{"id":83,"date":"2006-03-30T00:00:00","date_gmt":"2006-03-30T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=83"},"modified":"2020-02-29T12:20:25","modified_gmt":"2020-02-29T11:20:25","slug":"soberania-del-estado-nacion-apartado-2-del-capitulo-2-pasajes-de-soberania-del-libro-imperio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=83","title":{"rendered":"Soberan\u00eda del Estado-naci\u00f3n Apartado 2 del cap\u00edtulo 2, \u201cPasajes de Soberan\u00eda\u201d del libro Imperio"},"content":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n Eduardo Sadier<\/p>\n<p>De la edici\u00f3n de Harvard Universsity Press, Cambridge, Massachussets, 2000<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.griesca.org\/\">www.griesca.org<\/a><\/p>\n<p><i>\u00a1Extranjeros, por favor no nos dejen solos con los franceses!<br \/>\n<\/i><b>Graffiti en Par\u00eds, 1995<br \/>\n<\/b><br \/>\n<i>Cre\u00edmos que est\u00e1bamos muriendo por la patria. Pero pronto comprendimos que lo hac\u00edamos por las b\u00f3vedas bancarias.<br \/>\n<\/i><b>Anatole France <\/b><\/p>\n<p>A medida que la modernidad europea fue tomando forma, se construyeron m\u00e1quinas de poder para responder a sus crisis, en continua b\u00fasqueda de un excedente que pudiera resolver o al menos contener la crisis. En la secci\u00f3n previa hemos trazado el camino de una respuesta a la crisis, que condujo al desarrollo del moderno Estado soberano. El segundo enfoque se centra en el concepto de naci\u00f3n, un desarrollo que presupone el primer paso, y edifica sobre \u00e9l a fin de construir un mecanismo m\u00e1s perfecto para reestablecer el orden y el comando.<\/p>\n<p><b>El nacimiento de la Naci\u00f3n<br \/>\n<\/b>En Europa el concepto de naci\u00f3n se desarroll\u00f3 sobre el terreno del Estado patrimonial y absolutista. El Estado patrimonial fue definido como la propiedad del monarca. Con una variedad de formas an\u00e1logas en diferentes pa\u00edses de Europa, el Estado patrimonial y absolutista fue la forma pol\u00edtica requerida para gobernar las relaciones sociales feudales y las relaciones de producci\u00f3n. 1 La propiedad feudal deb\u00eda ser delegada y su utilizaci\u00f3n asignada de acuerdo con los grados de divisi\u00f3n social del poder, del mismo modo que los niveles de administraci\u00f3n deber\u00edan ser delegados en los siglos subsiguientes. La propiedad feudal era parte del cuerpo del monarca, del mismo modo que, si desviamos nuestra vista hacia el dominio metaf\u00edsico, el cuerpo mon\u00e1rquico soberano era parte del cuerpo de Dios. 2<br \/>\nEn el siglo diecis\u00e9is, en medio de la Reforma y la violenta batalla entre las fuerzas de la modernidad, la monarqu\u00eda patrimonial era todav\u00eda presentada como la garant\u00eda de la paz y la vida social. A\u00fan estaba garantizado el control sobre el desarrollo social de modo tal que se pod\u00eda absorber dicho proceso dentro de su m\u00e1quina de dominaci\u00f3n. \u201cCujus regio, ejus religio\u201d- o, realmente, la religi\u00f3n deb\u00eda subordinarse al control territorial de la soberan\u00eda. No hab\u00eda nada de diplomacia en este adagio; por el contrario, se confiaba por completo al poder de la soberan\u00eda patrimonial el manejo del pasaje al nuevo orden. Incluso la religi\u00f3n era propiedad del soberano. En el siglo diecisiete, la reacci\u00f3n absolutista a las fuerzas revolucionarias de la modernidad celebr\u00f3 al Estado mon\u00e1rquico patrimonial y lo ejerci\u00f3 como un arma para sus propios fines. En ese punto, sin embargo, la celebraci\u00f3n del Estado patrimonial no pod\u00eda ser parad\u00f3jica ni ambigua, pues las bases feudales de su poder languidec\u00edan. Los procesos de la primitiva acumulaci\u00f3n de capital impusieron nuevas condiciones sobre todas las estructuras de poder. 3 Antes de la era de las tres grandes revoluciones burguesas (la inglesa, la americana y la francesa), no hab\u00eda ninguna alternativa pol\u00edtica que pudiera oponerse exitosamente a este modelo. El modelo absolutista y patrimonial sobrevivi\u00f3 en este per\u00edodo s\u00f3lo con el apoyo de un compromiso espec\u00edfico de las fuerzas pol\u00edticas, y su sustancia se fue erosionando desde el interior debido principalmente a la emergencia de nuevas fuerzas productivas. Sin embargo, el modelo sobrevivi\u00f3, y, lo que es m\u00e1s importante, se transform\u00f3 por medio del desarrollo de algunas caracter\u00edsticas fundamentales que ser\u00edan legadas a los siglos siguientes.<br \/>\nLa transformaci\u00f3n del modelo absolutista y patrimonial consisti\u00f3 en un proceso gradual que reemplaz\u00f3 la fundaci\u00f3n teleol\u00f3gica del patrimonio territorial con una nueva fundaci\u00f3n, igualmente trascendente. 4 La identidad espiritual de la naci\u00f3n antes que el cuerpo divino del rey, colocaron ahora al territorio y la poblaci\u00f3n como una abstracci\u00f3n ideal. O, mejor a\u00fan, el territorio f\u00edsico y la poblaci\u00f3n fueron concebidos como la extensi\u00f3n de la esencia trascendente de la naci\u00f3n. De este modo, el concepto moderno de naci\u00f3n hered\u00f3 el cuerpo patrimonial del Estado mon\u00e1rquico, reinvent\u00e1ndolo en una nueva forma. Esta nueva totalidad del poder fue estructurada en parte por nuevos procesos productivos capitalistas, y tambi\u00e9n por viejas redes de administraci\u00f3n absolutista. Esta dif\u00edcil relaci\u00f3n estructural fue estabilizada por la identidad nacional: una identidad integradora, cultural, fundada sobre una continuidad biol\u00f3gica de relaciones de sangre, una continuidad espacial del territorio y una comunidad ling\u00fc\u00edstica.<br \/>\nEs obvio que, aunque este proceso preserv\u00f3 la materialidad de la relaci\u00f3n con el soberano, muchos elementos cambiaron. Y m\u00e1s importante: a medida que el horizonte patrimonial fue transformado en el horizonte nacional, el orden feudal del sujeto (subjectus) se someti\u00f3 al orden disciplinario del ciudadano (cives). El desplazamiento de la poblaci\u00f3n desde sujetos hacia ciudadanos fue un \u00edndice del desplazamiento de un papel pasivo a otro activo. La naci\u00f3n es presentada siempre como una fuerza activa, como una forma generadora de relaciones sociales y pol\u00edticas. Como se\u00f1alaron Benedict Anderson y otros, la naci\u00f3n es experimentada a menudo como un imaginario colectivo (o al menos funciona como si lo fuera), una creaci\u00f3n activa de la comunidad de ciudadanos. 5<br \/>\nEn este punto podemos ver tanto la proximidad como la diferencia espec\u00edfica entre los conceptos de Estado patrimonial y Estado nacional. El \u00faltimo reproduce fielmente la identidad totalizante del primero entre territorio y poblaci\u00f3n, pero la naci\u00f3n y el Estado nacional proponen nuevos medios para superar la precariedad de la soberan\u00eda moderna. Estos conceptos reifican la soberan\u00eda del modo m\u00e1s r\u00edgido; transforman en un objeto a la relaci\u00f3n de soberan\u00eda (a menudo naturaliz\u00e1ndola) y esto elimina todo residuo de antagonismo social. La Naci\u00f3n es una especie de cortocircuito que intenta liberar al concepto de soberan\u00eda y modernidad del antagonismo y la crisis que los define. La soberan\u00eda nacional suspende los or\u00edgenes conflictivos de la modernidad (cuando ya no est\u00e1n definitivamente destruidos), y cierra los caminos alternativos dentro de la modernidad, que rehusaron concederle sus poderes a la autoridad estatal. 6<br \/>\nLa transformaci\u00f3n del concepto de la soberan\u00eda moderna en el de la soberan\u00eda nacional requiri\u00f3 tambi\u00e9n ciertas condiciones materiales nuevas. M\u00e1s a\u00fan, requiri\u00f3 que se estableciera un nuevo equilibrio entre los procesos de acumulaci\u00f3n capitalista y las estructuras del poder. La victoria pol\u00edtica de la burgues\u00eda, como mostraron muy bien las revoluciones inglesa y francesa, corresponde al perfeccionamiento del concepto de soberan\u00eda moderna hacia aquel de la soberan\u00eda nacional. Por detr\u00e1s de la dimensi\u00f3n ideal del concepto de naci\u00f3n estaban las figuras de clase que ya dominaban el proceso de acumulaci\u00f3n. La \u201cNaci\u00f3n\u201d, por lo tanto, era al mismo tiempo la hip\u00f3stasis de la \u201cvoluntad general\u201d de Rousseau, y lo que la ideolog\u00eda de la fabricaci\u00f3n conceb\u00eda como \u201ccomunidad de necesidades\u201d (es decir, la regulaci\u00f3n capitalista del mercado), que en la prolongada etapa de la acumulaci\u00f3n primitiva en Europa era m\u00e1s o menos liberal y siempre burguesa.<br \/>\nCuando en los siglos diecinueve y veinte el concepto de naci\u00f3n fue adoptado en contextos ideol\u00f3gicos muy diferentes y condujo a movilizaciones populares en regiones y pa\u00edses dentro y fuera de Europa, que no hab\u00edan experimentado ni la revoluci\u00f3n liberal ni el mismo nivel de acumulaci\u00f3n primitiva, fue, igualmente, presentado siempre como un concepto de modernizaci\u00f3n capitalista, que pretend\u00eda reunir las demandas inter-clasistas de unidad pol\u00edtica y la necesidad de desarrollo econ\u00f3mico. En otras palabras, la naci\u00f3n se instituy\u00f3 como el \u00fanico veh\u00edculo activo que podr\u00eda transportar a la modernidad y el desarrollo. Rosa Luxemburgo argument\u00f3 vehementemente (e in\u00fatilmente) contra el nacionalismo en los debates internos de la Tercera Internacional, en los a\u00f1os previos a la Primera Guerra Mundial. Luxemburgo se opuso a una pol\u00edtica de \u201cauto-determinaci\u00f3n nacional\u201d para Polonia como un elemento de la plataforma revolucionaria, pero su acusaci\u00f3n contra el nacionalismo era mucho m\u00e1s general. 7 Su cr\u00edtica de la naci\u00f3n no era meramente una cr\u00edtica de la modernizaci\u00f3n como tal, aunque sin duda ella visualizaba las ambig\u00fcedades involucradas en el desarrollo capitalista; y ella no estaba principalmente interesada en las divisiones que los nacionalismos crear\u00edan inevitablemente en la clase trabajadora europea, aunque su propia traves\u00eda n\u00f3mada por Europa central y oriental la hab\u00eda vuelto extremadamente sensible a esto. El argumento m\u00e1s poderoso de Luxemburgo fue, en realidad, que naci\u00f3n significa dictadura, y eso es profundamente incompatible con cualquier intento de organizaci\u00f3n democr\u00e1tica. Luxemburgo reconoci\u00f3 que la soberan\u00eda nacional y las mitolog\u00edas nacionales usurpaban eficazmente el terreno de las organizaciones democr\u00e1ticas, renovando los poderes de la soberan\u00eda territorial y modernizando su proyecto mediante la movilizaci\u00f3n de una comunidad activa.<br \/>\nEl proceso de construir la naci\u00f3n, que renov\u00f3 el concepto de soberan\u00eda y le dio una nueva definici\u00f3n, se volvi\u00f3 r\u00e1pidamente en todo y cada contexto hist\u00f3rico, una pesadilla ideol\u00f3gica. La crisis de la modernidad, que es la co-presencia contradictoria de la multitud y un poder que quiere reducirla al gobierno de uno \u2013 es decir, la co-presencia de un nuevo equipo productivo de subjetividades libres y un poder disciplinario que quiere explotarlo \u2013 no se pacifica o resuelve finalmente por el concepto de naci\u00f3n, m\u00e1s que lo que lo hizo por el concepto de soberan\u00eda o Estado. La naci\u00f3n s\u00f3lo puede enmascarar ideol\u00f3gicamente la crisis, desplazarla, y diferir su poder.<\/p>\n<p><b>La Naci\u00f3n y la Crisis de la Modernidad<\/b><\/p>\n<p>La obra de Jean Bodin est\u00e1 a la cabeza del pensamiento europeo que estudi\u00f3 el concepto de soberan\u00eda nacional. Su obra maestra, Les six livres de la R\u00e9publique, publicado por primera vez en 1576, en medio de la crisis del Renacimiento, trat\u00f3 como problema fundamental a las guerras civiles y religiosas de Francia y Europa. Bodin encar\u00f3 las crisis pol\u00edticas, los conflictos y las guerras, pero estos elementos de ruptura no lo condujeron a sostener ninguna alternativa id\u00edlica, ni siquiera en simples t\u00e9rminos id\u00edlicos o ut\u00f3picos. Por esto la obra de Bodin es, no solamente, una contribuci\u00f3n fundamental a la moderna definici\u00f3n de soberan\u00eda, sino tambi\u00e9n una anticipaci\u00f3n efectiva al desarrollo subsiguiente de la soberan\u00eda en t\u00e9rminos nacionales. Al adoptar una perspectiva realista, \u00e9l se anticip\u00f3 a la propia cr\u00edtica de la soberan\u00eda de la modernidad.<br \/>\nLa soberan\u00eda, sostuvo Bodin, no puede ser producto de la unidad del Pr\u00edncipe con la multitud, lo p\u00fablico y lo privado, ni tampoco es un problema que pueda resolverse ateni\u00e9ndose a un marco contractualista o de derecho natural. En realidad, el origen del poder pol\u00edtico y la definici\u00f3n de soberan\u00eda consisten en la victoria de un lado sobre el otro, una victoria que vuelve a uno soberano, y al otro, sujeto. La fuerza y la violencia crean la soberan\u00eda. Las determinaciones f\u00edsicas del poder imponen la plenitudo potestatis (la plenitud del poder). Esta es la plenitud y unidad del poder, pues \u201cla uni\u00f3n de los miembros [de la rep\u00fablica] depende de la unidad bajo un \u00fanico gobernante, de quien depende la efectividad de todo el resto. Un pr\u00edncipe soberano es por lo tanto indispensable, pues es su poder el que conforma a todos lo miembros de la rep\u00fablica\u201d.8<br \/>\nTras descartar el marco del derecho natural y las perspectivas trascendentales que siempre, de alg\u00fan modo, son invocadas, Bodin nos presenta a una figura del soberano, e incluso el Estado, que realistamente y, por ello, hist\u00f3ricamente, construye su propio origen y estructura. El Estado moderno surgi\u00f3 de esta transformaci\u00f3n, y s\u00f3lo all\u00ed pudo continuar su desarrollo. Esta es la bisagra te\u00f3rica que conecta a la teor\u00eda de la soberan\u00eda moderna con la experiencia de la soberan\u00eda territorial, perfeccion\u00e1ndola. Tomando la ley Romana y dise\u00f1ando desde sus capacidades para articular las fuentes del derecho y ordenar las formas de propiedad, la doctrina de Bodin se convirti\u00f3 en la teor\u00eda de un cuerpo pol\u00edtico unido articulado como administraci\u00f3n, que aparece para superar las crisis de la modernidad. El desplazamiento del centro de consideraci\u00f3n te\u00f3rica desde la cuesti\u00f3n de la legitimaci\u00f3n hacia la de la vida del estado y su soberan\u00eda como un cuerpo unido constituy\u00f3 un avance importante. Cuando Bodin habl\u00f3 de \u201cel derecho pol\u00edtico de la soberan\u00eda\u201d, anticip\u00f3 la sobredeterminaci\u00f3n nacional (y corp\u00f3rea) de la soberan\u00eda, abriendo de este modo un camino directo y original que se continuar\u00eda en los siglos siguientes.9<br \/>\nDespu\u00e9s de Bodin, en los siglos diecisiete y dieciocho se desarrollaron simult\u00e1neamente en Europa dos escuelas de pensamiento que tambi\u00e9n acordaban al tema de la soberan\u00eda un papel central, y anticipaban efectivamente el concepto de soberan\u00eda nacional: la tradici\u00f3n del derecho natural y la tradici\u00f3n realista (o historicista) de la teor\u00eda del Estado. 10 Ambas escuelas mediaron la concepci\u00f3n trascendental de la soberan\u00eda con una metodolog\u00eda realista que comprendi\u00f3 los t\u00e9rminos del conflicto material; ambos juntaron la construcci\u00f3n del Estado soberano con la constituci\u00f3n de la comunidad sociopol\u00edtica que luego se llamar\u00eda naci\u00f3n. Como Bodin, estas dos escuelas confrontaron continuamente la crisis de la concepci\u00f3n te\u00f3rica de la soberan\u00eda, que era reabierta continuamente por las fuerzas antag\u00f3nicas de la modernidad, con la construcci\u00f3n jur\u00eddica y administrativa de la figura del Estado.<br \/>\nEn la escuela del derecho natural, desde Grotius a Althusius y desde Tomasius a Puffendorf, las figuras trascendentales de la soberan\u00eda fueron bajadas a tierra y apoyadas en la realidad de los procesos administrativos e institucionales. La soberan\u00eda fue distribuida poniendo en marcha un sistema de contratos m\u00faltiples dise\u00f1ado para intervenir en cada nodo de la estructura administrativa del poder. Este proceso no se orient\u00f3 hacia la cima del Estado y el simple t\u00edtulo de la soberan\u00eda; por el contrario, el problema de la legitimaci\u00f3n comenz\u00f3 a analizarse desde el punto de vista de una m\u00e1quina administrativa que funcionaba mediante las articulaciones del ejercicio del poder. El c\u00edrculo de la soberan\u00eda y la obediencia se cerr\u00f3 sobre s\u00ed mismo, duplic\u00e1ndose a s\u00ed mismo, multiplic\u00e1ndose y extendi\u00e9ndose por toda la realidad social. La soberan\u00eda comenz\u00f3 a ser estudiada menos desde la perspectiva de los antagonistas involucrados en la crisis de la modernidad y m\u00e1s como un proceso administrativo que articulaba estos antagonismos y persegu\u00eda una unidad en la dial\u00e9ctica del poder, abstray\u00e9ndola y reific\u00e1ndola mediante la din\u00e1mica hist\u00f3rica. Un importante segmento de la escuela del derecho natural desarroll\u00f3 as\u00ed la idea de distribuir y articular la soberan\u00eda trascendente mediante las formas reales de administraci\u00f3n. 11<br \/>\nLa s\u00edntesis impl\u00edcita en la escuela del derecho natural, sin embargo, devino expl\u00edcita en el contexto del historicismo. Ciertamente, ser\u00eda incorrecto atribuir al historicismo del Iluminismo la tesis que en realidad ser\u00eda desarrollada luego, por las escuelas reaccionarias en el per\u00edodo posterior a la Revoluci\u00f3n Francesa \u2013 la tesis, decimos, que unific\u00f3 la teor\u00eda de la soberan\u00eda con la teor\u00eda de la naci\u00f3n, sembr\u00e1ndolas a ambas en una tierra hist\u00f3rica com\u00fan. Y, sin embargo, ya en este per\u00edodo temprano hallamos las semillas de ese desarrollo ulterior. Mientras un segmento importante de la escuela del derecho natural desarroll\u00f3 la idea de articular la soberan\u00eda trascendente mediante las formas reales de la administraci\u00f3n, los pensadores historicistas del Iluminismo intentaron concebir la subjetividad del proceso hist\u00f3rico, hallando con ello un terreno efectivo para el t\u00edtulo y el ejercicio de la soberan\u00eda. 12 En la obra de Giambattista Vico, por ejemplo, ese terrible meteoro que atraves\u00f3 la era del Iluminismo, las determinaciones de la la concepci\u00f3n jur\u00eddica de la soberan\u00eda, estuvieron todas basadas en la fuerza del desarrollo hist\u00f3rico. Las figuras trascendentes de la soberan\u00eda fueron traducidas a \u00edndices de un proceso providencial, que era al mismo tiempo humano y divino. Esta construcci\u00f3n de la soberan\u00eda (o, realmente, reificaci\u00f3n de la soberan\u00eda) en la historia fue muy poderosa. En este terreno hist\u00f3rico, que oblig\u00f3 a cada construcci\u00f3n ideol\u00f3gica a confrontar con la realidad, la crisis gen\u00e9tica de la modernidad no se cerr\u00f3 nunca \u2013y no hab\u00eda ninguna necesidad que se cerrara, porque la misma crisis produc\u00eda nuevas figuras que espoleaban el desarrollo hist\u00f3rico y pol\u00edtico, todo bajo el mando del soberano trascendente. \u00a1Qu\u00e9 ingeniosa inversi\u00f3n de la problem\u00e1tica! Los elementos de la crisis, una crisis continua e irresuelta, eran ahora considerados elementos activos del progreso. En efecto, podemos reconocer en Vico al embri\u00f3n de la apolog\u00eda de la \u201cefectividad\u201d de Hegel, haciendo que el mundo presente ordene el telos de la historia. 13<br \/>\nLo que en Vico eran sugerencias e insinuaciones, sin embargo, emergi\u00f3 como una declaraci\u00f3n abierta y radical en el Iluminismo alem\u00e1n tard\u00edo. En la escuela de Hannover primero y luego en la obra de J. G. Herder, la teor\u00eda moderna de la soberan\u00eda apunt\u00f3 exclusivamente hacia el an\u00e1lisis de lo que se concibi\u00f3 como una continuidad social y cultural: la continuidad hist\u00f3rica real del territorio, la poblaci\u00f3n y la naci\u00f3n. El argumento de Vico que dec\u00eda que la historia ideal se localiza en la historia de todas las naciones se volvi\u00f3 m\u00e1s radical en Herder, quien sostuvo que toda perfecci\u00f3n humana es, en cierta forma, nacional. 14 La identidad es concebida, de este modo, no como resoluci\u00f3n de diferencias sociales e hist\u00f3ricas sino como producto de una unidad primordial. La naci\u00f3n es una figura completa de soberan\u00eda previa al desarrollo hist\u00f3rico; o mejor a\u00fan, no hay desarrollo hist\u00f3rico que no est\u00e9 ya prefigurado en el origen. En otras palabras, la naci\u00f3n sostiene al concepto de soberan\u00eda afirmando que lo precede. 15 Es la m\u00e1quina material la que se moviliza a trav\u00e9s de la historia, el \u201cgenio\u201d que trabaja la historia. La naci\u00f3n se transforma finalmente en la condici\u00f3n de la posibilidad de toda acci\u00f3n humana y de la misma vida social.<\/p>\n<p><b>El Pueblo de la Naci\u00f3n <\/b><\/p>\n<p>Entre el final del siglo dieciocho y el comienzo del diecinueve, finalmente emergi\u00f3 acabadamente el concepto de soberan\u00eda nacional en el pensamiento europeo. En la base de esta figura definitiva del concepto hab\u00eda un trauma \u2013la Revoluci\u00f3n Francesa\u2013 y la resoluci\u00f3n de ese trauma \u2013la celebraci\u00f3n y apropiaci\u00f3n reaccionaria del concepto de naci\u00f3n. Los elementos fundamentales de esta reconfiguraci\u00f3n desplazada del concepto de naci\u00f3n que lo transformaron en una verdadera arma pol\u00edtica pueden hallarse en forma sumaria en la obra de Emmanuel-Joseph Siey\u00e9s. En su magn\u00edfico y difamatorio tratado \u00bfQu\u00e9 es el Tercer Estado? enlaz\u00f3 el concepto de naci\u00f3n con el de Tercer Estado, es decir, la burgues\u00eda. Siey\u00e9s intent\u00f3 conducir el concepto de soberan\u00eda hacia atr\u00e1s, a sus or\u00edgenes humanistas y redescubrir sus posibilidades revolucionarias. Y lo que es m\u00e1s importante para nuestros prop\u00f3sitos, el intenso compromiso de Siey\u00e9s con la actividad revolucionaria le permiti\u00f3 interpretar el concepto de naci\u00f3n como un concepto pol\u00edtico constructivo, un mecanismo constitucional. Pero gradualmente fue siendo evidente, en especial en la \u00faltima obra de Siey\u00e9s, en los trabajos de sus seguidores y, por sobre todo, de sus detractores, que, aunque la naci\u00f3n se formaba mediante la pol\u00edtica, era finalmente una construcci\u00f3n espiritual y con ello el concepto de naci\u00f3n fue separado de la revoluci\u00f3n, consignada a todos los Termidores. La naci\u00f3n se convirti\u00f3 expl\u00edcitamente en el concepto que resum\u00eda la soluci\u00f3n de la hegemon\u00eda burguesa al problema de la soberan\u00eda. 16<br \/>\nEn esos puntos en que el concepto de naci\u00f3n se ha presentado como popular y revolucionario, como lo fue incluso durante la Revoluci\u00f3n Francesa, uno puede suponer que la naci\u00f3n ha roto con el concepto moderno de soberan\u00eda y su aparato de sojuzgamiento y dominaci\u00f3n y est\u00e1 dedicada a una noci\u00f3n democr\u00e1tica de comunidad. El nexo entre el concepto de naci\u00f3n y el concepto de pueblo fue en verdad una innovaci\u00f3n poderosa y constituy\u00f3 el eje de la sensibilidad jacobina y la de otros grupos revolucionarios. Lo que apareci\u00f3 como revolucionario y liberador en esta noci\u00f3n de soberan\u00eda nacional y popular, sin embargo, no es en verdad nada m\u00e1s que otra vuelta de tuerca, una extensi\u00f3n adicional del sojuzgamiento y la dominaci\u00f3n que el concepto moderno de soberan\u00eda ha llevado consigo desde el comienzo. El precario poder de la soberan\u00eda como soluci\u00f3n para la crisis de la modernidad fue primero una referencia de apoyo para la naci\u00f3n y luego, cuando tambi\u00e9n la naci\u00f3n se revel\u00f3 como una soluci\u00f3n precaria, fue extendido hacia el pueblo. En otras palabras, del mismo modo que el concepto de naci\u00f3n completa la noci\u00f3n de soberan\u00eda proclamando que la precede, as\u00ed tambi\u00e9n el concepto de pueblo completa al de naci\u00f3n mediante otra fingida regresi\u00f3n l\u00f3gica. Cada retroceso l\u00f3gico funciona para solidificar el poder de la soberan\u00eda, mistificando sus bases, es decir, disminuyendo la naturalidad del concepto. La identidad de la naci\u00f3n y m\u00e1s a\u00fan la identidad del pueblo debe aparecer natural y originaria.<br \/>\nNosotros, en contraste, debemos desnaturalizar estos conceptos y preguntar qu\u00e9 es una naci\u00f3n y c\u00f3mo est\u00e1 hecha, pero tambi\u00e9n qu\u00e9 es un pueblo y c\u00f3mo est\u00e1 hecho. Aunque \u201cel pueblo\u201d es instituido como la base originaria de la naci\u00f3n, la concepci\u00f3n moderna del pueblo es, de hecho, un producto del Estado-naci\u00f3n y sobrevive s\u00f3lo dentro de su contexto ideol\u00f3gico espec\u00edfico. Muchos an\u00e1lisis contempor\u00e1neos sobre naciones y nacionalismos, desde una amplia variedad de perspectivas, se equivocan precisamente porque conf\u00edan sin cuestionamientos en la naturalidad del concepto y la identidad del pueblo. Debemos observar que el concepto de pueblo es muy diferente del de la multitud. 17 Ya en el siglo diecisiete Hobbes fue muy cuidadoso al establecer esta diferencia y su importancia para la construcci\u00f3n del orden soberano: \u201cEs un gran obst\u00e1culo para el gobierno civil, especialmente el mon\u00e1rquico, que los hombres no distingan bien a los pueblos de la multitud. El pueblo es uno, poseyendo una voluntad y a quien se le puede atribuir una acci\u00f3n; nada de esto puede decirse propiamente de la multitud. El pueblo gobierna en todos los gobiernos. Porque a\u00fan en las monarqu\u00edas el pueblo comanda; para las voluntades del pueblo por la voluntad de un hombre&#8230; (aunque parezca una paradoja) el rey es el pueblo\u201d. 18 La multitud es una multiplicidad, un plano de singularidades, un juego abierto de relaciones, que no es homog\u00e9neo o id\u00e9ntico a s\u00ed mismo y sostiene una relaci\u00f3n indistinta, inclusiva, con aquellos que est\u00e1n fuera de ella. El pueblo, en contraste, tiende a homogeneizarse e identificarse internamente mientras sostiene sus diferencias con aquello que permanece fuera de \u00e9l, excluy\u00e9ndolo. Mientras la multitud es una relaci\u00f3n constituyente inconclusa, el pueblo es una s\u00edntesis constituida que ya est\u00e1 preparada para la soberan\u00eda. El pueblo provee una \u00fanica voluntad y acci\u00f3n, que es independiente y est\u00e1 a menudo en conflicto con las diversas voluntades y acciones de la multitud. Cada naci\u00f3n debe transformar a la multitud en pueblo.<br \/>\nDos tipos fundamentales de operaciones contribuyeron a la construcci\u00f3n del concepto moderno de pueblo en relaci\u00f3n con el de la naci\u00f3n en Europa, durante los siglos dieciocho y diecinueve. La m\u00e1s importante de estas fue el conjunto de mecanismos de racismo colonial que construy\u00f3 la identidad de los pueblos europeos en un juego dial\u00e9ctico de oposiciones con sus Otros nativos. Los conceptos de naci\u00f3n, pueblo y raza nunca est\u00e1n muy separados. 19 La construcci\u00f3n de una diferencia racial absoluta es el terreno esencial para la concepci\u00f3n de una identidad nacional homog\u00e9nea. Con las presiones de la inmigraci\u00f3n y el multiculturalismo creando conflictos en Europa, est\u00e1n apareciendo hoy numerosos y excelentes trabajos para demostrar que, pese a la persistente nostalgia de algunos, las sociedades y pueblos europeos nunca fueron realmente puras y uniformes. 20 La identidad del pueblo fue construida sobre un plano imaginario que ocult\u00f3 y\/o elimin\u00f3 las diferencias y esto corresponde en el plano pr\u00e1ctico a subordinaci\u00f3n racial y purificaci\u00f3n social.<br \/>\nLa segunda operaci\u00f3n fundamental en la construcci\u00f3n del pueblo, facilitada por la primera, es el eclipse de las diferencias internas mediante la representaci\u00f3n de toda la poblaci\u00f3n por un grupo, raza o clase hegem\u00f3nica. El grupo representativo es el agente activo que se alza detr\u00e1s de la efectividad del concepto de naci\u00f3n. En el curso de la misma Revoluci\u00f3n Francesa, entre el Termidor y el per\u00edodo Napole\u00f3nico, el concepto de naci\u00f3n revel\u00f3 su contenido fundamental y sirvi\u00f3 de ant\u00eddoto contra el concepto y las fuerzas de la revoluci\u00f3n. Incluso en los trabajos tempranos de Siey\u00e9s podemos ver claramente c\u00f3mo sirve la naci\u00f3n para aplacar la crisis y c\u00f3mo la soberan\u00eda ser\u00eda reapropiada mediante la representaci\u00f3n de la burgues\u00eda. Siey\u00e9s sostuvo que una naci\u00f3n s\u00f3lo pod\u00eda tener un inter\u00e9s general: ser\u00eda imposible establecer el orden si la naci\u00f3n admitiera m\u00faltiples intereses diferentes. El orden social presupone necesariamente la unidad de los fines y la concertaci\u00f3n de los medios. 21 El concepto de naci\u00f3n en estos primeros a\u00f1os de la Revoluci\u00f3n Francesa fue la primer hip\u00f3tesis de la construcci\u00f3n de la hegemon\u00eda popular y el primer manifiesto consciente de una clase social pero, tambi\u00e9n, la declaraci\u00f3n final de una transformaci\u00f3n secular completamente lograda, una coronaci\u00f3n, un sello final. Nunca fue tan reaccionario del concepto de naci\u00f3n como cuando se present\u00f3 a s\u00ed mismo como revolucionario. 22 Parad\u00f3jicamente, \u00e9sta no pod\u00eda sino ser una revoluci\u00f3n completada, un fin de la historia. El pasaje de la actividad revolucionaria a la construcci\u00f3n espiritual de la naci\u00f3n y el pueblo es inevitable y est\u00e1 impl\u00edcito en el mismo concepto. 23<br \/>\nLa soberan\u00eda nacional y la soberan\u00eda popular fueron, por lo tanto, productos de una construcci\u00f3n espiritual, es decir, la construcci\u00f3n de una identidad. Cuando Edmund Burke se opuso a Siey\u00e9s, su postura fue mucho menos diferente que lo que el clima pol\u00e9mico t\u00f3rrido de la \u00e9poca podr\u00eda hacernos suponer. A\u00fan para Burke, de hecho, la soberan\u00eda nacional era el producto de una construcci\u00f3n espiritual de identidad. Este hecho puede reconocerse a\u00fan m\u00e1s claramente en la obra de aquellos que levantaron el estandarte del proyecto contrarrevolucionario en el continente europeo. Las concepciones continentales de esta construcci\u00f3n espiritual revivieron tanto las tradiciones de la naci\u00f3n hist\u00f3ricas como las voluntaristas y agregaron a la concepci\u00f3n del desarrollo hist\u00f3rico una s\u00edntesis trascendental en la soberan\u00eda nacional. Esta s\u00edntesis ya est\u00e1 alcanzada en la identidad de la naci\u00f3n y el pueblo. Johann Gottlieb Fichte, por ejemplo, proclama en t\u00e9rminos m\u00e1s o menos mitol\u00f3gicos que la patria y el pueblo son representaci\u00f3n y medida de eternidad terrena; son lo que aqu\u00ed en la tierra puede ser inmortal. 24 La contrarrevoluci\u00f3n Rom\u00e1ntica fue en realidad m\u00e1s realista que la revoluci\u00f3n Iluminista. Enmarc\u00f3 y fij\u00f3 lo que ya se hab\u00eda logrado, celebr\u00e1ndolo a la luz eterna de la hegemon\u00eda. El Tercer Estado es poder; la naci\u00f3n es su representaci\u00f3n totalizante; el pueblo es su cimiento s\u00f3lido y natural; y la soberan\u00eda nacional es la cima de la historia. De este modo cada alternativa hist\u00f3rica a la hegemon\u00eda burguesa fue superada definitivamente mediante la propia historia revolucionaria burguesa. 25<br \/>\nEsta formulaci\u00f3n burguesa del concepto de soberan\u00eda nacional super\u00f3 largamente a todas las formulaciones previas de la moderna soberan\u00eda. Consolid\u00f3 una imagen particular y hegem\u00f3nica de la soberan\u00eda moderna, la imagen de la victoria de la burgues\u00eda, que es luego historicizada y universalizada. La particularidad nacional es una potente universalidad. Todos los hilos de un largo desarrollo se tejieron juntos aqu\u00ed. En la identidad, es decir, la esencia espiritual del pueblo y la naci\u00f3n, hay un territorio impregnado de sentidos culturales, una historia compartida y una comunidad ling\u00fc\u00edstica: pero por sobre todo es la consolidaci\u00f3n de una victoria de clase, un mercado estable, el potencial para la expansi\u00f3n econ\u00f3mica y nuevos espacios donde invertir y civilizar. En suma, la construcci\u00f3n de la identidad nacional garantiza una legitimaci\u00f3n reforzada continuamente, y el derecho y poder de una unidad sacrosanta e irreprimible. Este es un cambio decisivo en el concepto de soberan\u00eda. Asociado con los conceptos de naci\u00f3n y pueblo, el moderno concepto de soberan\u00eda desplaza su epicentro desde la mediaci\u00f3n de conflictos y crisis hacia la experiencia unitaria de un sujeto\u2013naci\u00f3n y su imaginada comunidad.<\/p>\n<p><b>Nacionalismo subalterno<\/b><br \/>\nHemos estado enfocando nuestra atenci\u00f3n sobre este punto acerca del desarrollo del concepto de naci\u00f3n en Europa mientras Europa estaba en proceso de alcanzar la dominaci\u00f3n mundial. Por fuera de Europa, sin embargo, el concepto de naci\u00f3n ha funcionado con frecuencia muy diferentemente. En algunos aspectos, de hecho, uno puede inclusive decir que la funci\u00f3n del concepto de naci\u00f3n se invierte cuando es desplegada entre grupos dominados en lugar de entre grupos dominantes. Para decirlo abiertamente, parece que mientras el concepto de naci\u00f3n promueve la restauraci\u00f3n y la estasis en manos de los dominantes, es un arma para el cambio y la revoluci\u00f3n en manos de los subordinados.<br \/>\nLa naturaleza progresista del nacionalismo subalterno queda definida por dos funciones primarias, cada una de las cuales es altamente ambigua. M\u00e1s importante: la naci\u00f3n aparece como progresista en tanto sirve como l\u00ednea de defensa contra la dominaci\u00f3n de naciones m\u00e1s poderosas y fuerzas externas econ\u00f3micas, pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas. El derecho a la auto-determinaci\u00f3n de las naciones subalternas es, en verdad, un derecho a la secesi\u00f3n del control de las potencias dominantes. 26 De este modo las luchas anticoloniales utilizaron el concepto de naci\u00f3n como un arma para derrotar y expulsar al ocupante enemigo y del mismo modo las pol\u00edticas antiimperialistas erigieron muros nacionales para obstruir las fuerzas abrumadoras del capital for\u00e1neo. El concepto de naci\u00f3n tambi\u00e9n sirvi\u00f3 como arma ideol\u00f3gica para detener el discurso dominante que consideraba a los pueblos y culturas dominadas como inferiores; el reclamo de la nacionalidad afirm\u00f3 la dignidad del pueblo y legitim\u00f3 la demanda de independencia e igualdad. En todos estos casos, la naci\u00f3n es progresista estrictamente en tanto l\u00ednea fortificada de defensa contra fuerzas externas m\u00e1s poderosas. Pero en tanto estos muros aparecen como progresistas en su funci\u00f3n protectora contra la dominaci\u00f3n exterior, pueden, sin embargo, jugar con facilidad un papel inverso respecto del interior que protegen. El lado oscuro de la estructura que resiste a los poderes exteriores consiste en ser, ella misma, un poder dominante que ejerce una opresi\u00f3n interna igual y opuesta, reprimiendo las diferencias y oposiciones interiores en nombre de la identidad nacional, la unidad y la seguridad. Protecci\u00f3n y opresi\u00f3n dif\u00edcilmente puedan separarse. Esta estrategia de \u201cprotecci\u00f3n nacional\u201d es una espada de doble filo que en ocasiones parece necesaria pese a su destructividad.<br \/>\nEn segundo lugar la naci\u00f3n aparece como progresista en tanto instituye la comunalidad de una comunidad potencial. Parte de los efectos \u201cmodernizantes\u201d de la naci\u00f3n en los pa\u00edses subordinados ha sido la unificaci\u00f3n de diversos pueblos, derribando barreras religiosas, \u00e9tnicas, culturales y ling\u00fc\u00edsticas. La unificaci\u00f3n de pa\u00edses como Indonesia, China y Brasil, por ejemplo, es un proceso continuo que involucra superar innumerables barreras de esa clase \u2013y en muchos casos esta unificaci\u00f3n nacional fue preparada por el poder colonial europeo. Tambi\u00e9n en el caso de di\u00e1sporas poblacionales la naci\u00f3n suele ser el \u00fanico concepto posible bajo el cual imaginar la comunidad del grupo subalterno \u2013como, por ejemplo, el Aztl\u00e1n es imaginado como la patria geogr\u00e1fica de \u201cLa Raza\u201d, la naci\u00f3n Latina espiritual en Am\u00e9rica del Norte. Puede ser cierto, como dice Benedict Anderson, que una naci\u00f3n deba entenderse como una comunidad imaginada \u2013pero debemos reconocer que esto se invierte de modo que \u00a1la naci\u00f3n se vuelve el \u00fanico modo de imaginar la comunidad! Cada imaginaci\u00f3n de una comunidad se sobrecodifica como una naci\u00f3n y de este modo nuestra concepci\u00f3n de comunidad se empobrece severamente. Del mismo modo que en el contexto de los pa\u00edses dominantes, aqu\u00ed tambi\u00e9n la multiplicidad y singularidad de la multitud son negadas en la camisa de fuerza de la identidad y homogeneidad del pueblo. Nuevamente el poder unificador de la naci\u00f3n subalterna es una espada de doble filo, al tiempo progresista y reaccionario.<br \/>\nEstos dos aspectos simult\u00e1neamente progresistas y regresivos del nacionalismo subalterno se presentan con toda su ambig\u00fcedad en la tradici\u00f3n del nacionalismo negro de los Estados Unidos. Aunque despose\u00eddo como lo est\u00e1 de cualquier definici\u00f3n territorial (y esto lo vuelve indudablemente distinto de la mayor\u00eda de los otros nacionalismos subalternos), presenta tambi\u00e9n las dos funciones progresivas fundamentales \u2013esforz\u00e1ndose por presentarse a s\u00ed mismo en una posici\u00f3n an\u00e1loga a las naciones verdaderas, definidas territorialmente. A principios de 1960, por ejemplo, tras el enorme \u00edmpetu creado por la Conferencia de Bandung y las luchas de liberaci\u00f3n nacional Africanas y Latino-americanas, Malcolm X intent\u00f3 reorientar el foco de las demandas de los Afroamericanos desde los \u201cderechos civiles\u201d hacia los \u201cderechos humanos\u201d y esto desvi\u00f3 ret\u00f3ricamente el foro de apelaci\u00f3n desde el Congreso de los Estados Unidos a la Asamblea General de la ONU. 27 Como muchos otros l\u00edderes Afroamericanos desde Marcus Garvey, Malcolm X reconoci\u00f3 claramente el poder de la postura de hablar de una naci\u00f3n y un pueblo. El concepto de naci\u00f3n configura aqu\u00ed una posici\u00f3n defensiva de separaci\u00f3n del poder \u201cexterno\u201d hegem\u00f3nico y al mismo tiempo representa el poder aut\u00f3nomo de la comunidad unificada, el poder del pueblo.<br \/>\nM\u00e1s importante que cualquiera de esas propuestas te\u00f3ricas y ret\u00f3ricas son las pr\u00e1cticas actuales del nacionalismo negro, esto es, la amplia variedad de actividades y fen\u00f3menos concebidos por los propios actores como expresiones de nacionalismo negro: equipos educativos comunitarios, desfiles por comedores escolares, escuelas separadas y proyectos sobre desarrollo econ\u00f3mico comunitario y auto-suficiencia. Como sostuvo Wahneema Lubiano: \u201cEl nacionalismo negro es significativo por la ubicuidad de su presencia en la vida de los negros Americanos\u201d. 28 En todas esta diversas actividades y campos de vida, el nacionalismo negro invoca precisamente a los circuitos de auto-valorizaci\u00f3n que constituyen a la comunidad y permite su relativa auto-determinaci\u00f3n y auto-constituci\u00f3n. Pese al extenso rango de fen\u00f3menos llamados nacionalismo negro, pues, podemos reconocer a\u00fan en \u00e9l las dos funciones progresistas fundamentales del nacionalismo subalterno: la defensa y la unificaci\u00f3n de la comunidad. Con la expresi\u00f3n \u201cnacionalismo negro\u201d podemos nombrar cualquier expresi\u00f3n de la separaci\u00f3n y poder aut\u00f3nomo del pueblo Afroamericano.<br \/>\nEn el caso del nacionalismo negro tambi\u00e9n, sin embargo, los elementos progresistas est\u00e1n inevitablemente acompa\u00f1ados por sus sombras reaccionarias. Las fuerzas represivas de la naci\u00f3n y el pueblo debilitan la auto-valorizaci\u00f3n de la comunidad y destruyen su multiplicidad. Cuando el nacionalismo negro coloca como su cimiento a la uniformidad y homogeneidad del pueblo Afroamericano (eclipsando, por ejemplo, a las diferencias de clase) o cuando designa a un segmento de la comunidad (tal como los hombres Afroamericanos) como representantes de facto del total, la ambig\u00fcedad profunda de las funciones progresistas del nacionalismo subalterno emergen m\u00e1s claramente que nunca. 29 Son precisamente aquellas fuerzas que representan un papel defensivo con respecto al exterior \u2013favoreciendo el poder, la autonom\u00eda y la unidad de la comunidad\u2013 las mismas que representan un papel opresivo internamente, negando la multiplicidad de la propia comunidad.<br \/>\nDebemos, sin embargo, enfatizar que estas funciones progresistas ambiguas del concepto de naci\u00f3n existen primariamente cuando la naci\u00f3n no est\u00e1 a\u00fan unida efectivamente a la soberan\u00eda, es decir, cuando la naci\u00f3n imaginada [a\u00fan] no existe, cuando todav\u00eda es un sue\u00f1o. Tan pronto la naci\u00f3n comienza a conformarse como un Estado soberano, sus funciones progresistas se desvanecen. Jean Genet estaba encantado con el deseo revolucionario de las Panteras Negras y los Palestinos, pero reconoci\u00f3 que cuando se transformaran en naciones soberanas se terminar\u00edan sus cualidades revolucionarias. \u201cEl d\u00eda que los palestinos se institucionalicen\u201d, sostuvo, \u201c ya no estar\u00e9 a su lado. El d\u00eda que los Palestinos sean una naci\u00f3n como cualquier otra, ya no estar\u00e9 all\u00ed\u201d. 30 Con la \u201cliberaci\u00f3n\u201d nacional y la construcci\u00f3n el Estado-naci\u00f3n, todas las funciones opresivas de la moderna soberan\u00eda afloran con toda su fuerza.<\/p>\n<p><b>Totalitarismo del Estado-naci\u00f3n<br \/>\n<\/b>Cuando el Estado-naci\u00f3n funciona como una instituci\u00f3n de la soberan\u00eda, \u00bfse dirige finalmente a resolver la crisis de la modernidad? \u00bfEl concepto de pueblo y su desplazamiento biopol\u00edtico de la soberan\u00eda logran desplazar los t\u00e9rminos y el terreno de la s\u00edntesis entre poder constituyente y poder constituido y entre la din\u00e1mica de las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n, de modo tal que nos traslade m\u00e1s all\u00e1 de la crisis? Un vasto panorama de autores, poetas y pol\u00edticos (a menudo provenientes de movimientos progresistas, socialistas y anti-imperialistas) han cre\u00eddo esto. La conversi\u00f3n de la Izquierda Jacobina del siglo diecinueve en la Izquierda Nacional, la adopci\u00f3n m\u00e1s o menos intensa de programas nacionales en la Segunda y Tercera Internacional y las formas nacionalistas de las luchas de liberaci\u00f3n en el mundo colonial y poscolonial, hasta las formas actuales de resistencia de las naciones a los procesos de globalizaci\u00f3n y las cat\u00e1strofes que provocan: todo esto parece apoyar la opini\u00f3n de que el Estado-naci\u00f3n proporciona una nueva din\u00e1mica m\u00e1s all\u00e1 del desastre hist\u00f3rico y conceptual el Estado soberano moderno. 31<br \/>\nTenemos otra perspectiva de la funci\u00f3n de la naci\u00f3n, sin embargo, y desde nuestra visi\u00f3n la crisis de la modernidad permanece absolutamente abierta bajo el mando de la naci\u00f3n y el pueblo. Cuando desarrollamos nuestra genealog\u00eda del concepto de soberan\u00eda en Europa durante los siglos diecinueve y veinte, resulta evidente que la forma-Estado de la modernidad cae primero dentro de la forma-Estado-naci\u00f3n, y luego la forma-Estado-naci\u00f3n desciende a una serie de barbarismos totales. Cuando la lucha de clases reabre la mistificada s\u00edntesis de la modernidad en las primeras d\u00e9cadas del siglo veinte, demostrando otra vez la poderosa antitesis entre el Estado y la multitud, y entre las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n, esa ant\u00edtesis condujo directamente a la guerra civil europea\u2013guerra civil que fue encubierta bajo la forma de conflictos entre Estados-naci\u00f3n soberanos. 32 En la Segunda Guerra Mundial la Alemania Nazi junto con los diversos fascismos europeos se alzaron contra la Rusia socialista. Las naciones fueron presentadas como mistificaciones de los sujetos de clase en conflicto, o vallados entre ellos. Si la Alemania Nazi es el tipo ideal de transformaci\u00f3n de la soberan\u00eda moderna en soberan\u00eda nacional y de su articulaci\u00f3n bajo la forma capitalista, entonces la Rusia Stalinista es el tipo ideal de la transformaci\u00f3n de los intereses populares y la l\u00f3gica cruel que provino de ello en un proyecto de modernizaci\u00f3n nacional, movilizando para sus propios prop\u00f3sitos a las fuerzas productivas que buscaban la liberaci\u00f3n del capitalismo.<br \/>\nPodemos analizar aqu\u00ed la apoteosis nacional-socialista del concepto moderno de soberan\u00eda y su transformaci\u00f3n en la soberan\u00eda nacional: nada podr\u00eda demostrar m\u00e1s claramente la coherencia de este pasaje que la transferencia de poder desde la monarqu\u00eda Prusiana hacia el r\u00e9gimen de Hitler, bajo los auspicios de la burgues\u00eda alemana. Este pasaje es bien conocido, como lo son la explosiva violencia de esta transferencia de poder, la obediencia ejemplar del pueblo alem\u00e1n, su valor c\u00edvico y militar en el servicio a la naci\u00f3n, y las consecuencias secundarias que podr\u00edamos llamar, de modo abreviado, Auschwitz (como s\u00edmbolo del holocausto jud\u00edo) y Buchenwald (como s\u00edmbolo del exterminio de comunistas, homosexuales, gitanos y otros). Dejemos este relato para otros escolares y desgracia de la historia.<br \/>\nNos interesa m\u00e1s ahora el otro lado de la cuesti\u00f3n nacional en Europa durante este per\u00edodo. En otras palabras, \u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3 realmente cuando el nacionalismo y el socialismo fueron de la mano en Europa? A fin de responder a esta pregunta debemos rever algunos momentos centrales de la historia del socialismo europeo. Particularmente debemos recordar que no mucho despu\u00e9s de su aparici\u00f3n, entre mediados y fines del siglo diecinueve, la Internacional socialista se encontr\u00f3 con fuertes movimientos nacionalistas, y tras este enfrentamiento la pasi\u00f3n internacionalista original se evapor\u00f3 r\u00e1pidamente. Las pol\u00edticas de los movimientos de trabajadores europeos m\u00e1s fuertes, en Alemania, Austria, Francia y, en especial, Inglaterra, alzaron de inmediato las banderas del inter\u00e9s nacional. El reformismo socialdem\u00f3crata se invisti\u00f3 totalmente de este compromiso concebido en el nombre de la naci\u00f3n\u2013un compromiso entre intereses de clase, es decir, entre el proletariado y ciertos estratos de la estructura burguesa hegem\u00f3nica en cada pa\u00eds. Y ni mencionemos la innoble historia de traiciones de algunos segmentos del movimiento de trabajadores europeos apoyando los emprendimientos imperialistas de los Estados-naci\u00f3n de Europa, ni la locura imperdonable que uni\u00f3 a los diversos reformismo europeos en la aceptaci\u00f3n de conducir a las masas a la muerte en la Primera Guerra Mundial.<br \/>\nLos reformismos socialdem\u00f3cratas tienen teor\u00edas adecuadas para estas posturas. Diversos profesores socialdem\u00f3cratas austriacos las inventaron, contempor\u00e1neos del Conde Leinsdorf de Musil. En la id\u00edlica atm\u00f3sfera alpina de Kakania, en el gentil clima intelectual de aquel \u201cretorno a Kant\u201d, profesores como Otto Bauer insistieron sobre la necesidad de considerar a la nacionalidad como el elemento fundamental de la modernizaci\u00f3n. 33 De hecho, ellos cre\u00edan que del enfrentamiento entre la nacionalidad (definida como comunidad de car\u00e1cter) y el desarrollo capitalista (entendido como sociedad) emerger\u00eda una dial\u00e9ctica que en su despliegue favorecer\u00eda eventualmente al proletariado y su progresiva hegemon\u00eda en la sociedad. Este programa ignoraba el hecho que el concepto de Estado-naci\u00f3n no es divisible sino org\u00e1nico, no trascendental pero trascendente, e incluso en su trascendencia est\u00e1 construido para oponerse a cada tendencia por parte del proletariado para reapropiarse de espacios sociales y riqueza social. \u00bfQu\u00e9 puede entonces significar la modernizaci\u00f3n si est\u00e1 atada fundamentalmente a la reforma del sistema capitalista y hostil a la apertura de cualquier proceso revolucionario? Estos autores celebraron a la naci\u00f3n sin querer pagar el precio de esta celebraci\u00f3n. O, mejor a\u00fan, la celebraron mientras mistificaban el poder destructivo del concepto de naci\u00f3n. Dada esta perspectiva, el apoyo a los proyectos imperialistas y la guerra \u00ednter imperialista fueron posiciones l\u00f3gicas e inevitables para el reformismo socialdem\u00f3crata.<br \/>\nTambi\u00e9n el bolcheviquismo entr\u00f3 en el terreno de la mitolog\u00eda nacionalista, en especial mediante el festejado panfleto prerrevolucionario de Stalin sobre el marxismo y la cuesti\u00f3n nacional. 34 De acuerdo con Stalin, las naciones son inmediatamente revolucionarias, y revoluci\u00f3n significa modernizaci\u00f3n: el nacionalismo es una etapa ineludible del desarrollo. En la interpretaci\u00f3n de Stalin, sin embargo, como el nacionalismo se vuelve socialismo, el socialismo se vuelve Rusia, e Iv\u00e1n el Terrible debe yacer en la tumba junto a Lenin. La Internacional Comunista se transform\u00f3 en una asamblea de las \u201cquintas columnas\u201d de los intereses nacionales rusos. La noci\u00f3n de revoluci\u00f3n comunista\u2013el espectro deterritorializador que recorri\u00f3 Europa y el mundo, y que desde la Comuna de Par\u00eds hasta 1917 en San Petersburgo y hasta la Larga Marcha de Mao pretendi\u00f3 agrupar a desertores, partisanos internacionalistas, obreros huelguistas e intelectuales cosmopolitas\u2013se transform\u00f3 finalmente en un r\u00e9gimen reterritorializante de soberan\u00eda nacional. Es una tr\u00e1gica iron\u00eda que el socialismo nacionalista en Europa viniera a tomar la forma del nacional-socialismo. Y esto no se debe a que \u201clos extremos se unen\u201d, como gustan pensar algunos liberales, sino a que la m\u00e1quina abstracta de la soberan\u00eda nacional est\u00e1 en el coraz\u00f3n de ambos.<br \/>\nCuando en medio de la Guerra Fr\u00eda se introdujo el concepto de totalitarismo en la ciencia pol\u00edtica, s\u00f3lo toc\u00f3 elementos extr\u00ednsecos de la cuesti\u00f3n. En sus formas m\u00e1s coherentes el concepto de totalitarismo fue usado para denunciar la destrucci\u00f3n de la esfera p\u00fablica democr\u00e1tica, la continuaci\u00f3n de las ideolog\u00edas Jacobinas, las formas extremas de nacionalismo racista, y la negaci\u00f3n de las fuerzas del mercado. Sin embargo, el concepto de totalitarismo deber\u00eda profundizar mucho m\u00e1s en los fen\u00f3menos reales y dar al mismo tiempo una mejor explicaci\u00f3n de ellos. De hecho, el totalitarismo no s\u00f3lo consiste en totalizar los efectos de la vida social y subordinarlos a una norma disciplinaria total, sino tambi\u00e9n en la negaci\u00f3n de la misma vida social, la erosi\u00f3n de sus cimientos, y la extirpaci\u00f3n te\u00f3rica y pr\u00e1ctica de la misma posibilidad de existencia de la multitud. Lo totalitario es la fundaci\u00f3n org\u00e1nica y la fuente unificada de la sociedad y el estado. La comunidad no es una creaci\u00f3n colectiva din\u00e1mica sino un mito primordial fundacional. Una noci\u00f3n originaria del pueblo instituye una identidad que homogeneiza y purifica la imagen de la poblaci\u00f3n mientras bloquea las interacciones constructivas de las diferencias existentes al interior de la multitud.<br \/>\nSiey\u00e9s vio el embri\u00f3n del totalitarismo ya en las concepciones del siglo dieciocho de la soberan\u00eda nacional y popular, concepciones que preservaban efectivamente el poder de la monarqu\u00eda, transfiri\u00e9ndolo a la soberan\u00eda nacional. \u00c9l vislumbr\u00f3 el futuro de lo que podr\u00eda denominarse democracia totalitaria. 35 Durante el debate sobre la Constituci\u00f3n del A\u00f1o III de la Revoluci\u00f3n Francesa, Siey\u00e9s denunci\u00f3 los \u201cmales planes para una re\u2013total [r\u00e9\u2013total] en lugar de una re\u2013p\u00fablica [r\u00e9\u2013publique], que ser\u00e1n fatales para la libertad y ruinosos para los \u00e1mbitos p\u00fablico y privado\u201d. 36 El concepto de naci\u00f3n y las pr\u00e1cticas de nacionalismo son colocados en el camino, desde un principio, no para la rep\u00fablica sino la la \u201cre-total\u201d, la cosa total, es decir, la codificaci\u00f3n totalitaria de la vida social.<\/p>\n<p>\u00a9EspaiMarx 2002<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n Eduardo Sadier<\/p>\n<p>De la edici\u00f3n de Harvard Universsity Press, Cambridge, Massachussets, 2000<\/p>\n<p>www.griesca.org <\/p>\n<p>  \u00a1Extranjeros, por favor no nos dejen solos con los franceses!  Graffiti en Par\u00eds, 1995  Cre\u00edmos que est\u00e1bamos muriendo por la patria. Pero pronto comprendimos que lo hac\u00edamos por las b\u00f3vedas bancarias.  Anatole France <\/p>\n<p>A medida que la modernidad europea fue tomando forma, se construyeron m\u00e1quinas de poder para responder a sus crisis, en continua b\u00fasqueda de un excedente que pudiera resolver o al menos contener la crisis. En la secci\u00f3n previa hemos trazado el camino de una respuesta a la crisis, que condujo al desarrollo del moderno Estado soberano. El segundo enfoque se centra en el concepto de naci\u00f3n, un desarrollo que presupone el primer paso, y edifica sobre \u00e9l a fin de construir un mecanismo m\u00e1s perfecto para reestablecer el orden y el comando.              El nacimiento de la Naci\u00f3n     En Europa el concepto de naci\u00f3n se desarroll\u00f3 sobre el terreno del Estado patrimonial y absolutista. El Estado patrimonial fue definido como la propiedad del monarca. Con una variedad de formas an\u00e1logas en diferentes pa\u00edses de Europa, el Estado patrimonial y absolutista fue la forma pol\u00edtica requerida para gobernar las relaciones sociales feudales y las relaciones de producci\u00f3n. 1 La propiedad feudal deb\u00eda ser delegada y su utilizaci\u00f3n asignada de acuerdo con los grados de divisi\u00f3n social del poder, del mismo modo que los niveles de administraci\u00f3n deber\u00edan ser delegados en los siglos subsiguientes. La propiedad feudal era parte del cuerpo del monarca, del mismo modo que, si desviamos nuestra vista hacia el dominio metaf\u00edsico, el cuerpo mon\u00e1rquico soberano era parte del cuerpo de Dios. 2  En el siglo diecis\u00e9is, en medio de la Reforma y la violenta batalla entre las fuerzas de la modernidad, la monarqu\u00eda patrimonial era todav\u00eda presentada como la garant\u00eda de la paz y la vida social. A\u00fan estaba garantizado el control sobre el desarrollo social de modo tal que se pod\u00eda absorber dicho proceso dentro de su m\u00e1quina de dominaci\u00f3n. &#8220;Cujus regio, ejus religio&#8221;- o, realmente, la religi\u00f3n deb\u00eda subordinarse al control territorial de la soberan\u00eda. No hab\u00eda nada de diplomacia en este adagio; por el contrario, se confiaba por completo al poder de la soberan\u00eda patrimonial el manejo del pasaje al nuevo orden. Incluso la religi\u00f3n era propiedad del soberano. En el siglo diecisiete, la reacci\u00f3n absolutista a las fuerzas revolucionarias de la modernidad celebr\u00f3 al Estado mon\u00e1rquico patrimonial y lo ejerci\u00f3 como un arma para sus propios fines. En ese punto, sin embargo, la celebraci\u00f3n del Estado patrimonial no pod\u00eda ser parad\u00f3jica ni ambigua, pues las bases feudales de su poder languidec\u00edan. Los procesos de la primitiva acumulaci\u00f3n de capital impusieron nuevas condiciones sobre todas las estructuras de poder. 3 Antes de la era de las tres grandes revoluciones burguesas (la inglesa, la americana y la francesa), no hab\u00eda ninguna alternativa pol\u00edtica que pudiera oponerse exitosamente a este modelo. El modelo absolutista y patrimonial sobrevivi\u00f3 en este per\u00edodo s\u00f3lo con el apoyo de un compromiso espec\u00edfico de las fuerzas pol\u00edticas, y su sustancia se fue erosionando desde el interior debido principalmente a la emergencia de nuevas fuerzas productivas. Sin embargo, el modelo sobrevivi\u00f3, y, lo que es m\u00e1s importante, se transform\u00f3 por medio del desarrollo de algunas caracter\u00edsticas fundamentales que ser\u00edan legadas a los siglos siguientes.  La transformaci\u00f3n del modelo absolutista y patrimonial consisti\u00f3 en un proceso gradual que reemplaz\u00f3 la fundaci\u00f3n teleol\u00f3gica del patrimonio territorial con una nueva fundaci\u00f3n, igualmente trascendente. 4 La identidad espiritual de la naci\u00f3n antes que el cuerpo divino del rey, colocaron ahora al territorio y la poblaci\u00f3n como una abstracci\u00f3n ideal. O, mejor a\u00fan, el territorio f\u00edsico y la poblaci\u00f3n fueron concebidos como la extensi\u00f3n de la esencia trascendente de la naci\u00f3n. De este modo, el concepto moderno de naci\u00f3n hered\u00f3 el cuerpo patrimonial del Estado mon\u00e1rquico, reinvent\u00e1ndolo en una nueva forma. Esta nueva totalidad del poder fue estructurada en parte por nuevos procesos productivos capitalistas, y tambi\u00e9n por viejas redes de administraci\u00f3n absolutista. Esta dif\u00edcil relaci\u00f3n estructural fue estabilizada por la identidad nacional: una identidad integradora, cultural, fundada sobre una continuidad biol\u00f3gica de relaciones de sangre, una continuidad espacial del territorio y una comunidad ling\u00fc\u00edstica.  Es obvio que, aunque este proceso preserv\u00f3 la materialidad de la relaci\u00f3n con el soberano, muchos elementos cambiaron. Y m\u00e1s importante: a medida que el horizonte patrimonial fue transformado en el horizonte nacional, el orden feudal del sujeto (subjectus) se someti\u00f3 al orden disciplinario del ciudadano (cives). El desplazamiento de la poblaci\u00f3n desde sujetos hacia ciudadanos fue un \u00edndice del desplazamiento de un papel pasivo a otro activo. La naci\u00f3n es presentada siempre como una fuerza activa, como una forma generadora de relaciones sociales y pol\u00edticas. Como se\u00f1alaron Benedict Anderson y otros, la naci\u00f3n es experimentada a menudo como un imaginario colectivo (o al menos funciona como si lo fuera), una creaci\u00f3n activa de la comunidad de ciudadanos. 5  En este punto podemos ver tanto la proximidad como la diferencia espec\u00edfica entre los conceptos de Estado patrimonial y Estado nacional. El \u00faltimo reproduce fielmente la identidad totalizante del primero entre territorio y poblaci\u00f3n, pero la naci\u00f3n y el Estado nacional proponen nuevos medios para superar la precariedad de la soberan\u00eda moderna. Estos conceptos reifican la soberan\u00eda del modo m\u00e1s r\u00edgido; transforman en un objeto a la relaci\u00f3n de soberan\u00eda (a menudo naturaliz\u00e1ndola) y esto elimina todo residuo de antagonismo social. La Naci\u00f3n es una especie de cortocircuito que intenta liberar al concepto de soberan\u00eda y modernidad del antagonismo y la crisis que los define. La soberan\u00eda nacional suspende los or\u00edgenes conflictivos de la modernidad (cuando ya no est\u00e1n definitivamente destruidos), y cierra los caminos alternativos dentro de la modernidad, que rehusaron concederle sus poderes a la autoridad estatal. 6              La transformaci\u00f3n del concepto de la soberan\u00eda moderna en el de la soberan\u00eda nacional requiri\u00f3 tambi\u00e9n ciertas condiciones materiales nuevas. M\u00e1s a\u00fan, requiri\u00f3 que se estableciera un nuevo equilibrio entre los procesos de acumulaci\u00f3n capitalista y las estructuras del poder. La victoria pol\u00edtica de la burgues\u00eda, como mostraron muy bien las revoluciones inglesa y francesa, corresponde al perfeccionamiento del concepto de soberan\u00eda moderna hacia aquel de la soberan\u00eda nacional. Por detr\u00e1s de la dimensi\u00f3n ideal del concepto de naci\u00f3n estaban las figuras de clase que ya dominaban el proceso de acumulaci\u00f3n. La &#8220;Naci\u00f3n&#8221;, por lo tanto, era al mismo tiempo la hip\u00f3stasis de la &#8220;voluntad general&#8221; de Rousseau, y lo que la ideolog\u00eda de la fabricaci\u00f3n conceb\u00eda como &#8220;comunidad de necesidades&#8221; (es decir, la regulaci\u00f3n capitalista del mercado), que en la prolongada etapa de la acumulaci\u00f3n primitiva en Europa era m\u00e1s o menos liberal y siempre burguesa.  Cuando en los siglos diecinueve y veinte el concepto de naci\u00f3n fue adoptado en contextos ideol\u00f3gicos muy diferentes y condujo a movilizaciones populares en regiones y pa\u00edses dentro y fuera de Europa, que no hab\u00edan experimentado ni la revoluci\u00f3n liberal ni el mismo nivel de acumulaci\u00f3n primitiva, fue, igualmente, presentado siempre como un concepto de modernizaci\u00f3n capitalista, que pretend\u00eda reunir las demandas inter-clasistas de unidad pol\u00edtica y la necesidad de desarrollo econ\u00f3mico. En otras palabras, la naci\u00f3n se instituy\u00f3 como el \u00fanico veh\u00edculo activo que podr\u00eda transportar a la modernidad y el desarrollo. Rosa Luxemburgo argument\u00f3 vehementemente (e in\u00fatilmente) contra el nacionalismo en los debates internos de la Tercera Internacional, en los a\u00f1os previos a la Primera Guerra Mundial. Luxemburgo se opuso a una pol\u00edtica de &#8220;auto-determinaci\u00f3n nacional&#8221; para Polonia como un elemento de la plataforma revolucionaria, pero su acusaci\u00f3n contra el nacionalismo era mucho m\u00e1s general. 7 Su cr\u00edtica de la naci\u00f3n no era meramente una cr\u00edtica de la modernizaci\u00f3n como tal, aunque sin duda ella visualizaba las ambig\u00fcedades involucradas en el desarrollo capitalista; y ella no estaba principalmente interesada en las divisiones que los nacionalismos crear\u00edan inevitablemente en la clase trabajadora europea, aunque su propia traves\u00eda n\u00f3mada por Europa central y oriental la hab\u00eda vuelto extremadamente sensible a esto. El argumento m\u00e1s poderoso de Luxemburgo fue, en realidad, que naci\u00f3n significa dictadura, y eso es profundamente incompatible con cualquier intento de organizaci\u00f3n democr\u00e1tica. Luxemburgo reconoci\u00f3 que la soberan\u00eda nacional y las mitolog\u00edas nacionales usurpaban eficazmente el terreno de las organizaciones democr\u00e1ticas, renovando los poderes de la soberan\u00eda territorial y modernizando su proyecto mediante la movilizaci\u00f3n de una comunidad activa.  El proceso de construir la naci\u00f3n, que renov\u00f3 el concepto de soberan\u00eda y le dio una nueva definici\u00f3n, se volvi\u00f3 r\u00e1pidamente en todo y cada contexto hist\u00f3rico, una pesadilla ideol\u00f3gica. La crisis de la modernidad, que es la co-presencia contradictoria de la multitud y un poder que quiere reducirla al gobierno de uno &#8211; es decir, la co-presencia de un nuevo equipo productivo de subjetividades libres y un poder disciplinario que quiere explotarlo &#8211; no se pacifica o resuelve finalmente por el concepto de naci\u00f3n, m\u00e1s que lo que lo hizo por el concepto de soberan\u00eda o Estado. La naci\u00f3n s\u00f3lo puede enmascarar ideol\u00f3gicamente la crisis, desplazarla, y diferir su poder.      La Naci\u00f3n y la Crisis de la Modernidad<\/p>\n<p>La obra de Jean Bodin est\u00e1 a la cabeza del pensamiento europeo que estudi\u00f3 el concepto de soberan\u00eda nacional. Su obra maestra, Les six livres de la R\u00e9publique, publicado por primera vez en 1576, en medio de la crisis del Renacimiento, trat\u00f3 como problema fundamental a las guerras civiles y religiosas de Francia y Europa. Bodin encar\u00f3 las crisis pol\u00edticas, los conflictos y las guerras, pero estos elementos de ruptura no lo condujeron a sostener ninguna alternativa id\u00edlica, ni siquiera en simples t\u00e9rminos id\u00edlicos o ut\u00f3picos. Por esto la obra de Bodin es, no solamente, una contribuci\u00f3n fundamental a la moderna definici\u00f3n de soberan\u00eda, sino tambi\u00e9n una anticipaci\u00f3n efectiva al desarrollo subsiguiente de la soberan\u00eda en t\u00e9rminos nacionales. Al adoptar una perspectiva realista, \u00e9l se anticip\u00f3 a la propia cr\u00edtica de la soberan\u00eda de la modernidad.  La soberan\u00eda, sostuvo Bodin, no puede ser producto de la unidad del Pr\u00edncipe con la multitud, lo p\u00fablico y lo privado, ni tampoco es un problema que pueda resolverse ateni\u00e9ndose a un marco contractualista o de derecho natural. En realidad, el origen del poder pol\u00edtico y la definici\u00f3n de soberan\u00eda consisten en la victoria de un lado sobre el otro, una victoria que vuelve a uno soberano, y al otro, sujeto. La fuerza y la violencia crean la soberan\u00eda. Las determinaciones f\u00edsicas del poder imponen la plenitudo potestatis (la plenitud del poder). Esta es la plenitud y unidad del poder, pues &#8220;la uni\u00f3n de los miembros [de la rep\u00fablica] depende de la unidad bajo un \u00fanico gobernante, de quien depende la efectividad de todo el resto. Un pr\u00edncipe soberano es por lo tanto indispensable, pues es su poder el que conforma a todos lo miembros de la rep\u00fablica&#8221;.8  Tras descartar el marco del derecho natural y las perspectivas trascendentales que siempre, de alg\u00fan modo, son invocadas, Bodin nos presenta a una figura del soberano, e incluso el Estado, que realistamente y, por ello, hist\u00f3ricamente, construye su propio origen y estructura. El Estado moderno surgi\u00f3 de esta transformaci\u00f3n, y s\u00f3lo all\u00ed pudo continuar su desarrollo. Esta es la bisagra te\u00f3rica que conecta a la teor\u00eda de la soberan\u00eda moderna con la experiencia de la soberan\u00eda territorial, perfeccion\u00e1ndola. Tomando la ley Romana y dise\u00f1ando desde sus capacidades para articular las fuentes del derecho y ordenar las formas de propiedad, la doctrina de Bodin se convirti\u00f3 en la teor\u00eda de un cuerpo pol\u00edtico unido articulado como administraci\u00f3n, que aparece para superar las crisis de la modernidad. El desplazamiento del centro de consideraci\u00f3n te\u00f3rica desde la cuesti\u00f3n de la legitimaci\u00f3n hacia la de la vida del estado y su soberan\u00eda como un cuerpo unido constituy\u00f3 un avance importante. Cuando Bodin habl\u00f3 de &#8220;el derecho pol\u00edtico de la soberan\u00eda&#8221;, anticip\u00f3 la sobredeterminaci\u00f3n nacional (y corp\u00f3rea) de la soberan\u00eda, abriendo de este modo un camino directo y original que se continuar\u00eda en los siglos siguientes.9        Despu\u00e9s de Bodin, en los siglos diecisiete y dieciocho se desarrollaron simult\u00e1neamente en Europa dos escuelas de pensamiento que tambi\u00e9n acordaban al tema de la soberan\u00eda un papel central, y anticipaban efectivamente el concepto de soberan\u00eda nacional: la tradici\u00f3n del derecho natural y la tradici\u00f3n realista (o historicista) de la teor\u00eda del Estado. 10 Ambas escuelas mediaron la concepci\u00f3n trascendental de la soberan\u00eda con una metodolog\u00eda realista que comprendi\u00f3 los t\u00e9rminos del conflicto material; ambos juntaron la construcci\u00f3n del Estado soberano con la constituci\u00f3n de la comunidad sociopol\u00edtica que luego se llamar\u00eda naci\u00f3n. Como Bodin, estas dos escuelas confrontaron continuamente la crisis de la concepci\u00f3n te\u00f3rica de la soberan\u00eda, que era reabierta continuamente por las fuerzas antag\u00f3nicas de la modernidad, con la construcci\u00f3n jur\u00eddica y administrativa de la figura del Estado.  En la escuela del derecho natural, desde Grotius a Althusius y desde Tomasius a Puffendorf, las figuras trascendentales de la soberan\u00eda fueron bajadas a tierra y apoyadas en la realidad de los procesos administrativos e institucionales. La soberan\u00eda fue distribuida poniendo en marcha un sistema de contratos m\u00faltiples dise\u00f1ado para intervenir en cada nodo de la estructura administrativa del poder. Este proceso no se orient\u00f3 hacia la cima del Estado y el simple t\u00edtulo de la soberan\u00eda; por el contrario, el problema de la legitimaci\u00f3n comenz\u00f3 a analizarse desde el punto de vista de una m\u00e1quina administrativa que funcionaba mediante las articulaciones del ejercicio del poder. El c\u00edrculo de la soberan\u00eda y la obediencia se cerr\u00f3 sobre s\u00ed mismo, duplic\u00e1ndose a s\u00ed mismo, multiplic\u00e1ndose y extendi\u00e9ndose por toda la realidad social. La soberan\u00eda comenz\u00f3 a ser estudiada menos desde la perspectiva de los antagonistas involucrados en la crisis de la modernidad y m\u00e1s como un proceso administrativo que articulaba estos antagonismos y persegu\u00eda una unidad en la dial\u00e9ctica del poder, abstray\u00e9ndola y reific\u00e1ndola mediante la din\u00e1mica hist\u00f3rica. Un importante segmento de la escuela del derecho natural desarroll\u00f3 as\u00ed la idea de distribuir y articular la soberan\u00eda trascendente mediante las formas reales de administraci\u00f3n. 11            La s\u00edntesis impl\u00edcita en la escuela del derecho natural, sin embargo, devino expl\u00edcita en el contexto del historicismo. Ciertamente, ser\u00eda incorrecto atribuir al historicismo del Iluminismo la tesis que en realidad ser\u00eda desarrollada luego, por las escuelas reaccionarias en el per\u00edodo posterior a la Revoluci\u00f3n Francesa &#8211; la tesis, decimos, que unific\u00f3 la teor\u00eda de la soberan\u00eda con la teor\u00eda de la naci\u00f3n, sembr\u00e1ndolas a ambas en una tierra hist\u00f3rica com\u00fan. Y, sin embargo, ya en este per\u00edodo temprano hallamos las semillas de ese desarrollo ulterior. Mientras un segmento importante de la escuela del derecho natural desarroll\u00f3 la idea de articular la soberan\u00eda trascendente mediante las formas reales de la administraci\u00f3n, los pensadores historicistas del Iluminismo intentaron concebir la subjetividad del proceso hist\u00f3rico, hallando con ello un terreno efectivo para el t\u00edtulo y el ejercicio de la soberan\u00eda. 12 En la obra de Giambattista Vico, por ejemplo, ese terrible meteoro que atraves\u00f3 la era del Iluminismo, las determinaciones de la la concepci\u00f3n jur\u00eddica de la soberan\u00eda, estuvieron todas basadas en la fuerza del desarrollo hist\u00f3rico. Las figuras trascendentes de la soberan\u00eda fueron traducidas a \u00edndices de un proceso providencial, que era al mismo tiempo humano y divino. Esta construcci\u00f3n de la soberan\u00eda (o, realmente, reificaci\u00f3n de la soberan\u00eda) en la historia fue muy poderosa. En este terreno hist\u00f3rico, que oblig\u00f3 a cada construcci\u00f3n ideol\u00f3gica a confrontar con la realidad, la crisis gen\u00e9tica de la modernidad no se cerr\u00f3 nunca &#8211;y no hab\u00eda ninguna necesidad que se cerrara, porque la misma crisis produc\u00eda nuevas figuras que espoleaban el desarrollo hist\u00f3rico y pol\u00edtico, todo bajo el mando del soberano trascendente. \u00a1Qu\u00e9 ingeniosa inversi\u00f3n de la problem\u00e1tica! Los elementos de la crisis, una crisis continua e irresuelta, eran ahora considerados elementos activos del progreso. En efecto, podemos reconocer en Vico al embri\u00f3n de la apolog\u00eda de la &#8220;efectividad&#8221; de Hegel, haciendo que el mundo presente ordene el telos de la historia. 13  Lo que en Vico eran sugerencias e insinuaciones, sin embargo, emergi\u00f3 como una declaraci\u00f3n abierta y radical en el Iluminismo alem\u00e1n tard\u00edo. En la escuela de Hannover primero y luego en la obra de J. G. Herder, la teor\u00eda moderna de la soberan\u00eda apunt\u00f3 exclusivamente hacia el an\u00e1lisis de lo que se concibi\u00f3 como una continuidad social y cultural: la continuidad hist\u00f3rica real del territorio, la poblaci\u00f3n y la naci\u00f3n. El argumento de Vico que dec\u00eda que la historia ideal se localiza en la historia de todas las naciones se volvi\u00f3 m\u00e1s radical en Herder, quien sostuvo que toda perfecci\u00f3n humana es, en cierta forma, nacional. 14 La identidad es concebida, de este modo, no como resoluci\u00f3n de diferencias sociales e hist\u00f3ricas sino como producto de una unidad primordial. La naci\u00f3n es una figura completa de soberan\u00eda previa al desarrollo hist\u00f3rico; o mejor a\u00fan, no hay desarrollo hist\u00f3rico que no est\u00e9 ya prefigurado en el origen. En otras palabras, la naci\u00f3n sostiene al concepto de soberan\u00eda afirmando que lo precede. 15 Es la m\u00e1quina material la que se moviliza a trav\u00e9s de la historia, el &#8220;genio&#8221; que trabaja la historia. La naci\u00f3n se transforma finalmente en la condici\u00f3n de la posibilidad de toda acci\u00f3n humana y de la misma vida social.      El Pueblo de la Naci\u00f3n             Entre el final del siglo dieciocho y el comienzo del diecinueve, finalmente emergi\u00f3 acabadamente el concepto de soberan\u00eda nacional en el pensamiento europeo. En la base de esta figura definitiva del concepto hab\u00eda un trauma &#8211;la Revoluci\u00f3n Francesa&#8211; y la resoluci\u00f3n de ese trauma &#8211;la celebraci\u00f3n y apropiaci\u00f3n reaccionaria del concepto de naci\u00f3n. Los elementos fundamentales de esta reconfiguraci\u00f3n desplazada del concepto de naci\u00f3n que lo transformaron en una verdadera arma pol\u00edtica pueden hallarse en forma sumaria en la obra de Emmanuel-Joseph Siey\u00e9s. En su magn\u00edfico y difamatorio tratado \u00bfQu\u00e9 es el Tercer Estado? enlaz\u00f3 el concepto de naci\u00f3n con el de Tercer Estado, es decir, la burgues\u00eda. Siey\u00e9s intent\u00f3 conducir el concepto de soberan\u00eda hacia atr\u00e1s, a sus or\u00edgenes humanistas y redescubrir sus posibilidades revolucionarias. Y lo que es m\u00e1s importante para nuestros prop\u00f3sitos, el intenso compromiso de Siey\u00e9s con la actividad revolucionaria le permiti\u00f3 interpretar el concepto de naci\u00f3n como un concepto pol\u00edtico constructivo, un mecanismo constitucional. Pero gradualmente fue siendo evidente, en especial en la \u00faltima obra de Siey\u00e9s, en los trabajos de sus seguidores y, por sobre todo, de sus detractores, que, aunque la naci\u00f3n se formaba mediante la pol\u00edtica, era finalmente una construcci\u00f3n espiritual y con ello el concepto de naci\u00f3n fue separado de la revoluci\u00f3n, consignada a todos los Termidores. La naci\u00f3n se convirti\u00f3 expl\u00edcitamente en el concepto que resum\u00eda la soluci\u00f3n de la hegemon\u00eda burguesa al problema de la soberan\u00eda. 16      En esos puntos en que el concepto de naci\u00f3n se ha presentado como popular y revolucionario, como lo fue incluso durante la Revoluci\u00f3n Francesa, uno puede suponer que la naci\u00f3n ha roto con el concepto moderno de soberan\u00eda y su aparato de sojuzgamiento y dominaci\u00f3n y est\u00e1 dedicada a una noci\u00f3n democr\u00e1tica de comunidad. El nexo entre el concepto de naci\u00f3n y el concepto de pueblo fue en verdad una innovaci\u00f3n poderosa y constituy\u00f3 el eje de la sensibilidad jacobina y la de otros grupos revolucionarios. Lo que apareci\u00f3 como revolucionario y liberador en esta noci\u00f3n de soberan\u00eda nacional y popular, sin embargo, no es en verdad nada m\u00e1s que otra vuelta de tuerca, una extensi\u00f3n adicional del sojuzgamiento y la dominaci\u00f3n que el concepto moderno de soberan\u00eda ha llevado consigo desde el comienzo. El precario poder de la soberan\u00eda como soluci\u00f3n para la crisis de la modernidad fue primero una referencia de apoyo para la naci\u00f3n y luego, cuando tambi\u00e9n la naci\u00f3n se revel\u00f3 como una soluci\u00f3n precaria, fue extendido hacia el pueblo. En otras palabras, del mismo modo que el concepto de naci\u00f3n completa la noci\u00f3n de soberan\u00eda proclamando que la precede, as\u00ed tambi\u00e9n el concepto de pueblo completa al de naci\u00f3n mediante otra fingida regresi\u00f3n l\u00f3gica. Cada retroceso l\u00f3gico funciona para solidificar el poder de la soberan\u00eda, mistificando sus bases, es decir, disminuyendo la naturalidad del concepto. La identidad de la naci\u00f3n y m\u00e1s a\u00fan la identidad del pueblo debe aparecer natural y originaria.  Nosotros, en contraste, debemos desnaturalizar estos conceptos y preguntar qu\u00e9 es una naci\u00f3n y c\u00f3mo est\u00e1 hecha, pero tambi\u00e9n qu\u00e9 es un pueblo y c\u00f3mo est\u00e1 hecho. Aunque &#8220;el pueblo&#8221; es instituido como la base originaria de la naci\u00f3n, la concepci\u00f3n moderna del pueblo es, de hecho, un producto del Estado-naci\u00f3n y sobrevive s\u00f3lo dentro de su contexto ideol\u00f3gico espec\u00edfico. Muchos an\u00e1lisis contempor\u00e1neos sobre naciones y nacionalismos, desde una amplia variedad de perspectivas, se equivocan precisamente porque conf\u00edan sin cuestionamientos en la naturalidad del concepto y la identidad del pueblo. Debemos observar que el concepto de pueblo es muy diferente del de la multitud. 17 Ya en el siglo diecisiete Hobbes fue muy cuidadoso al establecer esta diferencia y su importancia para la construcci\u00f3n del orden soberano: &#8220;Es un gran obst\u00e1culo para el gobierno civil, especialmente el mon\u00e1rquico, que los hombres no distingan bien a los pueblos de la multitud. El pueblo es uno, poseyendo una voluntad y a quien se le puede atribuir una acci\u00f3n; nada de esto puede decirse propiamente de la multitud. El pueblo gobierna en todos los gobiernos. Porque a\u00fan en las monarqu\u00edas el pueblo comanda; para las voluntades del pueblo por la voluntad de un hombre&#8230; (aunque parezca una paradoja) el rey es el pueblo&#8221;. 18 La multitud es una multiplicidad, un plano de singularidades, un juego abierto de relaciones, que no es homog\u00e9neo o id\u00e9ntico a s\u00ed mismo y sostiene una relaci\u00f3n indistinta, inclusiva, con aquellos que est\u00e1n fuera de ella. El pueblo, en contraste, tiende a homogeneizarse e identificarse internamente mientras sostiene sus diferencias con aquello que permanece fuera de \u00e9l, excluy\u00e9ndolo. Mientras la multitud es una relaci\u00f3n constituyente inconclusa, el pueblo es una s\u00edntesis constituida que ya est\u00e1 preparada para la soberan\u00eda. El pueblo provee una \u00fanica voluntad y acci\u00f3n, que es independiente y est\u00e1 a menudo en conflicto con las diversas voluntades y acciones de la multitud. Cada naci\u00f3n debe transformar a la multitud en pueblo.              Dos tipos fundamentales de operaciones contribuyeron a la construcci\u00f3n del concepto moderno de pueblo en relaci\u00f3n con el de la naci\u00f3n en Europa, durante los siglos dieciocho y diecinueve. La m\u00e1s importante de estas fue el conjunto de mecanismos de racismo colonial que construy\u00f3 la identidad de los pueblos europeos en un juego dial\u00e9ctico de oposiciones con sus Otros nativos. Los conceptos de naci\u00f3n, pueblo y raza nunca est\u00e1n muy separados. 19 La construcci\u00f3n de una diferencia racial absoluta es el terreno esencial para la concepci\u00f3n de una identidad nacional homog\u00e9nea. Con las presiones de la inmigraci\u00f3n y el multiculturalismo creando conflictos en Europa, est\u00e1n apareciendo hoy numerosos y excelentes trabajos para demostrar que, pese a la persistente nostalgia de algunos, las sociedades y pueblos europeos nunca fueron realmente puras y uniformes. 20 La identidad del pueblo fue construida sobre un plano imaginario que ocult\u00f3 y\/o elimin\u00f3 las diferencias y esto corresponde en el plano pr\u00e1ctico a subordinaci\u00f3n racial y purificaci\u00f3n social.  La segunda operaci\u00f3n fundamental en la construcci\u00f3n del pueblo, facilitada por la primera, es el eclipse de las diferencias internas mediante la representaci\u00f3n de toda la poblaci\u00f3n por un grupo, raza o clase hegem\u00f3nica. El grupo representativo es el agente activo que se alza detr\u00e1s de la efectividad del concepto de naci\u00f3n. En el curso de la misma Revoluci\u00f3n Francesa, entre el Termidor y el per\u00edodo Napole\u00f3nico, el concepto de naci\u00f3n revel\u00f3 su contenido fundamental y sirvi\u00f3 de ant\u00eddoto contra el concepto y las fuerzas de la revoluci\u00f3n. Incluso en los trabajos tempranos de Siey\u00e9s podemos ver claramente c\u00f3mo sirve la naci\u00f3n para aplacar la crisis y c\u00f3mo la soberan\u00eda ser\u00eda reapropiada mediante la representaci\u00f3n de la burgues\u00eda. Siey\u00e9s sostuvo que una naci\u00f3n s\u00f3lo pod\u00eda tener un inter\u00e9s general: ser\u00eda imposible establecer el orden si la naci\u00f3n admitiera m\u00faltiples intereses diferentes. El orden social presupone necesariamente la unidad de los fines y la concertaci\u00f3n de los medios. 21 El concepto de naci\u00f3n en estos primeros a\u00f1os de la Revoluci\u00f3n Francesa fue la primer hip\u00f3tesis de la construcci\u00f3n de la hegemon\u00eda popular y el primer manifiesto consciente de una clase social pero, tambi\u00e9n, la declaraci\u00f3n final de una transformaci\u00f3n secular completamente lograda, una coronaci\u00f3n, un sello final. Nunca fue tan reaccionario del concepto de naci\u00f3n como cuando se present\u00f3 a s\u00ed mismo como revolucionario. 22 Parad\u00f3jicamente, \u00e9sta no pod\u00eda sino ser una revoluci\u00f3n completada, un fin de la historia. El pasaje de la actividad revolucionaria a la construcci\u00f3n espiritual de la naci\u00f3n y el pueblo es inevitable y est\u00e1 impl\u00edcito en el mismo concepto. 23  La soberan\u00eda nacional y la soberan\u00eda popular fueron, por lo tanto, productos de una construcci\u00f3n espiritual, es decir, la construcci\u00f3n de una identidad. Cuando Edmund Burke se opuso a Siey\u00e9s, su postura fue mucho menos diferente que lo que el clima pol\u00e9mico t\u00f3rrido de la \u00e9poca podr\u00eda hacernos suponer. A\u00fan para Burke, de hecho, la soberan\u00eda nacional era el producto de una construcci\u00f3n espiritual de identidad. Este hecho puede reconocerse a\u00fan m\u00e1s claramente en la obra de aquellos que levantaron el estandarte del proyecto contrarrevolucionario en el continente europeo. Las concepciones continentales de esta construcci\u00f3n espiritual revivieron tanto las tradiciones de la naci\u00f3n hist\u00f3ricas como las voluntaristas y agregaron a la concepci\u00f3n del desarrollo hist\u00f3rico una s\u00edntesis trascendental en la soberan\u00eda nacional. Esta s\u00edntesis ya est\u00e1 alcanzada en la identidad de la naci\u00f3n y el pueblo. Johann Gottlieb Fichte, por ejemplo, proclama en t\u00e9rminos m\u00e1s o menos mitol\u00f3gicos que la patria y el pueblo son representaci\u00f3n y medida de eternidad terrena; son lo que aqu\u00ed en la tierra puede ser inmortal. 24 La contrarrevoluci\u00f3n Rom\u00e1ntica fue en realidad m\u00e1s realista que la revoluci\u00f3n Iluminista. Enmarc\u00f3 y fij\u00f3 lo que ya se hab\u00eda logrado, celebr\u00e1ndolo a la luz eterna de la hegemon\u00eda. El Tercer Estado es poder; la naci\u00f3n es su representaci\u00f3n totalizante; el pueblo es su cimiento s\u00f3lido y natural; y la soberan\u00eda nacional es la cima de la historia. De este modo cada alternativa hist\u00f3rica a la hegemon\u00eda burguesa fue superada definitivamente mediante la propia historia revolucionaria burguesa. 25      Esta formulaci\u00f3n burguesa del concepto de soberan\u00eda nacional super\u00f3 largamente a todas las formulaciones previas de la moderna soberan\u00eda. Consolid\u00f3 una imagen particular y hegem\u00f3nica de la soberan\u00eda moderna, la imagen de la victoria de la burgues\u00eda, que es luego historicizada y universalizada. La particularidad nacional es una potente universalidad. Todos los hilos de un largo desarrollo se tejieron juntos aqu\u00ed. En la identidad, es decir, la esencia espiritual del pueblo y la naci\u00f3n, hay un territorio impregnado de sentidos culturales, una historia compartida y una comunidad ling\u00fc\u00edstica: pero por sobre todo es la consolidaci\u00f3n de una victoria de clase, un mercado estable, el potencial para la expansi\u00f3n econ\u00f3mica y nuevos espacios donde invertir y civilizar. En suma, la construcci\u00f3n de la identidad nacional garantiza una legitimaci\u00f3n reforzada continuamente, y el derecho y poder de una unidad sacrosanta e irreprimible. Este es un cambio decisivo en el concepto de soberan\u00eda. Asociado con los conceptos de naci\u00f3n y pueblo, el moderno concepto de soberan\u00eda desplaza su epicentro desde la mediaci\u00f3n de conflictos y crisis hacia la experiencia unitaria de un sujeto&#8211;naci\u00f3n y su imaginada comunidad.    Nacionalismo subalterno         Hemos estado enfocando nuestra atenci\u00f3n sobre este punto acerca del desarrollo del concepto de naci\u00f3n en Europa mientras Europa estaba en proceso de alcanzar la dominaci\u00f3n mundial. Por fuera de Europa, sin embargo, el concepto de naci\u00f3n ha funcionado con frecuencia muy diferentemente. En algunos aspectos, de hecho, uno puede inclusive decir que la funci\u00f3n del concepto de naci\u00f3n se invierte cuando es desplegada entre grupos dominados en lugar de entre grupos dominantes. Para decirlo abiertamente, parece que mientras el concepto de naci\u00f3n promueve la restauraci\u00f3n y la estasis en manos de los dominantes, es un arma para el cambio y la revoluci\u00f3n en manos de los subordinados.  La naturaleza progresista del nacionalismo subalterno queda definida por dos funciones primarias, cada una de las cuales es altamente ambigua. M\u00e1s importante: la naci\u00f3n aparece como progresista en tanto sirve como l\u00ednea de defensa contra la dominaci\u00f3n de naciones m\u00e1s poderosas y fuerzas externas econ\u00f3micas, pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas. El derecho a la auto-determinaci\u00f3n de las naciones subalternas es, en verdad, un derecho a la secesi\u00f3n del control de las potencias dominantes. 26 De este modo las luchas anticoloniales utilizaron el concepto de naci\u00f3n como un arma para derrotar y expulsar al ocupante enemigo y del mismo modo las pol\u00edticas antiimperialistas erigieron muros nacionales para obstruir las fuerzas abrumadoras del capital for\u00e1neo. El concepto de naci\u00f3n tambi\u00e9n sirvi\u00f3 como arma ideol\u00f3gica para detener el discurso dominante que consideraba a los pueblos y culturas dominadas como inferiores; el reclamo de la nacionalidad afirm\u00f3 la dignidad del pueblo y legitim\u00f3 la demanda de independencia e igualdad. En todos estos casos, la naci\u00f3n es progresista estrictamente en tanto l\u00ednea fortificada de defensa contra fuerzas externas m\u00e1s poderosas. Pero en tanto estos muros aparecen como progresistas en su funci\u00f3n protectora contra la dominaci\u00f3n exterior, pueden, sin embargo, jugar con facilidad un papel inverso respecto del interior que protegen. El lado oscuro de la estructura que resiste a los poderes exteriores consiste en ser, ella misma, un poder dominante que ejerce una opresi\u00f3n interna igual y opuesta, reprimiendo las diferencias y oposiciones interiores en nombre de la identidad nacional, la unidad y la seguridad. Protecci\u00f3n y opresi\u00f3n dif\u00edcilmente puedan separarse. Esta estrategia de &#8220;protecci\u00f3n nacional&#8221; es una espada de doble filo que en ocasiones parece necesaria pese a su destructividad.  En segundo lugar la naci\u00f3n aparece como progresista en tanto instituye la comunalidad de una comunidad potencial. Parte de los efectos &#8220;modernizantes&#8221; de la naci\u00f3n en los pa\u00edses subordinados ha sido la unificaci\u00f3n de diversos pueblos, derribando barreras religiosas, \u00e9tnicas, culturales y ling\u00fc\u00edsticas. La unificaci\u00f3n de pa\u00edses como Indonesia, China y Brasil, por ejemplo, es un proceso continuo que involucra superar innumerables barreras de esa clase &#8211;y en muchos casos esta unificaci\u00f3n nacional fue preparada por el poder colonial europeo. Tambi\u00e9n en el caso de di\u00e1sporas poblacionales la naci\u00f3n suele ser el \u00fanico concepto posible bajo el cual imaginar la comunidad del grupo subalterno &#8211;como, por ejemplo, el Aztl\u00e1n es imaginado como la patria geogr\u00e1fica de &#8220;La Raza&#8221;, la naci\u00f3n Latina espiritual en Am\u00e9rica del Norte. Puede ser cierto, como dice Benedict Anderson, que una naci\u00f3n deba entenderse como una comunidad imaginada &#8211;pero debemos reconocer que esto se invierte de modo que \u00a1la naci\u00f3n se vuelve el \u00fanico modo de imaginar la comunidad! Cada imaginaci\u00f3n de una comunidad se sobrecodifica como una naci\u00f3n y de este modo nuestra concepci\u00f3n de comunidad se empobrece severamente. Del mismo modo que en el contexto de los pa\u00edses dominantes, aqu\u00ed tambi\u00e9n la multiplicidad y singularidad de la multitud son negadas en la camisa de fuerza de la identidad y homogeneidad del pueblo. Nuevamente el poder unificador de la naci\u00f3n subalterna es una espada de doble filo, al tiempo progresista y reaccionario.   Estos dos aspectos simult\u00e1neamente progresistas y regresivos del nacionalismo subalterno se presentan con toda su ambig\u00fcedad en la tradici\u00f3n del nacionalismo negro de los Estados Unidos. Aunque despose\u00eddo como lo est\u00e1 de cualquier definici\u00f3n territorial (y esto lo vuelve indudablemente distinto de la mayor\u00eda de los otros nacionalismos subalternos), presenta tambi\u00e9n las dos funciones progresivas fundamentales &#8211;esforz\u00e1ndose por presentarse a s\u00ed mismo en una posici\u00f3n an\u00e1loga a las naciones verdaderas, definidas territorialmente. A principios de 1960, por ejemplo, tras el enorme \u00edmpetu creado por la Conferencia de Bandung y las luchas de liberaci\u00f3n nacional Africanas y Latino-americanas, Malcolm X intent\u00f3 reorientar el foco de las demandas de los Afroamericanos desde los &#8220;derechos civiles&#8221; hacia los &#8220;derechos humanos&#8221; y esto desvi\u00f3 ret\u00f3ricamente el foro de apelaci\u00f3n desde el Congreso de los Estados Unidos a la Asamblea General de la ONU. 27 Como muchos otros l\u00edderes Afroamericanos desde Marcus Garvey, Malcolm X reconoci\u00f3 claramente el poder de la postura de hablar de una naci\u00f3n y un pueblo. El concepto de naci\u00f3n configura aqu\u00ed una posici\u00f3n defensiva de separaci\u00f3n del poder &#8220;externo&#8221; hegem\u00f3nico y al mismo tiempo representa el poder aut\u00f3nomo de la comunidad unificada, el poder del pueblo.            M\u00e1s importante que cualquiera de esas propuestas te\u00f3ricas y ret\u00f3ricas son las pr\u00e1cticas actuales del nacionalismo negro, esto es, la amplia variedad de actividades y fen\u00f3menos concebidos por los propios actores como expresiones de nacionalismo negro: equipos educativos comunitarios, desfiles por comedores escolares, escuelas separadas y proyectos sobre desarrollo econ\u00f3mico comunitario y auto-suficiencia. Como sostuvo Wahneema Lubiano: &#8220;El nacionalismo negro es significativo por la ubicuidad de su presencia en la vida de los negros Americanos&#8221;. 28 En todas esta diversas actividades y campos de vida, el nacionalismo negro invoca precisamente a los circuitos de auto-valorizaci\u00f3n que constituyen a la comunidad y permite su relativa auto-determinaci\u00f3n y auto-constituci\u00f3n. Pese al extenso rango de fen\u00f3menos llamados nacionalismo negro, pues, podemos reconocer a\u00fan en \u00e9l las dos funciones progresistas fundamentales del nacionalismo subalterno: la defensa y la unificaci\u00f3n de la comunidad. Con la expresi\u00f3n &#8220;nacionalismo negro&#8221; podemos nombrar cualquier expresi\u00f3n de la separaci\u00f3n y poder aut\u00f3nomo del pueblo Afroamericano.  En el caso del nacionalismo negro tambi\u00e9n, sin embargo, los elementos progresistas est\u00e1n inevitablemente acompa\u00f1ados por sus sombras reaccionarias. Las fuerzas represivas de la naci\u00f3n y el pueblo debilitan la auto-valorizaci\u00f3n de la comunidad y destruyen su multiplicidad. Cuando el nacionalismo negro coloca como su cimiento a la uniformidad y homogeneidad del pueblo Afroamericano (eclipsando, por ejemplo, a las diferencias de clase) o cuando designa a un segmento de la comunidad (tal como los hombres Afroamericanos) como representantes de facto del total, la ambig\u00fcedad profunda de las funciones progresistas del nacionalismo subalterno emergen m\u00e1s claramente que nunca. 29 Son precisamente aquellas fuerzas que representan un papel defensivo con respecto al exterior &#8211;favoreciendo el poder, la autonom\u00eda y la unidad de la comunidad&#8211; las mismas que representan un papel opresivo internamente, negando la multiplicidad de la propia comunidad.             Debemos, sin embargo, enfatizar que estas funciones progresistas ambiguas del concepto de naci\u00f3n existen primariamente cuando la naci\u00f3n no est\u00e1 a\u00fan unida efectivamente a la soberan\u00eda, es decir, cuando la naci\u00f3n imaginada [a\u00fan] no existe, cuando todav\u00eda es un sue\u00f1o. Tan pronto la naci\u00f3n comienza a conformarse como un Estado soberano, sus funciones progresistas se desvanecen. Jean Genet estaba encantado con el deseo revolucionario de las Panteras Negras y los Palestinos, pero reconoci\u00f3 que cuando se transformaran en naciones soberanas se terminar\u00edan sus cualidades revolucionarias. &#8220;El d\u00eda que los palestinos se institucionalicen&#8221;, sostuvo, &#8220; ya no estar\u00e9 a su lado. El d\u00eda que los Palestinos sean una naci\u00f3n como cualquier otra, ya no estar\u00e9 all\u00ed&#8221;. 30 Con la &#8220;liberaci\u00f3n&#8221; nacional y la construcci\u00f3n el Estado-naci\u00f3n, todas las funciones opresivas de la moderna soberan\u00eda afloran con toda su fuerza.   Totalitarismo del Estado-naci\u00f3n          Cuando el Estado-naci\u00f3n funciona como una instituci\u00f3n de la soberan\u00eda, \u00bfse dirige finalmente a resolver la crisis de la modernidad? \u00bfEl concepto de pueblo y su desplazamiento biopol\u00edtico de la soberan\u00eda logran desplazar los t\u00e9rminos y el terreno de la s\u00edntesis entre poder constituyente y poder constituido y entre la din\u00e1mica de las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n, de modo tal que nos traslade m\u00e1s all\u00e1 de la crisis? Un vasto panorama de autores, poetas y pol\u00edticos (a menudo provenientes de movimientos progresistas, socialistas y anti-imperialistas) han cre\u00eddo esto. La conversi\u00f3n de la Izquierda Jacobina del siglo diecinueve en la Izquierda Nacional, la adopci\u00f3n m\u00e1s o menos intensa de programas nacionales en la Segunda y Tercera Internacional y las formas nacionalistas de las luchas de liberaci\u00f3n en el mundo colonial y poscolonial, hasta las formas actuales de resistencia de las naciones a los procesos de globalizaci\u00f3n y las cat\u00e1strofes que provocan: todo esto parece apoyar la opini\u00f3n de que el Estado-naci\u00f3n proporciona una nueva din\u00e1mica m\u00e1s all\u00e1 del desastre hist\u00f3rico y conceptual el Estado soberano moderno. 31       Tenemos otra perspectiva de la funci\u00f3n de la naci\u00f3n, sin embargo, y desde nuestra visi\u00f3n la crisis de la modernidad permanece absolutamente abierta bajo el mando de la naci\u00f3n y el pueblo. Cuando desarrollamos nuestra genealog\u00eda del concepto de soberan\u00eda en Europa durante los siglos diecinueve y veinte, resulta evidente que la forma-Estado de la modernidad cae primero dentro de la forma-Estado-naci\u00f3n, y luego la forma-Estado-naci\u00f3n desciende a una serie de barbarismos totales. Cuando la lucha de clases reabre la mistificada s\u00edntesis de la modernidad en las primeras d\u00e9cadas del siglo veinte, demostrando otra vez la poderosa antitesis entre el Estado y la multitud, y entre las fuerzas productivas y las relaciones de producci\u00f3n, esa ant\u00edtesis condujo directamente a la guerra civil europea&#8211;guerra civil que fue encubierta bajo la forma de conflictos entre Estados-naci\u00f3n soberanos. 32 En la Segunda Guerra Mundial la Alemania Nazi junto con los diversos fascismos europeos se alzaron contra la Rusia socialista. Las naciones fueron presentadas como mistificaciones de los sujetos de clase en conflicto, o vallados entre ellos. Si la Alemania Nazi es el tipo ideal de transformaci\u00f3n de la soberan\u00eda moderna en soberan\u00eda nacional y de su articulaci\u00f3n bajo la forma capitalista, entonces la Rusia Stalinista es el tipo ideal de la transformaci\u00f3n de los intereses populares y la l\u00f3gica cruel que provino de ello en un proyecto de modernizaci\u00f3n nacional, movilizando para sus propios prop\u00f3sitos a las fuerzas productivas que buscaban la liberaci\u00f3n del capitalismo.  Podemos analizar aqu\u00ed la apoteosis nacional-socialista del concepto moderno de soberan\u00eda y su transformaci\u00f3n en la soberan\u00eda nacional: nada podr\u00eda demostrar m\u00e1s claramente la coherencia de este pasaje que la transferencia de poder desde la monarqu\u00eda Prusiana hacia el r\u00e9gimen de Hitler, bajo los auspicios de la burgues\u00eda alemana. Este pasaje es bien conocido, como lo son la explosiva violencia de esta transferencia de poder, la obediencia ejemplar del pueblo alem\u00e1n, su valor c\u00edvico y militar en el servicio a la naci\u00f3n, y las consecuencias secundarias que podr\u00edamos llamar, de modo abreviado, Auschwitz (como s\u00edmbolo del holocausto jud\u00edo) y Buchenwald (como s\u00edmbolo del exterminio de comunistas, homosexuales, gitanos y otros). Dejemos este relato para otros escolares y desgracia de la historia.  Nos interesa m\u00e1s ahora el otro lado de la cuesti\u00f3n nacional en Europa durante este per\u00edodo. En otras palabras, \u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3 realmente cuando el nacionalismo y el socialismo fueron de la mano en Europa? A fin de responder a esta pregunta debemos rever algunos momentos centrales de la historia del socialismo europeo. Particularmente debemos recordar que no mucho despu\u00e9s de su aparici\u00f3n, entre mediados y fines del siglo diecinueve, la Internacional socialista se encontr\u00f3 con fuertes movimientos nacionalistas, y tras este enfrentamiento la pasi\u00f3n internacionalista original se evapor\u00f3 r\u00e1pidamente. Las pol\u00edticas de los movimientos de trabajadores europeos m\u00e1s fuertes, en Alemania, Austria, Francia y, en especial, Inglaterra, alzaron de inmediato las banderas del inter\u00e9s nacional. El reformismo socialdem\u00f3crata se invisti\u00f3 totalmente de este compromiso concebido en el nombre de la naci\u00f3n&#8211;un compromiso entre intereses de clase, es decir, entre el proletariado y ciertos estratos de la estructura burguesa hegem\u00f3nica en cada pa\u00eds. Y ni mencionemos la innoble historia de traiciones de algunos segmentos del movimiento de trabajadores europeos apoyando los emprendimientos imperialistas de los Estados-naci\u00f3n de Europa, ni la locura imperdonable que uni\u00f3 a los diversos reformismo europeos en la aceptaci\u00f3n de conducir a las masas a la muerte en la Primera Guerra Mundial.  Los reformismos socialdem\u00f3cratas tienen teor\u00edas adecuadas para estas posturas. Diversos profesores socialdem\u00f3cratas austriacos las inventaron, contempor\u00e1neos del Conde Leinsdorf de Musil. En la id\u00edlica atm\u00f3sfera alpina de Kakania, en el gentil clima intelectual de aquel &#8220;retorno a Kant&#8221;, profesores como Otto Bauer insistieron sobre la necesidad de considerar a la nacionalidad como el elemento fundamental de la modernizaci\u00f3n. 33 De hecho, ellos cre\u00edan que del enfrentamiento entre la nacionalidad (definida como comunidad de car\u00e1cter) y el desarrollo capitalista (entendido como sociedad) emerger\u00eda una dial\u00e9ctica que en su despliegue favorecer\u00eda eventualmente al proletariado y su progresiva hegemon\u00eda en la sociedad. Este programa ignoraba el hecho que el concepto de Estado-naci\u00f3n no es divisible sino org\u00e1nico, no trascendental pero trascendente, e incluso en su trascendencia est\u00e1 construido para oponerse a cada tendencia por parte del proletariado para reapropiarse de espacios sociales y riqueza social. \u00bfQu\u00e9 puede entonces significar la modernizaci\u00f3n si est\u00e1 atada fundamentalmente a la reforma del sistema capitalista y hostil a la apertura de cualquier proceso revolucionario? Estos autores celebraron a la naci\u00f3n sin querer pagar el precio de esta celebraci\u00f3n. O, mejor a\u00fan, la celebraron mientras mistificaban el poder destructivo del concepto de naci\u00f3n. Dada esta perspectiva, el apoyo a los proyectos imperialistas y la guerra \u00ednter imperialista fueron posiciones l\u00f3gicas e inevitables para el reformismo socialdem\u00f3crata.      Tambi\u00e9n el bolcheviquismo entr\u00f3 en el terreno de la mitolog\u00eda nacionalista, en especial mediante el festejado panfleto prerrevolucionario de Stalin sobre el marxismo y la cuesti\u00f3n nacional. 34 De acuerdo con Stalin, las naciones son inmediatamente revolucionarias, y revoluci\u00f3n significa modernizaci\u00f3n: el nacionalismo es una etapa ineludible del desarrollo. En la interpretaci\u00f3n de Stalin, sin embargo, como el nacionalismo se vuelve socialismo, el socialismo se vuelve Rusia, e Iv\u00e1n el Terrible debe yacer en la tumba junto a Lenin. La Internacional Comunista se transform\u00f3 en una asamblea de las &#8220;quintas columnas&#8221; de los intereses nacionales rusos. La noci\u00f3n de revoluci\u00f3n comunista&#8211;el espectro deterritorializador que recorri\u00f3 Europa y el mundo, y que desde la Comuna de Par\u00eds hasta 1917 en San Petersburgo y hasta la Larga Marcha de Mao pretendi\u00f3 agrupar a desertores, partisanos internacionalistas, obreros huelguistas e intelectuales cosmopolitas&#8211;se transform\u00f3 finalmente en un r\u00e9gimen reterritorializante de soberan\u00eda nacional. Es una tr\u00e1gica iron\u00eda que el socialismo nacionalista en Europa viniera a tomar la forma del nacional-socialismo. Y esto no se debe a que &#8220;los extremos se unen&#8221;, como gustan pensar algunos liberales, sino a que la m\u00e1quina abstracta de la soberan\u00eda nacional est\u00e1 en el coraz\u00f3n de ambos.  Cuando en medio de la Guerra Fr\u00eda se introdujo el concepto de totalitarismo en la ciencia pol\u00edtica, s\u00f3lo toc\u00f3 elementos extr\u00ednsecos de la cuesti\u00f3n. En sus formas m\u00e1s coherentes el concepto de totalitarismo fue usado para denunciar la destrucci\u00f3n de la esfera p\u00fablica democr\u00e1tica, la continuaci\u00f3n de las ideolog\u00edas Jacobinas, las formas extremas de nacionalismo racista, y la negaci\u00f3n de las fuerzas del mercado. Sin embargo, el concepto de totalitarismo deber\u00eda profundizar mucho m\u00e1s en los fen\u00f3menos reales y dar al mismo tiempo una mejor explicaci\u00f3n de ellos. De hecho, el totalitarismo no s\u00f3lo consiste en totalizar los efectos de la vida social y subordinarlos a una norma disciplinaria total, sino tambi\u00e9n en la negaci\u00f3n de la misma vida social, la erosi\u00f3n de sus cimientos, y la extirpaci\u00f3n te\u00f3rica y pr\u00e1ctica de la misma posibilidad de existencia de la multitud. Lo totalitario es la fundaci\u00f3n org\u00e1nica y la fuente unificada de la sociedad y el estado. La comunidad no es una creaci\u00f3n colectiva din\u00e1mica sino un mito primordial fundacional. Una noci\u00f3n originaria del pueblo instituye una identidad que homogeneiza y purifica la imagen de la poblaci\u00f3n mientras bloquea las interacciones constructivas de las diferencias existentes al interior de la multitud.  Siey\u00e9s vio el embri\u00f3n del totalitarismo ya en las concepciones del siglo dieciocho de la soberan\u00eda nacional y popular, concepciones que preservaban efectivamente el poder de la monarqu\u00eda, transfiri\u00e9ndolo a la soberan\u00eda nacional. \u00c9l vislumbr\u00f3 el futuro de lo que podr\u00eda denominarse democracia totalitaria. 35 Durante el debate sobre la Constituci\u00f3n del A\u00f1o III de la Revoluci\u00f3n Francesa, Siey\u00e9s denunci\u00f3 los &#8220;males planes para una re&#8211;total [r\u00e9&#8211;total] en lugar de una re&#8211;p\u00fablica [r\u00e9&#8211;publique], que ser\u00e1n fatales para la libertad y ruinosos para los \u00e1mbitos p\u00fablico y privado&#8221;. 36 El concepto de naci\u00f3n y las pr\u00e1cticas de nacionalismo son colocados en el camino, desde un principio, no para la rep\u00fablica sino la la &#8220;re-total&#8221;, la cosa total, es decir, la codificaci\u00f3n totalitaria de la vida social. <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[923,1461,1462,1463],"class_list":["post-83","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-imperio-imperialismo","tag-fragmentos","tag-imperio","tag-michael-hardt","tag-toni-negri"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/83","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=83"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/83\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=83"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=83"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=83"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}