{"id":7500,"date":"2020-04-30T05:00:08","date_gmt":"2020-04-30T04:00:08","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=7500"},"modified":"2020-04-28T05:09:11","modified_gmt":"2020-04-28T04:09:11","slug":"el-ethos-barroco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=7500","title":{"rendered":"El <i>ethos<\/i> barroco"},"content":{"rendered":"<p>Publicamos hoy en nuestra Web un art\u00edculo del fil\u00f3sofo marxista ecuatoriano-mexicano, ya fallecido, Bol\u00edvar Echeverr\u00eda (1944- 2010) , sobre el \u00ab<em>ethos<\/em> barroco\u00bb. El tema puede parecerle de entrada, a un lector desprevenido, asunto propio de la cr\u00edtica del arte o de la filosof\u00eda sobre el arte. No es as\u00ed.<\/p>\n<p>La palabra \u00ab<em>Ethos<\/em>\u00bb, barrida del pensamiento pol\u00edtico por el liberalismo, es t\u00e9rmino fundamental definidor de la pol\u00edtica para el pensamiento filos\u00f3fico. Esto es, para ese pensamiento que surge en Grecia\u00a0 y que denominamos Filosof\u00eda. Por ello precisamente, su ausencia, consciente, vergonzante o inconsciente, marca la ruptura respecto del pensamiento pol\u00edtico, respecto de esa tradici\u00f3n filos\u00f3fica, y la adscripci\u00f3n militante, consciente o ignorada, en las filas de la ideolog\u00eda Liberal y Capitalista.<\/p>\n<p><em>Ethos<\/em> es palabra utilizada por Hegel -en alem\u00e1n, <em>sittlichkeit<\/em>-, que contin\u00faa y subsume, en esto como en todo, con estricta observancia, la filosof\u00eda cl\u00e1sica y a quien \u00e9l considera el mayor fil\u00f3sofo de todos los tiempos, Arist\u00f3teles.<\/p>\n<p>Y es palabra sobre la que Arist\u00f3teles escribe varios escritos, entre ellos, el m\u00e1s conocido, <em>\u00c9tica Nicom\u00e1quea<\/em> o a <em>Nic\u00f3maco<\/em>. <em>Ethos<\/em> es t\u00e9rmino para designar el conjunto de saberes que permiten a una comunidad producir su vivir. Es el saber hacer elaborado en com\u00fan, que posibilita y dirige desde dentro la actividad de la comunidad -en Arist\u00f3teles, tanto <em>praxis<\/em> como <em>poiesis<\/em>-. Es lo que la antropolog\u00eda moderna denominar\u00eda cultura material; o puede ser denominado tambi\u00e9n \u00abcultura \u2013 civilizaci\u00f3n\u00bb. Un saber vivir, o, si se prefiere, un saber hacer total que caracteriza un saber vivir. Cada <em>polis<\/em> posee un <em>ethos<\/em>, que es resultado de las luchas sociales, de la composici\u00f3n social y de la hegemon\u00eda que ejerza determinado grupo social en el seno de la comunidad.<\/p>\n<p>En este mismo sentido, Hegel considera que un <em>ethos<\/em> es la caracter\u00edstica de un pueblo o de un Estado. El <em>ethos<\/em> es la verdadera \u00abconstituci\u00f3n\u00bb de un Estado. Esta idea es repetida por Hegel siempre a lo largo de toda su obra, incluidos la <em>Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu<\/em> y los <em>Principios de Filosof\u00eda del derecho<\/em>; o la que es su obra \u00faltima, la tercera redacci\u00f3n de la <em>Enciclopedia de las ciencias filos\u00f3ficas<\/em>. Seg\u00fan Hegel, una constituci\u00f3n legal, el texto escrito que nosotros denominamos \u00abconstituci\u00f3n\u00bb, si se enfrenta y entra en contradicci\u00f3n con la \u00abconstituci\u00f3n real\u00bb de la sociedad, su saber hacer para vivir, no puede sino venirse abajo.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, no otra cosa opina Rousseau, tal como se ve en sus escritos, desde su <em>Proyecto de constituci\u00f3n para C\u00f3rcega<\/em>, a su <em>Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres<\/em>, etc. O Montesquieu, que tan bien sabe correlacionar el esp\u00edritu que inspira las leyes de una sociedad con el mundo social y material en el que se originan. O en la filosof\u00eda iusnaturalista moderna surgida con Vitoria. O en el pensamiento filos\u00f3fico medieval, que trata de preservar el <em>ethos<\/em> que organiza la religaci\u00f3n comunitaria al poder de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sin olvidar la noci\u00f3n de <em>eticit\u00e0<\/em>, manejada por Benedetto Croce autor estudiado y subsumido, igual que el propio Hegel, por Antonio Gramsci. O la noci\u00f3n de \u00abVida cotidiana\u00bb, elaborada por el viejo Georg Lukacs.<\/p>\n<p>Por lo tanto, reflexionar sobre el <em>ethos<\/em> es la manera concreta correcta que nos dota de gafas para ver y entender lo que constituye realmente toda sociedad. Y es la manera correcta concreta de enfrentarse con el individualismo antropol\u00f3gico capitalista, el del Liberalismo, con su reduccionismo que obv\u00eda y excluye de su reflexi\u00f3n pol\u00edtica el vivir en com\u00fan del <em>zoon politikon<\/em>, y que, en sus versiones m\u00e1s progresistas, restringe su concepci\u00f3n de la pol\u00edtica a las leyes que garantizan las libertades y los derechos de los individuos, por muchos que \u00e9stos sean.<\/p>\n<p>El ensayo de Bol\u00edvar Echeverr\u00eda, cuyo t\u00edtulo incluye este t\u00e9rmino, por tanto, es eminentemente pol\u00edtico. En este ensayo, el <em>ethos<\/em> barroco es la denominaci\u00f3n para referirse a un vivir, una cultura material de vida generada en com\u00fan por un sujeto social; cultura material de vida o cultura civilizaci\u00f3n, la cual que posee tambi\u00e9n org\u00e1nicas manifestaciones de arte. Un <em>ethos<\/em> que se constituye en la Modernidad, como una posible alternativa de orden material de vida, como un saber hacer que se autopropone como alternativo dentro de la propia modernidad, en la que Echeverr\u00eda distingue cuatro posibles <em>ethos<\/em> o alternativas civilizatorias en conflicto.<\/p>\n<p>El <em>ethos<\/em> barroco se nos presenta como la alternativa de cultura civilizaci\u00f3n que en Am\u00e9rica, particularmente en el siglo XVII, desarrollan creativamente los indios urbanos -\u00abcitadinos\u00bb- a partir de la apropiaci\u00f3n de la cultura material que reciben de los conquistadores. Este modelo interpretativo abre la posibilidad de pensar la cultura y la pol\u00edtica de otra forma. Permite, referido a Iberoam\u00e9rica, y en concreto a la Am\u00e9rica hisp\u00e1nica, pensar las culturas existentes como resultado de las luchas de resistencia, esto es, como conjunto de trincheras y casamatas desde las que se puede resistir el capitalismo actual y a partir de las cuales generar nueva cultura material de vida. Y esto sin caer en el floclorismo pintoresquista del indigenismo y sus mundos marginales. Sino desde la centralidad cultural de las culturas materiales existentes, que son, precisamente, fruto hist\u00f3rico de la creatividad de los indios, de los mestizos. Ese <em>ethos<\/em> o cultura material de vida alternativa, el que organiza el macizo cultural de Hispanoam\u00e9rica, que ha sido obviado por los socialismos occidentalistas y por los indigenismos folcl\u00f3ricos, ha sido el mundo del que, de nuevo, \u00aborg\u00e1nicamente\u00bb, ha surgido la Teolog\u00eda de la Liberaci\u00f3n. Potent\u00edsimo pensamiento filos\u00f3fico de liberaci\u00f3n, del que los marxistas debemos dar cuenta y raz\u00f3n, y que es combatido hoy d\u00eda a fuerza de talonario por el capitalismo, mediante las franquicias de las iglesias evang\u00e9licas, como lo fue antes desde la jerarqu\u00eda cat\u00f3lica -los que pertenecemos al mundo del comunismo, sabemos que el pensamiento institucionalizado y su aparato organizativo es el peor enemigo del pensamiento vivo y liberador- .<\/p>\n<p>En el presente ensayo, el <em>ethos<\/em> barroco es entendido como uno de los <em>ethos<\/em> posibles de la Modernidad, pero a su vez se entiende la misma como un resultado del capitalismo. Esto se debe a que, en este periodo, Echeverr\u00eda asume a\u00fan las teor\u00edas evolutivas de los or\u00edgenes del capital como una tendencia milenaria o econom\u00eda mundo, que paulatinamente, mediante el comercio y el desarrollo de la t\u00e9cnica se despliega desde la Edad media. Esta es la idea compartida en este periodo por Bol\u00edvar Echeverr\u00eda y por An\u00edbal Quijano, que sin embargo difieren entre s\u00ed, al situar la g\u00e9nesis de la tecnolog\u00eda originaria que posibilita el impulso comercial: la Europa medieval -seg\u00fan Echeverr\u00eda y Mumford- o la China, seg\u00fan Quijano y otros estudiosos.<\/p>\n<p>Con independencia del asunto de los or\u00edgenes de la tecnolog\u00eda, s\u00ed es cierto que ambos planteamientos, que aceptan la anterioridad del capitalismo como motor previo y generador de la modernidad, se apartan de la explicaci\u00f3n, en nuestra opini\u00f3n la adecuada, de los or\u00edgenes del capital tal como los elabora Marx en el cap\u00edtulo XXIV del libro Primero de <em>El Capital<\/em>.<\/p>\n<p>En dicho cap\u00edtulo de la obra de Marx se explica que el capitalismo, que consiste en unas nuevas relaciones sociales de los seres humanos entre s\u00ed y de \u00e9stos con la naturaleza, surge, ya una vez constituida la Modernidad, durante el siglo XVI, como consecuencia de la expropiaci\u00f3n de tierras que los se\u00f1ores y nobles ejecutan contra las comunidades campesinas. En esta situaci\u00f3n, enormes masas de seres humanos tienen tan solo la posibilidad de vender su fuerza de trabajo como medio para abastecerse de los bienes b\u00e1sicos para la subsistencia que antes produc\u00edan en comunidad y desde las diversas formas de familia extensa. Peter Kriedte &#8211;<em>Feudalismo tard\u00edo y capital mercantil<\/em>&#8211; sit\u00faa en el siglo XVIII el periodo central de este proceso. Como lo hace el mismo E.P. Thompson, al estudiar el trabajo a domicilio &#8211;<em>putting out<\/em>&#8211; como origen del capitalismo textil en Inglaterra, durante dicho siglo.<\/p>\n<p>Por tanto, el <em>ethos<\/em> barroco, no es una mera variante del modo capitalista de organizar civilizaci\u00f3n y producci\u00f3n, sino una alternativa de civilizaci\u00f3n que surge en la Modernidad. Que genera sus propios \u00abmodos de exacci\u00f3n\u00bb, con los cuales, a la vez, se enfrenta, y dentro de la cual se articulan potentes proyectos civilizatorios de resistencia, creados por los de abajo. Por ejemplo en Hispanoam\u00e9rica, de la mano y mente de los \u00abindios citadinos\u00bb, que se apropiaron y recrearon la cultura civilizaci\u00f3n llegada de Europa, y que, incluso, llegaron a constituir un tercio de los estudiantes universitarios de las diversas universidades de la Am\u00e9rica virreinal.<\/p>\n<p>Es muy importante indicar que en sus \u00faltimos escritos, Bol\u00edvar Echeverr\u00eda abandona ese esquema, seg\u00fan el cual, los cuatro <em>ethos<\/em> de la Modernidad ser\u00edan variantes, unas exitosas, otras fracasadas, de desarrollo de la civilizaci\u00f3n capitalista, fundadora \u00fanica de la Modernidad.<\/p>\n<p>En una conferencia pronunciada en 2010, a\u00f1o de su muerte, Echeverr\u00eda cambia el orden de prelaci\u00f3n, y plantea que, dentro de la Modernidad, existen diversos <em>ethos<\/em> o alternativas: \u00ab\u2026en la historia de la filosof\u00eda en verdad tambi\u00e9n hubo muchos esbozos, muchos proyectos inacabados (&#8230;) se van a encontrar m\u00faltiples propuestas que nunca fueron aceptadas o reconocidas en la marcha de la filosof\u00eda. Esto tiene que ver con las m\u00faltiples modernidades. Porque el discurso de la modernidad, que parecer\u00eda ser \u00fanico porque marcha con la conversi\u00f3n de la modernidad en la modernidad capitalista, esconde el hecho de que hay otras modernidades no capitalistas que van a ser oprimidas, desechas, que tambi\u00e9n aparecieron junto con la capitalista y que generaron otros tipos de pensamiento completamente diferentes\u2026\u00bb1.<\/p>\n<p>Como muestra del nivel cultural que el ethos barroco de los indios hab\u00eda adquirido durante el siglo XVII y XVIII, de su modernidad, de su \u00abfuncionalidad\u00bb, incluimos, tras la publicaci\u00f3n del texto de Bol\u00edvar Echeverr\u00eda, varias interpretaciones de partituras de m\u00fasica del siglo XVIII, que han sido conservadas por las comunidades indias, y que han sido rescatadas por music\u00f3logos holandeses, etc.<\/p>\n<p>J.M.A.<\/p>\n<p>1 Bol\u00edvar Echeverr\u00eda, \u00abFilosof\u00eda y discurso cr\u00edtico\u00bb (13 abril 2010) en <em>El Materialismo de Marx. Discurso cr\u00edtico y revoluci\u00f3n<\/em>, Ed. Itaca, M\u00e9xico DF, 2\u00aa ed. 2013, pp. 102, 103.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>EL <em>ETHOS<\/em> BARROCO<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Las mestizas, mulatas y negras, que componen la mayor parte de M\u00e9xico, no pudiendo usar manto ni vestir a la espa\u00f1ola, y, por otra parte, desde\u00f1ando el traje de las indias, van por la ciudad vestidas de un modo extravagante: se ponen una como enagua atravesada sobre los hombros o en la cabeza, a manera de manto, que hace que parezcan otros tantos diablos.<br \/>\nGiovanni F. Gemelli Careri<\/p>\n<p>Dentro de una colecci\u00f3n de obras dedicadas a la exploraci\u00f3n de las distintas figuras hist\u00f3ricas de <em>El hombre europeo<\/em>, Rosario Villari public\u00f3 hace poco una recopilaci\u00f3n de ensayos sobre <em>El hombre barroco<\/em>. Desfilan en ella ciertos personajes t\u00edpicos de la vida cotidiana en Europa durante el siglo XVII: el gobernante, el financiero, el secretario, el rebelde, el predicador, el misionero, la religiosa, la bruja, el cient\u00edfico, el artista, el burgu\u00e9s&#8230; Menciono esta publicaci\u00f3n en calidad de muestra de un hecho ya irreversible: el concepto de barroco ha salido de la historia del arte y la literatura en particular y se ha afirmado como una categor\u00eda de la historia de la cultura en general.<\/p>\n<p>Determinados fen\u00f3menos culturales que se presentan insistentemente al historiador en los materiales provenientes de los siglos XVII y XVIII, y que se sol\u00edan explicar sea como simples rezagos de una \u00e9poca pasada o como simples anuncios de otra por venir, se han ido ordenando ante sus ojos con un considerable grado de coherencia y reclaman ser comprendidos a partir de una singularidad y una autonom\u00eda del conjunto de todos ellos como resultado de una totalizaci\u00f3n hist\u00f3rica capaz de constituir ella sola una \u00e9poca en s\u00ed misma, Se trata de una abigarrada serie de comportamientos y objetos sociales que, en medio de su heterogeneidad, muestran sin embargo una cierta copertenencia entre s\u00ed, un cierto parentesco difuso pero inconfundible; parentesco general que puede identificarse de emergencia, a falta de un procedimiento mejor, mediante el recurso a los rasgos -no siempre claros ni unitarios- que esbozan otro parentesco, m\u00e1s particular, dentro de la historia del arte, el de las obras y los discursos conocidos como \u00abbarrocos\u00bb.<\/p>\n<p>El intento del presente ensayo, m\u00e1s reflexivo que descriptivo, es el de explorar justamente aquello qne nos llama a identificar como barrocos ciertos fen\u00f3menos ele la historia de la cultura y a oponerlos a otros en un determinado plano de comparaci\u00f3n. Se trata, sobre todo, de proponer una teor\u00eda, un \u00abmirador\u00bb, al que he llamado del <em>ethos historico<\/em>, en cuya perspectiva creo poder distinguir con cierta claridad algo as\u00ed como un <em>ethos barroco<\/em>. Cabe a\u00f1adir que, en lo que sigue, la necesidad sentida en la narraci\u00f3n hist\u00f3rica de construir el concepto de una \u00e9poca barroca se conecta con una necesidad diferente, que aparece en el \u00e1rnbito de un discurso cr\u00edtico acerca de la \u00e9poca presente y la caducidad de la modernidad que la sostiene,<\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Se\u00f1alo brevemente el sentido de esta preocupauon por lo barroco. Puede decirse que cada vez es menos imprecisa la captaci\u00f3n que tenemos de las dimensiones reales de la crisis de nuestro tiempo, La imagen gigantom\u00e1quica de hace un siglo, que la representaba m\u00e1s bien como la decadencia indetenible de lo Humano en general -cuyos \u00abvalores \u00faltimos\u00bb coincid\u00edan curiosamente con unos cuantos, bautizados como \u00aboccidcntales\u00bb-. puede ser vista ahora como un fruto m\u00e1s del <em>pathos<\/em> reaccionario y paranoide de la burgues\u00eda aristocratizada de ese momento hist\u00f3rico, sometida a las amenazas de la \u00abplebe socialista\u00bb, No obstante, la profundidad y la duraci\u00f3n de la misma tampoco parecen ser solamente las que corresponder\u00edan a la crisis pasajera, de renovaci\u00f3n o innovaci\u00f3n, que afectara a un aspecto particular de la existencia social, incluso teniendo en cuenta las repercusiones que tendr\u00eda en la totalidad de la misma. Resulta ya evidente que no es s\u00f3lo lo econ\u00f3mico, lo social, lo pol\u00edtico o lo cultural, o una determinada combinaci\u00f3n de ellos, lo que no alcanza a recomponerse de manera m\u00e1s o menos viable y duradera desde hace ya m\u00e1s de cien a\u00f1os. El modo como las distintas crisis se imbrican, se sustituyen y complementan entre s\u00ed parece indicar que la cuesti\u00f3n est\u00e1 en un plano m\u00e1s radical; habla dc una crisis que estar\u00eda en la base de todas ellas: una crisis civilizatoria.<\/p>\n<p>Poco a poco, y de manera indudable desde el siglo XVIII, se ha vuelto imposible separar los rasgos propios de la vida civilizada en general de los que corresponden particularmente a la vida moderna. La presencia de estos \u00faltimos parece, si no agotar, s\u00ed constituir una parte sustancial de las condiciones de posibilidad de los primeros. La modernidad, que fue una modalidad de la civilizaci\u00f3n humana, por la que \u00e9sta opt\u00f3 en un determinado momento de su historia, ha dejado de ser s\u00f3lo eso, una modificaci\u00f3n en principio reversible ele ella, y ha pasado a formar parte de su esencia. Sin modernidad, la civilizaci\u00f3n en cuanto tal se ha vuelto ya inconsistente.<\/p>\n<p>Cuando hablamos de crisis civilizatoria nos referimos justamente a la crisis del proyecto de modernidad que se impuso en este proceso de modernizaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n humana: el proyecto capitalista en su versi\u00f3n puritana y noreuropea, que se fue afirmando y afinando lentamente al prevalecer sobre otros alternativos y que domina actualmente, convertido en un esquema operativo capaz de adaptarse a cualquier sustancia cultural y due\u00f1o de una vigencia y una efectividad hist\u00f3ricas aparentemente incuestionables.<\/p>\n<p>La crisis de la civilizaci\u00f3n que se ha dise\u00f1ado seg\u00fan el proyecto capitalista de modernidad lleva m\u00e1s de cien a\u00f1os. Como dice Walter Benjamin, en 1867, \u00abantes del desmoronamiento de los monumentos de la burgues\u00eda\u00bb, mientras \u00abla fantasmagor\u00eda de la cultura capitalista alcanzaba su despliegue m\u00e1s luminoso en la Exposici\u00f3n Universal de Par\u00eds\u00bb, era ya posible \u00abreconocerlos en calidad de ruinas\u00bb. Y se trata sin duda de una crisis porque, en primer lugar, la civilizaci\u00f3n de la modernidad capitalista no puede desarrollarse sin volverse en contra del fundamento que la puso en pie y la sostiene -es decir, la del trabajo humano que busca la abundancia de bienes mediante el tratamiento t\u00e9cnico de la naturaleza-, y porque, en segundo lugar, empe\u00f1ada en eludir tal destino, exacerba justamente esa reversi\u00f3n que le hace perder su raz\u00f3n de ser. \u00c9poca de genocidios y ecocidios inauditos -que, en lugar de satisfacer las necesidades humanas, las elimina, y, en lugar de potenciar la productividad natural, la aniquila-, el siglo XX pudo pasar por alto la radicalidad de esta crisis debido a que ha sido tambi\u00e9n el siglo del llamado \u00absocialismo real\u00bb, con su pretensi\u00f3n de haber iniciado el desarrollo de una civilizaci\u00f3n diferente de la establecida. Se necesit\u00f3 del derrumbe de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y los estados que depend\u00edan de ella para que se hiciera evidente que el sistema social impuesto en ellos no hab\u00eda representado ninguna alternativa revolucionaria al proyecto de civilizaci\u00f3n del capital: que el capitalismo de estado no hab\u00eda pasado de ser una caricatura cruel del capitalismo liberal.<\/p>\n<p>\u00bfEs en realidad posible? D\u00e9biles son los indicios de que la modernidad que predomina actualmente no es un destino ineluctable -un programa que debemos cumplir hasta el final, hasta el nada improbable escenario apocal\u00edptico de un retorno a la barbarie en medio de la destrucci\u00f3n del planeta-, pero no es posible pasarlos por alto. Es un hecho innegable que el dominio de la modernidad establecida no es absoluto ni uniforme; y lo es tambi\u00e9n que ella misma no es una realidad monol\u00edtica, sino que est\u00e1 compuesta de un sinn\u00famero de versiones diferentes de s\u00ed misma -versiones que fueron vencidas y dominadas por una de ellas en el pasado, pero que, reprimidas y subordinadas, no dejan de estar activas en el presente.<\/p>\n<p>Nuestro inter\u00e9s en indagar la consistencia social y la vigencia hist\u00f3rica de un <em>ethos barroco<\/em> se presenta as\u00ed a partir de una preocupaci\u00f3n por la crisis civilizatoria contempor\u00e1nea y obedece al deseo, aleccionado ya por la experiencia, de pensar en una modernidad poscapitalista como una utop\u00eda alcanzable. Si el barroquismo en el comportammiento social y en el arte tiene sus ra\u00edces en un <em>ethos barroco<\/em> y si \u00e9ste se corresponde efectivamente con una de las modernidades capitalistas que antecedieron a la actual y que perviven en ella, puede pensarse entonces que la autoafirmaci\u00f3n excluyente del capitalismo realista y puritano que domina en la modemidad actual es deleznable, e inferirse tambi\u00e9n, indirectamente, que no es verdad que no sea posible imaginar como realizable una modernidad cuya estructura no est\u00e9 armada en torno al dispositivo capitalista de la producci\u00f3n, la circulaci\u00f3n y el consumo de la riqueza social.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n de Max Weber seg\u00fan la cual habr\u00eda una correspondencia biun\u00edvoca entre el \u00abesp\u00edritu del capitalismo\u00bb y la \u00ab\u00e9tica protestante\u00bb, asociada a la suposici\u00f3n de que es imposible una modernidad que no sea capitalista, aporta argumentos a la convicci\u00f3n de que la \u00fanica forma imaginable de poner un orden en el rcvolucionamiento moderno de las fuerzas productivas de la sociedad humana es justamente la que se esboza en torno a esa \u00ab\u00e9tica protestante\u00bb. La idea de un <em>ethos barroco<\/em> aparece dentro de un intento de respuesta a la insatisfacci\u00f3n te\u00f3rica que despierta esa convicci\u00f3n en toda mirada cr\u00edtica sobre la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>El encuentro del \u00abesp\u00edritu del capitalismo\u00bb, visto como la pura demanda de un comportamiento humano estructuralmente ambicioso, racionalizador y progresista, con la \u00e9tica protestante (en su vcrsi\u00f3n puritana calvinista), vista como la pura oferta de una t\u00e9cnica de comportamiento individual en torno a una autorreprcsi\u00f3n productivisra y una autosatisfacci\u00f3n sublimada, es claramente una condici\u00f3n necesaria de la organizaci\u00f3n de la vida civilizada en torno a la acumulaci\u00f3n del capital. Pero no cabe duda que el esp\u00edritu del capitalismo rebasa su propia presencia en la sola figura de esa demanda, as\u00ed como es evidente que vivir <em>en<\/em> y <em>con<\/em> el capitalismo puede ser algo m\u00e1s que vivir <em>por<\/em> y <em>para<\/em> \u00e9l.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino <em>ethos<\/em> tiene la ventaja de su ambig\u00fcedad o doble sentido; invita a combinar, en la significaci\u00f3n b\u00e1sica de \u00abmorada o abrigo\u00bb, lo que en ella se refiere a \u00abrefugio\u00bb, a recurso defensivo o pasivo, con lo que en ella se refiere a \u00abarma\u00bb, a recurso o\u00edcnsivo o activo. Conjunta el concepto de \u00abuso, costumbre o comportamiento autom\u00e1tico\u00bb -una presencia del mundo en nosotros, qne nos protege de la necesidad de dcscifrarlo a cada paso- con el concepto de \u00abcar\u00e1cter, personalidad individual o modo de ser\u00bb -una presencia de nosotros en el mundo, quc lo obliga a tratarnos de una cierta manera-. Ubicado lo mismo en el objeto que en el sujeto, el comportamiento social estructural al que podemos llamar <em>ethos hist\u00f3rico<\/em> puede ser visto como todo un principio de construcci\u00f3n del mundo de la vida. Es un comportamiento que intenta hacer viviblc lo inviviblc: una especie de actualizaci\u00f3n de una estrategia dcstinada a disolver, ya que no a solucionar, una determinada forma espec\u00edfica de la contradicci\u00f3n constitutiva de la condici\u00f3n humana: la que le viene de ser siempre la forma de una sustancia previa o \u00abinferior\u00bb (en \u00faltima instancia animal), que al posibilitarlc su enprcsi\u00f3n debe sin embargo reprimirla.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 contradicri\u00f3n es necesario disolver cspec\u00edficamente en la \u00e9poca moderna? \u00bfDe qu\u00e9 hay que \u00abrefugiarsc\u00bb, contra qu\u00e9 hay que \u00abarmarse\u00bb en la modernidad? No hay c\u00f3mo intentar una respuesta a esta pregunta sin consultar una de las primeras obras que critican esta modernidad (aunque encabece el <em>Index librorum prohibitorum<\/em> neolibcral y posmoderno): <em>El capital<\/em> de Marx.<\/p>\n<p>La vida pr\u00e1ctica en la modernidad realmente existente debe desenvolverse en un mundo cuya forma objetiva se encuentra estructurada en torno de una presencia dominante, la de la realidad o el <em>hecho capitalista<\/em>. Se trata, en esencia, de un hecho que es una contradicci\u00f3n, de una realidad que es un conflicto permanente entre las tendencias contrapuestas de dos din\u00e1micas simult\u00e1neas, constitutivas de la vida social: la de \u00e9sta en tanto que es un proceso de trabajo y de disfrute referido a valores de uso, por un lado, y la de la reproducci\u00f3n de su riqueza, en tanto que es un proceso de \u00abvalorizaci\u00f3n del valor abstracto\u00bb o acumulaci\u00f3n de capital, por otro. Se trata, por lo dem\u00e1s, de un conflicto en el que, una y otra vez y sin descanso, la primera es sacrificada a la segunda y sometida a ella.<\/p>\n<p>La realidad capitalista es un hecho hist\u00f3rico inevitable, del que no es posible escapar y que por tanto debe ser integrado en la construcci\u00f3n espont\u00e1nea del mundo de la vida; que debe ser convertido en una segunda naturaleza por el <em>ethos<\/em> que asegura la \u00abarmon\u00eda\u00bb indispensable de la existencia cotidiana.<\/p>\n<p>Cuatro ser\u00edan as\u00ed, en principio, las diferentes posibilidades que se ofrecen de vivir el mundo dentro del capitalismo; cada una de ellas implicar\u00eda una actitud peculiar -sea de reconocimiento o de desconocimiento, sea de distanciamiento o de participaci\u00f3n- ante el hecho contradictorio que caracteriza a la realidad capitalista.<\/p>\n<p>Una primera manera de convertir en inmediato y espont\u00e1neo el hecho capitalista es la del comportamiento que se desenvuelve dentro de una actitud de identificaci\u00f3n afirmativa y militante con la pretensi\u00f3n de creatividad que tiene la acumulaci\u00f3n del capital; con la pretensi\u00f3n de \u00e9sta no s\u00f3lo de representar fielmente los intereses del proceso \u00absocial-natural\u00bb de reproducci\u00f3n -intereses que en verdad reprime y deforma-, sino de estar al servicio de la potenciaci\u00f3n cuantitativa y cualitativa del mismo. Valorizaci\u00f3n del valor y desarrollo de las fuerzas productivas ser\u00edan, dentro de este comportamiento espont\u00e1neo, m\u00e1s que dos din\u00e1micas coincidentes, una y la misma, unitaria e indivisible. A este <em>ethos<\/em> elemental lo podemos llamar <em>realista<\/em> por su car\u00e1cter afirmativo no s\u00f3lo de la eficacia y la bondad insuperables del mundo establecido o \u00abrealmente existente\u00bb, sino, sobre todo, de la imposibilidad de un mundo alternativo.<\/p>\n<p>Un segundo modo de naturalizar lo capitalista, igual de militante que el anterior pero completamente contrapuesto a \u00e9l, implica tambi\u00e9n la confusi\u00f3n de los dos t\u00e9rminos, pero no dentro de una afirmaci\u00f3n del valor sino justamente del valor de uso. En \u00e9l, la \u00abvalorizaci\u00f3n\u00bb aparece plenamente rcductible a la \u00abforma natural\u00bb. Resultado del \u00abesp\u00edritu de empresa\u00bb, la valorizaci\u00f3n misma no ser\u00eda otra cosa que una variante de la realizaci\u00f3n de la forma natural, puesto que este \u00abcsp\u00edritu\u00bb ser\u00eda, a su vez, una de las figuras o sujetos que hacen de la historia una aventura permanente, lo mismo en el plano de lo humano individual que en el de lo humano colectivo. Mutaci\u00f3n probablemente perversa, esta metamorfosis del \u00abmundo bueno\u00bb o \u00abnatural\u00bb en \u00abinfierno\u00bb capitalista no dejar\u00eda de ser un \u00abmomento\u00bb del \u00abmilagro\u00bb que es en s\u00ed misma la Creaci\u00f3n. Esta peculiar manera de vivir con el capitalismo, que se afirma en la medida en que lo transfigura en su contrario, es propia del <em>ethos rom\u00e1ntico<\/em>.<\/p>\n<p>Vivir la espontaneidad de la realidad capitalista como el resultado de una necesidad trascendente, es decir, como un hecho cuyos rasgos detestables se compensan en \u00faltima instancia con la positividad de la existencia electiva, la misma que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del margen de acci\u00f3n y de valoraci\u00f3n que corresponde a lo humano; \u00e9sta es la tercera manera de hacerlo. Es la manera del <em>ethos cl\u00e1sico<\/em>: distanciada, no comprometida en contra de un designio negativo percibido como inapelable, sino comprensiva y constructiva dentro del cumplimiento tr\u00e1gico de la marcha de las cosas.<\/p>\n<p>La cuarta manera de intcriorizar el capitalismo en la espontaneidad de la vida cotidiana es la del <em>ethos<\/em> que quisi\u00e9ramos llamar <em>barroco<\/em>. Tan distanciada como la cl\u00e1sica ante la necesidad trascendente del hecho capitalista, no lo acepta, sin embargo, ni se suma a \u00e9l sino que lo mantiene siempre como inaceptable y ajeno. Se trata de una afirmaci\u00f3n de la \u00abforma natural\u00bb del mundo de la vida que parte parad\u00f3jicamente de la experiencia de esa forma como ya vencida y enterrada por la acci\u00f3n devastadora del capital. Que pretende rcstablecer las cualidades de la riqueza concreta re-invcnt\u00e1ndolas informal o furtivamentc como cualidades de \u00absegundo grado\u00bb.<\/p>\n<p>La idea que Bataille ten\u00eda del erotismo, cuando dec\u00eda que es la \u00abaprobaci\u00f3n de la vida (el caos) aun dentro de la muerte (el cosmos)\u00bb, puede ser trasladada, sin exceso de violencia (o tal vez, incluso, con toda propiedad): a la definici\u00f3n del <em>ethos<\/em> barroco. Es barroca la manera de ser moderno que permite vivir la destrucci\u00f3n de lo cualitativo, producida por el productivismo capitalista, al convertirla en el acceso a la creaci\u00f3n de otra dimensi\u00f3n, retadoramente imaginaria, de lo cualitativo. El <em>ethos<\/em> barroco no borra, como lo hace el realista, la contradicci\u00f3n propia del mundo de la vida en la modernidad capitalista, y tampoco la niega, como lo hace el rom\u00e1ntico; la reconoce como inevitable, a la manera del cl\u00e1sico, pero, a diferencia de \u00e9ste, se resiste a aceptarla, pretende convertir en \u00abbueno\u00bb el \u00ablado malo\u00bb por el que, seg\u00fan Hegel, avanza la historia.<\/p>\n<p>Provenientes de distintas \u00e9pocas de la modernidad, es decir, referidas a distintos impulsos sucesivos del capitalismo -el mediterr\u00e1neo, el n\u00f3rdico, el occidental y el centroeuropeo-, las distintas versiones del <em>ethos<\/em> moderno configuran la vida social contempor\u00e1nea desde diferentes estratos \u00abarqueol\u00f3gicos\u00bb o de decantaci\u00f3n hist\u00f3rica. Cada uno ha tenido su propia manera de actuar sobre la sociedad y una dimensi\u00f3n preferente de la misma desde donde ha expandido su acci\u00f3n. Definitiva y generalizada habr\u00e1 sido asi, por ejemplo, la primera impronta, la de \u00ablo barroco\u00bb, en la tendencia de la civilizaci\u00f3n moderna a revitalizar una y otra vez el c\u00f3digo de la tradici\u00f3n occidental europea despu\u00e9s de cada nueva oleada destructiva proveniente del desarrollo capitalista. Como lo ser\u00e1 igualmente la \u00faltima impronta, la \u00abrom\u00e1ntica\u00bb, en la tendencia de la pol\u00edtica moderna a tratar las formas concretas de la socialidad humana en calidad de materia maleable por la iniciativa de los grandes actos de voluntad, individuales o colectivos.<\/p>\n<p>Cabe a\u00f1adir, por lo dem\u00e1s, que ninguna de estas cuatro estrategias civilizatorias elementales que ofrece la modernidad capitalista puede darse efectivamente de manera aislada y menos a\u00fan exclusiva. Cada una aparece siempre combinada con las otras, de manera diferente seg\u00fan las circunstancias, en la vida efectiva de las distintas \u00abconstrucciones de mundo\u00bb hist\u00f3rico de la \u00e9poca moderna. Lo que sucede es que aquel <em>ethos<\/em> que ha llegado a desempe\u00f1ar el papel dominante en esa composici\u00f3n, el <em>ethos<\/em> realista, es el que organiza su propia combinaci\u00f3n con los otros y los obliga a traducirse a \u00e9l para hacerse manifiestos. S\u00f3lo en este sentido relativo se podr\u00eda hablar de la modernidad capitalista como un esquema civilizatorio que requiere e impone el uso de la \u00ab\u00e9tica protestante\u00bb, es decir, de aquella que parte de la mitificaci\u00f3n cristiana del <em>ethos<\/em> realista para traducir las demandas de la productividad capitalista -concentradas en la exigencia de sacrificar el ahora del valor de uso en provecho del ma\u00f1ana de la valorizaci\u00f3n del valor mercantil- al plano de la t\u00e9cnica de autodisciplinamiento individual.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 justifica que empleemos el t\u00e9rmino \u00abbarroco\u00bb para nombrar el cuarto <em>ethos<\/em> caracter\u00edstico de la modernidad capitalista?<\/p>\n<p>Si uno considera los usos quc se le han dado al adjetivo \u00abbarroco\u00bb, desde el siglo XVIII, para calificar todo el conjunto de \u00abestilos\u00bb art\u00edsticos y literarios posrenacentistas -incluido el manierismo- y tambi\u00e9n, por extensi\u00f3n, todo un conjunto de comportamientos, de modos de ser y actuar del siglo XVII, se llega a una encrucijada sem\u00e1ntica en la que llegan a coincidir tres conjuntos de adjetivaci\u00f3n diferentes, todos ellos de intenci\u00f3n peyorativa.[1]<\/p>\n<p>\u00abBarroco\u00bb ha querido decir: a] <em>ornamentalista<\/em>, en el sentido de falso (\u00abberrueco\u00bb), histri\u00f3nico, efectista, superficial, inmediatista, sensualista, etc\u00e9tera; b] <em>extravagante<\/em> (\u00abbizarre\u00bb), tanto en el sentido de: rebuscado o retorcido[2] artificioso, exagerado, corno en el de: recargado, redundante, exuberante (\u00abtropical\u00bb), y c] <em>ritualista<\/em> o ceremonial, en el sentido de prescriptivo, tendencioso, formalista, esot\u00e9rico (\u00abasfixiante\u00bb.)<\/p>\n<p>El primer conjunto de adjetivos subraya el aspecto <em>improductivo<\/em> o irresponsable respecto de la funci\u00f3n del arte; el segundo su lado <em>transgresor<\/em> o de-formador respecto de. una forma \u00abcl\u00e1sica\u00bb, y el tercero su tendencia <em>represora<\/em> de la libertad creativa.<\/p>\n<p>Ahora bien, la pregunta por la validez de estos juicios sobre el arte barroco -que, pese a los importantes intentos te\u00f3ricos del siglo xx por problematizarlo y definirlo, siguen siendo dominantes en la opini\u00f3n p\u00fablica- se topa en seguida con el hecho de que son justamente otras propuestas modernas de forma art\u00edstica, concurrentes con la forma barroca y cerradas por tanto a su especificidad, las que exhiben en ellos, cada cual a su manera, su percepci\u00f3n de lo barroco. En efecto, s\u00f3lo en comparaci\u00f3n con una forma que se entiende a s\u00ed misma como reproducci\u00f3n de la imagen verdadera o realista del mundo, la forma barroca puede resultar escapista, puramente imaginativa, ociosa, in-suficiente e insignificante -su predilecci\u00f3n exagerada, en la pintura, por ejemplo, por el tenebrismo crom\u00e1tico, la representaci\u00f3n en <em>trompe l&#8217;\u0153uil<\/em>, el tremendismo tem\u00e1tico, etc\u00e9tera, no ser\u00eda otra cosa que una claudicaci\u00f3n est\u00e9tica en busca de un efecto inmediatista sobre el espectador. S\u00f3lo desde una perspectiva formal para la que esa imagen del mundo ya existe y es irrebasable, el arte barroco -con su abuso en el retorcimiento ele las formas antiguas (la columna \u00absalom\u00f3nica\u00bb) y en la ocupaci\u00f3n del espacio como lugar de representaci\u00f3n (altares y capillas sobrecargados de im\u00e1genes), por ejemplo- puede aparecer como una monstruosidad o de-formaci\u00f3n irresponsable e innecesaria.[3] S\u00f3lo respecto de la convicci\u00f3n creacionista del artista moderno, el juego barroco con la prescriptiva -por ejemplo, en la m\u00fasica, el ocultamiento del sentido dram\u00e1tico en la t\u00e9cnica del juego ornamental (Corelli) o la transgresi\u00f3n de la jerarquizaci\u00f3n can\u00f3nica del mismo (Vivaldi)- puede ser visto como adverso a la espontaneidad del arte como emanaci\u00f3n libre del esp\u00edritu. Se trata, as\u00ed, por debajo de esos tres conjuntos de calificativos que ha recibido el arte posrenacentista, de tres definiciones que dicen m\u00e1s acerca del lugar te\u00f3rico desde el que se lo define que acerca de lo propiamente barroco, manierista, etc\u00e9tera. Son definiciones que s\u00f3lo indirectamente nos permiten apreciar en qu\u00e9 puede consistir lo barroco.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 consiste lo barroco? Varias han sido durante este siglo las claves de inteligibilidad que la teor\u00eda y la historia de la cultura y el arte han propuesto para construir una imagen conceptual coherente a partir del magma de hechos, cualidades, rasgos y modos de comportamiento considerados caracter\u00edsticamente barrocos. Como es usual, al proponer su principio de sintetizaci\u00f3n de este panorama inasible, todas ellas ponen primero en juego distintas perspectivas de abordaje del mismo, las combinan de diferente manera y enfatizan alguna de ellas. Tienen en cuenta, por ejemplo: a] el modo en que se inscribe a s\u00ed mismo, en tanto que es una donaci\u00f3n de forma, dentro del juego espont\u00e1neo o natural de las formas y dentro del sistema de formas que prevalece tradicionalmente; b] la elecci\u00f3n que hace de una figura particular para el conjunto de posibilidades de donaci\u00f3n de forma, es decir, la amplitud, la consistencia y la jerarquizaci\u00f3n que \u00e9l propone para su propio \u00absistema de las artes\u00bb; c] el tipo de relaci\u00f3n que establece con la densidad m\u00edtica del lenguaje y con la densidad ritual de la acci\u00f3n; d] el tipo de relaci\u00f3n que establece entre los contenidos ling\u00fc\u00edsticos y las formas ling\u00fc\u00edsticas y no ling\u00fc\u00edsticas; etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Para responder a la pregunta acerca de alguna homolog\u00eda entre el arte barroco y la cuarta modalidad del <em>ethos<\/em> moderno que permita extender a \u00e9sta el apelativo del primero, resulta suficiente tener en cuenta lo barroco tal como se presenta en la primera de estas perspectivas de abordaje. \u00c9sta es, por lo dem\u00e1s, la que explora el plano en el que \u00e9l mismo decidi\u00f3 afirmar su especificidad, es decir, su fidelidad a los c\u00e1nones cl\u00e1sicos, m\u00e1s all\u00e1 de la fatiga posrenacentista que los aquejaba.<\/p>\n<p>El barroco parece constituido por una voluntad de forma que est\u00e1 atrapada entre dos tendencias contrapuestas respecto del conjunto de posibilidades cl\u00e1sicas, es decir, \u00abnaturales\u00bb o espont\u00e1neas, de dar forma a la vida -la del desencanto, por un lado, y la de la afirmaci\u00f3n del mismo como insuperable- y que est\u00e1 adem\u00e1s empe\u00f1ada en el esfuerzo tr\u00e1gico, incluso absurdo, de conciliarlas mediante un replanteamiento de ese conjunto a la vez como diferente y como id\u00e9ntico a s\u00ed mismo. La t\u00e9cnica barroca de conformaci\u00f3n de! material parte de un respeto incondicional del canon cl\u00e1sico o tradicional -entendiendo \u00abcanon\u00bb m\u00e1s como un \u00abprincipio generador de formas\u00bb que como un simple conjunto de reglas-, se desencanta por las insuficiencias del mismo frente a la nueva sustancia vital a la que debe formar y apuesta a la posibilidad de que la retroacci\u00f3n de \u00e9sta sobre \u00e9l sea la que restaure su vigencia; de que lo antiguo se reencuentre justamente en su contrario, en lo moderno.<\/p>\n<p>Ya en el \u00faltimo tramo del siglo XVI las experiencias hist\u00f3ricamente in\u00e9ditas qne el nuevo mundo de la vida impone al individuo concreto son un contenido al que las posibilidades de expresi\u00f3n tradicionales le resultan estrechas. El canon cl\u00e1sico est\u00e1 en agon\u00eda. Es imposible dejar de percibir este hecho y negarse a cuestionarlo: hay que matarlo o que revivirlo. El arte posrenacentista permanece suspendido entre lo uno y lo otro. Sintetiza el rechazo y la fidelidad al modo tradicional de tratar el objeto como material conformable. Pero mientras el hermano gemelo del barroco, el manierismo, hace de la fidelidad un pretexto del cuestionamiento, \u00e9l en cambio hace de \u00e9ste un instrumento de la fidelidad.<\/p>\n<p>El arte barroco, dice Adorno, es una \u00ab<em>decorazione assoluta<\/em>\u00ab; una <em>decorazione<\/em> que se ha emancipado de todo servicio como tal, que ha dejado de ser medio y se ha convenido ella misma en fin: que \u00abha desarrollado su propia ley formal\u00bb. En efecto, el arte de la ornamentaci\u00f3n propio del barroco, es decir, el proceso de reverberaci\u00f3n al que somete las formas, acos\u00e1ndolas insistentemente desde todos los \u00e1ngulos imaginables, tiene su propia intenci\u00f3n: retro-traer el canon al momento dram\u00e1tico de su gestaci\u00f3n; intenci\u00f3n que se cumple cuando el <em>swinging<\/em> de las formas culmina en la invenci\u00f3n de una <em>mise-en-sc\u00e8ne<\/em> capaz de re-dramatizarlas. La teatralidad esencial del barroco tiene su secreto en la doble necesidad de poner a prueba y al mismo tiempo revitalizar la validez del canon cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>El comportamiento art\u00edstico barroco se desdobla, en verdad, en dos pasos diferentes, de sentido contrario, y adem\u00e1s -parad\u00f3jicamente- simult\u00e1neos. Los innumerables m\u00e9todos y procedimientos que se inventa para llevar las formas creadas por \u00e9l a un estado de intensa fibrilaci\u00f3n -los mismos que producen aquella apariencia rebuscada, ornameritalista y formalista que lo distingue- est\u00e1n encaminados a despertar en el canon grecolatino una dramaticidad originaria que supone dormida en \u00e9l. Es la desesperaci\u00f3n ante el agotamiento de este canon, que para \u00e9l constituye la \u00fanica fuente posible de sentido objetivo, la que lo lleva a someterlo a todo ese juego de paradojas y cuadraturas del c\u00edrculo, de enfrentamientos y conciliaciones de contrarios, de confusi\u00f3n de planos de representaci\u00f3n y de permutaci\u00f3n de v\u00edas y de funciones semi\u00f3ticas, tan caracter\u00edsticamente suyo. Se trata de todo un sistema de pruebas o \u00abtentaciones\u00bb, destinado a restaurar en el canon una vitalidad sin la cual la suya propia, como actividad que tiene que ver obsesivamente con lo que el mundo tiene de forma, carecer\u00eda de sustento. Su exigencia introduce sin embargo una modificaci\u00f3n significativa, aporta un sesgo propio. Su trabajo no es ya s\u00f3lo <em>con<\/em> el canon y mediante \u00e9l, sino <em>a trav\u00e9s<\/em> y sobre \u00e9l; un trabajo que s\u00f3lo es capaz de despertar la dramaticidad cl\u00e1sica en la medida en que \u00e9l mismo, en un segundo nivel, le pone una dramaticidad propia. El arte barroco encuentra as\u00ed lo que buscaba: la necesidad del canon tradicional, pero confundida con con la suya, contingentc, que \u00e9l pone de su parte y que incluso es tal vez la \u00fanica que existe realmente. Puede decirse por ello, que el comportamiento barroco parte de la desesperaci\u00f3n y termina en el v\u00e9rtigo: en la experiencia de que la plenitud que \u00e9l buscaba para sacar de ella su riqueza no est\u00e1 llena de otra cosa que de los frutos de su propio vac\u00edo.<\/p>\n<p>Combinaci\u00f3n conflictiva de conservadurismo e inconformidad, respeto al ser y al mismo tiempo conato nadificante, el comportamiento barroco encierra una reaf\u00a1rmaci\u00f3n del fundamento de toda la consistencia del mundo, pero una reafirmaci\u00f3n que, parad\u00f3jicamente, al cumplirse, se descubre fundante de ese fundamento, es decir, fundada y sin embargo confirmada en su propia \u00ednconsistencia.<\/p>\n<p>Pensamos que el arte barroco puede prestarle su nombre a este <em>ethos<\/em> porque, como \u00e9l -que acepta lo insuperable del principio formal del pasado, que, al emplearlo sobre la sustancia nueva para expresar su novedad, intenta despertar la vitalidad del gesto petrificado en \u00e9l (la fuente de su incuestionabilidad) y que al hacerlo termina por poner en lugar de esa vitalidad la suya propia-, \u00e9ste tambi\u00e9n resulta de una estrategia de afirmaci\u00f3n de la corporeidad concreta del valor de uso que termina en una rcconstrucci\u00f3n de la misma en un secundo nivel; una estrategia que acepta las leyes de la circulaci\u00f3n mercantil, a las que esa corporeidad se sacrifica, pero que lo hace al mismo tiempo que se inconforma con ellas y las somete a un juego de transgresiones que las refuncionaliza.<\/p>\n<p>Descrita de esta manera, la homolog\u00eda entre la voluntad de forma art\u00edstica barroca y su actitud frente al horizonte establecido de posibilidades de estetizaci\u00f3n, por un lado, y el <em>ethos<\/em> que caracteriza a uno de los distintos tipos hist\u00f3ricos de modernidad que hemos mencionado, por otro, apunta hacia algo m\u00e1s que un simple parecido casual y exterior entre ambos. Indica que lo barroco en el arte es el modo en que el <em>ethos<\/em> barroco se hace presente, como una propuesta entre otras -sin duda la m\u00e1s exitosa-, en el proceso necesario de estetizaci\u00f3n de la vida cotidiana que la sociedad europea, especialmente la meridional, lleva a cabo espont\u00e1neamente durante el siglo XVII. En este caso, como en el de las dem\u00e1s modalidades del <em>ethos<\/em> moderno, el modo art\u00edstico de presencia del <em>ethos<\/em> es ejemplarmente claro v desarrollado,\u00a0 dado que justamente -coincidentalmente- es asunto del arte la puesta en evidencia del <em>ethos<\/em> de una sociedad y de una \u00e9poca.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Sin ser exclusivo de una tradici\u00f3n o una \u00e9poca particulares de la historia moderna ni pertenecer a ellos \u00abpor naturaleza\u00bb, el <em>ethos<\/em> barroco, como los dem\u00e1s, se genera y desarrolla a partir de ciertas circunstancias que s\u00f3lo se re\u00fanen de manera desigual en los distintos lugares y momentos sociales de esa historia. Son circunstancias cuyo conjunto es diferente en cada situaci\u00f3n singular pero que parecen organizarse siempre en torno a un drama hist\u00f3rico cuya peculiaridad reside en que est\u00e1 determinado por un estado de empate e interdependencia entre dos propuestas antag\u00f3nicas de forma para un mismo objeto: una, progresista y ofensiva, que domina sobre otra, conservadora y defensiva, a la que sin embargo no puede eliminar y sustituir y en la que debe buscar ayuda ante las exigencias del objeto, que la desbordan. Estado de desfallecimiento de la forma vencedora -de triunfo y debilidad-, por un lado, y de resistencia de la forma vencida -de derrota y fortaleza-, por otro.<\/p>\n<p>Pensamos que pocas historias particulares pueden ofrecer un panorama mejor para el estudio del <em>ethos<\/em> barroco que la historia de la cultura en la Espa\u00f1a americana de los siglos XVlI y XVIII\u00a0 y lo que se ha reproducido de ella en los pa\u00edses de la Am\u00e9rica Latina. Esto por dos razones convergentes: primero, porque no ha habido tal vez ninguna otra situaci\u00f3n hist\u00f3rica como la de las sociedades constituidas sobre la destrucci\u00f3n y la conquista ib\u00e9rica (cat\u00f3lica) de las culturas ind\u00edgenas y africanas en la que la modalidad barroca del <em>ethos<\/em> moderno haya tenido mayores y m\u00e1s insistentes oportunidades de prevalecer sobre las otras y, segundo, porque el largo predominio, primero central y abierto y despu\u00e9s marginal y subterr\u00e1neo, de este <em>ethos<\/em> en dichas sociedades ha permitido que su capacidad de inspirar la creaci\u00f3n de formas se efectuara all\u00ed de manera m\u00e1s amplia y m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>La propuesta espec\u00edficamente barroca para vivir la modernidad se opone a las otras que han predominado en la historia dominante; es sin duda una alternativa junto a ellas, pero tampoco ella se salva de ser una propuesta espec\u00edfica para vivir <em>en<\/em> y <em>con<\/em> el capitalismo. El <em>ethos<\/em> barroco no puede ser otra cosa que un principio de ordenamiento del mundo de la vida. Puede ser una plataforma de salida en la puesta en juego con que la vida concreta de las sociedades afirma su singularidad cultural plante\u00e1ndola al mismo tiempo como absoluta y como evanescente; pero no el n\u00facleo de ninguna \u00abidentidad\u00bb, si se entiende \u00e9sta como una inercia del comportamiento de una comunidad -\u00abAm\u00e9rica Latina\u00bb, en este caso- que se hubiese condensado en la historia hasta el grado de constituir una especie de molde peculiar con el que se hacen exclusivamente los miembros de la misma. Sustantivar la singularidad de los latinoamericanos, folcloriz\u00e1ndolos alegremente como \u00abbarrocos\u00bb, \u00abrealistas m\u00e1gicos\u00bb, etc\u00e9tera, es invitarlos a asumir, y adem\u00e1s con cierto dudoso orgullo, los mismos viejos calificativos que el discurso proveniente de las otras modalidades del <em>ethos<\/em> moderno ha empleado desde siempre para relegar el <em>ethos<\/em> barroco al no-mundo de la pre-modernidad y para cubrir as\u00ed el trabajo de integraci\u00f3n, deformaci\u00f3n y refuncionalizaci\u00f3n de sus peculiaridades con el que esas modalidades se han impuesto sobre el barroco.<\/p>\n<p>Tal vez la sorprendente escasez relativa de estudios hist\u00f3ricos sobre el siglo XVII americano se deba a que es un \u00absiglo perdido\u00bb, si se lo juzga en referencia a su aporte a \u00abla construcci\u00f3n del presente\u00bb, una vez que se ha reducido el presente exclusivamente a lo que en \u00e9l predomina y reluce. La peculiaridad y la importancia de este siglo s\u00f3lo aparecen en verdad cuando, siguiendo el consejo de Benjamin, el historiador vuelve sobre la continuidad hst\u00f3rica que ha conducido al presente, pero revis\u00e1ndola \u00aba contrapelo\u00bb.<\/p>\n<p>El siglo XVII americano, obstruido torpemente en su desarrollo desde los a\u00f1os treinta del siglo XVIII por la conversi\u00f3n \u00abdesp\u00f3tica ilustrada\u00bb de la Espa\u00f1a americana en colonia ib\u00e9rica, y clausurado definitivamente, de manera igualmente desp\u00f3tica aunque menos ilustrada, con la destrucci\u00f3n de las Reducciones Guaran\u00edes y la cancelaci\u00f3n de la pol\u00edtica jesuita despu\u00e9s del Tratado de Madrid (1750), no s\u00f3lo es un siglo largo, de m\u00e1s de ciento cincuenta a\u00f1os, sino que todo parece indicar que en \u00e9l tuvo lugar nada menos que la constituci\u00f3n, el ascenso y el fracaso de todo un mundo hist\u00f3rico peculiar. Un mundo hist\u00f3rico que existi\u00f3 conectado con el intento de la Iglesia Cat\u00f3lica de construir una modernidad propia, religiosa, que girara en torno a la revitalizaci\u00f3n de la fe -planteado como alternativa a la modernidad individualista abstracta, que giraba en torno a la vitalidad del capital-, y que debi\u00f3 dejar de existir cuando ese intento se revel\u00f3 como una utop\u00eda irrealizable.<\/p>\n<p>Parece ser que, furtivamente -como surgen las alternativas discontinuas de las que est\u00e1 hecho el progreso hist\u00f3rico-, desde los a\u00f1os treinta del siglo XVII, y al amparo de las inoperantes prohibiciones imperiales, se fue formando en la Espa\u00f1a americana el esbozo de un orbe econ\u00f3mico, de una vida econ\u00f3mica de coherencia aut\u00f3noma o una \u00abeconom\u00eda-mundo\u00bb (como la llama Braudel), que se extend\u00eda, con una presencia de mayor o menor densidad, desde el norte de M\u00e9xico hasta el Alto Per\u00fa, articulada en semic\u00edrculos que iban concentr\u00e1ndose en direcci\u00f3n al \u00abMediterr\u00e1neo americano\u00bb, entre Veracruz y Maracaibo, desde donde se conectaba, mucho menos de bando que de contrabando, a trav\u00e9s del Atl\u00e1ntico, con el mercado mundial y la econom\u00eda dominante. Se trata de un orbe econ\u00f3mico \u00abinformal\u00bb, f\u00e1cilmente detectable en general en los documentos oficiales, pero sumamente dif\u00edcil de atrapar en el detalle clandestino; un orbe econ\u00f3mico cuya presencia s\u00f3lo puede entenderse como resultado de la realizaci\u00f3n de ese \u00abproyecto hist\u00f3rico\u00bb espont\u00e1neo de construcci\u00f3n civilizatoria al que se suele denominar \u00abcriollo\u00bb, aplic\u00e1ndole el nombre de la clase social que ha protagonizado tal realizaci\u00f3n, pero que parece definirse sobre todo por el hecho de ser un proyecto de creaci\u00f3n de \u00abotra Europa, fuera de Europa\u00bb: de re-constituci\u00f3n -y no solo de continuaci\u00f3n o prolongaci\u00f3n- de la civilizaci\u00f3n europea en Am\u00e9rica, sobre la base del mestizaje de las formas propias de \u00e9sta con los esbozos de forma de las civilizaciones \u00abnaturales\u00bb, ind\u00edgena y africana, que alcanzaron a salvarse de la destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo parece indicar que a comienzos del siglo XVII los territorios sobre los que se asentaba la Espa\u00f1a americana eran el escenario de dos \u00e9pocas hist\u00f3ricas diferentes; que, sobre ellos, sus habitantes eran protagonistas de dos dramas a la vez: uno que ya declinaba y se desdibujaba, y otro que apenas comenzaba y se esbozaba. En efecto, si se considera el contenido cualitativo de tres recomposiciones de hecho que los investigadores observan en la demograf\u00eda, en la actividad comercial y en la explotaci\u00f3n del trabajo durante los cuarenta a\u00faos que van de 1595 a 1635, resulta la impresi\u00f3n ineludible de que, entre el principio y el fin de los comportamientos considerados, el sujeto de los mismos ha pasado por una metamorfosis esencial.<\/p>\n<p>La curva indicativa del aspecto cuantitativo global de la demograf\u00eda alcanza su punto m\u00e1s bajo a la vuelta del siglo, se mantiene all\u00ed, inestable, por unos dos decenios y s\u00f3lo muestra uu ascenso sustancial y sostenido a partir de 1630. Pero mientras la l\u00ednea que descend\u00eda reprcscntaba a una poblaci\u00f3n compuesta predominantemente de ind\u00edgenas puros y de africanos y peninsulares reci\u00e9n llegados, la l\u00ednea que asciende est\u00e1 all\u00ed por una composici\u00f3n demogr\u00e1fica diferente, en la que predomina abrumadoramente la poblaci\u00f3n originada en el mestizaje: criolla, chola y mulata -con todas aquellas variantes que la \u00abpintura de castas\u00bb volver\u00e1 \u00abpintorescas\u00bb un siglo m\u00e1s tarde, cuando deba ofrecerlas, junto a los frutos de la tierra, a la consideraci\u00f3n del despotismo ilustrado-. Tambi\u00e9n la curva indicativa de la actividad comercial e indirectamente de la vitalidad econ\u00f3mica traduce una realidad al principio y otra diferente al final. La l\u00ednea descendente retrata en cantidades el tr\u00e1fico ultramarino de minerales y esclavos, mientras que la ascendente lo hace con el tr\u00e1fico americano de manufacturas y productos agropecuarios. Y lo mismo ocurre con el restablecimiento de la explotaci\u00f3n del trabajo: una cosa es lo que decae al principio, el r\u00e9gimen de la encomienda, propio de un feudalismo modernizado, que asegura con dispositivos mercantiles un sometimiento servil del explotado al explotador, y otra diferente lo que se fortalece al final, la realidad de la hacienda, propia de una modernidad afeudalada, que burla la igualdad mercantil de propietarios y trabajadores mediante recursos de violencia extraecon\u00f3mica como los que sometieron a los siervos de la Edad Media europea.<\/p>\n<p>La continuidad hist\u00f3rica no se da a pesar de la discontinuidad de los procesos que se suceden en el tiempo, sino, por el contrario, en virtud y a trav\u00e9s de ella. En el caso de la primera mitad del siglo XVII americano, la manera especial en que toma cuerpo o encarna la experiencia de este hecho parad\u00f3jico propicia el predominio del <em>ethos<\/em> barroco en la constituci\u00f3n del mundo de la vida.<\/p>\n<p>Para entonces, un drama hist\u00f3rico hab\u00eda llegado a su fin, se hab\u00eda quedado sin actores antes de agotar su argumento: el drama del gran siglo de la conquista y la evangelizaci\u00f3n, en el que la afiebrada construcci\u00f3n de una sociedad ut\u00f3pica -cuyo sincretismo deb\u00eda mejorar por igual a sus dos componentes, los cristianos y los paganos- intent\u00f3 desesperadamente compensar la destrucci\u00f3n efectiva de un mundo entero, que se cumpl\u00eda junto a ella. Los personajes (secundarios) que quedaban abandonados en medio del desvanecimiento de este drama \u00e9pico sin precedentes no llegaron a caer en la perplejidad, Antes de que \u00e9l los desocupara ya otro los ten\u00eda involucrados y les otorgaba protagonismo. Era el drama del siglo XVII: el mestizaje civilizatorio y cultural.<\/p>\n<p>El mestizaje, el modo de vida natural de las culturas, no parece estar c\u00f3modo ni en la figura qu\u00edmica (yuxtaposici\u00f3n de cualidades) ni en la biol\u00f3gica (cruce o combinatoria de cualidades), a trav\u00e9s de las que se lo suele pensar. Todo indica que se trata m\u00e1s bien de un proceso semi\u00f3tico al que bien se podr\u00eda denominar \u00abcodigofagia\u00bb. Las subcodificaciones o configuraciones singulares y concretas del c\u00f3digo de lo humano no parecen tener otra manera de coexistir entre s\u00ed que no sea la del devorarse las unas a las otras; la del golpear destructivamente en el centro de simbolizaci\u00f3n constitutivo de la que tienen enfrente y apropiarse e integrar en s\u00ed, someti\u00e9ndose a s\u00ed mismas a una alteraci\u00f3n esencial, los restos a\u00fan vivos que quedan de ella despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente se puede imaginar una extra\u00f1eza mayor entre dos \u00abelecciones civilizatorias\u00bb b\u00e1sicas que la que estaba dada entre la configuraci\u00f3n cultural europea y la americana. Fundada seguramente en los tiempos de la primera bifurcaci\u00f3n de la historia, de las primeras separaciones \u00aboccidentales\u00bb respecto del acontecer hist\u00f3rico central, el \u00aboriental\u00bb, la extra\u00f1eza entre espa\u00f1oles e indios -a despecho de las ilusiones de los evangelizadores renacentistas- era radical, no reconoc\u00eda terrenos homog\u00e9neos ni puentes de ninguna clase que pudieran unificarlos. Temporalidad y espacialidad eran dimensiones del mundo de la vida definidas en un caso y en otro no s\u00f3lo de manera diferente, sino contrapuesta. Los l\u00edmites entre lo mineral, lo animal y lo humano estaban trazados por uno y por otro en zonas que no coincid\u00edan ni lejanamente. La tierra, por ejemplo, para los unos, era para que el arado la roturara; para los otros, en cambio, para que la coa la penetrara. Resulta as\u00ed comprensible que, tanto para los espa\u00f1oles como para los indios, convivir con el otro haya sido lo mismo que ejercer, aunque fuera contra su voluntad, un boicot completo y constante sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>El <em>apartheid<\/em> -la arcaica estrategia de convivencia intercomunitaria que se refuncionaliza en la situaci\u00f3n colonial moderna- habr\u00eda tenido en la Espa\u00f1a americana el mismo fundamento que en Asia o en \u00c1frica, de no haber sido por las condiciones muy especiales en las que se encontraba la poblaci\u00f3n de los dominadores espa\u00f1oles, las mismas que le abrieron la posibilidad de aceptar una relaci\u00f3n de interioridad o reciprocidad con los pueblos \u00abnaturales\u00bb (ind\u00edgenas y africanos) en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>La posibilidad explorada por el siglo XVI, la de que la Espa\u00f1a americana se construyera a modo de una prolongaci\u00f3n de la Espa\u00f1a europea, se hab\u00eda clausurado. Los espa\u00f1oles americanos deb\u00edan aceptar que hab\u00edan sido abandonados por la madre patria; que \u00e9sta hab\u00eda perdido todo inter\u00e9s esencial (econ\u00f3mico) en su extensi\u00f3n trasatl\u00e1ntica y hab\u00eda dejado que el cord\u00f3n que la un\u00eda con ella se debilitara hasta la insignificancia. El esquema civilizatorio europeo no pod\u00eda completar su ciclo de reproducci\u00f3n en Am\u00e9rica, que inclu\u00eda una fase esencial de retroalimentaci\u00f3n mediante el contacto org\u00e1nico y permanente con la metr\u00f3poli. Vencedor sobre la civilizaci\u00f3n americana, de la que no hab\u00eda dejado otra cosa que restos inconexos y agonizantes, el enclave americano de la civilizaci\u00f3n europea amenazaba con extinguirse, agobiado por una tarea que \u00e9l no pod\u00eda cumplir por s\u00ed solo. El caso de la tecnolog\u00eda europea -simplificada en su trastierre americano- es ilustrativo; puesta al servicio de una producci\u00f3n dise\u00f1ada para validarse en el mercado, a la que sin embargo \u00e9ste, lejos de acicatear, desalentaba, era una tecnolog\u00eda que iba en camino de devenir cada vez m\u00e1s un simple gesto vac\u00edo.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo la civilizaci\u00f3n europea estaba en trance de extinguirse; las civilizaciones \u00abnaturales\u00bb viv\u00edan una situaci\u00f3n igual o peor que la de ella. No estaban en capacidad de ponerse en lugar de ella y tal vez someterla, porque ellas mismas no exist\u00edan ya como centros de sintetizaci\u00f3n social. Su presencia como totalizaciones pol\u00edtico-religiosas hab\u00eda sido aniquilada; de ellas s\u00f3lo permanec\u00eda una infinidad de destellos culturales desarticulados, que adem\u00e1s depend\u00edan de la vigencia de las instituciones pol\u00edtico-religiosas europeas para mantenerse en vida.<\/p>\n<p>En estas condiciones, la estrategia del <em>apartheid<\/em> ten\u00eda sin duda unas consecuencias inmediatamente suicidas, que, primero los \u00abnaturales\u00bb y enseguida los espa\u00f1oles, percibieron con toda claridad en la vida pr\u00e1ctica. Si unos y otros se juntaron en el rechazo de la misma fue porque los uni\u00f3 la voluntad de civilizaci\u00f3n, el miedo ante el peligro de la barbarie.<\/p>\n<p>Inadecuado y desgastado, el esquema civilizatorio europeo era de todos modos el \u00fanico que sobreviv\u00eda en la organizaci\u00f3n de la vida cotidiana. El otro, el que fue vencido por \u00e9l en la dimensi\u00f3n productivista de la existencia social, pese a no haber sido aniquilado ni sustituido, no estaba ya en condiciones de disputarle esa supremac\u00eda; debi\u00f3 no s\u00f3lo aceptarlo como \u00fanica garant\u00eda de una vida social civilizada, sino ir en su ayuda, confundi\u00e9ndose con \u00e9l y reconstituy\u00e9ndolo, con el fin de mantener su vigencia amenazada.<\/p>\n<p>El mestizaje de las formas culturales apareci\u00f3 en la Am\u00e9rica del siglo XVII primero como una \u00abestrategia de supervivencia\u00bb, de vida despu\u00e9s de la muerte, en el comportamiento de los \u00abnaturales\u00bb sometidos, es decir, de los ind\u00edgenas y los africanos integrados en la existencia citadina, que desde el principio fue el modo de existencia predominante. Su resistencia, la persistencia en su modo peculiar de simbolizaci\u00f3n de lo real, para ser efectiva, se vio obligada a trascender el nivel inicial en el que hab\u00eda tenido lugar la derrota y a jugarse en un segundo plano: deb\u00eda pasar no s\u00f3lo por la aceptaci\u00f3n, sino por la defensa de la construcci\u00f3n de mundo tra\u00edda por los dominadores, incluso sin contar con la colaboraci\u00f3n de \u00e9stos y aun en su contra.<\/p>\n<p>Veamos un ejemplo, que nos permitir\u00e1 a la vez establecer por fin la conexi\u00f3n entre el mestizaje cultural en la Espa\u00f1a americana y el <em>ethos<\/em> barroco. Puede decirse que las circunstancias del <em>apartheid<\/em> llevan necesariamente a que el uso cotidiano del c\u00f3digo comunicativo convierta en tab\u00fa el uso directo de la significaci\u00f3n elemental que opone lo afirmativo a lo negativo, una significaci\u00f3n cuya determinaci\u00f3n se encuentra en el n\u00facleo mismo de &#8216;todo c\u00f3digo, es decir, sin la cual ninguna semiosis es posible. Ello sucede porque, en tales circunstancias de ajenidad y acoso, el margen de discrepancia entre la presencia o ausencia de un atributo caracter\u00edstico de la persona y la vigencia de su identidad -margen sin el cual ninguna relaci\u00f3n intersubjetiva entre personas es posible- se encuentra reducido a su m\u00ednima expresi\u00f3n. A tal grado la presencia del otro trae consigo una amenaza para la identidad y con ello para la existencia misma de la persona, que una y otra parecen entrar en peligro cada vez que alguno de los atributos de la primera puede ser puesto en juego, sometido a la aceptaci\u00f3n o al rechazo en cualquier relaci\u00f3n con \u00e9l. La mejor relaci\u00f3n que puede tener un miembro de la comunidad que es due\u00f1a de un territorio en el que otra comunidad es la \u00abnatural\u00bb con un miembro de esta \u00faltima rcsulta ser la ausencia de relaci\u00f3n, el simple pacto de no agrcsi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el caso del habla o de la actualizaci\u00f3n del c\u00f3digo ling\u00fc\u00edstico, el uso manifiesto de la oposici\u00f3n \u00abs\u00ed\u00bb \/\u00bbno\u00bb -as\u00ed como el de otras oposiciones en las que se prolonga ese car\u00e1cter, como las oposiciones \u00abyo\u00bb\/\u00bbt\u00fa\u00bb, \u00abnosotros\u00bb\/\u00bbvosotros\u00bb, )&#8217; el de ciertos recursos sint\u00e1cticos especiales- se encuentra vedado a los interlocutores \u00aben <em>apartheid<\/em>\u00ab, Si el interlocutor subordinado responde con un \u00abno\u00bb a un requerimiento del dominantc, \u00e9ste sentir\u00e1 cuestionada la integridad de su propuesta de mundo, rechazada la subcodificaci\u00f3n que identifica a su lengua, y se ver\u00e1 obligado a cortar de plano el contacto, a eliminar la funci\u00f3n f\u00e1tica de la comunicaci\u00f3n, que al primero, al dependiente, le resulta de vital importancia. Si quien domina la situaci\u00f3n decide dejar de dirigirle la palabra al dominado, lo que hace es anularlo; y puede hacerlo, porque es \u00e9l, con su acci\u00f3n y su palabra, quien tiene el poder de \u00abencender\u00bb la vigencia del conjunto de los valores de uso. El subordinado est\u00e1 compelido a la aquiescencia frente al dominador, no tiene acceso a la significaci\u00f3n \u00abno\u00bb. Pero el dominador tampoco es soberano; est\u00e1 impedido de disponer de la significaci\u00f3n \u00abs\u00ed\u00bb cuando va dirigida hacia el interlocutor dominado. Su aceptaci\u00f3n de la voluntad de \u00e9ste, por puntual e inofensiva que fuera, implicar\u00eda una afirmaci\u00f3n impl\u00edcita de la validez global del c\u00f3digo del dominado, en el que dicha voluntad se articula, y ratificar\u00eda as\u00ed el estado de crisis que aqueja a la validez general del suyo propio; ser\u00eda lo mismo que proponer la identidad enemiga corno sustituto de la propia.<\/p>\n<p>En la Espa\u00f1a americana del siglo XVlI son los dominados los incitadores y ejecutores primeros del proceso de codigofagia a trav\u00e9s del cual el c\u00f3digo de los dominadores se transforma a s\u00ed mismo en el proceso de asimilaci\u00f3n de las ruinas en las que pervive el c\u00f3digo destruido. Es su vida la que necesita disponer de la capacidad de negar para cumplirse en cuanto vida humana, y son ellos los que se inventan en la pr\u00e1ctica un procedimiento para hacer que el c\u00f3digo vigente, que les obliga a la aquiescencia, les permita sin embargo decir \u00abno\u00bb, afirmarse pese a todo, casi imperceptiblemente, en la l\u00ednea de lo que fue su identidad.<\/p>\n<p>Y la estrategia del mestizaje cultural es sin duda barroca, coincide perfectamente con el comportamiento caracter\u00edstico del <em>ethos<\/em> barroco de la modernidad europea y con la actitud barroca del posrenacentismo frente a los c\u00e1nones cl\u00e1sicos del arte occidental. La expresi\u00f3n del \u00abno\u00bb, de la negaci\u00f3n o contraposici\u00f3n a la voluntad del otro, debe seguir un camino rebuscado; tiene que construirse de manera indirecta y por inversi\u00f3n. Debe hacerse mediante un juego sutil con una trama de \u00abs\u00edes\u00bb tan complicada, que sea capaz de sobredeterminar la significaci\u00f3n afirmativa hasta el extremo de invertirle el sentido, de convertirla en una negaci\u00f3n. Para decir \u00abno\u00bb en un mundo que excluye esta significaci\u00f3n es necesario trabajar sobre el orden valorativo que lo sostiene: sacudirlo, cuestionarlo, despertarle la contingencia de sus fundamentos, exigirle que d\u00e9 m\u00e1s de s\u00ed mismo y se transforme, que se traslade a un nivel superior, donde aquello que para \u00e9l no deber\u00eda ser otra cosa que un reino de contra-valores condenado a la aniquilaci\u00f3n pueda \u00absalvarse\u00bb, integrado y re-valorado por \u00e9l. 56<\/p>\n<p>[1] Los mismos adjetivos que sirvieron a unos, hace un siglo para justificar la denigraci\u00f3n del arte barroco -y de la actitud vital que se le asemeja- sirven a otros actualmente para levantar su elogio. Inversi\u00f3n del signo que ha dejado sin embargo casi intacta la definici\u00f3n corriente de lo barroco, dando las espaldas a los replanteamientos de su imagen conceptual que han tenido lugar en el terreno del discurso reflexivo. Viraje del <em>zeageist<\/em>, al que la presencia de lo barroco disgust\u00f3 una vez, cuando viv\u00eda para organizar la autosatisfacci\u00f3n de una modernidad triunfante. y a la que invoca ahora para alimentar la ilusi\u00f3n de esa misma modernidad que, cansada de s\u00ed misma, quisiera estar m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma sin lograrlo.<\/p>\n<p>[2] \u00abBaroco\u00bb, el nombre que la l\u00f3gica neoescol\u00e1stica dio al tipo de silogismo de v\u00eda m\u00e1s rebuscada y retorcida: (PaM . SoM) &gt; SoP. Ejemplo: \u00absi todo lo que santifica implica sacrificio, y algunas virtudes nos causan placer, entonces hay virtudes que no santifican\u00bb.<\/p>\n<p>[3] \u00abChigi\u00bb, el nombre del palacio que Bernini dise\u00f1\u00f3 para el cardenal Flavio Chigi y que albergaba una famosa colecci\u00f3n de arte, parece estar en el origen de \u00abkitschig\u00bb, el adjetivo peyorativo con el que la \u00abalta cultura\u00bb prusiana, admiradora fan\u00e1tica de la limpieza de formas neocl\u00e1sica, calificaba a todo lo \u00abrecargado\u00bb y \u00absentimental\u00bb que cre\u00eda percibir en lo barroco.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">________________________________________________<\/p>\n<p>Como complemento e ilustraci\u00f3n del art\u00edculo de Echeverr\u00eda, presentamos una muestra de este <em>ethos<\/em> barroco en Am\u00e9rica Latina a trav\u00e9s de una de sus manifestaciones, la m\u00fasical.<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Opera: San Francisco Xavier~ INDIOS CHIQUITANOS\/AN\u00d3NIMO~ Baroque Music in Missions of Chiquitos\" width=\"800\" height=\"600\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/YHFlgFcsAUA?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos hoy en nuestra Web un art\u00edculo del fil\u00f3sofo marxista ecuatoriano-mexicano, ya fallecido, Bol\u00edvar Echeverr\u00eda (1944- 2010) , sobre el \u00abethos barroco\u00bb. El tema puede parecerle de entrada, a un lector desprevenido, asunto propio de la cr\u00edtica del arte o de la filosof\u00eda sobre el arte. No es as\u00ed.<\/p>\n<p>La palabra \u00abEthos\u00bb, barrida del pensamiento pol\u00edtico por el liberalismo, es t\u00e9rmino fundamental definidor de la pol\u00edtica para el pensamiento filos\u00f3fico. Esto es, para ese pensamiento que surge en Grecia\u00a0 y que denominamos Filosof\u00eda. Por ello precisamente, su ausencia, consciente, vergonzante o inconsciente, marca la ruptura respecto del pensamiento pol\u00edtico, respecto de esa tradici\u00f3n filos\u00f3fica, y la adscripci\u00f3n militante, consciente o ignorada, en las filas de la ideolog\u00eda Liberal y Capitalista.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":7511,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32,19,8,17],"tags":[1532,1531],"class_list":["post-7500","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-america-latina","category-cultura","category-filosofia","category-historia","tag-barroco","tag-ethos"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7500","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7500"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7500\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/7511"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7500"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7500"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7500"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}