{"id":9106,"date":"2021-02-15T05:18:41","date_gmt":"2021-02-15T04:18:41","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9106"},"modified":"2021-02-15T05:18:41","modified_gmt":"2021-02-15T04:18:41","slug":"lillian-hellman-pentimento-e-ira","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9106","title":{"rendered":"Lillian Hellman, pentimento e ira"},"content":{"rendered":"<p>En <em>El hombre delgado<\/em>, la \u00faltima novela de Dashiell Hammett, destaca un personaje infrecuente en el g\u00e9nero negro, Nora Charles; es la esposa del duro detective y el trato entre ellos parece ser entre iguales. Nora ofrece una mezcla peculiar de lealtad y esp\u00edritu cr\u00edtico, de inteligencia y compasi\u00f3n, de sensibilidad y s\u00fabita ingenuidad, de frivolidad social y generosidad, de radicalidad en los certeros juicios, de m\u00e1xima apertura&#8230; A Lillian Hellman le explic\u00f3 Hammett que hab\u00eda construido a Nora sobre su modelo, que Nora era ella. Ambos formaron una singular pareja durante treinta y un a\u00f1os, desde la juventud de ella hasta la muerte de \u00e9l. La obra de Hellman (1905-1984), sus \u201ccomedias airadas\u201d \u2013una docena de obras de teatro y otros tantos guiones para pel\u00edculas\u2013, supone un nudo tenso del arte dram\u00e1tico contempor\u00e1neo, vigente a\u00fan en variedad de adaptaciones y versiones. Sin embargo, su nombre, por esas cosas del periodismo y de la historia, qued\u00f3 sobre todo vinculado a su declaraci\u00f3n en 1952 ante el Comit\u00e9 de Actividades Antiamericanas, el \u00f3rgano principal del macartismo y su <em>caza de brujas<\/em>.<\/p>\n<p>De aquel trance, se retuvo en especial una frase de Hellman: \u00abNo puedo recortar mi conciencia para ajustarla a la moda de este a\u00f1o\u00bb. Pero hay alguna quiz\u00e1 m\u00e1s precisa: \u00abLa verdad lo convert\u00eda a uno en traidor como a menudo sucede en tiempos de canallas\u00bb. Y titul\u00f3 <em>Tiempo de canallas<\/em> su relato de los hechos. Hechos que descubren una ra\u00edz de fascismo inscrita en el aparato de estado de las democracias: la persecuci\u00f3n de la libertad de ideas, la promoci\u00f3n de las delaciones, la represi\u00f3n judicial, social y econ\u00f3mica contra los disidentes&#8230; y todo ello en el pa\u00eds que entonces acu\u00f1aba orgulloso la etiqueta de cabeza del <em>mundo libre<\/em>. Repasar de vez en cuando aquel momento, junto a episodios europeos coet\u00e1neos y posteriores, valdr\u00eda para conocer mejor el mundo que habitamos. Hellman, que no tuvo una militancia pol\u00edtica como tal, fue, igual que muchos otros intelectuales y artistas, investigada, incluida en la lista negra, forzada a vender sus propiedades para sobrevivir, limitada en sus derechos y sus retribuciones, difamada, acosada. Y supo ver el momento clave que le tocaba, la oportunidad de dar un giro a la situaci\u00f3n; por encima de las frases, eso defini\u00f3 su actitud: acept\u00f3 declarar sobre s\u00ed misma, responder a todas las preguntas, sin acogerse al derecho constitucional a no hacerlo (como era la pr\u00e1ctica de quienes no ced\u00edan), con la \u00fanica condici\u00f3n de no declarar sobre otros. Ese modo de asumir la propia dignidad y se\u00f1alar el n\u00facleo de la verg\u00fcenza desconcert\u00f3 al Comit\u00e9 y obtuvo una sorprendente cascada de apoyos en la prensa hasta entonces enmudecida. Deb\u00eda realizar una lectura en Nueva York a los pocos d\u00edas, dentro de una \u00f3pera basada en un texto suyo, y la multitud asistente la aclam\u00f3, ante su perplejidad, como pocas veces se hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>Sin embargo, y aun valorando su posici\u00f3n c\u00edvica como merece, mi aprecio por Hellman siempre se ha debido a su obra. La le\u00ed con asiduidad a mediados, creo, de los ochenta, y la relectura de ahora ha revivido sin merma la intensidad y la emoci\u00f3n que recordaba. Y no ya sus notables piezas dram\u00e1ticas, sino los vol\u00famenes de sus <em>memorias<\/em> son los que encuentro excepcionales. En ellos \u2013<em>Una mujer inacabada<\/em>, <em>Pentimento<\/em>, <em>Tiempo de canallas<\/em>, <em>Quiz\u00e1s<\/em>\u2013 est\u00e1 el friso v\u00edvido de una \u00e9poca cuya estela llega hasta aqu\u00ed: las im\u00e1genes del Sur, donde naci\u00f3 y creci\u00f3, de su econom\u00eda sustentada en el racismo y de las formas de este en lo cotidiano, el mundo efervescente e industrial del Hollywood cl\u00e1sico, una extra\u00f1a bohemia adinerada, los r\u00edos de alcohol, los viajes emblem\u00e1ticos a la guerra de Espa\u00f1a y al frente ruso de la segunda Guerra Mundial, la vida en la granja que pudo comprar con el \u00e9xito de <em>The little foxes<\/em> y que tuvo que vender al empezar los cincuenta; y los inn\u00fameros personajes: Dorothy Parker, las memorables mujeres negras, su amiga Julia (que en el cine \u2013<em>Julia<\/em>, 1970\u2013 fue Vanessa Redgrave), Eisenstein, el mafioso Costello, Samuel Goldwin y William Wyler, las cambiantes luces que recaen sobre Hemingway, Faulkner y Fitzgerald&#8230; Pero todo ello ser\u00eda anecd\u00f3tico si no se insertara en la trama de un inclemente y especial\u00edsimo autoan\u00e1lisis: \u00abmi padre dijo una vez que yo viv\u00eda dentro de un interrogante\u00bb.<\/p>\n<p>El eje de tal pregunta continua es lo que ella llama \u201cmi car\u00e1cter\u201d \u2013\u00abtengo un car\u00e1cter irascible, que se despierta en los momentos m\u00e1s ins\u00f3litos por las razones m\u00e1s ins\u00f3litas, y que, una vez despertado, se encuentra fuera de mi dominio\u00bb\u2013, algo que percibe como lo m\u00e1s \u00edntimo y que tambi\u00e9n se contempla desde un exterior, que se conoce muy bien pero no se llega a entender nunca, un pulso permanente tanto con el mundo como con la propia conciencia: \u00aba los 16 a\u00f1os me rebelaba abiertamente contra casi todo. Sab\u00eda que las semillas de la rebeli\u00f3n eran dispersas y carentes de objetivo en una naturaleza con unas ansias locas de acabar con algo, lo que fuera, y encontrar algo distinto, y pose\u00eda suficiente sentido com\u00fan para comprender que si era demasiado orgullosa, demasiado sensible y demasiado osada se deb\u00eda a que era t\u00edmida y estaba asustada\u00bb. Y el n\u00facleo de ese <em>car\u00e1cter<\/em> se revela, como todo lo constitutivo, casi incomunicable. Aunque este constante salir de s\u00ed, y su correlato de querer saber, generan una forma de lengua privada que, en el cuerpo de la escritura, se vuelve pasi\u00f3n del lector.<\/p>\n<p>La capacidad de indignaci\u00f3n, el impulso negativo \u2013dirigido a menudo contra s\u00ed misma\u2013 y violento, las oscuras e irrompibles fidelidades, el rechazo de la hipocres\u00eda y la falsedad, la sensaci\u00f3n de que cada instante est\u00e1 vivo&#8230;, no s\u00e9 si podr\u00edan componer un proyecto de vida, pero aparecen como su afirmaci\u00f3n intransigente. Con su aguda percepci\u00f3n y su permanente malestar, estas <em>memorias<\/em> proponen el valeroso relato de la dificultad para alcanzar una verdadera madurez personal, y de los extra\u00f1os v\u00ednculos con esa dificultad que mantiene la lucidez. La de comprender que la energ\u00eda invertida en perseguir una <em>verdad<\/em>, en encontrar un <em>sentido<\/em>, quiz\u00e1 obedeciese a un mito que la distra\u00eda de s\u00ed misma y dejaba a la persona <em>inacabada<\/em>. Y saber mostrarlo.<\/p>\n<p>Lillian Hellman consideraba que su \u00abrebeli\u00f3n contra el sentimentalismo\u00bb era <em>generacional<\/em> y \u00abhab\u00eda nacido de la aversi\u00f3n al fingimiento\u00bb. Y es cierto que este rechazo est\u00e1 tambi\u00e9n, por ejemplo, en Dorothy Parker \u2013que fue su mejor amiga durante varias d\u00e9cadas\u2013, por m\u00e1s que sus sutiles cuentos chejovianos fueran tan contenidos, de ira tan ensordecida. Lo que Hellman aporta es una capacidad especial para expresar los sentimientos como pensamientos, como formas de conciencia, d\u00e1ndoles a unos y otros una movilidad que solo se decanta en hechos, en objetos, en situaciones. El poder del detalle, un memorable arte del <em>punctum<\/em>, determina esta escritura, y permite decirlo todo sin nada explicitar. La vemos subir en Madrid a un piso reci\u00e9n bombardeado, retener todos los detalles de lo cotidiano interrumpido como si los absorbiera \u2013un plato de ensalada, un libro en franc\u00e9s abierto, una tabla de planchar ca\u00edda con una falda a\u00fan encima\u2013, hundirse entre los cascotes de los pocos pelda\u00f1os que quedaban en pie&#8230; Y conservar para toda la vida dos botellitas de porcelana con rosas pintadas, y el retrato de una muchacha, que recogi\u00f3 all\u00ed. Su escritura, su conciencia es indistinta de las cosas. Y permanecen activas en el papel hasta el l\u00edmite. Pero esos viajes como sin red \u2013as\u00ed, la traves\u00eda de Siberia en un avi\u00f3n lent\u00edsimo, sin asientos ni calefacci\u00f3n, con una neumon\u00eda aguda, sin saber ruso\u2013 solo cobran peso por el mundo <em>real<\/em> que los atraviesa, la gente <em>normal<\/em>, la que no tiene nombre y lleva consigo sus enseres, sus afectos y su dolor. Eso es lo que opera el dif\u00edcil tr\u00e1nsito entre la sociedad bohemia y la disensi\u00f3n, lo que proporciona la materia de una rebeld\u00eda incesante y sin programa.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/pentimento.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-9108\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/pentimento.jpg\" alt=\"\" width=\"211\" height=\"322\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/pentimento.jpg 311w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/pentimento-196x300.jpg 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 211px) 100vw, 211px\" \/><\/a>En este mordisco de realidad viene inevitablemente el tacto, el peso del tiempo. Es la sensaci\u00f3n que se objetiva en l\u00e1grimas al descender sobre el aeropuerto de Mosc\u00fa veintid\u00f3s a\u00f1os despu\u00e9s de la estancia durante la guerra. Lo irrecuperable no es solo lo que se vivi\u00f3, sino quien lo vivi\u00f3. El pasaje inicial de <em>Pentimento<\/em> recuerda el significado de este t\u00e9rmino t\u00e9cnico: \u00abLa antigua pintura al \u00f3leo, al correr del tiempo, en ocasiones pasa a ser transparente. Cuando esto sucede, es posible, en algunos cuadros, ver los trazos originales: aparecer\u00e1 un \u00e1rbol a trav\u00e9s del vestido de una mujer, un ni\u00f1o abre paso a un perro, un barco grande ya no se ve en un mar abierto [&#8230;]. Esto es cuanto quiero decir respecto a la gente en este libro. Ahora la pintura ha envejecido&#8230; y he querido ver lo que fue para m\u00ed una vez, lo que es para m\u00ed ahora\u00bb. As\u00ed, hay escritores \u2013El\u00edas Canetti, Lorenzo Garc\u00eda Vega\u2013 que encuentran en las <em>memorias<\/em> el n\u00facleo de su escritura, en vez de asumirlas como un g\u00e9nero, de incorporar un marco y unas reglas; Lillian Hellman es de ellos, de quienes encienden la vida en su vida. No reconstruye una biograf\u00eda, se mueve a saltos, atr\u00e1s y adelante, con la implicaci\u00f3n de una l\u00f3gica personal en las historias y los personajes, sin cronolog\u00eda ni aparente estructura. En la evidencia de sus sentimientos-pensamiento, botellitas de porcelana. Con un habla propia, perceptible en su no cerrar el relato, en la arbitrariedad y potencia de las emociones que se\u00f1alan la exterioridad de un sentido: \u00ablo que jam\u00e1s recordamos o jam\u00e1s supimos de nosotros mismos suele ser lo m\u00e1s importante\u00bb. Y as\u00ed desemboca en <em>Quiz\u00e1s<\/em>, donde persigue a un personaje fantasmag\u00f3rico, una vieja amiga de huellas borradas, de la que a cada paso se va desmintiendo todo lo sabido y vivido: un din\u00e1mico ensayo sobre el desconcierto acerca de la memoria y de la propia realidad, narrando y suspendiendo en la indefinici\u00f3n, afirmando y negando a la par. Es un libro de 1980 y algo en \u00e9l retrata tambi\u00e9n, con voz cristalina y mirada sabiamente borrosa, el temblor de la vejez.<\/p>\n<p>Vuelve ah\u00ed el antiguo tema de la balanza, los pesos y contrapesos de los ritmos y necesidades de cada d\u00eda, y tambi\u00e9n la imagen de sus platillos arrojados a la cuneta, oxidados. El cotejo entre el cambio de vida y el cambio de la vida, como dos pulsiones radicales y no s\u00e9 si ajenas. Tan presente todo ello en la escritura de Hellman, me lleva a evocar aquella c\u00e1psula narrativa que Hammett escondi\u00f3 en medio de <em>El halc\u00f3n malt\u00e9s<\/em>. Un personaje est\u00e1 a punto de ser aplastado por un tabl\u00f3n que cae de pronto sobre la acera, y entonces reacciona abandon\u00e1ndolo de golpe todo: su familia, esposa e hijos, su trabajo, su ciudad, sus rutinas y seguridades. Y a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00e1 encontrado en otra ciudad, haciendo de nuevo el mismo tipo de vida, con otra familia, otro trabajo, id\u00e9nticas rutinas. Hammett publica la novela en 1929, pero dice que estos hechos hab\u00edan ocurrido en 1922. A finales de este a\u00f1o, apareci\u00f3 \u201cQu\u00e9 bonita estampa\u201d, un cuento de Dorothy Parker, cuyo protagonista \u2013un empleado, con casa y jard\u00edn, mujer e hija\u2013 ha le\u00eddo en una revista la historia de un hombre como \u00e9l, de h\u00e1bitos arraigados y exactos, a quien un d\u00eda al poner el pie en el and\u00e9n de la estaci\u00f3n, bajando del cotidiano tren, se le oye decir: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 demonios!\u00bb, y se le ve marchar en direcci\u00f3n contraria, desaparecer. Mientras poda el jard\u00edn, el personaje de Parker no cesa de imaginar, con lujo de detalles, el momento en que \u00e9l dir\u00eda tambi\u00e9n: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 demonios!\u00bb. Tal vez Hammett y Parker vieron la misma revista, o Hammett ley\u00f3 el cuento de ella. Pero igualmente pudieron imaginarlo por separado: las memorias de Lillian Hellman, tan pr\u00f3xima a los dos, est\u00e1n llenas de ese v\u00e9rtigo \u2013\u00abunas ansias locas de acabar con algo, lo que fuera, y encontrar algo distinto\u00bb\u2013, de personajes que quiebran su trayectoria, que se niegan de pronto a s\u00ed mismos y para siempre, de papeles que nunca se dan por asumidos de manera definitiva. Cambiar la vida, el pensamiento de la rebeld\u00eda. Cambiar de vida, el sentimiento de s\u00ed.<\/p>\n<p><strong>Lecturas<\/strong>.\u2013<\/p>\n<p>Lillian Hellman, <em>Una mujer con atributos<\/em>. Barcelona, Lumen, 2014. Incluye: <em>Una mujer inacabada<\/em>, traducci\u00f3n de Mireia Bofill (1979), y <em>Pentimento<\/em>, traducci\u00f3n de Marta Pessarrodona (1979).<\/p>\n<p>\u2013\u2013 <em>Tiempo de canallas<\/em>. Traducci\u00f3n de Rosario Ferr\u00e9. M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1979.<\/p>\n<p>\u2013\u2013 <em>Quiz\u00e1s. Un relato<\/em>. Traducci\u00f3n de Felipe Garrido. M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1984.<\/p>\n<p>\u2013\u2013 <em>La loba (The Little Foxes)<\/em>. Versi\u00f3n de Ernesto Caballero. Traducci\u00f3n de Ana Riera. Madrid, Centro Dram\u00e1tico Nacional, 2012.<\/p>\n<p>Dashiell Hammett, <em>El hombre delgado<\/em>. Traducci\u00f3n de Fernando Calleja. Madrid, Alianza, 1985 (5\u00aa).<\/p>\n<p>\u2013\u2013 <em>El halc\u00f3n malt\u00e9s<\/em>. Traducci\u00f3n de Fernando Calleja. Madrid, Alianza, 1985 (7\u00aa).<\/p>\n<p>Dorothy Parker, <em>Narrativa completa<\/em>. Traducci\u00f3n de Jordi Fibla, Celia Filipetto, Carmen Franc\u00ed e Isabel N\u00fa\u00f1ez. Barcelona, Debolsillo, Penguin Random House, 2011.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En El hombre delgado, la \u00faltima novela de Dashiell Hammett, destaca un personaje infrecuente en el g\u00e9nero negro, Nora Charles;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":9107,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[1667],"class_list":["post-9106","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-lilian-hellman"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9106","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9106"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9106\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/9107"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9106"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9106"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9106"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}