{"id":9154,"date":"2021-02-23T05:00:58","date_gmt":"2021-02-23T04:00:58","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9154"},"modified":"2021-02-22T04:42:05","modified_gmt":"2021-02-22T03:42:05","slug":"antonio-labriola-recuperando-un-clasico-revolucionario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9154","title":{"rendered":"Antonio Labriola: recuperando un cl\u00e1sico revolucionario"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-scaled.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-9070\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-scaled.jpg\" alt=\"\" width=\"251\" height=\"367\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-scaled.jpg 1748w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-205x300.jpg 205w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-699x1024.jpg 699w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-768x1125.jpg 768w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-1049x1536.jpg 1049w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-1399x2048.jpg 1399w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/conversando-de-socialismo-y-filosofia-1320x1933.jpg 1320w\" sizes=\"auto, (max-width: 251px) 100vw, 251px\" \/><\/a>1. Traducir a Labriola hoy<\/strong><\/p>\n<p>Antonio Gramsci se interrogaba, en sus <em>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/em>, sobre la posibilidad de \u201ctraducibilidad\u201d de la experiencia de la Revoluci\u00f3n Rusa en Italia. Una reflexi\u00f3n paralela, pero quiz\u00e1s pasada por alto, hab\u00eda sido planteada extensamente ya, d\u00e9cadas antes, por Antonio Labriola. En sus cartas a Georges Sorel, unidas en forma de libro y tituladas<em> Conversando de socialismo y filosof\u00eda<\/em> (El Viejo Topo, 2020), Labriola respond\u00eda al fil\u00f3sofo franc\u00e9s, que expresaba en un Prefacio reciente a otras de sus obras su queja por la proliferaci\u00f3n de los prejuicios acerca del pensamiento de Marx en Francia, todav\u00eda muy desconocido, prejuicios que engendraban objeciones desatinadas y dificultaban su arraigo y el desarrollo de los movimientos populares. \u00ab\u00bfC\u00f3mo debo hacer -se preguntaba a su vez Labriola- para que las cosas que explico no parezcan incomprensibles, extra\u00f1as y raras a los lectores italianos? \u00bfC\u00f3mo salvar las distancias de las \u00abformas y modos nacionales\u00bb del momento, manteniendo al mismo tiempo \u00ablos efectos de la insinuaci\u00f3n, el poder de persuasi\u00f3n\u00bb y la fidelidad al proyecto y prop\u00f3sito originales?\u00bb (Carta IV)<\/p>\n<p>Antonio Labriola muri\u00f3 un 12 de febrero de 1904. Tras m\u00e1s de cien a\u00f1os de su desaparici\u00f3n, resulta un autor desconocido para el grueso de la militancia de izquierdas en nuestro pa\u00eds. A veces, su nombre se asocia, dentro de la tradici\u00f3n revolucionaria, al de uno de los maestros de Antonio Gramsci, o como el acu\u00f1ador del t\u00e9rmino \u00abfilosof\u00eda de la praxis\u00bb en referencia a la aportaci\u00f3n te\u00f3rica de Marx, o, quiz\u00e1s, como el \u00abprimer\u00bb marxista italiano. Todas ellas son etiquetas abstractas, sin contenido real, y cubiertas de polvo, como pertenecientes a un pasado alejado de las contradicciones de nuestro presente. En este sentido, la decisi\u00f3n de El Viejo Topo de volver a editar esta obra podr\u00eda parecer de anticuario. Sin embargo, su lectura (con una nueva presentaci\u00f3n y traducci\u00f3n a nuestra lengua a cargo de Nando Zamorano) convence de lo contrario; pues no s\u00f3lo permite comprender la profundidad y sentido de su influencia en el pasado &#8211;y no s\u00f3lo en Gramsci, sino en buena parte del marxismo del siglo XX&#8211;, sino, tambi\u00e9n, las razones de fondo de esa influencia. Razones que siguen siendo f\u00e9rtiles en nuestro presente, y que convierten a Labriola en un cl\u00e1sico. Con esta rese\u00f1a queremos contribuir a mostrar, pues, la importancia y la vigencia de su aportaci\u00f3n por s\u00ed misma: c\u00f3mo, y por qu\u00e9, creemos que es posible \u00abtraducir\u00bb a Labriola hoy.<\/p>\n<p><strong>2. Labriola en la tradici\u00f3n marxista<\/strong><\/p>\n<p>Uno de los aspectos en que se desarroll\u00f3 la preocupaci\u00f3n de Labriola por la comprensi\u00f3n adecuada del sentido y la realidad de la \u00abobra\u00bb de Marx y Engels fue su exigencia de enmarcarla en el contexto de su realizaci\u00f3n y publicaci\u00f3n. En el mismo momento en que se estaba \u00abinventando\u00bb &#8211;seg\u00fan dir\u00eda Montserrat Galcer\u00e1n&#8211;, eso que se llama todav\u00eda marxismo, Labriola insist\u00eda en que, para no malinterpretar los escritos de los fundadores del materialismo hist\u00f3rico, era necesario relacionarlos con y explicarlos a trav\u00e9s de sus biograf\u00edas: s\u00f3lo as\u00ed podr\u00eda ser posible considerarlos como lo que eran, \u00abfragmentos\u00bb de una \u00abciencia y de una pol\u00edtica\u00bb \u00aben continuo desarrollo\u00bb y en relaci\u00f3n directa con la \u00abg\u00e9nesis del socialismo moderno\u00bb. Pues, a excepci\u00f3n de textos como <em>El Capital<\/em> o el <em>Anti-D\u00fchring<\/em>, Marx y Engels nunca pretendieron hacer el libro, y jam\u00e1s ofrecieron, como desde un pedestal, exposiciones sistem\u00e1ticas de su doctrina, v\u00e1lidas para siempre, ni proyectos pol\u00edticos acabados: fueron \u00abcr\u00edticos y polemistas no solamente en lo que escribieron, sino tambi\u00e9n en la manera de obrar [&#8230;] explicaban te\u00f3ricamente y ayudaban pr\u00e1cticamente a la nueva pol\u00edtica que el nuevo movimiento obrero\u00bb indicaba y precisaba. (Carta III)<\/p>\n<p>Y lo cierto es que, en el caso de su propia biograf\u00eda y \u00abobra\u00bb marxista, que elabor\u00f3 en apenas los \u00faltimos quince a\u00f1os de su vida, puede decirse que Labriola sigui\u00f3 firmemente estas ideas: tras su largo per\u00edodo filos\u00f3fico hegeliano, que brot\u00f3 y se nutri\u00f3 de la extraordinaria escuela de N\u00e1poles, capitaneada por los hermanos Spaventa, Labriola qued\u00f3 convencido de la esterilidad de las disputas propias de la academia, y enfoc\u00f3 por entero sus energ\u00edas intelectuales hacia los movimientos populares de su pa\u00eds. Ofreci\u00f3 sus reflexiones de forma predominantemente oral, en sus clases y conferencias, o en los espacios de discusi\u00f3n de los movimientos pol\u00edticos, donde exist\u00eda la posibilidad del di\u00e1logo. Incluso puede aventurarse que la mayor parte de su producci\u00f3n te\u00f3rica escrita mantuviera este contenido dial\u00f3gico, a trav\u00e9s de cartas, como en el caso del libro que nos ocupa. Y el resto de sus textos escritos, en gran parte derivado de esos di\u00e1logos, ver\u00eda la luz en revistas y peri\u00f3dicos, condenados r\u00e1pidamente al olvido o a la desaparici\u00f3n, o se acumular\u00edan en cajones, que s\u00f3lo personas como Benedetto Croce, amigo pr\u00f3ximo y apasionado alumno, le convencer\u00eda algunas veces de editar. Su modestia pol\u00edtica se un\u00eda a su concepci\u00f3n de la pedagog\u00eda social: su deseo de librarse \u00abde la obligaci\u00f3n de la prosa cerrada y concisa\u00bb se deb\u00eda a que las ideas, \u00aben el curso de una conversaci\u00f3n o de una ense\u00f1anza sostenida con verdadera virtud did\u00e1ctica, tienen siempre m\u00e1s eficacia intuitiva por el efecto de esta dial\u00e9ctica natural, que es propia de aquellos que est\u00e1n tratando de buscar por s\u00ed mismos o de insinuar a los dem\u00e1s la verdad por primera vez.\u00bb (Carta I)<\/p>\n<p>Esto no implica que, por otro lado, Labriola no considerara de id\u00e9ntica importancia para la comprensi\u00f3n del proyecto de Marx y Engels un riguroso conocimiento \u00abtextual\u00bb de toda su obra escrita en relaci\u00f3n con la pol\u00edtica. Al contrario: en las p\u00e1ginas de <em>Conversando de socialismo y filosof\u00eda<\/em> puede observarse su insistencia en la necesidad de disponer ampliamente de una edici\u00f3n completa y cr\u00edtica, \u00abacompa\u00f1ada en cada caso de prefacios explicativos, de \u00edndices de referencia, de notas y de indicaciones\u00bb de esas obras, para que ellas pudieran hablar \u00abdirectamente\u00bb a quienes desearan leerlas. Y de hacerlo, adem\u00e1s, a un precio asequible a la mayor\u00eda de los lectores. Sus reflexiones sobre la traducibilidad deb\u00edan tambi\u00e9n entenderse en este sentido. Y es que, a finales del siglo XIX, la disponibilidad de las obras de Marx y Engels era m\u00ednima, y textos como <em>La sagrada familia<\/em> o <em>Miseria de la filosof\u00eda<\/em>, conocidos s\u00f3lo de o\u00eddas, tomaban en general un halo \u00abm\u00edtico\u00bb. Este hecho causaba que las vulgarizaciones y manipulaciones de pensadores malintencionados o simplemente ignorantes que se dec\u00edan seguidores del marxismo pudieran campar a sus anchas.<\/p>\n<p>La lucha filos\u00f3fica en concreto contra estas malinterpretaciones ocupa, de hecho, buena parte de las reflexiones de Labriola en <em>Conversando de socialismo y filosof\u00eda<\/em>: a lo largo de sus p\u00e1ginas, por ejemplo, atac\u00f3 a aquellos que, constatando la ausencia de respuestas del marxismo a ciertos aspectos de la realidad, pretend\u00edan \u00abcompletar a Marx con tal o cual cosa\u00bb, o conciliarle con \u00abtal o cual fil\u00f3sofo\u00bb[1], hecho que acababa produciendo un cuerpo de pensamiento incoherente; o bien, denunci\u00f3 profusamente el darwinismo vulgar, cuya noci\u00f3n de la ciencia y la evoluci\u00f3n hab\u00eda penetrado en el seno del marxismo y transformado el materialismo hist\u00f3rico en una doctrina que rechazaba la filosof\u00eda y conceb\u00eda el mundo humano de forma econ\u00f3micamente determinista. (Carta V)<\/p>\n<p>Las razones de la desaparici\u00f3n de Labriola de la tradici\u00f3n popular marxista y socialista, pese a su lectura por parte de las grandes personalidades del movimiento &#8211;Plekhanov, Lenin, Trotsky&#8211; y los intentos puntuales de revivir parte de sus ideas o proyecto &#8211;Luk\u00e1cs, Korsch, Gramsci, Kos\u00edk&#8211;, de hecho, pueden relacionarse directamente con todas estas problem\u00e1ticas. Pues, en general, en el marxismo del siglo XX, que Labriola s\u00f3lo pudo vivir en sus albores, se hicieron hegem\u00f3nicas las tendencias que \u00e9l critic\u00f3. Por un lado, los textos de Marx y Engels fueron en muchas ocasiones publicados de forma selectiva, de acuerdo con las intenciones pol\u00edticas del editor (algo que Engels, por otro lado, ya hab\u00eda denunciado antes de morir, en 1895), cuando no directamente manipulados[2]. Adem\u00e1s, se olvid\u00f3 la necesidad de considerar la g\u00e9nesis de las opiniones de Marx y Engels, que se tendieron a interpretar como la \u00faltima palabra acerca de todos los hechos incluso en sus pasos m\u00e1s circunstanciales. Por otro lado, las concepciones deterministas del marxismo, que de diverso modo conduc\u00edan mec\u00e1nicamente a la revoluci\u00f3n y la superaci\u00f3n del capitalismo, se hicieron imperantes al menos hasta la implosi\u00f3n de la URSS, cuando quedaron definitivamente claras para la mayor\u00eda sus fallas explicativas. En tal marco, las propuestas de Labriola deb\u00edan ser, por la fuerza, no ya aborrecibles o inservibles, sino directamente incomprensibles.<\/p>\n<p>Antonio Gramsci o Costanzo Preve explicaron posteriormente con precisi\u00f3n este devenir. Escribir\u00eda el primero, por ejemplo, en los Cuadernos: \u00abla misma filosof\u00eda de la praxis tiende a convertirse en una ideolog\u00eda en el sentido peyorativo, es decir, en un sistema dogm\u00e1tico, de verdades absolutas y eternas [&#8230;]. Parece que hay que buscar una de las razones hist\u00f3ricas en el hecho de que la filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica ha tenido que aliarse con tendencias ajenas para combatir los residuos del mundo precapitalista en las masas populares, especialmente en el terreno religioso. [&#8230;] Est\u00e1 todav\u00eda atravesando su fase popular\u00bb. Y este \u00faltimo, en su art\u00edculo titulado \u00abSobre el concepto de comunismo\u00bb: \u00abEl marxismo es hijo de la contra-revoluci\u00f3n que sigui\u00f3 a la carnicer\u00eda de la Comuna de Par\u00eds (1871). [&#8230;] Esto explica por qu\u00e9, en presencia de una contra-revoluci\u00f3n en acto, el c\u00f3digo marxista se haya refugiado por compensaci\u00f3n en un modelo positivista de revoluci\u00f3n en potencia\u00bb. Labriola mismo, sin embargo, pudo explicar ya esto al referirse al \u00abgermen m\u00edtico\u00bb actuante en el lenguaje, o al \u00aboptimismo y pesimismo\u00bb[3], que relacion\u00f3 a su vez con la necesidad religiosa. (Cartas V y VIII) M\u00e1s all\u00e1: en su penetrante reflexi\u00f3n para encontrar las razones de la formaci\u00f3n y evoluci\u00f3n del cristianismo[4] (Carta IX), y para vencer las apelaciones ingenuas de su tiempo a volver a la \u00abverdadera\u00bb comunidad cristiana primitiva, podemos encontrar, creemos, una anticipaci\u00f3n y cr\u00edtica de lo que ser\u00e1 luego no s\u00f3lo el estalinismo sino tambi\u00e9n la condena simplista, inmediatamente tras la muerte de Stalin en 1953, de sus \u00abdeformaciones\u00bb, condena que atacaba los productos sin atender a (o proceder a una cr\u00edtica de) las causas, que se mantendr\u00edan varias d\u00e9cadas m\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>3. El marxismo de Labriola, o la apertura creativa<\/strong><\/p>\n<p>Frente a las nombradas derivas del siglo XX, la aportaci\u00f3n al marxismo realizada por Labriola manifest\u00f3 l\u00facidas peculiaridades. Como punto de partida, su excelente formaci\u00f3n hegeliana le permiti\u00f3 &#8211;aun sin haber podido tener, ni mucho menos, un acceso exhaustivo a las obras de Marx y Engels[5]&#8211; perfilar r\u00e1pidamente una concepci\u00f3n propia del materialismo hist\u00f3rico, unitaria e independiente[6]. Y esta nada pod\u00eda compartir con aquellas interpretaciones que asociaban al materialismo hist\u00f3rico esquemas dogm\u00e1ticos sobre la historia o principios cient\u00edficos inalterables, o que fijaban lo escrito por Marx y Engels para la eternidad. Al contrario, el car\u00e1cter coherente de la interpretaci\u00f3n de Labriola del materialismo hist\u00f3rico se basaba en la comprensi\u00f3n de ser un \u00abm\u00e9todo gen\u00e9tico inherente a las cosas\u00bb, inmanente al propio modo de generarse de la realidad concreta, y en no postular fundamentos ajenos al devenir org\u00e1nico de la historia. Un m\u00e9todo, por lo tanto, consciente de contener en s\u00ed la necesidad de su propio cambio, de su apertura. Por eso, Labriola pod\u00eda reconocer sin ninguna dificultad, a lo largo de <em>Conversando de socialismo y filosof\u00eda<\/em>, \u00ablos errores de previsi\u00f3n y c\u00e1lculo\u00bb en que hubieran podido incurrir ocasionalmente Marx y Engels, o bien la inmadurez filos\u00f3fica de obras de juventud como <em>La sagrada familia<\/em>[7], o afirmar los l\u00edmites de Marx como historiador, que otros deb\u00edan continuar y superar. Pues, de hecho, para Labriola, a finales del siglo XIX, el materialismo hist\u00f3rico se encontraba todav\u00eda en su fase inicial. Sus continuadores deb\u00edan llevar a cabo una tarea creativa, luchando por desencorsetar el marxismo de sus fijaciones. Esa es la tarea que desempe\u00f1\u00f3 Antonio Labriola.<\/p>\n<p>En concreto, el marxismo de Labriola contiene tres elementos fundamentales, que, sin embargo, puntualizaba, no son compartimentos separados y estancos, ni partes diferenciadas de un todo, sino aspectos o momentos de una totalidad simult\u00e1nea e indivisible: filosof\u00eda de la praxis, cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica y organizaci\u00f3n pol\u00edtica popular.<\/p>\n<p>El primero de estos momentos es el de la filosof\u00eda de la praxis, que Labriola considera el \u00abn\u00facleo\u00bb o la \u00abesencia\u00bb del materialismo hist\u00f3rico. Este consiste propiamente en la comprensi\u00f3n de que la realidad, de la que forman parte el hombre y el mundo, no es una mera materia dada ni tampoco el reino independiente de las ideas, sino la actividad hist\u00f3rica social concreta, de la que la misma filosof\u00eda es parte: \u00abLa naturaleza, es decir, la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del hombre (y diciendo de praxis, bajo este aspecto de totalidad, se intenta eliminar la vulgar oposici\u00f3n entre pr\u00e1ctica y teor\u00eda; porque, en otros t\u00e9rminos, la historia es la historia del trabajo, y como, por un lado, en el trabajo as\u00ed integralmente comprendido est\u00e1 comprendido el desarrollo respectivamente proporcionado y proporcional de las aptitudes mentales y de las aptitudes activas, as\u00ed, por otra parte, en el concepto de la historia del trabajo est\u00e1 comprendida la forma siempre social del trabajo mismo, y las variaciones de esta forma), el hombre hist\u00f3rico [&#8230;] es siempre social\u00bb. (Carta III)<\/p>\n<p>El segundo de los momentos, la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica, no debe ser confundido con la construcci\u00f3n de una nueva ciencia econ\u00f3mica marxista. Para Labriola, y para Marx en <em>El Capital<\/em>, la noci\u00f3n de cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica se corresponde con la comprensi\u00f3n profunda de las relaciones sociales capitalistas, rechazando la visi\u00f3n naturalizadora de la sociedad propia de la econom\u00eda pol\u00edtica burguesa y exponiendo a la luz del d\u00eda las contradicciones y los entresijos de la realidad social imperante y en constante reproducci\u00f3n.<\/p>\n<p>El tercero y \u00faltimo de los momentos, el de la organizaci\u00f3n pol\u00edtica popular, est\u00e1 relacionado directamente con el modo de obrar cotidiano de los marxistas, para quienes la pol\u00edtica debe ser comprendida desde una \u00f3ptica no vanguardista ni ut\u00f3pica. Esta debe consistir, m\u00e1s bien, en la participaci\u00f3n org\u00e1nica dentro de los movimientos populares existentes, y en su acompa\u00f1amiento aportando conocimientos, reflexiones y capacidad de acci\u00f3n democr\u00e1tica. As\u00ed, en distintas Cartas: \u00abel socialismo tiene su verdadero fundamento solo en la condici\u00f3n actual de la sociedad capitalista, en lo que puedan querer y hacer el proletariado y el resto del pueblo llano.\u00bb Por eso, como ya hemos visto antes en esta rese\u00f1a, Marx y Engels \u00abexplicaban te\u00f3ricamente y ayudaban pr\u00e1cticamente a la nueva pol\u00edtica que el nuevo movimiento obrero\u00bb indicaba y precisaba \u00abcomo una necesidad actual de la historia\u00bb.<\/p>\n<p><strong>4. Labriola y las luchas del presente<\/strong><\/p>\n<p>Tras m\u00e1s de cien a\u00f1os de ausencia, y en un mundo muy distinto tanto por lo que respecta a la situaci\u00f3n de los trabajadores y de los movimientos populares como al estado de desarrollo del marxismo, sus cr\u00edticas e ideas siguen resultando de inter\u00e9s. Si bien actualmente, y desde hace a\u00f1os, se ha estado trabajando en la segunda edici\u00f3n de las obras completas de Marx y Engels (conocida como MEGA2), que presenta un panorama bibliogr\u00e1fico muy distinto del tradicional, todav\u00eda aparecen ediciones sin actualizaciones cr\u00edticas (por ejemplo, de <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em>[8]). Se sigue comprendiendo la obra de Marx y Engels como palabra sagrada, al margen de su contexto gen\u00e9tico, o, incluso, se mantiene su desconocimiento y la proliferaci\u00f3n de prejuicios al respecto. Algunos siguen viendo la URSS, incluso a\u00f1os despu\u00e9s de su fin, con nostalgia acr\u00edtica, o aspiran a corregir sus errores con la vuelta a un m\u00e9todo previo, verdaderamente cient\u00edfico. Y en los movimientos y partidos pol\u00edticos, no dejamos de asistir al espect\u00e1culo de \u00abcharlatanes\u00bb acreditados que parecen haber sido hechos \u00fanicamente para dirigir, y que se pasean por los plat\u00f3s de televisi\u00f3n con pedestales port\u00e1tiles bajo el brazo desde los que marcan las l\u00edneas a seguir.<\/p>\n<p>Por todo eso, Antonio Labriola sigue manteniendo, a d\u00eda de hoy, la fuerza de una \u00abcomadrona\u00bb socr\u00e1tica, democr\u00e1tica, valiosa porque supone un modelo de apertura creativa en el pensamiento y el proyecto marxistas, que exige que toda obra, incluida la suya, sea integrada y criticada, no repetida ni completada; continuada con fuerza propia e independencia, utilizada como abono para el presente. Nos anima a comprendernos a nosotros mismos como creatividad operante, en unidad con el mundo, y a dejar atr\u00e1s discusiones bizantinas alejadas de la realidad o contaminadas por el vanguardismo de la academia o de las \u00e9lites pol\u00edticas. Contra toda nueva muestra de optimismo o pesimismo, cuando o\u00edmos hablar, por en\u00e9sima vez, del colapso (por \u00abcatap\u00fan\u00bb, como Bebel) y el fin ineluctables del capitalismo &#8211;y hasta se nos dan fechas del mismo&#8211;, podemos acabar, con Labriola: \u00abya es hora de decir y repetir a cada momento que necesitamos pr\u00e1ctica\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1]\u00a0 Algo que luego criticar\u00e1n tambi\u00e9n Karl Korsch, en <em>Marxismo y filosof\u00eda<\/em> (1923), o Karel Kos\u00edk en distintas de sus obras de finales de los a\u00f1os 50 y de principios de los 60.<br \/>\n[2] El caso de <em>La Ideolog\u00eda alemana<\/em>, ese manuscrito ro\u00eddo por los ratones en que se hab\u00eda \u00abfijado\u00bb la orientaci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico, texto que Labriola quiso pero no pudo leer (Carta VI), es tal vez el m\u00e1s conocido: publicado en 1932 por David Riazanov, s\u00f3lo estudios posteriores han demostrado hasta qu\u00e9 punto fue transformado para lograr la apariencia coherente de un libro.<br \/>\n[3] Y aqu\u00ed pueden verse las ra\u00edces de la reflexi\u00f3n del mismo Gramsci sobre pesimismo y optimismo en los <em>Cuadernos<\/em>, entre otras.<br \/>\n[4] En palabras de Labriola, \u00abde ser una secta democr\u00e1tica de gentes que esperaban el reino de Dios compenetrados del esp\u00edritu santo\u00bb, a \u00abun catolicismo organizado, tanto en el sentido de la ortodoxia, como en el de una jer\u00e1rquica coordinaci\u00f3n semipol\u00edtica de much\u00edsimos, no ya santos, sino simples hombres\u00bb.<br \/>\n[5] Entre muchos otros, Labriola no pudo leer textos como <em>La ideologia alemana<\/em> (1845), ya mencionado, los <em>Cuadernos de Par\u00eds<\/em> (1844) o los <em>Grundrisse<\/em> (1857-8), publicados todos despu\u00e9s de su muerte. Textos que, dicho sea de paso, otros autores necesitaron, a lo largo del siglo XX, para poder alejarse paulatinamente de las rigideces en que hab\u00eda ca\u00eddo el materialismo dial\u00e9ctico.<br \/>\n[6] En cierto paso de los <em>Cuadernos<\/em>, Gramsci dir\u00eda que \u00abal afirmar que la filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica es independiente de toda otra corriente filos\u00f3fica, es autosuficiente, [Labriola] resulta ser el \u00fanico que ha intentado construir cient\u00edficamente la filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica.\u00bb<br \/>\n[7] \u00abLibro [&#8230;] [que] no es verdaderamente importante sino en lo que nos muestra c\u00f3mo Marx y Engels, libertados del escolasticismo hegeliano, se desprenden poco a poco del humanitarismo de Feuerbach y, mientras se encaminaban hacia lo que fue despu\u00e9s su doctrina propia, estaban a\u00fan en cierta medida impregnados de este socialismo verdadero, cuya s\u00e1tira han escrito ellos mismos en el <em>Manifiesto<\/em>.\u00bb (Carta I).<br \/>\n[8] En este sentido, debemos mencionar de nuevo a Nando Zamorano, cuya traducci\u00f3n y edici\u00f3n, junto con el ingente trabajo detr\u00e1s de ellas, nos ha regalado generosamente, dedicando a ellas su tiempo libre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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