{"id":98,"date":"2006-03-30T00:00:00","date_gmt":"2006-03-29T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=98"},"modified":"2020-02-11T19:23:16","modified_gmt":"2020-02-11T18:23:16","slug":"7-enfoques-sobre-la-revolucion-francesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=98","title":{"rendered":"7 enfoques sobre la revoluci\u00f3n francesa"},"content":{"rendered":"<p>Frente a quienes como Ferenc Feher nos invitan a \u00abcerrar la Revoluci\u00f3n francesa\u00bb, pensamos que \u00e9sta puede continuar siendo fuente de reflexiones y ense\u00f1anzas para los que queremos un mundo de \u00ablibres e iguales\u00bb. Tanto para nuestras reflexiones sobre los or\u00edgenes de la tradici\u00f3n comunista, como sobre el papel de la democracia en la humanizaci\u00f3n de la especie, como sobre los procesos de transici\u00f3n de un modo de producci\u00f3n a otro, como sobre la urgencia del comunismo frente a la crisis ecol\u00f3gica.<br \/>\nPrueba de la potencia del modelo que ofrece la Revoluci\u00f3n Francesa para pensar sobre todos estos problemas puede ser cualquiera de estos siete textos de siete autores bien diferentes entre ellos ( por su \u00e9poca, por su perspectiva, por su enfoque), pero que nos aportan visiones creemos que convergentes y complementarias para una reflexi\u00f3n emancipadora de futuro.<br \/>\n<b><br \/>\nPedro Kropotkin<br \/>\n\u00abLa Gran Revoluci\u00f3n Francesa\u00bb<\/b><\/p>\n<p>De su obra \u00abLa Gran Revoluci\u00f3n Francesa\u00bb publicada en 1909. El texto que extraemos corresponde a la edici\u00f3n argentina de Editorial Proyecci\u00f3n, Buenos Aires, 1976. Traducci\u00f3n de Anselmo Lorenzo. Presentaci\u00f3n de Diego Abad de Santill\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00abPero al mismo tiempo, la Gran Revoluci\u00f3n nos ha legado otros principios, de un alcance mucho mayor: los principios comunistas. Ya hemos visto c\u00f3mo durante toda la Gran Revoluci\u00f3n trabajaron para salir a la luz, y tambi\u00e9n c\u00f3mo, despu\u00e9s de la ca\u00edda de los girondinos, se hicieron muchos intentos, y alguno de ellos grandioso en esa direcci\u00f3n. El fourierismo desciende en l\u00ednea recta de l&#8217; Ange, por una parte, y por otra de Chalier; Babeuf es hijo directo de las ideas que apasionaron a las masas populares en 1793. Babeuf, Buonarroti y Sylvain Mar\u00e9chal no hicieron m\u00e1s que sintetizarlas algo o exponerlas en forma literaria. Pero las sociedades secretas de Babeuf y de Bounarroti son el origen de las sociedades secretas de los \u00abcomunistas materialistas\u00bb, en las que Blanqui y Barb\u00e9s conspiraron bajo la monarqu\u00eda burguesa de Lu\u00eds Felipe. Despu\u00e9s surgi\u00f3 La Internacional por filiaci\u00f3n directa.<br \/>\nEn cuanto al &#8216;socialismo&#8217;, se sabe hoy que esa palabra fue puesta en boga para evitar la denominaci\u00f3n de &#8216;comunista&#8217;, que en cierto per\u00edodo fue peligrosa, porque las sociedades secretas comunistas, convertidas en sociedades de acci\u00f3n , eran perseguidas a muerte por la burgues\u00eda gobernante.<br \/>\nAs\u00ed pues, hay filiaci\u00f3n directa desde las &#8216;rabiosos&#8217; de 1793 y el Babeuf de 1795 hasta la Internacional.<br \/>\nPero hay tambi\u00e9n filiaci\u00f3n en las ideas. El socialismo moderno no ha a\u00f1adido nada absolutamente, a las ideas que circulaban en 1789-1794 en el pueblo franc\u00e9s, y que se trat\u00f3 de poner en pr\u00e1ctica durante el a\u00f1o II de la rep\u00fablica. Lo \u00fanico que ha hecho el socialismo moderno es poner esas ideas en sistemas y hallar argumentos en su favor, sea volviendo contra los economistas burgueses algunas de sus propias definiciones, sea generalizando los hechos del desarrollo del capitalismo industrial en el curso del siglo XIX.<br \/>\nPero yo me permitir\u00e9 afirmar que, por vago que fuese, por poco apoyado que estuviera en argumentos de aspecto cient\u00edfico, por poco uso que hiciera de la jerga pseudo-cient\u00edfica de los economistas burgueses, el comunismo popular de los primeros a\u00f1os de la Rep\u00fablica ve\u00eda m\u00e1s claro y analizaba m\u00e1s profundamente que el socialismo moderno. En primer lugar era el comunismo del consumo ( la comunalizaci\u00f3n y la nacionalizaci\u00f3n del consumo) lo que propon\u00edan los buenos republicanos del 1793, cuando quer\u00edan establecer sus almacenes de trigos y de comestibles en cada municipio, cuando formulaban una estad\u00edstica para fijar el &#8216;verdadero valor&#8217; de los objetos de &#8216;primera y segunda necesidad&#8217; y cuando inspiraban a Robespierre esta palabra profunda: lo superfluo de los art\u00edculos de consumo es lo \u00fanico que puede ser objeto de comercio, porque lo necesario pertenece a todos.<br \/>\nProcedente de las necesidades mismas de la vida tormentosa de aquellos a\u00f1os, el comunismo de 1793, con su afirmaci\u00f3n del derecho de todos a las subsistencias, y a la tierra para producirlas, su negaci\u00f3n de los derechos territoriales fuera de lo que una familia pod\u00eda cultivar ( la hacienda de \u00ab120 arpentas, medida de 22 pies\u00bb), y su tentativa de comunalizar le comercio, iban m\u00e1s directamente al fondo de las cosas que todos los programas m\u00ednimos y aun los considerados m\u00e1ximos de la actualidad.<br \/>\nResulta, pues, que lo que se aprende hoy al estudiar la Gran Revoluci\u00f3n es que fue el manantial de todas las concepciones comunistas, anarquistas y socialistas de nuestra \u00e9poca. Conoc\u00edamos mal todos a nuestra madre; pero la reconocemos hoy entre aquellos descamisados, y nos hacemos cargo de lo que puede ense\u00f1arnos.<br \/>\nLa humanidad marcha de etapa en etapa, y sus etapas est\u00e1n marcadas en centenares de a\u00f1os por grandes revoluciones. Despu\u00e9s de los Pa\u00edses Bajos, despu\u00e9s de Inglaterra, que hizo su revoluci\u00f3n en 1648.1657, toc\u00f3 el turno a Francia<br \/>\nCada gran revoluci\u00f3n ha tenido adem\u00e1s algo de original y propio. Inglaterra y Francia abolieron una y otra el absolutismo real; pero al abolirlo, Inglaterra se ocup\u00f3 ante todo de los derechos personales del individuo, especialmente en religi\u00f3n, como tambi\u00e9n de los derechos locales de cada parroquia y de cada municipio; Francia fij\u00f3 principalmente su atenci\u00f3n sobre la propiedad de la tierra, y al herir en el coraz\u00f3n el r\u00e9gimen feudal hiri\u00f3 a la vez la gran propiedad y lanz\u00f3 al mundo la idea de la nacionalizaci\u00f3n del suelo y de la socializaci\u00f3n del comercio y de las principales industrias.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 naci\u00f3n tomar\u00e1 sobre s\u00ed la tarea terrible y gloriosa de la pr\u00f3xima Gran revoluci\u00f3n? Se ha podido creer por el momento que ser\u00eda Rusia; pero si Rusia lleva su revoluci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de una simple limitaci\u00f3n del poder imperial, si toca revolucionariamente la gran cuesti\u00f3n de la propiedad territorial, \u00bfhasta d\u00f3nde llegar\u00e1? \u00bfSabr\u00e1 y podr\u00e1 evitar la falta cometida por las asambleas francesas, y dar\u00e1 el suelo, socializado, a quienes quieran cultivarle con sus brazos? No lo sabemos. La respuesta a esa pregunta pertenece al dominio de la profec\u00eda.<br \/>\nLo positivo y lo cierto es que, sea cual fuera la naci\u00f3n que entre hoy en la v\u00eda de las revoluciones, heredar\u00e1 lo que nuestros abuelos hicieron en Francia. La sangre que derramaron, la derramaron por la humanidad. Las penalidades que sufrieron, a la humanidad entera las dedicaron. Sus luchas, sus ideas, sus controversias constituyen el patrimonio de la humanidad. Todo ello ha producido sus frutos y producir\u00e1 otros a\u00fan, m\u00e1s bellos y grandiosos, abriendo a la humanidad amplios horizontes con las palabras Libertad, Igualdad, Fraternidad, que brillan como un faro hacia el cual nos dirigimos.<br \/>\n<b><br \/>\nAntonio Gramsci<br \/>\nCuadernos de la C\u00e1rcel<\/b><\/p>\n<p>La concepci\u00f3n gramsciana del jacobinismo se desarrolla a lo largo de los Quaderni del Carcere en numerosas menciones. El \u00edndice tem\u00e1tico de la edici\u00f3n completa de los cuadernos de Valentino Gerratana ( Publicada por Einaudi Editori , Torino 1975) registra 26 llamadas correspondientes al conjunto de los Cuadernos. Estas llamadas est\u00e1n complementadas con 34 llamadas sobre la historia de Francia, y muchas otras en temas como cesarismo, relaci\u00f3n campo-ciudad, concepto de nacional-popular, hegemonia y capacidad de direcci\u00f3n&#8230; El conjunto revela toda una concepci\u00f3n org\u00e1nica y evolutiva del jacobinismo con diversos niveles conceptuales de gran potencia. Todo ello dependiente del desarrollo historiogr\u00e1fico contempor\u00e1neo a la \u00e9poca en que fueron escritos los Cuadernos. Parece que la obra de Mathiez era ampliamente conocida y utilizada por Gramsci. Traducimos del primer cuaderno.(1929-1930), algunos fragmentos significativos del conocido pasaje titulado: \u00bb \u00a7(44) Direcci\u00f3n pol\u00edtica de clase antes i despu\u00e9s de la entrada en el gobierno.( Tomo I. pags. 40-54) .Se indica la p\u00e1gina de los Quaderni donde pueden encontrarse dichos fragmentos.<\/p>\n<p>(&#8230;)\u00bb Comparaci\u00f3n entre jacobinos y Partito di Azione: los jacobinos lucharon animosamente para asegurar el ligamen entre ciudad y campo; fueron derrotados porque debieron sofocar las veleidades de clase de los obreros; su continuador es Napole\u00f3n y hoy son los radicales-socialistas(&#8230;)\u00bb ( pag. 43)<br \/>\n\u00ab(&#8230;) Por muchos aspectos parece que la diferencia entre muchos hombres del Partito di Azione y los moderados era m\u00e1s de &#8216;temperamento&#8217; que pol\u00edtica. La palabra &#8216;jacobino&#8217; acab\u00f3 asumiendo dos significados: uno es el significado propio, hist\u00f3ricamente caracterizado: un determinado partido de la revoluci\u00f3n francesa, que conceb\u00eda la revoluci\u00f3n de una forma determinada, con un determinado programa, sobre la base de determinadas fuerzas sociales y que explic\u00f3 su acci\u00f3n de partido y de gobierno con una determinada acci\u00f3n met\u00f3dica caracterizada por una extrema energ\u00eda y resoluci\u00f3n que depend\u00edan de la creencia fan\u00e1tica en la bondad de aquel programa y de aquel m\u00e9todo. En el lenguaje pol\u00edtico los dos aspectos del jacobinismo fueron escindidos y se llam\u00f3 jacobino al hombre pol\u00edtico en\u00e9rgico y resuelto porque estaba fan\u00e1ticamente persuadido de les virtudes taumat\u00fargicas de sus ideas. Crispi es jacobino solo en \u00e9ste sentido. Por su programa, \u00e9l fue un moderado puro y simple. Su &#8216;obsesi\u00f3n&#8217; jacobina fue la unidad pol\u00edtico-territorial del pa\u00eds (&#8230;)\u00bb( pag. 45).<br \/>\n\u00ab(&#8230;) A prop\u00f3sito del jacobinismo y del partito d&#8217;Azione un elemento a recordar es que los jacobinos conquistaron con la lucha su funci\u00f3n de partido dirigente: ellos se impusieron sobre la burgues\u00eda francesa conduci\u00e9ndola hasta una posici\u00f3n mucho m\u00e1s avanzada de aquella que la burgues\u00eda hubiera querido &#8216;espont\u00e1neamente&#8217; e incluso mucho m\u00e1s avanzada de aquella que las premisas hist\u00f3ricas hab\u00edan de consentir, y por eso se dieron los contragolpes y la funci\u00f3n de Napole\u00f3n. Este rasgo caracter\u00edstico del jacobinismo y de la revoluci\u00f3n francesa de forzar la situaci\u00f3n ( aparentemente) y de crear hechos consumados irreparables, tirando hacia delante a la burgues\u00eda a base de patadas en el trasero, por parte de un grupo de hombres extremadamente en\u00e9rgicos y resueltos puede ser &#8216;esquematizado&#8217; as\u00ed: el tercer estado era el menos homog\u00e9neo de los tres estados; la burgues\u00eda constitu\u00eda su parte m\u00e1s avanzada culturalmente y econ\u00f3micamente; el desarrollo de los acontecimientos franceses muestra el desarrollo de esta parte, que inicialmente pone las cuestiones que solo interesan a sus componentes f\u00edsicos actuales, sus intereses &#8216;corporativos&#8217; inmediatos ( corporativos en un sentido especial, de inmediatos y egoistas de un determinado grupo restringido social); los precursores de la revoluci\u00f3n son reformistas moderados, que elevan mucho la voz pero que en realidad piden muy poco. Esta parte avanzada pierde poco a poco su car\u00e1cter &#8216;corporativo&#8217; y se transforma en una clase hegem\u00f3nica por la acci\u00f3n de dos factores: la resistencia de las viejas clases y la actividad pol\u00edtica de los jacobinos. Las viejas clases no quieren ceder nada y si ceden algo es con la intenci\u00f3n de ganar tiempo y de pasar a la contraofensiva; la burgues\u00eda habr\u00eda caido en estos &#8216;enga\u00f1os&#8217; sucesivos sin la acci\u00f3n en\u00e9rgica de los jacobinos, que se oponen a cualquier par\u00f3n inmediato y mandan a la guillotina no s\u00f3lo a los representantes de las viejas clases, sino tambi\u00e9n a los revolucionarios de ayer convertidos hoy en reaccionarios. Los jacobinos representan el \u00fanico partido de la revoluci\u00f3n, en cuanto ellos no s\u00f3lo contemplan los intereses inmediatos de las personas f\u00edsicas actuales que constituyen la burgues\u00eda francesa, sino que contemplan tambi\u00e9n los intereses tambi\u00e9n del ma\u00f1ana y no solo de aquellas determinadas personas f\u00edsicas, sino de otros estratos sociales del tercer estado que ma\u00f1ana se transformar\u00e1n en burgueses, porque ellos est\u00e1n convencidos de la &#8216;egalit\u00e9&#8217; y de la &#8216;fraternit\u00e9&#8217;. Es preciso recordar que los jacobinos no eran idealistas, aunque su lenguaje &#8216;hoy&#8217; en una nueva situaci\u00f3n y despu\u00e9s de m\u00e1s un siglo, parece &#8216;idealista&#8217;. El lenguaje de los jacobinos, su ideolog\u00eda, reflejaba perfectamente las necesidades de la \u00e9poca, seg\u00fan la tradici\u00f3n y la cultura francesa ( cfr. En La Sagrada familia el an\u00e1lisis de Marx del cual resulta que la fraseolog\u00eda jacobina correspond\u00eda perfectamente a las formulaciones de la filosof\u00eda cl\u00e1sica alemana, a la cual hoy se reconoce mayor concreci\u00f3n y que ha dado origen al historicismo moderno): 1\u00aa necesidad: eliminar a la clase adversaria o al menos reducirla a la impotencia; crear la imposibilidad de una contrarrevoluci\u00f3n; 2\u00ba ampliar los intereses de clase de la burgues\u00eda, encontrando los intereses comunes entre ella y los otros estratos del tercer estado, poner estos estratos en marcha, conducirlos a la lucha, obteniendo dos resultados: 1\u00ba oponer un adversario m\u00e1s amplio a los golpes de la clase adversaria, es decir crear una relaci\u00f3n de fuerzas militar favorable a la revoluci\u00f3n; 2\u00ba cortar a la clase adversaria cualquier zona de pasividad en la cual ella habr\u00eda creado ej\u00e9rcitos vandeanos ( sin la pol\u00edtica agraria de los jacobinos, Par\u00eds se hubiera visto rodeado por la Vend\u00e9e hasta sus propias puertas: la resistencia de la Vend\u00e9e propiamente dicha estaba ligada a la cuesti\u00f3n nacional determinada entre los Bretones por la f\u00f3rmula de la &#8216;Rep\u00fablica \u00fanica e indivisible&#8217;, a la que los jacobinos no pod\u00edan renunciar so pena del suicidio: los girondinos buscaron apoyarse sobre el federalismo para amenazar a los jacobinos, pero las tropas provinciales conducidas hasta Par\u00eds se pasaron a los jacobinos: excepto la Breta\u00f1a y otras peque\u00f1as zonas perif\u00e9ricas, la cuesti\u00f3n agraria se presentaba separada de la cuesti\u00f3n nacional, como se ve en estos y otros episodios militares: la provincia aceptaba la hegemon\u00eda de Par\u00eds, es decir los rurales comprend\u00edan que sus intereses estaban ligados a los de la burgues\u00eda). Los jacobinos forzaron la marcha pero siempre en el sentido del desarrollo hist\u00f3rico real, porque ellos fundaron no s\u00f3lo el estado burgu\u00e9s, hicieron de la burgues\u00eda la clase &#8216;dominante&#8217;, pero hicieron m\u00e1s ( en cierto sentido), hicieron de la burgues\u00eda la clase dirigente, hegem\u00f3nica, es decir dieron al Estado una base permanente.<br \/>\nQue los jacobinos permanecieron siempre sobre el terreno de clase est\u00e1 demostrado por lo acontecimientos que se\u00f1alaron su fin y el de Robespierre: ellos no quisieron reconocer a los obreros el derecho de coalici\u00f3n (ley Chapelier [ y sus consecuencias en la ley del maximum]) y as\u00ed rompieron el bloque urbano de Par\u00eds; sus fuerzas de asalto que se reun\u00edan en la Comuna, se dispersaron desilusionadas, y el Termidor tuvo el viento en la popa: la revoluci\u00f3n hab\u00eda encontrado sus l\u00edmites de clase: la pol\u00edtica de los &#8216;aliados&#8217; hab\u00eda hecho desarrollar cuestiones nuevas que entonces no pod\u00edan ser resueltas(&#8230;) \u00ab(pags. 50 y 51).<br \/>\nSi en Italia no apareci\u00f3 un partido jacobino, deben existir razones a investigar en el campo econ\u00f3mico, es decir, en la relativa debilidad de la burgues\u00eda italiana, en el clima hist\u00f3rico diferente del de Europa. La limitaci\u00f3n encontrada por los jacobinos, en su pol\u00edtica de avivamiento forzado de las energ\u00edas populares francesas que era necesario aliar a la burgues\u00eda , con la Ley Le Chapelier[ y la ley del maximum] , se presentaba en el 48 como un \u00abfantasma\u00bb amenazante, sabiamente agitado por Austria y por los viejos gobiernos, pero tambi\u00e9n por Cavour (adem\u00e1s del Papa). La burgues\u00eda no pod\u00eda ya extender su hegemon\u00eda sobre los vastos estratos que pudo abarcar en Francia, era cierto, pero la acci\u00f3n sobre los campesinos era siempre posible. Diferencia entre Francia, Alemania e Italia en el proceso de toma del poder por parte de la burgues\u00eda ( y de Inglaterra). En Francia tenemos el fen\u00f3meno completo, la mayor riqueza de elementos pol\u00edticos. En Alemania el fen\u00f3meno se parece en algunos aspectos al italiano, en otros parece el de Inglaterra. En Alemania el 48 fracasa por la poca concentraci\u00f3n burguesa ( la consigna de tipo jacobino fue dada en el 48 alem\u00e1n por Marx: \u00abrevoluci\u00f3n permanente\u00bb) y tambi\u00e9n porque la cuesti\u00f3n se interrelaciona con la cuesti\u00f3n nacional; las guerras del 64, del 66 y del 70 resuelven la cuesti\u00f3n nacional y la cuesti\u00f3n de clase de forma intermedia: la burgues\u00eda obtiene el gobierno econ\u00f3mico-industrial, pero las viejas clases feudales permanecen como clase gubernativa con amplios privilegios de casta en el ej\u00e9rcito, en la administraci\u00f3n estatal y sobre la tierra; pero por lo menos en Alemania estas viejas clases, si conservaron tanta importancia y mantuvieron tantos privilegios, ejercitaron una funci\u00f3n, fueron los \u00abintelectuales\u00bb de la burgues\u00eda con un determinado temperamento proporcionado por el origen de clase y por la tradici\u00f3n. En Inglaterra, donde la Revoluci\u00f3n burguesa se desarroll\u00f3 antes que en Francia, , tenemos el mismo fen\u00f3meno que en Alemania de fusi\u00f3n entre lo viejo y lo nuevo, a pesar de la extrema energ\u00eda de los \u00abjacobinos\u00bb ingleses, es decir de los \u00abcabezas redondas\u00bb de Cromwell: la vieja aristocracia permanece como clase gubernativa, con ciertos privilegios, y se transforma tambi\u00e9n ella en la clase intelectual de la burgues\u00eda inglesa ( v\u00e9ase a prop\u00f3sito de esto las observaciones de Engels en el prefacio ingl\u00e9s de Utop\u00eda y Ciencia, que es necesario recordar para esta investigaci\u00f3n sobre los intelectuales y sus funciones hist\u00f3ricas de clase(&#8230;)\u00bb.( pag. 53)<br \/>\n\u00ab(&#8230;) A prop\u00f3sito de la consigna \u00abjacobina\u00bb lanzada por Marx en la Alemania del 48-49 es necesario observar su complicada fortuna. Retomada, sistematizada, elaborada, intelectualizada por el grupo Parvus-Bronstein, se manifest\u00f3 inerte e ineficaz en el 1905 y a continuaci\u00f3n: era una cosa abstracta, de gabinete cient\u00edfico. La corriente que la combati\u00f3 en esta manifestaci\u00f3n intelectualizada, sin embargo, sin usarla \u00bb a prop\u00f3sito\u00bb la emple\u00f3 de hecho en su forma hist\u00f3rica, concreta, viviente, adaptada al tiempo y al lugar como brotando de todos los poros de la sociedad que era preciso transformar, de alianza entre dos clases con la hegemon\u00eda de la clase urbana.<br \/>\nEn un caso, temperamento jacobino sin el contenido pol\u00edtico adecuado, tipo Crispi; en el segundo caso, temperamento y contenido jacobinos seg\u00fan las nuevas relaciones hist\u00f3ricos, y no seg\u00fan una etiqueta intelectualista.\u00bb ( pag. 54).<\/p>\n<p><b><br \/>\nDaniel Guerin<br \/>\nLa revoluci\u00f3n francesa y nosotros<\/b><\/p>\n<p>El autor de \u00abLa lucha de clases en el apogeo de la revoluci\u00f3n francesa. 1793-1795 ( Alianza Editorial, Madrid, 1974), escribi\u00f3 el panfleto \u00abLa revoluci\u00f3n francesa y nosotros\u00bb (Editorial Villalar , Colecci\u00f3n Zimmerwald, Madrid 1977) en 1944. Lo escribi\u00f3 seg\u00fan el pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de Masper\u00f3 en 1976 como presentaci\u00f3n de su \u00abLa lucha de clases&#8230;\u00bb.Finalmente, la presentaci\u00f3n de la obra fue m\u00e1s t\u00e9cnica y no pol\u00edtica aunque la propia obra ten\u00eda, seg\u00fan Guerin, una doble finalidad: \u00abofrecer un nueva interpretaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n francesa, partiendo de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente y de la concepci\u00f3n libertaria de la revoluci\u00f3n de los de abajo; sobre todo, extraer de la mayor, m\u00e1s prolongada y m\u00e1s profunda experiencia revolucionaria vivida por Francia, orientaciones susceptibles de regenerar el socialismo revolucionario y anarquista de hoy\u00bb. Guerin decidi\u00f3 editar su in\u00e9dita presentaci\u00f3n tras el mayo del 68 que seg\u00fan su visi\u00f3n . \u00abFue un redescubrimiento de los problemas del socialismo, que confirm\u00f3 las lecciones que yo hab\u00eda intentado extraer, hace m\u00e1s de un cuarto de siglo de la lejana Revoluci\u00f3n francesa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab(&#8230;) Sin duda la burgues\u00eda tuvo su parte en la revoluci\u00f3n. \u00c9sta fue preparada por sus ide\u00f3logos. Sus parlamentarios la sacaron adelante a base de discursos y de decretos. NO puede desestimarse la obra legislativa, la acci\u00f3n militante de las asambleas revolucionarias. Pero la burgues\u00eda se mostr\u00f3 incapaz de acabar con al antiguo r\u00e9gimen feudal, clerical y absolutista sin el concurso de los brazos desnudos. Como escribe Kautsky, &#8216;para resistir a la contrarevoluci\u00f3n, hac\u00edan falta otras gentes que la burgues\u00eda, gentes que no tuviesen nada que perder en la tormenta social(&#8230;) y que aportasen a al lucha la fuerza de sus brazos\u00bb. La burgues\u00eda carec\u00eda de n\u00famero y de fuerza f\u00edsica. Rehusaba, salvo algunas excepciones, salir a la calle con las armas en la mano. Finalmente, se mostraba vacilante por miedo a perder, al asestar golpes demasiado brutales al antiguo r\u00e9gimen, su propio protagonismo de clase.<br \/>\nSin la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, por los sans-culottes parisinos, la asamblea nacional hab\u00eda terminado por sucumbir en la rebeli\u00f3n contra las bayonetas reales. Sin la marcha sobre Versalles, el 5 de octubre, de los brazos desnudos hambrientos y sin su irrupci\u00f3n en el recinto de la Asamblea, la declaraci\u00f3n de los derechos del Hombre no hubiera sido sancionada. Sin el irresistible movimiento de los campesinos , la asamblea no hubiera osado atacar, aunque t\u00edmidamente, la propiedad feudal, en la noche del 4 de agosto de 1789. Sin el poderoso concurso de las masas el 10 de agosto de 1792, la expropiaci\u00f3n sin indemnizaci\u00f3n de las rentas feudales no hubiera sido, al fin, decretada; la burgues\u00eda hubiera vacilado ante la rep\u00fablica y ante el sufragio universal.<br \/>\nA medida que la revoluci\u00f3n va progresando, se ve a los burgueses vacilar, detenerse a medio camino, y es siempre la presi\u00f3n de los brazos desnudos lo que les obliga a llevar hasta el final la revoluci\u00f3n burguesa. Como escribe el mismo Kautsky: \u00bfFueron ellos los que salvaron la revoluci\u00f3n burguesa y destruyeron el r\u00e9gimen feudal, y ello de una forma que no ten\u00eda parang\u00f3n en ning\u00fan pa\u00eds del mundo(&#8230;). Por una iron\u00eda de la historia, fueron los m\u00e1s encarnizados enemigos de los capitalistas, los que realizaron para los capitalistas lo que los capitalistas no habr\u00edan podido hacer por s\u00ed mismos\u00bb.<br \/>\nYa por este hecho la revoluci\u00f3n francesa es siempre actual. Porque incluso en la medida en que fue una revoluci\u00f3n burguesa o que llev\u00f3 al poder a la burgues\u00eda y no al proletariado, fue una revoluci\u00f3n de masas. Su estudio nos ayuda a descifrar las leyes permanentes del movimiento aut\u00f3nomo de las masas y ofrece, al mismo tiempo, a nuestro examen las formas de poder popular que las masas forjan espont\u00e1neamente en el curso de sus lucha; en este sentido, la revoluci\u00f3n francesa fue cuna, no s\u00f3lo de la democracia burguesa, sino tambi\u00e9n de la democracia de tipo comunal o sovi\u00e9tica, de la democracia de los consejos obreros.<br \/>\nPero la gran revoluci\u00f3n no fue solo una revoluci\u00f3n de masas que trabaj\u00f3, sin saberlo, para la burgues\u00eda. Fue tambi\u00e9n, en cierta medida, una revoluci\u00f3n de masas que actuaban por su propia cuenta. Las amasas no atacaron con la intenci\u00f3n de hacer una revoluci\u00f3n \u00bfburguesa?. Se sublevaron con la esperanza de aliviar su miseria, de sacudir su yugo secular. Ahora bien, el yugo secular no era s\u00f3lo el de los se\u00f1ores, el clero y los agentes del absolutismo regio, sino tambi\u00e9n el de los burgueses; se olvida demasiado, en efecto, que la burgues\u00eda no era, en v\u00edsperas de 1789, una clase novata. La burgues\u00eda detentaba ya una parte considerable del poder econ\u00f3mico. Adem\u00e1s, ya hab\u00eda sido invitada a recoger las migajas del fest\u00edn feudal: muchos burgueses hab\u00edan recibido t\u00edtulos de nobleza, gozaban de rentas feudales. En una palabra, la burgues\u00eda compart\u00eda con la aristocracia, la iglesia y la monarqu\u00eda absoluta los beneficios derivados de la explotaci\u00f3n de las clases trabajadoras. La idea de liberarse del yugo secular conduc\u00eda, naturalmente, a los oprimidos a la idea de una lucha contra todo el cuadro de los privilegiados, incluidos los burgueses.<br \/>\nM\u00e1s tarde, Babeuf no har\u00e1 m\u00e1s que expresar por escrito esta deducci\u00f3n espont\u00e1nea: \u00bf\u00bfQu\u00e9 es una revoluci\u00f3n pol\u00edtica en general?\u00bf Qu\u00e9 es la revoluci\u00f3n francesa en particular? Una guerra abierta entre los patricios y los plebeyos'(&#8230;)\u00bb<br \/>\n<b><br \/>\nLuckacs<br \/>\n\u00abEl Hombre y la democracia\u00bb<\/b><\/p>\n<p>Este texto del viejo Luck\u00e1cs fue escrito en el a\u00f1o 1968, coincidiendo con una de las \u00faltimas explosiones revolucionarias que alcanz\u00f3 caracteres mundiales y con la magnifica senectud del viejo luchador y fil\u00f3sofo comunista. Se trataba de una indagaci\u00f3n sobre el papel de la democracia cuya tesis principal podemos resumir as\u00ed: la salida del estalinismo no pod\u00eda hacerse incorporando los dogmas del liberalismo sino profundizando en la democracia socialista. Los p\u00e1rrafos que siguen corresponden al an\u00e1lisis del papel de la Revoluci\u00f3n Francesa en el proceso general de democratizaci\u00f3n. Desgraciadamente esta obra fue publicada por primera vez en h\u00fangaro el 1985. El hundimiento del socialismo real en el marasmo del neoliberalismo no ha supuesto ning\u00fan avance hacia la democracia real. Publicamos la traducci\u00f3n del texto alem\u00e1n a cargo de Mario Prilick y Myrian Kohen para la edici\u00f3n espa\u00f1ola en Editorial Contrapunto Buenos Aires, 1989.<\/p>\n<p>La forma cl\u00e1sica de la moderna democracia burguesa, la de la Revoluci\u00f3n francesa, ha surgido y se ha construido con eficacia tomando much\u00edsimo &#8211; incluso de manera consciente &#8211; del ideal de este modelo. En el plano socio-econ\u00f3mico se encuentra, sin embargo, exactamente en el polo opuesto. Al subrayar esta contradicci\u00f3n Marx destaca al mismo tiempo que la libertad e igualdad ( expresiones ideol\u00f3gicas centrales de la esencia de la democratizaci\u00f3n moderna) pueden asumir desde el punto de vista ideol\u00f3gico formas muy diferentes; pero en cuanto a la esencia econ\u00f3mico-social \u00abno s\u00f3lo son respetadas en el intercambio de valores de cambio, sino que el intercambio de valores de cambio es la base productiva real, de toda igualdad y libertad\u00bb.<br \/>\nEsta realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica del dominio de la libertad y de la igualdad significa- con todas sus contradicciones- un enorme progreso en la prehistoria de la sociedad humana; el fundamento real, objetivo, de la esencia humana o en menor medida, a los l\u00edmites naturales del ser social est\u00e1n contenidas en su manifestaci\u00f3n. La lucha social que ha producido este hecho, en su forma inmediata, directa, esta dirigida contra la articulaci\u00f3n<br \/>\nde la sociedad por clases, estructuraci\u00f3n surgida en el y del feudalismo. La feudalidad, que el joven Marx llam\u00f3 \u00abdemocracia de la no libertad\u00bb, le da a la estructura de la sociedad \u00abdirectamente\u00bb un car\u00e1cter \u00abpol\u00edtico\u00bb; \u00ablos elementos de la vida burguesa, como por ejemplo la posesi\u00f3n o la familia, o el tipo y el modo de trabajo, se hab\u00edan elevado al plano de elementos de la vida estatal, el estamento o la corporaci\u00f3n. Determinaban bajo esta forma, las relaciones entre el individuo y el conjunto del Estado, es decir, sus relaciones pol\u00edticas\u00bb.<br \/>\nLa Revoluci\u00f3n francesa destruy\u00f3 radicalmente toda esta estructura social y, con ello por primera vez en la historia del mundo, construy\u00f3 la relaci\u00f3n entre Estado y sociedad civil en t\u00e9rminos puramente sociales. Marx se\u00f1ala con raz\u00f3n que de este modo pudo unificarse materialmente por primera vez la vida pol\u00edtica con respecto a la dispersi\u00f3n que exist\u00eda en el feudalismo; liberada en lo inmediato de las caracter\u00edsticas de la sociedad civil, elevada a asunto general del pueblo con independencia real de los elementos particulares. De este modo, el objetivo de la batalla ideol\u00f3gica de siglos por introducir el \u00abreino de la raz\u00f3n\u00bb en la vida humana se convirti\u00f3 en el fundamento de la vida social.<br \/>\nS\u00f3lo que &#8211; c\u00f3mo m\u00e1s tarde lo se\u00f1al\u00f3 Engels- este reino de la raz\u00f3n se evidenci\u00f3 como el reino idealizado de la burgues\u00eda. No debemos entender aqu\u00ed el t\u00e9rmino idealizado como una acusaci\u00f3n pol\u00edtica &#8211; ideol\u00f3gica -, sino como una comprobaci\u00f3n, objetiva, cient\u00edfica de la estructura social surgida en la realidad. El mismo Marx, en la comprobaci\u00f3n te\u00f3rica de las investigaciones que acabamos de citar sobre la transformaci\u00f3n real del conjunto de la estructura social, dijo que el idealismo. del Estado, de la vida pol\u00edtica, que se produce como superaci\u00f3n del feudalismo, presupone como fundamento contrario la culminaci\u00f3n del materialismo de la sociedad burguesa. Ejemplifica esta contradictoria unidad entre Estado y sociedad civil, entre idealismo y materialismo en la vida de la sociedad, en la vida de cada hombre individual en cuanto miembro suyo, analizando el primer gran documento pr\u00e1ctico de esta transformaci\u00f3n- el texto de las Constituciones de la Revoluci\u00f3n francesa.<br \/>\nEsta observaci\u00f3n se basa en la oposici\u00f3n-unidad entre homme (bourgeois) y citoyen. Citoyen significa obviamente el ciudadano devenido idealmente, desligado de todas las ataduras materiales de la existencia socio-econ\u00f3mica; el hombre, a la inversa, es el que forma parte de la sociedad civil. Marx no dej\u00f3 de se\u00f1alar que las Constituciones revolucionarias en lo que respecta a esta vinculaci\u00f3n indisoluble (en tanto todo citoyen es tambi\u00e9n homme) denigran al ciudadano como servidor de los denominados derechos humanos. Con esto se reconoce la real supremac\u00eda social del hombre material, productivo (privado) sobre el ciudadano ideal.<br \/>\nDe esta manera, tambi\u00e9n se determina con precisi\u00f3n el lugar de esta democracia en el gran proceso de desarrollo de la humanidad, de la formaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, de la humanizaci\u00f3n del hombre. Acerca de la forma m\u00e1s general de la situaci\u00f3n social del hombre de la democracia burguesa, ahora un ser concreto &#8211; as\u00ed reconocido -, Marx dice que los otros hombres constituyen para \u00e9l no la realizaci\u00f3n sino el l\u00edmite de su libertad. Y esa es la realidad social b\u00e1sica del capitalismo: el- sujeto- de la praxis real en la sociedad es el hombre egoista, el hombre y, por ello, simplemente particular. Aqu\u00ed como componente necesarios de esta fase del desarrollo, la generalidad del hombre alcanza un nivel m\u00e1s alto, en t\u00e9rminos sociales objetivos, que en cualquier otra formaci\u00f3n precedente, menos social; la generalidad que realiza la vida gen\u00e9rica real del hombre se presenta como \u00aboposici\u00f3n a su vida material\u00bb.<br \/>\nNaturalmente, en los d\u00edas tumultuosos de la gran transformaci\u00f3n todo est\u00e1 formulado con mayor pathos; con mayor pasi\u00f3n que luego durante el tiempo prosaico de la realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica. De estos momentos de entusiasmo parte la superabundancia -desde el Renacimiento reiteradamente. Actualizada &#8211; del modelo de la antigua democracia de la polis. No se trata de ninguna extravagancia literaria o intelectual. Fue necesario, dice Marx, a prop\u00f3sito de la Revoluci\u00f3n francesa, el hero\u00edsmo para darle vida. Sus protagonistas necesitaron ideales, e incluso ilusiones \u00abpara ocultarse a s\u00ed mismos el contenido burguesamente limitado de sus luchas y mantener su pasi\u00f3n a la altura de la gran tragedia hist\u00f3rica\u00bb. Estos momentos de pasi\u00f3n heroica con frecuencia vuelven a identificar, de manera hist\u00f3ricamente falsa, las dos grandes formas de democratizaci\u00f3n &#8211; en realidad intr\u00ednsecamente antit\u00e9ticas- pasando negligentemente por alto ante sus contradicciones sociales. Sin embargo, la revoluci\u00f3n triunf\u00f3 e instaur\u00f3 un proceso real en el cual las determinaciones ontol\u00f3gicas de la democracia burguesa se convirtieron en formas dominantes del mundo estatal capitalista. La m\u00e1scara ideol\u00f3gica arcaica de la polis debi\u00f3 perder toda realidad social. Cuando fue utilizada como medio ideol\u00f3gico, despu\u00e9s del triunfo de la revoluci\u00f3n, result\u00f3 una mentira, una caricatura, un enga\u00f1o consciente; 1a materialidad econ\u00f3mica del democr\u00e1tica ciudadano de la polis que vive y comercia como poseedor de una parcela no podr\u00e1 nunca m\u00e1s ser restaurada.. Su ser social no tiene nada en com\u00fan con el sujeto del intercambio de mercanc\u00edas, con la libertad y la igualdad que lo caracterizan en su pr\u00e1ctica: materialmente en la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas, idealmente en su superestructura estatal.<br \/>\n2. Las tendencias necesarias del desarrollo de la democracia burguesa.<br \/>\nHasta aqu\u00ed pudimos s\u00f3lo se\u00f1alar el principio econ\u00f3mico m\u00e1s general que opone a estas dos formas de democracia entre s\u00ed. Una estructura no es, contrariamente a lo que hoy dicen las teor\u00edas de moda, un principio est\u00e1tico por su naturaleza, es decir no-hist\u00f3rico; sino el fundamento ontol\u00f3g\u00edco y &#8211; justamente por esto, ante todo &#8211; din\u00e1mica desarrollo de toda formaci\u00f3n.<br \/>\nHab\u00edamos visto como en la relaci\u00f3n necesaria con el desarrollo de las fuerzas productivas terminaba por destruirse la igualdad de los propietarios de parcelas, base econ\u00f3mica de la democracia de la polis. Observemos ahora las tendencias din\u00e1micas que la ant\u00edtesis entre el materialismo de la sociedad burguesa y el idealismo del Estado contiene en s\u00ed misma y desarrolla como tendencia del movimiento.<br \/>\nLa pr\u00e1ctica materialmente orientada del homme de la sociedad burguesa tiene un car\u00e1cter din\u00e1mico universal, posee entonces la tendencia de someter a sus intereses todos los fen\u00f3menos de la formaci\u00f3n social con los cuales entra en relaci\u00f3n. En consonancia con todas las observaciones imparciales de este per\u00edodo, Marx describe el consecuente proceso de acci\u00f3n con el cual el homme de la sociedad capitalista act\u00faa hacia las instituciones de \u00e9sta, hacia la superestructura \u00abideal\u00bb, en los t\u00e9rminos siguientes: \u00abEl burgu\u00e9s se comporta ante las instituciones de su r\u00e9gimen como el jud\u00edo ante la ley: la burla siempre que puede, en todos y cada uno de los casos concretos, pero quiere que todos los dem\u00e1s se atengan a ella y la respeten.\u00bb<br \/>\nEl hecho en general no constituye desde el punto de vista hist\u00f3rico una novedad. El Estado de toda sociedad es un arma ideol\u00f3gica para combatir los conflictos de clase. Sin embargo, cuando un determinado sector de ciudadanos de la polis, por ejemplo, compra la propiedad de aquellos que se han empobrecido, contribuye a disolver la comunidad parcelaria y, cualquiera sea su intenci\u00f3n, de hecho impulsa en la pr\u00e1ctica la descomposici\u00f3n de la propia democracia de la polis. Esta conducta que describe Marx, y tambi\u00e9n otros (pensadores honestos, especialmente escritores), promueve en el plano econ\u00f3mico el desarrollo del capitalismo y, al mismo tiempo, adapta la superestructura estatal a las necesidades econ\u00f3micas que se han desarrollado de este modo. La superestructura democr\u00e1tica debe mantener desde el nivel socio-ontol\u00f3gico en general su car\u00e1cter \u00abideal\u00bb, su contenido, cuyas formas de acci\u00f3n se ci\u00f1en cada vez m\u00e1s a las necesidades del homme. Que estos contenidos (y las formas de acci\u00f3n que se desprenden de ellos) adquieran una validez social general, representados por grupos econ\u00f3micos importantes, no cambia en nada los principios fundamentales de la cuesti\u00f3n (por lo menos para nuestra perspectiva). Para nosotros importa que los movimientos sociales tengan suficiente fuerza para provocar modificaciones en la base econ\u00f3mica, para incidir sobre su relaci\u00f3n din\u00e1mica-estructural con la superestructura \u00abideal\u00bb. Quien intente estudiar tales tendencias en t\u00e9rminos no fetichistas, no debe perder de vista que todo movimiento de masas puede ser s\u00f3lo un tipo particular de s\u00edntesis de tales actos pr\u00e1cticos personales. Cuando Marx se remonta a la deformaci\u00f3n interior del ser individual en todo comportamiento de este tipo, en el plano del ser adquiere una profunda justificaci\u00f3n desde el punto de vista socio-ontol\u00f3gico. Es aqu\u00ed donde se confirma la exactitud de la comprobaci\u00f3n seg\u00fan la cual de este tipo de acciones del genero humano- se deduce la deformaci\u00f3n de la generalidad del hombre (en t\u00e9rminos individuales inmediatos: de su relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo).<br \/>\nPor contradictorio que aparente ser el aspecto l\u00f3gico-formal o gnoseol\u00f3gico, la actuaci\u00f3n social en los t\u00e9rminos m\u00e1s puros posibles del \u00abidealismo\u00bb de la superestructura es el medio m\u00e1s eficaz para posibilitar la realizaci\u00f3n sin dificultades de las tendencias materiales-ego\u00edstas en la vida social. No es ninguna casualidad que el formalismo abstracto del derecho se haya desarrollado de esta manera y merezca el mayor prestigio en tales condiciones. Tampoco es ninguna casualidad &#8211; volviendo a nuestro verdadero problema- que el m\u00e1s perfecto, el m\u00e1s expl\u00edcito \u00abidealismo\u00bb abstracto de las formas de gobierno del Estado, sea el instrumento m\u00e1s apropiado para que se afirmen los intereses ego\u00edstas-capitalistas sin dificultad bajo el pretexto de intereses generales, ideales. Resumiendo. cuanto m\u00e1s puro el. parlamentarismo; cuanto m\u00e1s t\u00edpica la realizaci\u00f3n central de este idealismo estatal &#8211; aparentemente independiente, formalmente aut\u00f3nomo de la vida real de la sociedad -; cuando m\u00e1s llega a ser un instrumento con valor de figurar como un \u00f3rgano puro de la voluntad ideal del pueblo, tanto m\u00e1s apropiado como instrumento para hacer valer los intereses ego\u00edstas de los grupos capitalistas, precisamente bajo la apariencia de una ilimitada libertad e igualdad. Por esto quiz\u00e1s la expresi\u00f3n \u00abapariencia\u00bb no sea totalmente exacta. Pues aqu\u00ed no se realiza simplemente una apariencia de libertad e igualdad, sino precisamente su esencia econ\u00f3mica, la que ellas representan en verdad en la circulaci\u00f3n capitalista de mercanc\u00edas.<br \/>\nLa lucha para obtener una forma pura de parlamentarismo (por ejemplo, la lucha por el sufragio universal), por su omnipotencia como legisladora y supervisora de la vida de\u00a1 Estado, ocupa en los hechos la vida pol\u00edtica a partir de las grandes revoluciones de los siglos XVII y XVIII. Sobre una parte de estas luchas, sobre la superaci\u00f3n de los restos de la estructura por estamentos, no vale la pena detenernos aqu\u00ed; pertenecen en la esencial, por lo menos en los pa\u00edses capitalistas desarrollados, al pasado. Nos parece mucho m\u00e1s importante dirigir nuestra atenci\u00f3n hacia los pasos decisivos en el intento de organizar una democracia\u00bb en el sentido de las grandes revoluciones, resultado de las luchas de masas en las cuales siempre debi\u00f3 emprenderse una correcci\u00f3n democr\u00e1tica\u00bb del parlamentarismo \u00abpuro\u00bb dispuesto. Los dem\u00f3cratas plebeyamente radica- les cuyas masas sirvieron en el ej\u00e9rcito de Cromwell en la \u00e9poca de la Revoluci\u00f3n inglesa, los revolucionarios plebeyos de las secciones parisinas, presionaron sobre el parlamento cuando fue necesario dispersarlo o diezmarlo para crear \u00f3rganos que estuvieran en condiciones de expresar los verdaderos intereses del pueblo trabajador. Reci\u00e9n la \u00abGloriosa Revoluci\u00f3n\u00bb en Inglaterra y el r\u00e9gimen de Luis-Felipe m\u00e1s tarde en la Tercera Rep\u00fablica Francesa fueron capaces de impedir tales intromisiones \u00abno deseadas\u00bb y de asegurarle al parlamento esa libertad e igualdad formal que se correspond\u00eda con los intereses de los grupos capitalistas dominantes. No debemos nunca olvidar que en \u00e9pocas de crisis &#8211; basta pensar en el affaire Dreyfuss &#8211; surgen en el horizonte pol\u00edtico, desde luego ahora ya atenuadas, las posibilidades de correcciones plebeyo-democr\u00e1ticas. De hecho, en la teor\u00eda pol\u00edtica del siglo XIX aparece continuamente la oposici\u00f3n entre el democratismo consolidado en el pueblo y el liberalismo parlamentario. No necesitamos destacarlo: con el triunfo pr\u00e1cticamente indiscutible del segundo.<\/p>\n<p><b><br \/>\nWolfgang Harich<br \/>\n\u00bfComunismo sin crecimiento? Babeuf y el club de Roma<\/b><\/p>\n<p>Harich, comunista cr\u00edtico en la RDA ( estuvo ocho a\u00f1os en la c\u00e1rcel estalinista entre el 56 y el 64), public\u00f3 en occidente este libro de entrevistas el a\u00f1o 1975. Como escribiera Manuel Sacrist\u00e1n en la presentaci\u00f3n de la edici\u00f3n espa\u00f1ola del libro ( ed. Materiales, Barcelona 1978) : \u00ab\u00c9l se caracteriza por poner en el centro de una revisi\u00f3n marxista revolucionaria el problema ecol\u00f3gico, el problema de la relaci\u00f3n hombre naturaleza: &#8216;(&#8230;) nada hay m\u00e1s conforme a la \u00e9poca&#8217; dice Harich en su entrevista al Extra-Dients (1977), &#8216;que ese lema de Rousseau. \u00bfVuelta a la naturaleza ! Aunque hay que puntualizar que Rousseau no fue un rom\u00e1ntica pasadista, sino un eminente pensador revolucionario, por lo que en realidad, ese lema deber\u00eda transformarse, para permanecer fiel a su sentido, as\u00ed: \u00a1Adelante a la naturaleza!&#8217;. Harich piensa que las fuerzas productivas materiales han alcanzado un estadio de desarrollo que ya no se puede rebasar sin consecuencias destructivas irreparables, de modo que &#8216;a partir de ahora el proceso de acumulaci\u00f3n de capital choca con el l\u00edmite \u00faltimo, absoluto, detr\u00e1s del cual est\u00e1n ya al acecho los demonios de la aniquilaci\u00f3n de la vida, de la autoaniquilaci\u00f3n de toda vida humana\u00bb. Publicamos a continuaci\u00f3n un extracto de las cartas de Harich a Freimut Duve sobre la figura de Babeuf que sirve a nuestro autor como plataforma desde la que reformular el sistema de necesidades humanas que se esconde detr\u00e1s de cada sistema econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>\u00abBerl\u00edn 3 de mayo de 1975<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n fue Babeuf? Es f\u00e1cil saberlo recurriendo a cualquier diccionario enciclop\u00e9dico. Acerca del \u00abbabeufismo\u00bb como doctrina puede uno enterarse de la mejor manera por el M\u00e1s reciente Ph\u00edlosoph\u00edsches W\u00f6rterbuch de la RDA, en dos tomos, editado por Manfred Burh y Georg Kiaus, Berl\u00edn 1974. Ilia Ehrenburg y Ferdinand May han escrito novelas hist\u00f3ricas sobre la \u00abconspiraci\u00f3n de los iguales\u00bb de Babeuf, de 1795\/96, utilizando en ambos casos las memorias de su amigo Filippo Buonarotti. En Wagenbach, Berl\u00edn Occidental, aparecer\u00e1 pr\u00f3ximamente un libro que trata tanto de las afinidades como de las diferencias entre Babeuf y Marx en relaci\u00f3n con sus principios de organizaci\u00f3n y su t\u00e1ctica pol\u00edtica. En estas condiciones me parece aconsejable dejar al margen todos los datos hist\u00f3ricos acerca de Babeuf que yo pensaba exponer en el marco de la s\u00e9ptima entrevista y limitarme a unas breves observaciones.<br \/>\nBabeuf intent\u00f3 aportar, desde el principio, a la revoluci\u00f3n francesa, tanto a su ideolog\u00eda como a su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica, un concepto del comunismo agrario aprendido de Morelly, que era entonces prematuro y que, por tanto, estaba condenado al fracaso. Babeuf perteneci\u00f3 presumiblemente a la oposici\u00f3n de extrema izquierda a Robespierre; pero tras la ca\u00edda de \u00e9ste, en 1794, se sum\u00f3 pronto a los perseguidos partidarios de Robespierre que hicieron retroceder el 9 de Termidor y que, contra la resistencia de la gran burgues\u00eda victoriosa, intentaron restablecer la democracia jacobina de 1793, es decir, la dictadura de la Convenci\u00f3n dominada por el Comit\u00e9 de Salud P\u00fablica. Encerrados en prisi\u00f3n, los m\u00e1s decididos partidarios de este empe\u00f1o se dieron cuenta de que hab\u00eda que movilizar y organizar a su favor a las capas populares m\u00e1s pobres y hambrientas y, en estas condiciones, el tambi\u00e9n prisionero Babeuf gan\u00f3 sobre ellos, con sus amplios ideales comunistas, una gran influencia. El motivo: la dictadura de los jacobinos hab\u00eda fracasado por la contradicci\u00f3n que supon\u00eda proclamar, de un lado, la propiedad privada como un derecho humano inalienable e intentar, de otro lado, suprimir su consecuencia directa, la b\u00fasqueda capitalista del enriquecimiento individual, mediante decretos de prohibici\u00f3n y el terror. Con la exigencia de la prohibici\u00f3n de toda propiedad privada, Babeuf ofrec\u00eda la f\u00f3rmula que promet\u00eda superar este dilema.<br \/>\nParece que en aquel momento los republicanos puros, los herederos de Robespierre, Saint-Just y Marat, ve\u00edan mayoritariamente en las consignas comunistas un simple medio para ganarse a las masas miserables, mientras que, por el contrario, Babeuf y sus fieles aspiraban a la vuelta a la constituci\u00f3n democr\u00e1tica de 1793 \u00fanicamente como punto de partida de un poder pol\u00edtico orientado a la transformaci\u00f3n gradual de las relaciones de propiedad con la meta final del comunismo. Las relaciones entre ambos grupos parecen haber sido, no obstante, m\u00e1s bien fluidas y, en cualquier caso, contaban como elemento de uni\u00f3n con la oposici\u00f3n com\u00fan a los termidorianos, al Directorio de la gran burgues\u00eda, al que inmediatamente despu\u00e9s de la amnist\u00eda conseguida en 1795 se empez\u00f3 a combatir con intensidad y con un notable empuje de masas.<br \/>\nA la represi\u00f3n de sus actividades legales, Babeuf y sus camaradas respondieron con el paso a la lucha ilegal. As\u00ed se constituy\u00f3 la \u00abconspiraci\u00f3n de los iguales\u00bb. El levantamiento popular general que preparaban no se llev\u00f3, sin embargo, a cabo. Un traidor de entre sus propias filas entreg\u00f3 el plan del levantamiento al gobierno del Directorio, que hizo detener inmediatamente a las cabezas de la conspiraci\u00f3n. Despu\u00e9s de un largo proceso, Babeuf y algunos de sus m\u00e1s estrechos colaboradores en la conspiraci\u00f3n fueron ejecutados en 1797, en tanto que los dem\u00e1s acusados fueron, en parte, deportados y, en parte, dejados en libertad por falta de pruebas.<br \/>\nUno de los deportados era Buonarotti. A\u00f1os despu\u00e9s escribi\u00f3, bas\u00e1ndose en sus recuerdos, un libro acerca de la historia y la doctrina de la conspiraci\u00f3n de Babeuf. Publicado en 1828 en Bruselas, al principio mereci\u00f3 escasa atenci\u00f3n, pero a partir de mediados de los a\u00f1os treinta encontr\u00f3 una gran audiencia en el joven movimiento obrero franc\u00e9s en proceso de formaci\u00f3n cuando \u00e9ste estaba empezando a dejar de ir a remolque de la oposici\u00f3n republicana &#8211; peque\u00f1oburguesa &#8211; a la monarqu\u00eda de julio, as\u00ed como entre los cartistas ingleses. Si la ejecuci\u00f3n de Babeuf elimin\u00f3, por tanto, el \u00faltimo obst\u00e1culo revolucionario-plebeyo en el camino del despliegue del capitalismo en el continente europeo, cuatro decenios m\u00e1s tarde, el renacimiento temporal de sus ideas, con la mediaci\u00f3n del viejo Buonarotti, inici\u00f3 la independizaci\u00f3n de la moderna lucha de clases proletaria, su emancipaci\u00f3n pol\u00edtica con respecto a la tutela liberal. As\u00ed pues, Babeuf est\u00e1 como precursor m\u00e1s cerca del marxismo que el socialismo ut\u00f3pico estrictamente burgu\u00e9s (Saint-Simon, Fourier), aun cuando siga siendo verdad que \u00e9ste, por su riqueza de ideas, estimul\u00f3 en una medida mucho mayor a Marx y Engels que el primitivo patrimonio ideol\u00f3gico que Buonarotti pod\u00eda ofrecerles.<\/p>\n<p>Berl\u00edn, 4 de mayo 1975.<br \/>\nS\u00f3lo esto con respecto a Babeuf. Volvamos ahora a la primera \u00abherej\u00eda\u00bb que usted, Se\u00f1or Duve, cree ver en m\u00ed. En nuestra \u00faltima conversaci\u00f3n me puso frente a ese pasaje del Manifiesto Comunista donde Marx y Engels acusan al comunismo de Babeuf de ser \u00abpor su contenido, necesariamente reaccionario\u00bb, pues predica \u00abun ascetismo general y un tosco igualitarismo\u00bb. A esto adjuntaba usted la observaci\u00f3n de que quien, como yo, enarbola la consigna de \u00ab\u00a1Vuelta a Babeuf!\u00bb es imposible que pretenda al mismo tiempo aparecer como un marxista ortodoxo.<br \/>\nEn principio debo decirle que se pueden encontrar otros pasajes de Marx y Engels en los que hay valoraciones muy positivas acerca de Babeuf. En \u00e9l, dicen en una ocasi\u00f3n, el comunismo \u00abaparece por primera vez como expresi\u00f3n de un partido comunista aut\u00e9nticamente en acci\u00f3n\u00bb. En Babeuf ven a alguien que apoy\u00e1ndose en la experiencia pr\u00e1ctica de la lucha popular, revolucionaria, se dio cuenta de que \u00abcon la eliminaci\u00f3n de la cuesti\u00f3n social de la aristocracia y con la rep\u00fablica no ven\u00eda a solucionarse ninguna \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb en el sentido del proletariado.\u00bb No obstante, no quiero extenderme con estas y similares citas. Para ir al n\u00facleo del problema, hay que centrarse en otro punto.<br \/>\nLa historia europea de las ideas incluye una l\u00ednea en la tradici\u00f3n del pensamiento social que es, en \u00faltima instancia, de origen gran-burgu\u00e9s. Se trata de una l\u00ednea que lleva de Voltaire, pasando por Condorcet, a Saint-Simon, y de \u00e9ste y sus partidarios (Heine entre ellos) al marxismo. Se caracteriza esta tradici\u00f3n por una actitud favorable y afirmativa con respecto al progreso y ha estado en todo momento tan estrechamente ligada al ascenso de la producci\u00f3n industrial, a la que refleja, que incluso antes de la aparici\u00f3n de Marx y Engels empez\u00f3 en parte a modificar, y en parte a sustituir por completo, el legado de Babeuf entre los trabajadores con consciencia de clase a medida que \u00e9stos se entend\u00edan a s\u00ed mismos como proletariado industrial moderno. Pienso, a este respecto, en la resonancia de la utop\u00eda de Cabet, en neobabeufistas como D\u00e9zamy y, por lo que a Alemania se refiere, en Weitling.<br \/>\nLa herencia de ideas ut\u00f3pico-socialistas que arrancan de aqu\u00ed fue primero reelaborada cr\u00edticamente por Marx y Engels, que las sintetizaron luego con las aportaciones racionales de la historiograf\u00eda de la \u00e9poca de la Restauraci\u00f3n, de la dial\u00e9ctica hegeliana, del materialismo de Feuerbach, de las teor\u00edas de la econom\u00eda pol\u00edtica inglesa cl\u00e1sica (Smith, Ricardo). E hicieron bien d\u00e1ndole a todo esto la primac\u00eda. Porque la industrializaci\u00f3n estaba en aquella \u00e9poca a la orden del d\u00eda, estaba \u00aben su momento\u00bb y se trataba de asegurar al proletariado, en tanto que productor de los logros que hab\u00eda que agradecer a aqu\u00e9lla, al menos una parte de sus bendiciones. De permanecer condenado al ascetismo babeufiano, el proletariado hubiera quedado atenazado en su miseria y en su penuria en vez de haber enviado, como Babeuf quer\u00eda, a los ricos al diablo, tarea para la que en el siglo XIX faltaban a\u00fan todas las precondiciones.<br \/>\nLo que ahora estamos viviendo, sin embargo, es, simplemente, que el progreso industrial, tanto en condiciones socialistas, como, sobre todo, en condiciones capitalistas, choca con barreras naturales inesquivables, lo que hace que el dominio de la l\u00ednea de tradici\u00f3n volteriana en el marxismo, o al menos eso afirmo yo, deje de resultar conforme a las exigencias de la \u00e9poca. Y si en este contexto recuerdo a Babeuf es porque quiero verle reivindicado como el primer adepto del Jean-Jacques Rousseau joven de orientaci\u00f3n comunista, de quien, en mi opini\u00f3n, parte otra l\u00ednea de tradici\u00f3n que va a ser en el futura de m\u00e1s importancia para el marxismo que la de Voltaire, Condorcet y Saint-Simon. Es de origen preindustrial, campesino-peque\u00f1oburquesa y desde un principio radical-democr\u00e1tica, pero democr\u00e1tica no en el sentido del sistema pol\u00edtico pluralista de la burgues\u00eda, sino en el sentido del &#8211; altamente autoritario, extremadamente dictatorial &#8211; jacobinismo. Jacobinismo en relaci\u00f3n con el cual acaso no convenga olvidar que su m\u00e1s glorioso representante, Robespierre, exactamente igual que su continuador comunista Babeuf, figuraba entre los m\u00e1s entusiastas roussonianos.<br \/>\nRousseau era el gran ant\u00edpoda de Voltaire. Y \u00bfpor qu\u00e9 lo era? Podemos encontrar la respuesta en el Diccionario filos\u00f3fico de Voltaire, donde se rechaza la filosof\u00eda de Rousseau afirmando de ella que es la de \u00abun paria miserable cuyo deseo es que todos los ricos sean desvalijados por los pobres para que la uni\u00f3n fraternal de los hombres se realice m\u00e1s f\u00e1cilmente.\u00bb Dado que el antagonismo de clase, articulado en este veredicto, es el n\u00facleo del conflicto entre los dos grandes pensadores &#8211; como ocurre de hecho -, el marxismo, por mucho que reconozca la funci\u00f3n hist\u00f3ricamente progresiva de la riqueza burguesa en el siglo XVIII, no puede tomar abiertamente partido, aunque solo sea por su bien conocida preferencia por los \u00abparias miserables\u00bb, por Voltaire contra Rousseau. Aunque tan lejos nunca ha llegado a ir, desde luego.<br \/>\nNi siquiera en la valoraci\u00f3n de la &#8211; aparentemente tan reaccionaria &#8211; cr\u00edtica roussoniana de la civilizaci\u00f3n. Sobre \u00e9sta Voltaire le escribi\u00f3 en 1755 a Rousseau, con referencia al ejemplar dedicado que \u00e9ste le hab\u00eda enviado de\u00a1 Tratado acerca del origen y del fundamento de la desigualdad entre los hombres: \u00abLey\u00e9ndolo dan ganas de andar a cuatro patas. Sin embargo, dado que hace ya 60 a\u00f1os que abandon\u00e9 este h\u00e1bito, me es, por desgracia, imposible recuperarlo de nuevo, por lo que dejo esta postura tan natural a hombres que sean m\u00e1s aptos para ella que usted y que yo.\u00bb Es una invectiva humor\u00edstica contra la \u00abvuelta a la naturaleza\u00bb roussoniana. Otros ilustrados interpretaban la misma consigna como si se tratara de la recomendaci\u00f3n de que los hombres volvieran a alimentarse, como los jabal\u00edes, de ra\u00edces y bellotas. Al igual que Voltaire, sin embargo, estaban en un error y hay que decir que le corresponde a la filosof\u00eda cl\u00e1sica alemana, lo mismo que al marxismo, que adopt\u00f3 como punto de partida la plenitud de \u00e9sta en manos de Hegel y Feuerbach, el honor de haber penetrado con mayor profundidad en este punto. Con otras palabras, que sin perjuicio de sus muy fuertes afinidades con la tradici\u00f3n favorable a la civilizaci\u00f3n de ra\u00edz volteriana, no compart\u00edan aquella mala interpretaci\u00f3n de las aut\u00e9nticas intenciones de Rousseau. Lo cual, creo yo, capacita nuevamente, cuando no fuerza, a los marxistas de hay a relativizar tambi\u00e9n el juicio que se emite en el Manifiesto Comunista acerca de un Babeuf en la l\u00ednea de Rousseau.<br \/>\nEn una \u00e9poca en que con la eliminaci\u00f3n del feudalismo estaba a la orden del d\u00eda de la historia el dominio de la gran burgues\u00eda, Rousseau dio imperturbablemente expresi\u00f3n a los intereses de las capas populares peque\u00f1o-burquesas y plebeyas. Para \u00e9l, por tanto, resultaba inaceptable la idea de un progreso uniforme, lineal, mejorador y favorecedor de la sociedad en su conjunto. La historia mundial le demostraba que la masa de los pobres hab\u00eda sido siempre oprimida por los ricos y poderosos. De aqu\u00ed conclu\u00eda que el proceso de la civilizaci\u00f3n s\u00f3lo resultaba beneficioso a quienes poseyeran la suficiente riqueza como para estar en condiciones de apropiarse de los bienes materiales y espirituales en aumento y que esto, por las desigualdades no naturales que persistir\u00edan, ten\u00eda necesariamente que llevar a la difusi\u00f3n de la depravaci\u00f3n moral de toda la sociedad. As\u00ed se conjugaba en \u00e9l el postulado democr\u00e1tico-plebeyo de igualdad con la cr\u00edtica a la civilizaci\u00f3n, de resonancias conservadoras, inherentes a la ,,vuelta a la naturaleza\u00bb. Sin embargo, Rousseau no entend\u00eda por ese regreso, en absoluto, tal como le imputaban los volterianos, la vuelta de\u00a1 hombre a alimentarse de bellotas y a desplazarse a cuatro patas. Rousseau pensaba algo distinto, algo que, bien mirado, tendr\u00eda que relacionarse m\u00e1s bien con esta f\u00f3rmula: \u00abadelante hacia la naturaleza \u00ab&#8216; Lo que \u00e9l vislumbraba era una cultura que con sus medios &#8211; de los que ya no pod\u00eda hacerse abstracci\u00f3n en la historia- restableciera a un nivel superior el estado natural de igualdad entre los hombres, su vida arm\u00f3nica en com\u00fan, su felicidad en ello basada, su com\u00fan sensibilidad moral. Y sus escritos tend\u00edan a darle esta clase de orientaci\u00f3n tanto al desarrollo de\u00a1 todo social como al del individuo.<br \/>\nEl primer pensador que comprendi\u00f3 esto fue Kant. Rousseau quer\u00eda, escribe Kant en 1786, \u00abresolver el dif\u00edcil problema de c\u00f3mo tiene que proceder la cultura para desarrollar las potencialidades y disposiciones de la humanidad, en tanto que moral, de forma coherente con su determinaci\u00f3n, de tal modo que \u00e9sta no se oponga ya a aqu\u00e9lla en tanto que especie natural.\u00bb En 1794 Fichte adopt\u00f3 an\u00e1loga posici\u00f3n en relaci\u00f3n con el empe\u00f1o de Rousseau. Para Rousseau, subrayaba, el \u00abregreso\u00bb era en realidad \u00abavance\u00bb: \u00abPara \u00e9l ese abandonado estado natural es la meta \u00faltima a la que ha de proyectarse finalmente la humanidad ahora depravada y deformada. Procede a hacer precisamente lo que nosotros hacemos: trabaja para conformar ulteriormente a la humanidad a su manera y para fomentar su avance en direcci\u00f3n a su meta suprema.\u00bb Esto se dice en el escrito de Fichte \u00dcber d\u00ede Best\u00edmmung des Gelehrten. Y la filosof\u00eda de la historia propia de Fichte, expuesta en los Grundz\u00fcgen des gegenw\u00e1rtigen Zeitalters (1806) representa un intento \u00fanico de traducir la herencia intelectual as\u00ed entendida de Rousseau en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-universal. La historia mundial enlaza, seg\u00fan este texto, con un estado natural paradis\u00edaco y arm\u00f3nico en el que la raz\u00f3n, a\u00fan sin comprenderse a s\u00ed misma, domina necesariamente como un impulso ciego. De aqu\u00ed se pasa a una segunda \u00e9poca en la que la autoconsciencia inicial del individuo choca con la ley de la totalidad como si se tratase de un imperativo externo, pero al que a\u00fan se somete. Posteriormente, ambos entran en conflicto y se llega al rechazo, por parte del individuo, de toda autoridad. La raz\u00f3n parece perdida. Su ciego dominio ya se ha truncado; ya no reconocer\u00e1 a ning\u00fan poder externo; sin embargo, a\u00fan no se ha alcanzado su dominio consciente querido y aceptado de modo universal. La humanidad vive en el \u00abestadio de pecaminosidad consumada\u00bb. Y solo a partir de \u00e9l puede, con lo que se cierra el proceso, pasar la era del \u00abarte de la raz\u00f3n\u00bb en la que nuevamente se recobra la armon\u00eda inicial, pero recuperada a trav\u00e9s de la libertad, en tanto que obra consciente de los hombres, los cuales determinan de manera creadora y aut\u00f3noma su vida de acuerdo con sus eternos fines naturales.<br \/>\n(&#8230;)\u00bb<\/p>\n<p><b>Henri Guillemin<br \/>\n\u00a1Los pobres a callar!<\/b><\/p>\n<p>Durante la celebraci\u00f3n del segundo centenario de la revoluci\u00f3n francesa (1989), frente a la operaci\u00f3n revisionista algunos historiadores reaccionaron en clave de defender los aspectos sociales de aquella revoluci\u00f3n y la necesaria continuidad entre cualquier pensamiento emancipador y aspectos de la obra revolucionaria sobre todo del 73 al 75. Uno de ellos, fue Henri Guillemin. Reproducimos aqu\u00ed el pr\u00f3logo de su obra ( \u00ab\u00a1 Los pobres a callar!\u00bb, Grijalbo Mondadori, Barcelona 1997), que consciente y acertadamente se autocalifica de libelo.<\/p>\n<p>\u00abHab\u00eda pensado en Elogio de los vencidos. Pero para entender este t\u00edtulo hab\u00eda que leer antes este breve escrito.- \u00bflos \u00abvencidos\u00bb ? Los que fueron liquidados el 9 de termidor, en la m\u00e1s bonita fiesta de la guillotina, ciento diez cabezas cortadas en cuarenta y ocho horas, el 10 y el 11. Los que hab\u00edan cre\u00eddo en la Revoluci\u00f3n, una revoluci\u00f3n que no s\u00f3lo cambiar\u00eda las estructuras, sino que ante todo y sobre todo modificar\u00eda la concepci\u00f3n humana de la vida, del uso de los d\u00edas. Inmediatamente apareci\u00f3, l\u00edmpido, este t\u00edtulo: \u00a1Los pobres, a callar!<br \/>\nDos razones me han como empujado por detr\u00e1s para dictarme este&#8230; \u00bfqu\u00e9? dicho en plan pedante, este compendio de los sucesos que se desarrollaron en Francia de 1789 a 1799, este \u00abresumen did\u00e1ctico\u00bb de la Revoluci\u00f3n. Primer m\u00f3vil: el estado violento de \u00abinsoportaci\u00f3n\u00bb (el neologismo es de Flaubert) en que me ha sumido la ostentaci\u00f3n estridente y perentoria de una doctrina seg\u00fan la cual la Revoluci\u00f3n, por un lado, se diluye a lo largo de cerca de un siglo, y por otro &#8211; ah\u00ed est\u00e1 el gran invento- \u00abpierde el control\u00bb (esa es la palabra clave, la contrase\u00f1a, la marca del iniciado), pierde el control, s\u00ed, muy deprisa. Desde la Legislativa el mal est\u00e1 hecho; dicho de otra forma, lo sensato habr\u00eda sido un gobierno al estilo Luis Felipe. De modo que la Rep\u00fablica es el resultado de un patinazo. No est\u00e1 mal para el bicentenario. Original, en todo caso.<br \/>\nEl otro m\u00f3vil que se ha apoderado de mi bol\u00edgrafo para darle fiebre es el asunto de la propiedad, demasiado olvidado, creo yo, en los relatos y comentarios al uso sobre la Revoluci\u00f3n. Lo que hay que saber, porque es fundamental, es que a partir de la reuni\u00f3n de los Estados Generales cundi\u00f3 el p\u00e1nico entre les honn\u00e9tes gens, la \u00abgente honrada\u00bb, f\u00f3rmula que debemos, creo, a La Fayette; gente honrada = gente de bien, gente que \u00abtiene bien\u00bb, bienes, dicho de otra forma, los propietarios, frente a los que fueron excluidos del derecho a voto y de la guardia nacional ,los no propietarios, la \u00abgente de nada\u00bb ( gens de rien). Robespierre fue de los pocos &#8211; de los poqu\u00edsimos &#8211; revolucionarios que pretendieron crear una \u00abconciencia de clase\u00bb entre los explotados ( del campo y de la ciudad). No lo consigui\u00f3. Demasiado pronto. Esperemos a la expansi\u00f3n industrial del siglo posterior y a las concentraciones de proletarios. En cambio, entre la gente de bien, vaya si est\u00e1 ah\u00ed, desde el 89, la conciencia de clase, viva, os lo aseguro, l\u00facida, asustada, agresiva. Basta con ver y escuchar a Madame de St\u00e4el, a Si\u00e8yes, a Barnave y a otros muchos. Y todo gir\u00f3 en torno a este asunto, con el pavor (creciente durante cinco a\u00f1os) de \u00ablos que tienen\u00bb en presencia de \u00ablos que no tienen\u00bb, y a los que a toda costa ( y constantemente) hay que vigilar y contener, primero con un despliegue amenazador de fuerza el 14 de julio de 1790, y luego con un uso crepitante y persuasivo, el 17 de julio de 1791.<br \/>\nLas tres asambleas que gobernaron hasta el Directorio, La Nacional, la legislativa y la convenci\u00f3n todas ellas- tambi\u00e9n la Convenci\u00f3n- estuvieron formadas por propietarios. La primera, al d\u00eda siguiente de los disturbios rurales de julio de 1789, tuvo buen cuidado de dotar a la Propiedad de un atributo in\u00e9dito, reforzado, solemne. Y podremos admirar a Danton, que el d\u00eda en que la Convenci\u00f3n celebr\u00f3 su primera sesi\u00f3n aport\u00f3 un adverbio inesperado y grandioso en apoyo de la fortuna adquirida. Odioso, intolerable ese Robespierre que en abril de 1793 os\u00f3 proponer un l\u00edmite oficial al derecho a la propiedad. Estaba loco, era un malhechor un \u00abanarquista\u00bb.<br \/>\nPor fin, el 9 de termidor, la \u00abgente honrada\u00bb respir\u00f3 aliviada. \u00a1Que liberaci\u00f3n! En el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica hab\u00edan llegado a intervenir en el orden econ\u00f3mico -estableciendo un \u00abm\u00e1ximo\u00bb para el precio de los art\u00edculos en oto\u00f1o del 93-, cuando el dogma de los girondinos implicaba una abstenci\u00f3n rigurosa, absoluta , del estado en este terreno. Fue la Convenci\u00f3n -si, la misma-, mostrando su verdadero rostro despu\u00e9s de quitarse la m\u00e1scara que se hab\u00eda puesto por miedo a los robespierristas, la que aclam\u00f3 a Boissy d&#8217; Anglas cuando expuso en la tribuna esta verdad fundamental: \u00abUn pa\u00eds gobernado por los propietarios est\u00e1 en el orden natural\u00bb.<br \/>\nPero la rectificaci\u00f3n de termidor era imperfecta, insuficiente. Subsist\u00eda el principio republicano, esencialmente temible en s\u00ed mismo. Brumario cerr\u00f3 el par\u00e9ntesis siniestro abierto por el 10 de agosto de 1792 y el sufragio universal. Se acabaron las elecciones \u00abdel todo\u00bb y la rep\u00fablica, Necker y sus amigos banqueros recuperaron la dicha y la beatitud. La \u00abgente de nada\u00bb \u00a1chit\u00f3n!, y de una vez por todas.<\/p>\n<p><b>E.J. Hobsbawn<br \/>\nLos ecos de la marsellesa<\/b><\/p>\n<p>El historiador brit\u00e1nico escribi\u00f3 su trascendental obra en 1989, ampliando los textos de unas conferencias que dio en la Rutgers University de New Brunswick. El libro constituye un interesante ensayo sobre las repercusiones pol\u00edticas de la revoluci\u00f3n francesa a lo largo de dos siglos, as\u00ed como sobre la evoluci\u00f3n de la historiograf\u00eda revolucionaria. Por su inter\u00e9s, publicamos aqu\u00ed un extracto de su \u00faltimo cap\u00edtulo titulado \u00abSobrevivir al revisionismo, sin notas a pie de p\u00e1gina. Insistimos en la importancia de la lectura completa de esta obra que hallaremos en Editorial Cr\u00edtica, Barcelona 1992.<\/p>\n<p>\u00bb (&#8230;) En resumen, el revisionismo sobre la historia de la Revoluci\u00f3n francesa no es m\u00e1s que un aspecto de un revisionismo mucho m\u00e1s amplio sobre el proceso del desarrollo occidental (y luego global) hacia, y en, la era del capitalismo. No afecta s\u00f3lo a la interpretaci\u00f3n marxista, sino a la mayor\u00eda de interpretaciones hist\u00f3ricas de estos procesos, pues a la luz de los extraordinarios cambios que han transformado el mundo desde el final de la segunda guerra mundial, todos parecen defender la necesidad de reflexionar. No existe un precedente hist\u00f3rico de cambios tan r\u00e1pidos, profundos y (en t\u00e9rminos socioecon\u00f3micos) revolucionarios en un per\u00edodo tan breve. Muchas cosas que al principio pasaron inadvertidas se hicieron patentes a la luz de esta experiencia contempor\u00e1nea. Muchas cosas que se dieron por sentadas aparecen cuestionadas. Adem\u00e1s, no s\u00f3lo los or\u00edgenes hist\u00f3ricos y el desarrollo de la sociedad moderna requieren ciertas reconsideraciones, sino que encontrarnos en id\u00e9ntica situaci\u00f3n a los mism\u00edsimos objetivos de di- chas sociedades, los cuales vienen siendo aceptados desde el siglo XVIII por todos los reg\u00edmenes modernos, capitalistas y (desde 1917) socialistas, a saber, el progreso tecnol\u00f3gico y el crecimiento econ\u00f3mico ilimitados. Los debates sobre lo que tradicionalmente (y leg\u00edtimamente) se ha considerado el episodio capital del desarrollo del mundo moderno, que constituye uno de sus hitos m\u00e1s destacado, deben situarse en el contexto m\u00e1s amplio del final del siglo xx, reconsiderando su pasado y su futuro en el contexto de la transformaci\u00f3n del mundo. Mas la Revoluci\u00f3n francesa no deber\u00eda convertirse retrospectivamente en la cabeza de turco que justifique nuestra incapacidad para comprender el presente.<br \/>\nCon revisionismo o sin \u00e9l, no olvidemos lo que resultaba obvio para todas las personas con una educaci\u00f3n en el siglo XIX y que todav\u00eda sigue si\u00e9ndolo: la relevancia de la Revoluci\u00f3n. El mismo hecho de que doscientos a\u00f1os despu\u00e9s siga siendo objeto de apasionados debates pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos, tanto acad\u00e9micos como p\u00fablicos, lo demuestra. Uno no pierde los estribos ante cuestiones muertas. En su segundo centenario, la Revoluci\u00f3n francesa no ha derivado en una especie de celebraci\u00f3n nacional a lo \u00abHappy Birthday to You\u00bb (cumplea\u00f1os feliz) como ha sucedido con el Bicentenario de los Estados Unidos, ni en una mera excusa para el turismo. Adem\u00e1s, el bicentenario fue un acontecimiento que trascendi\u00f3 lo puramente franc\u00e9s. En una gran parte del mundo los medios de comunicaci\u00f3n, de la prensa a la televisi\u00f3n, le dieron un grado de preeminencia que casi nunca se otorga a los acontecimientos relativos a un solo pa\u00eds extranjero, y en una parte todav\u00eda mayor del mundo los acad\u00e9micos le concedieron un trato de cinco estrellas. Unos y otros conmemoraron la Revoluci\u00f3n con el convencimiento de que era relevante para la realidad contempor\u00e1nea.<br \/>\nSin duda, la Revoluci\u00f3n francesa fue un conjunto de acontecimientos suficientemente poderoso y universal en su impacto como para transformar permanentemente aspectos importantes del mundo y para presentar, o al menos dar nombre, a las fuerzas que contin\u00faan transform\u00e1ndolo.<br \/>\nIncluso si dejamos Francia aparte, cuya estructura legal, administrativa y educativa sigue siendo en esencia la que le leg\u00f3 la Revoluci\u00f3n que estableci\u00f3 y dio nombre a los departamentos donde viven los franceses, siguen siendo numerosos los cambios permanentes cuyo origen se remonta a la Revoluci\u00f3n. La mitad de los sistemas legales del mundo se basan en el c\u00f3digo legal cuyas bases sent\u00f3. Pa\u00edses tan alejados de 1789 como el Ir\u00e1n fundamentalista son b\u00e1sicamente estados nacionales territoriales estructurados seg\u00fan el modelo que la Revoluci\u00f3n trajo al mundo junto a gran parte del vocabulario pol\u00edtico moderno. Todos los cient\u00edficos del mundo, y fuera de los Estados Unidos todos los lectores de este libro, siguen pagando un tributo cotidiano a la Revoluci\u00f3n al utilizar el sistema m\u00e9trico que \u00e9sta invent\u00f3 y propag\u00f3. M\u00e1s concretamente, la Revoluci\u00f3n francesa devino parte de las historias nacionales de grandes zonas de Europa, Am\u00e9rica e incluso Oriente Medio, a trav\u00e9s del impacto directo sobre sus territorios y reg\u00edmenes (por no mencionar los modelos ideol\u00f3gicos y pol\u00edticos que se derivaron de ella, ni la inspiraci\u00f3n o el terror que suscitaba su ejemplo). \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda comprender la historia de, por ejemplo, Alemania a partir de 1789 sin ella? De hecho, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda entender algo de la historia del siglo XIX sin ella?<br \/>\nPor otra parte, si algunos de los modelos establecidos por la Revoluci\u00f3n francesa ya no tienen mucho inter\u00e9s pr\u00e1ctico, por ejemplo la revoluci\u00f3n burguesa (aunque no ser\u00eda acertado decir lo mismo de otros, como el estado territorial de ciudadanos o el \u00abestado-naci\u00f3n\u00bb), otras de sus innovaciones mantienen su potencial pol\u00edtico. La Revoluci\u00f3n francesa hizo ver a los pueblos que su acci\u00f3n pod\u00eda cambiar la historia, y de paso les ofreci\u00f3 el eslogan m\u00e1s poderoso jam\u00e1s formulado dada la pol\u00edtica de democracia y gente com\u00fan que inaugur\u00f3: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Este efecto hist\u00f3rico de la Revoluci\u00f3n no lo desmiente la demostraci\u00f3n de que (salvo moment\u00e1neamente) es probable que la mayor\u00eda de hombres y mujeres franceses no estuvieran implicados en la Revoluci\u00f3n, permaneciendo inactivos y, a veces, incluso hostiles; ni de que la mayor\u00eda de ellos no fuesen jacohinos entusiastas; o de que la Revoluci\u00f3n francesa viera mucho gobierno \u00aben nombre del pueblo\u00bb pero muy poco gobierno del pueblo, caso que se da en la mayor\u00eda de los dem\u00e1s reg\u00edmenes a partir de 1789; o de que sus l\u00edderes tend\u00edan a identificar \u00abel pueblo\u00bb con la gente \u00abbienpensante\u00bb, como tambi\u00e9n es el caso en algunos otros. La Revoluci\u00f3n francesa demostr\u00f3 el poder de la gente corriente de un modo que ning\u00fan gobierno posterior se ha permitido a s\u00ed mismo olvidar (aunque s\u00f3lo sea en la forma de ej\u00e9rcitos de reclutas improvisados y mal adiestrados que derrotaron a las mejores y m\u00e1s experimentadas tropas de los antiguos reg\u00edmenes).<br \/>\nDe hecho, la paradoja del revisionismo es que pretende disminuir la significancia hist\u00f3rica y la capacidad de transformaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n, cuyo extraordinario y duradero impacto es totalmente evidente y s\u00f3lo puede pasar desapercibido mediante la combinaci\u00f3n del provincianismo intelectual y el uso de anteojeras, o debido a la miop\u00eda monogr\u00e1fica que es la enfermedad profesional de la investigaci\u00f3n especializada en archivos hist\u00f3ricos.<br \/>\nEl poder de pueblo, que no es lo mismo que la versi\u00f3n domesticada de \u00e9ste expresada en elecciones peri\u00f3dicas mediante sufragio universal, se ve en pocas ocasiones, y se ejerce en menos. Cuando se da, como sucedi\u00f3 en varios continentes y ocasiones en el a\u00f1o del bicentenario de la Revoluci\u00f3n francesa (cuando transform\u00f3 los pa\u00edses de la Europa del Este), es un espect\u00e1culo impresionante y sobrecogedor. En ninguna revoluci\u00f3n anterior a 1789 fue tan evidente, tan inmediatamente efectivo ni tan decisivo. Fue lo que hizo que la Revoluci\u00f3n francesa fuese una revoluci\u00f3n. Por eso no puede haber revisionismo alguno sobre el hecho de que \u00abhasta principios del verano de 1789, el conflicto entre \u00abarist\u00f3cratas\u00bb y \u00abpatriotas\u00bb en la Asamblea Nacional se pareci\u00f3 al tipo de lucha sobre una constituci\u00f3n que sacudi\u00f3 a la mayor\u00eda de pa\u00edses europeos a partir de mediados de siglo &#8230; Cuando la gente corriente intervino en julio y agosto de 1789, transform\u00f3 el conflicto entre elites en algo bastante distinto\u00bb, aunque s\u00f3lo fuese porque provoc\u00f3, en cuesti\u00f3n de semanas, el colapso entre el poder y la administraci\u00f3n estatales y el poder de la clase rural dirigente. Esto es lo que confiri\u00f3 a la Declaraci\u00f3n de los Derechos del Hombre una resonancia internacional mucho mayor de la que tuvieron los modelos norteamericanos que la inspiraron; lo que hizo que las innovaciones de Francia (incluido su nuevo vocabulario pol\u00edtico) fuesen aceptadas m\u00e1s r\u00e1pidamente en el exterior; lo que cre\u00f3 sus ambig\u00fcedades y conflictos; y lo que la convirti\u00f3 en el acontecimiento \u00e9pico, terrible, espectacular y apocal\u00edptico que le confiri\u00f3 su singularidad, a la vez horripilante e inspiradora.<br \/>\nEsto es lo que hizo que los hombres y mujeres pensaran en ella como \u00abla m\u00e1s terrible y trascendental serie de acontecimientos de toda la historia\u00bb. Es lo que hizo que Carlyle escribiera: \u00abPara m\u00ed, a menudo es como si la verdadera Historia (esa cosa imposible a la que me refiero cuando digo Historia) de la Revoluci\u00f3n francesa fuese el gran Poema de nuestro Tiempo, como si el hombre que podr\u00eda escribir la verdad sobre ella valiera tanto como todos los dem\u00e1s escritores y rapsodas juntos\u00bb. Y esto es lo que hace que carezca de sentido que un historiador seleccione las partes de ese gran trastorno que merecen ser conmemoradas y las que deber\u00edan rechazarse. La Revoluci\u00f3n que lleg\u00f3 a ser \u00abel punto de partida de la historia del siglo XIX\u00bb no es este o aquel episodio entre 1789 y 1815, sino el conjunto de todos ellos.<br \/>\nAfortunadamente, sigue viva. Pues la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, junto con los valores de la raz\u00f3n y la Ilustraci\u00f3n (aquellos sobre los que se ha construido la civilizaci\u00f3n moderna desde los d\u00edas de la Revoluci\u00f3n norteamericana) son m\u00e1s necesarios que nunca cuando el irracionalismo, la religi\u00f3n fundamentalista, el oscurantismo y la barbarie est\u00e1n ganando terreno otra vez. De modo que bueno es que en el a\u00f1o del bicentenario hayamos tenido ocasi\u00f3n de pensar de nuevo sobre los extraordinarios acontecimientos hist\u00f3ricos que transformaron el mundo hace dos siglos. Que sea para bien\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a9EspaiMarx 2002<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Frente a quienes como Ferenc Feher nos invitan a &quot;cerrar la Revoluci\u00f3n francesa&quot;, pensamos que \u00e9sta puede continuar siendo fuente de reflexiones y ense\u00f1anzas para los que queremos un mundo de &quot;libres e iguales&quot;. Tanto para nuestras reflexiones sobre los or\u00edgenes de la tradici\u00f3n comunista, como sobre el papel de la democracia en la humanizaci\u00f3n de la especie, como sobre los procesos de transici\u00f3n de un modo de producci\u00f3n a otro, como sobre la urgencia del comunismo frente a la crisis ecol\u00f3gica. Prueba de la potencia del modelo que ofrece la Revoluci\u00f3n Francesa para pensar sobre todos estos problemas puede ser cualquiera de estos siete textos de siete autores bien diferentes entre ellos ( por su \u00e9poca, por su perspectiva, por su enfoque), pero que nos aportan visiones creemos que convergentes y complementarias para una reflexi\u00f3n emancipadora de futuro.  Pedro Kropotkin  &quot;La Gran Revoluci\u00f3n Francesa&quot;  De su obra &quot;La Gran Revoluci\u00f3n Francesa&quot; publicada en 1909. El texto que extraemos corresponde a la edici\u00f3n argentina de Editorial Proyecci\u00f3n, Buenos Aires, 1976. Traducci\u00f3n de Anselmo Lorenzo. Presentaci\u00f3n de Diego Abad de Santill\u00e1n.  &quot;Pero al mismo tiempo, la Gran Revoluci\u00f3n nos ha legado otros principios, de un alcance mucho mayor: los principios comunistas. Ya hemos visto c\u00f3mo durante toda la Gran Revoluci\u00f3n trabajaron para salir a la luz, y tambi\u00e9n c\u00f3mo, despu\u00e9s de la ca\u00edda de los girondinos, se hicieron muchos intentos, y alguno de ellos grandioso en esa direcci\u00f3n. El fourierismo desciende en l\u00ednea recta de l&#8217; Ange, por una parte, y por otra de Chalier; Babeuf es hijo directo de las ideas que apasionaron a las masas populares en 1793. Babeuf, Buonarroti y Sylvain Mar\u00e9chal no hicieron m\u00e1s que sintetizarlas algo o exponerlas en forma literaria. Pero las sociedades secretas de Babeuf y de Bounarroti son el origen de las sociedades secretas de los &quot;comunistas materialistas&quot;, en las que Blanqui y Barb\u00e9s conspiraron bajo la monarqu\u00eda burguesa de Lu\u00eds Felipe. Despu\u00e9s surgi\u00f3 La Internacional por filiaci\u00f3n directa. En cuanto al &#8216;socialismo&#8217;, se sabe hoy que esa palabra fue puesta en boga para evitar la denominaci\u00f3n de &#8216;comunista&#8217;, que en cierto per\u00edodo fue peligrosa, porque las sociedades secretas comunistas, convertidas en sociedades de acci\u00f3n , eran perseguidas a muerte por la burgues\u00eda gobernante. As\u00ed pues, hay filiaci\u00f3n directa desde las &#8216;rabiosos&#8217; de 1793 y el Babeuf de 1795 hasta la Internacional. Pero hay tambi\u00e9n filiaci\u00f3n en las ideas. El socialismo moderno no ha a\u00f1adido nada absolutamente, a las ideas que circulaban en 1789-1794 en el pueblo franc\u00e9s, y que se trat\u00f3 de poner en pr\u00e1ctica durante el a\u00f1o II de la rep\u00fablica. Lo \u00fanico que ha hecho el socialismo moderno es poner esas ideas en sistemas y hallar argumentos en su favor, sea volviendo contra los economistas burgueses algunas de sus propias definiciones, sea generalizando los hechos del desarrollo del capitalismo industrial en el curso del siglo XIX. Pero yo me permitir\u00e9 afirmar que, por vago que fuese, por poco apoyado que estuviera en argumentos de aspecto cient\u00edfico, por poco uso que hiciera de la jerga pseudo-cient\u00edfica de los economistas burgueses, el comunismo popular de los primeros a\u00f1os de la Rep\u00fablica ve\u00eda m\u00e1s claro y analizaba m\u00e1s profundamente que el socialismo moderno. En primer lugar era el comunismo del consumo ( la comunalizaci\u00f3n y la nacionalizaci\u00f3n del consumo) lo que propon\u00edan los buenos republicanos del 1793, cuando quer\u00edan establecer sus almacenes de trigos y de comestibles en cada municipio, cuando formulaban una estad\u00edstica para fijar el &#8216;verdadero valor&#8217; de los objetos de &#8216;primera y segunda necesidad&#8217; y cuando inspiraban a Robespierre esta palabra profunda: lo superfluo de los art\u00edculos de consumo es lo \u00fanico que puede ser objeto de comercio, porque lo necesario pertenece a todos.  Procedente de las necesidades mismas de la vida tormentosa de aquellos a\u00f1os, el comunismo de 1793, con su afirmaci\u00f3n del derecho de todos a las subsistencias, y a la tierra para producirlas, su negaci\u00f3n de los derechos territoriales fuera de lo que una familia pod\u00eda cultivar ( la hacienda de &quot;120 arpentas, medida de 22 pies&quot;), y su tentativa de comunalizar le comercio, iban m\u00e1s directamente al fondo de las cosas que todos los programas m\u00ednimos y aun los considerados m\u00e1ximos de la actualidad. Resulta, pues, que lo que se aprende hoy al estudiar la Gran Revoluci\u00f3n es que fue el manantial de todas las concepciones comunistas, anarquistas y socialistas de nuestra \u00e9poca. Conoc\u00edamos mal todos a nuestra madre; pero la reconocemos hoy entre aquellos descamisados, y nos hacemos cargo de lo que puede ense\u00f1arnos. La humanidad marcha de etapa en etapa, y sus etapas est\u00e1n marcadas en centenares de a\u00f1os por grandes revoluciones. Despu\u00e9s de los Pa\u00edses Bajos, despu\u00e9s de Inglaterra, que hizo su revoluci\u00f3n en 1648.1657, toc\u00f3 el turno a Francia Cada gran revoluci\u00f3n ha tenido adem\u00e1s algo de original y propio. Inglaterra y Francia abolieron una y otra el absolutismo real; pero al abolirlo, Inglaterra se ocup\u00f3 ante todo de los derechos personales del individuo, especialmente en religi\u00f3n, como tambi\u00e9n de los derechos locales de cada parroquia y de cada municipio; Francia fij\u00f3 principalmente su atenci\u00f3n sobre la propiedad de la tierra, y al herir en el coraz\u00f3n el r\u00e9gimen feudal hiri\u00f3 a la vez la gran propiedad y lanz\u00f3 al mundo la idea de la nacionalizaci\u00f3n del suelo y de la socializaci\u00f3n del comercio y de las principales industrias. \u00bfQu\u00e9 naci\u00f3n tomar\u00e1 sobre s\u00ed la tarea terrible y gloriosa de la pr\u00f3xima Gran revoluci\u00f3n? Se ha podido creer por el momento que ser\u00eda Rusia; pero si Rusia lleva su revoluci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de una simple limitaci\u00f3n del poder imperial, si toca revolucionariamente la gran cuesti\u00f3n de la propiedad territorial, \u00bfhasta d\u00f3nde llegar\u00e1? \u00bfSabr\u00e1 y podr\u00e1 evitar la falta cometida por las asambleas francesas, y dar\u00e1 el suelo, socializado, a quienes quieran cultivarle con sus brazos? No lo sabemos. La respuesta a esa pregunta pertenece al dominio de la profec\u00eda. Lo positivo y lo cierto es que, sea cual fuera la naci\u00f3n que entre hoy en la v\u00eda de las revoluciones, heredar\u00e1 lo que nuestros abuelos hicieron en Francia. La sangre que derramaron, la derramaron por la humanidad. Las penalidades que sufrieron, a la humanidad entera las dedicaron. Sus luchas, sus ideas, sus controversias constituyen el patrimonio de la humanidad. Todo ello ha producido sus frutos y producir\u00e1 otros a\u00fan, m\u00e1s bellos y grandiosos, abriendo a la humanidad amplios horizontes con las palabras Libertad, Igualdad, Fraternidad, que brillan como un faro hacia el cual nos dirigimos.  Antonio Gramsci Cuadernos de la C\u00e1rcel  La concepci\u00f3n gramsciana del jacobinismo se desarrolla a lo largo de los Quaderni del Carcere en numerosas menciones. El \u00edndice tem\u00e1tico de la edici\u00f3n completa de los cuadernos de Valentino Gerratana ( Publicada por Einaudi Editori , Torino 1975) registra 26 llamadas correspondientes al conjunto de los Cuadernos. Estas llamadas est\u00e1n complementadas con 34 llamadas sobre la historia de Francia, y muchas otras en temas como cesarismo, relaci\u00f3n campo-ciudad, concepto de nacional-popular, hegemonia y capacidad de direcci\u00f3n&#8230; El conjunto revela toda una concepci\u00f3n org\u00e1nica y evolutiva del jacobinismo con diversos niveles conceptuales de gran potencia. Todo ello dependiente del desarrollo historiogr\u00e1fico contempor\u00e1neo a la \u00e9poca en que fueron escritos los Cuadernos. Parece que la obra de Mathiez era ampliamente conocida y utilizada por Gramsci. Traducimos del primer cuaderno.(1929-1930), algunos fragmentos significativos del conocido pasaje titulado: &quot; \u00a7(44) Direcci\u00f3n pol\u00edtica de clase antes i despu\u00e9s de la entrada en el gobierno.( Tomo I. pags. 40-54) .Se indica la p\u00e1gina de los Quaderni donde pueden encontrarse dichos fragmentos.  (&#8230;)&quot; Comparaci\u00f3n entre jacobinos y Partito di Azione: los jacobinos lucharon animosamente para asegurar el ligamen entre ciudad y campo; fueron derrotados porque debieron sofocar las veleidades de clase de los obreros; su continuador es Napole\u00f3n y hoy son los radicales-socialistas(&#8230;)&quot; ( pag. 43) &quot;(&#8230;) Por muchos aspectos parece que la diferencia entre muchos hombres del Partito di Azione y los moderados era m\u00e1s de &#8216;temperamento&#8217; que pol\u00edtica. La palabra &#8216;jacobino&#8217; acab\u00f3 asumiendo dos significados: uno es el significado propio, hist\u00f3ricamente caracterizado: un determinado partido de la revoluci\u00f3n francesa, que conceb\u00eda la revoluci\u00f3n de una forma determinada, con un determinado programa, sobre la base de determinadas fuerzas sociales y que explic\u00f3 su acci\u00f3n de partido y de gobierno con una determinada acci\u00f3n met\u00f3dica caracterizada por una extrema energ\u00eda y resoluci\u00f3n que depend\u00edan de la creencia fan\u00e1tica en la bondad de aquel programa y de aquel m\u00e9todo. En el lenguaje pol\u00edtico los dos aspectos del jacobinismo fueron escindidos y se llam\u00f3 jacobino al hombre pol\u00edtico en\u00e9rgico y resuelto porque estaba fan\u00e1ticamente persuadido de les virtudes taumat\u00fargicas de sus ideas. Crispi es jacobino solo en \u00e9ste sentido. Por su programa, \u00e9l fue un moderado puro y simple. Su &#8216;obsesi\u00f3n&#8217; jacobina fue la unidad pol\u00edtico-territorial del pa\u00eds (&#8230;)&quot;( pag. 45). &quot;(&#8230;) A prop\u00f3sito del jacobinismo y del partito d&#8217;Azione un elemento a recordar es que los jacobinos conquistaron con la lucha su funci\u00f3n de partido dirigente: ellos se impusieron sobre la burgues\u00eda francesa conduci\u00e9ndola hasta una posici\u00f3n mucho m\u00e1s avanzada de aquella que la burgues\u00eda hubiera querido &#8216;espont\u00e1neamente&#8217; e incluso mucho m\u00e1s avanzada de aquella que las premisas hist\u00f3ricas hab\u00edan de consentir, y por eso se dieron los contragolpes y la funci\u00f3n de Napole\u00f3n. Este rasgo caracter\u00edstico del jacobinismo y de la revoluci\u00f3n francesa de forzar la situaci\u00f3n ( aparentemente) y de crear hechos consumados irreparables, tirando hacia delante a la burgues\u00eda a base de patadas en el trasero, por parte de un grupo de hombres extremadamente en\u00e9rgicos y resueltos puede ser &#8216;esquematizado&#8217; as\u00ed: el tercer estado era el menos homog\u00e9neo de los tres estados; la burgues\u00eda constitu\u00eda su parte m\u00e1s avanzada culturalmente y econ\u00f3micamente; el desarrollo de los acontecimientos franceses muestra el desarrollo de esta parte, que inicialmente pone las cuestiones que solo interesan a sus componentes f\u00edsicos actuales, sus intereses &#8216;corporativos&#8217; inmediatos ( corporativos en un sentido especial, de inmediatos y egoistas de un determinado grupo restringido social); los precursores de la revoluci\u00f3n son reformistas moderados, que elevan mucho la voz pero que en realidad piden muy poco. Esta parte avanzada pierde poco a poco su car\u00e1cter &#8216;corporativo&#8217; y se transforma en una clase hegem\u00f3nica por la acci\u00f3n de dos factores: la resistencia de las viejas clases y la actividad pol\u00edtica de los jacobinos. Las viejas clases no quieren ceder nada y si ceden algo es con la intenci\u00f3n de ganar tiempo y de pasar a la contraofensiva; la burgues\u00eda habr\u00eda caido en estos &#8216;enga\u00f1os&#8217; sucesivos sin la acci\u00f3n en\u00e9rgica de los jacobinos, que se oponen a cualquier par\u00f3n inmediato y mandan a la guillotina no s\u00f3lo a los representantes de las viejas clases, sino tambi\u00e9n a los revolucionarios de ayer convertidos hoy en reaccionarios. Los jacobinos representan el \u00fanico partido de la revoluci\u00f3n, en cuanto ellos no s\u00f3lo contemplan los intereses inmediatos de las personas f\u00edsicas actuales que constituyen la burgues\u00eda francesa, sino que contemplan tambi\u00e9n los intereses tambi\u00e9n del ma\u00f1ana y no solo de aquellas determinadas personas f\u00edsicas, sino de otros estratos sociales del tercer estado que ma\u00f1ana se transformar\u00e1n en burgueses, porque ellos est\u00e1n convencidos de la &#8216;egalit\u00e9&#8217; y de la &#8216;fraternit\u00e9&#8217;. Es preciso recordar que los jacobinos no eran idealistas, aunque su lenguaje &#8216;hoy&#8217; en una nueva situaci\u00f3n y despu\u00e9s de m\u00e1s un siglo, parece &#8216;idealista&#8217;. El lenguaje de los jacobinos, su ideolog\u00eda, reflejaba perfectamente las necesidades de la \u00e9poca, seg\u00fan la tradici\u00f3n y la cultura francesa ( cfr. En La Sagrada familia el an\u00e1lisis de Marx del cual resulta que la fraseolog\u00eda jacobina correspond\u00eda perfectamente a las formulaciones de la filosof\u00eda cl\u00e1sica alemana, a la cual hoy se reconoce mayor concreci\u00f3n y que ha dado origen al historicismo moderno): 1\u00aa necesidad: eliminar a la clase adversaria o al menos reducirla a la impotencia; crear la imposibilidad de una contrarrevoluci\u00f3n; 2\u00ba ampliar los intereses de clase de la burgues\u00eda, encontrando los intereses comunes entre ella y los otros estratos del tercer estado, poner estos estratos en marcha, conducirlos a la lucha, obteniendo dos resultados: 1\u00ba oponer un adversario m\u00e1s amplio a los golpes de la clase adversaria, es decir crear una relaci\u00f3n de fuerzas militar favorable a la revoluci\u00f3n; 2\u00ba cortar a la clase adversaria cualquier zona de pasividad en la cual ella habr\u00eda creado ej\u00e9rcitos vandeanos ( sin la pol\u00edtica agraria de los jacobinos, Par\u00eds se hubiera visto rodeado por la Vend\u00e9e hasta sus propias puertas: la resistencia de la Vend\u00e9e propiamente dicha estaba ligada a la cuesti\u00f3n nacional determinada entre los Bretones por la f\u00f3rmula de la &#8216;Rep\u00fablica \u00fanica e indivisible&#8217;, a la que los jacobinos no pod\u00edan renunciar so pena del suicidio: los girondinos buscaron apoyarse sobre el federalismo para amenazar a los jacobinos, pero las tropas provinciales conducidas hasta Par\u00eds se pasaron a los jacobinos: excepto la Breta\u00f1a y otras peque\u00f1as zonas perif\u00e9ricas, la cuesti\u00f3n agraria se presentaba separada de la cuesti\u00f3n nacional, como se ve en estos y otros episodios militares: la provincia aceptaba la hegemon\u00eda de Par\u00eds, es decir los rurales comprend\u00edan que sus intereses estaban ligados a los de la burgues\u00eda). Los jacobinos forzaron la marcha pero siempre en el sentido del desarrollo hist\u00f3rico real, porque ellos fundaron no s\u00f3lo el estado burgu\u00e9s, hicieron de la burgues\u00eda la clase &#8216;dominante&#8217;, pero hicieron m\u00e1s ( en cierto sentido), hicieron de la burgues\u00eda la clase dirigente, hegem\u00f3nica, es decir dieron al Estado una base permanente. Que los jacobinos permanecieron siempre sobre el terreno de clase est\u00e1 demostrado por lo acontecimientos que se\u00f1alaron su fin y el de Robespierre: ellos no quisieron reconocer a los obreros el derecho de coalici\u00f3n (ley Chapelier [ y sus consecuencias en la ley del maximum]) y as\u00ed rompieron el bloque urbano de Par\u00eds; sus fuerzas de asalto que se reun\u00edan en la Comuna, se dispersaron desilusionadas, y el Termidor tuvo el viento en la popa: la revoluci\u00f3n hab\u00eda encontrado sus l\u00edmites de clase: la pol\u00edtica de los &#8216;aliados&#8217; hab\u00eda hecho desarrollar cuestiones nuevas que entonces no pod\u00edan ser resueltas(&#8230;) &quot;(pags. 50 y 51). Si en Italia no apareci\u00f3 un partido jacobino, deben existir razones a investigar en el campo econ\u00f3mico, es decir, en la relativa debilidad de la burgues\u00eda italiana, en el clima hist\u00f3rico diferente del de Europa. La limitaci\u00f3n encontrada por los jacobinos, en su pol\u00edtica de avivamiento forzado de las energ\u00edas populares francesas que era necesario aliar a la burgues\u00eda , con la Ley Le Chapelier[ y la ley del maximum] , se presentaba en el 48 como un &quot;fantasma&quot; amenazante, sabiamente agitado por Austria y por los viejos gobiernos, pero tambi\u00e9n por Cavour (adem\u00e1s del Papa). La burgues\u00eda no pod\u00eda ya extender su hegemon\u00eda sobre los vastos estratos que pudo abarcar en Francia, era cierto, pero la acci\u00f3n sobre los campesinos era siempre posible. Diferencia entre Francia, Alemania e Italia en el proceso de toma del poder por parte de la burgues\u00eda ( y de Inglaterra). En Francia tenemos el fen\u00f3meno completo, la mayor riqueza de elementos pol\u00edticos. En Alemania el fen\u00f3meno se parece en algunos aspectos al italiano, en otros parece el de Inglaterra. En Alemania el 48 fracasa por la poca concentraci\u00f3n burguesa ( la consigna de tipo jacobino fue dada en el 48 alem\u00e1n por Marx: &quot;revoluci\u00f3n permanente&quot;) y tambi\u00e9n porque la cuesti\u00f3n se interrelaciona con la cuesti\u00f3n nacional; las guerras del 64, del 66 y del 70 resuelven la cuesti\u00f3n nacional y la cuesti\u00f3n de clase de forma intermedia: la burgues\u00eda obtiene el gobierno econ\u00f3mico-industrial, pero las viejas clases feudales permanecen como clase gubernativa con amplios privilegios de casta en el ej\u00e9rcito, en la administraci\u00f3n estatal y sobre la tierra; pero por lo menos en Alemania estas viejas clases, si conservaron tanta importancia y mantuvieron tantos privilegios, ejercitaron una funci\u00f3n, fueron los &quot;intelectuales&quot; de la burgues\u00eda con un determinado temperamento proporcionado por el origen de clase y por la tradici\u00f3n. En Inglaterra, donde la Revoluci\u00f3n burguesa se desarroll\u00f3 antes que en Francia, , tenemos el mismo fen\u00f3meno que en Alemania de fusi\u00f3n entre lo viejo y lo nuevo, a pesar de la extrema energ\u00eda de los &quot;jacobinos&quot; ingleses, es decir de los &quot;cabezas redondas&quot; de Cromwell: la vieja aristocracia permanece como clase gubernativa, con ciertos privilegios, y se transforma tambi\u00e9n ella en la clase intelectual de la burgues\u00eda inglesa ( v\u00e9ase a prop\u00f3sito de esto las observaciones de Engels en el prefacio ingl\u00e9s de Utop\u00eda y Ciencia, que es necesario recordar para esta investigaci\u00f3n sobre los intelectuales y sus funciones hist\u00f3ricas de clase(&#8230;)&quot;.( pag. 53) &quot;(&#8230;) A prop\u00f3sito de la consigna &quot;jacobina&quot; lanzada por Marx en la Alemania del 48-49 es necesario observar su complicada fortuna. Retomada, sistematizada, elaborada, intelectualizada por el grupo Parvus-Bronstein, se manifest\u00f3 inerte e ineficaz en el 1905 y a continuaci\u00f3n: era una cosa abstracta, de gabinete cient\u00edfico. La corriente que la combati\u00f3 en esta manifestaci\u00f3n intelectualizada, sin embargo, sin usarla &quot; a prop\u00f3sito&quot; la emple\u00f3 de hecho en su forma hist\u00f3rica, concreta, viviente, adaptada al tiempo y al lugar como brotando de todos los poros de la sociedad que era preciso transformar, de alianza entre dos clases con la hegemon\u00eda de la clase urbana. En un caso, temperamento jacobino sin el contenido pol\u00edtico adecuado, tipo Crispi; en el segundo caso, temperamento y contenido jacobinos seg\u00fan las nuevas relaciones hist\u00f3ricos, y no seg\u00fan una etiqueta intelectualista.&quot; ( pag. 54).   Daniel Guerin La revoluci\u00f3n francesa y nosotros  El autor de &quot;La lucha de clases en el apogeo de la revoluci\u00f3n francesa. 1793-1795 ( Alianza Editorial, Madrid, 1974), escribi\u00f3 el panfleto &quot;La revoluci\u00f3n francesa y nosotros&quot; (Editorial Villalar , Colecci\u00f3n Zimmerwald, Madrid 1977) en 1944. Lo escribi\u00f3 seg\u00fan el pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de Masper\u00f3 en 1976 como presentaci\u00f3n de su &quot;La lucha de clases&#8230;&quot;.Finalmente, la presentaci\u00f3n de la obra fue m\u00e1s t\u00e9cnica y no pol\u00edtica aunque la propia obra ten\u00eda, seg\u00fan Guerin, una doble finalidad: &quot;ofrecer un nueva interpretaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n francesa, partiendo de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente y de la concepci\u00f3n libertaria de la revoluci\u00f3n de los de abajo; sobre todo, extraer de la mayor, m\u00e1s prolongada y m\u00e1s profunda experiencia revolucionaria vivida por Francia, orientaciones susceptibles de regenerar el socialismo revolucionario y anarquista de hoy&quot;. Guerin decidi\u00f3 editar su in\u00e9dita presentaci\u00f3n tras el mayo del 68 que seg\u00fan su visi\u00f3n . &quot;Fue un redescubrimiento de los problemas del socialismo, que confirm\u00f3 las lecciones que yo hab\u00eda intentado extraer, hace m\u00e1s de un cuarto de siglo de la lejana Revoluci\u00f3n francesa&quot;.  &quot;(&#8230;) Sin duda la burgues\u00eda tuvo su parte en la revoluci\u00f3n. \u00c9sta fue preparada por sus ide\u00f3logos. Sus parlamentarios la sacaron adelante a base de discursos y de decretos. NO puede desestimarse la obra legislativa, la acci\u00f3n militante de las asambleas revolucionarias. Pero la burgues\u00eda se mostr\u00f3 incapaz de acabar con al antiguo r\u00e9gimen feudal, clerical y absolutista sin el concurso de los brazos desnudos. Como escribe Kautsky, &#8216;para resistir a la contrarevoluci\u00f3n, hac\u00edan falta otras gentes que la burgues\u00eda, gentes que no tuviesen nada que perder en la tormenta social(&#8230;) y que aportasen a al lucha la fuerza de sus brazos&quot;. La burgues\u00eda carec\u00eda de n\u00famero y de fuerza f\u00edsica. Rehusaba, salvo algunas excepciones, salir a la calle con las armas en la mano. Finalmente, se mostraba vacilante por miedo a perder, al asestar golpes demasiado brutales al antiguo r\u00e9gimen, su propio protagonismo de clase. Sin la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, por los sans-culottes parisinos, la asamblea nacional hab\u00eda terminado por sucumbir en la rebeli\u00f3n contra las bayonetas reales. Sin la marcha sobre Versalles, el 5 de octubre, de los brazos desnudos hambrientos y sin su irrupci\u00f3n en el recinto de la Asamblea, la declaraci\u00f3n de los derechos del Hombre no hubiera sido sancionada. Sin el irresistible movimiento de los campesinos , la asamblea no hubiera osado atacar, aunque t\u00edmidamente, la propiedad feudal, en la noche del 4 de agosto de 1789. Sin el poderoso concurso de las masas el 10 de agosto de 1792, la expropiaci\u00f3n sin indemnizaci\u00f3n de las rentas feudales no hubiera sido, al fin, decretada; la burgues\u00eda hubiera vacilado ante la rep\u00fablica y ante el sufragio universal. A medida que la revoluci\u00f3n va progresando, se ve a los burgueses vacilar, detenerse a medio camino, y es siempre la presi\u00f3n de los brazos desnudos lo que les obliga a llevar hasta el final la revoluci\u00f3n burguesa. Como escribe el mismo Kautsky: \u00bfFueron ellos los que salvaron la revoluci\u00f3n burguesa y destruyeron el r\u00e9gimen feudal, y ello de una forma que no ten\u00eda parang\u00f3n en ning\u00fan pa\u00eds del mundo(&#8230;). Por una iron\u00eda de la historia, fueron los m\u00e1s encarnizados enemigos de los capitalistas, los que realizaron para los capitalistas lo que los capitalistas no habr\u00edan podido hacer por s\u00ed mismos&quot;. Ya por este hecho la revoluci\u00f3n francesa es siempre actual. Porque incluso en la medida en que fue una revoluci\u00f3n burguesa o que llev\u00f3 al poder a la burgues\u00eda y no al proletariado, fue una revoluci\u00f3n de masas. Su estudio nos ayuda a descifrar las leyes permanentes del movimiento aut\u00f3nomo de las masas y ofrece, al mismo tiempo, a nuestro examen las formas de poder popular que las masas forjan espont\u00e1neamente en el curso de sus lucha; en este sentido, la revoluci\u00f3n francesa fue cuna, no s\u00f3lo de la democracia burguesa, sino tambi\u00e9n de la democracia de tipo comunal o sovi\u00e9tica, de la democracia de los consejos obreros. Pero la gran revoluci\u00f3n no fue solo una revoluci\u00f3n de masas que trabaj\u00f3, sin saberlo, para la burgues\u00eda. Fue tambi\u00e9n, en cierta medida, una revoluci\u00f3n de masas que actuaban por su propia cuenta. Las amasas no atacaron con la intenci\u00f3n de hacer una revoluci\u00f3n \u00bfburguesa?. Se sublevaron con la esperanza de aliviar su miseria, de sacudir su yugo secular. Ahora bien, el yugo secular no era s\u00f3lo el de los se\u00f1ores, el clero y los agentes del absolutismo regio, sino tambi\u00e9n el de los burgueses; se olvida demasiado, en efecto, que la burgues\u00eda no era, en v\u00edsperas de 1789, una clase novata. La burgues\u00eda detentaba ya una parte considerable del poder econ\u00f3mico. Adem\u00e1s, ya hab\u00eda sido invitada a recoger las migajas del fest\u00edn feudal: muchos burgueses hab\u00edan recibido t\u00edtulos de nobleza, gozaban de rentas feudales. En una palabra, la burgues\u00eda compart\u00eda con la aristocracia, la iglesia y la monarqu\u00eda absoluta los beneficios derivados de la explotaci\u00f3n de las clases trabajadoras. La idea de liberarse del yugo secular conduc\u00eda, naturalmente, a los oprimidos a la idea de una lucha contra todo el cuadro de los privilegiados, incluidos los burgueses. M\u00e1s tarde, Babeuf no har\u00e1 m\u00e1s que expresar por escrito esta deducci\u00f3n espont\u00e1nea: \u00bf\u00bfQu\u00e9 es una revoluci\u00f3n pol\u00edtica en general?\u00bf Qu\u00e9 es la revoluci\u00f3n francesa en particular? Una guerra abierta entre los patricios y los plebeyos'(&#8230;)&quot;  Luckacs &quot;El Hombre y la democracia&quot;  Este texto del viejo Luck\u00e1cs fue escrito en el a\u00f1o 1968, coincidiendo con una de las \u00faltimas explosiones revolucionarias que alcanz\u00f3 caracteres mundiales y con la magnifica senectud del viejo luchador y fil\u00f3sofo comunista. Se trataba de una indagaci\u00f3n sobre el papel de la democracia cuya tesis principal podemos resumir as\u00ed: la salida del estalinismo no pod\u00eda hacerse incorporando los dogmas del liberalismo sino profundizando en la democracia socialista. Los p\u00e1rrafos que siguen corresponden al an\u00e1lisis del papel de la Revoluci\u00f3n Francesa en el proceso general de democratizaci\u00f3n. Desgraciadamente esta obra fue publicada por primera vez en h\u00fangaro el 1985. El hundimiento del socialismo real en el marasmo del neoliberalismo no ha supuesto ning\u00fan avance hacia la democracia real. Publicamos la traducci\u00f3n del texto alem\u00e1n a cargo de Mario Prilick y Myrian Kohen para la edici\u00f3n espa\u00f1ola en Editorial Contrapunto Buenos Aires, 1989.   La forma cl\u00e1sica de la moderna democracia burguesa, la de la Revoluci\u00f3n francesa, ha surgido y se ha construido con eficacia tomando much\u00edsimo &#8211; incluso de manera consciente &#8211; del ideal de este modelo. En el plano socio-econ\u00f3mico se encuentra, sin embargo, exactamente en el polo opuesto. Al subrayar esta contradicci\u00f3n Marx destaca al mismo tiempo que la libertad e igualdad ( expresiones ideol\u00f3gicas centrales de la esencia de la democratizaci\u00f3n moderna) pueden asumir desde el punto de vista ideol\u00f3gico formas muy diferentes; pero en cuanto a la esencia econ\u00f3mico-social &quot;no s\u00f3lo son respetadas en el intercambio de valores de cambio, sino que el intercambio de valores de cambio es la base productiva real, de toda igualdad y libertad&quot;. Esta realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica del dominio de la libertad y de la igualdad significa- con todas sus contradicciones- un enorme progreso en la prehistoria de la sociedad humana; el fundamento real, objetivo, de la esencia humana o en menor medida, a los l\u00edmites naturales del ser social est\u00e1n contenidas en su manifestaci\u00f3n. La lucha social que ha producido este hecho, en su forma inmediata, directa, esta dirigida contra la articulaci\u00f3n de la sociedad por clases, estructuraci\u00f3n surgida en el y del feudalismo. La feudalidad, que el joven Marx llam\u00f3 &quot;democracia de la no libertad&quot;, le da a la estructura de la sociedad &quot;directamente&quot; un car\u00e1cter &quot;pol\u00edtico&quot;; &quot;los elementos de la vida burguesa, como por ejemplo la posesi\u00f3n o la familia, o el tipo y el modo de trabajo, se hab\u00edan elevado al plano de elementos de la vida estatal, el estamento o la corporaci\u00f3n. Determinaban bajo esta forma, las relaciones entre el individuo y el conjunto del Estado, es decir, sus relaciones pol\u00edticas&quot;.  La Revoluci\u00f3n francesa destruy\u00f3 radicalmente toda esta estructura social y, con ello por primera vez en la historia del mundo, construy\u00f3 la relaci\u00f3n entre Estado y sociedad civil en t\u00e9rminos puramente sociales. Marx se\u00f1ala con raz\u00f3n que de este modo pudo unificarse materialmente por primera vez la vida pol\u00edtica con respecto a la dispersi\u00f3n que exist\u00eda en el feudalismo; liberada en lo inmediato de las caracter\u00edsticas de la sociedad civil, elevada a asunto general del pueblo con independencia real de los elementos particulares. De este modo, el objetivo de la batalla ideol\u00f3gica de siglos por introducir el &quot;reino de la raz\u00f3n&quot; en la vida humana se convirti\u00f3 en el fundamento de la vida social.  S\u00f3lo que &#8211; c\u00f3mo m\u00e1s tarde lo se\u00f1al\u00f3 Engels- este reino de la raz\u00f3n se evidenci\u00f3 como el reino idealizado de la burgues\u00eda. No debemos entender aqu\u00ed el t\u00e9rmino idealizado como una acusaci\u00f3n pol\u00edtica &#8211; ideol\u00f3gica -, sino como una comprobaci\u00f3n, objetiva, cient\u00edfica de la estructura social surgida en la realidad. El mismo Marx, en la comprobaci\u00f3n te\u00f3rica de las investigaciones que acabamos de citar sobre la transformaci\u00f3n real del conjunto de la estructura social, dijo que el idealismo. del Estado, de la vida pol\u00edtica, que se produce como superaci\u00f3n del feudalismo, presupone como fundamento contrario la culminaci\u00f3n del materialismo de la sociedad burguesa. Ejemplifica esta contradictoria unidad entre Estado y sociedad civil, entre idealismo y materialismo en la vida de la sociedad, en la vida de cada hombre individual en cuanto miembro suyo, analizando el primer gran documento pr\u00e1ctico de esta transformaci\u00f3n- el texto de las Constituciones de la Revoluci\u00f3n francesa.  Esta observaci\u00f3n se basa en la oposici\u00f3n-unidad entre homme (bourgeois) y citoyen. Citoyen significa obviamente el ciudadano devenido idealmente, desligado de todas las ataduras materiales de la existencia socio-econ\u00f3mica; el hombre, a la inversa, es el que forma parte de la sociedad civil. Marx no dej\u00f3 de se\u00f1alar que las Constituciones revolucionarias en lo que respecta a esta vinculaci\u00f3n indisoluble (en tanto todo citoyen es tambi\u00e9n homme) denigran al ciudadano como servidor de los denominados derechos humanos. Con esto se reconoce la real supremac\u00eda social del hombre material, productivo (privado) sobre el ciudadano ideal.  De esta manera, tambi\u00e9n se determina con precisi\u00f3n el lugar de esta democracia en el gran proceso de desarrollo de la humanidad, de la formaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, de la humanizaci\u00f3n del hombre. Acerca de la forma m\u00e1s general de la situaci\u00f3n social del hombre de la democracia burguesa, ahora un ser concreto &#8211; as\u00ed reconocido -, Marx dice que los otros hombres constituyen para \u00e9l no la realizaci\u00f3n sino el l\u00edmite de su libertad. Y esa es la realidad social b\u00e1sica del capitalismo: el- sujeto- de la praxis real en la sociedad es el hombre egoista, el hombre y, por ello, simplemente particular. Aqu\u00ed como componente necesarios de esta fase del desarrollo, la generalidad del hombre alcanza un nivel m\u00e1s alto, en t\u00e9rminos sociales objetivos, que en cualquier otra formaci\u00f3n precedente, menos social; la generalidad que realiza la vida gen\u00e9rica real del hombre se presenta como &quot;oposici\u00f3n a su vida material&quot;. Naturalmente, en los d\u00edas tumultuosos de la gran transformaci\u00f3n todo est\u00e1 formulado con mayor pathos; con mayor pasi\u00f3n que luego durante el tiempo prosaico de la realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica. De estos momentos de entusiasmo parte la superabundancia -desde el Renacimiento reiteradamente. Actualizada &#8211; del modelo de la antigua democracia de la polis. No se trata de ninguna extravagancia literaria o intelectual. Fue necesario, dice Marx, a prop\u00f3sito de la Revoluci\u00f3n francesa, el hero\u00edsmo para darle vida. Sus protagonistas necesitaron ideales, e incluso ilusiones &quot;para ocultarse a s\u00ed mismos el contenido burguesamente limitado de sus luchas y mantener su pasi\u00f3n a la altura de la gran tragedia hist\u00f3rica&quot;. Estos momentos de pasi\u00f3n heroica con frecuencia vuelven a identificar, de manera hist\u00f3ricamente falsa, las dos grandes formas de democratizaci\u00f3n &#8211; en realidad intr\u00ednsecamente antit\u00e9ticas- pasando negligentemente por alto ante sus contradicciones sociales. Sin embargo, la revoluci\u00f3n triunf\u00f3 e instaur\u00f3 un proceso real en el cual las determinaciones ontol\u00f3gicas de la democracia burguesa se convirtieron en formas dominantes del mundo estatal capitalista. La m\u00e1scara ideol\u00f3gica arcaica de la polis debi\u00f3 perder toda realidad social. Cuando fue utilizada como medio ideol\u00f3gico, despu\u00e9s del triunfo de la revoluci\u00f3n, result\u00f3 una mentira, una caricatura, un enga\u00f1o consciente; 1a materialidad econ\u00f3mica del democr\u00e1tica ciudadano de la polis que vive y comercia como poseedor de una parcela no podr\u00e1 nunca m\u00e1s ser restaurada.. Su ser social no tiene nada en com\u00fan con el sujeto del intercambio de mercanc\u00edas, con la libertad y la igualdad que lo caracterizan en su pr\u00e1ctica: materialmente en la circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas, idealmente en su superestructura estatal.  2. Las tendencias necesarias del desarrollo de la democracia burguesa. Hasta aqu\u00ed pudimos s\u00f3lo se\u00f1alar el principio econ\u00f3mico m\u00e1s general que opone a estas dos formas de democracia entre s\u00ed. Una estructura no es, contrariamente a lo que hoy dicen las teor\u00edas de moda, un principio est\u00e1tico por su naturaleza, es decir no-hist\u00f3rico; sino el fundamento ontol\u00f3g\u00edco y &#8211; justamente por esto, ante todo &#8211; din\u00e1mica desarrollo de toda formaci\u00f3n.  Hab\u00edamos visto como en la relaci\u00f3n necesaria con el desarrollo de las fuerzas productivas terminaba por destruirse la igualdad de los propietarios de parcelas, base econ\u00f3mica de la democracia de la polis. Observemos ahora las tendencias din\u00e1micas que la ant\u00edtesis entre el materialismo de la sociedad burguesa y el idealismo del Estado contiene en s\u00ed misma y desarrolla como tendencia del movimiento.  La pr\u00e1ctica materialmente orientada del homme de la sociedad burguesa tiene un car\u00e1cter din\u00e1mico universal, posee entonces la tendencia de someter a sus intereses todos los fen\u00f3menos de la formaci\u00f3n social con los cuales entra en relaci\u00f3n. En consonancia con todas las observaciones imparciales de este per\u00edodo, Marx describe el consecuente proceso de acci\u00f3n con el cual el homme de la sociedad capitalista act\u00faa hacia las instituciones de \u00e9sta, hacia la superestructura &quot;ideal&quot;, en los t\u00e9rminos siguientes: &quot;El burgu\u00e9s se comporta ante las instituciones de su r\u00e9gimen como el jud\u00edo ante la ley: la burla siempre que puede, en todos y cada uno de los casos concretos, pero quiere que todos los dem\u00e1s se atengan a ella y la respeten.&quot; El hecho en general no constituye desde el punto de vista hist\u00f3rico una novedad. El Estado de toda sociedad es un arma ideol\u00f3gica para combatir los conflictos de clase. Sin embargo, cuando un determinado sector de ciudadanos de la polis, por ejemplo, compra la propiedad de aquellos que se han empobrecido, contribuye a disolver la comunidad parcelaria y, cualquiera sea su intenci\u00f3n, de hecho impulsa en la pr\u00e1ctica la descomposici\u00f3n de la propia democracia de la polis. Esta conducta que describe Marx, y tambi\u00e9n otros (pensadores honestos, especialmente escritores), promueve en el plano econ\u00f3mico el desarrollo del capitalismo y, al mismo tiempo, adapta la superestructura estatal a las necesidades econ\u00f3micas que se han desarrollado de este modo. La superestructura democr\u00e1tica debe mantener desde el nivel socio-ontol\u00f3gico en general su car\u00e1cter &quot;ideal&quot;, su contenido, cuyas formas de acci\u00f3n se ci\u00f1en cada vez m\u00e1s a las necesidades del homme. Que estos contenidos (y las formas de acci\u00f3n que se desprenden de ellos) adquieran una validez social general, representados por grupos econ\u00f3micos importantes, no cambia en nada los principios fundamentales de la cuesti\u00f3n (por lo menos para nuestra perspectiva). Para nosotros importa que los movimientos sociales tengan suficiente fuerza para provocar modificaciones en la base econ\u00f3mica, para incidir sobre su relaci\u00f3n din\u00e1mica-estructural con la superestructura &quot;ideal&quot;. Quien intente estudiar tales tendencias en t\u00e9rminos no fetichistas, no debe perder de vista que todo movimiento de masas puede ser s\u00f3lo un tipo particular de s\u00edntesis de tales actos pr\u00e1cticos personales. Cuando Marx se remonta a la deformaci\u00f3n interior del ser individual en todo comportamiento de este tipo, en el plano del ser adquiere una profunda justificaci\u00f3n desde el punto de vista socio-ontol\u00f3gico. Es aqu\u00ed donde se confirma la exactitud de la comprobaci\u00f3n seg\u00fan la cual de este tipo de acciones del genero humano- se deduce la deformaci\u00f3n de la generalidad del hombre (en t\u00e9rminos individuales inmediatos: de su relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo).  Por contradictorio que aparente ser el aspecto l\u00f3gico-formal o gnoseol\u00f3gico, la actuaci\u00f3n social en los t\u00e9rminos m\u00e1s puros posibles del &quot;idealismo&quot; de la superestructura es el medio m\u00e1s eficaz para posibilitar la realizaci\u00f3n sin dificultades de las tendencias materiales-ego\u00edstas en la vida social. No es ninguna casualidad que el formalismo abstracto del derecho se haya desarrollado de esta manera y merezca el mayor prestigio en tales condiciones. Tampoco es ninguna casualidad &#8211; volviendo a nuestro verdadero problema- que el m\u00e1s perfecto, el m\u00e1s expl\u00edcito &quot;idealismo&quot; abstracto de las formas de gobierno del Estado, sea el instrumento m\u00e1s apropiado para que se afirmen los intereses ego\u00edstas-capitalistas sin dificultad bajo el pretexto de intereses generales, ideales. Resumiendo. cuanto m\u00e1s puro el. parlamentarismo; cuanto m\u00e1s t\u00edpica la realizaci\u00f3n central de este idealismo estatal &#8211; aparentemente independiente, formalmente aut\u00f3nomo de la vida real de la sociedad -; cuando m\u00e1s llega a ser un instrumento con valor de figurar como un \u00f3rgano puro de la voluntad ideal del pueblo, tanto m\u00e1s apropiado como instrumento para hacer valer los intereses ego\u00edstas de los grupos capitalistas, precisamente bajo la apariencia de una ilimitada libertad e igualdad. Por esto quiz\u00e1s la expresi\u00f3n &quot;apariencia&quot; no sea totalmente exacta. Pues aqu\u00ed no se realiza simplemente una apariencia de libertad e igualdad, sino precisamente su esencia econ\u00f3mica, la que ellas representan en verdad en la circulaci\u00f3n capitalista de mercanc\u00edas.  La lucha para obtener una forma pura de parlamentarismo (por ejemplo, la lucha por el sufragio universal), por su omnipotencia como legisladora y supervisora de la vida de\u00a1 Estado, ocupa en los hechos la vida pol\u00edtica a partir de las grandes revoluciones de los siglos XVII y XVIII. Sobre una parte de estas luchas, sobre la superaci\u00f3n de los restos de la estructura por estamentos, no vale la pena detenernos aqu\u00ed; pertenecen en la esencial, por lo menos en los pa\u00edses capitalistas desarrollados, al pasado. Nos parece mucho m\u00e1s importante dirigir nuestra atenci\u00f3n hacia los pasos decisivos en el intento de organizar una democracia&quot; en el sentido de las grandes revoluciones, resultado de las luchas de masas en las cuales siempre debi\u00f3 emprenderse una correcci\u00f3n democr\u00e1tica&quot; del parlamentarismo &quot;puro&quot; dispuesto. Los dem\u00f3cratas plebeyamente radica- les cuyas masas sirvieron en el ej\u00e9rcito de Cromwell en la \u00e9poca de la Revoluci\u00f3n inglesa, los revolucionarios plebeyos de las secciones parisinas, presionaron sobre el parlamento cuando fue necesario dispersarlo o diezmarlo para crear \u00f3rganos que estuvieran en condiciones de expresar los verdaderos intereses del pueblo trabajador. Reci\u00e9n la &quot;Gloriosa Revoluci\u00f3n&quot; en Inglaterra y el r\u00e9gimen de Luis-Felipe m\u00e1s tarde en la Tercera Rep\u00fablica Francesa fueron capaces de impedir tales intromisiones &quot;no deseadas&quot; y de asegurarle al parlamento esa libertad e igualdad formal que se correspond\u00eda con los intereses de los grupos capitalistas dominantes. No debemos nunca olvidar que en \u00e9pocas de crisis &#8211; basta pensar en el affaire Dreyfuss &#8211; surgen en el horizonte pol\u00edtico, desde luego ahora ya atenuadas, las posibilidades de correcciones plebeyo-democr\u00e1ticas. De hecho, en la teor\u00eda pol\u00edtica del siglo XIX aparece continuamente la oposici\u00f3n entre el democratismo consolidado en el pueblo y el liberalismo parlamentario. No necesitamos destacarlo: con el triunfo pr\u00e1cticamente indiscutible del segundo.    Wolfgang Harich \u00bfComunismo sin crecimiento? Babeuf y el club de Roma  Harich, comunista cr\u00edtico en la RDA ( estuvo ocho a\u00f1os en la c\u00e1rcel estalinista entre el 56 y el 64), public\u00f3 en occidente este libro de entrevistas el a\u00f1o 1975. Como escribiera Manuel Sacrist\u00e1n en la presentaci\u00f3n de la edici\u00f3n espa\u00f1ola del libro ( ed. Materiales, Barcelona 1978) : &quot;\u00c9l se caracteriza por poner en el centro de una revisi\u00f3n marxista revolucionaria el problema ecol\u00f3gico, el problema de la relaci\u00f3n hombre naturaleza: &#8216;(&#8230;) nada hay m\u00e1s conforme a la \u00e9poca&#8217; dice Harich en su entrevista al Extra-Dients (1977), &#8216;que ese lema de Rousseau. \u00bfVuelta a la naturaleza ! Aunque hay que puntualizar que Rousseau no fue un rom\u00e1ntica pasadista, sino un eminente pensador revolucionario, por lo que en realidad, ese lema deber\u00eda transformarse, para permanecer fiel a su sentido, as\u00ed: \u00a1Adelante a la naturaleza!&#8217;. Harich piensa que las fuerzas productivas materiales han alcanzado un estadio de desarrollo que ya no se puede rebasar sin consecuencias destructivas irreparables, de modo que &#8216;a partir de ahora el proceso de acumulaci\u00f3n de capital choca con el l\u00edmite \u00faltimo, absoluto, detr\u00e1s del cual est\u00e1n ya al acecho los demonios de la aniquilaci\u00f3n de la vida, de la autoaniquilaci\u00f3n de toda vida humana&quot;. Publicamos a continuaci\u00f3n un extracto de las cartas de Harich a Freimut Duve sobre la figura de Babeuf que sirve a nuestro autor como plataforma desde la que reformular el sistema de necesidades humanas que se esconde detr\u00e1s de cada sistema econ\u00f3mico.  &quot;Berl\u00edn 3 de mayo de 1975 \u00bfQui\u00e9n fue Babeuf? Es f\u00e1cil saberlo recurriendo a cualquier diccionario enciclop\u00e9dico. Acerca del &quot;babeufismo&quot; como doctrina puede uno enterarse de la mejor manera por el M\u00e1s reciente Ph\u00edlosoph\u00edsches W\u00f6rterbuch de la RDA, en dos tomos, editado por Manfred Burh y Georg Kiaus, Berl\u00edn 1974. Ilia Ehrenburg y Ferdinand May han escrito novelas hist\u00f3ricas sobre la &quot;conspiraci\u00f3n de los iguales&quot; de Babeuf, de 1795\/96, utilizando en ambos casos las memorias de su amigo Filippo Buonarotti. En Wagenbach, Berl\u00edn Occidental, aparecer\u00e1 pr\u00f3ximamente un libro que trata tanto de las afinidades como de las diferencias entre Babeuf y Marx en relaci\u00f3n con sus principios de organizaci\u00f3n y su t\u00e1ctica pol\u00edtica. En estas condiciones me parece aconsejable dejar al margen todos los datos hist\u00f3ricos acerca de Babeuf que yo pensaba exponer en el marco de la s\u00e9ptima entrevista y limitarme a unas breves observaciones.  Babeuf intent\u00f3 aportar, desde el principio, a la revoluci\u00f3n francesa, tanto a su ideolog\u00eda como a su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica, un concepto del comunismo agrario aprendido de Morelly, que era entonces prematuro y que, por tanto, estaba condenado al fracaso. Babeuf perteneci\u00f3 presumiblemente a la oposici\u00f3n de extrema izquierda a Robespierre; pero tras la ca\u00edda de \u00e9ste, en 1794, se sum\u00f3 pronto a los perseguidos partidarios de Robespierre que hicieron retroceder el 9 de Termidor y que, contra la resistencia de la gran burgues\u00eda victoriosa, intentaron restablecer la democracia jacobina de 1793, es decir, la dictadura de la Convenci\u00f3n dominada por el Comit\u00e9 de Salud P\u00fablica. Encerrados en prisi\u00f3n, los m\u00e1s decididos partidarios de este empe\u00f1o se dieron cuenta de que hab\u00eda que movilizar y organizar a su favor a las capas populares m\u00e1s pobres y hambrientas y, en estas condiciones, el tambi\u00e9n prisionero Babeuf gan\u00f3 sobre ellos, con sus amplios ideales comunistas, una gran influencia. El motivo: la dictadura de los jacobinos hab\u00eda fracasado por la contradicci\u00f3n que supon\u00eda proclamar, de un lado, la propiedad privada como un derecho humano inalienable e intentar, de otro lado, suprimir su consecuencia directa, la b\u00fasqueda capitalista del enriquecimiento individual, mediante decretos de prohibici\u00f3n y el terror. Con la exigencia de la prohibici\u00f3n de toda propiedad privada, Babeuf ofrec\u00eda la f\u00f3rmula que promet\u00eda superar este dilema.  Parece que en aquel momento los republicanos puros, los herederos de Robespierre, Saint-Just y Marat, ve\u00edan mayoritariamente en las consignas comunistas un simple medio para ganarse a las masas miserables, mientras que, por el contrario, Babeuf y sus fieles aspiraban a la vuelta a la constituci\u00f3n democr\u00e1tica de 1793 \u00fanicamente como punto de partida de un poder pol\u00edtico orientado a la transformaci\u00f3n gradual de las relaciones de propiedad con la meta final del comunismo. Las relaciones entre ambos grupos parecen haber sido, no obstante, m\u00e1s bien fluidas y, en cualquier caso, contaban como elemento de uni\u00f3n con la oposici\u00f3n com\u00fan a los termidorianos, al Directorio de la gran burgues\u00eda, al que inmediatamente despu\u00e9s de la amnist\u00eda conseguida en 1795 se empez\u00f3 a combatir con intensidad y con un notable empuje de masas.  A la represi\u00f3n de sus actividades legales, Babeuf y sus camaradas respondieron con el paso a la lucha ilegal. As\u00ed se constituy\u00f3 la &quot;conspiraci\u00f3n de los iguales&quot;. El levantamiento popular general que preparaban no se llev\u00f3, sin embargo, a cabo. Un traidor de entre sus propias filas entreg\u00f3 el plan del levantamiento al gobierno del Directorio, que hizo detener inmediatamente a las cabezas de la conspiraci\u00f3n. Despu\u00e9s de un largo proceso, Babeuf y algunos de sus m\u00e1s estrechos colaboradores en la conspiraci\u00f3n fueron ejecutados en 1797, en tanto que los dem\u00e1s acusados fueron, en parte, deportados y, en parte, dejados en libertad por falta de pruebas.  Uno de los deportados era Buonarotti. A\u00f1os despu\u00e9s escribi\u00f3, bas\u00e1ndose en sus recuerdos, un libro acerca de la historia y la doctrina de la conspiraci\u00f3n de Babeuf. Publicado en 1828 en Bruselas, al principio mereci\u00f3 escasa atenci\u00f3n, pero a partir de mediados de los a\u00f1os treinta encontr\u00f3 una gran audiencia en el joven movimiento obrero franc\u00e9s en proceso de formaci\u00f3n cuando \u00e9ste estaba empezando a dejar de ir a remolque de la oposici\u00f3n republicana &#8211; peque\u00f1oburguesa &#8211; a la monarqu\u00eda de julio, as\u00ed como entre los cartistas ingleses. Si la ejecuci\u00f3n de Babeuf elimin\u00f3, por tanto, el \u00faltimo obst\u00e1culo revolucionario-plebeyo en el camino del despliegue del capitalismo en el continente europeo, cuatro decenios m\u00e1s tarde, el renacimiento temporal de sus ideas, con la mediaci\u00f3n del viejo Buonarotti, inici\u00f3 la independizaci\u00f3n de la moderna lucha de clases proletaria, su emancipaci\u00f3n pol\u00edtica con respecto a la tutela liberal. As\u00ed pues, Babeuf est\u00e1 como precursor m\u00e1s cerca del marxismo que el socialismo ut\u00f3pico estrictamente burgu\u00e9s (Saint-Simon, Fourier), aun cuando siga siendo verdad que \u00e9ste, por su riqueza de ideas, estimul\u00f3 en una medida mucho mayor a Marx y Engels que el primitivo patrimonio ideol\u00f3gico que Buonarotti pod\u00eda ofrecerles.   Berl\u00edn, 4 de mayo 1975.  S\u00f3lo esto con respecto a Babeuf. Volvamos ahora a la primera &quot;herej\u00eda&quot; que usted, Se\u00f1or Duve, cree ver en m\u00ed. En nuestra \u00faltima conversaci\u00f3n me puso frente a ese pasaje del Manifiesto Comunista donde Marx y Engels acusan al comunismo de Babeuf de ser &quot;por su contenido, necesariamente reaccionario&quot;, pues predica &quot;un ascetismo general y un tosco igualitarismo&quot;. A esto adjuntaba usted la observaci\u00f3n de que quien, como yo, enarbola la consigna de &quot;\u00a1Vuelta a Babeuf!&quot; es imposible que pretenda al mismo tiempo aparecer como un marxista ortodoxo.  En principio debo decirle que se pueden encontrar otros pasajes de Marx y Engels en los que hay valoraciones muy positivas acerca de Babeuf. En \u00e9l, dicen en una ocasi\u00f3n, el comunismo &quot;aparece por primera vez como expresi\u00f3n de un partido comunista aut\u00e9nticamente en acci\u00f3n&quot;. En Babeuf ven a alguien que apoy\u00e1ndose en la experiencia pr\u00e1ctica de la lucha popular, revolucionaria, se dio cuenta de que &quot;con la eliminaci\u00f3n de la cuesti\u00f3n social de la aristocracia y con la rep\u00fablica no ven\u00eda a solucionarse ninguna &quot;cuesti\u00f3n social&quot; en el sentido del proletariado.&quot; No obstante, no quiero extenderme con estas y similares citas. Para ir al n\u00facleo del problema, hay que centrarse en otro punto.  La historia europea de las ideas incluye una l\u00ednea en la tradici\u00f3n del pensamiento social que es, en \u00faltima instancia, de origen gran-burgu\u00e9s. Se trata de una l\u00ednea que lleva de Voltaire, pasando por Condorcet, a Saint-Simon, y de \u00e9ste y sus partidarios (Heine entre ellos) al marxismo. Se caracteriza esta tradici\u00f3n por una actitud favorable y afirmativa con respecto al progreso y ha estado en todo momento tan estrechamente ligada al ascenso de la producci\u00f3n industrial, a la que refleja, que incluso antes de la aparici\u00f3n de Marx y Engels empez\u00f3 en parte a modificar, y en parte a sustituir por completo, el legado de Babeuf entre los trabajadores con consciencia de clase a medida que \u00e9stos se entend\u00edan a s\u00ed mismos como proletariado industrial moderno. Pienso, a este respecto, en la resonancia de la utop\u00eda de Cabet, en neobabeufistas como D\u00e9zamy y, por lo que a Alemania se refiere, en Weitling.  La herencia de ideas ut\u00f3pico-socialistas que arrancan de aqu\u00ed fue primero reelaborada cr\u00edticamente por Marx y Engels, que las sintetizaron luego con las aportaciones racionales de la historiograf\u00eda de la \u00e9poca de la Restauraci\u00f3n, de la dial\u00e9ctica hegeliana, del materialismo de Feuerbach, de las teor\u00edas de la econom\u00eda pol\u00edtica inglesa cl\u00e1sica (Smith, Ricardo). E hicieron bien d\u00e1ndole a todo esto la primac\u00eda. Porque la industrializaci\u00f3n estaba en aquella \u00e9poca a la orden del d\u00eda, estaba &quot;en su momento&quot; y se trataba de asegurar al proletariado, en tanto que productor de los logros que hab\u00eda que agradecer a aqu\u00e9lla, al menos una parte de sus bendiciones. De permanecer condenado al ascetismo babeufiano, el proletariado hubiera quedado atenazado en su miseria y en su penuria en vez de haber enviado, como Babeuf quer\u00eda, a los ricos al diablo, tarea para la que en el siglo XIX faltaban a\u00fan todas las precondiciones.  Lo que ahora estamos viviendo, sin embargo, es, simplemente, que el progreso industrial, tanto en condiciones socialistas, como, sobre todo, en condiciones capitalistas, choca con barreras naturales inesquivables, lo que hace que el dominio de la l\u00ednea de tradici\u00f3n volteriana en el marxismo, o al menos eso afirmo yo, deje de resultar conforme a las exigencias de la \u00e9poca. Y si en este contexto recuerdo a Babeuf es porque quiero verle reivindicado como el primer adepto del Jean-Jacques Rousseau joven de orientaci\u00f3n comunista, de quien, en mi opini\u00f3n, parte otra l\u00ednea de tradici\u00f3n que va a ser en el futura de m\u00e1s importancia para el marxismo que la de Voltaire, Condorcet y Saint-Simon. Es de origen preindustrial, campesino-peque\u00f1oburquesa y desde un principio radical-democr\u00e1tica, pero democr\u00e1tica no en el sentido del sistema pol\u00edtico pluralista de la burgues\u00eda, sino en el sentido del &#8211; altamente autoritario, extremadamente dictatorial &#8211; jacobinismo. Jacobinismo en relaci\u00f3n con el cual acaso no convenga olvidar que su m\u00e1s glorioso representante, Robespierre, exactamente igual que su continuador comunista Babeuf, figuraba entre los m\u00e1s entusiastas roussonianos.  Rousseau era el gran ant\u00edpoda de Voltaire. Y \u00bfpor qu\u00e9 lo era? Podemos encontrar la respuesta en el Diccionario filos\u00f3fico de Voltaire, donde se rechaza la filosof\u00eda de Rousseau afirmando de ella que es la de &quot;un paria miserable cuyo deseo es que todos los ricos sean desvalijados por los pobres para que la uni\u00f3n fraternal de los hombres se realice m\u00e1s f\u00e1cilmente.&quot; Dado que el antagonismo de clase, articulado en este veredicto, es el n\u00facleo del conflicto entre los dos grandes pensadores &#8211; como ocurre de hecho -, el marxismo, por mucho que reconozca la funci\u00f3n hist\u00f3ricamente progresiva de la riqueza burguesa en el siglo XVIII, no puede tomar abiertamente partido, aunque solo sea por su bien conocida preferencia por los &quot;parias miserables&quot;, por Voltaire contra Rousseau. Aunque tan lejos nunca ha llegado a ir, desde luego.  Ni siquiera en la valoraci\u00f3n de la &#8211; aparentemente tan reaccionaria &#8211; cr\u00edtica roussoniana de la civilizaci\u00f3n. Sobre \u00e9sta Voltaire le escribi\u00f3 en 1755 a Rousseau, con referencia al ejemplar dedicado que \u00e9ste le hab\u00eda enviado de\u00a1 Tratado acerca del origen y del fundamento de la desigualdad entre los hombres: &quot;Ley\u00e9ndolo dan ganas de andar a cuatro patas. Sin embargo, dado que hace ya 60 a\u00f1os que abandon\u00e9 este h\u00e1bito, me es, por desgracia, imposible recuperarlo de nuevo, por lo que dejo esta postura tan natural a hombres que sean m\u00e1s aptos para ella que usted y que yo.&quot; Es una invectiva humor\u00edstica contra la &quot;vuelta a la naturaleza&quot; roussoniana. Otros ilustrados interpretaban la misma consigna como si se tratara de la recomendaci\u00f3n de que los hombres volvieran a alimentarse, como los jabal\u00edes, de ra\u00edces y bellotas. Al igual que Voltaire, sin embargo, estaban en un error y hay que decir que le corresponde a la filosof\u00eda cl\u00e1sica alemana, lo mismo que al marxismo, que adopt\u00f3 como punto de partida la plenitud de \u00e9sta en manos de Hegel y Feuerbach, el honor de haber penetrado con mayor profundidad en este punto. Con otras palabras, que sin perjuicio de sus muy fuertes afinidades con la tradici\u00f3n favorable a la civilizaci\u00f3n de ra\u00edz volteriana, no compart\u00edan aquella mala interpretaci\u00f3n de las aut\u00e9nticas intenciones de Rousseau. Lo cual, creo yo, capacita nuevamente, cuando no fuerza, a los marxistas de hay a relativizar tambi\u00e9n el juicio que se emite en el Manifiesto Comunista acerca de un Babeuf en la l\u00ednea de Rousseau.  En una \u00e9poca en que con la eliminaci\u00f3n del feudalismo estaba a la orden del d\u00eda de la historia el dominio de la gran burgues\u00eda, Rousseau dio imperturbablemente expresi\u00f3n a los intereses de las capas populares peque\u00f1o-burquesas y plebeyas. Para \u00e9l, por tanto, resultaba inaceptable la idea de un progreso uniforme, lineal, mejorador y favorecedor de la sociedad en su conjunto. La historia mundial le demostraba que la masa de los pobres hab\u00eda sido siempre oprimida por los ricos y poderosos. De aqu\u00ed conclu\u00eda que el proceso de la civilizaci\u00f3n s\u00f3lo resultaba beneficioso a quienes poseyeran la suficiente riqueza como para estar en condiciones de apropiarse de los bienes materiales y espirituales en aumento y que esto, por las desigualdades no naturales que persistir\u00edan, ten\u00eda necesariamente que llevar a la difusi\u00f3n de la depravaci\u00f3n moral de toda la sociedad. As\u00ed se conjugaba en \u00e9l el postulado democr\u00e1tico-plebeyo de igualdad con la cr\u00edtica a la civilizaci\u00f3n, de resonancias conservadoras, inherentes a la ,,vuelta a la naturaleza&quot;. Sin embargo, Rousseau no entend\u00eda por ese regreso, en absoluto, tal como le imputaban los volterianos, la vuelta de\u00a1 hombre a alimentarse de bellotas y a desplazarse a cuatro patas. Rousseau pensaba algo distinto, algo que, bien mirado, tendr\u00eda que relacionarse m\u00e1s bien con esta f\u00f3rmula: &quot;adelante hacia la naturaleza &quot;&#8217; Lo que \u00e9l vislumbraba era una cultura que con sus medios &#8211; de los que ya no pod\u00eda hacerse abstracci\u00f3n en la historia- restableciera a un nivel superior el estado natural de igualdad entre los hombres, su vida arm\u00f3nica en com\u00fan, su felicidad en ello basada, su com\u00fan sensibilidad moral. Y sus escritos tend\u00edan a darle esta clase de orientaci\u00f3n tanto al desarrollo de\u00a1 todo social como al del individuo.  El primer pensador que comprendi\u00f3 esto fue Kant. Rousseau quer\u00eda, escribe Kant en 1786, &quot;resolver el dif\u00edcil problema de c\u00f3mo tiene que proceder la cultura para desarrollar las potencialidades y disposiciones de la humanidad, en tanto que moral, de forma coherente con su determinaci\u00f3n, de tal modo que \u00e9sta no se oponga ya a aqu\u00e9lla en tanto que especie natural.&quot; En 1794 Fichte adopt\u00f3 an\u00e1loga posici\u00f3n en relaci\u00f3n con el empe\u00f1o de Rousseau. Para Rousseau, subrayaba, el &quot;regreso&quot; era en realidad &quot;avance&quot;: &quot;Para \u00e9l ese abandonado estado natural es la meta \u00faltima a la que ha de proyectarse finalmente la humanidad ahora depravada y deformada. Procede a hacer precisamente lo que nosotros hacemos: trabaja para conformar ulteriormente a la humanidad a su manera y para fomentar su avance en direcci\u00f3n a su meta suprema.&quot; Esto se dice en el escrito de Fichte \u00dcber d\u00ede Best\u00edmmung des Gelehrten. Y la filosof\u00eda de la historia propia de Fichte, expuesta en los Grundz\u00fcgen des gegenw\u00e1rtigen Zeitalters (1806) representa un intento \u00fanico de traducir la herencia intelectual as\u00ed entendida de Rousseau en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-universal. La historia mundial enlaza, seg\u00fan este texto, con un estado natural paradis\u00edaco y arm\u00f3nico en el que la raz\u00f3n, a\u00fan sin comprenderse a s\u00ed misma, domina necesariamente como un impulso ciego. De aqu\u00ed se pasa a una segunda \u00e9poca en la que la autoconsciencia inicial del individuo choca con la ley de la totalidad como si se tratase de un imperativo externo, pero al que a\u00fan se somete. Posteriormente, ambos entran en conflicto y se llega al rechazo, por parte del individuo, de toda autoridad. La raz\u00f3n parece perdida. Su ciego dominio ya se ha truncado; ya no reconocer\u00e1 a ning\u00fan poder externo; sin embargo, a\u00fan no se ha alcanzado su dominio consciente querido y aceptado de modo universal. La humanidad vive en el &quot;estadio de pecaminosidad consumada&quot;. Y solo a partir de \u00e9l puede, con lo que se cierra el proceso, pasar la era del &quot;arte de la raz\u00f3n&quot; en la que nuevamente se recobra la armon\u00eda inicial, pero recuperada a trav\u00e9s de la libertad, en tanto que obra consciente de los hombres, los cuales determinan de manera creadora y aut\u00f3noma su vida de acuerdo con sus eternos fines naturales. (&#8230;)&quot;  Henri Guillemin \u00a1Los pobres a callar!  Durante la celebraci\u00f3n del segundo centenario de la revoluci\u00f3n francesa (1989), frente a la operaci\u00f3n revisionista algunos historiadores reaccionaron en clave de defender los aspectos sociales de aquella revoluci\u00f3n y la necesaria continuidad entre cualquier pensamiento emancipador y aspectos de la obra revolucionaria sobre todo del 73 al 75. Uno de ellos, fue Henri Guillemin. Reproducimos aqu\u00ed el pr\u00f3logo de su obra ( &quot;\u00a1 Los pobres a callar!&quot;, Grijalbo Mondadori, Barcelona 1997), que consciente y acertadamente se autocalifica de libelo.  &quot;Hab\u00eda pensado en Elogio de los vencidos. Pero para entender este t\u00edtulo hab\u00eda que leer antes este breve escrito.- \u00bflos &quot;vencidos&quot; ? Los que fueron liquidados el 9 de termidor, en la m\u00e1s bonita fiesta de la guillotina, ciento diez cabezas cortadas en cuarenta y ocho horas, el 10 y el 11. Los que hab\u00edan cre\u00eddo en la Revoluci\u00f3n, una revoluci\u00f3n que no s\u00f3lo cambiar\u00eda las estructuras, sino que ante todo y sobre todo modificar\u00eda la concepci\u00f3n humana de la vida, del uso de los d\u00edas. Inmediatamente apareci\u00f3, l\u00edmpido, este t\u00edtulo: \u00a1Los pobres, a callar!  Dos razones me han como empujado por detr\u00e1s para dictarme este&#8230; \u00bfqu\u00e9? dicho en plan pedante, este compendio de los sucesos que se desarrollaron en Francia de 1789 a 1799, este &quot;resumen did\u00e1ctico&quot; de la Revoluci\u00f3n. Primer m\u00f3vil: el estado violento de &quot;insoportaci\u00f3n&quot; (el neologismo es de Flaubert) en que me ha sumido la ostentaci\u00f3n estridente y perentoria de una doctrina seg\u00fan la cual la Revoluci\u00f3n, por un lado, se diluye a lo largo de cerca de un siglo, y por otro &#8211; ah\u00ed est\u00e1 el gran invento- &quot;pierde el control&quot; (esa es la palabra clave, la contrase\u00f1a, la marca del iniciado), pierde el control, s\u00ed, muy deprisa. Desde la Legislativa el mal est\u00e1 hecho; dicho de otra forma, lo sensato habr\u00eda sido un gobierno al estilo Luis Felipe. De modo que la Rep\u00fablica es el resultado de un patinazo. No est\u00e1 mal para el bicentenario. Original, en todo caso.  El otro m\u00f3vil que se ha apoderado de mi bol\u00edgrafo para darle fiebre es el asunto de la propiedad, demasiado olvidado, creo yo, en los relatos y comentarios al uso sobre la Revoluci\u00f3n. Lo que hay que saber, porque es fundamental, es que a partir de la reuni\u00f3n de los Estados Generales cundi\u00f3 el p\u00e1nico entre les honn\u00e9tes gens, la &quot;gente honrada&quot;, f\u00f3rmula que debemos, creo, a La Fayette; gente honrada = gente de bien, gente que &quot;tiene bien&quot;, bienes, dicho de otra forma, los propietarios, frente a los que fueron excluidos del derecho a voto y de la guardia nacional ,los no propietarios, la &quot;gente de nada&quot; ( gens de rien). Robespierre fue de los pocos &#8211; de los poqu\u00edsimos &#8211; revolucionarios que pretendieron crear una &quot;conciencia de clase&quot; entre los explotados ( del campo y de la ciudad). No lo consigui\u00f3. Demasiado pronto. Esperemos a la expansi\u00f3n industrial del siglo posterior y a las concentraciones de proletarios. En cambio, entre la gente de bien, vaya si est\u00e1 ah\u00ed, desde el 89, la conciencia de clase, viva, os lo aseguro, l\u00facida, asustada, agresiva. Basta con ver y escuchar a Madame de St\u00e4el, a Si\u00e8yes, a Barnave y a otros muchos. Y todo gir\u00f3 en torno a este asunto, con el pavor (creciente durante cinco a\u00f1os) de &quot;los que tienen&quot; en presencia de &quot;los que no tienen&quot;, y a los que a toda costa ( y constantemente) hay que vigilar y contener, primero con un despliegue amenazador de fuerza el 14 de julio de 1790, y luego con un uso crepitante y persuasivo, el 17 de julio de 1791. Las tres asambleas que gobernaron hasta el Directorio, La Nacional, la legislativa y la convenci\u00f3n todas ellas- tambi\u00e9n la Convenci\u00f3n- estuvieron formadas por propietarios. La primera, al d\u00eda siguiente de los disturbios rurales de julio de 1789, tuvo buen cuidado de dotar a la Propiedad de un atributo in\u00e9dito, reforzado, solemne. Y podremos admirar a Danton, que el d\u00eda en que la Convenci\u00f3n celebr\u00f3 su primera sesi\u00f3n aport\u00f3 un adverbio inesperado y grandioso en apoyo de la fortuna adquirida. Odioso, intolerable ese Robespierre que en abril de 1793 os\u00f3 proponer un l\u00edmite oficial al derecho a la propiedad. Estaba loco, era un malhechor un &quot;anarquista&quot;. Por fin, el 9 de termidor, la &quot;gente honrada&quot; respir\u00f3 aliviada. \u00a1Que liberaci\u00f3n! En el Comit\u00e9 de Salvaci\u00f3n P\u00fablica hab\u00edan llegado a intervenir en el orden econ\u00f3mico -estableciendo un &quot;m\u00e1ximo&quot; para el precio de los art\u00edculos en oto\u00f1o del 93-, cuando el dogma de los girondinos implicaba una abstenci\u00f3n rigurosa, absoluta , del estado en este terreno. Fue la Convenci\u00f3n -si, la misma-, mostrando su verdadero rostro despu\u00e9s de quitarse la m\u00e1scara que se hab\u00eda puesto por miedo a los robespierristas, la que aclam\u00f3 a Boissy d&#8217; Anglas cuando expuso en la tribuna esta verdad fundamental: &quot;Un pa\u00eds gobernado por los propietarios est\u00e1 en el orden natural&quot;. Pero la rectificaci\u00f3n de termidor era imperfecta, insuficiente. Subsist\u00eda el principio republicano, esencialmente temible en s\u00ed mismo. Brumario cerr\u00f3 el par\u00e9ntesis siniestro abierto por el 10 de agosto de 1792 y el sufragio universal. Se acabaron las elecciones &quot;del todo&quot; y la rep\u00fablica, Necker y sus amigos banqueros recuperaron la dicha y la beatitud. La &quot;gente de nada&quot; \u00a1chit\u00f3n!, y de una vez por todas.  E.J. Hobsbawn Los ecos de la marsellesa  El historiador brit\u00e1nico escribi\u00f3 su trascendental obra en 1989, ampliando los textos de unas conferencias que dio en la Rutgers University de New Brunswick. El libro constituye un interesante ensayo sobre las repercusiones pol\u00edticas de la revoluci\u00f3n francesa a lo largo de dos siglos, as\u00ed como sobre la evoluci\u00f3n de la historiograf\u00eda revolucionaria. Por su inter\u00e9s, publicamos aqu\u00ed un extracto de su \u00faltimo cap\u00edtulo titulado &quot;Sobrevivir al revisionismo, sin notas a pie de p\u00e1gina. Insistimos en la importancia de la lectura completa de esta obra que hallaremos en Editorial Cr\u00edtica, Barcelona 1992.  &quot; (&#8230;) En resumen, el revisionismo sobre la historia de la Revoluci\u00f3n francesa no es m\u00e1s que un aspecto de un revisionismo mucho m\u00e1s amplio sobre el proceso del desarrollo occidental (y luego global) hacia, y en, la era del capitalismo. No afecta s\u00f3lo a la interpretaci\u00f3n marxista, sino a la mayor\u00eda de interpretaciones hist\u00f3ricas de estos procesos, pues a la luz de los extraordinarios cambios que han transformado el mundo desde el final de la segunda guerra mundial, todos parecen defender la necesidad de reflexionar. No existe un precedente hist\u00f3rico de cambios tan r\u00e1pidos, profundos y (en t\u00e9rminos socioecon\u00f3micos) revolucionarios en un per\u00edodo tan breve. Muchas cosas que al principio pasaron inadvertidas se hicieron patentes a la luz de esta experiencia contempor\u00e1nea. Muchas cosas que se dieron por sentadas aparecen cuestionadas. Adem\u00e1s, no s\u00f3lo los or\u00edgenes hist\u00f3ricos y el desarrollo de la sociedad moderna requieren ciertas reconsideraciones, sino que encontrarnos en id\u00e9ntica situaci\u00f3n a los mism\u00edsimos objetivos de di- chas sociedades, los cuales vienen siendo aceptados desde el siglo XVIII por todos los reg\u00edmenes modernos, capitalistas y (desde 1917) socialistas, a saber, el progreso tecnol\u00f3gico y el crecimiento econ\u00f3mico ilimitados. Los debates sobre lo que tradicionalmente (y leg\u00edtimamente) se ha considerado el episodio capital del desarrollo del mundo moderno, que constituye uno de sus hitos m\u00e1s destacado, deben situarse en el contexto m\u00e1s amplio del final del siglo xx, reconsiderando su pasado y su futuro en el contexto de la transformaci\u00f3n del mundo. Mas la Revoluci\u00f3n francesa no deber\u00eda convertirse retrospectivamente en la cabeza de turco que justifique nuestra incapacidad para comprender el presente.  Con revisionismo o sin \u00e9l, no olvidemos lo que resultaba obvio para todas las personas con una educaci\u00f3n en el siglo XIX y que todav\u00eda sigue si\u00e9ndolo: la relevancia de la Revoluci\u00f3n. El mismo hecho de que doscientos a\u00f1os despu\u00e9s siga siendo objeto de apasionados debates pol\u00edticos e ideol\u00f3gi<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"class_list":["post-98","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-jacobinismo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/98","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=98"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/98\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=98"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=98"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=98"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}