{"id":1212,"date":"2025-01-13T17:21:18","date_gmt":"2025-01-13T17:21:18","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/?p=1212"},"modified":"2025-01-17T09:31:21","modified_gmt":"2025-01-17T09:31:21","slug":"donde-se-habla-de-una-revista-barcelonesa-de-efimera-duracion-a-la-que-los-jovenes-editores-llamaron-qvadrante-los-universitarios-hablan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/?p=1212","title":{"rendered":"Donde se habla de una revista barcelonesa, de ef\u00edmera duraci\u00f3n, a la que los j\u00f3venes editores llamaron\u00a0Qvadrante, los universitarios hablan."},"content":{"rendered":"<p><strong>Edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n<\/strong><br \/><em>Estimados lectores, queridos amigos y amigas:<\/em><br \/><em>Iniciamos con este material la serie de textos de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n que iremos publicando todos los viernes a lo largo de 2025, el a\u00f1o del primer centenario de su nacimiento (tambi\u00e9n de los 40 a\u00f1os de su prematuro fallecimiento). Las siguientes semanas publicaremos textos suyos sobre Simon Weil de los primeros a\u00f1os cincuenta y una selecci\u00f3n de sus escritos de Laye.\u00a0<\/em><br \/><em>Si os fuera posible, os agradecer\u00edamos que nos ayudarais en la difusi\u00f3n de estas publicaciones.<\/em><br \/><em>\u00a1Buen 2025, que no sea una repetici\u00f3n de las numerosas barbaries de 2024!<\/em><\/p>\n<p><a name=\"INDICE\"><\/a> INDICE<br \/><a href=\"#1\">1. Presentaci\u00f3n<\/a><br \/><a href=\"#2\">2. Nosotros somos quienes somos <\/a><a href=\"#2\">(con Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n)<\/a><a href=\"#2\">.<\/a><br \/><a href=\"#3\">3.<\/a> <a href=\"#3\">40 a\u00f1os de Premio Nobel<\/a><a href=\"#2\">.<\/a><br \/><a href=\"#4\">4. Responso a la silenciada muerte de Miguel Villalonga<\/a>.<br \/><a href=\"#5\">5<\/a><a href=\"#5\">. <\/a><a href=\"#5\">Eleg\u00eda en la muerte de un perro de Miguel de Unamuno.<\/a><br \/><a href=\"#6\">6<\/a><a href=\"#6\">. Editorial del n<\/a><a href=\"#6\"><u>\u00ba<\/u><\/a><a href=\"#6\"> 3 de <\/a><a href=\"#6\"><i>Qvadrante<\/i><\/a><a href=\"#6\"> sobre Ortega (con Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n)<\/a><a href=\"#4\">.<\/a><br \/><a href=\"#7\">7<\/a><a href=\"#7\">. Rumbo<\/a><a href=\"#7\"> (editorial del n.\u00ba 4 de <\/a><a href=\"#7\"><i>Qvadrante<\/i><\/a><a href=\"#7\">)<\/a><br \/><a href=\"#8\">8<\/a><a href=\"#8\">. Ya no existen fuentecitas de Nuremberga<\/a><a href=\"#8\">.<\/a><br \/><a href=\"#9\">9<\/a><a href=\"#9\">. Rese\u00f1a de <\/a><a href=\"#9\"><i>Introducci\u00f3n a la filosof\u00eda<\/i><\/a><a href=\"#9\"> de Juli\u00e1n Mar\u00edas<\/a><a href=\"#9\">.<\/a><br \/><a href=\"#10\">10<\/a><a href=\"#10\">. Bajo las alas de la Codorniz.<\/a><br \/><a href=\"#11\">1<\/a><a href=\"#11\">1<\/a><a href=\"#11\">. Notas sobre<\/a><a href=\"#11\"><i> Qvadrante<\/i><\/a><br \/><a href=\"#12\">1<\/a><a href=\"#12\">2<\/a><a href=\"#12\">. <\/a><a href=\"#12\">Cine, m<\/a><a href=\"#12\">\u00e1s cine por favor.<\/a><br \/><a href=\"#13\">13. CODA.<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"1\"><\/a> <b>1. Presentaci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n (Madrid, 1924 &#8211; \u00c1guilas, 2003) y Manuel Sacrist\u00e1n (Madrid, 1925\u00a0&#8211; Barcelona, 1985) colaboraron intensamente en los cuatro n\u00fameros -de noviembre de 1946 a mayo de 1947- que se publicaron de <i>Qvadrante<\/i>,<i> los universitarios hablan<\/i>, revista que fragu\u00f3 la amistad que ambos compartieron durante d\u00e9cadas (se hab\u00edan conocido a\u00f1os atr\u00e1s, en campamentos juveniles) y en la que tambi\u00e9n participaron amigos comunes como Josep M.\u00aa Castellet o Jes\u00fas N\u00fa\u00f1ez \u00abPocholo\u00bb. Con la expresi\u00f3n \u00abLos universitarios hablan\u00bb, los editores sustituyeron la anterior cabecera de la publicaci\u00f3n: \u00abRevista del Sindicato Espa\u00f1ol Universitario\u00bb. El SEU, de afiliaci\u00f3n obligatoria, dej\u00f3 de costear la publicaci\u00f3n. Con las ventas, las suscripciones y los anuncios conseguidos tuvieron solo para cuatro n\u00fameros. El SEU, mientras tanto, puso en funcionamiento su antigua revista. Sobre todo ello: Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n, <i>Espa\u00f1a siglo XX. Recuerdos de observador atento, Barcelona: Ediciones del Serbal, 2004, <\/i>pp. 65-81.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sacrist\u00e1n, que ten\u00eda 21 a\u00f1os cuando se public\u00f3 el primer n\u00famero de <i>Qvadrante<\/i>, estaba entonces en un proceso de ruptura con sus posiciones pol\u00edticas juveniles. Francesc Vicens habl\u00f3 de ello en <i>Acerca de Manuel Sacrist\u00e1n<\/i> (Barcelona: Destino, 1996, pp. 340-341): \u00abSacrist\u00e1n [se conocieron en octubre de 1945, en la facultad de Derecho de la UB], que en ning\u00fan momento estuvo presente en ninguno de los interrogatorios, al cabo de unos d\u00edas me hizo explicar mi \u00abexperiencia\u00bb [NE: Vicens fue detenido e interrogado por jerarcas del SEU en 1946, acusado falsamente de hacer estallar dos bombas caseras en la Facultad]. Fue una conversaci\u00f3n de pocos minutos y ahora no la recordar\u00eda si no fuera porque doce a\u00f1os m\u00e1s tarde [NE: ambos eran entonces militantes del PSUC], Sacrist\u00e1n me explic\u00f3 que esa breve conversaci\u00f3n fue uno de los factores determinantes de su ruptura con la Falange. Recuerdo que unas semanas m\u00e1s tarde, en la barra del bar de la Universidad, vi a uno de los pistoleros falangistas desabrocharse la chaqueta y, se\u00f1alando su pistola sobaquera, decir: \u00abEsta es para Manolo Sacrist\u00e1n\u00bb.\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sobre las posiciones pol\u00edticas y filos\u00f3ficas de Sacrist\u00e1n en los a\u00f1os de <i>Qvadrante<\/i> y <i>Laye<\/i> sigue siendo imprescindible: Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n, \u00abLa posici\u00f3n filos\u00f3fica de M. Sacrist\u00e1n, desde sus a\u00f1os de formaci\u00f3n.\u00bb <i>mientras tanto<\/i>, 30-31, mayo 1987, pp. 41-56. Una de sus consideraciones: \u00abY \u00bfqu\u00e9 de la filosof\u00eda <i>sensu academico<\/i>? Sacrist\u00e1n gustaba (y aceptaba el magisterio, naturalmente condicionado y revisable) de todos los grandes fil\u00f3sofos, los grandes cient\u00edficos, los grandes artistas y tambi\u00e9n los grandes m\u00edsticos. Dentro de esa aceptaci\u00f3n universal valor\u00f3 siempre (cronol\u00f3gicamente, antes que a Marx, pero tambi\u00e9n despu\u00e9s<i> con<\/i> Marx) de modo relevante a Plat\u00f3n y Kant, a Dilthey, a Unamuno, a Ortega, a Sartre. Antes de su viaje a Alemania, a los vitalistas, a su regreso de all\u00ed, tambi\u00e9n, y mucho, a Russell y los neopositivistas, de los que no reneg\u00f3 como fil\u00f3sofos ni en los a\u00f1os de su marxismo m\u00e1s partidista, y a los que \u00fanicamente no perdon\u00f3 (salvo las excepciones de rigor) el apoliticismo y la renuncia a la \u00e9tica.\u00bb (54)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Recordemos, por otra parte, los art\u00edculos, tesis y ensayos sobre estos a\u00f1os de Juan-Ram\u00f3n Capella, Laureano Bonet (sobre <i>Qvadrante,<\/i> v\u00e9ase, por ejemplo, el cap\u00edtulo XIV de <i>El jard\u00edn quebrado<\/i>), Jordi Gracia, \u00c1lvaro Ceballos, M\u00ba Francisca Fern\u00e1ndez C\u00e1ceres, Jos\u00e9 Luis Moreno Pesta\u00f1a, Francisco Fern\u00e1ndez Buey, V\u00edctor M\u00e9ndez Baiges y otros estudiosos.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"2\"><\/a> <b>2. Nosotros somos nosotros<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Editorial del n\u00famero 1 de <i>Qvadrante, <\/i>5 de noviembre de 1946, firmado con una M. M de Maurus, as\u00ed llamaba su hermana a Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n, o por Juan Manuel Mauri (plural latino de Maurus), nombre que eligieron Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n y Manuel Sacrist\u00e1n para firmar sus escritos al alim\u00f3n. Probablemente fue un texto pensado por ambos (Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n: \u00abSu primer editorial [de <i>Qvadrante<\/i>], encabezado por el mismo plural de \u201cEsperamos el di\u00e1logo\u201d, dec\u00eda en tono muy adolescente&#8230;\u00bb).<\/span><\/p>\n<p>\u00abLas aparentes y chocantes contradicciones que aparecen una y otra vez en la obra, la inconstancia de sus tiros y de sus blancos, de sus mismas inquietudes y posiciones, y la insatisfacci\u00f3n inconcreta que se trasluce bajo ellas, dejan ver, sin embargo, una \u00fanica claridad y su \u00fanico punto de apoyo para el lector: la utilidad del esp\u00edritu que produce toda esa variedad.\u00bb<\/p>\n<p>A juicios como \u00e9ste est\u00e1 bien acostumbrado nuestro p\u00fablico. Y \u00e9l sabe bien que si en ocasiones esto puede ser m\u00e1s que una c\u00f3moda escapada del cr\u00edtico, es muchas veces lo \u00fanico capaz de aclarar y definir una obra.<\/p>\n<p>Sin que esto quiera ser una autocr\u00edtica de nuestra Revista, es una llamada de atenci\u00f3n a quien, por una apresurada lectura, se quedase en lo m\u00e1s hojarascoso de su superficie. Nunca hemos sentido el vanidoso prurito de definirnos. Cuando una posici\u00f3n es verdaderamente viva debe prescindir de todo falso esquematismo de s\u00ed misma. La unidad del esp\u00edritu es lo que importa, y, si se cuenta con ella, es balad\u00ed todo deseo de concreci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con este esp\u00edritu queremos que salga a la calle la voz y el grito de la juventud universitaria. Siendo lo que es, al desnudo, sin vestimentas aparatosas hechas en tal o cual modisto. Sin etiquetas de f\u00e1brica, sin sensata y meditada explanaci\u00f3n de prop\u00f3sitos, sin carriles trazados de antemano, ni exacta numeraci\u00f3n y denominaci\u00f3n de objetivos.<\/p>\n<p>La juventud va estando por fin harta de los viejos usos. Siente que hay demasiado dentro de s\u00ed para que cualquier carrascoso archivero lo catalogue en un estante y bajo una ficha. Nos negamos a eso, como nos negamos a otros muchos h\u00e1bitos de la pereza l\u00f3gica de los desecadores del esp\u00edritu. Y lo hacemos sabiendo los peligros a que nos exponemos. Uno es la p\u00e9rdida de esa f\u00e1cil identificaci\u00f3n que consiguen los m\u00e9todos del archivero. Otro, la acusaci\u00f3n de inconcretos, de tarambanas, de ilusos, de desconcertados, de inmaduros,\u2026 \u00a1de cu\u00e1ntas cosas m\u00e1s nos acusar\u00e1n esos archiveros del esp\u00edritu, incapaces de conocer a un hombre o de confiar en \u00e9l si no lleva sobre la frente cualquier marca conocida!<\/p>\n<p>Nos es igual. El segundo de los peligros citados no nos hace mella. Al que no ve porque no puede ver, solo podemos lamentarle la ceguera. Y para conjurar en parte el primero, hemos escritos estas l\u00edneas. T\u00f3menos como estamos o d\u00e9jenos. Y si no nos deja, no tardar\u00e1 en conocernos bien.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"3\"><\/a> <b>3. 40 a<\/b><b>\u00f1os de Premio Nobel<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Publicado en el primer n\u00famero de <i>Qvadrante<\/i>, 5 de noviembre de 1946, pp. 1 y 5 (se vend\u00eda al precio de 1 peseta en la universidad y a 1,5 pesetas al p\u00fabico en general). Firmado como E. L. Ni que decir tiene que algunas de las consideraciones vertidas en este art\u00edculo no fueron compartidas por el Sacrist\u00e1n maduro.<\/span><\/p>\n<p>Las ansias pac\u00edficas que palpitan en el testimonio de Nobel deb\u00edan haber sido menos p\u00f3stumas. Si en vez de sobrevenirle en 1895, en el serio momento de testar, le hubieran acosado treinta a\u00f1os antes, en la v\u00edspera de su descubrimiento de la dinamita, la guerra del 14 hubiera sido casi tan inocente como la de 1870.<\/p>\n<p>Pero, en fin, nunca es tarde para estas cosas, debi\u00f3 pensar el \u00abrey del explosivo\u00bb (as\u00ed se hubiera llamado de nacer en Norteam\u00e9rica) e intent\u00f3 arreglarlo todo con dos plumazos presepulcrales. Treinta millones de coronas fueron puestos a disposici\u00f3n de la fundaci\u00f3n testamentaria. Era un cuadro encantador: con lo que rabiosa dinamita produjese, se hab\u00edan de alimentar los cinco premios Nobel \u2013entre ellos, el de la paz\u2013.<\/p>\n<p>Precisamente este \u00faltimo era el m\u00e1s acariciado por Nobel. Mientras los dem\u00e1s premios se conceden por organismos preexistentes, el de la Paz tiene una ponencia especial para el dictamen: cinco miembros del Storting (Parlamento noruego) han de reunirse para concederlo, seg\u00fan los Estatutos y Reglamento de 29 de junio de 1900.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Los cinco parlamentarios encargados de la concesi\u00f3n del Premio Nobel de la Paz no tienen grandes dudas por exceso de candidatos, pues el premio se concede a la persona o entidad que m\u00e1s eficazmente haya trabajado por el logro de la paz entre los pueblos. En estas condiciones, antes tendr\u00e1n grandes trabajos para lograr un candidato que para saber a cu\u00e1l atribuirlo.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Aunque era nuestra intenci\u00f3n considerar casi exclusivamente el Premio de Literatura, las circunstancias actuales plantean una curiosa cuesti\u00f3n a la Academia de Ciencias de Estocolmo. Y es la siguiente: en el caso de que la Academia quisiera conceder el Premio de F\u00edsica y Qu\u00edmica a los inventores de la bomba at\u00f3mica por sus grandes progresos y trabajos en la atom\u00edstica, se ver\u00eda en el dilema de premiar a tres de ellos nada m\u00e1s \u2013con notoria injusticia para con los otros\u2013 o estar dando premios durante siete u ocho a\u00f1os, por grupos de tres hombres cada vez, a la veintena de investigadores que trabajaron en la bomba; y todo esto porque el Reglamento de la Fundaci\u00f3n proh\u00edbe que las ciento setenta mil coronas que constituyen cada premio se repartan entre m\u00e1s de tres personas. Lo que s\u00ed podr\u00eda hacer la Academia es considerar al conjunto de los premiados como una sola persona colectiva.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, como hay que reconocer que la bomba at\u00f3mica ha sido el mejor argumento de la paz, no dejar\u00eda de ser justo conceder el Premio de la Paz a los mismos inventores. Nunca la Historia universal habr\u00eda tenido tan fina iron\u00eda.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Esta \u00faltima observaci\u00f3n \u2013medio en serio, medio en broma\u2013 nos lleva a hablar de uno de los dos grandes defectos de la fundaci\u00f3n Nobel: el car\u00e1cter ingenuo de sus disposiciones. Los hombres de ciencia no suelen ser muy astutos ni tienen esa listeza maliciosa del m\u00e1s vulgar politiquillo. Pero, como dicen los pap\u00e1s fabricantes a sus hijos estudiantes, en la vida pr\u00e1ctica lo necesario no es ser inteligente y culto, sino listillo y astuto, ganador de dinero.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Con su ingenua intenci\u00f3n pens\u00f3 Nobel que el Premio de la Paz hab\u00eda de concederse a quien m\u00e1s tercamente propugnase la disminuci\u00f3n progresiva de los ej\u00e9rcitos, el aumento paralelo de las conferencias internacionales (\u00a1qui\u00e9n pudiera resucitarle para que viera la churchilliana \u00abDesorganizaci\u00f3n de las Naciones Desunidas\u00bb!) y otros \u00abh\u00e1biles\u00bb recursos de la paz. Como era natural, los resultados obtenidos con este criterio pueden recomendarse como una cura eutrap\u00e9lica de gran efecto.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n tiene su gracia el Premio Nobel de Literatura. En su definici\u00f3n, ha de concederse a la obra literaria de ideal m\u00e1s elevado, escrita durante el a\u00f1o que vence \u2013los premios se conceden anualmente, el 10 de diciembre.<\/p>\n<p>Siempre en cura de optimismo, nos enteramos de que lo m\u00e1s elevado del mundo en el a\u00f1o 1904 eran los dramones de Echegaray y su mism\u00edsima persona, acompa\u00f1ada de la de Mistral, mientras en el a\u00f1o 1906 la cima de la humanidad se hallaba en el satanismo de Carducci, ganador del Premio en aquella fecha.<\/p>\n<p>Una concesi\u00f3n todav\u00eda m\u00e1s inesperada nos aclara, al menos, lo que los acad\u00e9micos de Estocolmo entienden por Literatura. En 1902, el premio se concedi\u00f3 al admirable investigador \u2013investigador hist\u00f3rico\u2013 Mommsen, \u00bfHabremos de creer que los <i>Monumenta Germaniae Historica<\/i> son una obra literaria? Pero para que nos curemos de espanto sobre esa interpretaci\u00f3n de literatura, sepamos que en el a\u00f1o 27 el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Bergson fue nombrado literato, porque se le concedi\u00f3 el Premio.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Todo esto tiene ciertas justificaciones. Pero no hubi\u00e9ramos cargado la mano tanto sobre el Premio si no estuviera su concesi\u00f3n tan desprovista de serias garant\u00edas. Es, en cierto modo, natural. La nombrad\u00eda del premio, la fama que comunica al premiado y su universalidad son factores m\u00e1s que suficientes para excitar la ambici\u00f3n honor\u00edfica y aun econ\u00f3mica de todo escritor de calidad. Cada uno de estos se vale de las fuerzas influyentes cerca del Instituto, de una manera m\u00e1s o menos culpable. Es muy posible que los mismos que acceden a estas extorsiones de la justicia se hallen convencidos de no faltar a la m\u00e1s exigente \u00e9tica, pues el asunto no toma derroteros interesados, sino ideol\u00f3gicos. De uno de estos casos fue v\u00edctima un escritor espa\u00f1ol: el vascosalmantino Miguel de Unamuno.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1933, entre las candidaturas que se estudiaban para la concesi\u00f3n del premio de literatura figuraba la del catedr\u00e1tico y rector de Salamanca. Lenguas oficiosas y bien informadas le aseguraron que su \u00e9xito era inminente.<\/p>\n<p>Pero una tarde de aquel invierno estaba Unamuno con dos viejos alumnos suyos oyendo por radio un discurso de J. A. Primo de Rivera en el que este daba por fundado su movimiento pol\u00edtico. Al acabar el discurso, don Miguel expres\u00f3 su agrado con un juicio favorable que transcendi\u00f3 al p\u00fablico. El supuesto coqueteo no gust\u00f3 en los medios internacionales. Se avis\u00f3 a Unamuno que su contacto con elementos fascistas pod\u00eda perjudicarle para la concesi\u00f3n del premio y el interesado tom\u00f3 \u00abcontramedidas\u00bb. Pero aun as\u00ed y todo, el Premio Nobel de Literatura de 1933 se concedi\u00f3 al escritor ruso Iv\u00e1n Alex\u00e9ievich <em>Bunin<\/em>.<\/p>\n<p>M\u00e1s arriba habl\u00e1bamos de dos defectos de la fundaci\u00f3n y se\u00f1al\u00e1bamos primero su torpe ingenuidad respecto al premio de la paz. Su parcialidad en el de literatura es el segundo. La Fundaci\u00f3n Nobel no ha podido mantenerse al margen de la vida pol\u00edtica mundial. Era natural que as\u00ed sucediera. Pero lamentable.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Mas por encima de estos defectos particulares de la fundaci\u00f3n Nobel hay algo que infecundiza las instituciones de este tipo. Y es lo siguiente: la obra literaria de ideal m\u00e1s elevado, merecedora del premio por definici\u00f3n, se rebaja y pierde ideal por estar escrita con vistas al famoso espaldarazo, del mismo modo que los premios escolares distraen el inter\u00e9s del peque\u00f1o escolar de lo que es el verdadero estudio al subalterno fin vanidoso del logro del premio.<\/p>\n<p>Que ello no ocurra siempre as\u00ed es un hecho que no demuestra la bondad de estas instituciones, sino la rectitud espiritual y la calidad del alma de muchos escritores.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"4\"><\/a> <b>4. <\/b><b>Responso a la silenciada muerte de Miguel Villalonga<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Publicado tami\u00e9n en <i>Qvadrante<\/i>, n\u00ba. 1, p. 7, con la firma de Enrique Luz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>Triste motivo de actualizaci\u00f3n. En otros casos es causa de recuerdo un alegre aniversario o una feliz publicaci\u00f3n. Pero Villalonga viene hoy a esta p\u00e1gina no por escritor solamente, sino por escritor muerto.<\/p>\n<p>Bien es verdad que en el credo vital que profesaba se tiene a honor ver venir la muerte con mirada serena y ganarla bella y grande con una vida elevada. Y tambi\u00e9n \u2013\u00bfc\u00f3mo no, siendo escritor?\u2013 a ganarla sonora y con ecos perdurables. No hay escritor digno que no desee \u2013hablando en Unamuno\u2013 casarse con la gloria, aunque \u00e9sta sea humilde y pare en fama nacional. Y aunque haya quien aproveche el mismo t\u00e1lamo para amancebarse con la fortuna, no fue Villalonga de estos.<\/p>\n<p>Esp\u00edritu ardiente, aunque cuerpo flojo \u2013y no precisamente por derrocharlo, sino por entregarlo al ideal\u2013, su casamiento con Dulcinea que no queremos ver interrumpido en las amonestaciones, promet\u00eda ser fiel.<\/p>\n<p>Digo que el cuerpo no fue flojo por derrochado y perdido y bien s\u00e9 que alguno saldr\u00e1 a contradecirme insidiosamente con datos maliciosos. Mal andaba, verdad es, Miguel Villalonga. Pero naci\u00f3 su mala andadura \u00abno en alguna taberna\u00bb, sino en la m\u00e1s alta y desgraciada ocasi\u00f3n que vieron los \u00faltimos lustros de nuestra historia espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>De manera que si le conven\u00edan los versos de Verlaine: \u00ab<em>l&#8217;\u00e2me au septi\u00e8me ciel ravie,\/ le corps, plus humble, sous la table<\/em>\u00bb, no era precisamente por el mismo b\u00e1quico motivo.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Pero he llamado poeta a Villalonga, sin que creyera serlo \u00e9l mismo \u00e9l mismo, ni menos los que tan gustosamente silencian su muerte y rompen todo eco. He de justificar mi afirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Miguel Villalonga pas\u00f3 su breve vida de escritor en su observatorio provinciano, observando con humana inquietud el mediocre vivir de una sociedad de almas medias \u2013o medias almas, que es lo mismo\u2013, de una sociedad dormida para el esp\u00edritu, fofamente asentada en la pereza mental: las sociedades ciudadanas de nuestra naci\u00f3n, de principios de siglo [1].<\/p>\n<p>Como tontos animalitos ante la observaci\u00f3n de un zo\u00f3logo que compasivamente les estudiara, pasaron bajo su pluma gobernadores incapaces y damas cursis; ateos hip\u00f3critas, viciosos, y cl\u00e9rigos interesados, politiqueadores y mal\u00e9volos; burgueses refocilados, frente a falsos ap\u00f3stoles de doctrinas revolucionarias&#8230;; la fauna completa, en resumen, de aquel discorde pastar por el parlamentaril prado espa\u00f1ol.<\/p>\n<p><i>Miss Giacomini<\/i> fue publicada en medio de ese ambiente, sabiendo que exist\u00eda, que dominaba con su chata pesadez, tranquila y amodorrada, todo intento de obra con esp\u00edritu, alto e inquieto. En el momento de escribir este libro, se ve\u00eda Villalonga sumergido en esa mon\u00f3tona y est\u00e9ril vida de cabildos y politiquer\u00edas est\u00e9riles del a\u00f1o 30, \u00fanico vivir de la Naci\u00f3n sin esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Tr\u00e1gicas circunstancias cruzaron la vida nacional. Miguel Villalonga se entreg\u00f3 a su idea, que serv\u00eda a su inquietud, y a la vuelta de la entrega, cuando la paz lleg\u00f3, herido el cuerpo de muerte y tensa el alma en espera, volvi\u00f3 a ser, escritor en su retiro balear.<\/p>\n<p><i>El tonto discreto<\/i>, continuaci\u00f3n sat\u00edrica y ambiental de su anterior obra, naci\u00f3 en este ambiente de dudosa victoria. Seguramente cre\u00eda Villalonga \u2013ingenuidad victoriosa\u2013 que al seguir mordiendo al mismo enemigo atacado en <i>Miss Giacomini,<\/i> a la pl\u00e1cida muerte del pueblo espa\u00f1ol, en medio de prosperidad material y pobreza espiritual, hac\u00eda ya historia. El segu\u00eda cargando contra los a\u00f1os en que el siglo era mozo. Y quiz\u00e1 cre\u00eda en una regeneraci\u00f3n; \u00e9l y otros se hab\u00edan ofrendado a esta regeneraci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no creer en ella?<\/p>\n<p>Y Miguel Villalonga sigui\u00f3 creando tipos, crey\u00e9ndolos preteridos. Seguramente se supondr\u00eda haciendo un cruel responso justiciero a esos vicios nacionales supuestos rotos desde las trincheras.<\/p>\n<p>Pero estos tipos que \u00e9l crey\u00f3 muertos y nos ofreci\u00f3 como de otras \u00e9pocas, este espa\u00f1ol sin inquietud nacional ni social, este politiquillo incapaz y favoritista que Miguel Villalonga crey\u00f3 f\u00f3sil, estos tipos son los que proclaman profeta a su creador.<\/p>\n<p>Llamados a morir, no entraron nunca en la tumba. Como siempre, vencieron a la ingenuidad. Su \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb sin muerte hace profeta a Villalonga.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Y la profec\u00eda, a su vez, explica el injusto silencio en torno a su muerte. Porque hay las plumas de esta ciudad \u2013y Barcelona fue la verdadera escena de Miguel Villalonga a su paso por el Teatro del Mundo\u2013 sirven a esa panzuda masa de alicorta cabeza y nulo esp\u00edritu. Porque el pobre pueblo ha vuelto cachazudo a su tranquilidad vegetal y s\u00f3lo sabe de ella por un latigazo econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Al retratar otras \u00e9pocas, Miguel Villalonga anticip\u00f3 esta era tonta, sin aliento alguno. Y la pint\u00f3 en colores reales, encarnando en hombres, que es la \u00fanica manera de pintar lo vivo. \u00bfC\u00f3mo se iba a hacer eco de su muerte la gentecilla tan gr\u00e1ficamente fustigada?<\/p>\n<p>Es esa gentecilla anacr\u00f3nica, vieja, interesada y apaciblemente digestiva, la que aqu\u00ed reina. Y, por lo visto, la que hace empu\u00f1ar las plumas.<\/p>\n<p>Ante ella, y ante todos, hemos hablado aqu\u00ed de la vida y la muerte de Miguel Villalonga y de la amargura prof\u00e9tica de su obra.<\/p>\n<p>(1) De principio de siglo y de mediados de siglo, claro. Y de 1946, claro.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"5\"><\/a> <b>5. Eleg\u00eda en la muerte de un perro de Miguel de Unamuno <\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se public\u00f3 en el n\u00ba. 2 de <i>Qvadrante<\/i>, en 1947, firmado como Enrique (de Manuel Enrique) Luz\u00f3n. En la p\u00e1gina siguiente se reproduc\u00eda, numerado, el poema unamuniano (129 versos).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En su art\u00edculo sobre \u00abLa posici\u00f3n filos\u00f3fica de M. Sacrist\u00e1n desde sus a\u00f1os de formaci\u00f3n\u00bb (<i>mientras tanto<\/i> 30-31, mayo 1987, pp. 41-55), comentaba Garc\u00eda Borr\u00f3n: \u00abLa exigencia \u00e9tica de Manolo, tan acuciante como la intelectual, de la que era solidaria, no solo no se limitaba al nivel deontol\u00f3gico: profundizaba hasta lo metaf\u00edsico, o, si se prefiere, existencial. Siempre le preocup\u00f3 intensamente la muerte; la muerte de <i>la vida<\/i>, no ya s\u00f3lo la muerte humana. De adolescente, en las primeras conversaciones \u00abfilos\u00f3ficas\u00bb, sol\u00eda hablarme con emoci\u00f3n de la \u00abEleg\u00eda a la muerte de un perro de Unamuno\u00bb, de <i>La mort du loup<\/i> de Vigny.\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sacrist\u00e1n volvi\u00f3 a Unamuno muchos a\u00f1os despu\u00e9s, a principios de los 80, cuando trabaj\u00f3 el tema de la muerte para una conferencia en el Colegio de M\u00e9dicos de Barcelona que finalmente no imparti\u00f3.<\/span><\/p>\n<p>Unamuno merece que se aborde el estudio de sus ideas, de sus sentimientos y vivencias, de sus cosas, desprendi\u00e9ndose previamente de la normal sistem\u00e1tica de una cr\u00edtica. Se duele Juli\u00e1n Mar\u00edas en su <i>Miguel de Unamuno <\/i>de que se llame filos\u00f3fica e ideol\u00f3gica a la poes\u00eda de Unamuno. Pero si esta protesta es justa en cuanto se refiere al conjunto de la obra po\u00e9tica unamunesca, la<i> <\/i><i>Eleg\u00eda<\/i> que examinamos hoy justifica ese marchamo de poes\u00eda conceptual, intelectual y expositiva. Es improcedente analizarla con un criterio exclusiva o preponderantemente literario, pues la an\u00e9cdota real que motiv\u00f3 la composici\u00f3n no tiene sino un ligero eco en tres versos del principio (v 6-8)<\/p>\n<p>Sus ojos mansos<br \/>no clavar\u00e1 en los m\u00edos<br \/>con la tristeza de faltarle el habla&#8230;<\/p>\n<p>Todo otro verso de la <i>Eleg\u00eda <\/i>lleva un contenido ideol\u00f3gico, filos\u00f3fico o bi\u00f3filo, como quiera decir el lector, seg\u00fan el concepto que tenga de las relaciones de Unamuno con la filosof\u00eda. Y aun en los tres versos trasladados, se da ya la expresiva nota de un perro con habla.<\/p>\n<p>No es, pues, arte literario. Desde el primer verso, desde la primera palabra, estamos leyendo una de las condensadas y sinceras s\u00edntesis unamunescas. Hay que buscar, pues, en seguida, el contenido sustancial de la <i>Eleg\u00eda,<\/i> y hurgarle los entresijos para iluminarlos.<\/p>\n<p>Con esta disculpa y raz\u00f3n, eludamos un mejor proemio y entremos en nuestro estudio. Consciente o inconscientemente, Unamuno construy\u00f3 esta poes\u00eda con organicidad, como un cr\u00edtico expondr\u00eda sus teor\u00edas. Progresivamente, pues, recorremos la<i> Eleg\u00eda<\/i> desde el primero al \u00faltimo verso.<\/p>\n<p>Al enfrentarse con el tema de la muerte pura \u2013muerte de animal, sin aditamentos ni ambientaci\u00f3n cerebral humana\u2013, Unamuno conserva en el animal muerto su viejo hallazgo de lo ag\u00f3nico. Y as\u00ed, el perro moribundo no est\u00e1 caracterizado \u2013como hubiera querido la t\u00f3pica po\u00e9tica\u2013 como fiel, ni evocado como cari\u00f1oso y querido. Tampoco es la muerte que se lo lleva una guada\u00f1a que corta los lazos que unen a perro y amo. Se trata sencillamente de que<\/p>\n<p>La quietud sujet\u00f3 con recia mano<br \/>al pobre perro inquieto&#8230; (v. 1 y 2)<\/p>\n<p>La quietud, es decir, la negaci\u00f3n de la agon\u00eda \u2013hablamos de Unamuno\u2013 se apodera de la vida perruna. Paralelamente, el perro no ten\u00eda car\u00e1cter m\u00e1s interesante que el de su inquietud. La muerte es la quietud y el perro \u2013cuando vive\u2013 era inquieto.<\/p>\n<p>A este aldabonazo de lo ag\u00f3nico en los dos primeros versos de la composici\u00f3n se abre toda la inspiraci\u00f3n unamunesca y brota de ella esta <i>Eleg\u00eda<\/i>, esquema magn\u00edfico del proceso ag\u00f3nico. Van desgran\u00e1ndose las turbias premisas de la duda vital, madre de la agon\u00eda del esp\u00edritu. Y \u2013exactamente igual que en su pensamiento expuesto en prosa\u2013 aflora primeramente a la conciencia de Unamuno el elemento inicial, negro, obscuro, l\u00fagubre, del agonismo: la promesa de nihilismo, hecha por una terrible y destructora raz\u00f3n. En Unamuno, serenidad, reflexi\u00f3n, discurso, significan destrucci\u00f3n filos\u00f3fica a la corta o a la larga, y aun a la cort\u00edsima muchas veces. Tras de tocar el tema del vivir eterno (v. 14-65) la predisposici\u00f3n cerebral de hombre culto le trae la negaci\u00f3n a la pluma:<\/p>\n<p>Yo fui tu religi\u00f3n, yo fui tu gloria; (v. 71)<\/p>\n<p>\u2026 Mis ojos fueron para ti ventana (v. 73)<br \/>del otro mundo.<\/p>\n<p>\u2026 \u00a1Tambi\u00e9n tu dios se morir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda! (v. 77)<\/p>\n<p>Pero es ya cosa sabida que frente al negador intelectualismo de Unamuno se levanta siempre en \u00e9l, alimentado ansiosamente, el opuesto principio de una esperanza vital proyectada a lo eterno. Tambi\u00e9n se conoce como, con su habitual violencia intelectual, Unamuno potencia esa esperanza inmensa hasta llevarla a la voluntad \u2013es m\u00e1s ib\u00e9rico y unamunesco voluntad que ansia, palabra usada por los comentaristas\u2013 de divinidad. Aun cuando reservaremos este punto para m\u00e1s adelante, rese\u00f1amos aqu\u00ed como est\u00e1 expresada esta vivencia en la <i>Eleg\u00eda<\/i>:<\/p>\n<p>Tal vez cuando acostabas la cabeza<br \/>en mi regazo<br \/>vagamente so\u00f1abas en ser hombre<br \/>despu\u00e9s de muerto (v. 90-93)<\/p>\n<p>No es la \u00fanica vez que Unamuno intenta arcanizarse, ponerse en la tesitura de la divinidad para intentar penetrar en su meollo po\u00e9tico, creador. Como muy bien se\u00f1ala Juli\u00e1n Mar\u00edas en la obra citada, este es el sentimiento que le conduce \u2013en <i>Niebla<\/i>\u2013 a convertirse en creador y en ejecutor de un <i>ius necandi omnimodo.<\/i><\/p>\n<p>Lo ag\u00f3nico nace en el choque, al choque y por el choque de estos dos principios tan claramente aludidos en la <i>Eleg\u00eda<\/i>: el intelectual desespero y la espiritual esperanza a la ib\u00e9rica, volitiva, schopenhaueriana.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Visto como se plantea Unamuno en estos versos el tema del agonismo, podemos decir cu\u00e1l es el especial inter\u00e9s de la eleg\u00eda, el que nos ha incitado a trabajarla, con preferencia a otras producciones po\u00e9ticas de Unamuno m\u00e1s conocidas y protot\u00edpicas. Y este inter\u00e9s es doble.<\/p>\n<p>En primer lugar, si bien Unamuno agoniza siempre, expone en pocos momentos la substancia del agonismo como lo hace aqu\u00ed.<\/p>\n<p>En segundo t\u00e9rmino \u2013o unamunescamente primero, por vital\u2013 observamos lo siguiente: en casi todas las escaramuzas ag\u00f3nicas de Unamuno, su espiritualismo le lleva a una victoria \u2013ligera siempre\u2013 del esperanzador principio, aunque sea recurriendo a su entra\u00f1able hallazgo de la \u00abfe en la fe\u00bb. Pues bien, en este combate ag\u00f3nico que es la <i>Eleg\u00eda<\/i> ocurre lo contrario; aqu\u00ed vence el principio de la tristeza y de la muerte, aunque en el \u00faltimo verso \u2013\u00ab\u00bfa d\u00f3nde vamos?\u00bb\u2013 Unamuno intente asirse a la duda salvadora.<\/p>\n<p>Ya a media composici\u00f3n, deja caer el verso desesperado:<\/p>\n<p>\u00a1Tambi\u00e9n tu dios se morir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda!<\/p>\n<p>(Y en Unamuno eso significa: y te morir\u00e1s t\u00fa, que eres su sue\u00f1o.) Desde ese momento (v. 77), el pesimismo va dominando en el desarrollo ag\u00f3nico. Y, algo m\u00e1s adelante (v. 107 a 113), a lo San Francisco, el hermano amo apostrofa el cad\u00e1ver del hermano perro comparando sus suertes respectivas. Sobrecoge el pesimismo que respecto al hombre respiran estos versos:<\/p>\n<p>T\u00fa has muerto en mansedumbre,<br \/>t\u00fa con dulzura,<br \/>entreg\u00e1ndote a m\u00ed en la suprema<br \/>sumisi\u00f3n de la vida;<br \/>pero \u00e9l, el que gime<br \/>junto a la tumba de su dios, de su amo,<br \/>ni morir sabe.<\/p>\n<p>No hay aqu\u00ed ni fe en la postura del hombre ante a muerte. Y, en cuanto a lecci\u00f3n del animal, no nos confunda ese \u00absabe morir\u00bb del \u00faltimo verso. Se trata de otra cosa, que no es lecci\u00f3n \u00e9tica, sino deseo de seguridad confiada. Comp\u00e1rese si no con alg\u00fan fragmento estoico o eticista en el que se ensalce la serena muerte de los animales como lecci\u00f3n: la \u00ab<em>Mort du loup<\/em>\u00bb, de Alfred de Vigny, por ejemplo. El lobo de Vigny, serio, p\u00e9treo, magistral expone y aconseja al hombre:<\/p>\n<p><em>Fais inlassablement ta longue et lourde t\u00e2che<\/em><br \/><em>Dans la voie o\u00f9 le sort a voulu t\u2019appeller.<\/em><br \/><em>Puis, apr\u00e8s, comme moi, souffre et meurs sans parler<\/em><\/p>\n<p>[Haz incansablemente tu larga y dura tarea<br \/>en la senda donde la suerte ha querido llamarte<br \/>Entonces, despu\u00e9s, como yo, sufre y muere sin hablar]<\/p>\n<p>No hay, por el contrario, lecci\u00f3n alguna en el perro de Unamuno. Hay sencillamente seducci\u00f3n, envidia amistosa y cordial de la dulce entrega mortal del perro, con fe en la muerte y en el amo, o mejor, con seguridad en ambos casos. Y por eso, los tres \u00faltimos versos de los transcritos son una comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Prosigamos la lectura [v.114-120]. La vital tristeza \u2013c\u00f3smica, infinita\u2013, te\u00f1ida de su trasconsciente pante\u00edsmo se precipita por momentos.<\/p>\n<p>T\u00fa al morir present\u00edas vagamente<br \/>vivir en mi memoria<br \/>no morirte del todo,<br \/>pero tu pobre hermano<br \/>se ve ya muerto en vida,<br \/>se ve perdido<br \/>y a\u00falla al cielo suplicando muerte.<\/p>\n<p>Nunca ha derrumbado Unamuno \u2013por transitoriamente que fuera\u2013 una concepci\u00f3n suya tan rudamente. Y aqu\u00ed lo hace nada menos que con su desorientadora idea de la apocat\u00e1stasis. Traslad\u00e1ndola al perro \u2013bien nos hace ver as\u00ed que no es idea, sino vivencia\u2013, Unamuno le reconoce falta de base para profesarla vitalmente un hombre; o, m\u00e1s que reconocerle, la siente falta de base.<\/p>\n<p>Hemos encontrado a Unamuno en un momento negro de su agonismo. Esta es la causa del triste color de esta <i>Eleg\u00eda en la muerte de un perro<\/i>.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"6\"><\/a> <b>6. Editorial del n.\u00ba 3<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En este editorial sin firma del n\u00famero 3 de <i>Qvadrante <\/i>(Barcelona y Sabadell, 2,50 pesetas), Sacrist\u00e1n y Juan Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n homenajeaban a Ortega en los siguientes t\u00e9rminos:<\/span><\/p>\n<p>La recta interpretaci\u00f3n que han tenido anteriores manifestaciones nuestras nos garantiza que el sentido y el alcance de estos p\u00e1rrafos no ser\u00e1n desorbitados. Sobre todo porque en estas columnas de editorial \u2013propileos de la revista\u2013 no nos hemos apartado nunca del tema que justifica nuestra vida publicista: el estado cultural de la naci\u00f3n. Y ello con la acritud inevitable contra las que consideremos causas o manifestaciones de su precaria situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si ponemos, pues, por delante de estas l\u00edneas nuestros deseos de ser exacta y poderadamente interpretados es porque creemos llegado el momento de exponer con dura claridad, con hiriente sequedad de contornos, lo que en pasados n\u00fameros hemos dicho m\u00e1s suavemente As\u00ed lo exige la m\u00e1s desapasionada consideraci\u00f3n de la vida cultural espa\u00f1ola en los dos \u00faltimos meses.<\/p>\n<p>En Roma se ha celebrado una reuni\u00f3n de pensadores. Se pretend\u00eda lograr una toma de contacto fecunda por sincera, entre representaciones aut\u00e9nticas del pensamiento de cada pa\u00eds.<\/p>\n<p>El nuestro estuvo \u00abrepresentado\u00bb. Y no acertamos a comprender por qu\u00e9 no form\u00f3 parte de nuestra representaci\u00f3n el hombre \u2013\u00fanico, muerto Unamuno\u2013 que encarna los principios de una escuela filos\u00f3fica espa\u00f1ola: Jos\u00e9 Ortega y Gasset.<\/p>\n<p>Carecemos de la informaci\u00f3n necesaria para achacar tan absurda conducta a quienes enviaron la representaci\u00f3n o a quien, debiendo, no se encontr\u00f3 en ella. Pero mal podemos creer que haya sido Ortega quien negara su asistencia, cuando el ilustre pensador \u2013cada vez m\u00e1s desorientado en las peque\u00f1as interioridades de la naci\u00f3n\u2013 permite que los rodillos de las m\u00e1quinas impresoras presionen al mismo tiempo su nombre y el de peque\u00f1os contrabandistas de la vida publicista.<br \/>Como carta abierta a Ortega hab\u00eda sido concebida esta <i>editorial<\/i>. Y si no le hemos dado definitivamente tal forma no ha sido por creernos sin derecho a ello.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 Ortega a Madrid y nos ofreci\u00f3 un di\u00e1logo. En el fondo, nos hubi\u00e9ramos contentado con un mon\u00f3logo siempre que fuera un mon\u00f3logo serio y sentido, profundo, decisivo. Pero lo que no se puede soportar por m\u00e1s tiempo es que resquemores y miop\u00edas hagan que la primera c\u00e1tedra universitaria espa\u00f1ola siga cubierta a precario y que la triste leyenda de que los espa\u00f1oles necesitan triunfar fuera de Espa\u00f1a siga teniendo demostraciones rotundas, al cabo de m\u00e1s de un siglo de exilados y exilantes.<\/p>\n<p>Empieza a ser hora de que superemos este car\u00e1cter superpol\u00edtico de nuestro pueblo. Si es necesario reduzcamos la pol\u00edtica a los l\u00edmites de una actividad te\u00f3rica. Pero evitemos que esta chata y sosa vida se prolongue.<\/p>\n<p>Tal perspectiva no puede ser mirada con ojos de carnero cornudo y sufridor. Por no sabemos qu\u00e9 rara ceguera, la naci\u00f3n est\u00e1 contemplando tranquilamente como gente sin demasiada verg\u00fcenza mina o conquista sus instituciones culturales. Los Institutos Nacionales sufren ataques inveros\u00edmiles en un pa\u00eds consciente de su personalidad y a la sombra de nuestras universidades crecen hongos peligrosos, a la vez \u2013paradoja suicida\u2013 par\u00e1sitos y venenosos.<\/p>\n<p>Exigimos aire, aire depurador que se lleve esas miasmas. Abramos ventanas y puertas. Pero, una vez abiertas, que entren por ellas los que han de aplicar el hombro al carro atascado.<\/p>\n<p>Pero como todas las empresas laboriosas, este empuje requerir\u00e1 autenticidad.<\/p>\n<p>Por eso enderezamos a Ortega este llamamiento tan abiertamente, tan sin miedo a las \u00abavispadas\u00bb cr\u00edticas y acusaciones. Porque vemos en \u00e9l la \u00fanica aut\u00e9ntica concreci\u00f3n actual del pensamiento espa\u00f1ol.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"7\"><\/a> <b>7. Rumbo (editorial del n.\u00ba 4)<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Seg\u00fan Jes\u00fas N\u00fa\u00f1ez (entrevista para<i> Integral Sacrist\u00e1n<\/i>, de Xavier Juncosa), el editorial del n.\u00ba 4 de la revista (Barcelona y Sabadell, mayo de 1947, 2,50 ptas) fue escrito por Sacrist\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p>Parece ser que a cada nueva manifestaci\u00f3n de vida de nuestra revista \u2013esta vida tan precaria, pero con muchas m\u00e1s reservas de las que algunos nos conced\u00edan al nacer\u2013 nos queda cortar la etiqueta que nos pegaron en la anterior.<\/p>\n<p>N\u00famero tras n\u00famero se nos descubre, para que al siguiente vuelva la desorientaci\u00f3n a las filas de los etiqueteros. \u00a1Qu\u00e9 sabrosos comentarios y etiquetas nos han deparado los \u00abinterpretadores\u00bb del n\u00famero anterior!<\/p>\n<p>Consider\u00e1ndolo in\u00fatil, no vamos a insistir m\u00e1s en exonerarnos de f\u00e1ciles filiaciones. Hoy cuadra mejor comentar el \u00faltimo sambenito que nos ha sido dedicado. Que no ha sido \u00ab<em>nomen<\/em>\u00bb, por una vez, sino \u00ab<em>cognomen<\/em>\u00bb. No ya anarquistas, ni absolutistas, ni dem\u00f3cratas-cristianos ni siquiera masones. \u00a1Pesimistas!<\/p>\n<p>Pesimistas, con un pie retrasado en la orilla de los veinte a\u00f1os. Pesimistas sin acideces de est\u00f3mago ni trastornos hep\u00e1ticos, ni amarguras de fracasados. Pesimistas, con una idea por delante. \u00bfPesimistas nosotros? Y si lo fu\u00e9ramos, \u00bfqu\u00e9 fuerza nos mover\u00eda a arrostrar esta aventura aislada donde no suenan duros ni se ventilan actas de diputados? \u00bfA qu\u00e9 tomarnos tanto berrinche infructuoso?<\/p>\n<p>Pesimistas, y ademas holgaz\u00e1n y oligofr\u00e9nico es el que dice \u00ab\u00a1bueno!\u00bb a cuanto le rodea. Pesimista el del \u00abpeor es meneallo\u00bb y el de \u00abcon az\u00facar est\u00e1 peor\u00bb. Pesimista, m\u00e1ximamente pesimista, el avestruz que hunde la cabeza en la tierra como entrenamiento para el subsiguiente viaje a la fosa.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 una cosa es ver los males y otra fingirlos o exagerarlos? Podr\u00edamos recordar aqu\u00ed la imagen de la caricatura. Los defectos de un perfil, apenas notorios en un retrato, saltan a la vista en la caricatura. Y esto solo nos servir\u00eda de excusa y justificaci\u00f3n, pues donde tantos se obstinan en ver corto, no cabe otro remedio que suministrar cristales de aumento\u2026 Pero es que ni siquiera nos es preciso tanto. Basta y sobra el natural para que no se d\u00e9 por satisfecho ning\u00fan espectador medianamente observador y con los ojos limpios de unte.<\/p>\n<p>Hubo quien se quej\u00f3 meramente del analfabestismo espa\u00f1ol. Cada d\u00eda estamos m\u00e1s convencidos de su error de perspectiva. No est\u00e1 en ello nuestro peor mal, sino m\u00e1s bien en quienes lo mantienen sin soluci\u00f3n: en las inteligencias perezosas, en los cultos indolentes, en las capacidades in\u00fatiles y en las capacidades holgazanes. Este es el panorama que nos hiere la vista. Ese, el panorama de los prohombres acartonados y estacionarios, de los eruditos psicast\u00e9nicos y los maestros ciruelas, fue el que nos sirvi\u00f3 para decorar la portada de nuestro n\u00famero anterior. Pero nosotros, optimistas a machamartillo, quisimos verlos reducidos a piezas de museo biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Si llega el d\u00eda, conf\u00eden nuestros detractores; volveremos a re\u00edr con ganas.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"8\"><\/a> <b>8. Ya no existen las fuentecitas de Nuremberga<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Con la firma de Manuel Entenza (en la calle Entenza de Barcelona estaba c\u00e1rcel de presos sociales y pol\u00edticos, algunos de ellos condenados a muerte en aquel entonces y fusilados en el Camp de la Bota), Sacrist\u00e1n public\u00f3 este art\u00edculo en el n.\u00ba 4 de <i>Qvadrante<\/i> (pp. 12-13)<\/span><\/p>\n<p>Muchas veces mientras el traqueteo de ese perpetuo oficio de tinieblas que es el tranv\u00eda me lleva hacia la Plaza Universidad con los minutos contados, se presentan a mi consideraci\u00f3n, como im\u00e1genes inaccesibles de un para\u00edso perdido, las estampas pl\u00e1cidas de la vida de aquellos universitarios sin prisas de hace cuarenta a\u00f1os. Son estampas entrevistas en cualquier gir\u00f3n de peri\u00f3dico viejo, en cualquier reliquia de la juventud de nuestros mayores\u2026 y en los dos \u00e1lbumes, encuadernados de celebridad, que recogen los clich\u00e9s juveniles de los dos maestros: las \u00abMocedades\u00bb de Ortega y los \u00abRecuerdos de ni\u00f1ez y mocedad\u00bb de Unamuno.<\/p>\n<p>En verdad, son muy distintas las dos colecciones. Ortega nos da en la suya sus frutos verdes \u2013mucho menos verdes que los nuestros de hoy\u2013, mientras Unamuno ofrece en su libro sus recuerdos m\u00e1s maduros. Pero para verles pasar su vida de estudiantes \u2013que es lo que nos interesa\u2013 la \u00fanica diferencia estriba en que hay que interpretar al uno y solo leer al otro.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Parece ser que entonces los estudiantes inquietos pod\u00edan canalizar su inquietud en lo que les es propio y sin salirse de ello: en el estudio. Su vida exterior,<i> p\u00fablica<\/i>, pod\u00eda limitarse a la imprescindible sociabilidad del hombre normal. En su casa o en pensi\u00f3n, el horario <i>vegetativo<\/i> era en aquellos a\u00f1os de una c\u00f3moda y suficiente regularidad. Las calles ofrec\u00edan un calmoso discurrir \u2013lentos carruajes, caminatas reposadas\u2013 que ni tan s\u00f3lo deb\u00eda alterarse en la nerviosa primavera de mayo. Se nos antoja que, con unos cuestionarios mucho menos frondosos que los nuestros, las convocatorias de examen deb\u00edan ser el anuncio de una inminente temporada de descanso o de trabajo personal, redondeo del del curso (Puesto que el idilio m\u00e1s buc\u00f3lico se concibe en el ajetreo de un palacio metropolitano, debe perdonarme el lector ser un Te\u00f3crito de las aulas).<\/p>\n<p>Pero admitamos que haya exagerado: con todo, no se podr\u00e1 negar que los felices estudiantes de principio de siglo han sido los que han visto m\u00e1s de cerca los prados ideales \u2013ciencia los r\u00edos, arte los \u00e1rboles\u2013 que se encuentran en la isla desierta de los universitarios.<\/p>\n<p>Estaba entonces permitida la torre de marfil. Y ellos \u2013en su derecho\u2013 la habitaban con delectaci\u00f3n un poco morosa. Y eso explica la franca superioridad que de t\u00fa a t\u00fa \u2013de universitario a universitario\u2013 llevan sobre nosotros, nietos de su generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto de nietos requiere justificaci\u00f3n. Aquellos universitarios de industriosa y exclusiva vida cultural constituyeron la generaci\u00f3n maestra de la nuestra. \u00bfVamos a llamarla del 98? Pues llam\u00e9mosla as\u00ed \u2013si el hacelo ha de ahorrarnos palabras\u2013 y admitamos por una vez la inc\u00f3moda inflexibilidad de una etiqueta. Pero \u2013por lo general\u2013 se trata de maestros a los que no hemos o\u00eddo. Los hemos conocido <i>ex littera<\/i>, no <i>ex ore<\/i>. A lo m\u00e1s, de boca de un personaje de la generaci\u00f3n intermedia. Pues, en efecto, si somos nietos universitarios de la generaci\u00f3n del 98 es por haber existido entre la suya y la nuestra una generaci\u00f3n<i> universitaria intermedia<\/i>.<\/p>\n<p>Esta <i>generaci\u00f3n intermedia<\/i> es muy interesante. Creo que se debe colocar entre 1920 y 1936 y su inter\u00e9s deriva de que en ella qued\u00f3 arrasada la torre de marfil de los universitarios. \u00bfFue por obra exclusiva de esa generaci\u00f3n o lo llevaba la Historia? No es posible contestar; m\u00e1s vale lanzar una panor\u00e1mica sobre lo que el tiempo arrastraba en esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Si la generaci\u00f3n de Ortega y de Unamuno \u2013bien s\u00e9 que cronol\u00f3gicamente no son exactamente las mismas\u2013 vivi\u00f3 la guerra europea en plena edad universitaria, la generaci\u00f3n posterior \u2013<i>la intermedia\u2013<\/i> fue la que recogi\u00f3 sus resultados espirituales. Y entre esos resultados se hallaba el problema que hab\u00eda de dar al traste con el delicioso y tranquilo exclusivismo universitario. Ese problema fue la crisis de la conciencia pol\u00edtica europea.<\/p>\n<p>La <i>generaci\u00f3n intermedia<\/i> vivi\u00f3 el problema, no pudo permanecer al margen de \u00e9l ni siquiera en su vida cotidiana \u2013en la vida intelectual, claro est\u00e1 que tampoco la anterior se sustrajo a \u00e9l\u2013, y las aulas se convirtieron en el campo de una batalla mixta: la de las inteligencias y la de la pol\u00edtica pr\u00e1ctica. Los estudiantes no quisieron ya admitir que su misi\u00f3n fuera tan solo la de estudiar. Convencidos de transcender de las aulas, se urdieron una vida de trama m\u00faltiple, en la que los hilos pol\u00edticos se vigorizaban a vueltas con las fibras intelectuales. Es imposible negar a la <i>generaci\u00f3n intermedia<\/i> el m\u00e9rito que hab\u00eda en ese lanzarse generoso hacia los problemas de la naci\u00f3n. Tanto m\u00e1s imposible cuanto que ellos mismos formularon su inquietud extra-universitaria y significaron su deseo de trascender en ayuda de los dem\u00e1s, antes de salir de las aulas o reci\u00e9n iniciado el camino profesional. Tal es \u2013por ejemplo\u2013 la posici\u00f3n <i>p\u00fablica<\/i> de un universitario muy caracter\u00edstico de esta generaci\u00f3n intermedia: J. A. Primo de Rivera. Es f\u00e1cil encontrar en su obra p\u00e1rrafos enteros que justifican nuestra interpretaci\u00f3n. La guerra a la torre de marfil, al aislamiento intelectual, es la bandera de estos hombres, Y ello, no sin reparos, no sin amargura, ni pesadumbre. Porque este universitario se da cuenta de que est\u00e1 sacrificando su gran tesoro: la vocaci\u00f3n de estudioso. As\u00ed se encuentra en un pasaje menos manoseado y m\u00e1s profundo que otros t\u00f3picos ajados por los pobres de esp\u00edritu que los comentan. J. A. Primo de Rivera aduce ese abandono del retiro intelectual incluso como prueba de su recta voluntad pol\u00edtica. El trozo en cuesti\u00f3n es este: \u00ab\u2026no se sale al mundo exterior, no deja uno su tranquilidad, su vocaci\u00f3n, sus medios normales de vida, <i>la posibilidad de cultivar el esp\u00edritu, la posibilidad de vivir fuera del ruido, en este silencio de donde se sacan las \u00fanicas obras fecundas<\/i>, no se sale de todo eso, digo, para darse el gusto de levantar el brazo por ah\u00ed. Se hace o\u00edr que nuestra generaci\u00f3n, que tiene tal vez por delante treinta o cuarenta a\u00f1os de vida, no se resigna a seguir otra vez viviendo en aquella capa chata incluida entre una falta de inter\u00e9s hist\u00f3rico y una falta de justicia social.\u00bb (el subrayado, nuestro).<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>En lo que se refiere a valor social, tal f\u00f3rmula era evidentemente superior a la de la generaci\u00f3n precedente, considerada en su fase universitaria, juvenil. Ahora bien, en cuanto a fecundidad cultural el equilibrio qued\u00f3 roto a la inversa. Y as\u00ed los hombres de esta generaci\u00f3n intermedia en la que desapareci\u00f3 la plenitud dorada y tranquila de la vida universitaria, vivieron ideol\u00f3gicamente de sus predecesores, de los creadores del 98. En parte \u2013cierto es\u2013 por las dimensiones de estos, que dieron lugar a la formaci\u00f3n de escuelas (tal el caso de Mar\u00edas de la generaci\u00f3n intermedia, con relaci\u00f3n a Ortega); en parte, tambi\u00e9n, por la gran juventud de estos universitarios. Pero, sobre todo, porque no fue su misi\u00f3n ni su vocaci\u00f3n \u2013y si lo fue la rompieron\u2013 la de crear para dentro, sino para fuera. Sea por lo que fuere, por las tres causas juntas sin duda, el caso es que la generaci\u00f3n intermedia cre\u00f3 su vida espiritual, ideol\u00f3gica, pol\u00edtica, sobre las bases proporcionadas por la anterior. As\u00ed ocurre \u2013para seguir el paralelo iniciado\u2013 con la adopci\u00f3n pol\u00edtica por J.A. Primo de Rivera de la doctrina orteguiana de Patria como unidad de misi\u00f3n, enunciada como unidad de destino en la Historia (\u00abLo universal\u00bb).<\/p>\n<p>Esta generaci\u00f3n universitaria intermedia se impuso, pues, el deber de lanzarse a una vida de acci\u00f3n extrauniversitaria. El tiempo lo ped\u00eda. \u00bfAcaso no sigue pidi\u00e9ndolo?<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>En sus \u00abMocedades\u00bb, Ortega ofrece cuadritos de su producci\u00f3n juvenil. Uno de ellos es muy atractivo para la contestaci\u00f3n de la pregunta pendiente. Se titula \u00abLas fuentecitas de Nuremberga\u00bb. En \u00e9l se deleita Ortega con el espect\u00e1culo de una vieja ciudad de cultura que desarrolla un febril progreso moderno, industrial. Todo es promesa en aquella ciudad de actividad fecunda, ritmada, tranquila. Y las viejas fuentecitas \u2013con esculturas de siglos\u2013, manando siempre un agua de la misma tierra, prometen la perduraci\u00f3n de un mundo, de un estilo, de un esp\u00edritu, de una cultura milenaria.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no contemplar tranquilo y feliz ese espect\u00e1culo? Los universitarios de aquella generaci\u00f3n ten\u00edan causa para volver serenos a su recogimiento estudioso tras la visi\u00f3n de un mundo que crec\u00eda tranquilamente a pesar de todo \u2013o, al menos, lo parec\u00eda\u2013, con la continuidad asegurada en la eterna canci\u00f3n de sus fuentecitas.<\/p>\n<p>Se acerca la respuesta: \u00bfestamos nosotros, universitarios de hoy \u2013de la <i>tercera generaci\u00f3n<\/i> a partir de la del 98\u2013, en la misma situaci\u00f3n espiritual y cultural?<\/p>\n<p>No, verdaderamente. Si miramos al mundo \u2013nuestro mundo: Europa, Espa\u00f1a\u2013 no vemos garant\u00eda de desarrollo, No es l\u00edcito abandonarle, dejarle con una ego\u00edsta complacencia, en la solitaria compa\u00f1\u00eda del libro. Como en la generaci\u00f3n intermedia, nuestro deber sigue siendo trabajar para fuera. Porque ya se rompi\u00f3 el encanto del agua que manaba sin cesar. Porque ya no hay fuentecitas en Nuremberga.<\/p>\n<p>[<i>Dedicamos este art\u00edculo a nuestro colega madrile\u00f1o <\/i>La Hora<i>, como contribuci\u00f3n y como nueva perspectiva en el problema de las generaciones pol\u00edticas, tratado por <\/i>La Hora<i> en forma <\/i>pol\u00e9mica].<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"9\"><\/a> <b>9. <i>Introducci\u00f3n a la filosof\u00eda<\/i> de Juli\u00e1n Mar\u00edas<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tambi\u00e9n en este n\u00famero 4, el \u00faltimo de la revista, en el apartado \u00abCon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, Sacrist\u00e1n public\u00f3 una rese\u00f1a no firmada sobre <i>Introducci\u00f3n a la filosof\u00eda<\/i> de Juli\u00e1n Mar\u00edas.<\/span><\/p>\n<p>Ortega ha resultado el S\u00f3crates de la filosof\u00eda actual. No significa esto, en nuestro mundo, limitare a conversar con un grupo de amigos o con cualesquiera gentes por calles y plazuelas. Simplemente Ortega no ha producido ninguna obra sistem\u00e1tica. Sus interpretaciones de la vida individual y de la Historia han desbrozado los horizontes de la filosof\u00eda venidera.<\/p>\n<p>Recordemos, en las <i>Memorias<\/i> de Jenofonte, aquellas palabras sobre el desconcertante s\u00e1tiro maestro de Plat\u00f3n: \u00abObservaba tambi\u00e9n que los que est\u00e1n instruidos en los asuntos humanos pueden utilizar a voluntad, en la vida, sus conocimientos en provecho propio y ajeno (se pregunta entonces) si, an\u00e1logamente, los que buscan las cosas divinas despu\u00e9s de llegar a conocer las necesidades en virtud de las cuales acontece cada cosa, cre\u00edan hallarse en situaci\u00f3n de producir el viento, la lluvia, las estaciones del a\u00f1o y todo lo que pudieran necesitar\u00bb.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed el mayor m\u00e9rito de esta obra de Mar\u00edas. En ella es posible abarcar de una ojeada, hasta cierto punto sistem\u00e1tica, las pinceladas que, desarticuladamente, nos ofrece la producci\u00f3n orteguiana, sobre el hombre y la filosof\u00eda.<\/p>\n<p>Efectivamente, hoy muchos j\u00f3venes nos encontramos introducidos en la filosof\u00eda. Nuestra especial situaci\u00f3n hist\u00f3rica nos ha hecho recurrir a esa prometedora y milenaria matrona, para no naufragar en la desbarajustada herencia que nos han deparado las generaciones predecesoras.<\/p>\n<p>Mar\u00edas analiza esa herencia a la luz de las adivinaciones orteguianas contenidas en la <i>Rebeli\u00f3n de la masas, Meditaci\u00f3n de la t\u00e9cnica, Esquema de las crisis <\/i>e <i>Ideas y creencias<\/i>, a las que a\u00f1ade la experiencia hist\u00f3rica de una guerra en nuestro solar, de la reciente conflagraci\u00f3n mundial y su marasmo consiguiente.<\/p>\n<p>Tras esto, pocas p\u00e1ginas le bastan para mostrar la necesidad de una \u00abverdad radical\u00bb en tan cr\u00edtica situaci\u00f3n y hallar el quehacer filos\u00f3fico postulado como necesidad vital.<\/p>\n<p>Esta \u00abverdad radical\u00bb le aparece afectada de historicidad, apreciaci\u00f3n que Mar\u00edas distingue del pirronismo hist\u00f3rico y del relativismo.<\/p>\n<p>Como m\u00e9todo para la filosof\u00eda postulada presenta luego la fenomenolog\u00eda, una vez ajustada a las restricciones que Ortega impone a la concepci\u00f3n husserliana \u2013idealista\u2013 de la misma.<\/p>\n<p>La herramienta mental para esa tarea debe ser, seg\u00fan Mar\u00edas, la raz\u00f3n \u2013\u00abaprehensi\u00f3n de la realidad en su conexi\u00f3n\u00bb\u2013 que, despu\u00e9s de seguir la cr\u00edtica hist\u00f3rica hecha por Ortega en <i>Dos pr\u00f3logos, Historia como sistema<\/i> y el pr\u00f3logo \u00abLas aventuras del capit\u00e1n Alonso de Contreras\u00bb, identifica con la \u00abvital, hist\u00f3rica y narrativa\u00bb.<\/p>\n<p>Frente a su meta puesta en marcha que nos ofrece Ortega, Mar\u00edas, tras un estudio del \u00abPr\u00f3logo a un tratado de monter\u00eda\u00bb, acierta por primera vez a describir los requisitos y mecanismo de esa \u00abraz\u00f3n viviente\u00bb.<\/p>\n<p>Presentada la filosof\u00eda exclusivamente como funci\u00f3n vital, sigue una caracterizaci\u00f3n de su supuesto, la vida. Este esquema abstracto de toda existencia personal es, como dice el mismo Mar\u00edas, el contenido de la filosof\u00eda de Ortega y, sigui\u00e9ndola, lo traza.<\/p>\n<p>En este punto, el lector se encuentra ya introducido, no solo en la filosof\u00eda, sino, nada menos, en la filosof\u00eda actual. Han pasado 250 p\u00e1ginas vivas, claras e ineludibles. A partir de ellas \u2013hasta las 450 p\u00e1ginas\u2013 empieza a parecerle ret\u00f3rico a uno el t\u00edtulo del libro.<\/p>\n<p>Hacen penosa la segunda mitad del libro su insistencia en cuestiones tratadas en cap\u00edtulos anteriores y la reiterada alusi\u00f3n a los puntos de vista orteguianos sobre la vida, sus urgencias y la necesidad de darle un contenido.<\/p>\n<p>El libro, m\u00e1s que ser una introducci\u00f3n a la filosof\u00eda, pura y simplemente, va tomando visos de escolasticismo, de introducci\u00f3n exclusiva a una filosof\u00eda determinada \u2013la de Ortega.<\/p>\n<p>Destacan ya solamente en su segunda mitad algunas ideas para la nueva l\u00f3gica y para una metaf\u00edsica eficaz.<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, tiene gran inter\u00e9s la presentaci\u00f3n, hecha en los \u00faltimos cap\u00edtulos, articulada y fielmente, de la doctrina historiogr\u00e1fica de Ortega \u2013sobre las generaciones y las \u00e9pocas cr\u00edticas\u2013, diseminada entre su \u00abEsquema de las crisis\u00bb, un curso dado en 1933 en la Universidad Central y su pr\u00f3logo a \u00abCartas finlandesas y hombres del Norte\u00bb de Ganivet.<\/p>\n<p>La lectura termina lamentando que el libro no haya alcanzado la elegancia de nuestros romances viejos, que saben cortarse a tiempo y dejar nuestra inquietud maravillosamente suspendida en el aire.<\/p>\n<p>Sin embargo, no puede regatearse su valor para el conocimiento ordenado de la filosof\u00eda de Ortega. Respecto a esto, ya es bastante clara la dedicatoria de la obra. Tambi\u00e9n Mar\u00edas explica en el texto que, entre los movimientos filos\u00f3ficos actuales \u2013alude expl\u00edcitamente al existencialismo alem\u00e1n y veladamente al franc\u00e9s de \u00faltima hora\u2013, solo el iniciado por Ortega le parece fecundo.<\/p>\n<p>A pesar de todas sus precauciones, esto pueden resultar peligroso de infecundidad para Mar\u00edas, Ortega \u2013queda dicho\u2013 alcanza plena importancia como punto de partida para la filosof\u00eda actual. Bajo ning\u00fan aspecto pueden considerarse sus concepciones \u2013ni ninguna otra\u2013 como un punto de arribo.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL \u00cdNDICE<\/a><\/p>\n<h3 lang=\"en-US\" align=\"justify\"><a name=\"10\"><\/a> <b>10. Bajo las alas de <em>La Cordoniz<\/em><\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tambi\u00e9n en <i>Qvadrante<\/i>, 4, pp. 20-21, firmando como Enrique Luz\u00f3n, Sacrist\u00e1n public\u00f3 un art\u00edculo sobre el cambio de orientaci\u00f3n ideol\u00f3gica de <i>La Codorniz<\/i> (\u00abla revista m\u00e1s audaz para el lector m\u00e1s inteligente\u00bb), una revista de humor gr\u00e1fico y literario que se public\u00f3 entre 1941 y 1978.<\/span><\/p>\n<p>Aun cuando pretenda ser todo lo amplio y general posible, este art\u00edculo \u2013lo veo ya antes de empezarlo\u2013 va a resultar dedicado a los que entraron en mayor edad intelectual durante aquella primavera soleada en que<i> La Codorniz<\/i> \u2013-reci\u00e9n dejado el cascar\u00f3n\u2013 iba soltando plumas por las calles al agitar pesadamente sus alas en un vuelo primero e infantil.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 de cosas promet\u00edan aquellos grandes cartelones de propaganda \u2013un cazador regordete en medio de una hermosa tricrom\u00eda\u2013 en los que muchos vimos por primera vez a Herreros, ese Herreros que estaba llamado a ser el ochenta por ciento visible de <i>La Codorniz<\/i>!<br \/>Hay que reconocer que se cumplieron las promesas. Dos n\u00fameros bastaron para que <i>La Codorniz<\/i> se presentara como la<b> <\/b>primera s\u00e1tira fina del momento y de toda una \u00e9poca.<\/p>\n<p>Y esa \u00e9poca no es precisamente la nuestra. En efecto, aun cuando el punzante pajarraco supo ver lo que hab\u00eda de satirizable en nuestra vida actual, se encarniz\u00f3 especialmente con los cinco \u00faltimos decenios del pasado siglo y los tres primeros del presente. Mazurcas, valses y pericones, sombrerotes del a\u00f1o 90 y coliflores sombreriformes de 1920, institutrices fin de<b> <\/b>siglo y congresos cient\u00edficos de la misma \u00e9poca; estos fueron los elementos m\u00e1s frecuentes de las s\u00e1tiras codornicescas.<\/p>\n<p>Porque nosotros hemos visto siempre esta clara funci\u00f3n cr\u00edtica de <i>La Codorniz<\/i>. Y no es dif\u00edcil demostrarlo. Basta recordar aquella primera \u00e9poca.<\/p>\n<p><b>Las bater\u00edas de <i>La Codorniz<\/i><\/b><\/p>\n<p>Aquel cartel\u00f3n que precedi\u00f3 al peri\u00f3dico anunciaba su esp\u00edritu agudo, cr\u00edtico, saneador. Y al abrir el primer n\u00famero se pudo comprobar la combativo promesa del dibujo con el gran combate que entablaban los articulistas. En las p\u00e1ginas de <i>La Codorniz<\/i> se cerraba contra todo lo rid\u00edculo: lo rid\u00edculo de antes de fin de siglo y lo posterior \u2013bastante menos rid\u00edculo, dicho sea en honor de nuestros a\u00f1os\u2013.<br \/>Todo conflu\u00eda hacia el mismo cauce: tanto la s\u00e1tira costumbrista de Mihura como las \u00abCartas del pundonoroso ni\u00f1o Juanito\u00bb \u2013contestaci\u00f3n y burla que necesitaba desde mucho antes la odiosa pedagog\u00eda del siglo XIX y comienzos del XX, personificada en aquellos art\u00edculos por el inefable Paravicino, inventor <i>en serio<\/i> del rid\u00edculo Juanito\u2013, las postales comentadas, las historietas&#8230; Todo contribu\u00eda a colocar en su merecida picota a aquella vida chata y alicorta que llevaron en Espa\u00f1a los hombres de esa \u00e9poca vieja, esa \u00e9poca que parece condenada a ser siempre, siempre, vieja y s\u00f3lo vieja, sin llegar jam\u00e1s a ser antigua.<\/p>\n<p>En las p\u00e1ginas de <i>La Codorniz<\/i> recibieron las carcajadas que necesitaban para purgar sus pecdos los usos sociales anteriores a la guerra europea, las elegantes \u00aben tenue\u00bb de carreras de caballos y los j\u00f3venes engomados salidos de los folletones por entregas.<\/p>\n<p><b>Pero tambi\u00e9n nos re\u00edmos de nosotros mismos<\/b><\/p>\n<p>Y en <i>La Codorniz<\/i> fue principalmente el Conde de Pepe quien se encarg\u00f3 de hacerlo, ayudado por el l\u00e1piz de Pic\u00f3 maravillosamente fino y moderno. Como s\u00e1tira de nuestros rid\u00edculos, de los posteriores al a\u00f1o 1920, ha legado el Conde de Pepe a la <i>posteridad <\/i>sus \u00abNovelas cortas, pero mundanas\u00bb y su \u00abConsultorio\u00bb, a veces \u2013es cierto\u2013 s\u00f3lo chistoso, pero otras, genial y soci\u00f3logo.<\/p>\n<p><b>Y adem\u00e1s Literatura<\/b><\/p>\n<p>Es un poco absurdo considerar como cosa aparte la cr\u00edtica literaria en aquella <i>Codorniz<\/i> juvenil y<b> <\/b>esperanzada, por la sencilla raz\u00f3n de que todas sus p\u00e1ginas ten\u00edan algo de ella. Sin vacilar, creemos que <i>La Codorniz<\/i> alcanz\u00f3 su mayor altura y es sobre todo digna de agradecimiento por su labor de purga mental en su cruel satirizaci\u00f3n de folklore y la pandereta, las taras tradicionales de<b> <\/b>nuestro arte esc\u00e9nico, literario y, \u00faltimamente, cinematogr\u00e1fico. El castigo que Curriyo y Rosariyo no hab\u00edan recibido en ninguna parte, con grave perjuicio del m\u00e1s elemental buen gusto, les fue por fin administrado en las p\u00e1ginas de <i>La Codorniz<\/i>. All\u00ed se ley\u00f3 aquel sainete digno de ser esculpido, que empezaba as\u00ed<\/p>\n<p><i>Curriyo<\/i> (llamando a una puerta).\u2013 G\u00fcenas. \u00bfEzt\u00e1 er toro?<br \/><i>La criada.\u2013 <\/i>S\u00ed pero est\u00e1 durmiendo y<b> <\/b>ha dicho que no le despierten.<br \/><i>Curriyo<\/i>.\u2013 \u00bfManque sea yo?<br \/><i>La criada.\u2013<\/i> Ha dicho que manque sea una vaca&#8230; etc\u00e9tera.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo el folklore recibi\u00f3 su merecido en el campo de la literatura \u2013y, desde luego, no s\u00f3lo el folklore andaluz\u2013, sino que tambi\u00e9n los dramones y las altas comedias pasaron por la m\u00e1quina ridiculizadora; queda para demostrarlo el inolvidable y definitivo \u00abTeatro para caballos\u00bb, con sus nefastos cr\u00edmenes y espantosos adulterios, sus austeros venerables y sus desatadas pasiones, sus \u00abgaleotos\u00bb potentes y sus resultados vengadores.<\/p>\n<p><b>\u00bfY el humor?<\/b><\/p>\n<p>En cuanto a lo puramente humor\u00edstico, <i>La Codorniz<\/i> fue una ducha tonificante, un vendaval que avent\u00f3 para siempre \u2013seamos optimistas\u2013 aquella legi\u00f3n de chistes <i>inteligentes, <\/i>de chistes de<i> intenci\u00f3n<\/i> que todav\u00eda pasaban en grandes racimos desde las p\u00e1ginas de \u00abBlanco y Negro\u00bb \u2013en donde debieron quedar sepultados\u2013 a las de revistas modernas.<\/p>\n<p>En definitiva, pues, en el terreno puramente humor\u00edstico, <i>La Codorniz<\/i> asumi\u00f3 la misi\u00f3n saludable, higi\u00e9nica, que el benem\u00e9rito \u00abchiste malo\u00bb ven\u00eda cubriendo durante tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>\u2013Oiga, redactor de<i> Qvadrante<\/i>, \u00bfEs que pretende usted descubrir <i>La Codorniz<\/i> al cabo de tanto tiempo?<\/p>\n<p>\u2013No, se\u00f1or.<\/p>\n<p><b>El ni\u00f1o abandonado<\/b><\/p>\n<p>\u2013No, se\u00f1or lector de<i> Qvadrante<\/i>. No pretendo descubrir <i>La Codorniz<\/i>. Pretendo s\u00f3lo que<i> Qvadrante<\/i> diga su palabra en la pol\u00e9mica que se entabl\u00f3 sobre si <i>La Codorniz<\/i> de ahora es la misma de antes o es otro p\u00e1jaro que casi no se parece en nada.<\/p>\n<p>Y yo creo que la codorniz abandon\u00f3 su nido en un atardecer triste, se march\u00f3 a otras tierras y, como siempre vivi\u00f3 sola, no dej\u00f3 en el blando casquete ni un huevecillo. \u00a1Triste destino de esterilidad!<\/p>\n<p>Pero vayamos despacio, que las cosas no pueden decirse as\u00ed como as\u00ed; es necesario justificarlas.<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p>Hace un momento, repasando las excelencias de la vieja codorniz, encontr\u00e1bamos en primera l\u00ednea su labor saneadora, higi\u00e9nica, refrescante, de gran s\u00e1tira social e intelectual; una s\u00e1tira que, si bien estaba mucho m\u00e1s a la altura de los bolsillos antes que ahora, lo estaba mucho menos a la de todos los cerebros.<\/p>\n<p>Sin embargo, nada parece haber cambiado: los mismos dibujos (esto no es del todo verdad, pero pas\u00e9moslo), varios colaboradores que permanecen, etc. Eso es verdad. E incluso a\u00f1adiremos que \u00c1lvaro de la Iglesia, en sus excelentes art\u00edculos de parodia, firmados con alusi\u00f3n al parodiado, mantiene la s\u00e1tira literaria en <i>La Codorniz<\/i> a una altura que, a veces, supera la anterior.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es entonces lo que ha cambiado en <i>La Codorniz<\/i>?<\/p>\n<p>Pues todo lo trascendental. <i>La Codorniz<\/i> no ha perdido ni el plumaje, ni el hiriente pico, ni la cr\u00edtica apostura, pero ha cambiado su misma anatom\u00eda, su alma, su contextura. Ya no es <i>La Codorniz.<\/i> Es un p\u00e1jaro que pica fuerte tambi\u00e9n, pero s\u00f3lo a ratos, extempor\u00e1nea y parcialmente. Es de pupila mucho menos penetrante&#8230; y ha perdido mucha flexibilidad; si, es un p\u00e1jaro mucho menos \u00e1gil. Y el que no es \u00e1gil no puede querer el cambio hacia lo mejor porque ha perdido la capacidad de movimiento. Dentro de poco, este p\u00e1jaro crear\u00e1 sus dogmas y ya nunca se mover\u00e1 de ellos<i>.<\/i><\/p>\n<p>El simp\u00e1tico bicho que satirizaba las ruindades de los ruines y las mezquindades de los mezquinos, se preocupa ahora de las manchas de polvo que un ni\u00f1o deja acaso en el abrigo de un probo viajero del \u00abMetro\u00bb (1) cuando, en sus tiempos de codorniz, el ahora indefinido pajarraco habr\u00eda realizado un penetrante estudio psicol\u00f3gico, en tres brochazos de reproche humor\u00edstico, del quisquilloso viajero. El p\u00e1jaro que se preocupaba de movimientos literarios y corrientes espirituales se afana ahora sin reposo entre los taquilleros de la R.E.N<i>.<\/i>F.E. (2) y el precio de las legumbres sin hervir, pero un poco verdonchas, y cuenta con paciencia de oligofr\u00e9nico el tanto por ciento de gusanos que hab\u00eda en el lote de lenteja que se llev\u00f3 de la tienda Do\u00f1a Encarnaci\u00f3n, respetable prueba que de vapuleada ha pasado a vapuleadora.<\/p>\n<p><i>La Codorniz<\/i> fue siempre un NO gigantesco, desde la primera a la \u00faltima p\u00e1gina. Pero era un NO a la pereza mental, a<b> <\/b>la mezquindad, a la vulgaridad. Y ahora es un \u00abno\u00bb demag\u00f3gico, populachero, un \u00abno\u00bb que aumenta la colocaci\u00f3n del peri\u00f3dico entre los peque\u00f1os comerciantes maldicientes y los peque\u00f1os industriales fracasados en la vida \u00edntima, aunque hayan llegado a millonarios en la otra. La codorniz \u2013que ya no es <i>La Codorniz\u2013<\/i> se ha convertido con sus \u00abno\u00bb en la revista oficial de los peque\u00f1os resentidos, con sus correspondientes complejos de inferioridad a cuestas.<\/p>\n<p>La codorniz, pues, ya no es La Codorniz. Pica como antes pero ahora con mala voluntad, sin intenci\u00f3n educativa y sin efectos \u2013que es peor\u2013, con miras estrech\u00edsimas.<\/p>\n<p>Este p\u00e1jaro que pica sin ser la codorniz, sin la alegr\u00eda burladora e irreflexiva, vital y juguetona de aquel simp\u00e1tico p\u00e1jaro ma\u00f1anero, gusta ahora y es le\u00eddo por la caterva est\u00fapida, aventajada y \u00abprincipio de siglo\u00bb que un d\u00eda fue su v\u00edctima; gusta ahora a las amas de llaves sesentonas y a los provectos y probos funcionarios que se relamen en esa venganza de los pobres de esp\u00edritu que es la carnicer\u00eda de los \u00abnos\u00bb.<\/p>\n<p>Este p\u00e1jaro que defiende lo viejo y gusta ya a lo viejos, merece llevar muchos a\u00f1os sobre sus alas. Ya no es la codorniz: es EL LORO.<\/p>\n<p>Notas: (1) <i>La Codorniz<\/i>: n\u00fam 281.(2) <i>La Codorniz<\/i>: n\u00fam. 282.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"11\"><\/a> <b>11. Notas sobre <\/b><i><b>Qvadrante <\/b><\/i><b>de Sacrist\u00e1n<\/b><\/h3>\n<p><b>I. \u00ab<\/b>(&#8230;) ha desencadenado [SLA: el Jefe de Prensa y Propaganda del SEU] una fuerte campa\u00f1a con todas las caracter\u00edsticas, eso s\u00ed, de la oligofrenia. Sus actuaciones nos beneficiaban en \u00faltimo t\u00e9rmino; se dedicaba, por ejemplo, a lanzar en la Universidad unas octavillas firmadas por el SEU y \u00abastutamente\u00bb difamatorias contra nosotros \u2013t\u00fa y yo en concreto. Yo me alegraba grandemente de su \u00abt\u00e9cnica\u00bb propagand\u00edstica cuando he aqu\u00ed que su oligofrenia tuvo un magn\u00edfico \u00e9xito sobre otro oligofr\u00e9nico, pero \u00e9ste de altura.\u00bb<\/p>\n<p><b>II. \u00ab<\/b>La creciente dimensi\u00f3n de nuestra ex-aventura editorial (ya no es aventura, Juan Carlos, ahora es deber espiritual y econ\u00f3mico, por los miles de pesetas de suscriptores que llevamos detr\u00e1s) impone cada vez m\u00e1s y ya tajantemente el dejar de ser j\u00f3venes diletantes (&#8230;). Se suscita este gord\u00edsimo problema: <i>\u00bfc\u00f3mo unos jovencitos estudiantes, pedantuelos y tal, pueden convertirse definitivamente en unos se\u00f1ores con dos profesiones que sirven con eficacia, no con in\u00fatil buena voluntad&#8230;?\u00bb<\/i><\/p>\n<p><b>III.<\/b> \u00abLa Direcci\u00f3n General de Prensa dio por fin se\u00f1ales de vida con un molesto oficio muy amenazador que dec\u00eda que era la \u00faltima vez que se nos permit\u00eda cambiar el nombre o formato. Molesto asunto, porque adem\u00e1s se nos obligaba a poner \u00aben primera p\u00e1gina\u00bb una nota que comenzara as\u00ed. \u00abLa revista <i>Estilo<\/i> cambia su nombre por el de <i>Qvadrante<\/i>.\u00bb He adoptado la siguiente resoluci\u00f3n: en 2\u00aa p\u00e1gina [&#8230;] aparece una nota en la que por <i>equivocaci\u00f3n <\/i>he puesto: \u00abla revista <i>Alerta<\/i> cambia su nombre&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><b>IV<\/b>. Ant\u00f3n, que nos odia tan profundamente como cuando \u00e9ramos <i>Estilo<\/i>, ha desencadenado una fuerte campa\u00f1a [&#8230;]. Por ejemplo, lanzaba en la Universidad unas octavillas contra <i>Qvadrante<\/i> firmadas por el SEU y \u00abastutamente\u00bb difamatorias contra nosotros, t\u00fa y yo concretamente [acus\u00e1ndonos] de democratacristianos y orteguistas.<\/p>\n<p>(&#8230;) Una deplorable distribuci\u00f3n [de la revista] fruto del amateurismo; un fracaso propagand\u00edstico, fruto del amateurismo; un fracaso econ\u00f3mico fruto del amateurismo. Todo ello nos conduce a la muerte.<\/p>\n<p>(&#8230;) al examinar fr\u00edamente la situaci\u00f3n descubra tantas razones de pesimismo no quita naturalmente que act\u00fae con toda el alma esa que t\u00fa ya conoces [&#8230;]. He establecido contacto con el redactor-jefe de <i>Leonardo<\/i> y renombrado cr\u00edtico Esteban P. de las Heras, que se ha constituido en colaborador de<i> Qvadrante<\/i>. Es una buena salida propagand\u00edstica, acreditadora.<\/p>\n<p><b>V.<\/b> E. P. de las Heras vale intelectualmente. Espiritualmente es uno de esos sorprendentes j\u00f3venes neocat\u00f3licos que encuentran muy mal que el Estado haya aceptado prohibir todos los libros incluidos en el \u00cdndice Romano, pero que al mismo tiempo creen en la inhabilidad del Papa.<\/p>\n<p><b>VI<\/b>. Hoy he le\u00eddo un p\u00e1rrafo de Ment-s\u00e9 hablando de que Estado y la sociedad est\u00e1n obligados a tener maestros competentes para que no se malogren los que \u00e9l llama \u2018Ap\u00e9ndices de la Sabidur\u00eda\u2019 y, por el contrario, puedan formarse, madurar y educar a su vez. Por cierto que, como quiera que esto est\u00e1 dicho con inter\u00e9s pol\u00edtico en \u00faltimo t\u00e9rmino, me recuerda aquellas conversaciones nuestras que terminaban en el doble y terrible callej\u00f3n sin salida de \u2018bienestar nacional necesario\u2019 y \u2018educaci\u00f3n imprescindible de la naci\u00f3n\u2019. Es decir, en la Despensa y Escuela de Costa y en la Liga para la Educaci\u00f3n Pol\u00edtica Espa\u00f1ola de Ortega, pasando por el <i>Ateneo del Bar-Club<\/i>.<\/p>\n<p>Fuentes: I y II. Carta del 4-IV-1947 dirigida a J. C Garc\u00eda Borr\u00f3n. En J. C. Garc\u00eda Borr\u00f3n, \u00abLa posici\u00f3n filos\u00f3fica de M. Sacrist\u00e1n, desde sus a\u00f1os de formaci\u00f3n\u00bb, <i>mt <\/i>30-31, p. 44. III. Carta a J.C Garc\u00eda Borr\u00f3n, 3-1947. En Laureano Bonet, <i>El jard\u00edn quebrado. La escuela de Barcelona y la cultura del medio siglo<\/i>. Pen\u00ednsula, Barcelona, pp. 249-250. IV. Carta a J.C. Garc\u00eda Borr\u00f3n, 4-4-1947. <i>Ibidem<\/i>, pp. 250-251. V. Carta a J. C Garc\u00eda Borr\u00f3n, abril-1947. <i>Ibidem<\/i>, p. 251. VI. Carta a J.C Garc\u00eda Borr\u00f3n, 29.X.1949. <i>Ibidem<\/i>, p.45.<\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL \u00cdNDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"12\"><\/a> <b>12. Cine, m\u00e1s cine, por favor<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tampoco estuvo ausente la afici\u00f3n cinematogr\u00e1fica en el joven Sacrist\u00e1n (quien lleg\u00f3 a dirigir un mediometraje que no se ha podido localizar hasta la fecha; Joaquina Joaniquet habl\u00f3 de ello cuando fue entrevistada por Xavier Juncosa para Integral Sacrist\u00e1n). El 12 de agosto de 1949, la entonces llamada <i>La Vanguardia espa\u00f1ola<\/i> publicaba la siguiente noticia:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Fallo del Concurso de guiones del Cine-Club Universitario.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Reunido el jurado calificador del I Concurso de guiones amateur convocado por el \u00abCine-Club Universitario\u00bb, del S. E. U. de Barcelona, y tras la consiguiente deliberaci\u00f3n, se dictamin\u00f3 el siguiente fallo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Primer premio de 1.000 pesetas al gui\u00f3n titulado \u00abMarina\u00bb, original de don Antonio Freix\u00e9s Cort\u00e9s; <b>acc\u00e9sit de 250 pesetas el gui\u00f3n titulado \u00abMontseny\u00bb, original de don Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n<\/b>; adem\u00e1s, por sus m\u00e9ritos, se recomend\u00f3 la filmaci\u00f3n de los siguientes guiones: \u00abIron\u00eda azul\u00bb, de don Ram\u00f3n Serra Junyent; \u00abEvocaci\u00f3n\u00bb, de don Tom\u00e1s Abad Melgar; \u00abMotor\u00bb, de don Antonio Freixas Cort\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">El Jurado calificador estaba compuesto por los siguientes se\u00f1ores: don Domingo Gim\u00e9nez, de la Secci\u00f3n de Cine Amateur del \u00abCentro Excursionista de Catalu\u00f1a\u00bb;don Lorenzo Llobet-Gracia, de \u00abLos Amigos del Cinema\u00bb, de Sabadell; don Juan Francisco de Lasa, de la cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica de la Prensa local; don Rafael J. Salvia, guionista profesional; don Jos\u00e9 Mar\u00eda Castellet, del \u00abCine-Club Universitario\u00bb, y don Jos\u00e9 Mar\u00eda Pic\u00f3 Junqueras, que actu\u00f3, adem\u00e1s, de secretario.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tampoco hemos podido localizar el gui\u00f3n premiado.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"13\"><\/a> <b>13. CODA<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Desde muy joven, Sacrist\u00e1n extract\u00f3 y anot\u00f3 (o resumi\u00f3) muchos de los libros que fue leyendo. Un ejemplo de ello (Biblioteca de la Facultad de Econom\u00eda y Empresa de la UB-BFEEUB): Rainer Maria Rilke, L<i>os cuadernos de Malte Laurids Brigge<\/i>, 2\u00aa edici\u00f3n, Buenos-Aires-Losada (1944):<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Es un libro compuesto de muy diversas elaboraciones: recuerdos de infancia presentados con distintas perspectivas, vivencias de la historia narradas a trav\u00e9s de una impresi\u00f3n personal y entra\u00f1ablemente interesada, sensaciones de adulto, de enfermedad y de pobreza. Durante la lectura resulta muy dif\u00edcil encontrar en el libro otra unidad que la meramente psicol\u00f3gica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">S\u00f3lo en las \u00faltimas p\u00e1ginas se presenta el motivo que concede retrospectivamente su unidad a todas las anteriores: los recuerdos de infancia y las vivencias de todo g\u00e9nero, en especial, las del amor sin objeto donde fijarse, son etapas de la b\u00fasqueda de Dios, de ese Dios \u00abformal\u00bb de Rilke, que tal vez no es otra cosa que la proyecci\u00f3n al infinito del siempre insatisfecho \u00e1pice personal. El amor que renuncia a todo objeto, la actividad ps\u00edquica llevada conscientemente al vac\u00edo y al fracaso, son los caminos que llevan al Absoluto que tal vez sea digno de ese amor y de esa actividad ps\u00edquica. Ese Absoluto que, siendo el \u00fanico que podr\u00eda amar al hijo pr\u00f3digo \u2013que huy\u00f3 de todo amor peque\u00f1o e interesado, pegajoso\u2013, no quiere o no puede hacerlo.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><a href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3nEstimados lectores, queridos amigos y amigas:Iniciamos con este material la serie de textos<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[65,73],"tags":[],"class_list":["post-1212","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos","category-manuel-sacristan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1212","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1212"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1212\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1262,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1212\/revisions\/1262"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1212"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1212"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1212"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}