada del equilibrio sentimental de los sujetos que han de actuar. Y, sin embargo, al acentuar la cr\u00edtica pol\u00edtica al pesimismo de la voluntad es evidente que quien lo hace, el propio Gramsci, no s\u00f3lo asume sino que reafirma una responsabilidad para la que, privadamente, reconoce no tener fuerzas suficientes. De donde resulta, parad\u00f3jicamente, que estas fuerzas, la reafirmaci\u00f3n de la voluntad necesaria para combatir el pesimismo pol\u00edtico, tienen que venir de la debilidad del otro, de la otra, que es la que da el equilibrio de la relaci\u00f3n sentimental.<\/p>\n<p>Es propio de las personalidades volitivas hacerse psicol\u00f3gicamente fuertes ante los dem\u00e1s en los momentos de mayor dificultad. Ese era tambi\u00e9n el caso de Antonio Gramsci. Y lo fue particularmente en Viena. De la acumulaci\u00f3n de dificultades el rebelde sardo, que en la \u00e9poca universitaria no ha querido convertirse en un pingo almidonado (o sea, en un acad\u00e9mico sin m\u00e1s), que por eso mismo ha dado todo lo que ten\u00eda en las jornadas revolucionarias de 1919-1920 en Tur\u00edn, vuelve a sacar fuerzas de flaqueza para remontar. Por eso dice a Julia que los compa\u00f1eros le piden fe, entusiasmo, voluntad y fuerza, y que es \u00e9l quien trata de infundir voluntad, entusiasmo y una fuerza que no tiene a los compa\u00f1eros que est\u00e1n en Italia. \u00bfDe d\u00f3nde sacarla? De la anudaci\u00f3n del v\u00ednculo entre vida pol\u00edtica y vida sentimental. Por eso Gramsci insistir\u00e1 tanto a Julia en sus \u00faltimas cartas desde Viena (y luego desde Roma) en juntar el amor y la camarader\u00eda.<\/p>\n<p><b>Amor y camarader\u00eda, una colaboraci\u00f3n de quehaceres<\/b><\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita en ese sentido la hace Gramsci justo el mismo d\u00eda en que aparec\u00eda su art\u00edculo contra el pesimismo: \u201cTe aseguro que si s\u00f3lo se hubiera tratado de nuestro amor yo no habr\u00eda insistido como lo he hecho. Pero nuestro amor es y debe ser algo m\u00e1s: una colaboraci\u00f3n de quehaceres, una uni\u00f3n de energ\u00edas para la lucha, adem\u00e1s de b\u00fasqueda de nuestra propia felicidad. Hasta es posible que la \u201cfelicidad consista precisamente en eso\u201d<a href=\"#_edn28\" name=\"_ednref28\">[xxviii]<\/a>. Lo que m\u00e1s conmueve en esta solicitud de \u201ccolaboraci\u00f3n de quehaceres\u201d es que el hombre que la hace ha asumido ya una responsabilidad pol\u00edtica peligrosa, y lo sabe; se siente viejo como el chino Lao-ts\u00e9, nacido a los ochenta a\u00f1os, y sabe, adem\u00e1s, que contin\u00faa su lucha con el propio \u201ccerebro\u201d, con \u201clas cucarachas se le pasean\u201d por \u00e9l, con \u201cla ara\u00f1a que le chupa el cerebro\u201d, con los fantasmas, las sombras y \u201clas gotas de metal fundido en la carne\u201d.<\/p>\n<p>En abril de 1924 Gramsci fue elegido diputado por el V\u00e9neto en las listas del partido comunista. Comunica a Julia la noticia y al mes siguiente regresa a Italia. Han pasado dos a\u00f1os desde su viaje a Mosc\u00fa y aquel viaje le ha cambiado la vida. El retorno lo hace sabiendo que Julia tendr\u00e1 un hijo a los pocos meses y teniendo que renunciar, sin embargo, tanto a su propuesta de encontrarse en Viena para trabajar juntos como a la posibilidad de viajar \u00e9l mismo, de nuevo, a Mosc\u00fa.<\/p>\n<p>A pesar de ello, no hay duda de que el sentimiento de la pr\u00f3xima paternidad y la vuelta a Italia, a un ambiente pol\u00edticamente adverso pero que conoce, han tranquilizado psicol\u00f3gicamente a Gramsci. En las cartas escritas desde Italia entre mayo y agosto de 1924 Gramsci no deja de mencionar la persistencia de los dolores de cabeza y la tristeza que le produce la encrucijada en que est\u00e1n: \u00e9l querr\u00eda ir Mosc\u00fa para encontrarla pero no puede; propone insistentemente que ella vaya a Italia pero no obtiene respuesta. Siente que \u201cuna inmensa muralla de espacio y tiempo les separa\u201d. Pero, a\u00fan as\u00ed, cuando aborda la relaci\u00f3n sentimental, es m\u00e1s paciente e incluso las bromas dom\u00e9sticas que hay en estas cartas (sobre la discusi\u00f3n familiar acerca del nombre que habr\u00edan de poner al ni\u00f1o, sobre la reconocida limitaci\u00f3n de su propio papel en esto y sobre la decantaci\u00f3n del amor) no son inquietantes; son bromas cari\u00f1osas y revelan un estado de \u00e1nimo mucho m\u00e1s equilibrado que durante los meses de Viena.<\/p>\n<p>En una de estas primeras cartas enviadas a Julia desde Italia, mientras sufre de insomnio y se siente d\u00e9bil en una t\u00f3rrida noche veraniega romana, Gramsci vuelve al tema de la relaci\u00f3n entre actividad pol\u00edtica y vida sentimental para establecer una generalizaci\u00f3n que afecta a su personalidad: \u201cNo podemos dividirnos y dedicarnos a una actividad \u00fanica, puesto que la vida es unitaria y cada actividad sale reforzada con la otra\u201d. Se pregunta entonces si el amor no refuerza toda la vida al crear un equilibrio y dar una intensidad mayor a las otras pasiones y a los otros sentimientos, aunque, parad\u00f3jicamente, enseguida a\u00f1ade que no quiere ponerse doctrinario.<a href=\"#_edn29\" name=\"_ednref29\">[xxix]<\/a><\/p>\n<p>En estas cartas que Gramsci escribe desde Roma a Julia Schucht hasta marzo de 1925, fecha en la que volver\u00edan a encontrarse en Mosc\u00fa y en la que \u00e9l conocer\u00eda a su primer hijo, predomina el tema pol\u00edtico. Es natural que un hombre que est\u00e1 dedicando gran parte de las horas de su vida al trabajo de organizaci\u00f3n antifascista haya buscado en las cartas que escribe a la persona amada la complicidad pol\u00edtica. Pero la solicitud de colaboraci\u00f3n de quehaceres pasa a segundo plano por razones obvias: Julia est\u00e1 ya en avanzado estado de gestaci\u00f3n y la situaci\u00f3n en Italia, sobre todo despu\u00e9s del asesinato de Mateotti, tampoco permite seguir insistiendo en el trabajo intelectual compartido.<a href=\"#_edn30\" name=\"_ednref30\">[xxx]<\/a><\/p>\n<p><b>Pol\u00edtica y paternidad<\/b><\/p>\n<p>En agosto de 1924 naci\u00f3 el primer hijo de Julia y Antonio. Despu\u00e9s de discutir entre bromas sobre varios nombres simb\u00f3licos (Ninel, Lev) le pusieron Delio a propuesta de Antonio. \u00c9ste tuvo que renunciar a estar presente en Mosc\u00fa en el momento del nacimiento.<a href=\"#_edn31\" name=\"_ednref31\">[xxxi]<\/a> Su actividad pol\u00edtica en Italia se hab\u00eda hecho desbordante. El nacimiento del hijo coincidi\u00f3 con el momento en que Gramsci empieza a actuar como secretario general del Partido Comunista. Quiso, en cambio, ayudar materialmente a los suyos enviando alg\u00fan dinero a Mosc\u00fa trav\u00e9s de amigos italianos, aunque tampoco acert\u00f3 con la forma adecuada, lo cual provoc\u00f3 un malentendido con Julia, que se sinti\u00f3 ofendida, y una disculpa inmediata de Antonio que contiene una reflexi\u00f3n notable:<\/p>\n<p>Creo que es un recuerdo de mi vida infantil, ligada a las penurias materiales y a las estrecheces&#8230; que crea v\u00ednculos de solidaridad y afecto que nadie podr\u00e1 destruir. \u00bfCrees t\u00fa que la mejor de las sociedades comunistas podr\u00e1 modificar de manera fundamental estos condicionamientos de las relaciones individuales? Yo creo que, al menos por alg\u00fan tiempo, seguro que no. Y me parece que tales sentimientos son propios de las clases explotadas, no de la burgues\u00eda.<a href=\"#_edn32\" name=\"_ednref32\">[xxxii]<\/a><\/p>\n<p>Durante los meses que siguieron, Gramsci, adem\u00e1s de mostrar a Julia su alegr\u00eda por el nacimiento del hijo, del que asegura que va a unirles mucho m\u00e1s, y de expresar su malestar por no poder ayudar como querr\u00eda, confiesa cierta confusi\u00f3n a la hora de hacerse una idea concreta de lo que significa la paternidad reciente: \u201cPienso en los ni\u00f1os en general, en su peso, en su debilidad, en los peligros que les amenazan a cada momento, pero no consigo pensar en nuestro ni\u00f1o vivo como individuo concreto\u201d. Pide fotograf\u00edas pero sabe que \u201cla objetividad no es la vida, sino una fr\u00eda caricatura fotogr\u00e1fica de la vida\u201d; escribe pero sabe que las cartas no pueden sustituir la presencia. Sigue habiendo entonces algunas dificultades en la comunicaci\u00f3n con Julia, pero \u00e9stas son mayormente externas: retrasos en la correspondencia, esperadas cartas que no llegan, desconfianza en el funcionamiento de los correos y sensaci\u00f3n de que estos motivos externos deterioran a veces la relaci\u00f3n sentimental. El 18 de septiembre de 1924 Gramsci escribe a Julia: \u201cHay un mont\u00f3n de cosas que no puedo escribirte porque no me f\u00edo del correo\u201d. Dos semanas despu\u00e9s confiesa que no es s\u00f3lo la desconfianza en el correo: \u201cSiento pena cuando no puedo enviarte una carta y tengo que superar un mont\u00f3n de obst\u00e1culos psicol\u00f3gicos cuando me pongo a escribirte. Me parece \u2014y creo que t\u00fa has tenido la misma impresi\u00f3n\u2014 que el papel empobrece todos nuestros sentimientos y se convierte en un filtro a la inversa, o sea, en algo que enturbia lo que es limpio y claro\u201d <a href=\"#_edn33\" name=\"_ednref33\">[xxxiii]<\/a>.<\/p>\n<p>En lo sentimental, Gramsci oscila ahora entre la manifestaci\u00f3n de la ternura que le produce la maternidad de Julia, la expresi\u00f3n de la preocupaci\u00f3n por su salud, la contenci\u00f3n de sus iron\u00edas privadas para no hacer da\u00f1o, cierta perplejidad ante una paternidad para la que no parece sentirse particularmente preparado y la mala conciencia que le produce el estar ausente y lejos en un momento decisivo: \u201cNo soy capaz de estimar mi amor por ti: me parece distinto de lo que era hace un a\u00f1o. Tampoco s\u00e9 imaginar la impresi\u00f3n que tendr\u00e9 al ver al ni\u00f1o vivo y real en lugar de la leve impresi\u00f3n de la cartulina fotogr\u00e1fica\u201d<a href=\"#_edn34\" name=\"_ednref34\">[xxxiv]<\/a>. Narra a Julia sus actividades, sus viajes por Italia y sus impresiones sobre la situaci\u00f3n pol\u00edtica y social del momento. Pasa constantemente de la an\u00e9cdota (una conversaci\u00f3n escuchada, las impresiones de un viaje, la estancia en una ciudad) a la categor\u00eda, al an\u00e1lisis de lo que entonces hay socialmente en Italia y de lo que puede llegar a haber en el pr\u00f3ximo futuro.<\/p>\n<p>Algunos pasos de estas cartas son interesant\u00edsimos desde el punto de vista del diagn\u00f3stico psicosocial de lo que estaba siendo el fascismo, tanto m\u00e1s de apreciar cuanto que apenas se han conservado otras cartas pol\u00edticas de Gramsci escritas desde el retorno a Italia hasta abril de 1925. Los pasajes pol\u00edticos de estas comunicaciones a Julia Schucht destacan por la veracidad y la lucidez con que describen ciertos rasgos (el atraso, la ignorancia, la intolerancia, el semibandidismo, la corrupci\u00f3n, el clientelismo) que contribuyen a la consolidaci\u00f3n del r\u00e9gimen de Mussolini: \u201cLos ni\u00f1os y los idiotas est\u00e1n convirti\u00e9ndose en la expresi\u00f3n pol\u00edtica de la situaci\u00f3n, y lloran y hacen tonter\u00edas bajo el peso de una responsabilidad hist\u00f3rica con la que de repente han tenido que cargar sus espaldas de aprendices ambiciosos e irresponsables. La tragedia y la farsa se suceden en escena sin conexi\u00f3n alguna. El desorden est\u00e1 alcanzando un grado que ni la fantas\u00eda m\u00e1s desenfrenada pod\u00eda imaginar\u201d<a href=\"#_edn35\" name=\"_ednref35\">[xxxv]<\/a>. Gramsci rectifica ah\u00ed sus ilusiones de meses anteriores sobre un pr\u00f3ximo fin del fascismo. Absorto en la batalla antifascista y en la reorganizaci\u00f3n del partido comunista, incluso su juicio sobre las personas m\u00e1s pr\u00f3ximas quedar\u00e1 mediatizado por consideraciones pol\u00edticas. Es lo que ocurre cuando, despu\u00e9s de varios intentos fallidos, en febrero de 1925, Gramsci conoce en Roma a Tatiana Schucht, la hermana de Julia, con la que simpatiza en seguida. La opini\u00f3n que comunica a Julia es que, a pesar de las apariencias y de los rumores, su hermana puede llegar a estar m\u00e1s cerca de los bolcheviques que de los socialistas revolucionarios rusos, entonces muy cr\u00edticos con el leninismo.<\/p>\n<p><b>El desierto de lo puramente pol\u00edtico:<\/b><\/p>\n<p><b>mirar la naturaleza con impaciencia<\/b><\/p>\n<p>Gramsci estuvo de nuevo en Mosc\u00fa un par de semanas entre marzo y abril de 1925. Durante esas semanas particip\u00f3 en los trabajos de la V Sesi\u00f3n del Ejecutivo ampliado de la Internacional Comunista, volvi\u00f3 a estar con Julia unos pocos d\u00edas y conoci\u00f3 a su hijo Delio. No son muchos los recuerdos escritos que han quedado de aquella estancia. Gramsci recordar\u00e1 despu\u00e9s un paseo con Julia y Delio por un parque moscovita, que no sac\u00f3 buena impresi\u00f3n de la forma en que la familia Schucht comenzaba a educar al hijo y se referir\u00e1, ya en un contexto pol\u00e9mico posterior, a la influencia en esto de Eugenia, la hermana mayor de Julia, cuya afici\u00f3n al ni\u00f1o, un tanto obsesiva, la impulsaba a suplantar a la verdadera madre. Pero es evidente que despu\u00e9s de este viaje se producen algunos cambios notables en la correspondencia. Gramsci ha estabilizado las relaciones con la familia de Schucht, ha arrancado la promesa de que Julia ir\u00e1 a Italia con el ni\u00f1o en cuanto pueda (cosa que, efectivamente, har\u00edan pocos meses despu\u00e9s) y los lazos afectivos se han hecho m\u00e1s fuertes. Tal vez por eso entre la primavera y el oto\u00f1o de 1925 las cartas de Gramsci se hacen m\u00e1s breves, m\u00e1s espaciadas y tambi\u00e9n menos ansiosas. La seguridad de que Julia llegar\u00e1 en breve le permite aguantar mejor los bajones psicol\u00f3gicos, incluso cuando el calor del verano romano le altera los nervios.<\/p>\n<p>En la espera, Gramsci ha tenido que reduplicar la actividad pol\u00edtico-organizativa no s\u00f3lo como diputado sino tambi\u00e9n como secretario general del partido: \u201cHa sido borrado de mi cerebro todo lo que no sea actividad pol\u00edtica inmediata\u201d<a href=\"#_edn36\" name=\"_ednref36\">[xxxvi]<\/a>. Cuando llegan los calores del verano empieza a sentirse peor; no ha perdido del todo el humor del que hac\u00eda gala en los meses inmediatamente anteriores al nacimiento del hijo, pero las referencias a su propio estado de \u00e1nimo van haci\u00e9ndose m\u00e1s sombr\u00edas. Se siente \u2014dice\u2014 como \u201cel resto de un naufragio a merced de las olas\u201d y describe con cierto distanciamiento pesimista su debut parlamentario; se queja varias veces del desorden y da la desconexi\u00f3n existente en las propias filas y vuelve a sentirse, como en Viena, psicol\u00f3gicamente cansado y viejo.<\/p>\n<p>Al menos por dos veces ha aludido Gramsci durante estos meses al \u201cdesierto\u201d que representa una vida dedicada exclusivamente a la pol\u00edtica. Y sintom\u00e1ticamente ve ahora en las conversaciones con Tatiana, a la que s\u00f3lo unas semanas antes hab\u00eda juzgado casi solo en t\u00e9rminos pol\u00edtico-ideol\u00f3gicos, una salida de ese desierto, algo as\u00ed como una anticipaci\u00f3n de lo que puede ser el equilibrio psicof\u00edsico cuando Julia y Delio lleguen, por fin, a Italia. Sus requerimientos a Julia acent\u00faan ahora la necesidad de salir de esa mecanizaci\u00f3n unilateral de la vida propia que representa lo solo pol\u00edtico. Ve ahora el amor como algo que tiene que impedir \u201cque me convierta en un pingo almidonado, me mecanice, me haga ap\u00e1tico y acabe convertido en un mu\u00f1eco que repite siempre las mismas palabras y los mismos gestos\u201d<a href=\"#_edn37\" name=\"_ednref37\">[xxxvii]<\/a>.<\/p>\n<p>Este estado de \u00e1nimo no le hace perder, sin embargo, la lucidez pol\u00edtica. El diagn\u00f3stico que realiza, en julio de 1925, de la situaci\u00f3n en Italia, cuando para llevar a cabo sus actividades empieza a verse obligado a \u201cborrar las huellas\u201d y burlar as\u00ed a la polic\u00eda pol\u00edtica, suena a premonitorio: \u201cSomos demasiado fuertes para no tener iniciativas que llevan al descubrimiento de nuestras fuerzas y somos demasiado d\u00e9biles todav\u00eda para aguantar un choque frontal\u201d<a href=\"#_edn38\" name=\"_ednref38\">[xxxviii]<\/a>. En esas circunstancias nota, en cambio, Gramsci que est\u00e1 perdiendo el gusto por la naturaleza. Y relaciona esto, como Brecht, precisamente con las obligaciones de lo solo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s revelador y sintom\u00e1tico de lo que el desierto (obligado) de lo solo pol\u00edtico puede llegar a representar para un hombre sensible que comparar lo que dice Gramsci sobre la naturaleza en la \u00faltima carta (de 15 de agosto de 1925) que escribe a Mosc\u00fa, antes del viaje de Julia y Delio a Italia, con la carta en que un a\u00f1o despu\u00e9s cuenta a Julia su estancia con Delio en Trafoi y con la descripci\u00f3n del paisaje que \u00e9l mismo har\u00eda en enero de 1927, despu\u00e9s de la detenci\u00f3n, ya en el destierro de Ustica.<\/p>\n<p>En efecto, durante el ferragosto de 1925, en la misma carta en que dice a Julia que tendr\u00e1 que explicarle el significado exacto de la palabra \u201cquiero\u201d, narra Gramsci uno de los viajes a los que se ha visto obligado por el trabajo de organizaci\u00f3n, y describe as\u00ed sus impresiones:<\/p>\n<p>He visto parajes que, seg\u00fan dicen, son bell\u00edsimos, paisajes que al parecer son admirables, tan admirables que los extranjeros vienen de lejos para contemplarlos. Por ejemplo, he estado en Miramare, pero me ha parecido una errada fantas\u00eda de Carducci; las blancas torres se me presentaban como chimeneas acabadas de blanquear con argamasa; el mar ten\u00eda un color amarillo sucio porque los peones que constru\u00edan un camino hab\u00edan echado en \u00e9l toneladas de detritus; el sol me dio la impresi\u00f3n de un calor\u00edfero fuera de estaci\u00f3n.<a href=\"#_edn39\" name=\"_ednref39\">[xxxix]<\/a><\/p>\n<p>A rengl\u00f3n seguido comenta Gramsci que se est\u00e1 convirtiendo en un ap\u00e1tico y que esas impresiones tienen que deberse a que el sentimiento de la ausencia le est\u00e1 haciendo perder el gusto por la naturaleza.<\/p>\n<p>La percepci\u00f3n de la naturaleza cambia con la llegada de los seres queridos a Italia durante el oto\u00f1o de aquel a\u00f1o. Julia y Delio permanecieron con Antonio en Roma hasta el verano de 1926, aunque en casas distintas por motivos de seguridad. A finales de agosto Gramsci se tom\u00f3 un respiro en la actividad pol\u00edtica y pas\u00f3 unas breves vacaciones con su hijo en Trafoi (Bolzano) mientras Julia regresaba a Mosc\u00fa. En septiembre escribe a Julia: \u201cCreo que la estancia de Delio en Trafoi, en un marco tan grandioso de monta\u00f1as y glaciares, dejar\u00e1 en su memoria huellas muy profundas. Hemos jugado. Le he construido alg\u00fan juguete, hemos hecho fuego en el campo. No hab\u00eda lagartijas, as\u00ed que no he podido ense\u00f1arle a cogerlas. Me parece que ahora empieza una fase muy importante para \u00e9l, esa fase que deja los m\u00e1s s\u00f3lidos recuerdos porque en su desarrollo se conquista el mundo grande y terrible\u201d<a href=\"#_edn40\" name=\"_ednref40\">[xl]<\/a>.<\/p>\n<p>Incluso unos meses despu\u00e9s de la detenci\u00f3n, ya en Ustica, y a pesar de estar desterrado, a pesar de la falta de libertad, a pesar de los presagios y de la incertidumbre de la nueva situaci\u00f3n, pendiente como estaba de juicio por sus actividades pol\u00edticas, y lejos tambi\u00e9n de Julia, nuestro hombre dispone de algo que no ten\u00eda meses atr\u00e1s. Es un desterrado, pero dispone de tiempo para mirar la naturaleza de otra manera: \u201cTenemos a nuestra disposici\u00f3n una hermos\u00edsima terraza desde la que admiramos el mar sin fin durante el d\u00eda y un magn\u00edfico cielo por la noche. Como el cielo est\u00e1 limpio, sin los humos de la ciudad, podemos gozar estas maravillas con la m\u00e1xima intensidad. Los colores del agua del mar y del firmamento son realmente extraordinarios por su variedad y por su profundidad. He visto arco iris \u00fanicos en su g\u00e9nero\u201d<a href=\"#_edn41\" name=\"_ednref41\">[xli]<\/a> . La explicaci\u00f3n de este cambio en la manera de percibir la naturaleza es psicol\u00f3gica y la da el propio Gramsci en una carta que una semana antes ha escrito a su cu\u00f1ada, Tatiana: a pesar de que ha perdido la libertad de movimientos, el ambiente de Ustica le est\u00e1 regenerando f\u00edsica y mentalmente porque necesitaba un periodo de reposo absoluto despu\u00e9s de una desbordante actividad pol\u00edtica de meses y meses.<a href=\"#_edn42\" name=\"_ednref42\">[xlii]<\/a><\/p>\n<p><b>El mundo subterr\u00e1neo<\/b><\/p>\n<p>Las cartas enviadas desde Ustica revelan tranquilidad de esp\u00edritu e incluso, en alg\u00fan momento, una cierta euforia. La euforia desaparecer\u00e1 despu\u00e9s del traslado desde la isla a la c\u00e1rcel de San Vittore, en Mil\u00e1n, a principios de febrero de 1927, pero la serenidad ante una situaci\u00f3n tan adversa seguir\u00e1 siendo durante meses el rasgo principal de las cartas de la c\u00e1rcel. Incluso el s\u00edmil con que Gramsci transmite a Julia su estado de \u00e1nimo, imagin\u00e1ndose como uno de los marineros que acompa\u00f1aron a Fridtjof Nansen al Polo Norte sugiere cierta serenidad doblada de iron\u00eda: avanzar lentamente, muy lentamente, despu\u00e9s de dejarse aprisionar por los hielos, aprovechando el empuje de los mismos a medida que \u00e9stos se van separando.<a href=\"#_edn43\" name=\"_ednref43\">[xliii]<\/a> Y de hecho, durante m\u00e1s de un a\u00f1o, hasta despu\u00e9s del proceso al que Gramsci y otros dirigentes comunistas fueron sometidos en Roma y de su traslado, ya condenado, a la casa penal de Turi de Bari, la gran mayor\u00eda de las cartas que escribi\u00f3 a Tatiana, a Julia, a su madre y a otros familiares no dejan entrever la tragedia que se avecinaba. En ellas, adem\u00e1s de la tranquilidad de esp\u00edritu, afloran la fortaleza moral, el autocontrol en el plano de los sentimientos, la reserva en el juicio pol\u00edtico, el sentido pr\u00e1ctico y realista, la cr\u00edtica de los convencionalismos y, sobre todo, el humor, una vena ir\u00f3nica no siempre bien comprendida por sus interlocutores.<\/p>\n<p>Entre el destierro en Ustica y la celda de San Vittore, en Mil\u00e1n, Gramsci ha ido construy\u00e9ndose una \u00e9tica de la resistencia basada en la observaci\u00f3n l\u00facida y distanciada del nuevo mundo que estaba descubriendo y en la acentuaci\u00f3n de lo que cree que son los principales rasgos de su propia personalidad. No quiere dejarse dominar por la aflicci\u00f3n ni quiere ser consolado. Ha conocido el aislamiento, ha sabido en otras ocasiones estar solo entre la multitud y no cree que la nueva situaci\u00f3n le vaya a superar.<a href=\"#_edn44\" name=\"_ednref44\">[xliv]<\/a><\/p>\n<p>Mientras se encontr\u00f3 f\u00edsicamente bien, Gramsci se ha preocupado m\u00e1s por disipar los temores de los otros ante un futuro incierto, pero en cualquier caso sombr\u00edo, que de solicitar ayudas o pedir clemencia. En este sentido ha recordado a la madre su propia fortaleza f\u00edsica y moral, bromeando con ella sobre curas y rezos, pero sobre todo advirti\u00e9ndola de que hay algo peor que la c\u00e1rcel, con ser \u00e9sta mal\u00edsima, y que ese algo es el deshonor por debilidad moral o por villan\u00eda.<a href=\"#_edn45\" name=\"_ednref45\">[xlv]<\/a> Ha llamado la atenci\u00f3n del hermano Carlo, en t\u00e9rminos cortantes, sobre lo poco que \u00e9ste sabe de lo que ha sido su vida hasta ese momento y sobre el principio moral de la resistencia: las convicciones profundas que no se venden por nada de este mundo.<a href=\"#_edn46\" name=\"_ednref46\">[xlvi]<\/a> Ha ironizado con Tatiana Schucht sobre las deficiencias de su italiano y a cuenta de sus propias lecturas, aconsej\u00e1ndola cuando ella se ha encontrado enferma. Ha mantenido durante esos meses una relaci\u00f3n epistolar espor\u00e1dica pero relativamente equilibrada con Julia. Y ha elegido a Tatiana como corresponsal principal para seguir manteniendo, a trav\u00e9s de ella y con Piero Sraffa, el contacto con el partido comunista<a href=\"#_edn47\" name=\"_ednref47\">[xlvii]<\/a> y, de paso, mitigar as\u00ed el peso de la losa que m\u00e1s le abrumaba: el convencionalismo epistolar al que obliga el reglamento carcelario con todas las derivaciones que esto supone cuando se trata de comunicar sentimientos amorosos.<\/p>\n<p>Ya en estas cartas, sin embargo, la fortaleza moral y el alto concepto del honor y de la dignidad personal que Gramsci ten\u00eda chocan con una educaci\u00f3n sentimental que se reconoce insuficiente. Tiene un alto concepto de su propia fortaleza moral y se exige mucho, pero quiere que los otros (Julia, Tatiana, su madre, su hermano Carlo) le consideren \u201cun hombre normal\u201d cuando, obviamente, no lo es.<\/p>\n<p>Gramsci declara odiar todo lo que es convencional. No quiere verse reducido a una correspondencia convencional. As\u00ed era ya en Viena, cuando empezaba a escribir a Julia. Solo que esta sensaci\u00f3n se le agudiza ante un carteo que sabe que ser\u00e1, adem\u00e1s, convencionalmente carcelario.<a href=\"#_edn48\" name=\"_ednref48\">[xlviii]<\/a> Dedica mucho tiempo a la introspecci\u00f3n, casi tanto como a la lectura, y pronto cree estar perdiendo \u201cel h\u00e1bito externo de la sensibilidad\u201d, su \u201cmeridionalismo\u201d. Gramsci est\u00e1 haciendo un esfuerzo voluntarista por controlar sentimientos y afectos. Ve en ello una forma de autodefensa, pero duda de si los resultados de este esfuerzo son siempre positivos, consecuentes con su afirmaci\u00f3n de que hay que ser pr\u00e1cticos y realistas hasta en la bondad. Se dir\u00eda que toda la seguridad con que argumenta sobre el principio moral de la resistencia se le convierte en duda, incluso en inseguridad, cuando ha de hacer frente a los propios sentimientos. Y as\u00ed oscila entre valorar positivamente la frialdad y la indiferencia externas, el reconocimiento espor\u00e1dico de que \u00e9l mismo ha llegado a adquirir \u201ccierta sensibilidad morbosa\u201d y la aceptaci\u00f3n forzada de la confusi\u00f3n que le produce el tener que hablar o escribir de sus cosas \u00edntimas. Sabe que su correspondencia es en cierto modo \u201cp\u00fablica\u201d porque la est\u00e1n leyendo otras personas (funcionarios de la c\u00e1rcel y amigos pol\u00edticos) y no consigue vencer el pudor que le produce hablar de sentimientos \u00edntimos ante terceras personas.<a href=\"#_edn49\" name=\"_ednref49\">[xlix]<\/a><\/p>\n<p>Desde el primer momento, ya en Ustica, Gramsci ha pensado que su capacidad de resistencia como prisionero ten\u00eda que estar directamente vinculada a un programa de lecturas y estudios. Y ha hecho planes a este respecto. Pero tambi\u00e9n desde el primer momento ha sabido que la probabilidad de llevar a cabo estos planes desciende cuanto m\u00e1s detallados son. Se aplica a s\u00ed mismo el concepto que tiene de la utop\u00eda. Y no s\u00f3lo por razones externas, de tipo general o relacionadas con los obst\u00e1culos que el destierro y la c\u00e1rcel suponen, sino tambi\u00e9n por autoconciencia, por conocimiento del propio car\u00e1cter, porque se considera un hombre pol\u00e9mico y dialogante que necesita medirse intelectualmente con otros interlocutores.<\/p>\n<p>Precisamente por eso lo mejor de las cartas que ha escrito desde la c\u00e1rcel de San Vittore est\u00e1 en la descripci\u00f3n ir\u00f3nica y vivaz de sus conversaciones con otros, en el uso metaf\u00f3rico de algunas de sus lecturas carcelarias para contar la evoluci\u00f3n de los propios estados de \u00e1nimo y en la forma en que ha narrado, para las personas a las que quiere, el descubrimiento de un mundo cuya existencia apenas pod\u00eda sospechar en los meses anteriores: el mundo subterr\u00e1neo de los desterrados y de los presos, de los \u201cno cristianos\u201d, un mundo que le hace pensar en lo dif\u00edcil que es captar la verdadera naturaleza de los hombres a partir de los rasgos externos. Digna de recuerdo es su descripci\u00f3n de la cuerda de presos que como una inmensa serpiente se arrastra desde Palermo a Mil\u00e1n dejando en cada c\u00e1rcel una parte de sus anillos para luego recuperarlos en otras madrigueras.<a href=\"#_edn50\" name=\"_ednref50\">[l]<\/a> E igualmente memorable la narraci\u00f3n \u2014entre el distanciamiento propio del antrop\u00f3logo y la perplejidad cr\u00edtica del pol\u00edtico\u2014 de ese mundo subterr\u00e1neo que vive y se reproduce en los m\u00e1rgenes del otro y que acaba configurando el subsuelo humano dostoievskiano: beduinos de Cirenaica, mafiosos sicilianos, camorristas de N\u00e1poles, remedos de Farinata y violadores con aire bonach\u00f3n: \u201cTodo un mundo complicad\u00edsimo, con una vida propia de sentimientos, puntos de vistas, c\u00f3digos del honor, jerarqu\u00edas f\u00e9rreas y un particular sentido de la solidaridad\u201d<a href=\"#_edn51\" name=\"_ednref51\">[li]<\/a>.<\/p>\n<p>Este primer periodo carcelario en San Vittore, que se abr\u00eda con el s\u00edmil de los marineros de Nansen sugiriendo la imagen de la serenidad conscientemente elegida ante la dificultad, se cerrar\u00e1, entre febrero y abril de 1928, con otro s\u00edmil y la manifestaci\u00f3n de una sospecha. En sus cartas a Julia Gramsci advierte que se ha cumplido ya todo un ciclo de transformaciones que han afectado a su estado de \u00e1nimo, y luego que un periodo de su vida carcelaria est\u00e1 a punto de terminar. Son los proleg\u00f3menos del proceso que tendr\u00eda lugar finalmente en Roma. Gramsci sugiere ahora que \u00e9l mismo est\u00e1 cambiando la t\u00e1ctica de la \u00e9tica de la resistencia. Se ha hecho m\u00e1s estoico. Ha decidido dejar de oponerse a lo que es necesario e ineluctable \u201ccon los medios y maneras de antes\u201d y quiere dominar ahora el proceso en curso acentuando el esp\u00edritu ir\u00f3nico. En ese contexto vuelve a la met\u00e1fora:<\/p>\n<p>A la celda llega una luz a mitad de camino entre la luz de una cantina y la luz de un acuario. De todas formas, no debes pensar que mi vida transcurre tan mon\u00f3tona e igual como puede parecer a primera vista. Una vez que se ha acostumbrado uno a la vida del acuario, adoptando el sensorio para captar las impresiones amortiguadas y crepusculares que llegan hasta all\u00ed (y siguiendo, desde luego, en una posici\u00f3n un tanto ir\u00f3nica) se descubre todo un mundo que bulle alrededor, con sus peculiares leyes y con su curso esencial. Ocurre como cuando despu\u00e9s de echar una ojeada r\u00e1pida a un viejo tronco medio deshecho por el tiempo y la intemperie nos paramos a mirarlo m\u00e1s fijamente y con atenci\u00f3n. Primero se ve \u00fanicamente algo as\u00ed como una fungosidad humectante, con alguna babosa soltando baba y arrastr\u00e1ndose lentamente. Pero luego, casi de repente, se ve todo un mundo de colonias de peque\u00f1os insectos que se mueven y afanan, haciendo y rehaciendo los mismos esfuerzos, el mismo camino. Si uno sigue conservando la propia posici\u00f3n externa, si no se convierte en una babosa o en una hormiguita, todo eso acaba interes\u00e1ndole y le permite pasar el tiempo.<a href=\"#_edn52\" name=\"_ednref52\">[lii]<\/a><\/p>\n<p>La iron\u00eda empieza a hacerse negra. El mundo subterr\u00e1neo sigue siendo para Gramsci una curiosidad interesante cuando se la observa con la adecuada distancia, pero ya no es un mundo de hombres, por primitivos y elementales que fueran (mafiosos, camorristas o delincuentes) sino un mundo poblado de babosas e insectos, lo que sugiere cierta inquietud psicol\u00f3gica. Gramsci se encuentra a\u00fan relativamente bien de salud, pero justamente por eso, en la siguiente carta a Julia, a finales de abril, manifiesta su disgusto por la forma en que los compa\u00f1eros han enfocado la campa\u00f1a de solidaridad ante el proceso y alude a una preocupaci\u00f3n que en los a\u00f1os siguientes se le convertir\u00eda en obsesiva: \u201cHe recibido recientemente una extra\u00f1a carta firmada Ruggero, que solicitaba respuesta. Quiz\u00e1 la vida en la c\u00e1rcel me haya hecho m\u00e1s desconfiado de lo que exigir\u00eda la prudencia, pero el hecho es que esa carta , a pesar de su sello y de su matasellos, me ha sacado de quicio\u201d<a href=\"#_edn53\" name=\"_ednref53\">[liii]<\/a>.<\/p>\n<p>Esta carta de Ruggero Grieco, fechada el 10 de febrero de 1928 y conocida por su destinatario en marzo, se ha convertido en uno de los asuntos m\u00e1s repetidamente tratados entre los bi\u00f3grafos e int\u00e9rpretes de Gramsci.<a href=\"#_edn54\" name=\"_ednref54\">[liv]<\/a> Y se comprende. No tanto por lo que la carta misma dec\u00eda, ni siquiera por lo que Gramsci dice a Julia al mes siguiente de haberla recibido, pues, al fin y al cabo, el que eso \u201cle sacara de quicio\u201d est\u00e1 probablemente todav\u00eda dentro de lo que llamar\u00edamos prudencia, sino por la forma terrible en que se ha referido a ella varios a\u00f1os despu\u00e9s. Gramsci trat\u00f3 de esa carta en un coloquio con Tatiana, en la c\u00e1rcel de Mil\u00e1n, poco despu\u00e9s de haberla recibido, unos meses antes del proceso. Entonces manifest\u00f3 su disgusto al respecto, pero a\u00f1adi\u00f3, adem\u00e1s, y esto es significativo, que el juez instructor le hab\u00eda advertido de que aquella carta pod\u00eda costarle unos cuantos a\u00f1os m\u00e1s de c\u00e1rcel sugiri\u00e9ndole que sus amigos pol\u00edticos le estaban traicionando. As\u00ed nac\u00eda una sospecha que iba a atormentarle durante a\u00f1os y que acabar\u00eda dando un nuevo giro a su manera de entender la relaci\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado.<\/p>\n<p><b>El preso 7047<\/b><\/p>\n<p>El proceso contra los dirigentes del Partido Comunista tuvo lugar en Roma entre finales de mayo y comienzos de junio de 1928. Gramsci fue condenado a 20 a\u00f1os, 4 meses y 5 d\u00edas de reclusi\u00f3n. \u00c9l hab\u00eda calculado que ser\u00eda condenado a un m\u00e1ximo de 14 o 17 a\u00f1os. A pesar de que tuvo la oportunidad de hablar sobre la carta de Ruggero Grieco con otros compa\u00f1eros mientras permaneci\u00f3 en la c\u00e1rcel de Roma durante el proceso, es posible que la diferencia de a\u00f1os entre este c\u00e1lculo y lo que fue la condena haya hecho aumentar en su cerebro la sospecha que le sugiri\u00f3 el juez instructor. O que Gramsci haya pensado que aquella carta desbarataba gestiones diplom\u00e1ticas en curso que pod\u00edan haber favorecido su situaci\u00f3n. Pero no hay confirmaci\u00f3n de estas conjeturas para esa fecha.<a href=\"#_edn55\" name=\"_ednref55\">[lv]<\/a> Es notorio, en cambio, que con la condena y el traslado a la casa penal de Turi empieza una nueva fase de la vida de Gramsci. En la c\u00e1rcel de Turi estuvo desde julio de 1928 hasta noviembre de 1933. All\u00ed le matricularon con el n\u00famero 7047.<\/p>\n<p>En la c\u00e1rcel de Turi Gramsci trat\u00f3 de organizarse siguiendo los mismos criterios resistenciales que le hab\u00edan sostenido desde su detenci\u00f3n en 1926. El fiscal fascista hab\u00eda puesto \u00e9nfasis en que el r\u00e9gimen quer\u00eda impedir que aquel cerebro siguiera pensando. \u00c9l hizo todo lo que pudo para que aquel designio no se cumpliera: elabor\u00f3 un nuevo plan de estudios, se organiz\u00f3 para ganar tiempo que dedicar a la lectura, pidi\u00f3 y obtuvo libros que consideraba indispensables, sigui\u00f3 con su trabajo de aprendizaje de distintas lenguas y empez\u00f3 a traducir textos del alem\u00e1n, del ingl\u00e9s y del ruso, consigui\u00f3 permiso para escribir en la celda, entabl\u00f3 un interesante di\u00e1logo intelectual con Piero Sraffa y redact\u00f3 lo esencial de lo que conocemos con el nombre de cuadernos de la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>Pero hay al menos tres factores que en la c\u00e1rcel de Turi determinaron un cambio notable en su manera de entender la relaci\u00f3n entre las razones de la raz\u00f3n y las razones del coraz\u00f3n, entre lo p\u00fablico y lo privado, entre el compromiso pol\u00edtico-moral y el mundo de los sentimientos. El primero de estos factores fue el constante empeoramiento de su salud. El segundo, el deterioro de su relaci\u00f3n afectiva y sentimental con Julia Schucht. Y el tercero, el distanciamiento pol\u00edtico respecto de sus compa\u00f1eros m\u00e1s pr\u00f3ximos. Las tres cosas juntas producir\u00edan en Gramsci una considerable inestabilidad emocional: cambios de humor muy acentuados, tendencia al aislamiento, irritabilidad en el trato con los m\u00e1s pr\u00f3ximos, dificultad temporal para la concentraci\u00f3n intelectual, desconfianzas que a veces se le convirtieron en obsesiones, oscilaci\u00f3n entre la iron\u00eda todav\u00eda alegre y distanciada y el sarcasmo amargo, acentuaci\u00f3n de la acribia de fil\u00f3logo en la correspondencia \u00edntima, progresivo sentimiento de derrota personal hasta llegar al sentimiento de muerte.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s notable es que de todo esto, y del sufrimiento que tuvo que conllevar, apenas hay huellas en los cuadernos que simult\u00e1neamente estaba escribiendo en la c\u00e1rcel. Se dir\u00eda que en las horas, much\u00edsimas horas, que Gramsci dedic\u00f3 a redactar los cuadernos hizo abstracci\u00f3n casi absoluta de su dolor, de su sufrimiento, de sus cambios de humor, de sus irritaciones, de sus sospechas y de sus obsesiones. Logr\u00f3 imponer ah\u00ed un distanciamiento intelectual y una fuerza moral cuya expresi\u00f3n m\u00e1s alta est\u00e1 en un paso de una carta a la madre, en la que dice: \u201cYo no hablo nunca del aspecto negativo de mi vida, ante todo porque no quiero ser compadecido. He sido un combatiente que no ha tenido suerte en la lucha inmediata y los combatientes no pueden ni deben ser compadecidos cuando han luchado sin ser obligados a ello si no porque as\u00ed lo han querido conscientemente\u201d<a href=\"#_edn56\" name=\"_ednref56\">[lvi]<\/a>. En esas palabras y en lo que deja entrever en algunas de las cartas a Tatiana escritas desde Turi en los peores momentos de la enfermedad, donde solicita ayuda (pero s\u00f3lo y exclusivamente la ayuda que \u00e9l quiere en ese momento y en la forma precisa que su voluntad le dicta), est\u00e1 la clave para entender el car\u00e1cter de este Gramsci resistencial.<\/p>\n<p>Ya durante la conducci\u00f3n desde la c\u00e1rcel de Mil\u00e1n a la c\u00e1rcel de Roma para el proceso y desde Roma a Bari, una vez concluido \u00e9ste, su salud ha empeorado. En junio de 1928 se le diagnostic\u00f3 una uricemia cr\u00f3nica. Como consecuencia de ello, ha tenido periodontitis expulsiva. Simult\u00e1neamente ha pasado por varios momentos de agotamiento nervioso. En julio sufre un herpes que le produce una inflamaci\u00f3n muy dolorosa y pasa varios d\u00edas de dolores infernales, \u201cretorci\u00e9ndome como un gusano\u201d, dice.<a href=\"#_edn57\" name=\"_ednref57\">[lvii]<\/a> En diciembre de ese mismo a\u00f1o, ya en Turi, tuvo un ataque de \u00e1cido \u00farico que le dej\u00f3 medio inv\u00e1lido durante tres meses. En noviembre de 1930, el insomnio prolongado se le hace insoportable, duerme una media de dos horas diarias y tiene problemas de concentraci\u00f3n.<a href=\"#_edn58\" name=\"_ednref58\">[lviii]<\/a> Desde mediados de agosto de 1932 tiene serios problemas intestinales, no atribuibles s\u00f3lo a la mala alimentaci\u00f3n, siente que las fuerzas empiezan a abandonarle, vuelve a sufrir de insomnio y cree que su capacidad de resistencia est\u00e1 quebr\u00e1ndose, que est\u00e1 perdiendo el control de los impulsos y de los instintos elementales del temperamento.<a href=\"#_edn59\" name=\"_ednref59\">[lix]<\/a> En septiembre entra en una fase de exaltaci\u00f3n nerviosa. Describe entonces su situaci\u00f3n como \u201cun frenes\u00ed neurast\u00e9nico, una obsesi\u00f3n continua y espasm\u00f3dica que no me deja un momento de quietud\u201d<a href=\"#_edn60\" name=\"_ednref60\">[lx]<\/a>. En diciembre de 1932 vuelve a tener insomnio y pide consejo m\u00e9dico a Tatiana para tomar un somn\u00edfero. En marzo de 1933 tiene una crisis grave, desfallece, cae al suelo, no puede valerse por sus propios medios y, durante semanas, tiene que ser asistido en la celda por otros compa\u00f1eros.<a href=\"#_edn61\" name=\"_ednref61\">[lxi]<\/a><\/p>\n<p>S\u00f3lo entonces, despu\u00e9s de cinco a\u00f1os de c\u00e1rcel, ha tenido Gramsci un diagn\u00f3stico relativamente preciso de sus males, cuando el doctor Umberto Arcangeli le visita en Turi de Bari. Hasta entonces los m\u00e9dicos que le vieron actuaron de oficio, le recetaron lenitivos o placebos o, en alg\u00fan caso, le trataron como a un enemigo pol\u00edtico. El doctor Arcangeli le diagnostica lesiones tuberculosas en el l\u00f3bulo superior del pulm\u00f3n derecho con emotisis, arterioesclerosis con hipertensi\u00f3n arterial e insomnio permanente, pero, sobre todo, sugiere que tiene el mal de Pott, es decir, una tuberculosis de la columna vertebral que afecta a las v\u00e9rtebras y que suele producir dolor espont\u00e1neo por irritaci\u00f3n de las ra\u00edces de los nervios raqu\u00eddeos y, cuando se tiene desde de la infancia, cifosis. Es posible que Gramsci haya tenido desde ni\u00f1o el mal descrito por el cirujano brit\u00e1nico Percival Pott. Eso explicar\u00eda la deformaci\u00f3n de su columna y, al no haber sido tratado el mal, la reiteraci\u00f3n de los estados de irritabilidad desde su adolescencia.<a href=\"#_edn62\" name=\"_ednref62\">[lxii]<\/a> En tales condiciones, ante una enfermedad descubierta muy tard\u00edamente y cuyo tratamiento requiere, para empezar, inmovilizaci\u00f3n y reposo, se comprende que el doctor Arcangeli concluyera que Gramsci no podr\u00eda sobrevivir mucho tiempo en las condiciones carcelarias. A pesar de lo cual esta situaci\u00f3n se prolong\u00f3 todav\u00eda siete meses, hasta noviembre de 1933, fecha en la que, finalmente, fue trasladado a una cl\u00ednica en Formia. Gramsci ya no mejorar\u00e1 m\u00e1s que espor\u00e1dicamente en los a\u00f1os siguientes.<\/p>\n<p><b>Elecci\u00f3n racional y sensibilidad<\/b><\/p>\n<p>La relaci\u00f3n sentimental de Gramsci con Julia Schucht, que ya hab\u00eda sido dif\u00edcil en los a\u00f1os anteriores, se fue complicando en los a\u00f1os que pas\u00f3 en Turi de Bari hasta hacer crisis entre 1932 y 1933. Es dif\u00edcil decir qu\u00e9 contribuy\u00f3 m\u00e1s a esta crisis: si la falta de noticias de ella durante meses enteros, los silencios y malentendidos sobre su verdadero estado de salud, las presiones familiares para que ella no viajara a Italia en un momento en el que obviamente el preso lo necesitaba, los equ\u00edvocos de una comunicaci\u00f3n que no llega a ser correspondencia aut\u00e9ntica, la inestabilidad emocional del propio Gramsci, su concepto de la relaci\u00f3n entre sentimientos y vida pol\u00edtica, o las obsesiones que acabaron carcomiendo al preso 7047.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de llegar a la c\u00e1rcel de Turi de Bari, en 1928, Gramsci ha ratificado una decisi\u00f3n que seguramente tuvo una importancia decisiva en la complicaci\u00f3n de su relaci\u00f3n con Julia. El reglamento carcelario limitaba el n\u00famero de cartas que pod\u00eda escribir y decidi\u00f3 elegir como corresponsal principal a Tatiana, no a Julia. Era \u00e9sta una elecci\u00f3n racional puesto que Tatiana estaba en Italia, pod\u00eda visitarle y de esta forma se facilitaba una comunicaci\u00f3n con el centro exterior del partido (en Par\u00eds y Mosc\u00fa) a trav\u00e9s de Piero Sraffa (que pod\u00eda viajar, legalmente y con frecuencia, a Italia desde Inglaterra).<a href=\"#_edn63\" name=\"_ednref63\">[lxiii]<\/a> Por aquellas fechas Tatiana ten\u00eda que haber regresado a Mosc\u00fa para reunirse con su familia, pero uni\u00f3 su decisi\u00f3n a la decisi\u00f3n del otro: se sacrific\u00f3 por Gramsci contra el deseo de sus padres.<\/p>\n<p>Esta elecci\u00f3n racional, que en condiciones de normalidad habr\u00eda sido una ayuda positiva sin m\u00e1s, se convirti\u00f3 en otra cosa, tuvo un efecto inesperado. No s\u00f3lo por la anormalidad que representaba la situaci\u00f3n de un preso en una c\u00e1rcel fascista, sino tambi\u00e9n por las enfermedades que sufr\u00edan uno y otra, y por la complicaci\u00f3n psicol\u00f3gica de la pareja a la que Tatiana ten\u00eda que ayudar. Tatiana se convirti\u00f3 as\u00ed en la Ant\u00edgona de esta tragedia moderna,<a href=\"#_edn64\" name=\"_ednref64\">[lxiv]<\/a> pero mediatiz\u00f3 la relaci\u00f3n de Antonio y Julia al no enviar a ella las cartas de \u00e9l que consideraba que podr\u00edan molestarla o deprimirla y al no comunicar a \u00e9l, por razones parecidas, la gravedad de la enfermedad ps\u00edquica de ella. Con su bondad, y sin quererlo, contribuy\u00f3 a disolver uno de los hilos que m\u00e1s hab\u00eda unido sentimentalmente a la pareja desde que se conocieron: la conciencia del sufrimiento que produce el peso desequilibrante del cerebro, la conciencia rec\u00edproca de la debilidad que acompa\u00f1a a la fortaleza moral, esa conciencia que, en situaciones excepcionales, como era el caso, lleva a la ayuda mutua. Es sintom\u00e1tico, en este sentido, el que la relaci\u00f3n sentimental entre Antonio y Julia mejorara y se equilibrara eventualmente siempre a partir del reconocimiento de la gravedad de las enfermedades mutuas, esto es, del reconocimiento de las propias debilidades a trav\u00e9s de la debilidad del otro.<a href=\"#_edn65\" name=\"_ednref65\">[lxv]<\/a><\/p>\n<p>A pesar de las quejas de Gramsci sobre los silencios de Julia Schucht, de su contenci\u00f3n sentimental ahora obligada, de sus discrepancias sobre la educaci\u00f3n de los hijos (\u00e9l pensaba que ella y su familia eran en esto demasiado \u201crom\u00e1nticos\u201d) y de su repetida observaci\u00f3n de que se estaba produciendo un distanciamiento sentimental, comprensible dadas las circunstancias, el tono y la forma de las cartas escritas hasta la primera mitad de 1930 no hac\u00edan presagiar, ni de lejos, lo que vino despu\u00e9s. Pero ya en mayo de ese mismo a\u00f1o Gramsci empieza a sentir que la raz\u00f3n de que Julia no le escriba es que se le estaba ocultando algo. Una semana despu\u00e9s, en carta a Tatiana, afirmaba que el aislamiento en que \u00e9l se encuentra no es s\u00f3lo consecuencia de la inquina pol\u00edtica de los adversarios, cosa esperable, sino tambi\u00e9n del abandono de los pr\u00f3ximos, con lo que no pod\u00eda contar. Dice entonces sentirse sometido a varios reg\u00edmenes carcelarios y alude, por primera vez en el epistolario, a \u201cla otra c\u00e1rcel\u201d, al hecho de que le han echado fuera de la vida familiar: \u201cLos golpes me llegan de donde menos pod\u00eda esperar\u201d. Enseguida se da cuenta de que est\u00e1 escribiendo precisamente a la persona que m\u00e1s le ha ayudado desde el encarcelamiento, pero, a pesar de ello, quiere que quede claro que en este asunto, bondad aparte, no vale la sustituci\u00f3n de persona.<\/p>\n<p>Al llegar a ese punto de la comunicaci\u00f3n de sus impresiones, Gramsci ha escrito algo, entre la confesi\u00f3n y la declaraci\u00f3n de principios, que ayuda a entender su concepto de la relaci\u00f3n entre raz\u00f3n y sensibilidad:<\/p>\n<p>A decir verdad no soy muy sentimental y no son las cuestiones sentimentales las que me atormentan. No es que yo sea insensible (ni quiero hacer pose de c\u00ednico o de blas\u00e9). Mas bien lo que ocurre es que las cuestiones sentimentales se me presentan, y las vivo, en combinaci\u00f3n con otros elementos (ideol\u00f3gicos, filos\u00f3ficos, pol\u00edticos, etc.), en forma tal que no sabr\u00eda decir hasta d\u00f3nde llega el sentimiento y donde empieza cada uno de los otros elementos, ni siquiera sabr\u00eda decir de cu\u00e1l de todos estos elementos se trata, de tan unificados que est\u00e1n en un todo inescindible y en una vida \u00fanica. Es posible que esto sea una fuerza, o quiz\u00e1 una debilidad porque lleva a analizar a los otros del mismo modo y, por tanto, a sacar conclusiones tal vez equivocadas.<a href=\"#_edn66\" name=\"_ednref66\">[lxvi]<\/a><\/p>\n<p>En un plano gen\u00e9rico, Gramsci reafirmaba as\u00ed la sustancial unidad del hombre que siente con el hombre que piensa y con el hombre que lucha por un ideal, unidad que es lo que constituye la dignidad de la persona, su coherencia. \u00c9l pensaba que eso es precisamente la sustancia del ser revolucionario. Pero para el caso concreto, que es el de su propia vida en la c\u00e1rcel, dependiente de los sentimientos y de las actuaciones de los otros, este paso deja todav\u00eda flotando una duda: la de si esta coherencia, que se ha mostrado tantas veces como una fuerza en las relaciones sociales mediadas por lo pol\u00edtico, no ser\u00e1 al mismo tiempo una debilidad en lo que concierne a las relaciones interpersonales. As\u00ed es como me parece que hay que interpretar el final de la carta.<\/p>\n<p>No es casual que haya sido precisamente su amigo Piero Sraffa quien, con la agudeza del cient\u00edfico que aprecia sobre todo el an\u00e1lisis y la distinci\u00f3n de elementos (aunque tambi\u00e9n, todo sea dicho, gracias a la distancia y al desapasionamiento permitidos por el estar fuera de la c\u00e1rcel), mejor capt\u00f3 el riesgo de aquella concepci\u00f3n unitaria de Gramsci en relaci\u00f3n con asuntos que requer\u00edan soluciones pr\u00e1cticas.<a href=\"#_edn67\" name=\"_ednref67\">[lxvii]<\/a> Pues una cosa es teorizar la concepci\u00f3n unitaria de la dignidad de la persona y otra caer en la indistinci\u00f3n cuando se quiere saber las verdaderas causas del aislamiento de uno. Sraffa hizo lo razonable en un caso as\u00ed. Viaj\u00f3 a Mosc\u00fa, vio a Julia en el sanatorio en que estaba internada, obtuvo un diagn\u00f3stico de su enfermedad (amnesias, depresi\u00f3n, p\u00e9rdidas repetidas de conocimiento) y regres\u00f3 con una respuesta a las dudas de Gramsci: Julia no escrib\u00eda porque tem\u00eda que, al leer sus cartas, Antonio descubriera su verdadero estado de salud, cosa que le perjudicar\u00eda a \u00e9l mismo.<a href=\"#_edn68\" name=\"_ednref68\">[lxviii]<\/a><\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, y durante unos meses, el reconocimiento de la desgracia rec\u00edproca volvi\u00f3 a anudar por un tiempo aquella relaci\u00f3n dif\u00edcil. A veces, en la correspondencia de esos meses, tanto con Tatiana como con Julia, sale a relucir aquella \u201cveracidad despiadada\u201d que mov\u00eda a Gramsci incluso cuando el interlocutor al que quiere le est\u00e1 dando satisfacci\u00f3n. He aqu\u00ed un ejemplo: \u201cQuisiera saber en qu\u00e9 circunstancias y en relaci\u00f3n con qu\u00e9 objeto ves t\u00fa [Julia] esta identidad entre nuestros pensamientos. Pues en nuestra correspondencia falta precisamente una \u2018correspondencia\u2019 efectiva y concreta. Nunca hemos logrado entablar un \u2018di\u00e1logo\u2019. Nuestras cartas son una serie de \u2018mon\u00f3logos\u2019 que no siempre discurren de acuerdo ni siquiera en sus l\u00edneas generales. Y si a esto se a\u00f1ade el elemento tiempo, que hace olvidar lo que se ha escrito anteriormente, la impresi\u00f3n de puro \u2018mon\u00f3logo\u2019 se refuerza. \u00bfNo crees?\u201d<a href=\"#_edn69\" name=\"_ednref69\">[lxix]<\/a> .<\/p>\n<p>Desgraciadamente, las cartas de Julia Schucht que se han publicado hasta ahora no son suficientes todav\u00eda para la comprensi\u00f3n en detalle de la otra tragedia (o de la otra cara de la tragedia). Pero con las que se han conservado y con las referencias que hace a otras su hermana Tatiana hay material de sobra para imagin\u00e1rsela con \u201cfantas\u00eda concreta\u201d, como quer\u00eda Gramsci, sin necesidad de caer en especulaciones fantasiosas.<a href=\"#_edn70\" name=\"_ednref70\">[lxx]<\/a> Basta con pensar un poco en dos palabras que se repiten en sus casi siempre brev\u00edsimas cartas: \u201ccansancio\u201d y \u201cmelancol\u00eda\u201d. No es dif\u00edcil de imaginar, para quien no est\u00e9 obnubilado por el politicismo o por la gris teor\u00eda sin vida, lo que significaban \u201ccansancio\u201d y \u201cmelancol\u00eda\u201d para una violinista joven y culta que estaba viviendo en Rusia lo que sigui\u00f3 a los diez d\u00edas que estremecieron al mundo, con dos hijos de un hombre con el que ha convivido apenas unos pocos meses y que, adem\u00e1s, hab\u00eda de cumplir en las c\u00e1rceles italianas, a much\u00edsimos kil\u00f3metros de distancia, una condena de veinte a\u00f1os.<a href=\"#_edn71\" name=\"_ednref71\">[lxxi]<\/a><\/p>\n<p>Por lo general, las cartas que Gramsci ha enviado a Julia en 1931 y durante los primeros meses de 1932 son afectuosas, a veces rememorativas, otras tiernamente preocupadas por su salud y por la educaci\u00f3n de los hijos, y fueron escritas siempre con la intenci\u00f3n de ayudar a que ella pudiera superar por completo el mal momento psicol\u00f3gico por el que estaba pasando. En enero de 1931 pensaba Gramsci que, una vez informado convenientemente del estado de salud de Julia, las relaciones entre ellos iban a ser francas y espont\u00e1neas. En febrero reconoce su parte de culpa en el deterioro de la relaci\u00f3n sentimental porque ha pensado que Julia era m\u00e1s fuerte y por un exceso de ternura no quiso romper aquella imagen: \u201cEstoy debati\u00e9ndome entre dos sentimientos, el de una inmensa ternura por ti, cuya debilidad tendr\u00eda que consolar inmediatamente con una caricia f\u00edsica, y el de la necesidad de hacer yo mismo un gran esfuerzo de voluntad para convencerte desde lejos de que, a pesar de todo, tambi\u00e9n tu eras fuerte y tienes que superar la crisis\u201d. En mayo considera que ellos dos se est\u00e1n volviendo \u201cde un sabio que llegar\u00e1 a ser proverbial\u201d. En agosto, cuando sabe que Julia ha empezado un tratamiento psicoanal\u00edtico, se pone a leer a Freud y relaciona los principios del psicoan\u00e1lisis con su propia insistencia en la necesidad de \u201cdesovillar\u201d la verdadera personalidad. De noviembre a diciembre sus sentimientos son un p\u00e9ndulo: empieza diciendo a Julia que se han convertido en fantasmas el uno para el otro y le reprocha haber contribuido a agravar su aislamiento; luego muestra su disgusto por haber escrito de esa forma; y acaba reflexionando sobre los v\u00ednculos que les unen, que, en su opini\u00f3n, no son s\u00f3lo afectivos sino tambi\u00e9n de solidaridad: \u201cEl afecto es un sentimiento espont\u00e1neo que no crea obligaciones porque est\u00e1 fuera de la esfera de la moralidad. [&#8230;] Donde podemos y debemos apoyarnos es en los v\u00ednculos de solidaridad\u201d<a href=\"#_edn72\" name=\"_ednref72\">[lxxii]<\/a>.<\/p>\n<p>Algunas de las noticias que iba recibiendo de Mosc\u00fa, a trav\u00e9s de Tatiana, sobre la educaci\u00f3n de los hijos y sobre las relaciones familiares llevaron a Gramsci a la convicci\u00f3n de que la propia Julia era una v\u00edctima del \u201csistema familiar de los Schucht\u201d. En ese momento sab\u00eda ya, por Tatiana, que el obst\u00e1culo para que Julia pudiera trasladarse a Italia no era s\u00f3lo su enfermedad sino tambi\u00e9n la oposici\u00f3n decidida del padre y de su hermana Eugenia. A pesar de todo lo cual, las sospechas de Gramsci sobre el \u201cotro muro\u201d que se estaban levantado en torno suyo para aislarle no han vuelto a aflorar en esos meses, que, por lo dem\u00e1s, fueron de muy intensa actividad intelectual en la redacci\u00f3n de los cuadernos.<\/p>\n<p>Y tal vez las sospechas no habr\u00edan ido a m\u00e1s si no hubiera intervenido aquel otro elemento que \u00e9l no consegu\u00eda escindir de la consideraci\u00f3n de los propios sentimientos: el factor pol\u00edtico-ideol\u00f3gico, un asunto del que, en sus condiciones de entonces, no pod\u00eda tratar con Julia por carta. Este tercer factor es igualmente importante para entender el curso de los pensamientos de Gramsci en Turi de Bari. Su discrepancia respecto de la t\u00e1ctica de la Internacional sobre el \u201csocialfascismo\u201d, una t\u00e1ctica compartida entonces por el grupo dirigente del Partido Comunista Italiano, le llev\u00f3 a entrar en conflicto con sus propios compa\u00f1eros de c\u00e1rcel.<a href=\"#_edn73\" name=\"_ednref73\">[lxxiii]<\/a> En este punto mantuvo siempre una gran reserva cuando se le pidi\u00f3 opini\u00f3n desde el exterior, pero tuvo conocimiento de las formas de actuaci\u00f3n que se estaban imponiendo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica: \u201cStalin es un d\u00e9spota\u201d, dice un testigo que le dijo en la c\u00e1rcel. El saberse en minor\u00eda, y sin posibilidades de actuar en la pr\u00e1ctica, determin\u00f3 en \u00e9l la tendencia a ovillarse e hizo crecer nuevamente en su cerebro la sospecha de que se le estaba ocultando algo m\u00e1s que las amnesias y las p\u00e9rdidas de conocimiento de Julia.<\/p>\n<p>A veces se ha querido reducir a este \u00faltimo factor, al factor pol\u00edtico o pol\u00edtico-ideol\u00f3gico, la tragedia de Gramsci en la c\u00e1rcel. Y se comprende que as\u00ed haya sido, puesto que formalmente Gramsci hab\u00eda ingresado en la c\u00e1rcel siendo secretario general del partido comunista y, de hecho, hab\u00eda sido condenado por ello. Adem\u00e1s, la forma un tanto cr\u00edptica o es\u00f3pica en que \u00e9l mismo iba a referirse a la interrelaci\u00f3n entre el problema sentimental y el problema pol\u00edtico en los meses siguientes ha favorecido no pocas conjeturas y, desde luego, muchas especulaciones pol\u00edticamente interesadas al respecto: sobre su ruptura \u201cdefinitiva\u201d con Togliatti, sobre su disidencia en el seno del comunismo contempor\u00e1neo, sobre las \u201ctraiciones\u201d de sus supuestos amigos pol\u00edticos, etc. A la luz de los documentos hoy disponibles y del testimonio durante mucho tiempo m\u00e1s esperado, el de Piero Sraffa, se puede decir ya que toda esa especulaci\u00f3n es inmantenible: ni hubo ruptura \u201cdefinitiva\u201d con Togliatti, ni \u201ccondena\u201d sobrea\u00f1adida, ni otra disidencia que no quepa en lo que cabe dentro de la manifestaci\u00f3n del pensamiento propio en el marco de unas mismas convicciones compartidas. Las obsesiones de Gramsci y su desgracia se entienden mucho mejor a partir de la interrelaci\u00f3n de los tres factores mencionados: enfermedad, complicaci\u00f3n sentimental y preocupaci\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica (no s\u00f3lo pol\u00edtica en sentido restrictivo, t\u00e1ctico u organizativo).<\/p>\n<p><b>Esperanzas y obsesiones<\/b><\/p>\n<p>En agosto de 1932, como casi todos los veranos, Gramsci se siente mal. Escribe a Julia un par de cartas en las que se congratula de los progresos que ella est\u00e1 haciendo en la superaci\u00f3n de la enfermedad. Pero a rengl\u00f3n seguido le dice que ya no puede contar gran cosa con \u00e9l porque se siente precozmente envejecido, irascible, hipercr\u00edtico e insatisfecho de todo y de todos, y que est\u00e1 empezando a vivir una existencia animal y vegetativa.<a href=\"#_edn74\" name=\"_ednref74\">[lxxiv]<\/a> Enseguida comunica a Tatiana que tiene dudas de que \u00e9l pueda ser el corresponsal que Julia desea, porque su capacidad de resistencia est\u00e1 a punto de quebrar. Gramsci cree en ese momento que ha de tomar pronto una decisi\u00f3n importante si no quiere volverse loco o entrar en una fase en la que no va a poder controlarse. Al autoanalizarse llega a esta conclusi\u00f3n: \u201cEstoy perdiendo el control de mis impulsos y de los instintos elementales del temperamento\u201d<a href=\"#_edn75\" name=\"_ednref75\">[lxxv]<\/a>.<\/p>\n<p>A medida que el verano avanza, y con \u00e9l los calores, la irritabilidad de Gramsci va en aumento. Escribe en forma breve y cortante a Julia, amenaza a Tatiana con interrumpir la correspondencia y se disculpa luego, pasado ya el verano, explicando que est\u00e1 pasando un periodo de continuas obsesiones, de \u201cfrenes\u00ed neurast\u00e9nico\u201d. En ese momento se anuncia en Italia la posibilidad de una amnist\u00eda. Gramsci no se hace ilusiones porque no quiere desilusionarse luego, pero retoma su frase favorita: \u201cpesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad\u201d. Y la traduce para el caso: \u00e9l acept\u00f3 la condena como una condena a muerte en la c\u00e1rcel, pero eso no quiere decir que est\u00e9 dispuesto a abandonarse o a dejarse llevar por la corriente como un perro muerto.<\/p>\n<p>En ese contexto, el 14 de noviembre de 1932, Gramsci comunica a Tatiana, con cierta solemnidad y mucho pre\u00e1mbulo, algo que dice haber estado meditando durante tiempo: divorciarse de Julia. No plantea la cosa como un asunto estrictamente sentimental, como una cuesti\u00f3n de desamor, sino como una opci\u00f3n que otros varones presos han abordado antes que \u00e9l. Aduce un argumento moral: un ser vivo no debe permanecer vinculado a un muerto o casi. Se propone, por tanto, \u201cliberar a Julia\u201d del v\u00ednculo que le une a \u00e9l, y querr\u00eda hacerlo, adem\u00e1s, \u201cpor acuerdo bilateral\u201d. Pide consejo a Tatiana sobre si es mejor que esto se lo comunique ella a Julia o hacerlo \u00e9l mismo directamente, aunque, por las mismas razones morales, de una cosa dice estar seguro: la iniciativa tiene que partir de \u00e9l. Gramsci afirma ah\u00ed haber sopesado las consecuencias, los dolores y sufrimientos que ella y \u00e9l tendr\u00e1n que soportar. Cree que, a su edad, Julia todav\u00eda puede crearse una nueva vida y que, de aceptar ella la propuesta, \u00e9l volver\u00eda entonces a su \u201cconcha sarda\u201d. Pero antes de llegar a este punto ha advertido a Tatiana que no debe pensar que \u00e9l se ha vuelto loco o que lo que est\u00e1 sugiriendo es una ligereza o una irresponsabilidad. Y avanza, de manera oscura, que tiene otros argumentos que no puede exponer por carta y \u201cque tal vez ni siquiera te comunicar\u00eda a ti de palabra\u201d<a href=\"#_edn76\" name=\"_ednref76\">[lxxvi]<\/a>.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n con Tatiana sobre este tema en las semanas siguientes arroja mucha luz sobre el tipo de relaci\u00f3n que Gramsci ha establecido entre sentimiento y raz\u00f3n. Cuando ella le objeta que su forma de sentir es inadecuada a las circunstancias, Gramsci contesta que no se trata de \u201csentir\u201d en el sentido inmediato de la palabra, sino de algo pensado, meditado, razonado, o sea, de un sentir cuyas premisas no son impulsos emocionales o pasiones instintivas, sino una larga meditaci\u00f3n hecha con toda calma y frialdad. Ante el silencio de ella, insiste en que cuenta con su ayuda para convencer a Julia de que acepte su punto de vista. Mientras tanto, no comunica su idea a Julia, pero le insin\u00faa vagamente que le escribir\u00e1 sobre el tema del \u201cempezar\u201d o \u201cvolver a empezar\u201d cuando se haya puesto de acuerdo con Tatiana, la cual \u201cle est\u00e1 haciendo obstruccionismo\u201d y le deja en suspenso.<a href=\"#_edn77\" name=\"_ednref77\">[lxxvii]<\/a> Cuando, finalmente, Tatiana le da sus argumentos contrarios a la propuesta, Gramsci contesta con una carta furiosa, el 5 de diciembre de 1932, en la que le prohibe argumentar a contrario, exige un \u201cs\u00ed\u201d o un \u201cno\u201d y pasa a contar lo que llama \u201cuna verdad dolorosa\u201d: que el juez instructor del proceso ten\u00eda raz\u00f3n cuando le advirti\u00f3 de las consecuencias de la extra\u00f1a carta de Ruggero Grieco.<\/p>\n<p>Gramsci advierte entonces abruptamente a Tatiana de c\u00f3mo queriendo hacer el bien, y escribiendo en forma aparentemente afectuosa, se puede en realidad llevar al otro a la cat\u00e1strofe. Y deja abierto un interrogante: \u00bffue aquello un acto criminal o una ligereza irresponsable?<a href=\"#_edn78\" name=\"_ednref78\">[lxxviii]<\/a><\/p>\n<p>En enero de 1933 vuelve a plantear al asunto a Tatiana Schucht en t\u00e9rminos parecidos durante varios coloquios que \u00e9sta tuvo con \u00e9l en la c\u00e1rcel de Turi. De palabra, y a pesar de la presencia de los funcionarios de la c\u00e1rcel, Gramsci aclara la referencia cr\u00edptica a sus \u201cotros argumentos\u201d. Est\u00e1 buscando una forma de salir en libertad y teme que la ligereza o la irresponsabilidad de sus amigos pol\u00edticos frustre el intento. Gramsci hab\u00eda puesto entonces ciertas esperanzas en dos tipos de gestiones: obtener la libertad condicional por la v\u00eda legal, bas\u00e1ndose en el hecho de que era el \u00fanico diputado preso, o emprender una gesti\u00f3n diplom\u00e1tica desde la embajada rusa en Roma para conseguir su liberaci\u00f3n por la v\u00eda del intercambio de presos. Espera m\u00e1s de la segunda gesti\u00f3n, indica a Tatiana incluso los diplom\u00e1ticos rusos con los que tiene que hablar y le dice estar dispuesto a cambiar de nombre y a renunciar a la ciudadan\u00eda italiana. Es en este contexto de esperanzas en el que cobra tanta fuerza la obsesi\u00f3n: como consecuencia del asunto Grieco en 1928, desconf\u00eda de la forma de actuar de los \u201camigos italianos\u201d. Para que los medios puedan adaptarse al fin, quiere que esta segunda gesti\u00f3n se haga en secreto y no se hable de ella a aquellos amigos. Gramsci no da nombres, pero uno de estos amigos queda incluido en el secreto y excluido de toda sospecha: Piero Sraffa.<a href=\"#_edn79\" name=\"_ednref79\">[lxxix]<\/a><\/p>\n<p>Pero todav\u00eda un mes despu\u00e9s, el 27 de febrero, Gramsci insiste de nuevo sobre el tema y escribe la m\u00e1s tremenda de sus cartas a Tatiana Schucht y probablemente de todas las cartas de la c\u00e1rcel. En ella, Gramsci empieza admitiendo que hay cosas que se le han hecho obsesivas, pero rechaza de plano que, en su caso, el elemento ps\u00edquico est\u00e9 determinando lo f\u00edsico o viceversa. Da otra raz\u00f3n: la antigua preocupaci\u00f3n se le ha intensificado porque est\u00e1 llegando a la conclusi\u00f3n de que \u00e9l mismo ya no va a poder ocuparse de la cosa \u201cfilol\u00f3gicamente\u201d, o sea, ir a las fuentes y llegar a una explicaci\u00f3n plausible de los hechos. En este punto relaciona solemnemente la carta de Ruggero Grieco con la evoluci\u00f3n de sus relaciones con Julia. Confiesa ah\u00ed que \u00e9l puede haber cometido errores en esta relaci\u00f3n, pero, por encima de esos errores, ve en el comportamiento de Julia algo que se le escapa y que no consigue identificar con precisi\u00f3n. La sospecha toma cuerpo:<\/p>\n<p>Quien me ha condenado es un organismo mucho m\u00e1s amplio, del que el tribunal especial [fascista] no ha sido m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n externa y material, el que ha compilado el acto legal de la condena. Tengo que decir que entre estos \u201ccondenadores\u201d ha estado tambi\u00e9n Julia, aunque creo, o mejor dicho, estoy firmemente persuadido de que ella ha actuado inconscientemente y de que ha habido una serie de personas menos inconscientes.<a href=\"#_edn80\" name=\"_ednref80\">[lxxx]<\/a><\/p>\n<p>Al llegar ah\u00ed el lector del epistolario de Gramsci se queda tan pasmado y perplejo como qued\u00f3 la destinataria de la carta, Tatiana Schucht. \u00bfQu\u00e9 decir? Seguramente lo m\u00e1s razonable es decir lo que dijo Piero Sraffa cuando tuvo copia de estas misivas a trav\u00e9s de la propia Tatiana: \u201cEl estado de \u00e1nimo de Antonio es muy preocupante: su \u00faltima carta es impresionante por lo absurda. Es el documento de un enfermo\u201d<a href=\"#_edn81\" name=\"_ednref81\">[lxxxi]<\/a>. Cierto. A pesar de la insistencia de Gramsci en que est\u00e1 abordando el asunto racionalmente, con esp\u00edritu pr\u00e1ctico, y a pesar del \u00e9nfasis que ha puesto en que hay que adaptar los medios al fin que se persigue (hasta el punto de herir a Tatiana cuando cree que no es capaz de hacerlo), no se entiende por qu\u00e9, en el transcurso de semanas, puede haber pensado sucesivamente en romper el v\u00ednculo con Julia y retirarse a la \u201cconcha sarda\u201d, en renunciar a la nacionalidad e ir a vivir a Mosc\u00fa con los suyos, en el caso de ser liberado, y en que Julia, por la que dice sentir una acentuada ternura, pudiera ser uno de sus \u201ccondenadores\u201d, aunque de forma inconsciente.<\/p>\n<p>En cualquier caso, no se trataba de una obsesi\u00f3n ocasional o de una forma de locura temporal. Gramsci ha dado tanta importancia a este suceso que, incluso al pasar revista a lo que hab\u00eda sido su vida desde la detenci\u00f3n y el encarcelamiento, y establecer los periodos de su vida carcelaria, adem\u00e1s de afirmar que en 1933 empezaba una fase cr\u00edtica y decisiva de su existencia, retrotra\u00eda la fase anterior, no, como hubiera sido lo l\u00f3gico, al momento en que tuvo lugar el proceso, o al momento en que, concluido \u00e9ste, fue trasladado a la casa penal de Turi (en la que todav\u00eda se encontraba), sino precisamente al d\u00eda en que recibi\u00f3 la carta de Ruggero Grieco, como si \u00e9sta hubiera sido \u201cla mota negra\u201d del relato famoso. Todav\u00eda en mayo de 1933 repet\u00eda que el juez instructor tuvo raz\u00f3n al decirle que parec\u00eda como si sus amigos estuvieran colaborando a mantenerlo lo m\u00e1s posible en la c\u00e1rcel.<a href=\"#_edn82\" name=\"_ednref82\">[lxxxii]<\/a><\/p>\n<p><b>Hip\u00f3tesis<\/b><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 Gramsci mezcla a Julia (a la que sin duda sigue queriendo y de la que no tiene otro motivo racional de queja que sus prolongados silencios o la brevedad de sus cartas cuando escribe) en aquella \u201cligereza irresponsable\u201d o \u201cacto criminal\u201d que la convierte en uno de sus \u201ccondenadores\u201d? La proximidad temporal de esta carta a aquella otra en la que Gramsci suscita la cuesti\u00f3n del divorcio ha llevado a algunos int\u00e9rpretes a contestar a esta pregunta con la hip\u00f3tesis de que en el debate comunista de los primeros a\u00f1os treinta Julia y la familia Schucht (o parte de la familia) residente en Mosc\u00fa estaban (tal vez en relaci\u00f3n con Togliatti) en el otro bando. Seg\u00fan esta hip\u00f3tesis Gramsci se habr\u00eda dado cuenta de ello, at\u00f3 cabos y lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n correcta: la maldad consciente de alguno de los dirigentes comunistas y la inconsciente de ella. Pero esta conjetura pierde entidad cuando se advierte que, en la misma carta mencionada y sobre todo en los coloquios que tuvo con Tatiana, Gramsci ha dicho que no hablara de ese asunto m\u00e1s que con Piero Sraffa, y Gramsci sab\u00eda perfectamente que Tatiana y Piero Sraffa eran sus enlaces con la direcci\u00f3n del Partido Comunista en el exterior.<\/p>\n<p>\u00bfHay alguna evidencia de que la sospecha de Gramsci fuera cierta, de que el grupo dirigente del partido comunista, y con \u00e9l, aunque inconscientemente, Julia Schucht, hayan traicionado a Gramsci, o hay que considerar, m\u00e1s bien, que se trat\u00f3 de una obsesi\u00f3n, de una sospecha infundada? Umberto Terracini, otro de los prisioneros comunistas que recibi\u00f3 igualmente, y en las mismas fechas, la carta de Grieco, ha sido muy expl\u00edcito al respecto: \u201cLa sospecha de Gramsci siempre me pareci\u00f3 incomprensible\u201d<a href=\"#_edn83\" name=\"_ednref83\">[lxxxiii]<\/a>. Esta ha sido tambi\u00e9n la opini\u00f3n del historiador Paolo Spriano, que ha estudiado el asunto con detalle, y de Valentino Gerratana, que se basa en la documentaci\u00f3n donada por Piero Sraffa, la persona que, por sus contactos con unos y con otros, m\u00e1s pudo saber a este respecto.<\/p>\n<p>Queda, desde luego, \u201cla ligereza irresponsable\u201d de 1928 y el hecho de que en lo pol\u00edtico, como en lo dem\u00e1s, Gramsci pens\u00f3 siempre por su cuenta: en 1926, en 1928, en 1930 y en 1933. Pensar por cuenta propia ha sido siempre una cruz, dentro y fuera de los partidos comunistas. Una cruz a\u00fan m\u00e1s pesada en las c\u00e1rceles. Y en la c\u00e1rcel no hay Cirineos para eso. Cabe pocas dudas respecto del hecho de que Gramsci ten\u00eda los Cirineos fuera. Pero su rigor moral \u2014\u201chasta en la bondad hay que ser pr\u00e1cticos\u201d\u2014, su manera de entender la racionalidad en las relaciones personales \u2014\u201cmi modo de actuar y expresar los sentimientos debe ser racional y racionalizado\u201d\u2014 y su car\u00e1cter volitivo \u2014\u201cla voluntad concreta lo es todo\u201d, hab\u00eda escrito\u2014 le confundieron a veces.<\/p>\n<p>Y queda el juicio de Piero Sraffa sobre el absurdo y la enfermedad. Que se puede ampliar. Ampliarlo en forma explicativa supone, con la distancia que da el tiempo transcurrido, distinguir con claridad entre: 1) lo que Gramsci crey\u00f3; 2) la base racional de sus obsesiones; 3) los motivos por los cuales esta base racional convierte la simple sospecha en obsesi\u00f3n; 4) la reconstrucci\u00f3n historiogr\u00e1fica de lo que realmente estaba ocurriendo en el otro mundo, en \u201cel mundo grande y terrible\u201d, en el mundo externo a la c\u00e1rcel; y 5) lo que el bi\u00f3grafo o el historiador cree que hubiera sido m\u00e1s conveniente que ocurriera en aquellas circunstancias. Dejando contraf\u00e1cticos a un lado, uno de los problemas que se plantean al tratar de repensar comprensivamente momentos cr\u00edticos como el que Gramsci tuvo que pasar entre 1932 y 1933 es que cuesta, cuesta mucho, diferenciar entre esas operaciones, de manera que la obsesi\u00f3n del hombre, que en su obsesi\u00f3n sigue pensando y escribiendo en forma luminosa (hay que tener en cuenta que varias de las mencionadas cartas de Gramsci son formalmente excelentes), se convierte en obsesi\u00f3n nuestra.<\/p>\n<p>Y en este punto es importante decir enseguida, para no quedarse en ella, en la obsesi\u00f3n, que en el momento en que Gramsci tuvo ayuda (no s\u00f3lo epistolar, sino la ayuda de la presencia), y encontr\u00f3 en las cl\u00ednicas al menos el reposo que necesitaba, aquellas obsesiones suyas fueron desapareciendo. El problema est\u00e1 en que lo que Gramsci llamaba \u201cayuda concreta\u201d antes de que la enfermedad hiciera crisis, en marzo de 1933, depend\u00eda demasiado de su voluntad de resistencia y autosuperaci\u00f3n moral, de una voluntad que no se correspond\u00eda con el grado de su enfermedad. Pues en esos meses (e incluso despu\u00e9s, aunque ya con menos fuerza) ha llamado \u201cligereza irresponsable\u201d y cosas peores toda tentativa de ayuda que supusiera para \u00e9l p\u00e9rdida de imagen moral, toda tentativa de ayuda que pudiera ser interpretada por los otros como una cesi\u00f3n o como una rendici\u00f3n. Y esto no s\u00f3lo cuando los familiares le propusieron una petici\u00f3n de gracia o en el caso de los frustrados intentos de intercambio de prisioneros, cosa razonable y comprensible, sino tambi\u00e9n en el caso de la ayuda m\u00e9dica, lo que iba a ser m\u00e1s grave para \u00e9l.<\/p>\n<p>Ya esta otra hip\u00f3tesis sugiere que, para entender racionalmente la evoluci\u00f3n de Gramsci desde fuera, no hay que quedarse en lo s\u00f3lo pol\u00edtico, sino dar m\u00e1s importancia a los otros factores: al efecto devastador sobre el v\u00ednculo entre lo sentimental y lo pol\u00edtico de una enfermedad grave, mal diagnosticada y peor tratada, y a las consecuencias de la evoluci\u00f3n de esta enfermedad sobre ciertos rasgos del car\u00e1cter que \u00e9l consideraba permanentes.<\/p>\n<p><b>La transformaci\u00f3n molecular<\/b><\/p>\n<p>Una de las cosas que m\u00e1s llaman la atenci\u00f3n en las cartas que Gramsci ha escrito a los pr\u00f3ximos, desde la c\u00e1rcel de Turi de Bari, es la cantidad de veces que, al referirse a su car\u00e1cter y a sus convicciones, emplea los adverbios \u201csiempre\u201d y \u201cnunca\u201d. Y la contundencia con que los usa. Se ve a s\u00ed mismo como un hombre que siempre ha sido eminentemente pr\u00e1ctico; que siempre ha sido volitivo y siempre ha puesto la voluntad concreta en primer plano; que siempre ha sido pesimista con la inteligencia y optimista con la voluntad, sabiendo que pesimismo y optimismo son simples y vulgares estados de \u00e1nimo; que siempre ha tenido una paciencia ilimitada; que siempre se ha propuesto fines discretos y alcanzables por autoconciencia de los propias limitaciones; que nunca ha sido ego\u00edsta porque ha dado en su vida al menos tanto como ha recibido; que siempre ha sabido vivir en soledad y nunca ha necesitado aportaci\u00f3n externa de fuerzas morales para sobrevivir; que nunca habla del aspecto negativo de su vida, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>A medida que la enfermedad avanza, sin embargo, estos \u201csiempre\u201d y estos \u201cnunca\u201d aparecen entrelazados ya con rectificaciones amargas o, las m\u00e1s de las veces, matizados por el uso del pret\u00e9rito perfecto: he sido as\u00ed, pero ya no puedo ser as\u00ed. En mayo de 1932 ha escrito: \u201cYo soy un sardo sin complicaciones psicol\u00f3gicas\u201d. Pero enseguida corrige: \u201cDeber\u00eda decir que he sido un sardo sin complicaciones, porque ahora ya no lo soy. Una cierta dosis de complicaciones debe haber turbado tambi\u00e9n mi psicolog\u00eda\u201d. El 6 de febrero de 1933 dice a Tatiana que ya no puede ser paciente. Y el 29 de mayo, consciente ya de la gravedad de la enfermedad, rectifica incluso su autodefinici\u00f3n favorita: \u201cHasta hace poco tiempo yo era, por as\u00ed decirlo, pesimista con la inteligencia y optimista con la voluntad. Hoy ya no pienso as\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Este cambio es lo que m\u00e1s conmueve cuando se sigue la evoluci\u00f3n de un hombre que ha hecho de la voluntad de resistencia el sentido de su vida y que al mismo tiempo est\u00e1 escribiendo notas interesant\u00edsimas de teor\u00eda pol\u00edtica, de filosof\u00eda, de costumbres, de filolog\u00eda. Pero seguramente lo que mejor expresa el cambio psicol\u00f3gico que se estaba produciendo en Gramsci es la comparaci\u00f3n entre sus anteriores met\u00e1foras (la de los marineros de Nansen, la del observador del acuario) y la par\u00e1bola con que quiere describir su situaci\u00f3n en marzo de 1933, precisamente una semana antes de la confirmaci\u00f3n de la gravedad de su enfermedad.<\/p>\n<p>Gramsci est\u00e1n pensando entonces en \u201clas cat\u00e1strofes del car\u00e1cter\u201d. Se pregunta qu\u00e9 tiene que ocurrir para que personas normales, v\u00edctimas de un naufragio, acaben aceptando la idea del canibalismo y la pongan en pr\u00e1ctica. Y se contesta a s\u00ed mismo que entre el momento en que, durante el naufragio, el canibalismo se presenta como pura hip\u00f3tesis y el momento en que para algunos pasa a convertirse en una necesidad inmediata se ha producido un proceso r\u00e1pido de \u201ctransformaci\u00f3n molecular\u201d: son y no son las mismas personas que tal vez hayamos conocido. Canibalismo aparte \u2014concluye\u2014 algo parecido le est\u00e1 ocurriendo a \u00e9l: lo que siente es un \u201cdesdoblamamiento de la personalidad\u201d por el que una parte de s\u00ed mismo observa el proceso y la otra lo sufre, con la particularidad, en su caso, de que la parte observadora, la que rige el autocontrol, se da cuenta de la precariedad de su estado y prev\u00e9 que est\u00e1 pr\u00f3ximo el momento en que su funci\u00f3n desaparecer\u00e1, y con la consecuencia de que entonces la personalidad se metamorfosear\u00e1 en un individuo nuevo con impulsos, iniciativas y modos de pensar distintos de los del individuo que fue.<\/p>\n<p>Hasta ah\u00ed el s\u00edmil. De la importancia que Gramsci ha dado a esta observaci\u00f3n sobre el desdoblamiento de la personalidad y las cat\u00e1strofes del car\u00e1cter dice mucho el hecho de que \u00e9sta es una de las pocas cosas comunicadas en las cartas que aparece tambi\u00e9n en los cuadernos y, significativamente, bajo el r\u00f3tulo \u201cnotas autobiogr\u00e1ficas\u201d. Se ha aludido muchas veces a esta circunstancia desde que Valentino Gerratana llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre la coincidencia. Pero tal vez no se ha insistido lo suficiente en que lo m\u00e1s preocupante de esta l\u00facida par\u00e1bola introspectiva, y al mismo tiempo lo m\u00e1s relevante para entender la relaci\u00f3n entre la \u201ccat\u00e1strofe del car\u00e1cter\u201d y las sospechas y obsesiones antes mencionadas, es la moraleja que Gramsci quiere sacar de ella. Uno esperar\u00eda, en tal situaci\u00f3n, y antes de verse abocado al \u201ccanibalismo\u201d, petici\u00f3n de ayuda en el momento mismo del naufragio. Pero Gramsci infiere de su met\u00e1fora introspectiva esta otra conclusi\u00f3n, que llama pr\u00e1ctica: \u201cEs preciso que durante un cierto tiempo yo no escriba a nadie, ni siquiera a ti [a Tatiana] m\u00e1s que las desnudas y crudas noticias sobre los hechos de la existencia\u201d<a href=\"#_edn84\" name=\"_ednref84\">[lxxxiv]<\/a>. Y cuando Tatiana intenta ayudar al n\u00e1ufrago, haciendo gestiones ante el tribunal especial para una reducci\u00f3n de la pena, el mismo n\u00e1ufrago objeta que ella no ha entendido el sentido de la met\u00e1fora, pues actuar de este modo es como si en la urgencia para socorrer al que se est\u00e1 ahogando uno se preocupara de buscarle otra profesi\u00f3n en la que no tuviera que pasar por el riesgo de caer al agua.<a href=\"#_edn85\" name=\"_ednref85\">[lxxxv]<\/a><\/p>\n<p>Es el mismo tipo de reacci\u00f3n que hab\u00eda tenido cuando, en Tur\u00edn, se le hizo presente \u201cel peso desequilibrante del cerebro\u201d: aislarse y concentrarse en el estudio. Y no es casual que cuando la enfermedad hizo crisis Gramsci haya vuelto varias veces a la comparaci\u00f3n con situaciones (1916, 1922) que en principio cree similares para tratar de obtener fortaleza del recuerdo de su reacci\u00f3n en ellas. A pesar de las horas que ha dedicado a observar la evoluci\u00f3n de su enfermedad y de las p\u00e1ginas que ha dedicado a transmitir sus sensaciones, le ha costado mucho tiempo admitir que esta vez, en 1933, no se trataba s\u00f3lo de un problema de nervios. Incluso despu\u00e9s de tener un diagn\u00f3stico serio y habiendo ya aceptado la necesidad de ser trasladado a una cl\u00ednica, en los pocos momentos en que ha observado cierta recuperaci\u00f3n, ha vuelto a hacerse la ilusi\u00f3n de que, en el deterioro f\u00edsico, segu\u00eda dominando todav\u00eda la vaguedad aquella de \u201cla anemia cerebral\u201d que un d\u00eda le diagn\u00f3stico un m\u00e9dico de Tur\u00edn.<\/p>\n<p>Pero la descripci\u00f3n, a veces detallad\u00edsima, de sus males, de sus dolores y de sus sufrimientos, estaba indicando otra cosa. Primero percibe su mal como algo f\u00edsico que no consigue dominar y que le obliga a hacer un esfuerzo que le altera psicosom\u00e1ticamente de modo incre\u00edble. Luego describe la principal de sus consecuencias psicol\u00f3gicas: la obsesi\u00f3n, o sea, el hecho de que el sufrimiento mismo hace olvidar que el noventa y nueve por ciento del mal se debe a causas de fuerza mayor, independientes de la propia voluntad o de las personas a las quiere, para acabar present\u00e1ndosele siempre como si el otro uno por ciento, lo que hacen y dicen las personas queridas, fuera la causa \u00fanica o mayor de sus males.<a href=\"#_edn86\" name=\"_ednref86\">[lxxxvi]<\/a> Poco despu\u00e9s reconoce que ha entrado en una fase catastr\u00f3fica de su vida y que le parece que se est\u00e1 volviendo loco: tiene crisis de llanto y miedo a entrar en una fase de delirio. En este punto introduce otra rectificaci\u00f3n importante: \u201cNo cre\u00eda que lo f\u00edsico pudiera apoderarse hasta este punto de las fuerzas morales\u201d. Es el principio de la \u201ctransformaci\u00f3n molecular\u201d. Pero todav\u00eda sigue creyendo que lo mejor en su caso es el aislamiento.<a href=\"#_edn87\" name=\"_ednref87\">[lxxxvii]<\/a><\/p>\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de la crisis de marzo y de la visita del doctor Arcangeli, Gramsci se ha dado cuenta de que sus frecuentes insomnios, sus dolores de cabeza y su continuada irritabilidad ten\u00edan que tener otra causa que la gen\u00e9rica \u201canemia cerebral\u201d. Reconoce entonces que lo que le est\u00e1 pasando es distinto de lo que ha tenido que sufrir a\u00f1os atr\u00e1s. Se siente como \u201celectrizado\u201d: ha tenido escalofr\u00edos, v\u00f3mitos, convulsiones y alucinaciones, insuficiencia card\u00edaca, ataques que no puede controlar, tics en brazos y piernas. Aun as\u00ed parece que Gramsci no ha dado demasiado importancia a la tuberculosis pulmonar ni al mal de Pott. Su estado ps\u00edquico le preocupa m\u00e1s y no acaba de establecer relaci\u00f3n entre la arterioescleroris y lo que est\u00e1 ocurriendo en su cerebro, como si, efectivamente, en el desdoblamiento \u201ccanibalesco\u201d de la personalidad, \u00e9l mismo estuviera luchando para que el individuo que fue no se convierta en un individuo \u201cnuevo\u201d incontrolado. Describe entonces su propia \u201ctransformaci\u00f3n molecular\u201d con un esfuerzo anal\u00edtico que tuvo que costarle nuevos sufrimientos: \u201cEstoy en un estado de obsesi\u00f3n ps\u00edquica del que no logro liberarme de ning\u00fan modo. Y los esfuerzos que hago en este sentido (porque se ve que todav\u00eda no he perdido completamente el equilibrio) aumentan la obsesi\u00f3n hasta ponerme fren\u00e9tico\u201d<a href=\"#_edn88\" name=\"_ednref88\">[lxxxviii]<\/a>. Viendo, sin embargo, que ninguna de las gestiones en curso para su liberaci\u00f3n daban fruto, en julio de 1933 Gramsci ha acabado aceptando la idea (no sin manifestar reticencias por el costo) de que s\u00f3lo podr\u00eda mejorar en una cl\u00ednica. Desde entonces a\u00fan ha tenido que sufrir cuatro meses m\u00e1s en la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p><b>Verdad y medicina<\/b><\/p>\n<p>Desde las cl\u00ednicas por las que pas\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida Gramsci ha escrito todav\u00eda bastantes cartas, de las que se han conservado medio centenar, la mayor\u00eda de ellas de 1936 y 1937. Casi todas est\u00e1n dirigidas a Julia Schucht y a los hijos, Delio y Giuliano. La correspondencia escrita con Tatiana se interrumpi\u00f3 casi por completo porque Tatiana pod\u00eda verle semanalmente en la cl\u00ednica de Formia y con m\u00e1s frecuencia a\u00fan cuando fue trasladado a la cl\u00ednica Quisisana, de Roma. Tambi\u00e9n le visit\u00f3 varias veces, en Formia y en Roma, Piero Sraffa.<\/p>\n<p>Durante la estancia en Formia la salud de Gramsci no mejor\u00f3. Ten\u00eda ya afectados el ri\u00f1\u00f3n, los pulmones y el vientre, aunque los ex\u00e1menes radiol\u00f3gicos para confirmar la tuberculosis fueron negativos. Estaba debil\u00edsimo, con fiebre constante, ten\u00eda vah\u00eddos, doble visi\u00f3n, el vientre muy hinchado, dolores agudos en las articulaciones y segu\u00eda sin poder dormir. Una nueva visita m\u00e9dica aclar\u00f3 que sus males ps\u00edquicos, la aton\u00eda cerebral y lo que \u00e9l llamaba \u201ccrisis neurast\u00e9nicas\u201d, eran efectos derivados de la afecci\u00f3n renal y de la hipertensi\u00f3n. Pero el reposo, los cuidados y el ambiente de la cl\u00ednica, tan distinto de la celda carcelaria, serenaron relativamente a Gramsci. Sigui\u00f3 con cierta intranquilidad las gestiones jur\u00eddicas para la obtenci\u00f3n de la libertad condicional y las gestiones diplom\u00e1ticas para su liberaci\u00f3n (que se reanudaron, sin \u00e9xito, en 1934), pero sin las obsesiones del a\u00f1o anterior.<a href=\"#_edn89\" name=\"_ednref89\">[lxxxix]<\/a><\/p>\n<p>En 1934 la relaci\u00f3n con Julia se invirti\u00f3. Ahora era Julia la que escrib\u00eda y Antonio quien no contestaba a sus cartas, dejando a Tatiana la comunicaci\u00f3n de noticias. De ese a\u00f1o s\u00f3lo se ha conservado una carta suya, dirigida a la madre. Gramsci a\u00fan no sab\u00eda que su madre hab\u00eda muerto el 30 de diciembre de 1932. Cuando lo supo se irrit\u00f3 porque le hubieran ocultado la noticia. En octubre, qued\u00f3 en libertad vigilada y por primera vez pudo salir a pasear por Formia. Hasta octubre apenas pudo trabajar en los cuadernos, pero estando en Formia a\u00fan volvi\u00f3 a hacer planes: reorden\u00f3 parte de lo que hab\u00eda escrito en la c\u00e1rcel de Turi y a\u00f1adi\u00f3 algunas notas, reflexiones y comentarios. Varias de estas notas ponen de manifiesto que mantuvo sus convicciones revolucionarias hasta el final.<a href=\"#_edn90\" name=\"_ednref90\">[xc]<\/a><\/p>\n<p>Ya en la cl\u00ednica Quisisana, de Roma, adonde lleg\u00f3 el 24 de agosto de 1935, Gramsci reanud\u00f3 la correspondencia con Julia. Aunque se sent\u00eda agotado y muy excitado, Gramsci volvi\u00f3 a repetir (para Julia y para \u00e9l mismo) su palabra de siempre: resistir y tratar de adquirir fuerzas. Enseguida encontr\u00f3 similitudes entre su estado de \u00e1nimo y el Julia y bas\u00f3 en esta impresi\u00f3n suya la petici\u00f3n reiterada para que Julia hiciera el viaje a Italia y reanudar as\u00ed los v\u00ednculos que les hab\u00edan unido. Aunque tampoco tienen el humor de anta\u00f1o ni est\u00e1n dictadas por las efusiones del enamoramiento, estas cartas, serenas y tiernas, se han librado ya de la inhibici\u00f3n que le produc\u00eda la vigilancia de terceras personas y recuerdan a veces, por su tono, el epistolario de Viena: \u201cTe he esperado siempre, querida, y tu has sido siempre uno de los elementos esenciales de mi vida, incluso cuando no te escrib\u00eda porque no sab\u00eda qu\u00e9 escribirte ni c\u00f3mo escribirte. [&#8230;] Estoy poniendo en lo que te escribo toda mi ternura, aunque \u00e9sta no queda reflejada en las palabras escritas\u201d<a href=\"#_edn91\" name=\"_ednref91\">[xci]<\/a>.<\/p>\n<p>Ante las dudas de Julia sobre el viaje a Italia Gramsci ha cre\u00eddo que no deb\u00eda imponer o condicionar su decisi\u00f3n y que lo mejor para eso era eliminar toda complicaci\u00f3n morbosa y todo sentimentalismo obsesionante. Por eso plante\u00f3 el reencuentro en t\u00e9rminos de amistad: \u201cYo soy un amigo tuyo, esencialmente, y tengo necesidad de hablar contigo como se habla entre amigos, con franqueza y sin prejuicios\u201d. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando pasan los meses y Julia no se decide a viajar Gramsci se siente mal: \u201cPorque tambi\u00e9n yo debo tomar decisiones y estoy irresuelto, a la espera de lo que t\u00fa decidas, positiva o negativamente\u201d. En esas condiciones, en junio de 1936, se atreve a comunicar a Julia los malos pensamientos que le pasaron por la cabeza en los a\u00f1os de c\u00e1rcel. Repite la pregunta que se hizo entonces: \u201c\u00bfQui\u00e9n me ha condenado a la c\u00e1rcel, es decir, a hacer esta determinada vida de este determinado modo\u201d. Y da una respuesta que confirma la enorme distancia que existe entre hacerse la pregunta aguijoneado por la obsesi\u00f3n, el dolor y las constricciones de la c\u00e1rcel, y hac\u00e9rsela, aunque sea igualmente enfermo pero cuidado por otros y en libertad. Sugiere entonces Gramsci, sin acritud, que circunstancias que no son la causa principal del estado al que se ha llegado pueden sentirse con m\u00e1s fuerza que ese acto principal que condujo a la situaci\u00f3n mala. Y corta la queja con una f\u00f3rmula muy alejada de la que emple\u00f3 en la terrible carta a Tatiana de 1933: \u201cQuiero decirte, en definitiva, que tu incertidumbre determina mi incertidumbre y que tienes que ser fuerte y valiente para darme toda la ayuda posible, lo mismo que yo querr\u00eda hacer por ti, aunque desgraciadamente no puedo\u201d<a href=\"#_edn92\" name=\"_ednref92\">[xcii]<\/a>.<\/p>\n<p>Aquel Gramsci, muy enfermo pero libre, acariciaba entonces la idea de volver a su Cerde\u00f1a natal y cerrar as\u00ed, definitivamente, todo un ciclo de su vida. Pero no quer\u00eda tomar la decisi\u00f3n sin saber antes qu\u00e9 iba a hacer Julia. Tambi\u00e9n esto, esta manera de actuar, permite entender mejor sus razones cuando, a\u00f1os atr\u00e1s, se plante\u00f3 \u201cliberarla del v\u00ednculo\u201d. Lo que le da\u00f1aba psicol\u00f3gicamente era que su vida dependiera, de forma burocr\u00e1tica, no s\u00f3lo y especialmente de aquella parte de la cual no pod\u00eda esperar nada bueno sino, precisamente, de la parte de la que algo bueno espera. Julia Schucht no acaba de entender aquello de \u201cacabar un ciclo de la vida\u201d y Antonio Gramsci no acaba de encontrar la forma de decir \u201cel sentido profundo\u201d de lo que quiere decir. Cuando ella insin\u00faa que puede ir a Italia, \u00e9l suscita una dificultad: se siente d\u00e9bil, pero no quiere imponer, no quiere condicionar. As\u00ed nace el \u00faltimo equ\u00edvoco de aquella relaci\u00f3n sentimental.<\/p>\n<p>Y del equ\u00edvoco vuelve a brotar el Gramsci de los adverbios contundentes, el Gramsci que, en el di\u00e1logo afectivo, nos quiere aparentar debilidad moral y lleva las cosas a situaciones extremas. Le preocupa que, al hablar de un retiro en Cerde\u00f1a, en el que su aislamiento aumentar\u00eda, ella piense que sus sentimientos expresan alg\u00fan tipo de pesimismo \u201chist\u00f3rico\u201d. Ese tipo de pesimismo sigue sin ser el suyo. Y cuando ella dice que est\u00e1 segura de poder hablarle \u201cde todo\u201d, ya en pol\u00e9mica con esta supuesta seguridad, vuelve a ratificar su concepto de la veracidad frente a la comedia de los equ\u00edvocos:<\/p>\n<p>Siempre he sido de la opini\u00f3n de que la verdad lleva en s\u00ed su propia medicina y, en cualquier caso, es preferible al silencio prolongado, el cual, entre otras cosas, es adem\u00e1s ofensivo y degradante, porque quien calla acerca de algo que puede producir dolor parece estar convencido de que la otra parte no comprende que el silencio mismo tiene un significado, y no s\u00f3lo eso, sino que es capaz de pensar que el silencio pueda ocultar cosas todav\u00eda m\u00e1s graves que las que se pretende callar. Haya, pues, verdad, claridad y sinceridad en nuestras relaciones.<a href=\"#_edn93\" name=\"_ednref93\">[xciii]<\/a><\/p>\n<p>La verdad lleva en s\u00ed su propia medicina, efectivamente. Cuando Tatiana le entrega en la cl\u00ednica las cartas que Julia le escribi\u00f3 en el a\u00f1o malo de 1933 Gramsci relaciona aquel ocultamiento con el silencio de los pr\u00f3ximos sobre la muerte de la madre, se deja ir brevemente a la efusi\u00f3n de los sentimientos, bordea una reflexi\u00f3n sobre la zona de las \u201cocasiones perdidas\u201d, pero enseguida se declara de una \u201chipersensibilidad morbosa\u201d y dice no poder escribir sobre ciertos temas. A continuaci\u00f3n pasa a hablar de los hijos. En enero del 1937 Gramsci hizo el \u00faltimo intento para convencer a Julia de que viajara a Italia. Dice entonces sentirla como parte de s\u00ed mismo, pero que nada puede sustituir la impresi\u00f3n directa. Es su \u00faltima confesi\u00f3n y su pen\u00faltimo adverbio, ahora atribuido a ella sobre \u00e9l: \u201cCreo que tu siempre has sabido que hay en m\u00ed una dificultad grande, muy grande, para exteriorizar los sentimientos y esto puede explicar muchas cosas ingratas\u201d. En su \u00faltima carta conservada, de enero de 1937, Gramsci subrayaba todav\u00eda una palabra que ha sido esencial en su vida: quiero. Quer\u00eda, con motivos de su cumplea\u00f1os, una hermosa fotograf\u00eda de ella y los hijos.<a href=\"#_edn94\" name=\"_ednref94\">[xciv]<\/a><\/p>\n<p>Los \u00faltimos meses de Gramsci, como toda su vida desde 1922, han estado marcados por la divisi\u00f3n del alma entre sentimiento y pol\u00edtica, amor y revoluci\u00f3n. La idea de que la cualidad revolucionaria no puede reducirse al mero instinto de la rebeli\u00f3n, sino que depende del otro querer, del v\u00ednculo afectivo y amoroso con personas realmente existentes, o sea, de los lazos sentimentales que aproximan a los miembros de las clases oprimidas y a quienes, sin pertenecer a ellas, se sienten solidarios, no fue una ocurrencia compulsivamente elaborada en los d\u00edas del enamoramiento. Esa idea le acompa\u00f1\u00f3 hasta final. Descartado el viaje de Julia a Italia, Gramsci pidi\u00f3 a Tatiana y a su familia en Cerde\u00f1a que hicieran gestiones para encontrar una casa en Santu Lussurgiu, en las cercan\u00edas del pueblo en que \u00e9l hab\u00eda nacido. Pero luego cambi\u00f3 de opini\u00f3n. En abril, en el \u00faltimo coloquio que tuvo con el amigo Piero Sraffa, manifest\u00f3 su deseo de ser expatriado a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.<a href=\"#_edn95\" name=\"_ednref95\">[xcv]<\/a> Sraffa hizo la petici\u00f3n formal desde Mil\u00e1n el 18 de abril. Una semana despu\u00e9s Gramsci tuvo una hemorragia cerebral y muri\u00f3.<\/p>\n<p>__________<\/p>\n<p>*De: <b>Leyendo a Gramsci<\/b>, El viejo topo, Barcelona, 2001<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[i]<\/a> G. Fiori, <i>Vita di Antonio Gramsci<\/i>, Laterza, Roma-Bari, 1966; A. Lepre, <i>Il<\/i> prigioniero<i>. Vita di Antonio Gramsci<\/i>, Laterza, Roma-Bari, 1998. De la biograf\u00eda de Fiori se han hecho varias reimpresiones en Italia y ha sido traducida a la mayor\u00eda de las lenguas europeas. La biograf\u00eda de Lepre incorpora cartas, documentos y testimonios que fueron dados a conocer en las \u00faltimas d\u00e9cadas y que aclaran algunos puntos oscuros sobre las opiniones de Gramsci entre 1926 y 1937.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref2\" name=\"_edn2\">[ii]<\/a> Para m\u00e1s detalles sobre estos trabajos v\u00e9ase \u201cGu\u00eda para la lectura de Gramsci\u201d, p\u00e1g. <b>000<\/b>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref3\" name=\"_edn3\">[iii]<\/a> G. Fiori, <i>Gramsci, Togliatti, Stalin<\/i>, Laterza, Roma-Bari, 1991.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref4\" name=\"_edn4\">[iv]<\/a> A. Gramsci, <i>Lettere. 1908-1926<\/i>, al cuidado de A. A. Santucci, Einaudi, Tur\u00edn, 1992.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref5\" name=\"_edn5\">[v]<\/a> <i>Lettere. 1908-1926<\/i>, edici\u00f3n Santucci, p\u00e1g. 84.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref6\" name=\"_edn6\">[vi]<\/a> A. Gramsci, <i>Forse rimarrai lontana. Lettere a Iulca. <\/i><i>1922-1937<\/i>, Editori Riuniti, Roma, 1987 (traducci\u00f3n castellana: <i>Cartas a Yulca<\/i>, Cr\u00edtica, Barcelona, 1989).<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref7\" name=\"_edn7\">[vii]<\/a> A. Gramsci, <i>Lettere dal carcere,<\/i> al cuidado de A. A. Santucci, Sellerio Editore, Palermo, 1996, dos vol\u00famenes (el primero con las cartas de 1926 a 1930 y el segundo con las cartas de 1931 a 1937).<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref8\" name=\"_edn8\">[viii]<\/a> La publicaci\u00f3n de la correspondencia entre Tatiana Schucht y Piero Sraffa ha zanjado muchas de especulaciones acerca de la esta relaci\u00f3n. Cf. P. Sraffa<i>, Lettere a Tania per Gramsci<\/i>. Introducci\u00f3n de Valentino Gerratana. Editori Riuniti, Roma, 1991.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref9\" name=\"_edn9\">[ix]<\/a> A. Cambria, <i>Amore como rivoluzione<\/i>, Sugarco Edizioni, Mil\u00e1n, 1976.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref10\" name=\"_edn10\">[x]<\/a> Bertolt Brecht, \u201cA los hombres futuros\u201d, traducci\u00f3n castellana de Jes\u00fas L\u00f3pez Pacheco y Vicente Romano, en <i>Poemas y canciones<\/i>, Alianza Editorial, Madrid, 1968.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref11\" name=\"_edn11\">[xi]<\/a> V\u00e9ase, adem\u00e1s de las biograf\u00edas citadas, <i>Gramsci vivo nelle testimonianze dei suoi contemporanei<\/i>, al cuidado de Mimma Paulesu Quercioli, con un pr\u00f3logo de G. Fiori, Feltrinelli, Mil\u00e1n, 1977.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref12\" name=\"_edn12\">[xii]<\/a><i>Lettere. 1908-1926<\/i>, edici\u00f3n citada, p\u00e1gs. 271-272 (traducci\u00f3n castellana en <i>Cartas a<\/i> <i>Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 61)<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref13\" name=\"_edn13\">[xiii]<\/a> Andrea Viglongo en <i>Gramsci vivo<\/i>, cit., p\u00e1gs. 166-167. Lo recoge tambi\u00e9n G. Fiori en \u201cL\u2019universo affettivo di Nino\u201d, <i>Gramsci, Togliatti, Stalin<\/i>, cit., p\u00e1g. 109.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref14\" name=\"_edn14\">[xiv]<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 52.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref15\" name=\"_edn15\">[xv]<\/a> Informan sobre las biograf\u00edas de las hermanas Schucht (Eugenia, Julia y Tatiana): A. Cambria en <i>Amore come rivoluzione<\/i>, cit.; G. Fiori, en \u201cL\u2019universo affettivo di Nino\u201d, cit., p\u00e1gs. 109-140; A. Natoli, <i>Antigone e il prigioniero<\/i>, Editori Riuniti, Roma, 1990; y Mimma Paulesu Quercioli en su edici\u00f3n de las cartas de Gramsci a Julia.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref16\" name=\"_edn16\">[xvi]<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 94.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref17\" name=\"_edn17\">[xvii]<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 50-51.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref18\" name=\"_edn18\">[xviii]<\/a> En A. Cambria, <i>Amore come rivoluzione<\/i>, cit., p\u00e1gs. 20-23. Sobre la personalidad de Julia Schucht v\u00e9ase tambi\u00e9n M. Paulesu Quercioli, \u201cRecuerdo de Julia\u201d, donde se reproduce una entrevista a Vincenzo Bianco, que fue testigo directo de la relaci\u00f3n de Julia con Antonio en Mosc\u00fa, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 16-19.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref19\" name=\"_edn19\">[xix]<\/a> <i>Cartas Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 52.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref20\" name=\"_edn20\">[xx]<\/a> El testimonio de V. Bianco en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 17. Bianco dice que Gramsci <b>le dijo \u201chacia el mes de septiembre\u201d que Julia \u201cestaba en estado interesante\u201d.<\/b> Esto no cuadra con la fecha de nacimiento del primer hijo de Julia, en agosto de 1924; tampoco cuadra con la fecha de la hermosa carta, ya desde Viena, en que Gramsci se refiere a la noticia, reciente, de que Julia estaba embarazada: principios de marzo de 1924.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref21\" name=\"_edn21\">[xxi]<\/a> El epistolario de Viena, excluidas las cartas a Julia Schucht, ocupa doscientas p\u00e1ginas en la edici\u00f3n de Santucci., <i>Lettere. 1908-1926<\/i>, cit., p\u00e1gs. 132-350. V\u00e9ase tambi\u00e9n G. Somai, <i>Gramsci a Vienna. Ricerche e documenti. 1922-1924<\/i>, Argal\u00eda, Urbino, 1979.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref22\" name=\"_edn22\">[xxii]<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 59.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref23\" name=\"_edn23\">[xxiii]<\/a> Carta del 5 de enero de 1937 a Julia Schucht, en <i>Cartas a Yulca,<\/i> cit., p\u00e1g. 213.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref24\" name=\"_edn24\">[xxiv]<\/a> <i>Cartas a Yulc<\/i>a, cit., p\u00e1gs. 57-58.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref25\" name=\"_edn25\">[xxv]<\/a> Carta del 15 de enero de 1925, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 112-113.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref26\" name=\"_edn26\">[xxvi]<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 61-63.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref27\" name=\"_edn27\">[xxvii]<\/a> El mismo Gramsci hab\u00eda escrito a Palmiro Togliatti el 27 de enero de 1924: \u201cNo te oculto que en estos dos a\u00f1os que he permanecido fuera de Italia me he vuelto muy pesimista\u201d (<i>Lettere. 1908-1926<\/i>, ed. Santucci, cit., p\u00e1g. 215).<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref28\" name=\"_edn28\">[xxviii]<\/a> Carta del 15 de marzo de 1924, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 65.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref29\" name=\"_edn29\">[xxix]<\/a> Carta del 21 de julio de 1924, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 82.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref30\" name=\"_edn30\">[xxx]<\/a> Desde el asesinato de Matteotti el 10 de junio de 1924, y durante algunos meses, Gramsci pens\u00f3, como muchos otros antifascistas, que el r\u00e9gimen establecido por Mussolini tocaba a su fin. Escribi\u00f3 a Julia: \u201cEl volc\u00e1n ha entrado en erupci\u00f3n liberando una inmensa lengua de lava ardiente que ya ha invadido todo el pa\u00eds alejando todo y a todos del fascismo\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref31\" name=\"_edn31\">[xxxi]<\/a> \u201cMe disgusta much\u00edsimo no haber podido ir, pero mi presencia aqu\u00ed era indispensable dada la situaci\u00f3n. La compa\u00f1era [Schucht] es una comunista y tiene que haber comprendido esto, estoy seguro\u201d. (Carta a Vincenzo Bianco, del 30 de junio de 1924, en <i>Lettere. 1908-1926<\/i>, cit., p\u00e1g. 132.)<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref32\" name=\"_edn32\">[xxxii]<\/a> Carta del 6 de octubre de 1924, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 93.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref33\" name=\"_edn33\">[xxxiii]<\/a> Carta del 6 de octubre de 1924, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 92.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref34\" name=\"_edn34\">[xxxiv]<\/a> Carta del 26 de noviembre de 1924, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 99.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref35\" name=\"_edn35\">[xxxv]<\/a> Carta del 10 de noviembre de 1924, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 95-96.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref36\" name=\"_edn36\">[xxxvi]<\/a> Carta del 9 de junio de 1925, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 109.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref37\" name=\"_edn37\">[xxxvii]<\/a> Carta del 1\u00ba de julio de 1925, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 108-109.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref38\" name=\"_edn38\">[xxxviii]<\/a> Carta del 12 de julio de 1925, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., <b>???<\/b><\/p>\n<p><a href=\"#_ednref39\" name=\"_edn39\">[xxxix]<\/a> Carta del 15 de agosto de 1925; en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 112-113.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref40\" name=\"_edn40\">[xl]<\/a> Carta del 15 de septiembre de 1926, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 116.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref41\" name=\"_edn41\">[xli]<\/a> Carta del 15 de enero de 1927, en <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 124.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref42\" name=\"_edn42\">[xlii]<\/a> Carta del 7 de enero de 1927, en <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, cit., p\u00e1g. 34.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref43\" name=\"_edn43\">[xliii]<\/a> Carta del 18 de abril de 1927, en <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, cit., p\u00e1g. 74.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref44\" name=\"_edn44\">[xliv]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 80 y 117-118.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref45\" name=\"_edn45\">[xlv]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 170 y 191.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref46\" name=\"_edn46\">[xlvi]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 117-118.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref47\" name=\"_edn47\">[xlvii]<\/a> Detalles sobre esta elecci\u00f3n en P. Spriano, <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, L\u00b4Unit\u00e0, Roma, 1988; en A. Natoli, <i>Antigona e il priggioniero<\/i>, Editori Riuniti, Roma, 1990; en la Introducci\u00f3n de V. Gerratana a P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, Editori Riuniti, Roma, 1991; y en A. Lepre, <i>Il prigioniero. Vita di Antonio Gramsci<\/i>, Laterza, Bari-Roma, 1998.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref48\" name=\"_edn48\">[xlviii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 80 y 83.<\/p>\n<p>[xlix]<i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 113, 141, 198 y 199.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref50\" name=\"_edn50\">[l]<\/a><i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 42-43.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref51\" name=\"_edn51\">[li]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 68-69.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref52\" name=\"_edn52\">[lii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 163-164; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 134.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref53\" name=\"_edn53\">[liii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 186; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 135.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref54\" name=\"_edn54\">[liv]<\/a> Est\u00e1 reproducida en P. Spriano, <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, cit., p\u00e1gs. 135-137. Empieza con un p\u00e1rrafo afectuoso y solidario, en el que Grieco pide a Gramsci noticias sobre su estado de salud; en los p\u00e1rrafos siguientes, y aun a sabiendas de que puede incurrir en una infracci\u00f3n de las normas carcelarias, Grieco da noticia de la luchas internas en el partido comunista ruso, de sus repercusiones en los partidos comunistas europeos y comenta la situaci\u00f3n internacional; luego anuncia Gramsci que, con Togliatti, tiene el proyecto de publicar una selecci\u00f3n de art\u00edculos suyos; y termina pidi\u00e9ndole que le escriba al hotel Lux, en Mosc\u00fa. El tono es amistoso y, en alg\u00fan paso, jocoso.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref55\" name=\"_edn55\">[lv]<\/a> La documentaci\u00f3n disponible (procedente de los archivos de la URSS) sobre las gestiones secretas con el Vaticano, entre septiembre de 1927 y enero de 1928, para un intercambio de prisioneros, est\u00e1 en <i>L\u2019ultima ricerca di Paolo Spriano<\/i>, L\u2019Unit\u00e0, Roma, 1988, p\u00e1gs. 15-21.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref56\" name=\"_edn56\">[lvi]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 448.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref57\" name=\"_edn57\">[lvii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 197 y 200.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref58\" name=\"_edn58\">[lviii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 361.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref59\" name=\"_edn59\">[lix]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 605 y 609.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref60\" name=\"_edn60\">[lx]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 625.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref61\" name=\"_edn61\">[lxi]<\/a> En esos d\u00edas el m\u00e9dico de la c\u00e1rcel ha calificado su mal con las mismas palabras que muchos a\u00f1os antes hab\u00eda empleado el m\u00e9dico que le visit\u00f3 en Tur\u00edn: \u201canemia o debilidad cerebral\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref62\" name=\"_edn62\">[lxii]<\/a> Gramsci se refiere a esto en una carta a Tatiana escrita el 23 de abril de 1923. V\u00e9asela en <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 697-699.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref63\" name=\"_edn63\">[lxiii]<\/a> V. Gerratana, \u201cGramsci e Sraffa\u201d, introducci\u00f3n a P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1g. XXXI y ss.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref64\" name=\"_edn64\">[lxiv]<\/a> Eso da pie al t\u00edtulo del libro de A. Natoli, <i>Antigone e il prigioniero<\/i> (cuyo subt\u00edtulo es \u201cTania Schucht lucha por la vida de Gramsci\u201d), Editori Riuniti, Roma, 1990.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref65\" name=\"_edn65\">[lxv]<\/a> A. Lepre aborda con sensibilidad este asunto en el cap\u00edtulo titulado \u201cUn inestricabile groviglio di pubblico e privato\u201d, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1gs. 131-137.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref66\" name=\"_edn66\">[lxvi]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 332-333.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref67\" name=\"_edn67\">[lxvii]<\/a> Cf. <i>Nuove lettere di Antonio Gramsci con altre lettere di Piero Sraffa<\/i>, al cuidado de Antonio A. Santucci. Pr\u00f3logo de Nicola Badaloni, Editori Riuniti, Roma, 1986, particularmente las p\u00e1ginas 57 a 76; y tambi\u00e9n la correspondencia de Piero Sraffa con Tatiana Schucht, editada por Valentino Gerratana.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref68\" name=\"_edn68\">[lxviii]<\/a> T. Schucht, <i>Lettere ai familiari<\/i>, introducci\u00f3n de M. Paulesu Quercioli, Editori Riuniti, Roma, 1990, p\u00e1g. 587; A. Lepre, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 141 y ss. descarta el motivo pol\u00edtico en este silencio y apunta no s\u00f3lo a la enfermedad de Julia sino a las presiones familiares.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref69\" name=\"_edn69\">[lxix]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 358.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref70\" name=\"_edn70\">[lxx]<\/a> T. Schucht <i>Lettere ai familiari<\/i>. Pr\u00f3logo de Giuliano Gramsci. Al cuidado y con introducci\u00f3n de Mimma Paulesu Quercioli. Editori Riuniti, Roma, 1992; Antonio Gramsci \u2013 T. Schucht, <i>Lettere. 1926-1935<\/i>. Al cuidado de Aldo Natoli y Chiara Daniele, Einaudi, Tur\u00edn, 1997.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref71\" name=\"_edn71\">[lxxi]<\/a> A. Cambria ha puesto el acento en esta otra parte de la tragedia. V\u00e9ase <i>Amore come rivoluzione<\/i>, cit., p\u00e1g. 99 y ss. Sensible es tambi\u00e9n G. Fiori, \u201cL\u2019universo affettivo di Nino\u201d, ed. cit. p\u00e1gs. 129-130.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref72\" name=\"_edn72\">[lxxii]<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 156-170.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref73\" name=\"_edn73\">[lxxiii]<\/a> Gramsci critic\u00f3 la t\u00e1ctica de la Internacional por irrealista, rechaz\u00f3 la idea sectaria de la fascistizaci\u00f3n de la socialdemocracia, postul\u00f3 un periodo de transici\u00f3n a la ca\u00edda del fascismo y se manifest\u00f3 en favor de la Constituyente, \u201caunque no como un fin sino como un medio\u201d. P. Spriano dice lo esencial sobre esta discrepancia, en <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, cit., p\u00e1g. 47 y ss.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref74\" name=\"_edn74\">[lxxiv]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 603 y 604; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 181-183.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref75\" name=\"_edn75\">[lxxv]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 605, 610 y 611.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref76\" name=\"_edn76\">[lxxvi]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 636-639.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref77\" name=\"_edn77\">[lxxvii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 640 y 641. De hecho Gramsci no lleg\u00f3 a escribir a Julia sobre este tema, aunque la idea del divorcio todav\u00eda reaparecer\u00eda, ya como de pasada, en una carta de junio de 1933, cuando su enfermedad hab\u00eda hecho crisis (<i>ibid<\/i>., p\u00e1g. 723).<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref78\" name=\"_edn78\">[lxxviii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 645-647.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref79\" name=\"_edn79\">[lxxix]<\/a> Tatiana Schucht escribi\u00f3 detalladamente, el 11 de febrero de 1933, a Piero Sraffa sobre lo que Gramsci dijo en estos coloquios. Su testimonio est\u00e1 en P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1g. 226 y ss.; y en A. Natoli, <i>Antigona e il prigioniero<\/i>, cit., ap\u00e9ndice, p\u00e1g. 250 y ss.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref80\" name=\"_edn80\">[lxxx]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, cit., p\u00e1g. 690.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref81\" name=\"_edn81\">[lxxxi]<\/a> Piero Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1gs. 98 y 117.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref82\" name=\"_edn82\">[lxxxii]<\/a>A. Gramsci &#8211; T. Schucht, <i>Lettere. <\/i><i>1926-1935<\/i>, al cuidado de A. Natoli y Ch. Daniele, Einaudi, Tur\u00edn, 1997, p\u00e1g. 1283; A. Lepre, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 191.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref83\" name=\"_edn83\">[lxxxiii]<\/a> U. Terracini, en <i>Gramsci vivo<\/i>, cit., p\u00e1gs. 118-119. G. Fiori ha reconstruido el contexto de aquella sospecha llegando a la conclusi\u00f3n de que Gramsci se dej\u00f3 sugestionar por uno de los jueces instructores del proceso, el magistrado militar Enrico Macis, sardo como \u00e9l. Cf. <i>Gramsci, Togliatti, Stalin<\/i>, Laterza, Roma, 1991, p\u00e1g. 10 y ss. Gramsci tampoco fue precisamente perspicaz cuando, en septiembre de 1933, ya muy enfermo y con un diagn\u00f3stico s\u00f3lido y fiable, dio cierto cr\u00e9dito a la insinuaci\u00f3n del inspector m\u00e9dico de prisiones, Saporito, en el sentido de que sus males eran mayormente ps\u00edquicos, derivados de la impresi\u00f3n de haber sido abandonado por los suyos (en <i>Lettere dal carcere, <\/i>ed. Santucci, cit., p\u00e1gs. 742-743).<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref84\" name=\"_edn84\">[lxxxiv]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 692-693.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref85\" name=\"_edn85\">[lxxxv]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 727.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref86\" name=\"_edn86\">[lxxxvi]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 680, 683 y 684.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref87\" name=\"_edn87\">[lxxxvii]<\/a> A Teresina: \u201cNo tener relaciones con nadie, ser olvidado por todos y olvidar todo, y vivir como una bestia en su cueva\u201d, <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 688.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref88\" name=\"_edn88\">[lxxxviii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 706-757.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref89\" name=\"_edn89\">[lxxxix]<\/a> <i>L\u2019ultima ricerca de Paolo Spriano<\/i>, cit., p\u00e1gs. 26-29. De la tentativa diplom\u00e1tica de 1934-1935 dice V. Gerratana que \u201cno pas\u00f3 de la ineficaz rutina burocr\u00e1tica\u201d. (En \u201cGramsci e Sraffa\u201d, Introducci\u00f3n a P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1g. LIV.)<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref90\" name=\"_edn90\">[xc]<\/a> La informaci\u00f3n sobre la vida de Gramsci en Formia procede de: T. Schucht<i>, Lettere ai<\/i> <i>familiari<\/i>, introducci\u00f3n de M. Paulesu Quercioli, Editori Riuniti, Roma, 1990; A. Gramsci \u2013 T. Schucht<b>, <\/b><i>Lettere. 1926-1935<\/i>. Al cuidado de Aldo Natoli y Chiara Daniele. Einaudi, Tur\u00edn, 1997; P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., Reconstrucci\u00f3n detallada en: A. Natoli, <i>Antigone e il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 171 y ss.; y A. Lepre, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 230 y ss.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref91\" name=\"_edn91\">[xci]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1g. 768; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 198-199.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref92\" name=\"_edn92\">[xcii]<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. Santucci, p\u00e1gs. 771-778; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 198-202.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref93\" name=\"_edn93\">[xciii]<\/a> <i>Lettere dal carcere, <\/i>ed. Santucci, p\u00e1g. 783; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1g. 205.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref94\" name=\"_edn94\">[xciv]<\/a> <i>Lettere dal carcere,<\/i> ed. Santucci, p\u00e1gs. 797-799; <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 213-214.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref95\" name=\"_edn95\">[xcv]<\/a> P. Spriano, <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, cit., p\u00e1g. 83.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P> <\/P><P>                                                ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCI&Oacute;N*<\/P><P>                                                                                    Francisco Fern&aacute;ndez Buey<\/P><P> <\/P><P>                                                                        En Viena enterrar&eacute; mi alma en un &aacute;lbum<\/P><P>                                                                                              con las fotograf&iacute;as y el musgo<\/P><\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1948,28],"tags":[865,1002],"class_list":["post-740","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-francisco-fernandez-buey","category-siglo-xx","tag-antonio-gramsci","tag-francisco-fernandez-buey"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/740","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=740"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/740\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=740"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=740"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=740"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}