¿De qué se hablará cuando se recuerde y analice el legado (teórico, práctico, vital) de Manuel Sacristán (1925-1985) en el primer centenario de su fallecimiento?
Salvador López Arnal
Si las cosas no se han torcido definitivamente en el que uno de sus grandes discípulos (Jorge Riechmann) ha llamado el Siglo de la Gran Prueba, si el reloj atómico no ha alcanzado posiciones de autoaniquilación de la especie humana (y de tantas otras especie vivientes) y si las energías, alegrías, ganas de estudio y acción, y aspiraciones emancipatorias de la ciudadanía trabajadora siguen firmes, en pie de resistencia y lucha, en 2085, en el primer centenario del fallecimiento del autor de «El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia», se seguirán comentando elogiosamente sus aportaciones ecosocialistas (ecomunistas en el buen decir del filósofo, escritor y profesor Ariel Petruccelli), ideas que significaron un nuevo horizonte en su pensar, hacer y vivir, al igual que su espléndida sugerencia de conversión del sujeto transformador (por entonces, principio esperanza, acaso más convertido: más rojo, más feminista, más ecologista, más pacifista activo, más dador de cuidados, más internacionalista, más solidario y fraterno,…).
Se contará entonces con una edición anotada de sus apuntes y materiales de Fundamentos de filosofía, los cuales, junto con la edición finalizada de los textos de Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales, darán una visión más completa de la importancia y profundidad de las enseñanzas del traductor de René Taton en el ámbito de la filosofía, la historia y la política de la ciencia y temáticas relacionadas.
Tal vez también se cuente entonces con una edición (en construcción) de sus Obras Completas, que, según opinión de muchos, debería ser cronológica, uniendo escritos de asuntos diversos, sin seguir la división temática de «Panfletos y Materiales» que, como el propio autor apuntó al comentar una crítica de José María Ripalda, respondió básicamente a razones de organización y distribución editorial, a la imposibilidad (por sus dimensiones) de una edición de todos sus escritos en un solo volumen. Se recordará y agradecerá entonces, no habitará aquí el olvido, el apoyo e insistencia de Albert Domingo Curto, Joan Benach y Jaume Josa Llorca en este asunto tan central.
Los estudiosos de su obra se habrán adentrado en Sacristán como «centro de anudamiento», una categoría gramsciana en la que él insistió una y otra vez a lo largo de los años (Albert Domingo Curto, por ejemplo, habló de ella en su presentación de El orden y el tiempo), conscientes, como recordó e insistió su amigo y gran discípulo Francisco Fernández Buey, que el Sacristán maestro, así ocurre con los grandes, fue mucho más que sus publicaciones, que su obra teórica, sin que esta pueda ser reducida, por desconocimiento de causa o mala fe político-intelectual, a dos libros y un puñado de prólogos. El autor de «El filosofar de Lenin» no fue solo el «filósofo de los prólogos», por lo demás clásicos algunos de ellos de la filosofía iberoamericana.
Se habrá investigado con detalle su admirable y rojísima implicación en las clases de alfabetización y formación de Can Serra (L’Hospitalet de Llobregat, Jaume Botey), y se habrá sugerido con atendibles razones que su participación en esta experiencia obrera es decisiva para comprender su ser-y-estar-en-el-mundo.
Se recordará también entonces, dándole su justa dimensión, que compartiendo una preocupación vital de Goethe (uno de sus grandes clásicos), el joven Sacristán, que supo leer como pocos y ayudó a otros en su aprendizaje, escribió: «Poco a poco va uno descubriendo que es más difícil saber leer que ser un genio», en una reseña crítica a la edición por J. M. Perrin de escritos de Simone Weil [Attente de Dieu, París, 1950].
Se seguirá agradeciendo la pionera labor de estudio e investigación del profesor Manuel Manzanera, el autor de la primera tesis doctoral sobre la obra del que fuera dirigente del PSUC-PCE. También el apoyo dado por el gran filósofo, marxista y arabista Andrés Martínez Lorca.
Apoyándose en las diversas y ricas aportaciones del profesor Óscar Carpintero, se habrá estudiado en profundidad las relaciones y opiniones de Sacristán sobre la obra de grandes economistas (no solo los de la propia tradición) y se habrá explicado con detalle los avatares de su traducción (incluidos sus enfados y quejas) de la Historia del análisis económico de Joseph Alois Schumpeter.
Tomando pie en los excelentes trabajos de Enrique Alonso González, Paula Olmos, José Sarrión y Luis Vega Reñón, se habrán editado varios ensayos sobre el lugar de Sacristán en la historia de la lógica en España y en el conocimiento y difusión de la filosofía analítica.
Alguien habrá sido capaz de reconstruir su seminario y sus aproximaciones a la Fenomenología del Espíritu hegeliana. Más en general, lo específico de su lectura de Hegel.
José Luis Gordillo, Jordi Mir Garcia, Víctor Ríos y discípulos suyos habrán explicado, con la argumentación y el detalle que los caracteriza, el singular pacifismo activo de Sacristán, la evolución de sus opiniones sobre la violencia revolucionaria y la importancia político-cultural de su meditada (y en su momento sorprendente y controvertida) aproximación al gandhismo en su conversación de mayo de 1979 con su amigo, maestro de su discípulo Antoni Domènech, Wolfgang Harich.
Se habrá reconocido por todos la excelencia y originalidad de las aproximaciones, siempre interesantes, siempre profundas, siempre documentadas, nunca triviales, de Félix Ovejero al incómodo marxismo y filosofar del que fuera su profesor, maestro y compañero de departamento.
Se habrá estudiado la profunda huella que el singular feminismo de Giulia Adinolfi (y su crítica al consumo forzado y manipulador) dejaron en las posiciones defendidas en este ámbito por el que fuera su esposo-compañero.
Se seguirá leyendo con emoción e interés la entrevista a Vera Sacristán Adinolfi publicada en Acerca de Manuel Sacristán, recuperada y reeditada entre los materiales de 2025.
Se habrá reconocido por todos, incluso por pensadores e historiadores del mundo anglosajón, la importancia ecosocialista de mientras tanto, la revista que más hizo suya, al igual que su decisivo papel como director de la publicación.
Se habrá estudiado, aún con más detalle, la trayectoria militante (siempre fue en serio) del director de Nous Horitzons en el PSUC-PCE, incluyendo su decisiva participación en el encierro de Montserrat de 1970.
Sin desconsideración alguna a la interesante y documentada biografía política que sobre él escribió su discípulo y amigo Juan-Ramón Capella en 2005, se contará con más estudios biográficos (filosofía, política, arte, magisterio, vida) sobre el que fuera traductor de Platón, Marx y Quine, y se lamentará que Francisco Fernández Buey no pudiera escribir el que era uno de sus grandes proyectos, la biografía político-filosófica y vital de su maestro.
Se habrá publicado ya una edición cuidada y completa (la actual es parcial, si bien es una antología amplia) de sus anotaciones de lectura sobre los tres libros de El Capital, notas que fue escribiendo mientras traducía la gran obra marxiana (y engelsiana), los dos primeros libros y la mitad del tercero, y coordinaba la edición castellana de las OME (Obras de Marx y Engels), una de sus grandes aportaciones, lamentablemente interrumpida.
Se habrá estudiado con detalle las contribuciones de Sacristán y de sus compañeros de mientras tanto a los boletines y revistas de CCOO sobre temas ecologistas en los primeros años ochenta del siglo XX.
También se habrá analizado detalladamente la evolución y variaciones de sus posiciones sobre la llamada «cuestión nacional», en la línea de lo señalado por Paco Fernández Buey en su artículo «Su aventura no fue de ínsulas, sino de encrucijadas», sin basarse únicamente en lo señalado en su última entrevista con Mundo Obrero de diciembre de 1984, sin ceñirse únicamente a su defensa del derecho de autodeterminación (unido siempre en su caso al internacionalismo), y recordando su defensa de una enrojecida República federal (no confederal), su uso de la palabra «España» cuando tocaba hablar de España, su no ocultamiento ni vergüenza por ser español y sus ininterrumpidas críticas al nacionalismo (no solo al español).
Se habrá comentado su afición por los cómics y habrán causado sorpresa y admiración las viñetas que realizó inspirándose en las personas de su entorno familiar más íntimo.
Se habrán recogido en un volumen sus artículos y comentarios sobre la llamada «transición política», y se habrán analizado sus críticas a lo que años después se llamó «Régimen del 78».
Apoyándose en las excelentes aportaciones del matemático Christian H. Martín Rubio, se habrán publicado varios ensayos detallando los ejercicios realizados y los materiales por él presentados a las oposiciones de 1962 para la cátedra de lógica de la Universidad de Valencia.
Se contará entonces con varias antologías de su obra (sumadas a la publicada por Gonzalo Gallardo en el año del centenario de su nacimiento) que permitan una introducción a su lectura para personas jóvenes, para ciudadanos que no lo hayan leído hasta entonces.
Alguien habrá hablado de la existencia (o inexistencia) de la «escuela marxista Sacristán».
Se habrán estudiado las relaciones del autor con otros grandes de la filosofía española: Ortega y Gasset, Unamuno, Zubiri, Aranguren, Muguerza, Trías.
Se seguirá comentando el acierto de la metáfora «Poliedro Sacristán» de Xavier Juncosa, al tiempo que se seguirá admirando y disfrutando de «Integral Sacristán», el deslumbrante trabajo cinematográfico del director e historiador barcelonés en el que tanto contribuyeron Joan Benach y otros amigos y amigas.
Se contará entonces también con una bibliografía completa y revisada de su obra. También de sus traducciones y de las grabaciones que se conserven de conferencias y clases.
No serán pocas las Facultades de Filosofía y Humanidades (no solo españolas) que habrán incluido el estudio de su obra en cursos de grado y posgrado.
Se habrán escrito más tesis doctorales sobre su obra.
Se recordará y agradecerá el decisivo papel de Iñaki Vázquez Álvarez en la organización de Congreso de Barcelona en 2005, 20 años después de su fallecimiento. El legado de un maestro continuará siendo un libro de referencia.
Se habrá reconocido el esencial papel desempeñado por Miguel Riera Montesinos como editor de una buena parte de la obra del anotador de la autobiografía Gerónimo en tiempos no siempre favorables.
Se habrán publicado buenas introducciones didácticas a su pensamiento y praxis, del tipo de las que ahora contamos sobre Marx, Lenin, Gramsci, Lukács, Benjamin y tantos otros autores de la tradición marxista (o de otras tradiciones).
Nadie considerará a Sacristán como un típico representante del llamado «marxismo occidental».
Se habrá puesto mayor atención en reflexiones como las apuntadas por Alfredo Apilánez en 2025: «El pensamiento de Sacristán, al menos en sus últimos años, se sitúa más próximo al ecologismo social de cariz libertario que al ecosocialismo heredero de la tradición marxista, a pesar de que esa era paradójicamente la suya propia».
Se habrá estudiado la evolución de sus posiciones sobre la Unión Soviética, los países socialistas del este europeo, República Popular China y Cuba, más allá, pero sin olvidar, el enérgico rechazo que manifestó en su carta de 24 de agosto de 1968 a Xavier Folch por la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Paco Varsovia.
Se habrá ido elaborando una bibliografía complementaria de las principales aproximaciones a su obra y vida de filósofo. Dada las dimensiones de esta bibliografía es muy probable que alguien haya pensado en una antología esencial, algo así como los 25 principales artículos sobre la obra del director de Nous Horitzons y mientras tanto.
Una buena parte de su obra, con conocimiento contextualizador de su trayectoria política y vital, podrá consultarse de forma satisfactoria en la red, sin errores ni erratas. Lo mismo cabe esperar de las voces a él dedicadas que aparezcan en Wikipedia o en enciclopedias similares.
Nadie habrá olvidado su enérgica crítica a la OTAN (entonces seguramente cadáver maloliente) y a las tácticas manipuladoras del gobierno del PSOE para conseguir la permanencia de España en la imperial alianza militarista. Todo el mundo pensará entonces, como parece de justicia, que acertó de pleno cuando pensó en las consecuencias de la OTAN hacia dentro y que no era tan «torpe» e «irrealista», como tantas veces se dijo con malas intenciones, en asuntos de política práctica, de intervención política.
Es posible que se hayan comentado y analizado las reflexiones y gustos musicales del melómano entusiasta de «La flauta mágica».
Se habrá estudiado la importancia que tuvo para él su estancia en México, y el decisivo papel que tuvieron el profesor Ignacio Perrotini y María Ángeles Lizón, su segunda esposa, durante aquel fructífero curso de 1982-1983 en la UNAM: «Inducción y dialéctica»; «Karl Marx como sociólogo de la ciencia»; entrevistas; cartas, conferencias, …
Es probable que se cuente ya entonces con un nuevo ensayo que, incluyendo su tesis doctoral sobre la gnoseología de Heidegger, recoja y analice todos los escritos del traductor de Adorno y Marcuse sobre el ex rector de Friburgo en tiempos turbulentos.
Alguien, en la línea de Juan Dal Maso, habrá explicado el interés de Sacristán por la obra científico-filosófica de Jindrich Zeleny.
Un libro habrá recogido el conjunto de sus presentaciones y anotaciones sobre la obra de Quine, el gran filósofo y lógico norteamericano discípulo de Carnap. Alguien habrá analizado también las razones de su gran interés y admiración por el autor de La construcción lógica del mundo.
Se habrá elaborado probablemente un Diccionario de Filosofía tomando pie en su obra.
Algunos estudiosos habrán investigado las influencias y vínculos de Sacristán con sus grandes discípulos y amigos: Paco Fernández Buey, Toni Domènech, Miguel Candel, Félix Ovejero, Jacobo Muñoz, Joaquim Sempere, Víctor Ríos, Juan-Ramón Capella, Antonio Izquierdo.
Se tendrá entonces una edición completa y crítica de los materiales escritos por él para la Enciclopedia Argos Vergara, arista en la que ha sido fundamental el cuidadoso trabajo de Esteban Pinilla de las Heras, Laureano Bonet y Jordi Gracia.
Se conocerá con más detalle la relación de Sacristán con Rafael Sánchez Ferlosio, Agustín García Calvo y José María Valverde. Lo mismo en el caso de su amistad con Miguel Sánchez-Mazas, Carlos París, Javier Muguerza, Víctor Sánchez de Zavala, Jesus Mosterín, Eduard Rodríguez Farré y Javier Pradera.
Se habrán editado seguramente una buena parte de su correspondencia que será objeto de análisis y comentarios. También sus cuadernos de notas (1965-1985).
Se habrá estudiado el significado y sentido de todos los neologismos introducidos por él en su obra. Entre ellos cultiprofundo, letrateniente, tonitruante, tontiastuto, téticamente, sototeoría, polihístor, sabihondería, cultifuerzas, novatorio, fobosofía, liporioso…
Alguien habrá hecho un mapa detallado, informado y nada sectario de la historia del marxismo español y habrá situado a Sacristán en el mapa, ubicándolo con toda seguridad en un lugar destacado y muy influyente.
Se habrá hecho una buena edición de sus conferencias, incluidas aquellas de las que solo nos ha llegado el guion y las fichas usadas en su intervención.
Lo mismo cabe decir de todas sus entrevistas, convenientemente anotadas y ubicadas política y culturalmente.
Un libro habrá recogido la totalidad (¡fueron muchas!) de sus aportaciones (clandestinas) a la lucha antifranquista desde una perspectiva comunista-democrática.
Se habrán estudiado las fraternales (también críticas) relaciones que mantuvo con obreros del partido y sindicalistas de CC.OO. También con dirigentes del PSUC-PCE como Antoni Gutiérrez Díaz, Gregorio López Raimundo, Santiago Carrillo, Josep Serradell, Jordi Solé Tura o tantos otros.
Un volumen habrá recogido una buena parte (se impondrá una selección) de los artículos y ensayos escritos comentando uno de sus textos filosóficos centrales: «Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores.» Lo mismo en el caso de su prólogo al Anti-Dühring.
Se habrá estudiado con detalle sus siempre sugerentes aproximaciones a los conceptos de socialismo y comunismo, que nunca consideró como «mejores» o más eficaces formas de capitalismo.
Algunos estudiosos habrán aclarado su noción de crisis civilizatoria y habrán sacado todo el jugo, que es mucho, de la Carta de Redacción del n.º 1 de mientras tanto..
Se contará con varios estudios sobre el papel de Sacristán (y de Paco Fernández Buey) en el conocimiento en España de la obra de Gramsci y de sus principales tesis y consideraciones sobre el revolucionario sardo.
También sobre sus análisis y aproximaciones al cristianismo de base, al hacer y pensamiento de Alfonso Carlos Comín o José María Valverde, al «ir en serio» de los cristianos por el socialismo. Las aportaciones del profesor Rafael Díaz-Salzar habrán resultado decisivas en esta línea de investigación.
Se seguirán leyendo los libros imprescindibles que se han escrito sobre él: (o teniéndolo como protagonista): Sobre Manuel Sacristán (Francisco Fernández Buey), La tradición de la intradición (Víctor Méndez Baiges), La noción de ciencia en Manuel Sacristán (José Sarrión), La trayectoria intelectual de Manuel Sacristán (Miguel Manzanera), Althusser, Sacristán. Itinerarios de dos comunistas críticos (Ariel Petruccelli, Juan Dal Maso), Ecomunismo (Ariel Petrucceli), El antifranquismo en la universidad. El protagonismo militante (1956-1977) (Jordi Sancho Galán), Cultura comunista. Los intelectuales del PSUC bajo el franquismo (Giaime Pala). No se habrá olvidado, desde luego, la magnífica tesis, la tercera sobre su obra, que la profesora Francisca Fernández Cáceres, dirigida por José Luis Moreno Pestaña, defendió en 2014.
Se habrán editado y estudiado todos los textos del joven Sacristán: sus escritos de Qvadrante, Laye. Se reconocerá la decisiva labor en este ámbito de Laureano Bonet, Jordi Gracia y Álvaro Ceballos.
Conoceremos mucho mejor sus posiciones y reflexiones sobre asuntos de crítica literaria, teatral, musical. Tal vez se habrá representado «El pasillo».
Tendremos a nuestro alcance investigaciones que nos aproximen a las relaciones de dos grandes del pensamiento filosófico y marxista español: Manuel Sacristán y Paco Fernández Buey.
Nadie volverá a llamarle, absurdamente, Manel Sacristán, ni dirá de él que fue un filósofo catalán.
Alguien habrá tomado la iniciativa de presentar y publicar los sustantivos textos que el profesor y gran aristotélico Miguel Candel escribió sobre él. Lo mismo en el caso de Albert Domingo Curto, el editor de El orden y el tiempo y Lecciones de filosofía moderna y contemporánea. También los escritos de José Luis Moreno Pestaña.
Se habrá editado un volumen con los textos, incluidas solapas, propuestas y contraportadas, que escribió sobre György Lukács, incluidas las cartas cruzadas (descubiertas y traducidas por Miguel Manzanera), y alguien habrá explicado las razones por las que se declaró filosóficamente no lukácsiano en una carta dirigida a Francisco Fernández Santos de principios de los años setenta.
Se seguirán viendo (con igual deslumbramiento) los ocho documentales que el cineasta e historiador barcelonés Xavier Juncosa realizó sobre él, y acaso alguien organice (no pudo hacerse en los encuentros de 2025) una maratoniana sesión cinematográfica en la que puedan verse todos ellos, cerrando con la bella y exquisita película dedicada a Giulia Adinolfi (https://giuliaadinolfi.caladona.org/.)
Se habrán estudiado y comentado sus notas sobre filosofía y sociología de la ciencia expuestas en una «Nota de conjunto para A.R.H.» de 1973, así como sus observaciones sobre grandes clásicos de la filosofía de la ciencia de los años setenta como Popper, Kuhn, Lakatos y otros.
Se habrá valorado la dimensión y profundidad de su decisión poliética de 1956: renuncia a la plaza de profesor en el Instituto de Lógica Matemática, militancia al PCE y regreso a Barcelona sin nada laboralmente seguro siendo ya entonces militante del PSUC-PCE. Se unirá esa decisión a la que tomaría años después, al ser expulsado en 1965 de la Facultad de Económicas de la UB.
Sabremos más (sin ningún ánimo de cotilleo) de la depresión que sufrió, y seremos más conscientes de nuestra vulnerabilidad ontológica, de la importancia de los cuidados y de la salud mental comunitaria.
Nadie objetará considerarle un clásico del pensamiento iberoamericano y, como él mismo dijera de Gramsci, todo clásico merece ser leído siempre y no estar de moda nunca. También él.
Se conocerán más detalles de la recepción e influencia de su obra (y de sus traducciones) en los países amigos de América Latina (México, Argentina, Cuba, Nicaragua) y de su escasa recepción en el mundo anglosajón, a pesar del gran regalo que nos hizo el profesor Renzo Llorente en 2014 con la excelente edición en Brill (Historial Materialism Book Series) de The Marxism of Manuel Sacristán. From Communism to the New Social Movements.
Se seguirá elogiando su excelente gusto poético, se habrá escrito más sobre ello.
Algún germanista habrá escrito sobre su confesado germanismo.
Se seguirá recordando el decir de Ortega en el que pusieron énfasis (ampliándolo por el lado de la praxis) Victor Sánchez Zavala y Víctor Méndez Baiges: no basta con leer a los grandes maestros, hay que imitar sus virtudes, las dianoéticas y las praxeológicas. ¡Tarea nada fácil en su caso!
Se celebrarán nuevos simposios y encuentros sobre su obra y su hacer en ese año de 2085, al tiempo que ya se irán pensando nuevas celebraciones para el bicentenario de su nacimiento.
En fin, se seguirá aprendiendo (¡muchos de nosotros ya no estaremos entonces!) de su magisterio, de sus preguntas sustantivas, de sus respuestas y sugerencias, de su filosofía de la vida, sin olvidar (¿suena cursi?) los muchos momentos de felicidad, ampliación de horizontes, toma de consciencia e iluminación de caminos a él debidos.