{"id":8965,"date":"2021-01-12T09:30:56","date_gmt":"2021-01-12T08:30:56","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8965"},"modified":"2021-01-12T09:34:57","modified_gmt":"2021-01-12T08:34:57","slug":"monumento-para-los-pajaros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8965","title":{"rendered":"Monumento para los p\u00e1jaros"},"content":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 1937. Fotos en blanco y negro. El pabell\u00f3n de Espa\u00f1a en la Exposici\u00f3n Internacional, un edificio de l\u00edneas rectas, moderno y limpio, y frente a una esquina de la fachada la esbelta escultura de Alberto S\u00e1nchez (Toledo, 1895-Mosc\u00fa, 1962), <em>El pueblo espa\u00f1ol tiene un camino que le conduce a una estrella<\/em>; sobre una basa redonda, rueda de molino.<\/p>\n<p>Pienso c\u00f3mo deb\u00eda de ser estar ah\u00ed en 1937, a menos de mil kil\u00f3metros de la frontera, tras la que sonaban los ca\u00f1ones. Dentro del pabell\u00f3n, aparte de obras de Julio Gonz\u00e1lez, de Mir\u00f3 o de Renau, lo emblem\u00e1tico era el <em>Guernica<\/em>: la tragedia, el dolor, el gesto hiperb\u00f3lico ocupando el centro de la atenci\u00f3n. Fuera, estaba <em>El pueblo<\/em> de Alberto, tan distinto, tan abierto al tiempo. Como hoy en el Museo Reina Sof\u00eda: dentro, el <em>Guernica<\/em>, el mito, los focos; fuera, <em>El pueblo<\/em> de Alberto, su lectura del aire, del aire y de la tierra, renovada.<\/p>\n<p>Alt\u00edsima y vertical, con sus suaves ondulaciones, sube la pieza de cemento monocromo, hasta la estrella roja de bronce que se posa en su c\u00faspide; en un saliente cerca de la cumbre, se posa un p\u00e1jaro. La textura del tronco est\u00e1 recorrida por prolongadas l\u00edneas paralelas y hoyos circulares, formas o cicatrices de vida.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n que de inmediato se siente entre la pieza y el t\u00edtulo marca el relieve de la abstracci\u00f3n como n\u00facleo del pensamiento formal de Alberto. Y no deja de ser significativa, pese a ello, en ese marco, la cantidad de descripciones, de interpretaciones descriptivas, que se han hecho, numerosas y sugerentes, precisas. \u00abEs una abstracci\u00f3n femenina recubierta de un sinf\u00edn de relieves estriados a modo de los surcos labrados de la tierra castellana\u00bb. \u00abLas leves ondulaciones recuerdan las del pan amasado\u00bb. \u00abEste gran cactus antropom\u00f3rfico surcado en su superficie a la manera de la tierra arada\u00bb. \u00abIcono tot\u00e9mico representativo de las utop\u00edas sociales de entreguerras\u00bb. \u00abEs un camino levantado hasta tocar el cielo\u00bb.<\/p>\n<p>Si se repasa lo que conocemos de la obra de Alberto (las fotograf\u00edas de su trabajo anterior a la guerra, perdido en su mayor parte en los bombardeos sobre Madrid, que alcanzaron su taller en Lavapi\u00e9s; las posteriores piezas del exilio, concentradas sobre todo en sus \u00faltimos a\u00f1os de vida), se perfila una afinidad entre el alto t\u00f3tem de 1937 y su continuada investigaci\u00f3n a partir de las formas femeninas (inevitable pensar como precedente en las ondulaciones verticales de la <em>Maternidad<\/em> de 1930, como si ahora el pajarillo posado en la bifurcaci\u00f3n viniera a colocarse en el lugar del hijo) y a partir de los p\u00e1jaros. Y entonces se impone el recuerdo de este fragmento de los escritos de Alberto, donde ambos mundos se re\u00fanen: \u00abUna visi\u00f3n que me ha quedado grabada toda la vida es la siguiente: una vaguada con laderas de monte como pieles de lagarto; fui buscando una sombra porque hac\u00eda un calor sofocante. A lo lejos vi como una bandada de p\u00e1jaros grandes y estaban parados. El lugar donde yo me encontraba conservaba todav\u00eda la humedad del roc\u00edo; all\u00ed hab\u00eda hierbecitas y sab\u00edan a menta. Mientras miraba la bandada de p\u00e1jaros vi con emoci\u00f3n que se pon\u00edan en pie, derechos, result\u00f3 que eran quince o diecis\u00e9is mujeres que se echaron las faldas a la cabeza para protegerse del sol, y comenzaron a andar con ritmo de aves, en direcci\u00f3n contraria a la m\u00eda. Esta impresi\u00f3n ha perdurado en m\u00ed hasta ahora\u00bb.<\/p>\n<p>Este momento m\u00e1gico es tambi\u00e9n el de la verticalidad. Alberto ha explicado que la repetida tensi\u00f3n vertical de sus piezas aprende de las figuras iberas, en concreto las descubiertas en el Cerro de los Santos, como la extraordinaria <em>Dama oferente<\/em>. Pero el texto muestra una ra\u00edz vivida. Aunque residi\u00f3 siempre en ciudades, son legendarios sus paseos por el campo en torno a Madrid o Toledo; su referencia de realidad es la naturaleza \u2013las tierras, las plantas y los p\u00e1jaros. Es el campo castellano y, en \u00e9l, las zonas menos marcadas por la orograf\u00eda: planicies \u00e1ridas, tierras arcillosas, peque\u00f1os cerros testigo, apenas \u00e1rboles, formas de algo que remitir\u00eda a un desierto, atravesado por gran n\u00famero de caminos que ser\u00edan sus partituras, las l\u00edneas abiertas de una experiencia personal. Y es ah\u00ed donde se levantan las figuras \u2013\u00ablevantar esas formas de la tierra\u00bb, escribe \u00e9l\u2013, donde lo vertical es la tarea de existir, el movimiento, una fuerza h\u00edbrida de negaci\u00f3n y afirmaci\u00f3n, literalmente una <em>postura<\/em>, una apuesta.<\/p>\n<p>Este Alberto, que se relacionaba as\u00ed con su obra y con el mundo, se vio durante d\u00e9cadas atrapado en el recurrente debate entre la vanguardia y el realismo \u2013asociado este, seg\u00fan el t\u00f3pico, al compromiso pol\u00edtico\u2013. Militante de la libertad y contra la explotaci\u00f3n desde muy joven, voluntario y combatiente en la primera hora de la guerra civil, tuvo que escuchar c\u00f3mo sus colegas en el arte y cercanos en la ideolog\u00eda le recriminaban que optara por la abstracci\u00f3n, le exig\u00edan que renunciara a ella; tuvo que encajar caricaturas de brocha gorda, como la carta que le dirigi\u00f3 en 1935 la revista <em>Nuestra cultura<\/em>: \u00ab\u2026que abandones esa posici\u00f3n de asceta cristiano, o de alquimista de las nubes y campos castellanos\u00bb \u2013y \u00e9l se limit\u00f3 a apuntar que tal vez no era momento para discutir sobre eso. Aunque, visto desde ahora, se dir\u00eda que una pieza como <em>El pueblo espa\u00f1ol tiene un camino que conduce a una estrella<\/em> posee m\u00e1s poder pol\u00edtico que todos los panfletos realistas juntos. No qued\u00f3 la cosa ah\u00ed: en su exilio ruso, el aparato estalinista le impidi\u00f3 (por ser abstracto \/ por no ser realista) seguir el trabajo de escultor y, cuando lo reanud\u00f3, despu\u00e9s de la muerte de Stalin, fueron las presiones oficiales del PCE las que cayeron sobre \u00e9l, incluso con exigencias concretas referidas a algunas obras.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 sea Alberto una de las figuras que mejor muestran la esterilidad, tambi\u00e9n pol\u00edtica, del dogma realista y de su <em>l\u00ednea clara<\/em>. Cuando se dio a conocer como escultor, en la exposici\u00f3n de la Sociedad de Artistas Ib\u00e9ricos, un compa\u00f1ero que horneaba con \u00e9l en su oficio de panadero se enter\u00f3 por la prensa, la voz se corri\u00f3 y fueron a visitar las piezas todos los obreros de su sindicato. Alberto no necesitaba interrogarse demasiado por c\u00f3mo hacer llegar su obra al pueblo, porque formaba parte de \u00e9l. La firmeza y la melancol\u00eda coexisten en sus autorretratos rusos con boina castellana; siempre se mantuvo en sus posiciones, siempre entendi\u00f3 lo que ocurr\u00eda y lo que \u00e9l quer\u00eda hacer.<\/p>\n<p>Sus esculturas y pinturas, tambi\u00e9n sus escritos, muestran c\u00f3mo la naturaleza le sirve de modelo, comunic\u00e1ndose con ella en el materialismo de su sensibilidad y su pensamiento, ejemplar por lo vivo y por lo particularizado. Pocas veces habla Alberto en general, raro es que se acoja a una idea codificada. Los textos que se alimentan de sus paseos est\u00e1n llenos de nombres concretos, de detalles, sensaciones del tacto y el o\u00eddo, de la nariz y los ojos, y de intensidad: \u00abcon las emociones que dan las gredas, las arenas y los cuarzos\u00bb \u2013a esas tierras y rocas \u00e9l las hac\u00eda trabajar, transformarse en un conocimiento y un an\u00e1lisis social y existencial al ras de cada d\u00eda. Lo que existe, la naturaleza real, es su modelo y su dep\u00f3sito de formas, es igualmente un espacio que se comunica con el arte de todas las \u00e9pocas: descubrir los colores de El Greco en los musgos y l\u00edquenes que cubren determinadas piedras, en determinado lugar, es asumir que naturaleza y arte se hacen de la misma materia y se expresan del mismo modo.<\/p>\n<p>Fue precisamente Miguel Hern\u00e1ndez \u2013con quien comparti\u00f3 paseos como compart\u00eda en buena medida ra\u00edces y proyecto\u2013 el que dijo de \u00e9l: \u00abEs el \u00fanico escultor del rayo, el \u00fanico que graba el color de la madrugada, el \u00fanico que ha hecho un monumento a los p\u00e1jaros y una estatua al bramido\u00bb. Y es que seguramente no se puede hacer arte sin conocer la realidad; pero eso requiere prescindir de los prejuicios y t\u00f3picos del realismo.<\/p>\n<p><em>El pueblo espa\u00f1ol tiene un camino que conduce a una estrella<\/em> se acerca, s\u00ed, a la figura de un t\u00f3tem. El totemismo, en sus muy diversas ramas, consiste en un lazo especial con la naturaleza, un lazo tan estrecho e \u00edntimo que esta no necesita <em>ser representada<\/em>. El v\u00ednculo \u2013comunitario e individual\u2013 con los animales o vegetales tot\u00e9micos llega a ser, en palabras de Frazer, \u00abel recept\u00e1culo en el que un hombre guarda su vida\u00bb, \u00absu alma externa\u00bb. Externa y f\u00edsica, a\u00f1adir\u00eda yo. Un <em>alma<\/em> que est\u00e1 en las cosas y toma de ellas su capacidad de resistencia.<\/p>\n<p>Alberto dise\u00f1\u00f3, en efecto, un <em>Monumento a los p\u00e1jaros<\/em>, con la intenci\u00f3n de que pudiera situarse en alguno de los cerros que rodeaban Madrid y sirviera de refugio a las aves en ese medio des\u00e9rtico. Perdida la maqueta durante la guerra, la reconstruy\u00f3 en bronce en 1957. La estructura est\u00e1 coronada por dos figuras verticales que se levantan a cierta distancia en paralelo; una de ellas evoca, sin duda, en su abstracci\u00f3n, un p\u00e1jaro (cuello, cabeza, alas, patas), pero es a la vez una airosa estrella de cinco puntas. Cinco puntas tiene tambi\u00e9n la estrella roja que culmina <em>El pueblo espa\u00f1ol tiene un camino<\/em>; estrella all\u00e1 en la altura, si de alg\u00fan modo acercamos la mirada, descubre tambi\u00e9n un doble ser mineral y animal, uno de sus picos se bifurca y parece de p\u00e1jaro, no fija su simetr\u00eda, se mueve constantemente seg\u00fan la perspectiva.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de las numerosas esculturas de Alberto con t\u00edtulos alusivos a p\u00e1jaros, son alargadas, airosas, se disponen en vertical, parecen casi filiformes en algunas de sus zonas. \u00c1rboles, t\u00f3tems, aves, estrellas\u2026 se comunican, comparten sus leyes formales, pueden por momentos identificarse. El impulso de la forma vertical coincide con el vuelo del p\u00e1jaro; es vuelo, energ\u00eda, estela, pero dados como materia, aprehendidos como solidez. Y, en el caso de la pieza de 1937, tanto las ondulaciones \u2013cierta sugerencia espiral no expl\u00edcita\u2013 como la textura de l\u00edneas paralelas potencian este impulso, le dan ser. Materia y forma de vuelo, el t\u00f3tem y el p\u00e1jaro son ya la estrella, y la estrella el p\u00e1jaro, porque el deseo es el logro: lo trae hasta <em>aqu\u00ed<\/em>, alcanza <em>all\u00e1<\/em>.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 este sea el sentido pol\u00edtico del t\u00edtulo; no una denuncia, como podr\u00eda decirse del <em>Guernica<\/em>, sino un proyecto que se confunde con la vida.<em> La bandera del Partido<\/em> es otra pieza de Alberto; en ella la verdadera bandera es la insinuada figura humana (sin rostro en el proyecto primitivo, que fue censurado), las grandes alas triangulares de sus brazos y ropa, vuelo ya en su movimiento; y no tanto la peque\u00f1a bandera que la mano agita.<\/p>\n<p><em>El pueblo espa\u00f1ol tiene un camino que conduce a una estrella<\/em> no parece tampoco un t\u00edtulo nacionalista, porque la \u00fanica patria es esa tierra tan vivida, en la que Alberto encuentra su alma; no tiene leyes ni himnos, sino olores y texturas. Ese pueblo est\u00e1 form\u00e1ndose, su ser est\u00e1 haci\u00e9ndose en la existencia compartida; es din\u00e1mico, un incansable movimiento. Se dir\u00eda, con palabras de Badiou: \u00abla decisi\u00f3n pol\u00edtica est\u00e1 en manos de un nuevo pueblo que toma lugar en una plaza, que est\u00e1 reunido <em>en un lugar<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Con este esp\u00edritu se podr\u00eda decir \u2013recordando el vivir del propio Alberto, y en la voz de Benjamin\u2013 que \u00abes m\u00e1s dif\u00edcil honrar la memoria de los sin nombre que la de la gente reconocida. A la memoria de los sin nombre se tendr\u00e1 que dedicar la construcci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb. Y, curiosamente, mientras le\u00eda estos d\u00edas los textos y miraba las reproducciones de Alberto, alguien me habl\u00f3 del pintor Luis Quintanilla. Recibi\u00f3 el encargo de componer unos frescos para representar a Espa\u00f1a en la siguiente Exposici\u00f3n Universal, la de Nueva York en 1939. Su obra se llamaba <em>Ama la paz, odia la guerra<\/em>; pero, cuando lleg\u00f3 el momento de exponer los frescos, ya el gobierno republicano que los encarg\u00f3 hab\u00eda ca\u00eddo. Entonces se perdieron, se supo luego que estaban en los pasillos, junto a la salida de incendios, de un cine neoyorquino. Que se hayan recuperado y hoy se conserven en la Universidad de Cantabria no impide el flujo <em>sin nombre<\/em> de la historia. Sentir ese flujo, trasladarlo al recuerdo y la vida del presente est\u00e1 siempre abierto. Como ese <em>pueblo<\/em> obligado a hacerse, si quiere existir. Aquel camino que se hac\u00eda al andar, el de Machado, es tal vez el que da nombre a la pieza.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/alsanchez4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-8967  aligncenter\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/alsanchez4-962x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"544\" height=\"579\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/alsanchez4-962x1024.jpg 962w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/alsanchez4-282x300.jpg 282w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/alsanchez4-768x817.jpg 768w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/alsanchez4.jpg 980w\" sizes=\"auto, (max-width: 544px) 100vw, 544px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Lecturas<\/strong>.\u2013<\/p>\n<p>Alberto S\u00e1nchez, <em>Palabras de un escultor<\/em>. Valencia, Fernando Torres, 1975.<\/p>\n<p>\u2013\u2013 \u201cCuartillas le\u00eddas en un homenaje a Miguel Hern\u00e1ndez\u201d, y Miguel Hern\u00e1ndez, \u201cAlberto, el vehemente\u201d, <em>Litoral<\/em>, 73-75, 1978.<\/p>\n<p>Jaime Brihuega, \u201cLa harina m\u00e1gica del toledano Alberto\u201d, <em>Almud. Revista de estudios de Castilla-La Mancha<\/em>, 3, 1980.<\/p>\n<p>\u2013\u2013 \u201cEl fulgor de un ep\u00edlogo. Dos obras de la \u00faltima etapa de Alberto\u201d, <em>Bolet\u00edn del Museo de Bellas Artes de Bilbao,<\/em> 9, 2015.<\/p>\n<p>VV. AA., \u201cAlberto S\u00e1nchez\u201d, <em>Bolet\u00edn de informaci\u00f3n municipal del Ayuntamiento de Toledo<\/em>, 57, 1982.<\/p>\n<p>Adolfo G\u00f3mez Cedillo, \u201cAlberto S\u00e1nchez: Un dibujo in\u00e9dito y extracto de conferencia\u201d, <em>Anuario del Departamento de Historia y Teor\u00eda del Arte<\/em>, Universidad Aut\u00f3noma de Madrid, Vol. III, 1991.<\/p>\n<p>Francisco Llorca Zabala, \u201cEl tr\u00e1nsito ciego de la noche. Revisi\u00f3n de \u00abEl extra\u00f1o caso del escultor Alberto S\u00e1nchez\u00bb\u201d, en: Cristina Gim\u00e9nez Navarro y Concha Lomba Serrano (coord.), <em>El arte del siglo XX<\/em>, Zaragoza, Instituto Fernando el Cat\u00f3lico y Universidad de Zaragoza, 2009.<\/p>\n<p>Jes\u00fas L\u00e1zaro Docio, \u201cAlberto S\u00e1nchez: Un canto a la luz desde la conciencia de la oscuridad\u201d, <em>Kaleidoscopio<\/em>, 18, 2012.<\/p>\n<p><em>Galer\u00eda de pintores espa\u00f1oles<\/em>, <a href=\"http:\/\/www.foroxerbar.com\/viewforum.php?f=52\">http:\/\/www.foroxerbar.com\/viewforum.php?f=52<\/a><\/p>\n<p>Walter Benjamin, <em>Sobre el concepto de historia<\/em>. Introducci\u00f3n, edici\u00f3n y traducci\u00f3n de Bol\u00edvar Echeverr\u00eda. Archivo Chile (Historia Pol\u00edtica Social \u2013 Movimiento Popular), en l\u00ednea.<\/p>\n<p>A. Badiou; P. Bourdieu; J. Butler; G. Didi-Huberman; Sadri Khiari; J. Ranci\u00e8re, <em>\u00bfQu\u00e9 es el pueblo?<\/em> Traducci\u00f3n de Javier Bassas Vila y Pilar Ballesta Pages. Madrid, Casus Belli, 2014.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Este texto ha sido publicado en Tamtam Press, dentro de la serie \u201cTienda de fieltro\u201d)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 1937. Fotos en blanco y negro. 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