Una breve historia del neoliberalismo – David Harvey

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«Las transformaciones de este alcance y profundidad no suceden de manera accidental. Así pues, resulta oportuno indagar qué caminos y qué medios se utilizaron para lograr arrancar esta nueva configuración  económica -a menudo subsumida en el término “globalización”- de las entrañas de la vieja. Volcker, Reagan, Thatcher y Deng Xiaoping optaron por utilizar, todos ellos, discursos minoritarios que estaban en circulación desde hacía largo tiempo y los tornaron mayoritarios (aunque en ningún caso sin una dilatada lucha). Reagan hizo revivir una tradición minoritaria en el seno del Partido Republicano, surgida a principios de la década de 1960 de la mano de Barry Goldwater. Deng era testigo del vertiginoso aumento de riqueza y de influencia experimentado por Japón, Taiwán, Hong Kong, Singapore y Corea del Sur, y para salvaguardar y promover los intereses del Estado chino, resolvió movilizar un socialismo de mercado en lugar de la planificación central. A su vez, tanto Volcker como Thatcher rescataron de las sombras de relativa oscuridad en que se encontraba una singular doctrina a la que llamaban “neoliberalismo” y la transformaron en el principio rector de la gestión y el pensamiento
económicos. Esta doctrina -sus orígenes, su ascenso y sus implicaciones-, constituye mi principal objeto de interés en las páginas que siguen.
El neoliberalismo es, ante todo, una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de estas prácticas. Por ejemplo, tiene que garantizar la calidad y la integridad del dinero. Igualmente, debe disponer las funciones y estructuras militares, defensivas, policiales y legales que son necesarias para
asegurar los derechos de propiedad privada y garantizar, en caso necesario mediante el uso de la fuerza, el correcto funcionamiento de los mercados. Por otro lado, en aquellas áreas en las que no existe mercado (como la tierra, el agua, la educación, la atención sanitaria, la seguridad social o la contaminación medioambiental), éste debe ser creado, cuando sea necesario, mediante la acción estatal. Pero el Estado no debe aventurarse más allá de lo que prescriban estas tareas. La intervención estatal en los mercados (una vez creados) debe ser mínima porque, de acuerdo con esta teoría, el Estado no puede en modo alguno obtener la información necesaria para anticiparse a las señales del mercado (los precios) y porque es inevitable que poderosos grupos de interés distorsionen y condicionen estas intervenciones estatales (en particular en los sistemas democráticos) atendiendo a su propio beneficio.» (de la Introducción del autor)

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