{"id":9488,"date":"2021-04-20T05:00:12","date_gmt":"2021-04-20T04:00:12","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9488"},"modified":"2021-04-18T09:24:50","modified_gmt":"2021-04-18T08:24:50","slug":"evitando-lo-superfluo-y-a-ritmo-imparable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9488","title":{"rendered":"Evitando lo superfluo y a ritmo imparable"},"content":{"rendered":"<p><em>Rese\u00f1a de \u00c9ric Vuillard, <\/em>La guerra de los pobres<em>, Barcelona: Tusquets, 2020 (edici\u00f3n original 2019), 94 p\u00e1ginas, traducci\u00f3n de Javier Albi\u00f1ana.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/portada_la-guerra-de-los-pobres_eric-vuillard_202007071047.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-9491\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/portada_la-guerra-de-los-pobres_eric-vuillard_202007071047.jpg\" alt=\"\" width=\"245\" height=\"374\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/portada_la-guerra-de-los-pobres_eric-vuillard_202007071047.jpg 250w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/portada_la-guerra-de-los-pobres_eric-vuillard_202007071047-196x300.jpg 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 245px) 100vw, 245px\" \/><\/a>\u00abA su padre lo hab\u00edan ahorcado. Hab\u00eda ca\u00eddo al vac\u00edo como un saco de grano. Tuvieron que cargarlo a hombros por la noche, y despu\u00e9s enmudeci\u00f3, la boca llena de tierra. Entonces todo ardi\u00f3. Los robles, los prados, los r\u00edos, los galios de los taludes, la tierra pobre, la iglesia todo. \u00c9l [Thomas M\u00fcntzer] ten\u00eda once a\u00f1os\u00bb. Con estas palabras (de prosa concisa y envidiable) abre \u00c9ric Vuillard, el autor de <em>El orden del d\u00eda<\/em>, <em>14 de julio<\/em>, <em>La batalla de Occidente<\/em> y <em>Tristeza de la tierra<\/em>, su nueva novela. Con el estilo, la forma y la base hist\u00f3rica firme a los que nos tiene acostumbrados.<\/p>\n<p>Trece breves cap\u00edtulos (de 5 o 6 p\u00e1ginas, a veces menos). El m\u00e1s extenso, y para m\u00ed el m\u00e1s logrado, \u00abDios y el pueblo hablan el mismo idioma.\u00bb<\/p>\n<p>Un peque\u00f1o avance (de la contraportada) donde se nos habla de un predicador, protagonista de la novela, que solo quer\u00eda justicia: \u00abA\u00f1o 1524: los campesinos se sublevan en el sur de Alemania. El levantamiento se extiende, gana r\u00e1pidamente adeptos en Suiza y Alsacia. En medio del caos destaca una figura, la de un te\u00f3logo, un joven que lucha junto a los insurgentes. Se llama Thomas M\u00fcntzer. Su vida es terrible y novelesca. Pese a su tr\u00e1gico final, similar al de sus seguidores, fue una vida que merec\u00eda vivirse, y merec\u00eda, por tanto, que alguien la contara\u00bb. Ernest Bloch recuerda su<em> Thomas M\u00fcntzer, te\u00f3logo de la revoluci\u00f3n<\/em>, y piensa: momento de leer o releer los <em>Tratados y sermones<\/em> de M\u00fcntzer y <em>La guerra campesina en Alemania<\/em> de Engels.<\/p>\n<p>(Dicho sea entre par\u00e9ntesis. Francisco Fern\u00e1ndez Buey sol\u00eda recordar el siguiente paso de \u00abLa universidad y la divisi\u00f3n del trabajo\u00bb de Sacrist\u00e1n: \u00abHoy [1969] es \u00fatil subrayar que la utop\u00eda puede ser reaccionaria, y, sobre todo, que lo es indefectiblemente cuando la proclaman no hambrientos semianalfabetos-iluminados, sino caballeros letrados instalados confortablemente en este topos, en esta sociedad y cautos en sumo grado en cuanto a tomar riesgos para cambiarla. Thomas M\u00fcntzer perdi\u00f3 la vida por su utop\u00eda; Th. W. Adorno &#8211;y es un ejemplo particularmente digno&#8211; gan\u00f3 con la suya c\u00e1tedra e instituto\u00bb).<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo Vuillard nos habla de M\u00fcntzer. Hay un cord\u00f3n que enlaza. Tambi\u00e9n de John Wyclif: \u00abYa puestos a discurrir locuras, declar\u00f3 que la esclavitud es un pecado. Luego afirm\u00f3 que el clero deb\u00eda vivir en lo sucesivo conforme a la pobreza evang\u00e9lica. Por \u00faltimo, para acabar de hacer la pu\u00f1eta a la gente, repudi\u00f3 la transustanciaci\u00f3n, pues la consider\u00f3 una aberraci\u00f3n mental. Y, como colof\u00f3n, concibi\u00f3 su m\u00e1s terrible idea, y propugn\u00f3 la igualdad entre los hombres\u00bb. Roma le conden\u00f3. \u00abM\u00e1s de cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, condenado por el concilio de Constanza, se exhum\u00f3 su cad\u00e1ver, se quemaron sus huesos. Segu\u00edan profes\u00e1ndole el odio tenaz\u00bb. Y de John Ball, campesino, disc\u00edpulo de Wyclif: \u00abSe desconoce la fecha de su nacimiento, no se sabe nada de sus padres, casi nada de \u00e9l. Su rastro se pierde en el torrente de los destinos anodinos. Hacia 1370 comienza a deambular por las campi\u00f1as, a lo largo de los verdeantes valles, entre las colinas. Transita de granja en granja, de aldea en aldea; predica contra los poderosos y los ricos, se dirige a los vagabundos, a los r\u00fasticos, a los mendigos\u00bb. Tiempo despu\u00e9s, ser\u00e1 detenido, e inmediatamente ahorcado, descuartizado. \u00abNo volver\u00e1 a plantearse la anulaci\u00f3n de la <em>poll tax<\/em>, y la servidumbre no se abolir\u00e1 hasta pasados doscientos a\u00f1os\u00bb. Otro olvidado: Wat Tyler: \u00ab[\u2026] lleva su hija a casa, la porta en brazos como un cad\u00e1ver. Se la conf\u00eda a sus vecinos, y corre, corre por el bosque. Llega al camino y se acuclilla, sin aliento. Se pregunta si el hombre [el recaudador que hab\u00eda arrancado el vestido de su hija \u201cla arroja a un camastro y se cobra. La chica tiene quince a\u00f1os. Es bonita. Ella en s\u00ed es el valor. Pero la progenitura de los pobres lo vale nada\u201d] habr\u00e1 pasado ya, pero no bien se lo pregunta oye el martilleo de un galope\u2026 Llega el jinete, Wat Tyler se arroja al camino, alza el brazo \u00a1y golpea!\u00bb. Ball y Tyler se encarnan en Cade: \u00abUna noche, Jack Cade busca refugio en un jard\u00edn, una sombra avanza, brilla un cuchillo en la oscuridad; el rebelde no es ya m\u00e1s que cad\u00e1ver\u00bb. No acaba aqu\u00ed la cosa. \u00abDe inmediato todo se reanuda en Sussex. John y William Merfold llaman a dar muerte a la nobleza y a los curas. Durante el oto\u00f1o, sus hombres armados con garrotes se re\u00fanen y, en Robertsbridge, impiden al clero que recaude su diezmo, en Eastbourne se sublevan contra el elevado arriendo de las tierras. Rechazan el orden social. A base de milicias, batidas y ahorcamientos, su revuelta ser\u00e1 reprimida.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abUna sesentena de p\u00e1gina de ritmo imparable y depuradas de todo lo superfluo\u00bb, ha se\u00f1alado Baptiste Liger en <em>Lire<\/em>. Efectivamente: ritmo imparable, nada superfluo. \u00abUna peque\u00f1a obra maestra densa y afilada como un machete. <em>La guerra de los pobres<\/em> es la historia de una realidad actual que, al mismo tiempo, quema, enfr\u00eda y desconcierta\u00bb, ha comentado Gr\u00e9goire Lem\u00e9nager en <em>Le Nouvel Observateur<\/em>. Dejemos la met\u00e1fora del machete. Tampoco Lem\u00e9nager anda desencaminado.<\/p>\n<p>La portada, a la altura de las circunstancias: <em>No har\u00e1s nada con clamar<\/em>, pincel con aguada gris y negra, Francisco de Goya y Lucientes.<\/p>\n<p>Cierra Vuillard con estas palabras: \u00abUna mirada. Un rostro. Una piel. De repente cae el hacha y troncha el cuello [de M\u00fcntzer]. \u00a1Oh!, qu\u00e9 pesada es una cabeza, dos o tres kilos de huesos y de pur\u00e9. \u00a1Y c\u00f3mo salpica la sangre! Empapelar\u00e1n su cabeza. Arrastrar\u00e1n su cuerpo por el estrado y lo arrojar\u00e1n a los perros. La juventud nunca se acaba, el secreto de nuestra igualdad es inmortal, y la soledad, fabulosa. El martirio es una trampa para los oprimidos, s\u00f3lo es deseable la victoria\u00bb. Nos la cantar\u00e1, anuncia. Estamos esperando.<\/p>\n<p>En resumen: no se lo pierdan. Lean\u2026 y relean.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: <em>El Viejo Topo<\/em>, abril de 2021.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de \u00c9ric Vuillard, La guerra de los pobres, Barcelona: Tusquets, 2020 (edici\u00f3n original 2019), 94 p\u00e1ginas, traducci\u00f3n de Javier<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":9490,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-9488","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9488","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9488"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9488\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/9490"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9488"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9488"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9488"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}