{"id":763,"date":"2007-06-28T00:00:00","date_gmt":"2007-06-28T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=763"},"modified":"2020-02-26T11:24:54","modified_gmt":"2020-02-26T10:24:54","slug":"una-reflexion-republicana-sobre-el-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=763","title":{"rendered":"Una reflexi\u00f3n republicana sobre el Estado"},"content":{"rendered":"<p>Febrero de 2007<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b>Hay miedo al Estado. Lo hay en la tradici\u00f3n liberal,\u00a0 y lo hay en la izquierda socialista. La tradici\u00f3n liberal teme al Estado porque hereda dicho Estado como una estructura desp\u00f3tica de poder construida en el antiguo r\u00e9gimen por las monarqu\u00edas absolutas. La izquierda socialista teme al Estado porque lo concibe como un aparato de dominaci\u00f3n de clase del que la sociedad s\u00f3lo se emancipar\u00e1 cuando logre resolver los conflictos ligados a su estructura clasista de dominaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed defender\u00e9 una versi\u00f3n republicano-democr\u00e1tica del Estado <i>fuerte<\/i>. El republicanismo \u2013la tradici\u00f3n republicana- es una filosof\u00eda pol\u00edtica de la libertad. El republicanismo democr\u00e1tico\u00a0 aspira a extender esa libertad a los pobres, a\u00a0 los trabajadores, a los desfavorecidos, a los humildes\u00a0 y a hacer de ellos ciudadanos igualmente libres. Argumentar\u00e9 que ello pasa por fortalecer el Estado y darle una determinada orientaci\u00f3n. Comoquiera que un Estado fuerte representa una potencial amenaza de despotismo, argumentar\u00e9 que un Estado fuerte es republicanamente posible s\u00f3lo en la medida en que el gobierno de ese Estado es un gobierno democr\u00e1ticamente controlado, contestable y participado.<\/p>\n<p><b><i>Un peque\u00f1o rodeo hist\u00f3rico<\/i><\/b><\/p>\n<p>El Estado -su naturaleza, su funci\u00f3n, su sentido, su horizonte- es un tema may\u00fasculo y de una enorme complejidad. La propuesta de <i>fortalecimiento<\/i> del Estado la har\u00e9 en el seno de la tr\u00edada conceptual compuesta por gobierno\/Estado\/sociedad civil.\u00a0 Para empezar, el gobierno puede ser autoritario, desp\u00f3tico, olig\u00e1rquico o democr\u00e1tico; el Estado puede ser fuerte o d\u00e9bil, \u00e1gil o ineficiente, limpio o corrupto; la sociedad civil, activa o pasiva, exigente o conformista, soberana o s\u00fabdita, abierta o cerril. De esta manera, al hablar de un Estado fuerte quiero decir \u2013republicanamente- varias cosas: a) que quien lo gobierne gobernar\u00e1 un poderoso aparato con una amplia capacidad de intervenci\u00f3n <i>en<\/i> la sociedad civil, mas de forma eficiente y transparente; b)\u00a0 que ese gobierno republicano del Estado tendr\u00e1 una base popular democr\u00e1tica emanada de una sociedad civil soberana y activa; por ello, c) el gobierno republicano gobernar\u00e1 un Estado fuerte sin que \u00e9ste caiga en la ineficiencia, la corrupci\u00f3n y el descontrol. Desarrollar nuestro argumento recomienda dar un peque\u00f1o rodeo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p><b><i>Dualismos post-hobbesianos<\/i><\/b><\/p>\n<p>Cuando Bodino, all\u00e1 por el siglo XVI,\u00a0 pone la soberan\u00eda \u2013<i>majestas<\/i>&#8211; en el centro de la teor\u00eda pol\u00edtica, todav\u00eda predominan los esquemas duales heredados del pensamiento medieval y de la vieja constituci\u00f3n feudo-estamental. El sujeto de la soberan\u00eda pod\u00eda ser el gobernante, el gobernado o incluso pod\u00eda hablarse de una soberan\u00eda compartida. Pero para todos, aun para los defensores del poder absoluto del monarca, el pueblo conservaba su personalidad jur\u00eddica colectiva y segu\u00eda en posesi\u00f3n de unos derechos inalienables fundados en un contrato original de gobierno (<i>Herrschaftsvertrag<\/i>).<a title=\"\" href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> Hay que esperar a Hobbes para ver c\u00f3mo el Estado aspira a absorber en s\u00ed todos los derechos tanto de gobernantes como de gobernados, y procede a postularse como sujeto \u00fanico, absoluto e indivisible de la soberan\u00eda, es decir, como una estructura de poder independiente\u00a0 que reclama para s\u00ed toda la legitimidad pol\u00edtica por la v\u00eda de un original pacto se sujeci\u00f3n fundante de la misma comunidad. <a title=\"\" href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>\u00a0 Lo cual supon\u00eda que antes de ese pacto no hab\u00eda siquiera <i>societas civilis<\/i>\u00a0 nacida de su propio acuerdo original sino mero estado salvaje de naturaleza.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n hobbesiana del Estado no s\u00f3lo supon\u00eda una \u201csoluci\u00f3n\u201d radical al dualismo de la teor\u00eda pol\u00edtica heredada entre gobernantes y gobernados. Supon\u00eda tambi\u00e9n una \u201csoluci\u00f3n\u201d pr\u00e1ctica al conflicto de soberan\u00edas entre la corte y el parlamento, primero, y entre el gobierno y el pueblo mismo, despu\u00e9s, conflicto que lleg\u00f3 a su expresi\u00f3n armada en la guerra civil inglesa de 1642. Hobbes consigui\u00f3 desde luego dotar al Estado \u2013al Estado en s\u00ed, al <i>mortal God<\/i>&#8211; de un protagonismo, de una personalidad \u2013y hasta de un prestigio- que ya no perder\u00eda, pero su teor\u00eda\u00a0 absolutista no sirvi\u00f3 para resolver los mencionados dualismos heredados. Antes al contrario, y afortunadamente, \u00e9stos se reprodujeron tanto en la teor\u00eda como en la pr\u00e1ctica. Lo hicieron adem\u00e1s por partida doble, y siempre empujados por un constante aunque intermitente impulso democr\u00e1tico y por una creciente consolidaci\u00f3n del principio de soberan\u00eda popular.<\/p>\n<p>De un lado, el esquema dual de la antigua constituci\u00f3n feudo-estamental (es decir, el de una monarqu\u00eda limitada por los poderes independientes de burgues\u00eda, nobleza y clero) es el marco en el que evoluciona el modelo moderno \u2013parlamentario- de representaci\u00f3n pol\u00edtica. Esta evoluci\u00f3n\u00a0 tiene caracter\u00edsticas propias. En primer lugar, est\u00e1 marcada por un creciente protagonismo del parlamento frente a la corona o la corte \u2013es decir: el poder ejecutivo- en una de sus dos modalidades: la modalidad inglesa o la modalidad francesa. La diferencia entre ambas no es balad\u00ed. Muy al contrario, la modalidad inglesa \u2013bicameralismo- supone un <i>modus vivendi<\/i> entre las \u00e9lites del antiguo r\u00e9gimen en el que la antigua nobleza gozar\u00e1 de privilegios hereditarios durante siglos. No obstante, incluso aqu\u00ed, el impulso democr\u00e1tico abre el conflicto entre ambas c\u00e1maras por el control del parlamento, y presenta un nuevo dualismo. La tendencia, que ya se verifica en la primera mitad del XVIII con Walpole, est\u00e1 marcada por el creciente acopio de poder por parte de la C\u00e1mara Baja, por los comunes, que les ganan la partida pol\u00edtica a los <i>lores<\/i>. La modalidad francesa, la modalidad m\u00e1s democr\u00e1tica que estalla con la propia revoluci\u00f3n, es la del unicameralismo: una \u00fanica Asamblea general representativa de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vista con cierta perspectiva hist\u00f3rica, esta centralidad del Parlamento \u2013y de los Comunes dentro de los parlamentos bicamerales-\u00a0 representa el creciente protagonismo pol\u00edtico de la vieja burgues\u00eda medieval que, primero hizo su <i>conspiratio<\/i> contra el se\u00f1or territorial y luego se <i>conjur\u00f3<\/i> para formar la comunidad urbana como unidad pol\u00edtica autogobernada; la misma burgues\u00eda que forzada a alienarse en un sistema de representaci\u00f3n estamental termin\u00f3 gan\u00e1ndole la batalla no s\u00f3lo a la corona sino a los otros dos estamentos del <i>ancien regime<\/i>. Sin embargo, esa burgues\u00eda triunfante no ser\u00eda ajena a la presi\u00f3n de nuevas pulsiones y fuerzas democr\u00e1ticas, esta vez, provenientes de las clases subalternas. En efecto, no acababa de afianzar su poder la burgues\u00eda a lo largo del siglo XVIII \u2013ya a la inglesa, ya a la francesa- cuando descubre un siglo despu\u00e9s que el suelo social que pisaba no era firme sino que se mov\u00eda: el mundo subcivil de los olvidados (los dom\u00e9sticos y mendigos, los aprendices, los <i>proletarii<\/i>) estaba asomando a la superficie del espacio civil y buscaba el modo de activar los resortes de su propia libertad. Era el <i>cuarto estado<\/i> que ven\u00eda a turbar la paz del nuevo sistema de dominaci\u00f3n social que la burgues\u00eda post-medieval (capitalista) empezaba a protagonizar.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed se fueron abriendo dos nuevos frentes de batalla pol\u00edtica, dos nuevos dualismos. Por un lado un frente en el que las fuerzas democr\u00e1ticas pugnaban por integrar en el sistema de representaci\u00f3n pol\u00edtico a los <i>nullatenendi<\/i>, es decir, pugnaban por ampliar la base electoral del parlamento (Asamblea general o C\u00e1mara Baja), y extender a las clases trabajadoras subalternas el derecho tanto de elegir como de ser elegidas. Esta es una de las brechas pol\u00edticas centrales \u2013la del sufragio universal- del mundo contempor\u00e1neo. No es sin embargo la \u00fanica.<\/p>\n<p>En efecto, hay otro frente paralelo de batalla, m\u00e1s sutil pero no menos importante, que representa un nuevo conflicto de soberan\u00eda y un nuevo dualismo. Pero esta vez ya no entre la corte y el parlamento, sino entre el parlamento \u2013m\u00e1s o menos ampliado- y el pueblo, entre los representantes y los representados, entre los cargos electos y los electores. \u00bfD\u00f3nde arraiga la soberan\u00eda? Aqu\u00ed, desde luego, el frente democr\u00e1tico radical apuesta por una concepci\u00f3n estricta de la soberan\u00eda\u00a0 popular\u00a0 y de la representaci\u00f3n pol\u00edtica. Y esta vertiente democr\u00e1tico-radical del sistema representativo moderno \u2013en la que est\u00e1n Robespierre, los antifederalistas, y sin duda Marx, el Marx de <i>La Comuna de Par\u00eds<\/i>&#8211; tiene importantes implicaciones institucionales: es una democracia comisarial con mandato imperativo y revocabilidad permanente, apuesta por las circunscripciones peque\u00f1as y la brevedad de los cargos, apuesta por la rotaci\u00f3n obligatoria y la no reelegilidad, etc. Y permite que las fuerzas sociales \u2013organizaciones extraparlamentarias- tengan voz. Ya sabemos que este modelo radical-democr\u00e1tico de gobierno representativo no prosper\u00f3, pero, sea dicho al paso, la moderna teor\u00eda de la democracia participativa bebe, como no pod\u00eda ser de otra forma, de esta fuente, reivindicando el potencial pol\u00edtico de los movimientos sociales y la participaci\u00f3n activa de la ciudadan\u00eda de a pi\u00e9.<\/p>\n<p>Como vemos, lejos de haberse superado en una teor\u00eda absolutista del Estado los viejos dualismos del pensamiento pol\u00edtico medieval, \u00e9stos se reproducen a escala ampliada y definen los sucesivos marcos en los que evoluciona el moderno sistema parlamentario y la propia teor\u00eda moderna de la democracia representativa. Recapitulando, estos dualismos son cuatro: a) el parlamento frente a la corte; b) la c\u00e1mara baja frente a la c\u00e1mara alta; c) c\u00e1maras incluyentes frente a c\u00e1maras\u00a0 que excluyen a los pobres; d) representados\u00a0 frente a representantes. En cada uno de estos dualismos la batalla por la soberan\u00eda la gana el primer t\u00e9rmino en un proceso creciente de afirmaci\u00f3n del principio de soberan\u00eda popular. Sin embargo, mientras que los dos primeros &#8211; a) y b)- representan victorias reales (de la burgues\u00eda hist\u00f3rica); los dos \u00faltimos \u2013c) y d)- representan m\u00e1s bien victorias <i>formales<\/i> (de las clases subalternas) que no han impedido que los modernos sistemas parlamentarios tengan importantes sesgos olig\u00e1rquicos y se constituyan en complejas maquinarias de autorreproducci\u00f3n y autolegitimaci\u00f3n de las \u00e9lites en el poder.<\/p>\n<p>En realidad, todos estos desarrollos post-hobessianos del pensamiento pol\u00edtico y de las instituciones pol\u00edticas son desarrollos antihobessianos. Tanto que transitan por la senda cl\u00e1sica del canon republicano. La verdadera impronta de la teor\u00eda hobbesiana de la soberan\u00eda del Estado hay que buscarla en otro desarrollo paralelo pero distinto al que acabamos de contar.<\/p>\n<p><b><i>Estado y sociedad civil<\/i><\/b><\/p>\n<p><b><i>\u00a0<\/i><\/b><\/p>\n<p>En efecto, ocurre que a la construcci\u00f3n \u2013te\u00f3rica y pr\u00e1ctica- del Estado como sujeto independiente y autorreferencial de la soberan\u00eda le acompa\u00f1a casi desde el principio la construcci\u00f3n alternativa \u2013en la teor\u00eda y en la pr\u00e1ctica- de un sujeto nuevo, a saber: la <i>sociedad civil<\/i> como un sistema preexistente de relaciones y pr\u00e1cticas, independiente del Estado y de su organizaci\u00f3n pol\u00edtica. El pensamiento pol\u00edtico republicano cl\u00e1sico diferenciaba s\u00f3lo entre dos \u00e1mbitos mutuamente excluyentes: la familia (<i>oikos<\/i>) y el Estado (<i>polis<\/i>). De tal manera que cuando el <i>pater familias<\/i>, el hombre libre, cerraba la puerta de su casa, pisaba inmediatamente el suelo pol\u00edtico de la <i>praxis<\/i>, y seg\u00fan dejaba su <i>oikos<\/i> como particular pisaba el suelo de la comunidad como ciudadano. De la privacidad se pasaba a la publicidad, de la <i>idioteia<\/i> a la <i>politeia<\/i>: sin soluci\u00f3n de continuidad. El hombre libre, que era el se\u00f1or de su casa, no era m\u00e1s que un igual \u2013<i>isotes<\/i>&#8211; en el Estado, en la comunidad pol\u00edtica. Los no libres \u2013mujeres, esclavos, ni\u00f1os, pobres- quedaban recluidos en la mera privacidad como un \u00e1mbito de dominaci\u00f3n al servicio del se\u00f1or de la casa.<\/p>\n<p>La sociedad civil moderna es un \u00e1mbito que se abre paso entre esos dos polos cl\u00e1sicos de la familia y el Estado. Obviamente, ello produce un esquema tri\u00e1dico familia-sociedad civil-Estado que es con el que, por ejemplo, opera Hegel en su <i>Filosof\u00eda del Derecho<\/i>. La tr\u00edada hegeliana tiene gran inter\u00e9s porque permite diferenciar la esfera emocional de los afectos altruistas, asign\u00e1ndola a la familia, de la esfera racional del inter\u00e9s ego\u00edsta, asign\u00e1ndola a la sociedad civil <i>burguesa<\/i>. Y a la vez, permite encuadrar el reto pol\u00edtico de la propia modernidad en t\u00e9rminos de la posible conciliaci\u00f3n, en el Estado, entre la peque\u00f1a comunidad unida por el v\u00ednculo afectivo de pertenencia y la gran sociedad de individuos dominada por el conflicto de intereses. La soluci\u00f3n hegeliana supondr\u00eda una nueva forma de <i>solidaridad org\u00e1nica<\/i> que permitir\u00eda que la sociedad civil siguiera siendo una sociedad de individuos \u2013con sus libertades y su pluralismo- que sin embargo no fuera destruida por sus propias contradicciones internas. [El llamado corporatismo \u2013tambi\u00e9n el de posguerra- admite f\u00e1cilmente una interpretaci\u00f3n en esa clave hegeliana; no en vano el pacto neocorporatista supon\u00eda una re-estamentalizaci\u00f3n de la sociedad civil]<\/p>\n<p>Ahora bien, el esquema tri\u00e1dico es de alguna forma inestable y al final se resuelve en el gran dualismo sociedad civil\/Estado, toda vez que la familia queda reducida a una instituci\u00f3n m\u00e1s de la propia sociedad civil. Es este esquema dual el marco en el que seguimos comprendi\u00e9ndonos a nosotros mismos. Por ello es obligado preguntarse: \u00bfc\u00f3mo ha concebido el pensamiento pol\u00edtico moderno la sociedad civil?\u00a0 La respuesta m\u00e1s inmediata es la siguiente: en radical contradistinci\u00f3n con el Estado. Y es aqu\u00ed, por curioso que parezca, donde m\u00e1s influencia tiene\u00a0 Hobbes.<\/p>\n<p>En efecto, la sociedad civil empieza donde acaba el Estado, donde acaba la <i>ley pol\u00edtica<\/i> del Estado, que es la que restringe la libertad individual registrada en el derecho: la dualidad hobessiana <i>lex-ius<\/i> es la dualidad moderna Estado\/sociedad civil. La sociedad civil \u2013v\u00eda Hobbes- se entiende como una sociedad de individuos negativamente libres del poder del Estado y de ese <i>Hombre Artificial <\/i>que es la ley p\u00fablica. Por eso la sociedad civil es necesariamente una esfera pre-pol\u00edtica de acci\u00f3n y reacci\u00f3n entre individuos con <i>derechos<\/i> pre-pol\u00edticos de libertad natural.\u00a0 M\u00e1s a\u00fan, y tambi\u00e9n v\u00eda Hobbes, al pensar que el poder pol\u00edtico es patrimonio exclusivo del Estado, la sociedad civil moderna se concebir\u00e1 como una \u00e1mbito <i>despolitizado<\/i> de relaciones y pr\u00e1cticas entre individuos cuya libertad s\u00f3lo se ve amenazada por el potencial coercitivo y normativo del Estado, por la ley. Al carecer de un principio <i>pol\u00edtico<\/i> de organizaci\u00f3n, la sociedad civil no tardar\u00eda en ser vista como una esfera aut\u00f3noma con su propia estructura. Esta imagen se va consolidando a lo largo del siglo XVIII, y de ella resulta una concepci\u00f3n de la sociedad civil organizada prepol\u00edticamente en torno al puro <i>inter\u00e9s<\/i> ec\u00f3nomico. La <i>econom\u00eda<\/i> surge como la esencia de la sociedad civil moderna, el mercado como la esencia de la econom\u00eda. Toda vez, sin embargo, que la econom\u00eda pierde su referencia cl\u00e1sica como ley de la casa (<i>oikos\/nomos<\/i>)\u00a0 se convierte en ley de la sociedad. La sociedad civil burguesa se constituye, pues,\u00a0 en sociedad capitalista de mercado con un nuevo esquema motivacional: el inter\u00e9s material y la utilidad privada. No s\u00f3lo eso. La sociedad de mercado se piensa como un sistema sometido a sus propias leyes, a sus propias din\u00e1micas. Por a\u00f1adidura, esas leyes \u2013al menos as\u00ed terminar\u00e1 pensando el liberalismo- son buenas leyes. El mercado no s\u00f3lo induce el crecimiento econ\u00f3mico, tambi\u00e9n se autorregula. En consecuencia, el Estado no s\u00f3lo queda al margen como lo radicalmente otro de la sociedad civil; es adem\u00e1s considerado como un peligro potencial para su feliz, pr\u00f3spera y armoniosa autonom\u00eda.<\/p>\n<p>Muy distinta es la concepci\u00f3n republicana de la sociedad civil. El republicanismo, para decirlo r\u00e1pidamente, no entiende una sociedad civil despolitizada o apol\u00edtica. Locke todav\u00eda entiende <i>sociedad civil<\/i> como sin\u00f3nimo de <i>sociedad pol\u00edtica<\/i>. En realidad, ambos t\u00e9rminos son etimol\u00f3gicamente id\u00e9nticos, pues el t\u00e9rmino <i>civis<\/i> no es m\u00e1s que la traducci\u00f3n latina del griego <i>polites<\/i>. El liberalismo no se nutre de Locke, que es un republicano si se quiere elitista, sino de Hobbes. Es la tradici\u00f3n republicana la que no asume la herencia hobessiana y por ello mismo repolitiza la sociedad civil. Ello significa, para empezar, que la dominaci\u00f3n y la coerci\u00f3n no son patrimonio exclusivo del Estado sino que atraviesan a la sociedad en la medida en que la sociedad tiene quiebras, fracturas y asimetr\u00edas que confieren poder a unos grupos y desapoderan a otros. El Estado es un estructura de poder, eso nadie lo niega, pero no es la \u00fanica. El padre tiene poder sobre los hijos, el hombre tiene poder sobre la mujer, el patr\u00f3n tiene poder sobre el obrero, el jefe sobre el subordinado, el cura sobre sus fieles, la empresa monopolista tiene poder sobre el mercado, etc.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las fuentes del poder social? Para el republicanismo la principal de esas fuentes es la propiedad. Por lo mismo, para el republicanismo, la desigual distribuci\u00f3n de la propiedad es una de las \u00a0principales fuentes del conflicto social. Tanto es as\u00ed que un republicano radical como Rousseau fecha el nacimiento mismo de la sociedad civil \u2013pol\u00edtica- en el momento en que nace la diferenciaci\u00f3n entre lo tuyo y lo m\u00edo, es decir, la propiedad privada. Es la propiedad privada la que fragmenta a la sociedad en poseedores y despose\u00eddos, en ricos y pobres. Pues con la propiedad privada surge el trabajo enajenado, \u201cy las vastas selvas se trocaron en campi\u00f1as risue\u00f1as que hubo que regar con el sudor de los hombres, y en las que pronto se vio la esclavitud y la miseria germinar y crecer con las mieses\u201d.<a title=\"\" href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> La propiedad privada no s\u00f3lo divide a la sociedad en ricos y pobres sino tambi\u00e9n en opresores y oprimidos. La perspicacia y la sensibilidad democr\u00e1tica de Rousseau es tal que entiende cabalmente que esa estructura de dominaci\u00f3n social \u2013en la sociedad civil- requiere de un aparato adicional de poder -el Estado- como \u201cprecauci\u00f3n\u201d de los ricos \u201cpara protegerse\u201d de los pobres.<a title=\"\" href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> Marx estaba as\u00ed perfectamente asentado en la tradici\u00f3n republicano-democr\u00e1tica cuando afirma el car\u00e1cter de clase del Estado realmente existente, esto es, cuando concibe al Estado como un instrumento de poder al servicio de la dominaci\u00f3n de la clase dominante. Para el republicanismo elitista era idea aceptada que el Estado est\u00e1 al servicio de las clases propietarias, que es cosa suya. Marx entiende adem\u00e1s que la sociedad civil est\u00e1 rota por la propiedad, que entre las clases propietarias y no propietarias se establecen necesariamente relaciones sociales de dominaci\u00f3n y que el Estado no es simplemente <i>de<\/i> los propietarios sino un aparato de poder <i>para<\/i> la defensa activa de <i>su<\/i> sistema de dominaci\u00f3n social y de sus privilegios propietaristas. La gran aportaci\u00f3n de Gramsci fue darse cuenta de que el poder coercitivo del Estado no es suficiente para mantener un sistema de dominaci\u00f3n de clase, sino que hay que completarlo con la <i>hegemon\u00eda<\/i> cultural en la sociedad civil, es decir,\u00a0 con un sistema institucional y simb\u00f3lico capaz de ganarse el <i>consentimiento<\/i> de las clases subalternas a su propia dominaci\u00f3n. El Estado, de hecho, ser\u00eda la \u201ctrinchera avanzada\u201d de un sistema de dominaci\u00f3n que arranca en la propia sociedad civil\u00a0 considerada como un \u201cpoderoso sistema de fortalezas y casamatas\u201d.<a title=\"\" href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> De esta forma, la emancipaci\u00f3n de la sociedad civil no s\u00f3lo pasa por el control del Estado y su conversi\u00f3n en un aparato democr\u00e1ticamente gobernado y controlado, sino por conseguir la contra-hegemon\u00eda en el seno de la <i>opini\u00f3n p\u00fablica<\/i>, evitando que quede secuestrada por los grandes grupos de formaci\u00f3n del discurso, que sirven a intereses minoritarios, y abri\u00e9ndola a la opini\u00f3n plural de las voces excluidas y silenciadas.<\/p>\n<p>El republicanismo democr\u00e1tico no prescinde de este esquema y sigue concibiendo el Estado como una aparato de poder. Por ello, el republicanismo democr\u00e1tico ni pretende la minimizaci\u00f3n del Estado ni se deja enga\u00f1ar por las superficiales recomendaciones liberales de <i>neutralidad<\/i> estatal. El Estado republicano-democr\u00e1tico ser\u00eda, por un lado, un Estado socialmente orientado \u2013y, por lo tanto, nada neutral- a favor de los m\u00e1s pobres, de los m\u00e1s d\u00e9biles, de los m\u00e1s vulnerables. Va de suyo que un Estado as\u00ed ha de ser un Estado fuerte, no un Estado que \u201cdeja hacer y deja pasar\u201d. Es un Estado que combate activamente el fraude, la corrupci\u00f3n y el delito, que impone restricciones desmercantilizadoras a los derechos de propiedad (sobre la vivienda, el capital, el trabajo, la tierra), que presta servicios asistenciales a los grupos m\u00e1s desfavorecidos y vulnerables, que resuelve problemas de coordinaci\u00f3n y regulaci\u00f3n social, que fuerza soluciones cooperativas por la v\u00eda institucional all\u00ed donde la cooperaci\u00f3n no surge espont\u00e1neamente, que mantiene un sistema de ense\u00f1anza p\u00fablica y universal, que defiende la soberan\u00eda nacional frente a la ingerencia extranjera, que garantiza el derecho a la existencia mediante una renta republicana de ciudadan\u00eda y otros mecanismos de protecci\u00f3n p\u00fablica, que protege ecosistemas amenazados, que hace pedagog\u00eda pol\u00edtica, que impulsa medios p\u00fablicos de in-formaci\u00f3n de la opini\u00f3n y el juicio p\u00fablicos, que garantiza la pluralidad del espacio cultural, que planifica el desarrollo para que sea sostenible, etc., etc, etc&#8230; Es un Estado pol\u00edticamente orientado por objetivos c\u00edvico-democr\u00e1ticos, consciente siempre de que la sociedad civil no es un \u00e1mbito despolitizado y autorregulado de libertad natural, sino un \u00e1mbito de poder y conflicto que no garantiza por s\u00ed solo ni la justicia social ni la racionalidad colectiva ni la amistad c\u00edvica. La fortaleza de ese Estado resulta imprescindible para que esa orientaci\u00f3n pol\u00edtica sea posible y efectiva.<\/p>\n<p>Ahora bien: \u00bfacaso un Estado fuerte no amenaza seriamente la libertad de la propia sociedad civil? \u00bfAcaso no ser\u00e1 \u2013necesariamente- un aparato desp\u00f3tico de poder que devorar\u00e1 la soberan\u00eda? Sin duda alguna, esas amenazas existen, y existir\u00e1n en la medida en que el poder del Estado, que como todo poder tiende a la autoexpansi\u00f3n, no es controlado y no tiene ante s\u00ed un contrapoder mayor en la misma sociedad civil. Para ello, uno: habr\u00e1 que democratizar el gobierno mismo del Estado. Y, dos: la sociedad civil tendr\u00e1 que ser una sociedad de ciudadanos activos -que practican la <i>vita activa civilis-<\/i> y\u00a0 por ello mismo son capaces de construir y articular la <i>hegemon\u00eda<\/i> cultural de las fuerzas democr\u00e1ticas.<\/p>\n<p><b><i>Fortalecer la Sociedad civil, controlar el Estado<\/i><\/b><\/p>\n<p>Son conocidos los temores del republicanismo ante el poder, ante el poder de los gobiernos, ante el poder del Estado. El poder \u2013dec\u00eda Plat\u00f3n tajantemente- hace malos a los hombres. Los corrompe. Evitar esa deriva pasa por el control ejercido por los gobernados y los ciudadanos. No hay otra opci\u00f3n. Mucho menos para el republicanismo democr\u00e1tico, que\u00a0 necesita un Estado fuerte.<\/p>\n<p>La primera estrategia de control de la tradici\u00f3n republicana es constitucionalista. Se basa en una estrategia de dise\u00f1o institucional que busca la <i>divisi\u00f3n<\/i> del poder y la <i>s\u00edntesis<\/i> de intereses. As\u00ed, el mejor gobierno factible ser\u00eda un gobierno <i>mixto<\/i> (que busca la s\u00edntesis de los intereses de los pocos y los muchos) en el que los distintos poderes del Estado estuvieran divididos (el poder judicial del ejecutivo; y \u00e9ste del legislativo) para que unos frenaran y contrapesaran a los otros. El problema de esta soluci\u00f3n es que la divisi\u00f3n y la s\u00edntesis son perfectamente compatibles con las arquitecturas estatales olig\u00e1rquicas. Adem\u00e1s, los poderes divididos son <i>poderes<\/i>, y como tales pueden defender unilateralmente determinados intereses y privilegios. No ha sido infrecuente en la historia moderna y contempor\u00e1nea ver c\u00f3mo el poder judicial ha sido a menudo refugio de los <i>selected few<\/i> y un freno a los intentos de\u00a0 reforma constitucional pro-democr\u00e1tica. Por lo tanto, la divisi\u00f3n del poder y la s\u00edntesis de intereses de un gobierno republicano-democr\u00e1tico tendr\u00e1 que ser algo distinta. Para empezar, una rep\u00fablica democr\u00e1tica tendr\u00e1 que incluir en su s\u00edntesis a los muchos pobres: esto es evidente y fundamental. Para terminar, la divisi\u00f3n de poderes tendr\u00e1 que incidir en los aspectos din\u00e1micos y temporales del ejercicio del poder, dividi\u00e9ndolo <i>diacr\u00f3nicamente <\/i>\u2013esto es, potenciando la rotaci\u00f3n de los cargos y restringiendo la re-elegibilidad-, al tiempo que las divisiones <i>sincr\u00f3nicas<\/i> del poder no podr\u00e1n nunca negar la preponderancia del poder legislativo. Para evitar el posible conflicto entre la custodia judicial de la constituci\u00f3n, que es conservadora, y el poder constituyente del parlamento, que es din\u00e1mico, hay que tomarse en serio la idea jeffersoniana de la <i>democracia continua<\/i>, y someter las constituciones regularmente a una gran debate y revisi\u00f3n p\u00fablicos. La realidad es din\u00e1mica y las instituciones no pueden quedar suspendidas y congeladas en el tiempo sagrado de los muertos, sino que tienen que saber adaptarse a las nuevas necesidades de los vivos.<a title=\"\" href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a><\/p>\n<p>En segundo lugar, el control democr\u00e1tico del Estado pasa por democratizar el gobierno de ese Estado. Ya vimos m\u00e1s arriba c\u00f3mo el desarrollo del sistema parlamentario ha sido un desarrollo democr\u00e1tico tronchado e inconcluso, pues, en efecto, todav\u00eda queda mucho para poder decir que las c\u00e1maras de representantes <i>representan<\/i> e incluyen verdaderamente a los grupos m\u00e1s vulnerables; y queda mucho para poder decir que el sistema de representaci\u00f3n <i>responde<\/i>, al menos de forma equitativa, a las necesidades y preferencias de todos los representados y es <i>controlado<\/i>, al menos de forma efectiva, por ellos. Incluso en las democracias m\u00e1s avanzadas sigue habiendo intereses <i>subrepresentados<\/i> e intereses <i>sobrerrepresentados<\/i> y las diferencias de propiedad y riqueza siguen explicando\u00a0 en buena medida esas divergencias. Por su parte, el\u00a0 mecanismo de la <i>renovaci\u00f3n contingente<\/i> que pone a disposici\u00f3n de las ciudadan\u00edas las elecciones peri\u00f3dicas de l\u00edderes y partidos ha demostrado ser un mecanismo muy insuficiente de control pol\u00edtico. Los partidos pol\u00edticos de masas han cristalizado en estructuras internamente olig\u00e1rquicas de poder encajadas en un sistema pol\u00edtico cuya instituci\u00f3n central \u2013el parlamento-\u00a0 ha quedado colonizada por la l\u00f3gica de los intereses partidarios y convertida en caja de resonancia de los ejecutivos de turno y de las pol\u00edticas que se cuecen a puerta cerrada en consejo de ministros o en la direcci\u00f3n del partido en el gobierno. De esta forma, el debate en la c\u00e1mara de los representantes queda aplastado por la aritm\u00e9tica del voto partidario y el parlamento ve seriamente mermada su capacidad de controlar al gobierno. Al final, se produce la paradoja de que la mayor\u00eda parlamentaria que respalda al gobierno, lejos de controlarlo lo encubre, mientras que las tareas de control bien se ceden a las minor\u00edas de la oposici\u00f3n parlamentaria, que responden a un mismo patr\u00f3n y una misma l\u00f3gica, bien a la opini\u00f3n p\u00fablica, tan permeable y porosa como los propios partidos a los intereses organizados de los grupos m\u00e1s poderosos de la sociedad civil.<\/p>\n<p>Por todo ello, en tercer lugar, es necesario rebasar el estrecho horizonte del sistema convencional \u2013partidista- de representaci\u00f3n\u00a0 pol\u00edtica y abrir nuevos espacios de participaci\u00f3n extraparlamentaria. Y ello en un doble sentido. En el sentido, primero, de que las decisiones y las pol\u00edticas puedan ser <i>contestadas<\/i>,<a title=\"\" href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a> y, segundo, en el sentido de que las decisiones y las pol\u00edticas puedan ser <i>participadas<\/i>. Lo primero significa que la sociedad civil tiene la suficiente capacidad de reacci\u00f3n para resistir a las leyes pol\u00edticas egresadas del parlamento, y forzar su modificaci\u00f3n o impedir su ejecuci\u00f3n. Huelga decir que esa contestaci\u00f3n implica que la sociedad civil no est\u00e1 est\u00e1tica ni parada, sino <i>en movimiento (social)<\/i>, que es din\u00e1mica, activa, que tiene voz propia, voz libre \u2013no secuestradas por los <i>mass media<\/i>, que ya sabemos los se\u00f1ores a los que sirven-, y capacidad organizativa para armar la confrontaci\u00f3n con el Estado y el gobierno. La contestaci\u00f3n implica la existencia de un rico tejido asociativo, de fuertes redes aut\u00f3nomas de capital social, en un escenario tan plural y heterog\u00e9neo como plurales y heterog\u00e9neas sean las necesidades y las preferencias. Por su parte, la segunda dimensi\u00f3n \u2013la participaci\u00f3n en las decisiones- significa que la sociedad civil tiene instrumentos para <i>cogestionar<\/i> la cosa p\u00fablica y <i>participarla<\/i>. En general esto implica la fusi\u00f3n de dos horizontes: el horizonte de la descentralizaci\u00f3n \u2013y relativa des-burocratizaci\u00f3n- del Estado y el horizonte de la democracia de base, que no tiene por qu\u00e9 ser democracia directa \u2013aunque tambi\u00e9n- sino que puede realizarse dentro de un marco profundizado de representaci\u00f3n popular, al estilo de la tradici\u00f3n democr\u00e1tico-radical de la Comuna de Par\u00eds. En cualquier caso, este es un \u00e1mbito de experimentaci\u00f3n abierto a la imaginaci\u00f3n y las iniciativas populares. Valgan como ejemplo los <i>presupuestos participativos<\/i> de Porto Alegre, los <i>consejos vecinales<\/i> de Chicago, el sistema de <i>democracia Pachayat<\/i><a title=\"\" href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a> en Bengala occidental o los <i>consejos comunales <\/i>de la actual Venezuela. El campo est\u00e1 abierto a la experimentaci\u00f3n pol\u00edtica y tambi\u00e9n a la reflexi\u00f3n te\u00f3rica. Por ejemplo, hay propuestas interesantes de democracia asociativa \u2013como la de J. Cohen y J. Rogers-<a title=\"\" href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a> que proponen una pol\u00edtica calibrada de cesi\u00f3n de responsabilidad administrativa y ejecutiva a determinados <i>grupos y asociaciones secundarias<\/i> no gubernamentales siempre que cumplan determinados requisitos de organizaci\u00f3n democr\u00e1tica interna y de orientaci\u00f3n c\u00edvico-republicana externa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Cfr. Otto von Gierke (1950), Natural Law and the Theory of Society, 1500 to 1800, trad. De E. Barker, Londres: Cambridge UNoversity Press, pp. 40 y sigs.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Cfr. Q. Skinner (2003), <i>El nacimiento del Estado<\/i>,\u00a0 trad. de\u00a0 M. Gainza, Buenos Aires: Edtorial Gorla.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> J-J. Rousseau (2003), <i>Sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad\u00a0 entre los hombres<\/i>, trad. de M. Armi\u00f1o, Madrid: Alianza, p\u00e1g. 286.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <i>Op. cit<\/i>., pp. 296-7.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Cit,. por P. Anderson (1978), <i>Las antinomias de Antonio Gramsci<\/i>, Barcelona: Fontamara, trad. de L. Bassols y J.R. Fraguas, p\u00e1g. 84.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Sobre lo anterior, cfr. A. de Francisco (2007), <i>Ciudadan\u00eda y democracia: un enfoque republicano<\/i>, Madrid: La Catarata, cap. iv.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Sobre el principio de contestaci\u00f3n y su aplicaci\u00f3n en sentido republicano, cfr. P. Pettit (1997), <i>Republicanism<\/i>, Oxford. Clarendon Press, cap.6, II.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Sobre estos experimentos de participaci\u00f3n democr\u00e1tica, cfr. A. Fung, \u201cSurvey Article: Recipes for Public Spheres: Eight Institucional Design Choices and Their Consequences\u201d, <i>The Journal of Political Philosophy<\/i>, vol. 11, N. 3, 2003, pp. 338-367. En Venezuela, a ra\u00edz de la Constituci\u00f3n de 1999, se han puesto en marcha mecanismos que buscan hacer real la condici\u00f3n de \u201csociedad democr\u00e1tica, participativa y protag\u00f3nica\u201d que recoge su Pre\u00e1mbulo. Entre otros, estar\u00edan la contralor\u00eda social, los consejos comunales, el parlamentarismo de calle, los N\u00facleos de Desarrollo End\u00f3geno y las Empresas de Producci\u00f3n Social. Al respecto v\u00e9ase Haiman El Troudi y Juan C. Monedero, <i>Empresas de Producci\u00f3n Social. Instrumento para el socialismo del siglo XXI<\/i>, Caracas: Despacho de la Presidencia, 2006.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Joshua Cohen y Joel Rogers (1998), \u201cAsociaciones secundarias y gobierno democr\u00e1tico\u201d, en A. de Francisco (coord.), <i>Asociaciones y Democracia<\/i>, Zona Abierta, 84\/85, pp. 3-122.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Febrero de 2007<\/p>\n<p>Hay miedo al Estado. Lo hay en la tradici\u00f3n liberal,\u00a0 y lo hay en la izquierda socialista. La tradici\u00f3n liberal teme al Estado porque hereda dicho Estado como una estructura desp\u00f3tica de poder construida en el antiguo r\u00e9gimen por las monarqu\u00edas absolutas. La izquierda socialista teme al Estado porque lo concibe como un aparato de dominaci\u00f3n de clase del que la sociedad s\u00f3lo se emancipar\u00e1 cuando logre resolver los conflictos ligados a su estructura clasista de dominaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aqu\u00ed defender\u00e9 una versi\u00f3n republicano-democr\u00e1tica del Estado fuerte. El republicanismo \u2013la tradici\u00f3n republicana- es una filosof\u00eda pol\u00edtica de la libertad. El republicanismo democr\u00e1tico\u00a0 aspira a extender esa libertad a los pobres, a\u00a0 los trabajadores, a los desfavorecidos, a los humildes\u00a0 y a hacer de ellos ciudadanos igualmente libres. Argumentar\u00e9 que ello pasa por fortalecer el Estado y darle una determinada orientaci\u00f3n. Comoquiera que un Estado fuerte representa una potencial amenaza de despotismo, argumentar\u00e9 que un Estado fuerte es republicanamente posible s\u00f3lo en la medida en que el gobierno de ese Estado es un gobierno democr\u00e1ticamente controlado, contestable y participado.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-763","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-democracia-republica"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/763","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=763"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/763\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=763"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=763"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=763"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}