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La crisis de la filosofía burguesa – Georg Lukács

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«Los marxistas no han sido los únicos en haber comprobado la crisis de la filosofía burguesa. Esta noción se ha convertido desde hace mucho tiempo en moneda corriente en la filosofía burguesa misma. Así, por ejemplo, el neo-hegeliano Siegfried Marck, al querer determinar el lugar que Rickert ocupa en la evolución de la filosofía, declara que pertenece al período anterior a la crisis. En efecto, si nos tomamos
el trabajo de estudiar atentamente la evolución de la filosofía burguesa de estos últimos tiempos, puede verse que sus mismas bases son puestas en duda periódicamente. Y no es casualidad que en el punto de partida de o esta evolución se vuelva a encontrar el programa de Nietzsche: volver a estructurar la tabla de valores. Puede decirse que el año en el que un dominio cualquiera del pensamiento no conoce una crisis aguda, se pierde en la banalidad.
Pero el signo más serio de la crisis se encuentra sin duda en el hecho de que su evolución termina
en aquello que se llama con alguna exageración la concepción del mundo del fascismo. Por otra parte
es fácil comprobar que la resistencia que la filosofía burguesa opone al fascismo es igual a cero. Numerosas escuelas filosóficas, de las cuales el fascismo se había apoderado (Nietzsche, por ejemplo), continúan beneficiándose con la misma popularidad en los amplios medios antifascistas burgueses.

El hecho de la crisis es casi indiscutible. Su descripción y su estudio crítico constituyen ya una tarea
muy compleja, tanto sobre el plano histórico como desde un punto de vista particular- mente filosófico.
Es allí donde inmediatamente se plantea el problema: ¿qué hay de específicamente nuevo en la filosofía
del período imperialista? ¿En verdad es radicalmente nueva? Y, en caso afirmativo, ¿en qué reside su novedad?
La prudencia es de rigor en el estudio de problemas de este género. Durante la discusión del programa del partido comunista ruso, Lenin se había pronunciado contra la tendencia representada por aquellos que se proponían estudiar la estructura económica y las leyes internas del imperialismo haciendo
abstracción de la evolución general del capitalismo. Creemos que ese principio metodológico se aplica perfectamente al dominio de la ideología y de la filosofía. La filosofía del imperialismo sólo puede ser comprendida y criticada a la luz de las leyes fundamentales de la sociedad capitalista, porque es evidente
que la influencia de la estrucura económica se manifiesta igualmente en el dominio de la filosofía.
La crisis se revela en síntomas que no tienen nada de profundos: en la filosofía moderna se traduce
por la incansable investigación de sus fuentes en el pasado. Es fácil, por ejemplo, seguir la influencia de
Kant hasta H. St. Chamberlain y, a través de éste, a Rosenberg. Sartre, por su parte, remonta hasta Descartes mientras que, de acuerdo con el irracionalismo alemán, sería desde Descartes de donde partiría la desviación de la filosofía moderna. Podríamos multiplicar estos ejemplos hasta el infinito. En esa investigación desordenada y reanudada sin cesar de fuentes antiguas cada vez distintas, se manifiestan una vez más los signos de la crisis sobre el plano histórico. Esta crisis expresa un profundo malestar: la filosofía perdió su camino. ¿Dónde y cuándo se perdió? ¿Hasta dónde es preciso retroceder para volver a encontrar el buen camino?» (de la Introducción del autor)

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