¿Salir o no salir del euro? Esa es la cuestión
Pasan los meses y las posibilidades de superar esta crisis por una vía que no sea una solución de ruptura se alejan cada vez más del horizonte. Frente a quienes mantienen que existen vías de reforma capaces de enfrentar la actual situación de deterioro económico y social, mi posición ha sido de escepticismo porque la viabilidad de esas propuestas requiere de una condición inexcusable previa: la modificación radical del marco económico y político en el que las mismas podrían aplicarse. Sin una reforma radical de la estructura institucional, de las reglas de funcionamiento y de la línea ideológica que guía el funcionamiento de la Eurozona es inviable cualquier salida pactada de la crisis que permita preservar los niveles de bienestar actuales. Y dado que, hasta el momento, todo evoluciona en sentido contrario, es difícil vislumbrar una salida a esta crisis que abra una mínima posibilidad emancipatoria para los pueblos europeos si no es a través de algún tipo ruptura promovida por ellos.
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