{"id":752,"date":"2007-05-28T00:00:00","date_gmt":"2007-05-28T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=752"},"modified":"2020-02-27T10:37:17","modified_gmt":"2020-02-27T09:37:17","slug":"el-sentido-de-la-democracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=752","title":{"rendered":"El sentido de la democracia"},"content":{"rendered":"<p>Cornelius Castoriadis, <i>Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS.<\/i> M\u00ednima Trotta, Madrid, 2007, 98 p\u00e1ginas. Introducci\u00f3n y notas Jean Louis Prat; traducci\u00f3n: Margarita D\u00edaz.<\/p>\n<p>El Viejo Topo<\/p>\n<p>Como indica Jean Louis Prat en su presentaci\u00f3n, <i>Democracia y relativismo<\/i> tiene su origen en un debate p\u00fablico celebrado en 1994, entre Cornelius Castoriadis, fallecido tres a\u00f1os despu\u00e9s, y redactores de MAUSS (Mouvement anti-utilitariste en sciences sociales). La trascripci\u00f3n fue efectuada por Nicos Iliopoulos y publicada en dos partes en la <i>Revue du MAUSS,<\/i>\u00a0 la primera con el t\u00edtulo \u201cLa relatividad del relativismo\u201d y la segunda como \u201cLa democracia\u201d.<\/p>\n<p>Puede interpretarse el debate como un comentario de texto a la cita de Castoriadis que abre el ensayo: la etimolog\u00eda de \u201cdemocracia\u201d nos remite a la dominaci\u00f3n del demos, del pueblo, de las masas. Si no tomamos dominaci\u00f3n en sentido formal, y es eso precisamente lo que deber\u00edamos hacer seg\u00fan Castoriadis, el dominio real presupone poder decidir por nosotros mismos sobre nosotros mismos y sobre cuestiones esenciales, y hacerlo con conocimiento de causa. En estas cuatro \u00faltimas palabras se centra todo el problema de la democracia: \u201cCon conocimiento de causa\u201d. \u00c9sta es la cuesti\u00f3n. Y la conclusi\u00f3n que de ello se deriva: no se trata de confiar el poder a una casta de bur\u00f3cratas incontrolados, ilustrados o no, incompetentes o no, sino en transformar la realidad social \u201cde forma que los datos esenciales y los problemas fundamentales sean asequibles para los individuos y que \u00e9stos puedan decidir con conocimiento de causa\u201d. \u00bfLes suena? Efectivamente, es la vieja aspiraci\u00f3n de las diversas tradiciones socialistas, de todas ellas, en el \u00e1mbito pol\u00edtico, en el piso superior de la met\u00e1fora arquitect\u00f3nica marxiana.<\/p>\n<p>El ensayo est\u00e1, como dijimos, dividido en dos partes. La primera, \u201cLa relatividad del relativismo\u201d (pp. 27-60), se centra en la discusi\u00f3n de una tesis hist\u00f3rico-pol\u00edtica de Castoriadis. Existe una singularidad en la cultura griego-occidental, cuyo germen proviene de la sociedad cl\u00e1sica griega (Her\u00f3doto: \u201clos egipcios son m\u00e1s sabios y sensatos que los griegos\u201d), que irrumpe probablemente en Europa a partir de los siglos XI o XII, desarroll\u00e1ndose a partir del XVI (Las Casas, Montaigne, Montesquieu, Swift), que no tiene por qu\u00e9 ser necesariamente modelo para otras sociedades ni para futuros m\u00e1s o menos pr\u00f3ximos, y que puede ser expresada brevemente as\u00ed: <i>la puesta en cuesti\u00f3n ininterrumpida de s\u00ed misma <\/i>(El sabor epistemol\u00f3gico de la expresi\u00f3n y su posible influencia en formulaciones de textos pol\u00edticos de Karl Popper no\u00a0 parecen una\u00a0 simple enso\u00f1aci\u00f3n). El requisito, adem\u00e1s, es esencial: s\u00f3lo \u00e9l permite que exista un movimiento pol\u00edtico, s\u00f3lo \u00e9l posibilita la verdadera pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Como es obvio, la cr\u00edtica de eurocentrismo se asoma r\u00e1pidamente en el horizonte. Aunque la formulaci\u00f3n tiene adverbios protectores, Castoriadis sostiene reiteradamente que, en medio del descalabro existente, la cultura occidental \u201ces m\u00e1s o menos la \u00fanica en el seno de la cual puede ejercerse una contestaci\u00f3n y un cuestionamiento de la instituciones existentes\u201d (p. 35). A\u00fan m\u00e1s, una cultura, una sola cultura, reconoce la igualdad de las culturas, mientras que las restantes no la reconocen. Es la misma cultura que permite la pregunta sobre si se es o no eurocentrista, mientras que no son permitidas preguntas similares, sobre si uno es irano o islamo-centrista, en las correspondientes sociedades. Para Castoriadis, desde el punto de vista de la elecci\u00f3n pol\u00edtica, no todas las culturas son equivalentes. No hay un relativismo transitable en este punto.<\/p>\n<p>Sin embargo, aunque sostenga que la verdadera influencia de Occidente es cada vez menor, \u201cporque la cultura occidental, en tanto que cultura democr\u00e1tica en el sentido fuerte del t\u00e9rmino, es cada vez m\u00e1s d\u00e9bil\u201d (p. 42), Castoriadis no defiende que Occidente deba transformar esas otras sociedades: no se trata de hacer europeos a africanos o asi\u00e1ticos, sino que, en esas sociedades, \u201chace falta que algo vaya m\u00e1s all\u00e1, y que existe en el Tercer Mundo, al menos en ciertas partes, comportamientos, tipos antropol\u00f3gicos, valores sociales, significaciones imaginarias\u2026que podr\u00edan ser incorporadas a este movimiento, transform\u00e1ndolo, enriqueci\u00e9ndolo, fecund\u00e1ndolo\u201d (p. 43).<\/p>\n<p>En la segunda parte, \u201cLa democracia\u201d (pp. 60-98), se discute principalmente, y con vigor admirable, la tesis de la naturalidad de la democracia. La opini\u00f3n de Castoriadis es m\u00e1s bien la opuesta: \u201ccreo que existe una <i>inclinaci\u00f3n natural<\/i> de las sociedades humanas a la heteronom\u00eda, y <i>no<\/i> a la democracia\u201d (p. 61). Existe, en su opini\u00f3n, una inclinaci\u00f3n natural a buscar fuera de la actividad propia de los seres humanos (fuerzas trascendentales, ancestros, el darwinismo del mercado) un origen o garant\u00eda del sentido. De hecho, la democracia, entendida como auto-instituci\u00f3n expl\u00edcita, no como un r\u00e9gimen de consenso que puede darse en una sociedad muy jerarquizada, es un r\u00e9gimen improbable, fr\u00e1gil, y ello es demostraci\u00f3n de su artificialidad.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 es, pues, la democracia para Castoriadis? No es un procedimiento. La democracia entendida as\u00ed, \u201cno quiere decir nada\u201d (p. 69). La democracia no es el para\u00edso, no es un r\u00e9gimen perfecto que est\u00e9 inmunizado contra el error, la aberraci\u00f3n, el crimen o la locura. Es un r\u00e9gimen pol\u00edtico donde existen\u00a0 derechos, donde existe el habeas corpus, la democracia directa -\u201cla democracia representativa no es democracia\u201d (p.70)-, donde la transformaci\u00f3n de las condiciones sociales y econ\u00f3micas permite la participaci\u00f3n ciudadana, una sociedad libre, aut\u00f3noma, que permita cambiar sus instituciones, y que necesita de instituciones que permitan la rectificaci\u00f3n y el nuevo hacerse. Con un corolario no marginal: nadie nace ciudadano, uno se hace ciudadano. Para ello hay que aprender, y eso exige un r\u00e9gimen de educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este apartado se cierra con una reflexi\u00f3n de inter\u00e9s sobre la tecnociencia contempor\u00e1nea (pp. 97-98), que Castoriadis caracteriza del modo siguiente: \u201cNo se pregunta si hay necesidad, si se quiere. Se pregunta: \u00bfse puede hacer? Y si se pude hacer, se hace; y luego se encuentra la necesidad o se crea una\u201d. Somos, debemos ser en su opini\u00f3n, la primera sociedad en la que la autolimitaci\u00f3n del avance de las t\u00e9cnicas y la ciencia se plantee no por razones religiosas o por imposici\u00f3n, sino por <i>phr\u00f3nesis<\/i>, por prudencia en el sentido aristot\u00e9lico del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>Como no podr\u00eda ser de otra forma, algunas formulaciones de Castoriadis\u00a0 apenas est\u00e1n desarrolladas. Ello entra\u00f1a riesgos. Por ejemplo, cuando critica la noci\u00f3n marxiana de planificaci\u00f3n racional entre los intercambios de las personas entre s\u00ed y con la naturaleza (\u201cNo s\u00e9 muy bien qu\u00e9 sentido puede tener eso\u201d (p. 33), cuando habla de la adopci\u00f3n de ideas, de orientaciones decididamente capitalistas por parte del movimiento obrero y particularmente por el marxismo (p. 47) o cuando habla, con mejorable formulaci\u00f3n, de la \u201cexpropiaci\u00f3n del movimiento obrero popular por el marxismo\u201d (p. 59).<\/p>\n<p>Esta edici\u00f3n espa\u00f1ola ha tomado como base los textos publicados en la <i>Revue du MAUSS<\/i> pero ha corregido errores y lagunas de la edici\u00f3n francesa y ha incorporado varias intervenciones omitidas. Constituye, por tanto, la edici\u00f3n m\u00e1s completa del debate. Por primera vez, una edici\u00f3n espa\u00f1ola supera una edici\u00f3n de la Francia republicana. Los buenos oficios de los afrancesados Rafael Miranda, Margarita D\u00edaz, traductora del volumen, de Jean Louis Prat, autor de las documentadas notas y de la magn\u00edfica introducci\u00f3n que acompa\u00f1an la edici\u00f3n, de Juvenal Quillet, de Jordi Torrent, cuya pulsi\u00f3n intelectual por todo lo humano es admirable sin l\u00edmite perceptible, y de Juan Manuel Vera han sido decisivos para este regalo. Gracias por ello.<\/p>\n<p>salarnal@gmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cornelius Castoriadis, Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS. M\u00ednima Trotta, Madrid, 2007, 98 p\u00e1ginas. Introducci\u00f3n y notas Jean Louis Prat; traducci\u00f3n: Margarita D\u00edaz.<\/p>\n<p>El Viejo Topo<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/p>\n<p>Como indica Jean Louis Prat en su presentaci\u00f3n, Democracia y relativismo tiene su origen en un debate p\u00fablico celebrado en 1994, entre Cornelius Castoriadis, fallecido tres a\u00f1os despu\u00e9s, y redactores de MAUSS (Mouvement anti-utilitariste en sciences sociales). La trascripci\u00f3n fue efectuada por Nicos Iliopoulos y publicada en dos partes en la Revue du MAUSS,\u00a0 la primera con el t\u00edtulo \u201cLa relatividad del relativismo\u201d y la segunda como \u201cLa democracia\u201d.\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Puede interpretarse el debate como un comentario de texto a la cita de Castoriadis que abre el ensayo: la etimolog\u00eda de \u201cdemocracia\u201d nos remite a la dominaci\u00f3n del demos, del pueblo, de las masas. Si no tomamos dominaci\u00f3n en sentido formal, y es eso precisamente lo que deber\u00edamos hacer seg\u00fan Castoriadis, el dominio real presupone poder decidir por nosotros mismos sobre nosotros mismos y sobre cuestiones esenciales, y hacerlo con conocimiento de causa. En estas cuatro \u00faltimas palabras se centra todo el problema de la democracia: \u201cCon conocimiento de causa\u201d. \u00c9sta es la cuesti\u00f3n. Y la conclusi\u00f3n que de ello se deriva: no se trata de confiar el poder a una casta de bur\u00f3cratas incontrolados, ilustrados o no, incompetentes o no, sino en transformar la realidad social \u201cde forma que los datos esenciales y los problemas fundamentales sean asequibles para los individuos y que \u00e9stos puedan decidir con conocimiento de causa\u201d. \u00bfLes suena? Efectivamente, es la vieja aspiraci\u00f3n de las diversas tradiciones socialistas, de todas ellas, en el \u00e1mbito pol\u00edtico, en el piso superior de la met\u00e1fora arquitect\u00f3nica marxiana.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El ensayo est\u00e1, como dijimos, dividido en dos partes. La primera, \u201cLa relatividad del relativismo\u201d (pp. 27-60), se centra en la discusi\u00f3n de una tesis hist\u00f3rico-pol\u00edtica de Castoriadis. Existe una singularidad en la cultura griego-occidental, cuyo germen proviene de la sociedad cl\u00e1sica griega (Her\u00f3doto: \u201clos egipcios son m\u00e1s sabios y sensatos que los griegos\u201d), que irrumpe probablemente en Europa a partir de los siglos XI o XII, desarroll\u00e1ndose a partir del XVI (Las Casas, Montaigne, Montesquieu, Swift), que no tiene por qu\u00e9 ser necesariamente modelo para otras sociedades ni para futuros m\u00e1s o menos pr\u00f3ximos, y que puede ser expresada brevemente as\u00ed: la puesta en cuesti\u00f3n ininterrumpida de s\u00ed misma (El sabor epistemol\u00f3gico de la expresi\u00f3n y su posible influencia en formulaciones de textos pol\u00edticos de Karl Popper no\u00a0 parecen una\u00a0 simple enso\u00f1aci\u00f3n). 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