{"id":9891,"date":"2021-06-11T05:06:07","date_gmt":"2021-06-11T04:06:07","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9891"},"modified":"2021-06-06T11:10:41","modified_gmt":"2021-06-06T10:10:41","slug":"contra-la-meritocracia-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9891","title":{"rendered":"Contra la meritocracia (I)"},"content":{"rendered":"<p>Michael J. Sandel, Catedr\u00e1tico Anne T. y Robert M. Bass de ciencias pol\u00edticas en la Universidad de Harvard y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2018, public\u00f3 en 2020 <em>The Tiranny of Merit: What\u2019s Become of the Common Good? <\/em>Albino Santos Mosquera lo ha traducido recientemente para Debate con el t\u00edtulo: <em>La tiran\u00eda del m\u00e9todo. \u00bfQu\u00e9 ha sido del bien com\u00fan?. <\/em>364 p\u00e1ginas, un excelente (y muy \u00fatil) \u00edndice alfab\u00e9tico y m\u00e1s de 50 p\u00e1ginas de notas. Recojo una de las historias que cuenta en las conclusiones.<\/p>\n<p>Henry Aaron, uno de los m\u00e1s grandes jugadores de b\u00e9isbol de la historia, se cri\u00f3 en el Sur de Estados Unidos, en tiempos de segregaci\u00f3n racial. Howard Bryant, autor de una biograf\u00eda del jugador, cuenta que el joven Henry vio con frecuencia c\u00f3mo su padre ten\u00eda que ceder obligatoriamente su sitio en la cola a cualquier ciudadano blanco que entrara en la tienda.<\/p>\n<p>Cuando Jackie Robinson (1919-1972) rompi\u00f3 la barrera de color en el b\u00e9isbol profesional, Henry,\u00a0 13 a\u00f1os de edad entonces, sinti\u00f3 la inspiraci\u00f3n que necesitaba para convencerse de que tambi\u00e9n \u00e9l pod\u00eda jugar alg\u00fan d\u00eda en las grandes ligas usamericanas.<\/p>\n<p>Sin bate y bola con que entrenarse, su familia no pod\u00eda permitirse esos lujos, practicaba con lo que ten\u00eda a mano, probaba a batear con un palo tapones de botella que le lanzaba su hermano. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s Aaron termin\u00f3 rompiendo el r\u00e9cord de jonrones (<em>home runs) <\/em>de Babe Ruth en toda su trayectoria como jugador profesional. Bryant, el bi\u00f3grafo, concluye que \u201cpod\u00eda decirse que batear fue la primera meritocracia que Henry experiment\u00f3 en la vida\u201d.<\/p>\n<p>Sandel se\u00f1ala, con raz\u00f3n, que cuesta leer esas palabras sin quedarse prendado de la bondad y belleza de la meritocracia, sin considerarla una respuesta definitiva a la injusticia, sin sentirla como una reivindicaci\u00f3n del talento, el esfuerzo y las buenas formas frente al prejuicio, el racismo y la desigualdad de oportunidades. De esta idea es f\u00e1cil inferir que una sociedad justa es una sociedad meritocr\u00e1tica, en la que todos (y todas) tengamos las mismas posibilidades de ascender hasta donde nuestro talento, habilidades y nuestro esfuerzo nos lleven, como dir\u00eda Buzz Lightyear, el inolvidable personaje de <em>Toy Story,<\/em> \u00ab\u00a1hasta el infinito y m\u00e1s all\u00e1!\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, nos advierte Sandel, eso ser\u00eda un error, un grave error. La moraleja de la historia de Aaron no es esa, no se trata de optar por la meritocracia, de amarla incluso. Es otra muy distinta: deber\u00edamos\u00a0 aborrecer cualquier sistema de injusticia racial (o de cualquier otro tipo) del que solo se pueda salir-huir anotando jonrones (o marcando muchos goles o encestando 40 puntos por partido). La igualdad de oportunidades es un factor corrector de la injusticia, un factor necesario desde un punto de vista moral, pero es b\u00e1sicamente, matiza Sandel con raz\u00f3n y buenos argumentos, un principio reparador, no un ideal adecuado para generar una sociedad buena.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil tener siempre presente esta distinci\u00f3n. Inspirados por el heroico ascenso de unos pocos, solemos preguntarnos qu\u00e9 hacer para que otros puedan tener tambi\u00e9n la capacidad de huir de las condiciones que los ahogan si es el caso. En vez de reparar o subvertir esas condiciones de las que quieren huir con raz\u00f3n quienes las sufren, forjamos, cuando es el caso, una pol\u00edtica (err\u00f3nea) que hace de la movilidad social (el llamado ascensor social o expresiones afines) la respuesta a la desigualdad.<\/p>\n<p>Pero no es eso, no es eso, no debe ser eso.<\/p>\n<p>Sin embargo, concluye Sandel, derribar barreras es bueno. Por supuesto que lo es. Nadie deber\u00eda que relegado por la pobreza, por su clase social o por cualquier otro prejuicio (raza, etnia, sexo, edad, orientaci\u00f3n sexual, etc). Pero una sociedad buena, una sociedad que merezca llamarse as\u00ed, no puede tener tan solo la premisa de escapar de las situaciones de ahogo. Concentrarse exclusiva o principalmente en el ascenso social -la izquierda lo ha hecho en muchas ocasiones, suele o sol\u00eda incidir en sus discursos y pr\u00e1cticas en este punto- contribuye muy poco a cultivar los lazos sociales y los v\u00ednculos c\u00edvicos que quiere una sociedad verdaderamente democr\u00e1tica, social y humanizada. Una sociedad que pudiera facilitar esa movilidad ascendente (cosa que, desde luego, es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil e irreal en nuestras sociedades) necesitar\u00eda cuanto menos hallar formas de hacer posible que quienes no ascendieran -y todos no podemos ascender- florezcan all\u00e1 donde se encuentran y se vean a s\u00ed mismos como miembros de un proyecto com\u00fan, sin que ese proyecto com\u00fan sea realmente un proyecto dirigido por unos pocos y en su propio beneficio.<\/p>\n<p>La meritocracia no es una filosof\u00eda de izquierdas, no es una filosof\u00eda que reporte serenidad y apunte por s\u00ed sola a la justicia. No garantiza una sociedad buena, una sociedad donde todas y todos, independientemente de nuestras habilidades, nuestro esfuerzo y de nuestra suerte, seamos tratados con respeto, dignidad, amor y humanidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Michael J. Sandel, Catedr\u00e1tico Anne T. y Robert M. 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