{"id":1374,"date":"2025-03-02T18:24:44","date_gmt":"2025-03-02T19:24:44","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/?p=1374"},"modified":"2025-03-02T18:24:44","modified_gmt":"2025-03-02T19:24:44","slug":"noticia-y-recuerdo-de-manuel-sacristan-por-alfons-barcelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/?p=1374","title":{"rendered":"Noticia y recuerdo de Manuel Sacrist\u00e1n, por Alfons Barcel\u00f3"},"content":{"rendered":"<h6>Fuente original: <a href=\"https:\/\/mientrastanto.org\/243\/ensayo\/noticia-y-recuerdo-de-manuel-sacristan\/\">https:\/\/mientrastanto.org\/243\/ensayo\/noticia-y-recuerdo-de-manuel-sacristan\/<\/a><\/h6>\n<h6><strong><br \/>\nResumen<\/strong><\/h6>\n<h6>Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n (Madrid, 1925\u2012Barcelona, 1985) fue seguramente el intelectual marxista m\u00e1s prestigioso y respetado en la Espa\u00f1a del siglo XX. Cuatro facultades universitarias de Barcelona patrocinaron unas Jornadas sobre su legado, con ocasi\u00f3n del 25 aniversario de su muerte. La primera versi\u00f3n de este ensayo fue presentada en dichas Jornadas. Mi comunicaci\u00f3n pretend\u00eda sobre todo celebrar y rememorar su magisterio, en tanto que magn\u00edfico profesor de filosof\u00eda de las ciencias sociales. Como fuente principal de ese relato remito a mis recuerdos y experiencias vividas en la universidad espa\u00f1ola de la d\u00e9cada de los a\u00f1os 1960.<\/h6>\n<h6>Palabras clave: Sacrist\u00e1n, marxismo, filosof\u00eda de las ciencias sociales<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Noticia de Manuel Sacrist\u00e1n <\/strong><\/p>\n<p>Hace unos 50 a\u00f1os, el 27 de agosto de 1985, muri\u00f3 Manuel Sacrist\u00e1n, el fil\u00f3sofo marxista espa\u00f1ol del siglo XX m\u00e1s riguroso, informado y abierto. Escribi\u00f3 mucho, pero s\u00f3lo public\u00f3 dos libros redondos, uno sobre l\u00f3gica formal, otro sobre Heidegger. A partir de 1983 fueron reunidas buena parte de sus obras breves de menor empaque (art\u00edculos, ponencias, pr\u00f3logos, op\u00fasculos) en una serie de vol\u00famenes bajo el t\u00edtulo gen\u00e9rico <em>Panfletos y materiales. <\/em>En general, se trata de trabajos esclarecidos, vigorosos y originales. Bien es verdad que el propio autor los juzg\u00f3 as\u00ed, con poca benevolencia y una pizca de humildad y de humor negro: \u00abLos dos tomos aparecidos de Panfletos y materiales revelan bastante bien el desastre que en muchos de nosotros produjo el franquismo: son escritos de ocasi\u00f3n, sin tiempo suficiente para la reflexi\u00f3n ni para la documentaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n b\u00e1sica de Sacrist\u00e1n era s\u00f3lida, y su talante, nada proclive a la frivolidad ni a la superficialidad. Era licenciado en Derecho y doctor en Filosof\u00eda. Estuvo becado (1954-1956) para estudiar en el Instituto de L\u00f3gica y Fundamentos de la Ciencia de la universidad de M\u00fcnster, dirigido por Heinrich Scholz. Aunque al final fue promovido a catedr\u00e1tico de universidad, previamente tuvo que padecer, en diversos per\u00edodos, ostracismo acad\u00e9mico y persecuci\u00f3n pol\u00edtica, a causa de su militancia en el Partit Socialista Unificat de Catalunya. Se vio por tanto impelido a ganarse la vida haciendo traducciones (excelentes) del ingl\u00e9s, alem\u00e1n, franc\u00e9s, italiano, griego cl\u00e1sico y catal\u00e1n. Tradujo un promedio de seis libros por a\u00f1o durante mucho tiempo. La relaci\u00f3n de obras ser\u00eda demasiado extensa, pero \u2014si para muestra basta un bot\u00f3n\u2014 he aqu\u00ed un breve listado de autores traducidos: Marx, Engels, Schumpeter, Luk\u00e1cs, Korsch, Gramsci, Quine, Adorno, Galbraith, Copleston, Havemann, Marcuse, Bunge. En alg\u00fan momento lo justificaba as\u00ed: \u00abAl traducir no s\u00f3lo me ganaba la vida, sino que colocaba producci\u00f3n cultural en la vida cultural del pa\u00eds\u00bb. Conviene apuntar, asimismo, que en ciertos momentos dirigi\u00f3 de hecho diversas revistas culturales y pol\u00edticas como <em>Laye<\/em>, <em>Realidad<\/em>, <em>Nous Horitzons<\/em>, <em>Materiales<\/em> o <em>mientras tanto<\/em>.<\/p>\n<p>Sin embargo, en mi opini\u00f3n, donde sus cualidades brillaron muy por encima de lo normal fue en las tareas docentes. Como profesor universitario era soberbio. Conviene decir, expresamente, que sus extraordinarias dotes pedag\u00f3gicas y su compromiso con una ense\u00f1anza rigurosa y seria le granjearon un profundo respeto como maestro universitario por parte de varias cohortes de economistas. Eso ha sido certificado de forma rotunda por Ernest Lluch, ministro de Sanidad, Narc\u00eds Serra, ministro de Defensa, Pascual Maragall, alcalde de Barcelona, Andreu Mas-Colell, consejero de la Generalitat de Catalunya y economista te\u00f3rico de talla internacional. Su buen hacer anal\u00edtico y filos\u00f3fico ha sido reconocido asimismo por colegas de primera fila, como Jes\u00fas Moster\u00edn, Javier Muguerza, Emilio Lled\u00f3 o Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde.<\/p>\n<p>Los d\u00edas 15, 19 y 21 de octubre de 2010, la Associaci\u00f3 d\u2019Estudiants Progressistes organiz\u00f3 unas \u00abJornadas sobre el legado de Manuel Sacrist\u00e1n (1925-1985)\u00bb con la colaboraci\u00f3n de dos facultades de la Universitat de Barcelona (Econom\u00eda i Empresa; Filosof\u00eda) y otras dos facultades de la Universitat Pompeu Fabra (Ciencias econ\u00f3micas y empresariales; Ciencias pol\u00edticas y sociales). El texto fuente del presente ensayo fue escrito a demanda de los estudiantes organizadores de las mencionadas Jornadas, para ser le\u00eddo en una de estas sesiones. Estaba, pues, redactado en catal\u00e1n y ten\u00eda como destinatarios preferentes a estudiantes universitarios de ciencias sociales. Fue le\u00eddo el 19 de octubre en el Aula Sacrist\u00e1n de la Facultad de Econom\u00eda y Empresa, en una sesi\u00f3n con el t\u00edtulo gen\u00e9rico \u00abMetodolog\u00eda y Ciencias sociales\u00bb. El texto que presento a continuaci\u00f3n es una versi\u00f3n similar, pero ligeramente distinta. Adem\u00e1s de estar traducida al castellano, la presente comunicaci\u00f3n ampl\u00eda y recorta, revisa y ajusta los contenidos del documento original a fin de facilitar la comprensi\u00f3n a un p\u00fablico m\u00e1s extenso y menos homog\u00e9neo.<\/p>\n<p><strong>Recuerdo de Manolo Sacrist\u00e1n <\/strong><\/p>\n<p>Fui alumno del profesor Sacrist\u00e1n en la Facultad de Ciencias Econ\u00f3micas de la Universidad de Barcelona durante el a\u00f1o escolar 1960-1961. Ten\u00eda yo 17 a\u00f1os, y estaba tambi\u00e9n matriculado en segundo curso de Derecho. Por aquel entonces, en Espa\u00f1a la mayor\u00eda de las carreras universitarias duraban cinco cursos acad\u00e9micos, las asignaturas se daban a lo largo de tres trimestres, y los profesores fijaban con alto margen de discrecionalidad el contenido concreto de las materias que impart\u00edan. Dicho sin remilgos: hac\u00edan lo que les daba la gana. Los planes de estudio eran en general declaraciones orientativas y m\u00e1s bien ret\u00f3ricas. Los catedr\u00e1ticos eran pocos, estaban encastillados en pocas universidades, y mandaban mucho. Adem\u00e1s, en un r\u00e9gimen pol\u00edtico que enaltec\u00eda como uno de sus principios rectores no la democracia ni las libertades, sino la \u00abjerarqu\u00eda\u00bb, gozaban de un poder casi omn\u00edmodo dentro de su reducto particular, de modo que explicaban lo que les apetec\u00eda y examinaban del temario que se les antojaba.<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n era \u00abencargado de curso\u00bb (una categor\u00eda docente con poco sueldo y nulas garant\u00edas de permanencia) de \u00abFundamentos de Filosof\u00eda\u00bb, una de las seis asignaturas que se impart\u00edan en el primer a\u00f1o de Ciencias Econ\u00f3micas (las otras eran: Teor\u00eda econ\u00f3mica 1\u00ba, An\u00e1lisis matem\u00e1tico 1\u00ba, Sociolog\u00eda, Historia econ\u00f3mica mundial, Derecho civil). El a\u00f1o anterior hab\u00eda explicado sobre todo \u00abl\u00f3gica formal\u00bb, pero a la vista de los magros resultados en cuanto a aprovechamiento y complicidad con el alumnado, en este curso hab\u00eda decidido ocuparse de las corrientes de la filosof\u00eda del siglo XX. El programa estaba centrado en tres ejes: neopositivismo, existencialismo, y marxismo. Recuerdo en especial que nos dio a conocer los planteamientos del C\u00edrculo de Viena (Moritz Schlick, Otto Neurath, Rudolf Carnap), las principales tesis del primer Wittgenstein, las ideas y ocurrencias de Heidegger y Sartre, o la existencia del \u00abpersonalismo\u00bb, una corriente de izquierdas de ra\u00edz humanista y cristiana nacida en Francia.<\/p>\n<p>En las clases hac\u00eda referencia a autores y libros, pero sin aturdirnos en demas\u00eda. Le gustaba leer, con cadencia apropiada, fichas con pasajes de los pensadores que nos quer\u00eda dar a conocer, a fin de que pudi\u00e9semos catar en alguna medida su sabor aut\u00e9ntico. Recalcaba que por \u00abfilosof\u00eda\u00bb (hasta principios de la era moderna) se entend\u00eda el conjunto de conocimientos racionales y sistem\u00e1ticos, de modo que \u00abfilosof\u00eda\u00bb se contrapon\u00eda a \u00abteolog\u00eda\u00bb, la cual era una suma de afirmaciones basadas en la revelaci\u00f3n y el magisterio de la Iglesia. Por otra parte, a menudo se hac\u00eda eco \u2014y en buena medida suscrib\u00eda\u2014 de una tesis kantiana que sintetizaba en clave afor\u00edstica: \u00abNo hay filosof\u00eda, hay filosofar\u00bb. Esto es: hay investigaci\u00f3n, se va haciendo camino, se consigue afinar categor\u00edas y razonamientos, pero no hay una estaci\u00f3n terminal paradis\u00edaca, ni se avanza ineludiblemente en la buena direcci\u00f3n. Parec\u00eda obvio que no persegu\u00eda nuestro aplauso, ni nuestro entusiasmo. Su objetivo era m\u00e1s bien que dispusi\u00e9ramos de informaci\u00f3n seria, que entendi\u00e9semos los problemas y las visiones, que desarroll\u00e1ramos nuestro esp\u00edritu cr\u00edtico, y tambi\u00e9n que afin\u00e1ramos nuestra conciencia moral y nuestra solidaridad con los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>Sintetizar\u00e9 todo eso diciendo que nos ense\u00f1\u00f3 a diferenciar entre palabras y hechos, verdad y ret\u00f3rica, esp\u00edritu altruista y af\u00e1n de promoci\u00f3n, a ver las cosas desde diferentes \u00e1ngulos, a conjeturar que todo fen\u00f3meno tiene diversas facetas, zonas oscuras, causas complejas, de manera que conviene distinguir en toda realidad distintos planos y m\u00faltiples interdependencias. Por descontado, la sem\u00e1ntica y la l\u00f3gica no resuelven, claro est\u00e1, todos los problemas; pero son buenos instrumentos anal\u00edticos. Asimismo, es preciso discernir entre ciencia, ideolog\u00eda y valores, a pesar de que siempre existen conexiones y t\u00faneles y puentes entre estos tres territorios.<\/p>\n<p>A la postre, sin embargo, el aprendizaje m\u00e1s enriquecedor para mi proceso formativo fue impregnarme de un ideal normativo de modestia y de rigor, de duda met\u00f3dica y de b\u00fasqueda de la verdad. En t\u00e9rminos de componentes b\u00e1sicos quiz\u00e1 se podr\u00eda expresar como una combinaci\u00f3n de informaci\u00f3n, estudio, reflexi\u00f3n y critica, mientras uno procura fijarse objetivos (intelectuales y pr\u00e1cticos) sin andar a la gre\u00f1a por los cerros de \u00dabeda.<\/p>\n<p>A una distancia de m\u00e1s de medio siglo desear\u00eda poner \u00e9nfasis especialmente sobre dos aspectos, uno de m\u00e9todo o forma, otro de talante. En Espa\u00f1a, en 1960, para los adolescentes de unos 18 a\u00f1os, con una formaci\u00f3n b\u00e1sica deficiente y distorsionada por el nacionalcatolicismo que hab\u00eda adoptado como ideolog\u00eda de referencia la dictadura franquista, el profesor Sacrist\u00e1n no s\u00f3lo destacaba como sabio, sino que tambi\u00e9n era un excelente comunicador, con gran capacidad de seducci\u00f3n merced a su soltura en el discurso, claro, riguroso y refinado, de una parte, y por otra, su diligencia en la presentaci\u00f3n de los asuntos, tanto en lo que se refiere a aducir pruebas como en la articulaci\u00f3n de las cadenas argumentales. Hay que destacar asimismo que se tomaba su profesi\u00f3n muy en serio, y que era extremadamente respetuoso con los alumnos. O sea, se preparaba con esmero las clases, expon\u00eda con pulcritud, dominio del lenguaje y con argumentaciones atentas, sin dejar recovecos en la penumbra. No resulta sorprendente, por lo tanto, que fuese considerado por una muy amplia mayor\u00eda como uno de los mejores maestros de la Universidad de Barcelona, y que muchos envidi\u00e1semos tanto su capacidad comunicativa como su castellano con bonita dicci\u00f3n mesetaria.<\/p>\n<p>La segunda faceta que quer\u00eda destacar se refiere al modo como trataba a los autores. Resultaba fascinante c\u00f3mo se esforzaba en ponerse en la piel de los protagonistas seleccionados. Desde luego, no se privaba de criticar ni de lanzar alg\u00fan comentario sarc\u00e1stico; pero lo hac\u00eda sobre la base de un profundo respeto intelectual. Los fil\u00f3sofos examinados pod\u00edan estar equivocados, pero no era buena pr\u00e1ctica sospechar de entrada que eran una pandilla de imb\u00e9ciles. Por lo com\u00fan, los pensadores estudiados ten\u00edan como objetivo tratar problemas importantes o, como m\u00ednimo, interesantes. Tal vez posteriormente dichos problemas quedar\u00edan aparcados, superados o disueltos, pero no era ocupaci\u00f3n est\u00e9ril seguir el rastro de sus ideas y de sus esfuerzos por esclarecerlas. A menudo resultaba instructivo examinar las rutas que hab\u00edan explorado, analizar el contexto y los est\u00edmulos a partir de los cuales hab\u00edan germinado sus problem\u00e1ticas y, por \u00faltimo, hacer balance de los logros alcanzados (tanto positivos como negativos, fueran problemas resueltos o un irremediable fracaso).<\/p>\n<p>Conviene recordar, dicho sea de paso, que no era esa la pr\u00e1ctica normal en el \u00e1mbito de la ense\u00f1anza y la transmisi\u00f3n cultural en la Espa\u00f1a de aquellos a\u00f1os. Todav\u00eda tengo bien vivo el recuerdo, por ejemplo, de c\u00f3mo hab\u00eda solucionado nuestro profe de filosof\u00eda de bachillerato (y director de un colegio de frailes) la dif\u00edcil papeleta de resumirnos el pensamiento de John Locke: \u00abJohn Locke. \u00a1Juan el Loco! Ya est\u00e1 todo dicho\u2026 \u00a1No hace falta explicar nada m\u00e1s!\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Un legado particular distribuido en cuatro tesis<\/strong><\/p>\n<p>Voy a esbozar ahora el legado de Manolo Sacrist\u00e1n, desde mi experiencia particular. Como preludio, acaso sea oportuno dejar apuntado que nunca fue para m\u00ed un gu\u00eda pol\u00edtico, pero s\u00ed un magn\u00edfico mentor intelectual. Aunque las ense\u00f1anzas recibidas no puedan describirse con unas pocas frases, intentar\u00e9 dar una idea de ellas por medio de un listado de componentes principales, tales como <strong>escepticismo, rigor, historicismo, atenci\u00f3n a la multiplicidad de niveles y a la complejidad, apertura ante las novedades y desconfianza ante las modas.<\/strong> Para dar m\u00e1s realce al asunto, he agrupado y condensado las ideas subyacentes en <strong>cuatro tesis <\/strong>que expongo brevemente a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con todo, a modo de introducci\u00f3n, deseo presentar dos miniaturas anecd\u00f3ticas que nos ayudar\u00e1n a reconocer el terreno por el que vamos a transitar punto seguido. A saber, en 1983, con ocasi\u00f3n del centenario de Marx, le preguntaron a Sacrist\u00e1n en una entrevista qu\u00e9 pensaba de la crisis del marxismo. Su respuesta fue: \u00abTodo pensamiento decente ha de estar en crisis permanente\u00bb. Tambi\u00e9n puede resultar significativo, para tener alguna idea de c\u00f3mo funcionaba su intelecto, traer a colaci\u00f3n una de sus reacciones m\u00e1s t\u00edpicas al paso de sus lecturas. En efecto, a menudo apostillaba las afirmaciones atrevidas y las propuestas poco fundadas con acotaciones del siguiente tenor, en los m\u00e1rgenes del libro o art\u00edculo: \u00ab\u00a1\u00bfY eso, \u00a1\u00bfc\u00f3mo se sabe?!\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Primera tesis: la sem\u00e1ntica y la l\u00f3gica no son ninguna tonter\u00eda.<\/strong> Necesitamos conceptos esclarecidos y t\u00e9rminos depurados para poder razonar bien y socializar el pensamiento. Conceptos y t\u00e9rminos son instrumentos intelectuales que hay que afilar con delicadeza y manipular con cuidado. En circunstancias ideales tendr\u00edan que servir para entender mejor la realidad, no para engatusar a los inocentes con florituras verbales, ni para hacer ostentaci\u00f3n de habilidades pirot\u00e9cnicas. En definitiva, por tanto, no os dej\u00e9is enredar con terminolog\u00edas esot\u00e9ricas. De todos modos, en los casos m\u00e1s favorables, mirad de recuperar el n\u00facleo racional del asunto. Para que se entienda: desconfiad de los que alaban los m\u00e9ritos de la \u00abdial\u00e9ctica\u00bb, pero no se molestan en caracterizar seriamente esta noci\u00f3n, y tampoco defienden la utilidad de la idea con ilustraciones convincentes. Con todo y con eso, \u00a1ojo!, no se\u00e1is impacientemente destructivos. A fin de cuentas, detr\u00e1s de las ideas emperifolladas y de los t\u00e9rminos con mucha carga publicitaria puede haber, a veces, una aspiraci\u00f3n leg\u00edtima que merece ser rescatada. As\u00ed ocurre, por ejemplo, cuando la etiqueta de \u2018pensamiento dial\u00e9ctico\u2019 denota, en el fondo, un proyecto de explicaci\u00f3n cient\u00edfica con rasgos historicistas, sist\u00e9micos y <em>emergentistas<\/em>, sin saltarse a la torera las reglas de la l\u00f3gica.<\/p>\n<p><strong>Segunda: el rigor no es atributo exclusivo de las demostraciones formales<\/strong>, sino que cubre muchos campos: conceptos bien perfilados, referencias precisas y espec\u00edficas, propiedades y conexiones claramente determinadas, conocimiento del contexto, matices y puntualizaciones pertinentes. Obviamente, el conocimiento absolutamente riguroso es un ideal inalcanzable; siempre iremos a parar a concreciones falibles y perfectibles. Pero no se trata de una pura convenci\u00f3n ni de otra \u00abconstrucci\u00f3n social\u00bb m\u00e1s. De hecho, siempre hay grados, y, por otro lado, los criterios com\u00fanmente aceptados respecto del rigor evolucionan en el tiempo y con el tiempo. Por eso no es extra\u00f1o encontrar en los borradores y notas de lectura de Sacrist\u00e1n apuntes con expresiones del tipo \u00abincre\u00edble indecencia de esta gente\u00bb, en referencia a los estructuralistas franceses y en especial a Roland Barthes; \u00aben el uso de las palabras\u00bb; o advertencias se\u00f1alando el peligro del \u00abdesprecio del matiz filos\u00f3fico\u00bb; o quejas ante argumentos que revelan \u00abprovinciana ignorancia de las peculiaridades de \u00e1mbitos filos\u00f3ficos\u00bb.<\/p>\n<p>Es importante, en suma, no embrollar con ret\u00f3rica oportunista el g\u00e9nero de las entidades que se est\u00e1n analizando. Dicho con otras palabras: no hay que confundir y poner en el mismo saco \u00abcosas concretas\u00bb y \u00abentes de raz\u00f3n\u00bb, objetos y propiedades, procesos y estados, fuerzas y mecanismos, stocks y flujos. A\u00f1\u00e1dase, en parecida longitud de onda, que conviene poner sobre aviso respecto del uso y el abuso de las met\u00e1foras. Sin duda, son artefactos mentales, espl\u00e9ndidos como muletas para ayudar a entender y para dar alas a la intuici\u00f3n; pero carecen de potencia demostrativa y de contundencia probatoria. Y a veces conducen a descarrilamientos. No deseo entrar ahora en pormenores sobre todos esos asuntos, pero s\u00ed quiero subrayar que es enorme la cantidad de incorrecciones que puede uno reunir escrutando trabajos expertos de ciencias sociales, incluso la literatura de econom\u00eda matem\u00e1tica presuntamente de calidad irreprochable.<\/p>\n<p><strong>Tercera: Conviene estar al tanto de las novedades, pero no hay que dejarse encandilar a primera vista por la \u00faltima moda <\/strong>puesta en circulaci\u00f3n; sobre todo cuando carece de apoyo emp\u00edrico resolutivo y, encima, no est\u00e1 protegida por una red de sost\u00e9n (directo y\/o indirecto) de las disciplinas colindantes. A menudo, la moda en cuesti\u00f3n se revela pronto como un espejismo que se disipa sin dejar rastro. Por eso resulta oportuno y aleccionador familiarizarse con la historia de las ciencias y las t\u00e9cnicas, y, todav\u00eda m\u00e1s, echar un vistazo a la historia intelectual y pol\u00edtica del siglo pasado. Estas visitas constituyen un buen entrenamiento para percibir las distancias entre promesas aventuradas, predicciones especulativas, y la realidad pura y dura. Y eso vale tanto en lo que concierne a la gran tribu de los saberes propiamente cient\u00edficos como en los campos lim\u00edtrofes, ya sean tecnolog\u00edas elementales, ciencias en construcci\u00f3n, pseudociencias de diversos g\u00e9neros, ideolog\u00edas tradicionales, o sistemas de valores en fase de emergencia.<\/p>\n<p><strong>Y cuarta<\/strong>. Durante el siglo XX ha progresado moderadamente (si bien con inmensos vaivenes) la causa de los derechos humanos y de las libertades democr\u00e1ticas. Much\u00edsimo mayor impulso han experimentado tanto los avances t\u00e9cnicos y cient\u00edficos, como la producci\u00f3n de bienes y servicios. Pero tambi\u00e9n hay que decir que este pasado siglo ha batido todos los r\u00e9cords en lo que se refiere a asesinatos en masa, hambre, miseria, desigualdades y padecimientos, destrucci\u00f3n de recursos y degradaci\u00f3n del medio ambiente. Podemos creer que la batalla para superar tantas desdichas no est\u00e1 perdida irremisiblemente, pero la verdad es que por ahora los signos de los tiempos no parecen apuntar hacia un radiante porvenir, sino todo lo contrario. Como lema general alguna vez he propuesto \u00ab<strong>Mas ciencia y m\u00e1s democracia<\/strong>\u00bb. De todos modos, mientras tanto, aunque quiz\u00e1 sea una propuesta demasiado ambiciosa, no es disparatado pensar que <strong>la obligaci\u00f3n idealizada de toda persona decente tendr\u00eda que ser asumir el compromiso de conocer y cambiar el mundo, disfrutando de la vida y ayudando a los dem\u00e1s, sin poner en peligro la supervivencia de la especie humana. <\/strong><\/p>\n<p>En este sentido, me gustar\u00eda plantear la pertinencia de la noci\u00f3n de \u00ab<strong>pecado<\/strong>\u00bb, una idea que me parece valiosa y que vengo defendiendo desde una laicidad radical. Esto es, al margen de los delitos y las faltas, categor\u00edas situadas en el territorio regentado por el derecho penal y los c\u00f3digos legales, hay tambi\u00e9n \u00abpecados\u00bb (mortales y veniales) en un \u00e1mbito que no se solapa enteramente con los espacios de culpas a los que nos hemos referido hace un momento. En efecto, el atributo \u00abpecado\u00bb es apropiado para calificar ciertas acciones (u omisiones) no necesariamente punibles en el plano legal, pero que atentan contra unos principios \u00e9ticos o unas reglas morales socialmente determinadas (en general no codificadas, ni iguales para todos los grupos poblacionales o profesionales). Bien es verdad que la norma moral es cambiante, depende de estadios hist\u00f3ricos y circunstancias varias; pero no es enteramente caprichosa ni puramente convencional. Tambi\u00e9n hay que tener en cuenta que casi siempre hay grados, fronteras borrosas, complejas casu\u00edsticas, y bulas y privilegios varios.<\/p>\n<p>El caso es que me complaci\u00f3 topar con una cita de Manuel Sacrist\u00e1n en similar longitud de onda: \u00abEchar un velo sobre el mundo para no verlo es precisamente el pecado mortal del intelectual\u00bb. Como a\u00f1adidura, me atrever\u00e9 a sugerir que son <strong>pecados veniales arquet\u00edpicos del mundo intelectual<\/strong> impartir clases y elaborar documentos o trabajos de investigaci\u00f3n en los que campe la frivolidad, la vaguedad o la ignorancia (bien sea por holgazaner\u00eda, por cobard\u00eda o por inter\u00e9s), as\u00ed como eludir por flaqueza humana las dimensiones cr\u00edticas o inc\u00f3modas del asunto que uno est\u00e1 sometiendo a examen.<\/p>\n<p><strong>Quince p\u00edldoras \u00absacristanianas\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Nunca explicit\u00f3 Manuel Sacrist\u00e1n de manera sistem\u00e1tica los elementos primordiales de su pensamiento filos\u00f3fico y \u00e9tico. Aun cuando desde su mayor\u00eda de edad permaneci\u00f3 fiel a principios como la racionalidad, la igualdad, la fraternidad, o la denuncia de todo tipo de explotaciones y opresiones, por descontado fue evolucionando. Como es natural, fue modificando y refinando sus puntos de vista, al comp\u00e1s y al calor de los acontecimientos hist\u00f3ricos y de sus vivencias personales. Durante un largo per\u00edodo se consider\u00f3 a s\u00ed mismo continuador de una larga tradici\u00f3n marxista, a pesar de las aberraciones y extrav\u00edos que padeci\u00f3 esta corriente ideol\u00f3gica y pol\u00edtica. Pero a partir de la invasi\u00f3n rusa de Checoslovaquia en 1968 y del fiasco de la Primavera de Praga, se agudiza su pesimismo. No abandona la militancia, pero dimite de sus responsabilidades de direcci\u00f3n pol\u00edtica. Apenas un a\u00f1o y medio m\u00e1s tarde padece una fuerte depresi\u00f3n, pero se rehace y acepta plantar cara (a pesar de cierto sentimiento de derrota y cat\u00e1strofe) al desaf\u00edo de corregir y actualizar el ideario y los principios de la Internacional Comunista. \u00c9ste ser\u00e1 su norte hasta el final de sus d\u00edas. Hay que destacar, en especial, que se esforz\u00f3 en incorporar nuevos \u00e1mbitos de reflexi\u00f3n y de intervenci\u00f3n pol\u00edtica a una tradici\u00f3n marxista que consideraba extremadamente degradada, pero que no juzgaba como inexorablemente desahuciada. Claramente significativa, en este sentido, fue su labor de apertura y de sost\u00e9n a planteamientos emanados de las nuevas sensibilidades de cariz feminista, pacifista y ecologista, as\u00ed como el rechazo sin paliativos de las concepciones deterministas del devenir hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Pues bien, para cerrar mi intervenci\u00f3n he seleccionado un muestrario de pasajes \u00absacristanianos\u00bb que pueden leerse como tesis representativas del pensamiento del Sacrist\u00e1n maduro. Evidentemente, con unas pocas frases no se hace justicia a su pensamiento, siempre lleno de matices y distingos; pero creo que son suficientes para disponer de una caricatura no falaz del personaje. En ciertas citas he suprimido alguna palabra o alterado la puntuaci\u00f3n, m\u00e1s atento a respetar el esp\u00edritu y facilitar la comprensi\u00f3n que a ser escrupulosamente fiel a la literalidad del pasaje. He seleccionado los textos con pretensi\u00f3n de oportunidad, como si busc\u00e1semos condensar su mensaje en una docena larga de p\u00edldoras. Quiero creer que mi escueta antolog\u00eda no le parecer\u00eda tramposa, aunque seguro que pondr\u00eda reparos. He utilizado como fuente b\u00e1sica para hacer esta selecci\u00f3n la antolog\u00eda recopilada por Salvador L\u00f3pez Arnal y publicada bajo el t\u00edtulo de <em>M.A.R.X. M\u00e1ximas, aforismos y reflexiones con algunas variables libres<\/em> (Barcelona, FIM &amp; El Viejo Topo, 2003, 502 pp., con pr\u00f3logo de Jorge Riechmann y ep\u00edlogo de Enric Tello). Los t\u00edtulos de cada par\u00e1grafo son m\u00edos.<\/p>\n<p>1) <em>La verdad como valor fundamental<\/em><\/p>\n<p>\u00abPara m\u00ed las palabras buenas son \u2018verdadero\u2019 y \u2018falso\u2019, como en la lengua popular, como en la tradici\u00f3n de la ciencia. Los de \u2018v\u00e1lido\u2019 \/ \u2018no v\u00e1lido\u2019 son los intelectuales; en este sentido: los t\u00edos que no van en serio\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 45).<\/p>\n<p>2) <em>Ciencia\/ideolog\u00eda\/l\u00f3gica<\/em><\/p>\n<p>\u00abHay que ver ciencia e ideolog\u00eda como polos, como polos contrapuestos de cualquier producto cultural. Naturalmente que habr\u00e1 gradaciones, habr\u00e1 productos culturales en los cuales el polo ideol\u00f3gico sea de mucho peso, y otros en los cuales lo sea mucho menos. Pero, en cualquier caso, ser\u00e1n polos y no entidades completamente separadas.<\/p>\n<p>Por otra parte, la racionalidad de un discurso es cosa mucho m\u00e1s compleja, rica e importante que su logicidad formal. No es pues la ciencia de la l\u00f3gica la que crea el pensamiento racional. La l\u00f3gica lo estudia y lo articula y lo mejora, pero no lo produce\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 79-80).<\/p>\n<p>3) <em>Ciencia y valores<\/em><\/p>\n<p>\u00abLa ciencia tiene sus valores, y uno de ellos es el de no meterse en m\u00e1s que describir neutralmente. Lo que ha de tener otros valores es la instituci\u00f3n cient\u00edfica, el Consejo Superior de Investigaciones Cient\u00edficas, el ministerio o la empresa. Y el cient\u00edfico mismo. Pero no la ciencia\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 266).<\/p>\n<p>\u00abEl puro conocimiento tiene mucho valor, pero no tiene ning\u00fan valor moral; no tiene ning\u00fan valor para la pr\u00e1ctica, si no hay un valor que oriente la aplicaci\u00f3n\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 55).<\/p>\n<p>4) <em>Racionalidad<\/em><\/p>\n<p>\u00abPara que un discurso sea correcto l\u00f3gico-formalmente, basta con que no tenga inconsistencias. Para que sea racional, se le exige adem\u00e1s la aspiraci\u00f3n cr\u00edtica a la verdad. Y esta aspiraci\u00f3n impone a su vez la capacidad autocr\u00edtica y el sometimiento a unos criterios que rebasan la mera consistencia (por otra parte necesaria): son criterios que sirven para comparar fragmentos de discursos con la realidad. Incluyen desde la observaci\u00f3n hasta el examen de las consecuencias pr\u00e1cticas de una conducta regida por aquel discurso\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 157).<\/p>\n<p>5) <em>Facetas varias de la ciencia<\/em><\/p>\n<p>\u00abUno ante la ciencia normal debe tener una actitud cr\u00edtica. Ante cada producto de esa ciencia. Porque un producto cient\u00edfico no es nunca primariamente ciencia. Es, primariamente, un bien de uso y tambi\u00e9n un valor de cambio: es un libro, es una publicaci\u00f3n en una revista. Es decir, lo que llamamos ciencia en sentido institucional y sociol\u00f3gico es un trozo de vida social que puede estar cargado de ideolog\u00eda, de pol\u00edtica. Ciencia en el otro sentido, ciencia en el sentido en el cual imperan s\u00f3lo los valores l\u00f3gicos es un contenido de ese producto cultural al que llamamos ciencia en el sentido sociol\u00f3gico\u00bb (<em>M.A.R.X<\/em>., 273).<\/p>\n<p>6) <em>Ciencias sociales i ciencias naturales<\/em><\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEstamos obligados a postular una heterogeneidad esencial entre ciencias sociales y ciencias naturales? No me parece. La unidad de la ciencia depende de la unidad de actitud, de conducta. Ciencia no es necesariamente ciencia formalizada. Hay, m\u00e1s que ciencia, trabajo cient\u00edfico, que acaba o no cristalizando en teor\u00eda formalizable, en sentido fuerte\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 65).<\/p>\n<p>7) <em>Verificaci\u00f3n de un modelo econ\u00f3mico<\/em><\/p>\n<p>\u00abLa verificaci\u00f3n emp\u00edrica es precisa no ya por prurito positivista, sino para dar sentido a los modelos econ\u00f3micos. \u00c9stos, como todo conjunto de enunciados cuyo campo de relevancia no es un\u00edvocamente determinado, no tiene en rigor sentido pleno mientras no se le ponga en relaci\u00f3n con alg\u00fan campo emp\u00edrico mediante operaciones de verificaci\u00f3n. As\u00ed pues, por grande que sea la utilidad de la construcci\u00f3n formal de las \u2018teor\u00edas\u2019 (modelos), de la formalizaci\u00f3n l\u00f3gico-matem\u00e1tica, en econom\u00eda, habr\u00e1 que tener presente siempre que el modelo formalizado no es por s\u00ed mismo m\u00e1s que aquel \u2018juego de las cuentas de vidrio\u2019 que inspir\u00f3 a Hermann Hesse una voluminosa y conocida narraci\u00f3n \/El juego de los abalorios<em>\/<\/em>\u00bb (<em>M.A.R.X<\/em>., 158).<\/p>\n<p>8) <em>Es preciso estudiar: y hay que combinar an\u00e1lisis y s\u00edntesis, visi\u00f3n global y local<\/em><\/p>\n<p>\u00abPara entender las cosas hay que estudiarlas, y el creerse de izquierdas no da autom\u00e1ticamente comprensi\u00f3n al que no se molesta en estudiarlas\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 137).<\/p>\n<p>\u00abLa comprensi\u00f3n global (que no sea un disparate de pura palabrer\u00eda) tiene por fuerza que entrar en cada detalle. Lo que no se puede aspirar es a comprender el todo sin conocer nunca a ninguna de sus partes\u00bb (<em>M.A.R.X<\/em>., 73).<\/p>\n<p>9) <em>Marx<\/em><\/p>\n<p>\u00abCuando nos ponemos frente a la obra de Marx hoy, hay unas cuantas cosas claras. La primera es que en el plano cient\u00edfico Marx es un cl\u00e1sico de las ciencias sociales, lo que quiere decir un autor por un lado irrenunciable y, por otro, no actual en todos sus detalles. Y otra cosa clara es que Marx es mucho m\u00e1s que eso: es un cl\u00e1sico tambi\u00e9n en la secular o milenaria aspiraci\u00f3n de la humanidad a emanciparse de las servidumbres que ella misma se ha impuesto.<\/p>\n<p>En los dos campos: como cient\u00edfico y como fil\u00f3sofo de la sociedad Marx es un gran cl\u00e1sico que, en mi opini\u00f3n, no caducar\u00e1 nunca\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 180).<\/p>\n<p>10) <em>Marxismo<\/em><\/p>\n<p>\u00abEl marxismo es, en su totalidad concreta, el intento de formular conscientemente las implicaciones, los supuestos y las consecuencias del esfuerzo por crear una sociedad y una cultura comunistas. Y lo mismo que cambian los datos espec\u00edficos de ese esfuerzo, sus supuestos, sus implicaciones y sus consecuencias f\u00e1cticas, tienen que cambiar sus supuestos y sus consecuencias te\u00f3ricas particulares: su horizonte intelectual de cada \u00e9poca.<\/p>\n<p>El marxismo es un intento de vertebrar racionalmente, con la mayor cantidad posible de conocimiento y an\u00e1lisis cient\u00edfico, un movimiento emancipatorio\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 232).<\/p>\n<p>11) <em>Un caso pat\u00e9tico de impostura intelectual: Althusser<\/em><\/p>\n<p>\u00abEl pensamiento de Louis Althusser es en sustancia una confusi\u00f3n lamentable, peligrosamente disfrazada de claridad y precisi\u00f3n. La debilidad principal del pensamiento de Althusser no consiste en que atribuye demasiada importancia a lo te\u00f3rico \u2014cosa que efectivamente hace\u2014, sino, sobre todo, en que sus nociones de teor\u00eda y ciencia son malas. Su intento de reconstruir el pensamiento de Marx como un producto puramente cient\u00edfico no es s\u00f3lo un falseamiento de Marx, sino tambi\u00e9n una manipulaci\u00f3n disparatada de las ideas de ciencia y teor\u00eda. Lo peor de la influencia de Althusser es que ense\u00f1a a gustar gato por liebre, logomaquia exactista por ciencia, verborrea cargada de t\u00e9rminos pseudo-t\u00e9cnicos por teor\u00eda\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 211-212).<\/p>\n<p>12)<em> \u00bfTiene sentido y\/o significado la historia? <\/em><\/p>\n<p>\u00abCreo que hay que aceptar bastante m\u00e1s voluntarismo que hasta ahora en el pensamiento revolucionario. Uno de los elementos m\u00e1s necesitados de revisi\u00f3n en el tronco mayoritario del pensamiento marxista es la confianza en el car\u00e1cter ben\u00e9fico de los procesos sociales objetivos, por ejemplo, aquella inveros\u00edmil ingenuidad de Lenin seg\u00fan la cual, la marcha de la historia \u2014\u00a1vaya casualidad!\u2014 coincide con los deseos de los socialistas. Mejor no fiarse e intentar alterar el proceso con la voluntad del movimiento\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 228).<\/p>\n<p>13) <em>La revoluci\u00f3n y los teoremas cient\u00edficos<\/em><\/p>\n<p>\u00abSi las hip\u00f3tesis revolucionarias fueran demostrables, si fueran teoremas cient\u00edficos puros, no habr\u00eda nunca lucha ideol\u00f3gica, como no la hay a prop\u00f3sito de la tabla de multiplicar. Que el objetivo te\u00f3rico del marxismo es construir un comunismo cient\u00edfico quiere decir que el marxista intenta fundamentar cr\u00edticamente, con conocimientos cient\u00edficos el fin u objetivo comunista, no que su comunismo sea cosa objeto de demostraci\u00f3n completa. Por de pronto, los fines no se demuestran: se lucha por ellos, despu\u00e9s de argumentar que son posibles, no m\u00e1s\u00bb (<em>M.A.R.X<\/em>., 335).<\/p>\n<p>14) <em>Tecnolog\u00edas frente a sostenibilidad ecol\u00f3gica<\/em><\/p>\n<p>\u00abNo hay antagonismo entre tecnolog\u00eda (en el sentido de t\u00e9cnicas de base cient\u00edfico-te\u00f3rica) y ecologismo, sino entre tecnolog\u00edas destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnolog\u00edas favorables a largo plazo a \u00e9sta. Creo que as\u00ed hay que plantear las cosas, no con una mala m\u00edstica de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quiz\u00e1 gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atm\u00f3sfera cargada de CO<sub>2<\/sub> polucionaron su ambiente con ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en s\u00ed, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como est\u00e1 es bastante dura.<\/p>\n<p>Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnolog\u00eda es un cambio de modo de producci\u00f3n y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revoluci\u00f3n; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnol\u00f3gico revolucionario consciente e intencionadamente\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 270-271).<\/p>\n<p>15) <em>Nacionalismo e internacionalismo<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab<\/em>El internacionalismo es uno de los valores m\u00e1s dignos y buenos para la especie humana con que cuenta la tradici\u00f3n marxista. Lo que pasa es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad m\u00e1s que sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminaci\u00f3n de los pueblos\u00bb (<em>M.A.R.X.<\/em>, 342).<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda selecta y abreviada<\/strong><\/p>\n<p><strong>1) Obras de Sacrist\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p><em>Sobre Marx y marxismo. Panfletos y materiales I. <\/em>Barcelona, Icaria, 1983 (ed. de J.-R. Capella).<\/p>\n<p><em>Papeles de filosof\u00eda. Panfletos y materiales II<\/em>. Barcelona, Icaria, 1984 (ed. de M. Sacrist\u00e1n y J.-R. Capella).<\/p>\n<p><em>Intervenciones pol\u00edticas. Panfletos y materiales III. <\/em>Barcelona, Icaria, 1985 (ed. de J.-R. Capella).<\/p>\n<p><em>Lecturas. Panfletos y materiales IV<\/em>. Barcelona, Icaria, 1985 (ed. de J.-R. Capella).<\/p>\n<p><em>Pacifismo, ecolog\u00eda y pol\u00edtica alternativa<\/em>. Barcelona, Icaria, 1987 (ed. de J.-R. Capella).<\/p>\n<p><em>El orden y el tiempo. (Introducci\u00f3n a la obra de Antonio Gramsci)<\/em>. Madrid, Trotta, 1998 (ed. de A. Domingo Curto).<\/p>\n<p><em>De la Primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n<\/em>. Madrid, Catarata, 2004 (ed. de F. Fern\u00e1ndez Buey y S. L\u00f3pez Arnal).<\/p>\n<p><strong>2) Sobre Sacrist\u00e1n <\/strong>(por orden de aparici\u00f3n)<\/p>\n<p><em>mientras tanto<\/em>, n.\u00ba 30-31 (mayo de 1987): \u00abManuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n 1925-1985\u00bb.<\/p>\n<p><em>mientras tanto<\/em>, n.\u00ba 63 (oto\u00f1o de 1995): \u00abHomenaje a Manuel Sacrist\u00e1n en el 10\u00ba aniversario de su muerte\u00bb.<\/p>\n<p>L\u00f3pez Arnal, S.; de la Fuente P. (eds.): <em>Acerca de Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>. Barcelona, Destino, 1996.<\/p>\n<p>Capella, J.-R. (2005): La pr\u00e1ctica de Manuel Sacrist\u00e1n. Una biograf\u00eda pol\u00edtica. Madrid, Trotta.<\/p>\n<p>Benach, J.; Juncosa, X.; L\u00f3pez Arnal, S. (eds.) (2006): <em>Del pensar, del vivir, del hacer. Escritos sobre \u00abIntegral Sacrist\u00e1n\u00bb.<\/em> Barcelona, El Viejo Topo.<\/p>\n<p>L\u00f3pez Arnal, S.; V\u00e1zquez \u00c1lvare<em>z, <\/em>I. (eds.) (2007):<em> El legado de un maestro. Homenaje a Manuel Sacrist\u00e1n\u00bb.<\/em> Barcelona, Fundaci\u00f3n de Investigaciones Marxistas.<\/p>\n<p><em>mientras tanto<\/em>, n.\u00ba 114 (s. f., 2010): \u00abA los 25 a\u00f1os de la muerte de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><strong>[Alfons Barcel\u00f3 es excatedr\u00e1tico de Teor\u00eda Econ\u00f3mica de la Universitat de Barcelona]<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente original: https:\/\/mientrastanto.org\/243\/ensayo\/noticia-y-recuerdo-de-manuel-sacristan\/ Resumen Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n (Madrid, 1925\u2012Barcelona, 1985) fue seguramente el intelectual marxista m\u00e1s prestigioso y respetado en<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[65,66],"tags":[],"class_list":["post-1374","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos","category-comentarios"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1374","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1374"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1374\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1375,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1374\/revisions\/1375"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1374"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1374"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1374"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}