{"id":8814,"date":"2020-12-03T05:14:04","date_gmt":"2020-12-03T04:14:04","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8814"},"modified":"2020-12-03T05:14:04","modified_gmt":"2020-12-03T04:14:04","slug":"rutas-del-mito-hacia-el-centro-de-asia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8814","title":{"rendered":"Rutas del mito hacia el centro de Asia"},"content":{"rendered":"<p>Visita el escritor Vasili Golov\u00e1nov la ciudad de Kizil, capital de la actual rep\u00fablica rusa de Tuva, y se fija en la estela que se\u00f1ala el centro geogr\u00e1fico de Asia: \u00abQuienes hablan de \u2018las oleadas de los pueblos n\u00f3madas desde las profundidades de Asia\u2019 se refieren a este lugar. Aqu\u00ed \u2018la profundidad\u2019 es perceptible, como la profundidad del mar, de un mar de tierra firme en todas sus manifestaciones, la profundidad del continente, alejado por igual de todas las costas del oc\u00e9ano del mundo\u00bb. Son elementos conocidos: el nomadismo y las grandes invasiones \u2013de los escitas y hunos a los mongoles\u2013 y, aludido, <em>mar<\/em> de altas hierbas, el paisaje de la estepa. Pero aun a\u00f1ade: \u00abY no es nada improbable que uno se imagine que al reloj de la historia humana le dieron cuerda precisamente aqu\u00ed y no en la cuenca mediterr\u00e1nea\u00bb. Y resuenan entonces, graves, como subterr\u00e1neas, otras olas, las del mito: en el acento temporal y en la hip\u00f3tesis sobre el movimiento de \u201cla historia humana\u201d. Pues, si se pensara en un Asia originaria, que no fuera mediterr\u00e1nea ni mesopot\u00e1mica, \u00bfno ser\u00edan China o India quienes asumir\u00edan ese papel? Se dir\u00eda que el mito de Asia Central no remite a ese <em>reloj<\/em> determinante, sino a otra l\u00ednea paralela, alternativa, la de las historias posibles, la de <em>otra<\/em> historia. Oscura, borrosa, violenta, intermitente. \u00bfC\u00f3mo pensarla, percibirla? Leo de nuevo relatos de viajeros por la zona, especialmente entre 1920 y 1935, \u00e9poca de <em>entreguerras<\/em> en que empezaba a dibujarse el mapa actual. Y no s\u00e9 si pueden responder.<\/p>\n<p>Joven diplom\u00e1tico, con su primer destino exterior en Pek\u00edn entre 1916 y 1921, el poeta Saint-John Perse dej\u00f3 en sus <em>Cartas de Asia<\/em> testimonio de esa estancia. Casi siempre familiares, dirigidas sobre todo a su madre, salvo algunas a sus superiores o a escritores ya consagrados (Val\u00e9ry, Gide, Conrad), las cartas tienden m\u00e1s a componer una imagen de s\u00ed mismo \u2013culto y activo, observador, distante y con iniciativa, con m\u00faltiples contactos en la poblaci\u00f3n local\u2013 que a dar cuenta del mundo en torno. A la hora de referirse a este, se va advirtiendo el aire de superioridad del europeo y el desd\u00e9n por una cultura ajena; o quiz\u00e1 los que afloran son rasgos de quien desciende de hacendados que colonizaron sus Antillas natales. Sin embargo, el mito de Mongolia y el Asia Central se percibe latente, aunque tal vez solo como t\u00f3pica literaria. Saint-John Perse adquiere un peque\u00f1o templo tao\u00edsta, ya sin actividad, como residencia en el campo, a una jornada a caballo de Pek\u00edn, escribe all\u00ed su <em>An\u00e1basis<\/em>; pero su tono es de vaga ambig\u00fcedad: \u00abM\u00e1s all\u00e1, se escalonan las tierras altas, las primeras grandes aberturas al Oeste hacia el pa\u00eds mongol y hacia Sinkiang, donde en alguna parte empiezan las primeras pistas de las caravanas. M\u00e1s all\u00e1, en fin, la ausencia, lo irreal, y el horizonte terrestre bloqueado por una \u00fanica mirada intemporal. En todo ello, el tiempo fijo de la alta Asia, y m\u00e1s all\u00e1 el borrado del viejo imperio n\u00f3mada y de sus marchas por caminos sin se\u00f1alar\u00bb. El aliento del mito parece habitar ese espacio, y sin embargo las palabras tienden a mostrar su falta de entidad, su vac\u00edo, su fijeza, su acabamiento; una vez rendido tributo a la ret\u00f3rica, nada queda de ello. El proyecto de viajar a la estepa, con frecuencia ambicioso y casi \u00e9pico en las cartas, se reduce a un par de semanas poco antes de volver a Europa, cuando con dos amigos se acerca en autom\u00f3vil al desierto de Gobi; las escasas frases del <em>relato<\/em> posterior a su madre \u2013\u00abLlevo a\u00fan en m\u00ed todo el entusiasmo. Y la \u2018experiencia humana\u2019 me ha conducido all\u00ed, espiritualmente, a\u00fan m\u00e1s lejos de lo que esperaba: a las fronteras mismas del esp\u00edritu. El recuerdo no se borrar\u00e1 en m\u00ed. \/ En cuanto a lo animal, he visto lobos y he encontrado grandes perros salvajes cuya inocencia me ha ense\u00f1ado m\u00e1s que la de las gacelas\u00bb\u2013 tienen algo de impostaci\u00f3n para quien llega leyendo al final de este epistolario, entre el simbolismo tradicional del desierto y la did\u00e1ctica de las f\u00e1bulas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Pierre Teilhard de Chardin escribi\u00f3 unas <em>Cartas de viaje<\/em> (1923-1939) por los mismos lugares, reunidas en peculiar edici\u00f3n por Claude Aragonn\u00e8s \u2013escritora a la que le un\u00edan v\u00ednculos familiares\u2013, que combina fragmentos escogidos y res\u00famenes propios. Teilhard, a quien se ley\u00f3 durante el largo franquismo como figura del llamado \u201cexistencialismo cristiano\u201d y como perseguido por el Santo Oficio, dedic\u00f3 una especie de segunda vida, despu\u00e9s de cumplir cuarenta a\u00f1os, a la geolog\u00eda y a la paleontolog\u00eda ejercidas en China, alejado de Francia por <em>consejo<\/em> de sus superiores jesuitas. El lector se siente dividido entre los detalles de una biograf\u00eda a contracorriente (investiga dentro de organismos cient\u00edficos chinos, ante el estupor colonial de sus colegas extranjeros, o va recibiendo ayudas de fundaciones y universidades americanas mientras le cuesta cada vez m\u00e1s publicar en su pa\u00eds) y una mirada y un pensamiento que parecen ir progresivamente cerr\u00e1ndose. Participante en la <em>Croisi\u00e8re Jaune<\/em>, la famosa expedici\u00f3n Citro\u00ebn por el Pamir, Asia Central y China (1931), es significativo el cambio de tono en las cartas que cuentan sus continuos viajes de trabajo. El entusiasmo descriptivo de los primeros itinerarios por el r\u00edo Amarillo y el desierto del Ordos desaparece pronto, y \u00e9l mismo admite que los ojos han dejado de actuar: \u00abLa pel\u00edcula de los colores y de los lugares me aburre de muerte. Lo que me gusta no se ve\u00bb. Pero esta alusi\u00f3n trascendente no le hace tampoco sensible a las formas de otra espiritualidad, a la potencia religiosa de Oriente, e incluso \u2013un reflejo m\u00e1s de la mirada europea\u2013 parece desconocer la intensa historia cristiana de las estepas, la misteriosa pujanza de los nestorianos durante m\u00e1s de un milenio \u2013la madre del propio Kublai Kan, casada con el hijo menor de Gengis Kan, perteneci\u00f3, como se sabe, a esta confesi\u00f3n cristiana\u2013. Teilhard vive sus viajes a Mongolia, sin embargo, como un inevitable regreso al pasado, y solo llega a conmoverle lo que su cultura ten\u00eda previsto de antemano: \u00abparec\u00eda que est\u00e1bamos en una decoraci\u00f3n de pintura china\u00bb, \u00abtodo el paisaje recordaba a la China de los libros\u00bb. De los viajes, una y otra vez, solo le van quedando los f\u00f3siles y los huesos encontrados, la geolog\u00eda y los estratos remotos. Y la nostalgia del m\u00edstico que no es.<\/p>\n<p>As\u00ed, anotaba ya en 1929: \u00abAhora me parece que soy un viejo combatiente, no esc\u00e9ptico, pero bastante endurecido, que no sabe gozar m\u00e1s que con la acci\u00f3n, con la ciencia, y esto en la medida que permite la acci\u00f3n\u00bb. Y acci\u00f3n es ciertamente lo que ofrece Ferdinand Ossendowski en <em>Bestias, hombres, dioses<\/em>. De origen polaco, resid\u00eda en Siberia desde los primeros a\u00f1os del siglo XX; comprometido con el ej\u00e9rcito <em>blanco<\/em> en la guerra civil que sucedi\u00f3 a la revoluci\u00f3n de octubre, en 1920 huy\u00f3 a la taiga para no ser detenido; despu\u00e9s de situar r\u00e1pidamente estos hechos previos, su libro se convierte en una extra\u00f1a epopeya moderna, cuyo v\u00e9rtigo casi hace olvidar la recurrente salmodia del panfleto anticomunista. Su \u00e9pica tiene dos caras sucesivas: una, solitaria en el bosque, nuevo robins\u00f3n entre los cataclismos del hielo y el deshielo, las bestias y los hombres; la otra, de viajes peligrosos y fren\u00e9ticos a trav\u00e9s de Mongolia, durante guerras superpuestas e indiscernibles, con torturadores y santos lamas, babel de lenguas y naturaleza siempre desencadenada. Sin duda, las im\u00e1genes m\u00e1s fuertes son las iniciales, que dejan al lector sin aliento, y luego la abigarrada velocidad de los vericuetos narrativos ya apenas permite mirar, pese a que monta\u00f1as y r\u00edos, monasterios y mercados, no cesan de tomar protagonismo. Ossendowski s\u00ed tiene muy presente la historia de la zona, su raro magnetismo espiritual, su peculiar destino; y, como el torbellino de los acontecimientos le impide detenerse en ello, reserva una parte espec\u00edfica al final del libro. Pero parecen no bastarle los elementos habituales del mito \u2013el nomadismo sigue en plenitud, el recuerdo del imperio mongol reaparece de continuo, y hay un estremecimiento, un agudo momento de suspensi\u00f3n ante las ruinas de Karakorum\u2013 y propone un mito suplementario, especie de utop\u00eda que recoge otro hilo de tradici\u00f3n: la leyenda de un reino subterr\u00e1neo, emparentado con el mundo tibetano de los lamas o con el misterio secular de la tumba de Gengis Kan, y que tambi\u00e9n resuena en el \u201cKubla Khan\u201d de Coleridge \u2013\u00aball\u00ed, dice Ossendowski, en palacios maravillosos de cristal, moran los jefes invisibles\u00bb, como cantaba la vagabunda del poema\u2013 o en la f\u00e1bula de la ciudad romana enterrada que cuenta Bonnefoy. El mito se hace fuerte, invernando bajo tierra, como si solo as\u00ed pudiera persistir en una vida tan falta de sentido.<\/p>\n<p>Con esta leyenda enlazan las <em>Visiones de Asia<\/em>, de Golov\u00e1nov, donde se evoca a uno de los personajes de <em>Bestias, nombres, dioses<\/em>, el bar\u00f3n Ungern, con fama de cruel se\u00f1or de la guerra, tan pronto caudillo de los blancos como impulsor de la independencia de Mongolia, agente de una distop\u00eda esot\u00e9rica y apocal\u00edptica. Pero los dos relatos que une el autor ruso, \u201cge\u00f3grafo metaf\u00edsico\u201d como se define \u00e9l mismo, se conciben como sucesi\u00f3n de ideas dispersas que se van disgregando: uno considera la empresa asi\u00e1tica de Alejandro, cotejando de nuevo lo mediterr\u00e1neo y la <em>profundidad<\/em> del continente por excelencia; el otro, en Tuva, hace la caricatura de unos jubilados americanos que solicitan un curso de chamanismo en la estepa y piden dormir en las tradicionales tiendas de fieltro. La hip\u00f3tesis de sustituir el origen mediterr\u00e1neo de la historia humana por una fundaci\u00f3n asi\u00e1tica es apenas un chispazo, sin otra huella que la imprecisa figura de \u201clos siete sabios de Tuva\u201d, individuos an\u00f3nimos \u2013un vecino, un operario, un ch\u00f3fer&#8230;\u2013 capaces de dar el consejo oportuno, de hacer circular los frutos de la experiencia y el pensamiento colectivos. Y no solo el procedimiento narrativo se deshila, ni solo el mito parece caduco, es la realidad misma la que se tambalea, al cruzarse la parodia y el ambicioso trazado hist\u00f3rico. Buscar la realidad que falta quiz\u00e1 sea lo que, al contrario, pueda seguir nutriendo de energ\u00eda el incierto mito de las estepas.<\/p>\n<p>Algo de esto hay en <em>Oasis prohibidos<\/em>, de Ella Maillart, que por cierto se abre con una visita al despacho de Teilhard en la Sociedad Geol\u00f3gica China para informarse de la experiencia del <em>Crucero Amarillo<\/em>. Suiza, periodista y deportista, Maillart viaja en 1935, con el periodista ingl\u00e9s Peter Fleming, de Pek\u00edn a Cachemira, atravesando China de este a oeste, hasta los oasis de Sinkiang, y cruzando al t\u00e9rmino por el Pamir a las Indias, a\u00fan brit\u00e1nicas. Y, tras esta traves\u00eda de lecturas, tiendo a compartir lo que dice en el pr\u00f3logo Nicolas Bouvier: \u00abcon mucha frecuencia aprovecha m\u00e1s leer a los viajeros que escriben que a los escritores que viajan\u00bb \u2013claro que \u00e9l fue a la vez ambas cosas. El libro es un relato de los largos meses del viaje, en ocasiones con la minucia del diario, con el saber del ritmo de las caravanas (caballos, camellos, asnos), con la medida de quien no se considera el centro de nada m\u00e1s que de su sola vida. Unos ojos que miran, una nariz que huele, acentos de lenguas incomprensibles, sabores y tactos, y el gusto de conocer las peque\u00f1as cosas, registrar lo nuevo permanente, atender a quienes se encuentran en el camino con empat\u00eda. Ciertamente, Maillart es europea, a\u00f1ora las comodidades modernas y sus recursos, pero reconoce el continuo prodigio \u2013hermosura, dolor, siempre extra\u00f1eza\u2013 de la existencia. Quien la lee al final de este recorrido siente alivio, recobra expectativas; ese deseo suyo de realidad, no de lo ex\u00f3tico ni lo imposible, tiene los rasgos de lo cercano. Y, respecto al <em>mito<\/em>, que queda latente pero sin definir, quiz\u00e1 sea preciso empezar de nuevo por el principio, para que pueda decirse tambi\u00e9n en presente. Como si se pasara por un <em>obo<\/em>, \u00abuno de esos montones de piedras acumuladas por un rito milenario a lo largo de los senderos de Asia\u00bb, y hubiera que volver a echar en \u00e9l una piedra.<\/p>\n<p><strong>Lecturas<\/strong>.\u2013\u2013<\/p>\n<p>Saint-John Perse, <em>Lettres d\u2019Asie<\/em>, en\u00a0: <em>\u0152uvres compl\u00e8tes<\/em>, Par\u00eds, Bibliot\u00e8que de la Pl\u00e9iade, Gallimard, 1989.<\/p>\n<p>Pierre Teilhard de Chardin, <em>Cartas de viaje<\/em>. Traducci\u00f3n de Carmen Castro. Madrid, Taurus, 1966.<\/p>\n<p>Ferdinand Antoine Ossendowski, <em>Bestias, hombres, dioses<\/em>. Traducci\u00f3n de Gonzalo Guasp. Madrid, Col. Crisol, Aguilar, 1946.<\/p>\n<p>Vasili Golov\u00e1nov, <em>Visiones de Asia<\/em>. Traducci\u00f3n de Ricardo San Vicente. Barcelona, Min\u00fascula, 2010.<\/p>\n<p>Ella Maillart, <em>Oasis prohibidos<\/em>. Traducci\u00f3n de Manuel Serrat Crespo. Barcelona, Pen\u00ednsula, 1999.<\/p>\n<p>S.T. Coleridge, \u201cKubla Khan\u201d, traducci\u00f3n de Mari\u00e0 Manent, en: <em>La poes\u00eda inglesa<\/em>. Barcelona, Jos\u00e9 Jan\u00e9s, 1958.<\/p>\n<p>Yves Bonnefoy, <em>El territorio interior<\/em>. Traducci\u00f3n de Ernesto Kavi. Madrid, Sexto piso, 2014.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[Texto publicado, dentro de la serie \u201cTienda de fieltro\u201d, en la revista <em>Tamtam Press<\/em>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Visita el escritor Vasili Golov\u00e1nov la ciudad de Kizil, capital de la actual rep\u00fablica rusa de Tuva, y se fija<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":8815,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[1643],"class_list":["post-8814","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-asia-central"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8814","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8814"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8814\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/8815"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8814"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8814"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8814"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}