{"id":754,"date":"2007-06-06T00:00:00","date_gmt":"2007-06-06T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=754"},"modified":"2020-02-27T10:21:29","modified_gmt":"2020-02-27T09:21:29","slug":"historias-de-clasicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=754","title":{"rendered":"Historias de cl\u00e1sicos"},"content":{"rendered":"<p>Francis Wheen, <em>La historia de El Capital de Karl Marx<\/em>. Debate, Madrid, 2007, 157 p\u00e1ginas. Traducci\u00f3n de Carles Mercadal.<\/p>\n<p>Janet Browne, <em>La historia de El origen de las especies de Charles Darwin<\/em>. Debate, Madrid, 2007, 187 p\u00e1ginas. Traducci\u00f3n de Ricardo Garc\u00eda P\u00e9rez.<\/p>\n<p>El Viejo Topo<\/p>\n<p>\u00a1Metalibros, libros sobre de libros, libros sobre la g\u00e9nesis de los cl\u00e1sicos! La historia de El Capital de Karl Marx y La historia de El origen de las especies de Charles Darwin son los dos primeros ensayos de la colecci\u00f3n \u201cLibros que cambiaron el mundo\u201d dirigida por Carlota del Amo. Se anuncia la edici\u00f3n, en los pr\u00f3ximos meses, de las historias de La Odisea, La Il\u00edada y La Rep\u00fablica. La propuesta es magn\u00edfica, una de esas ideas que uno hubiera deseado so\u00f1ar y formular. Por si fuera poco, la colecci\u00f3n se inicia de la mejor forma posible, con dos de los cl\u00e1sicos del siglo XIX que m\u00e1s han repercutido en las ideas, finalidades y luchas del siglo XX y de lo que llevamos del XXI.<\/p>\n<p>Probablemente, a Darwin y Marx, sobre todo a este \u00faltimo, no les hubiera disgustado esta obertura. Fue falsa la historia pero estuvo bien su hallazgo: Marx, se dijo, as\u00ed lo cre\u00edmos durante tiempo, quiso dedicar a Darwin la publicaci\u00f3n de El Capital, aunque \u00e9ste amablemente declin\u00f3 el ofrecimiento. Sabemos, por Margaret Fay, que la historia real no tuvo como protagonista a Marx sino a Edward B. Aveling, el compa\u00f1ero de Eleanor Marx. No importa.<\/p>\n<p>Francis Wheen es el autor de la primera historia. Estaba en condiciones de hacerlo y no ha defraudado. A \u00e9l debemos aquella excelente biograf\u00eda de Karl Marx que tambi\u00e9n public\u00f3 Debate en 2000. El principal prop\u00f3sito de su ensayo, confiesa Wheen, era convencer a sus potenciales lectores que vale la pena echar una nueva mirada al cl\u00e1sico marxiano: \u201ccualquiera que est\u00e9 dispuesto a esforzarse por entender a Beethoven, Goya o Tolst\u00f3i debe ser capaz de \u201caprender algo nuevo\u201d con la lectura de El Capital\u201d, entre otras razones porque su objeto de estudio sigue rigiendo nuestras vidas de forma decisiva.<\/p>\n<p>El ensayo cuenta con una introducci\u00f3n, que lleva el significativo t\u00edtulo de \u201cLa obra maestra desconocida\u201d, y tres cap\u00edtulos: gestaci\u00f3n, nacimiento y vida posterior. La introducci\u00f3n presenta una destacable aproximaci\u00f3n a Marx como artista creativo, como \u201cpoeta de la dial\u00e9ctica\u201d (p. 15). Al tiempo que compon\u00eda El Capital, Marx, conjetura Wheen, estaba abandonando la prosa convencional para adentrarse en un collage literario que yuxtapon\u00eda voces y citas provenientes de \u00e1mbitos muy diversos: mitolog\u00eda, literatura, informes de inspectores, cuentos de hadas, economistas, \u201ca la manera de los Cantos de Erza Pound o La tierra bald\u00eda de Eliot (S. S. Prawer escribi\u00f3 en los setenta un libro de 450 p\u00e1ginas dedicado \u00fanicamente a las referencias literarias de la obra). El Capital, sostiene nuestro autor es tan disonante como la m\u00fasica de Sch\u00f6nberg o tan espeluznante como los relatos de Kafka.<\/p>\n<p>El primer cap\u00edtulo \u2013\u201cGestaci\u00f3n\u201d- es una apretado relato de las vicisitudes de la elaboraci\u00f3n y finalizaci\u00f3n de El Capital. Vale la pena recordar los acordes finales. A lo largo del verano de 1865, Marx sufri\u00f3 v\u00f3mitos todos los d\u00edas y la piel se le llen\u00f3 de for\u00fanculos; a finales de a\u00f1o, El Capital era un manuscrito de 1.200 p\u00e1ginas lleno de tachaduras, flechas y garabatos indescifrables; el 1 de enero de 1866 se sent\u00f3 en su estudio para pasarlo a limpio: la tarea le llev\u00f3 casi todo el a\u00f1o. Marx escribi\u00f3 las \u00faltimas p\u00e1ginas de pie ante el escritorio, despu\u00e9s de que una nueva irrupci\u00f3n de for\u00fanculos hiciera que sentarse fuera todo un calvario, sin que pudiera tomara ars\u00e9nico, el calmante al que recurr\u00eda, para evitar que su mente quedara embotada. Finalizado el libro, acabaron los for\u00fanculos, y Marx, \u201csinti\u00e9ndose tan vigoroso como quinientos cerdos\u201d (p. 51) viaj\u00f3 a Hamburg para entregar el manuscrito del primer libro de El Capital y poder as\u00ed supervisar la impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cNacimiento\u201d es la descripci\u00f3n sucinta del contenido del Capital, con la inclusi\u00f3n de una buena defensa que no oculta puntos d\u00e9biles al presentar temas como el empobrecimiento de los trabajadores, las crisis end\u00e9micas de sobreproducci\u00f3n o la tesis sobre la ca\u00edda de beneficios. Wheen se\u00f1ala que Marx parece reformular en ocasiones sus argumentos para dar impresi\u00f3n, s\u00f3lo la impresi\u00f3n, de que lleva raz\u00f3n. No olvida, en todo caso, recoger interesantes aproximaciones como las de Edmund Wilson: nadie antes que Marx, se\u00f1al\u00f3 este cr\u00edtico, hab\u00eda conseguido una penetraci\u00f3n psicol\u00f3gica tan certera de la capacidad infinita de la naturaleza humana para mostrarse olvidadiza o indiferente ante las penas que infligimos a los dem\u00e1s seres humanos cuando podemos obtener beneficio con ello. Podr\u00eda aqu\u00ed apuntarse cr\u00edticamente que Wheen est\u00e1 demasiado centrado en las aportaciones de te\u00f3ricos y estudiosos del mundo anglosaj\u00f3n y olvida o no tiene en cuenta suficientemente otros \u00e1mbitos de estudio.<\/p>\n<p>El \u00faltimo cap\u00edtulo es tal vez el menos trabado y donde puede notarse una muy r\u00e1pida aproximaci\u00f3n de Wheen a corrientes de la tradici\u00f3n, y una simplificaci\u00f3n excesiva en algunas de sus formulaciones. Eso s\u00ed, Wheen recuerda una interesante conversaci\u00f3n de John Cassidy, el corresponsal econ\u00f3mico del New Yorker, con un banquero brit\u00e1nico. El ocultado financiero coment\u00f3 al periodista: \u201cCuanto m\u00e1s tiempo paso en Wall Street m\u00e1s convencido estoy que Marx ten\u00eda raz\u00f3n. Hay un premio Nobel a la espera de un economista que resucite la obra de Marx y la convierta en una teor\u00eda coherente. Estoy plenamente convencido de que los planteamientos de Marx son la mejor forma de analizar el capitalismo\u201d. Dejemos aparte el cinismo de nuestro banquero marxiano, no discutamos la acusaci\u00f3n impl\u00edcita, y no demostrada, de incoherencia de la obra de Marx, admitamos que no est\u00e1 asegurado premio alguno, y menos un Nobel, pero la apuesta no deja resultar todo un reto. \u00bfA qu\u00e9 esperan?<\/p>\n<p>En la rigurosa nota del traductor (pp. 9-10), donde Carles Mercadal hace documentada referencia a las grandes traducciones al castellano de El Capital: la muy reciente de Vicente Romano en Akal, la de Pedro Scaron para Siglo XXI y la que dirigi\u00f3 y realiz\u00f3 Sacrist\u00e1n para Cr\u00edtica-Grijalbo de los libros I y II, dejando parcialmente traducido el libro III, se ha colado una errata: Mercadal parece atribuir a Sacrist\u00e1n la traducci\u00f3n de Teor\u00edas de la plusval\u00eda, pero fue realmente Javier P\u00e9rez Royo el traductor, quien tambi\u00e9n tradujo para OME las L\u00edneas fundamentales de la econom\u00eda pol\u00edtica (Grundrisse).<\/p>\n<p>Janet Browne es la autora La historia de El origen de las especies de Charles Darwin. La elecci\u00f3n no pod\u00eda ser mejor. Browne es profesora del centro de estudios sobre la historia de la medicina de la Universidad de Londres, es probablemente una de las m\u00e1s grandes estudiosas de la obra de Darwin y es autora de una biograf\u00eda casi definitiva de Darwin, dos vol\u00famenes editados en 1995 y 2002: Voyaging y The Power of Place. Su valoraci\u00f3n sobre el cl\u00e1sico darwiniano cierra su estudio: El origen de las especies \u201cpuede considerarse no una voz solitaria que desafiaba deliberadamente las tradiciones de la Iglesia o los valores morales de la sociedad, sino uno de los ejes de la transformaci\u00f3n del pensamiento occidental\u201d (p. 163).<\/p>\n<p>Su estudio est\u00e1 estructurado en una introducci\u00f3n y cinco cap\u00edtulos: \u201cLos comienzos\u201d, \u201cUna teor\u00eda sobre la cual trabajar\u201d, \u201cLa publicaci\u00f3n\u201d, \u201cLa controversia\u201d y \u201cEl legado.<\/p>\n<p>En la introducci\u00f3n Browne nos advierte que El origen de las especies es sin lugar a dudas uno de los libros m\u00e1s importantes que se hayan escrito nunca pero que sin embargo no se ajusta al estereotipo actual de lo que se espera de un libro de ciencia. El origen est\u00e1 escrito en un estilo maravillosamente personal que no incluye gr\u00e1ficos ni f\u00f3rmulas, ni usa lenguaje especializado y nos recuerda que el efecto de las ideas evolucionistas se han incrementado y debilitado desde el fallecimiento de Darwin. Por ejemplo, a finales del XIX y principios del XX muchos bi\u00f3logos consideraban que la vertiente cient\u00edfica del darwinismo era absolutamente incompatible con los primeros pasos de la gen\u00e9tica y que parad\u00f3jicamente, cuando una serie de bi\u00f3logos confiaban elaborar una s\u00edntesis evolucionista, sistemas rivales basados en ideas ambientalistas de la herencia de rasgos adquiridos (el lysenkismo entre ellos) recibieron un fuerte impulso.<\/p>\n<p>En el primer cap\u00edtulo, \u201cLos comienzos\u201d, Browne traza una apretado relato de los primeros a\u00f1os de la vida de Darwin, de sus estudios, influencias familiares y su aventura en el Beagle, con una ajustada vindicaci\u00f3n de la figura del capit\u00e1n Robert FritzRoy, un profundo creyente que en los a\u00f1os del viaje era un ge\u00f3logo aficionado con puntos de vista no b\u00edblicos bastante avanzados. Fue \u00e9l regal\u00f3 a Darwin Los principios de la geolog\u00eda de Charles Lyell (Browne recuerda una an\u00e9cdota que no me resisto a explicar: la \u00fanica vez que se enfadaron gravemente Darwin y FritzRoy fue a ra\u00edz de un incidente durante su estancia en Brasil. Un propietario de esclavos hizo comparecer ante \u00e9l a todos sus siervos y les pregunt\u00f3 si deseban ser libres. Obviamente respondieron que no. Cuando despu\u00e9s hablaron en el camarote del Beagle, FritzRoy daba por supuesto que la masiva respuesta era la pura verdad. Darwin le se\u00f1al\u00f3 con toda sensatez que ning\u00fan esclavo razonable correr\u00eda el riesgo de decir una palabra en sentido contrario. El capit\u00e1n salio vociferando y gritando que la convivencia entre ellos era ya imposible (Darwin vio claramente cual era la situaci\u00f3n en otra ocasi\u00f3n. Mientras un barquero negro le llevaba a trav\u00e9s de un r\u00edo, agit\u00f3 los brazos distra\u00eddo para dar indicaciones. Quedo horrorizado al ver que el barquero se agachaba de miedo. Pensaba que un Darwin blanco le iba a maltratar).<\/p>\n<p>El segundo cap\u00edtulo narra los primero estadios del surgimiento de la teor\u00eda. A principios de 1837, cuatro o cinco meses despu\u00e9s de su regreso a Gran Breta\u00f1a, Darwin estaba ya convencido de que las especies surgieron sin intervenci\u00f3n divina. Browne comenta que pese a toda las investigaciones hist\u00f3ricas sobre los progresos cient\u00edficos de Darwin, no se sabe con exactitud c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo alcanz\u00f3 esa convicci\u00f3n. \u201cEn cierto sentido, como es l\u00f3gico, la g\u00e9nesis de toda idea original encierra algo de misterio\u201d (p. 50). Desde julio de 1837, Darwin manifest\u00f3 su creencia de que se hjab\u00eda producido alguna clase de evoluci\u00f3n no solo entre las aves de las islas Gal\u00e1pagos sino entre todos los seres, incluidos los seres humanos: desde ese momento consider\u00f3 que los humanos formaban parte del reino animal y confi\u00f3 en pensar nuestros or\u00edgenes sin hacer referencia alguna a la creaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>En el tercer cap\u00edtulo, \u201cLa publicaci\u00f3n\u201d, Browne describe la edici\u00f3n de El origen que surgi\u00f3 como es sabido de una crisis: una ma\u00f1ana de junio de 1858, al recoger Darwin un paquete delgado que le hab\u00edan enviado desde Ternate, entre las C\u00e9libes y Nueva Guinea, se encontr\u00f3 con un manuscrito del naturalista Alfred Russel Wallace, un autodidacta sin ning\u00fan tipo de rentas, en el que daba una explicaci\u00f3n de la evoluci\u00f3n mediante la selecci\u00f3n natural. Su propia conjetura. Darwin escribi\u00f3 desesperado el 18 de junio de 1858 a Lylell: \u201cSi Wallace tuviera el borrador del manuscrito que escrib\u00ed en 1842 \u00a1no hubiera podido hacer un resumen mejor!\u201d. Las p\u00e1ginas dedicadas a Wallace (pp. 69-76), y el contexto sociol\u00f3gico y clasista del debate est\u00e1n, en mi opini\u00f3n, entre lo mejor de este ensayo.<\/p>\n<p>\u201cLa controversia\u201d es el cap\u00edtulo m\u00e1s largo del ensayo. Es conocida la situaci\u00f3n: pese a las numerosas pruebas acumuladas por Darwin, al p\u00fablico victoriano le era imposible admitir la idea de que se produjeran cambios graduales m\u00ednimos en los animales y plantas, y era igualmente dif\u00edcil desechar la idea de un Dios creador. Si hab\u00eda que incluir los seres humanos en la evoluci\u00f3n, \u00bfdeb\u00eda permitirse la ciencia abordar cuestiones que hasta aquel momento eran asunto exclusivo de la filosof\u00eda y la teolog\u00eda? La reina Victoria, seg\u00fan parece, se interes\u00f3 por el debate pero, seg\u00fan confes\u00f3 a su hija, confiaba que el libro de Darwin resultara dif\u00edcil de comprender.<\/p>\n<p>Es magnifico el relato de Browne en torno al debate del zo\u00f3logo y anatomista comparativo Thomas Henry Huxley, el dogo de Darwin, en la British Association for the Advenced of Sciende de Oxford en junio de 1860 (pp. 105-108). Browne, por otra parte, nos recuerda el terreno espinoso en que Darwin se adentr\u00f3 cuando aplic\u00f3 su conceptos biol\u00f3gicos a la cultura y al comportamiento humanos. \u201dSu naturalismo reformul\u00f3 el concepto de diversidad humana en t\u00e9rminos estrictamente evolucionistas y biol\u00f3gicos, con lo que reforz\u00f3 las creencias decimon\u00f3nicas en la superioridad racial\u201d (p. 123) Los blancos, obviamente, descansaban pl\u00e1cidamente en el v\u00e9rtice de la pir\u00e1mide racial.<\/p>\n<p>Finalmente, es absolutamente destacable las penetrantes y documentadas p\u00e1ginas que Browne dedica en el \u00faltimo cap\u00edtulo, \u201cEl legado\u201d, al debate actual sobre el creacionismo y la conjetura religiosa disfrazada del dise\u00f1o inteligente. No olvida tampoco el juicio de 1925 en Dayton, contra John Scopes, un profesor de ciencias acusado por el pol\u00edtico fundamentalista (\u00bfles suena?) William Jennings Byran de impartir ilegalmente ense\u00f1anzas sobre la teor\u00eda de la evoluci\u00f3n. Durante una temporada ense\u00f1ar teor\u00eda de evoluci\u00f3n en las escuelas de Tennessee iba en contra de la ley. Por favor, no apunten la idea a nuestros monse\u00f1ores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francis Wheen, La historia de El Capital de Karl Marx. Debate, Madrid, 2007, 157 p\u00e1ginas. Traducci\u00f3n de Carles Mercadal.<\/p>\n<p>Janet Browne, La historia de El origen de las especies de Charles Darwin. Debate, Madrid, 2007, 187 p\u00e1ginas. 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