Filosofía

Sujeto-objeto : el pensamiento de Hegel – Ernst Bloch

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PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL
La presente obra se propone servir de introducción a la filosofia de Hegel. Pero no facilitará la materia por el procedimiento de diluirla. Si asi lo hicieramos, prestaríamos un flaco servicio al lector.

Damos por supuesto un conocimiento elemental del moderno óensamiento filosofico, que cualquier manual de historia de la filosofia puede facilitar. Nuestro libro aspira a tender un puente sobre el espacio que se abre entre estos manuales y la obra original del filósofo. No tiene, pues, la pretensión de ser un libro sobre Hegel, y más bien diríamos que es un libro escrito con él y a traves de él. No se propone tampoco, menos aún, aumentar la lista, ya crecida, de los llamados florilegios o antologías —estos tesoros pequeñoburgueses de citas— en que se mata todo lo que sea entronque,conexión. La presente obra trata de descubrir, precisamente, esta conexión, que es para ella lo fundamental, y no condensa nada, como si se tratase de vapor de agua, que a la postre sólo se precipita, naturalmente, en agua, sino que lo que se propone es concentrar, tomando como centro la causa emocionante y preciosa que a todos
nos interesa, y sus expansiones.

Las citas de Hegel y los textos comentados de este filósofo, que acompañan a la mayoría de los capítulos, no son tampoco fragmentos arrancados de su sitio; jamás pretenden olvidar que viven dentro de un sistema.
El análisis económico-social de la filosofía hegeliana era, en esta obra, importante, útil e inexcusable, pero tampoco este análisis podía, lícitamente, tener un carácter esquemático. No debe confundir
los simples elementos ideológicos de esta teoria con la amplitud y la profundidad de su desarrollo, a menos que la explicación deje de ser filosófica para convertirse en sociológica; es decir, a menos que pierda de vista los horizontes de los problemas. Aquella totalidad que, filosóficamente, no puede jamás reducirse a la sociedad que se estudia y a la literatura supeditada a ella.

Y es decisivo, sobre todo, lo siguiente: en el mundo de los grandes pensamientos que avanzan y progresan, lo mismo que en el arte y en la moral, quedan siempre en pie cosas no liquidadas, no invalidadas; más aún, estas cosas no invalidadas constituyen el más esencial substrato de la herencia cultural. Tampoco en Hegel —en él menos que en nadie— es esta herencia algo cerrado y definitivo: no existe ningun pasado que salga a nuestro paso desde el futuro tan cargado de problemas como el de Hegel.

Los problemas aparentes de este filósofo, las ideologías y los idealismos de lo que él llama el espíritu universal, han sido despejados por Marx; los auténticos problemas y las implicaciones de la cosa
misma siguen siendo insustituibles; sobre todo, después de aquello. Y no hay modo de volverles la espalda, pues la marcha del mundo conduce de por si a ellos.

Hegel es el maestro que puso los cimientos para la conciencia avanzada moderna. Lo que a este filósofo le preocupaba por encima de todo era el yo que se abre camino hacia el conocimiento, lo verdadero, que es lo real. Y la verdad no es nunca un hecho estancado o establecido, como no lo era tampoco, en modo alguno, el propio Hegel. La verdad, en cuanto realidad, es más bien el resultado de un proceso. Este proceso es el que hace falta esclarecer y obtener. Hegel es uno de los testigos mas importantes para ello, tanto por la dialectica como por la extensión de sus testimonios. Quien aspire a la verdad tiene que adentrarse en esta filosofía, aunque la verdad no se detenga en ella. Hegel negó el porvenir. Ningún porvenir renegara de Hegel.
Ernst Bloch
Cambridge, Mass.
Enero de 1947

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