{"id":872,"date":"2008-01-14T00:00:00","date_gmt":"2008-01-14T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=872"},"modified":"2020-02-26T06:55:04","modified_gmt":"2020-02-26T05:55:04","slug":"estoy-con-los-pobres-porque-ellos-escriben-las-canciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=872","title":{"rendered":"\u00abEstoy con los pobres porque ellos escriben las canciones\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><em>Entrevista a John Berger, escritor, pintor y cr\u00edtico de arte<\/em><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/\">La Jornada<\/a><\/p>\n<table>\n<tbody>\n<tr>\n<td>Incansable, a sus 81 a\u00f1os el intelectual lleg\u00f3 a M\u00e9xico desde su hogar, al pie del Montblanc, para participar en el homenaje a Andr\u00e9s Aubry. En su camino al sureste, el autor de G. visit\u00f3 su casa editorial en M\u00e9xico, La Jornada, para dejar algunas impresiones<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>Nunca pens\u00e9 que fuera tan accesible, tan c\u00e1lido, tan a nuestro alcance. En la soleada casa de la fil\u00f3sofa Fernanda Navarro (quien trat\u00f3 a Bertrand Russell), en la calle de Las Flores, Beverly y John Berger esperan el momento de irse a Chiapas a rendirle homenaje a Andr\u00e9s Aubry. Cre\u00ed que Berger era muy alto y no, \u00e9l y Beverly, su mujer, son de la misma altura y tienen el pelo blanco, bueno, ella no tanto. Como esas parejas que se aman, han ido pareci\u00e9ndose a lo largo de los a\u00f1os y Beverly lo escucha sin pesta\u00f1ear como si todo fuera nuevo para ella. Lo escucha con una intensidad de l\u00e1mpara votiva.<\/p>\n<p>Aunque apenas descendieron del avi\u00f3n, la pareja no experimenta el <i>jet lag<\/i> ni dicen sentirse cansados. A los 81 a\u00f1os, John Berger guarda una fuerza y una energ\u00eda envidiables. En mangas de camisa, su abrazo es fuerte y fogoso. Todo en \u00e9l es fogoso, hasta la mirada de sus ojos azules, hasta la forma en que se erizan sus cabellos blancos. Claro que para \u00e9l (que vive en los Alpes, al pie del Montblanc) la ciudad en la que nosotros sentimos fr\u00edo, debe parecerle un balneario.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQuiere usted que nos sentemos frente a la mesa? Una mesa es siempre mejor para trabajar \u2013propone.<\/p>\n<p>La emoci\u00f3n me entorpece. Gran escritor, resulta que su voz es un canto entre el cielo y la tierra, un canto que nos llega hasta las entra\u00f1as y remueve sentimientos olvidados. Intento no mirarlo con demasiada admiraci\u00f3n pero no puedo evitarlo. \u00c9l lo sabe porque sabe todo. Su rostro, marcado por la vida, me recuerda al de algunas fotograf\u00edas de Samuel Beckett.<\/p>\n<p>\u2013Usted dice que s\u00f3lo rescatar\u00eda de su \u201cmodesta carrera\u201d como pintor unas cuantas telas hechas en los a\u00f1os 40 en las calles de Livorno, Italia, ciudad pobre y herida por la guerra, porque all\u00ed descubri\u00f3 algo acerca de la ingenuidad de los despose\u00eddos y tambi\u00e9n se dio cuenta de que no quer\u00eda tener que ver con quienes detentan el poder. El poder ha sido su aversi\u00f3n de por vida. \u00bfEs por ello que va a Chiapas a apoyar a los pobres, a los m\u00e1s peque\u00f1os como los llama el <i>subcomandante<\/i><i> Marcos<\/i>?<\/p>\n<p>\u2013No, voy a Chiapas a honrarlos y saludarlos porque con todas las extraordinarias dificultades que enfrentan admiro lo que han logrado y siguen logrando. A lo mejor mi admiraci\u00f3n est\u00e1 ligada al hecho de que son los poderosos quienes escriben la historia y son los pobres y los que no tienen poder los que escriben las canciones y yo amo a la poes\u00eda y las canciones.<\/p>\n<p>\u2013Usted utiliza mucho una palabra que me llama la atenci\u00f3n: <i>unworldliness<\/i>, que para m\u00ed significa alejado del mundo y de consideraciones ego\u00edstas. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>(Un largo rato de silencio.)<\/p>\n<p>\u2013Es una palabra muy curiosa porque a la primera mirada parecer\u00eda que pertenece al mundo y estar familiarizada con el mundo, pero de hecho, <i>worldliness<\/i> frecuentemente s\u00f3lo quiere decir inter\u00e9s en uno mismo y se refiere a gente que cree que conoce los modos del mundo cuando s\u00f3lo saben calcular y obtener lo mejor para s\u00ed mismos. En contraste, <i>unworldliness<\/i> significa que por una raz\u00f3n u otra los hombres han renunciado a ese inter\u00e9s por decisi\u00f3n propia o por las circunstancias y la paradoja se repite porque <i>unworldliness<\/i><i> <\/i>en un cierto sentido quiere decir conciencia del mundo, de tal manera que el mundo no s\u00f3lo es un objeto para usarse sino que ofrece algo sorprendente que nos saca de nosotros mismos y nada tiene que ver con la adicci\u00f3n a los placeres temporales y al dinero.<\/p>\n<p>\u2013Usted mismo tom\u00f3 una decisi\u00f3n que fue un salto en el vac\u00edo cuando en la \u00e9poca de su libro <i>Ways<\/i><i> of seeing<\/i> (<i>Modos de ver<\/i>) dej\u00f3 Londres y sus grandes \u00e9xitos en la radio BBC para irse a un pueblito de Francia en los Alpes a vivir entre los campesinos y los pobres y escribir sobre ellos. \u00bfUsted quiso escapar de la mundanidad? \u00bfLa suya y la de Beverly fue una renunciaci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2013Son dos preguntas las suyas. Una, por qu\u00e9 nos fuimos de Londres, otra por qu\u00e9 vivimos en los Alpes y me parece que la segunda es m\u00e1s interesante. Vivir en la Haute Savoie (Alta Saboya), entre los campesinos, fue una necesidad. La Haute Savoie era un \u00e1rea muy pobre hasta los a\u00f1os 50 \u2013claro que no muy pobre seg\u00fan los est\u00e1ndares mexicanos\u2013, pero s\u00ed pobre para los franceses. Por ejemplo, una familia campesina en ese tiempo era muy numerosa porque por muchas razones los pobres tienen muchos hijos, y en esos d\u00edas el invierno duraba desde noviembre hasta abril y era completamente imposible trabajar la tierra. Entonces tres o cuatro miembros de la familia emigraban a un rinc\u00f3n de Par\u00eds en el que todos los de la Haute Savoie se empleaban en la calefacci\u00f3n, es decir, en llenar durante toda la noche los hornos del sistema central de calefacci\u00f3n de las estaciones de ferrocarril, del Palais de L\u2019Elys\u00e9e de Par\u00eds y otros espacios p\u00fablicos. La pobreza no es la raz\u00f3n por la que decid\u00ed ir all\u00e1, sino porque antes de ir a la monta\u00f1a en los a\u00f1os 70, hace m\u00e1s de 40 a\u00f1os, escrib\u00ed un libro sobre inmigrantes portugueses, espa\u00f1oles, turcos y africanos del norte que se llam\u00f3 <i>El s\u00e9ptimo hombre<\/i>. La mayor\u00eda eran hombres que llegaban a la Europa del Oeste para encontrar trabajo, viajaron sin su familia y ese es un libro sobre su experiencia. Fue el primero de los tres libros que hice con el fot\u00f3grafo John Mohr. Pas\u00e9 much\u00edsimo tiempo compartiendo las condiciones de vida de la mayor\u00eda de estos hombres que proven\u00edan de pueblitos en los que la pobreza es apabullante. Al escucharlos era f\u00e1cil identificarme con ellos y escribir acerca de su jornada, el choque que les provocaba la ciudad, su esfuerzo para enviar dinero a su familia, pero lo que s\u00ed no pod\u00eda yo imaginar era su vida anterior en su pueblo de origen, un pueblo muy pobre con muy poca tierra. No pod\u00eda yo imaginarlo porque estaba completamente fuera de mi experiencia. Por eso cuando termin\u00e9 <i>G.<\/i> me preocup\u00e9 mucho por mi ignorancia y porque en ese tiempo la mitad de la poblaci\u00f3n del mundo viv\u00eda del cultivo de la tierra, y al constatar mi ignorancia gigantesca quise aprender un poquito m\u00e1s acerca de c\u00f3mo podr\u00eda ser la vida de hombres y mujeres en ciertas partes de la Alta Saboya, donde todav\u00eda practicaban un tipo de agricultura primitiva con prioridades muy particulares que se pasaban de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n y no hab\u00edan desaparecido, aunque ahora s\u00ed est\u00e1n desapareciendo. Fui porque quise aprender c\u00f3mo era no s\u00f3lo su vida f\u00edsica, sino sus almas. Esa fue la raz\u00f3n para ir a la Haute Savoie, no para visitar a la pobreza. Fui all\u00e1 como ir a la universidad porque adem\u00e1s nunca he ido a la universidad. Fui a verlos no porque eran pobres, sino porque en cierto sentido eran muy ricos y ten\u00edan mucho qu\u00e9 ense\u00f1ar. Nunca fui a una universidad, dej\u00e9 la escuela cuando ten\u00eda 16 a\u00f1os y me fui a una academia de arte a dibujar mujeres desnudas.<\/p>\n<p>\u2013Esa fue una muy buena raz\u00f3n. \u00bfY c\u00f3mo espera usted relacionarse con los ind\u00edgenas zapatistas?<\/p>\n<p>\u2013No s\u00e9. El verdadero viaje es siempre un \u201cno s\u00e9\u201d y luego algo sucede, quiz\u00e1 lo que no esperas.<\/p>\n<p>\u2013En <i>Pig<\/i><i> Earth<\/i> (<i>Puerca tierra<\/i>), usted dice que la vida es l\u00edquida, que los chinos se equivocaron al creer que lo esencial es la respiraci\u00f3n. Usted presencia la matanza de una vaca, cuya nariz rosada todav\u00eda tiembla y se conmueve por su sufrimiento. \u00bfA\u00fan piensa que la vida y la muerte son l\u00edquidas? Chiapas tambi\u00e9n es un estado de resistencia entre la vida y la muerte y es l\u00edquido porque all\u00e1 llueve mucho.<\/p>\n<p>(Hace una pausa muy larga.)<\/p>\n<p>\u2013Siento mucha suspicacia por las ideas prestablecidas pero, <i>okey<\/i>, podemos llamar a la vida l\u00edquida o a lo mejor podr\u00edamos llamar a la vida, vida. Cuando presenci\u00e9 la matanza de esa vaca me pareci\u00f3 que la vida era l\u00edquida porque la sangre flu\u00eda de su nariz, en ese contexto muy espec\u00edfico es factible generalizar acerca de la vida. Lo que escrib\u00ed no tiene que ver con la escritura cient\u00edfica, pero s\u00ed con la l\u00edrica. Es como sumergirse de pronto en uno mismo y volverse alerta a lo que sucede y luego, a partir de ello, levantar abruptamente los ojos y ver la \u00faltima vida que le estaban quitando a la vaca. Mi argumento no es vegetariano, la matanza de la vaca es una realidad y yo estaba en el centro de esa realidad, de esa vida que desaparec\u00eda; entonces, s\u00ed, pens\u00e9 que la vida era l\u00edquida.<\/p>\n<p><strong>Las reliquias de Frida Kahlo<\/strong><\/p>\n<p>\u2013Usted escribi\u00f3 que su pintor favorito es Caravaggio, y \u00e9ste tiene algo en com\u00fan con Diego Rivera. \u00bfVa usted a ver los murales de Rivera mientras est\u00e1 en M\u00e9xico?<\/p>\n<p>\u2013Claro que s\u00ed, lo espero, claro que s\u00ed. Ayer, nuestra visita a la Casa Azul de Frida Kahlo fue una experiencia muy intensa. Nunca he visto un museo o un santuario como ese en ninguna parte. Para m\u00ed result\u00f3 dial\u00e9ctico porque el museo est\u00e1 ensamblado con reliquias que transforman a Frida en un icono y, como siempre pasa con las reliquias, la verdadera \u00edndole de la persona se pierde. Quiz\u00e1 las reliquias enfatizan la ausencia pero fallan en crear la presencia. Hab\u00eda fotograf\u00edas \u2013no las famosas\u2013, sino instant\u00e1neas de Diego y de Frida muy sugerentes porque evocaban su vida en com\u00fan, su complicidad, y los volv\u00edan gente com\u00fan y corriente, gente como nosotros, y nos ense\u00f1aban su subversi\u00f3n y por eso mismo se volv\u00edan subversivos, eso es muy necesario recordarlo. Hice un dibujo muy r\u00e1pido de algunas de esas fotograf\u00edas. (Como buen pintor, como buen escritor, John Berger siempre toma notas y hace apuntes de lo que ve.)<\/p>\n<p>\u2013Usted tiene toda la raz\u00f3n al decir que Frida Kahlo es un icono como la virgen de Guadalupe. Hoy (12 de diciembre) se celebra el 476 aniversario de las apariciones de la Virgen seg\u00fan <i>La Jornada<\/i>. \u00bfCu\u00e1les han sido <i>sus<\/i> apariciones?<\/p>\n<p>Beverly, su mujer, interviene:<\/p>\n<p>\u2013Buena pregunta.<\/p>\n<p>\u2013En cierto momento de mi vida, sobre todo cuando estaba escribiendo un libro de no ficci\u00f3n que me tom\u00f3 ocho o nueve a\u00f1os: <i>G.<\/i>, en ese tiempo con frecuencia, cuando cerraba mis ojos no necesariamente para dormir porque yo no dorm\u00eda, a veces sentado y a veces acostado, ve\u00eda caras muy cerca de m\u00ed, a la misma distancia en que estamos ahora usted y yo, a veces una, otras veces dos, y pod\u00eda verlas muy bien, podr\u00eda yo haber dibujado un retrato de cada una porque eran muy particulares y yo sab\u00eda que estaban muertas y era gente que no hab\u00eda conocido. No era un juego, era un ritual con el que me familiaric\u00e9. Las caras no se quedaban quietas, hablaban y se miraban entre s\u00ed animosas y despu\u00e9s de un cierto tiempo me miraban a m\u00ed, su mirada era de reconocimiento. Esto me sucedi\u00f3 durante dos a\u00f1os y esas fueron mis apariciones. A la mejor esas apariciones estaban conectadas con el libro que escrib\u00eda, porque \u00e9ste se sit\u00faa al final del siglo XIX hasta 1940 en Sud\u00e1frica, cuando hubo un gran levantamiento en 1902 para pedir tierra.<\/p>\n<p>Antes de cada pregunta, Berger hace una pausa muy larga, se alisa los cabellos, reflexiona y durante este silencio adquiero la certeza de que el lenguaje es el m\u00e1s grande honor de los hombres, es la herramienta con la que John Berger busca apasionadamente servir a la verdad. Les confiere a las palabras una fuerza que otros no saben darles. Durante esa espera me dan ganas de rezar y regreso a la ni\u00f1a confiada que fui. S\u00ed, John Berger tiene la llave.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entrevista a John Berger, escritor, pintor y cr\u00edtico de arte<\/p>\n<p>La Jornada<\/p>\n<p>Incansable, a sus   81 a\u00f1os el intelectual   lleg\u00f3 a M\u00e9xico desde su hogar, al pie del Montblanc, para participar en el homenaje a Andr\u00e9s Aubry. En su camino al sureste, el autor de G. visit\u00f3 su casa editorial en M\u00e9xico, La   Jornada, para dejar algunas   impresiones<\/p>\n<p>Nunca pens\u00e9 que fuera tan accesible, tan c\u00e1lido, tan a nuestro alcance. En la soleada casa de la fil\u00f3sofa Fernanda Navarro (quien trat\u00f3 a Bertrand Russell), en la calle de Las Flores, Beverly y John Berger esperan el momento de irse a Chiapas a rendirle homenaje a Andr\u00e9s Aubry. Cre\u00ed que Berger era muy alto y no, \u00e9l y Beverly, su mujer, son de la misma altura y tienen el pelo blanco, bueno, ella no tanto. Como esas parejas que se aman, han ido pareci\u00e9ndose a lo largo de los a\u00f1os y Beverly lo escucha sin pesta\u00f1ear como si todo fuera nuevo para ella. Lo escucha con una intensidad de l\u00e1mpara votiva.<\/p>\n<p>Aunque apenas descendieron del avi\u00f3n, la pareja no experimenta el jet lag ni dicen sentirse cansados. A los 81 a\u00f1os, John Berger guarda una fuerza y una energ\u00eda envidiables. En mangas de camisa, su abrazo es fuerte y fogoso. Todo en \u00e9l es fogoso, hasta la mirada de sus ojos azules, hasta la forma en que se erizan sus cabellos blancos. 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