Dos formas de hacer política y una ventana abierta a la democracia

Nando Zamorano

El pasado día 7 de julio saltaba el escándalo durante el pleno de investidura del nuevo diputado general de Álava. Xavier Aguirre candidato del PNV desvelaba instantes después de escuchar la intervención de Nerea Gálvez, representante de EB (Ezquer Batua), socio de IU (Izquierda Unida) en Euskadi, justificando que abriría paso al PP por las diferencias programáticas con su formación, que durante el proceso negociador personas de EB pidieron cargos y dinero a cambio del apoyo a su formación.

Según reconoció el 9 de julio en rueda de prensa Kontxi Bilbao1, portavoz de la formación en Álava, durante las negociaciones existía una mesa paralela donde personas ligadas a Javier Madrazo, trataron de recibir un rédito económico a cambio de apoyar al candidato del PNV. Eso si, aprovechó para tratar de rebajar la polémica y señaló que la propuesta «no fue ilegal», afirmando que “la colocación de personas de confianza en cargos públicos es una práctica común en la Administración”. Afirmaciones que me parecen gravísimas viniendo de la representante de una formación de izquierdas como es EB. Se da por sentado que el chanchulleo y el reparto de favores están a la orden del día. Pero la línea que separa esta forma de actuar y la corrupción fina, muy fina.

Merece la pena recordar que esta fuerza formó parte de la coalición de gobierno junto al PNV y a EA entre los años 2001 y 2009, siendo Javier Madrazo, Coordinador de la formación en aquel momento, Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales. Desde entonces no ha levantado cabeza electoralmente. En las elecciones municipales del pasado 22 de mayo EB logró apenas 34.521 votos (3,19%) y un total de 13 concejales, mientras que en el 2007 los resultados habían sido de 67.325 votos (6,79%) y un total de 91 concejales2. El retroceso ha sido muy importante y es posible que los sucedido en Álava tenga relación con los problemas que genera la pérdida gradual de cargos públicos a una fuerza política asentada en una determinada forma de hacer política, ya que como sostiene un buen amigo, “las retiradas son siempre mucho más difíciles que los ataques, pues requieren de un orden y una cohesión en el grupo infinitamente mayor”.

Casi en las mismas fechas, otro acontecimiento tenía como protagonista a una federación de Izquierda Unida, en este caso en Extremadura. Después del cambio de composición del nuevo parlamento autonómico surgido de las pasadas elecciones, los tres diputados de IU eran sometidos a una fuerte presión tanto por la dirección federal de la formación como por un buen número de medios de comunicación afines al PSOE. Después de 28 años de gobierno del PSOE los resultados daban al PP 32 escaños, por 30 del PSOE lo que situaba a IU, con 3 escaños como fuerza decisiva a la hora de formar gobierno en la comunidad.

La dirección de IU en Extremadura impulsó una consulta entre sus bases antes de decidir sobre la posición a adoptar para la elección del presidente autonómico. Se abrió un largo proceso donde se reúnen las asambleas locales y discuten al respecto, proponiendo la realización de un referéndum interno, para que sea el conjunto de los militantes quienes tomen la decisión. Junto a estos, son invitados a participar diferentes colectivos, movimientos sociales, sindicalistas y simpatizantes afines a la formación. En este proceso participativo, las diferentes asambleas se reúnen y debaten, para después votar de forma individual y secreta.

El resultado de la consulta a las bases fue, con un porcentaje del 75%, que los diputados de IU no dieran el voto ni al candidato del PSOE ni al candidato del PP, absteniéndose en la votación para la elección del nuevo presidente autonómico. Esto suponía la victoria del candidato del PP, que sería el nuevo presidente autonómico. La reacción de la dirección federal no se hizo esperar y comenzó una campaña de presión hacía los electos extremeños para forzarlos a apoyar al candidato del PSOE, que no socialista. La campaña fue secundada por algunos diarios, que a través de sus editoriales y sus columnistas cargaban contra la decisión tomada por las bases extremeñas. Se entiende que las gentes de IU en Extremadura no estuvieran por la labor de dar su apoyo al PSOE, este partido que llevaba 28 años en el poder ha ejercido un clientelismo feroz. Se trata de un caciquismo de nuevo tipo, que ha creado una tupida red de intereses, en donde los representantes políticos y sus intermediarios reparten prebendas y castigos según el caso. Como señala Manuel Cañada, quien fuera Coordinador de IU en Extremadura, en su artículo Humos y caciques. La refinería y el clientelismo en Extremadura, radiografía de la realidad extremeña: “El clientelismo no es un ropaje más de las relaciones sociales en Extremadura, sino la segunda piel, la forma natural que adquiere la política en esta tierra. El clientelismo es la constitución real, el estatuto de autonomía fáctico de la región”. 3

Hay que destacar que como señala Víctor Cascos, uno de los tres diputados díscolos extremeños, en una entrevista realizada por Salvador López Arnal4, que desde la noche electoral fueron constantes los ofrecimientos del PSOE: consejerías, direcciones generales y puestos de trabajo bien remunerados para militantes y simpatizantes de la formación. No es de extrañar, por las declaraciones de Kontxi Bilbao anteriormente señaladas, el mercadeo forma parte del modus operandi de la clase política y quienes se niegan a participar en el juego son vistos por esta como un atajo de tontos y/o trasnochados. A pesar de la presión, el 7 de julio los tres diputados de IU se abstenían en la sesión de investidura permitiendo gobernar a José Antonio Morago candidato del PP y la dirección federal de IU les abría expediente informativo.

En ambos casos, en Álava y en Extremadura, el resultado final es el mismo, pero a mi parecer se trata de dos formas radicalmente distintas de entender la política y esto es lo realmente importante más allá de la inmediatez de los resultados. Una trata de hacer partícipes de la deliberación y de la toma de las decisiones a la totalidad del colectivo, mientras que la otra reduce la información y el ámbito de toma de decisiones a un núcleo reducido de personas, que además acaba ocultando la información y decidiendo al margen del conjunto de la organización. Se trata de una forma de democracia oligárquica5, o aristocrática (de los áristoi, es decir, de los nobles, los grandes, los mejores), que entiende la política como una actividad en manos de un estado mayor, una élite de profesionales de la política, que excluye a la mayoría del pueblo y que nada tiene que ver con la mejor tradición democrática republicana. De hecho, es el mismo sistema que se utiliza para gestionar la empresa privada y uno de los puntales ideológicos de liberalismo. No es de extrañar que en la pasada campaña electoral al parlamento catalán, la idea-fuerza que lanzaba CiU (Convegencia i Unió) a la ciudadanía catalana era: el govern dels millors (el gobierno de los mejores). En un momento de crisis, sólo ellos técnicos sobradamente preparados y formados en las mejores universidades privadas, pueden sacar al país del caos en el que se encuentra, y en que -también ellos- nos metieron. Poco importan ya las ideologías, hay que delegar y que sean “los mejores” quienes lleven las riendas y tomen las decisiones que más nos convienen a todos. Es la escenificación del triunfo del liberalismo político, que desde sus inicio se mostró como una teoría profundamente antidemocrática, capaz de justificar cualquier práctica destinada a impedir o limitar el poder popular. Consiguió usurpar la idea de democracia y la substituyó por la limitación que representa la forma representativa sobre la base de la delegación del poder y el secuestro de la soberanía popular. Y muchos cayeron en la trampa.

“La idea dominante de que existen expertos en política, es decir, especialistas en cosas universales y técnicos de la totalidad es un escarnio de la idea misma de democracia: el poder de los hombres políticos se justificaría por el saber técnico que ellos serían los únicos en poseer, y el pueblo, por definición inexperto, es llamado periódicamente a dar su opinión sobre esos expertos”6. Como explica Castoriadis, la democracia no es opinar sobre los “expertos” cada cuatro años, sino intervención activa y permanente, en forma de práctica política y social sobre todas las cuestiones, que de una manera u otra afectan al conjunto de los ciudadanos. Los expertos, los especialistas en cuestiones políticas han substituido a los ciudadanos, que son relegados de la deliberación y la toma de decisiones sobre sus propios problemas quedando de este modo excluidos de la política. A cambio, “el mejor de los mundos posibles” ofrece pan y circo, mediático, por supuesto. El resultado es una sociedad marcada por la aculturación, el consumo de bienes cada vez más fugaces y el miedo de unos individuos abandonados a si mismos y para los que la mayoría de personas son vistas no como semejantes sino como desconocidos, como amenazas potenciales. Quizás debieran buscar por aquí aquellos que se preguntan sobre las razones del desprestigio de la política entre la mayoría de los ciudadanos.

Lo preocupante es que también la izquierda se apropió de este modelo que prioriza la representación electoral frente a la organización y la articulación social. Se asumieron formas del enemigo en lugar de desarrollar pautas culturales propias, basadas en la experiencia práctica de los militantes en los diferentes movimientos sociales.

La aparición el pasado mes de mayo del denominado movimiento del 15M, con sus asambleas, su espontaneidad, sus ganas de participar políticamente, de debatir sobre los problemas que nos afectan, de conocer sus porqués, de proponer soluciones alternativas, pero que tiene claro que es y será necesaria la movilización ciudadana para hacerse oír y conquistar sus derechos, ha supuesto una bocanada de aire fresco para la izquierda. En un momento como el actual, donde los mercados marcan los rumbos de unos estados muy limitados para tomar sus propias decisiones en materia económica, donde la mayoría de los partidos se plegan a sus designios sin apenas discusión y se puede constatar claramente la falta de control democrático de sus gobiernos, ellos quieren saber, debatir, dar su opinión y decidir sobre todo aquello que afecta a su vida.

Se trata de un movimiento muy heterogéneo y complejo, pero portador de un nueva cultura política, que rechaza la vieja cultura de los partidos, de la delegación y la representación. Aunque todavía es muy pronto para sacar conclusiones sobre su extensión, continuidad en el tiempo y desarrollo futuro, puede ayudar a romper con el estancamiento en el que se encontraba la izquierda desde hacía décadas. De una forma totalmente natural, se han retomado prácticas políticas de la tradición republicana democrática que se remonta a la Atenas clásica; el debate en la asamblea soberana (ecclesia), el derecho de cada uno a hablar con toda libertad e igualdad en esta cuando se tratan asuntos públicos (isegoria), y la deliberación sin prisas dándose todo el tiempo necesario, ampliando las esferas de toma directa de decisiones y reduciendo la representación, o buscando mecanismos rotativos que impidan la aparición o limiten la aparición de “representantes”. Se trata de una buena escuela de praxis política, de paideia7.

Pasada la sorpresa inicial que supusieron las acampadas la aparición y una vez se ha comprobado la capacidad de movilización del movimiento, su extensión y continuidad, los partidos y los diferentes grupos políticos de izquierda han oscilado entre el deseo de controlar e instrumentalizarlo y el pavor a saberse desplazados por quienes afirman no sentirse representados por ellos. “Que no, que no nos representan” ha sido uno de los lemas más coreado en las acampadas y en las manifestaciones. Ejemplo gráfico de lo anterior es la imagen de un Cayo Lara obligado a marcharse de una concentración para evitar un desahucio, ante la insistencia de buena parte del grupo que le echaba en cara su pretensión de salir en la foto. O la un despechado e “indignado” Joan Herrera en la rueda que de prensa desde su encierro en el interior del Parlament de Catalunya del pasado 15 de junio, que no entendía que aquellos a quienes creía representar habían tratado de igual manera a los diputados de ICV-EUiA que a los de los restantes grupos de la cámara catalana. Y la cuestión es que son vistos como clase política, porque son clase política, y la mayoría de los que participan en el movimiento no se sienten representados por ellos.

Con el anuncio del adelanto de las elecciones generales al 20 de noviembre, los guiños al movimiento y los intentos de cooptación no han hecho más que comenzar. Mientas se anuncia la inclusión de algunas de sus demandas en los programas electorales, es más que probable, que haya quiénes vayan más allá y traten de presentar en sus listas a miembros del movimiento como forma de atraerse electoralmente al mismo. Si realmente quieren acercarse y lo que me parece mucho más importante, si de verdad pretenden abandonar el desierto político en el que nos encontramos, habrán que romper con el tacticismo, el regate en corto, con ese politicismo de la inmediatez en el que llevan tantos años instalados, girar el rumbo rompiendo con la democracia liberal-representativa y trabajar par la construcción de una verdadera democracia donde la participación, el mandato imperativo, el control de los delegados e incluso la distribución de cargos por sorteo sean normas de actuación. En este contesto, lo sucedido en IU de Extremadura es paso adelante, pequeño sin duda, pero paso al fin y al cabo.

1http://www.gara.net/paperezkoa/20110709/277738/es/EB/expone/sus/miserias/en/publico/y/termina/de/quebrarse/

2 http://resultados.elpais.com/elecciones/2011/municipales/14/index.html

3 Se puede leer el artículo completo de Manuel Cañada en http://www.espai-marx.net/admin?id=1006

4 Ver entrevista completa en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=132010

5 Oligarquía: Régimen en el que el poder pertenece a un pequeño número (oligoi) de personas. Léxico de la antigüedad griega. Claude Vial

6 La polis griega y la creación de la democracia, artículo incluido en el libro “Los dominios del hombre: Las encrucijadas del laberinto” de Cornelius Castoriadis. (pag. 119)

7 Paideia: educación de los ciudadanos como tales. No es una cuestión de libros ni de escuelas, significa ante todo cobrar conciencia del hecho de que la polis eran todos y que su destino dependía también de su reflexión, de su comportamiento y de sus decisiones; en otras palabras, es participación en la vida política

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *