Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La gran muralla verde de China

Rafael Poch

«Está claro que el país no puede meter en ciudades a sus 800 millones de campesinos sin ocasionar un desastre social y ambiental.»

La Insignia*. España, mayo del 2007.

Es como un inmenso zigurat, aquellos templos-observatorio mesopotámicos que inspiraron el mito bíblico de la torre de Babel. O como una pirámide maya. Pero es una montaña. Aunque también es monumento; al trabajo, continuado y desesperado, de centenares de generaciones de campesinos chinos. En la meseta de loess del curso medio del Río Amarillo (Huanghe), apenas hay lugares que no hayan sido trabajados. Hasta donde alcanza la vista, terrazas y campos divididos por muros de tierra apisonada. La gente trabaja las laderas y los barrancos más inverosímiles y hasta vive en ellos: para unos cuarenta millones de habitantes de esta meseta, los "Yaodong", unas casas-cueva excavadas en los barrancos, son morada.

La región es algo mayor que España y comprende trozos de las provincias de Shanxi, Gansu, Shaanxi y la región autónoma de Ningxia. Durante siglos, los campesinos abonaron con sus huesos este paisaje inmenso y anciano, una de las zonas agrícolas más antiguas del planeta y matriz de la civilización china. Su secreto es el loess, una arcilla muy fina formada por polvo de roca que, transportada por los vientos se fue asentando aquí durante milenios. Del loess resulta una tierra fértil, pero frágil. Siglos de deforestación, excesiva población y pastoreo, resultaron en un ecosistema desertificado. Cualquier lluvia fuerte hace que la tierra sea violentamente arrastrada por los torrentes de esta región, que, vista desde el avión, es como un millón de pequeños cañones del Colorado. El agua fluye por sus ramblas, cruelmente secas la mayor parte del año, hasta alcanzar el gran río o sus tributarios. Hace 1500 años que el Huanghe ya se llamaba "Amarillo", como el Mar en el que desemboca, y no por capricho. Si los grandes ríos europeos llevan una media de 50 gramos de tierra por medio metro cúbico de agua, el Amarillo puede llegar a transportar hasta 300 kilos. Es un río de fango amarillo cuyas avenidas costaron la vida a millones de campesinos y hacían variar hasta mil kilómetros, el lugar de su desembocadura, bien cerca de Pekín, bien cerca de Shanghai. "Es como si el Rhin desembocara ahora en Hamburgo, y ahora en Cádiz", explica la profesora Dolors Folch en su libro, La construcción de China.

El agua es oro aquí. Las peleas sangrientas entre comunidades por el agua, a veces con aspecto de pequeñas guerras civiles locales, eran endémicas, como la miseria. En zonas de Shanxi, el saludo habitual campesino en el norte de China -que no es "¿qué tal?", sino un "¿has comido?"- se transformaba en un "¿has bebido?", pues la dieta básica solía ser una sopa de gachas de maíz, que aun hoy es el alimento básico invernal del campesino norcoreano. Y esa comida, más que comer, se bebe. Hasta el punto de que un comentario elogioso sobre alguien, se refiere a que se alimenta de algo más que gachas en remojo y puede sonar así de rústico; "es un buen tipo, come alimento seco y caga sólido".

La tierra de loess es dura como el cemento. Los primeros emperadores chinos construyeron con ella el sector de la gran muralla que transcurre por el norte de esta región, marcando la frontera histórica entre tierra cultivable (China) y la gran pradera de los pueblos de la estepa de tradición nómada pastoril. Pero esa tierra dura se convierte en liviana cuando por ella ha pasado el arado del campesino en primavera. Es entonces cuando los vientos de la estación se encargan de levantarla en nubes amarillas y llevársela hasta Pekín, Corea o Japón en forma de devastadoras tormentas de arena.

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¿Quien está perdiendo la brújula en el matadero afgano?

Sergio Cararo

¿Quien está perdiendo la brújula en el matadero afgano?

Sergio Cararo*

Si alguno pensaba que escondiendo la cabeza entre los hombros conseguiría dejar pasar por alto el matadero de Afghanistan, éste ha impuesto a la agenda politica todo su dramatismo y su urgencia de soluciones claras en una dirección u otra.

El final del secuestro del periodista Daniele Mastrogiacomo si ha resuelto con la liberación del rehén, pero en torno a ella hay temas complicados que deben resolverse, o mejor, deberían ser afrontados con decisión.

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Judíos no sionistas Árabes no islamistas..

             Como es sabido, la tragedia de las Torres Gemelas tuvieron lugar en un mundo occidental que se “aburría”  en su autosatisfacción, en el que todas las advertencias críticas –incluyendo las de signo ecologistas que ponían en cuestión la misma continuidad de la sostenibilidad del planeta– caían en saco roto para resultar una preocupación exclusiva de Greenpeace y de otras benditas ONG. Lo que aconteció en su más exhaustiva repetición y minuciosidad  –una ofensiva de signo terrorista, que como en la más imaginativa de las películas, destruía hasta los cimientos del poder made in USA–, marcó el inicio del siglo XXI, un siglo que nacía bajo el signo unilateral del imperialismo norteamericano sitiado además bajo la hegemonía política de la extrema derecha republicana, del triunfal-capitalismo (Mandel).

           Esta situación ha sido explicada por los intelectuales orgánicos como un nuevo punto en la historia mundial, como un "choque de civilizaciones" en la que, como en las más convencionales películas de Hollywood, a Norteamérica le corresponde enfrentarse al "Eje del Mal", y restablecer su democracia en el mundo, una democracia en la que las libertades conquistadas por siglos de lucha social resultan cada vez más limitadas, y en las que las posibilidades de opción no existen cuando afecta a la política y a la información.

           En estos tiempos en los que hay que luchar por lo más evidente, por restablecer las verdades más elementales, algo que se pude decir de El choque de los fundamentalismos. Cruzadas, Yihad y modernidad, obra del escritor y ensayista anglopakistaní Tariq Alí (Traducción de María Corniero,  Alianza. Madrid, 2002), y que aparece como un verdadero regalo para la gente que trata de responder a las agresiones y que busca comprender las claves de una historia tan lejana y tan deformada como la islámica, situada como trasfondo de dicho "Eje del Mal", y caracterizada unilateralmente de fundamentalista, como sí no existieran muchos otros fundamentalismos, comenzando por el más peligroso de todos: el que es capaz de justificar hasta el mayor desastre ecológico por las leyes del Dios Mercado cuyo opio actual ya no es, al menos únicamente, la religión, sino el consumismo despilfarrador.

             Como el inolvidable Edward W. Said, Tariq Alí (1943, Lashore, Pakistán), reúne unas capacidades  preciosas para ofrecernos el contrapunto de esta nueva "leyenda negra". Creció en el seno de una familia de la burguesía ilustrada en la que las tradiciones musulmanes estaban siendo acompañada por el desarrollo de un pensamiento crítico iluminado por el marxismo. Al tiempo que pudo conocer de primera mano los ritos y tradiciones de dicha religión, Tariq tuvo una educación atea.  En los años sesenta sobresalió como uno de los portavoces más reconocidos de las movilizaciones estudiantiles británicas, y fue militante de la Cuarta Internacional (servidor recuerda sus poderosas dotes polémicas y su presencia imponente en el IX Congreso de la Internacional celebrada en Rimini en 1969 bajo el paraguas de “Congreso Internacional de Sociología), discípulo de Ernest Mandel y de Isaac Deutscher, al que se refiere ampliamente en el libro, sobre todo por su condición de marxista y de judío laico y antisionista. Escritor, es autor de una serie de novelas históricas congregadas bajo el título de El quinteto del Islam,  ya ha publicado sus tres primeras entregas, A la sombra del granado (que transcurre en la Granada musulmana), El libro de Saladino y La mujer de piedra.

           Personaje inquieto donde los hayan, Tariq Alí también es realizador de cine, autor de guiones cinematográficos, y uno de los redactores de la prestigiosa New Left Review, de la que existe una versión castellana (Akal). En sus libros, Tariq no efectúa una defensa de la religión sino de una cultura árabe extraordinariamente rica de la que aquí mediáticamente se ofrece una versión reduccioncita, la de los fundamentalistas, que es, al decir de Tariq, como sí la historia del cristianismo se limitara a la Inquisición. Esta capacidad de explicar la historia a través de la percepción personal, el tono intimista para enfocar grandes acontecimientos, la actitud del que quiere saber, confieren a esta obra un valor añadido ya que permite que el lector profano quede prendado de la narración y absorba este ensayo como sí se tratara de una novela.

            Con una sinceridad a prueba de bombas, Tariq va desmenuzando las hipótesis de los intelectuales pentagonistas. Sostiene en su argumentación que lo que está ocurriendo no es otra cosa que una espantosa variante del retorno de la Historia. La llamada "guerra contra el terror" en nombre de la cual se arma a los tiranos y se bombardea a los pueblos, no es más que un "choque entre dos fundamentalismos"; de un lado, el religioso musulmán, producto de numerosas derrotas de las izquierdas en los países árabes, y de otro, el imperialista, que esconde sus propósitos de dominación proclamando que "Dios está con nosotros" (uno de los lemas preferidos por los nazis), y cantando aquello de "Dios bendiga a América", reforzando la tradición mesianista norteamericana según la cual Estados Unidos ocupa el lugar de Israel como el pueblo elegido y premiado por el Dios del Sinaí, al parece Wall Street compró las Tablas de la Ley a un comerciante de rifles llamado Moisés (Charlton Heston). Cada uno de estos fundamentalismos posee unos inveterados  rasgos distintivos, uno se reclama de yidads, otro de la modernidad tecnológica, y distan mucho de estar en pie de igualdad.

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Colapso y catástrofe en Irak

Robert Fisk

Queríamos darle a esta gente los frutos de nuestra civilización, pero no nuestra civilización en sí. COLAPSO Y CATASTROFE EN IRAK Altercom* Robert Fisk*

10 de diciembre de 2006

«El imperio romano esta cayendo». Ésto es, en una frase, lo que dice James Baker en el informe que el miércoles entregó al presidente de EEUU, George W. Bush, respecto a la marcha de la ocupacion de Irak y de Oriente Medio. El documento viene a constatar el fracaso de Estados Unidos en una region que ha llenado de odio y muerte.

«El imperio romano esta cayendo». Ésto es, en una frase, lo que dice el reporte Baker. Las legiones no lograron imponer su mandato en Mesopotamia. Craso perdió los estandartes de sus legiones en los desiertos de Siria e Irak, y lo mismo le ha ocurrido a George W. Bush. No hay ningún Marco Antonio que recupere el honor del imperio.

La política «no está funcionando». «Colapso» y «catástrofe», palabras que se escucharon en el senado romano en muchas ocasiones, estaban incrustadas en el texto del reporte Baker. ¿Y tú, James?

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¿Hasta cuándo?

Eduardo Galeano

Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero? La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hizbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo? Irak, Afganistán, Palestina, Líbano. ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Gjraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído 46 recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, 40 resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de Estados Unidos?

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Errores

Juan Gelman

La ONU advirtió 10 veces en el lapso de 6 horas al alto mando israelí sobre el peligro que corría un puesto de cascos azules en la zona del sur del Líbano que su fuerza aérea bombardeaba intensamente el miércoles 25 (El País, 27/7/06). Los militares de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) prometieron cesar el fuego, pero una cosa son palabras y otra, hechos: un misil de precisión made in USA mató a 4 efectivos desarmados de la Finul (Fuerza Interina de la ONU en el Líbano). ¿Serían terroristas? El puesto de observación estaba perfectamente identificado y era perfectamente identificable. Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, consideró que el ataque israelí fue ‘aparentemente deliberado’ y lo calificó de ‘trágico asesinato’. Para el primer ministro Ehud Olmert, se trató de ‘un error’. Claro que hay errores y errores. Unos días antes de esas muertes, personalidades destacadas de Israel celebraron en Jerusalén el 60 aniversario de… un acto terrorista: la voladura parcial del Hotel King David el 22 de julio de 1946. Palestina era entonces un protectorado inglés, en un ala del hotel residía el alto mando militar británico y el atentado fue obra de la Irgun. Menahem Begin, jefe de esa organización judía, siempre adujo que era un luchador por la libertad de su país, no un terrorista, porque, entre cosas, nunca había perjudicado a civiles. Pero en ese atentado -aprobado por Ben Gurion- murieron 28 británicos y 63 civiles, 41 árabes, 17 judíos y 5 de otras nacionalidades. Ningún gobierno de Israel lo ha condenado hasta el presente. Antes, por el contrario. Los que homenajearon el atentado ‘asumen que un luchador por la libertad es una buena persona y que un terrorista es una mala persona -señala Tom Segev en el diario israelí Ha’aretz (23/7/06). Casi todo terrorista se autodefine como un luchador por la libertad y viceversa: los luchadores por la libertad son calificados de ‘terroristas’. Agrega que el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó en la ceremonia que ‘la diferencia entre una operación terrorista y una acción militar legítima se expresa en el hecho de que los terroristas tratan de dañar a los civiles, mientras que los combatientes legítimos tratan de evitarlo’. La captura de soldados israelíes por Hamas y Hezbolá sería entonces legítima. Y ni los 800.000 civiles libaneses obligados a huir de sus hogares ni, si pudieran hacerlo, los 400 civiles libaneses muertos ni los palestinos que las FDI siguen matando en la Franja de Gaza pensarán que los ataques israelíes contra la población entran en la categoría ‘acciones militares legítimas’. La historia de las FDI está plagada de ‘errores’. El fusilamiento de 200 civiles palestinos contra los muros del cementerio de Tantura el 15 de mayo de 1948, cuando una guerra aseguraba el establecimiento del Estado de Israel, sería entonces un error. Otro, la matanza de más de 100 civiles palestinos en Deir Yassin, el 9 de abril de 1948. Otro más, la demolición de la aldea de Qibya y la muerte de 70 civiles palestinos por efectivos al mando del ex primer ministro Ariel Sharon el 14 de octubre de 1953. O la matanza de 48 árabes -incluidos 6 mujeres y 23 menores de 8 a 17 años- en la aldea árabe-israelí de Kafr Qasim el 29 de octubre de 1956. O la de 140 refugiados palestinos y 135 habitantes locales desarmados de Khan Yunis en Gaza el 3 de noviembre de 1956. Y otro error, el asesinato inconcebible de 1500 a 3500 refugiados palestinos en Sabra y Chatila, perpetrado por milicias de cristianos maronitas el 16 de septiembre de 1982 al amparo de las tropas israelíes que habían rodeado los dos campos, ubicados en territorio libanés. Y aun otro, el ataque de artillería del 18 de abril de 1996 contra la sede de los Cascos Azules en Qana, al sur de Tiro, donde se habían refugiado unos 800 civiles libaneses de los que 106 dejaron de vivir. La ocupación israelí del sur del Líbano de 1982 al 2000 dio nacimiento a la guerrilla de Hezbolá, que combatió y echó al ocupante. Aplicando la teoría de Netanyahu, Hezbolá, como el Irgun judío, podría considerarse una organización que lucha por la libertad contra un Estado terrorista. Cabe aclarar que Hezbolá es además un movimiento político y social que ocupa el 18 por ciento de las bancas del Parlamento libanés y dos ministerios en su gobierno, que sostiene una red de escuelas y hospitales y que desarrolla numerosos proyectos microeconómicos y de infraestructura destinados a reconstruir el Líbano después de esa primera ocupación. Los bombardeos han logrado que el 96 por ciento de chiítas, el 73 por ciento de sunnitas, el 55 por ciento de cristianos y el 40 por ciento de drusos del Líbano aprueben el secuestro de soldados israelíes, según una encuesta que el Centro de Investigaciones e Información llevó a cabo en Beirut. La muerte de civiles israelíes por atentados suicidas -a los que Israel supo ponerles coto- y la muerte de decenas de civiles israelíes por los Katyushas de imprecisión iraníes que arroja Hezbolá sobre Haifa y otras ciudades, son absolutamente repudiables. Pero la desmesurada respuesta de Tel Aviv en Líbano y Gaza tiene otras explicaciones. El profesor Gerald Steinberg, de la Universidad israelí de Bar-Ilan, asegura que ‘en cierto sentido, la preparación (del ataque al Líbano) comenzó en mayo del 2000, inmediatamente después de la retirada israelí… En 2004 la campaña militar, cuya duración prevista era de tres semanas y que estamos presenciando ahora, ya estaba diseñada y en el último año o dos se simuló y ensayó al otro lado de la frontera (con Líbano)’ (San Francisco Chronicle, 21/7/06). Esto arroja ciertas dudas sobre cuál habría sido el verdadero origen del enfrentamiento con Hezbolá que causó la muerte de ocho efectivos israelíes y la captura de otros dos. ‘La moral no está de nuestro lado’ se titula la columna del profesor de la Universidad de Tel Aviv Ze’ev Maoz que publicó Ha’aretz el 25/7/06. ‘Esta no es una guerra justa -dice-; Israel usa una fuerza excesiva sin distinguir entre la población civil y el enemigo, cuyo único propósito es la extorsión. Hezbolá cruzó una frontera reconocida por la comunidad internacional. Esto es cierto. Pero nos olvidamos que, desde que nos retiramos del Líbano, la fuerza aérea israelí ha realizado misiones diarias de reconocimiento en el espacio aéreo libanés. Estos vuelos no causaron víctimas, pero las violaciones de frontera son violaciones de frontera. En esto tampoco la moral está de nuestro lado.’ Yagil Levy, profesor de la Universidad Ben Gurion del Néguev señala que el ataque al Líbano es un intento de moldear su orden político a la fuerza. ‘Aunque supongamos que el gabinete (israelí) tenía claro cuál iba a ser el precio que pagaría el frente interno, ha expuesto a la ciudadanía (israelí) a un peligro real por lo que ha sido presentado como una amenaza futura’ (Ha’aretz, 24/7/06). La Casa Blanca no quiere el cese del fuego que reclaman algunos -pocos- gobiernos europeos, la ONU y la opinión pública internacional: desea ‘un nuevo Medio Oriente’ que dijo Bush, siempre en persecución de un planeta dominado por EE.UU. ‘Nuestro corazón está con el pueblo israelí -certificó la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice-, que sufre ataques terroristas y (el lanzamiento de) cohetes; estos medios no son aceptables en una sociedad culta’ (Clarín, 25/7/06). Tiene razón: para las sociedades cultas del llamado Primer Mundo sólo son medios aceptables las invasiones ‘preventivas’ a países soberanos, la ocupación de territorios ajenos, el asesinato de civiles ‘por error’. Entre otras cosas.

 

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En defensa del pueblo palestino

John Berger, Noam Chomsky, Harold Pinter, José Saramago

El último capítulo del conflicto entre Israel y Palestina comenzó

cuando las tropas israelíes cogieron a dos civiles, un médico

y su hermano, en Gaza. Un incidente escasamente contado,

excepto en la prensa turca. Al día siguiente, los palestinos

cogieron prisionero a un soldado israelí —y propusieron negociar

un intercambio con prisioneros tomados por los israelíes:

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