{"id":8208,"date":"2020-09-21T05:00:37","date_gmt":"2020-09-21T04:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8208"},"modified":"2023-02-04T04:58:34","modified_gmt":"2023-02-04T03:58:34","slug":"rossana-rosanda-1924-2020-leida-por-paco-fernandez-buey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8208","title":{"rendered":"Rossana Rosanda (1924-2020) le\u00edda por Paco Fern\u00e1ndez Buey"},"content":{"rendered":"<p>En este triste septiembre de este terrible a\u00f1o 2020 nos llega la noticia del fallecimiento de Rossana Rossanda. Nacida en Pola, en la actual Croacia, en 1924, Rossanda particip\u00f3 en la Resistencia partisana durante la II Guerra Mundial, entrando a militar en el Partido Comunista Italiano al terminar la contienda. Fue la responsable de la pol\u00edtica cultural del partido y diputada. En 1968 junto a otros intelectuales como Lucio Magri funda la revista Il manifesto y acaba siendo expulsada del PCI. Tras unos a\u00f1os como directora de esta publicaci\u00f3n, deja la pol\u00edtica activa para dedicarse al periodismo y la literatura. En 2006 publica su autobiograf\u00eda, <em>La ragazza del secolo scorso<\/em> [La muchacha del siglo pasado].\u00a0 Un par de a\u00f1os despu\u00e9s, ante la aparici\u00f3n de su traducci\u00f3n espa\u00f1ola publicada por la editorial Foca, Paco Fern\u00e1ndez Buey escribi\u00f3 un texto que recuperamos hoy en homenaje a la intelectual italiana.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>LA MEMORIAS DE ROSSANA ROSSANDA. PARA EL LIBRO BLANCO DEL COMUNISMO EN EL SIGLO XX<\/b><a href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/p>\n<p>Francisco Fern\u00e1ndez Buey<\/p>\n<p>Fuera de Italia el nombre de Rossana Rossanda empez\u00f3 a ser a conocido en 1969 a ra\u00edz de la expulsi\u00f3n del partido comunista italiano del grupo Il Manifesto. Desde entonces, y a lo largo de cuarenta a\u00f1os, su nombre ha quedado asociado a esta publicaci\u00f3n, sin duda la m\u00e1s singular de las aventuras pol\u00edtico-culturales del comunismo cr\u00edtico en la segunda mitad del siglo XX. Singular porque, sin llegar a constituir propiamente un partido pol\u00edtico comunista, Rossanda y sus compa\u00f1eros de <em>Il Manifesto<\/em> han estado constantemente presentes, con sus an\u00e1lisis e intervenciones, en todos los acontecimientos pol\u00edticos, socio-econ\u00f3micos y pol\u00edtico-culturales de importancia para la izquierda revolucionaria en el mundo.<\/p>\n<p>Para valorar en sus justos t\u00e9rminos lo que ha sido esta aventura hay que tener en cuenta que hacia 1968 los comunistas se divid\u00edan por as\u00ed decirlo en dos: los que pensaban que fuera del partido no hab\u00eda \u00absalvaci\u00f3n\u00bb (en t\u00e9rminos cuasi religiosos) y los que estaban convencidos de que fuera del partido no hab\u00eda acci\u00f3n posible, al menos eficaz, para cambiar el mundo en un sentido socialista de acuerdo con los intereses de aquellos que se supon\u00eda que hab\u00edan de ser sujeto de la revoluci\u00f3n, los proletarios, los obreros de la industria. Hoy esto suena raro, pero s\u00f3lo prestando atenci\u00f3n a aquellas convicciones se puede entender bien el impacto que entonces tuvieron las palabras con las que Aldo Natoli, en nombre del grupo de Il Manifesto, se despidi\u00f3 del partido comunista: \u00abPara ser comunista no hace falta carnet\u00bb. De hecho, si se mira la cosa con una perspectiva hist\u00f3rica m\u00e1s amplia, aquella declaraci\u00f3n que Rossanda compart\u00eda entonces y sigue compartiendo hoy, no deber\u00eda haber resultado tan traum\u00e1tica como lo fue en el momento en que se hizo. Pues el fundador del comunismo moderno, Karl Marx, en el que dec\u00edan inspirarse unos y otros, hab\u00eda sido un comunista sin partido (y sin carnet) la mayor parte de su vida. Solo que en las controversias pol\u00edticas del momento esas cosas, relevantes para los historiadores, no sol\u00edan tenerse en cuenta.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n esta historia ha conocido su paradoja: veintitantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos hechos Rossana Rossanda y los compa\u00f1eros de Il Manifiesto expulsados del PCI segu\u00edan haciendo una publicaci\u00f3n que se declaraba comunista mientras la direcci\u00f3n del partido que los hab\u00eda expulsado decid\u00eda dejar caer el viejo nombre y con \u00e9l la cosa misma, o sea, el concepto de comunismo, obviamente deshonrado en varios lugares del mundo en los que se impuso el denominado \u00absocialismo real\u00bb, pero no precisamente en Italia. As\u00ed, en los \u00faltimos veinte a\u00f1os <i>Il Manifesto<\/i> de Rossana Rossanda pas\u00f3 a ser uno de los pocos referentes expl\u00edcitamente comunistas con eco internacional. Eso explica, entre otras cosas no menores (como la capacidad de an\u00e1lisis pol\u00edtico y el haber sido una especie de periodista de guardia de los valores renovados de la tradici\u00f3n comunista durante a\u00f1os y a\u00f1os) que Rossana Rossanda haya acabado siendo un mito para muchas personas que, en Italia y fuera de Italia, conservaron sus ideales comunistas o los encontraron cuando sus mayores los abandonaban.<\/p>\n<p>Y mito es justamente la primera palabra con la que Rossanda ha querido enfrentarse al escribir sus recuerdos en <i>La ragazza del secolo scorso<a href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>,<\/i> cuya primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en Italia hace tres a\u00f1os y que ahora acaba de ser traducida al castellano. A Rossanda, que ha defendido siempre un comunismo laico y que lleva d\u00e9cadas combatiendo toda versi\u00f3n religiosa, doctrinaria o dogm\u00e1tica del marxismo, esa palabra no le gusta ni siquiera cuando se pronuncia amablemente y con empat\u00eda. Los mitos, dice, son una proyecci\u00f3n ajena con la que ella no tiene nada que ver; algo que desazona porque trae a la memoria las l\u00e1pidas y que no puede aceptar una mujer que, como ella, se considera metida en el mundo, comprometida con su mundo y con su tiempo, a pesar de no tener partido, ni cargos, ni ser siquiera propietaria del peri\u00f3dico que ayud\u00f3 a fundar.<\/p>\n<p>Ya eso da una pista sobre la orientaci\u00f3n de las memorias de Rossanda. No hay en <i>La muchacha del siglo pasado<\/i> nada que se pueda considerar contribuci\u00f3n personal al enaltecimiento del mito. Si, a pesar de la declaraci\u00f3n inicial de su autora, a\u00fan hubiera que conservar la palabra que emplean personas que le admiran se podr\u00eda decir que la sustancia de este ensayo autobiogr\u00e1fico es la narraci\u00f3n reflexiva de la vida de una mujer, protagonista de la historia del comunismo, antes de que su actuaci\u00f3n y las circunstancias que han condicionado \u00e9sta la convirtieran precisamente en ese mito. Pues Rossanda habla en el libro de su infancia y adolescencia, de sus estudios universitarios, de su maduraci\u00f3n pol\u00edtica al final de la segunda guerra mundial, de su actividad como responsable de la pol\u00edtica cultural del PCI, de la batalla de las ideas en las d\u00e9cadas de los cincuenta y los sesenta, de los encuentros y desencuentros ocurridos durante esos a\u00f1os y de muchas otras cosas interesantes, pero termina su relato en 1969, en el momento de su expulsi\u00f3n del partido comunista, o sea, precisamente en el momento en que empez\u00f3 a ser conocida y reconocida fuera de Italia. Lo que vino despu\u00e9s de la creaci\u00f3n de <i>Il Manifesto<\/i>, los cuarenta a\u00f1os de singular aventura pol\u00edtico-cultural que han hecho de ella una leyenda, queda fuera de consideraci\u00f3n. Eso es, como ella dice al final del libro (tal vez anunciando su continuaci\u00f3n), \u00abotra historia\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco quiere Rossanda que <i>La muchacha del siglo pasado<\/i> sea le\u00eddo como un libro de historia. Y, en efecto, no es un libro en el que la protagonista de la historia pretenda combinar y amalgamar los recuerdos propios de acontecimientos vividos con la reconstrucci\u00f3n historiogr\u00e1fica de los hechos, precisamente documentada, desde la perspectiva que da el tiempo pasado. En esto el libro de Rossanda se diferencia de otras memorias publicadas. Pues no son pocas las memorias de protagonistas de la historia del siglo XX en las que el que escribe o la que escribe se dedica a romper todos los espejos en los que sus contempor\u00e1neos se miraron (o dijeron que se miraban) para, al final, dejar intacto un \u00fanico espejo, el que devuelve el rostro propio idealizado, el espejo del cuento de Blancanieves que dice siempre a la madastra lo hermosa que es cuando se mira en \u00e9l.<\/p>\n<p>Rossanda sabe de los agujeros de la memoria personal y de las trampas de la memoria que se presenta a s\u00ed misma como reconstrucci\u00f3n fet\u00e9n de los hechos hist\u00f3ricos colectivos. Ha optado por narrar en primera persona, sin aducir documentos o papeles, a partir de los recuerdos propios y, casi siempre, claro est\u00e1, reflexionando sobre los hechos que recuerda mejor, o a los que presta mayor atenci\u00f3n, para valorar as\u00ed lo que ella misma hizo (o crey\u00f3 en su momento estar haciendo) y lo que hac\u00edan las personas y personajes con los que se relacion\u00f3 en aquellos a\u00f1os. El resultado es un libro que combina la calidad literaria (como reconoci\u00f3 en 2005 el jurado del premio Strega), con la honestidad intelectual; un libro que responde, tambi\u00e9n en primera persona, a la pregunta que muchos pueden hacerse hoy, en la \u00e9poca del libro negro del comunismo: c\u00f3mo se ha sido comunista y c\u00f3mo se puede seguir si\u00e9ndolo, a pesar de todo lo ocurrido y de que la misma persona que escribe es consciente de que est\u00e1 hablando de una historia que acab\u00f3 mal.<\/p>\n<p>En los primeros cap\u00edtulos de <i>La muchacha del siglo pasado<\/i>, Rossanda narra sus recuerdos de la infancia y de la adolescencia en los a\u00f1os de la Italia fascista y de la guerra con una distancia tan calculada como apreciable, sin nostalgia de la edad feliz en a\u00f1os dif\u00edciles pero sin resentimiento por los primeros tropiezos, como para que el lector pueda tener desde el principio la idea de que, al menos en su caso, el comunismo no lo encontr\u00f3 en la casa familiar. Y en ese sentido no es casual que los primeros recuerdos que valora desde las alturas de la edad, por lo que anticipan, hayan sido, por una parte, la tendencia a escapar y, por otra, la atracci\u00f3n fatal por los tropiezos, atracci\u00f3n \u00abevocada una y otra vez por los mayores como demostraci\u00f3n de una personal inclinaci\u00f3n a no estar en el mundo como dios manda\u00bb.<\/p>\n<p>Al escribir eso no est\u00e1 sugiriendo, sin embargo, la conformaci\u00f3n en su caso de un car\u00e1cter particularmente rebelde desde la m\u00e1s tierna infancia; lo cual ya dice mucho acerca de la madurez de la narradora. Como mucho dice, tambi\u00e9n, la tranquilidad de esp\u00edritu con que reconoce, sin darlo mayor importancia, sus relaciones de entonces con j\u00f3venes fascistas, que era lo habitual, o la declaraci\u00f3n de que antes de 1943 su imagen de los comunistas no haya diferido gran cosa de la que estaba difundiendo el r\u00e9gimen mussoliniano, sobre todo en los a\u00f1os de la guerra de Espa\u00f1a. Comunistas eran para ella entonces, como para tantos otros, \u00abvengadores de los pobres, violentos y temibles\u00bb.<\/p>\n<p>Una idea, \u00e9sta, que iba a cambiar radicalmente aquel mismo a\u00f1o 1943, a partir de la relaci\u00f3n que estableci\u00f3 con uno de los grandes intelectuales del momento, el fil\u00f3sofo Antonio Banfi, a trav\u00e9s del cual se produjo su aproximaci\u00f3n a los n\u00facleos comunistas que animaban la resistencia antifascista. Incluso al llegar ah\u00ed Rossanda evita apuntarse medallas de las que predisponen favorablemente al lector para lo que va a venir despu\u00e9s. No cuenta sus actividades juveniles en la resistencia con tonos heroicos, sino m\u00e1s bien como una consecuencia de circunstancias, entre las cuales la m\u00e1s importante fue la sorpresa, confesada tambi\u00e9n, que produjo en la estudiante universitaria el descubrimiento del v\u00ednculo comunista del fil\u00f3sofo al que apreciaba intelectualmente en aquel momento: \u00abMe vi metida. No tengo glorias de las que alardear, no ped\u00ed el diploma de partisana&#8230; Hice poco y con dificultad y errores\u00bb.<\/p>\n<p>De estas p\u00e1ginas, que corresponden a los cuatro primeros cap\u00edtulos del libro, hay al menos dos cosas que querr\u00eda subrayar. Una de ellas es el esfuerzo que Rossana ha hecho por captar y representar el ambiente cotidiano de la Italia de aquellos a\u00f1os a partir de la selecci\u00f3n de los propios recuerdos de la infancia, adolescencia y juventud. En esas p\u00e1ginas anticipa lo que va a ser el tono general de todo el libro: veracidad y equilibrio en el juicio, incluso cuando se refiere a cosas, actitudes y personas que, evidentemente, no eran de su agrado. Ni siquiera le gust\u00f3 que la pusieran \u00abMiranda\u00bb de nombre guerra, cuando entr\u00f3, en 1943, en el grupo comunista clandestino. Consideraba ese nombre \u00abimb\u00e9cil\u00bb [nome cretino], pero enseguida quita importancia al asunto.<\/p>\n<p>La segunda de las cosas que llama la atenci\u00f3n en esas p\u00e1ginas es la contenci\u00f3n con que Rossanda aborda las relaciones familiares y afectivas. Da a conocer en ellas sus aficiones literarias y art\u00edsticas, sus lecturas, su llegada a la universidad para estudiar letras y los nombres de los profesores a lo que all\u00ed apreci\u00f3, pero dedica escas\u00edsimo espacio a lo que fue la propia educaci\u00f3n sentimental y a la expresi\u00f3n de los sentimientos \u00edntimos. De sus sentimientos respecto de los familiares m\u00e1s pr\u00f3ximos dice poco y casi siempre de forma alusiva: de los padres, lo m\u00e1s relevante en el momento en que tiene que enfrentarse a su muerte; y de sus amores, de los varones con los que convivi\u00f3, de los que fueron compa\u00f1eros sentimentales (Rodolfo Banfi y K.S. Karol), apenas nada. (Tan poco dice que los editores de la obra en castellano, que se han tomado la molestia de a\u00f1adir un \u00edndice de nombres citados, ni siquiera los han incluido en \u00e9l).<\/p>\n<p>Como sabemos, por otros libros suyos, de la importancia que con el tiempo Rossana Rossanda ir\u00eda dando a la relaci\u00f3n entre actividad pol\u00edtica y educaci\u00f3n sentimental, entre lo p\u00fablico y lo privado, as\u00ed como de sus batallas en el \u00e1mbito del feminismo italiano, hay que pensar que esta brevedad, esta autocontenci\u00f3n de la memoria, en todo lo que tiene que ver con la propia vida sentimental, no es olvido sino m\u00e1s bien consecuencia de una decisi\u00f3n pensada al escribir <i>La ragazza del secolo scorso<\/i>.<\/p>\n<p>Puede que eso se deba a que este libro es sustancialmente, como ha dicho Mario Tronti en el pr\u00f3logo a la segunda edici\u00f3n italiana, el relato de un gran amor malogrado, y que ese amor es el amor entre Rossanda y el PCI. O puede tambi\u00e9n que tal autocontenci\u00f3n se derive de su particular forma de entender y de defender el papel de las mujeres en la historia, tan alejada del feminismo italiano de la diferencia, que exaltaba la conservaci\u00f3n de los valores tradicionalmente considerados femeninos. Tronti, en el par de l\u00edneas que dedica al asunto declara esto \u00abterreno minado\u00bb y pasa por ah\u00ed como de puntillas, para \u00abno saltar por los aires\u00bb, dice. Hay en esto, en cualquier caso, un rasgo de car\u00e1cter que le impulsa a uno a vincular aquel recuerdo suyo del \u00abescapar\u00bb y de los repetidos \u00abtropiezos\u00bb de la infancia con la declaraci\u00f3n ya madura, que Rossana fecha en 1962, de un impulso que conduce, que la conduce, a la huida, a la vacilaci\u00f3n, a la retirada: \u00abEl descubrimiento de que no escapaba de lo femenino. Desde entonces, cuando se trata de elecciones graves en la esfera p\u00fablica reconozco el impulso de dar un paso atr\u00e1s. Y no me parece esto una virtud pacifista, sino el reflejo de quienes durante siglos han estado fuera de la historia&#8230; Combatir pero en segundo puesto. No decidir en primera o \u00faltima instancia&#8230; No un fin de los llamados saberes femeninos\u00bb.<\/p>\n<p>Una de las cosas m\u00e1s sugestivas de este libro es, para m\u00ed, precisamente lo que queda implicado en tal declaraci\u00f3n, sobre todo si se la compara con lo que ha sido la vida pol\u00edtica de su autora desde el momento en que dice que hizo ese descubrimiento hasta ahora. O sea: la tensi\u00f3n interior que sugiere aquella tendencia al paso atr\u00e1s, a pasar a un segundo plano en el momento de las decisiones graves, en una mujer que, desde entonces y por la propia historia, ha tenido que estar tantas veces en el primer\u00edsimo plano de la esfera p\u00fablica cuando tantos varones, aquellos de las decisiones en primera o en \u00faltima instancia, vacilaban, se retiraban o negaban los ideales que un d\u00eda defendieron.<\/p>\n<p>En la parte central del libro, la que est\u00e1 dedicada propiamente al relato del amor malogrado con el PCI, a los a\u00f1os que van desde 1947 (momento en que Rossanda decide dedicarse preferentemente al trabajo pol\u00edtico despu\u00e9s de haber hecho una tesis acad\u00e9mica sobre los tratados de arte entre la Edad Media y el primer Renacimiento) hasta 1968, momento en el que empieza \u00abla otra historia\u00bb, hay recuerdos y reflexiones que, por su lucidez, pasar\u00e1n seguramente a ser parte de la otra historia del comunismo del siglo XX; observaciones que por olvido, por oportunismo o por correcci\u00f3n pol\u00edtica mal entendida, no han sido subrayadas convenientemente en estudios historiogr\u00e1ficos documentados y que aqu\u00ed son parte sustantiva del relato. Por ejemplo: el mal fario que le produjo el resultado del refer\u00e9ndum de 1946, en el que la Rep\u00fablica, seg\u00fan recuerda Rossanda, fue aprobada \u00abpor los pelos\u00bb cuando la ridiculez del rey era tan evidente; o la impresi\u00f3n negativa que tuvo ante las primeras elecciones regionales despu\u00e9s de la guerra, en la que los comunistas fueron derrotados, a pesar del papel que hab\u00edan jugado en la Resistencia. O, por poner otro ejemplo, el recuerdo de que, a pesar de su peso social y de lo que se ha dicho y repetido tantas veces despu\u00e9s sobre el poder del partido, ning\u00fan comunista hubiera podido hablar en Italia ante los micr\u00f3fonos de la radio y ante las c\u00e1maras de televisi\u00f3n hasta 1963.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista ya estrictamente pol\u00edtico, son interesant\u00edsimos los recuerdos y reflexiones de Rossanda sobre su primer viaje a Mosc\u00fa, todav\u00eda en vida de Stalin; sobre lo que represent\u00f3 para el PCI el XX Congreso del PCUS; sobre los acontecimientos de Hungr\u00eda en 1956 (y la controversia entre el grupo dirigente del PCI y algunos de los intelectuales comunistas italianos entonces); sobre la pobre impresi\u00f3n que sac\u00f3 del antifranquismo organizado durante su viaje a Espa\u00f1a a comienzos de 1962<a href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a>, poco antes de la huelga de los mineros de Asturias; sobre lo que vio en Cuba y de la revoluci\u00f3n cubana despu\u00e9s de la crisis de los misiles, en los meses en que se especulaba en la isla acerca del destino de Guevara; sobre el papel y la personalidad de Palmiro Togliatti; sobre el mayo franc\u00e9s de 1968 y sobre la llamada primavera de Praga, aquel mismo a\u00f1o, sofocada en agosto por los tanques sovi\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Al hacer referencia a estos acontecimientos o asuntos, que Rossana vivi\u00f3 en primera persona o que marcaron su vida pol\u00edtica a trav\u00e9s de los debates y las controversias en el PCI, he escrito aposta, con intenci\u00f3n, las palabras recuerdos y reflexiones. Pues uno de los rasgos que dan valor a esas p\u00e1ginas es que Rossanda construye el relato de los hechos a partir del recuerdo de acontecimientos vividos, o apasionadamente discutidos en su momento, pero reflexionando acerca de ellos casi siempre en dos niveles complementarios: narrando lo que pensaba o hizo ella misma en tal momento y a\u00f1adiendo por lo general lo que ha llegado a pensar sobre tales asuntos al tener en cuenta acontecimientos posteriores o al volver sobre ellos en el momento en que escribe. Obviamente, esta forma de construir la narraci\u00f3n presenta un riesgo, muy corriente y pocas veces superado en los libros de memorias: confundir lo que se pensaba en el momento con lo que se pens\u00f3 despu\u00e9s y atribuir a otros ideas, pensamientos, actitudes o posiciones que no se corresponden precisamente con lo que dijeron o hicieron entonces.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s notable del libro de Rossanda, en mi opini\u00f3n, es que en todas esas grandes cuestiones controvertidas en el movimiento comunista de aquellos a\u00f1os ha logrado distinguir bien entre lo que pensaba y lo que piensa al respecto. Y ha logrado, adem\u00e1s, comunicar al lector esa distinci\u00f3n por el procedimiento de advertir sobre la marcha, y sin cortar el relato, cu\u00e1ndo y por qu\u00e9 cambi\u00f3 de opini\u00f3n, o explicando con verosimilitud y claridad los motivos por los que ahora, cuando escribe, en 2005, piensa que tambi\u00e9n ella, como parte que era del movimiento comunista, err\u00f3, se equivoc\u00f3 o fracas\u00f3 en tal o cual momento. Hay una imagen en el libro, cuando Rossanda est\u00e1 contando los avatares de los a\u00f1os sesenta, que me parece muy ilustrativa y que enlaza adem\u00e1s con aquello de los \u00abtropiezos\u00bb. Es la imagen de la lagartija. Dice Rossanda: \u00abPor entonces me pas\u00f3, a m\u00ed y a otros muchos comunistas, como a la lagartija a la que el gato mordi\u00f3 el rabo: que volvi\u00f3 a crecerle. Lagartija me parece un t\u00e9rmino apropiado. No he sido un animal de bosque, ni siquiera un gato mont\u00e9s, pero espero que tampoco una gallina\u00bb.<\/p>\n<p>Tan interesante como lo anterior: Rossanda ha construido el relato de sus recuerdos escribiendo desde la conciencia de la derrota, con el mismo esp\u00edritu cr\u00edtico de su juventud y, sin embargo, con un respeto exquisito por la mayor\u00eda de los personajes con los que se discuti\u00f3 o de los que discrep\u00f3 en el momento de los hechos que cuenta. Esto es de admirar, por raro en las memorias de los protagonistas de la historia del movimiento comunista, en las cuales, como es bien sabido, ha habido mucho cainismo y no poco veneno. Ah\u00ed veo yo la prolongaci\u00f3n madura de aquel no estar en el mundo como dios manda que le atribu\u00edan en la infancia. El ejemplo m\u00e1s patente que se puede aducir a este respecto, aunque no sea el \u00fanico, es la consideraci\u00f3n con que Rossanda ha tratado, en <i>La muchacha del siglo pasado<\/i>, a Palmiro Togliatti, el personaje m\u00e1s citado a lo largo del libro, como, por lo dem\u00e1s, es natural teniendo en cuenta el papel que \u00e9ste desempe\u00f1\u00f3 en el PCI y en la vida pol\u00edtica italiana. La advertencia sobre el paso del recuerdo a la reflexi\u00f3n es aqu\u00ed meridiana: \u201cEn la d\u00e9cada de 1970 le critiqu\u00e9 tanto como hoy le revalorizo, una vez aceptado que su objetivo no fue derribar el estado de cosas existente sino garantizar la legitimidad del conflicto\u201d.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil decir tanto en tan pocas palabras acerca de lo que se pensaba y de lo que se piensa para dar al mismo tiempo en el clavo sobre el aut\u00e9ntico papel pol\u00edtico del personaje, aquel mismo personaje que hab\u00eda espetado un d\u00eda a la disidente: \u00abPero aqu\u00ed \u00bfqui\u00e9n es el secretario del partido, t\u00fa o yo?\u00bb. El juicio, la valoraci\u00f3n pol\u00edtica y la reflexi\u00f3n sobre el ayer y sobre el hoy se superponen, pues, en la forma que se considera m\u00e1s positiva posible. Positiva, desde luego, para quien quiera seguir pensando en la actualidad de los problemas del comunismo sin echar la tradici\u00f3n por la borda y sin renunciar, por otra parte, al esp\u00edritu cr\u00edtico.<\/p>\n<p>Hay otros muchos pasos de parecido tenor en el libro, pero mencionar\u00e9, para terminar, uno solo que creo particularmente ilustrativo a la hora de valorar el respeto por los otros y el equilibrio en que ha desembocado al fin aquel amor desgraciado. Est\u00e1 ya al final del libro y se refiere justamente al momento tal vez m\u00e1s decisivo en la vida pol\u00edtica de Rossana Rossanda: la narraci\u00f3n de los or\u00edgenes de <i>Il Manifiesto<\/i>, lo que incluye su relaci\u00f3n con Enrico Berlinger en aquellos d\u00edas de 1969 y la expulsi\u00f3n del PCI de su propio grupo. Despu\u00e9s de recordar las ya mencionadas palabras de Aldo Natoli en la reuni\u00f3n del comit\u00e9 central en la que se decidi\u00f3 la expulsi\u00f3n del grupo, Rossanda ha optado, tambi\u00e9n aqu\u00ed, por no hacer sangre a destiempo: llama \u00abamigos\u00bb a algunos de los que entonces levantaron la mano para expulsarles; deja claro que, de todas formas, el grupo de <i>Il Manifesto<\/i> era \u00abotra cosa\u00bb, una cosa distinta de aquel PCI; y acaba la narraci\u00f3n as\u00ed: \u00abNo he vuelto a contar los votos. No estaba resentida, ni, a decir verdad, conmocionada [&#8230;] Ya no \u00e9ramos de los suyos, de los nuestros\u00bb.<\/p>\n<p>De los suyos, de los nuestros: ah\u00ed est\u00e1 la clave.<\/p>\n<p>He dicho arriba que, por forma y tono, estos recuerdos de Rossana Rossanda nada tienen que ver con la socorrida reconstrucci\u00f3n del espejo que siempre dice lo hermosa que es quien se mira en \u00e9l. El espejo en el que se mira Rossanda es otro. Mario Tronti ha escrito que hay que fijarse en la foto de la cubierta del libro (que se reproduce, ampliada, en la edici\u00f3n castellana) y ve en ella otra representaci\u00f3n de la melancol\u00eda. Comparto la observaci\u00f3n: ese precioso movimiento del alma sensible, la melancol\u00eda, recorre como un hilo rojo las p\u00e1ginas que Rossanda ha dedicado al amor desgraciado y al conflicto interior que produce el desfase entre lo que se pudo hacer y lo que se hizo realmente, entre lo que se quiso y lo que no fue posible. S\u00f3lo a\u00f1adir\u00eda a la observaci\u00f3n de Tronti que, en este caso, la lucidez del an\u00e1lisis que acompa\u00f1a la imagen de la melancol\u00eda no remite necesariamente al lector a aquella profunda tristeza que la palabra denota. Al contrario: el lector con convicciones, el lector que haya tenido conciencia de la tragedia del comunismo del siglo XX, a\u00fan cerrar\u00e1 el libro de la muchacha del siglo pasado, de la comunista sin carnet, esperanzado. Pues, como dice ella, tambi\u00e9n nosotros habremos aprendido que no todo lo que no ha funcionado hist\u00f3ricamente era pol\u00edticamente err\u00f3neo.<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> Escrito en junio de 2008, se public\u00f3 inicialmente en la revista valenciana <i>Pasajes<\/i>. Puede verse ahora en Francisco Fern\u00e1ndez Buey, <i>1917. Variaciones sobre la Revoluci\u00f3n de Octubre, su historia y sus consecuencia<\/i>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2017, pp. 303-312 (NE).<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote2anc\" name=\"sdfootnote2sym\">2<\/a><i>La muchacha del siglo pasado. <\/i>Publicada en castellano por la editorial Foca (NE).<\/p>\n<p><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote3anc\" name=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> V\u00e9ase Rossana Rossanda, <i>Un viaje in\u00fatil: o la pol\u00edtica como educaci\u00f3n sentimental<\/i>, Barcelona, Laia, 1984 (NE).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este triste septiembre de este terrible a\u00f1o 2020 nos llega la noticia del fallecimiento de Rossana Rossanda. Nacida en Pola, en la actual Croacia, en 1924, Rossanda particip\u00f3 en la Resistencia partisana durante la II Guerra Mundial, entrando a militar en el Partido Comunista Italiano al terminar la contienda. Fue la responsable de la pol\u00edtica cultural del partido y diputada. En 1968 junto a otros intelectuales como Lucio Magri funda la revista Il manifesto y acaba siendo expulsada del PCI. Tras unos a\u00f1os como directora de esta publicaci\u00f3n, deja la pol\u00edtica activa para dedicarse al periodismo y la literatura. En 2006 publica su autobiograf\u00eda, La ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado].\u00a0 Un par de a\u00f1os despu\u00e9s, ante la aparici\u00f3n de su traducci\u00f3n espa\u00f1ola publicada por la editorial Foca, Paco Fern\u00e1ndez Buey escribi\u00f3 un texto que recuperamos hoy en homenaje a la intelectual italiana.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":8209,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1948,26,1548],"tags":[1002,1030,1332],"class_list":["post-8208","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-francisco-fernandez-buey","category-historia-del-comunismo","category-politica","tag-francisco-fernandez-buey","tag-obituario","tag-rossana-rossanda"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8208","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8208"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8208\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/8209"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8208"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8208"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8208"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}