¿Quien está perdiendo la brújula en el matadero afgano?

Sergio Cararo

Si alguno pensaba que escondiendo la cabeza entre los hombros conseguiría dejar pasar por alto el matadero de Afghanistan, éste ha impuesto a la agenda politica todo su dramatismo y su urgencia de soluciones claras en una dirección u otra.

El final del secuestro del periodista Daniele Mastrogiacomo si ha resuelto con la liberación del rehén, pero en torno a ella hay temas complicados que deben resolverse, o mejor, deberían ser afrontados con decisión.

  1. El asunto Mastrogiacomo deja notar algunas cosas claras y otras menos. Que el chófer muerto era un espia está claro actualmente para todos. Tiempo atras había acompañado a un periodista inglés a hacer una entrevista a un jefe talibán y poco después el sitio donde se produjo la entrevista era localizado y atacado por las fuerzas de la OTAN. El gobierno afgano sabía por tanto, que mandando Mastrogiacomo con él a las zonas de los insurgentes, exponía al periodista italiano a serios riesgos. Esto explica el “sentido de culpa” del gobierno Karzai y la insólita disponibilidad a ceder ante las duras demandas políticas de los secuestradores (la liberación de cinco prisionieros). Hecha esta concesión, los servicios secretos afganos (y estado-unidenses) estan forzando al exponente afgano de Emergency que ha llevado la negociación y al periodista afgano secuestrado con Mastrogiacomo a obtener informaciones para identificar personas y sitios relacionados con el secuestro para tener datos utiles para las acciones militares de la OTAN. Seguramente existe una voluntad de presionar sobre la independencia de Emergency. Estados Unidos, OTAN y el gobierno Karzai están decididos a conducir la guerra con todos los medios.

Emergency ha demostrado ser la única “estructura” occidental capaz de desarrollar una negociación en Afghanistan. No lo eran ni lo son las embajadas ni los servicios secretos de las potencias de la OTAN que están ocupando y bombardeando el país. Emergency con su neutralidad y la su posición contra la guerra se ha ganado el respeto de todos los componentes de la sociedad afgana. Del mismo respeto no podían gozar estructuras reconducibles al gobierno italiano que participa militarmente en la ocupación OTAN del Afghanistan.

  1. La negociación del secuetro, indudablemente ha creado y acompañado un canal de negociación politica en el país. Es obbio que una negociación política implica relaciones y contactos con las varias organizaciones que se oponen a la ocupación el país. Estan los talibanes però no solo ellos. Están los grupos tribales, clanes locales, organizaciones politicas que por motivos diversos y con objetivos diversos concurren en la oposición a la presencia de tropas extrangeras en un país que no ha aceptado nunca ocupaciones ( desde los ingleses a los soviéticos) que interfieran con el modelo proprio de vida y de organización social.
  1. La ocurrencia de Fassino sobre la partecipación de estas fuerzas en la conferencia internazional de paz, no es, por tanto, una boutade ni una novedad. Lo habían hecho los soviéticos en la segunda mitad de los años ochenta cuando lanzaron el proceso de Reconciliación Nacional y la convocatoria de la Loya Jirgah (la gran asamblea) que implicó a numerosos grupos que hasta poco antes se oponían armas en la mano al contingente militar soviético enviado al país. Este proceso fracasó por razones internas y por la oposición de los USA y del Pakistan, pero fracasó sobretodo porque la retirada de los militares soviéticos cambió completamente el marco político del país. Sin embargo, a pesar de la retirada el gobierno de Najibullah resistió a los ataques de varios señores de la guerra financiado por Pakistán, Estados Unidos y Arabia Saudita hasta 1992, cuando Kabul ocupada y el ex-presidente Najibullah asesinado. Los Talibanes llegaron algunos años más tarde, cuando la guerra civil desencadenada entre los diversos señores de la guerra que habían combatido a los soviéticos había desintegrado compeltamente el país entre varios potentados en guerra entre ellos.
  1. La conferencia internacional de paz que apoya el gobierno italiano empezó con un éxito diplomatico inicial de D’Alema (véase la posición positiva del Alemania que está en la presidencia de la Unión Europea i el posibilismo del Departamento de Estado USA), i se conecta estrechamente con un proyecto de Reconciliación Nacional en Afghanistan que debería incluir, si no a todos, por lo menos a algunos de los grupos que combaten contra los militares de los contingentes de la OTAN. En este sentido, la histeria de la derecha italiana sobre la “negociación con los terroristas” o las caras largas de Parisi por la exclusión de la negociación del Ministerio de Defensa, parecen cuanto menos inadecuados y de alguna manera totalmente idiotas.
  1. Sorprende, en la izquierda radical la total subalternidad a la política exterior del gobierno. És la posición del avestruz, es decir de aquellos que han hundido la cabeza entre los hombros esperando que la situación pasase pronto. Si D’Alema está desarrollando su propia función, estaría bien que también la izquierda fuera consciente de la suya. Entre los que auspician una Conferencia Internacional de paz y la visión estratégica que quien apuesta por una solución política para el conflicto de Afghanistan, hay un montón de factores diversos. Por ejemplo la implicación de soldados italianos en los combates. Ha pasado hace unos días i hemos debido saberlo por la prensa española; ha pasado con el ataque a una patrulla de las tropas especiales italianas con un soldado herido; ha sido anunciado por el propio D’Alema en la conferencia de prensa realizada en Nueva York al margen de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. En substancia, mientras se delinean hipótesis diplomáticas, la realidad en el escenario podría ser más dura y sangrienta, incluso porque mientras en Italia nos miramos en los espejos, los contigentes de la OTAN continúan atacando y bombardeando y empujando a los talibanes en fuga hacia las posiciones italianas. En segundo lugar, los senadores, los diputados y los secretarios de partido del PRC, PdCI, Verdes e Izquierda de DS,no pueden ignorar el éxito de la manifestación por la retirada de las tropas de Afghanistán, desarrollda en Roma el 17 de marzo pasado. Aquella manifestación tuvo éxito sin ellos i a pesar de ellos. Pero aquel pueblo en la calle era también la rebelión contra el hipertacticismo de los propios cuarteles generales y se concretó con millares de hombres y mujeres movilizados. No podrán tampoco ignorar que el 27 de marzo aquella gente estará ante el Senado, pidiendo la retirada de las tropas de Afghanistan. Esconderse tras el activismo de D’Alema no los absolverá de la función política que estarían llamados a desarrollar: la de sacar a Italia fuera de la máquina de la guerra preventiva. La retirada de las tropas italianas reforzaría y no al contrario el papel negociador de Italia en el conflicto afgano. Afirmar lo contrario significa asumir como propia la teoría neocolonial que ve en “la presencia de la bayonetas en el escenario de guerra” el parámetro decisivo para cualquier nueva solución en la política internacional. Cavour envío los bersaglieri a Crimea y a los soldados italianoa a reprimir la revuelta de los boxer en China, a Libia los enviò Giolitti, a Etiopia los envió Mussolini. El motivo fuerte de aquellas opciones era el de “contar en la mesa de las potencias”. Si esto se convierte en el album de familia incluso para la realpolitk de la izquierda radical es preciso empezar un serio replanteamiento general de categorias y de personas. A la luz de la realidad actual, todos y cada uno deben asumir sus propias responsabilidades: en el Parlamento, en las plazas y en el matadero de Afghanistan.

 Contropiano per la rete dei comunisti 

 

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