{"id":966,"date":"2008-06-03T00:00:00","date_gmt":"2008-06-03T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=966"},"modified":"2020-02-25T11:30:36","modified_gmt":"2020-02-25T10:30:36","slug":"los-ninos-del-plomo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=966","title":{"rendered":"Los ni\u00f1os del plomo"},"content":{"rendered":"<p>Ecoportal.net<\/p>\n<p>Mishell Barzola tiene seis a\u00f1os y hace tiempo dej\u00f3 de crecer. Mide apenas un metro y pesa 14 kilos, s\u00f3lo un poco m\u00e1s que su hermano Steven de dos a\u00f1os. Su madre, Paulina Ccanto, sospecha que el plomo se le ha metido en el cuerpo.<\/p>\n<p>En La Oroya, Per\u00fa, donde vive Mishell, los ni\u00f1os respiran y tragan constantemente el metal que viaja en el aire y se deposita en el suelo. Cuando juegan al f\u00fatbol o a las canicas en las calles de tierra, el viento arroja polvo t\u00f3xico en sus caras. Cuando se llevan los dedos a la boca, los peque\u00f1os, literalmente, comen plomo.<\/p>\n<p>\u201cNo la veo bien a la ni\u00f1a\u201d, me dice Paulina sentada en la peque\u00f1a habitaci\u00f3n que alquila en esta ciudad andina de 33.000 almas, 180 kil\u00f3metros al sureste de Lima. Anoche llovi\u00f3 y las goteras se han ensa\u00f1ado con la cama que comparten tres de los cuatro hijos de la mujer. Un d\u00e9bil rayo de sol se cuela por el mismo agujero del techo por el que se filtra el agua.<\/p>\n<p>\u201cMishell no engorda ni crece. El doctor me dijo que puede ser por el exceso de plomo\u201d, me explica Paulina casi susurrando, como si de ese modo la amenaza se tornase menos real. Su hija Rosario, de doce a\u00f1os, habla con la soltura propia de los ni\u00f1os: \u201cA veces nos llenamos de plomo y nos da una enfermedad. Nuestro est\u00f3mago se llena de plomo. Con eso tambi\u00e9n podemos morir\u201d.<\/p>\n<p>Es febrero de 2005 y Paulina est\u00e1 a la espera de los resultados de un examen de sangre que despejar\u00e1 todas las dudas sobre la salud de Mishell. En La Oroya, diversos estudios han demostrado que pr\u00e1cticamente todos los ni\u00f1os est\u00e1n intoxicados con plomo en niveles tres veces mayores, en promedio, que lo m\u00e1ximo permitido por la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n est\u00e1 del otro lado de las aguas cobrizas del r\u00edo Mantaro, en la enorme chimenea de cemento que desde hace 83 a\u00f1os escupe sus humos en la cara de los oroyinos.<\/p>\n<p>El complejo metal\u00fargico de La Oroya es, al mismo tiempo, el drama y la raz\u00f3n de ser de esta ciudad. De \u00e9l viven las familias de los 4.000 obreros que trabajan en sus hornos procesando plomo, zinc, cobre, oro y plata. Miles de comerciantes y transportistas dependen de la fundici\u00f3n para su supervivencia. Y muchos otros han logrado que los nombres de sus hijos est\u00e9n en la lista de asistencia social de la empresa estadounidense que desde 1997 maneja la planta, Doe Run Co., la productora de plomo m\u00e1s grande de Am\u00e9rica del Norte.<\/p>\n<p>Por momentos, y aunque la realidad la contradice, Paulina se esfuerza en pensar que tal vez Mishell sea la excepci\u00f3n entre los ni\u00f1os de La Oroya. Que los cuidados especiales de alimentaci\u00f3n e higiene que ella le brinda hayan hecho su parte. Yo tambi\u00e9n quiero creerlo. Despu\u00e9s de todo, pienso, Mishell tiene una energ\u00eda envidiable.<\/p>\n<p>Sube corriendo las escaleras empinadas de su barrio, juega a la pelota y se va saltando por la vereda con sus amigos. Es peque\u00f1a, s\u00ed, pero no parece que estuviera enferma. La gran tragedia de la intoxicaci\u00f3n por plomo es, precisamente, su sigilo, la ausencia de signos externos inmediatos o muy notorios. Sin embargo, la exposici\u00f3n prolongada al metal provoca da\u00f1os irreversibles en el sistema nervioso central. Es un veneno de acci\u00f3n lenta, pero devastadora.<\/p>\n<p>Recorro las calles angostas, laber\u00ednticas de La Oroya Antigua, la zona m\u00e1s cercana a la fundici\u00f3n. Trozos de vida urbana compiten con escenas casi coloniales: falta de agua corriente, ausencia de un sistema de cloacas, basura amontonada a la orilla del r\u00edo. Hay una belleza ir\u00f3nica en la confusi\u00f3n de casas viejas pintadas de azules, de amarillos y de marrones; bares improvisados que empiezan a poblarse desde temprano y cabinas de internet abarrotadas de ni\u00f1os y adolescentes.<\/p>\n<p>Ayer pagaron en la empresa y el mercado callejero est\u00e1 rebosante de vendedores de todo, desde aceite curativo de caracoles hasta trucha frita reci\u00e9n preparada. Perros flacos comen los restos de comida que caen de los puestos, y docenas de taxis se agolpan en las calles y hacen sonar sus bocinas. A lo lejos se escucha el andar pesado, met\u00e1lico del tren que sale de la fundici\u00f3n con sus vagones repletos de minerales rumbo a Puerto Callao, en Lima.<\/p>\n<p>Nadie parece prestar atenci\u00f3n al aire pesado, irrespirable, ni al olor \u00e1cido que lo impregna todo, se mastica, quema los ojos y la garganta. Los oroyinos me dicen que a la larga uno se acostumbra a los \u201cgases\u201d, como le llaman, una combinaci\u00f3n de plomo, ars\u00e9nico y di\u00f3xido de azufre, entre otros contaminantes que emite la fundici\u00f3n. El humo queda atrapado entre las laderas de los cerros donde se agolpa, ca\u00f3tica, la ciudad.<\/p>\n<p>Hugo Villa es neur\u00f3logo y trabaja en La Oroya desde hace 25 a\u00f1os. Me recibe en el hospital Essalud, donde se atienden los obreros de la fundici\u00f3n y sus familias, pero me pide discreci\u00f3n y me conduce a una sala alejada del paso del p\u00fablico. El m\u00e9dico se ha unido a los grupos que reclaman que Doe Run cumpla con el plan de mitigaci\u00f3n ambiental al que se comprometi\u00f3 cuando compr\u00f3 el complejo hace ocho a\u00f1os. Pero quienes se atreven a hacer ese reclamo, dice Villa, son r\u00e1pidamente se\u00f1alados por los trabajadores del sindicato como \u201ctraidores\u201d. \u201cQuien habla del problema de salud est\u00e1 yendo contra la fuente de trabajo\u201d, me explica el m\u00e9dico en baja voz, igual que Paulina. Por esta raz\u00f3n, seg\u00fan Villa, los padres no preguntan sobre el plomo cuando llevan a sus ni\u00f1os al hospital. Tampoco expresan preocupaci\u00f3n. \u201cEs como si tuvieran miedo\u201d, dice Villa, \u201cme siento frustrado, impotente. Me da rabia. En 15 \u00f3 20 a\u00f1os toda una generaci\u00f3n va a tener problemas de desarrollo psicomotor\u201d.<\/p>\n<p>La planta de La Oroya la construyeron \u201clos primeros gringos\u201d, como se refieren los lugare\u00f1os a los estadounidenses de la compa\u00f1\u00eda Cerro de Pasco Copper Corporation que desembarc\u00f3 en estas alturas de los Andes en 1922. El complejo metal\u00fargico permiti\u00f3 que vivieran las minas a lo largo y a lo ancho de la sierra central del Per\u00fa, cuyos minerales necesitaban ser procesados antes de venderse en el mercado internacional. Por la complejidad de los procesos que all\u00ed se realizaban -procesamiento de minerales \u201csucios\u201d, con alto contenido de sulfuros -, La Oroya se transform\u00f3 en un lugar de referencia para ingenieros metal\u00fargicos de todo el mundo.<\/p>\n<p>A los pocos a\u00f1os de creada la planta, los agricultores de la zona comenzaron a quejarse de que el humo secaba sus pastos.<\/p>\n<p>Cuentan los memoriosos que los cerros de La Oroya por ese entonces eran verdes, y en el Mantaro, uno de los r\u00edos m\u00e1s importantes de Per\u00fa, se pescaban truchas y ranas. Hoy las monta\u00f1as que rodean La Oroya est\u00e1n peladas y manchadas de negro, y del Mantaro algunos pobladores dicen que \u201cest\u00e1 muerto\u201d. En 2003, una ley nacional declar\u00f3 la emergencia ambiental de su cuenca, de la que son responsables tambi\u00e9n las minas de la zona de cerro Pasco y las decenas de pueblos andinos cuyos desechos cloacales van a parar al r\u00edo.<\/p>\n<p>Cuando en 1974 el gobierno peruano expropi\u00f3 y nacionaliz\u00f3 el complejo metal\u00fargico de La Oroya, la contaminaci\u00f3n del suelo, el aire y el agua empeor\u00f3. Los pobladores se habituaron a vivir con los ojos rojos, inyectados, y un pa\u00f1uelo siempre a mano para cubrirse la cara cuando \u201cven\u00eda el humo\u201d. Poco se sab\u00eda de la intoxicaci\u00f3n por plomo por aquellos d\u00edas porque todav\u00eda no se hab\u00edan realizado estudios de sangre en la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de octubre de 1997, un grupo de estadounidenses firm\u00f3 un contrato con el gobierno del ahora pr\u00f3fugo Alberto Fujimori por 120 millones de d\u00f3lares. Doe Run Co., con sede en Missouri, acababa de comprar la planta de fundici\u00f3n de metales de La Oroya en condiciones m\u00e1s que ventajosas. El acuerdo de venta especificaba que durante diez a\u00f1os la empresa estatal Centrom\u00edn Per\u00fa, que vendi\u00f3 a Doe Run el complejo, asumir\u00eda cualquier demanda legal atribuible a la contaminaci\u00f3n hist\u00f3rica de La Oroya. En ese per\u00edodo, los estadounidenses se comprometieron a desarrollar un programa de control de emisiones y efluentes industriales, entre otras medidas de mitigaci\u00f3n ambiental.<\/p>\n<p>Doe Run y la compa\u00f1\u00eda neoyorquina a la que pertenece, Renco Group, enfrentan decenas de juicios en Estados Unidos por supuestos da\u00f1os al medio ambiente y a la salud ocasionados por sus empresas. La Agencia estadounidense de Protecci\u00f3n Ambiental acaba de demandar a una de las compa\u00f1\u00edas de Renco por la presunta contaminaci\u00f3n con PCB de los alrededores del Great Salt Lake, en Utah, donde opera una planta de magnesio.<\/p>\n<p>El accionista mayoritario de Renco es el enigm\u00e1tico multimillonario Ira Leon Rennert quien, seg\u00fan la prensa estadounidense, posee una mansi\u00f3n en Long Island, Nueva York, que dobla en tama\u00f1o a la Casa Blanca, con 29 habitaciones y 40 ba\u00f1os. Una de sus empresas, AM General Corp., es una de las grandes proveedoras de veh\u00edculos militares del Pent\u00e1gono, incluido el famoso Humvee.<\/p>\n<p>La historia de Doe Run en el peque\u00f1o pueblo de Herculaneum, Missouri, donde la compa\u00f1\u00eda tiene una fundici\u00f3n de plomo, no es menos controvertida. Cuando en 2001 los valores de plomo en la sangre de los ni\u00f1os comenzaron a subir, el gobierno orden\u00f3 a Doe Run reducir las emisiones de su chimenea y renovar la tierra de los jardines de las casas aleda\u00f1as a su planta, entre otras medidas de protecci\u00f3n de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, en los \u00faltimos dos a\u00f1os la compa\u00f1\u00eda ha cumplido con los est\u00e1ndares nacionales de calidad de aire. Un panorama bien diferente al de Per\u00fa, donde la fundici\u00f3n de La Oroya arroja a la atm\u00f3sfera alrededor de dos toneladas de plomo por d\u00eda, de acuerdo con documentos de la empresa. Esto es menos plomo que lo que respiraban los oroyinos cuando la planta estaba en manos del gobierno peruano, pero es una cifra 29 veces mayor que la emisi\u00f3n de plomo en la planta de Missouri.<\/p>\n<p>Los oroyinos, entre ellos Paulina Ccanto y su familia, recibieron a Doe Run con los brazos abiertos. En sus primeros a\u00f1os de operaci\u00f3n, la compa\u00f1\u00eda plant\u00f3 \u00e1rboles, organiz\u00f3 concursos de pintura en las escuelas y abri\u00f3 un comedor para los ni\u00f1os de las familias m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente los colores corporativos de Doe Run, blanco y verde, comenzaron a cubrir los edificios de las escuelas p\u00fablicas, el sindicato metal\u00fargico y la estaci\u00f3n de polic\u00eda, regalo de la empresa.<\/p>\n<p>Las condiciones de trabajo dentro de la planta mejoraron y la compa\u00f1\u00eda puso en marcha algunos proyectos ambientales, como la construcci\u00f3n de un dep\u00f3sito para almacenar tri\u00f3xido de ars\u00e9nico, sustancia altamente t\u00f3xica. Sin embargo, en 2003 una auditor\u00eda internacional realizada a pedido del gobierno peruano mostr\u00f3 que la calidad del aire se hab\u00eda deteriorado en La Oroya entre 1995 y 2002, mientras que la producci\u00f3n de plomo se hab\u00eda incrementado.<\/p>\n<p>Este fue el inicio de una serie de tira y aflojes entre el gobierno y la compa\u00f1\u00eda que culmin\u00f3 el a\u00f1o pasado cuando Doe Run amenaz\u00f3 con retirarse de Per\u00fa si no se le ampliaba el plazo para completar el plan de mitigaci\u00f3n ambiental que se vence en enero de 2007.<\/p>\n<p>Los ejecutivos de la minera argumentan que la competencia de China y los malos precios del plomo hasta el 2004 -hoy en alza- los dejaron sin recursos para concluir el proyecto m\u00e1s importante desde el punto de vista del medio ambiente: la construcci\u00f3n de una planta de \u00e1cido sulf\u00farico, valuada en US$100 millones, que disminuir\u00eda considerablemente la emisi\u00f3n de gases y metales a la atm\u00f3sfera. La planta captar\u00eda el di\u00f3xido de azufre -gas altamente irritante y responsable primario de la llamada lluvia \u00e1cida que debilita el suelo y las plantas &#8211; y a trav\u00e9s de un proceso qu\u00edmico lo transformar\u00eda en \u00e1cido sulf\u00farico, un producto comercializable.<\/p>\n<p>El rumor de que Doe Run pod\u00eda irse de La Oroya se propag\u00f3 r\u00e1pidamente entre los obreros de la planta y los pobladores, y caus\u00f3 p\u00e1nico.<\/p>\n<p>En un acto in\u00e9dito en la historia sindical del pa\u00eds, la uni\u00f3n metal\u00fargica se aline\u00f3 con la empresa \u201cen defensa de la fuente de trabajo\u201d. A principios de diciembre pasado estall\u00f3 una huelga que incluy\u00f3 cortes de rutas y cobr\u00f3 la vida de dos ancianos, quienes junto a cientos de pasajeros de autos, buses y camiones quedaron atrapados durante dos d\u00edas en la Carretera Central, principal v\u00eda de acceso desde Lima a la regi\u00f3n centro del pa\u00eds y a la selva.<\/p>\n<p>La escena contrastaba dram\u00e1ticamente con la realidad de otros pueblos de Per\u00fa, donde en a\u00f1os recientes la poblaci\u00f3n impidi\u00f3 la expansi\u00f3n de la miner\u00eda. En la ciudad norte\u00f1a de Cajamarca, la estadounidense Newmont Co. decidi\u00f3 acabar con sus planes de expandir la mina de oro de Yanacocha, la m\u00e1s grande de Latinoam\u00e9rica, luego que los pobladores cortaron rutas en septiembre de 2004 para protestar por la contaminaci\u00f3n del agua.<\/p>\n<p>En La Oroya, las penurias econ\u00f3micas ganaron la partida.<\/p>\n<p>\u201cNos dijeron que la empresa se iba a ir y que iba a venir otro due\u00f1o\u201d, me cuenta Paulina, quien particip\u00f3 de algunas de las marchas de diciembre pasado en apoyo de Doe Run. La mujer reconoce que la contaminaci\u00f3n que emite la fundici\u00f3n est\u00e1 lastimando a su familia, pero dice que sin la planta, La Oroya desaparecer\u00eda del mapa en pocos meses.<\/p>\n<p>Cuando mor\u00eda 2004, el presidente Alejandro Toledo firm\u00f3 el Decreto Supremo 046 que permite que Doe Run y otras mineras en apuros financieros postulen para obtener extensiones de plazos de hasta cuatro a\u00f1os en proyectos espec\u00edficos de sus programas de mitigaci\u00f3n ambiental.<\/p>\n<p>El decreto irrit\u00f3 a grupos ambientalistas nacionales e internacionales, a la Iglesia cat\u00f3lica y al gobierno regional de Jun\u00edn, al que pertenece La Oroya. Tambi\u00e9n se cobr\u00f3 el puesto de la ex directora general de Miner\u00eda, Mar\u00eda Chappuis, quien se opon\u00eda a que se otorgara tiempo adicional a Doe Run. \u201cCreo en una miner\u00eda sustentable, no en una miner\u00eda a cualquier precio\u201d, dice Chappuis sentada en la galer\u00eda de su casa de Lima. Hace un silencio y sigue: \u201cMe da pena la gente de La Oroya. Ellos no han conocido otra cosa; creen que todas las fundiciones trabajan como Doe Run\u201d.<\/p>\n<p>Luego de varios d\u00edas de conversar y de recibirme en su casa, Paulina se ha tornado esquiva. La noto asustada. Sus ni\u00f1os que antes corr\u00edan a darme la bienvenida, ahora me sonr\u00eden, pero siguen de largo. Finalmente una de las ni\u00f1as me dice, apurada, que \u201clas se\u00f1oritas de la Doe Run\u201d han llamado a su mam\u00e1 y le han hecho preguntas sobre sus conversaciones conmigo. La angustia de Paulina est\u00e1 sobradamente justificada. Si bien su esposo no es obrero de la planta, tres de sus cuatro ni\u00f1os almuerzan cada d\u00eda en el comedor de la empresa.<\/p>\n<p>En la \u00faltima Navidad, los peque\u00f1os recibieron robots electr\u00f3nicos y mu\u00f1ecas Barbie, regalos de Doe Run Per\u00fa. Y dos veces por semana madre e hijos se ba\u00f1an en las duchas que la compa\u00f1\u00eda provee a algunas familias necesitadas.<\/p>\n<p>Las \u201cse\u00f1oritas\u201d son trabajadoras sociales de Doe Run y me aseguran que no han querido intimidar a Paulina, sino prevenirla contra \u201cperiodistas sensacionalistas\u201d.<\/p>\n<p>Algunas horas m\u00e1s tarde vuelvo a golpear la puerta de la casa de Paulina. Esta vez la mujer me deja entrar y me cuenta que las trabajadoras sociales de Doe Run la han visitado y le han dicho que \u201cest\u00e1 bien\u201d hablar conmigo. \u201cYo estoy muy agradecida de la empresa por la ayuda que me da\u201d, se apura a aclarar, nerviosa.<\/p>\n<p>Por unos segundos las dos nos miramos en silencio. Le pregunto por el an\u00e1lisis de sangre de Mishell. Me dice que a\u00fan no sabe nada. \u201cYa se est\u00e1n tardando mucho en entregar los resultados\u201d, suelta Paulina con no poca angustia mientras carga a Steven en su espalda. Mishell es una de los 788 ni\u00f1os de La Oroya Antigua que participaron de un estudio de plomo realizado en conjunto por el Ministerio de Salud y Doe Run a finales de 2004.<\/p>\n<p>Luego de varios meses de espera de los resultados, los rumores han empezado a circular entre los vecinos. El comentario, por lo bajo, es que los valores de plomo han salido altos. Que nada ha cambiado demasiado para los ni\u00f1os de La Oroya a pesar de los esfuerzos de la empresa por promover campa\u00f1as de higiene en la ciudad. Paulina no se hace eco de los rumores. Ella prefiere hacer en lugar de especular. Entonces compra pollo cada vez que puede para que la sopa de Mishell sea m\u00e1s nutritiva, y manda a la ni\u00f1a cada ma\u00f1ana al lavado de manos comunitario que organiza Doe Run en los barrios para prevenir la ingesti\u00f3n de plomo en los chicos.<\/p>\n<p>Las encargadas de llevar adelante estas campa\u00f1as de higiene son las llamadas \u201cdelegadas ambientales\u201d, un grupo de unas setenta amas de casa voluntarias que, seg\u00fan los m\u00e1s cr\u00edticos, adem\u00e1s de barrer calles y lavar manos diseminan el mensaje de la compa\u00f1\u00eda entre los vecinos. Son, dicen, una m\u00e1quina efectiva de control social.<\/p>\n<p>La recepci\u00f3n que me dan las delegadas no es precisamente c\u00e1lida. Una de ellas se acerca y me interroga en la calle acerca de los motivos de mi visita. En concreto, me pregunta por qu\u00e9 estoy conversando tanto con Paulina y sus ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo cree que nos sentimos cuando nos dicen que nuestros hijos son mong\u00f3licos? Muchos ni\u00f1os de aqu\u00ed van a la universidad\u201d, me dice gritando otra delegada, Elizabeth Canales, cuando me presento. La mujer se refiere a programas period\u00edsticos de televisi\u00f3n en los que se ha discutido sobre el posible impacto del plomo en el desarrollo intelectual de los ni\u00f1os de La Oroya.<\/p>\n<p>A los pocos minutos estoy rodeada por siete mujeres que apoyadas en sus escobas se interrumpen entre s\u00ed y me dicen que s\u00ed, que contaminaci\u00f3n hay, pero que antes era peor y que \u201cdespu\u00e9s de todo Doe Run da alimentos y ropa para los ni\u00f1os, algo que jam\u00e1s pas\u00f3 cuando el gobierno manejaba la planta\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLimpien, se\u00f1oras, limpien. Mu\u00e9vanse como si estuvieran bailando\u201d, escucho que Canales les grita a las otras delegadas mientras me alejo de la Calle 2 de Mayo. Las se\u00f1oras hacen bien en limpiar, aunque los expertos dudan que sirva de mucho si la fuente de contaminaci\u00f3n no disminuye.<\/p>\n<p>Un estudio reciente de la ONG Occupational Knowledge de California y de la fundaci\u00f3n Labor de Lima mostr\u00f3 que 88% de las muestras de suelo tomadas en casas, escuelas y comercios de La Oroya ten\u00edan valores altos de plomo.<\/p>\n<p>Un tercio de las familias de La Oroya vive en casas de una sola habitaci\u00f3n, sin ba\u00f1o ni agua corriente. Por eso la vida se extiende a la acera, donde las mujeres cocinan, lavan y ba\u00f1an a sus hijos peque\u00f1os en fuentones de pl\u00e1stico. Pero \u201ccuando vienen los humos\u201d, me cuentan, las madres hacen entrar a los chicos en las casas, apuradas, y cierran tras de ellos puertas y ventanas.<\/p>\n<p>\u201cEs en vano vivir ac\u00e1\u201d, me dice Carmen C\u00f3ndor, una mam\u00e1 soltera que pas\u00f3 varias noches en vela cuando en 2003 los m\u00e9dicos le dijeron que su hijo, Brayam Rosas, ten\u00eda niveles altos de plomo en el organismo, \u201cla verdad es que estamos todos contaminados\u201d.<\/p>\n<p>Aunque no se conocen, Carmen y Paulina comparten la misma angustia: sus ni\u00f1os no crecen, una caracter\u00edstica com\u00fan entre los chicos intoxicados con plomo. Brayam, de siete a\u00f1os, mide 12 cent\u00edmetros menos de lo que deber\u00eda de acuerdo con su edad y su peso. \u201cEstoy chato\u201d, me dice el ni\u00f1o apoyando la palma sobre su cabeza y sonriendo con inocencia. \u201cA veces no como mucho\u201d, cuenta Brayam. Carmen asiente con la cabeza. \u201cYo tengo miedo de que se quede chiquitito, de que ya no crezca\u201d, me dice la mujer apretando una mano contra la otra.<\/p>\n<p>Algunos dirigentes pol\u00edticos, en cambio, no encuentran mayores razones para angustiarse. \u201cProbablemente haya alg\u00fan ni\u00f1o enfermo por plomo, pero no conozco a ning\u00fan ni\u00f1o hospitalizado por esa causa\u201d, dice impasible Clemente Quincho, intendente de La Oroya, quien lider\u00f3 la huelga de diciembre para presionar al gobierno peruano en favor de Doe Run. Sentado en su oficina de gobierno, rodeado de diplomas de m\u00e9rito y de un trofeo que gan\u00f3 en un torneo de f\u00fatbol organizado por Doe Run, Quincho desmiente a quienes dicen que la compa\u00f1\u00eda manipula al municipio. \u201cYo rechac\u00e9 viajes que me ofrecieron las ONG [ambientalistas] y el viaje a Missouri que me ofreci\u00f3 la empresa\u201d, aclara. Despu\u00e9s se acomoda en su silla y me cuenta que sus tres hijos se criaron en La Oroya y que, no obstante, \u201cson muy inteligentes\u201d.<\/p>\n<p>Otros padres, sin embargo, quisieran hacer las valijas y llevarse a sus ni\u00f1os de aqu\u00ed para siempre. Lucy Echeverr\u00eda es una de ellas ya que su hija de ocho a\u00f1os, Diana, tiene asma. Para chicos con problemas respiratorios, a la amenaza del plomo se suma la del di\u00f3xido de azufre.<\/p>\n<p>\u201cHay momentos en que largan demasiado gas. Se pone todo como neblina y la vista quema. Yo no puedo respirar. Mi hija me dice que ac\u00e1 es feo y que mejor nos vayamos a otro lado\u201d, dice Lucy, quien en las vacaciones manda a Diana a casa de unos parientes en Huanoco para que la ni\u00f1a descanse de los humos.<\/p>\n<p>La chimenea de la fundici\u00f3n despide m\u00e1s de 800 toneladas diarias de di\u00f3xido de azufre, sobrepasando cinco veces los l\u00edmites m\u00e1ximos permisibles que establecen las leyes peruanas. Estas son las emisiones que se reducir\u00edan con la construcci\u00f3n de la planta de \u00e1cido sulf\u00farico que Doe Run quiere postergar hasta 2011.<\/p>\n<p>Lejos de los humos de La Oroya, sentado en una oficina vidriada en el coqueto barrio lime\u00f1o de San Isidro, Bruce Neil, presidente de Doe Run Per\u00fa, asegura que la compa\u00f1\u00eda aplica en Sudam\u00e9rica los mismos est\u00e1ndares ambientales que en Estados Unidos. Dice que las emisiones se han reducido m\u00e1s de un tercio y que seguir\u00e1n mejorando.<\/p>\n<p>\u201cTenemos una planta que tiene 83 a\u00f1os y que nosotros hemos manejado por 7,5 a\u00f1os y se la presenta como si fuera una empresa estadounidense. Esa categorizaci\u00f3n no es correcta, no es justa\u201d, agrega Neil. Sentado a su lado, silencioso, est\u00e1 su mano derecha, Jos\u00e9 Mogrovejo, quien fue director de Asuntos Ambientales del Ministerio de Energ\u00eda y Minas de Per\u00fa, ente de fiscalizaci\u00f3n de Doe Run, antes de aceptar el puesto de vicepresidente de Asuntos Ambientales de Doe Run Per\u00fa.<\/p>\n<p>\u201cSoy padre y soy abuelo\u201d, me dice Neil en un ingl\u00e9s pausado, \u201cel hecho de que haya ni\u00f1os con altos niveles de plomo es absolutamente inaceptable. Tenemos que bajar ese n\u00famero a cero\u201d. Luego me cuenta la otra parte de la historia: \u201cEl metal mejora nuestras vidas. Este edificio est\u00e1 hecho de minerales y de metales, y los autos y tu grabador tambi\u00e9n. No podemos vivir sin metales\u201d.<\/p>\n<p>A sus seis a\u00f1os, Mishell Barzola no entiende de intereses corporativos, de derechos ambientales o de protesta social. Juega distra\u00edda con la mu\u00f1eca Barbie que le regal\u00f3 Doe Run para Navidad. \u201cEs una novia, con velo y con m\u00fasica\u201d, me cuenta Mishell arregl\u00e1ndole el pelo rubio y brillante. \u201cCuidamos estos juguetes porque son los \u00fanicos que tenemos\u201d, dice con gran seriedad. En mis \u00faltimos d\u00edas en La Oroya noto que Paulina est\u00e1 cada vez m\u00e1s ansiosa por los resultados del an\u00e1lisis de sangre de Mishell. Casi a diario va al consultorio m\u00e9dico que comparten la empresa y el gobierno a preguntar si hay novedades. Y cada d\u00eda vuelve con la misma respuesta: \u201cm\u00e1s adelante\u201d. Paulina me dice que quiere aprender m\u00e1s sobre el plomo para cuidar mejor a sus hijos, y que las trabajadoras sociales de Doe Run les han prometido a ella y a otras madres que, m\u00e1s adelante, habr\u00e1 una charla.<\/p>\n<p>La mujer tiene esperanzas de que la empresa cumpla sus promesas y limpie el aire de La Oroya. \u201cMientras tanto, me dicen que lo principal es la higiene y la alimentaci\u00f3n. La limpieza la cuido mucho. Ba\u00f1o a los ni\u00f1os, les lavo las manos. Cuando viene el gas encierro a los ni\u00f1os ac\u00e1. Ellos ya est\u00e1n acostumbrados. Cierro la puerta y las ventanas hasta que paren los humos\u201d.<\/p>\n<p>A fines de marzo, finalmente, Doe Run y el Ministerio de Salud de Per\u00fa han dado a conocer los resultados del estudio de plomo. Todos menos uno de los 788 ni\u00f1os menores de siete a\u00f1os evaluados tienen tres veces m\u00e1s plomo, en promedio, que el m\u00e1ximo de 10 microgramos por decilitro de sangre permitido por la OMS. Casi la mitad de los peque\u00f1os ya presenta deficiencias psicomotoras. Cinco ni\u00f1os tienen tanto plomo que, de acuerdo con los est\u00e1ndares de Estados Unidos, corren riesgo de muerte. Pienso en Paulina. La imagino lavando la ropa de su familia en una pileta comunitaria en la vereda, tal como la encontraba cada ma\u00f1ana, o limpiando, empecinada, el polvo t\u00f3xico que se asentaba en sus muebles y en los linteles de las ventanas y que volv\u00eda a aparecer siempre, algunas horas m\u00e1s tarde, en los mismos lugares.<\/p>\n<p>Sus esfuerzos no han podido frenar el avance del plomo en los ri\u00f1ones, pulmones, cerebro e h\u00edgado de Mishell. La peque\u00f1a tiene 42 microgramos de plomo por decilitro de sangre, cuatro veces m\u00e1s que el est\u00e1ndar de salud. Su herm ano Steven, de dos a\u00f1os, roza los 50 microgramos.<\/p>\n<p>Doe Run y el Ministerio de Salud se han apurado a dise\u00f1ar un plan de contingencia para atender a los ni\u00f1os m\u00e1s afectados por la contaminaci\u00f3n. Un grupo de chicos ir\u00e1 a la escuela en un pueblo cercano a La Oroya para evitar, al menos durante el d\u00eda, la exposici\u00f3n a las emisiones t\u00f3xicas. A los otros ni\u00f1os se les est\u00e1 haciendo seguimiento m\u00e9dico y nutricional. Pero es incierto lo que suceder\u00e1 con los miles de chicos que viven en La Oroya y que no participaron del estudio de sangre. En abril una jueza orden\u00f3 al Ministerio de Salud tomar medidas urgentes para proteger a todos los habitantes de La Oroya, pero los funcionarios peruanos han apelado la resoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>En mi mente trazo paralelos con la ciudad de Herculaneum, Missouri, donde ya no se ven ni\u00f1os jugando en las cercan\u00edas de la fundici\u00f3n porque Doe Run, bajo la mirada estricta del gobierno local, los est\u00e1 trasladando a todos a pueblos aleda\u00f1os, donde podr\u00e1n crecer sin plomo. Pero La Oroya est\u00e1 en Per\u00fa, y en Latinoam\u00e9rica, las dial\u00e9cticas suelen ser tramposas: trabajo o salud, supervivencia econ\u00f3mica o medio ambiente. Paulina Canto y sus ni\u00f1os lo saben bien.<\/p>\n<p>Art\u00edculo ganador del premio Reuters-UICN al Periodismo Ambiental 2006, escrito por la periodista argentina Marina Walker<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ecoportal.net<\/p>\n<p>Mishell Barzola tiene seis a\u00f1os y hace tiempo dej\u00f3 de crecer. Mide apenas un metro y pesa 14 kilos, s\u00f3lo un poco m\u00e1s que su hermano Steven de dos a\u00f1os. Su madre, Paulina Ccanto, sospecha que el plomo se le ha metido en el cuerpo.<\/p>\n<p>En La Oroya, Per\u00fa, donde vive Mishell, los ni\u00f1os respiran y tragan constantemente el metal que viaja en el aire y se deposita en el suelo. Cuando juegan al f\u00fatbol o a las canicas en las calles de tierra, el viento arroja polvo t\u00f3xico en sus caras. Cuando se llevan los dedos a la boca, los peque\u00f1os, literalmente, comen plomo.<\/p>\n<p>\u201cNo la veo bien a la ni\u00f1a\u201d, me dice Paulina sentada en la peque\u00f1a habitaci\u00f3n que alquila en esta ciudad andina de 33.000 almas, 180  kil\u00f3metros al sureste de Lima. Anoche llovi\u00f3 y las goteras se han ensa\u00f1ado con la cama que comparten tres de los cuatro hijos de la mujer. Un d\u00e9bil rayo de sol se cuela por el mismo agujero del techo por el que se filtra el agua.<\/p>\n<p>\u201cMishell no engorda ni crece. El doctor me dijo que puede ser por el exceso de plomo\u201d, me explica Paulina casi susurrando, como si de ese modo la amenaza se tornase menos real. Su hija Rosario, de doce a\u00f1os, habla con la soltura propia de los ni\u00f1os: \u201cA veces nos llenamos de plomo y nos da una enfermedad. Nuestro est\u00f3mago se llena de plomo. Con eso tambi\u00e9n podemos morir\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"class_list":["post-966","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-imperio-imperialismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/966","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=966"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/966\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=966"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=966"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=966"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}