Mercado y valorización de los recursos naturales: los límites del crecimiento del capital

Joaquín Arriola

Publicado como:

Mercato e valorizzazione delle risorse naturali. I limiti della crescita del capitale” en Luciano Vasapollo (ed): Capitale, Natura e Lavoro. L’esperienza di “Nuestra América”, Jaca Book, Milan 2008 pp. 93-106 ISBN 978-88-16-40854-8

 

 En este trabajo se presentan algunos elementos teóricos para analizar las dificultades de las reglas capitalistas para analizar las relaciones entre producción, consumo y naturaleza. La medición económica bajo el capitalismo solo toma en consideración una de las fuentes de la riqueza social, el trabajo. Este sistema está estructuralmente incapacitado para valorar adecuadamente la otra fuente de la riqueza social, la naturaleza. De este modo, el sistema de precios de mercado distorsiona profundamente los costes reales de la producción. La toma en consideración de las relaciones entre producción de riqueza social y naturaleza solo se puede llevar a cabo en un sistema que trascienda el mecanismo del mercado como procedimiento de medición. La actuación consciente contra la degradación ecológica exige establecer unas relaciones sociales postcapitalistas.

La magnitud del problema

Once de los últimos doce años (1995-2006) se sitúan entre los doce años más calurosos desde 1850. la temperatura media anual en Europa occidental ha aumentado entre 1 y dos grados desde 1970, en Alaska cerca de 3,5 grados. El hielo del Ártico se está derritiendo a una tasa del 2,7% por década, la capa de nieve se reduce en zonas de montaña hay un aumento en la intensidad de los ciclones en el Atlántico norte desde 1970, las olas de calor y las precipitaciones tormentosas generadoras de inundaciones y desbordamientos se suceden con más frecuencia al mismo tiempo que se reducen las precipitaciones en las regiones subtropicales hasta un 20% y la sequía abarca cada vez una extensión mayor del planeta, en particular en la zona mediterránea y del medio oriente, suroeste de Estados Unidos, el Caribe, oeste de Australia y sur de África.

Algunas regiones, como las polares, las islas y las zonas de  los deltas  de los grandes rios, en particular africanos y asiáticos, se verán especialmente afectadas por el cambio climático, deteriorando gravemnte las infraestructuras y afectando gravemnte a la població en dichas zonas. Los ecosistemas más débiles (la tundra, la foresta boreal, zonas montañosas, manglares) se deterioran ya a gran velocidad, y los ecosistemas mediterraneo y las forestas tropicales sufren ya la reducción en las precipitaciones y el aumento de las zonas de sequía[1].

Las emisiones de gases de efecto invernadero debidos a actividades humanas, principalmente energía, transporte y emisiones industriales han aumentado cerca de un 70% desde 1970 y son la principal causa del recalentamiento global.

Al ritmo de consumo actual las reservas de materias primas y de recursos mineros durarán menos de una generación; si  las de carbón pueden durar  dos siglos, en cambio el gas natural, el petróleo y el uranio se agotarán en un plazo de entre 40 y 60 años. Pero no menos grave es el problema asociado a la ecología humana:  más de 1.200 millones de seres humanos no tienen acceso a agua potable, 1.000 millones carecen de vivienda adecuada, 880 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos de salud. Hay 840 millones de personas mal nutridas, de las cuales  200 millones son niños menores de cinco años. 2.000 millones de personas padecen anemia por falta de hierro y carecen de acceso a medicamentos esenciales.[2]

El desastrre ecológico afecta también al espacio en el cual se ha aplicado la mayor concentración de alteraciones tecnológica. El espacio urbano concentra un porcentaje creciente de la miseria y la pobreza, y es la fuente de los mayores contaminantes ambientales. En las ciudades del planeta el hacinamiento y afecta

Las principales megalópolis del mundo (Bombay tiene tantos habitantes como Tokio, Lagos, Dhaka, Sao Paulo y México DF son ya mayores que Nueva York) carecen de los recursos adecuados para frenar la contaminación ambiental y mejorar las condiciones de vida de la población. La pobreza urbana, que ahora afecta a un tercio de la población que vive en ciudades, alcanzará en 2020 a la mitad de la población urbana, unos 450 millones de familias, frente a 128 millones de familias pobres urbanas censadas en 2000[3]. Es decir, en 20 años se pasará de 925 millones de personas a cerca de 3.000 millones de personas viviendo en zonas urbanas insalubres, sin acceso a canalizaciones, agua corriente, transporte urbano o sistemas de reciclado en condiciones, generando un volumen de contaminantes al que los gobiernos serán incapaces de hacer frente.

Que el mundo se enfrenta a un grave problema ecológico, está fuera de toda duda, y los datos aportados son solamente algunos de los síntomas del modelo de acumulación industrial imperante desde hace doscientos años. Sin embargo, el debate sobre si los límites de la expansión capitalista se encuentran en el agotamiento de los recursos naturales, o en los contaminantes no reciclados, carece en mi opinión de fundamento.

Una de las características del capitalismo, que acompaña a la ley de la centralización y concentración del capital, es la acelerada centralización y concentración de la riqueza.

PIB por habitante en los países más ricos y más pobres con el 10% de la población mundial  ($ constantes de 2000)

1960 1970 1980 1990 2000 2005 Tasa 1960-2005
10% de la población en los países más ricos 12.818 19.851 25.554 32.761 38.228 36.712 2,4
10% de la población en los países más pobres 278 299 312 245 266 348 0,5
Distancia (nº de veces) 46 66 82 134 144 106  

Datos de población de 2003.

+Ricos: Luxemburgo, Suiza, Japón, Dinamarca, Noruega, Austria, Alemania,  Finlandia,  Estados Unidos, Islandia, Suecia, Holanda y Bélgica. + Pobres: Vietnam, Haiti, Uganda, Sao Tome e Principe, Rep. Centroafricana, Kenya, Togo, Yemen, Sudan, Cambodia, Mali, Rwanda, Nigeria, Madagascar, Burkina Faso, Nepal, Chad, Guinea-Bissau, Niger, Liberia, Mozambique, Tanzania, Malawi, Sierra Leona, Eritrea, Burundi, Ethiopia, Congo.

Elaboración propia, WDI 2003 , WDR 2007, BEA

La distancia (media) entre el 10% de los habitantes del planeta en  los países más ricos y en los más pobres es superior a 1:100. Dentro de los países, el proceso de centralización discrimina de forma creciente entre la población cuyos ingresos dependen básicamente de un salario o de  transferías de seguridad social y aquellos cuyos ingresos derivan de rentas patrimoniales. Así, entre un salariado con salario mínimo y un ejecutivo de multinacionales con acceso a stock options la distancia de ingresos alcanza actualmente  la relación 1:350 en los Estados Unidos. En el mercado laboral, al distancia de ingresos fluctúa de 1:150 –entre digamos un empleado de una empresa de comida rápida y un consultor jurídico.  En los países pobres, la distancia entre los asalariados locales vinculados a organismos internacionales y los asalariados domésticos se sitúa en el entorno de 1:20, pero la poca riqueza está aun más concentrada en una ínfima minoría. Ello determina que entre los 7,5 multimillonarios censados, 100 mil sean africanos, y 300 mil latinoamericanos.

Todo ello determina la existencia de patrones de vida y consumo radicalmente diferentes entre países, entre habitantes de los países.  Patrones que se traducen en impactos ambientales heterogéneos.

Las categorías de la economía política. Riqueza, valor y precio

Sin embargo, el enfoque del problema medioambiental, tanto desde los que persiguen la reproducción del sistema capitalista mediante ajustes técnicos específicos para cada fuente de contaminación o recursos en vías de extinción, como de los críticos del crecimiento económico entendido como categoría de validez general, carecen de un marco de economía política desde el cual enfocar el problema en su dimensión histórico-social.

Es bien conocida la cita del primer capítulo  de El Capital, en la cual Marx recuerda, citando a William Petty, que la riqueza tiene dos fuentes: el trabajo y la naturaleza[4]. Que Marx reconocía la importancia de la naturaleza en la conformación de los productos del trabajo está fuera de discusión. Lo que requiere de mayor elaboración teórica actualmente es establecer la contribución potencial de la teoría del valor (es decir, de la economía política) para orientar las actuaciones en relación con las múltiples dimensiones del problema medioambiental. A este respecto, nos vamos a limitar a apuntar la relación entre valor y problema medioambiental en dos grandes dimensiones de este: los recursos en vías de extinción y la contaminación/degradación del ambiente que resulta del propio proceso económico de producción y consumo.

En relación con los recursos físicos en vías de extinción o de acceso cada vez más difícil, como diversos metales, o materias orgánicas como el petróleo, el marco capitalista de producción y consumo y el sistema de contabilidad de stocks y flujos que lo acompaña (el sistema de precios), la aplicación del análisis del valor-trabajo permite identificar al sistema capitalista como el principal problema para encontrar las alternativas más eficaces y eficientes a largo plazo.

Un poco más delante de la cita anterior, Marx descarta cualquier pretensión de establecer un “valor” a los productos no mediados por el trabajo[5]. Conviene recordar que para la economía política clásica, el valor (de cambio) determina el precio, mientras que para la teoría económica neoclásica, valor y precio son la misma categoría. Este párrafo de El Capital explica el carácter fantasioso de las propuestas que pretenden establecer un “precio” a los recursos naturales no reproducibles, que refleje las condiciones físicas, no sociales, del proceso de agotamiento de los recursos e imponga transformaciones tecnológicas en su uso que permitan la sostenibilidad de su utilización para usos productivos.

Los precios aplicados a los recursos naturales derivan no de su “valor”, que no existe, sino de la apropiación privada de los mismos, y en ningún caso reflejan su disponibilidad mayor o menor en la naturaleza. La propiedad privada de estos recursos significa que su asignación se establece por medio del mercado, de forma que la contabilización de los recursos no reproducibles en términos de valores-precio neoclásicos refleja la relación entre demanda y oferta, un flujo variable que incorpora en todo caso el valor añadido por el trabajo de extracción-procesamiento, esto es la transformación de la materia física en materia prima, pero que no puede expresar el carácter de stock agotable de la materia física en cuestión.

Si existe un proceso de agotamiento rápido de determinados recursos naturales, la posibilidad de forzar transformaciones tecnológicas y comportamientos sociales que deriven en un menor uso de los mismos solo puede ser el resultado de una decisión política. La cuestión no es por tanto un problema de precios, sino de los mecanismos institucionales que determinan quien y como decide sobre el acceso a los recursos y como se distribuye este acceso entre la población mundial.  Mientras el control de los recursos esté sometido a las reglas de la propiedad privada, el problema del agotamiento no tiene solución posible, por estar sometidos los recurso, por un lado, a las relaciones de poder asimétricas entre propietarios y copropietarios, que determinan un proceso de creciente exclusión a medida que los recursos escasean, y por otro lado, a las leyes de funcionamiento de las relaciones sociales capitalistas, que establecen que solo se cuentan los flujos que se expresan en el mercado en el tiempo abstracto del equilibrio oferta-demanda, los valores-precio efectivos  y no toma en consideración el tiempo histórico de los procesos materiales (es decir sociales y naturales) que no se puede “valorar” mediante la contabilidad de mercado.

En relación con la contaminación que destruye y distorsiona a gran velocidad la biosfera (efecto invernadero, polución del aire y del agua, reducción de la biodiversidad), este proceso se presenta como el resultado de fuerzas físicas (la descomposición natural de la materia orgánica) pero sobre todo como resultado de la actividad del ser humano, como un resultado de un  proceso antropogénico. Y este viene determinado fundamentalmente por la categoría de “trabajo”. En el capítulo quinto de El Capital, Marx introduce la distinción entre la relación trabajo-naturaleza[6] y la relación capital-naturaleza. Como proceso puramente material, el trabajo del hombre, mediado por la técnica y los medios de producción que esta desarrolla, supone siempre un consumo y desgaste del medio físico. Y en su caso, si en esa interactuación del hombre con su medio se produce un desgaste excesivo, la respuesta racional pasa por modificar las técnicas y los valores de uso concretos en que se expresa el trabajo humano. El problema es que el trabajo humano se expresa siempre en unas circunstancias sociales históricamente determinadas, y ahora vivimos en la época de trabajo asalariado[7]. El trabajo y el producto del trabajo pertenecen al capitalista, no al trabajador. De nuevo, al propiedad privada establece un marco regulatorio que otorga un papel protagonista a los propietarios de los medios técnicos que median la relación del trabajo del hombre con la naturaleza. Y el proceso capitalista, como sabemos, por un lado solo permite valorar lo que es susceptible de venderse, y por otro, orienta el cambio técnico en función de la maximización de la ganancia mercantil. impide una solución capitalista a la destrucción antropogénica de la biosfera.

Es cierto que también bajo el capitalismo se pueden establecer restricciones regulatorias desde el Estado, que pueden afectar a las condiciones técnicas de la producción, pero estas estarán siempre subordinadas a mantenimiento de las condiciones de valorización del capital,  lo cual limita el ritmo de introducción de las transformaciones tecnológicas necesarias para confrontar la degradación medioambiental, que no son solamente de procedimiento de ejecución del trabajo, sino también de contenidos (productos) de dicha actividad.

 

 

 

 

La alternativa capitalista

La toma en consideración de las categorías de la economía política clásica y de la metodología marxista permite identificar las limitaciones y absurdos de las respuestas capitalistas a la crisis ecológica.

En el proceso de generación de pensamiento neoliberal, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, el club de los países industrializados, salvo China y Rusia) juega un papel muy importante. En el reciente foro de la OCDE de junio 2008 en Paris, se apuntaron las orientaciones estratégicas propuestas por los promotores del capitalismo global para enfrentar el problema del cambio climático, un catálogo de actuaciones que se resumen en las siguientes[8]:

a)      Primar los impuestos medioambientales para reducir emisiones específicas, frente al gasto público contemplado como “recurso de última instancia”.

b)      Profundizar en la estrategia de pagar por contaminar.

c)      Reducir la ayuda al desarrollo en actividades que afecten directamente al cambio climático y favorecer a información sobre el impacto climático de las estrategias de desarrollo en países de la periferia

d)      Mantener la cultura del automóvil utilizando los agrocombustibles como fuente de energía y desarrollar tecnologías que limiten el recurso al uso de cereales, semillas oleaginosas y azúcar como materia prima de los agrocombustibles.

e)      desarrollar la energía nuclear y enterrar los residuos radiactivos a gran profundidad en la tierra.

f)        Investigar más en temas de cambio climático, biodiversidad y contaminación.

g)      Aprovechar el papel de las ciudades en el suministro de las infraestructuras necesarias para la gestión y reciclaje de los recursos, para generar nuevas fuentes de negocio privado vinculadas al suministro de estos recursos

Como se puede observar, incluso sin entrar en un análisis pormenorizado de las propuestas, la preocupación por la “sostenibilidad” ambiental se centra en buscar mecanismos para continuar con el actual patrón de producción y consumo limitando el acceso, por razones obvias de saturación, a las masas empobrecidas del planeta, y  aumentando la posibilidad de desarrollar nuevas mercancías asociadas a la gestión de contaminantes y materias primas.

Al no poner en cuestión el aspecto central del modelo social vigente, el control privado del trabajo y de la tierra, es decir del padre y de la madre de la riqueza, se condena a ambos, a los trabajadores y a la naturaleza, a continuar en un proceso acelerado de degradación.

Por otro lado, las críticas fundamentalistas que enfatizan por ejemplo la supuesta naturaleza entrópica del proceso de la vida del hombre tienen unos fundamentos analíticos muy débiles. Hace mucho tiempo que se sabe que en sistemas que no estén en equilibrio, o en partes de un sistema de ese tipo, la entropía no tiene que aumentar necesariamente. El principio de la  creciente entropía se aplica en sistemas cerrados[9], y es muy difícil que se pueda afirmar que la Tierra lo sea, cuando la mayor parte del intercambio de energía se realiza con el espacio exterior y el sol[10]. Incluso en la consideración de la tierra como sistema cerrado, la capacidad del trabajo para interactuar y modificar las condiciones físicas del entorno, otorga al “trabajo” de un potencial de organización similar al que disfruta hoy en día la categoría de “información” como principio organizativo de los procesos complejos. Pero ese potencial abstracto se aplica siempre en las condiciones específicas en las que se desarrolla el proceso social. La subordinación del trabajo al capital se presenta entonces como la principal fuente de desorden físico en el proceso antropogénico de la vida sobre la Tierra.

Los debates sobre precios de combustibles, compra-venta de derechos o fijación de tasas para modificar precios relativos están distrayendo la tención respecto a los cambios sistémicos que requiere la transición a una economía eficiente en el uso de los recursos físicos. Esa transición requiere una  acción colectiva capaz de romper con los dogmas del libremercado, y con la ideología de los stocks de recursos fijos y con el corto plazo de la acción liderada por el gran capital.

Un análisis en términos de costes/precios y transacciones de mercado (por ejemplo de compra de derechos de contaminación) conduce sin remedio a la reproducción de las relaciones de dominación a escala global, en este caso por la vía de sujetar a la población de la periferia del sistema a continuar excluidos del festín del consumo masivo de recursos de los habitantes del centro (un centro-periferia que por cierto cada vez pierde más su perfil espacial “nacional” para expresarse de forma reforzada en términos de clase: los centros urbanos degradados de las grandes ciudades de Estados Unidos forman parte de la periferia, y los entornos habitacionales de alto standing en el Mediterráneo sur o el Caribe son espacio centrales a todos los efectos).

La mercantilización de los ajustes para adaptar la producción y el consumo a la creciente contaminación y escasez de algunos recursos se pretende muiltiplicar, no solo mediante la creación de unos nuevos “derechos” de contaminación negociables en el mercado, sino también a toda una serie de bienes de la naturaleza, como el agua[11], los vertederos de desechos industriales o radiactivos, o las compensaciones por el mantenimiento de especies animales y vegetales en peligro de extinción, o el relleno de zonas pantanosas. Pero esta estrategia no se orienta a la eliminación, sino al desplazamiento espacial y temporal del impacto de la acción de degradación del ecosistema. La mercantilización de las estrategias no aporta nada a la solución efectiva de los problemas, y responde a la percepción de que la reproducción del sistema de acumulación capitalista no puede integrar a toda la población mundial, ni siquiera a la mayor parte de esta, y por tanto se trataría de elabora resquemas de compartimentanción de la población en el acceso y uso a los recursos. El traslado a la periferia de las actividades industriales más contaminantes se presenta como una tendencia central en los procesos de deslocalización industrial, siendo el impacto ambiental en muchos casos un factor más relevante que los costes salariales relativos centro-periferia.

 

La alternativa viable

El tratamiento adecuado de una fuente de riqueza como es la Tierra no puede responder a una valoración de esta como si fuese el producto del trabajo humano (valoración que bajo las relaciones capitalistas se expresa en forma de precios). Desde que los recursos físicos se convierten en un objeto de compra-venta por la vía de la apropiación privada de los mismos, y esto se convierte en u principio de actuación inatacable, se sientan las bases de la insistenibilidad.

Al reconocer que la Tierra solo es fuente de riqueza desde un punto de vista antropológico, cuando el hombre interactúa con ella y a través del trabajo y los medios del trabajo genera cosas útiles que refuerzan el dominio humano de la biosfera, se puede identificar el absurdo que representa unas formas de interactuación que generan más desutilidad colectiva que utilidad individual agregada contenida en los productos del trabajo.

Pero esta argumentación es incompatible con un modelo de organización social basado en la apropiación privada de las fuentes de la riqueza y de la riqueza producida, y su valorización exclusivamente por medio de la concentración y centralización de más derechos de propiedad sobre el trabajo y la naturaleza. En este modelo de organización productiva, la desutilidad colectiva es una pérdida menor en comparación con la pérdida de los privilegios de la propiedad, del capital, en un proceso de transformación social radical que permitiera resolver el desafío medioambiental.

De las dos fuentes de la riqueza, solo una, el trabajo, tiene conciencia, y por tanto capacidad de evaluar sus actos y modificar sus comportamientos en el corto plazo. Por eso, la relación entre Tierra y trabajo no puede ser nunca de reciprocidad, como pretende el ecologismo fundamentalista, pero si de respeto y reconocimiento de los seres humanos hacia el medio. Pero el trabajo subordinado carece de la autonomía para expresarse bajo esas pautas de comportamiento, pues se ve impelido por el capital a ejecutar prioritariamente las actividades de su propia autovalorización.

Por ello, la búsqueda de la sostenibilidad ambiental no puede hacer abstracción de las implicaciones del capital en la explotación del trabajo y las modalidades que esta adopta, por cuanto es el aspecto central de la actividad productiva como el fenómeno antropogénico que genera el mayor desgaste ambiental. Una coalición pro la sostenibilidad ambiental solo puede articularse eficazmente si lo hace en coordinación con las coaliciones a favor del desarme, de las reformas democráticas, con las demandas del trabajo dependiente y subordinado[12].

El programa capaz de revertir el proceso de degradación ambiental acelerada tiene que romper necesariamente con las reexpuestas limitadas por los criterios de la asignación de mercado. Pero eso requiere entender que es la lógica de la propiedad privada sobre la naturaleza y sobre el trabajo la que tiene que ponerse en cuestión. La gravedad de la situación ambiental del mundo requiere un cambio de contexto político, en ausencia del cual las respuestas tecnológicas y distributivas estarán dictadas por las precuentas equivocadas. En este sentido, la organización social que facilite la participación colectiva de todos los habitantes del planeta  en todas las fases de las decisiones de producción, distribución y consumo será la más eficiente (la que tendrá un menor coste) y la más eficaz (la que obtendrá resultados mejores y más rápidos) desde un punto de vista ambiental. Este modelo de organización tiene los rasgos básicos de lo que en el siglo pasado se llamaba socialismo.

 

[1] Todos los datos provienen de Intergovernmental Panel on Climate Change: Climate Change 2007. Synthesis Report November 2007. La cantidad de agua disponible por habitante va a disminuir de media un tercio durante los próximos 20 años, y a la mitad en los próximos 40 años, mientras que actualmente ya hay 2.400 millones de personas que no se encuentran conectadas a una red de agua potable y de saneamiento.

[2] Datos es.wikipedia.org

[3] UN-Habitat: Slums of the World: The face of urban poverty in the new millennium? WP 2003

[4] “las mercancías consideradas como objetos corpóreos, son combina­ciones de dos elementos: la materia, que suministra la naturaleza, y el trabajo. Si descontamos el conjunto de trabajos útiles contenidos en la levita, en el lienzo, etc., quedará siempre un substrato material, que es el que la naturaleza ofrece al hombre sin intervención de la mano de éste. En su producción, el hombre sólo puede proceder como procede la misma naturaleza, es decir, haciendo que la materia cambie de forma..14 Más aún. En este trabajo de conformación, el hombre se apoya constantemente en las fuerzas naturales. El trabajo no es, pues, la fuente única y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es, como ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la madre.” MEW 23, 57-58

[5] “Hasta qué punto el fetichismo adherido al mundo de las mercancías, o sea la apariencia material de las condiciones sociales del trabajo, empaña la mirada de no pocos economistas, lo prueba entre otras cosas esa aburrida y necia discusión acerca del papel de la naturaleza en la formación del valor de cambio. El valor de cambio no es más que una determinada manera social de expresar el tra­bajo invertido en un objeto y no puede, por tanto, contener materia alguna natural, como no puede contenerla, v. gr., la cotización cambiaria. (…) Hasta hoy, ningún químico ha logrado descubrir valor de cambio en el dia­mante o en la perla. Sin embargo, los descubridores económicos de esta sustancia química, jactándose de su gran sagacidad crítica, en­tienden que el valor de uso de las cosas es independiente de sus cualidades materiales y, en cambio, su valor inherente a ellas. Y en esta opinión los confirma la peregrina circunstancia de que el hombre realiza el valor de uso de las cosas sin cambio, en un plano de rela­ciones directas con ellas, mientras que el valor sólo se realiza me­diante el cambio, es decir, en un proceso social.” MEW 23, 85 y 98

[6] “El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y las manos, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia disciplina. (…)

En todos aquellos casos en que recae sobre productos y se ejecuta por medio de ellos, el trabajo devora productos para crear  productos, o desgasta productos corno medios de producción de otros nuevos. Pero, si en un principio, el proceso de trabajo se entablaba solamente entre el hombre y la tierra, es decir, entre el hombre y algo que existía sin su cooperación, hoy intervienen todavía en él medios de producción creados directamente por la naturaleza y que no presentan la menor huella de trabajo humano.

El proceso de trabajo, tal y como lo hemos estudiado, es decir, fijándonos solamente en sus elementos simples y abstractos, es la actividad racional encaminada a la producción de valores de uso, la asimilación de las materias naturales al servicio de las necesidades humanas, la condición general del intercambio de materias entre la naturaleza y el hombre, la condición natural eterna de la vida humana, y por tanto, independiente de las formas y modalidades de esta vida y común a todas las formas sociales por igual. MEW 23, p 192 y 198

[7] “ (…) el proceso de trabajo, considerado como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, presenta dos fe­nómenos característicos.

El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su tra­bajo pertenece. El capitalista se cuida de vigilar que este trabajo se ejecute como es debido y que los medios de producción se empleen convenientemente, es decir, sin desperdicio de materias primas y cuidando de que los instrumentos de trabajo se traten bien, sin des­gastarse más que en aquella parte en que lo exija su empleo racional.

Pero hay algo más, y es que el producto es propiedad del capita­lista y no del productor directo, es decir, del obrero.” MEW 23, 199

[8] Ver un resumen de la posición de la OCDE en los documentos disponibles en:

http://www.oecd.org/document/15/0,3343,en_21571361_39644413_40239695_1_1_1_1,00.html#cc

[9] Norbert Wiener: The Human Use of Human Beings, p.30 y 36 Da Capo Press, New York 1988 (ed. Original 1954)

[10] Una crítica moderna al uso de la entropía como indicador válido de los límites de una economía en crecimiento, o como fundamento físico teórico de la prognosis social en David Schwartzman: Solar Communism,  Science & Society, Vol. 60, No. 3, Fall 1996, 307-331

[11] “La influencia corrosiva de la ilógica de la compensación no se encuentra reducida a la esfera del cambio climático o las emisiones de carbono, Coca Cola ha sido objeto de campañas continuas por parte de grupos en favor de la justicia social de todo del mundo, pero son sus actividades en la India las que han recibido una atención particular. En 2003, el Centre for Science and the Environment de Nueva Delhi publicó un informe sobre tests de laboratorio que mostraron que los niveles de pesticidas e insecticidas en una serie de bebidas vendidas por Coca Cola en la India eran entre 11 y 70 veces los máximos permitidos en la Unión europea para el agua potable. El  India Resource Centre de los Estados Unidos ha presentado numerosas alegaciones contra la empresa, señalando que provoca una gran escasez de agua en las comunidades locales del entorno de sus fábricas, y que sus plantas embotelladoras contaminan el suelo y el agua subterránea. En marzo de 2004, el gobierno de Kerala, un estado del sur de la India, cerró una planta de Coca Cola ante la acusación de haber contaminado y secado las fuentes de suministro locales de agua. En agosto de 2007, mientras bebía una lata de Diet Coke delante del logo del panda de la World Wildlife Fund, el presidente de Coca cola, Neville Isdell anunció un proyecto conjunto con WWF de 20 millones de dólares para “reemplazar cada gota de agua que utilizamos en nuestras bebidas y en su producción”. Aparte de planes para reducir y reciclar el agua utilizada, el tercer componente del paquete era reponer el agua consumida. Esta reposición no tendría lugar en los lugares en los que se consumió el agua, sino por medio de un conjunto de proyectos en otras partes del planeta – en la práctica, un esquema de compensación aplicado al agua, no a la gente” Kevin Smith:  Offsetting democracy Green Left Weekly issue num.744,  19 marzo 2008.

[12] David Schwartzman: Solar Communism op. cit.

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