Republicanos : nueva selección de textos de teoría política republicana – Miguel Ángel Doménech

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Los textos que aquí se seleccionan pertenecen a la corriente de pensamiento filosófico-político que ha sido bautizado con diferentes nombres: republicanismo cívico, republicanismo clásico, filosofía republicana, humanismo cívico,… o republicanismo “tout court”. En esta selección se ha optado por la denominación Teoría Política Republicana simplemente por evitar dos escollos. El primer obstáculo que se ha pretendido vadear al no elegir el termino filosofía política republicana ha tenido en cuenta que buena parte de las reflexiones que componen la selección no proceden de puros teóricos políticos sino de verdaderos políticos como “hombres de acción” que componen su reflexión al ritmo de su propia experiencia activa en los acontecimientos que les toca vivir. Así ocurre con Robespierre a quien se adecuaría mal el término de filósofo contenido en la opción que se hubiese preferido de filosofía política republicana. El otro motivo es la constatación de que las propuestas republicanas incluyen no solo proposiciones de reflexión teórica sobre los asuntos públicos sino que en gran medida incluyen verdaderas iniciativas de praxis política, lo que es característico precisamente de esta corriente republicana que se alimenta de en gran parte de pensadores que fueron a su vez políticos activos. Pensemos en un Maquiavelo, figura central, cuyo pensamiento genial se alimenta de la propia experiencia de su puesto como funcionario relevante de la República de Florencia o el propio Presidente de los nacientes Estados Unidos, Thomas Jefferson. Y no solo fue Robespierre quien perdió la cabeza por sus compromisos republicanos activos, sino también Cicerón. En efecto, la Teoría Política Republicana, nunca ha sido un ejercicio diletante de salón ni un instrumento contemplativo. Precisamente su antecedente más reivindicado, se sitúa, no en textos terminados, sino en la práctica política de la ciudad-estado de la Atenas democrática y en el realismo jurídico de la República romana.
Si consultamos los libros y los diccionarios de la historia de las ideas políticas considerados más autorizados hasta recientemente (Sabine, Touchard,…) nos sería imposible encontrar referencia alguna al termino republicanismo. Porque se trata de una tradición de pensamiento filosófico que no ha sido considerada como tal hasta hace relativamente poco tiempo, a pesar de que sus orígenes se remontan a la antigüedad clásica y de que mantuvo vigencia hasta entrado el siglo XIX, pasando, a partir de entonces, prácticamente desapercibida para la teoría política, con la aceptación masiva en la práctica y en la reflexión teórica del socialismo y del liberalismo. El socialismo lo hizo como continuador en muchos aspectos de gran parte de las tesis del republicanismo, eclipsándole (ver A. Doménech, El eclipse de la fraternidad). El liberalismo -desde las tesis de B. Constant- por otras razones, entre las que cabría destacar las señaladas por algunos (como P. Petit), como el interés por impedir que la concepción democráticamente expansiva del concepto de ciudadanía –básico en el republicanismo- se extendiese más allá de los propietarios.
En cualquier caso, la recuperación de la filosofía política del republicanismo se debe, en gran parte, al verdadero “rastreo” de una serie de historiadores que iniciaron una revisión historiográfica -sobre todo centrada en los orígenes de la Independencia Americana- que contradecía la opinión hegemónica de que la fuente intelectual de los revolucionarios de la declaración de Independencia o de la Constitución de 1787 había sido el incipiente liberalismo, dando, desde entonces, el pedigrí democrático de
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avanzadilla de la defensa de la libertad a esta proposición política. Entre los autores que iniciaron este movimiento destacan los de la Escuela de Oxford: Pocock, Finley, Wood, Dunn, Skinner,… Estos autores concluyen que las tesis republicanas estuvieron mucho más presentes y fueron más influyentes que el liberalismo de Locke.
A partir de aquellas nuevas versiones de la historia se ha producido un verdadero aluvión de pensadores que proponen una relectura de los clásicos que se creía hasta entonces conocer cabalmente, una propuesta de lectura tan revolucionaria que de hecho supuso la cancelación, por anacrónicas, de bibliotecas enteras y la resurrección interpretativa de otros autores. La recuperación de este pensamiento político no se ha limitado a consecuencias teóricas y no ha sido sin consecuencias en la práctica política. En algunos países la reaparición de este republicanismo y la importancia de su presencia en el debate sobre la significación del discurso político ha sido muy importante. Así, en Francia, donde “llovía sobre mojado”, al estar aún presente en este país el espíritu republicano más genuinamente y la significación más integradora que aún tenía en la cotidianidad política este pensamiento. En Estados Unidos, las consecuencias prácticas de la recuperación se han dejado sentir en estudios sociológicos que continuaban en la línea de lo anticipado por Tocqueville y que ponían de manifiesto la herida social que la pérdida de aquel republicanismo, suplantado por el liberalismo de la sociedad capitalista avanzada, estaba produciendo en la pérdida de capital social y cívico. En nuestro país sirva de muestra de la importante introducción de esta corriente el seguimiento de revistas de pensamiento como Claves, Isegoría, Sin Permiso, etc… así como los libros publicados por Antoni Doménech, Félix Ovejero, Helena Béjar, A. De Francisco, Daniel Raventós, M. Cruz… Y en general, en todas partes, se cuenta actualmente con un considerable número de autores, entre los de mayor envergadura intelectualmente reconocida, que se reivindica de esta corriente, o en sus aledaños o que en la evolución de pensamiento se ha ido aproximando a ella (¿Habermas?).
No todo es historiografía. Porque coincidiendo oportunamente con aquella recuperación, o incluso precediéndola, se tenían a mano las innovadoras reflexiones de Hannah Arendt, calificadas en su aparición como inclasificables por su originalidad, o perteneciendo a una especie nueva de la filosofía política de corte existencialista, y que hoy día se descubren como entre las más entroncadas con la clásica filosofía del republicanismo.
Pero quizás el alcance más importante de esta recuperación ha sido la de resucitar el pensamiento democrático de izquierda, contribuyendo a dar una perspectiva diferente a la del socialismo en crisis ya quebrado por el influjo peyorativo de la experiencia del funcionamiento del “socialismo real” y la llamada “crisis del estado de bienestar”, dando al mismo tiempo un enfoque diferente a lo que ha sido propio de la legitimidad constitucional-representativa que hasta le fecha había tenido el monopolio de la ideología democrática. De esta manera ha dado oportunidad a la izquierda de romper ese monopolio que se atribuía el liberalismo como determinante de la consideración exclusiva de la libertad, los derechos y de la democracia “tout court” de manera que fuera del liberalismo “no había salvación”.
Y puesto que se trata de una Selección de Textos, me remito, para una descripción más extensa y exacta de la resurrección del republicanismo a los excelentes textos de Eloy García en su Introducción la traducción española del libro de Pockcok, El momento maquiavélico; o a Roberto Gargarella en la parte que al republicanismo dedica en su Las teorías de la justicia después de Rawls, además del trabajo de Ramon Ruiz Ruiz: en Los orígenes del republicanismo clásico, entre otros muchos. (de la Introducción)

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