Filosofía de la historia – Georg W.F. Hegel

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«Cuando al reseñar la vida de Hegel hacíamos mención de sus obras, no hablamos para nada de la que ahora nos ocupa: sus Lecciones de filosofía de la historia. Y es que Hegel no la publicó: se trata de una obra póstuma. O mejor, ni siquiera se trata de un libro propiamente dicho que el autor hubiera preparado para su edición. La presente obra consiste, más bien, en una serie de apuntes hechos por el autor para sus lecciones de cátedra.
Este carácter del libro se aprecia muy bien al leerlo, pues se echa de ver que le falta una línea continua y bien elaborada: a menudo los textos se encadenan con los anteriores; otras veces aparecen párrafos mayores o menores como sueltos y desarticulados del contexto. El mismo desarrollo de los capítulos podría ser objeto de crítica si se tratara de escritos elaborados según un plan que quisiera ser sistemático. Y en cuanto al estilo, se nota cierta despreocupación y pobreza -por ejemplo, una abundante repetición de las mismas palabras- que trata de evitarse cuando se quiere componer una obra.
Es cierto que Hegel había publicado lo esencial de su filosofía de la historia; pero lo hizo en forma de compendio, breve y esquemático, que incluyó en dos lugares distintos de su obra: en la Filosofía del derecho y en el Esbozo de una enciclopedia de las ciencias filosóficas. Pero había quedado por publicar toda la ingente cantidad de material que tenía sobre aquella temática y que podía constituir un libro independiente. En esto se pensó cuando, después de la muerte del filósofo, algunos de sus amigos y discípulos se propusieron editar sus obras completas. Para la concerniente a la Filosofía de la historia se dispuso de dos fuentes, que hubo que elaborar: un manuscrito de Hegel hecho a base de las anotaciones que le servían para sus lecciones de cátedra y, además, una gran cantidad de apuntes muy fidedignos tomados durante estas lecciones por distinguidos discípulos de Hegel. EStos apuntes habían de servir únicamente para completar el cuaderno manuscrito del autor.
Es así como se realizaron dos ediciones distintas de la obra. La primera en 1837, a cargo del jurista Eduardo Gans, uno de los discípulos; muerto éste, tuvo lugar la segunda, en 1840, llevada a cabo por Carlos Hegel, hijo del filósofo. Esta segunda edición fue muy diferente de la primera, pudiendo ser considerada como una reelaboración de toda la materia del libro. Su rasgo más visible es que constituye una ampliación de dicha materia, pues contiene 101 páginas más que la primera edición, consecuencia de las muchas añadiduras y explicaciones introducidas. Pero, aparte de esto, las dos ediciones se distinguen por el enfoque dado a la obra. Pues Gans utilizó con preferencia las lecciones profesadas por Hegel en sus últimos años, cuando se dirigía a un auditorio estudiantil que estaba ya familiarizado con sus ideas y que conocía su doctrina, por lo que el maestro podía hablar ya de un modo más empírico y popular, permitiéndose divagaciones; en cambio, en sus primeros años de enseñanza cuidó más de lo puramente teórico y de exponer los principios de sus doctrinas, y es a esta época a la que se atuvo Carlos Hegel para la segunda edición. Por lo mismo, éste utilizó básicamente el manuscrito de su padre, y acudió a los apuntes de los discípulos para ciertos detalles de complemento; Gans, por el contrario, lo utilizó ampliamente (su propensión a acudir a las lecciones dadas en los últimos años se explica porque fue solamente en ellos que Hegel pudo explicar la materia referente a las Edades Media y Moderna).» (de la introducción del traductor)

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