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La batalla por Atenas

Menelaos Charalambidis

En diciembre de 1944, un levantamiento liderado por los comunistas en Grecia luchó no sólo por el fin de la ocupación, sino por una transformación social fundamental.

¿Por qué debería interesarnos una batalla que tuvo lugar hace 80 años, en diciembre de 1944, en Atenas?1 La Dekemvriana («sucesos de diciembre»), como se ha dado en llamar al enfrentamiento entre las tropas británicas y las fuerzas gubernamentales griegas con los combatientes de la resistencia comunista griega, fue un incidente de gran importancia en la Segunda Guerra Mundial, aunque sigue siendo poco conocido fuera de Grecia. Fue el único caso de enfrentamiento de fuerzas aliadas en un conflicto armado durante la guerra, y la primera intervención militar de un ejército aliado en un país liberado. Aunque cronológicamente se enmarcaba en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, que aún no había terminado, políticamente esta intervención estaba más en consonancia con la Guerra Fría, que aún no había comenzado.

Además, la Dekemvriana fue un caso de levantamiento popular con un marcado carácter clasista. Los ciudadanos, principalmente de los barrios pobres de Atenas y El Pireo, tomaron las armas y lucharon contra un ejército aliado bien organizado y equipado que operaba dentro de una lógica colonial y contra las fuerzas conservadoras griegas que lo apoyaban. Puede que los insurgentes estuvieran muy desprovistos de armas y mal organizados, pero también les impulsaba la profunda convicción de que la justicia estaba de su parte y de que luchaban por una Grecia democrática de posguerra.

La Dekemvriana es un ejemplo típico de cómo una crisis profunda –que adopta la peor forma posible, la de la guerra y la ocupación militar extranjera– puede, en un tiempo muy limitado, barrer constelaciones políticas, provocando su reordenación o incluso su derrocamiento completo a nivel nacional e internacional2. El choque de diciembre también nos muestra que, en tiempos de crisis, las relaciones de dependencia entre las grandes potencias y los Estados periféricos se revelan en toda su amplitud. Como veremos, en su intento de recuperar el poder, el gobierno griego en el exilio y el rey del país permitieron, cuando no buscaron, la cruda implicación de las fuerzas políticas y militares británicas en la resolución de los asuntos internos griegos. La Dekemvriana fue una concesión dramática de la independencia nacional.

Por último, la batalla de Atenas demuestra que la posguerra mundial había comenzado en serio mucho antes de que el mariscal de campo Wilhelm Keitel firmara la rendición incondicional de la Alemania nazi el 8 de mayo de 1945.

La invasión del Eje

Grecia entró en la Segunda Guerra Mundial el 28 de octubre de 1940, cuando la Italia fascista invadió el país desde la frontera greco-albanesa. Tras una lucha encarnizada y heroica, el ejército griego repelió el ataque y contraatacó, haciendo retroceder a los invasores hacia Albania. Esta fue la primera derrota de las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.

El fracaso italiano obligó a la Alemania nazi a lanzar un ataque contra Grecia. El 6 de abril de 1941, el ejército alemán invadió el país desde su frontera norte. Los griegos se encontraron luchando contra los italianos y los alemanes al mismo tiempo, y la ayuda ofrecida por los aliados (60.000 soldados australianos, neozelandeses, británicos, chipriotas, palestinos y judíos llegaron a Grecia en marzo de 1941) no pudo detener el avance alemán.

A finales de abril, el rey y el gobierno griego decidieron abandonar Atenas para evitar ser capturados por el ejército alemán. El gobierno griego en el exilio se instaló en Londres y su departamento militar en El Cairo. La lucha por ocupar Grecia duró dos meses y concluyó el 30 de mayo de 1941, con la victoria de las fuerzas del Eje en la batalla de Creta. Los alemanes, los italianos y los búlgaros impusieron a Grecia una triple ocupación militar. El país fue dividido en tres zonas de ocupación.

El saqueo sin precedentes de la economía griega, principalmente por parte de las autoridades de ocupación alemanas, el terrorismo de masas de la Wehrmacht y las SS y la colaboración de políticos, militares y empresarios griegos con los ocupantes perturbaron la cohesión de la sociedad griega. Desde los primeros días de la ocupación, comenzó a formarse una grieta entre los que aprovecharon la emergencia para enriquecerse y los que sufrieron a causa de ella.

El abismo se ensanchó con el estallido de la mortífera hambruna del invierno de 1941-1942. La peor hambruna europea de la Segunda Guerra Mundial, dejó al menos 45.000 muertos en Atenas y El Pireo y unos 250.000 en total en un país de 7,3 millones de habitantes. La mayoría de las víctimas pertenecían a grupos de población vulnerables de los centros urbanos. Los más numerosos eran los refugiados (cerca del 20% de la población) que habían llegado al país procedentes de Anatolia y Tracia oriental tras la derrota del ejército griego en la guerra greco-turca (1919-1922). En 1941 aún vivían en condiciones paupérrimas en barrios marginales de las afueras de Atenas y El Pireo. La hambruna también afectó a la clase media, que vio cómo sus ingresos se evaporaban debido al fuerte aumento de la inflación y al colapso de la economía.

De la resistencia a la liberación

Tras remitir la hambruna en el verano de 1942, estos grupos de población desempeñaron un papel central en el crecimiento del movimiento de resistencia griego. Se unieron en masa a las organizaciones de resistencia, en particular al Frente de Liberación Nacional (EAM), fundado por iniciativa del Partido Comunista de Grecia (KKE)3 En cambio, los que colaboraron con los ocupantes formaron un frente que luchó contra el EAM-KKE. Su objetivo era impedir que el EAM ascendiera al poder tras el final de la guerra, para conservar lo que habían ganado colaborando durante los años de la ocupación.

El movimiento de resistencia griego era muy importante, y poderoso. El EAM era la mayor organización de resistencia dentro del movimiento, y representaba la radicalización política de una parte importante de la sociedad griega debido a las extremas penurias de la vida cotidiana que se habían hecho casi universales durante la ocupación. Refugiados anatolios, mujeres y jóvenes que hasta entonces habían vivido en los márgenes políticos se encontraron en la vanguardia de la acción política a través de su pertenencia a EAM. En octubre de 1944, cuando Grecia fue liberada, tres poderosos grupos estaban en posición de dar forma al futuro de Grecia: EAM, los liberales y monárquicos que habían formado una alianza temporal anti-EAM, y los británicos.

En el momento de la liberación, todo apuntaba a que el EAM se impondría. El Ejército de Liberación del Pueblo Griego (ELAS), la guerrilla del EAM, dominaba la mayor parte del país, mientras que las organizaciones políticas del EAM y las organizaciones del partido del KKE prosperaban. Esto se debía en parte a la confianza que se habían ganado a través de las heroicas actividades de resistencia, que habían conseguido niveles de influencia política sin precedentes para la izquierda en Grecia, y en parte al poder bruto de sus fuerzas armadas.

En la nueva realidad creada por la ocupación y la lucha de resistencia, el EAM representaba la demanda general de cambio político tras el final de la guerra. Pretendía abolir la monarquía e impedir la vuelta al poder de la clase política de antes de la guerra, los políticos que se habían mostrado incapaces de impedir, o incluso poco dispuestos a hacerlo, la imposición de una dictadura por el general Ioannis Metaxas y el rey (1936-1941). El EAM buscaba la reforma en lugar de la revolución, pues consideraba que podía llegar al poder mediante procesos parlamentarios burgueses sin utilizar la fuerza revolucionaria. Convocó un referéndum sobre la abolición de la monarquía y elecciones para formar el nuevo parlamento.

Dos frentes contra el EAM

Los oponentes políticos del EAM eran débiles. Durante la ocupación, se habían formado dos frentes anti-EAM en torno a pilares de poder iguales: el frente «interno» se formó en torno al gobierno colaboracionista de Ioannis Rallis con el apoyo de las autoridades de ocupación alemanas,4 mientras que el frente «externo» se formó en torno al gobierno griego en el exilio, con el apoyo del gobierno británico. El frente anti-EAM del gobierno de Rallis había sido condenado por la mayoría de los griegos, ya que colaboraba estrechamente con los alemanes. Sin embargo, el frente «externo» anti-EAM también estaba debilitado, ya que su prestigio había sufrido un gran golpe. El rey y el gobierno en el exilio no ofrecieron ninguna ayuda sustancial a la lucha de la resistencia, sino que se redujeron a mezquinos conflictos partidistas con el objetivo de asegurarse un lugar en el poder tras la guerra. Además, el rey fue el principal responsable de la imposición de la dictadura en 1936. El gran perdedor en un traspaso de poder de posguerra sin sobresaltos habría sido el bloque monárquico.

Los británicos querían un gobierno griego amistoso (es decir, no EAM/comunista) y que el rey volviera al trono, ya que era el principal guardián de sus intereses en Grecia. Los británicos esperaban asegurarse el control de las rutas marítimas del sureste del Mediterráneo, a través de las cuales se comunicaban con sus colonias en la India, y utilizar Grecia como barrera para la entrada de la Unión Soviética en el Mediterráneo. Además, grandes empresas británicas operaban en Grecia, principalmente en los sectores de la energía, el transporte y la construcción, mientras que los bancos británicos tenían en cartera un número significativo de bonos del Estado griego. El Estado griego había declarado el impago de su deuda pública en 1932 (quiebra) como consecuencia de la crisis financiera mundial de 1929. Un gobierno de EAM perjudicaría los beneficios e intereses de las empresas británicas.

Al firmar la Carta del Atlántico en septiembre de 1941, los Aliados y los gobiernos en el exilio establecieron el marco de su política de posguerra. Declararon explícitamente que respetarían el derecho de todos los pueblos a elegir libremente la forma de su gobierno. Sin embargo, el avance de la guerra minó este compromiso. En 1943, ya había quedado claro que la evolución política de la posguerra no estaría determinada por las declaraciones democráticas, sino por las aspiraciones de los Aliados a la hora de reordenar el equilibrio de poder mundial.

La división de Europa en esferas de influencia fue el primer episodio de la Guerra Fría que se avecinaba. En su avance hacia Berlín, el Ejército Rojo liberó a los países de Europa Oriental, situándolos dentro de la esfera de influencia soviética. La liberación de los países de Europa Occidental por las tropas estadounidenses y británicas los puso bajo la influencia de los aliados occidentales. Grecia fue el único país balcánico que entró en la esfera de influencia británica, con el consentimiento de la Unión Soviética. Las conversaciones entre británicos y soviéticos para definir esferas de influencia en Europa Oriental y los Balcanes ya habían comenzado en la primavera de 1944. Se ultimaron durante la visita de Churchill a Moscú el 9 de octubre de 1944, que desembocó en el famoso acuerdo de los porcentajes. Grecia fue incluida en la esfera de influencia británica.

Intervenciones británicas en la política griega

En septiembre de 1944 se formó un gobierno de unidad nacional que incorporaba a partidos de todo el espectro político, incluidos, por primera vez, los comunistas. El EAM recibió seis ministerios. El político centrista Georgios Papandreu fue nombrado primer ministro. El gobierno llegó a Atenas el 18 de octubre de 1944 y serviría como autoridad provisional para llevar a cabo la transición de la Grecia ocupada a la de posguerra.

El gobierno se enfrentaba a enormes problemas. El país había quedado devastado por la guerra y los saqueos de los ejércitos de ocupación. Las cuestiones más acuciantes eran reconstruir la economía, castigar a los que habían colaborado con los ocupantes y establecer un nuevo ejército nacional. Surgieron retos en cuanto a la composición del nuevo ejército: ¿cuántos soldados procederían del EAM y cuántos del bando anti-EAM?

En este punto se produjo la primera intervención británica crítica, aunque las negociaciones aún no habían llegado a un punto muerto claro. El 1 de diciembre de 1944, el general Ronald Scobie5 emitió un decreto ordenando el desarme de los ejércitos guerrilleros del ELAS y el EDES.6 El EAM no podía aceptar el desarme del ELAS, que controlaba casi toda Grecia, sin recibir garantías de participación igualitaria en el nuevo ejército nacional. Al día siguiente, sus seis ministros dimitieron del gobierno en señal de protesta. El EAM anunció una concentración en la plaza Syntagma el 3 de diciembre, así como una huelga general.

La soleada mañana del sábado 3 de diciembre no presagiaba los acontecimientos del día. Cuando el primer gran bloque de manifestantes apareció en la plaza, la policía abrió fuego, matando al menos a trece manifestantes e hiriendo a más de sesenta. La orden de que la policía disparara contra la multitud desarmada la dio el jefe de policía, Angelos Evert. Sin embargo, no se sabe quién dio la orden a Evert. Muchos señalaron a los monárquicos, los únicos que probablemente se beneficiarían de un proceso político interrumpido. EAM decidió no lanzar una respuesta armada.

Simpatizantes de EAM se reúnen en señal de duelo por las 23 víctimas asesinadas durante el levantamiento de Dekemvriana en Atenas, el 4 de diciembre de 1944. Foto: IMAGO / Pond5 Images

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