La resistible ascensión de Arturo Ui – Bertolt Brecht

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DOS ASPECTOS configuran el punto de partida de la concepción de «La Resistible Ascensión de Arturo Ui», de Bertolt Brecht: el contenido teatral con relación a su motivación histórica y al presente político (histórico).
El motivo histórico es la toma de poder por los nazis en Alemania y Europa entre 1929 y 1939.
Brecht: «La Resistible Ascensión de Arturo Ui», escrita en Finlandia en 1941, es un intento de mostrar la ascensión de Hitler al mundo capitalista situándola en un medio que le es familiar. El lenguaje en verso hace medible la heroicidad de los personajes. «El Ui» es una pieza parabólica escrita con la intención de destrozar ese respeto, extendido y peligroso, que se tiene ante los grandes asesinos. El ámbito ha sido limitado intencionadamente: se reduce al plano del Estado, los industriales y los pequeños burgueses. Eso es suficiente para desarrollar la intención planteada.» («Notas», Brecht, pág. 1176. Edición Suhrkanp).
La parábola, escrita para una representación en USA, sitúa el momento culminante de la reciente historia mundial en el mundo de Chicago, con lo que obtiene una intención dialéctica directa: la confrontación con la historia presente, transmitida a través de una «story» que, como tal, era de igual modo directamente identificable. En la época el mismo planteamiento hubiera sido para Alemania igualmente acertado: la confrontación con la propia historia, transmitida a través de una «story», ajena, pero análoga.
Medio siglo más tarde, y en España, el funcionamiento de la obra ante el público ha de ser necesariamente otro muy distinto. Hoy se trata de comprender una historia pasada como una presente. Pues el presente no es otra cosa que la suma de la historia pasada.
«La lógica cotidiana no debe dejarse intimidar cuando se aplica al plano histórico de los siglos: las reglas morales que nos parecen válidas para las pequeñas circunstancias, deben tener la misma validez en las grandes. El canalla de pequeño formato, al que los poderosos permiten llegar a ser un delincuente en grande, no debe poder recibir una posición de excepción no sólo en el mundo de la delincuencia, sino tampoco en nuestra comprensión de la historia.» («Notas», Brecht, pág. 1178. Edición Suhrkanp).
Mientras no se haya superado esta época en la que los poderosos, por razones y relaciones que la parábola de Brecht quiere hacer transpa-rentes, siguen necesitando las mismas guerras, crímenes y maquinaciones, seguirá siendo «Arturo Ui» un medio teatral de hacer presente el pasado o, expresado de otro modo, de comprender el presente como historia. Comprender, es decir, pensar, para obtener claridad de relaciones causales, a eso llama Brecht un placer. Esto no ha de ser considerado sólo como una constatación apriorística, sino como la exigencia a cualquier medio que intente comunicar contenidos. Por ello nuestra producción representa el intento de desarrollar un juego desde este punto de partida que —fiel a Brecht y al original— no busque el placer en la diversión culinaria, sino en la lógica de su pensamiento, que encuentra comprensión y claridad en relaciones causales. Así, no se presenta la pieza (lo que bien podría parecer en una primera ojeada) como una historia de criminales o una balada gangsteril, con un héroe que se eleva, que arrastra y destroza, sino como una red finamente tejida de fuerzas, intereses y delitos sociales.
La pieza muestra que una potencia no se deja arrastrar el poder contra su voluntad por alguien más débil, sino que cuando delega su poder actúa por propios intereses.
La obra trata de hacer reconocibles esos intereses (que en el lenguaje político obtuvieron los más diversos nombres éticos, económicos, etc.) como intereses, y hacer presentes también los métodos mediante los cuales fueron impuestos y defendidos. No puede tratarse aquí de denunciar a la Alemania del III Reich; eso ya lo hizo la Historia misma. Creemos seguir la intención de Brecht, cuando nos planteamos como meta el cuestionar, mediante una parábola realista (que es el medio genuino del teatro) si el presente puede ser comprendido —y superado—
TEATRO DE LA PLAZA.

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