{"id":9304,"date":"2021-03-22T05:00:17","date_gmt":"2021-03-22T04:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9304"},"modified":"2021-03-22T03:27:54","modified_gmt":"2021-03-22T02:27:54","slug":"los-ojos-de-la-lengua-el-limite-de-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9304","title":{"rendered":"Los ojos de la lengua, el l\u00edmite de las palabras"},"content":{"rendered":"<p>Durante los a\u00f1os ochenta y primeros noventa, seg\u00fan mi recuerdo y con la obvia excepci\u00f3n de algunos poetas, seguramente no le\u00ed nada con la asiduidad y el inter\u00e9s con que le\u00eda las novelas de Peter Handke; me cuesta recordar otras lecturas que se convirtieran para m\u00ed hasta tal punto en espacio personal. Despu\u00e9s segu\u00ed siempre atento a sus publicaciones, aunque me acercara a ellas con menos frecuencia. As\u00ed que, no tan esc\u00e9ptico en las \u00faltimas d\u00e9cadas a los avatares del Nobel (Wislawa Szymborska, Herta M\u00fcller, Gao Xingjian, Svetlana Alexi\u00e9vich, Louise Gl\u00fcck&#8230;), me alegr\u00f3 que se lo concedieran. Estos d\u00edas he puesto sobre la mesa tres voluminosos libros suyos \u2013<em>El a\u00f1o que pas\u00e9 en la bah\u00eda de nadie<\/em>, <em>La ladrona de fruta<\/em> y <em>Vivir sin poes\u00eda<\/em>, sus poemas reunidos\u2013, con la idea, primero, de recuperar las p\u00e1ginas que m\u00e1s me hab\u00edan atra\u00eddo entre las lecturas m\u00e1s recientes, esa <em>bah\u00eda<\/em> que hace trizas cualquier convenci\u00f3n narrativa con su ejercicio de escritura en extremo libre; de enlazar, en segundo t\u00e9rmino, con un libro \u00faltimo, que empieza en el jard\u00edn del mismo narrador; y, finalmente, leer completa su poes\u00eda, que conoc\u00eda a trozos y manten\u00eda a la espera. Lo que vaya a decir procede de esta tanda de lecturas. Aunque es dif\u00edcil dar cuenta de ellas, porque su intensidad no reside en la <em>literatura<\/em>.<\/p>\n<p>La primera frase de <em>El a\u00f1o que pas\u00e9 en la bah\u00eda de nadie<\/em> \u2013\u00abSolo una vez en mi vida he experimentado hasta ahora la transformaci\u00f3n\u00bb\u2013 recuerda el peculiar gusto de Handke por t\u00e9rminos como <em>la transformaci\u00f3n, la duraci\u00f3n, la gran ca\u00edda<\/em>&#8230;, que proponen una significaci\u00f3n abstracta e imprecisa, y el trabajo del texto ser\u00eda, en principio, precisarla. Y se puede sumar su preferencia por t\u00edtulos gen\u00e9ricos: <em>El momento de la sensaci\u00f3n verdadera<\/em>, <em>Desgracia indeseada<\/em>, <em>Lento regreso<\/em>, <em>El chino del dolor<\/em>, <em>Ensayo sobre el cansancio<\/em>, <em>Ensayo sobre el lugar silencioso<\/em>, <em>Ensayo sobre el d\u00eda logrado<\/em>, <em>La repetici\u00f3n<\/em>, <em>La ausencia<\/em>, o incluso, inolvidable, <em>El miedo del portero al penalti<\/em>, como si la escritura se abriera paso desde un concepto buscando su determinaci\u00f3n. Igualmente, se podr\u00eda anotar en la misma cuenta la resistencia, muy acentuada en la \u00faltima parte de su obra, a dar a los personajes y a ciertos lugares un nombre propio, entrando en un juego de nombres comunes, de per\u00edfrasis descriptivas, que permiten identificarlos en el contexto, a la vez que dejan su identidad abierta, compartida en lo que los define. Estos componentes har\u00edan pensar en una especie de <em>novela filos\u00f3fica<\/em>, o en una tendencia sostenida hacia lo simb\u00f3lico, a lo transcendente en potencia. Y, sin embargo, como lector, encuentro que su obra <em>hace<\/em> algo muy alejado de esto, casi contrario, creciendo de una ra\u00edz conflictiva, de autonegaci\u00f3n y permanente pregunta.<\/p>\n<p>El <em>Poema a la duraci\u00f3n<\/em>, coraz\u00f3n de su poes\u00eda, ofrece un espacio para pensar en ello. Si, en vez de dejarse llevar por el concepto, se mira el texto de cerca, lo abstracto queda apenas como referencia suspendida en el aire, mientras todo tiende a lo concreto y material: \u00abHe experimentado la duraci\u00f3n repetidas veces\u00bb: algo que <em>se experimenta<\/em>, no que se deduce o razona o elabora intelectualmente; el poema menciona cuatro de estas veces, anotando su lugar y circunstancia: \u00abel estremecimiento de la duraci\u00f3n; \/ siempre en lo accesorio\u00bb. Nada que parezca excepcional al producirse, nada siquiera duradero. Y, como tal vez vaya a ocurrir siempre, el lector queda sin <em>saber qu\u00e9 es<\/em> la duraci\u00f3n, aunque, si va adoptando el relato como gu\u00eda, podr\u00e1 ciertamente seguir su estela: \u00abpude entonces describir con palabras el sentimiento de la duraci\u00f3n \/ como un acontecimiento del agudizar el o\u00eddo, \/ un acontecimiento del darse cuenta\u00bb. No importa qu\u00e9 sea, solo se requiere la percepci\u00f3n m\u00e1s despierta, la vigilia de la conciencia, para sentir la realidad y a uno mismo en ella.<\/p>\n<p>As\u00ed, los poemas enumeran con frecuencia hechos y situaciones concretas para reconocer formas de lo universal \u2013la duraci\u00f3n, el dolor y el mal, la muerte, las primeras experiencias&#8230;\u2013, y la desnudez de la lengua abre una v\u00eda que practicar\u00e1n tambi\u00e9n los libros narrativos. Las repetidas enumeraciones hacen evocar a Bergson \u2013a quien se citar\u00e1 en el texto, recordando el origen del t\u00e9rmino\u2013, cuando afirmaba: \u00abla pura duraci\u00f3n podr\u00eda muy bien no ser m\u00e1s que una sucesi\u00f3n de cambios cualitativos que se funden, que se penetran, sin contornos precisos, sin tendencia alguna a exteriorizarse unos en relaci\u00f3n con otros, sin parentesco alguno con el n\u00famero: esto ser\u00eda la heterogeneidad pura\u00bb. Y estas palabras, que parecen a primera vista difusas y t\u00e9cnicas, caracterizan de modo preciso lo que ocurre en la obra de Handke. Y remiten directamente a la propuesta de su poes\u00eda, formulada ya desde su juventud.<\/p>\n<p>Esos poemas del comienzo tienden a ser <em>juegos de lenguaje<\/em>, que ensayan variaciones elementales (negaci\u00f3n y afirmaci\u00f3n, presente y condicional, sintaxis sencilla y enunciativa), modelos ling\u00fc\u00edsticos y\/o de comportamiento, para explorar los matices de la frase, su apertura a los incontables estados del <em>yo<\/em> y de su entorno, como tratando de entender y perfilar los l\u00edmites de un mundo (que son, ya se sabe, los l\u00edmites de un lenguaje). La frecuencia de un sesgo grotesco o absurdo \u2013con la cita casi expl\u00edcita de los Hermanos Marx\u2013 asume la dificultad de la empresa, y conduce a una reflexi\u00f3n de la escritura sobre s\u00ed misma, muy densa en <em>El a\u00f1o que pas\u00e9 en la bah\u00eda de nadie<\/em>, adelgazada y depurada en <em>La ladrona de fruta<\/em>. La ocupaci\u00f3n de su personaje-narrador es escribir y pensar su vida le mueve a pensar su escritura, del mismo modo que esta interviene en el discurrir cotidiano. As\u00ed, agudizar el o\u00eddo, acendrar la conciencia, es algo que sucede en las palabras: \u00abSolo cuando los hechos, los ciegos, se enmara\u00f1an, por miles, se aclaran y adquieren los ojos de la lengua, aqu\u00ed uno, aqu\u00ed otro, solo entonces estoy en el buen camino [&#8230;], y con ello la vida pobre se eleva a una vida rica\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00eda decirse que estos ojos, retomando lo dicho antes, son el escenario de un conflicto permanente entre la tendencia a lo general, a lo universal, y su rechazo: peso de la literalidad, enorme proporci\u00f3n de lo descriptivo, enfoques de detalle, potencia de lo objetivo. Quiz\u00e1 la autoridad de la tautolog\u00eda en aquellos <em>juegos de lenguaje<\/em> sea una prueba de cu\u00e1l era la opci\u00f3n de Handke dentro de su propia cualidad contradictoria: \u00abque los desdentados no tienen dientes; \/ [&#8230;] \/ que los caminos son caminos; \/ que las raspas raspan; \/ que palabras como \u2018chillidos\u2019 y \u2018pan de especias\u2019 \/ significan CHILLIDOS y PAN DE ESPECIAS\u00bb \u2013dicho de otra manera, opta por una \u00e9tica estricta del significado.<\/p>\n<p>El texto narrativo \u2013es costumbre llamarlo as\u00ed, aun sabi\u00e9ndolo escritura sin g\u00e9nero\u2013, ha de considerar, ante las m\u00faltiples formas de esta encrucijada entre lengua y mundo, el punto de vista que las observa: \u00abEsta historia solo debe tratar de m\u00ed entre otras muchas cosas. Me siento impulsado a intervenir en mi tiempo por medio de ella\u00bb: con lucidez se focaliza el <em>yo<\/em> sin realmente destacarlo, casi desenfocando la lente a la vez que se ajustaba. Pues ese <em>m\u00ed<\/em> se convierte en objeto de atenci\u00f3n solo si se sumerge en un contexto m\u00e1s amplio, equipar\u00e1ndose y mezcl\u00e1ndose con otros <em>muchos<\/em> objetos. Pues el <em>yo<\/em> y su escribir no se relacionan en sentido \u00fanico, sino como movimientos de ida y vuelta, eficaces e influyentes tanto en la producci\u00f3n del texto como en la producci\u00f3n de la propia vida. Y tal principio \u2013o nudo de desplazamientos e impulsos\u2013 vuelve a generar nuevas formas contradictorias, mostrando que, para quien escribe, esta din\u00e1mica es ley.<\/p>\n<p>En efecto, si \u00abcon la palabra YO comenzaron las dificultades\u00bb, es en buena medida porque un desasosiego existencial subyace a las cosas que ocurren y se cuentan. La soledad, aun bien asumida y consciente, deseada incluso, se acerca a tocar lo insoportable, y no se interrumpe nunca la meditaci\u00f3n sobre el aislamiento, el no encajar con los otros, la mutua falta de inter\u00e9s en el cruce social&#8230; Resulta dif\u00edcil no o\u00edr este rumor de fondo en el modo en que los conflictos se manifiestan como desdoblamiento: los personajes contin\u00faan con su rutina cotidiana a la vez que les est\u00e1 ocurriendo algo terrible: el ni\u00f1o termina su desayuno despu\u00e9s de recibir una noticia fatal acerca de su madre, el que se corta una mano de manera aparatosa no atiende a la hemorragia hasta que acaba lo que hab\u00eda empezado a hacer. O, tambi\u00e9n, cuando un amigo critica al narrador por la larga ausencia de su lugar natal, \u00e9l reacciona exhibiendo un conocimiento profuso, variado, afectivo, de esa <em>bah\u00eda<\/em> \u2013periferias boscosas de Par\u00eds, casas unifamiliares sin car\u00e1cter de comunidad\u2013 en la que vive; como le muestra el amigo, como \u00e9l mismo entrev\u00e9 en otros pasajes, las palabras se le van vaciando mientras las pronuncia. O no, porque queda lo literal, lo material, y eso no deja de operar, se mantiene activo.<\/p>\n<p>As\u00ed, en ese girar de todo en torno al <em>yo<\/em>, resultan casi indistinguibles lo interior y lo exterior, ofreciendo un <em>yo<\/em> poroso, insistente pero impreciso, difuminado en los l\u00edmites con las cosas, con las situaciones. Y \u00e9l mismo lo percibe en sus personajes: \u00abpara m\u00ed, lo que mis h\u00e9roes tienen de atractivo es tambi\u00e9n el hecho de que los vea como no terminados y que no quepa imaginar que pueda ser de otra manera\u00bb. Quiz\u00e1 por esto, dentro del punto de vista, se haga esencial una reflexi\u00f3n sobre la <em>distancia<\/em>.<\/p>\n<p>Porque, para poder hablar <em>de m\u00ed entre las cosas<\/em>, parece necesario un vivir lejos, separarse, de modo que se construya un <em>aqu\u00ed<\/em> capaz de absorberlo todo pero libre de adherencias, de viscosidades, limpio de cord\u00f3n umbilical. Para eso tal vez se requiere una tierra de nadie, como los espacios que rastreaba uno de los personajes, \u201cel arquitecto\u201d, en las modernas ciudades de Jap\u00f3n. Resta, sin embargo, la duda de hasta qu\u00e9 punto el proyecto de un mero, puro situarse, lugar sin lugar, puede llevarse a cabo o seguir\u00e1 generando puntos de fuga. Paseando por Toledo, he conocido algunos rincones urbanos, olvidadas islas entre calles, ante casas de una planta que se asoman de lo alto al r\u00edo, rodaderos y pendientes que alg\u00fan vecino ha convertido en jard\u00edn, a veces h\u00edbrido de huerto, con flores en todas las estaciones, granados, alg\u00fan naranjo, tomates y melones, una gama de \u00e1rboles peque\u00f1os; con tablones y ramas han dispuesto el terreno en terrazas; sacan horas de su tiempo para regar y limpiar, para mantener el lugar y el v\u00ednculo. Y eso se pensar\u00eda: que vivir en cualquier <em>tierra de nadie<\/em> no genera propiedad, pero s\u00ed un v\u00ednculo. Es importante entonces observar c\u00f3mo fluct\u00faan estas ideas \u2013separaci\u00f3n y lazos\u2013 en <em>El a\u00f1o que pas\u00e9 en la bah\u00eda de nadie<\/em> para entender quiz\u00e1 por qu\u00e9 <em>La ladrona de fruta<\/em> ha evolucionado hacia el vagabundeo, casi nomadismo.<\/p>\n<p>El narrador de la <em>bah\u00eda de nadie<\/em> fue jurista, pero lleva mucho tiempo siendo escritor y, al hacer balance, advierte que ha contado ya todo de s\u00ed mismo y que deber\u00eda ceder su papel de protagonista, que le toca ser espectador; deja entonces de llamarse <em>narrador<\/em> y adopta el nombre de <em>cronista<\/em>, para indicar distancia de s\u00ed mismo y un determinado tono. Sin embargo, esta elecci\u00f3n no resulta tan f\u00e1cil, como se expresa enseguida mediante unos rostros pintados por Giotto: \u00abojos peque\u00f1os, rasgados, como si simplemente rozaran los acontecimientos y al mismo tiempo tomaran parte en ellos \u00edntimamente\u00bb. Se recuerda aqu\u00ed el t\u00edtulo de un primer libro de poemas, publicado en 1969, a los 26 a\u00f1os, <em>El mundo interior del mundo exterior del mundo interior<\/em>. La descripci\u00f3n de las caras de Giotto \u2013\u00abuna mirada as\u00ed descompon\u00eda, daba ritmo, iluminaba\u00bb\u2013 evoca un fundido de conocimiento y existencia que podr\u00eda trasladarse en t\u00e9rminos de escritura; al cabo de 450 p\u00e1ginas, de larga investigaci\u00f3n del roce y la intimidad, puede as\u00ed formularse con una precisi\u00f3n que da entera cuenta del arte del \u00faltimo Handke: \u00abJunto con la frase, o con el p\u00e1rrafo, estaba tambi\u00e9n en juego todo el asunto. A diferencia de lo que ocurre con un cient\u00edfico o un cronista, lo que estaba amenazado no era tanto la cabeza, el pensamiento, como el hacerse una-sola-cosa de este con el sentimiento, con los latidos del coraz\u00f3n o con la imagen r\u00edtmica, algo que para m\u00ed era absolutamente necesario\u00bb. La distancia ha cabido en esta s\u00edntesis y, a la vez, las palabras se integran en la vida \u00edntima, el cronista se ha descubierto escritor sin etiquetas.<\/p>\n<p>En el vaiv\u00e9n exterior-interior, en el deseo de fundir sentir-pensar, Handke no tiene dudas de cu\u00e1l ha de ser la orientaci\u00f3n de la mirada: \u00abMi mano no deber\u00eda llevarla nada que no fuera lo que ocurr\u00eda en el exterior, y si en esta situaci\u00f3n le ven\u00eda una imagen, un pensamiento o un sue\u00f1o diurno, esto para el trabajo de ir tomando notas ser\u00eda bien acogido, con la condici\u00f3n de que surgiera, u oscilara, solo desde la atenci\u00f3n prestada al mundo exterior\u00bb. Una ley de la escritura en la que est\u00e1 activo el yo, pero diluy\u00e9ndose en una obediencia sobrevenida. Tambi\u00e9n el <em>Poema a la duraci\u00f3n<\/em> lo apuntaba: \u00ab\u00bfY cu\u00e1l debe ser el objeto \/ de mi atenci\u00f3n? \/ Aparecer\u00e1 en mi inclinaci\u00f3n \/ hacia los seres vivos?\u00bb \u00c1rboles y plantas, p\u00e1jaros y otros animales, zarzas y setas, un perro, avispas. En la <em>tierra de nadie<\/em> se hace presente la naturaleza, incluso en el entorno de la gran ciudad, entre los aeropuertos militares y las autopistas, en los solares sin construir, en el cr\u00e1ter de una vieja bomba. Y esta naturaleza que domina el mundo del escritor nunca est\u00e1 idealizada ni puede sentirse buc\u00f3lica; son formas poderosas de realidad, delicadas, m\u00faltiples, violentas, en cuyo contacto la percepci\u00f3n y la sensibilidad parecen las \u00fanicas formas de resistencia de la vida.<\/p>\n<p>Este desaf\u00edo lo afronta, como digo, una escritura sin g\u00e9nero. Handke escribi\u00f3 poemas casi solamente en su juventud, con excepciones dispersas; pero ante su prosa no se a\u00f1ora su poes\u00eda, pues cubre un mismo espacio, bien ajeno a la idea hegem\u00f3nica hoy de la novela como entretenimiento. La ruptura es expl\u00edcita en su voz: \u00abA veces me parece que la actividad de narrar se ha agotado, o que en ella hay algo podrido\u00bb, y entiende \u2013como habr\u00eda dicho Paul de Man\u2013 que narrar solo puede ya darse en la modalidad de la crisis. El hito m\u00e1s rotundo de su posici\u00f3n es <em>El a\u00f1o que pas\u00e9 en la bah\u00eda de nadie<\/em>, un \u00ablibro sin argumento\u00bb. Un conjunto de materiales procedentes de la vida cotidiana, de ese exterior de la vida, sin un orden claro. Lugares, gentes, unos amigos que viajan por el mundo y cuyo relato se imagina o deduce, ese caser\u00edo sin entidad de la periferia parisina camino de Versalles, recuerdos, sue\u00f1os, flashes de vidas anteriores que parecen casi ajenas&#8230; Se afirma que el trabajo es relatar un a\u00f1o ah\u00ed, as\u00ed, pero todos los a\u00f1os de una o dos d\u00e9cadas se mezclan; la narraci\u00f3n es lo siempre pospuesto o relegado, el libro crece de su ausencia. Cada sitio, cada momento, cada persona que se cruza, cada animal o vegetal, tienen su peque\u00f1o pasaje.<\/p>\n<p>Es cierto que hay gui\u00f1os, se\u00f1ales que remiten a la ficci\u00f3n, como el nombre del personaje, ya usado otras veces, Gregor Keuschnig, obvia referencia kafkiana; la acci\u00f3n se sit\u00faa en 1997, pero el libro se publica en 1994; hay una guerra civil en Alemania y un estado catal\u00e1n, una rebeli\u00f3n iconoclasta como la antigua bizantina, aunque estos elementos no pesan, tienen incluso menos funci\u00f3n que el semanario de Benavente, Zamora, que le env\u00eda un lector y \u00e9l sigue divertido. El libro es un espacio verbal acerca de la vida, que se puede recorrer en cualquier direcci\u00f3n o detenerse largamente en cualquier pasaje, salpicado de decenas de microrrelatos, de vivas descripciones, de datos autobiogr\u00e1ficos y lenguas diversas \u2013franc\u00e9s, castellano, voces eslavas, sopesadas, incrustadas en el cuerpo del alem\u00e1n\u2013. Preguntaba y respond\u00eda un poema: \u00ab\u00bfY c\u00f3mo puedes ordenarlo? \/ Porque el miedo al sinsentido ha pasado \/ ya no es necesario orden alguno\u00bb.<\/p>\n<p><em>La ladrona de fruta<\/em> empieza en la <em>bah\u00eda de nadie<\/em>, y mueve los mismos materiales bajo el efecto de un m\u00e1s fuerte impulso narrativo: el viejo narrador, sale de casa para dirigirse a su residencia campestre en Picard\u00eda, con el fin de encontrar por all\u00e1 a <em>la ladrona de fruta<\/em>. Mientras va hacia la estaci\u00f3n, el trayecto se dilata en distracciones interminables: cada dato puede desarrollarse en palabras, ser objeto de escritura, convertirse en una peque\u00f1a fiesta verbal. Va en el tren, cree ver a lo lejos desde una ventanilla a \u201cla ladrona\u201d, se detiene en la siguiente estaci\u00f3n, pregunta a unos sin techo y ellos le confirman que pas\u00f3 por all\u00ed; como por arte de magia, como teletransportado, el lector se encuentra entonces ante un nuevo hilo de relato, el que teje \u201cla ladrona\u201d, empieza a seguir su peripecia por los campos y peque\u00f1as localidades de Picard\u00eda, y el narrador desaparece, no se sabe m\u00e1s de \u00e9l. Fue suficiente pensar en un personaje para encontrarse en su compa\u00f1\u00eda, como si a\u00fan pudiera recobrar aliento un modelo medieval, bien \u00e1gil, de relato.<\/p>\n<p>De manera sucesiva, en breves fragmentos centrado cada uno en un motivo (personaje, lugar, animal, planta, cosa), la ladrona va trazando su camino por una geograf\u00eda cuyos top\u00f3nimos se reconocen, pero que, por un extremo trabajo de lupa, se va sintiendo ex\u00f3tica. Ella quer\u00eda buscar a su madre, que estaba perdida, errando por la zona, pero la ruta da rodeos, dibuja espirales, como si su empe\u00f1o se proyectara, adem\u00e1s de en un espacio sin l\u00f3gica, en una expansi\u00f3n prodigiosa del tiempo. La materia verbal se acumula mientras las horas apenas corren. No me atrevo a describir a este personaje extraordinario, con unos recursos vitales inagotables, una soledad tan radical como abierta a los encuentros, implicada en todo y ajena a todo, conocedora de las fuerzas naturales, reflexiva a trav\u00e9s de la intuici\u00f3n y los sentidos, del sue\u00f1o y el sentimiento. Su rumbo es, narrativa y espacialmente, una digresi\u00f3n, o una cadena incesante de digresiones, que se tensa de manera imperceptible en el tiempo hacia un objetivo que \u2013seg\u00fan el uso de Handke\u2013 se disolver\u00e1 en vez de ser alcanzado. La reuni\u00f3n de la ladrona con toda su familia (madre, padre, hermano), en medio de una meseta, no parece el logro ni el fin de nada; el relato se apaga como se va la luz, lentamente, al final del d\u00eda.<\/p>\n<p>Las escenas memorables o la verborrea chiflada de algunos personajes acompa\u00f1an esta empresa de apurar el ser naturalmente, sin ansiedad. En ella resuenan, como un gong de intensidad, las peque\u00f1as estampas. El vecino que sale a barrer la gravilla que desplaz\u00f3 su coche cuando llevaba a su mujer a que muriera en el hospital; nunca se hab\u00eda ocupado de nada colectivo, pero ahora barre el camino de todos envuelto en l\u00e1grimas. La cena en un hotel que se hab\u00eda cerrado y reabre para quienes llegan, en la intimidad de una furiosa tormenta; todos cocinan, las conversaciones no encajan entre s\u00ed, pero ellos graban en su memoria una posibilidad. La escritura devuelve existencia, y viceversa. La inestabilidad, la sensaci\u00f3n de estar fuera de la ley, de hacer algo prohibido, al margen del ritmo social. \u00abPor la noche, en aquel bar la regi\u00f3n entera me ha parecido una bah\u00eda, con nosotros como lo que el mar ha dejado en la playa\u00bb. Y esta experiencia de los \u00faltimos que salen del bar, cuando cierra, llega a impregnar la lengua, a confundirse con ella: \u00abDonde deber\u00eda estar el l\u00edmite de las palabras comienza a arder el follaje en los bordes, y las palabras se retuercen sobre s\u00ed mismas de modo infinitamente lento: \/ \u2018\u00a1Estas franjas negras!\u2019 \/ Estos l\u00edmites de la tristeza\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Lecturas.\u2013<\/strong><\/p>\n<p>Peter Handke, <em>El a\u00f1o que pas\u00e9 en la bah\u00eda de nadie<\/em>. Traducci\u00f3n de Eustaquio Barjau. Madrid, Alianza, 1999.<br \/>\n\u2013\u2013, <em>Vivir sin poes\u00eda<\/em>. Traducci\u00f3n de Sandra Santana. Madrid, Bartleby, 2009.<br \/>\n\u2013\u2013, <em>La ladrona de fruta<\/em>. Traducci\u00f3n de Anna Montan\u00e9 Forast\u00e9. Madrid, Alianza, 2019.<br \/>\nPeter Handke y Peter Hamm (conversaci\u00f3n), <em>Vive les illusions!<\/em> Traducci\u00f3n al franc\u00e9s de Anne Weber. Paris, Christian Bourgois, 2008.<br \/>\nHenri Bergson, <em>Memoria y vida<\/em>. Textos escogidos por Gilles Deleuze. Traducci\u00f3n de Mauro Armi\u00f1o. Madrid, Alianza, 1987.<\/p>\n<p>(Texto de la serie \u00abTienda de fieltro\u00bb, publicado en <em>Tamtam Press<\/em>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante los a\u00f1os ochenta y primeros noventa, seg\u00fan mi recuerdo y con la obvia excepci\u00f3n de algunos poetas, seguramente no<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":9305,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-9304","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9304","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9304"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9304\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/9305"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9304"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9304"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9304"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}