{"id":8382,"date":"2020-10-14T05:00:24","date_gmt":"2020-10-14T04:00:24","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8382"},"modified":"2020-10-14T01:33:31","modified_gmt":"2020-10-14T00:33:31","slug":"anibal-quijano-una-vida-tras-una-discutible-categoria-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8382","title":{"rendered":"Anibal Quijano: una vida tras una discutible categor\u00eda (III)"},"content":{"rendered":"<h2>COLONIALIDAD DEL PODER Y LA NO CENTRALIDAD DE LA CLASIFICACI\u00d3N RACIAL. MARIATEGUI Y LA DESCOLONIZACI\u00d3N.<\/h2>\n<p>El etno-genocida Crist\u00f3bal Colon[1], al llegar a Am\u00e9rica, miraba a los oriundos f\u00e1ciles de expropiar por ser \u201c\u2026 tan ingenuos, generosos con sus posesiones que nadie que no les hubiera visto se lo creer\u00eda[2]\u201d. Antonio Espino L\u00f3pez, catedr\u00e1tico de Historia Moderna en la Universidad Aut\u00f3noma de Barcelona, en su libro, La conquista de Am\u00e9rica: Una revisi\u00f3n cr\u00edtica (RBA Ediciones, 2013), asegura que el desembarco de los espa\u00f1oles en la otra orilla del Atl\u00e1ntico se convirti\u00f3 en un hurac\u00e1n de asesinatos, ejecuciones, mutilaciones y violaciones. En definitiva, una masacre espoleada fundamentalmente por la codicia, por el deseo de obtener la mayor cantidad posible de oro y riquezas. El sacerdote Bernardino de Sahag\u00fan reconoce el etnocidio y genocidio de los espa\u00f1oles:<\/p>\n<p>\u201c[&#8230;] fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les qued\u00f3 de lo que eran ante[3]s\u00bb. Clavijero, m\u00e1s de dos siglos despu\u00e9s, se\u00f1al\u00f3 que la civilizaci\u00f3n antigua de M\u00e9xico era grandiosa, pero con la Conquista el espa\u00f1ol se encarg\u00f3 de destruirla. Los ind\u00edgenas de entonces, del XVIII, estaban en plena decadencia. El indio ya no podr\u00eda recuperar el destino truncado; lo \u00fanico que quedaba era educarlo[4]. La destrucci\u00f3n cultural fue tarea de siglos, y la religaci\u00f3n por la iglesia cat\u00f3lica en la construcci\u00f3n de una cultura colonial incorpor\u00f3 a colonizadores y colonizados. Una gran tarea fue la separaci\u00f3n evang\u00e9lica entre Dios, ser humano y naturaleza. En este sentido, los colonizadores-evangelizadores impusieron una manera de vivir y conocer basada en la ruptura entre el cuerpo y el alma, que implic\u00f3 una subalternizaci\u00f3n de saberes y pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>La deshumanizaci\u00f3n, que va m\u00e1s all\u00e1 del racismo, no es percibida por An\u00edbal Quijano que, sin embargo, no deja de advertir sobre la necesidad de historizar las relaciones de la colonialidad del poder, Su an\u00e1lisis no deja de presentarse como estructuralista y sist\u00e9mico. Las relaciones de poder se estructuran hist\u00f3ricamente: al principio es la violencia b\u00e1rbara. Igualmente, en el an\u00e1lisis de la colonialidad del poder, la subjetividad aparentemente adquiere un car\u00e1cter espec\u00edfico supeditado a este patr\u00f3n de poder conformado por un imaginario social, una memoria hist\u00f3rica y una perspectiva de conocimiento, dependientes tanto de las exigencias del capitalismo como de la necesidad de los colonizadores de perpetuar y naturalizar su dominaci\u00f3n. Lejos de reconocer lo anterior, Quijano ubica su mirada desde y con los de arriba, los ilustrados euroc\u00e9ntricos; por ello, incluye la falsa idea de que hubo apropiaci\u00f3n de los logros intelectuales e incluso tecnol\u00f3gicos de los colonizados, cuando ciertamente a los invasores europeos apenas les interesaron estos saberes pues eran producidos por seres inferiores. En realidad, como es conocido en la historiograf\u00eda cr\u00edtica, los colonizadores optaron por la destrucci\u00f3n de los m\u00faltiples y valiosos aportes de las grandes civilizaciones andinas y mesoamericanas hasta hoy, devastando lo poco que queda de ellas. Ni los espa\u00f1oles de la conquista, ni la oligarqu\u00eda y sus intelectuales del siglo XIX, incluidos los jerarcas de la iglesia y el ej\u00e9rcito que continuaran controlando la educaci\u00f3n y la cultura dejaron de ver la realidad con los ojos del dominador.<\/p>\n<p>Es innegable que Quijano, a lo largo de sus d\u00edas, enfatiza m\u00e1s en el bloqueo y encubrimiento de la perspectiva hist\u00f3rica y cultural aut\u00f3noma de los dominados, bajo el patr\u00f3n de poder en la perspectiva cognitiva producida en el largo plazo. Es uno m\u00e1s, entre los pensadores, en el que se impone el eurocentrismo racionalista donde Europa y los europeos, son el momento y el nivel m\u00e1s avanzado en el camino lineal, unidireccional y continuo de la especie. Se consolid\u00f3 as\u00ed en la sociedad, junto con esta idea, otro de los n\u00facleos principales de la modernidad\/colonialidad: una concepci\u00f3n de la humanidad seg\u00fan la cual la poblaci\u00f3n del mundo se diferencia en inferiores y superiores, irracionales y racionales, primitivos y civilizados, tradicionales y modernos. Las mayor\u00edas compart\u00edan el ethos colonial ya descrito someramente.<\/p>\n<p>Es as\u00ed que, Quijano cancela el colonialismo y lo reemplaza por la colonialidad. Se\u00f1ala que, con la independencia pol\u00edtica latinoamericana, a principios del siglo XIX, se inicia un proceso de descolonizaci\u00f3n, pero no de descolonialidad. Al presuponer un camino lineal al capitalismo, acompa\u00f1ado de sus resabios coloniales (lo que incluye una ficticia representaci\u00f3n electoral y, por tanto, una simulada y falsa \u201cdemocracia\u201d liberal), y al poner el \u00e9nfasis en los dispositivos cognitivos de dominaci\u00f3n simb\u00f3lica, la teor\u00eda prioriza la cr\u00edtica de lo discursivo \u2014parcialmente especulativo\u2014 sobre el estudio de la materialidad hist\u00f3rico-social de sujetos, instituciones y estructuras en movimiento. Ni la categor\u00eda de raza, ni la de rep\u00fablica pueden utilizarse para examinar la conquista o la llamada independencia. Es as\u00ed que detectamos una llamativa escisi\u00f3n entre forma y contenido: que los emergentes pa\u00edses tengan bandera, escudo, himno, que se llame rep\u00fablica, divida los poderes y existan ciudadanos, partidos y Estado, no significaba nada, ya que tras esos discursos y s\u00edmbolos se ocultaban las autocracias militares y olig\u00e1rquicas, corruptas, rentistas, para quienes el Estado y la pol\u00edtica solo eran herramientas del extractivismo y el despojo. Con lo cual el colonialismo resulta as\u00ed un elemento m\u00e1s, casi un atributo, de la modernidad, que esconde todas las variantes hist\u00f3ricas de la recolonizaci\u00f3n[5].<br \/>\nDespu\u00e9s de una ardua difusi\u00f3n de este tipo de conceptos, asociados a la colonialidad del poder, no solo son compartidos por un grupo de prestigiados intelectuales, sino que ahora todo candidato a intelectual o acad\u00e9mico se siente obligado a seguir los pasos de esta moda, ya transformada en tradici\u00f3n euroc\u00e9ntrica, repitiendo lo m\u00e1s enrevesado y hasta retorcido o abstrusamente posible, las ideas de una nueva \u00e9lite. Al respecto, mencionemos algunos nombres para ilustrar esta parte del camino: Enrique Dussel, Santiago Castro-G\u00f3mez, Ram\u00f3n Grosfoguel y Nelson Maldonado-Torres, Enrique Dussel, Fernando Coronil, Santiago Castro G\u00f3mez, Walter Mignolo y, Edgardo Lander, Catherine Walsh y Silvia Rivera Cusicanqui, quien reclam\u00f3 vehementemente su lugar en el grupo. En otro grupo destaca Maristela Svampa, Decio Machado y otros m\u00e1s cercanos al distinguido Ra\u00fal Zibechi y al pensamiento zapatista. Estas \u00faltimas, innegablemente, aportan al debate desde sus diversas y muchas veces divergentes l\u00edneas de pensamiento; aunque no corresponda ubicarlos en este colectivo y corrientes similares del quijanismo, tambi\u00e9n son considerados imprescindibles de citar.<br \/>\nLa mayor\u00eda de estos autores y autoras citados, ofrecen propuestas con un lastre que revela una oculta impronta del posmodernismo epist\u00e9mico, y que los lleva a otorgar una atenci\u00f3n casi exclusiva, un valor desmedido, a los imaginarios y los dispositivos epist\u00e9micos en la instrumentaci\u00f3n y reproducci\u00f3n del poder. Esta reca\u00edda en el viejo culturalismo subjetivista (sin desmerecer, por cierto, la importancia de una comprensi\u00f3n materialista de la cultura vista como pr\u00e1ctica y pensamiento: algo que antes denomin\u00e1mos \u201cethos\u201d) queda de manifiesto desde el concepto mismo de \u201ccolonialidad del poder\u201d, y que en la mayor\u00eda de los autores citados refiere expresamente a las pautas culturales heredadas del colonialismo; lo cual crea un efecto de radicalismo pol\u00edtico de gran impacto inmediato, pero donde anida una debilidad te\u00f3rica de consecuencias pol\u00edticamente devastadoras a mediano y largo plazo. Y esto es as\u00ed porque no considera \u2014entre muchos otros asuntos y variables\u2014 una posible reconstrucci\u00f3n cultural desde la recuperaci\u00f3n de saberes de enorme importancia; en especial, arquitect\u00f3nicos, h\u00eddricos, agrarios, ecologistas. Retomar lo ind\u00edgena, en el discurso hegem\u00f3nico de gobiernos progresistas, ha llevado a calamidades clientelares y a divisiones de los movimientos en Ecuador Y Bolivia, por ejemplo, afectando gravemente la lucha por la autodeterminaci\u00f3n y el socialismo.<\/p>\n<p>Al examinar la subsunci\u00f3n real de las relaciones de producci\u00f3n y las condiciones de reproducci\u00f3n de la vida social, la conexi\u00f3n entre la mercantilizaci\u00f3n de la fuerza de trabajo y la estratificaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n mundial sobre la base de \u201craza\u201d y de \u201cg\u00e9nero\u201d cobra sentido en Quijano, la conexi\u00f3n entre ambos procesos. No obstante, merece destacar el sentido de totalidad de la pr\u00e1ctica, de la materialidad social caracterizada por el car\u00e1cter hist\u00f3rico estructural de las relaciones sociales, el funcionamiento relacional e interdependiente de todos los \u00e1mbitos de la existencia social y la naturaleza esencialmente conflictiva y heterog\u00e9nea de la modernidad- colonialidad capitalista de los pueblos e historias articulados en \u00e9l.<br \/>\nEl concepto de heterogeneidad sociocultural, que Quijano rastre\u00f3 en el pensamiento de Jos\u00e9 Carlos Mari\u00e1tegui, solo fue para recuperar la noci\u00f3n de desarrollo desigual y combinado, idea manejada por el trotskismo. De \u00e9l recupera la idea, que determinadas sociedades se establecen como un orden de dominaci\u00f3n entre grupos sociales portadores de universos culturales distintos: uno de ellos representando lo ind\u00edgena y peruano, y el otro al blanco dominante; pero ambos, a su vez, subsumidos a este \u00faltimo, al pensamiento colonial hegem\u00f3nico. En la pol\u00e9mica de 1965, Quijano afirmaba rotundamente que Jos\u00e9 Mar\u00eda Arguedas postulaba una soluci\u00f3n ind\u00edgena al problema campesino, que en este momento no aparecer\u00eda viable. Sin embargo, en 1979, autocr\u00edticamente acept\u00f3 que una de las consecuencias de las invasiones de tierras fue la revitalizaci\u00f3n de la propiedad comunal, la que estaba en su conjunto en un avanzado estado de relativa descomposici\u00f3n. Y, a\u00f1os despu\u00e9s, rememorando al CUAVES, sostuvo que la reciprocidad andina habr\u00eda engendrado la reciprocidad actual en las capas m\u00e1s oprimidas de la sociedad urbana \u201cmodernizada\u201d. Y que, sobre su suelo se constitu\u00eda un proceso abigarrado, un nuevo modelo privado-social, alternativo al privado capitalista dominante; lo que es una l\u00f3gica que no solo convive, sino penetra y modula la queproviene de la solidaridad y de la democracia[6]. Acaso renac\u00eda otra racionalidad basada en la solidaridad (colectividad, distribuci\u00f3n, valor de uso, reciprocidad, permanencia) y la igualdad, sin ninguna intenci\u00f3n arcaizante.<\/p>\n<p>Ya en los a\u00f1os noventa, este autor recupera de Mari\u00e1tegui, el \u00e9nfasis sobre la racionalizaci\u00f3n de la idea de \u201craza\u201d como \u201cuno de los ejes fundamentales\u201d del nuevo patr\u00f3n de poder capitalista-colonial, pero en desmedro del segundo eje, el patriarcalismo, presentado como por a\u00f1adidura. Y, mas importante aun, se aleja de la concepci\u00f3n clasista y de la noci\u00f3n de clase distanci\u00e1ndose de Mari\u00e1tegui que siempre analizo la cuesti\u00f3n ind\u00edgena desde la perspectiva marxista. Por ello, siempre enfatizo la importancia y viabilidad del socialismo, asunto que Quijano destierra de su discurso\u2026<\/p>\n<p>El racismo opera ensamblado a un mercado mundial puesto al servicio de la acumulaci\u00f3n de capital. Aparece ahora como un montaje ideol\u00f3gico elaborado a posteriori de la conquista para legitimar filos\u00f3fica, jur\u00eddica y psicol\u00f3gicamente; es decir, para justificar ideol\u00f3gicamente la dominaci\u00f3n de las poblaciones conquistadas, la explotaci\u00f3n de sus recursos naturales y la extracci\u00f3n de su fuerza de trabajo.<\/p>\n<p>Aun admitiendo que esta aseveraci\u00f3n sea correcta, para el contexto espec\u00edfico del siglo XVI, \u00bfno resulta excesivo y err\u00f3neo sostener que la divisi\u00f3n del trabajo mundial se organiza b\u00e1sicamente de acuerdo a pautas raciales?, \u00bfquiz\u00e1s crey\u00f3 que con esta idea superaba a Mari\u00e1tegui? Veamos. En primer lugar, el t\u00e9rmino \u201craza\u201d \u2013de antigua data\u2014 no se instala en el siglo XVI sino en el XVII, y sus contenidos han variado a lo largo del tiempo hasta su formulaci\u00f3n cientificista en el XIX. En segundo lugar, y como le han observado desde filas feministas, Quijano demuestra \u201cuna comprensi\u00f3n muy estrecha de la construcci\u00f3n opresiva del g\u00e9nero moderno\/colonial\u201d. Y esto es as\u00ed porque asume la concepci\u00f3n patriarcal y heterosexual \u201cde que las diferencias de g\u00e9nero se constituyen en las disputas sobre el control del sexo, sus recursos y sus productos\u201d, aqu\u00ed el sexo constituye un atributo biol\u00f3gico incontestable[7].<br \/>\nPero m\u00e1s importante a\u00fan, como sostiene Breny Mendoza[8], en su caracterizaci\u00f3n de la nueva divisi\u00f3n mundial del trabajo \u201cel g\u00e9nero queda as\u00ed subordinado a la l\u00f3gica de raza, quiz\u00e1s como antes el g\u00e9nero lo era en relaci\u00f3n a la categor\u00eda de clase\u201d. De tal modo que \u201csu idea de raza se vuelve un concepto totalizante que invisibiliza el g\u00e9nero como categor\u00eda hist\u00f3rica y como instrumento de la colonialidad del poder, al mismo tiempo que obstaculiza un an\u00e1lisis interseccional de raza, g\u00e9nero, clase y sexualidad.<br \/>\nNo son pocos los problemas que ya no pudo enfrentar Quijano, debido a su fallecimiento, al insistir en el sobredimensionamiento del factor \u201craza\u201d para analizar la configuraci\u00f3n de la nueva divisi\u00f3n mundial del trabajo basada en el complejo g\u00e9nero-raza-clase: tres categor\u00edas que van entrelazadas. Del mismo modo, Quijano no pudo responder a quienes sugieren que el surgimiento en Inglaterra del proletariado moderno, bajo relaciones asalariadas de producci\u00f3n, se deba m\u00e1s al color de la piel de la poblaci\u00f3n trabajadora que a la acumulaci\u00f3n de capital, el desarrollo de las fuerzas productivas y el lugar adquirido por las finanzas, la industria y la flota brit\u00e1nica en el concierto mundial. Pretende explicar las condiciones de la Inglaterra de principios del XIX, mediante la mentalidad se\u00f1orial de la Espa\u00f1a barroca del XVI.<\/p>\n<p>Por otro lado, es curioso que un seguidor de Mari\u00e1tegui no recuerde que, para el Amauta, el problema \u00e9tnico es ficticio e infundado; que las apreciaciones sobre la artificial cuesti\u00f3n racial solo conducen a superficiales criticas e inveros\u00edmiles razonamientos zoot\u00e9cnicos. En numerosos lugares de los Siete Ensayos reafirma de manera categ\u00f3rica que el problema ind\u00edgena no debe confundirse con un problema racial. Mari\u00e1tegui cre\u00eda que las tesis que colocaban lo racial como preponderante solo favorec\u00edan al gamonalismo y al imperialismo, pues si no se resolv\u00eda el problema de la feudalidad, que era el de la tierra, no habr\u00eda emancipaci\u00f3n racial; el problema \u00e9tnico estaba subordinado al problema de clase, pues hace un siglo el ind\u00edgena era rural, agricultor o campesino, mientras que los blancos estaban en las ciudades. No obstante, la cr\u00edtica a la clasificaci\u00f3n colonial en razas, en el sentido de superioridad-inferioridad, no signific\u00f3 que no reconociese diferencias culturales coloniales, como cuando se\u00f1ala que en el Per\u00fa no hay que resolver una pluralidad de tradiciones locales o regionales, sino una dualidad de raza, de lengua y de sentimiento, nacida de la invasi\u00f3n del Per\u00fa aut\u00f3ctono por una raza extranjera que no consigui\u00f3 fusionarse con la raza ind\u00edgena. Indudablemente que hay una ambig\u00fcedad en Mari\u00e1tegui al rechazar y aceptar diferencias biol\u00f3gicas, al tener una visi\u00f3n socialista racional del ind\u00edgena que lucha por su liberaci\u00f3n y al mismo tiempo proponer un esencialismo de la gran raza quechua que en un estado inferior puede alcanzar otro superior. Creemos que los conocimientos y debates de la \u00e9poca, la edad de Mari\u00e1tegui y su prematura muerte no permitieron que siga aclarando sus dudas. Pero su visi\u00f3n no era ni positivista, ni evolucionista. Luis Martinez, coincide con Michael L\u00f6wy, cuando \u00e9ste sostiene que la perspectiva del amauta era \u201crom\u00e1ntica revolucionaria, cercana a la de Walter Benjamin (Conferencia en Brasil, Video 2020).<\/p>\n<p>Mari\u00e1tegui sosten\u00eda que la confluencia entre el pensamiento occidental y la solidaridad ind\u00edgena dar\u00eda una racionalidad distinta a la europea. Afirmaba que los indios constituyen las cuatro quintas partes de la poblaci\u00f3n del Per\u00fa y que acabar con la explotaci\u00f3n precapitalista era una medida previa necesaria. No rechazaba el eurocentrismo y m\u00e1s bien pensaba que en lo mejor de la cultura occidental y de la andina se fundaba el proyecto de una nueva sociedad.<\/p>\n<p>En su af\u00e1n por demostrar la hasta ahora desatendida importancia del factor racial en la organizaci\u00f3n mundial del trabajo, An\u00edbal Quijano acaba por perder de vista su \u00edndole fundamentalmente colonial; es decir, que son las mismas condiciones y necesidades de dominaci\u00f3n y explotaci\u00f3n de los sujetos colonizados las que nutren, explican y justifican la emergencia del racismo moderno en sus variadas concreciones. En una palabra, intentar explicar la colonialidad global a partir de \u201cla clasificaci\u00f3n social \u2018racial\u2019 de la poblaci\u00f3n mundial bajo el poder euroc\u00e9ntrico mundial\u201d, no pasa de ser una aspiraci\u00f3n subjetiva del autor. Quijano establece la prioridad epist\u00e9mica y pol\u00edtica de la descolonizaci\u00f3n epist\u00e9mica, o cultural, que denomina \u201cdescolonialidad\u201d: un neologismo inicialmente propuesto por Catherine Walsh para referirse a una parcial decolonialidad, y que acabar\u00eda por convertirse en solo un s\u00edntoma parcial en el horizonte pol\u00edtico.<br \/>\nLa liberaci\u00f3n de las relaciones interculturales de la prisi\u00f3n de la colonialidad implica, tambi\u00e9n, la libertad de todos los pueblos para elegir, individual o colectivamente, esas relaciones: la libertad de elegir entre diversas orientaciones culturales y, sobre todo, la libertad de producir, criticar, cambiar e intercambiar cultura y sociedad. Esta liberaci\u00f3n es parte del proceso de liberaci\u00f3n social de todo poder organizado como desigualdad, discriminaci\u00f3n, explotaci\u00f3n y dominaci\u00f3n. Sin embargo, creemos que no se trata de un problema especulativo, sino pr\u00e1ctico. No es un problema \u00fanicamente de la conciencia, subjetivo, sino que se trata de cambios en la realidad. Si bien Walsh enfoca la necesidad de visibilizar, enfrentar y transformar las estructuras e instituciones que diferencialmente posicionan grupos, pr\u00e1cticas y pensamientos, dentro de un orden y l\u00f3gica decoloniales, tambi\u00e9n pone de relieve el trabajo por descolonizar las mentes. Sobre la base de lo explicado, pensamos que hay una diferenciaci\u00f3n excesiva y especulativa entre \u201cdescolonial\u201d y \u201cdecolonial\u201d para trasmitir la creaci\u00f3n de condiciones radicalmente diferentes de existencia, conocimiento y poder que podr\u00edan contribuir a la fabricaci\u00f3n de sociedades distintas.<\/p>\n<p>Carlos P\u00e9rez Soto se opone a las construcciones hegem\u00f3nicas parciales y contingentes, como raza, g\u00e9nero o trabajo, y opta por la autodeterminaci\u00f3n:<br \/>\nPero, tambi\u00e9n, sus diferencias m\u00e1s visibles respecto de las diversas recomposiciones posmarxistas que circulan en la discusi\u00f3n actual ser\u00edan el \u00e9nfasis en la noci\u00f3n de sujeto, y en su voluntad posible y su enajenaci\u00f3n, frente a la cr\u00edtica de la idea de sujeto; la confianza en la posibilidad de una ontolog\u00eda en que la sustancia es entendida como sustancia \u00e9tica e hist\u00f3rica, frente a la desconfianza hacia toda ontolog\u00eda; su idea de una pol\u00edtica fundada en la autodeterminaci\u00f3n, en la libertad autodeterminada, en la historicidad de las leyes, frentea una pol\u00edtica fundada en la memoria, en el acontecimiento, o en la impugnaci\u00f3n contingente; la noci\u00f3n de que una revoluci\u00f3n, como cambio global en el modo de producir la vida, es necesaria y posible, frente a la idea de la pol\u00edtica como construcci\u00f3n de hegemon\u00edas parciales y contingentes. Hay dos consecuencias pol\u00edticas principales que se pueden seguir de una reinvenci\u00f3n hegeliana del marxismo. Una contra el liberalismo, en cualquiera de sus formas. Otra contra las filosof\u00edas posmodernas, en cualquiera de sus formas. La primera es la cr\u00edtica radical a la idea de naturaleza humana, sea entendida de manera etol\u00f3gica, como incompletud en el lenguaje, o como falta constituyente. La segunda es la cr\u00edtica radical a la reducci\u00f3n de la pol\u00edtica a pol\u00edtica local, ya sea como resistencias impugnadoras, o como construcci\u00f3n de hegemon\u00edas parciales[9].<br \/>\nQu\u00e9 duda cabe que la cr\u00edtica a fondo de los aparatos de poder epist\u00e9mico, que son parte indivisible de los aparatos de poder pol\u00edtico, los modos de explotaci\u00f3n econ\u00f3mica y la cultura, es una labor absolutamente imprescindible para conocer el ethos. Parafraseando a Trigo, la colonialidad \u2013entendida en su materialidad hist\u00f3rica y social, como una totalidad que incluye las dimensiones del \u201cpoder\u201d, del \u201csaber\u201d y \u201cdel ser\u201d, y que instituye una intersubjetividad mundial desde la articulaci\u00f3n de las relaciones sociales de producci\u00f3n, circulaci\u00f3n y consumo\u2013 no ser\u00e1 abolida por refinada que sea la cr\u00edtica al eurocentrismo, as\u00ed como el racismo no ha desaparecido, sino solo cambiado de ropaje, bajo las pol\u00edticas multiculturales y el placebo liberal \u2013que es tambi\u00e9n oportunismo, hipocres\u00eda y c\u00e1lculo mercantil\u2013 ante la diversidad. Solo una cr\u00edtica comprensiva y materialista de la colonialidad como parte constitutiva del r\u00e9gimen de producci\u00f3n, circulaci\u00f3n, y consumo material y simb\u00f3lico (es decir, econ\u00f3mico, pol\u00edtico y cultural), al mismo tiempo que regida por la l\u00f3gica mercantil, acumulativa y expansiva del capital, podr\u00e1 dar cuenta del capitalismo y el colonialismo, de la modernidad y la colonialidad[10].<\/p>\n<p>Una ausencia que percibe Luis Mart\u00ednez Andrade es la colonialidad del hacer, que no es m\u00e1s que el orden pr\u00e1ctico de la vida, tanto individual como colectiva e institucionalmente. El tenso control de los \u00e1mbitos del poder por los dominadores no puede menos que construir formas de hacer que despliegan todos, desde estrategias de disciplinamiento y gram\u00e1ticas de la autoridad configuradas por el n\u00facleo ordenador del proyecto colonial. Sin embargo, poder, hacer y saber son elementos del ser en constante transformaci\u00f3n, y son m\u00e1s que imposiciones. Los conquistadores tratan de imponer, en principio, su imaginario por medio de la religi\u00f3n, inculcando sus propios valores, cultura y moral. La doble conciencia del mestizo ser\u00e1 fundamental en la formaci\u00f3n de un habitus colonial. El habitus debe mostrar las tensiones, luchas y contradicciones intr\u00ednsecas en las relaciones sociales, en este caso, coloniales. Seg\u00fan Mart\u00ednez Andrade, en la diferente experiencia del habitus, la colonialidad del hacer acent\u00faa los rasgos simb\u00f3licos y culturales de las pr\u00e1cticas sociales. La producci\u00f3n de alteridad (ind\u00edgena y negra) estaba articulada a la consolidaci\u00f3n de una \u201ccolonialidad interna\u201d que beneficiaba a criollos y mestizos[11].<\/p>\n<p>En un lago periodo, se configura una nueva sociedad; pero \u00bfqu\u00e9 es la sociedad, cualquiera sea su forma? El producto de la actividad rec\u00edproca de los hombres. Es la comunidad, como totalidad, quien crea la cultura material que har\u00e1 posible la vida de cada individuo humano. El ser humano se autoconstruye, constituyendo su subjetividad y sus necesidades. Se educa gracias a toda la cultura pr\u00e1ctica previamente creada por la comunidad. \u201cPues es la comunidad quien hominiza y humaniza, filogen\u00e9ticamente y ontogen\u00e9ticamente, al ser humano. No hay por tanto humanidad sin comunidad[12]\u201d. Los seres humanos se crean subjetivamente a s\u00ed mismos, al producir el mundo en que viven. Con su actividad crean el mundo exterior, y a la vez constituyen sus capacidades, sus facultades y sus necesidades. Conforman su antropolog\u00eda, que es tambi\u00e9n una creaci\u00f3n de su propia actividad hist\u00f3rica, que como tal ser\u00e1 din\u00e1mica y cambiante, como lo es el propio mundo objetivado por el ser humano. Con esto queremos decir que el ethos se construye como una totalidad contradictoria, que incluye objetividad y subjetividad, pr\u00e1cticas, saberes, memoria, imaginario, necesidades, facultades, imaginarios, habitus.<\/p>\n<p>Mas all\u00e1 de una l\u00f3gica instrumental y abstracta, se\u00f1ala Abril Trigo, la formaci\u00f3n de los Estados nacionales, en Am\u00e9rica Latina, reconfiguraron el capitalismo colonial, incluido su patr\u00f3n de dominaci\u00f3n y explotaci\u00f3n colonial expresado en la cultura. El Estado y la idea de \u201cEstado de derecho\u201d eran privilegio de algunos grupos sociales; ya que los puestos de la administraci\u00f3n colonial, civil y militar estaban reservados para espa\u00f1oles y criollos. La ciudadan\u00eda era inexistente, y el ind\u00edgena segu\u00eda ocupando el lugar de \u201cexterioridad\u201d ontol\u00f3gica y pol\u00edtica del sistema. De esta manera, clasificaci\u00f3n racial y ordenamiento del mundo del trabajo se consolidan como una sola realidad integrada y org\u00e1nica a la llamada colonialidad del poder; es decir, como la forma b\u00e1sica de la explotaci\u00f3n colonial, que da margen y base a esta nueva forma de articulaci\u00f3n del poder. En tal situaci\u00f3n, la masa ind\u00edgena habr\u00eda quedado en una situaci\u00f3n de servidumbre con respecto a los europeos, mientras que sus mediadores eran miembros de la nobleza india, y los negros esclavizados habr\u00edan mantenido una situaci\u00f3n diferente.[13]<\/p>\n<p>No obstante, hay amplio material de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y etnohist\u00f3rica que permite aseverar que las distinciones establecidas por Quijano no quedan claras. Ya que ccoexisten no solo huellas o relaciones residuales en sectores de la aristocracia ind\u00edgena letrados y apartados de los sistemas de servidumbre, sino tambi\u00e9n un grupo no menor de ind\u00edgenas que realizaba trabajo asalariado en varias funciones. Al mismo tiempo, contamos con investigaci\u00f3n sobre la participaci\u00f3n, siempre reducida, de negros libres tambi\u00e9n en el espacio del trabajo asalariado. Se sabe que el per\u00edodo de dominaci\u00f3n colonial, de alrededor de tres siglos de duraci\u00f3n, no fue homog\u00e9neo ni espacial ni temporalmente. De acuerdo con Parraguez:<\/p>\n<p>Se encuentran, as\u00ed, importantes diferencias entre los centros y las periferias de los imperios instalados (Turner Bushnell y Green, 2002; Turner, 2002; Jay, 2002), como tambi\u00e9n entre los primeros momentos de la instalaci\u00f3n colonial en el siglo XVI, su organizaci\u00f3n pol\u00edtica y social y los momentos finales de ella en el siglo XVIII y comienzos del XIX, marcados por las Reformas Borb\u00f3nicas y el auge de los proyectos ilustrados tambi\u00e9n en Am\u00e9rica (Brading, 1990; Lynch, 1991). Ello no s\u00f3lo implica de por s\u00ed una necesidad de complejizar los an\u00e1lisis, sino que tambi\u00e9n de revisar la no siempre homog\u00e9nea constituci\u00f3n de los actores y las categor\u00edas de clasificaci\u00f3n racial que se utilizan para nombrarlos[14].<\/p>\n<p>El tema aqu\u00ed tratado es que el modo en el cual An\u00edbal Quijano entiende la noci\u00f3n de raza, para el per\u00edodo colonial, en una acepci\u00f3n biol\u00f3gica, insuficiente seg\u00fan veremos. Ello, dado que la utilizaci\u00f3n del concepto de raza por Quijano parece hacer referencia, justamente, a la distinci\u00f3n entre los diferentes grupos sociales a partir de estructuras \u201cbiol\u00f3gicamente diferenciales\u201d. Es decir, predestinados y determinados, de modo fijo e inmutable, por un aspecto fenot\u00edpico, con una cierta historia biol\u00f3gica: una historia fuera de la historia, una huella hereditaria que, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier posibilidad, se repite y marca los cuerpos con una inscripci\u00f3n que viene complejizada en un tejido mayor. Michel Foucault encuentra dicha condici\u00f3n en un particular momento hist\u00f3rico, en el siglo XIX, al abordar las variantes de un discurso hegem\u00f3nico en Occidente sobre las razas y la diferencia racial, y que es bastante posterior al primer momento de la dominaci\u00f3n colonial, donde Quijano rastrea el origen de la colonialidad del poder. M\u00e1s bien, pareciera que las distinciones \u201craciales\u201d del siglo XVI respond\u00edan mucho m\u00e1s a un sustrato social-pol\u00edtico-jur\u00eddico que a uno \u201cbiol\u00f3gicamente diferenciado\u201d. Grosfoguel encuentra un importante aporte en Franz Fanon, quien con una mirada desde abajo y desde el mundo colonial descubre que mientras en muchas regiones la jerarqu\u00eda etno\/racial de superioridad\/inferioridad est\u00e1 marcada por el color de la piel, en otras est\u00e1 construida por pr\u00e1cticas racistas con diferentes \u00e9nfasis: \u00e9tnicos, ling\u00fc\u00edsticos, religiosos o culturales. Mas all\u00e1 de que algunos \u00abcuerpos\u00bb son racializados como superiores y otros como inferiores, el aspecto fundamental para Fanon es que aquellos sujetos localizados en el lado superior de la l\u00ednea de lo humano viven en lo que \u00e9l llama la \u00abzona del ser\u00bb, mientras que aquellos sujetos que viven en el lado inferior de esta l\u00ednea viven en la zona del no-ser (Fanon, 2010).<br \/>\nPara Boaventura de Souza Santos, agrega Grosfoguel otro importante elemento, nos dice que la zona del no-ser -debajo de la l\u00ednea abismal- donde las poblaciones son deshumanizadas en el sentido de considerarse por debajo de la l\u00ednea de lo humano, los m\u00e9todos usados por el \u00abYo\u00bb imperial\/capitalista\/masculino\/heterosexual y su sistema institucional para gestionar y administrar los conflictos recurren a la violencia y a la apropiaci\u00f3n abierta y descarada. Como tendencia, los conflictos en la zona del no-ser son gestionados por la violencia perpetua. Creemos que la visi\u00f3n de Mariategui a trav\u00e9s de sus informantes indigenas y de Arguedas desde su experiencia de vida e investigaciones surgen de la zona del no ser ubicada en la regi\u00f3n andina.<br \/>\nFinalmente, Grosfoguel establece una anotaci\u00f3n que el puede percibir desde California y que puede ser aplicada a los intelectuales de izquierda que viven o migran a las capitales o al exterior, a las zonas del ser, modificando su visi\u00f3n de las zonas coloniales del no ser.<\/p>\n<p>El racismo epist\u00e9mico en esta teor\u00eda cr\u00edtica es tal que la pretensi\u00f3n es que la teor\u00eda producida en el Norte Global debe aplicarse igualmente al Sur Global. Pero las teor\u00edas producidas por los \u00abOtros\u00bb en la zona del ser tienden a ser ciegas hacia la experiencia social del Sur Global que vive dentro de la zona del no-ser. Esta ceguera conduce a la invisibilidad de la experiencia de dominaci\u00f3n y explotaci\u00f3n vivida en la zona del no-ser como violencia perpetua y que son ignoradas o sub-teorizadas por la teor\u00eda cr\u00edtica producida desde la zona del ser. (Grosfoguel, 2012)<br \/>\nUn estudio de la intelectualidad latinoamericana podr\u00eda establecer zonas epist\u00e9micas superiores e inferiores, por un lado quienes estudiaron en Europa o Estados Unidos o que pertenecen a los centros de investigaci\u00f3n de las capitales con financiamiento externo, y, por otro, los provincianos de grandes o peque\u00f1as ciudades. Los primeros, mas cercanos a su integraci\u00f3n al sistema de privilegios y al poder, fueron mas proclives a las reformas, mientras que los sacrificados intelectuales de provincias, muchos autodidactas a pesar de haber pasado por la universidad, articulados a las zonas del no ser y menospreciados por los primeros, fueron mas radicales y muchas veces con mayor profundidad en sus an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Corresponde, entonces, en el intento por dilucidar estos mecanismos, adentrarse en las formas coloniales de clasificaci\u00f3n social, dilucidando c\u00f3mo pensar con ellas y, a trav\u00e9s de ellas, la organizaci\u00f3n colonial del poder. Pareciera ser que el mecanismo fundamental de diferenciaci\u00f3n social del per\u00edodo colonial es el gesto de nombrar, de rotular, las clasificaciones sociales. Inclusive el Inca Garcilaso de la Vega se refiere a c\u00f3mo se genera todo un ordenamiento pol\u00edtico y social, desde el cual las diversas identidades producidas por la invasi\u00f3n europea en Am\u00e9rica son procesadas y administradas. El ordenamiento de los sujetos en grupos determinados tiene que vercon un modo particular de gestionar la complejidad de este nuevo mundo y sociedad que ya, a principios del siglo XVI, comienza a emerger para consolidarse de manera acelerada. En los tres siglos que dura el per\u00edodo colonial, en los virreinatos y dem\u00e1s jurisdicciones pol\u00edticas del territorio americano, los nombres, mecanismos y formas de clasificaci\u00f3n tambi\u00e9n van mutando y se van complejizando.<\/p>\n<p>El cronista y funcionario espa\u00f1ol, Juan de Betanzos, propuso que los indios fuesen repartidos, preferentemente, en las encomiendas. As\u00ed consigui\u00f3 del papado una declaraci\u00f3n que sancionaba a los ind\u00edgenas como incapaces de fe, lo cual justificar\u00eda su total sometimiento al espa\u00f1ol-americano. Lleg\u00f3 a presentar un memorial al Consejo de Indias, donde calificaba a los indios de \u201cbestias, que hab\u00edan pecado, que Dios los hab\u00eda condenado, y que deb\u00edan perecer todos[15]\u201d.<\/p>\n<p>Si bien es cierto que la humanidad o inhumanidad de los ind\u00edgenas fue un prolongado tema de debate, una idea presente en el imaginario colonial fue la que expres\u00f3 el cura Tomas Ortiz al remarcar la inhumana cualidad del ind\u00edgena:<\/p>\n<p>Estas son las propiedades [atributos] de los indios por donde no merecen libertades. Comen carne humana en la Tierra Firme; son sodom\u00e9ticos m\u00e1s que generaci\u00f3n alguna; ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos, no tienen amor ni verg\u00fcenza; son est\u00f3lidos, alocados, no guardan verdad [&#8230;] son inconstantes [&#8230;], son bestiales y pr\u00e9cianse de ser abominables en vicios [&#8230;]. No son capaces de doctrina ni castigo; son traidores, crueles y vengativos que nunca perdonan, son enemiac\u00edsimos de religi\u00f3n [&#8230;]. Son sucios, comen piojos y ara\u00f1as y gusanos crudos doquiera que los hallan; no tienen arte ni ma\u00f1a de hombres[16]<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n entre violencia e inhumanidad implica que el ind\u00edgena es parte de la naturaleza y, por tanto, es plausible de someterlo a la misma violencia para dominarlo y extraerle provecho, con lo que se puede justificar el etnocidio y el genocidio. Tal como tr\u00e1gica e impunemente ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde se debatir\u00e1 qu\u00e9 significa ser mestizo, lo que tambi\u00e9n tuvo diferentes respuestas. Si, en un comienzo, ser \u201cmestizo\u201d implicaba, por ejemplo, una categor\u00eda no muy definida en contraste con \u201cindio\u201d o \u201cespa\u00f1ol\u201d (que eran categor\u00edas mucho m\u00e1s espec\u00edficas), ya hacia el siglo XVIII ser mestizo aparece en los cuadros de castas como un elemento claramente identificable[17].<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, la categor\u00eda de mestizo ser\u00e1 continuamente una dificultad en la compleja clasificaci\u00f3n colonial, sobre todo por el continuo cambio en dicha condici\u00f3n: la pregunta constante ser\u00e1 \u00bfcu\u00e1ndo y d\u00f3nde es mestiza una persona?\u201941. Siguiendo a Rappaport, si el mestizo lo es en ciertas condiciones, puede ser en otras tambi\u00e9n un indio o incluso un espa\u00f1ol; entonces, ello no es una clasificaci\u00f3n perpetua, ni mucho menos biol\u00f3gica. Lo mismo ocurr\u00eda, por ejemplo, para el caso de algunos \u201cnegros\u201d esclavos que, una vez que lograban comprar su libertad, eran desde entonces renombrados como \u201cpardos\u201d.<\/p>\n<p>Este tr\u00e1nsito y movilidad de las categor\u00edas y denominaciones coloniales de clasificaci\u00f3n social son claramente incompatibles con la noci\u00f3n de \u201craza biol\u00f3gica\u201d o, al menos, no pueden significar, al mismo tiempo, una distinci\u00f3n racial biol\u00f3gica y una jur\u00eddico-pol\u00edtica. Ello se expresa, entre otras dimensiones, en la ya mencionada mutabilidad de la condici\u00f3n en cada una de las castas coloniales, opuesta a la perennidad de la distinci\u00f3n biol\u00f3gica de raza, que se articula m\u00e1s que en t\u00e9rminos de \u201crazas\u201d, en el de \u201ccastas\u201d: eje de una estructura imaginaria sobre los cuerpos mezclados.<\/p>\n<p>Asimismo, \u201ccasta\u201d era un concepto muy utilizado en los territorios coloniales, por diversos funcionarios y en distintos contextos. Como se observa en los cuadros de castas del siglo XVIII, la transformaci\u00f3n del linaje no sigue necesariamente una l\u00ednea hist\u00f3rica en t\u00e9rminos de la descendencia biol\u00f3gica. Un mestizo podr\u00eda convertirse en espa\u00f1ol. En este sentido, pareciera ser que la cuesti\u00f3n de las castas en la Am\u00e9rica colonial fue mucho m\u00e1s cercana a una teor\u00eda de las mezclas pict\u00f3ricas que a una teor\u00eda propiamente racial. De ah\u00ed que, si bien la cuesti\u00f3n del color es fundamental para poder concebir la idea de raza, tal caracter\u00edstica no llev\u00f3 aparejado el complejo compuesto de dimensiones que a la noci\u00f3n de raza se le atribuyen desde el siglo XIX y, quiz\u00e1s, fines del siglo XVIII. En los siglos XVI y XVII, el \u2018color\u2019 no era sin\u00f3nimo de \u2018raza\u2019, como tampoco lo era de \u2018sangre\u2019.<\/p>\n<p>Ser\u00e1, m\u00e1s bien, con el auge del cientificismo en los proyectos ilustrados y con el afianzamiento de una episteme de corte positivista, que la noci\u00f3n de raza adquirir\u00e1 la concepci\u00f3n biol\u00f3gica que hoy conocemos y que, aparentemente, Quijano atribuye tambi\u00e9n al per\u00edodo de dominaci\u00f3n colonial. En tal sentido, cabe muy bien discutir a este soci\u00f3logo ancashino sobre la pertinencia de sus an\u00e1lisis \u2014que muchas veces lindaron con el esoterismo en la politolog\u00eda peruana y latinoamericana \u2014, sostenidos en categor\u00edas extempor\u00e1neas, anacr\u00f3nicas, para realidades que les son ajenas. A lo que debe agreg\u00e1rsele el descuido de Quijano con la sem\u00e1ntica y la filolog\u00eda, peor a\u00fan si su preocupaci\u00f3n est\u00e1 m\u00e1s en la subjetividad que en la integralidad pr\u00e1ctica.<br \/>\nNo es una cuesti\u00f3n f\u00e1cil ni tampoco una discusi\u00f3n resuelta, en t\u00e9rminos del pensamiento social, pero s\u00ed parece fundamental reconocer la potencia del nombrar como una experiencia hist\u00f3rica y situada, y no parte de un movimiento extra o meta-hist\u00f3rico. De ah\u00ed que, para Isidro[18] Parraguez, esta preocupaci\u00f3n por c\u00f3mo se utilizan ciertas categor\u00edas hist\u00f3ricas, como la noci\u00f3n de \u201craza\u201d, se enmarca tambi\u00e9n en una cuesti\u00f3n mayor sobre la pertinencia y el arrastre de algunos preceptos que, para el momento de estudio que se utilizan, resultan absolutamente anacr\u00f3nicos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<br \/>\n[1] Para muchos genocidio seria un adjetivo muy duro, sin embargo, el exterminio de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena con la invasi\u00f3n europea es un hecho hist\u00f3rico incontestable. M\u00e1s all\u00e1 del exterminio en masa iniciado por Col\u00f3n, las muertes por enfermedades, por fatiga laboral provocada por el irrestricto uso de mano de obra ind\u00edgena esclava y la destrucci\u00f3n de la cultura originaria de estas comunidades, tambi\u00e9n son considerados genocidio que prosiguio hasta hoy. El racismo es la expresi\u00f3n simb\u00f3lica del genocidio, lo que ofrece respaldo para que la violencia se siga permitiendo.<br \/>\n[2] Extraemos de Howard Zinn: \u201cNos trajeron loros y bolas de algod\u00f3n, &#8211; escribi\u00f3 Col\u00f3n en su diario &#8211; langas y muchas otras cosas m\u00e1s que cambiaron por cuentas cascabeles de halc\u00f3n. No tuvieron ning\u00fan inconveniente en darnos todo lo que pose\u00edan&#8230; Eran de fuerte constituci\u00f3n, con cuerpos bien hechos hermosos rasgos&#8230; Al ense\u00f1arles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. Con cincuenta hombres los subyugar\u00edamos a todos, con ellos har\u00edamos lo que quisi\u00e9ramos\u201d. http:\/\/canarias-semanal.org\/art\/27281\/cristobal-colon-el-genocida-sin-escrupulos<br \/>\n[3] Bernardino de Sahag\u00fan, Historia general de las cosas de Nueva Espa\u00f1a, https:\/\/tuul.tv\/es\/cultura\/abusos-iglesia- cometio-sociedades-prehispanicas<br \/>\n[4] Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de M\u00e9xico, 2 tomos, M\u00e9xico, Editorial Delf\u00edn, Cl\u00e1sicos de Historia de<br \/>\nAm\u00e9rica, 1944.<br \/>\n[5] \u201cUna lectura materialista de la colonialidad\u201d, Revista Alternativas, Abril Trigo, The Ohio State University. https:\/\/<br \/>\nalternativas.osu.edu\/es\/issues\/autumn-2014\/essays2\/trigo.htm<br \/>\n[6] An\u00edbal Quijano, \u201cLo p\u00fablico y lo privado: un enfoque latinoamericano\u201d en Modernidad, Identidad y Utop\u00eda en Am\u00e9rica<br \/>\nLatina, Lima, Sociedad y Pol\u00edtica Ediciones, 2008, p-27.<br \/>\n[7] Mar\u00eda Lugones, \u201cColonialidad y g\u00e9nero\u201d, Tabula Rasa, n\u00fam. 9, julio-diciembre, 2008, pp. 73-101<br \/>\n[8] Breny Mendoza, La epistemolog\u00eda del sur la colonialidad de g\u00e9nero y el feminismo latinoamericano:<br \/>\nh t t p s : \/ \/ w w w . a c a d e m i a . e d u \/ 3 7 6 9 6 8 2 2 \/ Breny_Mendoza_La_epistemologia_del_sur_la_colonialidad_de_genero_y_el_feminismo_latinoamericano<br \/>\n[9] Carlos P\u00e9rez Soto, De la relaci\u00f3n entre Hegel y Marx y sus diferencias sobre el Estado de Derecho: file:\/\/\/Users\/imac\/ Desktop\/Argumentos_86.pdf.pdf<br \/>\n[10] ttps:\/\/www.cambridge.org\/core\/journals\/americas\/article\/cultural-studies-abril-trigo-crisis-y-transfiguracion-de-los- estudios-culturales-latinoamericanos-santiago-cuarto-propio-2012-pp-314-1243-paper\/<br \/>\n99BD0DC29F1A8160E192BC0A7640B30E; Alternativas 3, 2014. https:\/\/alternativas.osu.edu\/assets\/files\/Issue-3\/essays\/<br \/>\ntrigo.pdf<br \/>\n[11] Luis Mart\u00ednez-Andrade, \u201cLa reconfiguraci\u00f3n de la colonialidad del poder y la construcci\u00f3n del Estado-naci\u00f3n en<br \/>\nAm\u00e9rica Latina\u201d, Am\u00e9rique Latine Histoire et M\u00e9moire. Les Cahiers ALHIM, En l\u00ednea, 15, 2008, Publicado el 29 junio<br \/>\n2009, URL : http:\/\/journals.openedition.org\/alhim\/2878<br \/>\n[12] Joaqu\u00edn Miras. En Cazarabet conversa con\u2026 Joaqu\u00edn Miras, autor de Praxis pol\u00edtica y Estado republicano. Cr\u00edtica del republicanismo liberal: http:\/\/www.cazarabet.com\/conversacon\/fichas\/fichas1\/praxispolitica.htm<br \/>\n[13] Abril Trigo, \u201cUna lectura materialista de la colonialidad\u201d, https:\/\/alternativas.osu.edu\/es\/issues\/autumn-2014\/essays2\/<br \/>\ntrigo.htm<br \/>\n[14] Isidro Parraguez, \u201cNotas cr\u00edticas sobre el uso de la noci\u00f3n de raza en la \u2018colonialidad del poder\u2019 de An\u00edbal Quijano\u201d, Observatorio Latinoamericano y Caribe\u00f1o, A\u00f1o 2019, N\u00b0 3, file:\/\/\/Volumes\/KINGSTON\/3522-12110-1-PB.pdf.<br \/>\n[15] Lewis Hanke, Bartolom\u00e9 de las Casas, EUDEBA, Buenos Aires, 1968, p. 16. Citado por Oswaldo Albornoz Peralta, Justificaci\u00f3n de la conquista y dominaci\u00f3n de los ind\u00edgenas americanos, https:\/\/www.uv.es\/~pla\/solidaritat\/justconq.htm<br \/>\n[16] Palabras de fray Tom\u00e1s Ortiz registradas por Pedro M\u00e1rtir de Anglu\u00eda, D\u00e9cadas del Nuevo Mundo, 2v., S\u00e9ptima d\u00e9cada, escrita en 1524, M\u00e9xico, Jos\u00e9 Porr\u00faa e hijos, 1965, t. II, p. 609. Tomado de Miguel Le\u00f3n-Portilla, El indio vivo visto por los frailes en el siglo XVI. http:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0071-16752010000100012<br \/>\n[17] Araya, \u201c\u00bfCastas o razas?: imaginario sociopol\u00edtico y cuerpos mezclados en la Am\u00e9rica colonial. Una propuesta desde los cuadros de castas\u201d. Hilderman Cardona y Sandra Pedraza (Comp.), Al otro lado del cuerpo. Estudios biopol\u00edticos en Am\u00e9rica Latina, Universidad de los Andes\/Universidad de Medell\u00edn, Colombia, 2014 pp. 53-77.<br \/>\n[18] Rappaport, \u201cLetramiento y mestizaje en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII\u201d. Di\u00e1logo Andino, 46, 2015, pp. 9-26<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COLONIALIDAD DEL PODER Y LA NO CENTRALIDAD DE LA CLASIFICACI\u00d3N RACIAL. MARIATEGUI Y LA DESCOLONIZACI\u00d3N. 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