{"id":848,"date":"2007-11-30T00:00:00","date_gmt":"2007-11-30T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=848"},"modified":"2019-01-21T18:58:53","modified_gmt":"2019-01-21T18:58:53","slug":"las-cinco-dificultades-para-decir-la-verdad-1934","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=848","title":{"rendered":"Las cinco dificultades para decir la verdad (1934)"},"content":{"rendered":"<p>    <P><B>Las cinco dificultades para decir la verdad (1934) <BR><\/B><BR>por Bertolt Brecht <BR> <BR><BR><BR>El que quiera luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la ver\u00addad tendr\u00e1 que vencer por lo menos cinco dificultades. Tendr\u00e1 que tener el valor de escribir la verdad aunque se la desfigure por doquier; la inteligencia necesaria para descubrirla; el arte de hacerla manejable como un arma; el discernimiento indispensable para difundirla. <BR><BR>Tales dificultades son enormes para los que escriben bajo el fascismo, pero tambi\u00e9n para los exiliados y los expulsados, y para los que viven en las democracias burguesas. <BR><BR><BR>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1. El valor de escribir la verdad <BR><BR>Para mucha gente es evidente que el escritor deba escribir la verdad, es decir, no debe rechazarla, ocultarla, ni deformarla. No debe doblegarse ante los poderosos; no debe enga\u00f1ar a los d\u00e9biles. Pero es dif\u00edcil resistir a los poderosos y muy provechoso enga\u00f1ar a los d\u00e9biles. Incurrir en la desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello, se necesita mucho valor. <BR><BR>Cuando impera la represi\u00f3n m\u00e1s feroz gusta hablar de cosas grandes y nobles. Es entonces cuando se necesita valor para hablar de las cosas peque\u00f1as y vulgares, como la alimentaci\u00f3n y la vivienda de los obreros. Por doquier aparece la consigna: &ldquo;No hay pasi\u00f3n m\u00e1s noble que el amor al sacrificio&rdquo;. <BR><BR>En lugar de entonar ditirambos sobre el campesino hay que hablar de m\u00e1quinas y de abonos que facilitar\u00edan el trabajo que se ensalza. Cuando se clama por todas las antenas que el hombre inculto e ignorante es mejor que el hombre cultivado e instruido, hay que tener valor para plantearse el interrogante: \u00bfmejor para qui\u00e9n? Cuando se habla de razas perfectas y razas imperfectas, el valor est\u00e1 en decir: \u00bfes que el hambre, la ignorancia y la guerra no crean taras? <BR><BR>Tambi\u00e9n se necesita valor para decir la verdad sobre s\u00ed mismo cuando se es un vencido. Muchos perseguidos pierden la facultad de reconocer sus errores, la persecuci\u00f3n les parece la injusticia suprema; los verdugos persiguen, luego son malos; las v\u00edctimas se consideran perseguidas por su bondad. En realidad esa bondad ha sido vencida. Por consiguiente, era una bondad d\u00e9bil e impropia, una bondad incierta, pues no es justo pensar que la bondad implica la debilidad, como la lluvia la humedad. Decir que los buenos fueron vencidos no porque eran buenos sino porque eran d\u00e9biles requiere cierto valor. <BR><BR>Escribir la verdad es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y ambiguo, pues son estas las brechas por donde se desliza la mentira. El mentiroso se reconoce por su afici\u00f3n a las generalidades, como el hombre ver\u00eddico por su vocaci\u00f3n a las cosas pr\u00e1cticas, reales, tangibles. No se necesita un gran valor para deplorar en general la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad ni para anunciar con estruendo el triunfo del esp\u00edritu en pa\u00edses donde \u00e9ste es todav\u00eda concebible. Muchos se creen apuntados por ca\u00f1ones cuando solamente gemelos de teatro se orientan hacia ellos. Formulan reclamaciones generales en un mundo de amigos inofensivos y reclaman una justicia general por la que no han combatido nunca. Tambi\u00e9n reclaman una libertad general: la de seguir percibiendo su parte habitual del bot\u00edn. En s\u00edntesis, s\u00f3lo admiten una verdad: la que les suena bien. <BR><BR>Pero si la verdad se presenta bajo una forma seca, en cifras y en hechos, y exige ser confirmada, ya no sabr\u00e1n qu\u00e9 hacer. Tal verdad no les exalta. Del hombre veraz s\u00f3lo tienen la apariencia. Su gran desgracia es que no conocen la verdad. <BR><BR><BR>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 2. La inteligencia necesaria para descubrir la verdad <BR><BR>Tampoco es f\u00e1cil descubrir la verdad. Por lo menos la que es fecunda. As\u00ed, seg\u00fan opini\u00f3n general, los grandes Estados caen uno tras otro en la barbarie extrema. Una guerra intestina que se desarrolla implacablemente puede degenerar en cualquier momento en un conflicto generalizado que convertir\u00eda nuestro continente en un mont\u00f3n de ruinas. Evidentemente, se trata de verdades. No puede negarse que llueve hacia abajo: numerosos poetas escriben verdades de este g\u00e9nero. Son como el pintor que cubr\u00eda de frescos las paredes de un barco que se estaba hundiendo. El haber resuelto nuestra primera dificultad les procura una cierta dificultad de conciencia. Es cierto que no se dejan enga\u00f1ar por los poderosos, pero \u00bfescuchan los gritos de los torturados? No; pintan im\u00e1genes. Esta actitud absurda les sume en un profundo desconcierto, del que no dejan de sacar provecho; en su lugar otros buscar\u00edan las causas. No crea que es cosa f\u00e1cil distinguir sus verdades de las vulgaridades referentes a la lluvia; al principio parecen importantes, pues la operaci\u00f3n art\u00edstica consiste precisamente en dar importancia a algo, pero hay que mirar la cosa de cerca: se dar\u00e1n cuenta de que no dejan de decir: no puede impedirse que llueva hacia abajo. <BR><BR>Tambi\u00e9n, est\u00e1n los que por falta de conocimientos no llegan a la verdad y, sin embargo, distinguen las tareas urgentes y no temen a los poderosos ni a la miseria. Pero viven de antiguas supersticiones, de axiomas c\u00e9lebres a ve\u00adces muy bellos. Para ellos el mundo es demasiado complicado: se contentan con conocer los hechos e ignorar las relaciones que existen entre ellos. <BR><BR>Me permito decir a todos los escritores de esta \u00e9poca confusa y rica en transformaciones que hay que conocer el materialismo dial\u00e9ctico, la econom\u00eda y la historia. Tales conocimientos se adquieren en los libros y en la pr\u00e1ctica si no falta la necesaria aplicaci\u00f3n. Es muy sencillo descubrir fragmentos de ver\u00addad e, incluso, verdades enteras. El que busca necesita un m\u00e9todo, pero puede encontrarse sin m\u00e9todo, o sin objeto que buscar, inclusive. Sin embargo, ciertos procedimientos pueden dificultar la explicaci\u00f3n de la verdad: los que la lean ser\u00e1n incapaces de transformar esa verdad en acci\u00f3n. Los escritores que se contentan con acumular peque\u00f1os hechos no sirven para hacer manejables las cosas de este mundo. Pues bien, la verdad no tiene otra ambici\u00f3n. Por consiguiente, esos escritores no est\u00e1n a la altura de su misi\u00f3n. <BR><BR><BR>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 3. El arte de hacer la verdad manejable como arma <BR><BR>La verdad debe decirse pensando en sus consecuencias sobre la conducta de los que la reciben. <BR><BR>Hay verdades sin consecuencias pr\u00e1cticas; por ejemplo, esa opini\u00f3n tan extendida sobre la barbarie: el fascismo ser\u00eda debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios pa\u00edses, como una plaga natural. As\u00ed, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habr\u00eda nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mi, el fascismo es una fase hist\u00e9rica del capitalismo y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un pa\u00eds fascista, el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, bajo su forma m\u00e1s cruda, m\u00e1s insolente, m\u00e1s opresiva, m\u00e1s enga\u00f1osa. <BR><BR>Entonces, \u00bfde qu\u00e9 sirve decir la verdad sobre el fascismo -que se conde\u00adna- si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este g\u00e9nero no reporta ninguna utilidad pr\u00e1ctica. <BR><BR>Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo. <BR><BR>Los dem\u00f3cratas burgueses condenan con \u00e9nfasis los m\u00e9todos b\u00e1rbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que \u00e9stos olvidan que tales m\u00e9todos se practican tambi\u00e9n en sus propios pa\u00edses. <BR><BR>Ciertos pa\u00edses logran todav\u00eda conservar sus formas de propiedad gracias a medios menos violentos que otros. Sin embargo, los monopolios capitalistas originan por doquier condiciones b\u00e1rbaras en las f\u00e1bricas, en las minas y en los campos. Pero mientras que las democracias burguesas garantizan a los capitalistas, sin el recurso de la violencia, la posesi\u00f3n de los medios de producci\u00f3n, la barbarie se reconoce en que los monopolios s\u00f3lo pueden ser defendidos por la violencia declarada. <BR><BR>Ciertos pa\u00edses no tienen necesidad, para mantener sus monopolios b\u00e1rbaros, de destruir la legalidad instituida, ni su confort cultural (filosof\u00eda, arte, literatura); de ah\u00ed que acepten perfectamente escuchar a los exiliados alemanes estigmatizar su propio r\u00e9gimen por haber destruido esas comodidades. A sus ojos es un argumento suplementario en favor de la guerra. <BR><BR>\u00bfPuede decirse que respetan la verdad los que gritan: &ldquo;Guerra sin cuartel a Alemania, que es hoy la verdadera patria del mal, la oficina del infierno, el trono del anticristo&rdquo;? No. Los que as\u00ed gritan son tontos, impotentes gentes peligrosas. Sus discursos tienden a la destrucci\u00f3n de un pa\u00eds, de un pa\u00eds entero con todos sus habitantes, pues los gases asfixiantes no perdonan a los inocentes. <BR><BR>Los que ignoran la verdad se expresan de un modo superficial, general e impreciso. Peroran sobre el &ldquo;alem\u00e1n&rdquo;, estigmatizan el &ldquo;mal&rdquo;, y sus auditorios se interrogan: \u00bfdebemos dejar de ser alemanes? \u00bfBastar\u00e1 con que seamos buenos para que el infierno desaparezca? Cuando manejan sus t\u00f3picos sobre la barbarie salida de la barbarie resultan impotentes para suscitar la acci\u00f3n. En realidad no se dirigen a nadie. Para terminar con la barbarie se contentan con predicar la mejora de las costumbres mediante el desarrollo de la cultura. Eso equivale a limitarse a aislar algunos eslabones en la cadena de las causas y a considerar como potencias irremediables ciertas fuerzas determinantes, mientras que se dejan en la oscuridad las fuerzas que preparan las cat\u00e1strofes. Un poco de luz y los verdaderos responsables de las cat\u00e1strofes aparecen claramente: los hombres. Vivimos una \u00e9poca en que el destino del hombre es el hombre. <BR><BR>El fascismo no es una plaga que tendr\u00eda su origen en la &ldquo;naturaleza&rdquo; del hombre. Por lo dem\u00e1s, es un modo de presentar las cat\u00e1strofes naturales que restituyen al hombre su dignidad porque se dirigen a su fuerza combativa. <BR><BR>El que quiera describir el fascismo y la guerra -grandes desgracias, pero no calamidades &ldquo;naturales&rdquo;- debe hablar un lenguaje pr\u00e1ctico: mostrar que esas desgracias son un efecto de la lucha de clases; poseedores de medios de producci\u00f3n contra masas obreras. Para presentar ver\u00eddicamente un estado de cosas nefasto, mostrar que tiene causas remediables. Cuando se sabe que la desgracia tiene un remedio, es posible combatirla. <BR><BR><BR>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 4. C\u00f3mo saber a qui\u00e9n confiar la verdad <BR><BR>Un h\u00e1bito secular, propio del comercio de la cosa escrita, hace que el escritor no se ocupe de la difusi\u00f3n de sus obras. Se figura que su editor, u otro intermediario, las distribuye a todo el mundo, y se dice: yo hablo y los que quieren entenderme me entienden. En la realidad, el escritor habla y los que pueden pagar le entienden. Sus palabras jam\u00e1s llegan a todos, y los que las escuchan no quieren entenderlo todo. <BR><BR>Sobre esto se han dicho ya muchas cosas, pero no las suficientes. Transformar la &ldquo;acci\u00f3n de escribir a alguien&rdquo; en &ldquo;acto de escribir&rdquo; es algo que me parece grave y nocivo. La verdad no puede ser simplemente escrita; hay que escribirla a alguien. A alguien que sepa utilizarla. Los escritores y los lectores descubren la verdad juntos. <BR><BR>Para ser revelado, el bien s\u00f3lo necesita ser bien escuchado, pero la verdad debe ser dicha con astucia y comprendida del mismo modo. Para nosotros, escrito\u00adres, es importante saber a qui\u00e9n la decimos y qui\u00e9n nos la dice; a los que viven en condiciones intolerables debemos decirles la verdad sobre esas condiciones, y esa verdad debe venirnos de ellos. No nos dirijamos solamente a las gentes de un solo sector: hay otros que evolucionan y se hacen susceptibles de entendernos. Hasta los verdugos son accesibles, con tal que comiencen a temer por sus vidas. Los campesinos de Baviera, que se opon\u00edan a todo cambio de r\u00e9gimen, se hicieron permeables a las ideas revolucionarias cuando vieron que sus hijos, al volver de una larga guerra, quedaban reducidos al paro forzoso. <BR><BR>La verdad tiene un tono. Nuestro deber es encontrarlo. Ordinariamente se adopta un tono suave y dolorido: &ldquo;yo soy incapaz de hacer da\u00f1o a una mosca&rdquo;. Esto tiene la virtud de hundir en la miseria a quien lo escucha. No trataremos como enemigos a quienes emplean este tono, pero no podr\u00e1n ser nuestros compa\u00f1eros de lucha. La verdad es de naturaleza guerrera, y no s\u00f3lo es enemiga de la mentira, sino de los embusteros. <BR><BR><BR>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 5. Proceder con astucia para difundir la verdad <BR><BR>Orgullosos de su valor para escribir la verdad, contentos de haberla descubierto, cansados sin duda de los esfuerzos que supone el hacerla operante, algunos esperan impacientes que sus lectores la disciernan. De ah\u00ed que les parezca vano proceder con astucia para difundir la verdad. <BR><BR>Confucio alter\u00f3 el texto de un viejo almanaque popular cambiando algunas palabras: en lugar de escribir &ldquo;el maestro Kun hizo matar al fil\u00f3sofo Wan&rdquo;, escribi\u00f3: &ldquo;el maestro Kun hizo asesinar al fil\u00f3sofo Wan&rdquo;. En el pasaje donde se hablaba de la muerte del tirano Sundso, &ldquo;muerto en un atentado&rdquo;, reemplaz\u00f3 la palabra &ldquo;muerto&rdquo; por &ldquo;ejecutado&rdquo;, abriendo la v\u00eda a una nueva concepci\u00f3n de la historia. <BR><BR>El que en la actualidad reemplaza &ldquo;pueblo&rdquo; por &ldquo;poblaci\u00f3n&rdquo;, y &ldquo;tierra&rdquo; por &ldquo;propiedad rural&rdquo;, se niega ya a acreditar algunas mentiras, privando a algunas palabras de su magia. La palabra &ldquo;pueblo&rdquo; implica una unidad fundada en intereses comunes; s\u00f3lo habr\u00eda que emplearla en plural, puesto que \u00fanica\u00admente existen &ldquo;intereses comunes&rdquo; entre varios pueblos. La &ldquo;poblaci\u00f3n&rdquo; de una misma regi\u00f3n tiene intereses diversos e incluso antag\u00f3nicos. Esta verdad no debe ser olvidada. Del mismo modo, el que dice &ldquo;la tierra&rdquo;, personifican\u00addo sus encantos, extasi\u00e1ndose ante su perfume y su colorido, favorece las mentiras de la clase dominante. Al fin y al cabo, \u00a1qu\u00e9 importa la fecundidad de la tierra, el amor del hombre por ella y su infatigable ardor al trabajarla!: lo que importa es el precio del trigo y el precio del trabajo. El que saca provecho de la tierra no es nunca el que recoge el trigo y &ldquo;el gesto augusto del sembrador&rdquo; no se cotiza en Bolsa. El t\u00e9rmino justo es &ldquo;propiedad rural&rdquo;. <BR><BR>Cuando reina la opresi\u00f3n, no hablemos de &ldquo;disciplina&rdquo;, sino de &ldquo;sumisi\u00f3n&rdquo; pues la disciplina excluye la existencia de una clase dominante. Del mismo modo, el vocablo &ldquo;dignidad&rdquo; vale m\u00e1s que la palabra &ldquo;honor&rdquo;, pues tiene m\u00e1s en cuenta al hombre. Todos sabemos qu\u00e9 clase de gente se precipita para tener la ventaja de defender el &ldquo;honor&rdquo; de un pueblo, y con qu\u00e9 liberalidad los ricos distribuyen el &ldquo;honor&rdquo; a los que trabajan para enriquecerlos. <BR><BR>La astucia de Confucio es utilizable tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas, tambi\u00e9n la de Tom\u00e1s Moro. Este \u00faltimo describi\u00f3 un pa\u00eds ut\u00f3pico id\u00e9ntico a la Inglaterra de aquella \u00e9poca, pero en el que las injusticias se presentaban como costumbres admitidas por todo el mundo. <BR><BR>Cuando Lenin, perseguido por la polic\u00eda del Zar, quiso dar una idea de la explotaci\u00f3n de Sajal\u00edn por la burgues\u00eda rusa, sustituy\u00f3 Rusia por Jap\u00f3n y Sajal\u00edn por Corea. La identidad de las dos burgues\u00edas era evidente, pero como Rusia estaba en guerra con Jap\u00f3n la censura dej\u00f3 pasar el trabajo de Lenin. <BR><BR>Hay una infinidad de astucias posibles para enga\u00f1ar a un Estado receloso. Voltaire luch\u00f3 contra las supersticiones religiosas de su tiempo escribiendo la historia galante de &ldquo;La Doncella de Orleans&rdquo;: describiendo en un bello estilo aventuras galantes sacadas de la vida de los grandes. Voltaire llev\u00f3 a \u00e9stos a abandonar la religi\u00f3n (que hasta entonces ten\u00edan por cauci\u00f3n de su vida disoluta). De repente, se hicieron los propagadores celosos de las obras de Voltaire y ridiculizaron a la polic\u00eda que defend\u00eda sus privilegios. La actitud de los grandes permiti\u00f3 la difusi\u00f3n il\u00edcita de las ideas del escritor entre el p\u00fablico burgu\u00e9s, hacia el que precisamente apuntaba Voltaire. <BR><BR>Dec\u00eda Lucrecio que contaba con la belleza de sus versos para la propagaci\u00f3n de su ate\u00edsmo epic\u00fareo. Las virtudes literarias de una obra pueden favorecer su difusi\u00f3n clandestina, pero hay que reconocer que a veces suscitan m\u00faltiples sospechas. De ah\u00ed, la necesidad de descuidarlas deliberadamente en ciertas ocasiones. Tal ser\u00eda el caso, por ejemplo, si se introdujera en una novela polic\u00edaca -g\u00e9nero literario desacreditado- la descripci\u00f3n de condiciones sociales intolerables. A mi modo de ver, esto justificar\u00eda completamente la novela polic\u00edaca. <BR><BR>En la obra de Shakespeare puede encontrarse un modelo de verdad propaga\u00adda por la astucia: el discurso de Antonio ante el cad\u00e1ver de C\u00e9sar. Afirmando constantemente la respetabilidad de Bruto, cuenta su crimen, y la pintura que hace de \u00e9l es mucho m\u00e1s aleccionadora que la del criminal. Dej\u00e1ndose domi\u00adnar por los hechos, Antonio saca de ellos su fuerza de convicci\u00f3n mucho m\u00e1s que de su propio juicio. <BR><BR>Jonathan Swift propuso en un panfleto que los ni\u00f1os de los pobres fueran puestos a la venta en las carnicer\u00edas para que reinara la abundancia en el pa\u00eds. Despu\u00e9s de efectuar c\u00e1lculos minuciosos, el c\u00e9lebre escritor prob\u00f3 que podr\u00edan realizarse econom\u00edas importantes llevando la l\u00f3gica hasta el fin. Swift jugaba al monstruo. Defend\u00eda con pasi\u00f3n absolutista algo que odiaba. Era una manera de denunciar la ignominia. Cualquiera pod\u00eda encontrar una soluci\u00f3n m\u00e1s sensata que la suya o, al menos, m\u00e1s\/\/humana, sobre todo, aque\u00adllos que no hab\u00edan comprendido a d\u00f3nde conduc\u00eda este tipo de razonamiento. <BR><BR>Militar a favor del pensamiento, sea cual fuere la forma que \u00e9ste adopte, sirve la causa de los oprimidos. En efecto, los gobernantes al servicio de los explotadores consideran el pensamiento como algo despreciable. Para ellos, lo que es \u00fatil para los pobres es pobre. La obsesi\u00f3n que estos \u00faltimos tienen por comer, por satisfacer su hambre, es baja. Es bajo menospreciar los honores militares cuando se goza de este favor inestimable: batirse por un pa\u00eds cuan\u00addo se muere de hambre. Es bajo dudar de un jefe que os conduce a la desgra\u00adcia. El horror al trabajo que no alimenta al que lo efect\u00faa es asimismo una cosa baja, y baja tambi\u00e9n la protesta contra la locura que se impone y la indiferencia por una familia que no aporta nada. Se suele tratar a los ham\u00adbrientos como gentes voraces y sin ideal, de cobardes a los que no tienen confianza en sus opresores, de derrotistas a los que no creen en la fuerza, de vagos a los que pretenden ser pagados por trabajar, etc\u00e9tera. Bajo semejante r\u00e9gi\u00admen, pensar es una actividad sospechosa y desacreditada. \u00bfD\u00f3nde ir para aprender a pensar? A todos los lugares donde impera la represi\u00f3n. <BR><BR>Sin embargo, el pensamiento triunfa todav\u00eda en ciertos dominios en que re\u00adsulta indispensable para la dictadura, en el arte de la guerra, por ejemplo, y en la utilizaci\u00f3n de las t\u00e9cnicas. Resulta indispensable pensar para remediar, mediante la invenci\u00f3n de tejidos &ldquo;ersatz&rdquo;, la penuria de lana. Para explicar la mala calidad de los productos alimenticios o la militarizaci\u00f3n de la juven\u00adtud no es posible renunciar al pensamiento. Pero recurriendo a la astucia puede evitarse el elogio de la guerra, al que nos incitan los nuevos maestros del pensamiento. As\u00ed, la cuesti\u00f3n \u00bfc\u00f3mo orientar la guerra? lleva a la pregunta: \u00bfvale la pena hacer la guerra? Lo que equivale a preguntar: \u00bfc\u00f3mo evitar la guerra in\u00fatil? Evidentemente, no es f\u00e1cil plantear esta cuesti\u00f3n en p\u00fablico hoy. Pero \u00bfquiere decir esto que haya que renunciar a dar eficacia a la ver\u00addad? Evidentemente no. <BR><BR>Si en nuestra \u00e9poca es posible que un sistema de opresi\u00f3n permita a una minor\u00eda explotar a la mayor\u00eda, la raz\u00f3n reside en una cierta complicidad de la poblaci\u00f3n, complicidad que se extiende a todos los dominios. Una complici\u00addad an\u00e1loga, pero orientada en sentido contrario, puede arruinar el sistema. Por ejemplo, los descubrimientos biol\u00f3gicos de Darwin eran susceptibles de poner en peligro todo el sistema, pero solamente la Iglesia se inquiet\u00f3. La polic\u00eda no ve\u00eda en ello nada nocivo. Los \u00faltimos descubrimientos f\u00edsicos im\u00adplican consecuencias de orden filos\u00f3fico que podr\u00edan poner en tela de juicio los dogmas irracionales que utiliza la opresi\u00f3n. Las investigaciones de Hegel en el dominio de la l\u00f3gica facilitaron a los cl\u00e1sicos de la revoluci\u00f3n proleta\u00adria, Marx y Lenin, m\u00e9todos de un valor inestimable. Las ciencias son solida\u00adrias entre s\u00ed, pero su desarrollo es desigual seg\u00fan los dominios; el Estado es incapaz de controlarlos todos. As\u00ed, los pioneros de la verdad pueden encon\u00adtrar terrenos de investigaci\u00f3n relativamente poco vigilados. Lo importante es ense\u00f1ar el buen m\u00e9todo, que exige que se interrogue a toda cosa a prop\u00f3sito de sus caracteres transitorios y variables. Los dirigentes odian las transfor\u00admaciones: desear\u00edan que todo permaneciese inm\u00f3vil, de ser posible durante un milenio: que la Luna se detuviera y el Sol interrumpiera su carrera. Entonces, nadie tendr\u00eda hambre ni reclamar\u00eda alimentos. Nadie responder\u00eda cuando ellos abrieran fuego; su salva ser\u00eda necesariamente la \u00faltima. <BR><BR>Subrayar el car\u00e1cter transitorio de las cosas equivale a ayudar a los oprimidos. No olvidemos jam\u00e1s recordar al vencedor que toda situaci\u00f3n contiene una contradicci\u00f3n susceptible de tomar vastas proporciones. Semejante m\u00e9todo -la dial\u00e9ctica, ciencia del movimiento de las cosas- puede ser aplicado al examen de materias como Biolog\u00eda y Qu\u00edmica, que escapan al control de los poderosos, pero nada impide que se aplique al estudio de la familia; no se corre el riesgo de suscitar la atenci\u00f3n. Cada cosa depende de una infinidad de otras que cambian sin cesar; esta verdad es peligrosa para las dictaduras. Pues bien, hay mil maneras de utilizarla en las mismas narices de la polic\u00eda. Los gobernantes que conducen a los hombres a la miseria quieren evitar a todo precio que, en la miseria, se piense en el gobierno. De ah\u00ed que hablen de destino. Es al destino, y no al gobierno, al que atribuyen la responsabilidad de las deficiencias del r\u00e9gimen. Y si alguien pretende llegar a las causas de estas insuficiencias, se le detiene antes de que llegue al gobierno. <BR><BR>En general, es posible reclinar los lugares comunes sobre el Destino y demostrar que el hombre se forja su propio destino. Ah\u00ed est\u00e1 el ejemplo de esa granja islandesa sobre la que pesaba una maldici\u00f3n. La mujer se hab\u00eda arrojado al agua, el hombre se hab\u00eda ahorcado. Un d\u00eda, el hijo se cas\u00f3 con una joven que aportaba como dote algunas hect\u00e1reas de tierra. De golpe, se acab\u00f3 la maldici\u00f3n. En la aldea se interpret\u00f3 el acontecimiento de diversos modos. Unos lo atribuyeron al natural alegre de la joven; otros, a la dote, que permit\u00eda, al fin, a los propietarios de la granja comenzar sobre nuevas bases. Incluso, un poeta que describe un paisaje puede servir a la causa de los oprimidos si incluye en la descripci\u00f3n alg\u00fan detalle relacionado con el trabajo de los hombres. En resumen: importa emplear la astucia para difundir la verdad. <BR><BR><BR>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Conclusi\u00f3n <BR><BR>La gran verdad de nuestra \u00e9poca -conocerla no es todo, pero ignorarla equi\u00advale a impedir el descubrimiento de cualquier otra verdad importante- es \u00e9sta: nuestro continente se hunde en la barbarie porque la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n se mantiene por la violencia. \u00bfDe qu\u00e9 sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice clara\u00admente por qu\u00e9? Los que torturan lo hacen por conservar la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n. Ciertamente, esta afirmaci\u00f3n nos har\u00e1 perder muchos amigos: todos los que, estigmatizando la tortura, creen que no es indispensable para el mantenimiento de las formas actuales de propiedad. <BR><BR>Digamos la verdad sobre las condiciones b\u00e1rbaras que reinan en nuestro pa\u00eds; as\u00ed ser\u00e1 posible suprimirlas, es decir, cambiar las actuales relaciones de producci\u00f3n. Dig\u00e1moslo a los que sufren del \/statu quo \/y que, por consiguiente, tienen m\u00e1s inter\u00e9s en que se modifique: a los trabajadores, a los aliados posibles de la clase obrera, a los que colaboran en este estado de cosas sin poseer los medios de producci\u00f3n. <BR><BR><BR> <\/P>  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P>Las cinco dificultades para decir la verdad (1934) por Bertolt Brecht  El que quiera luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la ver&shy;dad tendr&aacute; que vencer por lo menos cinco dificultades. Tendr&aacute; que tener el valor de escribir la verdad aunque se la desfigure por doquier; la inteligencia necesaria para descubrirla; el arte de hacerla manejable como un arma; el discernimiento indispensable para difundirla. Tales dificultades son enormes para los que escriben bajo el fascismo, pero tambi&eacute;n para los exiliados y los expulsados, y para los que viven en las democracias burguesas.        1. El valor de escribir la verdad Para mucha gente es evidente que el escritor deba escribir la verdad, es decir, no debe rechazarla, ocultarla, ni deformarla. No debe doblegarse ante los poderosos; no debe enga&ntilde;ar a los d&eacute;biles. Pero es dif&iacute;cil resistir a los poderosos y muy provechoso enga&ntilde;ar a los d&eacute;biles. Incurrir en la desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello, se necesita mucho valor. Cuando impera la represi&oacute;n m&aacute;s feroz gusta hablar de cosas grandes y nobles. Es entonces cuando se necesita valor para hablar de las cosas peque&ntilde;as y vulgares, como la alimentaci&oacute;n y la vivienda de los obreros. Por doquier aparece la consigna: &ldquo;No hay pasi&oacute;n m&aacute;s noble que el amor al sacrificio&rdquo;. En lugar de entonar ditirambos sobre el campesino hay que hablar de m&aacute;quinas y de abonos que facilitar&iacute;an el trabajo que se ensalza. Cuando se clama por todas las antenas que el hombre inculto e ignorante es mejor que el hombre cultivado e instruido, hay que tener valor para plantearse el interrogante: &iquest;mejor para qui&eacute;n? Cuando se habla de razas perfectas y razas imperfectas, el valor est&aacute; en decir: &iquest;es que el hambre, la ignorancia y la guerra no crean taras? Tambi&eacute;n se necesita valor para decir la verdad sobre s&iacute; mismo cuando se es un vencido. Muchos perseguidos pierden la facultad de reconocer sus errores, la persecuci&oacute;n les parece la injusticia suprema; los verdugos persiguen, luego son malos; las v&iacute;ctimas se consideran perseguidas por su bondad. En realidad esa bondad ha sido vencida. Por consiguiente, era una bondad d&eacute;bil e impropia, una bondad incierta, pues no es justo pensar que la bondad implica la debilidad, como la lluvia la humedad. Decir que los buenos fueron vencidos no porque eran buenos sino porque eran d&eacute;biles requiere cierto valor. Escribir la verdad es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y ambiguo, pues son estas las brechas por donde se desliza la mentira. El mentiroso se reconoce por su afici&oacute;n a las generalidades, como el hombre ver&iacute;dico por su vocaci&oacute;n a las cosas pr&aacute;cticas, reales, tangibles. No se necesita un gran valor para deplorar en general la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad ni para anunciar con estruendo el triunfo del esp&iacute;ritu en pa&iacute;ses donde &eacute;ste es todav&iacute;a concebible. Muchos se creen apuntados por ca&ntilde;ones cuando solamente gemelos de teatro se orientan hacia ellos. Formulan reclamaciones generales en un mundo de amigos inofensivos y reclaman una justicia general por la que no han combatido nunca. Tambi&eacute;n reclaman una libertad general: la de seguir percibiendo su parte habitual del bot&iacute;n. En s&iacute;ntesis, s&oacute;lo admiten una verdad: la que les suena bien. Pero si la verdad se presenta bajo una forma seca, en cifras y en hechos, y exige ser confirmada, ya no sabr&aacute;n qu&eacute; hacer. Tal verdad no les exalta. Del hombre veraz s&oacute;lo tienen la apariencia. Su gran desgracia es que no conocen la verdad.        2. La inteligencia necesaria para descubrir la verdad Tampoco es f&aacute;cil descubrir la verdad. Por lo menos la que es fecunda. As&iacute;, seg&uacute;n opini&oacute;n general, los grandes Estados caen uno tras otro en la barbarie extrema. Una guerra intestina que se desarrolla implacablemente puede degenerar en cualquier momento en un conflicto generalizado que convertir&iacute;a nuestro continente en un mont&oacute;n de ruinas. Evidentemente, se trata de verdades. No puede negarse que llueve hacia abajo: numerosos poetas escriben verdades de este g&eacute;nero. Son como el pintor que cubr&iacute;a de frescos las paredes de un barco que se estaba hundiendo. El haber resuelto nuestra primera dificultad les procura una cierta dificultad de conciencia. Es cierto que no se dejan enga&ntilde;ar por los poderosos, pero &iquest;escuchan los gritos de los torturados? No; pintan im&aacute;genes. Esta actitud absurda les sume en un profundo desconcierto, del que no dejan de sacar provecho; en su lugar otros buscar&iacute;an las causas. No crea que es cosa f&aacute;cil distinguir sus verdades de las vulgaridades referentes a la lluvia; al principio parecen importantes, pues la operaci&oacute;n art&iacute;stica consiste precisamente en dar importancia a algo, pero hay que mirar la cosa de cerca: se dar&aacute;n cuenta de que no dejan de decir: no puede impedirse que llueva hacia abajo. Tambi&eacute;n, est&aacute;n los que por falta de conocimientos no llegan a la verdad y, sin embargo, distinguen las tareas urgentes y no temen a los poderosos ni a la miseria. Pero viven de antiguas supersticiones, de axiomas c&eacute;lebres a ve&shy;ces muy bellos. Para ellos el mundo es demasiado complicado: se contentan con conocer los hechos e ignorar las relaciones que existen entre ellos. Me permito decir a todos los escritores de esta &eacute;poca confusa y rica en transformaciones que hay que conocer el materialismo dial&eacute;ctico, la econom&iacute;a y la historia. Tales conocimientos se adquieren en los libros y en la pr&aacute;ctica si no falta la necesaria aplicaci&oacute;n. Es muy sencillo descubrir fragmentos de ver&shy;dad e, incluso, verdades enteras. El que busca necesita un m&eacute;todo, pero puede encontrarse sin m&eacute;todo, o sin objeto que buscar, inclusive. Sin embargo, ciertos procedimientos pueden dificultar la explicaci&oacute;n de la verdad: los que la lean ser&aacute;n incapaces de transformar esa verdad en acci&oacute;n. Los escritores que se contentan con acumular peque&ntilde;os hechos no sirven para hacer manejables las cosas de este mundo. Pues bien, la verdad no tiene otra ambici&oacute;n. Por consiguiente, esos escritores no est&aacute;n a la altura de su misi&oacute;n.        3. El arte de hacer la verdad manejable como arma La verdad debe decirse pensando en sus consecuencias sobre la conducta de los que la reciben. Hay verdades sin consecuencias pr&aacute;cticas; por ejemplo, esa opini&oacute;n tan extendida sobre la barbarie: el fascismo ser&iacute;a debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios pa&iacute;ses, como una plaga natural. As&iacute;, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habr&iacute;a nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mi, el fascismo es una fase hist&eacute;rica del capitalismo y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un pa&iacute;s fascista, el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, bajo su forma m&aacute;s cruda, m&aacute;s insolente, m&aacute;s opresiva, m&aacute;s enga&ntilde;osa. Entonces, &iquest;de qu&eacute; sirve decir la verdad sobre el fascismo -que se conde&shy;na- si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este g&eacute;nero no reporta ninguna utilidad pr&aacute;ctica. Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo. Los dem&oacute;cratas burgueses condenan con &eacute;nfasis los m&eacute;todos b&aacute;rbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que &eacute;stos olvidan que tales m&eacute;todos se practican tambi&eacute;n en sus propios pa&iacute;ses. Ciertos pa&iacute;ses logran todav&iacute;a conservar sus formas de propiedad gracias a medios menos violentos que otros. Sin embargo, los monopolios capitalistas originan por doquier condiciones b&aacute;rbaras en las f&aacute;bricas, en las minas y en los campos. Pero mientras que las democracias burguesas garantizan a los capitalistas, sin el recurso de la violencia, la posesi&oacute;n de los medios de producci&oacute;n, la barbarie se reconoce en que los monopolios s&oacute;lo pueden ser defendidos por la violencia declarada. Ciertos pa&iacute;ses no tienen necesidad, para mantener sus monopolios b&aacute;rbaros, de destruir la legalidad instituida, ni su confort cultural (filosof&iacute;a, arte, literatura); de ah&iacute; que acepten perfectamente escuchar a los exiliados alemanes estigmatizar su propio r&eacute;gimen por haber destruido esas comodidades. A sus ojos es un argumento suplementario en favor de la guerra. &iquest;Puede decirse que respetan la verdad los que gritan: &ldquo;Guerra sin cuartel a Alemania, que es hoy la verdadera patria del mal, la oficina del infierno, el trono del anticristo&rdquo;? No. Los que as&iacute; gritan son tontos, impotentes gentes peligrosas. Sus discursos tienden a la destrucci&oacute;n de un pa&iacute;s, de un pa&iacute;s entero con todos sus habitantes, pues los gases asfixiantes no perdonan a los inocentes. Los que ignoran la verdad se expresan de un modo superficial, general e impreciso. Peroran sobre el &ldquo;alem&aacute;n&rdquo;, estigmatizan el &ldquo;mal&rdquo;, y sus auditorios se interrogan: &iquest;debemos dejar de ser alemanes? &iquest;Bastar&aacute; con que seamos buenos para que el infierno desaparezca? Cuando manejan sus t&oacute;picos sobre la barbarie salida de la barbarie resultan impotentes para suscitar la acci&oacute;n. En realidad no se dirigen a nadie. Para terminar con la barbarie se contentan con predicar la mejora de las costumbres mediante el desarrollo de la cultura. Eso equivale a limitarse a aislar algunos eslabones en la cadena de las causas y a considerar como potencias irremediables ciertas fuerzas determinantes, mientras que se dejan en la oscuridad las fuerzas que preparan las cat&aacute;strofes. Un poco de luz y los verdaderos responsables de las cat&aacute;strofes aparecen claramente: los hombres. Vivimos una &eacute;poca en que el destino del hombre es el hombre. El fascismo no es una plaga que tendr&iacute;a su origen en la &ldquo;naturaleza&rdquo; del hombre. Por lo dem&aacute;s, es un modo de presentar las cat&aacute;strofes naturales que restituyen al hombre su dignidad porque se dirigen a su fuerza combativa. El que quiera describir el fascismo y la guerra -grandes desgracias, pero no calamidades &ldquo;naturales&rdquo;- debe hablar un lenguaje pr&aacute;ctico: mostrar que esas desgracias son un efecto de la lucha de clases; poseedores de medios de producci&oacute;n contra masas obreras. Para presentar ver&iacute;dicamente un estado de cosas nefasto, mostrar que tiene causas remediables. Cuando se sabe que la desgracia tiene un remedio, es posible combatirla.        4. C&oacute;mo saber a qui&eacute;n confiar la verdad Un h&aacute;bito secular, propio del comercio de la cosa escrita, hace que el escritor no se ocupe de la difusi&oacute;n de sus obras. Se figura que su editor, u otro intermediario, las distribuye a todo el mundo, y se dice: yo hablo y los que quieren entenderme me entienden. En la realidad, el escritor habla y los que pueden pagar le entienden. Sus palabras jam&aacute;s llegan a todos, y los que las escuchan no quieren entenderlo todo. Sobre esto se han dicho ya muchas cosas, pero no las suficientes. Transformar la &ldquo;acci&oacute;n de escribir a alguien&rdquo; en &ldquo;acto de escribir&rdquo; es algo que me parece grave y nocivo. La verdad no puede ser simplemente escrita; hay que escribirla a alguien. A alguien que sepa utilizarla. Los escritores y los lectores descubren la verdad juntos. Para ser revelado, el bien s&oacute;lo necesita ser bien escuchado, pero la verdad debe ser dicha con astucia y comprendida del mismo modo. Para nosotros, escrito&shy;res, es importante saber a qui&eacute;n la decimos y qui&eacute;n nos la dice; a los que viven en condiciones intolerables debemos decirles la verdad sobre esas condiciones, y esa verdad debe venirnos de ellos. No nos dirijamos solamente a las gentes de un solo sector: hay otros que evolucionan y se hacen susceptibles de entendernos. Hasta los verdugos son accesibles, con tal que comiencen a temer por sus vidas. Los campesinos de Baviera, que se opon&iacute;an a todo cambio de r&eacute;gimen, se hicieron permeables a las ideas revolucionarias cuando vieron que sus hijos, al volver de una larga guerra, quedaban reducidos al paro forzoso. La verdad tiene un tono. Nuestro deber es encontrarlo. Ordinariamente se adopta un tono suave y dolorido: &ldquo;yo soy incapaz de hacer da&ntilde;o a una mosca&rdquo;. Esto tiene la virtud de hundir en la miseria a quien lo escucha. No trataremos como enemigos a quienes emplean este tono, pero no podr&aacute;n ser nuestros compa&ntilde;eros de lucha. La verdad es de naturaleza guerrera, y no s&oacute;lo es enemiga de la mentira, sino de los embusteros.        5. Proceder con astucia para difundir la verdad Orgullosos de su valor para escribir la verdad, contentos de haberla descubierto, cansados sin duda de los esfuerzos que supone el hacerla operante, algunos esperan impacientes que sus lectores la disciernan. De ah&iacute; que les parezca vano proceder con astucia para difundir la verdad. Confucio alter&oacute; el texto de un viejo almanaque popular cambiando algunas palabras: en lugar de escribir &ldquo;el maestro Kun hizo matar al fil&oacute;sofo Wan&rdquo;, escribi&oacute;: &ldquo;el maestro Kun hizo asesinar al fil&oacute;sofo Wan&rdquo;. En el pasaje donde se hablaba de la muerte del tirano Sundso, &ldquo;muerto en un atentado&rdquo;, reemplaz&oacute; la palabra &ldquo;muerto&rdquo; por &ldquo;ejecutado&rdquo;, abriendo la v&iacute;a a una nueva concepci&oacute;n de la historia. El que en la actualidad reemplaza &ldquo;pueblo&rdquo; por &ldquo;poblaci&oacute;n&rdquo;, y &ldquo;tierra&rdquo; por &ldquo;propiedad rural&rdquo;, se niega ya a acreditar algunas mentiras, privando a algunas palabras de su magia. La palabra &ldquo;pueblo&rdquo; implica una unidad fundada en intereses comunes; s&oacute;lo habr&iacute;a que emplearla en plural, puesto que &uacute;nica&shy;mente existen &ldquo;intereses comunes&rdquo; entre varios pueblos. La &ldquo;poblaci&oacute;n&rdquo; de una misma regi&oacute;n tiene intereses diversos e incluso antag&oacute;nicos. Esta verdad no debe ser olvidada. Del mismo modo, el que dice &ldquo;la tierra&rdquo;, personifican&shy;do sus encantos, extasi&aacute;ndose ante su perfume y su colorido, favorece las mentiras de la clase dominante. Al fin y al cabo, &iexcl;qu&eacute; importa la fecundidad de la tierra, el amor del hombre por ella y su infatigable ardor al trabajarla!: lo que importa es el precio del trigo y el precio del trabajo. El que saca provecho de la tierra no es nunca el que recoge el trigo y &ldquo;el gesto augusto del sembrador&rdquo; no se cotiza en Bolsa. El t&eacute;rmino justo es &ldquo;propiedad rural&rdquo;. Cuando reina la opresi&oacute;n, no hablemos de &ldquo;disciplina&rdquo;, sino de &ldquo;sumisi&oacute;n&rdquo; pues la disciplina excluye la existencia de una clase dominante. Del mismo modo, el vocablo &ldquo;dignidad&rdquo; vale m&aacute;s que la palabra &ldquo;honor&rdquo;, pues tiene m&aacute;s en cuenta al hombre. Todos sabemos qu&eacute; clase de gente se precipita para tener la ventaja de defender el &ldquo;honor&rdquo; de un pueblo, y con qu&eacute; liberalidad los ricos distribuyen el &ldquo;honor&rdquo; a los que trabajan para enriquecerlos. La astucia de Confucio es utilizable tambi&eacute;n en nuestros d&iacute;as, tambi&eacute;n la de Tom&aacute;s Moro. Este &uacute;ltimo describi&oacute; un pa&iacute;s ut&oacute;pico id&eacute;ntico a la Inglaterra de aquella &eacute;poca, pero en el que las injusticias se presentaban como costumbres admitidas por todo el mundo. Cuando Lenin, perseguido por la polic&iacute;a del Zar, quiso dar una idea de la explotaci&oacute;n de Sajal&iacute;n por la burgues&iacute;a rusa, sustituy&oacute; Rusia por Jap&oacute;n y Sajal&iacute;n por Corea. La identidad de las dos burgues&iacute;as era evidente, pero como Rusia estaba en guerra con Jap&oacute;n la censura dej&oacute; pasar el trabajo de Lenin. Hay una infinidad de astucias posibles para enga&ntilde;ar a un Estado receloso. Voltaire luch&oacute; contra las supersticiones religiosas de su tiempo escribiendo la historia galante de &ldquo;La Doncella de Orleans&rdquo;: describiendo en un bello estilo aventuras galantes sacadas de la vida de los grandes. Voltaire llev&oacute; a &eacute;stos a abandonar la religi&oacute;n (que hasta entonces ten&iacute;an por cauci&oacute;n de su vida disoluta). De repente, se hicieron los propagadores celosos de las obras de Voltaire y ridiculizaron a la polic&iacute;a que defend&iacute;a sus privilegios. La actitud de los grandes permiti&oacute; la difusi&oacute;n il&iacute;cita de las ideas del escritor entre el p&uacute;blico burgu&eacute;s, hacia el que precisamente apuntaba Voltaire. Dec&iacute;a Lucrecio que contaba con la belleza de sus versos para la propagaci&oacute;n de su ate&iacute;smo epic&uacute;reo. Las virtudes literarias de una obra pueden favorecer su difusi&oacute;n clandestina, pero hay que reconocer que a veces suscitan m&uacute;ltiples sospechas. De ah&iacute;, la necesidad de descuidarlas deliberadamente en ciertas ocasiones. Tal ser&iacute;a el caso, por ejemplo, si se introdujera en una novela polic&iacute;aca -g&eacute;nero literario desacreditado- la descripci&oacute;n de condiciones sociales intolerables. A mi modo de ver, esto justificar&iacute;a completamente la novela polic&iacute;aca. En la obra de Shakespeare puede encontrarse un modelo de verdad propaga&shy;da por la astucia: el discurso de Antonio ante el cad&aacute;ver de C&eacute;sar. Afirmando constantemente la respetabilidad de Bruto, cuenta su crimen, y la pintura que hace de &eacute;l es mucho m&aacute;s aleccionadora que la del criminal. Dej&aacute;ndose domi&shy;nar por los hechos, Antonio saca de ellos su fuerza de convicci&oacute;n mucho m&aacute;s que de su propio juicio. Jonathan Swift propuso en un panfleto que los ni&ntilde;os de los pobres fueran puestos a la venta en las carnicer&iacute;as para que reinara la abundancia en el pa&iacute;s. Despu&eacute;s de efectuar c&aacute;lculos minuciosos, el c&eacute;lebre escritor prob&oacute; que podr&iacute;an realizarse econom&iacute;as importantes llevando la l&oacute;gica hasta el fin. Swift jugaba al monstruo. Defend&iacute;a con pasi&oacute;n absolutista algo que odiaba. Era una manera de denunciar la ignominia. Cualquiera pod&iacute;a encontrar una soluci&oacute;n m&aacute;s sensata que la suya o, al menos, m&aacute;s\/\/humana, sobre todo, aque&shy;llos que no hab&iacute;an comprendido a d&oacute;nde conduc&iacute;a este tipo de razonamiento. Militar a favor del pensamiento, sea cual fuere la forma que &eacute;ste adopte, sirve la causa de los oprimidos. En efecto, los gobernantes al servicio de los explotadores consideran el pensamiento como algo despreciable. Para ellos, lo que es &uacute;til para los pobres es pobre. La obsesi&oacute;n que estos &uacute;ltimos tienen por comer, por satisfacer su hambre, es baja. Es bajo menospreciar los honores militares cuando se goza de este favor inestimable: batirse por un pa&iacute;s cuan&shy;do se muere de hambre. Es bajo dudar de un jefe que os conduce a la desgra&shy;cia. El horror al trabajo que no alimenta al que lo efect&uacute;a es asimismo una cosa baja, y baja tambi&eacute;n la protesta contra la locura que se impone y la indiferencia por una familia que no aporta nada. Se suele tratar a los ham&shy;brientos como gentes voraces y sin ideal, de cobardes a los que no tienen confianza en sus opresores, de derrotistas a los que no creen en la fuerza, de vagos a los que pretenden ser pagados por trabajar, etc&eacute;tera. Bajo semejante r&eacute;gi&shy;men, pensar es una actividad sospechosa y desacreditada. &iquest;D&oacute;nde ir para aprender a pensar? A todos los lugares donde impera la represi&oacute;n. Sin embargo, el pensamiento triunfa todav&iacute;a en ciertos dominios en que re&shy;sulta indispensable para la dictadura, en el arte de la guerra, por ejemplo, y en la utilizaci&oacute;n de las t&eacute;cnicas. Resulta indispensable pensar para remediar, mediante la invenci&oacute;n de tejidos &ldquo;ersatz&rdquo;, la penuria de lana. Para explicar la mala calidad de los productos alimenticios o la militarizaci&oacute;n de la juven&shy;tud no es posible renunciar al pensamiento. Pero recurriendo a la astucia puede evitarse el elogio de la guerra, al que nos incitan los nuevos maestros del pensamiento. As&iacute;, la cuesti&oacute;n &iquest;c&oacute;mo orientar la guerra? lleva a la pregunta: &iquest;vale la pena hacer la guerra? Lo que equivale a preguntar: &iquest;c&oacute;mo evitar la guerra in&uacute;til? Evidentemente, no es f&aacute;cil plantear esta cuesti&oacute;n en p&uacute;blico hoy. Pero &iquest;quiere decir esto que haya que renunciar a dar eficacia a la ver&shy;dad? Evidentemente no. Si en nuestra &eacute;poca es posible que un sistema de opresi&oacute;n permita a una minor&iacute;a explotar a la mayor&iacute;a, la raz&oacute;n reside en una cierta complicidad de la poblaci&oacute;n, complicidad que se extiende a todos los dominios. Una complici&shy;dad an&aacute;loga, pero orientada en sentido contrario, puede arruinar el sistema. Por ejemplo, los descubrimientos biol&oacute;gicos de Darwin eran susceptibles de poner en peligro todo el sistema, pero solamente la Iglesia se inquiet&oacute;. La polic&iacute;a no ve&iacute;a en ello nada nocivo. Los &uacute;ltimos descubrimientos f&iacute;sicos im&shy;plican consecuencias de orden filos&oacute;fico que podr&iacute;an poner en tela de juicio los dogmas irracionales que utiliza la opresi&oacute;n. Las investigaciones de Hegel en el dominio de la l&oacute;gica facilitaron a los cl&aacute;sicos de la revoluci&oacute;n proleta&shy;ria, Marx y Lenin, m&eacute;todos de un valor inestimable. Las ciencias son solida&shy;rias entre s&iacute;, pero su desarrollo es desigual seg&uacute;n los dominios; el Estado es incapaz de controlarlos todos. As&iacute;, los pioneros de la verdad pueden encon&shy;trar terrenos de investigaci&oacute;n relativamente poco vigilados. Lo importante es ense&ntilde;ar el buen m&eacute;todo, que exige que se interrogue a toda cosa a prop&oacute;sito de sus caracteres transitorios y variables. Los dirigentes odian las transfor&shy;maciones: desear&iacute;an que todo permaneciese inm&oacute;vil, de ser posible durante un milenio: que la Luna se detuviera y el Sol interrumpiera su carrera. Entonces, nadie tendr&iacute;a hambre ni reclamar&iacute;a alimentos. Nadie responder&iacute;a cuando ellos abrieran fuego; su salva ser&iacute;a necesariamente la &uacute;ltima. Subrayar el car&aacute;cter transitorio de las cosas equivale a ayudar a los oprimidos. No olvidemos jam&aacute;s recordar al vencedor que toda situaci&oacute;n contiene una contradicci&oacute;n susceptible de tomar vastas proporciones. Semejante m&eacute;todo -la dial&eacute;ctica, ciencia del movimiento de las cosas- puede ser aplicado al examen de materias como Biolog&iacute;a y Qu&iacute;mica, que escapan al control de los poderosos, pero nada impide que se aplique al estudio de la familia; no se corre el riesgo de suscitar la atenci&oacute;n. Cada cosa depende de una infinidad de otras que cambian sin cesar; esta verdad es peligrosa para las dictaduras. Pues bien, hay mil maneras de utilizarla en las mismas narices de la polic&iacute;a. Los gobernantes que conducen a los hombres a la miseria quieren evitar a todo precio que, en la miseria, se piense en el gobierno. De ah&iacute; que hablen de destino. Es al destino, y no al gobierno, al que atribuyen la responsabilidad de las deficiencias del r&eacute;gimen. Y si alguien pretende llegar a las causas de estas insuficiencias, se le detiene antes de que llegue al gobierno. En general, es posible reclinar los lugares comunes sobre el Destino y demostrar que el hombre se forja su propio destino. Ah&iacute; est&aacute; el ejemplo de esa granja islandesa sobre la que pesaba una maldici&oacute;n. La mujer se hab&iacute;a arrojado al agua, el hombre se hab&iacute;a ahorcado. Un d&iacute;a, el hijo se cas&oacute; con una joven que aportaba como dote algunas hect&aacute;reas de tierra. De golpe, se acab&oacute; la maldici&oacute;n. En la aldea se interpret&oacute; el acontecimiento de diversos modos. Unos lo atribuyeron al natural alegre de la joven; otros, a la dote, que permit&iacute;a, al fin, a los propietarios de la granja comenzar sobre nuevas bases. Incluso, un poeta que describe un paisaje puede servir a la causa de los oprimidos si incluye en la descripci&oacute;n alg&uacute;n detalle relacionado con el trabajo de los hombres. En resumen: importa emplear la astucia para difundir la verdad.        Conclusi&oacute;n La gran verdad de nuestra &eacute;poca -conocerla no es todo, pero ignorarla equi&shy;vale a impedir el descubrimiento de cualquier otra verdad importante- es &eacute;sta: nuestro continente se hunde en la barbarie porque la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n se mantiene por la violencia. &iquest;De qu&eacute; sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice clara&shy;mente por qu&eacute;? Los que torturan lo hacen por conservar la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n. Ciertamente, esta afirmaci&oacute;n nos har&aacute; perder muchos amigos: todos los que, estigmatizando la tortura, creen que no es indispensable para el mantenimiento de las formas actuales de propiedad. Digamos la verdad sobre las condiciones b&aacute;rbaras que reinan en nuestro pa&iacute;s; as&iacute; ser&aacute; posible suprimirlas, es decir, cambiar las actuales relaciones de producci&oacute;n. Dig&aacute;moslo a los que sufren del \/statu quo \/y que, por consiguiente, tienen m&aacute;s inter&eacute;s en que se modifique: a los trabajadores, a los aliados posibles de la clase obrera, a los que colaboran en este estado de cosas sin poseer los medios de producci&oacute;n.  <\/P><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-848","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/848","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=848"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/848\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=848"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=848"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=848"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}