{"id":9953,"date":"2021-06-18T05:00:50","date_gmt":"2021-06-18T04:00:50","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9953"},"modified":"2021-06-18T02:51:11","modified_gmt":"2021-06-18T01:51:11","slug":"la-crisis-de-la-educacion-1951","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=9953","title":{"rendered":"La crisis de la educaci\u00f3n (1951)"},"content":{"rendered":"<p>I<\/p>\n<p>La crisis general que se ha abatido por todo el mundo moderno y en casi todas las esferas de la vida se manifiesta de un modo diverso en cada pa\u00eds, afectando a campos diferentes y revistiendo diferentes formas. En Am\u00e9rica, uno de los aspectos m\u00e1s caracter\u00edsticos y sugerentes es la crisis peri\u00f3dica en la educaci\u00f3n, que, al menos durante la \u00faltima d\u00e9cada, se ha convertido en un problema pol\u00edtico de primer orden, constatado casi diariamente en la prensa. Sin duda, no se requiere una gran imaginaci\u00f3n para detectar los peligros de una disminuci\u00f3n progresiva y constante en los niveles medios en todo el sistema educativo; los innumerables y vanos esfuerzos de las autoridades educativas para hacer frente a esta corriente subrayan ya suficientemente la seriedad del problema. No obstante, si se compara esta crisis en la educaci\u00f3n con las experiencias pol\u00edticas de otros pa\u00edses en el siglo XX, con la agitaci\u00f3n revolucionaria que sigui\u00f3 a la Primera Guerra Mundial, con los campos de concentraci\u00f3n y exterminio, o incluso con el profundo malestar que, a pesar de todas las apariencias de prosperidad, se ha extendido por toda Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial, resulta entonces un tanto dif\u00edcil tomarse la crisis en la educaci\u00f3n todo lo en serio que merece. Es tentador, efectivamente, considerarlo como un fen\u00f3meno local, desconectado de los grandes problemas del siglo y cuya responsabilidad ha de atribuirse a ciertas particularidades de la vida estadounidense que no parecen tener equivalente en otras partes del mundo.<\/p>\n<p>Mas, si as\u00ed fuese, la crisis en nuestro sistema educativo no se habr\u00eda convertido en una cuesti\u00f3n pol\u00edtica y las autoridades educativas no se habr\u00edan mostrado incapaces de abordarla a tiempo. Y es que aqu\u00ed el problema va m\u00e1s all\u00e1 de la espinosa cuesti\u00f3n de por qu\u00e9 Fulanito no sabe leer. Adem\u00e1s, est\u00e1 siempre la tentaci\u00f3n de creer que tratamos con problemas espec\u00edficos, bien delimitados por la historia y las fronteras naturales y que s\u00f3lo importan a los inmediatamente afectados. En nuestros d\u00edas, es esta creencia precisamente la que se ha demostrado en todo momento falsa. Se puede tomar como una regla general de nuestro siglo que todo lo que sea posible en un pa\u00eds, puede ser, en un futuro previsible, igualmente posible en casi todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Aparte de estas razones de tipo general que parecer\u00edan aconsejar al hombre de la calle interesarse por problemas respecto de los cuales, desde el punto de vista del especialista, puede ser un ignorante (y este es desde luego mi caso al tratar de la crisis educativa, dado que no soy una profesional de la educaci\u00f3n), hay otra raz\u00f3n a\u00fan m\u00e1s fuerte para que se interese por una situaci\u00f3n cr\u00edtica que no le concieme directamente. Y es la oportunidad, proporcionada por el hecho mismo de la crisis -que arranca m\u00e1scaras y borra prejuicios-, de explorar e investigar sobre lo que se haya revelado como el fondo del asunto, y el fondo del asunto es la natalidad, el hecho de que nacen seres humanos en el mundo. La desaparici\u00f3n de los prejuicios significa simplemente que hemos perdido las respuestas en la que de ordinario nos apoyamos, sin damos cuenta siquiera de que, en su origen, eran respuestas a preguntas. Una crisis nos fuerza a volver sobre las preguntas mismas y nos exige respuestas, nuevas o viejas, pero en todo caso juicios directos. Una crisis se convierte en desastre si respondemos a ella con ideas preconcebidas, es decir, con prejuicios. Semejante actitud no solo agudiza la crisis, sino que nos hace perder la experiencia de la realidad y la oportunidad de reflexionar que proporciona.<\/p>\n<p>Por muy claramente que un problema general pueda presentarse durante una crisis, nunca es posible, sin embargo, aislar por completo el elemento universal de las circunstancias concretas y espec\u00edficas en las cuales aparece. Aunque esta crisis en la educaci\u00f3n pueda afectar al mundo entero, es una caracter\u00edstica suya el que sea en Am\u00e9rica donde encontremos su forma m\u00e1s extrema; y ello es debido quiz\u00e1 a que solo en Am\u00e9rica pod\u00eda una crisis en la educaci\u00f3n convertirse realmente en un factor pol\u00edtico. Es una cuesti\u00f3n de hecho el que en Am\u00e9rica la educaci\u00f3n juega un papel diferente que en otros pa\u00edses -y pol\u00edticamente mucho m\u00e1s importante, sin comparaci\u00f3n-. T\u00e9cnicamente, por supuesto, esto se explica por el hecho de que Am\u00e9rica haya sido siempre una tierra de inmigrantes; es obvio que este crisol, sumamente complejo, de los m\u00e1s diversos grupos \u00e9tnicos -nunca del todo conseguido, pero que constantemente se consigue m\u00e1s all\u00e1 de lo que cabr\u00eda esperar- solo puede llevarse a cabo a trav\u00e9s de la escolarizaci\u00f3n, la educaci\u00f3n y la americanizaci\u00f3n de los hijos de inmigrantes. Y puesto que para estos chicos el ingl\u00e9s no es su lengua matema, sino que tienen que aprenderlo en la escuela, esta debe obviamente asumir funciones que, en cualquier otro estado, competer\u00edan de modo natural a los padres.<\/p>\n<p>M\u00e1s decisivo, sin embargo, para nuestras consideraciones es el papel que la emigraci\u00f3n continua juega en la conciencia pol\u00edtica y en la mentalidad del pa\u00eds. Am\u00e9rica no es simplemente un pa\u00eds colonial que, para poblar sus tierras, necesita inmigrantes, pero con los que luego no contarla en su estructura pol\u00edtica. El lema que figura en cada billete de d\u00f3lar: Novus Ordo Saeclorum, un Nuevo Orden del Mundo, ha sido siempre el factor determinante para Am\u00e9rica. Los inmigrantes, los reci\u00e9n llegados, son para el pa\u00eds la garant\u00eda de que representa el nuevo orden. El sentido de este nuevo orden, de esta creaci\u00f3n de un mundo nuevo frente el viejo, fue y es la abolici\u00f3n de la pobreza y de la opresi\u00f3n. Pero, al mismo tiempo, su grandeza estriba en que, desde el principio, este nuevo orden no se desconect\u00f3 del mundo exterior -como en otras partes ha sido la norma en la fundaci\u00f3n de utop\u00edas- con el fin de confrontarlo con un modelo ideal; tampoco fue su intenci\u00f3n hacer valer pretensiones imperiales, ni ser predicado como un evangelio para los dem\u00e1s. Su relaci\u00f3n con el mundo exterior ha estado caracterizada, m\u00e1s bien, y desde el comienzo, por el hecho de que esta rep\u00fablica, que plane\u00f3 abolir la pobreza y la esclavitud, acogi\u00f3 a todos los pobres y oprimidos de la Tierra. En palabras pronunciadas por John Adams en 17\u00f35 -esto es, antes de la Declaraci\u00f3n de Independencia-: ((Siempre considero el establecimiento de Am\u00e9rica como el inicio de un gran plan y designio de la Providencia para la iluminaci\u00f3n y emancipaci\u00f3n de todos los oprimidos de la Tierra. Esta es la intenci\u00f3n fundamental, o la ley fundamental, de acuerdo con la cual Am\u00e9rica comenz\u00f3 su andadura hist\u00f3rica y pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Ese extraordinario entusiasmo por todo lo que es nuevo, que se manifiesta en casi todas las facetas de la vida cotidiana en Am\u00e9rica, y, estrechamente unido a esto, la confianza en una perfectibilidad indefinida -que Tocqueville se\u00f1al\u00f3 como el credo del hombre com\u00fan, y que como tal precede en casi cien a\u00f1os a su desarrollo en otros pa\u00edses occidentales-, hab\u00eda tenido en todo caso como resultado, presumiblemente, el que se prestase una mayor atenci\u00f3n y se concediese una mayor significaci\u00f3n a los reci\u00e9n llegados por nacimiento -es decir, a los muchachos: aquellos a quienes, una vez que dejaban atr\u00e1s la infancia y, ya adolescentes, se dispon\u00edan a ingresar en la comunidad de los adultos, y a los que los griegos llamaban simplemente los nuevos-. De todas formas, hay un hecho adicional que ha llegado a ser decisivo para el sentido de la educaci\u00f3n, y es que ese pathos de lo nuevo, aunque es bastante m\u00e1s antiguo que el siglo XV, solo en este se desarroll\u00f3 conceptual y pol\u00edticamente. De esta fuente proced\u00eda al principio un ideal educativo, tejido de rousseaunianismo y de hecho influido directamente por Rousseau, en el cual la educaci\u00f3n llegaba a ser un instrumento pol\u00edtico y la propia actividad pol\u00edtica se entend\u00eda como una forma de educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El papel que ha jugado la educaci\u00f3n en todas las utop\u00edas pol\u00edticas, a partir de la Antig\u00fcedad, muestra cu\u00e1n natural parece comenzar un nuevo mundo con aquellos que, por nacimiento y por naturaleza, son nuevos. Por lo que hace a la pol\u00edtica, esto implica desde luego una falsa concepci\u00f3n grave: en lugar de unirse a sus iguales asumiendo el esfuerzo de persuasi\u00f3n y arriesg\u00e1ndose a fracasar, se da una intervenci\u00f3n dictatorial fundada en la superioridad absoluta del adulto y el intento de producir lo nuevo como fait accompli, es decir, como si lo nuevo ya existiera. Por esta raz\u00f3n, en Europa, la creencia de que hay que empezar por los ni\u00f1os si se quiere producir nuevas condiciones ha quedado, principalmente, como monopolio de movimientos revolucionarios de cariz tir\u00e1nico, los cuales, cuando llegan al poder, arrancan a los hijos de sus padres y, sencillamente, los adoctrinan. La educaci\u00f3n puede no tomar parte en la pol\u00edtica, porque en esta tenemos que tratar siempre con quienes ya est\u00e1n educados. Quienquiera que pretenda educar a los adultos, pretende en realidad hacer de guardi\u00e1n suyo y apartarlos de la actividad pol\u00edtica. Dado que no se puede educar a los adultos, la palabra educaci\u00f3n suena muy mal en pol\u00edtica; lo que hay es una simulaci\u00f3n de educaci\u00f3n, mientras que el prop\u00f3sito real es la coerci\u00f3n sin el uso de la fuerza. Aquel que quiera seriamente crear un orden pol\u00edtico nuevo por medio de la educaci\u00f3n, es decir, ni a trav\u00e9s de la fuerza y la coacci\u00f3n, ni a trav\u00e9s de la persuasi\u00f3n, deber\u00e1 suscribir la terrible conclusi\u00f3n plat\u00f3nica: el destierro de toda la gente mayor del estado que va a ser fundado. Pero incluso a los ni\u00f1os a quienes se pretende educar para que Sean ciudadanos de un ut\u00f3pico ma\u00f1ana, se les niega de hecho su propio papel futuro en el cuerpo pol\u00edtico, pues, desde el punto de vista de los nuevos, por muy nuevo que el mundo adulto pueda presentarse, este es necesariamente m\u00e1s viejo que ellos. Est\u00e1 en la naturaleza misma de la condici\u00f3n humana el que cada generaci\u00f3n crezca en un mundo viejo, de manera que preparar una nueva generaci\u00f3n para un mundo nuevo solo puede significar que se pretende quitar de las manos a los reci\u00e9n llegados sus propias oportunidades de novedad.<\/p>\n<p>Todo esto no es de ning\u00fan modo el caso en Am\u00e9rica, y este hecho es precisamente lo que hace que sea tan dif\u00edcil juzgar correctamente estas cuestiones. El papel pol\u00edtico que juega de hecho la educaci\u00f3n en un pa\u00eds de inmigrantes, el hecho, por ejemplo, de que las escuelas no s\u00f3lo sirven a la americanizaci\u00f3n de los muchachos, sino que afectan igualmente a sus padres, el hecho de que aqu\u00ed, en efecto, se ayude a despedirse del viejo mundo e introducirse en el nuevo, todo ello fortalece la ilusi\u00f3n de que se est\u00e1 construyendo un nuevo mundo por medio de la educaci\u00f3n de los muchachos. Por supuesto, la verdadera situaci\u00f3n no es esta, en absoluto. El mundo que se les presenta a los muchachos, incluso en Am\u00e9rica, es un mundo viejo, es decir, un mundo preexistente, construido por los vivos y por los muertos, y solo es nuevo para quienes, por la inmigraci\u00f3n, han entrado recientemente en \u00e9l. Pero aqu\u00ed la ilusi\u00f3n es m\u00e1s fuerte que la realidad, porque brota directamente de una experiencia americana b\u00e1sica, la experiencia de que se puede fundar un nuevo orden, y, lo que es m\u00e1s, que se puede fundar con plena conciencia de continuidad hist\u00f3rica, pues la expresi\u00f3n Nuevo Mundo adquiere su sentido por referencia al Viejo, el cual, aunque muy admirable en otros aspectos, fue rechazado porque no supo encontrar soluci\u00f3n a la pobreza y la opresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, por lo que hace a la educaci\u00f3n misma, ha sido s\u00f3lo en nuestro siglo cuando la ilusi\u00f3n que surge del pathos de lo nuevo ha producido sus m\u00e1s graves consecuencias. Lo primero de todo, permiti\u00f3 a toda una serie de teor\u00edas educativas modernas, de origen centroeuropeo y que consist\u00edan en un pasmoso revoltijo de sensateces e insensateces, realizar la m\u00e1s radical revoluci\u00f3n en el sistema educativo entero, bajo la bandera de una educaci\u00f3n progresiva. Lo que en Europa ha quedado como un experimento, probado aqu\u00ed y all\u00ed en alguna que otra escuela y en instituciones educativas aisladas, extendiendo gradualmente luego su influencia a ciertos sectores, en Am\u00e9rica hace unos veinticinco a\u00f1os que ha desbaratado -como quien dice de un d\u00eda para otro- todas las tradiciones y todos los m\u00e9todos establecidos de ense\u00f1anza y aprendizaje. No entro en detalles, y dejo a un lado las escuelas privadas y, en especial, el sistema de escuela parroquiales cat\u00f3licas. El hecho significativo es que, por favorecer ciertas teor\u00edas, buenas o malas, se leg\u00f3 a rechazar todas las reglas del buen sentido. Semejante procedimiento tiene siempre consecuencias perniciosas, especialmente en un pa\u00eds que se f\u00eda tanto del sentido com\u00fan en su vida pol\u00edtica. Siempre que en las cuestiones pol\u00edticas la sana raz\u00f3n humana fracasa, o renuncia al intento de proporcionar respuestas, nos enfrentamos a una crisis; porque este tipo de raz\u00f3n no es sino ese sentido com\u00fan en virtud del cual estamos, junto con nuestros cinco sentidos, adaptados a un mundo com\u00fan para todos, y con cuya ayuda nos movemos por \u00e9l. La desaparici\u00f3n del sentido com\u00fan en la actualidad es el signo m\u00e1s seguro de la actual crisis. En toda crisis se destruye una parte del mundo, algo com\u00fan a todos. El fracaso del sentido com\u00fan, como una varilla de zahor\u00ed, se\u00f1ala el lugar donde el derrumbamiento se ha producido.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la respuesta a la pregunta de por qu\u00e9 Fulanito no sabe leer, o a esa otra m\u00e1s general de por qu\u00e9 el nivel de la escuela americana media est\u00e1 realmente tan retrasado respecto de los niveles medios de todos los pa\u00edses de Europa, esta respuesta no es, por desgracia, que simplemente este pa\u00eds es joven y aun no se ha puesto al d\u00eda en los niveles del Viejo Mundo; sino que, muy al contrario, este pa\u00eds, en este campo en particular, es el m\u00e1s avanzado y el m\u00e1s moderno del mundo. Y esto es verdad en un doble sentido: en ninguna parte los problemas educativos de una sociedad de masas se han hecho tan agudos, y en ninguna parte adem\u00e1s las modernas teor\u00edas en el terreno de la pedagog\u00eda han sido aceptadas tan acr\u00edtica y servilmente. De este modo, la crisis de la educaci\u00f3n americana por un lado anuncia la ruina de la educaci\u00f3n progresiva y, por otro lado, presenta un problema de dificultad inmensa, porque ha surgido en el seno de una sociedad de masas y como respuesta a sus exigencias.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con esto debemos tener presente otro factor m\u00e1s general, que sin duda no caus\u00f3 la crisis, pero que la ha agravado en un grado considerable: se trata del papel que el concepto de igualdad juega y ha jugado siempre en la vida americana. En este concepto est\u00e1 en juego bastante m\u00e1s que la igualdad ante la ley, o que la nivelaci\u00f3n de las diferencias de clase, m\u00e1s incluso que lo que indica la expresi\u00f3n igualdad de oportunidades, aunque tenga una gran importancia a este respecto, pues el derecho a la educaci\u00f3n es para los americanos uno de los derechos civiles inalienables. Esto \u00faltimo ha sido decisivo para la estructura de un sistema de escuelas p\u00fablicas en el que la escuela secundaria, en el sentido europeo, existe s\u00f3lo excepcionalmente. Dado que la escolarizaci\u00f3n es obligatoria hasta los diecis\u00e9is a\u00f1os, todo muchacho debe entrar en el Instituto, que se convierte, por ello, b\u00e1sicamente en una suerte de continuaci\u00f3n de la escuela primaria. De esta falta de ense\u00f1anza secundaria resulta el que la preparaci\u00f3n para la ense\u00f1anza superior tenga que ser proporcionada por las propias universidades, cuyos curr\u00edcula sufren as\u00ed de una sobrecarga cr\u00f3nica, que afecta a su vez a la calidad del trabajo all\u00ed realizado.<\/p>\n<p>A primera vista, se podr\u00eda tal vez pensar que esta anomal\u00eda tiene su origen en la naturaleza misma de la sociedad de masas, en la que la educaci\u00f3n ha dejado de ser privilegio de las clases acomodadas. Un vistazo a Inglaterra -donde, como todo el mundo sabe, desde hace algunos a\u00f1os todas las capas de la poblaci\u00f3n tienen tambi\u00e9n acceso a la ense\u00f1anza secundaria- nos mostr\u00f3 que no es as\u00ed. Pues en Inglaterra, al finalizar la escuela primaria, los alumnos, con once a\u00f1os, deben pasar un temible examen, como consecuencia del cual s\u00f3lo en tomo a un diez por ciento de los escolares logra proseguir su educaci\u00f3n. Ni siquiera en Inglaterra se acept\u00f3 sin protestas el rigor de esta selecci\u00f3n; en Am\u00e9rica habr\u00eda sido sencillamente imposible. A lo que se apunta en Inglaterra es a la meritocracia, lo que claramente es de nuevo el establecimiento de una oligarqu\u00eda, esta vez no de riquezas o de nacimiento, sino de talento. Pero esto significa, aun cuando los ingleses puedan no darse cuenta de ello, que el pa\u00eds, incluso con un gobierno socialista, continuar\u00e1 siendo gobernado como lo ha sido desde tiempo inmemorial, a saber, ni como monarqu\u00eda ni como democracia, sino como una oligarqu\u00eda o aristocracia -esta \u00faltima suponiendo que los mejor dotados son tambi\u00e9n los mejores, lo cual de ning\u00fan modo es algo evidente-. En Am\u00e9rica, semejante divisi\u00f3n casi f\u00edsica de los muchachos en dotados y no dotados se considerarla intolerable. La meritocracia, no menos que cualquier otra oligarqu\u00eda, contradice el principio de la igualdad, de una democracia igualitaria.<\/p>\n<p>Por eso, lo que hace que la crisis educativa sea en Am\u00e9rica tan especialmente aguda es la disposici\u00f3n pol\u00edtica del pa\u00eds, que de por s\u00ed lucha por igualar o borrar hasta donde sea posible las diferencias entre j\u00f3venes y viejos, entre dotados y no dotados, y por fin entre ni\u00f1os y adultos, especialmente entre alumnos y maestros. Es obvio que semejante igualaci\u00f3n s\u00f3lo se podr\u00e1 cumplir a costa de la autoridad del maestro y a expensas de los m\u00e1s dotados de entre los estudiantes. Comoquiera que sea, es igualmente obvio, al menos para cualquiera que haya entrado alguna vez en contacto con el sistema educativo americano, que esta dificultad, arraigada en la actitud pol\u00edtica del pa\u00eds, tiene tambi\u00e9n grandes ventajas, no solo de tipo humano, sino igualmente desde un punto de vista educativo; en cualquier caso, estos factores generales no pueden explicar la crisis en la que nos hallamos actualmente ni justificar las medidas a trav\u00e9s de las cuales se ha precipitado esa crisis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Estas medidas desastrosas se pueden rastrear esquem\u00e1ticamente a partir de tres supuestos b\u00e1sicos, todos ellos de sobra conocidos. El primero es que existe un mundo infantil y una sociedad formada por muchachos, que son aut\u00f3nomos y se les debe dejar gobernarse en la medida de lo posible. Los adultos est\u00e1n tan s\u00f3lo para ayudarles en ese gobierno. La autoridad que dice a cada muchacho qu\u00e9 hacer y qu\u00e9 no hacer reposa en el propio grupo de muchachos; esto, entre otras consecuencias, produce una situaci\u00f3n en la cual el adulto queda desamparado frente a cada muchacho en concreto y sin contacto con \u00e9l. S\u00f3lo puede decirle que haga lo que a \u00e9l le gustarla y, luego, evitar que ocurra lo peor. Las relaciones reales y normales entre muchachos y adultos, resultado del hecho de que en el mundo est\u00e1n siempre juntas personas de todas las edades, quedan de esta manera rotas. As\u00ed pues, este primer supuesto b\u00e1sico se resume en que se tiene en cuenta solo al grupo y no al muchacho en tanto que individuo.<\/p>\n<p>En cuanto al muchacho, dentro del grupo, se halla desde luego en peor situaci\u00f3n que antes, pues la autoridad de un grupo, incluso de un grupo de muchachos, es siempre bastante m\u00e1s fuerte y m\u00e1s tir\u00e1nica que la autoridad individual m\u00e1s severa que pueda haber. Visto desde el punto de vista del muchacho individualmente tomado, sus oportunidades de rebelarse, o de hacer algo por iniciativa propia, son pr\u00e1cticamente nulas; no se encuentra ya en pugna desigual con una persona que, con toda seguridad, posee una superioridad absoluta sobre \u00e9l -aunque en esta pugna \u00e9l pueda, sin embargo, contar con la solidaridad de los otros muchachos, es decir, de sus iguales-; m\u00e1s bien se halla en la posici\u00f3n, desesperada por definici\u00f3n, de quien es minor\u00eda de uno solo, enfrentado a la mayor\u00eda absoluta de todos los dem\u00e1s. Hay muy pocos adultos que puedan soportar una situaci\u00f3n semejante, aun cuando no hubiese adem\u00e1s presiones extremas; los ni\u00f1os son, simple y llanamente, incapaces de ello.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, emancip\u00e1ndole de la autoridad del adulto, no se ha liberado al muchacho, sino que se le ha sometido a una autoridad mucho m\u00e1s terror\u00edfica y verdaderamente tir\u00e1nica: la tiran\u00eda de la mayor\u00eda. En cualquier caso, el resultado es que el muchacho, por as\u00ed decirlo, ha sido desterrado del mundo de los adultos. O bien son abandonados a su suerte, o bien son entregados a la tiran\u00eda de su propio grupo, contra el que no pueden rebelarse, debido a su superioridad num\u00e9rica; con el que no puede razonar, porque no son m\u00e1s que muchachos; y del que no pueden huir hacia no se sabe qu\u00e9 otro mundo, porque el de los adultos les est\u00e1 vedado. La reacci\u00f3n de los muchachos ante esta presi\u00f3n tiende a ser, o bien el conformismo, o bien la delincuencia juvenil, y a menudo una mezcla de ambas.<\/p>\n<p>El segundo supuesto b\u00e1sico que viene a colaci\u00f3n en la actual crisis tiene que ver con la ense\u00f1anza. Bajo la influencia de la psicolog\u00eda moderna y de los principios del pragmatismo, la pedagog\u00eda ha evolucionado hacia una ciencia de la ense\u00f1anza en general, de tal manera que se ha liberado por completo de las materias que en realidad se vayan a ense\u00f1ar. Un profesor, se pensaba, es simplemente una persona capaz de ense\u00f1ar alguna cosa; su formaci\u00f3n est\u00e1 en el propio ense\u00f1ar, no en el dominio de alg\u00fan tema en particular. Como veremos, esta actitud, naturalmente, est\u00e1 muy estrechamente ligada a un supuesto b\u00e1sico acerca del aprendizaje. Adem\u00e1s, ha tenido como resultado el m\u00e1s grave descuido en la formaci\u00f3n de los profesores en sus propias disciplinas, especialmente en los institutos p\u00fablicos. Puesto que el profesor no necesita conocer su propia materia, no es infrecuente que sepa poco m\u00e1s que sus alumnos. Lo que a su vez significa, no solo que de hecho se deja a los estudiantes abandonados a sus propios recursos, sino, adem\u00e1s, que ya no es efectiva lo que era la fuente m\u00e1s leg\u00edtima de la autoridad del profesor, en cuanto persona que, por muchas vueltas que le demos, sigue sabiendo m\u00e1s y haci\u00e9ndolo mejor que uno. De manera que ya no pueda existir el profesor no autoritario, aquel que, de ser capaz de contar con su propia autoridad en su materia, querr\u00eda abstenerse de todo m\u00e9todo coercitivo.<\/p>\n<p>Mas el que la pedagog\u00eda y las escuelas de profesorado est\u00e1n jugando este papel pernicioso en la presente crisis, solo ha sido posible a causa de una teor\u00eda moderna acerca del aprendizaje. Teor\u00eda que consist\u00eda simplemente en la aplicaci\u00f3n l\u00f3gica, en nuestro contexto, del tercer supuesto b\u00e1sico, un supuesto que el mundo moderno ha defendido durante siglos y que encontr\u00f3 su expresi\u00f3n conceptual sistem\u00e1tica en el pragmatismo. Este supuesto b\u00e1sico consiste en que uno solo puede conocer y entender lo que uno mismo ha hecho, y su aplicaci\u00f3n a la educaci\u00f3n es tan elemental como obvia: sustituir, hasta donde sea posible, el aprender por el hacer La raz\u00f3n de que no se concediese importancia al dominio de su propia materia por parte del profesor era que se le quer\u00eda obligar al ejercicio de la actividad continua del aprendizaje, de modo que no transmitiera, como se declara, (un saber muerto), sino que, en lugar de esto, demostrara constantemente c\u00f3mo se produce este saber. La intenci\u00f3n consciente de esto no era ense\u00f1ar un saber, sino inculcar una destreza, y el resultado fue una suerte de trasformaci\u00f3n de las instituciones de ense\u00f1anza en institutos profesionales, los cuales, si tuvieron \u00e9xito cuando se trataba de ense\u00f1ar a conducir o a escribir a m\u00e1quina, o -lo que es a\u00fan m\u00e1s importante para \u00e9l arte de vivir- llevarse bien con los dem\u00e1s y a ser popular, fueron en cambio incapaces de hacer que los muchachos aprendieran los conocimiento normales de un curr\u00edculum medio.<\/p>\n<p>De todas formas, esta descripci\u00f3n no solo peca de obviamente exagerada con el fin de traer la cuesti\u00f3n, sino que adem\u00e1s no tiene en cuenta c\u00f3mo, en este proceso, se concedi\u00f3 especial importancia a borrar en lo posible la distinci\u00f3n entre trabajo y juego, en favor de \u00e9ste. Se consider\u00f3 el juego como la manera m\u00e1s apropiada y viva de comportarse el ni\u00f1o en el mundo, como el \u00fanico tipo de actividad que se desarrolla espont\u00e1neamente a partir de su existencia como ni\u00f1o: solo lo que puede aprenderse por medio del juego hace justicia a esta vivacidad. La actividad m\u00e1s caracter\u00edstica del ni\u00f1o -se pensaba- es el juego; el aprender en el viejo sentido, al forzar al muchacho a una actitud de pasividad, le obliga a renunciar a su propia iniciativa, expresada en el juego.<\/p>\n<p>El aprendizaje de los idiomas ilustra directamente la estrecha conexi\u00f3n entre estas dos cosas -la sustituci\u00f3n del aprender por el hacer, y la del trabajar por el jugar-; el muchacho ha de aprender hablando, esto es, haciendo, y no estudiando la gram\u00e1tica y la sintaxis; en otras palabras, el muchacho debe aprender la lengua extranjera de la misma manera en que de peque\u00f1o aprendi\u00f3 la suya propia: como un juego y sin cortar la continuidad de la existencia normal. Dejando aparte la cuesti\u00f3n de si ello es o no posible (en buena medida lo es, m\u00e1s solo cuando se puede tener al muchacho el d\u00eda entero en un ambiente en que se hable la lengua extranjera), lo que est\u00e1 claro es que este procedimiento intenta deliberadamente mantener al muchacho, tanto como sea posible, en el nivel infantil. Precisamente aquello que deber\u00eda preparar al muchacho para el mundo de los adultos, el h\u00e1bito gradualmente adquirido del trabajo sustituyendo al del juego, queda abolido en favor de una especie de autonom\u00eda de la infancia.<\/p>\n<p>Sea cual sea el v\u00ednculo existente entre hacer y saber, o cualquiera que sea la validez de la f\u00f3rmula pragm\u00e1tica, su aplicaci\u00f3n a la educaci\u00f3n, esto es, a la manera en que el muchacho aprende, tiende a hacer del mundo de la infancia un absoluto, y precisamente de la misma manera en que ya lo hicimos notar a prop\u00f3sito del primer supuesto b\u00e1sico. Tambi\u00e9n aqu\u00ed, so pretexto de respetar la independencia del muchacho, se le excluye del mundo de los adultos y se le mantiene artificialmente en el suyo, si es que podemos considerarlo un mundo. Este retener as\u00ed al ni\u00f1o es artificial porque rompe con la relaci\u00f3n natural entre adulto y ni\u00f1os, que consiste, entre otras cosas, en ense\u00f1ar y aprender, y porque al mismo tiempo contradice el hecho de que el ni\u00f1o es un ser humano en pleno desarrollo, de que la infancia es un estadio temporal, una preparaci\u00f3n para la edad adulta.<\/p>\n<p>La actual crisis en Am\u00e9rica es resultado del reconocimiento de lo que de destructivo hay en estos supuestos b\u00e1sicos, y un intento desesperado de reformar todo el sistema educativo, es decir, de transformarlo completamente. Lo que de hecho se est\u00e1 intentando al hacer esto -excepto en el caso de los planes de enorme incremento de los medios para las pr\u00e1cticas en las ciencias f\u00edsicas y la tecnolog\u00eda- no es sino una restauraci\u00f3n: la ense\u00f1anza, una vez m\u00e1s, se dirigir con autoridad; habr\u00e1 que terminar con el juego en las horas escolares, y una vez m\u00e1s habr\u00e1 que ocuparse en trabajos serios; el \u00e9nfasis pasar\u00e1 de las actividades extracurriculares a los conocimientos prescritos por el curr\u00edculum; y, finalmente, incluso se habla de que se van a transformar los actuales curr\u00edcula para profesores, de modo que ellos mismos tendr\u00e1n que aprender algo antes de que se los vuelva a dejar con los muchachos.<\/p>\n<p>Estas reformas propuestas, a\u00fan en fase de discusi\u00f3n y solo del inter\u00e9s de los americanos, no tienen aqu\u00ed su lugar; ni yo tengo competencia para discutir la cuesti\u00f3n m\u00e1s t\u00e9cnica (aunque a la larga tal vez aun m\u00e1s importante) de c\u00f3mo reformar los curricula de las escuelas primarias y secundarias en todos los pa\u00edses, con el fin de acercarlos a las necesidades totalmente nuevas del mundo actual. Lo que s\u00ed importa en nuestra discusi\u00f3n es una doble cuesti\u00f3n. Qu\u00e9 aspectos del mundo moderno y su crisis se han revelado de hecho en la crisis educativa, es decir, cu\u00e1les son las verdaderas razones de que durante d\u00e9cadas se haya podido decir y hacer las cosas en tal flagrante contradicci\u00f3n con el sentido com\u00fan. Y, en segundo lugar, \u00bfqu\u00e9 cabe aprender de esta crisis para la esencia de la educaci\u00f3n?, y no en el sentido de que de los errores siempre puede uno aprender, a saber, lo que no debe hacer, sino m\u00e1s bien en la reflexi\u00f3n sobre el papel que la educaci\u00f3n juega en toda civilizaci\u00f3n, es decir, sobre las obligaciones que la existencia de los ni\u00f1os acarrea a toda sociedad humana. Comenzaremos por la segunda cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Una crisis en la educaci\u00f3n, en cualquier \u00e9poca suscitarla serias preocupaciones, aun cuando no reflejara -como s\u00ed ocurre en el caso que nos ocupa- una crisis m\u00e1s general y una inestabilidad en la sociedad moderna. Pues la educaci\u00f3n se cuenta entre las actividades m\u00e1s elementales y necesarias de la sociedad humana, la cual nunca se queda como est\u00e1, sino que se renueva constantemente a trav\u00e9s de los nacimientos, con la llegada de nuevos seres humanos. Estos reci\u00e9n llegados, adem\u00e1s, no est\u00e1n del todo maduros, sino en proceso de llegar a serlo. As\u00ed, el muchacho, sujeto de la educaci\u00f3n, presenta para el educador un doble aspecto: es nuevo en un mundo que le es extra\u00f1o, y est\u00e1 en proceso de formaci\u00f3n; es un ser humano nuevo, y un ser humano en proceso de formaci\u00f3n. Este doble aspecto no es en modo alguno evidente, y no vale para las formas de vida puramente animales; corresponde a una doble relaci\u00f3n, la relaci\u00f3n con el mundo, de un lado, y la relaci\u00f3n con la vida, de otro. El ni\u00f1o comparte con todas las cosas vivas el estado de transformaci\u00f3n; respecto de la vida y su desarrollo, el muchacho es un ser humano en proceso de transformaci\u00f3n, exactamente igual que un potrillo es un caballo en proceso de crecimiento. Pero el muchacho es nuevo solo en relaci\u00f3n con un mundo que ya exist\u00eda antes que \u00e9l, que continuar\u00e1 tras su muerte y en el cual ha de pasarse la vida. Si el muchacho no fuera un reci\u00e9n llegado en este mundo humano, sino tan solo una criatura aun sin acabar, la educaci\u00f3n no serla m\u00e1s que una funci\u00f3n de la vida y solo consistir\u00eda en esa preocupaci\u00f3n por el sustento y ese entrenamiento y pr\u00e1ctica en el propio vivir que todo animal asume con sus peque\u00f1os.<\/p>\n<p>En el g\u00e9nero humano, sin embargo, los padres no solo han concebido a sus hijos y les han dado a luz; tambi\u00e9n, y al mismo tiempo, los han introducido en el mundo. Al educarles asumen tanto la responsabilidad para con la vida y el desarrollo de sus hijos, como la responsabilidad para la continuidad del mundo. Estas dos responsabilidades no coinciden en modo alguno; pueden incluso entrar en conflicto la una con la otra. La responsabilidad para con el desarrollo del muchacho en cierto sentido se vuelve contra el mundo; el muchacho necesita una protecci\u00f3n y un cuidado especiales, con el fin de que ninguna cosa destructiva pueda venirle del mundo. Mas tambi\u00e9n el mundo necesita protecci\u00f3n para impedir que sea arrasado por la irrupci\u00f3n de lo nuevo que se abate sobre \u00e9l a cada nueva generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Puesto que el muchacho debe ser protegido frente al mundo, su lugar tradicional est\u00e1 en la familia, cuyos miembros adultos regresan todos los d\u00edas del mundo exterior y se retiran a la seguridad de la vida privada entre cuatro paredes. Estas cuatro paredes, en cuyo interior se desarrolla la vida privada familiar, constituye un escudo protector frente al mundo, y en particular frente al aspecto p\u00fablico del mundo. Delimitan un lugar seguro sin el que ninguna cosa viviente puede salir adelante. Esto vale no solo para la vida de la infancia, sino incluso para la vida humana en general. Dondequiera que esta \u00faltima se exponga al mundo de forma continuada sin la protecci\u00f3n de la privacidad y la seguridad, se destruir\u00e1 su cualidad vital. En la esfera p\u00fablica, com\u00fan a todos, las personas cuentan, e igualmente sus obras, es decir, el trabajo de nuestras manos con que cada uno de nosotros contribuye al mundo com\u00fan; pero ah\u00ed la vida qua vida no importa. El mundo no puede mostrarse considerado con la vida, que tiene que permanecer oculta y protegerse de \u00e9l.<\/p>\n<p>Todo lo que vive, y no solo la vida vegetativa, emerge de la oscuridad, y, por muy fuerte que sea su tendencia natural a abrirse paso hacia la luz, sigue necesitando, sin embargo, de la oscuridad para poder crecer. Esta puede ser la raz\u00f3n de que los hijos de padres famosos tan a menudo se desenvuelvan mal. La fama traspasa las cuatro paredes, invade su espacio privado llevando consigo -en especial en las actuales condiciones- la mirada despiadada del dominio p\u00fablico, que lo inunda todo en la vida privada de aquellos, de manera que los hijos no tienen ya refugio seguro en el que poder crecer. Pero exactamente la misma destrucci\u00f3n del espacio vital real tiene lugar dondequiera que se hace el intento de convertir a los propios muchachos en una especie de mundo. De entre esos grupos homog\u00e9neos surge un tipo de vida p\u00fablica -dejando aparte el hecho de que esta no es una vida de verdad, y que todo el intento es una especie de fraude-; y queda el hecho perjudicial de que los muchachos -esto es, seres humanos en proceso de transformaci\u00f3n. Y aun no acabados- son por ello forzados a exponerse a la luz de la existencia p\u00fablica.<\/p>\n<p>Parece obvio que la educaci\u00f3n moderna, en la medida en que trata de establecer un mundo de ni\u00f1os, destruye las condiciones necesarias para el desarrollo y crecimiento de la vida. Pero que semejante da\u00f1o al muchacho debiera ser resultado de la educaci\u00f3n moderna le deja a uno ciertamente extra\u00f1ado, pues la educaci\u00f3n sostenla que su meta exclusiva era servir al ni\u00f1o y se rebelaba contra los m\u00e9todos del pasado porque estos no ten\u00edan suficientemente en cuenta su naturaleza profunda y sus necesidades. El Siglo del Ni\u00f1o, como podemos recordar, iba a emancipar al muchacho y a liberarlo de unos patrones provenientes del mundo adulto. (C\u00f3mo pudo ocurrir entonces que las m\u00e1s elementales condiciones de vida humana necesarias para el crecimiento y el desarrollo del ni\u00f1o fuera pasadas por alto, o sencillamente no reconocidas? (C\u00f3mo pudo ocurrir que se expusiera al muchacho a lo que, m\u00e1s que cualquier otra cosa, caracteriza al mundo adulto, a saber, su aspecto p\u00fablico, cuando se acababa de comprender que el error de toda la educaci\u00f3n del pasado habla estado en no haber considerado al muchacho sino como a un adulto tama\u00f1o reducido?<\/p>\n<p>La causa de este extra\u00f1o estado de cosas no tiene que ver directamente con la educaci\u00f3n; m\u00e1s bien se la ha de buscar en los juicios y prejuicios acerca de la naturaleza de la vida privada y del mundo p\u00fablico y de la relaci\u00f3n entre ambos, que han sido caracter\u00edsticos de la sociedad desde el comienzo de la \u00e9poca moderna y que los educadores -cuando por fin empezaron, relativamente tarde, a modernizar la educaci\u00f3n- aceptan como supuestos evidentes sin darse cuenta de las consecuencias que necesariamente hab\u00eda de tener para la vida del ni\u00f1o. De ning\u00fan modo es algo que cae por su propio peso, sino un rasgo peculiar de la sociedad moderna el que esta considere a la vida -es decir, la vida terrena del individuo tanto como de la familia- el m\u00e1s preciado de los bienes; y por esta raz\u00f3n emancip\u00f3 a esta vida, y a toda actividad que tenga que ver con su preservaci\u00f3n y enriquecimiento, del secreto de lo privado y las expuso a la luz de lo p\u00fablico. Este es el verdadero significado de la emancipaci\u00f3n de los trabajadores y de las mujeres, no en cuanto personas, sin duda, sino en la medida en que desempe\u00f1an una funci\u00f3n necesaria en el proceso vital de la sociedad.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos en ser afectados por este proceso de emancipaci\u00f3n fueron los ni\u00f1os, y precisamente aquello que habla significado para trabajadores y mujeres una autentica liberaci\u00f3n -porque estos eran no solo trabajadores y mujeres, sino tambi\u00e9n personas, que ten\u00edan, pues, un derecho a lo p\u00fablico, es decir, un derecho a ver y ser vistos, a hablar y a ser escuchados-, eso mismo constituy\u00f3 un abandono y una traici\u00f3n en el caso de los muchachos, quienes se encuentran aun en una fase en que el simple hecho de la vida y el crecimiento tiene m\u00e1s peso que el factor de la personalidad. Cuanto m\u00e1s completamente descarta la sociedad moderna la distinci\u00f3n entre lo que es privado y lo que es p\u00fablico, entre lo que s\u00f3lo en lugar oculto puede desarrollarse y lo que necesita ser mostrado a todos a plena luz p\u00fablica, es decir, cuando m\u00e1s introduce, entre lo privado y lo p\u00fablico, una esfera social intermedia en la cual lo privado se haga p\u00fablico y viceversa, m\u00e1s dif\u00edcil les pone las cosas a sus hijos, que por naturaleza necesitan la seguridad de un lugar oculto con el fin de madurar sin ser molestados.<\/p>\n<p>Por muy graves que puedan ser estos atentados contra las condiciones para el crecimiento vital, fueron ciertamente del todo involuntarios; todos los esfuerzos de la educaci\u00f3n moderna se dirigieron hacia el bienestar del ni\u00f1o; hecho, desde luego, que no deja de ser cierto, aunque los esfuerzos realizados no siempre consiguieran promover ese bienestar de la manera deseada. La situaci\u00f3n es completamente diferente en el \u00e1mbito de las tareas educativas dirigidas ya no al ni\u00f1o sino al joven, el reci\u00e9n llegado y extra\u00f1o, que ha nacido en un mundo ya existente que \u00e9l no conoce. Tareas, que son primariamente, aunque no exclusivamente, responsabilidad de las escuelas; se refieren a la ense\u00f1anza y el aprendizaje; el fracaso en este campo es el problema m\u00e1s urgente hoy en Am\u00e9rica. \u00bfQu\u00e9 hay en el fondo de todo esto?<\/p>\n<p>Normalmente, es en la escuela donde el ni\u00f1o hace su primera entrada al mundo. Ahora bien, la escuela no es de ning\u00fan modo el mundo, ni debe fingir serlo; es m\u00e1s bien la instituci\u00f3n que intercalamos entre el mundo y el dominio privado del hogar, con el fin de hacer posible la transici\u00f3n de la familia al mundo. No es la familia quien exige la asistencia, sino el Estado, es decir, el mundo p\u00fablico, y as\u00ed con respecto al ni\u00f1o, la escuela en un sentido representa a1 mundo, aunque de hecho no sea todav\u00eda el mundo. En esta fase de la educaci\u00f3n, los adultos, sin duda, asumen una vez m\u00e1s la responsabilidad para con el muchacho; mas ahora la responsabilidad no es tanto para con el bienestar vital de quien est\u00e1 creciendo, cuanto para con lo que generalmente se llama el libre desarrollo de peculiaridades y talentos. Desde un punto de vista general y esencial, en esto consiste la singularidad que distingue a cada ser humano de todos los dem\u00e1s, la cualidad en virtud de la cual no es solo un extra\u00f1o en el mundo, sino algo que nunca se dio antes.<\/p>\n<p>En la medida en que el muchacho no est\u00e1 aun al tanto de c\u00f3mo es el mundo, se le debe ir introduciendo poco a poco en \u00e9l; en la medida en que es nuevo, se debe tener cuidado de que estas cosas nuevas se satisfagan en relaci\u00f3n con el mundo tal y como es. De todas formas, ante los j\u00f3venes los educadores se presentan aqu\u00ed, en cualquier caso, como representantes de un mundo cuyas responsabilidades deben asumir, aunque no lo hayan hecho ellos, o incluso aunque puedan desear, secreta o abiertamente, que fuera distinto de como es. No se hace recaer esta responsabilidad sobre el educador de una manera arbitraria; va impl\u00edcito en el hecho de que son los adultos quienes introducen al muchacho en un mundo en continuo cambio. Cualquiera que rechace asumir una responsabilidad compartida hacia el mundo no deber\u00eda tener hijos, y no se le debe permitir que tome parte en su educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la educaci\u00f3n esta responsabilidad para con el mundo toma la forma de la autoridad. La autoridad del educador y la competencia del profesor no son lo mismo. Aunque para que haya autoridad es indispensable un m\u00ednimo de competencia, esta, por muy grande que sea, nunca puede por s\u00ed sola dar lugar a la autoridad. La competencia del profesor consiste en su conocimiento del mundo y en su capacidad de transmitir este conocimiento a los dem\u00e1s, mas su autoridad radica en su asunci\u00f3n de la responsabilidad para con ese mundo. De cara al muchacho es como si \u00e9l fuera un representante de todos los habitantes adultos que le se\u00f1alar\u00e1 cada cosa y le dijera al muchacho: este es nuestro mundo.<\/p>\n<p>Ahora bien, referente a la autoridad todos sabemos c\u00f3mo est\u00e1n hoy las cosas. Cualquiera que sea la actitud de cada uno hacia este problema, es evidente que la autoridad ya no juega ning\u00fan papel en la vida p\u00fablica y pol\u00edtica, o por lo menos no juega sino un papel ampliadamente impugnado, pues, desde luego, la violencia y el terror al uso en los pa\u00edses totalitarios nada tiene que ver con la autoridad. Sin embargo, esto, en el fondo, no quiere decir sino que, simplemente, ya no se pide a nadie que se tome la responsabilidad alguna, ni que se la conf\u00ede a nadie, pues dondequiera que ha habido verdadera autoridad, esta ha estado ligada a la responsabilidad por la marcha del mundo. Si se retira la autoridad de la vida p\u00fablica y pol\u00edtica, esto puede significar que en adelante la responsabilidad por la marcha del mundo se le va a pedir a cada uno. Pero esto tambi\u00e9n puede significar que se est\u00e1 desconociendo, conscientemente o no, las exigencias del mundo y su necesidad de orden; se est\u00e1 rechazando toda posibilidad para con el mundo: la de dar \u00f3rdenes tanto como la de obedecerlas. En la desaparici\u00f3n moderna de la autoridad no hay duda de que ambas intenciones est\u00e1n jugando cada una un papel y que a menudo han funcionado simult\u00e1nea e inseparablemente.<\/p>\n<p>En caso de la educaci\u00f3n, en cambio, no es posible tal ambig\u00fcedad en lo referente a la desaparici\u00f3n de la autoridad. Los muchachos no pueden rechazar la autoridad de los educadores como si se encontrasen bajo la opresi\u00f3n de una mayor\u00eda compuesta por adultos \u2013aun cuando los m\u00e9todos modernos de educaci\u00f3n han intentado, en efecto, poner en pr\u00e1ctica ese absurdo que consiste en considerar a los muchachos una minor\u00eda que tiene necesidad de liberarse-. La autoridad ha sido abolida por los adultos, y esto solo puede significar una cosa: que los adultos se niegan a asumir la responsabilidad del mundo en que han colocado a sus hijos.<\/p>\n<p>Existe desde luego un v\u00ednculo entre la desaparici\u00f3n de la autoridad en la vida p\u00fablica y pol\u00edtica y su desaparici\u00f3n en los \u00e1mbitos privados y prepol\u00edticos de la familia y la escuela. Cuanto m\u00e1s sistem\u00e1tica se hace la desconfianza hacia la autoridad en la esfera p\u00fablica, tanto m\u00e1s probable es, naturalmente, que ello afecte a la esfera privada. Se a\u00f1ade a esto el hecho \u2013probablemente decisivo- de que, desde tiempos inmemoriales, nuestra tradici\u00f3n de pensamiento pol\u00edtico nos haya habituado a considerar la autoridad de los padres sobre los hijos, de los profesores sobre los alumnos, como el modelo que permite comprender la autoridad pol\u00edtica. Es precisamente ese modelo, que uno encuentra ya en Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles, lo que hace tan ambiguo el concepto de autoridad pol\u00edtica. Se funda, para empezar, en una superioridad absoluta, tal que nunca podr\u00eda existir entre los adultos, y que desde el punto de vista de la dignidad humana no debe existir jam\u00e1s. En segundo lugar, y siguiendo el modelo de la infancia temprana, se funda en una superioridad puramente transitoria y, por consiguiente, \u00e9l mismo se contradice al ser aplicado a unas relaciones \u2013las relaciones entre gobernantes y gobernados- que por naturaleza no son transitorias. As\u00ed pues, el fondo del asunto \u2013es decir, el fondo de la crisis actual de la autoridad y a la vez al fondo de nuestro pensamiento pol\u00edtico tradicional- implica que la desaparici\u00f3n de la autoridad que de entrada se manifiesta en el \u00e1mbito pol\u00edtico se consume en el \u00e1mbito privado; y no es casualidad que el lugar donde antes se ha hecho tambalear la autoridad pol\u00edtica, a saber, en Am\u00e9rica, sea tambi\u00e9n aquel en que la actual crisis de la educaci\u00f3n se hace sentir con m\u00e1s fuerza.<\/p>\n<p>De hecho, esta desaparici\u00f3n general de la autoridad dif\u00edcilmente podr\u00eda manifestarse de una manera m\u00e1s radical que al introducirse en el \u00e1mbito prepol\u00edtico, en que la autoridad parec\u00eda prescrita por la propia naturaleza, independientemente de todos los cambios hist\u00f3ricos y de todas las condiciones pol\u00edticas. Por otra parte, el hombre moderno solo podr\u00eda expresar m\u00e1s claramente su descontento por el mundo y su disgusto por c\u00f3mo iban las cosas neg\u00e1ndose a asumir la responsabilidad por sus hijos. Es como si cada d\u00eda los padres dijesen: \u201cEn este mundo ni siquiera nosotros estamos seguros en casa; c\u00f3mo desenvolverse \u00a0por \u00e9l, qu\u00e9 saber, qu\u00e9 bagaje adquirir, son para nosotros otros tantos misterios. Deb\u00e9is intentar hacerlo lo mejor posible para salir adelante; en todo caso, no pod\u00e9is pedirnos cuentas. Somos inocentes; respecto de vuestra suerte, nos lavamos las manos\u201d.<\/p>\n<p>Esta actitud nada tiene que ver, desde luego; con el deseo revolucionario de un nuevo orden del mundo -Novus Ordo Saeclomm- que anta\u00f1o animara a Am\u00e9rica: m\u00e1s bien es s\u00edntoma del actual extra\u00f1amiento respecto del mundo que en todas partes se puede observar, pero que las condiciones de una sociedad de masas hacen aparecer en una forma particularmente radical y desesperada. No ha sido solo en Am\u00e9rica, ciertamente, donde las experiencias modernas de la educaci\u00f3n han tomado esos tintes totalmente revolucionarios; lo cual, hasta cierto punto, hace dif\u00edcil tener una visi\u00f3n m\u00e1s clara de la situaci\u00f3n, al tiempo que introduce un cierto grado de confusi\u00f3n en la discusi\u00f3n del problema; pues, contrariamente a otros comportamientos de este tipo, un hecho sigue siendo indiscutible: por mucho que haya estado verdaderamente animada por ese esp\u00edritu, a Am\u00e9rica nunca se le ha ocurrido introducir este nuevo orden en la educaci\u00f3n, sino que, al contrario, en este \u00e1mbito se ha mantenido conservadora.<\/p>\n<p>Evitemos malentendidos: me parece que el conservadurismo, en el sentido de conservaci\u00f3n, est\u00e1 en la esencia de la educaci\u00f3n, cuya labor es siempre cuidar y proteger -al ni\u00f1o frente al mundo, al mundo frente al ni\u00f1o, lo nuevo frente a lo viejo, lo viejo frente a lo nuevo-. lncluso la amplia responsabilidad por el mundo que con todo ello se asume implica, desde luego, una actitud conservadora. Pero esto vale solo en el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n, o m\u00e1s bien para las relaciones entre adultos y ni\u00f1os, y no en el \u00e1mbito de la pol\u00edtica, en el que nos movemos entre y con adultos y entre y con iguales. En pol\u00edtica, esta actitud conservadora -que acepta el mundo tal como es, procurando solo preservar el status quo- no puede llevar m\u00e1s que a la destrucci\u00f3n, porque el mundo, en conjunto y en sus detalles, se entrega irrevocablemente a la corrupci\u00f3n del tiempo, a menos que los seres humanos se determinen a intervenir, transformar las cosas y crear algo nuevo. Las palabras de Hamlet (los tiempos est\u00e1n desquiciados: \u00a1condenada desgracia, que haya nacido yo para enderezarlos!), vienen a ser verdaderas, aunque desde principios de este siglo tal vez hayan ganado una validez m\u00e1s persuasiva que antes.<\/p>\n<p>Esencialmente, siempre estamos educando para un mundo que est\u00e1 desquiciado, o poco le falta, pues es una situaci\u00f3n humana b\u00e1sica el que un mundo creado por manos mortales haya de servir de hogar a los mortales durante un tiempo limitado. Por estar hecho con manos mortales, el mundo se desgasta; y por cambiar continuamente sus habitantes, corre el riesgo de volverse tan mortal como ellos. Para preservar al mundo frente a sus creadores y habitantes tiene que ser constantemente reajustado. El problema consiste, simplemente, en educar de tal manera que de hecho siga siendo posible un reajuste, aun cuando, desde luego, ello nunca pueda ser garantizado. Nuestras esperanzas siempre dependen de lo que de novedoso aporte cada generaci\u00f3n; mas precisamente porque solo en eso podemos basar nuestras esperanzas, lo destrozamos todo si intentamos controlar eso nuevo para que podamos, los viejos, imponer c\u00f3mo haya de ser. Si la educaci\u00f3n ha de ser conservadora es precisamente en bien de lo que de novedoso y revolucionario pueda haber en cada muchacho; debe preservar esta novedad y presentarla como cosa nueva en un mundo viejo que, por muy revolucionarias que puedan ser sus acciones, est\u00e1n siempre desde el punto de vista de la generaci\u00f3n siguiente, como fuera de circulaci\u00f3n y a punto de destruirse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>La verdadera dificultad de la educaci\u00f3n moderna estriba en el hecho de que, pese a todo ese discurso de moda acerca del nuevo conservadurismo, incluso ese m\u00ednimo de conservaci\u00f3n y de actitud conservadora, sin lo cual la educaci\u00f3n sencillamente no es posible, es en nuestro tiempo sumamente dif\u00edcil de conseguir Hay muy buenas razones para ello. La crisis de la autoridad en la educaci\u00f3n va muy estrechamente ligada a la crisis de la tradici\u00f3n, es decir, a la crisis que hay en nuestra actitud hacia el pasado. Este aspecto de la crisis moderna le resulta al educador especialmente dif\u00edcil de soportar, ya que, siendo su tarea la de mediar entre lo viejo y lo nuevo, su propia profesi\u00f3n requiere de \u00e9l un extraordinario respeto por el pasado. A lo largo de muchos siglos, a saber, durante todo el per\u00edodo de civilizaci\u00f3n romano-cristiana, no tuvo el educador necesidad de tomar consciencia de que posea una cualidad especial, porque la reverencia al pasado era parte esencial de la mentalidad romana, cosa que no se vio alterada por el Cristianismo, que siempre lo asent\u00f3 sobre nuevas bases.<\/p>\n<p>Era esencial a la actitud romana (aunque esto en modo alguno es v\u00e1lido para toda civilizaci\u00f3n, ni siquiera para la tradici\u00f3n occidental en su conjunto) el considerar el pasado qua pasado como un modelo, los antepasados en todo momento como ejemplos gula para sus descendientes; el creer que toda grandeza se asienta en lo que ha sido, y, en consecuencia, que la edad humana mes digna es la vejez, el hombre ya mayor que, puesto que es casi un antepasado, puede servir como modelo para los vivos. Todo esto se muestra en contradicci\u00f3n, no solo con nuestro mundo y con la Edad Moderna, del Renacimiento en adelante, sino, por ejemplo, tambi\u00e9n con la actitud griega hacia la vida. Cuando Goethe dijo que envejecer es la gradual retirada del mundo de las apariencias, era un comentario hecho desde el esp\u00edritu de los griegos, para quienes coinciden el ser y el aparecer La actitud romana habr\u00eda sido la de que precisamente al envejecer y desaparecer lentamente de la comunidad de los mortales, alcanza el hombre su m\u00e1s caracter\u00edstica forma de ser, aun cuando, respecto del mundo de la apariencia, est\u00e1 en de desaparici\u00f3n; pues solo ahora se acerca a esa existencia en la que \u00e9l ser\u00e1 una autoridad para otros.<\/p>\n<p>Con el sereno fondo de semejante tradici\u00f3n, en la que la educaci\u00f3n tenla una funci\u00f3n pol\u00edtica (y este fue un caso \u00fanico), es de hecho relativamente f\u00e1cil hacerlo bien en materia de educaci\u00f3n, sin ni siquiera pararse a considerar lo que est\u00e1 uno haciendo, hasta tal punto el ethos espec\u00edfico del principio educativo este de acuerdo con las convicciones morales y \u00e9ticas b\u00e1sicas de la sociedad en general. Educar, en palabras de Polibio, era, sencillamente, hacerte ver que eres completamente digno de tus antepasados, y en este asunto el educador pod\u00eda ser un compa\u00f1ero en la discusi\u00f3n, y un compa\u00f1ero en el trabajo, porque tambi\u00e9n \u00e9l, aunque en un diferente nivel, pasaba por la vida con la vista hacia el pasado. Compa\u00f1erismo y autoridad no eran, ciertamente, en este caso sino dos caras de la misma moneda, y la autoridad del profesor estaba firmemente asentada en la envolvente autoridad del pasado como tal. Hoy, sin embargo, ya no estamos en esa situaci\u00f3n; y tiene poco sentido actuar como si aun lo estuvi\u00e9ramos, como si solo accidentalmente nos hubi\u00e9ramos desviado del camino correcto y en cualquier momento pudi\u00e9ramos volver a \u00e9l. Significa esto que dondequiera que la crisis se ha presentado en el mundo moderno, no puede uno continuar sin m\u00e1s, ni tampoco sencillamente volver atr\u00e1s. Semejante vuelta atr\u00e1s nunca nos llevar\u00e1 a ninguna parte, salvo precisamente a la misma situaci\u00f3n donde acaba de surgir la crisis. Ese retomo serla simplemente una repetici\u00f3n -aunque quiz\u00e1 en forma diferente, dado que no hay l\u00edmites a las posibilidades de absurdo y nociones extravagantes que se pueden revestir como la \u00faltima palabra en las ciencias-. Por otra parte, una simple e irreflexiva perseverancia, tanto si avanza en la direcci\u00f3n de la crisis como si se queda estancada en esa rutina que ingenuamente Cree que la crisis no se tragara su esfera particular de vida, solo puede conducir al desastre, puesto que se abandona al correr de los tiempos, o para ser m\u00e1s precisos, solo puede incrementar ese extra\u00f1amiento respecto del mundo, que ya nos amenaza por todos lados. Al considerar los principios de la educaci\u00f3n se debe tener en cuenta este proceso de extra\u00f1amiento respecto el mundo; puede incluso admitirse que posiblemente nos estamos enfrentando a un proceso autom\u00e1tico, siempre que no se olvide que depende del pensamiento y la acci\u00f3n humana el interrumpir y detener ese proceso.<\/p>\n<p>El problema de la educaci\u00f3n en el mundo moderno est\u00e1 en el hecho de que, por su propia naturaleza, no puede renunciar ni a la autoridad ni a la tradici\u00f3n, y sin embargo debe actuar en un mundo que ni est\u00e1 estructurado por la autoridad ni sostenido por la tradici\u00f3n. Lo que significa, empero, que, no solo profesores y educadores, sino todos, en la medida en que vivimos en un mundo junto con nuestros hijos y con los j\u00f3venes, debemos adoptar hacia ellos una actitud radicalmente diferente de la que adoptamos unos hacia otros. Debemos separar decididamente el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n de los dem\u00e1s, sobre todo del \u00e1mbito de la vida p\u00fablica y pol\u00edtica, con el fin de aplicarle solo a 4 un concepto de autoridad y una actitud hacia el pasado que le sean apropiadas, pero no de validez general, y que tampoco deben reclamar validez en el mundo de los adultos. En la pr\u00e1ctica, la primera consecuencia de esto serla comprender claramente que la funci\u00f3n de la escuela es ense\u00f1ar a los muchachos c\u00f3mo es el mundo y no instruirles en el arte de vivir. Dado que el mundo es viejo, siempre m\u00e1s viejo que ellos, el aprendizaje se vuelve inevitablemente hacia el pasado, sin importar cuanta vida se emplee en el presente. En segundo lugar, la l\u00ednea trazada entre ni\u00f1os y adultos debiera significar que no se puede ni educar a los adultos ni tratar a los ni\u00f1os como si fueran mayores; pero nunca se debe permitir que esta l\u00ednea se convierta en un muro que separe a los muchachos de la comunidad adulta, como si no vivieran en el mismo mundo y como si la infancia fuese un estado aut\u00f3nomo capaz de vivir con sus leyes propias. Por d\u00f3nde cae en cada caso esa l\u00ednea entre la infancia y la edad adulta es algo que no puede determinarse con una regla general; respecto de la edad, cambia a menudo de un pa\u00eds a otro, de una civilizaci\u00f3n a otra, de un individuo a otro. Pero, para que se la pueda distinguir del aprendizaje, la educaci\u00f3n ha de tener un final predecible. En nuestra civilizaci\u00f3n, este final viene a coincidir probablemente con la obtenci\u00f3n del primer t\u00edtulo universitario (m\u00e1s bien que con un t\u00edtulo de educaci\u00f3n secundaria), pues las pr\u00e1cticas profesionales en las universidades y escuelas t\u00e9cnicas, aunque siempre tienen algo que ver con la educaci\u00f3n, son, sin embargo, como tales, un tipo de especializaci\u00f3n. Ya no se dirige a presentarle al muchacho el mundo como un todo, sino m\u00e1s bien un segmento limitado y particular de este. No se puede educar sin ense\u00f1ar al mismo tiempo; una educaci\u00f3n sin aprendizaje est\u00e1 vac\u00eda y, por tanto, degenera con facilidad en ret\u00f3rica moral o emocional. Pero se se puede f\u00e1cilmente ense\u00f1ar sin educar, y podemos seguir aprendiendo hasta el fin de nuestros d\u00edas sin que por esa raz\u00f3n estemos siendo educados. Todas estas cuestiones concretas, no obstante, debemos dej\u00e1rselas a expertos y pedagogos. Lo que nos concierne a todos, y por tanto no debemos dejar exclusivamente en manos de una ciencia especializada -la pedagog\u00eda-, es la relaci\u00f3n entre adultos y ni\u00f1os en general, o en t\u00e9rminos m\u00e1s generales y exactos, nuestra actitud hacia el hecho de la natalidad: el hecho de que es por el nacimiento como todos hemos venido al mundo y c\u00f3mo este se renueva constantemente. La educaci\u00f3n es el lugar en que decidimos si amamos al mundo lo bastante como para asumir su responsabilidad y, por la misma raz\u00f3n, salvarlo de esa ruina que, de no ser por este renovarse, de no ser por la llegada de lo nuevo y lo joven, serla inevitable. Y la educaci\u00f3n tambi\u00e9n est\u00e1 donde decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no expulsarles de nuestro mundo y dejarles a merced de sus propios recursos, para no arrebatarles su oportunidad de emprender algo nuevo, algo que no hemos previsto, sino prepararles con antelaci\u00f3n para la tarea de renovar un mundo.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Manuel Romero revisada por Julio Bay\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I La crisis general que se ha abatido por todo el mundo moderno y en casi todas las esferas de<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":9939,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1561],"tags":[1507,1712],"class_list":["post-9953","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-educacion","tag-educacion","tag-pedagogia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9953","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9953"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9953\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/9939"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9953"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9953"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9953"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}