{"id":909,"date":"2008-01-04T00:00:00","date_gmt":"2008-01-04T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=909"},"modified":"2020-02-26T07:10:45","modified_gmt":"2020-02-26T06:10:45","slug":"la-improbabilidad-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=909","title":{"rendered":"La improbabilidad de Dios"},"content":{"rendered":"<p>La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los \u00e1rabes se vuelan en su nombre. Los imanes y los ayatol\u00e1s oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets jud\u00edos le rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religi\u00f3n en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad cient\u00edfica hasta el \u00faltimo momento) son aun m\u00e1s impresionantes. \u00bfY a qu\u00e9 ha ayudado todo esto? Creo que est\u00e1 quedando cada vez m\u00e1s claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay raz\u00f3n para creer en la existencia de ning\u00fan tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme p\u00e9rdida de tiempo y de vidas. Ser\u00eda un chiste de proporciones c\u00f3smicas si no fuera tan tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 cree la gente en Dios? Para la mayor\u00eda de la gente, la respuesta es todav\u00eda una versi\u00f3n del antiguo Argumento del Dise\u00f1o. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodin\u00e1mico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a trav\u00e9s de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a trav\u00e9s de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electr\u00f3nica y la perfecci\u00f3n \u00f3ptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginaci\u00f3n, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los dise\u00f1os cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analog\u00eda del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el car\u00e1cter obviamente dise\u00f1ado de sus ruedas dentadas y muelles, y de c\u00f3mo se engranan para un prop\u00f3sito, te forzar\u00edan a concluir \u00abque el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en alg\u00fan lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el prop\u00f3sito que le encontramos; que comprend\u00edan su construcci\u00f3n, y dise\u00f1aron su uso.\u00bb Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s lo ser\u00e1 para el ojo, el o\u00eddo, el ri\u00f1\u00f3n, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un prop\u00f3sito obvio tienen que tener su propio dise\u00f1ador, su propio relojero (Dios).<\/p>\n<p>As\u00ed dec\u00eda el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en alg\u00fan momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales m\u00e1s sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente prop\u00f3sito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completemente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ning\u00fan dise\u00f1ador y que b\u00e1sicamente es consecuencia de unas leyes f\u00edsicas muy simples. Es el proceso de la evoluci\u00f3n por selecci\u00f3n natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan todos los objetos que parecen haber tenido un dise\u00f1ador? La respuesta es su improbabilidad estad\u00edstica. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no conclu\u00edmos que debe haberla dise\u00f1ado un \u00f3ptico: las leyes f\u00edsicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente \u00abhaya ocurrido\u00bb. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberraci\u00f3n esf\u00e9rica y crom\u00e1tica, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras \u00abCarl Zeiss\u00bb grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los \u00e1tomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la f\u00edsica, es te\u00f3ricamente posible que, por pura casualidad, los \u00e1tomos formen el patr\u00f3n de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los \u00e1tomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el n\u00famero de otras posibilidades en las que podr\u00edan quedar los \u00e1tomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hip\u00f3tesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podr\u00eda decir que cualquier disposici\u00f3n de los \u00e1tomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de c\u00e9sped particular en un campo de golf, ser\u00eda absurdo exclamar: \u00abDe todos los miles de millones de hojas de c\u00e9sped en los que podr\u00eda haber ca\u00eddo, la bola ha ca\u00eddo justamente sobre \u00e9sta. \u00a1Qu\u00e9 asombrosa y milagrosamente improbable!\u00bb Aqu\u00ed la falacia es, por supuesto, que la bola ten\u00eda que caer en alguna parte. S\u00f3lo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre s\u00ed mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso ser\u00eda realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.<\/p>\n<p>De los trillones de formas que hay de juntar los \u00e1tomos de un telescopio, s\u00f3lo una minor\u00eda funcionar\u00eda realmente de manera \u00fatil. S\u00f3lo una peque\u00f1a minor\u00eda tendr\u00eda el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, s\u00f3lo una peque\u00f1a minor\u00eda dar\u00e1 la hora o har\u00e1 algo \u00fatil. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, s\u00f3lo una minor\u00eda infinitesimal podr\u00eda vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el n\u00famero de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, \u00a1es seguro que hay much\u00edsimas m\u00e1s formas de estar muerto!<\/p>\n<p>Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estad\u00edsticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. \u00bfC\u00f3mo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monol\u00edtico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesi\u00f3n de peque\u00f1os pasos casuales, cada uno lo suficientemente peque\u00f1o para que sea un producto cre\u00edble de su predecesor. Estos peque\u00f1os pasos de casualidad est\u00e1n causados por las mutaciones gen\u00e9ticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material gen\u00e9tico. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayor\u00eda de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minor\u00eda de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducci\u00f3n. A trav\u00e9s de este proceso de selecci\u00f3n natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro peque\u00f1o cambio en el proceso evolutivo. Despu\u00e9s de, digamos, un millar de estos peque\u00f1os cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulaci\u00f3n, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.<\/p>\n<p>Por ejemplo, es te\u00f3ricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es te\u00f3ricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran n\u00famero de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simult\u00e1neamente, podr\u00eda aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es te\u00f3ricamente posible, es inconcebible en la pr\u00e1ctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta \u00abcorrecta\u00bb implica cambios en un n\u00famero enorme de genes simult\u00e1nemente. La receta correcta es una combinaci\u00f3n particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareci\u00f3 a partir de un ojo un poquito menos elaborado a\u00fan, etc\u00e9tera. Si suponemos un n\u00famero suficientemente grande de diferencias suficientemente peque\u00f1as entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. \u00bfCu\u00e1ntas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cu\u00e1nto tiempo podemos tratar. \u00bfHa habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante peque\u00f1os pasos?<\/p>\n<p>Los f\u00f3siles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace m\u00e1s de 3.000 millones de a\u00f1os. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 a\u00f1os que vivi\u00f3 Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. \u00bfPuedes imaginar un mill\u00f3n de veces ese periodo? Sup\u00f3n que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si meti\u00e9ramos toda la Historia en un metro de rollo, \u00bfcu\u00e1nto ocupar\u00eda la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evoluci\u00f3n? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extender\u00eda desde Mil\u00e1n a Mosc\u00fa. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabr\u00eda en todo ese tiempo. Todas las razas dom\u00e9sticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de a\u00f1os: no m\u00e1s de dos metros en el trayecto de Mil\u00e1n a Mosc\u00fa. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tr\u00e1nsito de un lobo a un pekin\u00e9s; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un mill\u00f3n. Si lo miras de esa manera, parece m\u00e1s f\u00e1cil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.<\/p>\n<p>Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selecci\u00f3n natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que te\u00f3ricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionar\u00eda en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ning\u00fan ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes o\u00edr con medio o\u00eddo. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u o\u00eddo modernos.<\/p>\n<p>Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno s\u00f3lo puede preguntarse cu\u00e1les son los motivos subconscientes para querer creer en \u00e9l. Es obviamente falso que medio ojo sea in\u00fatil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quir\u00farjicamente no ven bien sin gafas, pero est\u00e1n mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obst\u00e1culos y detectar la sombra amenanzante de un depredador.<br \/>\nCon respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran n\u00famero de animales planeadores, incluyendo a mam\u00edferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arb\u00f3reos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un \u00e1rbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el \u00e1rea de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura cr\u00edtica tal que, si te caes de un \u00e1rbol desde esa altura, habr\u00edas salvado la vida con s\u00f3lo un poquito m\u00e1s de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podr\u00e1n salvar sus vidas con s\u00f3lo un poquito m\u00e1s de superficie, si se caen de un \u00e1rbol a una altura ligeramente superior. Y as\u00ed, mediante una sucesi\u00f3n imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones despu\u00e9s, aparecen alas completas.<\/p>\n<p>Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso ser\u00eda como tener la casi infinita suerte de dar con la combinaci\u00f3n que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al n\u00famero afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, \u00a1no tardar\u00edas en abrir la puerta! Esencialmente, \u00e9se es el secreto de c\u00f3mo la evoluci\u00f3n por selecci\u00f3n natural logra lo que antes parec\u00eda imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores s\u00f3lo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n, pues, es te\u00f3ricamente capaz de hacer el trabajo que, \u00e9rase una vez, parec\u00eda ser una prerrogativa de Dios. Pero \u00bfexiste alguna prueba de que la evoluci\u00f3n haya existido realmente? La respuesta es s\u00ed; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de f\u00f3siles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deber\u00edamos esperar si la evoluci\u00f3n fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo f\u00f3sil en un lugar donde la evoluci\u00f3n no sea capaz de explicarlo, aunque esto podr\u00eda haber pasado f\u00e1cilmente. Un f\u00f3sil de mam\u00edfero en rocas tan antiguas que los peces a\u00fan no hab\u00edan aparecido, por ejemplo, ser\u00eda suficiente para refutar la teor\u00eda de la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los patrones de distribuci\u00f3n de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperar\u00edamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deber\u00edamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos m\u00e1s distantes. El hecho de que el c\u00f3digo gen\u00e9tico sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un \u00fanico ancestro. La evidencia de evoluci\u00f3n es tan convincente que la \u00fanica manera de salvar la teor\u00eda de la creaci\u00f3n es suponer que Dios coloc\u00f3 deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evoluci\u00f3n fuese real. En otras palabras, los f\u00f3siles, la distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica de los animales, etc\u00e9tera, son todos un gigante truco de timador. \u00bfAlguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho m\u00e1s reverente, y m\u00e1s sensato cient\u00edficamente , aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivi\u00f3 hace m\u00e1s de 3.000 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>El Argumento del Dise\u00f1o ha sido pues destruido como raz\u00f3n para creer en Dios. \u00bfHay muchos m\u00e1s argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelaci\u00f3n interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napole\u00f3n o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es raz\u00f3n para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.<\/p>\n<p>Hay algo m\u00e1s que debe decirse. La evoluci\u00f3n por selecci\u00f3n natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podr\u00eda haber empezado hasta que apareciese alg\u00fan tipo de reproducci\u00f3n y herencia. La herencia moderna est\u00e1 basada en el c\u00f3digo del ADN, que es de por s\u00ed demasiado complicado para que apareciese espont\u00e1neamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la qu\u00edmica, y que proporcion\u00f3 el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selecci\u00f3n natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selecci\u00f3n acumulativa. Antes de esta original forma de selecci\u00f3n natural, hubo un periodo en el que los compuestos qu\u00edmicos se formaron a partir de elementos m\u00e1s simples, siguiendo las conocidas leyes de la f\u00edsica. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidr\u00f3geno puro como consecuencia inmediata del big bang, el suceso que inici\u00f3 el universo.<\/p>\n<p>Existe la tentaci\u00f3n de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evoluci\u00f3n de orden complejo una vez que el universo comenz\u00f3 con sus leyes fundamentales de la f\u00edsica, s\u00ed necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: s\u00f3lo hizo estallar el big bang, se sent\u00f3 y esper\u00f3 a que pasara todo. El f\u00edsico-qu\u00edmico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creaci\u00f3n, postula un Dios perezoso que se esforz\u00f3 por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica c\u00f3mo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley f\u00edsica, de su predecesor. As\u00ed reduce el trabajo que el perezoso creador necesitar\u00eda realizar y finalmente concluye que, de hecho, \u00a1no habr\u00eda necesitado hacer nada en absoluto!<\/p>\n<p>Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la f\u00edsica, mientras que yo soy un bi\u00f3logo, m\u00e1s relacionado con las etapas posteriores de la evoluci\u00f3n de la complejidad. Para m\u00ed, la cuesti\u00f3n importante es que aunque el f\u00edsico necesite postular un m\u00ednimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese m\u00ednimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definici\u00f3n, las explicaciones que surgen de premisas simples son m\u00e1s plausibles y m\u00e1s satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estad\u00edsticamente improbables. \u00a1Y es dif\u00edcil conseguir algo m\u00e1s complejo que un Dios Todopoderoso!<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Gabriel Rodr\u00edguez Alberich.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><P>La Improbabilidad de Dios Richard Dawkins. Traducci&oacute;n de Gabriel Rodr&iacute;guez Alberich. La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los &aacute;rabes se vuelan en su nombre. Los imanes y los ayatol&aacute;s oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets jud&iacute;os le rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religi&oacute;n en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad cient&iacute;fica hasta el &uacute;ltimo momento) son aun m&aacute;s impresionantes. &iquest;Y a qu&eacute; ha ayudado todo esto? Creo que est&aacute; quedando cada vez m&aacute;s claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay raz&oacute;n para creer en la existencia de ning&uacute;n tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme p&eacute;rdida de tiempo y de vidas. Ser&iacute;a un chiste de proporciones c&oacute;smicas si no fuera tan tr&aacute;gico. &iquest;Por qu&eacute; cree la gente en Dios? Para la mayor&iacute;a de la gente, la respuesta es todav&iacute;a una versi&oacute;n del antiguo Argumento del Dise&ntilde;o. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodin&aacute;mico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a trav&eacute;s de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a trav&eacute;s de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electr&oacute;nica y la perfecci&oacute;n &oacute;ptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginaci&oacute;n, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los dise&ntilde;os cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analog&iacute;a del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el car&aacute;cter obviamente dise&ntilde;ado de sus ruedas dentadas y muelles, y de c&oacute;mo se engranan para un prop&oacute;sito, te forzar&iacute;an a concluir &quot;que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en alg&uacute;n lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el prop&oacute;sito que le encontramos; que comprend&iacute;an su construcci&oacute;n, y dise&ntilde;aron su uso.&quot; Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, &iquest;cu&aacute;nto m&aacute;s lo ser&aacute; para el ojo, el o&iacute;do, el ri&ntilde;&oacute;n, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un prop&oacute;sito obvio tienen que tener su propio dise&ntilde;ador, su propio relojero (Dios). As&iacute; dec&iacute;a el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en alg&uacute;n momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales m&aacute;s sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente prop&oacute;sito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completemente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ning&uacute;n dise&ntilde;ador y que b&aacute;sicamente es consecuencia de unas leyes f&iacute;sicas muy simples. Es el proceso de la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace. &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n todos los objetos que parecen haber tenido un dise&ntilde;ador? La respuesta es su improbabilidad estad&iacute;stica. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no conclu&iacute;mos que debe haberla dise&ntilde;ado un &oacute;ptico: las leyes f&iacute;sicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente &quot;haya ocurrido&quot;. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberraci&oacute;n esf&eacute;rica y crom&aacute;tica, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras &quot;Carl Zeiss&quot; grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los &aacute;tomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la f&iacute;sica, es te&oacute;ricamente posible que, por pura casualidad, los &aacute;tomos formen el patr&oacute;n de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los &aacute;tomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el n&uacute;mero de otras posibilidades en las que podr&iacute;an quedar los &aacute;tomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hip&oacute;tesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicaci&oacute;n. Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podr&iacute;a decir que cualquier disposici&oacute;n de los &aacute;tomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de c&eacute;sped particular en un campo de golf, ser&iacute;a absurdo exclamar: &quot;De todos los miles de millones de hojas de c&eacute;sped en los que podr&iacute;a haber ca&iacute;do, la bola ha ca&iacute;do justamente sobre &eacute;sta. &iexcl;Qu&eacute; asombrosa y milagrosamente improbable!&quot; Aqu&iacute; la falacia es, por supuesto, que la bola ten&iacute;a que caer en alguna parte. S&oacute;lo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre s&iacute; mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso ser&iacute;a realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano. De los trillones de formas que hay de juntar los &aacute;tomos de un telescopio, s&oacute;lo una minor&iacute;a funcionar&iacute;a realmente de manera &uacute;til. S&oacute;lo una peque&ntilde;a minor&iacute;a tendr&iacute;a el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, s&oacute;lo una peque&ntilde;a minor&iacute;a dar&aacute; la hora o har&aacute; algo &uacute;til. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, s&oacute;lo una minor&iacute;a infinitesimal podr&iacute;a vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el n&uacute;mero de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, &iexcl;es seguro que hay much&iacute;simas m&aacute;s formas de estar muerto! Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estad&iacute;sticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. &iquest;C&oacute;mo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monol&iacute;tico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesi&oacute;n de peque&ntilde;os pasos casuales, cada uno lo suficientemente peque&ntilde;o para que sea un producto cre&iacute;ble de su predecesor. Estos peque&ntilde;os pasos de casualidad est&aacute;n causados por las mutaciones gen&eacute;ticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material gen&eacute;tico. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayor&iacute;a de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minor&iacute;a de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducci&oacute;n. A trav&eacute;s de este proceso de selecci&oacute;n natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro peque&ntilde;o cambio en el proceso evolutivo. Despu&eacute;s de, digamos, un millar de estos peque&ntilde;os cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulaci&oacute;n, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad. Por ejemplo, es te&oacute;ricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es te&oacute;ricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran n&uacute;mero de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simult&aacute;neamente, podr&iacute;a aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es te&oacute;ricamente posible, es inconcebible en la pr&aacute;ctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta &quot;correcta&quot; implica cambios en un n&uacute;mero enorme de genes simult&aacute;nemente. La receta correcta es una combinaci&oacute;n particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareci&oacute; a partir de un ojo un poquito menos elaborado a&uacute;n, etc&eacute;tera. Si suponemos un n&uacute;mero suficientemente grande de diferencias suficientemente peque&ntilde;as entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. &iquest;Cu&aacute;ntas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cu&aacute;nto tiempo podemos tratar. &iquest;Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante peque&ntilde;os pasos? Los f&oacute;siles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace m&aacute;s de 3.000 millones de a&ntilde;os. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 a&ntilde;os que vivi&oacute; Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. &iquest;Puedes imaginar un mill&oacute;n de veces ese periodo? Sup&oacute;n que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si meti&eacute;ramos toda la Historia en un metro de rollo, &iquest;cu&aacute;nto ocupar&iacute;a la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evoluci&oacute;n? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extender&iacute;a desde Mil&aacute;n a Mosc&uacute;. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabr&iacute;a en todo ese tiempo. Todas las razas dom&eacute;sticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de a&ntilde;os: no m&aacute;s de dos metros en el trayecto de Mil&aacute;n a Mosc&uacute;. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tr&aacute;nsito de un lobo a un pekin&eacute;s; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un mill&oacute;n. Si lo miras de esa manera, parece m&aacute;s f&aacute;cil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco. Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selecci&oacute;n natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que te&oacute;ricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionar&iacute;a en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ning&uacute;n ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes o&iacute;r con medio o&iacute;do. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u o&iacute;do modernos. Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno s&oacute;lo puede preguntarse cu&aacute;les son los motivos subconscientes para querer creer en &eacute;l. Es obviamente falso que medio ojo sea in&uacute;til. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quir&uacute;rjicamente no ven bien sin gafas, pero est&aacute;n mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obst&aacute;culos y detectar la sombra amenanzante de un depredador. Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran n&uacute;mero de animales planeadores, incluyendo a mam&iacute;feros de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arb&oacute;reos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un &aacute;rbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el &aacute;rea de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura cr&iacute;tica tal que, si te caes de un &aacute;rbol desde esa altura, habr&iacute;as salvado la vida con s&oacute;lo un poquito m&aacute;s de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podr&aacute;n salvar sus vidas con s&oacute;lo un poquito m&aacute;s de superficie, si se caen de un &aacute;rbol a una altura ligeramente superior. Y as&iacute;, mediante una sucesi&oacute;n imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones despu&eacute;s, aparecen alas completas. Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso ser&iacute;a como tener la casi infinita suerte de dar con la combinaci&oacute;n que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al n&uacute;mero afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, &iexcl;no tardar&iacute;as en abrir la puerta! Esencialmente, &eacute;se es el secreto de c&oacute;mo la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural logra lo que antes parec&iacute;a imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores s&oacute;lo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa. La evoluci&oacute;n, pues, es te&oacute;ricamente capaz de hacer el trabajo que, &eacute;rase una vez, parec&iacute;a ser una prerrogativa de Dios. Pero &iquest;existe alguna prueba de que la evoluci&oacute;n haya existido realmente? La respuesta es s&iacute;; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de f&oacute;siles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deber&iacute;amos esperar si la evoluci&oacute;n fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo f&oacute;sil en un lugar donde la evoluci&oacute;n no sea capaz de explicarlo, aunque esto podr&iacute;a haber pasado f&aacute;cilmente. Un f&oacute;sil de mam&iacute;fero en rocas tan antiguas que los peces a&uacute;n no hab&iacute;an aparecido, por ejemplo, ser&iacute;a suficiente para refutar la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n. Los patrones de distribuci&oacute;n de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperar&iacute;amos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deber&iacute;amos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos m&aacute;s distantes. El hecho de que el c&oacute;digo gen&eacute;tico sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un &uacute;nico ancestro. La evidencia de evoluci&oacute;n es tan convincente que la &uacute;nica manera de salvar la teor&iacute;a de la creaci&oacute;n es suponer que Dios coloc&oacute; deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evoluci&oacute;n fuese real. En otras palabras, los f&oacute;siles, la distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de los animales, etc&eacute;tera, son todos un gigante truco de timador. &iquest;Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho m&aacute;s reverente, y m&aacute;s sensato cient&iacute;ficamente , aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivi&oacute; hace m&aacute;s de 3.000 millones de a&ntilde;os. El Argumento del Dise&ntilde;o ha sido pues destruido como raz&oacute;n para creer en Dios. &iquest;Hay muchos m&aacute;s argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelaci&oacute;n interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napole&oacute;n o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es raz&oacute;n para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto. Hay algo m&aacute;s que debe decirse. La evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podr&iacute;a haber empezado hasta que apareciese alg&uacute;n tipo de reproducci&oacute;n y herencia. La herencia moderna est&aacute; basada en el c&oacute;digo del ADN, que es de por s&iacute; demasiado complicado para que apareciese espont&aacute;neamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la qu&iacute;mica, y que proporcion&oacute; el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selecci&oacute;n natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selecci&oacute;n acumulativa. Antes de esta original forma de selecci&oacute;n natural, hubo un periodo en el que los compuestos qu&iacute;micos se formaron a partir de elementos m&aacute;s simples, siguiendo las conocidas leyes de la f&iacute;sica. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidr&oacute;geno puro como consecuencia inmediata del big bang, el suceso que inici&oacute; el universo. Existe la tentaci&oacute;n de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evoluci&oacute;n de orden complejo una vez que el universo comenz&oacute; con sus leyes fundamentales de la f&iacute;sica, s&iacute; necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: s&oacute;lo hizo estallar el big bang, se sent&oacute; y esper&oacute; a que pasara todo. El f&iacute;sico-qu&iacute;mico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creaci&oacute;n, postula un Dios perezoso que se esforz&oacute; por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica c&oacute;mo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley f&iacute;sica, de su predecesor. As&iacute; reduce el trabajo que el perezoso creador necesitar&iacute;a realizar y finalmente concluye que, de hecho, &iexcl;no habr&iacute;a necesitado hacer nada en absoluto! Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la f&iacute;sica, mientras que yo soy un bi&oacute;logo, m&aacute;s relacionado con las etapas posteriores de la evoluci&oacute;n de la complejidad. Para m&iacute;, la cuesti&oacute;n importante es que aunque el f&iacute;sico necesite postular un m&iacute;nimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese m&iacute;nimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definici&oacute;n, las explicaciones que surgen de premisas simples son m&aacute;s plausibles y m&aacute;s satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estad&iacute;sticamente improbables. &iexcl;Y es dif&iacute;cil conseguir algo m&aacute;s complejo que un Dios Todopoderoso!  <\/P><P> <\/P><\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-909","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/909","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=909"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/909\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=909"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=909"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=909"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}