{"id":1698,"date":"2025-06-20T22:06:17","date_gmt":"2025-06-20T20:06:17","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/?p=1698"},"modified":"2025-08-12T22:08:36","modified_gmt":"2025-08-12T20:08:36","slug":"donde-el-autor-habla-de-bertrand-russell-al-que-considero-uno-de-los-grandes-filosofos-cientificos-sociologos-y-activistas-del-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/?p=1698","title":{"rendered":"Donde el autor habla de Bertrand Russell, al que consider\u00f3 uno de los grandes fil\u00f3sofos, cient\u00edficos, soci\u00f3logos y activistas del siglo XX"},"content":{"rendered":"<p><strong>Edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><em>Estimados lectores, queridos amigos y amigas:<\/em><\/p>\n<p>Seguimos con<em> la serie de materiales de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n (1925-1985) que estamos publicando en Espai Marx todos los viernes a lo largo de 2025, el a\u00f1o del primer centenario de su nacimiento (tambi\u00e9n de los 40 a\u00f1os de su prematuro fallecimiento). En esta ocasi\u00f3n, sobre Bertrand Russell, el coautor de los <\/em><i><em>Principia Mathematica.<\/em><\/i><\/p>\n<p><em>Buena semana, muchas gracias.<\/em><\/p>\n<p><a name=\"INDICE\"><\/a> <b>INDICE<\/b><\/p>\n<p><b><a style=\"color: #000000;\" href=\"#1\">1. Presentaci\u00f3n<\/a>.<\/b><br \/>\n<b><a style=\"color: #000000;\" href=\"#2\">2. <\/a><a style=\"color: #000000;\" href=\"#2\">La filosof\u00eda desde la terminaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958<\/a>.<\/b><br \/>\n<b><a style=\"color: #000000;\" href=\"#3\">3. <\/a><a style=\"color: #000000;\" href=\"#3\">Presentaci\u00f3n de <\/a><a style=\"color: #000000;\" href=\"#3\"><i>Iniciaci\u00f3 a la filosofia<\/i><\/a><\/b><br \/>\n<b><a style=\"color: #000000;\" href=\"#4\">4. En la Enciclopedia Espasa<\/a><\/b><br \/>\n<b><a style=\"color: #000000;\" href=\"#6\">5. La filosof\u00eda anal\u00edtica, una \u00abfilosof\u00eda del lenguaje\u00bb.<\/a> <\/b><br \/>\n<b>6<a style=\"color: #000000;\" href=\"#5\">. Russell y el socialismo<\/a><\/b><\/p>\n<h3><a name=\"1\"><\/a> <b>1. Presentaci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Ya en su art\u00edculo de 1953 \u00abVerdad: desvelaci\u00f3n y ley\u00bb (<i>Papeles de filosof\u00eda<\/i>, 15-55) mostraba Sacrist\u00e1n su inter\u00e9s y conocimiento de la obra del coautor de los <i>Principia Mathematica<\/i>:<\/span><\/p>\n<p>La tesis de Russell es, a la letra, que \u00abla verdad es una propiedad de creencias y derivativamente de proposiciones que expresan creencias\u00bb (<i>El conocimiento humano, <\/i>187). Ahora bien, la creencia, para un l\u00f3gico, no puede ser algo misterioso e incognoscible. La creencia que no sea expresa no tiene relevancia para el l\u00f3gico. Pero Russell a\u00f1ade prudentemente (contra el positivismo l\u00f3gico) que nada autoriza a identificar los conceptos expresi\u00f3n y expresi\u00f3n verbal. Todo comportamiento, no s\u00f3lo el que consiste en emitir una proposici\u00f3n, puede ser expresi\u00f3n de una creencia y, consiguientemente, verdadero o falso, correspondiente a un hecho o no&#8230;<\/p>\n<p>La gnoseolog\u00eda de Russell y, en general, toda gnoseolog\u00eda desligada de la ontolog\u00eda cifra aquella propiedad, la verdad del juicio, en su correspondencia (Russell) o, en general, en su adecuaci\u00f3n a lo que no es el juicio, sino el ente sobre el que versa&#8230; La verdad de la creencia es, para Russell, m\u00e1s originaria que la del juicio.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Tambi\u00e9n hay referencias a Russell en sus escritos de l\u00f3gica y filosof\u00eda de l\u00f3gica (por ejemplo, en su presentaci\u00f3n en <i>Desde un punto de vista l\u00f3gico<\/i>) y, por supuesto, en <i>Introducci\u00f3n a la l\u00f3gica y an\u00e1lisis formal<\/i> y en <i>L\u00f3gica elemental<\/i>. Tambi\u00e9n en \u00abSobre el lugar de la filosof\u00eda en los estudios superiores\u00bb o en \u00abEl principio de la identidad de los indiscernibles en Leibniz\u00bb (1978).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Sacrist\u00e1n anot\u00f3 tambi\u00e9n la <i>Exposici\u00f3n cr\u00edtica de la filosof\u00eda de Leibniz <\/i>de Russell.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Para un calendario de 1985 editado por el CAPS (Centro de an\u00e1lisis y programas sanitarios) escribi\u00f3 sobre Russell la siguiente voz (junto con M.\u00aa \u00c1ngeles Liz\u00f3n):<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Fil\u00f3sofo, matem\u00e1tico y soci\u00f3logo ingl\u00e9s. Desde muy temprana edad vinculado al mundo de la gran academia, miembro de la Royal Society y galardonado internacionalmente. Hombre comprometido con los problemas de su tiempo, despu\u00e9s de la I Guerra Mundial tom\u00f3 parte activa en la defensa de las libertades individuales y de la paz, lo que le cost\u00f3 multas, c\u00e1rcel y destituciones. Presidente electo en la Campa\u00f1a por el Desarmamento Nuclear; tom\u00f3 parte en el \u00abComit\u00e9 de los Cien\u00bb (movimiento de desobediencia civil); se interes\u00f3 por todos los movimientos de liberaci\u00f3n y en 1966, tres a\u00f1os antes de su muerte, constituy\u00f3 un tribunal internacional contra los cr\u00edmenes de guerra del Vietnam. Lo fundamental en su trabajo filos\u00f3fico fue su l\u00f3gica, denominada por \u00e9l \u00abatomismo l\u00f3gico\u00bb, punto de partida del <i>Tractatus<\/i> de Wittgenstein, y uno de los or\u00edgenes del positivismo l\u00f3gico, escuela con decisiva influencia en la filosof\u00eda de la ciencia en la primera mitad del siglo.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"2\"><\/a> <b>2. La filosof\u00eda desde la terminaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">De su extensa voz \u00abLa filosof\u00eda desde la terminaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958\u00bb (<i>Papeles de filosof\u00eda<\/i>, pp. 156-165). Sacrist\u00e1n ubic\u00f3 a Russell en el segundo apartado: <b>II. Neopositivismo y corrientes afines. <\/b>La disoluci\u00f3n del neopositivismo estricto. El empirismo l\u00f3gico. El fisicalismo y el movimiento de la Ciencia Unificada. Convencionalismo. Operativismo u operacionalismo. El movimiento anal\u00edtico y el grupo de Oxford. Algunas personalidades destacadas: Rudolf Carnap. Bertrand Russell. Las obras p\u00f3stumas de Wittgenstein.<\/span><\/p>\n<p><b>Bertrand Russell. <\/b>En la dos primeras d\u00e9cadas del siglo hab\u00eda ofrecido Russell las dos obras que hacen de \u00e9l una figura digna de ser destacada en una historia de la cultura europea: <i>Principia Mathematica<\/i> (junto con Whitehead), tratado que constituye el punto de partida de los progresos de la l\u00f3gica formal en el siglo XX y <i>Our Knowledge of the External World<\/i>, cl\u00e1sico del movimiento anal\u00edtico. Algunos a\u00f1os antes del per\u00edodo aqu\u00ed estudiado public\u00f3 la <em>\u2013<\/em>por ahora<em>\u2013<\/em>\u00a0\u00faltima investigaci\u00f3n con novedades importantes en su pensamiento: <i>An Inquiry into Meaning and Truth<\/i>. Por \u00faltimo, en los a\u00f1os considerados ha tenido repetida ocasi\u00f3n de dar nuevas versiones, generalmente divulgadoras, de las complejas posiciones que ha asumido a lo largo de una carrera intelectual, tan rica y varia. En la brevedad del presente resumen de sus obras recapitulativas y destinadas al gran p\u00fablico es imposible reproducir la matizada complicaci\u00f3n del pensamiento anal\u00edtico del fil\u00f3sofo. Como criterio de simplificaci\u00f3n e hilo conductor se escoge la situaci\u00f3n de Russell respecto de (y en parte en el seno de) la corriente general empirista originada en la propia Inglaterra con Moore y en el continente con Wittgenstein y el C\u00edrculo de Viena.<\/p>\n<p><b>1. Oposici\u00f3n <\/b><b>al positivismo <\/b><b>l\u00f3gico<\/b><i>.<\/i><i> <\/i>Russell admite el subjetivismo positivista y empirista como necesidad met\u00f3dica, y s\u00f3lo como tal: \u00abQue los datos son privados e individuales es una tesis que ha sido familiar desde la \u00e9poca de Prot\u00e1goras. Esta tesis ha sido negada porque se ha pensado, como Prot\u00e1goras pensaba, que, si se admit\u00eda, deb\u00eda llevar a la conclusi\u00f3n de que todo conocimiento es privado e individual. Por mi parte, mientras que admito el planteamiento, niego la conclusi\u00f3n.\u00bb Las razones que esgrime el fil\u00f3sofo contra el complejo esc\u00e9ptico empirismo radical-positivismo radical-solipsismo son muchas, pero pueden resumirse en una objeci\u00f3n l\u00f3gica y otra psicol\u00f3gica, cuyo trasfondo es el sentido com\u00fan y el origen \u00abanimal\u00bb o biol\u00f3gico del conocimiento. Por lo que hace a la cr\u00edtica l\u00f3gica, Russell se\u00f1ala que \u00absi el escepticismo ha de ser te\u00f3ricamente defendible, debe rechazar <i>todas<\/i><i> <\/i>las inferencias de lo que se conoce por experiencia; un escepticismo parcial, tal como la negaci\u00f3n de los fen\u00f3menos f\u00edsicos que nadie ha experimentado, o un solipsismo que admite acaecimientos en mi futuro o en mi ya olvidado pasado, no tiene justificaci\u00f3n l\u00f3gica, pues que tiene que admitir principios de inferencia que conducen a creer aquello que rechaza\u00bb. S\u00f3lo un escepticismo que no se tomara tales libertades ser\u00eda \u00abl\u00f3gicamente impecable\u00bb. En cuanto a la consideraci\u00f3n psicol\u00f3gico-cient\u00edfica del subjetivismo, el argumento capital de Russell consiste en el hecho de que \u00abpara describir el mundo el subjetivismo es un defecto. Kant habl\u00f3 de s\u00ed mismo como autor de una \u201crevoluci\u00f3n copernicana\u201d, pero habr\u00eda sido m\u00e1s exacto si hubiera hablado de \u201ccontrarrevoluci\u00f3n tolemaica\u201d, dado que puso de nuevo al hombre en el centro del que Cop\u00e9rnico le hab\u00eda destronado.\u00bb T\u00e9cnicamente, el paso m\u00e1s all\u00e1 de su subjetivismo, del positivismo y del empirismo en general viene dado a Russell por los problemas de la inferencia cient\u00edfico-positiva, suscitados por la inducci\u00f3n o el c\u00e1lculo de probabilidades. \u00abMe parece que es una conclusi\u00f3n ineludible de la l\u00f3gica de la probabilidad que la inferencia cient\u00edfica requiere para su validez principios que la experiencia no puede hacer ni siquiera probables. Para el empirismo es una temible conclusi\u00f3n.\u00bb Por eso, el empirismo de Russell se atiene m\u00e1s bien a \u00abla estricta fidelidad a una doctrina en la cual se ha inspirado la filosof\u00eda empirista: que todo conocimiento humano es incierto, inexacto y parcial. A esta doctrina no le hemos hallado limitaci\u00f3n en ninguna parte.\u00bb Y su empirismo se cifra simplemente en la tesis b\u00e1sica de que s\u00f3lo el dato da la verdad positiva a la construcci\u00f3n te\u00f3rica: \u00abHay una cosa que es obvia desde el principio: s\u00f3lo en cuanto el dato inicial de percepci\u00f3n es digno de cr\u00e9dito puede existir una raz\u00f3n para aceptar el vasto edificio c\u00f3smico de inferencia que se basa en aqu\u00e9l.\u00bb<\/p>\n<p>Las posiciones extremas del empirismo en su versi\u00f3n neopositivista son consiguientemente rechazadas por Russell. Generalmente, el arma cr\u00edtica de que se sirve contra ellas es el an\u00e1lisis: as\u00ed, rechaza el fisicalismo, neg\u00e1ndose a admitir una distinci\u00f3n esencial entre datos totalmente p\u00fablicos, \u00abdatos de la f\u00edsica\u00bb, y datos privados. Otras veces se trata de consideraciones menos anal\u00edticas y m\u00e1s atentas a las consecuencias filos\u00f3ficas de aquellas posiciones extremas. As\u00ed, por ejemplo, criticando la tendencia neopositivista a ver lo cient\u00edfico s\u00f3lo en lo estructural o formal, en lo \u00absint\u00e1ctico\u00bb, convencionalmente establecido y puro de aspectos materiales en su coherencia axiom\u00e1tica, imputa al neopositivismo un abandono de las aspiraciones profundas del empirismo: \u00abPlat\u00f3n, que estaba interesado en la astronom\u00eda solamente como cuerpo de leyes, deseaba que estuviera completamente alejada de los sentidos; dec\u00eda que los que estaban interesados en los cuerpos celestes reales que existen ser\u00edan castigados en la encarnaci\u00f3n siguiente convirti\u00e9ndose en p\u00e1jaros. Este punto de vista no es hoy d\u00eda compartido por los hombres de ciencia, pero eso mismo, o algo muy semejante, se puede encontrar en las obras de Carnap y algunos otros positivistas l\u00f3gicos.\u00bb Por esa v\u00eda del argumento <i>ad<\/i><i> <\/i><i>hominem<\/i><i> <\/i>discurre el ingenio pol\u00e9mico de Russell en formas a veces muy virulentas: \u00abLa costumbre de considerar el lenguaje supersticiosamente no est\u00e1 a\u00fan extinguida: \u201cEn el principio era la Palabra\u201d, dice la versi\u00f3n inglesa del evangelio de San Juan, y leyendo a algunos positivistas l\u00f3gicos estoy tentado de pensar que su opini\u00f3n est\u00e1 representada por ese texto mal traducido.\u00bb En oposici\u00f3n a la inhibici\u00f3n filos\u00f3fica propugnada por el an\u00e1lisis neopositivista del lenguaje, Russell se cuenta entre \u00abaquellos que, como Hume, reh\u00fasan quedar limitados por los c\u00e1nones del buen gusto\u00bb. En relaci\u00f3n con este inter\u00e9s por cuestiones filos\u00f3ficas vivas est\u00e1 su consideraci\u00f3n de que \u00abes una desgracia que durante los \u00faltimos ciento sesenta a\u00f1os aproximadamente la filosof\u00eda haya llegado a ser considerada algo casi tan t\u00e9cnico como las matem\u00e1ticas\u00bb. Una posici\u00f3n tan resuelta a recoger la preocupaci\u00f3n humana concreta <em>\u2013<\/em>aunque no al modo \u00faltimamente inefable de los existencialistas, sino afrontando directamente las tareas materiales planteadas por la ciencia, la t\u00e9cnica, la pol\u00edtica, etc.<em>\u2013<\/em>\u00a0se manifiesta en la tesis de que \u00abla ciencia no queda perjudicada por la mezcla de \u00e9tica\u00bb y da, naturalmente, de s\u00ed un an\u00e1lisis que no se ve agotado en el \u00e1mbito del lenguaje. El an\u00e1lisis filos\u00f3fico tiene como \u00abpremisas adecuadas \u201caquellas partes de la f\u00edsica que han alcanzado el tercer estadio\u201d, el de comprobaci\u00f3n m\u00e1s probable, y el an\u00e1lisis del lenguaje es s\u00f3lo instrumento para abrir camino al conocimiento real\u00bb.<\/p>\n<p><b>2. El lenguaje<\/b><i>. <\/i>Adem\u00e1s de conceder mucha atenci\u00f3n a los usos no apof\u00e1nticos del lenguaje <em>\u2013<\/em>por ejemplo, a los emocionales o expresivos<em>\u2013<\/em>, Russell afirma y estudia la base f\u00edsica del propio lenguaje cient\u00edfico. Por una parte, en su funci\u00f3n significativa y cient\u00edfica \u00abla lengua depende de la f\u00edsica, y no podr\u00eda exisir sin las cadenas causales aproximadamente separables que&#8230; hacen posible el conocimiento f\u00edsico.\u00bb Esta afirmaci\u00f3n no equivale a la tesis, epistemol\u00f3gicamente demasiado optimista, de que la lengua reproduzca fielmente claras cadenas causales o fenom\u00e9nicas en general. Por el contrario, \u00abpuesto que la publicidad de los objetos sensibles es s\u00f3lo aproximada, la lengua que se aplica a ellos, considerada socialmente, debe tener una cierta falta de precisi\u00f3n\u00bb. Tampoco se trata, naturalmente, de afirmar la necesidad de conocer f\u00edsica para saber hablar, sino s\u00f3lo \u00abque la lengua ser\u00eda imposible si el mundo f\u00edsico no tuviera de hecho ciertas caracter\u00edsticas, y que la <i>teor\u00eda <\/i>del lenguaje depende en determinados puntos del conocimiento del mundo f\u00edsico\u00bb. Hay aqu\u00ed una inversi\u00f3n de 180 grados respecto del punto de vista neopositivista, que determinaba la estructura de cada mundo experiencia! por el lenguaje.<\/p>\n<p>Por otra parte, h\u00e1bitos no propiamente conscientes <em>\u2013<\/em>sobre todo los reflejos condicionados<em>\u2013<\/em>\u00a0est\u00e1n en la base del lenguaje igual que en la del conocimiento. Los reflejos condicionados son, en efecto, el veh\u00edculo por el que pueden aprenderse definiciones ostensivas, nombres de cosas, propiedades o relaciones. De esta comprensi\u00f3n del lenguaje como fen\u00f3meno f\u00edsica y biol\u00f3gicamente fundado se desprende, por ejemplo, la tesis de que, si bien todo pensamiento bien formulado es verbal, puede haber pensamiento oscuro y no verbal; por ejemplo: en determinadas fases del comportamiento animal reflejo. Adem\u00e1s, precisamente por tener un origen real e hist\u00f3rico, tiene el lenguaje peligrosas tendencias prerreflexivas y acr\u00edticas. \u00abEl fil\u00f3sofo, por ello, se enfrenta con la dif\u00edcil tarea de usar la lengua para deshacer las falsas creencias que ella sugiere.\u00bb \u00c9sta es de nuevo para Russell ocasi\u00f3n de destacar su posici\u00f3n respecto de la del formalismo: \u00abAlgunos fil\u00f3sofos, que se asustan de los problemas e incertidumbres implicadas en tal tarea, prefieren tratar el lenguaje como aut\u00f3nomo, e intentan olvidar que est\u00e1 dirigido a tener una relaci\u00f3n con los hechos y a facilitar el trato con el medio&#8230; El fil\u00f3sofo, sin embargo, debe perseguir la verdad incluso a costa de la belleza, y estudiando el lenguaje no debe dejarse seducir por los cantos de sirena de los matem\u00e1ticos.\u00bb Esta \u00faltima frase puede en realidad valer como divisa de todo el an\u00e1lisis ingl\u00e9s, especialmente del de Oxford, que toma como objeto de verdadero inter\u00e9s el lenguaje com\u00fan, y no los algoritmos l\u00f3gico-simb\u00f3licos.<\/p>\n<p><b>3. El conocimiento<\/b><i>.<\/i><i> <\/i>La negativa a identificar pensamiento y lenguaje permite a Russell dar una noci\u00f3n bastante cl\u00e1sica de la verdad: \u00abLa verdad es una propiedad de creencias y, derivadamente, de proposiciones que expresan creencias. La verdad consiste en una determinada relaci\u00f3n entre una creencia y uno o m\u00e1s hechos distintos de 1a creencia. Cuando esta relaci\u00f3n est\u00e1 ausente, la creencia es falsa. Una proposici\u00f3n puede ser llamada \u201cverdadera\u201d o \u201cfalsa\u201d incluso si nadie la cree, con tal que, si fuera cre\u00edda, la creencia fuera respectivamente verdadera o falsa.\u00bb<\/p>\n<p>La adquisici\u00f3n y posesi\u00f3n de la verdad, el conocimiento, es cuesti\u00f3n de grado. Hay un conocimiento animal que tiene incluso su modo de inferir. Esta \u00abinferencia animal\u00bb puede ser definida como \u00abel proceso de interpretaci\u00f3n espont\u00e1nea de las sensaciones\u00bb, y es el origen de todo conocimiento reflexivo, incluso del cient\u00edfico, pues ning\u00fan hombre empieza a elaborar reflexivamente su conocimiento sin tener antes los h\u00e1bitos de la inferencia animal. La inferencia animal aprehende <em>\u2013<\/em>o, mejor, aprovecha<em>\u2013<\/em>\u00a0el encadenamiento fenom\u00e9nico, causal, sin transici\u00f3n, con relativa inmediatez y probablemente sin objetivaci\u00f3n. El grado ulterior es, generalmente, el del sentido com\u00fan preteor\u00e9tico en sentido cr\u00edtico-epistemol\u00f3gico. Russell lo llama de la \u00abinferencia sustancial\u00bb. Esta inferencia es tanto la de la vida cotidiana como la de las grandes fases de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, y consiste en objetivar sin vacilaci\u00f3n los elementos del proceso fenom\u00e9nico, individualiz\u00e1ndolos e intentando precisar su constituci\u00f3n y la de sus relaciones. La inferencia l\u00f3gico-cient\u00edfica tiene, por la limitaci\u00f3n de su campo, una especial univocidad y una seguridad que derivan del conocimiento exhaustivo de sus reglas, puesto que \u00e9stas pueden ser construidas por el l\u00f3gico.<\/p>\n<p>En la reflexi\u00f3n cr\u00edtica acerca de la fundamentaci\u00f3n del conocimiento el problema capital es el de la inducci\u00f3n. Russell lo aborda partiendo del intento de sustituir ese problema por el de la probabilidad, y en este punto ha realizado repetidos an\u00e1lisis cr\u00edticos de las teor\u00edas existentes, tomando inspiraci\u00f3n de casi todas ellas, en especial de la de Keynes, sin adherirse por ello totalmente a ninguna. Tras admitir que la inducci\u00f3n es infundamentable por v\u00eda l\u00f3gica <em>\u2013<\/em>pues ello equivaldr\u00eda al intento de fundamentarla por s\u00ed misma<em>\u2013<\/em>, Russell sostiene adem\u00e1s que, por la misma raz\u00f3n, \u00abnada hay en la teor\u00eda de la probabilidad que nos justifique al considerar como probable una inducci\u00f3n, bien sea particular, bien general, por grande que pueda ser el n\u00famero de casos favorables\u00bb. La probabilidad, aplicada a lo emp\u00edrico, resulta estar tan necesitada de justificaci\u00f3n como la inducci\u00f3n, y la sustituci\u00f3n de la segunda por la primera no puede tener m\u00e1s valor que el t\u00e9cnico de precisar la problem\u00e1tica, no el filos\u00f3fico de solucionarla. Todo esto le lleva a admitir que la relaci\u00f3n inductiva debe basarse en intensiones, y no en extensiones. Pues si la relaci\u00f3n que descubre la inducci\u00f3n no tiene una base intensional que limite las clases en relaci\u00f3n, sino que la inducci\u00f3n se basa s\u00f3lo en parejas observadas de fen\u00f3menos de la clase A y la clase B, por ejemplo, es posible demostrar incluso la <i>falsedad<\/i><i> <\/i>del principio de inducci\u00f3n en cuantos casos se quiera. Basta, en efecto, con construir la clase \u00abcausa\u00bb A de tal modo que a muchos elementos suyos (m\u00e1s de la mitad) no siga un elemento de la clase \u00abefectos\u00bb B<b> <\/b>(lo cual es posible siempre, a menos que el n\u00famero de elementos de la clase A a los que sigue uno de la clase B<b> <\/b>fuera muy cercano del de la clase total o \u00abuniverso\u00bb).<\/p>\n<p>Esta \u00faltima posibilidad impone a Russell el reconocimiento de que el principio de inducci\u00f3n deber\u00eda ser limitado en forma que \u00e9l declara no poder formular a\u00fan. Y la primera reflexi\u00f3n <em>\u2013<\/em>la de la imposibilidad de fundar la inducci\u00f3n en una teor\u00eda formal matem\u00e1tica o l\u00f3gica<em>\u2013<\/em>\u00a0le lleva a afirmar que \u00ablas inferencias cient\u00edficas, si son en general v\u00e1lidas, deben serlo en virtud de alguna ley o algunas leyes de la naturaleza que establezcan una propiedad sint\u00e9tica del mundo real, o varias de tales propiedades. La verdad de tales proposiciones no puede ser hecha ni siquiera probable por ning\u00fan razonamiento que parta de la experiencia, dado que tales razonamientos, cuando van allende la experiencia registrada hasta ahora, dependen para su validez de los mismos principios en cuesti\u00f3n.\u00bb En el apriorismo que as\u00ed apunta Russell se manifiesta el \u00faltimo eco del idealismo que en otras \u00e9pocas cultiv\u00f3 el fil\u00f3sofo. Por lo dem\u00e1s, lo que el <i>analista <\/i>Russell se propone no es tanto convencer de la verdad de esos principios o leyes de la naturaleza cuanto mostrar que est\u00e1n impl\u00edcitos en el conocimiento cient\u00edfico. De esos \u00abpostulados\u00bb ha ofrecido la siguiente lista: <i>postulado<\/i><i> <\/i><i>de <\/i><i>cuasi-permanencia, <\/i>versi\u00f3n cr\u00edtica de la idea cl\u00e1sica de permanencia de los g\u00e9neros naturales, y que acent\u00faa propiamente la regularidad del mundo emp\u00edrico y la base intensional de la inducci\u00f3n; <i>postulado<\/i><i> <\/i><i>de la<\/i><i> <\/i><i>separabilidad de <\/i><i>las l\u00edneas causales, <\/i>que ser\u00eda fundamento del estudio emp\u00edrico particular de una serie fenom\u00e9nica; <i>postulado de <\/i><i>continuidad espaciotemporal en las<\/i><i> <\/i><i>l\u00edneas <\/i><i>causales; postulado del origen <\/i><i>causal <\/i><i>com\u00fan de <\/i><i>estructuras seme<\/i><i>jantes dispuestas alrededor <\/i><i>de un centro <\/i>(postulado estructural) y <i>postulado<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>analog\u00eda<\/i><i> <\/i>(necesario para aplicar el anterior).<\/p>\n<p><b>4. Temas <\/b><b>\u00e9ticos y pol\u00edticos. <\/b>Ya actitudes como la tomada por Russell a prop\u00f3sito de la tecnificaci\u00f3n de la filosof\u00eda revelan una personalidad o estilo mental acusadamente \u00e9tico. Russell ha conseguido el premio Nobel probablemente m\u00e1s a causa de sus numerosos escritos morales y pol\u00edticos que por sus grandes obras cient\u00edficas. La misma preocupaci\u00f3n cient\u00edfica y la \u00abmeta racional\u00bb son cuestiones de \u00e9tica, seg\u00fan \u00e9l. Russell se manifiesta en estos temas como un analista y un casuista. Apenas ser\u00e1 posible encontrar en sus escritos m\u00e1s tesis general que la de la limitaci\u00f3n del concepto de probabilidad a una determinada noci\u00f3n de la \u00e9tica: \u00abCuando la \u00e9tica se considera consistente en reglas de conducta, la probabilidad no tiene parte en ella. S\u00f3lo en el segundo tipo de teor\u00eda \u00e9tica, aquel en que la virtud consiste en tender a un cierto fin, es relevante la probabilidad.\u00bb<\/p>\n<p>En general, las actitudes \u00e9ticas y pol\u00edticas de Russell dependen de sus preocupaciones cambiantes de hombre muy sensible a su ambiente, y no llegan a estructurarse en doctrina, ni seguramente lo pretenden. Esto era ya as\u00ed en \u00e9l antes del per\u00edodo aqu\u00ed estudiado, y si hace treinta a\u00f1os le preocupaba el problema jur\u00eddico y social del matrimonio, la experiencia de la guerra le hace tener presentes, en reveladores ejemplos, hechos m\u00e1s inmediatos: \u00abHabr\u00eda sido buena cosa que la madre de Hitler le hubiera matado en la infancia <em>\u2013<\/em>dice, ejemplarizando la dificultad de la conducta racional en la probabilidad<em>\u2013<\/em>, pero ella no pod\u00eda saberlo.\u00bb<\/p>\n<p>Uno de los pocos rasgos generales del pensamiento pol\u00edtico de Russell es un formalismo bastante ahist\u00f3rico. Para \u00e9l, el absolutismo mon\u00e1rquico de la Edad Moderna es \u00abel mismo sistema\u00bb que \u00abvolvi\u00f3 a surgir en Rusia en 1918\u00bb. A ese formalismo se debe tambi\u00e9n el que el fil\u00f3sofo considere \u00abcuesti\u00f3n verbal\u00bb la distinci\u00f3n entre igualdad pol\u00edtica o igualdad econ\u00f3mica. Por ese camino llega Russell en ciertos momentos a una apolog\u00eda de la sociedad en que vive. No obstante, Russell es una de las personalidades m\u00e1s destacadas del movimiento contra la guerra at\u00f3mica.<\/p>\n<p>Obras: <i>A History of Western Philosophy, <\/i>1947; traducci\u00f3n esp. (Historia de la filosof\u00eda occidental). <i>Human Knowledge: its scope and limits, <\/i>1948; trad. esp. (El conocimiento humano). <i>Authority and the individual, <\/i>1949; traducci\u00f3n esp. (Autoridad e individuo). <i>Unpopular Essays, <\/i>1950. <i>The Impact of Science in Society, <\/i>1951; traducci\u00f3n esp. (El impacto de la ciencia en la sociedad). <i>New Hopes for a changing World<\/i>, 1952; trrad esp (Nuevas esperanzas para un mundo en transformaci\u00f3n). <i>Human Society in Ethics and Politics<\/i>, 1955; trad. esp (Etica y pol\u00edtica en la sociedad humana). <i>Portraits of Memory and other Essays,<\/i> 1956.<\/p>\n<p align=\"right\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"3\"><\/a> <b>3.<em> Iniciaci\u00f3 a la filosofia<\/em><\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">A\u00f1os despu\u00e9s, Sacrist\u00e1n prolog\u00f3 la edici\u00f3n catalana (<em>Iniciaci\u00f3 a la filosofia<\/em>, Barcelona: Edicions 62, agosto de 1965) de A<em>n Outline of Philosophy<\/em>. Publicado inicialmente en catal\u00e1n con probable traducci\u00f3n de Francesc Vallverd\u00fa, damos aqu\u00ed la versi\u00f3n castellana (Papeles de filosof\u00eda, pp. 318-324).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En <i>La tradici\u00f3n de la intradici\u00f3n<\/i>, pp. 446-447, observa V\u00edctor M\u00e9ndez Baiges: \u00abUn destino parecido [al de Heine] es el que, seg\u00fan Sacrist\u00e1n, acabo atrapando a Bertrand Russell. Lo explic\u00f3 as\u00ed en el pr\u00f3logo que escribi\u00f3 (\u201cpasar\u00e1s como el fil\u00f3sofo de los pr\u00f3logos\u201d, pero es que necesitaba de ellos, y de las traducciones, para vivir) a una edici\u00f3n catalana de <i>Outline of Philosophy<\/i> que apareci\u00f3 en 1965. No es que Russell carezca de m\u00e9ritos. Sacrist\u00e1n se los reconoce. No se ha \u201cencerrado\u201d en los problemas especializados, y se ha interesado tanto por el \u201cconocimiento\u201d como por el \u201cconocedor\u201d. Por este camino, hasta ha sido \u201ccapaz de resucitar de vez en cuando la sentenciosa grandeza de los sabios antiguos en contextos bastante anal\u00edticos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Ahora bien, prosigue, M\u00e9ndez Baiges, \u00abRussell piensa y act\u00faa sin una concepci\u00f3n general y con la consciencia de esa falta\u00bb. \u00abNo hay en \u00e9l ninguna cadena mental <em>\u2013<\/em>ni deductiva, ni te\u00f3rico existencial, ni teleol\u00f3gico-personalista<em>\u2013<\/em>\u00a0que una directamente sus filosofemas con sus actos\u00bb. El resultado es que, aunque lo haya intentado y lo parezca, no es un verdadero hombre de destino. Su posici\u00f3n, bien t\u00edpica de cierto tipo de intelectual moderno, est\u00e1 pre\u00f1ada de subjetivismo, ideologismo y formalismo, y no aconseja adecuadamente lo que se debe hacer\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>Parece que \u00e9ste va a ser el primer <i>libro <\/i>de Russell publicado en catal\u00e1n. Tal vez aparezca antes otro, en la misma editorial, pero la precedencia ser\u00e1 meramente una cuesti\u00f3n de taller.<\/p>\n<p>En 1962, prologando dos ensayos del fil\u00f3sofo, Enric Jard\u00ed alud\u00eda satisfecho <em>\u2013<\/em>\u00abpor fortuna\u00bb, dec\u00eda, \u00abexisten precedentes\u00bb<em>\u2013<\/em>\u00a0a la vinculaci\u00f3n del fil\u00f3sofo a la cultura catalana. Russell, en efecto, hab\u00eda estado en Barcelona. Pero no creo que la vinculaci\u00f3n de un fil\u00f3sofo a una cultura quede establecida suficientemente ni fecundamente por una agencia de viajes: la mediaci\u00f3n adecuada es, sin duda, la de los editores. Si comparamos, pues, el incipiente Russell catal\u00e1n con los t\u00edtulos russellianos ya en castellano <em>\u2013<\/em>m\u00e1s de veinticinco<em>\u2013<\/em>\u00a0ser\u00e1 probablemente justo describir la situaci\u00f3n diciendo: \u00abpor desgracia, casi no existen precedentes\u00bb.<\/p>\n<p>No es probable que hayan sido determinantes de eso causas externas al negocio editorial mismo. Pues no vemos por qu\u00e9 Russell habr\u00eda debido tener peor fortuna <em>\u2013<\/em>ante esas instancias decisorias que no son el editor mismo<em>\u2013<\/em>\u00a0que la literatura (para-)filos\u00f3fica emocional, testimonial, existencialista o entusi\u00e1stica que ya encontramos en catal\u00e1n. Es evidente, por lo menos, que cualquier interpretaci\u00f3n de este contraste tiene que ser muy modestamente hipot\u00e9tica, pues todav\u00eda es muy breve el tiempo que ha tenido la renaciente edici\u00f3n catalana para equilibrar su producci\u00f3n fuera de los terrenos favorecidos de la l\u00edrica y la literatura edificante. (En un sentido preciso, se puede incluso afirmar <em>\u2013<\/em>y as\u00ed lo repito a mis amigos catalanes<em>\u2013<\/em>\u00a0que la edici\u00f3n catalana no habr\u00e1 renacido verdaderamente hasta que cuente con unos cuantos textos b\u00e1sicos de matem\u00e1tica, f\u00edsica, etc.). Sin \u00e1nimo, pues, de rebasar la simple composici\u00f3n de hip\u00f3tesis, pregunt\u00e9monos si la tardanza con que llega Russell a la edici\u00f3n catalana indica que el \u00e9xito de los numerosos exorcismos de que ha sido objeto el fil\u00f3sofo <em>\u2013<\/em>desde las distinciones concedidas por la Majestad brit\u00e1nica hasta el Premio Nobel [de Literatura]<em>\u2013<\/em>\u00a0es, a pesar de todo, escaso. Por ejemplo, parece bastante claro que la cultura oficial o convencional ha asimilado con m\u00e1s eficacia el histri\u00f3nico patetismo de Camus que la dicci\u00f3n mesurada, anal\u00edtica, toda ella reserva y circunspecci\u00f3n metodol\u00f3gica de este otro Nobel. Aquel no plantea batallas <em>\u2013<\/em>ni siquiera despu\u00e9s de muerto<em>\u2013<\/em>\u00a0a la sabidur\u00eda convencional; \u00e9ste, en cambio, es tan impertinente hoy como lo era hace cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>La circunspecci\u00f3n metodol\u00f3gica acostumbra a tener afinidad con la iron\u00eda, la cual, aunque sea una pasi\u00f3n, no es nunca caliente. No es que a Russell le falten entusiasmos, ni <em>\u2013<\/em>menos a\u00fan<em>\u2013<\/em>\u00a0pesimismos. El lector de esta <i>lniciaci\u00f3 <\/i>podr\u00e1 incluso apreciar la manera como el fil\u00f3sofo es capaz de resucitar de vez en cuando la sentenciosa grandeza de los sabios antiguos en contextos bastante estrictamente anal\u00edticos. Lo que pasa <em>\u2013<\/em>y se nota enseguida tambi\u00e9n<em>\u2013<\/em>\u00a0es que el ocasional patetismo de Russell no viene a ofrecer melancol\u00edas de la situaci\u00f3n espiritual de nuestro tiempo, ni espesa certeza de personalismos, ni furias de compromiso, ni tr\u00e1gica suficiencia de autenticidad. Y es un hecho que eso irrita incluso a los fil\u00f3sofos m\u00e1s exquisitos. El que m\u00e1s lo es entre los de lengua castellana [Ortega y Gasset] conmin\u00f3 un d\u00eda a un alumno de la Universidad de Madrid a no leer un volumen de Russell que llevaba bajo el brazo. La irritaci\u00f3n, como tan a menudo ocurre, parece en este caso temerosa.<\/p>\n<p>Es justo reconocer que la cultura convencional <em>\u2013<\/em>sea mediocre o exquisita<em>\u2013<\/em>\u00a0ha tenido y tiene varios motivos para temer a Russell. Con el fin de establecer un orden entre ellos podemos comenzar empezando por recordar su aparente versatilidad respecto de los filosofemas propuestos a sus lectores: desde el idealismo platonizante de los primeros tiempos, mitigados en los <i>Problems of Philosophy <\/i>que Xirau tradujo al castellano, pasando por el biologismo gnoseol\u00f3gico visible en <i>Our <\/i><i>Knowledge <\/i><i>of <\/i><i>the External World <\/i>y en la presente <i>Iniciaci\u00f3 <\/i>(<i>An<\/i><i> <\/i><i>Outline of Philosophy<\/i>)<i> <\/i>y por el \u00abmonismo neutral\u00bb de esta \u00faltima obra, hasta llegar <em>\u2013<\/em>si eso es llegar<em>\u2013<\/em>\u00a0al realismo cr\u00edtico y subjetivista de los \u00faltimos tiempos, en una trayectoria intelectual que nunca supera su propio pasado si no es hegelianamente, conserv\u00e1ndolo, Russell es todo lo contrario del viejo fil\u00f3sofo sistem\u00e1tico y tambi\u00e9n <em>\u2013<\/em>cosa m\u00e1s decisiva por lo que hace a la cultura y a la pol\u00edtica editorial<em>\u2013<\/em>\u00a0todo lo contrario del fil\u00f3sofo moderno que, sin sistema, ofrece de manera accesible la intuici\u00f3n del todo circumfundante, de la destinaci\u00f3n del hombre por el ser o de la encarnaci\u00f3n del ser personal.<\/p>\n<p>Russell no ofrece ni sistema ni intuici\u00f3n. Y aunque en cada una de sus fases filos\u00f3ficas hace y rehace un entero horizonte intelectual, ocurre que al menos trescientos grados de cada una de esta circunferencias mentales componen una perspectiva puramente gnoseol\u00f3gica, descubren solamente problemas de l\u00f3gica y de m\u00e9todo, poco adecuados para concentrar al sujeto en el arrobamiento de la elecci\u00f3n y la decisi\u00f3n, la de continuar leyendo, por ejemplo.<\/p>\n<p>Pero eso es s\u00f3lo una tercera parte de la historia. Con s\u00f3lo eso Russell habr\u00eda sido un fil\u00f3sofo m\u00e1s o menos ignorado por la cultura media, un pensador acad\u00e9mico de corte nuevo, como lo son los descendientes m\u00e1s ortodoxos del C\u00edrculo de Viena o los mismos descendientes directos (y muy poco d\u00f3ciles) del fil\u00f3sofo, los analistas ingleses del lenguaje com\u00fan. La segunda parte de la historia consiste en que Russell tampoco satisface la estampa de este nuevo academicismo de fil\u00f3sofos positivistas, l\u00f3gicos puros y analistas del lenguaje. Ya es bastante significativo el hecho de que el ciclo de sus decisivos trabajos de l\u00f3gica <em>\u2013<\/em>su intervenci\u00f3n en <i>Principia Mathematica <\/i>y las dos grandes piezas de divulgaci\u00f3n<em>\u2013<\/em>\u00a0se presente en su obra como una fase cerrada. El mismo Russell ha considerado su trabajo en <i>Principia Mathematica <em>\u2013<\/em><\/i>a pesar de la enorme importancia hist\u00f3rica de esta obra<em>\u2013<\/em>\u00a0como un par\u00e9ntesis abierto en otra tarea m\u00e1s importante para \u00e9l, otra tarea mucho menos susceptible de tratamiento experimental y mucho menos purificable de escoria. Esta tarea es el conocimiento del conocimiento. Y en su realizaci\u00f3n se presentan los momentos cr\u00edticos inevitables que hacen que la ruta de Russell se separe de la del nuevo academicismo positivista-l\u00f3gico.<\/p>\n<p>La tarea de conocer el conocimiento hab\u00eda sido y segu\u00eda siendo objeto de los esfuerzos de algunos importantes pensadores de este nuevo academicismo. El m\u00e1s representativo en este aspecto es probablemente Carnap. Conocer el conocimiento es una de esas tareas definitivamente radicales que caracterizan a la filosof\u00eda. En una de sus obras p\u00f3stumas Ortega ha escrito que filosof\u00eda es radicalismo en un sentido ejemplificable por esa tarea. Pero hay tambi\u00e9n un radicalismo parecido <em>\u2013<\/em>intelectual, no pr\u00e1ctico<em>\u2013<\/em>\u00a0que tal vez no sea aquel en el cual pensaba Ortega como caracter\u00edstico de la filosof\u00eda. La obra de Carnap es un ejemplo de \u00e9l. Sus an\u00e1lisis y reconstrucciones radicales buscan ra\u00edces inequ\u00edvocas, claras, bien separadas las unas de las otras (y, si es posible, una sola) y que por pura y clara composici\u00f3n lineal den el \u00e1rbol del mundo conocido. Por debajo de las ra\u00edces (o de la ra\u00edz) no tiene que haber nada. Radicalidad quiere decir aqu\u00ed composici\u00f3n intelectual si no <i>ex nihilio, <\/i>al menos a partir de algo que no sea a\u00fan el mundo ni el conocimiento, ni tampoco el conocedor en toda su integridad. Este es el esquema de <i>La<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i>structura <\/i><i>l<\/i><i>\u00f3<\/i><i>gi<\/i><i>c<\/i><i>a <\/i><i>del mundo. <\/i>Si despu\u00e9s resulta que el \u00e1rbol construido es excesivamente pobre, el intento se abandona por demasiado ambicioso, por metaf\u00edsico, en vez de reconocer que <i>ex n<\/i><i>ihilo n<\/i><i>ih<\/i><i>il <\/i><i>f<\/i><i>il, <\/i>que hay mundo, hombre y conocimiento antes de que empiecen el an\u00e1lisis y la reconstrucci\u00f3n y en el proceso del uno y de la otra. Y as\u00ed, en retirada hacia certezas dignas de antepasados cartesianos, se abandona la estructura l\u00f3gica del mundo para contentarse con <i>La sintaxis l\u00f3gica del len<\/i><i>g<\/i><i>uaje <\/i>(la cual, al final, tampoco permite sentirse creador. Pero este no es el momento oportuno para seguir las vicisitudes de las fecundas retiradas de Carnap y del positivismo en general).<\/p>\n<p>Russell ha aportado una contribuci\u00f3n excepcional a esta versi\u00f3n t\u00e9cnica del radicalismo filos\u00f3fico, a la investigaci\u00f3n b\u00e1sica o de fundamentos. Pero no ha limitado su actividad racional a lo fundamentable en el fuerte sentido l\u00f3gico de la expresi\u00f3n: no se ha encerrado, en tanto que fil\u00f3sofo, en el ciclo de los problemas de la fundamentaci\u00f3n formal, sino que, sabiendo con Arist\u00f3teles que en este sentido formal \u00abarguye ignorancia querer demostrarlo todo\u00bb, se ha interesado tambi\u00e9n, y decisivamente, por lo que justifica lo indemostrable, por el \u00abfundamento del fundamento\u00bb. Por eso Russell es un fil\u00f3sofo en sentido directo y no solamente en el sentido mediato en que sin duda le convendr\u00eda este t\u00edtulo por su obra l\u00f3gico-matem\u00e1tica. El platonismo de una de sus fases, el biologismo de otras, la discusi\u00f3n permanente de la inducci\u00f3n y de la significaci\u00f3n en toda su obra son otras tantas manifestaciones de la aceptaci\u00f3n, como tema filos\u00f3fico radical, de todo lo que hay por debajo de las ra\u00edces de los sistemas y de las teor\u00edas.<\/p>\n<p>Buscar el \u00abfundamento del fundamento\u00bb es <em>\u2013<\/em>con esas palabras<em>\u2013<\/em>\u00a0la interesante profesi\u00f3n que Heidegger ha decidido, finalmente, reservarse. El filosofar de Russell opera por debajo de los sistemas formales y de las teor\u00edas, pero con los mismos medios racionales con que trabajan \u00e9stos. Y as\u00ed, mientras su dedicaci\u00f3n filos\u00f3fica a cuestiones no meramente formales o positivas le distingue <em>\u2013<\/em>pese a todo el parentesco<em>\u2013<\/em>\u00a0de las diversas formas de positivismo, por otra parte, la negativa, impl\u00edcita y obvia, a admitir que haya para esas tareas alg\u00fan pensamiento distinto del cr\u00edtico, cient\u00edfico, racional, le mantiene lejos de la metaf\u00edsica irracionalista. De este modo la versi\u00f3n russelliana de la b\u00fasqueda del fundamento del fundamento de las teor\u00edas puede ser otra causa de malestar para el p\u00fablico filos\u00f3fico; Russell es un fil\u00f3sofo de catalogaci\u00f3n molesta: no es positivista y no es metaf\u00edsico, situaci\u00f3n que los que se sienten irritados por \u00e9l describir\u00edan probablemente as\u00ed: es positivista y es metaf\u00edsico. El hecho de filosofar sobre el conocimiento ha llevado constantemente a Russell a interesarse tambi\u00e9n por\u00a0el conocedor cuando \u00e9ste no se limita a conocer: la capacidad que el sujeto humano pueda tener de conocer <i>a priori <\/i>o <em>\u2013<\/em>en otras \u00e9pocas de su pensamiento<em>\u2013<\/em>\u00a0las estructuras o disposiciones biol\u00f3gicas que permiten a ese sujeto enfrentarse con el mundo y conocerlo, han sido durante muchos a\u00f1os objeto de estudio del fil\u00f3sofo, y casi desde el primer momento le han llevado al resto de las actividades humanas. Basta con examinar una lista de las obras de Russell para comprender que es tanto un moralista y un educador como un te\u00f3rico del conocimiento. Ahora bien: esos t\u00edtulos son poco acad\u00e9micos en el ambiente cultural de Russell, y eso puede constituir el segundo aspecto de su antiacademicismo. En resumen: el fil\u00f3sofo no es un profeta con sistemas ni intuiciones globales, como lo son las grandes figuras contempor\u00e1neas de la filosof\u00eda europea continental; pero tampoco es un representante de la nueva academia anglosajona. Y \u00e9sta es la segunda parte de la historia.<\/p>\n<p>Queda la tercera, muy relacionada con las dos anteriores: de manera manifiesta con la naturaleza plenamente filos\u00f3fica, no acad\u00e9mica del pensamiento de Russell; de manera m\u00e1s sutil con el car\u00e1cter cr\u00edtico-anal\u00edtico de su filosof\u00eda. Hablamos de la actuaci\u00f3n p\u00fablica de Russell, de sus tomas de posici\u00f3n pol\u00edtico-morales: contra la guerra, a favor de la U.R.S.S., contra la U.R.S.S., contra la pol\u00edtica estadounidense, contra las superbombas, etc. El punto turbador es en este caso precisamente la relaci\u00f3n entre esas actitudes y el elemento m\u00e1s \u00abpasivo\u00bb de su filosof\u00eda, el trabajo anal\u00edtico, epistemol\u00f3gico, aquello que le separa de pensadores esenciales y \u00abcomprometidos\u00bb. Aunque ser\u00eda un error afirmar que sus tomas de posici\u00f3n pol\u00edtico-morales hayan sido incoherentes, es obligado admitir que no proceden por v\u00eda de deducci\u00f3n a partir de ning\u00fan sistema redondo de juicios de valor. Por eso pueden tener a primera vista algo de la labilidad, del car\u00e1cter siempre un poco revisable e ir\u00f3nico de sus filosofemas. No hay ninguna cadena mental <em>\u2013<\/em>ni deductiva, ni teor\u00e9tico-existencial, ni teol\u00f3gico-personalista<em>\u2013<\/em>\u00a0que una directamente sus filosofemas con sus actos. El lejano preso pol\u00edtico por el cual se echa a la calle Russell, bajo la lluvia, a sus ochenta y pico a\u00f1os, seguramente le pondr\u00eda en dificultades si le obligara de repente a explicar por qu\u00e9 le defiende. Pese al hermoso equilibrio de su lengua, Russell piensa y act\u00faa sin una concepci\u00f3n general y con la consciencia de esa falta. Magnificar o considerar ejemplar este vac\u00edo abierto bajo la personalidad \u00e9tica del fil\u00f3sofo no ser\u00eda, sin duda, m\u00e1s que una distinguida forma de perversi\u00f3n. (Sobre todo porque no es nada dif\u00edcil para la sabidur\u00eda oficial conseguir el exorcismo definitivo no de Russell personalmente, pero s\u00ed de una interpretaci\u00f3n de su pensamiento en un sentido elegantemente pasivo, formalmente cr\u00edtico y anal\u00edtico, que es actualmente la noble forma acad\u00e9mica del conformismo). Pero el que se sienta irritado por esta situaci\u00f3n tendr\u00e1 que examinarse inquisitivamente para averiguar si en su protesta contra ese vac\u00edo hay algo m\u00e1s que disimulo. No se consigue nada protestando contra vac\u00edos; hay que llenarlos o, si eso resulta imposible, reconocerlos. Pero no podremos decir que el vac\u00edo de Russell haya quedado bien colmado si no podemos someter el intento, con un discreto resultado, al instrumental cr\u00edtico-anal\u00edtico del fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p align=\"right\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"4\"><\/a> <b>4. En la Enciclopedia Espasa<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">En 1967, para el suplemento de la Enciclopedia Espasa (<i>Papeles de filosof\u00eda<\/i>, pp. 329-333), Sacrist\u00e1n escribi\u00f3 una voz sobre BERTRAND A. W., LORD RUSSELL. (Escribi\u00f3 tambi\u00e9n sobre Martin Buber y Ludwig Wittgenstein):<\/span><\/p>\n<p>Nacido en 1872, en Trelleck, educado inicialmente en la tradici\u00f3n del hegelismo ingl\u00e9s (Bradley), Russell es un pensador inconformista (su difundida obra <i>Introducci\u00f3n a la<\/i><i> <\/i><i>filosof\u00eda matem\u00e1tica, <\/i>1903, est\u00e1 escrita en la c\u00e1rcel, condenado por haber acusado al ej\u00e9rcito norteamericano de ser un instrumento de la represi\u00f3n del movimiento obrero de la \u00e9poca), cr\u00edtico, antiespeculativo una vez rebasada su fase platonizante, y cuyo ideal intelectual es la implantaci\u00f3n de la met\u00f3dica cient\u00edfica en filosof\u00eda, lo que le aproxima al neopositivismo. Una an\u00e9cdota infantil puede ayudar a entender la independiente personalidad del fil\u00f3sofo. A los cinco a\u00f1os, cuenta Russell, \u00abya me hab\u00edan ense\u00f1ado que la Tierra es redonda, pero yo, bas\u00e1ndome en la experiencia de los sentidos, me negu\u00e9 a creerlo. Llamaron entonces, para que me convenciera, al vicario de la parroquia, que era, por cierto, el padre de Whitehead. La autoridad clerical se impuso, y pens\u00e9 que val\u00eda la pena hacer un experimento. Empec\u00e9 a cavar un foso con la esperanza de llegar a los ant\u00edpodas. Y cuando me dijeron que la empresa no ten\u00eda perspectivas de \u00e9xito, resucitaron todas mis dudas\u00bb.<\/p>\n<p>La potente personalidad de Russell se manifiesta tanto en sus actividades sociales y pol\u00edticas <em>\u2013<\/em>pacifismo activista, intervenci\u00f3n en manifestaciones contra el peligro de la guerra at\u00f3mica y contra las tiran\u00edas<em>\u2013<\/em>\u00a0cuanto en su producci\u00f3n impresa: entre 1920 y 1940, por ejemplo, Russell ha publicado m\u00e1s de veinte libros y unos doscientos art\u00edculos cient\u00edficos. Es adem\u00e1s Premio Nobel de Literatura 1952.<\/p>\n<p>Las ocupaciones literarias de Russell van desde la l\u00f3gica hasta la novela, pasando por la teor\u00eda de la ciencia y del conocimiento, la filosof\u00eda social, la pol\u00edtica y la \u00e9tica. La obra l\u00f3gico-matem\u00e1tica m\u00e1s importante de Russell (en colaboraci\u00f3n con su antiguo profesor A. N. Whitehead), <i>Principia Mathematica <\/i>(3 vols., 1910-1913) es sin duda la que m\u00e1s perdurar\u00e1 y la que le garantiza un lugar de primer orden en la historia de la ciencia y de la cultura. <i>Principia Mathematica <\/i>es el cl\u00e1sico fundamental de la l\u00f3gica moderna, tan emparentada con la matem\u00e1tica b\u00e1sica. El siguiente texto autobiogr\u00e1fico de Russell ilustra la inspiraci\u00f3n y el programa de los <i>Principia:<\/i><i> <\/i>\u00abEl a\u00f1o m\u00e1s importante de mi vida intelectual fue el de 1900, y el acaecimiento m\u00e1s importante de aquel a\u00f1o fue mi asistencia al Congreso de Filosof\u00eda de Par\u00eds. Desde que empec\u00e9 con Euclides a los once a\u00f1os me hab\u00edan inquietado los fundamentos de la matem\u00e1tica; cuando m\u00e1s tarde empec\u00e9 a leer filosof\u00eda, Kant y los empiristas me parecieron igualmente insatisfactorios. No me atra\u00eda lo sint\u00e9tico <i>a priori, <\/i>pero tampoco me parec\u00eda que la aritm\u00e9tica constara de generalizaciones emp\u00edricas. Aquel 1900 en Par\u00eds me impresion\u00f3 el que en todas las discusiones Peano y sus disc\u00edpulos tuvieran una precisi\u00f3n de la que carec\u00edan los dem\u00e1s. Por eso le ped\u00ed que me diera sus obras, cosa que hizo. En cuanto domin\u00e9 su notaci\u00f3n, vi que \u00e9sta ampliaba hacia atr\u00e1s la regi\u00f3n de la precisi\u00f3n matem\u00e1tica, hacia zonas que siempre hab\u00edan sido dominio de la vaguedad filos\u00f3fica. Bas\u00e1ndome en Peano invent\u00e9 una notaci\u00f3n para las relaciones. Por suerte, Whitehead estuvo de acuerdo en cuanto a la importancia del m\u00e9todo, y en poqu\u00edsimo tiempo resolvimos juntos cuestiones como las definiciones de series, cardinales y ordinales, y la reducci\u00f3n de la aritm\u00e9tica a la l\u00f3gica.\u00bb<\/p>\n<p>La \u00faltima frase <em>\u2013<\/em>\u00abreducci\u00f3n de la aritm\u00e9tica a la l\u00f3gica\u00bb<em>\u2013<\/em>\u00a0es expresi\u00f3n del \u00ablogicismo\u00bb de Russell. Contando, con el supuesto, ya cl\u00e1sico, de que toda la matem\u00e1tica se funda en la aritm\u00e9tica, la reducci\u00f3n de \u00e9sta a la l\u00f3gica representaba uno de los logros sint\u00e9ticos m\u00e1s considerables en una cultura como la contempor\u00e1nea, inveteradamente preocupada por su fragmentaci\u00f3n en especializaciones.<\/p>\n<p>La tesis logicista de los <i>Principia <\/i>no es compartida por todos los matem\u00e1ticos. Pero hasta hoy no se ha descubierto que sea inconsistente ninguna construcci\u00f3n o demostraci\u00f3n de los <i>Principia.<\/i><\/p>\n<p>En filosof\u00eda general y, sobre todo, en filosof\u00eda del conocimiento, el pensamiento de Russell ha experimentado considerables cambios a lo largo de su fecundo desarrollo. Punto de partida ha sido siempre el hecho del conocimiento, una actitud que discrepa de la kantiana tanto cuanto coincide con ella en situar como primer problema de la filosof\u00eda la explicaci\u00f3n de ese hecho. Russell ha buscado dicha explicaci\u00f3n primero por una v\u00eda plat\u00f3nica <em>\u2013<\/em>la presencia en el hombre de una capacidad de captar intelectualmente las esencias; sobre todo las relaciones<em>\u2013<\/em>, y luego a trav\u00e9s de datos biol\u00f3gicos <em>\u2013<\/em>la adecuaci\u00f3n de la especie para conocer<em>\u2013<\/em>\u00a0a los que a veces se suman, t\u00edmidamente, otros datos culturales. Los temas fundamentales de estos trabajos de Russell son el problema de la inducci\u00f3n y el de la significaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En filosof\u00eda social y moral, Russell opera con un empirismo generalmente muy pragm\u00e1tico, ajeno a teor\u00edas generales, de las que desconf\u00eda por ver en ellas el peligro del dogmatismo por la ausencia en este campo de argumentaci\u00f3n emp\u00edrica o formal tan concluyente como en el \u00e1mbito de la ciencia de la naturaleza. El tema de la familia es probablemente aquel en el cual el fil\u00f3sofo resulta m\u00e1s categ\u00f3rico: Russell ve en la estructura tradicional de la familia y en su inadecuaci\u00f3n a la sociedad moderna una fuente de represi\u00f3n, injusticia y falseamiento de la vida moral.<\/p>\n<p><i>Obras<\/i><i> <\/i><i>principales: The<\/i><i> <\/i><i>Principies of M<\/i><i>athematics <\/i>(traducci\u00f3n esp., <i>Los<\/i><i> <\/i><i>principios<\/i><i> <\/i><i>de la<\/i><i> <\/i><i>matem\u00e1tica), <\/i>1903, <i>Principia<\/i><i> <\/i><i>Mathematica,<\/i><i> <\/i>1910-1913; <i>Philosophical<\/i><i> <\/i><i>Essays, <\/i>1910; <i>The Problems of<\/i><i> <\/i><i>Philosophy<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>Los<\/i><i> <\/i><i>problemas de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>filosof\u00eda),<\/i><i> <\/i>1912; <i>Our Knowledge of<\/i><i> <\/i><i>the External World<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>Nuestro conocimiento del mundo externo), <\/i>1914; <i>Principles of<\/i><i> <\/i><i>Social<\/i><i> <\/i><i>Reconstruction <\/i>(trad.esp., <i>Principios<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>reconstrucci\u00f3n social),<\/i><i> <\/i>1916; <i>Road<\/i><i> <\/i><i>to<\/i><i> <\/i><i>Freedom<\/i><i>:<\/i><i> <\/i><i>Socialism,<\/i><i> <\/i><i>Anarchism<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>Syndicalism<\/i><i> <\/i>(El camino de la libertad: socialismo, anarquismo y sindicalismo), 1918; <i>Mysticism<\/i><i>. <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>logic<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>other<\/i><i> <\/i><i>Essays<\/i><i> <\/i>(trad. espa\u00f1ola, <i>Misticismo<\/i><i> <\/i><i>y l\u00f3gica<\/i><i> <\/i><i>y otros ensayos),<\/i><i> <\/i>1918; <i>Introduction. to<\/i><i> <\/i><i>mathematical<\/i><i> <\/i><i>Philosophy<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>Introducci\u00f3n a<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>filosof\u00eda<\/i><i> <\/i><i>matem\u00e1tica),<\/i><i> <\/i>1919; <i>The<\/i><i> <\/i><i>Analysis<\/i><i> <\/i><i>of<\/i><i> <\/i><i>Mind <\/i>(traducci\u00f3n esp., <i>An\u00e1lisis<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>Mente), <\/i>1921; <i>An<\/i><i> <\/i><i>O<\/i><i>utline of<\/i><i> <\/i><i>Philosophy<\/i><i> <\/i>(trad. catalana, <i>Iniciaci\u00f3<\/i><i> <\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>filosof\u00eda), <\/i>1927; <i>Sceptical<\/i><i> <\/i><i>Essays<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>Ensayos de un esc\u00e9ptico), <\/i>1928; <i>The<\/i><i> <\/i><i>scientific Outlook<\/i><i> <\/i>(traducci\u00f3n esp., <i>Panorama<\/i><i> <\/i><i>cient\u00edfico), <\/i>1931; <i>Freedom<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>Organization,<\/i><i> <\/i><i>1814- 1914<\/i><i> <\/i>(traducci\u00f3n esp., <i>Libe<\/i><i>r<\/i><i>tad<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>o<\/i><i>rganizaci\u00f3n),<\/i><i> <\/i>1934; <i>Power<\/i><i>: <\/i><i>A new social<\/i><i> <\/i><i>Analysis<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>El<\/i><i> <\/i><i>poder en los hombres<\/i><i> <\/i><i>y en los<\/i><i> <\/i><i>pueblos),<\/i><i> <\/i>1938; <i>An Inquiry into Meaning and<\/i><i> <\/i><i>Truth<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>Investigaci\u00f3n<\/i><i> <\/i><i>sobre e<\/i><i>l <\/i><i>significado<\/i><i> <\/i><i>y la<\/i><i> <\/i><i>verdacl), <\/i>1940; <i>Human<\/i><i> <\/i><i>Knowledge<\/i><i>:<\/i><i> <\/i><i>Its<\/i><i> <\/i><i>Scope<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>Limits<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>El<\/i><i> <\/i><i>conocimiento<\/i><i> <\/i><i>humano.<\/i><i> <\/i><i>Su<\/i><i> <\/i><i>alcance<\/i><i> <\/i><i>y sus<\/i><i> <\/i><i>limitaciones),<\/i><i> <\/i>1948; <i>Autorithy<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>the<\/i><i> <\/i><i>Individual, <\/i>(traducci\u00f3n esp., <i>Autoridad<\/i><i> <\/i><i>e individuo),<\/i><i> <\/i>1949; <i>Unpopular Essays<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>Ensayos<\/i><i> <\/i><i>impopulares), <\/i>1950; <i>The<\/i><i> <\/i><i>Impact<\/i><i> <\/i><i>of<\/i><i> <\/i><i>Science<\/i><i> <\/i><i>in<\/i><i> <\/i><i>Society<\/i><i> <\/i>(trad. esp., <i>El<\/i><i> <\/i><i>impact<\/i><i>o<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la ciencia en la sociedad), <\/i>1951; <i>New<\/i><i> <\/i><i>Hopes<\/i><i> <\/i><i>far a<\/i><i> <\/i><i>Changing World<\/i><i> <\/i>(trad. esp. <i>Nuevas<\/i><i> <\/i><i>esperanzas<\/i><i> <\/i><i>para<\/i><i> <\/i><i>un<\/i><i> <\/i><i>mundo<\/i><i> <\/i><i>en transformaci\u00f3n),<\/i><i> <\/i>1952; <i>Human Society<\/i><i> <\/i><i>in Ethics<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>Politics<\/i><i> <\/i>(La sociedad humana en la \u00e9tica y la pol\u00edtica), 1955; <i>Portraits<\/i><i> <\/i><i>from Memory<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>other<\/i><i> <\/i><i>Essays<\/i><i> <\/i>(trad. esp. <i>Retratos<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>memoria<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>otros<\/i><i> <\/i><i>ensayos)<\/i><i> <\/i>1956; <i>Logic<\/i><i> <\/i><i>and Knowledge.<\/i><i> <\/i><i>Essays, <\/i>1901-1950 (trad. esp., <i>L\u00f3gica<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>conocimiento), <\/i>1957; <i>Why I am not a Christian<\/i> (trad. Espa\u00f1ola, <i>Por qu\u00e9 no soy cristiano<\/i>), 1957; <i>The Will to Doutb<\/i> (<i>La voluntad de dudar<\/i>), 1958; <i>Common Sense and Nuclear Warfare<\/i> (trad. espa\u00f1ola: <i>La guerra nuclear ante el sentido com\u00fan<\/i>), 1959; <i>My Philosophical Development<\/i> (trad espa\u00f1ola, <i>La evoluci\u00f3n de mi pensamiento filos\u00f3fico<\/i>), 19569; <i>Fact and Fiction<\/i> (Hecho y ficci\u00f3n), 1962.<\/p>\n<p align=\"right\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"6\"><\/a> <b>5. La filosof\u00eda anal\u00edtica, una \u00abfilosof\u00eda del lenguaje\u00bb.<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Del apartado 14 de \u00abCorrientes principales del pensamiento filos\u00f3fico\u00bb, septiembre 1968. Separata de la Enciclopedia Labor, Vol. X. \u00abAvances del saber\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>La filosof\u00eda anal\u00edtica presenta hoy, en efecto, como predominante, un tipo de an\u00e1lisis que no se propone asentar con sus resultados tesis filos\u00f3ficas globales <em>\u2013<\/em>como se lo propon\u00eda el neopositivismo en sentido estricto<em>\u2013<\/em>, sino m\u00e1s bien aclarar el sentido y los presupuestos de las maneras de decir, de los usos del lenguaje. No, por ejemplo, \u00absuperar la metaf\u00edsica mediante el an\u00e1lisis l\u00f3gico del lenguaje\u00bb, como en 1932 se propuso Carnap en un art\u00edculo c\u00e9lebre, sino m\u00e1s bien precisar qu\u00e9 es lo dicho y lo presupuesto en cada caso, sin afirmar qu\u00e9 la misi\u00f3n del an\u00e1lisis filos\u00f3fico consista en refutar o reducir lo dicho en el uso com\u00fan.<\/p>\n<p>As\u00ed se comprende que el rasgo m\u00e1s general de la filosof\u00eda anal\u00edtica <em>\u2013<\/em>que sin duda debe mucho a las aportaciones neopositivistas, incluso a las m\u00e1s ingenuas y dogm\u00e1ticas de los a\u00f1os veinte<em>\u2013<\/em>\u00a0consiste en ser una filosof\u00eda ling\u00fc\u00edstica o, como suele decirse con m\u00e1s riesgo de equ\u00edvoco, una <i>filosof\u00eda<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>lenguaje, <\/i>no en el sentido de un conjunto de hip\u00f3tesis transemp\u00edricas acerca de \u00e9ste, sino en el del an\u00e1lisis del mismo en sus usos concretos de inter\u00e9s filos\u00f3fico. En esta nueva filosof\u00eda anal\u00edtica del lenguaje predominan dos tendencias, que no pueden definirse como neopositivista la una y ajena al neopositivismo la otra; pues aunque la mayor\u00eda de los autores de procedencia neopositivista tienden a cultivar la primera, ello se debe m\u00e1s a su corriente confianza en las t\u00e9cnicas l\u00f3gicas que a su orientaci\u00f3n filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>La primera de las dos tendencias aludidas se caracteriza por basarse en la l\u00f3gica moderna (l\u00f3gica simb\u00f3lica) para el an\u00e1lisis de los usos ling\u00fc\u00edsticos, las significaciones, etc. Partiendo del supuesto seg\u00fan el cual los lenguajes comunes son instrumentos imperfectos para la expresi\u00f3n de significaciones cognoscitivas (aunque sean eficaces para las necesidades de la expresividad cotidiana), este an\u00e1lisis los proyecta sobre lenguajes \u00abartificiales\u00bb perfeccionados, construidos con el instrumental l\u00f3gico y que deben en principio recoger las estructuras cognoscitivamente significativas de los lenguajes comunes. Por eso se ha dicho que esta filosof\u00eda del lenguaje es una \u00abfilosof\u00eda de la reconstrucci\u00f3n racional\u00bb del mismo. La sem\u00e1ntica general de Carnap, antes aludida, es un ejemplo t\u00edpico de este trabajo anal\u00edtico. Pero en la misma tendencia hay que situar a autores muy escasamente positivistas o nada positivistas en absoluto, como A. Church, G. H. von Wright o J.<i> <\/i>H. Woodger. Bertrand Russell, aunque no puede clasificarse, ni siquiera laxamente, en ning\u00fan grupo de fil\u00f3sofos contempor\u00e1neos, ha contribuido sin embargo poderosamente al desarrollo de este tipo de an\u00e1lisis filos\u00f3fico, tanto por sus decisivas aportaciones a la l\u00f3gica, cuanto por sus numerosas y cl\u00e1sicas \u00abreconstrucciones racionales\u00bb de los conceptos del lenguaje com\u00fan m\u00e1s importantes para la teor\u00eda del conocimiento.<\/p>\n<p>Pero el propio Russell, igual que G. E. Moore y que Wittgenstein en su segunda \u00e9poca, ha contribuido tambi\u00e9n al nacimiento de la otra tendencia filos\u00f3fico-anal\u00edtica aludida. Es \u00e9sta una \u00abfilosof\u00eda del lenguaje com\u00fan\u00bb que rechaza el principio met\u00f3dico de utilizar como prototipos los lenguajes perfeccionados de la l\u00f3gica, porque no considera obvio, ni acaso razonable, que la filosof\u00eda haya de ponerse como objetivo la construcci\u00f3n de sistemas cient\u00edficos. Las filosof\u00edas anal\u00edticas del lenguaje com\u00fan son, por el contrario, muy sensibles a la pobreza expresiva con la cual los lenguajes exactos de la l\u00f3gica pagan su exactitud. Su principal inter\u00e9s se dirige as\u00ed a los usos ordinarios del lenguaje: en ellos habr\u00eda que sorprender, seg\u00fan estas filosof\u00edas, las ra\u00edces de numerosas ilusiones filos\u00f3ficas, curar de las cuales es una tarea casi terap\u00e9utica del an\u00e1lisis filos\u00f3fico. Esta tendencia se aprecia en la ense\u00f1anza tard\u00eda de Wittgenstein. Otros autores importantes de esta tendencia son A. Flew, G. Ryle, P. F. Strawson, M. Black; A. J. Ayer participa de motivaciones de una y otra rama del an\u00e1lisis filos\u00f3fico ling\u00fc\u00edstico.<\/p>\n<p align=\"right\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n<h3><a name=\"5\"><\/a> <b>6. Russell y el socialismo<\/b><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Su aproximaci\u00f3n m\u00e1s extensa al fil\u00f3sofo brit\u00e1nico, \u00abRussell y el socialismo\u00bb, toma pie en una conferencia dictada en Bilbao, Facultad de Ciencias Econ\u00f3micas, el 12 de febrero de 1970, diez d\u00edas despu\u00e9s del fallecimiento de Russell.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\">Se public\u00f3 como ep\u00edlogo a la traducci\u00f3n castellana del ensayo biogr\u00e1fico de A. J. Ayer, <i>Russell<\/i>, publicado por Grijalbo en 1973 (Ahora en <i>Sobre Marx y marxismo,<\/i> pp. 191-228).<\/span><\/p>\n<p>Al menos veintitr\u00e9s libros y dos art\u00edculos extensos de Bertrand Russell interesan directamente para estudiar el tema. Lo principal de esa abundante producci\u00f3n est\u00e1 escrito entre 1896 (<i>German<\/i><i> <\/i><i>Social<\/i><i> <\/i><i>Democracy<\/i>)<i> <\/i>y 1951 (<i>The <\/i><i>lmpact of Science on Society<\/i>)<i>. <\/i>Pero la mayor dificultad con que se enfrenta cualquier exposici\u00f3n breve del tema no est\u00e1 determinada por la cantidad de esa producci\u00f3n, sino por su naturaleza. Se trata de centenares de p\u00e1ginas profusamente escritas sin preocupaci\u00f3n cient\u00edfica. \u00abPor lo que hace a los <i>Principios <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>reconstrucci\u00f3n<\/i><i> <\/i><i>social<\/i><i> <em>\u2013<\/em><\/i>ha escrito Russell en el \u00faltimo per\u00edodo de su vida<em>\u2013<\/em>\u00a0y, en cierta medida, tambi\u00e9n a mis otros libros populares, los lectores filos\u00f3ficos, sabiendo que se me cataloga como \u201cfil\u00f3sofo\u201d, pueden extraviarse f\u00e1cilmente. No he escrito los <i>Principios <\/i><i>de <\/i><i>reconstrucci\u00f3n social <\/i>en mi calidad de \u201cfil\u00f3sofo\u201d; los he escrito como un ser humano que sufre por el estado del mundo y siente el deseo de hablar con palabras sencillas a otros que experimentan sentimientos an\u00e1logos. Si nunca hubiera escrito libros t\u00e9cnicos, esto estar\u00eda claro para todo el mundo; y para entender ese libro hay que olvidar mis actividades t\u00e9cnicas\u00bb<sup>1<\/sup>. Lo que ah\u00ed dice Russell a prop\u00f3sito de uno de sus libros m\u00e1s extensos de tema pol\u00edtico-social se puede aplicar a toda su obra en este campo. Eso implica una escisi\u00f3n importante en su trabajo intelectual (pues no es indiferente que un escritor de \u00ablibros t\u00e9cnicos\u00bb reserve la exactitud de pensamiento para cuestiones formales y prescinda de ella cuando se trata de la sociedad), y explica parcialmente las muchas trivialidades y los no escasos descuidos discursivos que muchas veces se han se\u00f1alado en los escritos pol\u00edtico-sociales de Russell. Sidney Hook ha escrito que parece \u00abcomo si sus escritos de historia le hubieran costado [a Russell] menos esfuerzo intelectual que sus dem\u00e1s obras\u00bb<sup>2<\/sup> y esa frase no es sino amable insinuaci\u00f3n de una evidencia. Desde la explicaci\u00f3n de la existencia de los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica por el hecho de que Enrique VIII se enamorara de Ana Bolena<sup>3<\/sup> hasta descuidos de formulaci\u00f3n curiosos en un gran l\u00f3gico y analista<sup>4<\/sup>, los escritos sociales de Russell evidencian suficientemente que han costado a su autor \u00abmenos esfuerzo intelectual que sus dem\u00e1s obras\u00bb.<\/p>\n<p>Lo notable es que Russell no carec\u00eda de instrumentos adecuados para trabajar con exigencia en el campo de la filosof\u00eda social. Sin duda estaba influido por el error neopositivista de confundir la noci\u00f3n de pensamiento cient\u00edfico, o incluso racional, con la de pensamiento teorizable en sentido fuerte, esto es, formalizable. Pero tambi\u00e9n manejaba, aunque con grados varios de explicitaci\u00f3n, un concepto interiormente diferenciado o articulado de filosof\u00eda que le habr\u00eda permitido trabajar seriamente los temas filos\u00f3fico-sociales, porque le habr\u00eda evitado el eclecticismo o incluso escepticismo que produce en el terreno social aquella identificaci\u00f3n formalista, a causa del car\u00e1cter no demostrativo de la programaci\u00f3n pol\u00edtica. Werner Bloch<sup>5<\/sup>\u00a0apunta \u00fatilmente a esa noci\u00f3n de filosof\u00eda a prop\u00f3sito de la comparaci\u00f3n russelliana de Spinoza con Leibniz. Esa comparaci\u00f3n muestra la percepci\u00f3n por Russell de una componente \u00e9tica (por lo tanto pol\u00edtica) en la actividad filos\u00f3fica, y ello podr\u00eda haberle suministrado uno de los instrumentos imprescindibles para comprender en qu\u00e9 consiste lo cient\u00edfico en materia de filosof\u00eda social: en la claridad de la consciencia pol\u00edtica. Russell ha llegado a escribir una descripci\u00f3n de la tarea filos\u00f3fica que responde a su manera a las necesidades de un<b> <\/b>trabajo serio en el campo social. Atenerse a esa descripci\u00f3n le habr\u00eda podido evitar la disculpa de <i>Reply to Criticisms:<\/i><i> <\/i>\u00abEnse\u00f1ar c\u00f3mo se puede vivir sin la certeza y sin estar, por ello, paralizado por la duda es quiz\u00e1 lo m\u00e1s importante que la filosof\u00eda, en nuestra \u00e9poca, puede todav\u00eda hacer para aquellos que la estudian\u00bb<sup>6<\/sup>. Si se prescinde del tono eleg\u00edaco <em>\u2013<\/em>cuya naturaleza de clase, y hasta de grupo, no ser\u00e1 dif\u00edcil descubrir<em>\u2013<\/em>, el programa metodol\u00f3gico est\u00e1 en esas palabras lo suficientemente esbozado como para que sorprenda el que Russell no haya intentado realizarlo con un \u00abesfuerzo intelectual\u00bb parecido, al menos, al que dedic\u00f3 al <i>En<\/i><i>quiry into Meaning and Truth, <\/i>por ejemplo, por no hablar ya de <i>Principia<\/i><i> <\/i><i>Mathematica.<\/i><\/p>\n<p>El car\u00e1cter divulgador y divagador de los escritos pol\u00edtico-sociales de Russell explica en parte el que a menudo los lectores (m\u00e1s o menos decepcionados) zanjen el problema del pensamiento del fil\u00f3sofo sobre esas cuestiones remiti\u00e9ndose simplemente a sus tendencias pol\u00edticas.<\/p>\n<p><b>Las tendencias pol\u00edticas de Russell<\/b><\/p>\n<p>Lo m\u00e1s frecuente es limitarse a caracterizarlas como liberalismo e individualismo. Pero, aparte de que \u00e9sa es una descripci\u00f3n vaga, ocurre que incluso para dar una imagen superficialmente adecuada habr\u00eda que a\u00f1adirle dos conceptos m\u00e1s, que aparecen en los escritos de Russell con la misma frecuencia y en los mismos contextos que los de libertad e individualismo: los conceptos de organizaci\u00f3n (o coherencia social) y progreso. Estos conceptos, por otra parte, act\u00faan como limitadores de los otros dos, que se enuncian, en realidad, siempre con una acentuaci\u00f3n moderantista. As\u00ed,<b> <\/b>por ejemplo, en <i>Autoridad e individuo: <\/i>\u00abEl problema fundamental que me propongo tratar en este ensayo es el siguiente: \u00bfc\u00f3mo podemos combinar el grado de iniciativa individual necesario para el progreso con el grado de coherencia social indispensable para sobrevivir?\u00bb<sup>7<\/sup>. (Pero a veces la moderaci\u00f3n de las nociones liberales y progresistas tiene un sentido socialista m\u00e1s o menos preciso.)<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s inexacto <em>\u2013<\/em>aunque tenga su parcial fundamento<em>\u2013<\/em>\u00a0es atribuir anarquismo a Russell. Las restricciones al despliegue del principio del individualismo y el mismo planteamiento adjetivo del tema de la libertad no obedecen s\u00f3lo a la despierta sensibilidad de Russell para con los aspectos biol\u00f3gicos, humano-zool\u00f3gicos de la vida social <em>\u2013<\/em>sensibilidad que le obliga a tener en cuenta cuestiones como las de la coherencia y la supervivencia de la especie, tan frecuentemente ignoradas por el pensamiento subjetivamente revolucionario en sus variedades no-cient\u00edfica<sup>8<\/sup><em>\u2013<\/em>, sino que arraigan tambi\u00e9n en t\u00edpicos prejuicios conservadores, principalmente en la idea de la eternidad del estado o poder pol\u00edtico. Russell considera imperecedero el estado, sin conocer siquiera la distinci\u00f3n marxiana entre poder pol\u00edtico y administraci\u00f3n productiva: \u00abCreo que las finalidades <i>primordiales <\/i>del gobierno han de ser tres: seguridad, justicia y conservaci\u00f3n. Estos objetivos tienen la m\u00e1xima importancia para la felicidad humana y s\u00f3lo se pueden conseguir por medio de la actuaci\u00f3n del estado.\u00bb<sup>9<\/sup><\/p>\n<p>No es posible ver opiniones propiamente anarquistas en un hombre que profesaba esa creencia. Lo m\u00e1s propio <em>\u2013<\/em>anticipando la atenci\u00f3n que habr\u00e1 que prestar a sus declaraciones socialistas<em>\u2013<\/em>\u00a0es probablemente atribuirle un liberal-socialismo progresista, contradictorio a veces con su frecuente pesimismo hist\u00f3rico. El esquema de preferencias pol\u00edticas dado por Russell en los <i>Principios <em>\u2013<\/em><\/i>democracia federal industrial y \u00absocialismo\u00bb guildista o gremial<em>\u2013<\/em>\u00a0es la formulaci\u00f3n m\u00e1s completa de esa posici\u00f3n pol\u00edtica: \u00abBajo la influencia del socialismo, el pensamiento m\u00e1s liberal en los \u00faltimos a\u00f1os ha estado en favor del crecimiento del poder del estado, pero [ha sido] m\u00e1s o menos hostil al poder de la propiedad privada. Por otra parte, el sindicalismo ha sido tan hostil al estado como a la propiedad privada. Yo creo que el sindicalismo tiene m\u00e1s raz\u00f3n que el socialismo en este respecto, pues tanto la propiedad privada como el estado, que son las dos instituciones m\u00e1s poderosas del mundo moderno, se han hecho perjudiciales para la vida por los excesos de poder [&#8230;]\u00bb<sup>10<\/sup>. Se trata aqu\u00ed de liberalismo con su punta guildista, que en un ambiente como el ingl\u00e9s pod\u00eda sonar a socialismo. Las declaraciones socialistas de principio abundan en la obra de Russell, y predominan en conjunto sobre las de otro tipo. Pero siempre quedan limitadas en su sentido pol\u00edtico concreto por un moderantismo que a lo sumo permite atribuir al fil\u00f3sofo lo que antes se ha llamado \u00abliberal-socialismo\u00bb. Y sin duda tiene Russell menor percepci\u00f3n de la realidad econ\u00f3mico-social que la evidenciada por los principales economistas o pol\u00edticos burgueses de la \u00e9poca. Esa escasa penetraci\u00f3n es por otra parte <em>\u2013<\/em>y entre otras cosas<em>\u2013<\/em>\u00a0subproducto de la buena voluntad de no aceptar la realidad capitalista dada, ni menos hacer su apolog\u00eda (aunque Russell llegar\u00eda a hacerla en alg\u00fan momento). Pero, la buena voluntad no da de s\u00ed para Russell, en materia de propuestas pol\u00edticas, m\u00e1s que un tibio proyecto de \u00abtercera soluci\u00f3n\u00bb de sorprendente debilidad intelectual, por su vaguedad y por su car\u00e1cter ut\u00f3pico, que ignora enteramente la cuesti\u00f3n del<b> <\/b>contenido social del poder: \u00abAl juzgar un<b> <\/b>sistema industrial, ya sea \u00e9ste en que vivimos, ya otro que propongan los reformadores, hay cuatro apreciaciones que hacer. Hemos de considerar si el sistema asegura: 1) el m\u00e1ximo de producci\u00f3n; o, 2) justicia en la distribuci\u00f3n; o, 3) una existencia tolerable para los productores; o, 4) los mayores est\u00edmulos y libertad posibles para la vitalidad y el progreso [&#8230;] Yo creo que el cuarto es el m\u00e1s importante de los objetivos a que se debe aspirar, que el sistema presente le es fatal y que el socialismo ortodoxo puede serle fatal tambi\u00e9n\u00bb<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Puestos a atribuir a Russell precisas opiniones pol\u00edticas, lo m\u00e1s justificado ser\u00eda imputarle ese intento liberal-socialista de tercera v\u00eda. Pero la vaguedad de la tendencia y, sobre todo, de las soluciones <em>\u2013<\/em>que en la realidad de la lucha de clases resultan forzosamente ut\u00f3picas, y grotescamente ut\u00f3picas, dada su modestia reformista<em>\u2013<\/em>, as\u00ed como el practicismo o empirismo, nada cient\u00edfico, de la posici\u00f3n de m\u00e9todo implicada por ese tipo de concepci\u00f3n vaga, ocasionan grandes oscilaciones de las opiniones pol\u00edticas de Russell. Tras hacer crisis su inicial confianza en la consolidaci\u00f3n del progreso burgu\u00e9s ochocentista, Russell ha vivido, hasta 1920 m\u00e1s o menos, una fase de creciente atenci\u00f3n y simpat\u00eda al movimiento obrero y al socialismo. Esa tendencia se aprecia incluso en el tibio marco liberal-reformista de los <i>Principios <\/i>(1916): \u00abCuando la guerra termine, es seguro que la clase trabajadora descontenta prevalecer\u00e1 en toda Europa y constituir\u00e1 una fuerza pol\u00edtica por medio de la cual se efectuar\u00e1 una grande y definitiva reconstrucci\u00f3n\u00bb<sup>12<\/sup>. Los adjetivos sugieren que esa predicci\u00f3n es tambi\u00e9n valoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La decepci\u00f3n que produce a Russell el viaje a la URSS <em>\u2013<\/em>reflejada en el libro que recoge su experiencia, <i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo<\/i><i> <\/i>(1920)<em>\u2013<\/em>\u00a0era seguramente inevitable, dado el moderantismo de su esquema pol\u00edtico (la URSS de la guerra civil no pod\u00eda satisfacer inmediatamente ninguno de sus cuatro criterios de estimaci\u00f3n de los sistemas sociales) y dada la posici\u00f3n de clase y de grupo del fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>Durante la crisis econ\u00f3mica Russell se dedica a cuestiones de moral social. Puede sorprender que un hombre tan sensible como \u00e9l a los acontecimientos y tan firmemente decidido a no dejarse apresar por los prejuicios diera en esta huida del problema social del momento. Es posible que la naturaleza agresivamente econ\u00f3mica de la crisis de finales de los a\u00f1os veinte y principios de los treinta le molestara mucho intelectualmente, hasta el punto de imponerle una reacci\u00f3n de huida: pues el modo russelliano de entender lo econ\u00f3mico <em>\u2013<\/em>como mera motivaci\u00f3n subjetiva consciente, en una hip\u00f3stasis psicologista del marshallismo<em>\u2013<\/em>\u00a0le dificultaba una contemplaci\u00f3n cara a cara de los fen\u00f3menos cr\u00edticos de aquellos a\u00f1os. t<\/p>\n<p>Superada la fase m\u00e1s aguda de la crisis mundial, la producci\u00f3n pol\u00edtica de Russell entra en un per\u00edodo de intensa pol\u00e9mica anticomunista vulgar, aunque con ocasionales afirmaciones de socialismo incluso en este per\u00edodo. La vulgaridad llega a extremos gratuitos inveros\u00edmiles en Russell. En <i>Elogio de la ociosidad <\/i>(1935) escribe, por ejemplo: \u00abEn tiempos de hambre no hab\u00eda sobrante; los guerreros y los sacerdotes, sin embargo, se aseguraban, de todas formas, tanto como en otros tiempos, de modo que muchos de los trabajadores se mor\u00edan de hambre\u00bb. A\u00f1ade en nota: \u00abDesde entonces, los miembros del partido comunista han heredado este privilegio de los guerreros y sacerdotes\u00bb<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<p>En la Segunda Guerra Mundial hicieron crisis algunas actitudes pol\u00edticas de Russell, se\u00f1aladamente el<i> <\/i>pacifismo de tipo tradicional, ajeno a consideraciones de clase. \u00c9l mismo lo tuvo que reconocer con cierto dramatismo durante su per\u00edodo norteamericano. Por eso es sorprendente que la crisis de esas actitudes no repercutiera en una reconsideraci\u00f3n de sus puntos de vista pol\u00edticos. El cambio <em>\u2013<\/em>que se producir\u00eda<em>\u2013<\/em>\u00a0tardar\u00eda algo m\u00e1s en llegar. Por el momento la postguerra ve una exacerbaci\u00f3n del anticomunismo de Russell hasta formas caracte\u00edsticas de la propaganda del imperialismo durante la guerra fr\u00eda. Ni siquiera falta la identificaci\u00f3n del sistema sovi\u00e9tico con el nazi: \u00abPor alguna raz\u00f3n que he sido incapaz de comprender, a muchas personas les gusta este sistema cuando es ruso, pero les disgustaba, con ser el mismo, cuando era germ\u00e1nico\u00bb<sup>14<\/sup>. M\u00e1s lamentable a\u00fan es que tampoco falte, aunque sea ocasionalmente, la apolog\u00eda del capitalismo, mediante sofismas supuestamente cr\u00edticos (\u00abMuchos socialistas querr\u00edan a\u00f1adir al poder pol\u00edtico el poder econ\u00f3mico a lo que en una democracia requiere distribuci\u00f3n igualitaria. Pero podemos prescindir de estas cuestiones verbales\u00bb<sup>15<\/sup>) o mediante falsedad brutal (\u00abLa distribuci\u00f3n equitativa de la soberan\u00eda, tanto econ\u00f3mica como pol\u00edtica, ha sido casi lograda en Inglaterra, y otros pa\u00edses democr\u00e1ticos avanzan r\u00e1pidamente hacia ella\u00bb<sup>16<\/sup>).<\/p>\n<p>En este per\u00edodo lleg\u00f3 Russell a considerar como mal menor un uso preventivo, o coactivo al menos, de la bomba at\u00f3mica por parte del imperialismo norteamericano contra la URSS, entonces a\u00fan desprovista del arma. No puede extra\u00f1ar demasiado que ante semejante desenfreno apolog\u00e9tico Luk\u00e1cs escribiera precipitadamente que \u00abpara pensadores como Russell la muerte de la humanidad es una perspectiva m\u00e1s soportable que la del triunfo del r\u00e9gimen socialista\u00bb<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Ese juicio era falso. Los posteriores a\u00f1os de Russell, hasta su muerte, indican que el mayor error pol\u00edtico de<b> <\/b>su vida <em>\u2013<\/em>aquella adopci\u00f3n de la drasticidad de la guerra fr\u00eda<em>\u2013<\/em>\u00a0obedeci\u00f3 a la misma causa que la posterior regeneraci\u00f3n de su pensamiento pol\u00edtico pr\u00e1ctico. Russell percib\u00eda con intensidad m\u00e1xima <em>\u2013<\/em>precisamente por su capacidad de ver a los hombres como especie zool\u00f3gica<em>\u2013<\/em>\u00a0el peligro del armamento at\u00f3mico. En un primer momento de ofuscaci\u00f3n pens\u00f3 que la \u00fanica salida era aceptar un solo se\u00f1or at\u00f3mico de todos los hombres <em>\u2013<\/em>se\u00f1or que no pod\u00eda ser sino el que entonces esgrim\u00eda monopol\u00edsticamente el arma<em>\u2013<\/em>, para evitar a tiempo la proliferaci\u00f3n del riesgo. (M\u00e1s tarde ha habido gobiernos con base econ\u00f3mica no capitalista y con voluntad expresa socialista que han adoptado actitudes semejantes, pero mucho menos justificables en su caso, a prop\u00f3sito del armamento at\u00f3mico de la Rep\u00fablica Popular China.) Una vez que la ruptura del monopolio at\u00f3mico del imperialismo norteamericano y la progresiva manifestaci\u00f3n de la involuci\u00f3n capitalista hacia neofascismos econ\u00f3mico-militares en las principales metr\u00f3polis imperialistas abrieron la mirada de Russell hacia los verdaderos problemas pendientes, la misma sensibilidad \u00abzool\u00f3gica\u00bb al peligro at\u00f3mico determin\u00f3 la actitud pol\u00edtica antiimperialista que le lanz\u00f3 de nuevo a la calle en su vejez y determinar\u00e1 para el recuerdo hist\u00f3rico su amable figura luchadora. Dicho sea de paso, la peripecia pol\u00edtica de Russell es una buena ilustraci\u00f3n de que la raz\u00f3n, el buen sentido, es hist\u00f3ricamente socialista, incluso cuando no tiene mucha profundidad: la raz\u00f3n elemental, primitiva, que impone preservar la supervivencia de la especie puede, en una circunstancia excepcional (1945-1950), caer en soluciones no menos elementales. Pero si la historia no se detiene, hasta la racionalidad elemental acaba por ser antiimperialista, y socialista por implicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Russell mismo parece haber sabido que lo mejor de su producci\u00f3n pol\u00edtico-social era la acci\u00f3n que emprendi\u00f3 contra la guerra imperialista en sus \u00faltimos a\u00f1os, particularmente contra los cr\u00edmenes de guerra (la guerra criminal, dicho con m\u00e1s exactitud) del imperialismo en el Vietnam. Tal vez por eso tuvo inter\u00e9s en dedicar, en su autobiograf\u00eda intelectual, un cap\u00edtulo entero \u00aba lo que he intentado <i>hacer <\/i>a prop\u00f3sito de cuestiones sociales\u00bb<sup>18<\/sup>. Menos claro es lo que durante muchos a\u00f1os intent\u00f3 pensar a prop\u00f3sito de ellas.<\/p>\n<p><b>La l\u00ednea doctrinal del pensamiento social de Russell<\/b><\/p>\n<p>El motivo te\u00f3rico m\u00e1s permanente en el an\u00e1lisis pol\u00edtico-social de Russell es probablemente la noci\u00f3n de impulsos posesivos y creativos, motores por cuya acci\u00f3n se producir\u00eda la pr\u00e1ctica social. La noci\u00f3n aparece ya en los <i>Principios de Reconstrucci\u00f3n Social <\/i>(1916) y sigue teniendo importancia b\u00e1sica en <i>Autoridad e Individuo <\/i>(1949). En los <i>Principios&#8230; <\/i>presentaba (o postulaba) Russell \u00abuna filosof\u00eda de la pol\u00edtica basada en la creencia de que el impulso tiene m\u00e1s efecto que la intenci\u00f3n consciente para modelar la vida de los hombres. La mayor parte de los impulsos pueden ser divididos en dos grupos, el posesivo y el creativo, seg\u00fan que su prop\u00f3sito sea adquirir o conservar algo que no puede ser repartido, o traer al mundo alguna cosa de valor, tal como un conocimiento, una obra de arte, un bien, en el que no haya propiedad privada\u00bb<sup>19<\/sup>.<\/p>\n<p>Esa noci\u00f3n b\u00e1sica se complica a menudo con toda la psicolog\u00eda pol\u00edtica implicada en el planteamiento. As\u00ed, por ejemplo, en <i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo<\/i><i> <\/i>(1920), \u00abcuatro pasiones <em>\u2013<\/em>codicia, vanidad, rivalidad y amor al poder<em>\u2013<\/em>\u00a0son, despu\u00e9s de los instintos b\u00e1sicos, los principales motores de todo cuanto ocurre en pol\u00edtica\u00bb<sup>20<\/sup>. La mayor parte de las veces el desarrollo psicol\u00f3gico es trivial e impreciso, in\u00fatilmente \u00abverdadero\u00bb, como frecuentemente les ocurre a las consideraciones protocient\u00edficas que no llegan a instrumentarse anal\u00edticamente. La lista de pasiones dice una verdad trivial de la psicolog\u00eda individual de castas o grupos de pol\u00edticos, es poco fecunda incluso en cuanto verdadera y falsea la cuesti\u00f3n <em>\u2013<\/em>deja de ser verdadera<em>\u2013<\/em>\u00a0por callar la limitaci\u00f3n de su alcance a la simple psicolog\u00eda individual de la lucha de individuos por un poder cuyo contenido social ser\u00e1 esencialmente el mismo lo ejerzan unos u otros (dentro de la misma clase o grupo).<\/p>\n<p>En su libro (de tema sociol\u00f3gico) con m\u00e1s aspiraci\u00f3n cient\u00edfica, <i>Power:<\/i><i> <\/i><i>A<\/i><i> <\/i><i>new<\/i><i> <\/i><i>Social<\/i><i> <\/i><i>Analysis,<\/i><i> <\/i>Russell parece desprenderse de su psicologismo en materia de pensamiento pol\u00edtico: intenta, en efecto, hacerse con una abstracci\u00f3n b\u00e1sica definidora de un campo de investigaci\u00f3n. El concepto b\u00e1sico que elige es el de poder. \u00abEn el curso de este libro tendr\u00e9 ocasi\u00f3n de demostrar que el concepto fundamental de la ciencia social es el de poder, en el mismo sentido en que la energ\u00eda es el concepto fundamental de la f\u00edsica.\u00bb Una vez elegida esa abstracci\u00f3n b\u00e1sica <em>\u2013<\/em>con un fisicalismo muy 1938, pero muy poco Russell<em>\u2013<\/em>, el fil\u00f3sofo enuncia incluso un programa y apunta a un m\u00e9todo. El programa es una insistencia en la \u00abanalog\u00eda de la f\u00edsica: el poder, como la energ\u00eda, puede considerarse que pasa continuamente de una de sus formas a otra y debiera ser tarea de la ciencia social buscar las leyes de esa transformaci\u00f3n\u00bb. El \u00abm\u00e9todo\u00bb o modo de proceder se libera algo de la analog\u00eda fisicalista y es m\u00e1s gen\u00e9ricamente morfol\u00f3gico: \u00abLas leyes de la din\u00e1mica social <em>\u2013<\/em>puedo afirmarlo as\u00ed<em>\u2013<\/em>\u00a0\u00fanicamente pueden ser establecidas en t\u00e9rminos de poder en sus varias formas. Para descubrir esas leyes es necesario, en primer t\u00e9rmino, clasificar las formas del poder y luego pasar revista a algunos ejemplos hist\u00f3ricos importantes de los modos como las organizaciones y los individuos han adquirido el dominio de las vidas humanas\u00bb.<sup>21<\/sup><\/p>\n<p>La tendencia fundamental del proyecto cient\u00edfico de Russell es mecanicista y ahist\u00f3rica (la historia s\u00f3lo ejemplifica). Tiene, adem\u00e1s, un punto de partida formalista: se presenta como \u00abconcepto fundamental de la ciencia social\u00bb un concepto estrictamente pol\u00edtico, el de poder sociol\u00f3gicamente sin cualificar. Ese formalismo (como cualquier otro) hace de quien lo profesa un ecl\u00e9ctico en materia pol\u00edtica y social, pues una vez reducida la historia a un cat\u00e1logo de formas sincr\u00f3nicamente aducibles, no puede haber nada nuevo bajo el sol y todo es un eterno retorno de lo igual, del igual dominio de clase.<\/p>\n<p>La alusi\u00f3n de Russell a las \u00abvarias formas\u00bb de poder no implica, en efecto, m\u00e1s que lo que dice: se trata de meras formas. La investigaci\u00f3n se reduce a un entrecruzamiento de triviales clasificaciones descriptivas, sobre todo las tres tr\u00edadas siguientes: a)<i> <\/i>poder tradicional-poder desnudo-poder revolucionario; b)<i> <\/i>poder sacerdotal-poder mon\u00e1rquico-poder revolucionario; c) poder econ\u00f3mico-poder sobre la opini\u00f3n- poder ideol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Desde luego que un an\u00e1lisis descriptivo formal de esa naturaleza no es enteramente in\u00fatil (casi nunca lo son los tipos de an\u00e1lisis inventados, como \u00e9ste, por Arist\u00f3teles), pero se trata de una investigaci\u00f3n meramente preparatoria, completamente incapaz de \u00abfundar\u00bb, como quiere Russell, \u00abla ciencia social\u00bb. La elecci\u00f3n de una abstracci\u00f3n b\u00e1sica no es nunca en s\u00ed misma objetable. Pero hay que saber para qu\u00e9 sirve. Con esta del \u00abpoder\u00bb, como con el resultante an\u00e1lisis, de tradici\u00f3n aristot\u00e9lica, de las formas de gobierno, se pueden conseguir caracterizaciones micropol\u00edticas, descripciones de la particularidad formal de una situaci\u00f3n, que prescinden del contenido sociol\u00f3gico general (clasista) de los acontecimientos y son, por lo tanto y parad\u00f3jicamente, m\u00e1ximamente abstractas a la par que singulares (la \u00abambici\u00f3n\u00bb es la misma en C\u00e9sar que en Robespierre, y tan paso de \u00abpoder tradicional\u00bb a \u00abpoder desnudo\u00bb y \u00abrevolucionario\u00bb es el que media entre Moctezuma y Cort\u00e9s como el que va del zar al Soviet Supremo). El otro genio de la verbalizaci\u00f3n, el otro Arist\u00f3teles de la tradici\u00f3n filos\u00f3fica, o sea, Hegel, ha notado y bautizado esta paradoja: lo m\u00e1ximamente singular es lo menos concreto, lo m\u00e1ximamente abstracto, porque le falta \u00abel trabajo del concepto\u00bb. El pensamiento no parece haber avanzado mucho desde esa metaf\u00f3rica imposici\u00f3n de nombres hegeliana.<\/p>\n<p>Una vez adoptada para alguna investigaci\u00f3n sociol\u00f3gica la abstracci\u00f3n b\u00e1sica \u00abpoder\u00bb, ninguna de aquellas mec\u00e1nicas trivialidades de la analog\u00eda formal es falsa, y todas pueden tener alguna utilidad proped\u00e9utica. Lo formalista y criticable es su conversi\u00f3n en quintaesencia de la sabidur\u00eda social, como le ocurre a Russell. Vale la pena insistir en las ra\u00edces metodol\u00f3gicas del trabajo del fil\u00f3sofo en este campo, intentar hacerse con alguna explicaci\u00f3n instructiva de la pobreza de sus resultados.<\/p>\n<p>El punto de partida met\u00f3dico de Russell es un s\u00f3lido lugar com\u00fan imprescindible: evitar la falacia naturalista o racionalista, el paralogismo de falsa deducci\u00f3n, por el que fan\u00e1ticos y pensadores epistemol\u00f3gicamente ingenuos creen en la categ\u00f3rica deducibilidad de sus opiniones. Pero es bastante probable que en el esp\u00edritu de Russell la evitaci\u00f3n de la falacia naturalista casi inmediatamente en la negaci\u00f3n de todo tipo de argumentaci\u00f3n. Su modo de hablar, por ejemplo, en <i>Teor\u00eda y pr\u00e1ctica del bolchevismo <\/i>tiene una punta de vaguedad que da que pensar al respecto: \u00abes indeseable el intento de basar una teor\u00eda pol\u00edtica en una doctrina filos\u00f3fica\u00bb.<sup>22<\/sup> Lo indeseable es, propiamente, pretender que una teor\u00eda pol\u00edtica se deduce de una doctrina filos\u00f3fica o de una teor\u00eda cient\u00edfico natural. El uso de \u00abbasar\u00bb o \u00abfundar\u00bb por ese p\u00e1rrafo russelliano sugiere el vicio neopositivista antes aludido, formalismo no menos perjudicial en el m\u00e9todo que la falacia naturalista, a saber, la identificaci\u00f3n de todo arg\u00fcir, de todo \u00abbasar\u00bb con el deducir. Esto explicar\u00eda el que el m\u00e9todo constructivo de Russell en el campo social sea tan meramente emp\u00edrico y (como consecuencia) tan oscuramente ideol\u00f3gico. Por decirlo con la expresi\u00f3n epigram\u00e1tica de Sidney Hook: \u00abComo pide demasiado, se contenta con demasiado poco\u00bb<sup>23<\/sup>. La autolimitaci\u00f3n del m\u00e9todo podr\u00eda tambi\u00e9n explicar las frecuentes contradicciones incluso en conceptuaciones b\u00e1sicas, igualmente se\u00f1aladas por el citado cr\u00edtico<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>En sustancia da la impresi\u00f3n de que Russell, exclusivamente acostumbrado a la deductividad o teor\u00eda fuerte, o bien al an\u00e1lisis homogeneizador propio de la filosof\u00eda anal\u00edtica <em>\u2013<\/em>un an\u00e1lisis al que se podr\u00eda llamar \u00abhorizontal\u00bb, sin desniveles en el universo del discurso<em>\u2013<\/em>\u00a0no considera consecuentemente (pese a sus declaraciones) objeto de atenci\u00f3n racional lo que pasa entre la \u00abfilosof\u00eda\u00bb, como \u00e9l dice, y la pol\u00edtica, entre la ciencia y la pr\u00e1ctica social. Hay en su pensamiento una reducci\u00f3n neopositivista de racionalidad a deductividad, una separaci\u00f3n estricta de los varios planos reales aislados por abstracci\u00f3n. Esto pone a Russell muy lejos de su hostilizado marxismo, pues en la g\u00e9nesis de \u00e9ste hay que situar ante todo la reflexi\u00f3n sobre esos intermundia que unen y separan las ciencias unas con y de otras y todas ellas con y de la pr\u00e1ctica. Y no es de esperar que Russell, instalado en sus ant\u00edpodas, tenga muy buena comprensi\u00f3n del marxismo.<\/p>\n<p><b>Russell y el marxismo<\/b><\/p>\n<p>Mala comprensi\u00f3n de Marx hay ya incluso en las b\u00e1sicas nociones que Russell cree compartir con aqu\u00e9l. En <i>Libertad<\/i><i> <\/i><i>y organizaci\u00f3n, <\/i>por ejemplo, se lee: \u00abConcuerdo en lo principal con Marx acerca de que las causas econ\u00f3micas est\u00e1n en el fondo de la mayor\u00eda de los grandes movimientos de la historia, no s\u00f3lo de los movimientos pol\u00edticos, sino tambi\u00e9n de los que se producen en departamentos tales como la religi\u00f3n, el arte y la moral\u00bb<sup>25<\/sup>. Pero la \u00abbase\u00bb de Marx, lo \u00abecon\u00f3mico\u00bb de Marx es el sistema de las relaciones y condiciones (<i>Verh\u00e4ltnisse<\/i>)<i> <\/i>de producci\u00f3n. \u00abLo econ\u00f3mico\u00bb de Russell es, en cambio, una variedad del \u00abimpulso adquisitivo\u00bb individual. Se puede, pues, afirmar que la concordancia afirmada por Russell es s\u00f3lo aparente. Russell quiere decir que acepta parcialmente lo que se suele llamar economicismo, no el marxismo.<\/p>\n<p>A esa incomprensi\u00f3n del concepto m\u00e1s b\u00e1sico <em>\u2013<\/em>pleonasm\u00e1ticamente b\u00e1sico<em>\u2013<\/em>\u00a0de Marx, el de <i>Basis, <\/i>se a\u00f1aden la ignorancia de la noci\u00f3n de fuerza de trabajo como mercanc\u00eda<sup>26<\/sup>\u00a0y la repetici\u00f3n de ingenuidades que ya Marx hab\u00eda comentado y rectificado en <i>Zur<\/i><i> <\/i><i>Kritik der<\/i><i> <\/i><i>politischen<\/i><i> <\/i><i>Oekonomie, <\/i>o sea, en 1859<sup>27<\/sup>. Esto \u00faltimo no habla muy favorablemente de las lecturas de Russell en el campo de las ciencias sociales.<\/p>\n<p>Si por el lado de la fundamentaci\u00f3n Russell yerra respecto de la noci\u00f3n marxiana de \u00abbase\u00bb y por lo que hace a las zonas medias o cuerpo de la doctrina de <i>El <\/i><i>Capital <\/i>ignora nociones decisivas, al llegar a la resoluci\u00f3n del pensamiento de Marx, a su desembocadura en la pol\u00edtica y, en general, en la comprensi\u00f3n de los fen\u00f3menos sobrestructurales, el fil\u00f3sofo se encuentra, de modo inevitable, con las implicaciones de su error inicial de interpretaci\u00f3n; al igual que cr\u00edticos antimarxistas muy inferiores a \u00e9l, Russell cree leer en Marx la floja doctrina de una \u00abmotivaci\u00f3n\u00bb econ\u00f3mica de la acci\u00f3n individual consciente. As\u00ed confunde la noci\u00f3n marxiana de determinaci\u00f3n fundamentadora y funcional de las sobrestructuras por la base con una afirmaci\u00f3n (no marxista) de psicolog\u00eda social. En <i>Teor\u00eda y pr\u00e1ctica <\/i><i>del <\/i><i>bolchevismo: <\/i>\u00abToda pol\u00edtica es gobernada por los deseos humanos. La teor\u00eda materialista de la historia, en \u00faltimo an\u00e1lisis, requiere el supuesto de que toda persona pol\u00edticamente consciente est\u00e1 gobernada por un solo deseo: el deseo de aumentar su propio lote de comodidades; y, adem\u00e1s, que el m\u00e9todo para cumplir ese deseo consistir\u00e1 usualmente en aumentar el lote de su clase, y no s\u00f3lo el suyo propio individual [&#8230;]. Para Marx, que hered\u00f3 la psicolog\u00eda racionalista del siglo XVIII de los economistas ortodoxos brit\u00e1nicos, el propio enriquecimiento parec\u00eda ser el objetivo natural de las acciones pol\u00edticas de un hombre\u00bb<sup>28<\/sup>. Y dieciocho a\u00f1os m\u00e1s tarde, en <i>El Poder&#8230;, <\/i>escribe como consideraci\u00f3n cr\u00edtica del marxismo: \u00abCuando se han asegurado cierto grado moderado de comodidad, tanto los individuos como las comunidades persiguen el poder m\u00e1s que la riqueza, buscan la riqueza como un medio para el poder, o quieren aumentar la riqueza para aumentar el poder: pero tanto en el primer caso como en el \u00faltimo, su motivo fundamental no es econ\u00f3mico\u00bb<sup>29<\/sup>.<\/p>\n<p>Al hablar de motivaci\u00f3n individual, la cr\u00edtica cae fuera de la tem\u00e1tica marxista fundamental, que no es entendida. Por lo dem\u00e1s, Russell no entiende tampoco correctamente la vinculaci\u00f3n de Marx con la Ilustraci\u00f3n. Esa vinculaci\u00f3n se explica con los mismos conceptos de Marx: Marx produce elementos fundamentales de la consciencia revolucionaria del proletariado ascendente. Una clase ascendente representa de modo m\u00e1s o menos duradero los intereses de toda la sociedad, intereses universales, intereses de la especie en cuanto representada por la sociedad de que se trata. Esa es, precisamente, la situaci\u00f3n de la consciencia ilustrada de la burgues\u00eda (con las limitaciones debidas a la naturaleza ideol\u00f3gica de la universalidad burguesa, puesto que la burgues\u00eda no pueda superar\/abolir la sociedad de clases). Marx ha recogido con toda consciencia (y no s\u00f3lo en la g\u00e9nesis de su pensamiento pol\u00edtico) elementos \u00abuniversales\u00bb de la Ilustraci\u00f3n burguesa. Pero no ha recogido, precisamente, su ideol\u00f3gica ilusi\u00f3n racionalista y naturalista. Para Marx, por lo pronto, no hay objetivos \u00abnaturales\u00bb de las acciones pol\u00edticas de un hombre, sino siempre objetivos puestos, construidos, seg\u00fan el modelo de su c\u00e9lebre comparaci\u00f3n, reproducida por Engels, del arquitecto con la abeja. Pero, sobre todo, la misma interpretaci\u00f3n materialista y dial\u00e9ctica de la historia implica la negaci\u00f3n de la \u00abpsicolog\u00eda racionalista del siglo XVIII\u00bb. Desde <i>La<\/i><i> <\/i><i>Ideolog\u00eda<\/i><i> <\/i><i>Alemana<\/i><i> <\/i>(y hasta, en ella, exacerbadamente, por la falta de elaboraci\u00f3n y afinamiento cr\u00edtico del pensamiento marxiano en la \u00e9poca de redacci\u00f3n de ese texto), Marx supone que el caso normal de la acci\u00f3n de clase es precisamente la inconsciencia de clase. \u00c9se es el sentido de la f\u00f3rmula lapidaria que Luk\u00e1cs recoger\u00eda, fundadamente, como motivo expresivo de la cr\u00edtica marxiana de la sobrestructura: \u00abNo lo saben, pero lo hacen\u00bb. Marx, contra la err\u00f3nea lectura russelliana, ha sido el primer \u00abpsicoanalista\u00bb expl\u00edcito.<\/p>\n<p>Todas las falsedades e incomprensiones aludidas hacen pensar que Russell no ha sospechado siquiera el tipo de abstracci\u00f3n b\u00e1sica morfol\u00f3gica que caracteriza el trabajo de Marx en <i>El Capital. <\/i>Si la historia no fuera historia de las luchas de clases, si la sociedad presente no fuera disimulado escenario de una guerra permanente entre las clases, podr\u00eda sorprender esa deficiencia de la lectura de Marx por Russell. Pues la abstracci\u00f3n b\u00e1sica de Marx deber\u00eda haber sido f\u00e1cilmente identificable para Russell, por dos causas. Primero, porque un fil\u00f3sofo analista y epistem\u00f3logo est\u00e1 generalmente muy bien situado para averiguar cu\u00e1les son las nociones fundamentales del autor al que lee; segundo, porque la abstracci\u00f3n b\u00e1sica de Marx en sus trabajos m\u00e1s te\u00f3ricos, la noci\u00f3n de formaciones econ\u00f3mico-sociales, tiene mucho que ver con la \u00abdin\u00e1mica de las formas de poder\u00bb que Russell mismo ha descrito <em>\u2013<\/em>aunque reduciendo de modo formalista el concepto de poder en sentido jur\u00eddico-pol\u00edtico<em>\u2013<\/em>\u00a0como terna de la \u00abciencia social\u00bb<sup>30<\/sup>.<\/p>\n<p>Eso da un motivo m\u00e1s para buscar las ra\u00edces de clase de la deficiente comprensi\u00f3n de Marx por Russell.<\/p>\n<p><b>Las<\/b><b> <\/b><b>ra\u00edc<\/b><b>e<\/b><b>s<\/b><b> <\/b><b>del<\/b><b> <\/b><b>p<\/b><b>e<\/b><b>n<\/b><b>s<\/b><b>amiento<\/b><b> <\/b><b>social<\/b><b> <\/b><b>de<\/b><b> <\/b><b>Russell<\/b><\/p>\n<p>Salvo en la fase de excitaci\u00f3n de la guerra fr\u00eda, Russell ha pretendido oponerse al marxismo y al bolchevismo, al intento de socialismo existente en este siglo, sin defender por ello el capitalismo. En <i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1cti<\/i><i>c<\/i><i>a del bolchev<\/i><i>i<\/i><i>smo <\/i>hay una expresi\u00f3n caracter\u00edstica al respecto, e interesante tambi\u00e9n desde otros puntos de vista, a saber, por la impl\u00edcita afirmaci\u00f3n de leyes hist\u00f3ricas, tantas veces negadas por el fil\u00f3sofo. Dice as\u00ed el paso: \u00abOponerse [al bolchevismo] desde el punto de vista del defensor del capitalismo ser\u00eda, en mi opini\u00f3n, enteramente in\u00fatil, y contrario al movimiento de la historia en nuestros tiempos\u00bb<sup>31<\/sup>. Se le pueden creer a Russell las intenciones no apolog\u00e9ticas del capitalismo, porque mientras que la fase de la guerra fr\u00eda es un per\u00edodo aislado en su vida, en cambio, declaraciones de principio incompatibles con el capitalismo se encuentran en toda su producci\u00f3n literaria. En <i>Roads<\/i><i> <\/i><i>to<\/i><i> <\/i><i>Freedom <\/i>(1918) escrib\u00eda Russell: \u00abCreo que la abolici\u00f3n de la propiedad privada de la tierra y del capital es un paso necesario para llegar a un mundo en el cual las naciones vivan en paz entre ellas\u00bb<sup>32<\/sup>. Y casi veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, en <i>In<\/i><i> <\/i><i>praise<\/i><i> <\/i><i>of Idleness, <\/i>fundamentaba la esperanza en un \u00absocialismo democr\u00e1tico\u00bb en consideraciones te\u00f3ricamente socialistas: que la motivaci\u00f3n por el beneficio desaparecer\u00e1, que es imposible distribuir adecuadamente el ocio bajo el imperio del motivo del beneficio, que mientras \u00e9ste impere persistir\u00e1 la inseguridad econ\u00f3mica, que el mundo no puede seguir tolerando la existencia de gente ociosa y par\u00e1sita, que no es posible realizar bajo los azares de la motivaci\u00f3n por el beneficio los numerosos servicios p\u00fablicos que est\u00e1n reclamando satisfacci\u00f3n, y que <em>\u2013<\/em>argumento supremo para Russell<em>\u2013<\/em>\u00a0no es posible evitar las guerras mientras subsista la econom\u00eda concurrencial<sup>33<\/sup>. En esta misma obra Russell hab\u00eda dado, incluso, sentido socialista a su antifascismo, en contradicci\u00f3n con posteriores palabras suyas, ya citadas aqu\u00ed, del per\u00edodo de la guerra fr\u00eda: \u00abMis objeciones al fascismo son m\u00e1s simples que mis objeciones al comunismo, y, en cierto sentido, m\u00e1s fundamentales. El prop\u00f3sito del comunismo es un prop\u00f3sito con el cual, en conjunto, estoy de acuerdo; mi desacuerdo se refiere a los medios m\u00e1s que a los fines. Pero en el caso del fascismo me disgustan los fines tanto como los medios\u00bb<sup>34<\/sup>. Se observar\u00e1, de paso, que esta t\u00edpica distinci\u00f3n expresa muy bien la caracter\u00edstica del pensamiento de Russell en que se inspira el t\u00e9rmino, antes adoptado, de \u00abliberal-socialismo\u00bb: si socialismo fuera s\u00f3lo pensamiento te\u00f3rico, Russell ser\u00eda socialista. Pero socialismo es tambi\u00e9n pensamiento pr\u00e1ctico (y pr\u00e1ctica), y el pensamiento pr\u00e1ctico de Russell, su pensamiento sobre \u00ablos medios\u00bb, que quiere decir sobre los fines transitorios, es liberal. La unilateralidad meramente \u00abte\u00f3rica\u00bb, contemplativa y especulativa, del semisocialismo de Russell habla de una tensi\u00f3n ya presente en el mismo plano te\u00f3rico, al igual que en las esferas tonales o afectivas. Habr\u00eda sido falsear los datos el ignorar las declaraciones socialistas de principio de Russell que se acaban de recordar. Pero tampoco es posible olvidar los elementos de consciencia burguesa activa que salen constantemente al paso en la lectura de Russell. En el plano te\u00f3rico, el m\u00e1s b\u00e1sico de esos elementos es la degradaci\u00f3n en biologismo ahist\u00f3rico de un motivo del pensamiento social de Russell que ser\u00eda en s\u00ed mismo muy de apreciar <em>\u2013<\/em>particularmente en unos a\u00f1os como \u00e9stos, en que predomina el olvido anticient\u00edfico de instancias reales importantes<em>\u2013<\/em>, a saber, la percepci\u00f3n, siempre abierta para el fil\u00f3sofo, de la sociedad como integraci\u00f3n zool\u00f3gica. La frustraci\u00f3n de ese motivo en un antihistoricismo <em>\u2013<\/em>inevitablemente conservador, como toda ignorancia de la historia<em>\u2013<\/em>\u00a0se manifiesta sobre todo en la doctrina pol\u00edtico-social russelliana de los instintos b\u00e1sicos y las pasiones. No es probable que la cr\u00edtica del pensamiento social de Russell pueda mejorar sobre este punto la exposici\u00f3n de McGill, que precisa la funci\u00f3n de \u00abapolog\u00e9tica indirecta\u00bb (por usar el penetrante t\u00e9rmino luk\u00e1csiano) que tiene esa doctrina: \u00abLa teor\u00eda del se\u00f1or Russell sobre el poder y la codicia no es, tal vez, tan importante es s\u00ed misma cuanto en el uso al que se aplica. La teor\u00eda suministra justificaci\u00f3n del general escepticismo y del pesimismo de sus libros, as\u00ed como de su visi\u00f3n est\u00e1tica o c\u00edclica de la historia, basada en el mon\u00f3tono flujo y reflujo de las pasiones; y ofrece tambi\u00e9n la raz\u00f3n principal para condenar o despreciar toda instituci\u00f3n que posea poder real e intente conquistar m\u00e1s poder, sobre todo si esa instituci\u00f3n sostiene ideas parecidas a las del se\u00f1or Russell\u00bb<sup>35<\/sup>. La \u00faltima y aguda observaci\u00f3n de ese p\u00e1rrafo apunta a una reacci\u00f3n com\u00fan entre intelectuales, a la particular impaciencia de \u00e9stos con los resultados hist\u00f3ricos <em>\u2013<\/em>siempre en proceso<em>\u2013<\/em>\u00a0de la real lucha de clases, a la tenaz sustituci\u00f3n por los intelectuales de la realidad revolucionaria por las \u00abilusiones heroicas\u00bb. Pero aunque la reacci\u00f3n sea frecuente incluso entre intelectuales m\u00e1s concretamente socialistas que Russell, en \u00e9ste el fundamento te\u00f3rico de esa conducta es inequ\u00edvocamente burgu\u00e9s, por su psicologismo y su mecanicismo formalista, que eternizan contemplativamente los datos sociopsicol\u00f3gicos como si se tratara de constantes biol\u00f3gicas. Por eso est\u00e1 justificada la protesta irritada de V. J. McGill:, \u00abLa reforma de las pasiones es una idea constante del se\u00f1or Russell. Si<b> <\/b>se tratara de algo realmente fundamental, Russell nos hablar\u00eda m\u00e1s del m\u00e9todo para conseguir esa reforma, y nos administrar\u00eda menos pesimismo\u00bb<sup>36<\/sup>. Lo esencial del juicio de McGill <em>\u2013<\/em>que no parece refutable mientras la consideraci\u00f3n del pensamiento pol\u00edtico-social de Russell no atienda m\u00e1s que a la doctrina articulada en escritos<em>\u2013<\/em>\u00a0es la inserci\u00f3n del fil\u00f3sofo en la tradici\u00f3n de cr\u00edticos temerosos de la fuerza social <em>\u2013<\/em>el \u00abpueblo\u00bb, la burgues\u00eda, la clase obrera<em>\u2013<\/em>\u00a0que en las varias fases hist\u00f3ricas hab\u00eda de ser agente del cambio: \u00abUn luminoso escepticismo solar, basado en una teor\u00eda de las pasiones que tiende siempre al fatalismo, constituye el trasfondo persistente de sus varios libros de finalidades reformistas. Como en el caso de Montaigne, de Condillac y de Voltaire, lo que se recuerda y queda es la brillante revelaci\u00f3n de la locura y la perversi\u00f3n humanas, no los ocasionales remedios sugeridos\u00bb<sup>37<\/sup>.<\/p>\n<p>El pesimismo russelliano y el tono eleg\u00edaco ya antes observado son expl\u00edcitamente nostalgia de la serenidad de \u00e1nimo progresista. Russell ha escrito en <i>My Mental Development <\/i>que cuando estaba en Cambridge \u00abel mundo parec\u00eda esperanzador y s\u00f3lido; todos est\u00e1bamos convencidos de que el progreso del siglo XIX continuar\u00eda\u00bb<sup>38<\/sup>. Puesto que el mismo Russell <em>\u2013<\/em>y en la misma \u00e9poca a que aluden las palabras reci\u00e9n recordadas<em>\u2013<\/em>\u00a0conoc\u00eda los l\u00edmites y las ambig\u00fcedades del progreso burgu\u00e9s, la evocaci\u00f3n del perdido estado de \u00e1nimo documenta la contradictoriedad de una consciencia dividida entre la adhesi\u00f3n a un momento del proceso hist\u00f3rico caracterizado por el ascenso del capitalismo y el reconocimiento de la caducidad de esa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la tonalidad eleg\u00edaca se manifiestan las ra\u00edces burguesas del pensamiento social de Russell no menos que en el biologismo ahist\u00f3rico de sus concepciones b\u00e1sicas. Lo mismo se puede decir del formalismo met\u00f3dico de Russell en el campo de los problemas pol\u00edtico sociales. La c\u00e9lebre carta de Russell al <i>New York Times <\/i>(11 de febrero de 1941), en la que explicaba el abandono de su anterior pacifismo gen\u00e9rico, es una muestra muy interesante de aquel formalismo, precisamente por lo pat\u00e9tico del contexto: \u00abHasta la entrevista de Munich, incluyendo ese mismo momento, fui partidario de la pol\u00edtica de apaciguamiento [\u2026] Fui<i> <\/i>incluso m\u00e1s lejos que la mayor\u00eda, y cre\u00ed que en aquel momento hist\u00f3rico hab\u00eda que evitar la guerra por grave que fuera la provocaci\u00f3n. Cambi\u00e9 de opini\u00f3n luego [&#8230;] A la vista de lo que ha ocurrido desde entonces, parece que habr\u00eda sido mejor para el mundo que Alemania hubiera sido frenada en un estadio anterior; pero sigo pensando que los argumentos en favor de la pol\u00edtica de apaciguamiento eran muy s\u00f3lidos\u00bb<sup>39<\/sup>. Lejos del plano te\u00f3rico, el formalismo del pensamiento pol\u00edtico de Russell es todav\u00eda m\u00e1s llamativo: como si no existiera no ya la obra de Marx, sino ni siquiera un manual de sociolog\u00eda acad\u00e9mica, Russell habla del Pacto de Munich como de una cuesti\u00f3n t\u00e9cnica sin contenido de clase, como si las razones de los pol\u00edticos imperialistas occidentales para firmarlo no hubieran sido las de una postrer esperanza de la burgues\u00eda monopolista occidental de resolver la crisis interna imperialista descargando la tensi\u00f3n mediante una estrategia unitaria antisocialista, lo que en la \u00e9poca no pod\u00eda significar sino estrategia contra la URSS. (Todo lo cual no implica particular perversi\u00f3n personal de Daladier y Chamberlain, sino pura y simplemente un modo de intentar resolver los problemas del imperialismo, diferente del luego preferido por Churchill, De Gaulle y Roosevelt.)<\/p>\n<p>Esta reducci\u00f3n de la decisi\u00f3n pol\u00edtica a cuesti\u00f3n de c\u00e1lculo o t\u00e9cnica sin determinaci\u00f3n o contenido social es la consecuencia pr\u00e1ctica del formalismo general del pensamiento de Russell. El formalismo llevado a ese extremo permite calificar un poco m\u00e1s precisamente la naturaleza ideol\u00f3gica de ese pensamiento. El formalismo, en efecto, es caracter\u00edstico, en su pureza, de una precisa capa burguesa moderna. No basta con decir gen\u00e9ricamente que es ideolog\u00eda burguesa. Con la difuminaci\u00f3n propia de las generalizaciones en este campo, se puede pensar que el formalismo es sobre todo caracter\u00edstico de la capa intelectual no-gobernante de la burgues\u00eda en el poder. El sentido social del formalismo es una ut\u00f3pica afirmaci\u00f3n <em>\u2013<\/em>casi siempre inconsciente<em>\u2013<\/em>\u00a0del poder de los intelectuales, lo que no quita que el n\u00facleo burgu\u00e9s monopolista que verdaderamente domina la sociedad adopte activamente. esa ideolog\u00eda falsamente antiideol\u00f3gica. Lo hace sobre todo en momentos de particular florecimiento de su dominio, pues fingirse libre de ideolog\u00edas es afirmarse como definitivamente hegem\u00f3nico, como sostenido por la mera fuerza de la realidad. Pero s\u00f3lo en formas vulgarizadas <em>\u2013<\/em>como en la ideolog\u00eda tecnocr\u00e1tica<em>\u2013<\/em>\u00a0llega a tener \u00e9xito pol\u00edtico esa ideolog\u00eda del grupo intelectual. Y entonces es, en aparente paradoja, cuando pierde su inicial contenido preciso de grupo y se concreta en apolog\u00eda de las capas burguesas directamente dominantes, que se mimetizan con el ambiente t\u00e9cnico.<\/p>\n<p>Las p\u00e1ginas de Russell abundan en enunciados reveladores de las nostalgias, las ambiciones y los valores de la capa intelectual burguesa no dominante, pero presente en el aparato hegem\u00f3nico, al menos en el interno a la burgues\u00eda. As\u00ed, por ejemplo, en <i>Teor\u00eda y pr\u00e1ctica del bolchevismo, <\/i>\u00abquienes aceptan el bolchevismo se niegan a dejarse persuadir por las pruebas cient\u00edficas y cometen un suicidio intelectual\u00bb<sup>40<\/sup>. El gran burgu\u00e9s no es tan sensible a ese suicidio como a otros, y hasta se podr\u00eda sospechar que esa muerte no le quita en absoluto el sue\u00f1o. Se lo quita a su intelectual, en cuyo sistema de valores la vida intelectual ocupa el lugar m\u00e1s alto y en cuyas pesadillas aparecen mucho m\u00e1s frecuentemente Zdanov e Ilichov, sosias de los censores fascistas, que los t\u00e9cnicos del control de tiempos que pueden protagonizar pasivamente ciertas fantas\u00edas obreras.<\/p>\n<p>Dicho sea de paso a prop\u00f3sito del breve texto de Russell reci\u00e9n citado: tambi\u00e9n hay otras posibilidades de cometer suicidio intelectual. Pues si no hay una relaci\u00f3n de implicaci\u00f3n entre la \u00abfilosof\u00eda\u00bb social y la pr\u00e1ctica social, entre la actividad intelectual pura y la pr\u00e1ctica, como lo afirma justamente Russell, \u00bfpor qu\u00e9 va a implicar la acepci\u00f3n del bolchevismo <em>\u2013<\/em>de una pr\u00e1ctica<em>\u2013<\/em>\u00a0un suicidio intelectual? La falacia naturalista se puede cometer tambi\u00e9n por implicaci\u00f3n inversa, como la comete aqu\u00ed Russell.<\/p>\n<p>M\u00e1s, incluso, que el formalismo, el idealismo, el subjetivismo y el psicologismo del m\u00e9todo del pensamiento social de Russell documenta su naturaleza ideol\u00f3gica la<b> <\/b>falta de conceptos totalizadores. \u00c9ste es un rasgo gen\u00e9ricamente burgu\u00e9s, pero tambi\u00e9n espec\u00edfico del grupo intelectual moderno. La particularidad de la capa dentro de la clase en las condiciones modernas de la divisi\u00f3n del trabajo tiende a manifestarse en fragmentariedad de la visi\u00f3n. Esa fragmentariedad es hasta ahora el precio del rendimiento anal\u00edtico de los intelectuales (no s\u00f3lo en la \u00e9poca moderna). La entera clase dominante acarrea en mayor o menor medida la particularidad, el particularismo de la visi\u00f3n de sus intelectuales, porque el rendimiento anal\u00edtico de \u00e9stos le ha ense\u00f1ado a respetar como virtud esa insuficiencia. Pero no siempre es fecundo el reverso de la fragmentariedad individual. A veces es est\u00e9ril y rid\u00edculo, aunque proceda de la masa encef\u00e1lica de Russell: \u00abEn un mundo sensato, todos los que estuvieran en relaci\u00f3n con la manufactura de alfileres se dedicar\u00edan a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo dem\u00e1s continuar\u00eda como antes\u00bb.<sup>41<\/sup>\u00a0No parece f\u00e1cil encontrar una manifestaci\u00f3n m\u00e1s notable de la incapacidad de pensar el todo social concreto. La idea de que un cap\u00edtulo del sistema econ\u00f3mico pueda alterarse dr\u00e1sticamente \u00aby todo lo dem\u00e1s continuar igual\u00bb parece insuperable. Y sin duda lo es como chiste. Pero en la misma obra de Russell se encuentra rebasada por desarrollos terciafuercistas que reducen las cuestiones hist\u00f3ricas a problemas t\u00e9cnicos olvidando la articulaci\u00f3n totalizadora del sistema social, el hecho de que la evidente presencia de elementos heterog\u00e9neos en una formaci\u00f3n social no puede ser objetivo estable de la acci\u00f3n pol\u00edtica, sino que es resto cambiante, testimonio de la resistencia del pasado, a menos que se trate de una heterogeneidad en gran parte ficticia, esencialmente asimilada por las sustancias y las caracter\u00edsticas dominantes del sistema; o sea, a menos que la heterogeneidad carezca de importancia para la lucha de clases, para la distribuci\u00f3n del poder en la sociedad. Lo cual no es precisamente el caso de esta formulaci\u00f3n temprana de la utop\u00eda moderada y formalista de Russell: \u00abLa abolici\u00f3n de la empresa capitalista privada, que piden los socialistas marxistas, apenas si parece necesaria. Los m\u00e1s de los hombres que construyen sistemas de reformas, como los m\u00e1s de aquellos que defienden el <i>statu quo,<\/i><i> <\/i>no conceden bastante importancia a las excepciones y a la insensibilidad de un sistema r\u00edgido. Una vez restringida la esfera del capitalismo y rescatada de su dominio una amplia proporci\u00f3n de la poblaci\u00f3n, no hay raz\u00f3n para desear que sea abolido totalmente\u00bb.<sup>42<\/sup>\u00a0Y, sin embargo, Russell habr\u00eda podido descubrir muy bien la raz\u00f3n que hay para ello, pues \u00e9l ha usado a troche y moche la palabra que la expresa: esa raz\u00f3n es el problema del poder, pero del poder concreto.<\/p>\n<p>Formalismo (con su secuela de ideolog\u00eda tecnocr\u00e1tica), subjetivismo, idealismo, psicologismo son las documentaciones principales de la ideolog\u00eda de grupo-en-clase, de grupo intelectual en la clase burguesa, que caracteriza el pensamiento social de Russell. En el plano te\u00f3rico todos esos rasgos desembocan en la falta de conceptuaci\u00f3n totalizadora, caracter\u00edstica de la burgues\u00eda descendente y, con m\u00e1s inmediata motivaci\u00f3n, del grupo intelectual que corresponde org\u00e1nicamente a esa clase dominante en la fase final del imperialismo. C\u00edrculos intelectuales burgueses m\u00e1s ignorantes o m\u00e1s ligados ideol\u00f3gicamente al pasado pueden a\u00fan arbitrar sistemas culturales totalizadores, pero s\u00f3lo mediante la ignorancia program\u00e1tica de la realidad econ\u00f3mica (producci\u00f3n) y sociocultural (destrucci\u00f3n de viejos v\u00ednculos microsociales y caducidad de creencias integradoras tradicionales). De aqu\u00ed que la mayor\u00eda de esos arbitrarios intentos de suministrar a este capitalismo tard\u00edo una totalizaci\u00f3n cultural se apoyen tan a menudo, desde Klages y algunos motivos de Nietzsche hasta las varias modas m\u00e1gicas, orientalistas y neoschopenhauerianas, en el irracionalismo que aparece y reaparece durante todo el siglo XX en la agitada imagen ideol\u00f3gica, con un prolongado forcejeo que caracteriza la \u00e9poca de crisis, de final de este nuevo antiguo r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Los escritores m\u00e1s org\u00e1nicos con la clase dominante est\u00e1n demasiado cerca intelectualmente de las reales condiciones de la producci\u00f3n capitalista-monopolista para permitirse ilusiones totalizadoras, conocen demasiado bien la situaci\u00f3n social de la ciencia en esta era para poder creer en su regeneraci\u00f3n cultural. Cuando, con ese conocimiento, son cabezas rectas en las que la voluntad de enga\u00f1o resulta, cuando menos, inveros\u00edmil (como es el caso de Russell), la ausencia de instancias totalizadoras en su pensamiento es a la vez testimonio de la fiabilidad intelectual de estos autores, de su organicidad con la clase dominante y de la fragmentaci\u00f3n del sistema.<\/p>\n<p>Tiene inter\u00e9s pasar, por un momento, del plano m\u00e1s conceptualizado, m\u00e1s te\u00f3rico, a los universos del discurso m\u00e1s inmediatos, pr\u00e1cticos y emocionales, para recordar unos cuantos textos curiosos de Russell que expresan directamente <em>\u2013<\/em>unas veces con angustia, otras con optimismo petulante<em>\u2013<\/em>\u00a0ansias espec\u00edficas del grupo intelectual que acaso no digan gran cosa al n\u00facleo de la gran burgues\u00eda. Este tema de la caracterizaci\u00f3n particularizadora del grupo intelectual dentro de una clase dominante tiene una larga tradici\u00f3n con cap\u00edtulos arcaicos tan prestigiosos como los que se podr\u00edan encabezar con los r\u00f3tulos \u00abDem\u00f3crito\u00bb y \u00abPlat\u00f3n\u00bb. Pero sin duda ha cobrado mayor importancia con la inserci\u00f3n directa o indirecta de una gran cantidad de intelectuales en el ciclo productivo, seg\u00fan las tempranas observaciones de Gramsci, que es el cl\u00e1sico marxista del tema.<\/p>\n<p>La contraposici\u00f3n entre libertad exterior (a la que se est\u00e1 dispuesto a renunciar en alguna medida) y libertad interior (absolutamente irrenunciable) es, sin duda, en parte herencia religiosa del cristianismo, con su impl\u00edcito desprecio de lo \u00abexterior\u00bb. Pero tampoco puede dudarse de que es un prejuicio que viene como anillo al dedo al idealismo profesional (es decir, socialmente funcional) del grupo de los intelectuales: la sublimidad de lo \u00abinterior\u00bb es a la autoestimaci\u00f3n y a los privilegios del trabajo intelectual como la vileza de lo \u00abexterior\u00bb a la modestia de los salarios; lo \u00abinterior\u00bb es intelectual y lo \u00abexterior\u00bb es manual. Russell construye abiertamente este prejuicio de casta, con el agravante, a veces, de una aceptaci\u00f3n acr\u00edtica de la organizaci\u00f3n de la ciencia tal como hoy existe: \u00abEl doble problema de preservar la libertad interior y disminuir la exterior es problema que el mundo debe resolver, si han de sobrevivir las sociedades organizadas sobre el conocimiento cient\u00edfico\u00bb.<sup>43<\/sup><\/p>\n<p>Otras veces el rendimiento intelectual se presenta en los escritos de Russell como valor excepcional capaz de justificar incluso lo que el fil\u00f3sofo est\u00e1 condenando en el mismo contexto: \u00abEl concepto del deber, hablando hist\u00f3ricamente, ha sido el medio utilizado por los detentadores del poder para inducir a los dem\u00e1s a vivir por el inter\u00e9s de sus amos m\u00e1s que por su propio inter\u00e9s. Por supuesto que los detentadores del poder disimulan este hecho ante sus propios ojos, arregl\u00e1ndoselas de manera que llegan a creer sus intereses id\u00e9nticos a los grandes intereses de la humanidad. Algunas veces esto es verdad: los atenienses poseedores de esclavos, por ejemplo, empleaban parte de su ocio aportando una contribuci\u00f3n permanente a la civilizaci\u00f3n que hubiera sido imposible bajo un sistema econ\u00f3mico justo\u00bb<sup>44<\/sup><sup>.<\/sup> La posici\u00f3n del grupo intelectual oculta aqu\u00ed a Russell una hip\u00f3tesis demasiado gruesa para ser implicaci\u00f3n inconsciente de un pensador tan cr\u00edtico como el fil\u00f3sofo, a saber, que los descubrimientos e invenciones griegas sean funciones del esclavismo en general. \u00bfPor qu\u00e9 en Grecia, entonces, y no en Mesopotamia o el norte de \u00c1frica, a\u00fan m\u00e1s abundantes en esclavos? Una cosa es que la concreci\u00f3n hist\u00f3rica \u00abciencia griega\u00bb haya nacido efectivamente como ha nacido. Otra la afirmaci\u00f3n metaf\u00edsica de que s\u00f3lo habr\u00eda podido nacer as\u00ed. Aparte de eso, no se ve que los esclavos griegos quedaran incluidos en el \u00abinter\u00e9s general de la humanidad\u00bb promovido por sus par\u00e1sitos se\u00f1ores. Lo que s\u00ed se ve en la reflexi\u00f3n de Russell es el valor excepcional dado a lo que represente funci\u00f3n de los grandes intelectuales. Sus palabras implican que s\u00f3lo el <i>Organon <\/i>(y quien dice <i>Organon <\/i>dice <i>Principia<\/i><i> <\/i><i>Mathematica<\/i>)<i> <\/i>puede justificar la esclavitud, la jur\u00eddica o la salarial.<\/p>\n<p>No falta tampoco el sospechoso motivo plat\u00f3nico del \u00absabio\u00bb, la presentaci\u00f3n del pensador como modelo de conducta pol\u00edtica. El fundamento de esta tesis es siempre, desde Plat\u00f3n, la concepci\u00f3n psicologista y moralista de la vida social, seg\u00fan una visi\u00f3n que ignora la materialidad de las clases. As\u00ed ocurre tambi\u00e9n en la exposici\u00f3n de Russell: \u00abSi los<i> <\/i>impulsos fueran menos tenidos en cuenta, si el pensamiento fuera menos dominado por la pasi\u00f3n, los hombres preservar\u00edan sus almas contra la aparici\u00f3n de la fiebre guerrera y los conflictos ser\u00edan arreglados amistosamente. Solamente aquellos en quienes el deseo de pensar verdaderamente constituye una pasi\u00f3n son los que hallar\u00e1n este deseo en condiciones de dominar las pasiones de guerra\u00bb<sup>45<\/sup>.<\/p>\n<p>La prosopeya de ese \u00abaquellos\u00bb mayest\u00e1tico conten\u00eda ya la ingenua petulancia desvergonzada con que Russell reivindica los privilegios del grupo intelectual org\u00e1nico de la clase dominante: \u00ab[&#8230;] la eficacia de los trabajos mentales, incluyendo el trabajo de la educaci\u00f3n, requiere verdaderamente m\u00e1s comodidades y per\u00edodos m\u00e1s largos de reposo de los que se requieren para la eficiencia del trabajo f\u00edsico, aunque s\u00f3lo fuera a causa de que el trabajo mental es menos sano fisiol\u00f3gicamente\u00bb<sup>46<\/sup>. No se le escapa a Russell que esa declaraci\u00f3n puede resultar poco grata a algunos obreros atrabiliarios. Y hay que evitar toda \u00aboposici\u00f3n peligrosa del trabajo [organizado: ingl\u00e9s <i>labor<\/i>] contra la vida mental\u00bb. La soluci\u00f3n \u00abno est\u00e1 en ir contra el movimiento obrero, que es demasiado fuerte para ser contrariado con justicia\u00bb. La verdad es que tampoco esta abierta declaraci\u00f3n resultar\u00eda muy agradable a uno de esos obreros aludidos, excesivamente suspicaces. Por eso el final del desarrollo es bondadosamente paternalista: en el fondo, se puede hasta admitir que los obreros piensen, aunque siempre es mejor que deleguen el pensamiento en los intelectuales progresistas: \u00abEl camino recto es mostrar por la pr\u00e1ctica que el pensamiento es asequible a los trabajadores, que sin el pensamiento no se pueden realizar sus reivindicaciones positivas y que hay hombres en el mundo del pensamiento que quieren consagrar sus energ\u00edas a ayudar a la clase trabajadora en su lucha. Estos hombres, si son inteligentes y sin ceros, pueden evitar que el trabajo [sindicado: <i>labor<\/i>]<i> <\/i>se convierta en destructor de lo que es la vida del mundo intelectual\u00bb<sup>47<\/sup>. Al lector de Russell corresponde averiguar si esos hombres inteligentes y sinceros son dirigentes sindicales socialdem\u00f3cratas o, lisa y llanamente, funcionarios de la polic\u00eda social.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, no crean los obreros que el intelectual burgu\u00e9s es, como el burgu\u00e9s por excelencia, insaciable y cruel. Los grandes burgueses son, en efecto, seres ansiosos de riqueza, porque han de acumular individualmente para invertir privadamente. Pero su intelectual org\u00e1nico no es as\u00ed. Antes al contrario, le repugna la \u00abadoraci\u00f3n del dinero\u00bb: \u00abQuiero demostrar c\u00f3mo la adoraci\u00f3n del dinero es un efecto y una causa de la disminuci\u00f3n de vitalidad y c\u00f3mo deben ser cambiadas nuestras instituciones en el sentido de que la adoraci\u00f3n del dinero aumente menos y crezca m\u00e1s la vitalidad general. No es el deseo del dinero, como medio para alcanzar objetos determinados, lo que est\u00e1 en cuesti\u00f3n. Un artista luchador desea el dinero a fin de tener holgura para su arte; pero este deseo es finito\u00bb <em>\u2013<\/em>a diferencia del del gran burgu\u00e9s<em>\u2013<\/em>\u00a0\u00aby se puede satisfacer plenamente con una suma muy modesta\u00bb<sup>48<\/sup>. Ese texto, representante de toda una larga serie de an\u00e1logas declaraciones tradicionales en los intelectuales de la era burguesa, desde Erasmo hasta Unamuno, se podr\u00eda leer como una farisaica disculpa ante la clase obrera por los privilegios del grupo intelectual, acompa\u00f1ada por un servil gui\u00f1o de reojo a la gran burgues\u00eda dominante. Dir\u00eda as\u00ed a los unos: \u00abnuestro privilegio, por lo dem\u00e1s imprescindible para la ficacia del trabajo mental, es muy modesto\u00bb. Y sugerir\u00eda a los otros: \u00abNo os saldremos caros\u00bb. Todo esto est\u00e1 connotado, efectivamente, por la formulaci\u00f3n. Pero su denotaci\u00f3n central es otra: es la afirmaci\u00f3n program\u00e1tica de la utop\u00eda social <em>\u2013<\/em>tantas veces realizada individualmente por intelectuales<em>\u2013<\/em>\u00a0de la dorada median\u00eda peque\u00f1oburguesa, serena e intelectualmente fecunda, frente a la peligrosidad del veloz cambio capitalista, protagonizado por la pugna sorda o abierta de las dos clases definitorias o principales, la gran burgues\u00eda y el proletariado. Por m\u00e1s org\u00e1nica que sea a la clase dominante, el grueso de la intelectualidad burguesa de corte tradicional es, en su consciencia, no burguesa a secas, sino precisamente peque\u00f1oburguesa: le repugna la <i>hybris <\/i>de sus patronos y le asusta la activa respuesta de la clase obrera. El mundo ha seguido movi\u00e9ndose a\u00fan despu\u00e9s de que se conquistaran las dos cosas a que aspir\u00f3, hasta el siglo XIX, en uni\u00f3n con el resto de la burgues\u00eda, el intelectual tradicional, sobre todo el muy productivo, el \u00abgran intelectual\u00bb, como dec\u00eda Gramsci: la libertad de expresi\u00f3n y la posibilidad de entrar en un mercado, dejando de ser siervo personal del mecenas. Como el Advenedizo del <i>Faust,<\/i><i> <\/i>el intelectual burgu\u00e9s <em>\u2013<\/em>sobre todo el \u00abgrande\u00bb, el que produce y articula hegemon\u00eda<em>\u2013<\/em>\u00a0querr\u00eda detener el mundo, ahora que est\u00e1 tan bien instalado en \u00e9l. (Habr\u00eda querido detenerlo, \u00e1s propiamente, hacia 1910; al menos en los pa\u00edses m\u00e1s industrializados.) La peculiaridad peque\u00f1oburguesa del gran intelectual burgu\u00e9s es el fundamento de dos fen\u00f3menos caracter\u00edsticos: la vacilaci\u00f3n de sus concepciones pol\u00edticas <em>\u2013<\/em>tomada por Lenin, en una caracterizaci\u00f3n c\u00e9lebre, como esencia de la consciencia peque\u00f1oburguesa<em>\u2013<\/em>\u00a0y la desconfianza y hasta hostilidad con que le miran los mismos que le conceden una modesta cuota de plusval\u00eda (cuando se la conceden y no se limitan a arrancarle a \u00e9l menos que a los obreros), o sea, la alta burgues\u00eda, particularmente en las fases en que \u00e9sta recurre a m\u00e9todos fascistas de organizaci\u00f3n de su dominio.<\/p>\n<p>Ambos rasgos se presentan en Russell con exagerada acentuaci\u00f3n. Pocos grandes intelectuales burgueses tan contradictorios como \u00e9l, desde sus intemperancias en la guerra fr\u00eda hasta sus declaraciones de socialismo y sus actividades antiimperialistas. Y<b> <\/b>pocos tan antip\u00e1ticos como \u00e9l, a su propia gran burgues\u00eda, la cual le permiti\u00f3 conocer detenidamente sus c\u00e1rceles y sus tribunales.<\/p>\n<p>Aparte de que la g\u00e9nesis ideol\u00f3gica de una proposici\u00f3n no determina su valor l\u00f3gico, sino su funci\u00f3n posible en un momento dado de la lucha de clases, la agudeza l\u00f3gica de Russell y la calidad moral de sus actitudes personales bastan para que no se abandone la consideraci\u00f3n de su pensamiento sin preguntarse por lo que puede aprender de \u00e9l el socialismo existente.<\/p>\n<p><b>La ense\u00f1anza de Russell<\/b><\/p>\n<p>Dos tipos de ense\u00f1anza contiene la obra de Russell que pueden ser \u00fatiles para el pensamiento socialista: ense\u00f1anza cr\u00edtica y ense\u00f1anza program\u00e1tica.<\/p>\n<p>Las cr\u00edticas de Russell a la experiencia de la III Internacional, y principalmente a la sovi\u00e9tica, son a menudo superficiales. Pero al menos en tres puntos tienen inter\u00e9s.<\/p>\n<p>El peligro de \u00abbonapartismo\u00bb, de detenci\u00f3n de la transformaci\u00f3n socialista y consolidaci\u00f3n de alg\u00fan estadio de su camino antes de llegar a los m\u00e1s esenciales, es, desde los escritos de Trotski, una cuesti\u00f3n muy conocida. Se trata de un riesgo visible, que ha sido percibido desde varios puntos de vista en el seno mismo de la tradici\u00f3n bolchevique: Gramsci, por ejemplo, hab\u00eda visto el riesgo bonapartista, la militarizaci\u00f3n de un <i>statu quo <\/i>revolucionario parcial, precisamente en las actitudes de Trotski en la primera mitad de la d\u00e9cada de 1920. Hay que decir que Russell hab\u00eda se\u00f1alado ese problema antes que Trotski y antes que Gramsci, en 1920, durante la guerra civil rusa: \u00abEn la presente situaci\u00f3n me parece ver tres posibilidades. La primera es la derrota final del socialismo por las fuerzas del capitalismo. La segunda es la victoria de los bolcheviques acompa\u00f1ada por una completa p\u00e9rdida de sus ideales, y un r\u00e9gimen de imperialismo napole\u00f3nico\u00bb.<sup>49<\/sup>\u00a0La base de esa observaci\u00f3n de Russell es su pesimismo hist\u00f3rico, antirrevolucionario y claramente burgu\u00e9s. Pues \u00abla tercera [posibilidad] es una prolongada guerra mundial, en la que la civilizaci\u00f3n puede venirse abajo, y todas sus manifestaciones (incluido el socialismo) ser olvidadas\u00bb, de modo que lo \u00fanico que no es posibilidad alguna es un buen desarrollo socialista. Pero, rep\u00edtase, g\u00e9nesis no es lo mismo que valor veritativo de una proposici\u00f3n: queda el hecho de que Russell ha visto el riesgo de bonapartismo en la URSS mucho antes de que fuera posible atribu\u00edrsele al chivo expiatorio (nada inmaculado, por lo dem\u00e1s) J. V. Stalin. Eso es una seria advertencia para el pensamiento socialista no ut\u00f3pico.<\/p>\n<p>Aun antes, en 1916, Russell hab\u00eda subrayado la dif\u00edcil problem\u00e1tica de la propiedad social en el per\u00edodo de construcci\u00f3n socialista, la importante cuesti\u00f3n de las relaciones entre la clase obrera y su estado, tan a menudo encubierta por el entusiasmo ideol\u00f3gico: \u00abEn una comunidad socialista, el Estado ser\u00eda el patr\u00f3n y el obrero individual tendr\u00eda una intervenci\u00f3n en su trabajo casi tan peque\u00f1a como la que tiene al presente. Esa intervenci\u00f3n, si se ejerc\u00eda, ser\u00eda indirecta, por medio de los canales pol\u00edticos, y tan insignificante y vaga que no proporcionar\u00eda una satisfacci\u00f3n apreciable\u00bb<sup>50<\/sup>. La estimaci\u00f3n russelliana ignora todo el elemento propiamente sovi\u00e9tico (de los consejos obreros) del pensamiento socialista. Pero, como lo muestra una experiencia abundante, esa ignorancia no anula todo el valor de la observaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este plano cr\u00edtico, por \u00faltimo, se puede recordar el \u00fatil reverso de su idealismo, ya criticado aqu\u00ed: la insistencia de Russell en la din\u00e1mica de las sobrestructuras en general y de la pol\u00edtica en particular (cuesti\u00f3n del poder del estado) es un correctivo del mecanicismo que \u00e9l mismo profesa tan a menudo.<\/p>\n<p>No menos interesantes son, como motivo de reflexi\u00f3n socialista, observaciones de Russell que apuntan constructiva o program\u00e1ticamente a necesarios cambios de acentuaci\u00f3n en el razonar revolucionario. Ya en 1916 ha condenado Russell la moral de la eficiencia pura, viendo acertadamente en ella su ra\u00edz capitalista: la \u00abfilosof\u00eda del dinero\u00bb, \u00abaparte de otros dem\u00e9ritos, es da\u00f1osa porque conduce a los hombres a aspirar a un resultado m\u00e1s bien que a una actividad [\u2026]<sup>51<\/sup>\u00bb. Russell no es nunca medievalizante: ese pensamiento se tiene que leer como propuesta de que una sociedad futura se plantee como problema la tensi\u00f3n entre la necesaria eficacia social y la esencialidad del objetivo de poner la vida por encima de la funci\u00f3n.<\/p>\n<p>En <i>Elogio de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad,<\/i><i> <\/i>Russell denuncia algo que la literatura socialista tard\u00f3 en identificar como escollo grave para la formaci\u00f3n de la consciencia de clase y revolucionaria en general: \u00abLa preocupaci\u00f3n maquinista ha producido lo que podr\u00edamos llamar la falacia del manipulador, que consiste en tratar a los individuos y a las sociedades como si fueran inanimados, y como si los manipuladores fueran seres divinos\u00bb<sup>52<\/sup>.<\/p>\n<p>La motivaci\u00f3n libertaria que se transparenta en varios de los puntos aludidos se explicita en el terreno de la pol\u00edtica cultural: \u00abEs en las cuestiones que los pol\u00edticos suelen ignorar <em>\u2013<\/em>ciencia y arte, relaciones humanas y la alegr\u00eda de vivir<em>\u2013<\/em>\u00a0adonde el anarquismo es m\u00e1s s\u00f3lido [&#8230;] El mundo que debemos buscar es un mundo en el que el esp\u00edritu creador est\u00e9 vivo, en que la vida sea una aventura llena de alegr\u00eda y esperanza, basada m\u00e1s bien en los impulsos constructivos que en el deseo de retener lo que poseemos o de apoderarnos de lo que poseen otros\u00bb<sup>53<\/sup>. Como queda dicho, Russell no ha profesado un anarquismo consecuente. Pero la punta de inspiraci\u00f3n libertaria que hay en su pensamiento anima todas esas ideas cr\u00edticas o program\u00e1ticas en las que es posible ver ense\u00f1anza o motivo, al menos, de reflexi\u00f3n para el socialismo marxista; \u00e9ste es el \u00fanico socialismo que ha conseguido hasta hoy construir realidad social, y deber\u00eda ser ya lo suficientemente maduro y experto para prestar atenci\u00f3n, con la mirada puesta en sus propias deficiencias, a los motivos de otra tradici\u00f3n revolucionaria que se ha mostrado incapaz hasta ahora de vencer la resistencia de las clases dominantes capitalistas, pero que dispone tambi\u00e9n de un tronco de experiencia social pertinente para la construcci\u00f3n del socialismo. Un debilitado eco de esa tradici\u00f3n basta para hacer de Russell un cr\u00edtico interesante de la experiencia socialista.<\/p>\n<p>De todos modos, la aportaci\u00f3n m\u00e1s valiosa de Russell a la formaci\u00f3n de una consciencia socialista y a la comprensi\u00f3n del mundo presente es involuntaria: es la aportaci\u00f3n de su mero ser pol\u00edtico-social, el significado de Russell no como autor, sino como dato. El pensamiento social de Russell es muy valioso como dato porque es un pensamiento honrado, incluso cuando resulta superficial. El dato Russell est\u00e1 cargado de informaci\u00f3n sobre la situaci\u00f3n del fil\u00f3sofo, el cient\u00edfico y el artista (\u00e9l fue todo eso) en una \u00e9poca de transici\u00f3n revolucionaria. Russell revela la desesperaci\u00f3n inicial sobre los valores de la antigua formaci\u00f3n social e, inconscientemente, sobre la posici\u00f3n de los intelectuales tradicionales (\u00abuna fe nueva y duradera <em>\u2013<\/em>escribe Russell en <i>Mis<\/i><i>ticismo<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>l\u00f3gica<em>\u2013<\/em><\/i><i>\u00a0<\/i>puede erguirse s\u00f3lo sobre el firme fundamento de una desesperaci\u00f3n inexorable\u00bb<sup>54<\/sup>). Y revela tambi\u00e9n los momentos vacilantes de debilidad, caracter\u00edsticos del intelectual consciente de la crisis del nuevo antiguo r\u00e9gimen, pero sin ra\u00edces org\u00e1nicas con el movimiento obrero (\u00ab[&#8230; ] el mundo se mov\u00eda cada vez m\u00e1s en direcci\u00f3n a la guerra y la dictadura, y no vi que pudiera hacer nada \u00fatil en el terreno pr\u00e1ctico. Por eso me dediqu\u00e9 m\u00e1s a la filosof\u00eda y a la historia de las ideas\u00bb)<sup>55<\/sup>. Y<b> <\/b>presenta, por \u00faltimo<i>, <\/i>en los momentos de recuperaci\u00f3n desde aquella debilidad, la afirmaci\u00f3n de que la funci\u00f3n del cient\u00edfico y del fil\u00f3sofo es democr\u00e1tica y revolucionaria, que el cient\u00edfico deber\u00eda luchar contra \u00abla ascendencia del fascismo\u00bb, porque esa ascendencia es \u00abla rebeli\u00f3n contra la raz\u00f3n\u00bb<sup>56<\/sup>.<\/p>\n<p>En Russell, como dato, cobra sentido la casi inabarcable serie de contradicciones entre sus afirmaciones pol\u00edtico-sociales de a\u00f1os diferentes y a veces de un mismo a\u00f1o. Muchas de esas inconsecuencias se han recogido aqu\u00ed sin particular piedad. Pero tambi\u00e9n es obligado recordar que la \u00faltima aportaci\u00f3n de Russell, su involuntaria revelaci\u00f3n de la crisis de la funci\u00f3n tradicional de los intelectuales, es sobre todo valiosa porque fue acompa\u00f1ada y autentificada por la pr\u00e1ctica. Aqu\u00ed no se content\u00f3, como en la teor\u00eda social, con demasiado poco por haber exigido verbalmente mucho, sino al contrario. Y esto es tambi\u00e9n una ense\u00f1anza.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt;\"><strong>Notas<\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>1<\/sup>\u00a0\u00abReply to Criticisms\u00bb, en <i>The<\/i><i> <\/i><i>Philosophy<\/i><i> <\/i><i>of<\/i><i> <\/i><i>Bertrand<\/i><i> <\/i><i>Russell, <\/i>editado por Paul Arthur Schilpp, 3.\u00aa ed., New York, 1951 (sigla TPBR), pp. 730-731.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>2<\/sup>\u00a0Sidney Hook, \u00abBertrand Russell&#8217;s Philosophy of History\u00bb, en TPBR, p. 646.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>3<\/sup><i>\u00a0Freedom<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>Organization,<\/i><i> <\/i>London, 1934, pp. 198-199.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>4<\/sup>\u00a0En el pr\u00f3logo a <i>Roads<\/i><i> <\/i><i>to<\/i><i> <\/i><i>Freedom,<\/i><i> <\/i>por ejemplo, Russell enumera las \u00abcausas principales del cambio pol\u00edtico entre 1814 y 1914\u00bb. Que resultan ser: la t\u00e9cnica econ\u00f3mica; la teor\u00eda pol\u00edtica o los ideales pol\u00edticos; los individuos de capacidad excepcional o en posici\u00f3n estrat\u00e9gica; el azar. \u00bfCu\u00e1les ser\u00e1n las causas secundarias?<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>5<\/sup>\u00a0\u00abEl concepto de la \u00abfilosof\u00eda\u00bb\u00a0en Russell\u00bb, en <i>Homenaje a Bertrand Russell, <\/i>recopilaci\u00f3n de ensayos por Ralph E. Schoenman, Barcelona, 1968 [sigla HBR], p. 204.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>6<\/sup>\u00a0<i>History<\/i><i> <\/i><i>of<\/i><i> <\/i><i>Western<\/i><i> <\/i><i>Philosophy,<\/i><i> <\/i>London, 1945, p. 11.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>7<\/sup>\u00a0<i>Autoridad<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>Indi<\/i><i>v<\/i><i>iduo,<\/i><i> <\/i>M\u00e9xico; 1949, p. 9.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>8<\/sup>\u00a0De todos modos, ya la misma consciencia de lo biol\u00f3gico que se aprecia en el pensamiento de Russell (y no s\u00f3lo a prop\u00f3sito de cuestiones sociales, sino tambi\u00e9n, por ejemplo, en algunas fases de su epistemolog\u00eda) puede tener consecuencias conservadoras, porque le falta consciencia hist\u00f3rica con la que sintetizarse o complementarse. Esa carencia la hace fijista, degrada a veces la consciencia biol\u00f3gica en un biologismo fatalista que considera eternos fen\u00f3menos en realidad hist\u00f3ricos, como el \u00abdeseo de dominio\u00bb y otros \u00abinstintos\u00bb. He aqu\u00ed un ejemplo particularmente significativo, porque procede de una de las tem\u00e1ticas en que Russell ha sido m\u00e1s libre: la \u00e9tica sexual. \u00abEl deseo de dominio es un ingrediente de la mayor\u00eda de las pasiones sexuales de los hombres, especialmente de los que son fuertes y serios [&#8230;] El resultado es una lucha por la libertad, de una parte, y por la vida, de otra. Las mujeres sienten que tienen que proteger su individualidad; los hombres sienten, frecuentemente de un modo impl\u00edcito, que la represi\u00f3n del instinto que se les pide es incompatible con el vigor y la iniciativa. El choque de estos dos momentos opuestos hace imposible la mezcla real de personalidades. [&#8230;] Yo dudo que haya una cura radical, a no ser alguna forma de religi\u00f3n tan firme y sinceramente cre\u00edda que dominara hasta la vida del instinto.\u00bb <i>(Principios de <\/i><i>Reconstrucci\u00f3n<\/i><i> <\/i><i>social,<\/i><i> <\/i>Madrid, 1921, pp. 204-205.)<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>9<\/sup><i>\u00a0Autoridad<\/i><i> <\/i><i>e<\/i><i> <\/i><i>Individuo,<\/i><i> <\/i>p. 223.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>10<\/sup>\u00a0<i>Principios.<\/i>., p. 47.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>11<\/sup>\u00a0Ibid, pp. 128-129.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>12<\/sup>\u00a0Ibid, p. 260.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>13<\/sup>\u00a0<i>Elogio<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>otros<\/i><i> <\/i><i>ensayos,<\/i><i> <\/i>Madrid, 1953, p. 23<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>14<\/sup>\u00a0<i>El<\/i><i> <\/i><i>impacto<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ciencia<\/i><i> <\/i><i>en<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>sociedad,<\/i><i> <\/i>Madrid, 1952, p. 62.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>15<\/sup>\u00a0lbid., p\u00e1g. 78.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>16<\/sup>\u00a0lbid., p\u00e1g. 120.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>17<\/sup>\u00a0Georg Luk\u00e1cs, <i>El<\/i><i> <\/i><i>Asalto<\/i><i> <\/i><i>a la<\/i><i> <\/i><i>Raz\u00f3n,<\/i><i> <\/i>Barcelona-M\u00e9xico, 1968, p. 655.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>18<\/sup>\u00a0\u00abMy Mental Development\u00bb, en TPBR, p. 16.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>19<\/sup>\u00a0<i>Principios&#8230;<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>p. 5<i>.<\/i><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>20<\/sup>\u00a0<i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i>y <i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo,<\/i><i> <\/i>Barcelona, 1969, p. 110.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>21<\/sup>\u00a0<i>El<\/i><i> <\/i><i>poder<\/i><i> <\/i><i>en<\/i><i> <\/i><i>los<\/i><i> <\/i><i>hombres<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>en<\/i><i> <\/i><i>los<\/i><i> <\/i><i>pueblos,<\/i><i> <\/i>Buenos Aires, 1946, pp. 12-14.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>22<\/sup>\u00a0<i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo,<\/i><i> <\/i>p. 101.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>23<\/sup>\u00a0Sidney Hook, en TPBR, p. 648.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>24<\/sup>\u00a0V. Sidney Hook en TPBR, especialmente p. 652.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>25<\/sup>\u00a0<i>Freedom<\/i><i> <\/i><i>and<\/i><i> <\/i><i>Organization,<\/i><i> <\/i>p. 198.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>26<\/sup>\u00a0Cfr. <i>German<\/i><i> <\/i><i>Social<\/i><i> <\/i><i>Democracy,<\/i><i> <\/i>London, 1896, p. 18.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>27<\/sup>\u00a0Ibid.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>28<\/sup>\u00a0<i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>prdctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo,<\/i><i> <\/i>pp. 106-107.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>29<\/sup>\u00a0<i>El<\/i><i> <\/i><i>poder<\/i><i>&#8230;<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>p. 11.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>30<\/sup>\u00a0Partiendo de esas incomprensiones b\u00e1sicas, Russell cae en t\u00f3picos antimarxistas del tipo vulgar y propagand\u00edstico. As\u00ed, por ejemplo<i>, <\/i>escribe en <i>Teor\u00eda y pr\u00e1ctica del<\/i><i> <\/i><i>bo<\/i><i>l<\/i><i>ch<\/i><i>e<\/i><i>vismo, <\/i>p. 7 (pr\u00f3logo) que Marx \u00absuger\u00eda una, concepci\u00f3n de los seres humanos como mu\u00f1ecos en las garras de fuerzas materiales omnipotentes\u00bb. Russell merece la piedad de que no nos detengamos ante cosas as\u00ed. Lo \u00fanico imprescindible es se\u00f1alar el origen de clase de esas interpretaciones. \u00c9se es el objeto de la secci\u00f3n siguiente.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>31<\/sup>\u00a0<i>Teoria<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo,<\/i><i> <\/i>p. 21.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>32<\/sup>\u00a0<i>Roads<\/i><i><b> <\/b><\/i><i>to<\/i><i> <\/i><i>Freedom,<\/i><i> <\/i>London, 1918, pp. 150-151.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>33<\/sup><i>\u00a0Elogio<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad,<\/i><i> <\/i>pp. 127-153.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>34<\/sup>\u00a0Ibid, p. 115.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>35<\/sup>\u00a0McGill, V. J.: \u00abRussell&#8217;s Political and Economic Philosophy\u00bb, en TPBR, p. 589.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>36<\/sup>\u00a0Ibid., p. 594.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>37<\/sup>\u00a0lbid., p. 582.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>38<\/sup>\u00a0\u00abMy Mental Development\u00bb, en TPBR, p. 9.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>39<\/sup>\u00a0Del comentario de McGill en TPBR, p. 585.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>40<\/sup>\u00a0<i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo,<\/i><i> <\/i>p. 94.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>41<\/sup>\u00a0<i>Elogio<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad,<\/i><i> <\/i>p. 26.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>42<\/sup>\u00a0<i>Principios<\/i><i> <\/i><i>&#8230;<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>pp. 147-148.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>43<\/sup>\u00a0<i>El<\/i><i> <\/i><i>impacto<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>cie11cia<\/i><i> <\/i><i>en<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>sociedad,<\/i><i> <\/i>p. 56.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>44<\/sup>\u00a0<i>Elogio<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad,<\/i><i> <\/i>p. 24.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>45<\/sup>\u00a0<i>Principios<\/i><i>&#8230;<\/i><i>,<\/i><i> <\/i>p. 12.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>46<\/sup>\u00a0Ibid., p. 45.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>47<\/sup>\u00a0lbid., p. 46.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>48<\/sup>\u00a0lbid., pp. 120-121.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>49<\/sup>\u00a0<i>Teor\u00eda<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>pr\u00e1ctica<\/i><i> <\/i><i>del<\/i><i> <\/i><i>bolchevismo,<\/i><i> <\/i>p. 8.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>50<\/sup><i>\u00a0Principios\u2026,<\/i>p. 147.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>51<\/sup>\u00a0lbid., p. 262.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>52<\/sup><i>\u00a0Elogio<\/i><i> <\/i><i>de la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad,<\/i><i> <\/i>p. 120.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>53<\/sup>\u00a0<i>Roads<\/i><i> <\/i><i>to<\/i><i> <\/i><i>Freedom, <\/i>Introducci\u00f3n.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>54<\/sup>\u00a0<i>Misticismo<\/i><i> <\/i><i>y<\/i><i> <\/i><i>l\u00f3gica,<\/i><i> <\/i>Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1967. (Retoco la traducci\u00f3n seg\u00fan el original.)<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>55<\/sup>\u00a0\u00abMy Mental Development\u00bb, en TPBR, p. 18.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\"><sup>56<\/sup>\u00a0<i>Elogio<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>ociosidad,<\/i><i> <\/i>p. 88.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 10pt;\">Fueron frecuentes las referencias a Russell en sus clases de Metodolog\u00eda de las Ciencias Sociales a partir del curso de 1976-1977 en adelante. Pero, salvo error por nuestra parte, no dedic\u00f3 al fil\u00f3sofo brit\u00e1nico ning\u00fan seminario espec\u00edfico.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"#INDICE\">VOLVER AL INDICE<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n Estimados lectores, queridos amigos y amigas: Seguimos con la serie de materiales<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[73],"tags":[],"class_list":["post-1698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-manuel-sacristan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1698"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1699,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1698\/revisions\/1699"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/sacristan\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}