{"id":9482,"date":"2021-04-19T05:00:38","date_gmt":"2021-04-19T04:00:38","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9482"},"modified":"2021-04-19T05:03:25","modified_gmt":"2021-04-19T04:03:25","slug":"el-problema-de-la-formacion-en-la-sociedad-acelerada-y-la-expropiacion-de-la-atencion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9482","title":{"rendered":"El problema de la formaci\u00f3n en la sociedad acelerada y la expropiaci\u00f3n de la atenci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>A modo de introducci\u00f3n. Recuerdo del fil\u00f3sofo lector<\/strong><\/p>\n<p>En un ensayo del a\u00f1o 1978, Georg Steiner (Steiner, 1997) recurr\u00eda a un cuadro de Chardin, <em>Le Philosoph lisant<\/em>, para lamentarse de que en la segunda mitad del siglo XX ya no se le\u00eda como en el siglo XVIII, cuando se pint\u00f3 el cuadro. Ese \u00f3leo nos ense\u00f1aba todos los elementos que, seg\u00fan Steiner, iban aparejados a la lectura cl\u00e1sica, y que \u00e9l desgranaba con fruici\u00f3n melanc\u00f3lica: la lujosa capa de piel y el sombrero con que se ha cubierto el fil\u00f3sofo para leer como si fuera a celebrar una ceremonia, el enorme tama\u00f1o del libro en formato de infolio, sin duda muy caro y objeto de lujo, el reloj de arena junto al lector, el silencio y concentraci\u00f3n que se respiran, son para Steiner a la vez \u00edndice de la cortes\u00eda del lector para con su objeto libro, de la solemnidad del acto de lectura, y del hecho de que, seguramente, estaba releyendo el libro, m\u00e1s que ley\u00e9ndolo. Tambi\u00e9n el c\u00e1lamo era significativo de que anotaba y escrib\u00eda en el libro comentarios; sobre todo, de que lo transcrib\u00eda y formaba parte de su memoria.<\/p>\n<p>El tiempo era el elemento clave de la escena, como muestra el reloj de arena delante del libro y la calavera detr\u00e1s del lector, en la estanter\u00eda. Se expresaban all\u00ed la <em>vita brevis<\/em> del lector frente a la <em>ars longa<\/em> del libro. Este iba a perdurar m\u00e1s all\u00e1 de lector y de su tiempo, pues la palabra escrita es desde su invenci\u00f3n una v\u00eda de eternidad; recuerda Steiner que ya P\u00edndaro se solazaba en que \u00abCuando la ciudad que celebro haya muerto, cuando los hombres a quienes canto se hayan desvanecido en el olvido, mis palabras perdurar\u00e1n.\u00bb El tiempo y la palabra impresa, adem\u00e1s, acaban por dictar justicia. Podr\u00edamos a\u00f1adir en este punto al poeta espa\u00f1ol Francisco de Quevedo, quien en un soneto sobre la lectura (\u00abDesde la torre\u00bb) dec\u00eda que la imprenta era \u00abde injurias de los a\u00f1os vengadora\u00bb, y le hac\u00eda justicia a los muertos. Por otro lado, las horas de lectura son las mejor empleadas en la propia vida y en la propia formaci\u00f3n. Quevedo, remataba su soneto \u00abEn fuga irrevocable huye la hora\/ pero aquella el mejor c\u00e1lculo cuenta\/ que en la lecci\u00f3n y estudios nos mejora\u00bb (Quevedo, 1996, p. 98). Steiner recuerda con nostalgia c\u00f3mo la lectura lenta, concentrada y solemne amueblaba de ecos y resonancias la mente del lector.<\/p>\n<p>Hoy d\u00eda, \u2014esto es, a la altura de 1978\u2014, empieza a lamentarse Steiner, ya no se lee as\u00ed. Se lee r\u00e1pido, en el metro o en el vest\u00edbulo del aeropuerto, en libros de bolsillo, libros que no se va a leer ya nunca m\u00e1s y que no son duraderos ni como objeto f\u00edsico ni en el recuerdo de los lectores. Ya nadie sabe nada de memoria. La autoridad del autor ha desaparecido con todas las dem\u00e1s. El silencio no existe, ni tampoco la capacidad de atenci\u00f3n, o la concentraci\u00f3n que desaparece \u00abpor el simple hecho de que nos interrumpa el timbre del tel\u00e9fono\u00bb (Steiner, 1997, p. 39) al que siempre contestamos. Los peque\u00f1os apartamentos modernos permiten acumular algunos libros de bolsillo en estanter\u00edas, pero no los libros encuadernados, menos a\u00fan los infolios de antes.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Las relaciones de poder, la econom\u00eda del ocio y del servicio dom\u00e9stico, la arquitectura del espacio privado y la custodia del silencio, que sostienen y rodean este acto, son m\u00e1s que inaceptables para los fines igualitarios de las sociedades de consumo occidentales (Steiner, 1997, p. 40).<\/p>\n<p>Hay, desde luego, una componente de discutible nostalgia conservadora y elitista en el lamento de Steiner, que ya han abordado muchos cr\u00edticos en varios lugares. La vamos a dejar de lado ahora. Para la discusi\u00f3n que voy a proponer sobre la posibilidad de la <em>Bildung<\/em> hoy, me interesa destacar dos puntos de este ensayo de Steiner.<\/p>\n<p>Uno es esa escena de la lectura ligada a la soledad \u2014una soledad solidaria en conversaci\u00f3n con los ausentes\u2014, al silencio, a la concentraci\u00f3n, a la mejora de la propia persona por medio de este estudio, a la reflexividad que esa concentraci\u00f3n y soledad conlleva; y sobre todo, la dimensi\u00f3n temporal por la que el lector llena de sentido su presente a trav\u00e9s de la conexi\u00f3n y conversaci\u00f3n con el pasado: aunque ilustrados con un cuadro del siglo XVIII, todos estos son los elementos de la <em>Bildung<\/em> que a partir del Romanticismo iba a ser el ideal definitorio y emancipador de la cultura moderna. Concentraci\u00f3n, reflexi\u00f3n, autonom\u00eda, interioridad, juicio, etc.: con eso se formaba el sujeto moderno de la <em>Bildung<\/em>; en el l\u00edmite hist\u00f3rico, la propia democracia se conceb\u00eda como una sociedad de individuos racionales y razonables, esto es, <em>gebildet<\/em>, cultos y formados, que ser\u00edan capaces de dialogar entre s\u00ed. Y es por esa <em>Bildung<\/em> cl\u00e1sica por la que Steiner entona un canto f\u00fanebre en los inquietos a\u00f1os setenta del siglo XX, cuando los anhelos emancipatorios e igualitaristas del sesentaiocho todav\u00eda estaban vigentes; desde luego, antes de internet.<\/p>\n<p>El segundo punto que quiero destacar es muy obvio. A la altura de la segunda d\u00e9cada del siglo XXI, transcurridos veinticinco a\u00f1os de la revoluci\u00f3n que han supuesto internet y todas las redes que van con ella asociadas \u2013Google, Facebook, Twitter, etc.-, la nostalgia de Steiner parece, por un lado, desfasada y rancia, si es que no fuera de lugar. Pero, por otro, el contenido de esa nostalgia denuncia exactamente los mismos problemas estructurales a los que nos enfrentamos hoy cuando tratamos de definir el lugar y la posibilidad de la Bildung en la era internet. La aceleraci\u00f3n de los tiempos, la p\u00e9rdida de la capacidad de concentraci\u00f3n, el ruido incesante que domina todos los ambientes, la confusi\u00f3n de presente y pasado, la disoluci\u00f3n de la autoridad en el marem\u00e1gnum de textos transmitidos y multiplicados instant\u00e1neamente por la red, el car\u00e1cter ef\u00edmero de los textos, la irreflexividad de los sujetos, la p\u00e9rdida de la capacidad de juicio&#8230; todo esto, que Steiner vislumbraba con preocupaci\u00f3n en la cultura del libro de bolsillo, se ha multiplicado en el mundo de hoy. No ser\u00eda muy exagerado afirmar que el lector de libros de bolsillo en el metro de 1978 \u2013al que Steiner mira con compasivo desprecio\u2013 estaba m\u00e1s cerca del <em>Philosoph lisant<\/em> de Chardin que del sujeto atado hoy por sus ojos y sus auriculares a la pantalla de su tel\u00e9fono celular o de su tablet; y que es justamente a \u00e9l a quien de verdad le ocurre todo lo que Steiner criticaba en sus contempor\u00e1neos de los a\u00f1os setenta.<\/p>\n<p><strong>La Red y la crisis de la lectura<\/strong><\/p>\n<p>Sin duda alguna, estamos ante una ruptura epocal que parece implicar tambi\u00e9n un cambio antropol\u00f3gico, cuyas consecuencias todav\u00eda no somos capaces de calibrar ni de prever. Los sujetos que habiten este planeta en los pr\u00f3ximos decenios van a ser constitutivamente muy distintos \u2014en su estructura ps\u00edquica, en su modo de comunicarse entre s\u00ed, en su modo de percibir el mundo, de desear, de sentir y de razonar\u2014 de lo que era el fil\u00f3sofo lector del siglo XVIII o los mismos contempor\u00e1neos de Steiner en los setenta. De hecho, puede ser que el trato con internet produzca en ellos tales cambios cerebrales que incluso quien se form\u00f3 todav\u00eda en el mundo de los libros y de la lectura en papel, de la escritura a mano \u2014cualquier persona nacida hasta 1990\u2014 haya experimentado en los \u00faltimos a\u00f1os una profunda metamorfosis cerebral, una vez que se ha habituado al manejo de internet.<\/p>\n<p>Algo as\u00ed afirma Nicholas Carr en su libro <em>Superficiales. Lo que Internet est\u00e1 haciendo con nuestras mentes<\/em>. (Carr, 2009). La maravillosa plasticidad de nuestras conexiones neuronales, que capacita a nuestros cerebros humanos adaptarse cada vez a nuevos entornos y aprender siempre cosas nuevas, ha permitido tambi\u00e9n que el antiguo lector, habituado de joven a concentrarse durante largas horas en las p\u00e1ginas de un libro, pueda ahora en su madurez distribuir su atenci\u00f3n entre la pantalla que lee, las posibilidades ilimitadas de consulta que le ofrece el hipertexto, los correos electr\u00f3nicos entrantes u otras notificaciones en el ordenador en el tel\u00e9fono celular, m\u00e1s las muchas tareas que cualquier sujeto contempor\u00e1neo puede resolver simult\u00e1neamente: en suma, ha desarrollado una \u00abmentalidad de malabarista\u00bb (Carr, 2009, p. 143) que es totalmente distinta de la atenta concentraci\u00f3n con que, todav\u00eda en sus a\u00f1os de formaci\u00f3n, pod\u00eda quedarse fijado sobre un libro, sobre una idea, durante un periodo prolongado de tiempo. Pues la red \u00abofrece un tipo de est\u00edmulos sensoriales y cognoscitivos \u2014repetitivos, intensivos, interactivos, adictivos\u2013 que han demostrado capacidad de provocar alteraciones r\u00e1pidas y profundas de los circuitos y las funciones cerebrales\u00bb (Carr, 2009, p.144). El uso de internet habr\u00eda producido nuevas conexiones sin\u00e1pticas, o por decirlo coloquialmente, un \u00abrecableado del cerebro\u00bb que se manifiesta en todas las nuevas habilidades ligadas al \u201cmultitasking\u201d, y capacita as\u00ed para una lectura somera y superficial de los textos que van a apareciendo en la pantalla; pero, como contrapartida, argumenta Carr, \u00abimpide una lectura profunda\u00bb (CARR, 2009, p.152). Una larga serie de hallazgos emp\u00edricos de la neurolog\u00eda, as\u00ed como un c\u00famulo de experimentos psicol\u00f3gicos vienen a corroborar esta afirmaci\u00f3n. En los lectores de libros, se activan las regiones cerebrales asociadas a la memoria, el lenguaje, o el procesamiento visual, pero no las regiones prefrontales asociadas a la adopci\u00f3n de decisiones y resoluci\u00f3n de problemas. As\u00ed, los lectores de hipertextos, y los de p\u00e1ginas web, van vagando de una p\u00e1gina a otra, a golpe de clic, en lugar de leerlas con atenci\u00f3n. Por decirlo sumariamente, las p\u00e1ginas web no se leen, s\u00f3lo se visitan. En cierto modo, es natural, pues<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">tendemos a buscar situaciones que exigen actividades simult\u00e1neas o situaciones en las que nos abruma el volumen de informaci\u00f3n. Si el lento progreso de las palabras por la p\u00e1gina impresa atempera nuestro af\u00e1n de inundarnos de est\u00edmulos mentales, la Red lo fomenta. Nos devuelve a un estado natural de distracci\u00f3n irreflexiva, nos coloca ante infinidad de distracciones que jam\u00e1s tentaron a nuestros antepasados (Carr, 2009, p.147).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, meticulosos experimentos psicol\u00f3gicos encuentran que este lector de internet, que ha pasado por muchas p\u00e1ginas en muy poco tiempo, o que ha le\u00eddo un texto dej\u00e1ndose llevar por todos los v\u00ednculos hipertextuales que se le van ofreciendo, tiene muchas m\u00e1s dificultades que el lector tradicional para recordar y reconstruir lo que ha le\u00eddo: dificultades, sobre todo, para reproducirlo en un relato. Esto es: con internet, habr\u00eda entrado en crisis la propia capacidad narrativa, que en la <em>Bildung<\/em> tradicional es uno de los caracteres esenciales de lo humano (Bieri, 2012). Y porque este nuevo recableado impide la capacidad reflexiva de los sujetos, puede entrar en crisis la dimensi\u00f3n de interioridad y la capacidad para autoformarse con que la <em>Bildung<\/em> trataba de responder al mandato ilustrado de pensar por uno mismo (Koselleck, 2012). Tambi\u00e9n las posibilidades de deliberaci\u00f3n y di\u00e1logo que son la esencia de la democracia quedar\u00edan seriamente restringidas. En lugar de ello, tenemos un mundo de \u201cfake news\u201d transmitidas y recibidas aceleradamente y pol\u00edticos populistas que se manifiestan a golpe de tweet.<\/p>\n<p>Todo esto, como discutiremos enseguida, puede estar propiciado por, o ser el resultado de, una nueva estrategia adaptativa a las condiciones t\u00e9cnicas, materiales, de trabajo y de interacci\u00f3n social en el capitalismo m\u00e1s reciente. El <em>multitasking<\/em>, la toma r\u00e1pida de decisiones, la superficialidad y la respuesta de sometimiento a un bombardeo incesante de est\u00edmulos es tanto una exigencia de las nuevas condiciones laborales como un requerimiento de la sociedad de consumo en la fase neoliberal del capitalismo. As\u00ed lo explicar\u00eda un an\u00e1lisis marxista en el que, de todos modos, Nicholas Carr no llega a entrar. Pero, sin necesidad de entrar en los fundamentos econ\u00f3micos y pol\u00edticos de la red, la conclusi\u00f3n evidente es que ya no puede darse el lector lento y concentrado que hemos empezado dibujando con Steiner, pues \u00abla red es un sistema de interrupci\u00f3n, y atrae nuestra atenci\u00f3n para dispersarla\u00bb (Carr, 2009, p. 147).<\/p>\n<p><strong>La sociedad acelerada y la sociedad del rendimiento<\/strong><\/p>\n<p>Puede, entonces, que la p\u00e9rdida de la capacidad de concentraci\u00f3n y de atenci\u00f3n, que la disminuci\u00f3n del tiempo de reflexi\u00f3n y soledad corresponda a un cambio epocal. En tanto que la concentraci\u00f3n, la soledad reflexiva y, desde luego, el tiempo, son elementos constitutivos de la <em>Bildung<\/em> moderna, ser\u00e1 conveniente examinar brevemente en qu\u00e9 ha consistido ese cambio. Es un cambio que ha recibido muchos nombres y descripciones, seg\u00fan la perspectiva del autor que lo trate. Hay un acuerdo en que empieza a producirse en los a\u00f1os setenta del siglo XX, cuando la modernidad cl\u00e1sica llega a su l\u00edmite, y justo cuando Steiner lanza su eleg\u00eda por la (entonces solo supuesta) decadencia de la lectura. A lo que vino despu\u00e9s, algunos lo llamaron postmodernidad \u2014una categor\u00eda que hizo furor\u00a0en las \u00faltimas d\u00e9cadas del XX y que hoy ya solo permanecer\u00eda como categor\u00eda est\u00e9tica, m\u00e1s que hist\u00f3rica o pol\u00edtica: en lo \u00faltimo, se corresponder\u00eda con el m\u00e1s que discutible fin de la historia. Otros han preferido hablar de una nueva fase de la modernidad, en la que esta se habr\u00eda radicalizado, o se habr\u00eda hecho m\u00e1s reflexiva, m\u00e1s consciente de s\u00ed misma, de sus propios l\u00edmites y posibilidades. Geogr\u00e1ficamente, esta nueva \u00e9poca, que corresponde a los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os, ha consistido en una globalizaci\u00f3n en todos los aspectos de la vida, una globalizaci\u00f3n intensiva, irreversible y cargada de contradicciones. Historiogr\u00e1ficamente, se ha hablado de una desaparici\u00f3n del futuro, o de una extensi\u00f3n indefinida del presente, un presente lento o un tiempo estancado (Gumbrecht, 2011; Cruz, 2017). Pol\u00edtica y econ\u00f3micamente, ha supuesto la expansi\u00f3n del llamado neoliberalismo a escala planetaria, imponiendo unas formas de producci\u00f3n, comunicaci\u00f3n y consumo sometidas al patr\u00f3n de la inmediatez, que corresponden muy bien a lo que hemos empezado a describir en la secci\u00f3n anterior (Gomez Ramos, 2013). Tambi\u00e9n, es cierto, ha impuesto un aumento de la desigualdad y un recrudecimiento de la explotaci\u00f3n laboral que no pueden ser objeto de an\u00e1lisis aqu\u00ed, pero que, probablemente, no dejan de tener relaci\u00f3n con las nuevas formas de consumo. Tambi\u00e9n una nueva forma de <em>Bildung<\/em> tendr\u00eda que dar cuenta de ellas.<\/p>\n<p>Harmut Rosa (2016) ha puesto el \u00e9nfasis en que lo m\u00e1s caracter\u00edstico de este nuevo giro epocal es la aceleraci\u00f3n: una aceleraci\u00f3n de los procesos sociales y los tiempos vitales que coincide, parad\u00f3jicamente, con un estancamiento del tiempo hist\u00f3rico. En el diagn\u00f3stico de Rosa, esta aceleraci\u00f3n resulta incompatible con las condiciones humanas para una vida buena, una vida lograda; por ello, la aceleraci\u00f3n conlleva una alienaci\u00f3n, t\u00e9rmino que \u00e9l propone recuperar de la filosof\u00eda cl\u00e1sica. A la vez que nos sometemos voluntariamente a un ritmo de vida que en realidad no quisi\u00e9ramos, se hace imposible realizarse como ser humano en las condiciones de aceleraci\u00f3n de los tiempos a las que nos somete el presente neoliberal. La precarizaci\u00f3n de la vida laboral y la consecuente \u00abcorrosi\u00f3n del car\u00e1cter\u00bb (Sennet, 1998) que este conlleva, la casi total imposibilidad de forjarse un plan de vida, amenazan con destruir la construcci\u00f3n de una subjetividad coherente. Con respecto a la <em>Bildung<\/em>, la conexi\u00f3n es aqu\u00ed manifiesta, y ha sido ya remarcada por muchos autores y cr\u00edticos del ritmo educativo que impone la ideolog\u00eda neoliberal: la formaci\u00f3n requiere tiempo fuera del tiempo, lentitud para la maduraci\u00f3n, toda una serie de procesos maduraci\u00f3n e incluso de v\u00edas muertas que la obsesi\u00f3n neoliberal por el rendimiento inmediato no puede tolerar.<\/p>\n<p>Para los prop\u00f3sitos de este texto, no obstante, y habiendo partido de la crisis de la lectura \u2013o del cambio en los modos de lectura\u2013 que introduc\u00eda el texto de Steiner, centraremos nuestra discusi\u00f3n en el tiempo y la atenci\u00f3n: sin duda, son los dos aspectos que han experimentado un cambio m\u00e1s visible y emp\u00edricamente comprobable en nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>El fil\u00f3sofo coreano alem\u00e1n Byung-Chul Han (Han, 2012) vislumbra a la base de esos cambios una transformaci\u00f3n sociopol\u00edtica, quiz\u00e1 una transformaci\u00f3n psicopol\u00edtica. En su diagn\u00f3stico, el paso de la modernidad cl\u00e1sica a esta nueva modernidad debe describirse como el final de la sociedad disciplinaria de Foucault y su relevo por lo que \u00e9l llama la sociedad del rendimiento. Foucault ense\u00f1\u00f3 de modo muy convincente que lo propio de la modernidad cl\u00e1sica, desde el siglo XVIII, XIX y XX \u2014no lo olvidemos: durante la \u00e9poca de la Bildung\u2014 era un r\u00e9gimen disciplinario y de control (Foucault, 1986). Una arquitectura de muros y opacidad que se reproduc\u00eda por igual en las escuelas, los hospitales y las c\u00e1rceles; unos sujetos de obediencia sometidos al mandato de la ley, a la autoridad del padre, a la culpa y al \u201cT\u00fa debes\u201d.<\/p>\n<p>Una sociedad que s\u00f3lo inclu\u00eda a los que eran capaces de someterse y que condenaba a los incapaces a la exclusi\u00f3n de la locura y del crimen: a la c\u00e1rcel y al manicomio iban los que no hab\u00edan sido capaces de adaptarse a la disciplina de la escuela y de la f\u00e1brica. Una sociedad, tambi\u00e9n, de disciplinamiento del tiempo, que diferenciaba estrictamente los tiempos de trabajo y los de ocio, los d\u00edas de la semana y el domingo, los d\u00edas de fiesta. Pero esta sociedad disciplinaria, que se articulaba pol\u00edticamente en los Estados nacionales modernos (ya fueran democr\u00e1ticos o totalitarios), que se expresaba en el arte de las vanguardias, que pod\u00eda encontrar en Kafka su autor paradigm\u00e1tico, ha ido dando paso, seg\u00fan Byung Chul Han, \u2014conforme se expand\u00eda el orden neoliberal\u2014 a una arquitectura de cristales transparentes que se reproduce de modo similar en aeropuertos, bancos, centros comerciales y gimnasios \u2014tambi\u00e9n en algunas universidades de reciente construcci\u00f3n\u2013. Con esta transparencia \u2014en realidad, una transparencia aparente\u2013 llega una desregulaci\u00f3n generalizada, no solo en la econom\u00eda, sino en todos los \u00f3rdenes de la vida. En el orden del tiempo, donde desaparece la distinci\u00f3n entre los d\u00edas festivos y los de trabajo, o las horas de descanso y las de labor: la producci\u00f3n y el consumo tienen lugar veinticuatro horas al d\u00eda, siete d\u00edas a la semana (Crary, 2015). Tambi\u00e9n se desregula la moral y el comportamiento cotidiano. En el sexo, en la vestimenta, en el trato intersubjetivo, pr\u00e1cticamente nada est\u00e1 prohibido, o todo est\u00e1 permitido. Frente a la negatividad del mundo moderno, esta desregulaci\u00f3n prima la positividad, expresada de nuevo en todos los \u00e1mbitos de la vida, tambi\u00e9n en esa exhortaci\u00f3n cotidiana al pensamiento positivo. Si en la sociedad disciplinaria primaba el \u201cT\u00fa debes\u201d kantiano, ahora parece no haber mandamientos; tan solo la exhortaci\u00f3n \u00fanica de \u201cT\u00fa puedes\u201d: no tienes nada que obedecer, pues no hay autoridad externa que imparta \u00f3rdenes; solo tienes que rendir hasta el m\u00e1ximo de tus posibilidades, que no tienen m\u00e1s l\u00edmites que las que t\u00fa pongas. Tus fracasos, por tanto, ser\u00e1n tu propia responsabilidad. La sociedad disciplinaria queda entonces sustituida por la sociedad del rendimiento. Los sujetos se constituyen sobre el mandato de rendir, de sacar la m\u00e1xima productividad de s\u00ed mismos en un entorno que ofrece infinitas posibilidades en lo tecnol\u00f3gico, en lo moral, en lo vital. El foucaultiano sujeto de obediencia moderno (que era, en cierto modo, la cara negativa del sujeto de la <em>Bildung<\/em>) ha dado paso al sujeto del rendimiento.<\/p>\n<p>Evidentemente, como Han hace notar, y la observaci\u00f3n cotidiana en las sociedades occi-dentales contempor\u00e1neas pone de manifiesto, este sujeto del rendimiento es un sujeto auto ex-plotado \u2014aparentemente aut\u00f3nomo, declarado empresario y jefe de s\u00ed mismo\u2014, que no puede conocer el descanso ni el reposo, ya solo por el hecho de estar, de tener que estar, conectado permanentemente. M\u00e1s que una aceleraci\u00f3n tal como la describ\u00eda Rosa, lo que padece es una <em>disincron\u00eda<\/em>, una dispersi\u00f3n temporal. El tiempo carece de ritmo ordenador, va dando tumbos sin rumbo alguno. Como no hay l\u00edmite a lo que puede, no puede tampoco conocer la gratificaci\u00f3n, y vive en una insatisfacci\u00f3n y ansiedad permanente. Vive lanzado hacia sus objetivos de rendimiento: objetivos de lo que puede, y por tanto debe producir, del dinero que puede, y por tanto debe ganar, pero tambi\u00e9n de las experiencias que puede llegar a tener, las cosas que debe probar, los pa\u00edses que puede visitar. Sartre, y en parte Heidegger, caracterizaban al sujeto moderno como \u201cproyecto\u201d. Pero, apostilla Han, el sujeto del rendimiento, m\u00e1s que un proyecto, es un \u201cproyectil\u201d. Puesto que no hay prohibiciones, es dif\u00edcil que se convierta en un loco o en un criminal: los dos tipos de excluidos que no se somet\u00edan a la prohibici\u00f3n; pero s\u00ed es muy posible que termine quemado, <em>burnt-out<\/em>, eliminado de la carrera laboral y orillado en los m\u00e1rgenes de la vida por agotamiento. Las estad\u00edsticas lo confirman: la depresi\u00f3n, y el <em>burnt-out<\/em> son hoy una aut\u00e9ntica epidemia planetaria.<\/p>\n<p>Los an\u00e1lisis sociales y pol\u00edticos m\u00ednimamente cr\u00edticos del presente muestran que, no obstante, el diagn\u00f3stico de Byung Chul Han, la sociedad disciplinaria descrita por Foucault sigue teniendo vigencia. A pesar de sus discursos de transparencia y positividad, el orden neoliberal no se ha flexibilizado en ninguna de las l\u00edneas centrales de su sistema de dominaci\u00f3n, recurre a la represi\u00f3n cuando es preciso y se sostiene sobre la exclusi\u00f3n que produce. Ni ha disminuido el gasto militar, ni han dejado de existir las prisiones \u2013que s\u00ed que han modificado su arquitectura y se han desplazado del centro de las ciudades\u2013; la marginaci\u00f3n de amplias capas de la poblaci\u00f3n ha sustituido a la antigua exclusi\u00f3n, y la apertura de fronteras que la globalizaci\u00f3n requiere va parad\u00f3jicamente acompa\u00f1ada de muros f\u00edsicos y dispositivos de control fronterizo cuyos deliberados efectos mortales se rebelan cada d\u00eda en el Mediterr\u00e1neo o en el paso entre M\u00e9xico y los Estados Unidos. El orden neoliberal contempor\u00e1neo no deja de asentarse sobre un disciplinamiento violento. Sin embargo, en su discurso en \u201cpositivo\u201d sobre la formaci\u00f3n de los sujetos, en su exhortaci\u00f3n al rendimiento y al aprovechamiento ilimitado de todos los \u00e1mbitos de la vida, en el trabajo y en el ocio entendido como consumo, en los espacios que propicia para que los individuos aparentemente integrados, no excluidos, den el m\u00e1ximo de s\u00ed y, efectivamente, acaben quem\u00e1ndose, el an\u00e1lisis de Byung Chul Han parece certero. Cuando se trata de la formaci\u00f3n de los sujetos, del acceso de estos al conocimiento y a la informaci\u00f3n, de los modos de procesarla en la relaci\u00f3n consigo mismos y con los otros, son los patrones descritos de la sociedad del rendimiento los que dominan hoy el discurso te\u00f3rico y pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>En tanto que los sistemas educativos y los dispositivos ideol\u00f3gicos apuntan a este sujeto del rendimiento, y el propio entorno tecnol\u00f3gico en que se desenvuelve tambi\u00e9n lo hace, nos debemos preguntar, entonces, por la posibilidad de una <em>Bildung<\/em> en estas condiciones de rendimiento, de mandato de positividad y de logro. \u00bfCu\u00e1les son las posibilidades de formaci\u00f3n, de educaci\u00f3n de la propia subjetividad en estas condiciones de la sociedad acelerada y del rendimiento?<\/p>\n<p><strong>La psique desasosegada<\/strong><\/p>\n<p>Retornemos ahora al contraste con el <em>Philosoph lisant<\/em> de Chardin, y al fen\u00f3meno de la lectura, al acto material mismo de la lectura. Pues lo que el entorno tecnol\u00f3gico actual, el orden socio-econ\u00f3mico y los h\u00e1bitos asociados a \u00e9l propician como lectura, como relaci\u00f3n con los signos y el conocimiento, es necesariamente muy distinto de la lectura cl\u00e1sica que Steiner describ\u00eda nost\u00e1lgicamente. Steiner acusaba la falta de ceremoniosidad, la informalidad de leer un libro de bolsillo en un momento casual, frente a la solemnidad del acto de leer en el cuadro de Chardin. Pero lo que \u00e9l describe como falta de etiqueta apunta a algo m\u00e1s profundo y m\u00e1s grave.<\/p>\n<p>Lo caracter\u00edstico de esta sociedad del rendimiento, del exceso de positividad, o visto desde la dimensi\u00f3n temporal, de esta inmediatez, es la sobrecarga de est\u00edmulos y la aceleraci\u00f3n con que se plantean y se resuelven \u2013se tienen que resolver\u2013 las tareas (Rosa, 2009; Han, 2012). La tendencia al <em>multitasking<\/em>, que los sujetos ejecutan desde la infancia hasta la edad adulta, provoca una dispersi\u00f3n y fragmentaci\u00f3n de la atenci\u00f3n que se manifiesta en la propagaci\u00f3n, casi epid\u00e9mica, del llamado s\u00edndrome de d\u00e9ficit de la atenci\u00f3n e hiperactividad o TDAH, particularmente extendido entre los ni\u00f1os y los j\u00f3venes. Ciertamente, como han se\u00f1alado algunos cr\u00edticos (Garc\u00eda, Gonz\u00e1lez, P\u00e9rez, 2014), este s\u00edndrome es menos el diagn\u00f3stico de una patolog\u00eda real que se\u00f1ala hacia nuevas formas de comportamiento dif\u00edciles de catalogar, las cuales no se deber\u00edan patologizar de modo autom\u00e1tico. Pero, sea o no una enfermedad, da muestra de un cambio en los procesos cognitivos y perceptivos de los sujetos actuales frente a los de la modernidad cl\u00e1sica de la <em>Bildung<\/em>. Puede incluso, como afirman algunos, que se est\u00e9 produciendo un cambio ps\u00edquico tan dr\u00e1stico como el que supuso la invenci\u00f3n de la escritura hace diez mil a\u00f1os.<\/p>\n<p>Byng Chul Han lo expresa en el contraste entre la capacidad contemplativa humana y la actividad fren\u00e9tica a la que se ven abocados los sujetos de hoy, ya desde la infancia, que les hace incapaces de mirar, de escuchar, de leer, o simplemente de aburrirse. Ya casi nadie parece capaz de mirar como miraba Cezanne, quien, seg\u00fan Merleau Ponty,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Al comienzo, trataba de hacerse una idea de los estratos geol\u00f3gicos. Despu\u00e9s, ya no se mov\u00eda m\u00e1s de su lugar y se limitaba a mirar, hasta que sus ojos, como dec\u00eda Madame C\u00e9zanne, se le sal\u00edan de la cabeza. [&#8230;] El paisaje, remarcaba \u00e9l, se piensa en m\u00ed: yo soy su consciencia (Han, 2012, p.38).<\/p>\n<p>Este limitarse a mirar, sin moverse del lugar, de manera que el propio yo queda indiferenciado del objeto al que mira es lo que, de un modo aun no suficientemente explicado, se ha llamado \u201catenci\u00f3n\u201d. Lo primero que caracteriza a la atenci\u00f3n, cuando se contempla exteriormente al sujeto atento, es su capacidad para ofrecer resistencia a los est\u00edmulos externos, para mantenerse fijado en un objeto sin dejarse llevar por otra estimulaci\u00f3n distinta. Mientras que ese dejarse una persona llevar y traer por el bombardeo de sensaciones exteriores es lo que, a su vez, la convierte en un ser desasosegado, sometido a una actividad fren\u00e9tica que \u00e9l no determina. Tampoco es una novedad de nuestro mundo tardo moderno. Ya Nietzsche, el gran cr\u00edtico del siglo XIX, lo expresaba diciendo que<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">por falta de sosiego, nuestra civilizaci\u00f3n lleva camino de desembocar en una nueva barbarie. En ninguna \u00e9poca se han cotizado tanto los activos , es decir, los desasosegados. Cu\u00e9ntanse, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hac\u00e9rsele al car\u00e1cter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo (Nietzsche, 1988, p. 232).<\/p>\n<p>Y, ciertamente, en la Modernidad m\u00e1s tempra-na, como han mostrado reiteradamente Koselleck o Harmut Rosa (Koselleck, 2000; Rosa, 2009), por ejemplo, se daba con frecuencia la queja por el frenes\u00ed y la aceleraci\u00f3n de los tiempos, que impiden la contemplaci\u00f3n. En ese sentido, la \u00e9poca que estamos aqu\u00ed analizando como sociedad del rendimiento o sociedad acelerada debe ser considerada como una radicalizaci\u00f3n de la modernidad, m\u00e1s que una ruptura sobre ella. Lo que se radicaliza es, como ve\u00edamos m\u00e1s arriba, la aceleraci\u00f3n de los procesos vitales y sociales. En la vida cotidiana, y sosteni\u00e9ndose ahora en el inmenso cambio tecnol\u00f3gico que han tra\u00eddo los ordenadores, internet, las comunicaciones cibern\u00e9ticas, la proliferaci\u00f3n de la imagen y de lo visual, esa aceleraci\u00f3n ha supuesto una multiplicaci\u00f3n de las tareas a realizar por los individuos en un tiempo muy corto \u2013de ah\u00ed el <em>multitasking<\/em>\u2013 y una sobreestimulaci\u00f3n perceptiva que reclama un cambio continuo en la mirada y en el o\u00eddo sobre todo; en cualquier caso, un cambio continuo en el foco de atenci\u00f3n. Si el mandato laboral, econ\u00f3mico, social, es \u00abno te pares, mu\u00e9vete, emprende siempre algo, tienes que estar siempre activo\u00bb, el entorno perceptivo y tecnol\u00f3gico favorecen ese movimiento continuo y esa exhortaci\u00f3n a la \u201cactividad\u201d.<\/p>\n<p>Ciertamente, corrige Han, esta \u201cactividad\u201d es m\u00e1s bien una pasividad, toda vez que el individuo se ve llevado y tra\u00eddo sin autonom\u00eda alguna de un est\u00edmulo a otro, de una tarea a otra, y su frenes\u00ed no es acci\u00f3n, sino el movimiento agotador y est\u00e9ril del h\u00e1mster en la rueda. Ya en el mismo acto de lectura, del que hemos partido, se puede afirmar que la actividad ps\u00edquica del lector atento que lee continuadamente un solo texto \u2013ya sea el <em>philosoph lisant<\/em> de Chardin o el lector de libros de bolsillo\u2013 es mucho m\u00e1s intensa que la de quien salta agitadamente de una <em>website<\/em> a otra, respondiendo de modo reflejo, pero sin reflexi\u00f3n, a los est\u00edmulos que aparecen en la pantalla, los cuales le ofrecen la peque\u00f1a satisfacci\u00f3n inmediata de una nueva informaci\u00f3n. La ilusi\u00f3n de omnipotencia que produce el leve toque del dedo en el rat\u00f3n o en la pantalla digital esconde una sujeci\u00f3n a la satisfacci\u00f3n veloz y una ausencia de autonom\u00eda.<\/p>\n<p>Para un estudio sobre la posibilidad actual de la <em>Bildung<\/em>, sobre las v\u00edas educativas del presente, ser\u00eda, sin duda, imprescindible detenerse en esta p\u00e9rdida de autonom\u00eda del sujeto lector: la conversi\u00f3n del lector quieto que interpreta activamente en un agitado internauta sometido pasivamente a un esquema de est\u00edmulo visual o sonoro-respuesta t\u00e1ctil. La autonom\u00eda del lector frente a la heteronom\u00eda del internauta. Esto llevar\u00eda a un estudio m\u00e1s amplio y profundo. Nuestra hip\u00f3tesis aqu\u00ed, sin embargo, es que la escena material de la lectura (la del libro frente a la de la pantalla de ordenador, por ejemplo) no es tan decisiva como la capacidad de atenci\u00f3n y contemplaci\u00f3n que se pone en juego en esas escenas y que, como suger\u00eda Byung Chul Han a prop\u00f3sito de Cezanne o de Nietzsche, se pierde peligrosamente en la tarda modernidad de la sociedad del rendimiento.<\/p>\n<p><strong>La atenci\u00f3n y la Bildung<\/strong><\/p>\n<p>El problema, pues, est\u00e1 en la atenci\u00f3n, y en su p\u00e9rdida. Un invitado en un programa de televisi\u00f3n no debe hablar m\u00e1s de cuarenta segundos seguidos, se dice, porque transcurrido ese tiempo el telespectador cambiar\u00e1 de canal, en busca de otra imagen y otro discurso. Pues pocos pueden escuchar durante un rato largo. El cine, a su vez, requiere im\u00e1genes r\u00e1pidas, muy din\u00e1micas, evitando los planos fijos.[1] Las consecuencias sociales, pol\u00edticas, o morales de esto se han hecho ver. Si no es posible hacer en p\u00fablico un argumento prolongado, que lleve varios minutos y demande un esfuerzo de atenci\u00f3n, la democracia se resiente. Como he venido sugiriendo, en la Modernidad cl\u00e1sica, sin realizarse nunca de modo efectivo, pero siempre como promesa y supuesto, m\u00e1s al alcance de las clases dominantes que de las masas, funcionaba una ecuaci\u00f3n por la que el adiestramiento en la lectura concentrada, la capacidad de escucha (particularmente, la escucha de m\u00fasica cl\u00e1sica), propiciaban una reflexividad y una autonom\u00eda personales que, a su vez, capacitaban para la acci\u00f3n pol\u00edtica, la vida p\u00fablica y la ciudadan\u00eda.<\/p>\n<p>En las sociedades occidentales actuales, el grito, o el <em>tweet<\/em>, o la noticia impactante pero falsa, las \u201cfake news\u201d determinan el curso de los acontecimientos y las decisiones colectivas mucho m\u00e1s que la discusi\u00f3n racional. La democracia requiere tiempo y atenci\u00f3n. Tambi\u00e9n lo requiere la moral, el cuidado del otro y la sensibilidad y atenci\u00f3n hacia su necesidad y precariedad. Por eso, tambi\u00e9n la moral est\u00e1 en juego. Y, como resultado, est\u00e1 en cuesti\u00f3n la posibilidad misma de formarse como sujeto, de constituirse hasta pensar por s\u00ed mismo y tener juicio propio, que exige autodisciplina y una paciencia.<\/p>\n<p>Parte de esta autodisciplina, apostilla a\u00fan Han en un giro que hubiera sorprendido a los te\u00f3ricos cl\u00e1sicos de la <em>Bildung<\/em>, estaba en la capacidad de aburrimiento. La cultura, escribe<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">requiere un entorno en el que sea posible una atenci\u00f3n profunda. Esta es ahora reemplazada cada vez m\u00e1s por una atenci\u00f3n por completo distinta, la hiperatenci\u00f3n. Esta atenci\u00f3n dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de informaci\u00f3n y procesos. Dada, adem\u00e1s, su escasa tolerancia al hast\u00edo, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que ser\u00eda de cierta importancia para el proceso creativo (Han, 2012, p.38).<\/p>\n<p>No en vano, la sociedad del rendimiento es tambi\u00e9n una sociedad del entretenimiento, que garantiza que ning\u00fan minuto del ciudadano-consumidor est\u00e9 vac\u00edo de ofertas, desocupado, quiz\u00e1 justamente para compensar esa sensaci\u00f3n de tedio, hast\u00edo y aburrimiento que, como muestran varios estudios, es tambi\u00e9n un fen\u00f3meno t\u00edpicamente moderno, que no se conoc\u00eda apenas antes del siglo XVIII (Dalle Pezze, Salzani, 2009). La infra estimulaci\u00f3n, el vaciado del mundo que se da en el momento del aburrimiento debe compensarse con esa sobreexcitaci\u00f3n que la modernidad ha tendido a producir y que en la actualidad es casi la norma diaria. Ya nadie es capaz de aburrirse porque siempre tiene a su disposici\u00f3n algo con lo que entretenerse: es casi imposible encontrar a alguien mirando al vac\u00edo mientras espera en la parada de autob\u00fas, pues ese momento de espera se llena inmediatamente con el tel\u00e9fono celular o con los est\u00edmulos publicitarios del entorno urbano. Sin embargo, ese momento de vaciedad y de aburrimiento, puede ser, para Walter Benjam\u00edn, en su ensayo sobre \u00abEl narrador\u00bb, un momento de la creaci\u00f3n, pues, \u00ab[A]as\u00ed como el sue\u00f1o es el punto \u00e1lgido de la relajaci\u00f3n corporal, el aburrimiento lo es de la relajaci\u00f3n espiritual. El aburrimiento es el p\u00e1jaro de sue\u00f1o que incuba el huevo de la experiencia\u00bb (Benjam\u00edn, 1977, p.446).<\/p>\n<p>O bien, para Heidegger, el aburrimiento profundo es uno de los momentos culminantes de la existencia, donde el <em>Dasein<\/em> se descubre a s\u00ed mismo, se encuentra con su yo y con sus deseos. Quiz\u00e1 por eso, se pregunta \u00e9l en su curso sobre los <em>Conceptos fundamentales de metaf\u00edsica<\/em>, \u00abel hombre moderno se ha vuelto aburrido para s\u00ed mismo porque no reconoce, no es capaz de reconocer ese aburrimiento profundo?\u00bb (Heidegger, 1983, p.240). El car\u00e1cter formativo y creador del aburrimiento se pierde definitivamente en un sujeto permanentemente entretenido.<\/p>\n<p>En todo caso, esta incapacidad contempor\u00e1nea para el aburrimiento \u2013que supone, sin duda, un serio obst\u00e1culo a m\u00e9todos m\u00e1s cl\u00e1sicos de aprendizaje\u2013 puede ser considerada dentro del marco socioecon\u00f3mico de la atenci\u00f3n, la distracci\u00f3n y el entretenimiento. O, por decirlo con las palabras de Jonathan Crary, resulta de una nueva econom\u00eda de la atenci\u00f3n que viene impuesta en el orden neoliberal. La tesis de Crary (Crary, 2001) es que, puesto que el modo de mirar y de percibir est\u00e1 determinado culturalmente, esto es, no es un mero proceso fisiol\u00f3gico natural, sino que tiene una historia, se hace preciso estudiar c\u00f3mo ha modelado la Modernidad el modo de mirar. De hecho, tal como muestra \u00e9l, el arte ha cumplido un importante papel en este sentido, y la evoluci\u00f3n de la pintura en el siglo XIX no puede entenderse fuera de los marcos de percepci\u00f3n definidos por la sociedad industrial capitalista. Esta, a la vez que determinaba los modos de trabajar, de consumir o de habitar, y con ello modelaba a los individuos, tambi\u00e9n les educaba en una cierta mirada. En \u00faltima instancia, les exig\u00eda que se definiesen en funci\u00f3n de c\u00f3mo \u201cprestan atenci\u00f3n\u201d. La <em>Bildung<\/em> cl\u00e1sica tambi\u00e9n jugaba un papel en este sentido.<\/p>\n<p>El giro de la modernidad cl\u00e1sica a la sociedad acelerada de la que venimos hablando tiene lugar porque, de manera creciente, la sociedad moderna somete a los individuos a un bombardeo de est\u00edmulos tan grande que exige una atenci\u00f3n dispersa, y un aparato perceptivo capaz de distraerse, o incapaz de una atenci\u00f3n fija y constante. En otras palabras, se ha pasado del observador pasivo, distante que contemplaba un cuadro en un museo y quiz\u00e1 emit\u00eda un juicio sobre \u00e9l, a un sujeto de atenci\u00f3n inestable, que salta de una imagen a otra, de una informaci\u00f3n a otra, con la rapidez y habilidad que hemos descrito antes y que tanto su trabajo como su ocio le requieren, pero que ya no puede mirar o concentrarse en algo durante un tiempo prolongado.<\/p>\n<p>En suma, ha tenido lugar una poderos\u00edsima transformaci\u00f3n social del observador. En las condiciones de la cultura actual se dan y se imponen nuevas estrategias de subjetivaci\u00f3n que no discurren ya de modo predominante en el observador de una pintura, o en el lector de un libro, sino en una sujeci\u00f3n a un torrente de potentes est\u00edmulos externos que van atrayendo y exigiendo la atenci\u00f3n. Como ese torrente de est\u00edmulos, sobre todo en la pantalla, no es tampoco casual, sino que est\u00e1 dirigido de una u otra manera, a veces impersonalmente, pero siempre dentro de las din\u00e1micas de trabajo y consumo, Crary puede concluir que <em>la expropiaci\u00f3n de la atenci\u00f3n es la forma capitalista contempor\u00e1nea de alienaci\u00f3n<\/em>. Los individuos de lo que hemos llamado la sociedad del rendimiento viven con la atenci\u00f3n secuestrada. Si en las fases primeras de la modernidad capitalista el trabajador se ve\u00eda despose\u00eddo de su cuerpo y de su tiempo sin saberlo; si la industria cultural posterior, tal como la analizaba la Escuela de Frankfurt, le despojaba tambi\u00e9n de su ocio e incluso de su inconsciente, el paso \u00faltimo, en esta \u00e9poca de internet y de comunicaci\u00f3n inmediata y globalizada, ha sido la expropiaci\u00f3n de la atenci\u00f3n: es otra instancia ajena al individuo la que determina de manera continua d\u00f3nde pone este sus ojos y sus o\u00eddos, a d\u00f3nde dirige la mirada y, adem\u00e1s, controla constantemente c\u00f3mo tiene eso lugar. Visto as\u00ed, despojado de su capacidad de atenci\u00f3n, permanentemente distra\u00eddo, este individuo tardo moderno podr\u00e1 estar dotado en principio de todas las libertades pol\u00edticas, est\u00e9ticas, morales e incluso f\u00edsicas y corporales para configurar su vida, pero no es due\u00f1o de s\u00ed mismo, si es verdad que la atenci\u00f3n es lo que en \u00faltima instancia define a un sujeto. El control de la propia atenci\u00f3n, de hacia d\u00f3nde enfoca un sujeto su energ\u00eda ps\u00edquica y su sistema perceptivo es, al fin y al cabo, el grado cero de la autonom\u00eda individual.<\/p>\n<p>El valor de la atenci\u00f3n y su tensi\u00f3n con la dis-tracci\u00f3n ha estado presente, a menudo como un conflicto normativo, en la historia de la filosof\u00eda al menos desde Plat\u00f3n. En cierto modo, este ven\u00eda a apreciar la atenci\u00f3n con la que se contemplan las ideas por encima de las distracciones que las sombras ofrecen a los prisioneros de la caverna; la distracci\u00f3n era para Descartes causa del error que se comete por no seguir atentamente el m\u00e9todo, o era para Pascal \u00abnuestra mayor miseria, pues son el principal obst\u00e1culo para pensar en nosotros mismos, y nos llevan a la depravaci\u00f3n.\u00bb (Pascal, 1981, p.126). Es \u00abla verdadera oraci\u00f3n natural por la que accedemos a lo que la raz\u00f3n nos ilumina\u00bb, apostillaba Malebranche (L\u00f6ffler, 2014, p. 37). Se condenaba as\u00ed la di\u00e1spora, la disipaci\u00f3n que era lo contrario del recogimiento y la concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cambio, Montaigne celebraba la distracci\u00f3n como \u00abm\u00e9dico supremo de nuestras pasiones\u00bb (Montaigne, 2007, p. 1048), pues la variaci\u00f3n alivia, disuelve y diluye. Y Kant recomendaba una \u201cdiet\u00e9tica del alma\u201d, una t\u00e9cnica que consiste en distraerse, \u00abdesviar la atenci\u00f3n (<em>abstractio<\/em>) desde ciertas ideas dominantes, reparti\u00e9ndolas en otras distintas\u00bb (Kant, 1964, p. 518) para as\u00ed reunir fuerzas y seguir trabajando luego, con la atenci\u00f3n reforzada.<\/p>\n<p>Como puede verse, los frentes de esta dis-cusi\u00f3n est\u00e1n curiosamente cruzados. Todav\u00eda en el siglo XX, Simone Weil se convierte en la valedora de la atenci\u00f3n, a la que atribuye un enorme valor moral:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">La atenci\u00f3n consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vac\u00edo y penetrable al objeto, manteniendo cerca del pensamiento [&#8230;], los diversos conocimientos adquiridos que deban ser utilizados [&#8230;]. Y sobre todo el pensamiento debe estar vac\u00edo, a la espera , sin buscar nada , pero dispuesto a recibir en su verdad desnuda el objeto que va a penetrar en \u00e9l (WEIL, 1988, p.260).<\/p>\n<p>En cambio, Walter Benjamin, a quien ve\u00edamos reivindicando la necesidad del aburrimiento y que inspiraba en gran parte las concepciones de Jonathan Crary sobre la determinaci\u00f3n tecnol\u00f3gica y econ\u00f3mica del sistema perceptivo, fue el primero en apreciar sistem\u00e1ticamente la influencia del cine en el modo de mirar y percibir. Su ensayo sobre \u00abLa obra de arte en la \u00e9poca de su reproductibilidad t\u00e9cnica\u00bb (Benjamin, 1977) estaba imbuido de un ambiguo optimismo hist\u00f3rico; buscando las posibilidades emancipadoras del cine, Benjamin pod\u00eda apreciar en este arte, entonces muy reciente, una nueva forma de percepci\u00f3n: la \u201cpercepci\u00f3n distra\u00edda\u201d, o la \u201cpercepci\u00f3n en la distracci\u00f3n (<em>Wahrnehmung in der Zersteuung<\/em>)\u201d con que las masas trabajadoras se acercaban a las salas de cine. Frente al \u201crecogimiento\u201d y \u201cdevoci\u00f3n\u201d preconizado por el arte burgu\u00e9s, la masa disipada, distra\u00edda, \u00absumerge la obra de arte en s\u00ed\u00bb, la toca, m\u00e1s que la ve y, desde un sistema perceptivo distinto a la est\u00e9tica cl\u00e1sica, puede juzgar, esperaba Benjamin, de una manera nueva y liberadora. Por eso confiaba en el cine como el gran arte revolucionario, donde la est\u00e9tica se hac\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>El tiempo no ha dado la raz\u00f3n al optimismo de Benjamin, y la poderosa tecnolog\u00eda de la imagen m\u00f3vil ha propiciado m\u00e1s bien una forma m\u00e1s profunda de alienaci\u00f3n, como sugiere Crary. No obstante, los t\u00e9rminos del debate entre atenci\u00f3n y distracci\u00f3n parecen ser decisivos para cualquier reformulaci\u00f3n de la idea de <em>Bildung<\/em> en un mundo modelado por el orden neoliberal y las nuevas tecnolog\u00edas. Tal como he sugerido, ese mundo hace ya inviable, y seguramente innecesaria desde el punto de vista econ\u00f3mico y pol\u00edtico, la realizaci\u00f3n de una <em>Bildung<\/em> cl\u00e1sica que empez\u00e1bamos describiendo en el acto de lectura del <em>Philosoph Lisant<\/em> de Chardin. Era una <em>Bildung<\/em> que se pretend\u00eda universalmente emancipadora, pero que fue hist\u00f3ricamente deudora de un orden socio-cultural jerarquizado; en sus pensadores cl\u00e1sicos, se \u00abpropon\u00eda como una <em>Bildung<\/em> despolitizada, ignorando la realidad\u00bb (Mas, 2010, p.49), pues, a pesar de sus or\u00edgenes ilustrados, fue hasta cierto punto c\u00f3mplice de una sociedad disciplinaria. El orden actual, que aqu\u00ed hemos caracterizado, con matices, como una sociedad del rendimiento, disuelve aparentemente esa disciplina, e incluso promete un acceso universal al conocimiento \u2014de hecho t\u00e9cnica, materialmente, hace realizable esa promesa\u2014; pero instaura a la vez un control tan intenso de la atenci\u00f3n y de los movimientos ps\u00edquicos que hace imposible la autonom\u00eda, la reflexi\u00f3n y el grado de conciencia que eran objetivos de la <em>Bildung<\/em>.<\/p>\n<p>Probablemente, no podremos evitar que nuestro aparato perceptivo futuro sea distinto del lector, del observador, del oyente cl\u00e1sico que ha sido el protagonista de la formaci\u00f3n cultural durante los \u00faltimos tres siglos. Apenas seremos capaces de concentrarnos en una lectura durante unas horas sin atender a un mensaje del tel\u00e9fono celular o a una notificaci\u00f3n en la pantalla, pero seremos muy duchos en la multitarea, repartiremos nuestra atenci\u00f3n entre objetos diferentes, en espacios de tiempo cada vez m\u00e1s breves. La cuesti\u00f3n ser\u00e1 si en esta nueva habilidad hay autonom\u00eda y reflexi\u00f3n, o si tendremos toda nuestra atenci\u00f3n alienada. Tal vez, aprender a leer, mirar y pensar a la vez, y tambi\u00e9n a parar de hacer lo uno o lo otro ser\u00eda la <em>Bildung<\/em>. Definir esto es, sin duda, una de las labores decisivas en cualquier teor\u00eda de la educaci\u00f3n de hoy.<\/p>\n<p>REFERENCIAS<\/p>\n<p>Benjamin, W. (1977). <em>Gesammelte Schriften<\/em> (Bd. II\/2). Franfurt: Suhrkamp.<br \/>\nBieri, P.(2012). \u00abWie w\u00e4re es, gebildet zu sein\u00bb. In H. Has-tedt (Ed.), <em>Was ist Bildung. Eine Textantologie<\/em>. Reklam: Stuttgart.<br \/>\nCarr, N. G. (2009). <em>Superficiales. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 haciendo internet con nuestras mentes?<\/em> Madrid: Taurus.<br \/>\nCrary, J. (2015). <em>24\/7 Capitalismo tard\u00edo y el fin del sue\u00f1o<\/em>. Barcelona: Ariel.<br \/>\nCrary, J. (2001). <em>Suspension of Perception. Attention, Spectacle and Modern Culture<\/em>. Massachusets: MIT.<br \/>\nCruz, M. (2017). <em>La flecha (sin blanco) de la historia<\/em>. Barcelona: Anagrama.<br \/>\nDalle Pezze, G., Salzani, C. (Eds.). (2009). <em>Essays on Boredom and Modernity<\/em>, New York: Rodopi.<br \/>\nFoucault, M. (1986). <em>Vigilar y castigar<\/em>. Buenos Aires: Siglo XXI.<br \/>\nGarc\u00eda F., Gonz\u00e1lez H., P\u00e9rez \u00c1lvarez, M. <em>Volviendo a la Normalidad. La Invenci\u00f3n del TDAH y del Trastorno Bipolar Infantil<\/em>. Madrid: Alianza Editorial, 2014.<br \/>\nGomez Ramos, A. (2013). \u00abLa inmediatez de la crisis y la experiencia del tiempo\u00bb. In L Cadahia y G. Velasco (Eds.), <em>Crisis de la normalidad. Normalidad de la crisis<\/em> (pp. 101-122). Madrid: Katz.<br \/>\nGumbrecht, H.U. (2011). <em>Lento presente<\/em>. Madrid: Escolar y Mayo.<br \/>\nHan, B. Ch. (2012). <em>La sociedad del cansancio<\/em>. Barcelona: Herder.<br \/>\nHeidegger, M. (1983). <em>Grundbegriffe der Metaphysik. Welt-Endlichkeit-Einsamkeit<\/em>. Frankfurt: Klosterman.<br \/>\nKant, I.(1964) \u00abAnthropologie im pragmatischer Hinsicht\u00bb. In <em>Kant Werke<\/em> (Bd. 6). Frankfurt: Insel Verlag.<br \/>\nKoselleck, R. (2000). <em>Zeitschichten<\/em>. Frankfurt: Suhrkamp.<br \/>\nKoselleck, R. (2012). \u00abBildung ist weder Ausbildung noch Einbiludung\u00bb, In H. Hastedt (Ed.), <em>Was ist Bildung. Eine Textantologie<\/em>. Reklam: Stuttgart.<br \/>\nL\u00f6ffler, O. (2014). <em>Verteilte Aufmerksamkeit<\/em>. Berlin: Diaphanes.<br \/>\nMas, S. (2010). \u00abLa Grecia de Wilhelm von Humboldt o Ilustraci\u00f3n y Clasicismo\u00bb, In W. 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Paris: Gallimard.<\/p>\n<p>[1] Por supuesto, hay movimientos est\u00e9ticos en contra, para compensar esto: cine de autor, la obra de John Cage y Morton Feldmann en m\u00fasica, todas las tendencias <em>slow<\/em> que se ofrecen en la sociedad contempor\u00e1nea. Pero parece claro que se trata de movimientos de compensaci\u00f3n frente a una corriente dominante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ant\u00f3nio G\u00f3mez Ramos<br \/>\nDoctor en Filosof\u00eda y Letras, secci\u00f3n filosof\u00eda, por la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid, Espa\u00f1a. Licenciado en Filosof\u00eda y Letras, secci\u00f3n Filosof\u00eda, por la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid. Estudios finalizados en 1987, en la especialidad de L\u00f3gica y Teor\u00eda de la Ciencia. Grado obtenido en 1991, con la calificaci\u00f3n de Sobresaliente y premio extraordinario. (Memoria de licenciatura: Hermen\u00e9utica e Idealidad del texto). Profesor Titular de Filosof\u00eda en la Universidad Carlos III de Madrid, Departamento de Humanidades: Filosof\u00eda, Lenguaje y Literatura<\/p>\n<p>Fuente: <span dir=\"ltr\"><em>Educa\u00e7\u00e3o<\/em>, Porto Alegre, v. 43, n. 2, p. 1-12, maio-ago. 2020<br \/>\n<\/span><span dir=\"ltr\">e-ISSN:<\/span><span dir=\"ltr\"> 1981-2582 <\/span><span dir=\"ltr\">ISSN-L:<\/span><span dir=\"ltr\"> 0101-465X<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> La concepci\u00f3n cl\u00e1sica de la<br \/>\nBildung<br \/>\nse constru\u00eda sobre actividades<br \/>\nculturales, sobre todo la de la lectura, que presupon\u00edan un grado alto de con<br \/>\n&#8211;<br \/>\ncentraci\u00f3n, silencio y soledad, a partir de las cuales se esperaba producir una subjetividad re\ue001exiva, aut\u00f3noma y formada que era idealmente el sujeto de la Modernidad cl\u00e1sica. Los cambios tecnol\u00f3gicos y de h\u00e1bitos sociales que se han<br \/>\nproducido paralelamente al orden neoliberal contempor\u00e1neo han erosionado<br \/>\nese tipo de actividades culturales, sobre todo la lectura, introduciendo un modo<br \/>\nde vida acelerado y deudor de la inmediatez que, siguiendo a te\u00f3ricos contem<br \/>\n&#8211;<br \/>\npor\u00e1neos (Harmut Rosa, Jonathan Crary, Byung Chul Han) presentaremos como alienaci\u00f3n. Sobre todo, la p\u00e9rdida de la capacidad de atenci\u00f3n y concentraci\u00f3n, ligada al uso de las nuevas tecnolog\u00edas, supone un reto para la Bildung cl\u00e1sica y obliga a una reformulaci\u00f3n de esta.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":9483,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-9482","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9482","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9482"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9482\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/9483"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9482"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9482"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9482"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}