{"id":7611,"date":"2020-05-12T05:00:07","date_gmt":"2020-05-12T04:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=7611"},"modified":"2020-05-11T18:54:54","modified_gmt":"2020-05-11T17:54:54","slug":"el-ethos-barroco-y-los-indios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=7611","title":{"rendered":"El ethos barroco y los indios"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 120px;\" align=\"justify\">Las mestizas y mulatas, que componen la mayor parte de M\u00e9xico, no pudiendo usar manto ni vestir a la espa\u00f1ola, y desde\u00f1ando el traje de las indias, van por la ciudad vestidas de un modo extravagante que hace que parezcan otros tantos diablos.<br \/>\nG.F. Gemelli Careri, <b>Viaje a la Nueva Espa\u00f1a <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p><strong>1. La modernidad en su propio conflicto<\/strong><\/p>\n<p>Todo intento de atrapar conceptualmente la esencia de la vida moderna, la modernidad en cuanto tal, parten necesariamente de descripciones de esa vida en las que se enfatiza la ambivalencia de los efectos del progreso t\u00e9cnico en su realizaci\u00f3n econ\u00f3mica, social y cultural. Lo moderno se caracterizar\u00eda as\u00ed por la ampliaci\u00f3n de la escala y la aceleraci\u00f3n del funcionamiento del mecanismo de la civilizaci\u00f3n y por la instauraci\u00f3n de un conflicto abierto entre el pasado y el futuro, que se dirime en el presente de la vida social bajo la figura de un conflicto siempre renovado entre modernidad y tradici\u00f3n. El desencantamiento del mundo y la secularizaci\u00f3n de las instituciones, la masificaci\u00f3n de los conglomerados sociales, la anonimizaci\u00f3n de las personas son realidades que aparecieron a mediados del siglo XIX y cuyas virtudes fueron condenadas por unos, los tradicionalistas, y exaltadas por otros, los modernizadores. Como ellas, otras realidades ambivalentes, fundadas en el progreso t\u00e9cnico, aparecen continuamente y reeditan el conflicto de lo innovador con lo obsoleto. La permanencia de este enfrentamiento tan caracter\u00edstico de la modernidad entre lo moderno y lo tradicional, encarnada en una lucha siempre renovada entre el partido de los \u201cv\u00e1ndalos\u201d y el de los humanistas o, lo que es lo mismo, entre el de los neohumanistas y el de los \u201cnost\u00e1lgicos\u201d, parece indicar que en su interpretaci\u00f3n est\u00e1 la entrada m\u00e1s adecuada a la comprensi\u00f3n de la esencia de la vida moderna.<\/p>\n<p>Sin embargo, otros indicios menos evidentes pero igual o incluso m\u00e1s caracter\u00edsticos de la vida moderna se\u00f1alan que la clave para la comprensi\u00f3n de su esencia se encierra en una contradicci\u00f3n de otro orden. Me refiero a indicios que se presentan excepcionalmente en la experiencia individual singular de la vida cotidiana moderna y que se resumen en una <i>stimmung<\/i>, como dicen los alemanes, en un \u201cestado de \u00e1nimo\u201d peculiar que se abate sobre los habitantes de las grandes ciudades, caracterizado por un desasosiego aparentemente inexplicable, por una extra\u00f1eza del sujeto respecto de s\u00ed mismo. Son indicios que documentan un modo de vida concreto desconocido en \u00e9pocas anteriores, sobre el que el arte y la literatura de comienzos del siglo XX supieron volcarse con asombro.<\/p>\n<p>Si -tomando al azar un ejemplo de las artes pl\u00e1stica- hacemos caso a la <i>stimmung <\/i>que Giorgio de Chirico quiere despertar en el espectador con sus \u201cpaisajes metaf\u00edsicos\u201d, reconocemos enseguida que el sobredimensionamiento de los elementos del mundo tecnificado que aparecen en ellos, la ajenidad y la lejan\u00eda que esta desmesura impone en la escena pintada chocan, en una ambivalencia dolorosa, con la positividad ingenua, casi jugetona, amable y prometedora con que est\u00e1n dibujados esos mismos elementos. Como el propio De Chirico lo dice, la intenci\u00f3n \u201cmetaf\u00edsica\u201d de sus cuadros se levanta en contra de lo puramente \u201cf\u00edsico\u201d que hay en ellos. Igualmente, si averiguamos por la causa de la tensi\u00f3n insoportable que prevalece en la atm\u00f3sfera de la narraci\u00f3n kafkiana, en <i>El Castillo <\/i>o en <i>El proceso<\/i>, la encontraremos en esa mezcla inquietante de lo \u00edntimo y lo p\u00fablico que caracteriza a los hechos narrados; en ellos, la intimidad \u201cdemasiado humana\u201d, con su dimensi\u00f3n corporal c\u00e1lida, emotiva, l\u00fadica incluso, se encuentra insoportable pero ineludiblemente intervenida por la gravitaci\u00f3n de entidades p\u00fablicas fr\u00edas, calculadoras, de una seriedad implacable, amenazante.<\/p>\n<p>Estos indicios, llamados \u201csubjetivos\u201d, que se encuentran ocasionalmente en la experiencia vital de la vida moderna apuntan hacia un conflicto diferente al que hay entre modernidad y tradici\u00f3n. Podr\u00eda decirse que expresan en su estado bruto un conflicto que la modernidad tiene consigo misma o una inconsistencia o contradicci\u00f3n inherente a la modernidad misma: como si la modernidad establecida o \u201crealmente existente\u201d tratase de conciliar dos proyectos de s\u00ed misma, incompatibles el uno con el otro.<\/p>\n<p><b>2. La opci\u00f3n capitalista de la modernidad <\/b><\/p>\n<p>En efecto, si volvemos sobre la historia de la modernidad consider\u00e1ndola en su conexi\u00f3n con la historia de la t\u00e9cnica, es decir, de la capacidad instrumental del trabajo humano y su comportamiento productivo ante la naturaleza, observamos que la condici\u00f3n primera de posibilidad de esa revoluci\u00f3n civilizatoria que conocemos como modernizaci\u00f3n se encuentra en una alteraci\u00f3n profunda de la relaci\u00f3n t\u00e9cnica del ser humano con la naturaleza, una transformaci\u00f3n que, seg\u00fan establecen los historiadores de la t\u00e9cnica, comenz\u00f3 en plena Edad Media. La civilizaci\u00f3n moderna aparece cuando aparece la \u201cneot\u00e9cnica\u201d, es decir, cuando la vida civilizada aprovecha el incremento exponencial de la productividad del trabajo humano que esa neot\u00e9cnica trae consigo. Lo que va a determinar la consistencia de esta modernidad es precisamente el modo en que lleve a cabo este aprovechamiento, la manera que tenga de integrarlo en su civilizaci\u00f3n. Y es que la neot\u00e9cnica no incita solamente a un salto <i>cuantitativo <\/i>en el rendimiento de las fuerzas productivas; incita igualmente a un salto <i>cualitativo <\/i>en la definici\u00f3n misma de lo que es ese rendimiento, de lo que es el trabajar y el producir. La neot\u00e9cnica abre para el ser humano la posibilidad de replantear desde la base, radicalmente, la relaci\u00f3n que ha mantenido con la naturaleza; le pone en condiciones de abandonar la relaci\u00f3n de conquista y dominio que \u00e9l ha buscado tradicionalmente imponer <i>sobre <\/i>ella, y de establecer <i>con <\/i>ella una relaci\u00f3n nueva, de colaboraci\u00f3n entre iguales, en la que ninguno de los dos se somete al otro ni se impone sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>Dos proyectos de modernidad se esbozan a partir de este doble nivel de transformaci\u00f3n civilizatoria desatado por la revoluci\u00f3n neot\u00e9cnica; dos proyectos que se definen seg\u00fan el modo de aprovechar esa transformaci\u00f3n que tiene cada uno de ellos. El primer proyecto, que parte de una disposici\u00f3n a poner en juego y en peligro las formas heredadas de la civilizaci\u00f3n en Occidente, acepta la doble incitaci\u00f3n -cuantitativa y cualitativa- de transformaci\u00f3n civilizatoria y plantea toda una reconstrucci\u00f3n de la humanidad del ser humano en medio de la naturaleza. El segundo, interesado en mantener la estrategia civilizatoria del Occidente mercantil, acepta s\u00f3lo la incitaci\u00f3n cuantitativa de transformaci\u00f3n y plantea una potenciaci\u00f3n del dominio humano sobre la naturaleza, mediada por el modo de producci\u00f3n capitalista de la riqueza social. Se trata de dos proyectos de modernidad o de dos modernidades que se desarrollar\u00e1n manera paralela, aunque estrechamente imbricadas la una con la otra, en la historia concreta de la sociedad occidental.<\/p>\n<p>La modernidad establecida consiste as\u00ed en la unidad contradictoria de dos modernidades o dos proyectos de modernidad diferentes, hecho que ser\u00eda precisamente el que explica esa experiencia de un desasosiego, de una inconstancia e inquietud, de un conflicto consigo mismo, que es caracter\u00edstica del individuo moderno.<\/p>\n<p>Si se examina con mayor detenimiento esta contradicci\u00f3n inherente a la vida moderna de todos los d\u00edas, se observa que ella resulta de la resistencia que ofrece una modernidad profunda, de orden cualitativo, a la acci\u00f3n de sometimiento o subordinaci\u00f3n que otra modernidad m\u00e1s evidente y poderosa, de orden puramente cuantitativo, ejerce sobre ella: la modernidad capitalista.<\/p>\n<p>En efecto, en la modernidad \u201crealmente existente\u201d prevalece una tendencia incontestable, una especie de destino ineluctable que condena a la primera de las dos posibilidades de modernizaci\u00f3n del mundo a estar sometida o subordinada bajo la otra. Se trata de un destino que condena, en primer lugar, a la subordinaci\u00f3n de la capacidad pol\u00edtica del sujeto social concreto o \u201cnatural\u201d -preocupado por la dimensi\u00f3n cualitativa de s\u00ed mismo y del mundo de su vida- bajo la \u201cvoluntad c\u00f3sica\u201d de un pseudo-sujeto sustitutivo, el capital, con su obsesi\u00f3n productivista abstracta, puramente cuantitativa; capital que no es en verdad sino la objetivaci\u00f3n enajenada y cosificada del mismo sujeto social. Es un destino que adem\u00e1s, en segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, condena al \u201cvalor de uso\u201d de los objetos del mundo de la vida a existir subordinado bajo el \u201cvalor de cambio\u201d de los mismos, es decir, condena a la subsunci\u00f3n de la \u201cforma natural\u201d de los objetos de ese mundo bajo la \u201cforma de valor\u201d que tienen ellos mismos en la econom\u00eda mercantil (un valor econ\u00f3mico que est\u00e1 siempre, incesantemente, en proceso de auto-valorizarse).<\/p>\n<p><b>3. El ethos de la modernidad <\/b><\/p>\n<p>Como dije al comienzo, en la normalidad de la vida cotidiana, la experiencia de esta contradicci\u00f3n y de esta subsunci\u00f3n implacable se da s\u00f3lo excepcionalmente en su estado bruto o virulento. Por lo general, ella no se presenta, debido a que tanto la contradicci\u00f3n como la subsunci\u00f3n se encuentran neutralizadas o cambiadas de sentido gracias a la acci\u00f3n de un dispositivo especial que condiciona la experiencia de los individuos sociales, al que llamamos ethos.<\/p>\n<p>El ethos de una \u00e9poca hist\u00f3rica consiste en una estrategia elaborada espont\u00e1neamente en la vida cotidiana e incorporada en el c\u00f3digo del comportamiento social, dirigida a contrarrestar los efectos negativos o autorrepresivos que tiene sobre \u00e9l la hostilidad de alguna fuerza superior (la naturaleza, por ejemplo), que ha sido interiorizada en la vida social por las instituciones; una fuerza superior que act\u00faa sobre esa vida como una tendencia destructiva irresistible, como un destino devastador sobre el proceso de reproducci\u00f3n de la vida social concreta (trabajo, disfrute, procreaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Se trata de una estrategia que construye ciertos dispositivos particulares de comportamiento social, ciertos usos y costumbres determinados, que afectan lo mismo \u201csubjetivamente\u201d, al car\u00e1cter de las personas, que \u201cobjetivamente\u201d, a la organizaci\u00f3n del mundo de su vida. Se trata, en todos ellos, de estrategias de comportamiento dirigidas a alejar de la vida normal cotidiana, a neutralizar en ella, la experiencia en principio insoportable de una realidad contradictoria que se resuelve una y otra vez en un sentido negativo, hostil al despliegue de las potencialidades humanas.<\/p>\n<p>Son estrategias que encaminan el comportamiento humano en dos direcciones diferentes: sea a adaptar al sujeto social a la negatividad de un destino omnipotente, a mimetizarlo con \u00e9ste de manera que lo experimente invertidamente como positivo, o por el contrario, a \u201cescapar\u201d de ese destino, a burlarlo o enga\u00f1arlo, a fin de que experimente su negatividad pero no su omnipotencia.<\/p>\n<p>Como dije anteriormente, en la modernidad establecida o \u201crealmente existente\u201d, la fuerza superior que act\u00faa como un destino ineluctable es la que lleva a resolver la contradicci\u00f3n entre la modernidad cualitativa o de la \u201cforma natural\u201d de la vida moderna y la modernidad cuantitativa o capitalista de la misma subordinando y sacrificando la primera a la segunda. Alejar o neutralizar la experiencia de esta realidad insufrible e implacable es precisamente la tarea del ethos social en la modernidad establecida. Una tarea que \u00e9l llega a cumplir de diferentes maneras de acuerdo a la situaci\u00f3n hist\u00f3rico geogr\u00e1fica en la que aparece y se desenvuelve.<\/p>\n<p>Puede hablarse de un ethos moderno \u201crealista\u201d cuando la estrategia que neutraliza la contradicci\u00f3n entre la modernidad profunda o \u201ccualitativa\u201d y la modernidad capitalista o \u201ccuantitativa\u201d que domina sobre ella consiste en denegar tal contradicci\u00f3n, en apartarla de la experiencia del individuo social, haciendo que su vida se mimetize con la \u201cvitalidad\u201d del capital y que su voluntad, sus deseos e intereses coincidan plenamente con los que \u00e9ste determina. Es la primera de las versiones del ethos moderno y la que m\u00e1s ha marcado y sigue marcando la historia del Occidente europeo.<\/p>\n<p>Similar a este ethos \u201crealista\u201d, por ser igualmente denegador de la contradicci\u00f3n moderna, aparece un segundo ethos, el ethos \u201crom\u00e1ntico\u201d, que se contrapone sin embargo a \u00e9l por cuanto invierte para los individuos sociales el sentido de su mimetizaci\u00f3n con la vitalidad del capital y presenta a la modernidad cuantitativa o capitalista como una figura negativa pero necesaria de la propia modernidad cualitativa o afirmadora de la \u201cforma natural\u201d de la vida.<\/p>\n<p>Puede hablarse, por otra parte, de dos <i>ethe <\/i>modernos m\u00e1s que, a diferencia de los anteriores, presentan una estrategia de neutralizaci\u00f3n del destino moderno y su contradicci\u00f3n que s\u00ed entrega \u00e9stos a la experiencia concreta de los individuos sociales, pero que lo hace de tal manera que ese destino adopta, gracias a ellos, la vigencia de una legalidad natural o sobre-humana incuestionable, ante la cual el individuo social concreto s\u00f3lo puede defenderse contrarrest\u00e1ndola o burl\u00e1ndola.<\/p>\n<p>En efecto, la estrategia de uno de ellos, el ethos moderno \u201ccl\u00e1sico\u201d, consiste precisamente en hacer que el individuo social experimente la negatividad del destino moderno como inevitable pero corregible mediante el encauzamiento de la misma modernidad establecida en un sentido \u201cprogresista\u201d, favorable a la modernidad cualitativa y a la \u201cforma natural\u201d de la vida social.<\/p>\n<p>La estrategia del otro de ellos, el ethos \u201cbarroco\u201d, trae tambi\u00e9n a la experiencia de los individuos sociales el destino que subsume la forma natural o de uso del mundo a su forma capitalista, y lo trae igualmente en calidad de inevitable, pero lo hace mediante la construcci\u00f3n imaginaria de un segundo plano de experiencia (mediante un escape o una huida) en el que la forma natural, cualitativa o de uso resulta rescatada de su estado de devastaci\u00f3n. En la segunda parte de este art\u00edculo quisiera detenerme, un poco, en el ethos barroco y su peculiar manera de aparecer en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p><b>4. Ethos barroco y mestizaje <\/b><\/p>\n<p>La \u201clocura\u201d que convierte al hidalgo Alonso Quijano en Don Quijote parte de la construcci\u00f3n de una realidad imaginaria, dise\u00f1ada seg\u00fan el mundo descrito y codificado por la literatura caballeresca. De lo que se trata, para \u00e9l, es de poner en escena o de teatralizar all\u00ed el mundo real de su sobrina, del cura, del bachiller Carrasco, ese mundo de la vida real que le rodea y abruma, y cuya esencia consiste, seg\u00fan Miguel de Unamuno, en la anulaci\u00f3n de la realidad profunda de Espa\u00f1a, una realidad heroica y tr\u00e1gica. Si Alonso Quijano se embarca en esta teatralizaci\u00f3n es porque la realidad de ese mundo realista le duele y le es insoportable, y porque s\u00f3lo as\u00ed, transfigurada en la representaci\u00f3n, des-realizada y trascendida, puesta en escena como una realidad diferente, le resulta rescatable y vivible.<\/p>\n<p>No es para huir o escapar de la realidad, sino al contrario para \u201cliberarla del encantamiento\u201d que la vuelve irreconocible y detestable, que Alonso Quijano se convierte en Don Quijote; no es para anularla sino para rehacerla y revivirla, para \u201cdesfacer el entuerto\u201d que se le hace a toda hora cuando se la reduce a la realidad mortecina del entorno de Antonia Quijana. Quisiera mostrar a continuaci\u00f3n una singular homolog\u00eda que puede establecerse entre el barroquismo del comportamiento ideado por Cervantes para su personaje Don Quijote, por un lado, y el barroquismo de un comportamiento social todo menos que ficticio que se inicia por entonces, a comienzos del siglo XVII, en un cierto sector de la vida social cotidiana de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola.<\/p>\n<p><b>Lo barroco y la \u201cpuesta en escena absoluta\u201d <\/b><\/p>\n<p>La clave que permite reconocer esta homolog\u00eda y todo el conjunto de sugerencias y asociaciones que viene con ella es la de \u201clo barroco\u201d, entendido como ese \u201cesp\u00edritu de \u00e9poca hist\u00f3rica\u201d y \u201cesp\u00edritu de orbe\u201d propios del mundo mediterr\u00e1neo del siglo XVII, que ha sido tan intensa y profusamente estudiado, al menos en su manifestaci\u00f3n particular como realidad art\u00edstica y literaria.<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente todos los intentos de describir la obra de arte barroca subrayan en ella, en calidad de rasgo caracter\u00edstico y distintivo, su \u201cornamentalismo\u201d, un \u201cornamentalismo\u201d que remite en ella a una profunda \u201cteatralidad\u201d.<\/p>\n<p>Cuando se plantea la pregunta acerca de lo espec\u00edfico en el car\u00e1cter decorativo-teatral de las obras de arte barrocas pienso que es conveniente recordar una afirmaci\u00f3n que aparece en los <i>Paralipomena <\/i>de la <b>Teor\u00eda Est\u00e9tica <\/b>de T.W. Adorno. La afirmaci\u00f3n es la siguiente: \u201c&#8230; no est\u00e1 dicho todo con decir que lo barroco es decorativo. Lo barroco es <i>decorazione assoluta<\/i>; es como si \u00e9sta se hubiese emancipado de su finalidad y hubiese desarrollado su propia ley formal. Ya no decora algo, sino que es decoraci\u00f3n y nada m\u00e1s&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Adorno apunta hacia la paradoja encerrada en la decoraci\u00f3n barroca. Es una decoraci\u00f3n que se emancipa de lo central en la obra de arte, de su n\u00facleo esencial, a cuyo servicio debe estar; pero que, sin embargo, al mismo tiempo, no deja de ser s\u00f3lo una decoraci\u00f3n, una <i>serva<\/i>, una <i>ancilla <\/i>de aquel centro. Sin llegar a convertirse en una obra diferente o independiente en medio de la obra que decora, permanece atada a \u00e9sta, en calidad de una sutil pero radical transformaci\u00f3n de ella misma, como una propuesta alternativa de ella misma dentro de s\u00ed misma. S\u00f3lo se distingue de una decoraci\u00f3n simple, es decir, no absoluta o no barroca, en la manera de su servicio, en el modo de su <i>desempe\u00f1o<\/i>: un modo de servir que resulta exagerado, re-conformador de aquello que recibe su servicio. El modo absoluto en que lo esencial est\u00e1 decorado cuando se trata de una obra de arte barroca es un modo que no tiende a anular eso esencial, sino solamente a superarlo; que no lo descalifica o destruye, sino que \u00fanicamente lo trasciende. Aquello que afirma y desarrolla su ley formal propia, aut\u00f3noma, en el interior mismo de la ley central de la obra de arte no consiste en otra cosa que en este modo peculiar del decorar, es decir, del preparar lo esencial para que aparezca de mejor manera a la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, como dije anteriormente, lo ornamental de la obra de arte barroca s\u00f3lo es el aspecto m\u00e1s evidente de un rasgo suyo que la caracteriza de manera m\u00e1s determinante. La afirmaci\u00f3n de Adorno acerca de la <i>decorazione assoluta <\/i>del barroco deber\u00eda seg\u00fan \u00e9sto re-escribirse o parafrasearse a fin de que mencione no s\u00f3lo una decoraci\u00f3n absoluta sino una teatralidad absoluta de la obra de arte barroca. La afirmaci\u00f3n ser\u00eda entonces esta: \u201c&#8230;decir que lo barroco es decorativo no es decir todo. Lo barroco es <i>messinscena assoluta<\/i>; como si \u00e9sta se hubiese emancipado de todo servicio a una finalidad teatral (la imitaci\u00f3n del mundo) y hubiese creado un mundo aut\u00f3nomo. Ya no pone en escena algo (esa imitaci\u00f3n), sino que es escenificaci\u00f3n y nada m\u00e1s &#8230;\u201d<\/p>\n<p>La teatralidad inherente a la obra de arte barroca ser\u00eda entonces una teatralidad espec\u00edficamente diferente, precisamente una teatralidad absoluta, porque, en ella, la funci\u00f3n de servicio respecto de la vida real, que le corresponde al acontecer esc\u00e9nico en cuanto tal, ha experimentado una transformaci\u00f3n decisiva. En efecto, sobre el espacio circunscrito por el escenario, ha aparecido un acontecer que se desenvuelve con autonom\u00eda respecto del acontecer central y que lo hace sin embargo, parasitariamente, dentro de \u00e9l; un acontecer diferente que implica toda una versi\u00f3n alternativa del mismo acontecer.<\/p>\n<p>En todo tipo de representaciones, incluso en aquellas que no necesitan directamente de un escenario, como la estetizaci\u00f3n po\u00e9tica, por ejemplo, al arte barroco le importa enfatizar lo teatral, lo escenogr\u00e1fico; y ello, porque la escenificaci\u00f3n absoluta que \u00e9l pretende alcanzar parte del presupuesto de que todo artista tiene de por s\u00ed la funci\u00f3n de un hombre de teatro, de un actor. En esencia, el pintor, el poeta ser\u00edan hombres de teatro, s\u00f3lo que su obra, el resultado de su acto de representaci\u00f3n, se habr\u00eda separado espacial y temporalmente de la realizaci\u00f3n del mismo y lo habr\u00eda \u201csobrevivido \u201c.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es entonces lo que hace, cuando se trata del arte barroco, que esta teatralidad que domina en todas las obras art\u00edsticas, sea una teatralidad propiamente absoluta, una <i>messinscena assoluta<\/i>? La respuesta se encuentra tal vez en la \u201cestrategia melanc\u00f3lica de trascender la vida\u201d, propia de Don Quijote. Para \u00e9l, la consistencia imaginaria del mundo transfigurado po\u00e9ticamente -del mundo escenificado con la ayuda de las novelas de caballer\u00eda- se ha vuelto, como mundo de la vida, mil veces m\u00e1s necesaria y fundamentada que la del mundo real del imperio de Felipe II, mundo necesario en virtud del oro y basado en la fuerza de las armas.<\/p>\n<p><i>La messinscena assoluta <\/i>es aquella en la que el servicio de representar -de convertir al mundo real en un mundo representado- se cumple de manera tal, que desarrolla \u00e9l mismo una necesidad propia, una \u201cley formal\u201d aut\u00f3noma, que es capaz de alterar la representaci\u00f3n del mundo mitificado en la vida cotidiana hasta el punto en que lo convierte en una versi\u00f3n diferente de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Al descubrir una legalidad propia, una necesidad o una \u201cnaturalidad\u201d en algo tan falto de fundamento, tan contingente e incluso improvisado como es un mundo puesto en escena, la teatralidad absoluta invita a invertir el estado de cosas y a plantear, al mismo tiempo, la legalidad del mundo real como una legalidad cuestionable; descubre que ese mundo es tambi\u00e9n, en el fondo, esencialmente teatral o escenificado, algo que en \u00faltima instancia es tambi\u00e9n, \u00e9l mismo, contingente, arbitrario.<\/p>\n<p><i><b>Lo barroco y el mestizaje de las formas <\/b><\/i><\/p>\n<p>M\u00e1s que a trav\u00e9s de la realizaci\u00f3n de una \u201ccopia creativa\u201d del arte europeo, m\u00e1s que en una importaci\u00f3n enriquecedora de lo importado, lo barroco se gest\u00f3 y desarroll\u00f3 inicialmente, en Am\u00e9rica, en la construcci\u00f3n de un ethos social propio de las clases bajas y marginales de las ciudades mestizas del siglo XVII y XVIII. Lo barroco se desarroll\u00f3 en Am\u00e9rica en medio de una vida cotidiana cuya legalidad efectiva implicaba una transgresi\u00f3n de la legalidad consagrada por las coronas ib\u00e9ricas, una curiosa transgresi\u00f3n que, siendo radical, no pretend\u00eda una impugnaci\u00f3n de la misma; lo hizo sobre la base de un mundo econ\u00f3mico informal cuya informalidad aprovechaba la vigencia de la econom\u00eda formal con sus l\u00edmites estrechos. Y lo barroco apareci\u00f3 en Am\u00e9rica primero como una estrategia de supervivencia, como un m\u00e9todo de vida inventado espont\u00e1neamente por aquella d\u00e9cima parte de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena que pudo sobrevivir al exterminio del siglo XVI y que no hab\u00eda sido expulsada hacia las regiones inh\u00f3spitas.<\/p>\n<p>Una vez que las grandes civilizaciones ind\u00edgenas de Am\u00e9rica hab\u00edan sido borradas de la historia, y ante la probabilidad que dej\u00f3 el siglo XVI de que la empresa de la Conquista, desatendida ya casi por completo por la corona espa\u00f1ola, terminara desbarranc\u00e1ndose en una \u00e9poca de barbarie, de ausencia de civilizaci\u00f3n, esta poblaci\u00f3n de indios integrados como siervos o como marginales en la vida citadina virreinal llev\u00f3 a cabo una proeza civilizatoria de primer orden.<\/p>\n<p>Para finales del siglo XVI, el siglo de la Conquista, los espa\u00f1oles nacidos en Am\u00e9rica, los criollos descendientes de los conquistadores, se sent\u00edan repudiados por Espa\u00f1a. La carrera de Indias, los convoyes navales con escolta militar, hab\u00edan comenzado a disminuir en volumen y en frecuencia; el inter\u00e9s de Europa por la plata americana hab\u00eda comenzado a descender; el cord\u00f3n umbilical que un\u00eda a la Europa europea con la Europa americana se adelgazaba, privando a \u00e9sta \u00faltima de los nutrientes civilizatorios que le eran indispensables, amenazando con dejarla a la deriva.<\/p>\n<p>Rescatar a la vida social de la esta amenaza de barbarie que ven\u00eda junto con ese repudio y abandono, y que se cern\u00eda no s\u00f3lo sobre los criollos sino sobre toda la poblaci\u00f3n del llamado \u201cnuevo mundo\u201d, se hab\u00eda vuelto un asunto de sobrevivencia. Y fue precisamente la parte ind\u00edgena de esa poblaci\u00f3n, descendiente de los vencidos y sometidos en la Conquista, la que emprendi\u00f3 en la pr\u00e1ctica, espont\u00e1neamente, sin pregonar planes ni proyectos, la reconstrucci\u00f3n de una vida civilizada en Am\u00e9rica, la que impidi\u00f3 que se marchitara la nueva civilizaci\u00f3n impuesta por los conquistadores. Para hacerlo, y ante la imposibilidad manifiesta de reconstru\u00edr sus mundos antiguos -tan ricos y complejos como fueron, pero a la vez tan fr\u00e1giles-, reactualiz\u00f3 el recurso mayor de la historia de la civilizaci\u00f3n humana, que es la actividad del mestizaje cultural, instaurando as\u00ed el que habr\u00eda de ser el primer compromiso identificador de quienes m\u00e1s tarde se reconocer\u00e1n como latinoamericanos. Llev\u00f3 a cabo, no un traslado o prolongaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n europea &#8211;ib\u00e9rica\u2014 en Am\u00e9rica, sino toda una repetici\u00f3n o re-creaci\u00f3n de la misma.<\/p>\n<p>Los indios citadinos, desarraigados de sus comunidades de origen, que hab\u00edan llegado para trabajar en la construcci\u00f3n de templos, conventos, calles y mansiones y que se hab\u00edan asentado en las ciudades como empleados, artesanos, criados y trabajadores no especializados, dejaron que los restos de su antiguo c\u00f3digo civilizatorio que hab\u00edan quedado despu\u00e9s del cataclismo de la conquista, fuesen devorados por el c\u00f3digo civilizatorio vencedor de los europeos. En otras palabras, los indios indispensables en la existencia de las nuevas ciudades permitieron que fuera el modo europeo de subcodificar y particularizar aquella simbolizaci\u00f3n elemental con la que lo humano se autoconstruye al construir un cosmos dentro del caos, el que prevaleciera sobre el modo antiguo de sus ancestros, que se volv\u00eda cada vez m\u00e1s desdibujado y lejano. Es decir, dejaron que, sobre sus lenguas originarias se estableciera la lengua de los europeos, la manera propia de \u00e9stos de volver decible lo indecible, de dar nombre y sentido a los elementos del cosmos.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s importante y sorprendente de todo esto es que fueron los mismos indios quienes asumieron la agencia o sujetidad de este proceso, su ejecuci\u00f3n; hecho que llev\u00f3 a que \u00e9ste se realizara de una manera tal, que lo que esa re-construcci\u00f3n iba reconstruyendo resultaba ser algo completamente diferente del modelo que pretend\u00eda reconstruir. De ella resultaba una civilizaci\u00f3n occidental europea retrabajada en el n\u00facleo mismo de su c\u00f3digo precisamente por los restos sobrevivientes de ese c\u00f3digo civilizatorio ind\u00edgena que esa civilizaci\u00f3n ten\u00eda que asimilar para poder ser revivida. Jugando a ser europeos, no copiando las cosas o los usos europeos, sino mimetiz\u00e1ndose, simulando ser ellos mismos europeos, es decir, repitiendo o \u201cponiendo en escena\u201d lo europeo, los indios asimilados montaron una muy peculiar representaci\u00f3n de lo europeo. Era una representaci\u00f3n o imitaci\u00f3n que en un momento dado, asombrosamente, hab\u00eda dejado de ser tal y pasado a ser una realidad o un original: en el momento mismo en que, ya transformados, los indios se percataron de que se trataba de una representaci\u00f3n que ellos ya no pod\u00edan suspender o detener y de la que, por lo tanto, ellos mismos ya no pod\u00edan salir; una \u201cpuesta en escena absoluta\u201d, que hab\u00eda transformado el teatro en donde ten\u00eda lugar, permutando la realidad de la platea con la del escenario.<\/p>\n<p>Al llevar a cabo esta \u201cpuesta en escena absoluta\u201d, esta representaci\u00f3n barroca, los indios que mestizan a los europeos mientras se mestizan a s\u00ed mismos vienen a sumarse a todos aquellos seres humanos que pretend\u00edan en esa \u00e9poca construir para s\u00ed mismos una identidad propiamente moderna, sobre la base de la particularizaci\u00f3n capitalista de la modernidad. Y viene a sumarse, espec\u00edficamente a uno de esos intentos de construcci\u00f3n de una identidad moderna, al que aparece ya a finales del siglo XV en Italia y en la pen\u00ednsula ib\u00e9rica y que conocemos como el \u201c<i>\u00e9thos <\/i> barroco\u201d. En efecto, la aceptaci\u00f3n ind\u00edgena de una forma civilizatoria ajena, como una aceptaci\u00f3n que no s\u00f3lo la transforma sino que la re-conforma, sigue la misma peculiar estrategia barroca que adoptan ciertas sociedades de esa \u00e9poca en la interiorizaci\u00f3n de la modernidad capitalista, que impone el sacrificio de la forma natural de la vida -y de los valores de uso del mundo en que ella vive- en bien de la acumulaci\u00f3n de la riqueza capitalista. As\u00ed como esta variedad barroca de la humanidad moderna acepta ese sacrificio convirti\u00e9ndolo en un reivindicaci\u00f3n de segundo grado de la vida concreta y de sus bienes, as\u00ed tambi\u00e9n, sum\u00e1ndose a ella, los mestizos americanos han aceptado el sacrificio de su antigua forma civilizatoria, pero haciendo de \u00e9l, al construir la nueva civilizaci\u00f3n, un modo de reivindicarla.<\/p>\n<p>A diferencia de la puesta en escena de s\u00ed mismo como Don Quijote, que hace Alonso Quijano cuando transfigura imaginariamente la miseria hist\u00f3rica de su mundo para sobrevivir en \u00e9l, la estancia de los indios citadinos de Am\u00e9rica en ese otro mundo so\u00f1ado, tan extra\u00f1o para ellos, el de los europeos, que los salva tambi\u00e9n de su miseria, es una estancia que no termina. No despiertan de su sue\u00f1o, no regresan al \u201cbuen sentido\u201d no se \u201cdespe\u00f1an en el abismo de la sensatez\u201d o \u201cmueren a la cordura de la vida\u201d, como dice Unamuno que hace Alonso Quijano al renegar del Quijote el d\u00eda de su muerte; no vuelven de ese otro mundo reproducido, representado, sino que permanecen en \u00e9l y se hunden en \u00e9l, convirti\u00e9ndolo poco a poco en su mundo real. Se trata, por lo dem\u00e1s, de una representaci\u00f3n dentro de la cual nacieron los \u201cespa\u00f1oles criollos\u201d, con los \u201cesplendores y las miserias\u201d del mundo virreynal, manifiestos de manera tan rica, aguda y exquisita en su arte y su literatura, y dentro de la cual nosotros, los latinoamericanos de hoy, despu\u00e9s de tantos siglos, parece que nos encontramos todav\u00eda.<\/p>\n<p>Como la de Don Quijote en su \u201clocura\u201d, la puesta en escena de aquellos indios fue y sigue siendo, de acuerdo a la definici\u00f3n que Adorno sugiere de lo barroco, una \u201cpuesta en escena absoluta\u201d.<\/p>\n<p><b>Conclusi\u00f3n <\/b><\/p>\n<p>Sostenido en el aire, es decir, contingente, sin fundamento en ninguna identidad \u201cnatural\u201d, ancestral, el mundo latinoamericano, improvisado desde comienzos del siglo XVII por los indios vencidos y sometidos en las ciudades de Mesoam\u00e9rica y de los Andes, es un mundo plenamente moderno: naci\u00f3 con la modernidad capitalista y se desarroll\u00f3 dentro de una de sus modalidades, la inspirada por el ethos barroco. La identidad que se afirma en el mundo latinoamericano es una identidad que reivindica el mestizaje como el modo de ser de la humanidad universalista y concreta: recoge, altera y multiplica toda posible identidad, se distancia de toda autoafirmaci\u00f3n que ponga como condici\u00f3n de la propia cultura una cerraz\u00f3n ante otros compromisos identitarios ajenos, un rechazo de otros modos de ser humano, sea este rechazo abiertamente hostil a ellos o s\u00f3lo soterrado, en <i>apartheid <\/i>-como lo es el de la vida en la modernidad establecida-, es decir, permisivo pero desconocedor de que esos otros modos de ser est\u00e1n ya prefigurados difusamente por el deseo de lo otro que aparece en el cultivo autocr\u00edtico de lo propio.<\/p>\n<p>Fuente: Revista de Filosof\u00eda <em>Sophia<\/em>, Quito-Ecuador. N\u00ba 2\/ 2008.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las mestizas y mulatas, que componen la mayor parte de M\u00e9xico, no pudiendo usar manto ni vestir a la espa\u00f1ola,<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":7622,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32,19,8,17],"tags":[],"class_list":["post-7611","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-america-latina","category-cultura","category-filosofia","category-historia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7611","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7611"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7611\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/7622"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7611"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7611"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7611"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}