{"id":8993,"date":"2021-01-26T05:00:10","date_gmt":"2021-01-26T04:00:10","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8993"},"modified":"2021-01-24T13:42:05","modified_gmt":"2021-01-24T12:42:05","slug":"la-izquierda-reforma-y-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=8993","title":{"rendered":"La izquierda: reforma y revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><span class=\"dropcap\">N<\/span>o deja de ser extra\u00f1o, incluso parad\u00f3jico, lo que sucede actualmente en el mundo de las ciencias sociales: justo en una \u00e9poca que se reconoce a s\u00ed misma como un tiempo especialmente marcado por cambios radicales e insospechados -cambios que abarcan todo el conjunto de la vida civilizada, desde lo imperceptible de la estructura t\u00e9cnica hasta lo evidente de la escena pol\u00edtica-, la idea de la revoluci\u00f3n como v\u00eda de la transici\u00f3n hist\u00f3rica cae en un desprestigio creciente. Sea profunda o no, una mutaci\u00f3n considerable del discurso sobre lo social se deja documentar abundantemente. Se trata, vista desde su \u00e1ngulo m\u00e1s espectacular, de lo que se ha dado en llamar una sustituci\u00f3n -de preferencia por sus contrarios- de los paradigmas, modelos o casos ejemplares que hab\u00edan servido hasta hace poco (una o dos d\u00e9cadas) a los te\u00f3ricos de lo social para hablar de las transformaciones hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>El lugar paradigm\u00e1tico, ocupado hasta hace poco por las revoluciones (francesa, rusa, china, cubana, etc\u00e9tera), lo toman ahora las transiciones reformadoras (la revoluci\u00f3n norteamericana, los Gr\u00fcnderjahre y la era de Bismarck, la segunda posguerra europea, etc\u00e9tera). Tan significativo es este cambio de paradigmas que Octavio Paz cree ver en su presencia todo <em>\u201c\u2026el fin de una era: presenciamos el crep\u00fasculo de la idea de revoluci\u00f3n en su \u00faltima y desventurada encarnaci\u00f3n, la versi\u00f3n bolchevique. Es una idea que \u00fanicamente se sobrevive en algunas regiones de la periferia y entre sectas enloquecidas, como la de los terroristas peruanos. Ignoramos qu\u00e9 nos reserva el porvenir\u2026 En todo caso el mito revolucionario se muere. \u00bfResucitar\u00e1? No lo creo. No lo mata una Santa Alianza: muere de muerte natural.\u201d<\/em><a href=\"https:\/\/lalineadefuego.info\/2017\/02\/16\/la-izquierda-reforma-y-revolucion-por-bolivar-echeverria\/#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>J\u00fcrgen Habermas coincide con Paz en la apreciaci\u00f3n de la importancia del fen\u00f3meno. Pero, a diferencia de la interpretaci\u00f3n paciana, en la que est\u00e1 ausente toda voluntad de distinguir entre el mito revolucionario y la idea de revoluci\u00f3n -y en la que \u00e9sta parecer\u00eda haber perdido definitivamente toda funci\u00f3n descriptiva acerca de la transici\u00f3n hist\u00f3rica que vivimos y toda funci\u00f3n normativa de las actitudes y las acciones en la pol\u00edtica actual-, la suya intenta una aproximaci\u00f3n m\u00e1s diferenciada y comprensiva. Observa tambi\u00e9n el ocaso de la conciencia revolucionaria y su mesianismo moderno, pero al mismo tiempo ve en la actualidad del reformismo un suceso que depende de la radicalizaci\u00f3n del mismo y, en ese sentido, de la adopci\u00f3n por parte suya de determinados contenidos esenciales de la idea de revoluci\u00f3n. En nuestro tiempo -sugiere- la \u00fanica revoluci\u00f3n posible es la reforma.<a href=\"https:\/\/lalineadefuego.info\/2017\/02\/16\/la-izquierda-reforma-y-revolucion-por-bolivar-echeverria\/#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a><\/p>\n<p>En el discurso que versa sobre lo social desde el lado progresista o de izquierda, es decir, desde la perspectiva de quienes han venido trabajando en la \u201cconstrucci\u00f3n de un sujeto pol\u00edtico de alternativa\u201d, esta mutaci\u00f3n en el \u201cesp\u00edritu de la \u00e9poca\u201d no carece en ocasiones de rasgos dram\u00e1ticos; parecer\u00eda implicar un secamiento de la fuente que le hab\u00eda servido para afirmar su identidad. La nueva convicci\u00f3n que all\u00ed se abre paso parte de un reconocimiento: despu\u00e9s de la p\u00e9rdida de las ilusiones (en verdad religiosas) acerca de una salvaci\u00f3n revolucionaria, despu\u00e9s de la experiencia del \u201cdesencanto\u201d -y sobre todo a partir de ella-, ha llegado para la izquierda la hora de pensar con la cabeza despejada (n\u00fcchtern). Y arriba a una conclusi\u00f3n inquietante: ha llegado la hora de reorientar la identidad de la izquierda; de abandonar el arca\u00edsmo del mito revolucionario y de pensar y actuar de manera reformista. A contracorriente de esta transformaci\u00f3n espontanea \u2013y en esa medida indetenible del modo de tematizar la transici\u00f3n hist\u00f3rica y de interpretar por tanto la situaci\u00f3n contempor\u00e1nea, quisiera yo examinar brevemente la pertinencia te\u00f3rica y la validez pol\u00edtica de la exclusi\u00f3n que ella trae consigo de la idea misma de revoluci\u00f3n. \u00bfDespejarse la cabeza de ilusiones revolucionarias milenaristas tiene que significar para la izquierda un abandono de su orientaci\u00f3n revolucionaria? \u00bf0 puede constituir, por el contrario, una oportunidad de precisar y enriquecer su concepto de revoluci\u00f3n?<\/p>\n<p>Hablar de una sustituci\u00f3n de paradigmas te\u00f3ricos es referirse a algo que sucede m\u00e1s en las afueras del discurso te\u00f3rico que dentro del mismo. El discurso te\u00f3rico de una \u00e9poca no elige a su arbitrio ni el tema ni la tendencia b\u00e1sica de su tratamiento. Uno y otra parecen decidirse m\u00e1s bien en el terreno de aquellos otros discursos entregados al cultivo y la regeneraci\u00f3n de las leyendas y los mitos. El discurso te\u00f3rico trabaja a partir de lo que \u00e9stos le entregan. Mientras la historia moderna requiri\u00f3 ser narrada como el <em>epos<\/em> de la libertad y la creatividad, de la actividad del hombre en su lucha incansable y exitosa contra todo lo que quisiera ponerle trabas a su voluntad de objetivaci\u00f3n, es comprensible que el mito revolucionario -el mito que, en su esencia, justifica las pretensiones pol\u00edticas de un comienzo o recomienzo absoluto (de una fundaci\u00f3n o refundaci\u00f3n ex nihilo) de la vida en sociedad- fuera el mito m\u00e1s invocado.<\/p>\n<p>Ahora que las encarnaciones de esa actividad, los sujetos soberanos -las naciones o sus r\u00e9plicas individuales parecen haber perdido su funci\u00f3n y \u201cno estar ya all\u00ed para emprender, sino solo para ejecutar\u201d, la historia moderna prefiere una legendarizaci\u00f3n menos dram\u00e1tica de s\u00ed misma, en la que, al rev\u00e9s de la anterior, ella aparece como una din\u00e1mica autom\u00e1tica de civilizaci\u00f3n; como el triunfo, no ya del Hombre (sujeto), sino de un ordenamiento sin sujeto que se afirma en medio de lo ca\u00f3tico o natural (y tambi\u00e9n, por tanto, de lo b\u00e1rbaro o atrasado).<\/p>\n<p>El mito que interpreta a los procesos revolucionarios seg\u00fan la imagen de la Creaci\u00f3n, del texto que se escribe sobre el papel en blanco despu\u00e9s de haber borrado otro anterior, tiende a sustituirse por otro -una nueva versi\u00f3n del mito del Destino-, que ve en ellos, como en toda actividad humana, el simple desciframiento pr\u00e1ctico de una escritura prexistente. El destronamiento de la figura \u00e9pica y m\u00edtica de la revoluci\u00f3n (de su definici\u00f3n como una refundaci\u00f3n absoluta) es un episodio de primera importancia entre todos los que coinciden en el ocaso -un ocaso m\u00e1s que justificado- de toda la constelaci\u00f3n de mitos propios de la modernidad capitalista. Sin embargo, una pregunta se impone: \u00bfdebe la idea de revoluci\u00f3n correr la misma suerte que el mito moderno de la revoluci\u00f3n? \u00bfEs la idea de revoluci\u00f3n un simple remanente del pensar metaf\u00edsico, una mimetizaci\u00f3n pol\u00edtica del antiguo mesianismo judeocristiano? \u00bfDescartar del discurso la invocaci\u00f3n m\u00e1gica a la revoluci\u00f3n implica eliminar tambi\u00e9n la presencia discursiva de la revoluci\u00f3n como un instrumento conceptual necesario para la descripci\u00f3n de las transiciones hist\u00f3ricas reales, y como una idea normativa, aplicable a determinadas actitudes y actividades pol\u00edticas?<\/p>\n<p>Nada hay m\u00e1s controvertido en esta vuelta de siglo que la presencia del hecho revolucionario en la historia contempor\u00e1nea; es un hecho cuya simple nominaci\u00f3n depende ya del lugar axiol\u00f3gico que le est\u00e1 reservado de antemano en las distintas composiciones que disputan entre s\u00ed dentro del discurso historiogr\u00e1fico. Mientras unos pensamos que tal hecho \u2013inseparablemente ligado a su contrapartida siempre posible: la cat\u00e1strofe barbarizadora- constituye el acontecimiento b\u00e1sico de nuestro tiempo, otros, en el extremo opuesto, no s\u00f3lo niegan su existencia como tal, sino que ven en su consistencia puramente ideol\u00f3gica uno de los peores desvar\u00edos de la raz\u00f3n. El de la revoluci\u00f3n es, as\u00ed, un asunto que no puede tratarse al margen de las necesidades de autoafirmaci\u00f3n \u00e9tica de quienes hablan de \u00e9l; es decir, es un asunto cuya presencia resulta necesariamente divisionista en el \u00e1mbito del discurso que intenta la descripci\u00f3n y la explicaci\u00f3n de los fen\u00f3menos. Conviene por ello -si queremos permanecer en este \u00e1mbito, aunque s\u00f3lo sea por un momento-, hacer un esfuerzo de abstracci\u00f3n, despojar a la idea de revoluci\u00f3n de sus encarnaciones actuales, que probablemente la idealizan o la satanizan, y considerar su necesidad como simple instrumento del pensar.<\/p>\n<p>El n\u00facleo duro, l\u00f3gico-instrumental, de la idea de revoluci\u00f3n -no su n\u00facleo encendido, que estar\u00eda en el discurso pol\u00edtico y la irrenunciable dimensi\u00f3n ut\u00f3pica del mismo- hay que buscarlo, por debajo de las significaciones que lo sobredeterminan en sentido m\u00edtico y pol\u00edtico, en el terreno del discurso historiogr\u00e1fico. Como concepto propio de este discurso, la idea de revoluci\u00f3n pertenece a un conjunto de categor\u00edas descriptivas de la din\u00e1mica hist\u00f3rica efectiva; se refiere, en particular, a una modalidad del proceso de transici\u00f3n que lleva de un estado de cosas dado a otro que lo sucede. Mediante artificio\u00a0 met\u00f3dico, los muy variados argumentos explicativos que ofrece el discurso historiogr\u00e1fico sobre el hecho de la transici\u00f3n hist\u00f3rica pueden ser reducidos a un esquema simple. Dicho esquema podr\u00eda expresarse con la siguiente frase: \u201cel estado de cosas cambi\u00f3 porque la situaci\u00f3n se hab\u00eda vuelto insostenible\u201d. Las cosas se modifican dentro del estado (de cosas) en que se encuentran, y lo hacen en tal medida o hasta tal punto, que su permanencia dentro de \u00e9l se vuelve imposible y su paso a un estado (de cosas) diferente resulta inevitable.<\/p>\n<p>Si se hace la comparaci\u00f3n del caso, se puede observar que incluso la f\u00f3rmula empleada por Marx para explicar la din\u00e1mica de la historia econ\u00f3mica -f\u00f3rmula repetida entre nosotros hasta el cansancio- es una variaci\u00f3n peculiar de este esquema. Tambi\u00e9n esa f\u00f3rmula, que describe una dial\u00e9ctica entre las \u201cfuerzas productivas\u201d, por un lado, y las \u201crelaciones de producci\u00f3n\u201d, por otro, habla de un perfeccionamiento de las primeras en el curso del tiempo, que las lleva a \u201csentirse estrechas\u201d en el marco de las segundas, a entrar en contradicci\u00f3n con ellas y a promover una transici\u00f3n, una sustituci\u00f3n de ellas por otras. Un simple an\u00e1lisis formal de este esquema explicativo de la transici\u00f3n hist\u00f3rica permite distinguir con claridad la necesidad que el discurso historiogr\u00e1fico tiene del concepto de revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo primero que salta a la vista es que, al hablar de un cambio en el que \u201clas cosas\u201d transitan de un \u201cestado\u201d a otro diferente, el discurso historiogr\u00e1fico presupone, qui\u00e9ralo o no, una concepci\u00f3n de la realidad hist\u00f3rica como una unidad o s\u00edntesis de una substancia y una forma. Se dir\u00eda incluso que este antiguo esquema de aproximaci\u00f3n a la realidad de lo real tiene en \u00e9l su terreno de aplicaci\u00f3n m\u00e1s importante. Pensada con estas categor\u00edas, la din\u00e1mica hist\u00f3rica se explica a partir de la idea de que esa s\u00edntesis puede encerrar un conflicto, de que es posible una falta de concordancia entre la substancia y la forma en que esta substancia adquiere concreci\u00f3n. \u00a0La din\u00e1mica hist\u00f3rica parece incluso implicar -como lo afirmaba G. Bataille recordando la oposici\u00f3n nietzscheana entre lo \u201cdionis\u00edaco\u201d y lo \u201capol\u00edneo\u201d- que la substancia, que s\u00f3lo puede existir realmente si una forma viene a ponerle l\u00edmites a su inquietud dispersante, llega, sin embargo, a llenar y a rebasar c\u00edclicamente los bordes de la forma establecida, proponiendo ella misma el esbozo de una nueva forma con la que esa forma tendr\u00e1 que disputar su lugar antes de abandonarlo.<\/p>\n<p>Ahora bien, el paso o tr\u00e1nsito a un estado de cosas diferente constituye de hecho una soluci\u00f3n a la problem\u00e1tica sin salida en la que se encontraba el estado de cosas anterior. Y esta soluci\u00f3n no tiene por qu\u00e9 ser en todos casos la misma; es indudable que, de la situaci\u00f3n de impasse al que llegan las cosas en un cierto estado, el salto que las lleva a otro estado puede ir en varias direcciones y adem\u00e1s en sentidos incluso contrapuestos.<\/p>\n<p>Lo caracter\u00edstico en la situaci\u00f3n de partida de un proceso de transici\u00f3n es el predominio de lo que hay de contradictorio sobre lo que hay de arm\u00f3nico en la relaci\u00f3n que junta la substancia con la forma de una realidad hist\u00f3rica. La substancia ha crecido o se ha reacomodado, acontecimiento que ha provocado en la forma establecida la insuficiencia o caducidad de algunos de sus rasgos y la solicitaci\u00f3n de ciertos rasgos nuevos, desconocidos en ella. En el proceso de transici\u00f3n, esta situaci\u00f3n de partida es seguida por un segundo momento, en el que lo caracter\u00edstico est\u00e1 dado por el movimiento de respuesta proveniente de la forma establecida. Se trata de un movimiento de reacci\u00f3n que no puede ejercerse m\u00e1s que en dos direcciones: a) la forma puede actuar sobre s\u00ed misma en sentido autor reformador, sea con el fin de ampliar sus m\u00e1rgenes de tolerancia o de integrar en s\u00ed los nuevos esbozos de forma ajenos a ella; y b) la forma puede actuar sobre la substancia en sentido debilitador, sea con el fin de disminuir la carga impugnadora que existe en la misma o de desviarla hacia objetivos que le son por lo pronto indiferentes.<\/p>\n<p>Ampliado de esta manera, el esquema explicativo de la transici\u00f3n hist\u00f3rica permite distinguir al menos cuatro salidas puras, todas ellas genuinas o necesarias, para las cosas hist\u00f3ricas encerradas en un \u201cestado\u201d que se ha vuelto insostenible: la reforma y la reacci\u00f3n, por un lado, y la revoluci\u00f3n y la barbarie, por otro. Hay que reconocer ante todo que la respuesta dada por la forma a la amenaza proveniente de la substancia puede alcanzar un buen \u00e9xito; buen \u00e9xito que por lo dem\u00e1s puede tener dos sentidos completamente diferentes, incluso contrapuestos.<\/p>\n<p>En un primer sentido, esta eficacia del estado de cosas en dar cuenta de las exigencias planteadas por las cosas hist\u00f3ricas alteradas implica la apertura de toda una \u00e9poca de modificaciones que vienen a ampliar y a diversificar el orden social establecido. Para no dejar de ser ella misma, la forma imperante toma la delantera a las mutaciones primeras, aun no exageradas, de la substancia. Genera subformas de s\u00ed misma que, en el terreno de los hechos, revelan ser capaces de integrar la exigencia de renovaci\u00f3n formal; crea remansos de \u201cutop\u00edas realizadas\u201d. Saluda al futuro, pero no cree indispensable despedirse del pasado. Postula una preeminencia en la historia de lo que ser\u00eda una modificaci\u00f3n continuadora sobre lo que ser\u00eda una ruptura creativa.<\/p>\n<p>Planteados as\u00ed los t\u00e9rminos, \u201creformistas\u201d ser\u00edan propiamente la actitud \u00e9tica y la posici\u00f3n pol\u00edtica que, como suele decirse, \u201cle apuestan\u201d a esta primera v\u00eda de transici\u00f3n hist\u00f3rica. En un segundo sentido, contrapuesto al primero, el buen \u00e9xito de la reacci\u00f3n de la forma frente a la inconformidad de la substancia, es decir, el triunfo del estado de cosas imperante sobre las cosas mismas, se presenta como una \u00e9poca de reafirmaci\u00f3n exagerada del orden social establecido y de destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica del cuerpo social; un tiempo que, cuando no sangra de manera lenta e individualizada sus energ\u00edas hist\u00f3ricas, las sacrifica abrupta y masivamente. Esta v\u00eda de transici\u00f3n -en la que el futuro es sometido y devorado por el pasado- es la v\u00eda retrograda o reaccionaria que puede seguir la historia en sus procesos de transici\u00f3n.<\/p>\n<p>Retr\u00f3grada o reaccionaria es, en consecuencia, la actitud \u00e9tico-pol\u00edtica que se deja amedrentar por esta respuesta prepotente del establishment, y se identifica con ella. Pero no siempre el proceso se acaba con una de estas dos salidas. La historia conoce transiciones que presentan un tercer momento. La resistencia que las cosas ofrecen al intento que el estado en que se encuentran hace de reafirmar su validez puede resultar m\u00e1s o menos efectiva. La respuesta de la forma a la amenaza de la substancia puede llegar a fracasar; sus esfuerzos de autoconservaci\u00f3n pueden revelarse insuficientes. Se trata de una efectividad de las primeras o de un fracaso de la segunda, que se manifiesta igualmente en dos sentidos del todo divergentes.<\/p>\n<p>En un primer sentido: aquel crecimiento o reacomodo que hab\u00eda tenido lugar en el seno de la substancia alcanza a sobreponerse tanto a la acci\u00f3n integradora ejercida sobre \u00e9l por la forma dominante, y dirigida a desactivar su inconformidad respecto de ella, como a la acci\u00f3n represora con la que esa misma forma lo rechaza e intenta aniquilarlo. La presi\u00f3n de las cosas sobre el estado en que se encuentran llega a constituir toda una \u00e9poca de \u201cactualidad de la revoluci\u00f3n\u201d: se crean formas alternativas que comienzan a competir abiertamente con la establecida; se prefiguran, dise\u00f1an y ponen en pr\u00e1ctica nuevos modos de comportamiento econ\u00f3mico y de convivencia social. Esta v\u00eda de salida, que pasa por una subversi\u00f3n (Um-w\u00e4lzung) destinada a sustituir (Ersetzung), y no s\u00f3lo a remozar el estado de cosas prevaleciente, es la soluci\u00f3n a la exigencia hist\u00f3rica de transici\u00f3n que constituye el fundamento de la posici\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica revolucionaria.<\/p>\n<p>En un segundo sentido, la situaci\u00f3n necesitada de transici\u00f3n puede encallar en un empate y permanecer as\u00ed por tiempo indefinido. El fracaso de la forma puede tener su contrapartida en una incapacidad de triunfo por parte de la substancia; puede ir acompa\u00f1ado de un fracaso equiparable de las cosas en inventar un nuevo estado para s\u00ed mismas. Se abre entonces un per\u00edodo de deformaci\u00f3n lenta de las formas establecidas y de desperdicio continuo de las nuevas energ\u00edas hist\u00f3ricas. Se trata de una salida que consiste en encerrar dentro de s\u00ed misma una situaci\u00f3n social necesitada de una transici\u00f3n hist\u00f3rica; salida decadente, si se toman en cuenta las zonas de predominio exacerbado de la forma, o salida b\u00e1rbara, si se consideran las zonas de desastre, en donde la resistencia de la substancia se corrompe y languidece.<\/p>\n<p>En resumen: la descripci\u00f3n anterior de las posibilidades inherentes al esquema con que el discurso historiogr\u00e1fico piensa la transici\u00f3n hist\u00f3rica muestra con toda claridad que en \u00e9l existe un lugar necesario para la idea de revoluci\u00f3n. La salida revolucionaria es sin duda una de las cuatro soluciones a la situaci\u00f3n de impasse en la que puede desembocar un estado de cosas hist\u00f3rico; es una de las cuatro v\u00edas o modalidades puras de transici\u00f3n que juegan y se combinan entre s\u00ed en toda transici\u00f3n hist\u00f3rica concreta.<\/p>\n<p>Dos conclusiones pueden desprenderse directamente de este examen formal del discurso historiogr\u00e1fico. La primera, acerca del discurso pol\u00edtico de izquierda y su uso de la idea de revoluci\u00f3n. De izquierda -podr\u00eda decirse- son todas aquellas posiciones \u00e9tico-pol\u00edticas que, ante la impugnaci\u00f3n que la cosa hist\u00f3rica hace del estado en que se encuentra, rechazan la inercia represora y destructiva de \u00e9ste y toman partido por la transformaci\u00f3n total o parcial del mismo, es decir, por la construcci\u00f3n o la reconstrucci\u00f3n de la armon\u00eda entre una substancia hist\u00f3rica y su forma. Seg\u00fan esto, hacen mal o, mejor dicho, carecen de fundamento racional quienes actualmente, ubicados en una posici\u00f3n de izquierda, creen que, junto con el mito moderno de la revoluci\u00f3n, es conveniente expulsar tambi\u00e9n de su discurso la idea misma de revoluci\u00f3n y todas aquellas que de una manera u otra giran a su alrededor, como es el caso de la idea de socialismo.<\/p>\n<p>Si el cambio de identidad dependiera m\u00e1gicamente del cambio de nombre, nada ser\u00eda ahora m\u00e1s oportuno para el socialismo que pasar a llamarse de otra manera; dejar que el socialismo real se hunda con todo, con adjetivo y sustantivo, para poder \u00e9l rehacer su identidad con se\u00f1as nuevas: sin m\u00e1cula. En la historia, sin embargo, el poder de un segundo bautizo suele ser restringido. Poco ayuda, por ejemplo, sustituir el nombre del socialismo con un sin\u00f3nimo suyo menos preciso: \u201cdemocracia\u201d. Socialismo es el nombre gen\u00e9rico de una meta hist\u00f3rica cuyo atractivo concreto s\u00f3lo se vislumbra desde la situaci\u00f3n de impasse en la que entra el estado de cosas hist\u00f3rico de la modernidad capitalista. Hace referencia a una determinada armon\u00eda posible entre la substancia y la forma de la vida social propiamente moderna; armon\u00eda que valdr\u00eda la pena perseguir y que para unos ser\u00e1 fruto de una reforma radical, mientras para otros deber\u00e1 resultar de una innovaci\u00f3n revolucionaria. \u201cDemocracia\u201d, por su parte, es el nombre de esa armon\u00eda, pero en general; de la coincidencia entre el car\u00e1cter p\u00fablico (demosios) de la generaci\u00f3n de supremac\u00eda pol\u00edtica (kratos) y el car\u00e1cter popular (demotikos) de su ejercicio.<\/p>\n<p>En gran medida, si no es que del todo, la identidad de la izquierda se define por el socialismo. Renunciar a \u00e9l implica aceptar que, en la actualidad, las \u00fanicas opciones hist\u00f3ricas realistas son la reacci\u00f3n o la barbarie; que una transformaci\u00f3n del estado de las cosas hist\u00f3ricas no est\u00e1 en la orden del d\u00eda y que quien debe alinearse, contenerse y reprimirse dentro de la forma capitalista dada es la substancia social moderna y su inconformidad.<\/p>\n<p>El discurso que versa sobre lo social desde posiciones de izquierda tiene ante s\u00ed un sinn\u00famero de cuestiones nuevas. Entre ellas se encuentran las siguientes: \u00bfel fracaso del \u201csocialismo realmente existente\u201d en la Europa centroriental es la prueba de la inactualidad de todo socialismo o lo es \u00fanicamente del socialismo \u201creligioso\u201d que se dej\u00f3 convertir en ideolog\u00eda totalitaria? \u00bfHa sido, en verdad, el \u201csocialismo real\u201d la realizaci\u00f3n de la versi\u00f3n revolucionaria (marxista) del socialismo? \u00bfQueda \u00e9sta, por tanto, definitivamente descalificada junto con el hundimiento de aqu\u00e9l? \u00bfO, por el contrario, el \u201csocialismo real\u201d ha consistido en una represi\u00f3n sistem\u00e1tica de la misma, y su debacle de ahora significa m\u00e1s bien para ella una liberaci\u00f3n? La segunda conclusi\u00f3n requiere tomar en cuenta ciertos hechos que no se prestan a duda. Seg\u00fan los datos disponibles acerca del tiempo presente -tiempo anterior a los efectos de la perestroika rusa y las revoluciones centro-europeas sobre el mundo occidental-, lo m\u00e1s probable es que se trate de una \u00e9poca de \u201cactualidad de la reforma\u201d; una \u00e9poca en que la historia parece adelantarse a la pol\u00edtica, a diferencia de otras, que Lukacs llam\u00f3 de \u201cactualidad de la revoluci\u00f3n\u201d, en las que la pol\u00edtica parece rebasar a la historia.<\/p>\n<p>Es verdad que no hay continuidad entre la salida revolucionaria y la soluci\u00f3n reformista. Como le gustaba repetir a Rosa Luxemburg, la revoluci\u00f3n no es un c\u00famulo acelerado de reformas, ni la reforma es una revoluci\u00f3n dosificada. Una y otra van por caminos distintos, llevan a metas diferentes; la sociedad que puede resultar del triunfo de la una es completamente diferente de la que puede resultar del buen \u00e9xito de la otra. Pero, sin embargo, aunque son enteramente diferentes entre s\u00ed -incluso hostilmente contrapuestas-, la perspectiva revolucionaria y la reformista se necesitan mutuamente dentro del horizonte pol\u00edtico de la izquierda.<\/p>\n<p>Las metas propiamente reformistas ocupan con su actualidad indudable todo el primer plano de las preocupaciones pol\u00edticas de la izquierda actuante y realista. Pero el discurso de izquierda har\u00eda un voto de pobreza autodestructivo si decidiera permanecer exclusivamente dentro de los l\u00edmites de ese primer plano. No puede desentenderse del hecho de que, en un segundo plano, de menor nitidez, hay tambi\u00e9n metas pol\u00edticas que s\u00f3lo son perceptibles en la perspectiva de una modalidad revolucionaria de la transici\u00f3n hist\u00f3rica en la que se encuentra actualmente la sociedad. Metas que son urgentes, es decir, que tienen una necesidad real y no ilusoria, pero que son ut\u00f3picas porque resultan inoportunas en lo que respecta a la posibilidad inmediata de su realizaci\u00f3n. Imperceptibles desde la perspectiva reformista, gravitan sin embargo sobre el horizonte pol\u00edtico de \u00e9sta, influyen sobre \u00e9l, lo condicionan y conforman.<\/p>\n<p>Se trata de metas de pol\u00edtica econ\u00f3mica y social, de pol\u00edtica tecnol\u00f3gica y ecol\u00f3gica, de pol\u00edtica cultural y nacional, que, de no ser alcanzadas o al menos perseguidas, pueden convertirse en lastres capaces de desvirtuar las m\u00e1s osadas conquistas reformistas. Por lo dem\u00e1s, ahora que la Europa centroriental, al deshacerse de la pseudorrevoluci\u00f3n en que viv\u00eda, deja al descubierto que mucho de la falta de autenticidad de \u00e9sta se escond\u00eda justamente en su abstraccionismo, el reformismo le presta a la perspectiva revolucionaria un gran servicio. Le recuerda algo que en ella se suele olvidar con frecuencia: que la revoluci\u00f3n, para serlo en verdad, debe ser, corno lo se\u00f1alaba Hegel, una \u201cnegaci\u00f3n determinada\u201d de lo existente, comprometida con lo que niega, dependiente de ello, para el planteamiento concreto de su novedad.<\/p>\n<p>De todos los vaivenes, las permutaciones y las conversiones pol\u00edticas que ha conocido la historia del siglo XX hay algo que podr\u00edan aprender los dos \u201chermanos enemigos\u201d que conforman la izquierda: pocas cosas son m\u00e1s saludables que volcar un poco de iron\u00eda sobre la propia seguridad. El mismo esp\u00edritu de seriedad que lleva a absolutizar y a dogmatizar, sean las verdades revolucionarias o las reformistas, lleva tambi\u00e9n con necesidad a la censura, la discriminaci\u00f3n y la opresi\u00f3n de las unas por las otras. Por ello es preocupante observar el parecido que hay entre aquel fanatismo que, en la crisis de la Republica Alemana de Weimar, hizo que los comunistas acusaran de socialfascistas a los reformistas socialdem\u00f3cratas y el que se muestra ahora, cuando, por ejemplo, se pretende identificar toda posici\u00f3n revolucionaria con la del \u201csocialismo\u201d desp\u00f3tico e irracional que ilusiona en estos d\u00edas, en su desesperaci\u00f3n, a tanta gente del Per\u00fa, discriminada y explotada durante siglos.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lalineadefuego.info\/2017\/02\/16\/la-izquierda-reforma-y-revolucion-por-bolivar-echeverria\/#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cPoes\u00eda, mito, revoluci\u00f3n\u201d, en Vuelta, n\u00fam. 152, M\u00e9xico, julio de 1989<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/lalineadefuego.info\/2017\/02\/16\/la-izquierda-reforma-y-revolucion-por-bolivar-echeverria\/#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> \u201cLa soberan\u00eda popular corno procedimiento\u201d, en Cuadernos Pol\u00edticos, n\u00fam. 57, M\u00e9xico, 1989.<\/p>\n<p>* Tomado de UTOP\u00cdAS,\u00a0, Nr. 6, Marzo-Abril de 1990, Revista de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la UNAM.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No deja de ser extra\u00f1o, incluso parad\u00f3jico, lo que sucede actualmente en el mundo de las ciencias sociales: justo en<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":8994,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,1548],"tags":[],"class_list":["post-8993","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia","category-politica"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8993","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8993"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8993\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/8994"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8993"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8993"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8993"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}